Liahona Diciembre 2010

of 84 /84
Ven a ver al Cristo hoy, pág. 4 Recibir el don más grande, pág. 26 Liberados por la noche sin oscuridad, pág. 50 Actividad: Buscar la manera de servir, pág. 72 La IgLesIa de JesucrIsto de Los santos de Los ÚLtImos días • dIcIembre de 2010 Liahona Ven a ver al Cristo hoy, pág. 4 Recibir el don más grande, pág. 26 Liberados por la noche sin oscuridad, pág. 50 Actividad: Buscar la manera de servir, pág. 72

Embed Size (px)

description

Revista de la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Dias

Transcript of Liahona Diciembre 2010

  • Ven a ver al Cristo hoy, pg. 4

    Recibir el don ms grande, pg. 26Liberados por la noche sin

    oscuridad, pg. 50Actividad: Buscar la manera

    de servir, pg. 72

    La IgLesIa de JesucrIsto de Los santos de Los LtImos das dIcIembre de 2010

    Liahona

    Ven a ver al Cristo hoy, pg. 4

    Recibir el don ms grande, pg. 26Liberados por la noche sin

    oscuridad, pg. 50Actividad: Buscar la manera

    de servir, pg. 72

  • Mirando hacia el oeste, por Julie Rogers

    Despus del martirio de Jos Smith, el presidente John Taylor (180887) escribi: Jos Smith, el Profeta y Vidente del Seor, ha hecho ms por la salvacin del hombre en este mundo, que cual-quier otro que ha vivido en l, exceptuando slo a Jess. En el breve espacio de veinte aos ha sacado a luz el Libro de Mormn, que tradujo por el don y el poder de Dios ha publicado las

    revelaciones y los mandamientos que integran este libro de Doctrina y Convenios ha congre-gado a muchos miles de los Santos de los ltimos Das; [y] ha fundado una gran ciudad Vivi grande y muri grande a los ojos de Dios y de su pueblo; y como la mayora de los ungidos del Seor en tiempos antiguos, ha sellado su misin y obras con su propia sangre (D. y C. 135:3).

    Pro

    hibi

    da s

    u re

    Pro

    ducc

    in

    .

  • 20

    D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 1

    12 Nuestro hogar, nuestra familia: El ayudar a los hijos a ejercer su albedroPor Marcos Fernando dos Santos

    14 Lo que creemos: Jesucristo es el Hijo Unignito de Dios

    16 Clsicos del Evangelio: La historia que es siempre nuevaPor el presidente Heber J. Grant

    37 Hablamos de Cristo: El donPor Joan M. Olenycz

    38 Voces de los Santos de los ltimos Das

    74 Noticias de la Iglesia79 Ideas para la noche de hogar80 Hasta la prxima: Navidad

    en la viaPor Larry Hiller

    Liahona, diciembre de 2010

    MensaJes 4 Mensaje de la Primera

    Presidencia: Podemos ver al Cristo?Por el presidente Dieter F. Uchtdorf

    7 Mensaje de las maestras visitantes: Nuestra respon-sabilidad de participar en la obra del templo y de historia familiar

    aRtculos de inteRs18 Una cancin de cuna

    para TimothyPor Katherine Clement PoulsenEl Salvador me ayud a cambiar mi dolor por la paz.

    20 Hndel y el regalo de El MesasPor el lder Spencer J. CondieSiete lecciones de la composicin de El Mesas, de Hndel

    26 Un regalo digno de ms atencinPor el lder Neil L. AndersenPodemos utilizar este don ce-lestial, el Espritu Santo, como una brjula vital para nuestras acciones diarias.

    32 Tradiciones navideas de los Setenta

    secciones 8 Cosas pequeas y sencillas11 El prestar servicio en la

    Iglesia: A uno de stos ms pequeosPor Dianne W. Stoddard

    EN LA CUbIErTAFrente: Nacimiento del Rey, por Michael Dudash. Atrs: Buenas nuevas de gran gozo Pastores por la noche, por Michael Dudash.

  • 42 50

    64

    492

    42 Se dirigen a nosotros: No temasPor el lder Tad R. Callister

    45 El Evangelio en mi vida: No hay suficiente tiempo?Por Hong Ook Son

    Jvenes adultos

    46 Preguntas y respuestasMe cuesta mucho motivarme para leer las Escrituras. Cmo puedo encontrar esa motivacin?

    48 Pster: La luz pura del amor49 Nuestro espacio50 Navidad en el Nuevo Mundo

    Por Wendy KenneyLa seal del nacimiento del Salvador salv a los incrdulos en las Amricas.

    54 El mejor regaloPor Ailson SalesEn la maana de Navidad podamos or a los vecinos que cele-braban afuera, pero permanecimos dentro, esperando un milagro.

    56 Cmo lo s: Como leche dulcePor Yolanda Morales

    Posadas

    Jvenes

    58 Fiesta a puertas abiertasPor Jane McBride ChoateNo poda creer que no celebra-ramos la fiesta de Navidad del barrio; pero result que tuvimos algo mejor.

    60 Un regalo de Navidad para JessCinco regalos que le puedes dar al Salvador para celebrar Su nacimiento.

    61 Nuestra pgina62 Tiempo para compartir:

    Yo s que vive mi SeorPor Sandra Tanner y Cristina Franco

    64 Paja para el pesebrePor Jacob F. FrandsenCada vez que Michael ayudaba a alguien, aada un pedacito de paja al pesebre.

    66 Nace JessPor Diane L. MangumLas promesas de los profetas se cumplieron, los ngeles se regocijaron y los pastores dieron gloria a Dios.

    68 Un invitado especialPor Lorraine RichardsonInvitamos al profeta Jos Smith a nuestra noche de hogar.

    70 Para los ms pequeos

    nios

    Busca la Liahona que est escondida en este ejemplar. Pista:

    Servicio.

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 3

    PaRa los adultos

    Ms en lneaLiahona.lds.org

    PaRa los Jvenes adultos

    en tu idioMa

    El lder Spencer J. Condie comparte siete lecciones que podemos aprender de la vida de Hndel, el compositor de El Mesas (vase la pgina 20). A fin de or al Coro del Tabernculo

    cantar parte de El Mesas, visite www.liahona.lds.org.

    Un joven de Sudfrica compuso una cantata que presentaron otros jvenes adultos de su estaca en diciembre del ao pasado (vase la pgina 23). l dice: Lo que se pretenda era compar-tir nuestros testimonios del Salvador a

    travs de la msica y las palabras de la cantata. Para ver partes de la cantata, ve a www.liahona.lds.org.

    En las pginas 7273, trata de encontrar cinco actos de servicio escondidos en la Manzana del Templo; despus ve a www.liahona.lds.org para jugar un juego similar en lnea.

    La revista Liahona y otros materiales de la Iglesia estn disponibles en muchos idiomas en www.languages.lds.org.

    PaRa los nios

    TEMAS DE ESTE EJEMPLArLos nmeros indican la primera pgina del artculo.

    Albedro, 12Conversin, 56Discapacidades, 18Espritu Santo, 26Estudio de las Escrituras, 46Expiacin, 42Familia, 11, 12, 18Fe, 26, 42, 50Inspiracin, 20, 26Instituto, 45Jesucristo, 4, 14, 16, 37, 48, 50, 58,

    60, 62, 66, 70Llamamientos, 11

    Msica, 20, 38Navidad, 4, 32, 37, 38, 40, 50, 54, 58,

    62, 64, 70Normas, 49Obediencia, 26Obra del templo, 7, 45Paternidad, 12, 18Prioridades, 45Servicio, 7, 11, 41, 45, 54, 64, 72, 80Smith, Jos, 39, 68Testimonio, 39, 62Trabajo, 20

    DICIEMbrE DE 2010 VoL. 34 No. 12LIAHoNA 09292 002Publicacin oficial de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los ltimos Das, en el idioma espaol.La Primera Presidencia: Thomas S. Monson, Henry B. Eyring, Dieter F. UchtdorfEl Qurum de los Doce Apstoles: Boyd K. Packer, L. Tom Perry, Russell M. Nelson, Dallin H. Oaks, M. Russell Ballard, Richard G. Scott, Robert D. Hales, Jeffrey R. Holland, David A. Bednar, Quentin L. Cook, D. Todd Christofferson, Neil L. AndersenEditor: Paul B. PieperAsesores: Stanley G. Ellis, Christoffel Golden Jr., Yoshihiko KikuchiDirector administrativo: David L. FrischknechtDirector editorial: Vincent A. VaughnDirector de artes grficas: Allan R. LoyborgEditor administrativo: R. Val JohnsonEditores administrativos auxiliares: Jenifer L. Greenwood, Adam C. OlsonEditores adjuntos: Ryan CarrEditora auxiliar: Susan BarrettPersonal de redaccin: David A. Edwards, Matthew D. Flitton, LaRene Porter Gaunt, Larry Hiller, Carrie Kasten, Jennifer Maddy, Melissa Merrill, Michael R. Morris, Sally J. Odekirk, Joshua J. Perkey, Chad E. Phares, Jan Pinborough, Richard M. Romney, Don L. Searle, Janet Thomas, Paul VanDenBerghe, Julie WardellSecretaria principal: Laurel TeuscherDirector administrativo de arte: J. Scott KnudsenDirector de arte: Scott Van KampenGerente de produccin: Jane Ann PetersPersonal de diseo y de produccin: Cali R. Arroyo, Collette Nebeker Aune, Howard G. Brown, Julie Burdett, Thomas S. Child, Reginald J. Christensen, Kim Fenstermaker, Kathleen Howard, Eric P. Johnsen, Denise Kirby, Scott M. Mooy, Ginny J. NilsonAsuntos previos a la impresin: Jeff L. MartinDirector de impresin: Craig K. SedgwickDirector de distribucin: Evan LarsenCoordinacin de Liahona: Enrique Resek, Diana R. TuckerPara saber el costo de la revista y cmo suscribirse a ella fuera de Estados Unidos y de Canad, pngase en contacto con el Centro de Distribucin local o con el lder del barrio o de la rama.Los manuscritos y las preguntas deben enviarse a Liahona, room 2420, 50 E. North Temple Street, Salt Lake City, UT 84150-0024, USA; o por correo electrnico a: [email protected] (un trmino del Libro de Mormn que significa brjula o director) se publica en albans, alemn, armenio, bislama, blgaro, camboyano, cebuano, cingals, coreano, croata, checo, chino, dans, esloveno, espaol, estonio, fiyiano, finlands, francs, griego, hindi, holands, hngaro, indonesio, ingls, islands, italiano, japons, kiribati, letn, lituano, malgache, marshals, mongol, noruego, polaco, portugus, rumano, ruso, samoano, sueco, tagalo, tailands, tahitiano, tamil, telegu, tongano, ucraniano, urdu, y vietnamita. (La frecuencia de las publicaciones vara de acuerdo con el idioma.) 2010 por Intellectual Reserve, Inc. Todos los derechos reservados. Impreso en los Estados Unidos de Amrica.El material de texto y visual de la revista Liahona se puede copiar para utilizarse en la Iglesia o en el hogar, siempre que no sea con fines de lucro. El material visual no se puede copiar si aparecen restricciones en la lnea de crdito del mismo. Las preguntas que tengan que ver con este asunto se deben dirigir a Intellectual Property Office, 50 East North Temple Street, Salt Lake City, UT 84150, USA; correo electrnico: [email protected] los lectores de Mxico: Certificado de Licitud de ttulo nmero 6988 y Licitud de contenido nmero 5199, expedidos por la Comisin Calificadora de Publicaciones y revistas ilustradas el 15 de septiembre de 1993. Liahona es nombre registrado en la Direccin de Derechos de Autor con el nmero 252093. Publicacin registrada en la Direccin General de Correos nmero 100. Registro del S.P.M. 0340294 caractersticas 218141210.For readers in the United States and Canada: December 2010 Vol. 34 No. 12. LIAHONA (USPS 311-480) Spanish (ISSN 0885-3169) is published monthly by The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 50 East North Temple, Salt Lake City, UT 84150. USA subscription price is $10.00 per year; Canada, $12.00 plus applicable taxes. Periodicals Postage Paid at Salt Lake City, Utah. Sixty days notice required for change of address. Include address label from a recent issue; old and new address must be included. Send USA and Canadian subscriptions to Salt Lake Distribution Center at the address below. Subscription help line: 1-800-537-5971. Credit card orders (Visa, MasterCard, American Express) may be taken by phone. (Canada Poste Information: Publication Agreement #40017431)POSTMASTER: Send address changes to Salt Lake Distribution Center, Church Magazines, PO Box 26368, Salt Lake City, UT 84126-0368.

