La situación de la democracia en Colombia, Perú y Venezuela a ...

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    La situacin de la democracia en Colombia, Per y Venezuela a inicios de siglo1

    Martn Tanaka2 Febrero de 2001 Comisin Andina de Juristas Introduccin

    Colombia, Per y Venezuela son tres pases fascinantes en s mismos, y que dan luces sobre la situacin de la democracia y sus desafos en la regin; pero tambin nos permiten sacar conclusiones tericas de alcances ms generales. El Per es un caso de quiebre democrtico dentro de la tercera ola democratizadora, por medio de un autogolpe el sistema de partidos colaps, hubo una interrupcin de la experiencia democracia, se consolid posteriormente un rgimen autoritario que sin embargo no logr institucionalizarse, y ahora, penosamente, se est en un proceso de reconstruccin. Venezuela es un pas desconcertante, en la medida en que durante varias dcadas fue considerado una democracia consolidada, y sorprendentemente el sistema de partidos, evaluado como slido y bien enraizado, se desmoron progresivamente a lo largo de los noventa; dando lugar a la aparicin de un liderazgo de componentes antisistmicos y autoritarios con el gobierno de Chvez. Colombia es un caso tambin de crisis extrema, donde se produce un colapso parcial del Estado, altsimos niveles de violencia, y tambin crisis econmica y poltica, que sin embargo no han producido un colapso como en los casos anteriores. Si es que la incapacidad o dificultad para resolver los problemas de la ciudadana es una amenaza para la democracia, ciertamente Colombia es un pas a seguir con atencin.

    Estos tres pases se hacen ms interesantes si tomamos en cuenta que siguen caminos cruzados y desconcertantes de acuerdo a lo que podra haberse previsto hace algunos aos. A primera vista, el colapso del sistema de partidos sera acaso el desarrollo ms esperable en Colombia, pas donde

    1 Este estudio fue realizado para la Comisin Andina de Juristas en Lima, y fue financiado por la Embajada de Finlandia en el Per y la Fundacin Ford. Quiero agradecer el trabajo de Luis Eduardo Prez Albela y Elaine Ford, de la Comisin Andina de Juristas, y de Mara Jess Osorio, del Instituto de Estudios Peruanos, quienes colaboraron de diversas maneras en la investigacin. Tambin los comentarios y sugerencias de Philip Mauceri, Miguel Garca, Mara Emma Wills y Margarita Lpez Maya, en un seminario realizado en Lima en noviembre de 2001. 2 Martn Tanaka es socilogo de la Pontificia Universidad Catlica del Per, Maestro en Ciencias Sociales y Doctor en Ciencia Poltica de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede Mxico. Actualmente es investigador asociado y miembro del Consejo Directivo del Instituto de Estudios Peruanos, y consultor del Area de Democracia de la Comisin Andina de Juristas.

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    hubo una partidocracia muy cerrada3, en donde la competencia electoral entre las dos fuerzas hegemnicas fue limitada desde los aos del Frente Nacional (1958); cerrazn combatida por movimientos ciudadanos y guerrilleros, y que por tanto tuvo que coexistir con altsimos niveles de violencia. Dado que no habra existido verdaderamente alternativas dentro del sistema, debido a los acuerdos partidocrticos, la crisis podra haber asumido la forma de un colapso, de la emergencia de alternativas extrasistmicas. Sin embargo, de los tres casos, Colombia es el pas cuyo sistema de partidos se mantiene, a pesar de su fragmentacin y funcionamiento clientelar. Por su parte, Per podra haber seguido un camino de quiebre de la democracia por intervencin militar, en respuesta a crecientes niveles de enfrentamiento poltico y violencia, un poco como en Chile de 19734. Sin embargo, en Per se produjo una inesperada crisis de representacin que involucr al conjunto del sistema (pese a ser fluido, voltil, y no consolidado), y dio paso a un lder autoritario. Finalmente, en Venezuela podramos haber tenido un camino de evolucin del sistema de partidos, con una Accin Democrtica siguiendo los pasos del Partido Justicialista en Argentina o del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en Bolivia; es decir, partidos histricamente populistas que encabezaron una revolucin neoliberal. El gran viraje de Carlos Andrs Prez podra hoy ser recordado como la Nueva Poltica Econmica de Paz Estensoro o el plan de convertibilidad implementado por el ministro Cavallo durante la gestin de Menem. Sin embargo, en Venezuela, pese a la histrica competencia bipartidista, lo que se produjo es un colapso del sistema en su conjunto y la emergencia de un lder de fuertes rasgos autoritarios.

    Como vemos, cada caso muestra un desenlace desconcertante a partir de lo que sugeran sus trayectorias. Aqu sostengo que estos resultados, estas variantes, tienen que ver bsicamente con las diferentes maneras en que se han relacionado la poltica, la economa y la interaccin social5, y cmo esas esferas han impactado sobre el rgimen poltico, alterando los clculos y acciones de los actores polticos, quienes en ltimo trmino son los responsables de lo que ocurre. Todo esto en el contexto de una coyuntura crtica, de profundos cambios estructurales, por los que ha pasado la regin en su conjunto en las ltimas dcadas6.

