La voz del silencio - Helena P. Blavatsky

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    SEMILLAS DE AMOR, CONOCIMIENTO Y VIDA

    LA VOZ DEL SILENCIO Helena Blavatsky

    (Dedicada a los pocos)

  • SEMILLAS DE AMOR, CONOCIMIENTO Y VIDA

    LA VOZ DEL SILENCIO HELENA P. BLAVATSKY

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    LA VOZ DEL SILENCIO

    Helena Blavatsky

    Versin bajada de Internet

    Cartula:

    Buda de Kamakura

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    LA VOZ DEL SILENCIO HELENA P. BLAVATSKY

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    LA VOZ DEL SILENCIO Helena Blavatsky

    Dedicada a los pocos

    Prefacio

    Las pginas siguientes son entresacadas del Libro de los

    preceptos de oro, una de las obras que figuran en manos de

    los Estudiantes de Misticismo en Oriente. Su conocimiento es

    obligatorio en aquella escuela, cuyas enseanzas son admitidas

    por gran nmero de tesofos. As es que, como muchos de

    estos preceptos los s de memoria, su traduccin ha sido para

    m un trabajo relativamente fcil.

    Bien sabido es que, en la India, los mtodos de desarrollo

    psquico varan segn los Gurs (preceptores o maestros), no

    slo por el hecho de pertenecer a diversas escuelas filosficas,

    de las cuales se cuentan seis, sino tambin porque cada Gur

    tiene su propio sistema, que, en general, mantiene muy

    secreto. Pero, ms all de los Himalayas, el mtodo seguido en

    las escuelas esotricas no vara, a menos que el Gur sea un

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    LA VOZ DEL SILENCIO HELENA P. BLAVATSKY

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    simple Lama de conocimientos no mucho mayores que los

    de aquellos a quienes ensea.

    La obra a que pertenecen los fragmentos que aqu traduz-

    co, forma parte de aquella misma serie de la cual han sido

    sacadas las estancias del Libro de Dzyan, en las que est

    basada la Doctrina Secreta. El Libro de los preceptos de oro

    reclama igual origen que la gran obra mstica denominada

    Paramrtha, la cual, segn nos dice la leyenda de Ngrjuna,

    fue entregada al gran Arhat por los Nagas o serpientes

    (ttulo que se daba a los antiguos Iniciados). Sin embargo, sus

    mximas y sus ideas, aunque nobles y originales, se

    encuentran con frecuencia bajo formas diversas en las obras

    snscritas tales como el Dnyaneshari, soberbio tratado mstico

    en el cual Krishna describe a Arjuna con brillantes colores la

    condicin de un Yogui plenamente iluminado, y tambin en

    ciertos Upanishads. Esto es muy natural, puesto que, si no

    todos, la inmensa mayora de los ms grandes Arhats, los

    primeros discpulos de Gautama Buddha, eran indos y arios, y

    no mongoles, especialmente aquellos que emigraron al Tbet.

    Las obras dejadas slo por Aryasanga son numerossimas.

    Los Preceptos originales estn grabados en delgadas placas

    cuadrangulares, y muchas de las copias lo estn en discos.

    Tales discos o placas se guardan generalmente en los altares

    de los templos anexos a los centros en que se hallan

    establecidas las escuelas llamadas contemplativas o

    Mahynas (Yogachrya). Estn escritos de distintas maneras,

    algunas veces en tibetano, pero principalmente en caracteres

    ideogrficos. La lengua sacerdotal (Senzar), adems de tener

    su alfabeto propio, puede ser expresada por medio de varios

    sistemas de escritura cifrada, cuyos caracteres participan ms

    de la naturaleza del ideograma que de las slabas.

    Otro mtodo (lug, en tibetano) consiste en el empleo de los

    nmeros y colores, cada uno de los cuales corresponde a una

    letra del alfabeto tibetano (que consta de treinta letras simples

    y setenta y cuatro compuestas), formando as un alfabeto

    criptogrfico completo.

    Cuando se emplean los signos ideogrficos, hay una

    manera definida de leer el texto, pues en tal caso los smbolos

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    y signos usados en astrologa -esto es, los doce animales del

    Zodiaco y los siete colores primarios-, cada uno de ellos triple

    en gradacin o matiz, a saber: claro, primario y oscuro-

    representa las treinta y tres letras del alfabeto simple, en lugar

    de palabras y frases. Porque, en este mtodo, los doce

    "animales" repetidos cinco veces y asociados con los cinco

    elementos y los siete colores, proporcionan un alfabeto

    completo, compuesto de sesenta letras sagradas y doce signos.