  • 4 L i a h o n a

    Una noche, mientras un abuelo le lea un cuento a su nieta de cuatro aos, ella levant la vista y dijo: Abuelito, mira las estrellas!. El anciano sonri amablemente y dijo: Estamos dentro, cario; no hay estrellas aqu. Pero la nia insisti: En tu habitacin hay estrellas! Mira!.

    El abuelo alz la mirada y, para su sorpresa, not que el techo estaba salpicado de destellos metlicos. La mayor parte del tiempo eran invisibles, pero cuando la luz se reflejaba de cierta manera en ellos, realmente pare-can un campo de estrellas. Fueron necesarios los ojos de una nia para verlos, pero all estaban. A partir de aquel momento, cuando el abuelo entraba en su habitacin y alzaba la vista, poda ver lo que antes no haba sido capaz de percibir.

    Estamos entrando en otra maravillosa poca navidea llena de msica y luces, fiestas y presentes, pero, de todas las personas, nosotros, como miembros de la Iglesia que llevamos el nombre del Salvador, debemos ver ms all de la fachada de la temporada y percibir la verdad y la belleza sublimes de este periodo del ao.

    Me pregunto cuntos en Beln supieron que en ese preciso lugar, cerca de ellos, haba nacido el Salvador. El Hijo de Dios, el tan esperado y prometido Mesas, se encontraba entre ellos!

    Recuerdan lo que el ngel les dijo a los pastores? Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Seor. Y ellos se dijeron a s mismos: Pase-mos, pues, hasta Beln, y veamos esto que ha sucedido (Lucas 2:11, 15).

    PodeMos ver aL

    M e n s a J e d e l a P R i M e R a P R e s i d e n c i a

    Al igual que los pastores de la antigedad, debemos decir en nuestro corazn: Pasemos y veamos esto que ha sucedido. Debemos desearlo en nuestro corazn. Veamos al Santo de Israel en el pesebre, en el templo, en el monte y en la cruz. Tal como los pastores, glorifiquemos y alabe-mos a Dios por estas nuevas de gran gozo!

    A veces, las cosas ms difciles de ver son aquellas que han estado frente a nosotros todo el tiempo. Al igual que

    el abuelo que no vio las estrellas en el techo, nosotros a veces no podemos ver lo que est claramente a

    nuestra vista.Nosotros, que hemos escuchado el glorioso

    mensaje de la venida del Hijo de Dios, que he-mos tomado sobre nosotros Su nombre y hemos

    hecho convenio de andar por Su senda, como discpulos Suyos, no debemos dejar de abrir nues-

    tro corazn y nuestra mente a fin de realmente verlo a l.La poca de Navidad es maravillosa en muchos sen-

    tidos; es una poca de actos caritativos de bondad y amor fraternal; es una poca para reflexionar ms en nuestra vida y en las muchas bendiciones que tenemos; es una poca para perdonar y ser perdonados; es una poca para disfrutar de la msica y las luces, de las celebraciones y los presentes. Pero el brillo de la poca nunca debe opacar nuestra visin e impedirnos realmente ver al Prncipe de Paz en Su majestad.

    Hagamos de la poca navidea de este ao una poca de regocijo y celebracin, una poca en la que reconozca-mos el milagro de que nuestro Dios Todopoderoso envi a Su Hijo Unignito, Jesucristo, para redimir al mundo.

    Por el presidente Dieter F. Uchtdorf

    Segundo Consejero de la Primera Presidencia

    Cristo?

    ilust

    raci

    n

    fo

    tog

    rfic

    a Po

    r da

    vid

    stuc

    ki; i

    lust

    raci

    n

    Po

    r Jo

    e fl

    ore

    s.

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 5

    IDEAS PArA ENSE-Ar ESTE MENSAJE

    1. las actividades para captar la atencin de los alumnos pueden utili-zarse para fomentar su inters y ayudarlos a con-centrarse en el tema de la leccin las lminas son valiosos instrumen-tos para reforzar la idea principal de una leccin y ayudar a que los alum-nos continen prestando atencin (La enseanza: El llamamiento ms importante, 1999, pgs. 181, 198). al comenzar a compartir este mensaje, considere la posibilidad de utilizar una actividad para captar la aten-cin, como mostrar una lmina o compartir un pasaje de las escrituras y pedirle a la familia que piense en cmo se aplica al mensaje.

    2. uno de sus objetivos ms importantes debe ser ayudar a que otros apliquen los principios del evangelio en la vida diaria [ayude] a que tales personas descubran las bendiciones que se obtienen cuando vivimos el evangelio (La enseanza: El llama-miento ms importante, pg. 207). despus de compartir este mensaje, considere la posibilidad de invitar a los integran-tes de la familia a com-partir experiencias que hayan tenido al centrarse en el salvador durante la poca de navidad.

  • 6 L i a h o n a

    Una Navidad misionalPor Loran Cook

    durante la segunda navidad que pas como misionero de tiempo completo, mi compaero y yo fuimos a visitar a un miembro recin bautizado y a su familia. tras una deliciosa cena navidea, compartimos con ellos un mensaje de navidad.

    Pedimos a la familia que dibujaran cosas que les re-cordaran esa poca, tales como estrellas, regalos, naci-mientos y rboles de navidad, y a continuacin lemos varios pasajes de las escrituras, como 2 nefi 19:6: Porque un nio nos es nacido, un hijo nos es dado; y sobre sus hombros estar el principado; y se llamar su nombre admirable, consejero, dios Fuerte, Padre eterno, Prncipe de Paz. cantamos el himno once in Royal davids city (una vez en la ciudad real de david) (Hymns, n 205), vimos una pelcula acerca de la natividad, y dimos testi-monio de Jesucristo.

    Fue una navidad sencilla, lejos de nuestra familia y de las celebraciones navideas habituales, pero al expresar nuestro testimonio del salvador, sent un amor y un apre-cio ms profundos por l y por su nacimiento de los que nunca antes haba experimentado. Me di cuenta de que sera mi ltima navidad en el servicio misional de tiempo completo para mi Padre celestial, pero comprend que su espritu podra testificarme de su Hijo dondequiera que me encontrara.

    Para ver al Salvador

    el presidente uchtdorf dijo que durante la navidad debemos buscar aquellas cosas que nos recuerden la vida del salvador. busca las referencias de los pasajes de las escrituras que aparecen a continuacin. encuen-tra la lmina que coincida con cada uno de los pasajes y escribe la referencia debajo de dicha lmina.

    N I o SJ V E N E S

    izq

    uier

    da: i

    lust

    raci

    n

    Po

    r Pa

    ul M

    ann

    ; ilu

    stra

    ci

    n d

    e o

    rnaM

    ento

    s Po

    r Jo

    e fl

    ore

    s; C

    rist

    o r

    esuC

    itan

    do a

    la h

    ija d

    e ja

    iro

    , Po

    r g

    reg

    ols

    en

    199

    0; e

    l ni

    o je

    ss

    en e

    l tem

    plo

    , Po

    r g

    ran

    t ro

    Mn

    ey c

    law

    son

    ir

    i; la

    Cru

    Cifix

    in

    , Po

    r ha

    rry

    ande

    rso

    n

    iri;

    ilust

    raci

    n

    Po

    r Pa

    ul M

    ann

    ; ha

    resu

    Cita

    do, P

    or

    del P

    arso

    n; t

    res

    reye

    s m

    ago

    s, P

    or

    Paul

    Man

    n.

    Mateo 2:12 Lucas 2:46

    Mateo 15:3238

    Lucas 8:4955

    Lucas 23:3334, 4446

    Juan 20:1120

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 7

    M e n s a J e d e l a s M a e s t R a s v i s i ta n t e s

    nuestra responsabilidad de participar en la obra del templo y de historia familiar

    Estudie este material y, si es pertinente, analcelo con las hermanas a las que visite. Utilice las preguntas como ayuda para fortalecerlas y para que la Sociedad de Socorro forme parte activa de la vida de usted.

    De nuestra historiaEl profeta Jos Smith dijo: La responsabilidad

    mayor que Dios ha puesto sobre nosotros en este mundo es ocuparnos de nuestros muertos (Ense-anzas de los presidentes de la Iglesia: Jos Smith, pg. 507). Desde el principio, las hermanas de la Sociedad de Socorro han apoyado esta gran obra. En Nauvoo, en 1842, el deseo de Sarah M. Kimball de ayudar a los trabajadores que construan el templo motiv a un grupo de hermanas a organi-zarse a fin de prestar servicio con mayor eficacia. Al comenzar a reunirse, el Profeta organiz la primera Sociedad de Socorro segn el modelo del sacerdocio. A partir de ese momento, las herma-nas de la Sociedad de Socorro contribuyeron en el adelantamiento de la obra en el Templo de Nauvoo

    En 1855, ocho aos despus de que los santos llegaran a Utah, se estableci la Casa de Investi-duras. Eliza R. Snow, que haba sido uno de los miembros originales de la primera Sociedad de Socorro y haba preservado los registros de esa or-ganizacin, fue llamada por el presidente Brigham Young en 1866 para ser la presidenta general de la Sociedad de Socorro. Ella y otras hermanas fueron fieles obreras en la Casa de Investiduras. Despus, al terminarse los templos de St. George, Logan y Manti, esas hermanas viajaban a cada

    uno de ellos a fin de efectuar all la obra por los muertos1.

    Qu puedo hacer?1. cmo puedo ayudar a mis hermanas a buscar a sus antepasados y llevar a cabo las ordenanzas del templo por ellos? tenga en cuenta las circunstancias de cada hermana al meditar en la forma de satisfacer sus necesidades. con-viene recordar que la obra de historia familiar a menudo fortalece a los miembros nuevos, a los que regresan a la iglesia y a los menos activos.

    2. en qu ocasio-nes el hecho de par-ticipar en la obra del templo y de historia familiar me ha reconfortado en mis pruebas o me ha guiado en las decisiones importantes?

    Fe Familia Socorro

    a lo largo de los siglos, muchas personas han muerto sin conocimiento del Evangelio. Algu-nas de esas personas son sus familiares cercanos o lejanos que estn esperando que usted lleve a cabo la investigacin necesaria para vincular sus familias y efectuar las ordenanzas salvadoras a favor de ellos.

    La mayora de los templos del mundo no estn suficientemente ocupados. El Seor ha prometido que los corazones se volveran hacia los padres, para que la tierra no sea totalmente asolada a Su venida (vase D. y C. 2:23).

    Hay bendiciones personales que se reciben como resultado de participar en la obra del templo y de historia familiar. Una de ellas es el gozo que se siente al servir a los antepasados, y otra es el he-cho de que se renen los requisitos para recibir la recomendacin para el templo, la cual representa tu dignidad ante el Seor. Aquellos que actual-mente no sean dignos del privilegio de tener una recomendacin debern estar en contacto con el obispo o presidente de rama para lograrlo lo antes posible. Les ruego que no se priven de tan vital requisito. Testifico que la Expiacin es real y que los pecados pueden ser perdonados tras el debido arrepentimiento.

