Leyendas Colombianas

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Leyendas Colombianas

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  • LA CASA DEL

    TERROR

  • ANIMA SOLA

    Dicen que en JerusalEn tenIan mujeres destinadas a darles de beber a los que sacrificaban en la

    cruz. La tarde del Viernes Santo le toco subir al Calvario a una joven: Celestina Abnegada. Del

    anfora dio a beber a Dimas y a Gesta, los dos ladrones que estaban con Jesus. Al salvador

    lo desprecio y por eso el la condeno a sufrir la sed y el calor constante de las llamas del

    Purgatorio.

  • EL MOHaN

    Los pescadores lo califican de travieso, andariego, aventurero, brujo y libertino. Se quejan de hacerles

    zozobrar sus embarcaciones, de raptarles los mejores bogas, de robarles las carnadas y los anzuelos;

    dicen que les enreda las redes de pescar, les ahuyenta los peces, castiga a los hombres que no oyen

    misa y trabajan en dia de precepto, llevandoselos a las insondables cavernas que posee en el fondo de

    los grandes rios.

    Las lavanderas le dicen monstruo, enamorado, perseguidor de muchachas, musico, hipnotizador,

    embaucador y feroz. Cuentan y no acaban las historias mas irreales y fabulosas.

  • EL SILBoN

    El Silbon se presenta a los borrachos en forma sombrio. Otros llaneros le dan forma de hombre alto, flaco. usa

    sombrero y ataca a los hombres parranderos y borrachos, a los cuales chupa el ombligo para tomarles el

    aguardiente.

    La tradicion explica que al llegar el silbon a una casa en las horas nocturnas, descarga el saco y cuenta un a uno

    los huesos; si no hay quien pueda escucharlo, un miembro de la familia muere al amanecer.

  • JUAN MACHETE

    Cuenta la vida del hombre que queria ser el mas poderoso de la region, su nombre era Juan Francisco Ortiz, amo y se or de las

    tierras de la Macarena. Este hizo un pacto con el diablo en el cual le entregaba su mujer e hijos, a cambio de mucho dinero,

    ganado y tierras. El diablo le dijo a Juan que agarrara un sapo y una gallina, a los cuales deberia coserle los ojos y enterrarlos

    vivos un Viernes Santo a las doce de la noche, en un lugar apartado, luego deberia invocar el alma y el corazon. Juan cumplio

    con lo encomendado. Pasando varios dias, el hombre se dio cuenta que los negocios prosperaban.

    Una madrugada se levanto temprano, y al ensillar su caballo diviso un imponente toro negro, con los cuatro cascos y los dos

    cachos blancos. Paso este hecho desapercibido y se fue a trabajar como de costumbre.

    En la tarde regreso de la faena y observo que el toro todavia se encontraba merodeando la casa. Penso "sera de algun vecino".

    Al otro dia lo desperto el alboroto causado por los animales, se imagino que la causa podia ser el toro negro. Trato de sacarlo de

    su territorio, pero esto no fue posible porque ningun rejo aguanto. Cansado y preocupado con el raro incidente se acosto, pero

    a las doce de la noche fue despertado por un imponente bramido. Al llegar al potrero se dio cuenta que miles de reces pastaban

    de un lado a otro. Su riqueza aumento cada vez mas. Dice la leyenda durante muchos a os fue el hombre mas rico de la region.

    Hasta que un dia misteriosamente empezo a desaparecer el ganado y a disminuir su fortuna hasta quedar en la miseria. Se dice

    que Juan Machete despues de cumplir su pacto con el diablo, arrepentido enterro la pata que le quedaba y desaparecio en las

    entra as de la selva. Cuenta la leyenda que en las tierras de la marraneras deambula un hombre vomitando fuego e impidiendo

    que se desentierre el dinero de Juan Machete.

  • la llorona

    La llorona convertida en el espiritu vagabundo de una mujer que lleva un infante en el cuadril, hace alusion a su nombre porque vaga llorando

    por los caminos. Se dice que nunca se le ve la cara y llora de verg enza y arrepentimiento por lo que hizo a su familia.