    3 El carcter cerrado del sistema apareca como ms fuerte en Colombia que en Venezuela, a pesar de que en ambos pases hubo pactos que implicaron formas diversas de compartir el poder entre los dos partidos polticos principales. Ver Bejarano, 1998; en el Per, por el contrario, ni siquiera lleg a consolidarse propiamente un sistema de partidos. Sobre el punto ver Cotler, 1994 y 1995. 4 Ver Cohen, 1994, quien modela el quiebre de la democracia en Chile en 1973 como un dilema del prisionero. 5 En este trabajo me refiero a tres esferas sociales: la poltica, la economa y la interaccin social. Por interaccin me refiero a las naturaleza de las relaciones sociales. 6 Sobre el trmino coyuntura crtica ver Collier y Collier, 1991. Estas ideas, que especifican el tipo de relaciones entre actores y entornos permiten adems abordar de manera til la discusin sobre estructura y accin, clsica de la sociologa; ver Giddens, 1995.

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    El caso de Colombia muestra elocuentemente la autonoma de

    diversas esferas de la sociedad: la de la interaccin social, la economa y la poltica siguen dinmicas claramente diferenciadas, autnomas, con actores y lgicas especficas. Llama la atencin que, la economa haya funcionado relativamente bien en las ltimas dcadas aunque la violencia, causada por actores sociales ilegales y polticos extrasistmicos, haya ido en aumento, o cmo la crisis de legitimidad del sistema poltico no impide que el sistema de partidos funcione, a pesar de todo, o cmo se produce la desconcertante coexistencia de un colapso parcial del Estado con la aparente estabilidad del sistema poltico. Ciertamente las diferentes esferas se relacionan entre s, pero no de maneras obvias, siendo una tarea analtica fundamental especificar esos vnculos con claridad. Pero dado que las esferas son autnomas, esos impactos tienen que expresarse en los propios trminos de cada una de ellas, afectando las decisiones de sus actores. En cuanto al terreno poltico, esas influencias pueden ser potenciadas o desactivadas por la intervencin de los actores polticos. Es decir, no existe un determinismo, la influencia de las estructuras no son determinantes, pero ciertamente las decisiones de los actores se ven modeladas por los entornos en los que ocurre la accin.

    En Per y Venezuela, el colapso del sistema poltico parece sugerir que ste es consecuencia de la acumulacin de las crisis ocurridas en las otras esferas; hay una suerte de sincrona, en el que las cosas empiezan a ir mal en todos los mbitos, a diferencia del caso de Colombia. Sin embargo, se trata de una postura equivocada. Creo que ambos casos podran haber seguido otros caminos, acaso ms probables dadas sus trayectorias7. El porqu se produjo el colapso y la manera en que se dio se explica otra vez por las relaciones entre las diversas esferas, especialmente las relaciones entre economa y poltica, y cmo las manejaron los actores polticos, cules fueron sus clculos, acciones y omisiones. El contexto de crisis ciertamente influy, alterando los clculos de los actores, pero que siempre tienen algn margen de maniobra para responder ante ellas.

    En el Per, la crisis econmica y la violencia poltica crearon la percepcin (correcta) del agotamiento y la inviabilidad del orden vigente, lo que estimul a los actores a abandonar conductas avernas al riesgo y a elevar sus apuestas polticas. Esto gener polarizacin y una suerte de vaciamiento del centro poltico. Expresiones de esto fueron la divisin de la Izquierda Unida en 1989, o la ideologizacin del FREDEMO, que sembr grandes temores frente a las radicales polticas de ajuste anunciadas por el candidato Mario Vargas Llosa. A diferencia de Chile en los aos setenta, esta polarizacin no condujo a un golpe militar, como podra haber ocurrido, sino a generar una brecha entre los actores polticos y los electores, que gener un movimiento electoral que finalmente condujo inesperadamente a un outsider 7 Tomando el concepto de Bendix (1964) llamo determinismo retrospectivo a la falacia de creer que los desenlaces histricamente dados son los nicos posibles; error que dificulta el anlisis de otros desenlaces igualmente posibles.

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    a la presidencia. Una vez all, el xito en estabilizar una economa hiperinflacionaria legitim su liderazgo, de naturaleza personalista y autoritaria. An as, la oposicin tuvo siempre oportunidades de cuestionar este liderazgo, pero fall por sus propios errores y limitaciones. No hay relaciones mecnicas entre economa y poltica, y esto puede verse tambin en la cada de Fujimori: ciertamente la recesin iniciada en 1997 afect su legitimidad y respaldo, pero no puede decirse que ella sea la razn de su sbita cada en 2000. La razn de sta debe encontrarse en los enfrentamientos entre Fujimori y Montesinos, nuevamente en las acciones de los actores polticos. En la actualidad, la reconstruccin institucional pasa precisamente por asegurar el funcionamiento autnomo de las diversas esferas sociales, evitar las interferencias que caracterizaron el funcionamiento del fujimorismo.

