Maturin, Charles Robert - Melmoth El Errabundo

Click here to load reader

  • date post

    04-Jul-2015
  • Category

    Documents

  • view

    1.118
  • download

    1

Embed Size (px)

Transcript of Maturin, Charles Robert - Melmoth El Errabundo

Melmoth el errabundoMaturin, Charles Robert

Published: 2010 Categorie(s): Tag(s): Narrativa gtica

1

Prlogo

M

elmoth el errabundo, publicada en 1820, lleva a una cima la representacin de la concepcin gtica de la existencia. En esta obra se subrayan los aspectos terribles y problemticos de la vida humana, sin concesiones. Su protagonista, una especie de Fausto y Mefistfeles, simboliza una visin oscura y angustiosa de la experiencia del hombre en su deambular por la tierra. Melmoth, despus de haber sellado un pacto con el diablo, logra que su vida se prolongue en el tiempo por encima de lo que cabra esperar en un hombre ordinario; el resultado de semejante imaginacin sirve para presentar ante la mirada del lector la condicin del hombre con ms claridad y nitidez. El haber prolongado la extensin de la vida no conduce al villano, que por ello se hace tambin vctima, a un aumento de su felicidad; al contrario, le arrastra de un modo ms evidente a la esencia de la existencia: el dolor, el sufrimiento, la desesperacin. Slo podr liberarse de la condena cuando encuentre a alguien que est dispuesto a asumir su destino. Esta bsqueda es el hilo argumental de la novela, cuyos episodios estn unidos y encajados unos dentro de otros, logrando su unidad por la aparicin del errabundo en su bsqueda incesante de almas tan desesperadas como l. Su errancia le conduce a los lugares ms siniestros creados por los hombres: crceles, manicomios, los tribunales de la Inquisicin; en todos ellos se revelan la crueldad y la persecucin a la que unos hombres someten a otros. El curso de la vida humana se presenta a la mirada del lector como una repeticin obsesiva del sufrimiento, la tortura fsica y moral, como un deslizarse irremediable hacia la catstrofe. Los diversos episodios que componen la novela vuelven siempre a la realidad nica de la tragedia humana, en la que los personajes se muestran como vctimas sin posibilidad de redencin. Vivir se resuelve, as, en sufrir, en soportar la persecucin, en hundirse en el abismo de la desesperacin, y, para que esta concepcin paranoica de la vida impresione ms la sensibilidad del lector, Maturin adorna muchas de estas escenas con descripciones detalladas de torturas de toda clase. Los laberintos subterrneos y lgubres, donde a veces se desarrolla la accin, tienen su correspondencia en la descripcin de los estados mentales y emociones a los que las situaciones insoportables precipitan a los personajes del drama. Su irremediable cada permite al autor sondear las profundidades abismales de la subjetividad, los espacios sin luz donde anidan los fantasmas del miedo, el delirio, la locura.

2

El episodio central de la novela narra los amores de Melmoth que, como demonio enamorado, persigue a la inocente Immalee. El amor tampoco se muestra como un remedio a la existencia y, como no poda ser de otra forma, termina tambin de forma trgica. Si al principio Melmoth siente cierto alivio con la pasin amorosa, enseguida cae presa de su odio por la existencia y tortura a la muchacha educada en la naturaleza. El amor se hace tambin tormento, que se erige en el verdadero lmite de la peregrinacin humana. Todo cae bajo la sombra del tormento interior del errabundo, de modo que el dolor no se alimenta de causas exteriores sino de la propia constitucin subjetiva del villano. De esta manera, concibiendo el mal como algo interior, como la propia constitucin psicolgica del personaje central, difcilmente es posible hallar una salida a la situacin tormentosa en que todo movimiento del alma acaba por desembocar. Melmoth el errabundo se levanta como un monumento a una visin infernal del destino humano, en el que slo existe un acto eternamente repetido: el descenso y hundimiento en el abismo. La idea de esta novela (o relato) est sacada de un pasaje de uno de mis sermones, el cual (como es de suponer que lo han ledo muy pocos) me tomo la libertad de citar. El pasaje es ste: Hay en este momento alguno entre los presentes aunque nos hayamos apartado del Seor, hayamos desobedecido su voluntad y desodo su palabra, hay alguno entre nosotros que estara dispuesto a aceptar, en este momento, todo cuanto el hombre pueda otorgar o la tierra producir, a cambio de renunciar a la esperanza de su salvacin? No; no hay nadie no existe un loco semejante en toda la tierra, por mucho que el enemigo del hombre la recorra con este ofrecimiento! Este pasaje me sugiri la idea de Melmoth el Errabundo. El lector encontrar dicha idea desarrollada en las pginas que siguen; a l le corresponde juzgar con qu fuerza o xito. El Relato del Espaol ha sido criticado por un amigo a quien se lo he ledo, quien afirma que hay en l demasiado empeo en revivir los horrores de la novela gtica a lo Radcliffe, de las persecuciones de los conventos y los terrores de la Inquisicin. Yo me defend, tratando de explicar a mi amigo que haba hecho depender la desventura de la vida conventual menos de las espantosas aventuras que uno encuentra en las novelas, que de la irritante serie de pequeos tormentos que constituyen el suplicio de la vida en general, y que, en medio del estancamiento de la existencia monstica, la soledad proporciona a sus huspedes ocio para inventar, y poder mezclado de malignidad, con la plena disposicin para llevarlos a la prctica. Confo