    Quienes le han visto dicen que es una mujer revuelta y enlodada, ojos rojizos, vestidos sucios y deshilachados. Lleva entre sus brazos un bultico

    como de infante recien nacido. No hace mal a la gente, pero causan terror sus quejas y alaridos gritando a su hijo.

    Las apariciones se verifican en lugares solitarios, desde las ocho de la noche, hasta las cinco de la madrugada. Sus sitios preferidos son las

    quebradas, lagunas y charcos profundos, donde se oye el chapaleo y los ayes lastimeros. Se les aparece a los hombres infieles, a los

    perversos, a los borrachos, a los jugadores y en fin, a todo ser que ande urdiendo maldades.

    Dice la tradicion que la llorona reclama de las personas ayuda para cargar al hijo; al recibirlo se libra del castigo convirtiendose en la llorona la

    persona que lo ha recibido. Otras versiones dicen que es el espiritu de una mujer que mato por celos a la mama y prendio fuego a la casa con

    su progenitora dentro, recibiendo de esta, en el momento de agonizar la maldicion que la condenara: "Andaras sin Dios y sin santa Maria,

    persiguiendo a los hombres por los caminos del llano".

    Durante la guerra civil, se establecio en la Villa de las Palmas o Purificacion, un Comando General, donde concentraban gentes de distintas

    partes del pais.

    Uno de sus capitanes, de conducta poco recomendable y que encontraba en la guerra una aventura divertida para desahogar su pasado

    luctuoso de asalto y crimen, se instalo con su esposa en esta villa, que al poco tiempo abandono para seguir en la lucha.

    Su afligida y abandonada mujer se dedico a la modisteria para no morir de hambre mientras su marido volvia y terminaba la guerra.

  • la llorona

    Al correr del tiempo las gentes hicieron circular la noticia de la muerte del capitan y la pobre seora guardo luto riguroso hasta que se le presento

    un soldado que formaba parte del batallon de reclutas que venian de la capital hacia el sur, pero que por circunstancias especiales, debia demorar

    en aquella localidad algunas semanas.

    La viuda convencida de las aseveraciones sobre la muerte de su marido, creyo encontrar en aquel nuevo amor un lenitivo para su pena, acepto

    al joven e intimo con el. Los dias de locura pasional pasaron veloces y nuevamente la costurera quedo saboreando el abandono, la soledad,

    la pobreza y sorbiendose las lagrimas por la ausencia de su amado. Aquella aventurera dejo huellas imborrables en la atribulada mujer, porque

    a los pocos dias sintio palpitar en sus entraas el fruto de su amor. El tiempo transcurria sin tener noticias de su amado. La espera se tornaba

    tierna al comprobar que se cumplian las nueve lunas de su gestacion. Un batallon de combatientes regresaba del sur el mismo dia que la

    costurera daba a luz un nio flacuchento y palido. Aquel cartucho silencioso y pobre se alegro con el llanto del infante.

    Al atardecer de aquel mismo dia, llego corriendo a su casa una vecina amiga, a informarle que su esposo el capitan, no habia muerto, porque

    sin temor a equivocarse, lo acababa de ver entre el cuerpo de tropa que arribaba al campamento.

    En tan importuno momento, esa noticia era como para desfallecer, no por el caso que pocas horas antes habia soportado, como por el

    agotamiento fisico en que se encontraba. Miles de pensamientos fluian a su mente febril. Se levanto decidida de su cama. Se coloco un ropon

    deshilachado, sobre sus hombros, cogio al recien nacido, lo abrigo bien, le agarro fuertemente contra su pecho creyendo que se lo arrebatarian

    y sin cerrar la puerta abandono la choza, corriendo con dificultad. Se encamino por el sendero oscuro bordeado de arbusto y protegida por el

    manto negro de la noche. Gruesas gotas de lluvia empezaron a caer, seguia corriendo, los nubarrones eran mas densos, la tempestad se

    desato con mas furia. La luz de los relampagos le iluminaba el camino. La naturaleza sacudia con estertores de muerte. La demente lloraba.

    Los arroyos crecieron, se desbordaron. Al terminar la vereda encontro el primer riachuelo, pero ya la mujer no veia. Penetro a la corriente

    impetuosa que la arrollo rapidamente. Las aguas bramaron. En sus estrepitosos rugidos parecia percibirse el lamento de una mujer.

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