    El Per no es el nico caso en el que un personaje antisistema lleg al poder denunciando los males de los polticos tradicionales. Sin embargo, la norma es que por lo general ellos fracasan en sus intentos de vencer el orden vigente (Collor, Bucaram, Serrano Elas). Fujimori tuvo xito por lograr estabilizar la economa y armar una coalicin de intereses aprovechando esa legitimidad. Otro caso que puede emparentarse relativamente con el de Fujimori, en este sentido, es el de Chvez en Venezuela.

    La llegada de Chvez al poder debe tambin ser explicada por medio de las relaciones entre economa y poltica, y la modulacin de los actores polticos. La crisis econmica, que se hace evidente hacia finales de los ochenta y recorre todos los aos noventa, afect al sistema poltico generando una desafeccin con los partidos (exacerbada por una cultura poltica rentstica); esa desafeccin exacerb problemas existentes en los partidos, que debilitaron su organizacin, lo que gener pugnas y divisiones. La crisis de legitimidad estimul que algunos caudillos partidarios buscaran su suerte por fuera de los partidos; esto fue posible por la manera faccionalista y a la vez jerrquica en que estuvieron organizados, donde slo caba un solo ganador. Son esas divisiones las que finalmente permiten entender cmo fue posible el fenmeno Chvez en las elecciones de 1998. Ejemplos de las divisiones a las que aludimos son las que se producen entre Carlos Andrs Prez y AD durante su segundo gobierno, la de Rafael Caldera respecto al COPEI en las elecciones de 1993, o la salida de Claudio Fermn de AD y la candidatura de Alfaro Ucero en las elecciones de 1998. Una vez en el poder, Chvez se ampara principalmente en una legitimidad poltica, sobre la base de un discurso neopopulista con pretensiones fundacionales. Se ha terminado con las instituciones del puntofijismo y se han erigido nuevas, pero bajo la gida de un liderazgo personalista, autoritario, que se basa en una retrica del enfrentamiento con los actores y las instituciones que puedan limitar el ejercicio del poder. Hacia delante, el gran desafo para Chvez es lograr un mnimo de eficiencia en la poltica pblica, consolidar una poltica de alianzas que le permita enfrentar un creciente descontento; para la oposicin, lograr construir una alternativa que pueda competir eficazmente y ofrecer una salida al pas.

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    De este modo, creo que podemos hacer un aporte a la discusin de la crisis de los partidos, su colapso, y la dinmica de la democracia en nuestros pases. En este trabajo sostengo que, en Colombia, una correcta interpretacin del sistema poltico y de los desafos que enfrenta la democracia exige diferenciar en el anlisis la esfera poltica de la econmica y de la social, y de especificar cuidadosamente sus relaciones e impactos, nada obvios, y cmo se expresan en la conducta de los actores polticos. En Venezuela, el resultado ocurrido en el plano poltico, con el final del orden del Punto Fijo, no es necesariamente consecuencia de la crisis econmica ocurrida a lo largo de los noventa, dado que ella podra haber dado lugar a una evolucin del sistema de partidos, no su colapso. Este es consecuencia de las decisiones de los actores polticos y sus errores, que se explican a su vez por la manera en que estaban estructurados los partidos. Ellos permitieron la llegada al poder de un lder antisistmico, cuya consolidacin poltica permiti la recomposicin del conjunto de las instituciones del Estado bajo su hegemona. En el Per, finalmente, el colapso es consecuencia de una polarizacin que dej vaco un centro poltico ocupado por un outsider, que luego se consolid por el xito y el afortunado timing poltico de las polticas de estabilizacin.

    A partir de esta caracterizacin, surgen los desafos para cada una de nuestras democracias. En Colombia el problema es precisamente la dificultad que tiene la poltica y sus mecanismos para intervenir eficazmente sobre esferas que se han autonomizado; problema que se da adems sobre una tradicin de debilidad estatal, y que se ve agravada por la naturaleza de los problemas actuales, por su complejidad y su carcter transnacional. Lo bueno es que, precisamente por esa autonoma de las diversas esferas sociales, el mal estado de unas no necesariamente arrastra a las otras; el sistema poltico todava parece tener recursos que le permiten funcionar. En Per, el desafo ahora es remontar la tradicin que deja una dcada de autoritarismo, de destruccin de las instituciones estatales, manejadas para mantener en el poder al fujimorismo, pero tambin el problema de la debilidad de las organizaciones sociales y polticas. El sistema de partidos de los ochenta fue destruido, su espacio fue ocupado por el fujimorismo y por movimientos independientes, pero ninguno de ellos logr consolidarse. El fujimorismo afect tambin las capacidades de accin colectiva de la sociedad, minando la representatividad de los actores sociales, aislndolos de la sociedad en general. En suma, el reto es la reconstruccin institucional y de los actores sociales y polticos, en un contexto en el que quienes deben solucionar los problemas son parte de stos, lo que se expresa en las dificultades y lmites que muestra el actual gobierno de Toledo. Ellos ponen en agenda problemas de gobernabilidad en el mediano plazo.

