Lohr Emiliana Los Misterios Pascuales

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Lohr, Emiliana-Los Misterios Pascuales

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  • E M I L I A N A L O H R BENEDICTINA DE SANTA CRUZ DE HERSTELLE

    L O S M I S T E R I O S P A S C U A L E S

    A IJ3^LlAJLQS,.IEL^MaiiaGRM-A.. .,..,... , _

  • Public este libro la Editoria, FWEDRICH PUSTET, Regensburg, 1957

    con el ttulo DIE HEILIGE WOCHE

    * * *

    Lo tradujo al espaol EMILIO LADRN DE CEGAMA

    CON LICENCIA ECLESISTICA

    psito Legal: M. .15.060-1963.Nm. Rgtro. 5.419-63

    Copyright para todos los pases de engua espaola en EDICIONES GUADARRAMA, S. L.-MADRID, 1963

    Impreso en Espaa por Talleres Grficos de Ediciones Castilla, S. A., Madrid

    CONTENIDO

  • 4

    Introduccin 13

    BENDITO SEA EL QUE VIENE.DOMINGO DE RAMOS 27

    PERFUME DE VIDA PARA LA VIDA.LUNES SANTO 63

    PADECER LA PASIN DEL SEOR.MARTES SANTO 83

    HA LLEGADO LA HORA.MIRCOLES SANTO ... 97 CENA Y TRADICIN.JUEVES SANTO 117 CON CRISTO EN LA CRUZ.VIERNES SANTO ... 173

    ESTA ES LA NOCHE.SBADO SANTO Y VIGILIA PASCUAL 205

  • INTRODUCCIN

  • "^Huyamos de la rutinal Estrangula al hombre, le aparta de la verdad, le aleja de la vida" \

    Con estas palabras exhorta Clemente de Alejandra a los paganos de su tiempo a no dejar pasar lo nuevo y verdadero o sea, el cristianismo que comenzaba a brillar entre ellos por una cmoda adhesin a la acostumbrada pompa del culto a los dioses. Esta ad-vertencia podra no carecer de sentido dirigida tam-bin a nosotros cristianos catlico-romanos del si-olo XX. o

    Es propio del hombre encontrarse muy a gusto dentro de su piel y desear permanecer ah sin ser mo-lestado. Dentro de su "piel" quiere decir: dentro de todo lo que forma parte de su habitual forma de vida, interior y exteriormente. Esta enfermedad es mucho ms frecuente de lo que se cree. Caracteriza al "bur-gus" (j)or esta palabra no se entiende aqu una po-sicin social, sino una actitud tpica), que a pesar de todas las revoluciones de las ltimas dcadas, y a pe-sar de todos los peligros por los que sigue pasando nuestra existencia humana, todava no ha desapare-

    1 Clemente de Alejandra, Protrptico XII, 118, 1.

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  • cido. La mayora de nosotros, si nos examinamos con sinceridad, la encontraremos todava bien viva en nosotros, dispuesta a construir en seguida y a instalar-se de nuevo sobre la ms pequea tabla. Nos gusta la costumbre y la cultivamos con ternura, teniendo a mano palabras bellsimas para justificar esta inclina-cin. Es indispensable, decimos, para crear y conser-var una cultura y para fundar una tradicin.

    De acuerdo: cultura y tradicin edifican la vida; pero no son creadas ms que por el que est con la mirada abierta, siempre vivo, siempre dispuesto, y presiente la gracia cuando se acerca sobre la ola de lo venidero. Cultura y tradicin no son una forma rgida, inmvil, sino algo que se mueve, que vive, que se est haciendo sin cesar. As como la creacin est siendo creada continuamente por Dios, y la nue-va creacin o Redencin durar hasta el ultimo da, de igual manera nosotros no debemos dejar ni abando-nar a s mismo a nada de lo que Dios nos ha dado para que lo cultivemos 2 y transmitamos '. La par-cela de tierra que cultivo, el macizo donde planto, el nio a quien educo, deben ser objeto de mi constante solicitud, si quiero que prosperen, crezcan, florezcan, den fruto. Y lo mismo sucede con todo arte, ciencia y religin.

    Es verdad que, por lo que se refiere a esta ltima, no podemos aadir nada a la Revelacin que Dios nos ha dado de una vez para siempre. Pero, podemos

    ' colere, de ah cultas y cultura. ' trdere, de ah traditio.

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    penetrar a tientas en ella, tratar de explorar sus pro-fundidades insondables, convertirla en vida y amor, en sabidura y piedad. Es un tesoro que nos ha sido confiado en la Biblia y en la doctrina de los Pa-dres, en el culto y en la Liturgia, y podemos, se-gn la parbola del Seor, meter diariamente las ma-nos y sacar a luz una joya tras otra, lo viejo y lo nuevo, nova et vetera \ sin que el tesoro, siempre idntico a s mismo, disminuya ni se cambie, sin que se le aada ni se le quite nada.

    As, no debe sorprendernos que tambin en Teo-loga parezca haber corrientes que van y vienen, que en la piedad cambien las tendencias y actitudes, que incluso lo ms intangible, los Dogmas, aumenten, y la Liturgia, al parecer lo ms slidamente estable-cido, sufra cambio y evolucin y se renueve con relacin al pasado.