    Al participar en la obra del templo y de historia familiar, tenemos la certeza de tener el Espritu para que nos consuele en nuestros desafos y nos gue en decisiones importantes. La obra del templo y de historia familiar forma parte de nuestra labor de brindar socorro o prestar servicio a nuestros antepasados.Julie B. Beck, Presidenta General de la Sociedad de Socorro.

    De las Escrituras Malaquas 4:56; 1 Corintios 15:29; 1 Pedro 3:1819; D. y C. 110:1316; 128:24.

    NoTA 1. Mary Ellen Smoot, Family

    History: A Work of Love, Ensign, marzo de 1999, pg. 15.

    Si desea ms informacin, visite www.reliefsociety.lds.org.

    ilust

    raci

    n

    fo

    tog

    rfic

    a Po

    r Je

    rry

    gar

    ns.

  • 8 L i a h o n a

    Cosas pequeas y sencillas

    E n L A s p A L A B R A s d E L o s p R o f E t A s

    Un recuerdo de NavidadPor el presidente thomas s. Monson

    en algn rincn de mi casa tengo un pequeo bastn negro, con el mango de imitacin de plata, que una vez perteneci a un pariente lejano. Por qu lo he conservado durante ms de setenta aos? Existe una razn especial. De pequeo, particip en una obra de teatro sobre la Navidad organizada en nuestro barrio, y tuve el privilegio de representar a uno de los Reyes Magos. Con una bufanda grande

    de colores en la cabeza, la cubierta del banco del piano de mi madre sobre el hombro y el bastn negro en la mano, recit mi parte: Dnde esta el rey de los judos, que ha na-cido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle (Mateo 2:2). Todava se mantiene vvido en mi mente lo que sent en mi interior cuando nosotros tres, los Reyes Magos, miramos hacia arriba y vimos la estrella, atravesamos el escenario, encontramos a Mara con el pequeo Jess, nos postramos y adoramos al Nio, y luego abrimos nuestros tesoros y le ofrecimos los presentes: oro, incienso y mirra.

    En especial me gust el hecho de que no volvimos al perverso Hero-des para traicionar a Jess, sino que

    obedecimos a Dios y tomamos otro camino.

    Los aos han pasado, pero el bastn de Navidad sigue ocupando un lugar especial en mi casa; y llevo en mi corazn un compromiso con Cristo.

    De Dones atesorados, Liahona, diciembre de 2006, pgs. 34.

    EN EL CALENDArIo

    el 5 de diciembre de 2010 es la fecha del devocional de navidad de la Primera Presidencia en el que se presentan mensajes de la Primera Presidencia y msica del coro del tabernculo y de la orquesta de la Manzana del templo. Para informarse sobre la hora y el lugar de la transmisin comunquese con su lder local del sacerdocio o consulte www.lds.org. tambin se puede ver por internet, desde www.broadcast.lds.org.

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 9

    El poder de la noche de hogar

    Mi esposo, Luiz Antonio, y yo tenemos un gran testimonio del poder de la noche de hogar y de su utilidad para hacer que nuestras fami-lias sean ms fuertes en el Evangelio. No siempre ha sido fcil hacer ese es-fuerzo, pero con el paso del tiempo ha marcado una enorme diferencia para nosotros y nuestros cuatro hijos.

    Uno de los momentos ms espe-ciales que tuvieron lugar en nuestras noches de hogar fue cuando nuestro hijo, Renan, se estaba preparando para bautizarse. Nuestras dos hijas mayores, Cynthia y Lilian, se ofrecieron para ensear las lecciones durante el mes anterior al octavo cumpleaos de l. A mi esposo y a m nos encant verlas ensear el significado y el propsito del bautismo, las mismas lecciones que les habamos enseado a ellas cuando se preparaban para el bautismo. Cuatro aos ms tarde, Renan sigui el ejem-plo de sus hermanas mayores y ense

    LA HISTorIA DE LA NAVIDAD

    Muchas personas conocen el relato de la natividad segn aparece en Lucas 12. no obstante, hay muchos otros lugares en las escrituras que hablan del milagroso naci-miento del salvador Jesucristo. contemple la posibilidad de incluir los siguientes versculos en su estudio personal de las escrituras durante este mes:

    antiguo testaMento

    nuevo testaMento

    LIbro de MoRMn

    doctRina y convenios

    PeRla de gRan PRecio

    Isaas 7:14; 9:67

    mateo 12 1 nefi 10:46; 11:1321

    d. y c. 76:41 moiss 5:57

    miqueas 5:2 Juan 1:114 alma 7:913 d. y c. 93:14

    Helamn 14:19

    3 nefi 1

    las lecciones del bautismo a su hermana menor, Ellen.

    La noche de hogar sigui bendicin-donos a nosotros y a nuestros hijos a travs de los desafos de los aos de la adolescencia. Les sirvi para conservar su testimonio y permanecer fieles en el Evangelio. Nuestro hijo ya regres de la misin, y nuestras hijas se han casado en el templo y ya tienen hijos.

    Nuestro testimonio es que la noche de hogar es uno de los mejores progra-mas de la Iglesia. Sabemos que el seguir el consejo proftico de llevar a cabo la noche de hogar de manera constante ha trado grandes bendiciones a nues-tra vida, y sabemos que las aportar a todos los que estn dispuestos a seguir ese mismo consejo. Reconocemos que esto requiere mucho trabajo y planea-miento pero, para nosotros, las ben-diciones de la eternidad valdrn cada minuto dedicado a esos esfuerzos.

    foto

    gra

    fas

    Por

    wel

    den

    c. a

    nde

    rsen

    ; Pin

    tura

    de

    los

    Mag

    os

    Por

    Paul

    Man

    n

    iri 1

    999;

    el n

    aCim

    iento

    de

    jes

    s, P

    or

    carl

    hein

    rich

    blo

    ch, u

    tiliz

    ada

    con

    Per

    Mis

    o d

    el M

    useo

    his

    tri

    co n

    acio

    nal

    de

    fred

    erik

    sbo

    rg, h

    iller

    d,

    din

    aMar

    ca, P

    rohi

    bida

    la r

    ePro

    ducc

    in

    ; silu

    eta

    Por

    beth

    M. w

    hitt

    aker

    .

    Walkiria santana cairo, brasil

  • 10 L i a h o n a

    c o s a s P e q u e a s y s e n c i l l a s

    TIEMPo PArA LA NoCHE DE HoGAr

    Para los miembros de la Iglesia, la noche del lunes es sinnimo de noche de hogar, pero, cmo comenz todo? La siguiente lnea cronolgica explica esta historia.

    IDEAS PArA LA NoCHE DE HoGAr PArA PErSoNAS SoLTErAS o SIN HIJoS

    estudien las escrituras, los manuales de la sociedad de socorro o del sacerdocio, o artculos de las revistas de la iglesia.

    trabajen en su historia familiar. Inviten a miembros de su barrio o rama para que pasen la

    noche de hogar con ustedes. escriban cartas a familiares que vivan lejos o a misioneros

    que hayan salido de su barrio o rama. Presten servicio a los dems. Piensen en la posibilidad

    de llevar una comida a una persona necesitada, visitar a ancianos en un asilo o prestar servicio voluntario en un proyecto comunitario.

    de iz

    qui

    erda

    a d

    erec

    ha: f

    oto

    gra

    fa d

    el e

    dific

    io d

    e la

    est

    aca

    gra

    nite

    , uta

    h, c

    ort

    esa

    de

    la b

    iblio

    teca

    de

    hist

    oria

    de

    la ig

    lesi

    a; jo

    seph

    f. s

    mith

    , Po

    r a.

    sal

    zbre

    nn

    er;

    foto

    gra

    fa P

    or

    boya

    rt s

    tudi

    os;

    cub

    ierta

    del

    Man

    ual d

    e 19

    85 P

    or

    Phyl

    lis lu

    ch; f

    oto

    gra

    fa P

    or

    Jed

    a. c

    lark

    ; silu

    eta

    Por

    beth

    M. w

    hitt

    aker

    .

    NoTA 1. David O. McKay, cita de J. E. McCulloch, Home: The Savior of

    Civilization (1924), pg. 42; en Conference Report, abril de 1935, pg. 116.

    1909: 1915: 1935: 1965: 1970: 1985: 1999: la estaca granite, utah, crea un pro-grama formal de noche de hogar.

    el presidente Joseph F. smith y sus consejeros de la Primera Presidencia ha-cen un llamado a los padres de la iglesia para que se renan con sus hijos una vez a la semana y participen en una noche de hogar.

    el presidente david o. McKay re-cuerda a los padres que ningn xito en la vida puede compen-sar el fracaso en el hogar1.

    se publica el primer manual oficial de la noche de ho-gar; se publi-can versiones revisadas todos los aos hasta 1984.

    la Primera Presidencia de-signa la noche del lunes para llevar a cabo la noche de hogar.

    se publica el Manual de sugerencias para la noche de hogar, el cual facilita ms materiales de ayuda y aplicaciones.

    la Primera Presiden-cia publica una carta en la que se recuerda a los miembros que no planeen actividades de barrio o de estaca los lunes por la noche o que, en lo posible, no efecten actividades comunitarias los lunes por la noche.

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 11

    Por ser madre de cuatro hijos pequeos, pareca que no dispona de un momento libre. Durante uno de esos das ocupados y agitados, nuestro obispo llam y pregunt si podra reunirse con mi esposo y conmigo. Para mi sorpresa, me llam a ser presidenta de la Socie-dad de Socorro.

    Le dije al obispo que tendra que orar al respecto. No saba cmo logra-ra cumplir en esa poca de mi vida con un llamamiento al que hay que dedicarle tanto tiempo. Acudieron a mi mente sentimientos de ineptitud e inseguridad, y llor durante dos das.

    Una de mis maestras visitantes, que no tena idea de la confusin por la que yo estaba pasando, llam y concert una cita para venir a verme. Durante su visita comparti una historia acerca de Emma Somerville McConkie, que haba servido como presidenta de la Sociedad de Socorro durante los primeros tiempos de la Iglesia en Utah. Una mujer del barrio de la hermana McConkie tena varios hijos, entre ellos un beb recin nacido, y dado que la familia de la mujer era pobre, la hermana McConkie iba todos los das a su casa, le llevaba comida y ayudaba a la madre a cuidar al nio.

    Un da [la hermana McConkie] volvi a casa especialmente cansada y agotada y se qued dormida en su silla. So que baaba a un beb,

    A uno de stos ms pequeos

    e l P R e s ta R s e R v i c i o e n l a i g l e s i a

    que result ser el Nio Jess. Ella pens: Oh, qu gran honor servir al Cristo mismo! Se sinti embargada por la emocin al tener al beb en el regazo Un gozo indescriptible invadi todo su ser Tan grande fue su gozo que se despert; al abrir los ojos, resonaron en sus odos las siguientes palabras: en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos ms pequeos, a m lo hicisteis1.

    El relato llen mi alma y mi co-razn de consuelo y paz. Saba que el Seor estaba al tanto de mis cir-cunstancias y deseaba que sirviera a las hermanas del barrio, y que l me bendecira a fin de que cumpliera con todas mis responsabilidades. Acept el llamamiento.