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    En Venezuela, el desafo es evitar que la hegemona del chavismo y el rediseo institucional ocurrido bajo ste lleve a un debilitamiento extremo de la competencia poltica y el pluralismo. Este escenario podra hacer que las similitudes entre chavismo y fujimorismo se hagan mayores con el tiempo. De otro lado, la debilidad que muestra el chavismo abre interrogantes sobre su permanencia en el tiempo y su posibilidad de ser el eje de la recomposicin del sistema de partidos. Destruido el orden de punto fijo, con un chavismo que no se consolida, pero en donde tampoco emergen alternativas claras, una pregunta angustiante es qu opciones quedan para los venezolanos a mediano plazo.

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    En este trabajo analizo la situacin de la democracia y sus desafos en Colombia, Per y Venezuela, no viendo cada caso de manera aislada, lo que empobrecera el anlisis, sino dentro de una perspectiva comparada. Lamentablemente no existe en nuestros pases una tradicin de anlisis comparado, tendemos a ignorarnos unos a otros en nuestros pases. Pecamos de localismo, provincianismo; por ello, generalmente son acadmicos del extranjero los que hacen los estudios comparados. Tendemos a pensar que algunos sucesos son particulares a nuestros pases, cuando en realidad, suelen atravesar a ms de un caso en la regin. Solemos perder de vista que somos parte de una misma regin, que enfrentamos en gran medida desafos similares, a pesar de que cada uno de nuestros pases tenga un ritmo particular. El no tener una perspectiva comparada de anlisis no nos permite evaluar si nuestra posicin es normal, cercana al promedio, o si destacamos por estar particularmente mal o bien. No tenemos un criterio claro para pensar la situacin de la democracia y sus desafos, lo que nos lleva en ocasiones a hacer anlisis abstractos, en los que se confronta nuestra realidad con modelos ideales frente a los cuales siempre salimos mal parados. Las comparaciones nos permiten, adems, aislar la intervencin de variables explicativas para dar cuenta de fenmenos especficos, y as evitar recurrir a variables espreas en nuestras explicaciones. As, en trminos metodolgicos, sigo aqu un mtodo comparado de anlisis8; adems, sigo un camino inductivo de exposicin: parto de un anlisis crtico comparado de las trayectorias de los tres pases, para luego desde all extraer conclusiones analticas y tericas. Al final tambin doy cuenta de la situacin actual y los desafos de la democracia en nuestros pases, que slo pueden quedar claros sobre la base del anlisis de sus trayectorias. Prefiero hablar de trayectorias antes que de procesos, porque mi propuesta es destruir la idea de que hay una suerte de lgica articulada que hace inteligible porqu pas lo que pas, porqu el resultado tuvo que ser necesariamente el que ocurri. Por el contrario, intento mostrar que siempre hubo posibilidad de otros desenlaces, que las trayectorias de los pases

    8 Sobre el mtodo comparado ver Collier y Collier, 1991.

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    fueron bastante azarosas, que los clculos, la racionalidad de los actores, y la intervencin del azar, tambin jugaron un papel, en medio de influencias no determinsticas de elementos estructurales y exgenos.

    Finalmente, quiero resaltar el carcter preliminar de estas ideas. Aqu lo que presento es un mapeo general de temas clave y una lnea interpretativa bsica para los tres pases. En el futuro, espero poder seguir desarrollando estas ideas, como parte de una reflexin de ms largo aliento sobre la situacin poltica en los pases andinos. Este es un primer paso para superar el desconocimiento mutuo que existe en nuestros pases sobre lo que ocurre con nuestros vecinos, y un aporte para pensar sobre bases ms firmes en nuestra necesaria integracin. La coyuntura crtica: la crisis del modelo Estado-cntrico y las reformas neoliberales 1982 marc el inicio de la crisis de la deuda, que involucr al conjunto de la regin e hizo que a inicios de los noventa la CEPAL hablara de la dcada perdida. Las tasas de crecimiento fueron negativas o muy bajas, se desataron procesos inflacionarios y hasta hiperinflacionarios, se implementaron polticas errticas sin resultados en toda la regin.

    Pero los aos ochenta no son slo una dcada de crisis. 1982 marca simblicamente el agotamiento de un orden social, econmico y poltico hasta entonces vigente, y cuyo origen se remonta hasta los aos treinta, que Cavarozzi (1996) caracteriz como matriz Estado-cntrica. Esta matriz consisti en un modelo de desarrollo intervencionista, orientado hacia el mercado interno, en el que mercados internacionales en expansin y acceso a crditos externos permitan financiar grandes inversiones estatales y medidas distributivas por medio de las cuales se incorporaba controladamente a los sectores populares. Sin embargo, a lo largo de los ochenta, una vez desatada la crisis de la deuda, la viabilidad econmica y poltica no pudo ser ms posible. Cortadas fuentes de financiamiento baratas, el modelo revel una falta de competitividad que lo hizo insostenible. La generalizacin de la crisis en toda la regin es elocuente de su origen exgeno y de la vulnerabilidad del modelo.