    Hoy da vivimos en una poca de cambios y reno-vaciones en el terreno eclesistico y sobre todo en el litrgico. El proceso comenz en los aos que pre-cedieron a la Primera Guerra Mundial y se intensi-fic en los que la siguieron con el "Movimiento li-trgico". Parece que muchas cosas saludablemente iniciadas por l se van estabilizando ahora poco a poco. El restablecimiento de la Vigilia Pascual en el ao 1951 y el decreto de la Sagrada Congregacin de Ritos de noviembre de- 1955 son los primeros in-dicios, y no es de creer que sean los nicos. En medio de estos cambios que ejercen un fuerte influjo en la

    4 Cfr. Mateo, 13, 52.

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  • vida de piedad del individuo, apliqumonos tambin a nosotros la advertencia del antiguo escritor ecle-sistico: "Huyamos de la rutinaV.

    Sera imprudente y un poco presuntuoso creer que eso no va para nosotros o que no nos es necesario. La mayora de las veces suceder lo que dice el Seor en la parbola: "Nadie que tenga vino aejo quiere el nuevo, porque dice: el aejo es mejor" 5. Por eso, a ancianos que han vivido durante toda una vida en un mundo de formas religiosas cultuales sobre todo, que ha permanecido siempre idntico a s mismo llegando a ser considerado como casi inamo-vible, resulta muy difcil adaptarse de pronto a unos ritos que, en muchos casos, ni siquiera han sido trans-formados a fondo, sino slo ligeramente modificados. No obstante, pueden darse cuenta de que las nuevas formas estn ms cerca de lo primitivo y esencial que las anteriores. Una tal desazn frente a lo nuevo es menos asunto de entendimiento que de "gusto": el vino aejo "sabe" mejor, es ms "deleitoso" al paladar que el nuevo.

    Adems, no deja de ser una osada restablecer an-tiguos ritos, despojndolos de excrecencias y extrati-ficaciones posteriores, a lo que est expuesta toda ins-titucin humana con el correr del tiempo. La inmovi-lidad puede ser perniciosa porque trae en pos de s la fosilizacin. El progreso puede ser tambin perju-dicial si no se avanza (o, segn los casos, se retrocede) hacia lo mejor. En general, ser ms fcil librar de la

    Lucas, 5, 39.

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    esclerosis de la vejez a formas de vida, a formas de culto, que desandar el camino de un falso progreso y hacer que desarrollos frustrados tomen la direccin contraria hasta llegar a la simplicidad primitiva. Tan-to en uno como en otro caso, hay un peligro: En los intentos de renovacin por cautelosos que sean puede suceder que aqu y all, con el afn de limpieza, se barran de en medio cosas buenas, razonables y dignas de ser conservadas. No debe olvidarse que en tales tentativas la voluntad, ms o menos dirigida por el entendimiento, ha de enfrentarse a lo establecido, y con frecuencia es difcil decir cundo esto sufri vio-lencia en su desarrollo, cundo fue desviado de su direccin propia, deformado, y necesita, por tanto, ser enderezado.

    Por eso, tanto al principio como en el curso de una renovacin ha de ser considerado ante todo el plan, la, ley, la medida, segn la cual se han ido desarro-llando las formas; o lo que podra llamarse su arque-tipo en Dios, que resplandece, con ms o menos in-tensidad, en todos los cambios sufridos a lo largo del tiempo. Entonces se podr descubrir sin esfuerzo en dnde las curvas de desarrollo se apartan de la pura lnea de origen, ensanchndose sin mesura o enco-gindose miserablemente. As se podr encontrar, sin ms, el camino de salud, del retorno a la lnea de crecimiento que ha querido Dios, no los hombres.

    Esto tiene mayor aplicacin a la liturgia de la Igle-sia de Cristo, al culto de la Ecclesia, que a cualquiera otra institucin humana. A ella, como en otro tiem-po a Moiss, ordenador de la Antigua Alianza y de

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  • su culto, se ha dicho: "Mira, y hazlo conforme ni modelo que en la montaa se te ha mostrado" \ Vara la Ecclesia esta montaa es el Glgota. En el mo-mento en que all, como nueva Eva, madre de todos los vivientes, naci a la vida terrestre del costado del Salvador moribundo, segundo y eterno Adn, fue hecha testigo y cooperadora de la nica y verdadera liturgia que Cristo celebr a la vista del cielo y de la tierra; testigo y co-sacrificadora del nico sacrificio, de la nica victima agradable a Dios, la que el Hijo Unignito de Dios hecho hombre ofreci a su Padre celestial por los -pecados del mundo.

    Pero la forma, la maravillosa e incomprensible ma-nera de que este sacrificio, ofrecido de una vez para siempre por el nico y eterno Sacerdote, se haga pre-sente a todas las generaciones que habran de seguir a lo largo de todos los siglos, y la manera de ofrecerlo en medio de cada una de ellas para que todos en-cuentren la remisin de sus pecados y la salud en la adopcin como hijos esta forma original de la nica gran Liturgia, de la potente obra de Dios, en la que el Padre por el sacrificio del Hijo obr la redencin de la humanidad, se la haba transmitido Cristo a sus Apstoles bajo los smbolos de pan y vino, ya en la vspera de la sangrienta consumacin del sacrificio. Y esta nica y maravillosa liturgia sacrificial fue co-municada, en la santa ordenacin, por los Apstoles, verdaderos liturgos y sacerdotes de la Ecclesia, a to-dos los sacerdotes futuros, como un misterio divino

    ' xodo, 25, 40.

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    transmitido de la manera ms fiel en su forma y en su contenido. As el "modelo" que "fue mostrado sobre el monte" a la Ecclesia, un modelo de induda-ble realidad y de la ms poderosa eficacia, contina viviendo en su Liturgia, como misterio, sacramento, sacrifi