    Todava me asombra el haber podido cumplir con mi llamamiento mientras me haca cargo de las necesidades y exigencias de mi familia, y estoy agradecida por una maestra visitante que fue inspirada para compartir un mensaje opor-tuno. Desde aquella poca nunca he vacilado en aceptar un llamamiento. Tengo un testimonio de que cuando servimos a nuestro Padre Celestial, l nos bendice con el tiempo, la energa y las aptitudes que nece-sitamos para cumplir con nuestros llamamientos. NoTA 1. Bruce R. McConkie, Charity Which Never

    Faileth, Relief Society Magazine, marzo de 1970, pg. 169; cursiva agregada.

    EL SErVIr CoN PrUDENCIA

    se requiere sabidu-ra para mantener el equilibrio entre

    los llamamientos de liderazgo y las exigencias de la familia, del trabajo y otras responsabilidades. a continuacin siguen seis sugerencias:

    1. Cntrense en las personas, no en los programas. centren las reunio-nes de consejo, de presidencia y de liderazgo en las necesidades de las personas.

    2. Sean innovadores. usen la creativi-dad y la gua del espritu dentro del marco de las normas y los principios de la iglesia.

    3. Deleguen responsabilidades y permitan que las dems personas crezcan. un lder debe aconsejar, asesorar y motivar, pero no hacer el trabajo de otras personas.

    4. Eliminen la culpa. sean conscientes de que debemos hacer todas las co-sas con prudencia y orden (Mosah 4:27), y dedicar mayor atencin a diferentes prioridades en diferentes momentos.

    5. Hagan lo mejor que puedan. comprendan sus aptitudes, deter-minen cul ser su ritmo de trabajo y establezcan prioridades entre sus recursos a fin de ayudar a los dems y, al mismo tiempo, cuidar su salud.

    6. Estn atentos a las necesidades de los miembros nuevos. denles opor-tunidades de aprender el evangelio, de conocer a otros miembros y de prestar servicio significativo.

    Del lder M. russell ballard, del Qurum de los Doce Apstoles, oh, sed prudentes!, Liahona, noviembre de 2006, pgs. 1820.

    Por Dianne W. Stoddard

    dere

    cha:

    ilus

    trac

    in

    fo

    tog

    rfic

    a Po

    r la

    uren

    i fo

    chet

    to.

  • 12 L i a h o n a

    el ayudar a los hijos a ejercer su

    n u e s t r o H o g a r , n u e s t r a fa m I L I a

    Por Marcos Fernando dos Santos

    Cuando el Padre Celestial form a Adn y a Eva, eran inocentes; no saban mucho acerca de la vida y sus consecuencias, pero el Padre Celestial anduvo con ellos, les ense y fue paciente con ellos a medida que aprendan acerca de su existencia en la tierra.

    En nuestra funcin de padres, no-sotros tambin tenemos el privilegio de estar con nuestros pequeos y ensearles. Sin embargo, considero que a veces quiz olvidamos que nuestros hijos tambin son hijos de nuestro Padre Celestial, procreados en espritu. Tenemos la responsa-bilidad de ayudarlos a aprender sus primeras lecciones, y nuestra misin es guiarlos hacia el Salvador Jesucristo.

    Si seguimos el ejemplo del Padre Celestial en el Jardn de Edn, toma-remos sobre nosotros la responsabi-lidad del cuidado de nuestros hijos y de ensearles sobre el evangelio de Jesucristo. Al hacerlo, necesitamos ensearles sobre las consecuencias de sus acciones. sta no es una tarea fcil, ya que nosotros mismos toda-va estamos aprendiendo y a veces

    no hacemos la voluntad de nuestro Padre Celestial. Y a veces deseamos intervenir y rescatar a nuestros hi-jos, incluso en los casos en los que se beneficiaran al aprender de sus errores.

    Desde el principio, el Padre Celestial ense con paciencia a Adn y a Eva sobre el albedro. Les dio mandamientos, consecuencias y la capacidad de ejercer su albedro, y les dijo: De todo rbol del jardn podrs comer libremente, mas del rbol de la ciencia del bien y del mal no comers. No obstante, po-drs escoger segn tu voluntad, por-que te es concedido; pero recuerda que yo lo prohbo, porque el da en que de l comieres, de cierto morirs (Moiss 3:1617; cursiva agregada).

    Quiz nos preguntemos cmo podemos animar a nuestros hijos a seguir los mandamientos sin obligarlos a hacerlo. Son varias las cosas que podemos hacer y que resultan tiles. Podemos ensear a nuestros hijos el Evangelio, sobre todo utili-zando las Escrituras, y luego ensearles a vivir de acuerdo con esos principios. Podemos

    ensearles mediante la palabra y el ejemplo a confiar en nuestro Padre Celestial y compartir con ellos las bendiciones que vienen al vivir el Evangelio. Podemos ensearles que, debido a nuestras debilidades, no-sotros, como padres, necesitamos Su amor, misericordia y paciencia, tanto como nuestros hijos.

    A veces, cuando nuestros peque-os se portan mal, tal vez empecemos a perder la esperanza, pero nuestro Padre Celestial jams perder la espe-ranza en nosotros. Debemos apren-der a ver a nuestros hijos de la misma forma que nuestro Padre Celestial nos ve a nosotros: como Sus hijos e hijas, con el potencial de llegar a ser como l mediante el poder y la gracia de Su Hijo. Nosotros no tenemos el poder para salvar a nuestros hijos,

    Al igual que el Padre Celestial ense a Adn y a Eva sobre el albedro, es necesario que ayudemos a nuestros hijos a entender y a ejercer el suyo.

    albedro ilustracin Por Michael P

    arke

    r.

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 13

    pero podemos ser buenos ejemplos y ejercer la fe a favor de ellos.

    No estamos aqu para obligar a nadie a hacer la voluntad del Padre Celestial. Naturalmente, la cantidad

    de libertad y responsabilidad que demos a nuestros hijos depender de su edad y aptitudes. A medida que ayudemos a nuestros hijos a usar su albedro correctamente, ser ms fcil ensearles y amarlos, no importa lo que hagan.

    Nuestro Padre Celestial saba que Adn y Eva seran tentados y que

    comeran del rbol del conoci-miento del bien y del mal y ya haba preparado un medio para que ellos regresaran mediante Su Hijo. Envi un ngel para que les enseara acerca del

    sacrificio expiatorio de nues-tro Salvador, los principios del arrepentimiento y la forma en que podan acu-

    dir a Dios en el nombre del Hijo y obtener la remisin de sus pecados por medio de la

    misericordia y del amor del Padre Celestial (vase Moiss 5).

    Al expresar amor por nuestros hijos y ensearles que aunque se aparten del camino, perma-neceremos firmes, esperando y orando que hallen gozo por medio de la fe en Jesucristo y el verda-dero arrepentimiento.

    LA impoRtAnCiA dE LA EnsEAnzA

    He odo decir a algunos padres que no quieren impo-ner el Evangelio a sus hijos, sino

    que desean que ellos saquen sus propias conclusiones sobre lo que vayan a creer y a seguir; piensan que de esa manera les permiten ejercer su albedro. Lo que olvidan es que el uso inteligente del albedro exige un conocimiento de las cosas como realmente son (vase D. y C. 93:24). Sin eso, es muy difcil que los jvenes entiendan y evalen las posibilidades que se les presenten.lder D. Todd Christofferson, del Qurum de los Doce Apstoles, La disciplina mo-ral, Liahona, noviembre de 2009, pg. 107.

    Si mantenemos presentes estos principios, seremos bendecidos para ser llenos ms abundantemente del amor puro de Cristo y tendremos ms xito como padres (vase D. y C. 121:4146).

  • 14 L i a h o n a

    Jess fue la nica persona que naci de una madre mortal, Mara, y un padre inmortal, Dios el Padre. Por esa razn a Jess se le llama el Hijo Unignito de Dios. De Su Padre, hered poderes divinos (vase Juan 10:1718); de Su madre, hered la mortalidad y qued sujeto al hambre, la sed, la fatiga, el dolor y la muerte.

    La vida mortal de Jesucristo co-menz cuando naci en Beln. Lucas relat lo siguiente: ...el ngel Ga-briel fue enviado por Dios a una virgen desposada con un varn que se llamaba Jos Entonces el ngel le dijo: concebirs en tu vientre y dars a luz un hijo, y llamars su nombre Jess. ste ser grande y ser llamado Hijo del Altsimo El Esp-ritu Santo vendr sobre ti, y el poder del Altsimo te cubrir con su sombra; por lo cual tambin el Santo Ser que va a nacer ser llamado Hijo de Dios (Lucas 1:2627, 3032, 35; vase tam-bin 1 Nefi 11:1621; Alma 7:10).

    Mateo dej registrado que un n-gel tambin se le apareci a Jos en un sueo y le dijo: [Mara] dar a luz un hijo, y llamars su nombre Jess, porque l salvar a su pueblo de sus pecados (vase Mateo 1:2021). Tanto Mara como Jos comprendie-ron que el hijo que nacera de Mara, que se llamara Jess, era el Hijo Unignito de Dios.

    El ngel Gabriel tambin le dijo a Mara que su pariente Elisabet estaba embarazada y esperaba un hijo. Cuando Mara fue a visi-tarla, Elisabet fue llena del Espritu Santo y dijo: Por qu se me concede esto a m, que la madre de mi Seor venga a m? (vase Lucas 1:3945). Elisabet supo en ese momento que Ma-ra sera la madre del Hijo de Dios.

    JesUCristo es el Hijo Unignito de dios

    l o q u e c R e e M o s

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 15

    El apstol Juan ense: Y el Verbo [ Jesucristo] fue hecho carne y habit entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unignito del Padre), lleno de gracia y de verdad ( Juan 1:14; vase tambin D. y C. 93:11).

    Hubo otras personas que tambin recibieron un testimonio del Espritu Santo de que Jesucristo es el Hijo de Dios. A con-tinuacin aparecen algu-nos de sus testimonios.

    1. Algunos de los dis-cpulos del Salvador se encontraban en una barca cuando vieron a Jesu-cristo caminando sobre las aguas. Ellos vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios (Mateo 14:33).

    2. Cuando Jess pregunt a Sus discpulos Y vo-sotros, quin decs que soy yo?, Pedro contest: T eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente! (Mateo 16:15, 16).

    3. Antes de que Jess levantara a Lzaro de entre los muertos, l pregunt a la hermana de Lzaro, Marta, si crea que l era la resurreccin y la vida. Ella respondi: S, Seor; yo he credo que t eres el Cristo, el Hijo de Dios (Juan 11:25, 27).

    6. En las Amricas, cinco aos antes del nacimiento del Salvador, Samuel el lamanita profetiz: Viene el Hijo de Dios para redimir a todos los que crean en su nombre (Helamn 14:2).

    5. Dios le ense a Adn que deba bautiza[rse] en el agua, en el nombre de mi Hijo Unignito, lleno de gracia y de verdad, el cual es Jesucristo (Moiss 6:52).

    4. Adn y Eva ofrecieron sacrificios, los cuales eran una semejanza del sacrifi-cio del Unignito del Padre (Moiss 5:7).

    Si desea ms informacin, vanse Principios del Evangelio, 2009, pgs. 5758; Leales a la fe, 2004, pgs. 105108; y richard C. Edgley, The Condescension of God, Ensign, diciembre de 2001, pgs. 1621.

    desd

    e la

    izq

    uier

    da: B

    endi

    ta t

    en

    tre

    las

    muj

    eres

    , Po

    r w

    alte

    r ra

    ne

    ir

    i; ad

    n y

    eva

    ofr

    eCien

    do s

    aCrif

    iCio

    s, P

    or

    del P

    arso

    n; C

    risto

    Cam

    inan

    do s

    oBr

    e la

    s ag

    uas,

    Po

    r ro

    bert

    t. b

    arre

    tt; i

    lust

    raci

    n

    fo

    tog

    rfic

    a Po

    r hy

    un g

    yu le

    e; d

    etal

    le d

    e ve

    nid

    y v

    ed, P

    or

    liz le

    Mo

    n s

    win

    dle,

    fo

    unda

    tion

    art

    s, P

    rohi

    bida

    la r

    ePro

    ducc

    in

    ; sam

    uel e

    l la

    man

    ita p

    rofe

    tiza,

    Po

    r ar

    no

    ld f

    riber

    g

    iri;

    mar

    ta r

    eCiB

    e a

    jes

    s, P

    or

    robe

    rt t.

    bar

    rett

    .