    Se constituy entonces lo que Collier y Collier (1991) llaman una coyuntura crtica; un momento extremadamente fluido, en el que un orden se va desmoronando progresivamente, y empieza a aparecer inciertamente otro. Coyuntura fundamental por su plasticidad, porque las estructuras estn particularmente moldeables a la accin poltica, y porque la resultante del momento tendr consecuencias de largo plazo. Sabemos hoy que esa coyuntura crtica se resolvi en la regin en clave neoliberal, lo que implic profundas transformaciones. Desde entonces arreciaron las presiones por abrir las economas para lograr competitividad, se hicieron ms fuertes que nunca los lmites y las necesidades del endeudamiento externo, por aplicar

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    drsticas polticas de ajuste fiscal, con el consiguiente abandono de polticas de bienestar y la adopcin de polticas de competencia y mercado, con altos costos sociales9. Estos cambios afectaron a toda la regin sin excepciones. Por supuesto, cada pas vivi estos desafos con su propio ritmo. Colombia

    En el contexto descrito Colombia aparece como un pas privilegiado. Colombia fue un pas pragmtico, que asumi el modelo de centralidad estatal sin renunciar a asociaciones con el sector privado y mecanismos de mercado, y sin niveles de endeudamiento grandes. Esa combinacin le permiti pasar relativamente bien los tormentosos aos ochenta en lo que a su economa se refiere: con tasas moderadas de crecimiento, sin niveles muy altos de inflacin10. Sin embargo, los ochenta son aos terribles para Colombia en otros frentes: de all la frase a la economa le va bien, aunque al pas le va mal. Y el pas fue muy mal en los ochenta, porque a sus problemas tradicionales (cerrazn del sistema poltico, desafos guerrilleros), se aadi el combustible que los hizo crecer exponencialmente, y que marca en gran medida el porqu de los altsimos niveles de violencia que all se registran: el narcotrfico, y la ubicacin del ncleo del negocio, la comercializacin, en su territorio. El negocio de la droga dio lugar a la conformacin de poderosos carteles en los aos ochenta, que llegaron a constituirse en poderosos actores polticos extrasistmicos.

    El problema de la droga es en gran medida un problema exgeno, originado en la demanda de droga de los pases desarrollados, y la ubicacin estratgica del pas en trminos de la comercializacin, y cuyos costos tiene que pagar Colombia injustamente, por medio del crecimiento exponencial del conflicto armado, la multiplicacin de actores, su relacin con actores armados, efectos sociales desestructurantes11... Por supuesto hay tambin responsabilidad nacional en cuanto a las estrategias para enfrentar el problema, pero hay que aceptar que se trata en gran medida de circunstancias ajenas, y las soluciones deben tomar en cuenta este hecho12. 9 Sobre el punto ver Cavarozzi, 1996; ver tambin Williamson, 1990 y 1990a, quien explica las ideas centrales del consenso de Washington. Cabe mencionar que este consenso ha sido generalmente muy mal entendido y satanizado. Una crtica a la discusin sobre esto puede verse en Tanaka, 1999b. 10 Sobre la economa colombiana ver, entre muchos otros: Bustamante, 1997; Echavarra, 2000; Hershberg, 2001; Misas, 1996; y Pineda, 1995. Un texto muy revelador de las bondades del modelo colombiano en relacin con los problemas de la economa peruana puede verse en Thorp, 1991. 11 Recordemos que Pizarro (1996a) habla de la prctica desaparicin de la guerrilla durante los aos setenta, sin embargo se reactivan espectacularmente en los aos ochenta. Los recursos del narcotrfico, a mi juicio, explican en gran medida ese cambio. 12 Sobre el tema del narcotrfico en Colombia ver, entre muchos otros: Camacho y Lpez, 2000; Dugas, 2001a; Guerrero, 1999; Gutirrez, 2001 y 2001a, 2000a; Levitt y Rubio, 2000; Lpez y Camacho, 2001; Reina, 2001; Salama, 2000; Tokatlian, 2000; Trujillo y Badel, 1998; y Vargas, 1999.

