Los límites del nuevo historicismo

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  • Actas XIV Congreso AIH (Vol. I). Luis BELTRN ALMERA. Los lmites del nuevo historicismo-

    Los lmites del nuevo historicismo Luis Beltrn Almera

    UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

    ESCRIBIR HISTORIA ES UNA manera de desembarazarse del pasado (Mx. y. Refl. 105). Esta sentencia fue escrita por Goethe hace doscientos aos. No s qu les puede sugerir esta sentencia a los que hoy se reclaman del movimiento neohistoricista. Pero en mi opinin, puede servir para explicar la dinmica de esta corriente. De hecho alguna otra muestra del talento de Goethe ha sido adoptada por la literatura neohistoricista. Me refiero a la frase contenida en el Esboza de la teora de los colores que dice: Que la historia universal se debiera volver a escribir de tiempo en tiempo, es cosa de la que no cabe ninguna duda en nuestros das. 1

    No es casual, como deca, la existencia de ciertos puntos de contacto entre el pensamiento de Goethe y el del movimiento que llamamos nuevo historicismo. Goethe, como explic F. Meinecke, slo puede ser comprendido en sus polaridades.2 Ese pensamiento organizado en polos se ceb especialmente con la historia. En el primer Fausto se burla acerca del basurero de la historia. En carta a Zelter (1824) afirma As que todo lo histrico es para nosotros algo sorprendente e ingenuo; y, si se reflexiona un poco, resultar ridcula la pretensin de convencemos, con certeza, de un remoto pasado. Y al mismo tiempo dedic gran parte de sus esfuerzos a elaborar obras de sentido fuertemente histrico como los Anales, las varias autobiografas o el mismo Fausto. Y en esa concepcin positiva de la historia la escuela historicista alemana ha credo ver el origen del Historismus, la ciencia de la historia. Una misma actitud ambivalente acerca de la historia puede observarse en las obras de S. Greenblatt y sus seguidores. Uno de ellos, Alan Liu, ha explicado que uno de los motores de este movimiento es la profunda incomodidad que provoca el carcter marginal de la historia literaria actual y define esa situacin incmoda: por el temor pos moderno de que, ante la historia, la historia literaria o cualquier demostracin del intelecto sea algo pass.3 El mismo Liu ha insistido en la componente formalista del nuevo historicismo, esto es, una lnea esencial de resistencia a la historia, lo que no es ms que una forma de explicar las varias paradojas con las que el nuevo historicismo reviste su acercamiento a la historia. Teora e historia, escepticismo y significacin, organicismo y supradetermina-

    1 En su carta a Sartorious de 4 de febrero de 1811 Goethe afirma: Se ha dicho por doquier que la historia universal se debiera volver a escribir de tiempo en tiempo; y cundo existi una poca en que esto fuera tan necesario como en la presente?

    2 Friedrich Meinecke. El historicismo y su gnesis. Mxico: FCE, 1943, p. 445. 3 Allan Liu. El poder del formalismo. El nuevo historicismo. En AA.VV. Nuevo

    Historicismo, Madrid: Arco/Libros, 1998, 193-261, p. 197.

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    crnn, asociacin pero no causalidad... son trminos polares que recorren las prcticas-quizs deberamos decir el mtodo-neohistoricistas. El ya mencionado Liu, autor de una apologa del nuevo historicismo que contiene crticas, segn l mismo confiesa, pero no cualesquiera crticas sino las ms agudas que he ledo acerca de esta corriente, ha reclamado una teora a gran escala del nuevo historicismo. Mi idea de partida es que esa teora a gran escala no puede iniciarse en el formalismo, como el propio Liu pretende. Ni siquiera puede limitarse a comprender la gnesis de esa corriente como una respuesta a la crisis del historicismo, una respuesta histrica al nihilismo provocado por una versin concreta del historicismo, sino que el nuevo historicismo constituye ms bien una vuelta a los orgenes del historicismo y ha convocado las mismas tensiones que recorrieron el momento fundacional4 Esa vuelta a los orgenes resulta compatible-y esta es la mayor paradoja del nuevo historicis-mo-con el mantenimiento de la dinmica esencial del nuevo historicismo: la tendencia a comprender la historia como evolucin dominada por el contexto de la contemporanei-dad. Las paradojas que producen las polaridades de Goethe--con su rechazo y sometimiento a la historia-han adoptado ahora una forma renovada, pero si se las observa con alguna atencin pronto revelan su directa continuidad de las que forj el siglo XVIII.