  • 16 L i a h o n a

    La historia de Jess el Cristo es una historia de antao que siempre permanece nueva. Cuanto ms a menudo leo acerca de Su vida y Sus obras, mayor es el gozo, la paz, la felicidad y la satisfaccin que llenan mi alma. Siempre hay un nuevo encanto que percibo al meditar en Sus palabras y en el plan de vida y salvacin que l ense a los hombres durante Su vida sobre la tierra.

    Todos sabemos que nunca ha vivido so-bre la tierra una persona que haya ejercido la misma influencia sobre el destino del mundo que la que ejerci nuestro Seor y Salvador, Jesucristo; y, sin embargo, naci en la oscuridad, acunado en un pesebre. Eligi para que fueran Sus apstoles a pescadores pobres e iletrados. Han pasado [ms de] mil

    La historia que es siempre nueva

    c l s i c o s d e l e va n g e l i o

    Por el presidente Heber J. Grant (18561945)

    Heber J. Grant, sptimo presidente de la Iglesia, naci el 22 de noviembre de 1856. Fue ordenado apstol el 16 de octubre de 1882, a los veinticinco aos, y el 23 de noviembre de 1918 fue sostenido como Presidente de la Iglesia. El texto que sigue a continuacin es un extracto del artculo Story of Old, Improvement Era, diciembre de 1940, pgs. 713, 765.

    novecientos aos desde Su crucifixin y, no obstante, en todo el mundo, a pesar de todos los conflictos y el caos, an perdura en el corazn de millones de personas el testimonio de la divinidad de la obra que llev a cabo

    Es una fuente de gozo ilimitado para m y llena mi corazn ms all de mi poder de ex-presin el contemplar el hecho de que Dios, nuestro Padre Celestial, y nuestro Seor Jesu-cristo han visitado la tierra y de nuevo han re-velado el Evangelio al hombre; y me llena de agradecimiento y gratitud, mucho ms de lo que pueda expresar, el que l me haya bende-cido con el conocimiento de la divinidad de la obra en la que estamos embarcados. Mi cons-tante y ferviente oracin a l siempre ha sido que mi mente jams se oscurezca, que nunca me aparte del sendero de la rectitud, sino que, a medida que me adentre en aos, aumente mi comprensin, que la luz y la inspiracin del Espritu de Dios arda en mi corazn e ilu-mine mi entendimiento y me mantenga firme y fiel al servicio de mi Padre Celestial.

    Y quiero decirles a los Santos de los ltimos Das que es nuestro deber, habiendo recibido un testimonio de la divinidad de la obra en la que estamos embarcados, poner de tal manera en orden nuestra vida da tras da que la obra de Dios reciba gloria mediante las buenas obras que realicemos; que de tal ma

    dre

    e hi

    jo, P

    or

    J. ki

    rk r

    icha

    rds;

    ilus

    trac

    in

    fo

    tog

    rfic

    a Po

    r ch

    rist

    ina

    sMith

    .

    Nunca ha vivido sobre la tierra una persona que haya ejercido la misma influencia sobre el destino del mundo que la que ejerci nuestro Seor y Salvador, Jesucristo.

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 17

    forma dejemos brillar nuestra luz para que los hombres, al ver nuestras bue-nas obras, glorifiquen a Dios. Ningn pueblo sobre la faz de la tierra ha sido tan bendecido como lo han sido los Santos de los ltimos Das; ningn pueblo ha tenido las manifestaciones de la bondad, misericordia y longani-midad de Dios que se nos han conce-dido a nosotros; y digo que nosotros, ms que cualquier otro hombre o mujer que se halle sobre la tierra, de-bemos llevar vidas justas y dignas. Se ha estandarizado en ingls la or-tografa, la puntuacin y el uso de maysculas.

    La obra de Dios recibir gloria mediante las buenas obras que realicemos.

  • 18 L i a h o n a

    recuerdo las aterradoras palabras de la enfermera que asisti en el parto: Creo que tiene algunas anomalas. Al mismo tiempo, aument la cantidad de personas que se encontraban en la sala de partos a fin de llevar a cabo la resucitacin de mi recin nacido, que tena problemas terriblemente graves.

    Yo haba presenciado escenas similares en muchas ocasiones ante-riores, pero desde el otro lado: como enfermera. Se supona que yo era la que deba estar reviviendo al recin nacido. Pero, en ese momento, yo era la mam que extenda la mano a travs de la puerta de una incubadora para tocar la mano de mi hijo, mien-tras el equipo de transporte esperaba para llevrselo a otro hospital.

    A la maana siguiente recib una llamada telefnica desde la unidad de cuidados intensivos para recin naci-dos, donde se encontraba Andrew, mi esposo, rodeado de mdicos que le explicaban cmo sera la intervencin que deban hacerle a Timothy inme-diatamente para extirparle enormes tumores abdominales.

    Me aferr a la esperanza de que la intervencin curara a nuestro hijo y que tendra una vida normal y feliz.

    Una cancin de cuna para timothy

    Me lo imaginaba como un pequeito regordete con una cicatriz simptica que quedara como recuerdo del breve susto que les dio a sus padres.

    Tres semanas ms tarde, en esa misma sala de conferencias del hos-pital, un neurlogo intent describir la malformacin cerebral que dejara a nuestro hijo con un considerable retraso cognoscitivo, dificultad en el habla y, con el tiempo, convulsiones.

    Pocos das despus de eso, en la misma sala, el neonatlogo dijo: No creo que Timothy pueda irse a casa sin una sonda para alimentarse. Nuestro beb pesaba 1,4 kilogramos menos que al nacer, padeca anemia y prcticamente no responda al est-mulo. Cuando le daban el bibern, en el mejor de los casos, lo chupaba con muy poca fuerza y se atragantaba con el contenido.

    Las esperanzas para nuestro beb parecan reducirse a la nada. Mi mundo se me vena abajo. Dud de la promesa del Seor de que l nunca dar una prueba que est ms all de la capacidad de resistencia de la per-sona. Senta que esta carga me aplas-taba fsica, mental y espiritualmente. Durante largas horas en el hospital todos los das, ansiaba estar con mis

    dos hijos mayores y reanudar nuestra vida pacfica. Cuando estaba en casa, me obsesionaba el bienestar de mi beb y, sinceramente, lo que conside-raba nuestras vidas recin destruidas.

    En lo ms hondo de mi pesar le rogu al Seor y le habl de todas las maneras maravillosas en que yo lo servira si l se llevaba a Timothy de nuevo, si me permitiera llorar su prdida y si me dejara seguir adelante con mi vida. Cualquier otra cosa era, claramente, mucho ms de lo que yo poda soportar.

    Mientras suceda todo esto, mi propio milagro estaba comenzando. Muchos miembros de nuestro ba-rrio, junto con varios familiares y amigos, estaban ayunando y orando por nuestra familia. Un domingo por la maana, al despertar, tuve la fuerte impresin de que algo grandioso ocurrira ese da como resultado de todos los ayunos y las oraciones. Por supuesto, tena la esperanza de que Timothy de pronto despertara y milagrosamente empezara a comer. Cuando llegu a cuidados intensivos, Timothy se-gua sin responder y an no tena ningn inters en tomar el bibern. Naturalmente, me desilusion, pero,

    Senta un gran pesar por mi beb, que tena dificultades, hasta que record los dones que trajo otro Nio dos mil aos atrs.

    Por Katherine Clement Poulsen

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 19

    ilust

    raci

    n

    Po

    r sc

    ott

    sn

    ow

    .

    al tenerlo en los brazos, me inva-di una fuerte impresin de que se pondra bien. No saba qu signifi-caba bien, pero no tena ninguna duda de que el Seor estaba a cargo y de que estaba al tanto de nuestra familia.

    Unas semanas ms tarde, mi ma-dre y yo pasamos por el hospital. En aquella silenciosa y poco iluminada habitacin, mi madre sostuvo a mi pequeo y dbil beb contra su pecho y lo acun mientras cantaba la cancin de cuna de Navidad:

    Ya calla, mi nene; te voy a contarde cmo al mundo el Cristo lleg;de cmo en tierras allende del mar, cual t, un niito muy bello naci.Duerme, mi nene, durmete ya.Duerme, pues nada te molestar.Duerme, mi nene, durmete ya,y Su cuidado Jess te dar1.

    Supe que la paz vendra por medio de mi Salvador, que vino a esta tierra para traer paz y felicidad eterna para cada uno de nosotros. Por supuesto que l cuidara a este amado peque-ito y elevara a aquellos de nosotros que habamos sido escogidos para cuidarlo.

    Unas semanas ms tarde traslada-ron a Timothy a la sala de cuidados especiales, donde actualmente tra-bajo. All, milagrosamente, aprendi a comer. Y yo, una vez ms, experi-ment el increble sentimiento de que l estara bien. Y, si bien ha mejorado

    en muchsimos aspectos, sigo sin saber exactamente qu significa eso; pero, desde ese momento, me ha acompaado una presencia consola-dora, y cada vez que encuentro algo por lo que probablemente debera preocuparme, ese sentimiento se derrama sobre m y el mensaje es el mismo: No te preocupes. Todo va a salir bien. Simplemente disfruta a tu hijo.

    Esta Navidad, mis pensamientos se dirigen a los hermosos dones que el Salvador nos ha dado. De muchas maneras, l nos permite tener paz aqu en la tierra. Uno de los dones ms maravillosos de paz es la opor-tunidad de hacer todo lo que poda-mos, con espritu de oracin, y luego entregarle a l nuestros pesares.

    Si ponemos nuestra confianza en el Seor, podemos entregarle nuestras preocupaciones, y l, a su vez, nos elevar dndonos dones especiales que nos sostendrn, muchas veces por medio de otras personas. En lo que a m respecta, estos dones lle-garon en la forma de nieras para mis dos hijos mayores, comidas de los miembros del barrio, enfermeras y mdicos maravillosos, y el apoyo amoroso de familiares y amigos. Sin embargo, el don ms poderoso ha sido la paz que me ha brindado el Pa-dre Celestial a medida que Su Hijo ha llevado mis pesares y preocupacio-nes. Gracias a l, soy libre de amar y disfrutar al pequeo Timothy y gozar de todas las personas y bendiciones que se han colocado en mi camino gracias a su vida especial.

    NoTA 1. Duerme, mi nene, Canciones para los

    nios, pg. 30.

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 21

    HndeL y eL regaLo de eL

    MesasAl terminar nuestros das divinamente orde-nados, ruego que podamos reconocer, junto a

    Hndel, que Dios nos ha visitado.

    Por el lder Spencer J. Condie

    Fue miembro de los Setenta desde

    1989 hasta 2010

    Georg Friedrich Hndel pa-reci haber nacido msico. Cuando era un joven en Alemania, lleg a dominar tanto el violn como el rgano. Despus de componer en ese pas su primera pera, se traslad a Italia, centro operstico del mundo, para probar suerte con la composicin musical al estilo italiano. All logr algo de xito como com-positor de peras y msica de cmara.

    En 1711, a los 26 aos de edad, Hndel decidi trasladarse a Inglaterra, donde sus peras y oratorios al principio fueron bien re-cibidos. Sin embargo, a fines de la dcada de 1730, el pblico britnico ya no tena tanto entusiasmo por las peras representadas en alemn o italiano, prefiriendo, en su lugar, representaciones teatrales cmicas como The Beggars Opera [La pera del mendigo]. Consecuentemente, por varios aos Hndel luch por mantener a los lobos sus acree-dores lejos de la puerta.