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    Si bien los cultivos y la comercializacin de la droga provienen de los aos setenta, es a lo largo de los ochenta cuando el problema alcanza proporciones alarmantes, que llegan a desafiar al orden poltico. En esos aos se consolidan los poderosos carteles de la droga, en ciudades como Cali y Medelln, y esos intereses empiezan a desafiar de maneras cada vez ms abiertas las instituciones estatales13. La lucha contra la influencia del narcotrfico y su extensin sobre la vida social llev a diversas estrategias por parte del Estado y por parte de las organizaciones de narcotraficantes. Ellas tuvieron un carcter oscilante, entre la represin y la negociacin: desde las represivas durante el gobierno de Turbay (1978-82), hasta las dialogantes durante Betancourt (1982-1986), opcin que fracasa y que da lugar nuevamente a opciones represivas durante Barco (1986-1990), para volver a estrategias negociadoras en los noventa con Gaviria (1990-1994), otra vez represivas con Samper (1994-1998) y finalmente dialogantes con Pastrana (1998-2002). Esperemos que finalmente pueda salirse de este ciclo y se consolide la paz, pero eso lo veremos ms adelante. Es interesante registrar tambin el cambio en las actitudes de los carteles de la droga, algunos asumen posiciones ms negociadoras (cartel de Cali), mientras otros declaran la guerra al Estado (cartel de Medelln). El asunto es que durante la presidencia de Virgilio Barco (1986-1990) se declar la guerra contra los carteles de la droga, lo que desat olas de ataques terroristas y asesinatos, pero finalmente terminan con la desaparicin de los grandes carteles en los aos siguientes. El problema es que despus se da una especie de fragmentacin del negocio, lo que hace ms difcil su control. Deca ms arriba que el problema de la droga atiz problemas que vienen de atrs. Ac conviene hacer una breve digresin histrica, y remitirnos a los acuerdos del Frente Nacional (1958). El Frente Nacional consisti en un acuerdo entre las lites liberales y conservadoras que tuvo el enorme mrito de detener diez aos de grave violencia, que dej un enorme saldo de muertos. Sin embargo, al limitar expresamente la competencia poltica entre las dos fuerzas hegemnicas, y establecer la corresponsabilidad en la conduccin del Estado, gener a la larga una suerte de cerrazn del sistema14. Esto incentiv el desarrollo de grupos antisistmicos, que tomaron el camino de las armas, camino de larga tradicin en el pas, y que se remonta a los enfrentamientos histricos entre liberales y conservadores. La facilidad con que estrategias armadas prosperan en ese pas se entiende por la autonomizacin de dinmicas locales en grandes extensiones del pas, por la vigencia de poderes que mantienen situaciones de injusticia y

    13 Sobre este momento de expansin del narcotrfico en Colombia ver, entre otros, Lpez y Camacho, 2001; Deas, 1995; Gaitn, 1995; Snchez, Gonzalo, 2001, 2000 y 2000a. 14 Sobre el Frente Nacional ver Bejarano, 1998; Hartlyn, 1993; y Palacios, 2000a. Ciertamente, el periodo de vigencia de los acuerdos del Frente Nacional es amplio, y conviene distinguir subperiodos a su interior, de naturaleza ms abierta o ms cerrada en trminos polticos.

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    postergacin15, y por tradiciones de movilizacin armada que vienen de atrs. A la base de todo esto est la correlativa debilidad del Estado central en cuanto a su capacidad para controlar el territorio y de imponerse a los poderes locales, que combinan como mecanismos de control y hegemona el uso de prcticas clientelares y la violencia abierta16. As, desde los aos sesenta aparecieron diversos grupos guerrilleros, algunos de origen campesino, como las FARC y otros de origen guevarista, como el ELN, sobre la base de demandas campesinas. En un escenario de debilidad estatal, la guerrilla, en algunas zonas, aparece como una suerte de reemplazo del Estado, aparece como garante del orden17, de all que tenga respaldo en importantes espacios del pas. A inicios de los aos setenta, surgi el M-19, como respuesta directa a la percepcin de un sistema poltico cerrado a nuevas opciones, despus de la derrota electoral de la ANAPO en las elecciones de 197018. De este modo, a lo largo de los ochenta, a pesar del relativamente buen desempeo de la economa, Colombia pas una dcada verdaderamente difcil, en la que se daba una demanda por la apertura de un sistema poltico percibido como muy cerrado, teniendo adems que afrontar la accin de diversos grupos guerrilleros, a los que sumaron las organizaciones del narcotrfico, los carteles de la droga. Se configur as una dinmica en la cual la economa iba bien, la poltica funcionaba, aunque con dosis de desafeccin y prdida creciente de legitimidad, y se desarrollaba un frente de guerra, en el que el enfrentamiento a los grupos guerrilleros y los narcotraficantes requera estrategias particulares. Creo que para entender Colombia hay que tener siempre en claro que se trata de arenas diferentes, autnomas, con conexiones no evidentes19. Creo que no puede decirse que desde el sistema poltico no se buscara implementar iniciativas para enfrentar estos problemas. Tenemos que recoger en el anlisis las iniciativas de los actores, que son muchas y muy importantes. Durante la presidencia de Belisario Betancourt (1982-1986) se impuls un proceso de reforma y apertura poltica, que se expres claramente en el inicio del proceso de descentralizacin, con la eleccin 15 Algunos autores resaltan la inexistencia de una experiencia populista fuerte en Colombia, que implementara una profunda reforma agraria, como explicacin histrica de la presencia de la guerrilla de las FARC. Ver Palacios, 2001. 16 Sobre el punto ver Leal y Dvila, 1990. 17 En algunas zonas la guerrilla administra justicia y, paradjicamente, brinda seguridad y permite el desarrollo econmico, aunque asociado a actividades ilegales. 18 Sobre las FARC ver Pizarro, 1996a; sobre el ELN, ver Peate, 1999; sobre el M-19, ver Zuluaga, 1999. 19 Visiones panormicas que dan cuenta de la dinamica interrelacionada entre todas estas formas de violencia (a las que se sumara despus la de los paramilitares) pueden verse en Aguilera, 2000; Bergquist, 2001; Deas, 1995; Echeverry et. al., 2001; Gaitn, 1995; Gonzlez, 1999; Guerrero, 2001; Johnson, 2001; Lair, 2000 y 2001; Mauceri, 2001; Pearanda, 2001; Pizarro, 1996a; Rangel, 2000; Snchez, Gonzalo, 2001, 2000, 2000a y 1999; Uprimny 2001. Estas interpretaciones requieren a mi juicio un manejo de la geografa de la violencia, para lo cual es muy til Echanda, 2001, 1999 y 1999a.