    Un signo colocado al principio del texto determina si el lector

    tiene que descifrarlo segn el sistema indio, en el cual cada

    palabra es simplemente una adaptacin snscrita, o si debe

    hacerlo con arreglo al principio chino de leer los signos

    ideogrficos. El mtodo ms fcil, sin embargo, es aquel que

    permite al lector no emplear ninguna lengua especial, o

    emplear la que ms le plazca, puesto que los signos y smbolos

    eran, como los guarismos o nmeros arbigos, propiedad

    comn e internacional entre los msticos iniciados y sus

    discpulos. La misma peculiaridad es caracterstica de una de

    las formas de escritura china, la cual puede ser leda con igual

    facilidad por cualquiera que conozca los caracteres; por

    ejemplo, un japons puede leerla en su propia lengua tan

    fcilmente como un chino en la suya.

    El Libro de los preceptos de oro -algunos de los cuales son

    prebdicos, mientras que otros pertenecen a una poca

    posterior- contiene unos noventa pequeos tratados distintos.

    De stos aprend, hace aos, treinta y nueve de memoria. Para

    traducir los restantes, tendra que recurrir a multitud de notas

    diseminadas entre los papeles y cuadernos de apuntes

    coleccionados durante los ltimos veinte aos y jams puestos

    en orden, siendo su nmero demasiado grande para que la

    tarea resultara cosa fcil. Por otra parte, tampoco podran ser

    todos ellos traducidos y presentados a un mundo sobrado,

    egosta y apegado a los objetos de los sentidos, que no est en

    disposicin de recibir en su verdadero espritu una moral tan

    sublime. Pues, a no ser que el hombre persevere formalmente

    en su empeo de lograr el conocimiento de s mismo, jams

    prestar complaciente odo a reflexiones y enseanzas de tal

    naturaleza.

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    Y sin embargo, semejante tica llena volmenes y ms

    volmenes en la literatura oriental, especialmente en los

    Upanishads. Mata todo deseo de vida, dice Krishna a

    Arjuna. Tal deseo radica tan slo en el cuerpo, el vehculo del

    Yo encarnado, no en el YO que es eterno, indestructible, que

    ni mata ni es matado. (Katha Upanishad.) Mata la

    sensacin, ensea el Sutta Nipta; considera iguales el

    placer y el dolor, la ganancia y la prdida, la victoria y la

    derrota. Adems: busca tu refugio solamente en lo eterno.

    (Idem.) Destruye el sentimiento de separatividad, repite

    Krishna en todas formas. La mente (Manas) que se abandona

    a los errantes sentidos, deja el alma (Buddhi) tan desvalida

    como la barquilla que es arrebatada por el huracn sobre las

    olas. (Bhagavad Gta, II, 67.)

    Por lo tanto, se ha considerado ms oportuno hacer una

    juiciosa seleccin tan slo de aquellos tratados que son ms

    provechosos a los pocos msticos verdaderos de la Sociedad

    Teosfica, y que con seguridad respondern a sus necesidades.

    stos son los nicos que apreciarn aquellas palabras de

    Krishna-Christos, el Yo Superior: Los sabios no se afligen ni

    por los vivos ni por los muertos. Jams he dejado yo de existir,

    ni t, ni ninguno de estos caudillos, ni tampoco dejar de

    existir en lo venidero ninguno de nosotros. (Bhagavad-Gta,

    II, 11-12.)

    En esta traduccin me he esmerado todo lo posible para

    conservar la potica belleza del lenguaje y las imgenes que

    caracterizan al original. Hasta qu punto ha coronado el xito

    mis esfuerzos, el lector es quien ha de juzgarlo.

    H. P. B.

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    Fragmento primero

    La Voz del Silencio

    Las presentes instrucciones son para aquellos que ignoran

    los peligros de los IDDHI (1) inferiores.

    Aquel que pretenda or la voz del Nada (2), el Sonido

    insonoro, y comprenderla, tiene que enterarse de la

    naturaleza del Dran (3).

    Habindose vuelto indiferente a los objetos de percepcin,

    debe el discpulo ir en busca del Raj (rey) de los sentidos, el

    Productor del pensamiento, aquel que despierta de la ilusin.

    La Mente es el gran destructor de lo Real.

    Destruya el discpulo al Destructor.

    Porque:

    Cuando su propia forma le parezca ilusoria, como al

    despertar, todas las formas que en sueos ve; cuando l haya

    cesado de or los muchos sonidos, entonces podrs discernir el

    UNO, el sonido interno que mata el externo.

    Entonces, nicamente, y no antes, abandonar la regin de

    Asat, lo falso, para entrar en el reino de Sat, lo verdadero.

    Antes de que el alma pueda ver, debe haber alcanzado la

    Armona interior, y los ojos carnales han de estar cegados a

    toda ilusin.

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    LA