    En 1737, tras impulsarse al lmite de sus capacidades fsicas para componer cuatro peras en doce meses, el compositor de 52 aos sufri un derrame cerebral que le dej el brazo derecho paralizado por un tiempo. Un mdico le dijo al fiel secretario de Hndel: Tal vez

    hayamos salvado al hombre, pero el msico se ha perdido para siempre. Me da la impre-sin de que su cerebro ha sufrido lesiones permanentes1.

    El compositor venci al diagnstico: con el tiempo su cuerpo respondi a un tratamiento en las aguas termales de Aix-la-Chapelle (Aquisgrn, Alemania), y recobr sus fuerzas fsicas. Despus de poner a prueba en una catedral cercana su capacidad de tocar el rgano, proclam lleno de jbilo: He vuelto del Hades2.

    Cuando regres a Londres y retom la composicin de peras, sus obras no fueron bien recibidas, y los acreedores nuevamente ret

    rato

    de

    hn

    del a

    trib

    uido

    a b

    alth

    asar

    den

    ner

    g

    etty

    iMag

    es; f

    oto

    gra

    fa d

    el v

    ioln

    Po

    r M

    atth

    ew r

    eier;

    ilus

    trac

    in

    fo

    tog

    rfic

    a Po

    r Je

    d cl

    ark

    @ ir

    i.

  • 22 L i a h o n a

    empezaron a acosarlo. En las profundidades del abatimiento, comenz a preguntarse: Por qu me permitira Dios resucitar slo para dejar que el prjimo me vuelva a enterrar?3. En abril de 1741 Hndel efectu un concierto que consider sera su despedida. Se le haba agotado la creatividad. Un bigrafo escribi al respecto: No haba nada ni para empezar ni para terminar. Hndel encaraba el vaco4.

    A fines de una tarde de agosto de ese mismo ao, Hndel regresaba de una larga y cansadora caminata cuando se encontr con

    que Charles Jennens, un poeta y colaborador anterior, le haba dejado un manuscrito. El libreto contena una cantidad abundante de citas de las Escrituras, especialmente de las pa-labras de Isaas, que predecan el nacimiento de Jesucristo y describan Su ministerio, cruci-fixin y resurreccin. La pieza habra de ser un oratorio. Por causa de sus fracasos anteriores, Hndel empez a leer el texto con cautela.

    Consolad, la primera palabra del ma-nuscrito, pareca resaltar en la pgina. sta disip nubes oscuras que por mucho tiempo haban agobiado a Hndel. Mengu su de-presin, y sus emociones pasaron de inters a entusiasmo al seguir leyendo las proclamas angelicales del nacimiento del Salvador y las profecas de Isaas acerca del Mesas, que vendra a la tierra para nacer como otros nios mortales. Una meloda familiar que Hndel haba compuesto con anterioridad llen su mente al leer Porque un nio nos es nacido. Las notas destilaron en su mente ms rpido de lo que poda trazarlas en el papel al captar la imagen del amoroso Buen Pastor en el aria que lleva por ttulo Apacentar su rebao. Despus sinti el emotivo jbilo que se refleja en el Coro de Aleluya, seguido del suave y sublime testimonio de Yo s que mi Redentor vive. La obra lleg a su majestuosa conclusin con El Cordero es digno.

    A pesar de toda la msica que haba compuesto durante su vida, a Hndel se le llegara a conocer en todo el mundo por esta obra singular, El Mesas, que en gran parte compuso en slo tres semanas a fines del verano de 1741. Al terminar su composicin, con humildad reconoci: Dios me ha visi-tado5. Las personas que sientan el toque del Espritu Santo al experimentar el testimonio sobrecogedor de El Mesas de Hndel estarn de acuerdo.

    A los patrocinadores de la primera presen-tacin del oratorio, Hndel les estipul que el n

    aCim

    ien

    to d

    e Cr

    isto

    , Po

    r ca

    rl h

    einric

    h bl

    och

    , usa

    do c

    on

    Per

    Mis

    o d

    el M

    useo

    his

    tric

    o n

    acio

    nal

    de

    fred

    erik

    sbo

    rg, e

    n h

    iller

    od,

    din

    aMar

    ca; C

    rist

    o e

    nse

    an

    do a

    mar

    a y

    a m

    arta

    , Po

    r so

    ren

    eds

    berg

    , Pro

    hibi

    da s

    u re

    Pro

    duc-

    ci

    n; C

    rist

    o s

    ana

    a lo

    s Ci

    ego

    s, P

    or

    carl

    hein

    rich

    blo

    ch, u

    sado

    co

    n P

    erM

    iso

    del

    Mus

    eo h

    ist

    rico

    nac

    ion

    al d

    e fr

    eder

    iksb

    org

    , hill

    er

    d, d

    inaM

    arca

    , Pro

    hibi

    da s

    u re

    Pro

    ducc

    in

    ; fo

    tog

    rafa

    s Po

    r ric

    hard

    M. r

    oM

    ney

    .

    Un poeta y anterior colaborador le dej a Hndel

    un manuscrito que contena

    una cantidad abundante de citas

    de las Escrituras, especialmente de las

    palabras de Isaas, que predecan el nacimiento

    de Jesucristo y describan

    Su ministerio, crucifixin y resurreccin.

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 23

    la tonada comienza tan suavemente como un susurro, una meloda que llena nuestra alma tan rpidamente como llena nuestros odos y que se vuelve an ms emotiva cuando el coro empieza a cantar:

    si estuviera all para ver llegar a este hombre, al carpintero llamado Jess,

    al ver a miles llegar a su lado, no lo habra seguido y escuchado?

    al verlo, lo reconocera rpida-mente con slo una mirada?

    sabra que l es el cristo?

    observen al coro y vern que todos sus miembros estn cantando de cora-zn. Miren cmo los msicos que los acompaan elaboran meticulosamente cada acorde, y los tcnicos de sonido mantienen toda la actuacin en una ar-mona bien equilibrada. observen a los jvenes adultos de la estaca Pretoria, frica del sur, que representan tambin una mezcla de antecedentes culturales y experiencias, alzar sus voces en unin para alabar al seor Jesucristo.

    en el centro de todo ello se encuen-tra un director de msica de veinte aos que escribi cada palabra, com-puso cada nota, coordin cada ensayo y actuacin, y cre lo que lleg a ser un regalo de navidad para sus amigos, para los miembros de la iglesia, para la comunidad, e incluso para su salva-dor y su Padre en los cielos.

    Michael Mcleod, que prxima-mente servir en una misin de tiempo completo, no pensaba que su celebracin fuera a convertirse en semejante acontecimiento: actuaciones en cuatro capillas, cada una de ellas llena de cientos de miembros entusiasmados. l se

    limit a responder a una asignacin que se dio a los jvenes adultos solteros de su estaca de preparar una cantata, un programa de msica y palabras para inspirar a los dems a adorar al salvador. de hecho, el programa se program inicialmente para junio o julio de 2009, pero despus de varios retrasos se dej para diciembre.

    cuando los representantes de los jvenes adultos me explicaron lo que les haban pedido hacer, inmediata-mente les dije: Por qu no utilizamos msica original en vez de msica de otros compositores?, recuerda Mi-chael. los representantes estuvieron de acuerdo, y al mismo tiempo conocan a la persona indicada para llevarlo a efecto: michael mcLeod.

    Michael es alumno de la universidad de Pretoria y cursa estudios de ense-anza de ingls y matemticas. lo que de verdad quiero ser es profesor, dice. Pero Michael siempre ha estado interesado en la msica; de hecho, la estudi seriamente hasta que cumpli diecisiete aos.

    la msica se convirti en una aficin para m, explica, y me sigue gustando. Me encanta la manera en que es capaz de llegar al corazn de las personas. Me encanta dirigir un coro y sentir la ener-ga que de l emana, especialmente cuando se trata de una cancin

    sobre el evangelio. Me encanta mirar a la congregacin a medida que la msica los va cautivando, y sentir el es-pritu cuando ellos lo sienten. creo que durante toda mi vida seguir haciendo cosas relacionadas con la msica, ya que significa mucho para m.

    Pero ms que nada, a Michael le encanta compartir su testimonio del salvador, y el hacerlo mediante la msica durante la navidad constituy una oportunidad idnea. se trataba de compartir nuestro testimonio del salvador mediante la msica y las palabras de la cantata, dice. busc-bamos msica poderosa y al mismo tiempo testimonios poderosos, as que utilizamos los testimonios de las escrituras de personas que conocieron al salvador: mara, Jos, ana, simen, Pedro, santiago, Juan el amado, Mara Magdalena, y aquellos a los que cristo san y ense. Procuramos transmitir lo que ellos saban, y es muy poderoso. tambin utilizamos el testimonio del propio salvador. todo se combin de una manera maravillosa.

    J V E N E S A D U L T o S

    Las palabras y la msica compuestas por un joven sudafricano alientan a cada uno de nosotros a meditar profundamente en el Salvador, no slo durante la Navidad, sino siempre.

    Si eStuviera all

    Por Richard M. RomneyRevistas de la Iglesia

    sI desea ver un vIdeo con fragmentos de La cantata, vIsIte WWW.LIaHona.Lds.org.

  • 24 L i a h o n a

    las ganancias de sta y de todas las presenta-ciones futuras de El Mesas fueran donadas a los presos, a los hurfanos y a los enfermos. Yo mismo he estado muy enfermo y ahora estoy curado, dijo. Estuve preso, y ahora estoy en libertad6.

    Despus de la primera presentacin de El Mesas en Londres, un espectador felicit a

    Hndel por el excelente entretenimiento. Seora, me lamentara si lo nico que

    he logrado es entretenerlos, contest con humildad Hndel. Deseo hacerlos mejores personas7.

    Finalmente se haba despojado de su incansable bsqueda de fama, fortuna y elogios pblicos, pero slo despus de com-poner su obra culminante para una audiencia que inclua a seres que no eran de esta tierra. Las cosas que ms importaban ya no esta-ban a merced de las que menos importaban. Ahora Hndel, el compositor inquieto, se hallaba en paz.

    Lecciones de la vida de HndelQu lecciones podemos aprender de

    la vida de Georg Friedrich Hndel y de la composicin de una pieza musical que se ha convertido en un hito espiritual?

    1. Debemos aumentar la confianza en nuestras capacidades y aprender a vivir con la crtica de nuestro trabajo. Como dijo el poeta Rudyard Kipling: Confa en ti mismo cuando duden de ti todos los hombres, pero tambin ten en cuenta por qu dudan8.

    2. La cantidad no reemplaza a la calidad ni a la variedad. Las primeras peras de Hndel mayormente han cado en el ol-vido. Sus patrones predecibles y comunes simplemente no inspiraban, y cada pera que produca sonaba muy parecida a las anteriores que haba compuesto.

    3. Cuando seguimos la inspiracin, es-tamos haciendo la obra del cielo. No podemos obligar al Espritu, pero cuando llegan la inspiracin y la revelacin, de-bemos escuchar y actuar de acuerdo con esos susurros. El Seor ha prometido que el poder de mi Espritu vivifica todas las cosas (D. y C. 33:16).