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    popular de gobernadores y alcaldes. Tambin en intentos por democratizar los partidos, buscando limitar la accin de las cpulas partidarias, permitiendo mayor autonoma para las fracciones partidarias; hasta aparecieron nuevos liderazgos y fracciones renovadoras en los partidos tradicionales (por ejemplo, el gavirismo dentro del liberalismo). En el frente de la guerra, se abrieron procesos de negociacin con varios grupos guerrilleros; respecto al narcotrfico, se continu con la guerra a los carteles, y se impuls la posibilidad de extraditar a los Estados Unidos a los jefes de los carteles, para asegurar la accin de la justicia (hacia finales de los ochenta, lo que motiv los magnicidios de algunos de los principales candidatos presidenciales). Estas iniciativas nos llevan a un interesante problema analtico, pertinente para pensar los desafos de las democracias en nuestros pases. Solemos evaluar a los actores por el mejoramiento o empeoramiento de la situacin del pas, criterio a mi juicio totalmente equivocado. Salta a la vista la ausencia de relacin necesaria entre las iniciativas polticas y los resultados. Si las situaciones empeoran, se suele deducir que los problemas son consecuencia de las acciones de los actores; si mejoran, se suele atribuir ello a las capacidades de los actores. Ambas cosas son equivocadas, debido a la intervencin de ms factores, fundamentalmente externos, que muchas veces son decisivos. As, o llegamos a discursos celebratorios cuando no hay verdaderamente mritos, o llegamos a discursos condenatorios achacando irracionalidad a los actores como si las soluciones a los problemas estuvieran a la mano y slo correspondiera tomarlas. Colombia ilustra a mi juicio convincentemente que en muchas ocasiones los actores actan razonablemente sobre la base de la informacin disponible, respondiendo a los desafos que se les presentan, en circunstancias excepcionalmente difciles, recurriendo a las herramientas que tienen a su disposicin. El problema es que muchas veces ello no basta para que los problemas aminoren, dada la debilidad de nuestros Estados, la vulnerabilidad frente a restricciones externas, y la accin de actores extrasistmicos. Esto no significa ciertamente que no se cometan errores o que haya cierto grado de irresponsabilidad en los actores. Pero creo que no debe perderse de vista el carcter exgeno de gran parte de los problemas que enfrentan los pases de la regin; que por lo tanto debieran tambin ser afrontados colectivamente. Est tambin el simple hecho de que las cosas no resultan como uno espera, la aparicin de consecuencias no intencionales de la accin. Aqu creo que es muy til la sugerente idea de crisis teresiana esbozada por Gutirrez (2001c)20. Muchas veces se ensayan respuestas a problemas que, si bien pueden mejorar algunas cosas, empeoran otras. Gutirrez (2001b y 2001c) nos da elementos para ensayar esta explicacin intentando dar cuenta de los efectos fragmentadores de reformas polticas producidas en los 20 Gutirrez se refiere a Santa Teresa de Avila, quien habra dicho que las plegarias ms peligrosas son las plegarias atendidas.

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    ochenta, que en el papel buscaban democratizar el sistema: la clebre operacin avispa, que consiste en permitir la presentacin de varias listas partidarias al congreso, limitando el poder de las cpulas (el poder del bolgrafo). En otro orden de cosas, creo que algo similar podra decirse respecto de la guerra a los carteles: si bien se sali de un problema, con su desarticulacin, se entr en otro, que es la fragmentacin y desconcentracin del negocio, lo que hace an ms difcil su represin21. Otro ejemplo en el mismo sentido podra ser la poltica de descentralizacin. Pese a que se trata de una poltica positiva en el mediano y largo plazo, muchos autores sealan que, en el corto plazo, lo que hizo es debilitar a los partidos, acentuar la fragmentacin y la indisciplina, el uso de prcticas clientelsticas, y paradjicamente, no ayudar a legitimar un sistema poltico en proceso de apertura22. Es interesante contrastar las polticas de descentralizacin en Colombia y Venezuela, implementadas en los mismos aos, y con el mismo propsito, abrir los mrgenes de un sistema percibido como cerrado. En Venezuela, algunos analistas sealan que la descentralizacin debilit a los partidos y a la larga propici el colapso del sistema, aunque otros sealan que se dieron posibilidades de renovacin y oxigenacin; en todo caso, es claro que al haber ms cargos electivos, proliferan liderazgos locales y regionales, situacin que impone desafos a los partidos23. En todo caso, creo que la descentralizacin tuvo efectos diferentes en ambos pases, dadas las maneras diferentes en que se organizan los partidos en cada caso. En Colombia potenci las tendencias a la fragmentacin, pero sin romper los mrgenes del sistema de partidos; en Venezuela, debilit a las jerarquas de los partidos, hizo emerger nuevos liderazgos dentro de los partidos que entraron en conflicto con ellas, y permitieron la aparicin de nuevos liderazgos por fuera del bipartidismo tradicional. Estas diferencias resultarn claves para entender la evolucin o el colapso de los sistemas de partidos en cada caso, como veremos.