3

en que esta defensa convenza al lector ms de lo que convenci a mi amigo. En cuanto al resto de la novela, hay algunas partes que he tomado de la vida misma. La historia de John Sandal y Elinor Mortimer est basada en la realidad. El original, del que la esposa de Walberg es un bosquejo imperfecto, es una mujer viva, y an puede que siga viviendo mucho tiempo. No puedo aparecer nuevamente ante el pblico bajo la tan inapropiada imagen de escritor de novelas sin lamentar la necesidad que me impulsa a ello. De proporcionarme mi profesin medios de subsistencia, me considerara culpable, efectivamente, de valerme de otra; pero acaso puedo elegir? Dubln, 31 de agosto, 1820

4

Volumen I Captulo IAlive again? Then show me where he is. Ill give a thousand pounds to look upon him. SHAKESPEARE

E

n el otoo de 1816, John Melmoth, estudiante del Trinity College (Dubln), abandon dicho centro para asistir a un to moribundo en el que tena puestas principalmente sus esperanzas de independencia. John era el hurfano de un hermano menor, cuya pequea propiedad apenas sufragaba los gastos de enseanza de John; pero el to era rico, soltero y viejo, y John, desde su infancia, haba llegado a concebir por l ese confuso sentimiento, mezcla de miedo y ansiedad sin conciliar sentimiento a la vez de atraccin y de repulsin, con que miramos a una persona que (como nos han enseado a creer nieras, criadas y padres) tiene los hilos de nuestra propia existencia en sus manos, y puede prolongarlos o romperlos cuanto le plazca. Al recibir esta llamada, John parti inmediatamente para asistir a su to. La belleza del campo por el que viajaba era el condado de Wicklow no consegua impedir que su espritu se demorara en infinidad de pensamientos dolorosos, algunos relativos al pasado, y los ms al futuro. El capricho y mal carcter de su to, las extraas referencias sobre el motivo de esa vida retirada que haba llevado durante largos aos, su propia situacin de dependencia, martilleaban dura y pesadamente en su cerebro. Se despabil para alejarlos ; se incorpor, acomodndose en el asiento del correo, en el que era pasajero nico; mir el paisaje, consult su reloj; luego crey por un momento que los haba conjurado , pero no haba nada con qu sustituirlos, y se vio obligado a llamarlos otra vez para que le hiciesen compaa. Cuando el espritu se muestra as de diligente en llamar a los invasores, no es extrao que la conquista se efecte con presteza. A medida que el carruaje se iba acercando a Lodge as se llamaba la vieja mansin de los Melmoth, senta John el corazn ms oprimido. El recuerdo de este temible to de su infancia, al que jams le permitieron acercarse sin recibir innumerables recomendaciones no ser molesto, no acercarse demasiado, no importunarle con preguntas, no alterar bajo ningn concepto el orden inviolable de su caja de rap, su campanilla y sus lentes, ni exponerse a que el dorado brillo del plomo de su bastn le

5

tentase a cometer el pecado mortal de cogerlo y por ltimo, mantener diestramente su peligroso rumbo zigzagueante por el aposento sin estrellarse contra las pilas de libros, globos terrqueos, viejos peridicos, soportes de pelucas, pipas, latas de tabaco, por no hablar de los escollos de ratoneras y libros mohosos de debajo de las sillas junto con la reverencia final, ya en la puerta, la cual deba ser cerrada con cautelosa suavidad, y bajar la escalera como si llevase calzado de fieltro. A este recuerdo sigui el de sus aos escolares, cuando, por Navidades y Pascua, enviaban el desastrado jamelgo, hazmerrer del colegio, a traer al renuente visitante a Lodge donde su pasatiempo consista en permanecer sentado frente a su to, sin hablar ni moverse, hasta que los dos se asemejaban a Raimundo y el espectro de Beatriz, de El Monje ; luego le observaba sacar los huesos de flaco carnero de su plato de caldo insulso, del que serva a su sobrino con innecesaria cautela, para no darle ms del que quera; despus corra a acostarse todava de da, incluso en invierno, para ahorrar una pulgada de vela, y all permaneca despierto y desasosegado a causa del hambre, hasta que el retiro de su to a las ocho en punto indicaba al ama de la racionada casa que era el momento de subirle furtivamente algunos trozos de su propia y escasa comida, recomendndole con susurros, entre bocado y bocado, que no se lo dijera a su to. Luego, su vida en el colegio, transcurrida en un tico del segundo bloque, ensombrecida por una invitacin al campo: pasaba el verano lgubremente, deambulando por las calles desiertas, ya que su to no quera costear los gastos de su viaje; las nicas seales de su existencia