    Cada uno de nosotros, al igual que Hndel, se encuentra

    embarcado en una empresa espiritual

    creativa. Ruego que seamos sensibles a

    la inspiracin de lo alto, para que seamos inspirados de manera

    tal que los frutos de nuestra labor

    inspiren a los dems.

    la n

    egaC

    in

    de

    pedr

    o, P

    or

    carl

    hein

    rich

    blo

    ch, f

    oto

    gra

    fa P

    or

    char

    lie b

    aird

    del

    orig

    inal

    en

    el M

    useo

    his

    tric

    o n

    acio

    nal

    de

    fred

    erik

    sbo

    rg, h

    iller

    d,

    din

    aMar

    ca;

    las

    tres

    mar

    as

    en e

    l sep

    ulCr

    o

    suP

    erst

    ock

    , Pro

    hibi

    da s

    u re

    Pro

    ducc

    in

    ; ilu

    stra

    cio

    nes

    fo

    tog

    rfic

    as P

    or

    Mat

    thew

    reie

    r, c

    raig

    diM

    on

    d, c

    hris

    tina

    sMith

    , Jo

    hn lu

    ke y

    hyu

    n-g

    yu le

    e.

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 25

    4. Debemos reconocer nuestra fuente de inspiracin y revelacin. No somos ms que instrumentos en la obra que hacemos que bendice a los dems. Debemos tomar conciencia, como lo hizo Hndel cuando es-quiv un honor que le quisieron hacer por su logro, de que Dios [nos] ha visitado.

    5. Nunca debemos subestimar el poder de la pala-bra. Existe un poder en la palabra de Dios que sobre-pasa en gran medida las narraciones de los escritores ms talentosos de este mundo (vase Alma 31:5).

    6. El significado espiritual verdadero de una obra lo comunica el testimonio del Espritu Santo. Cuando [una persona habla o canta] por el poder del Santo Espritu, el poder del Espritu Santo lo lleva al corazn de los hijos de los hombres (2 Nefi 33:1).

    7. El poder radica en Dios y Sus obras, no en nuestras palabras. Hablndole sobre los profesores de religin de la poca, el Salvador le dijo a Jos Smith: Con sus labios me honran, pero su corazn lejos est de m teniendo apariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella ( Jos SmithHistoria 1:19). Hndel haba compuesto otros oratorios y peras en base a textos bblicos, pero la estructura o apariencia de su msica no estaba a la altura

    del poder de las Escrituras: las poderosas profecas de Isaas sobre el nacimiento y ministerio del Salvador ni el cumplimiento de dichas profecas, tal como se encuentran en el Apocalipsis y en los evangelios de Lucas y Juan. En El Mesas de Hndel, encontramos la forma o apariencia de piedad y la eficacia o poder de ella. En El Mesas, los labios y los corazones se acercan ms al cielo.

    En esta vida, cada uno de nosotros, al igual que George Friedrich Hndel, se encuentra embarcado en una em-presa espiritual creativa. Tanto el fomento fsico de la vida mortal como el recto vivir de nuestros das en la tierra son logros espirituales. Ruego que seamos sensibles a la inspi-racin de lo alto, para que seamos inspirados de manera tal que los frutos de nuestra labor inspiren a los dems. Al procurar rescatar a los dems, espero que no nos limiten las frmulas de siempre y las percepciones que nos im-ponemos a nosotros mismos, las cuales restringen nuestra creatividad espiritual y bloquean la revelacin.

    En su poema pico Aurora Leigh, Elizabeth Barrett Browning expres esta elocuente idea:

    La tierra llena del cielo es,Y en cada zarza comn arde Dios;Mas slo el que ve se quita el calzado;El resto se acerca para arrancar las zarzamoras9.

    Ruego que cada uno de nosotros se desate el calzado y llene su labor de la esencia del cielo, y que ninguno de nosotros termine arrancando zarzamoras cuando queda por hacer una obra mucho ms grandiosa y excelsa.

    Al terminar nuestros das divinamente ordenados, ruego que podamos reconocer, junto a Hndel, que Dios nos ha visitado en nuestra labor.

    NoTAS 1. De Stefan Zweig, The Tide of Fortune: Twelve Historical Miniatures,

    1940, pg. 104. 2. En The Tide of Fortune, pg. 107. 3. En The Tide of Fortune, pg. 108. 4. En The Tide of Fortune, pg. 110. 5. En The Tide of Fortune, pg. 121. 6. En The Tide of Fortune, pg. 122. 7. En Donald Burrows, Handel: Messiah, 1991, pg. 28; vase tambin

    A Tribute to Handel, Improvement Era, mayo de 1929, pg. 574. 8. Rudyard Kipling, If, en The Best Loved Poems of the American

    People, sel. de Hazel Felleman, 1936, pg. 65. 9. Elizabeth Barrett Browning, en John Bartlett, comp., Familiar

    Quotations, 14a edicin.

  • 26 L i a h o n a

    Un regalo digno de ms atencin

    Han pasado ms de 50 aos, pero recuerdo clara-mente la maana de la Navidad de 1959. Con mi entusiasmo de nio, esperaba desesperadamente que me regalaran una bicicleta nueva. Mi hermano mayor, mi hermana mayor y yo compartamos la misma bicicleta, una muy vieja de 61 cm (24 pulgadas) que los tres ha-bamos usado para aprender a andar en bicicleta. Desde haca mucho tiempo haba perdido su elegancia, y yo les haba pedido a mis padres una nueva. Ahora, al ver atrs, me abochorna un poco no haber mostrado ms sensibili-dad con respecto al costo que hacer un regalo as supon-dra para una familia de ingresos limitados.

    Lleg la maana de Navidad y, desde nuestro dormito-rio en el stano, sub las escaleras a toda velocidad. Entr corriendo a la sala, y busqu en vano la bicicleta. Se me cay el alma a los pies cuando vi un regalo chiquito de-bajo de mi calcetn navideo, pero trat de controlar mi desilusin.

    Al estar todos sentados en la sala como familia, mi padre me pidi que fuera a la cocina a buscar un cuchi-llo para abrir una caja en la que vena un regalo para mi hermano. Entr a la pequea cocina y palp la pared en busca del interruptor de la luz y as ver por dnde iba. Cuando la luz ilumin el cuarto, me emocion mucho: frente a m haba una hermosa bicicleta negra de 66 cm

    (26 pulgadas)! Durante muchos aos anduve en esa bici-cleta, la cuid, la proteg y la consider una amiga; fue un regalo que por mucho tiempo agradec y atesor.

    Un regalo ms grandeTan slo tres meses antes de esa Navidad, se me haba

    otorgado otro regalo mucho ms importante y extraordi-nario que la bicicleta. Me haba bautizado y se me haba dado un regalo que era el don del Espritu Santo. En aque-llos primeros aos, y tal vez con demasiada frecuencia en los aos posteriores, fui como los lamanitas que dijo el Salvador que haban sido bautizados con fuego y con el Espritu Santo y no lo supieron (3 Nefi 9:20).

    Jess recalc el valor incalculable del bautismo y del don del Espritu Santo: De cierto, de cierto te digo que el que no naciere de agua y del Espritu no puede entrar en el reino de Dios ( Juan 3:5). Y para aliviar la carga del anuncio a Sus discpulos de que pronto los dejara, el Salvador les prometi este don celestial: Os lo enviar [el Consolador] ( Juan 16:7).

    Se trata de un don de enorme poder. Las Escrituras nos ensean lo que ste brindar a quienes ansiosamente lo reciban: El Espritu Santo da testimonio del Padre y del Hijo (D. y C. 20:27; vase tambin 1 Corintios 12:3; 3 Nefi 28:11; D. y C. 42:17). El Espritu Santo nos ensea todas

    El r

    Egal

    o, p

    or

    Wal

    ter

    ran

    e, p

    rohi

    bida

    su

    repr

    odu

    cci

    n.

    Con todas las bendiciones que nos ha otorgado la edad moderna, no desechemos aquello que promueve las impresiones del Espritu.

    Por el lder Neil L. AndersenDel Qurum de los Doce Apstoles

  • 28 L i a h o n a

    las cosas y nos recuerda todo (vase Juan 14:26). Nos gua a la verdad y nos hace saber las cosas que han de venir (vase Juan 16:13). Ilumina nuestra mente y llena el alma de gozo (vase D. y C. 11:13), y es por medio de Su poder que podemos llegar a saber la verdad de todas las cosas (vase Moroni 10:5). Nos descubrir los misterios de Dios (vase 1 Nefi 10:19).

    Nos muestra lo que tenemos que hacer (vanse 1 Nefi 4:6; D. y C. 8:2). Inspira a quienes enseamos (vase 2 Nefi 33:1). Y, lo que ms

    importa, la remisin de los pecados viene por medio de la Expiacin, por el bautismo y por fuego, s, por el Espritu Santo (D. y C. 19:31; vase tambin 2 Nefi 31:17), lo cual nos permite al fin ser santificados por este don y as en el postrer da presentarnos ante Cristo sin mancha (vase 3 Nefi 27:20).

    Este don de la compaa constante del Espritu Santo est a disposicin nicamente de los que hayan sido bautizados y confirmados miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los ltimos Das1. El Espritu Santo puede ejercer su influencia de vez en cuando en cualquiera que busque la verdad, pero el don del Espritu Santo queda reservado en su plenitud para los que hayan tomado sobre s los convenios del Evange-lio restaurado2. Se trata de un don real que trae consigo una bendicin sublime para los miem-bros de la Iglesia.

    El Espritu Santo no es un don que se reserva nicamente para unos cuantos el patriarca,

    el dedicado maestro orientador, el amigo ins-pirado sino que se promete a cada uno de nosotros si con diligencia procuramos hallar el camino de regreso a nuestro hogar celestial. El presidente Wilford Woodruff (18071898) recalc la necesidad que todo Santo tiene de la gua del Espritu Santo: [Esforcmonos] de tal forma que [podamos] obtener el Espritu Santo ste es el Espritu que debemos tener para llevar a cabo los propsitos de Dios en la tierra, y lo necesitamos ms que cualquier otro don Debemos orar al Seor hasta obtener el Consolador. Eso es lo que se nos promete al bautizarnos. Es el Espritu de luz, de verdad y de revelacin, y puede estar con todos nosotros al mismo tiempo3.

    La necesidad de recibir inspiracin personalVivimos en una poca en la que el transporte,

    la comunicacin y el acceso a la informacin han superado ampliamente lo que haba en el pasado, pero los asuntos morales, tales como la honradez, la castidad, el guardar el da de reposo, la responsabilidad familiar e incluso la santidad de la vida asuntos en los que por mucho tiempo coincidamos el mundo y los San-tos de los ltimos Das ahora estn abiertos a todo tipo de interpretaciones y debates (vase D. y C. 1:16).

    A medida que el desarrollo de tecnologas y comunicaciones sigue imponindonos al mundo moderno, estar en el mundo sin ser de l nos exige elegir y tomar decisiones de manera constante (vase Juan 17:14). El saber discernir espiritualmente es de suma importancia. Como discpulos de Cristo, debemos hacer que el don del Espritu Santo sea una parte consciente y diaria de nuestra vida, as como un asunto de oracin. El presidente Boyd K. Packer, Presi-dente del Qurum de los Doce Apstoles, dijo: Nadie puede sobrevivir en el mundo actual, y mucho menos bajo las condiciones en las que dentro de poco nos tocar vivir, sin inspiracin personal4.

    Cmo podemos utilizar este don celestial como una brjula vital en nuestras acciones dia-rias? Tenemos que creer que incluso en nuestras

    Como discpulos de Cristo, debemos hacer que el don del Espritu Santo sea una parte consciente y diaria de nuestra vida, as como un asunto de oracin.

    pintu

    ra p

    or

    Wal

    ter

    ran

    e.

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 29

    debilidades, la voz suave y apacible que sentimos pro-viene de nuestro Padre. Debemos orar y pedir y buscar y despus no temer cuando nos lleguen respuestas al cora-zn y a la mente. Crean que son de origen divino, porque lo son.