    Siguiendo con la propuesta de Liu, para aproximamos siquiera tangencialmente a una teora a gran escala del nuevo historicismo no bastar con tratar de vislumbrar el trnsito del viejo historicismo desde sus orgenes. Habremos de atender a otras perspectivas. Una de ellas se alcanza contemplando las crisis modernas de otras disciplinas; habr que estar atentos a la sociologa-que en muchos aspectos ha estado a la vanguardia de las disciplinas humansticas modernas-, quizs tambin el conjunto de las humanidades nos ofrezca nuevas posibilidades de percepcin de la crisis de la historia literaria, y aun de la teora misma. Por ltimo habremos de atender a aspectos de la filosofa de la historia si queremos comprender algo de lo que ocurre con la cultura y el pensamiento de las sociedades complejas. Vayamos, pues, por partes.

    Historismus, pragmatismo y posmodernismo Una de las reivindicaciones centrales de la doctrina neohistoricista es la de la

    concepcin abierta de la historia. Por concepcin abierta de la historia hay que entender un concepto dialogal entre el pasado y el presente. Por decirlo con palabras de L. A. Montrose, la mirada histrica tiene que dirigirse al presente igual que al pasado. Ms claro lo ha dicho todava Greenblatt: Lo primero fue mi deseo de hablar con los muertos. Las consecuencias de la apertura de la historia son determinantes para la prctica del nuevo historicismo. Un proyecto que quiera calificarse de genuinamente neohistoricista tiene que ser consciente de que nuestros anlisis son necesariamente el fruto de nuestra posicin ventajosa desde el punto de vista histrico, social e institucional. .. , afirma Montrose, para concluir: Una crtica que pretenda recuperar significados autnticos, correctos y completos en un sentido final o absoluto es una pura

    4 Brook Thomas. El Nuevo Historicismo y otros tpicos a la vieja usanza. En AA.VV. Nuevo Historicismo, Madrid: Arco/Libros, 1998, 305-35, p. 312.

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    ilusin, pesimismo que ya sostuvo Goethe. Pero esta apertura de la historia ha tenido consecuencias ms llamativas que lo que

    parece seguirse de los conservadores planteamientos del doctrinario Montrose. Volvamos de nuevo a Liu. Liu aborda esta cuestin con una disposicin decidida y libre. Segn Liu, el nuevo historicismo es un mtodo profundamente narcisista.5 El nosotros neohistoricista slo se ve a s mismo en los otros. Y de inmediato llama la atencin sobre la tendencia neohistoricista a cerrar sus estudios con un pasaje sumamente autoconsciente-a veces nada menos que una meditacin posmodema- [cita casos de Greenblatt, Montrose y Tennenhouse]6. La conclusin que extrae Liude esa tendencia es la auto-reflexividad constante del nuevo historicismo. El materialis-mo cultural britnico desplegara agresivamente la autoconsciencia como una postura poltica del presente. La Escuela de la representacin americana planteara ms bien una cuestin de estilo quistico-el autoconflicto-, al no poder dar salida poltica a esta tendencia. Incluso, en general, concluye que los estudios neohistoricistas pueden entregarse en cualquier momento a una meditacin sobre la posmodernidad. Suele ser comn ver en esta tendencia a la auto-reflexin una lnea posmodema.

    Sin duda, este narcisismo responde en primera instancia a la pretensin de objetividad del historicismo. No slo no es posible una percepcin objetiva de la historia sino que tampoco es deseable, pues ignorara el papel determinante del sujeto, de la identidad desde la que se evala. Sin embargo, cabe contemplar este asunto en otra dimensin. Y es que el historicismo se constituy precisamente contra la conexin pasado-presente que sola establecerse entre los historiadores del siglo XVIII. El historicismo alemn crey que podra superar esa conexin, a la que llam pragmtica, mediante la idea de la evolucin-con sus finalidades puramente histricas, con su gran elemento de espontaneidad, de aptitud plstica para el cambio y de imprevisibili-dad 7 Por pragmtica se entenda un concepto utilitarista y iusnaturalista de la historia. La historia pragmtica sirve como muestrario aprovechable pedaggicamente y explica sus cambios por causas de primer plano, de naturaleza personal o colectiva. Su presupuesto es la admisin de la identidad invariable de la naturaleza humana.

    Lo curioso de todo esto es que, desde un punto de vista por completo contrario a la admisin de la identidad humana invariable, se haya llegado a una concepcin de la historia bastante parecida, la idea de una representacin del pasado a la medida de la nueva consciencia, del espritu de la actualidad. Es decir, que en la prctica, las imgenes del pasado se construyen siempre a medida de la conciencia actual, con lo que se alcanza la paradoja de que la identidad humana resulta tan evolutiva como inaccesible y queda sustituida por una sombra proyectada por el presente. Quiz una de las claves para la interpretacin de esta aparente paradoja sea el papel que el historicismo-el Historismus, ms exactamente-ha desempeado frente al relativismo. Devuelvo la palabra a Meinecke sobre este aspecto: Le creemos-al Historismus-capaz de restaar las heridas que ha infligido el relativismo de los valores, suponiendo que

    5 Liu, pp. 243-4. 6 Liu, p. 244.