    En febrero de 1847, el profeta Jos Smith se le apare-ci a Brigham Young en un sueo o visin. El presidente Young le pregunt al Profeta si tena algn mensaje para los santos, a lo que ste contest: Diga a la gente que sea humilde y fiel y se asegure de conservar el Espritu del Seor, el cual le guiar con rectitud. Que tengan cui-dado y no se alejen de la voz apacible; sta les ensear [lo que deben] hacer y a dnde ir; les proveer los frutos del reino. Diga a los hermanos que tengan el corazn dispuesto al convencimiento a fin de que cuando el Espritu Santo llegue a ellos, su corazn est listo para recibirlo5.

    El creer que la revelacin les llegar tanto a ustedes como a los dems significa tener el corazn receptivo a la conviccin.

    Las impresiones del Espritu SantoExisten muchos ejemplos inspiradores de cmo el

    Espritu Santo se hace sentir en las vidas de los miembros de la Iglesia. Por lo general son apacibles e ntimos, y slo parecen espectaculares cuando echamos la vista atrs y consideramos los cambios que se efectuaron a raz de

    ellos. Piensen en sus propias vivencias al leer este muestrario de experiencias que se han compartido conmigo:

    Una mujer consideraba algunas opciones labora-les que le interesaban ahora que sus hijos haban vuelto a la escuela. Estaba sentada en la reunin sacramental cuando el presidente de estaca se puso de pie para dar su testimonio y ley un pasaje de las Escrituras: No busques las rique-zas ni las vanidades de este mundo, porque he aqu, no las puedes llevar contigo (Alma 39:14). El versculo penetr su corazn profundamente ese da de reposo al recibir confirmacin espiri-tual de las cosas que deba hacer durante el ao venidero.

    Un nio de ocho aos se bautiz y despus fue confirmado miembro de la Iglesia, recibiendo el don del Espritu Santo de manos de su padre y de

    su abuelo. Cuando el muchacho alegremente se puso de pie para compartir su testimonio, de repente expe-riment tanta emocin que apenas poda hablar. Un hermano, al relatar la experiencia, dijo: Sent el Espritu con mucha fuerza en ese momento.

    Un misionero y su compaero llamaron a la puerta de una investigadora a quien le haban entregado un Libro de Mormn. Cuando la anciana abri, el misionero sinti que lo invada un potente sentimiento. La mujer les dio la bienvenida y les explic que haba ledo y que crea lo que le haban enseado. El joven misionero se vio tan afectado por el sentimiento que experiment que or: Amado Padre, te ruego que nunca me dejes olvidar lo que he sentido hoy.

    Una joven universitaria que estaba lejos de casa se haba empezado a sentir terriblemente sola. En sus ora-ciones suplicaba recibir ayuda para solucionar su crisis. Una maana, estando en clase, experiment un extraor-dinario sentimiento de consuelo y se le ocurri una idea: Nunca ests sola. Sus oraciones fueron contesta-das, y no volvi a sentirse triste por estar lejos de casa.

    Un padre fiel se encontraba en camino para ayudar a un hijo que haba tomado algunas decisiones erradas y ahora iba a sufrir las consecuencias de esas elecciones. En las largas y silenciosas horas que le llev llegar hasta donde l estaba, or angustiado por causa de los erro-res de su hijo. Entonces a este padre le vino de forma

  • 30 L i a h o n a

    muy clara y ntida este pensamiento: l es Mi hijo tambin.

    Una Laurel de 16 aos estaba en una clase de Escuela Dominical escuchando al maestro. Era la poca de Pascua de Resurreccin, y el maestro haba preparado una clase sobre la Expiacin. Al tocar el tema del sufrimiento que el Salvador haba soportado, el maestro habl sobre lo que signifi-caba sangrar por cada poro, ser azotado y sufrir en la cruz. La joven nunca haba pensado acerca de la Expiacin con tanto detalle y acudi a su mente una imagen. Ms de 15 aos despus, habl emocionada sobre aquella experiencia: Ese da el Espritu Santo me testific que Jess es el Cristo.

    La importancia de la obedienciaVivimos en una poca en la que nos rodean los

    ms corrosivos elementos del mal. La tecnologa de la comunicacin, que nos brinda muchas cosas maravillosas, tambin invade nuestras comunidades e incluso nuestras casas si no tenemos cuidado con cosas que rpidamente pueden insensibilizarnos contra el don del Espritu Santo. Debemos estar siempre alerta en cuanto a lo que permita-mos que ejerza influencia en nuestro espritu.

    Si desean mayor claridad para entender la voz suave y apacible y creer en ella, no existe mejor remedio que una mayor obediencia. Jess les dijo a Sus discpulos: Si alguno quiere venir en pos de m, niguese a s mismo, y tome su cruz y sgame (Mateo 16:24).

    El presidente James E. Faust (19202007), Segundo Consejero de la Primera Presidencia, ofreci una solucin sencilla para saber escoger correctamente a qu voz seguir: Escuchemos y sigamos la voz del Espritu. sa es una solucin antigua, aun eterna, y quizs no sea popular en una sociedad que siempre busca cosas nuevas. Se requiere la paciencia en un mundo que exige la satisfaccin instantnea de sus deseos. Esa solucin es silenciosa, tranquila y sutil en un mundo que est prendado de lo que es estridente, ince-sante, de ritmo apresurado, ofensivamente rimbombante y tosco. Esa solucin requiere que seamos contemplativos Esa solucin requiere que caminemos por medio de la fe en un mundo gobernado por el sentido de la vista6.

    Momentos apacibles para reflexionarHe pensado a veces en lo diferentes que son las vidas

    de mis hijos comparadas con la ma, habindome criado

    en la pequea granja familiar en el sur de Idaho en las dcadas de 1950 y 1960. Das largos en los que pona una cerca con mi padre, horas calladas en las que mova tubos de irrigacin en los sembrados de papas (patatas), una casa en la que haba un televisor que tena slo tres canales, sin computadora (ordenador), sin MP3, sin telfonos mviles, con pocos viajes ms all de los pueblos cercanos, pocas distracciones y mucho tiempo en familia, tales fueron los cimientos de muchas personas de mi generacin.

    En el mundo de hoy debemos proporcionar a nuestros hijos momentos apacibles y de reflexin, y ensearles a escuchar la voz suave y apacible. Con todas las bendicio-nes que nos ha otorgado la edad moderna, no deseche-mos aquello que promueve las impresiones del Espritu: tiempo aparte para orar, meditar y leer las Escrituras, as como tiempo en familia sin las interrupciones del ruido, las distracciones y el exceso de actividades.

    Responder a los susurrosAl obedecer las impresiones que recibimos, aprende-

    mos a confiar en que efectivamente vienen del Padre. Crecemos (vase D. y C. 109:15) al aprender a discernir esa voz.

    El presidente Thomas S. Monson nos ha aconsejado nunca postergar el obedecer un susurro del Espritu. Velamos y esperamos. Escuchamos para or esa voz suave y apacible, declar en una conferencia general. Cuando

  • D i c i e m b r e d e 2 0 1 0 31

    habla, los hombres y las mujeres sabios obede-cen. No postergamos el seguir las impresiones del Espritu.

    El presidente Monson a continuacin compar-ti una experiencia sobre un amigo que se lla-maba Stan, que sufra de una enfermedad que lo haba dejado parcialmente paralizado. A pesar de una excelente atencin mdica y de las oraciones de familiares y amigos, Stan qued postrado, por lo que empez a desesperarse.

    Un atardecer, nadaba yo de espaldas en el Gimnasio Deseret, con la mirada perdida en el techo mientras avanzaba, brazada tras brazada, record el presidente Monson. Sin palabras, pero con suma claridad, me vino a la mente un pensamiento: Ah ests, nadando sin problemas, mientras tu amigo Stan languidece en su cama de hospital, sin poder moverse. Sent la impresin: Vete al hospital y dale una bendicin.

    Dej de nadar, me vest y me apresur a dirigirme al hospital, al cuarto de Stan. La cama estaba vaca; una enfermera me dijo que l es-taba en su silla de ruedas preparndose para la terapia en la piscina. Me apresur para llegar al lugar, y all encontr a Stan, solito, al borde de la parte ms profunda de la piscina. Nos saludamos, y volvimos a su cuarto, donde le di una bendi-cin del sacerdocio.

    Stan finalmente recobr la fuerza y el mo-vimiento de sus piernas, y aprendi a caminar nuevamente. El presidente Monson sigui: A algunos [Stan] confiesa las sombras ideas depre-sivas que lo envolvan aquella tarde, mientras esperaba en la silla de ruedas, al borde de la piscina, aparentemente condenado a una vida desesperada; y cuenta de la alternativa que contemplaba: sera tan fcil mover la odiada silla hacia las aguas silenciosas de esa honda piscina; entonces, la vida se habra terminado. Pero en ese preciso momento me vio a m, su amigo. Aquel da Stan aprendi literalmente que no es-tamos solos. Yo tambin aprend una leccin ese da: Nunca, nunca, nunca se deja para ms tarde el responder a un susurro del Espritu7.

    El Seor, al hablar de Su segunda venida, hizo hincapi en que el don del Espritu Santo debe

    mantenerse potentemente activo entre Sus San-tos: Porque aquellos que son prudentes y han recibido la verdad, y han tomado al Santo Esp-ritu por gua, y no han sido engaados, de cierto os digo que stos no sern talados ni echados al fuego, sino que aguantarn el da (D. y C. 45:57).

    Vivimos en un da extraordinario de oportuni-dades, aprendizaje y prosperidad. Sin embargo, junto a estas maravillas llegan tambin los en-gaos degradantes del adversario, que intentan

    abrirse paso hasta la esencia de nuestras vidas, aun tratando de incrustarse en el refugio seguro de nuestros hogares. No seremos engaados si recibimos el Espritu Santo como nuestro gua y exhibimos prudencia al conocer, resguardar y cultivar este don. Y en la medida en que aumente el mal en el mundo, el don del Espritu Santo ser un poder compensador para los rectos.

    Al ponerle ms atencin a este don divino, aguantaremos el da y viviremos de nuevo con nuestro Padre Celestial.

    NotAS 1. Vase Enseanzas de los presidentes de la Iglesia:

    Wilford Woodruff, 2005, pg. 50. 2. Vase Dallin H. Oaks, Para que siempre tengan su

    Espritu, Liahona, enero de 1997, pg. 65. 3. Enseanzas: Wilford Woodruff, pgs. 47, 5253. 4. Boyd K. Packer, La reverencia inspira la revelacin,

    Liahona, enero de 1992, pg. 25. 5. Enseanzas de los presidentes de la Iglesia: Jos Smith,

    2007, pg. 103; cursiva agregada. 6. James E. Faust, La voz del Espritu, Liahona, junio de

    2006, pg. 6. 7. Vase Thomas S. Monson, El Espritu vivifica, Liahona,

    julio de 1985, pg. 65.

    En el mundo de hoy debemos proporcionar a nuestros hijos esos

    momentos apacibles y de reflexin, y ensearles a escuchar la voz

    suave y apacible.

    Ens

    En

    lEs

    para

    quE

    apr

    Enda

    n p

    or

    Wal

    ter

    ran

    e, c

    ort

    esa

    del

    Mus

    eo d

    e hi

    sto

    ria d

    e la

    igle

    sia.

  • 32 L i a h o n a

    Tradiciones navideasde los setenta

    Cmo podemos celebrar la Navidad de manera sig-nificativa para cada miembro de la familia? Cmo podemos mantener al Salvador en el centro de la Navidad? Qu tradiciones nos pueden ayudar a recordarlo a l y Su nacimiento?

    Integrantes de los Setenta provenientes de varios pa-ses y culturas expresan algunas de las formas en que han contestado estas