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    Pese a los intentos de reformar, democratizar el sistema poltico, pese a las distintas iniciativas desarrolladas para combatir el desafo de las guerrillas y del narcotrfico, los resultados muestran que hacia finales de los aos ochenta, estos intentos se probaban infructuosos; es ms, la violencia sigui en aumento, y lleg a impactar decisivamente sobre el funcionamiento de la poltica. Muestra trgica y elocuente de ello son los magnicidios, los

    21 Como bien dice el poltlogo argentino Antonio Camou en alguno de sus textos, el progreso consiste en sustituir unos problemas por otros, no tanto arribar a ilusorias situaciones no problemticas. 22 Sobre el punto ver Garca, 2001. 23 Visiones que llaman la atencin sobre la decentralizacin como debilitando a los partidos estn p.e. en Penfold, 2001; una visin ms optimista de sus efectos renovadores puede verse en Lalander, 2000.

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    asesinatos de los principales candidatos presidenciales de las elecciones de 199024. Pese al dramatismo de esta situacin, el sistema de partidos logr subsistir. Es ms, entr en un proceso de democratizacin que se expresar en la Constituyente de 1991, y en la incorporacin de movimientos guerrilleros a la vida civil, como el M-19, que lleg incluso a compartir responsabilidades de gobierno durante la gestin de Csar Gaviria.

    Es interesante sealar entonces que la violencia ciertamente impacta sobre la poltica, pero no de maneras evidentes; como la contrastacin de los casos de Colombia y Per demuestra de manera elocuente, en un caso puede estar a la base del colapso del sistema, pero en otro no. En el caso de Colombia, la crisis permiti el avance de fuerzas renovadoras, permiti apertura, etc. Venezuela En Venezuela la crisis de los aos ochenta se expres en tasas muy bajas de crecimiento econmico, a pesar de que se logr evitar los niveles inflacionarios registrados en pases como Bolivia, Brasil, Argentina o Per. El agotamiento del modelo de centralidad, sin embargo, tiene caractersticas muy particulares en este caso, dada la gran dependencia del petrleo en la economa. La explotacin petrolera est en manos del Estado, y es su principal fuente de financiamiento. En otras palabras, la desmedida importancia del petrleo, en manos del Estado, determina tambin la desmedida importancia del Estado en la economa, y la debilidad de otros sectores25. Esto hace que la suerte del pas dependa en gran medida de los precios internacionales del petrleo, y que peridicamente est en agenda la necesidad de devaluar la moneda para compensar una cada en los ingresos por las exportaciones. Ello ocurri en febrero de 1983, por ejemplo, primera manifestacin clara de la inviabilidad a largo plazo de una economa erigida sobre bases tan endebles.

    La crisis de los aos ochenta y los problemas de legitimidad que trajo consigo fueron claramente percibidos por los actores; frente a ello, qued clara la necesidad de democratizar un sistema percibido como cerrado, manejado por una partidocracia. Desde el pacto de Punto Fijo de 1958, se estableci una suerte de cogobierno bipartidista, aunque no tan cerrado como

    24 El asesinato de los candidatos presidenciales del partido liberal (Luis Carlos Galn), de la Unin Patritica (Bernardo Jaramillo), y del M-19 (Carlos Pizarro). Los asesinatos fueron cometidos por grupos de narcotraficantes (para evitar procesos de extradicin) y de paramilitares de derecha. 25 Como puede verse en el cuadro 3, hay aos en los que el petrleo constituye ms del 80% del total de las exportaciones del pas.

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    en Colombia26. En Venezuela tambin existi la idea de que la economa requera reformas, modernizacin, que estaba enfeudada a la dinmica de los precios del petrleo, lo que daba lugar a una economa rentista, y que haba la urgente necesidad de estimular el desarrollo de otros sectores productivos. Quedaba claro que estaban en germen problemas sociales, intuicin que se vera ampliamente confirmada y rebasada por los hechos, como veremos ms adelante.

    Frente a esta situacin, en la dimensin econmica, se intentaron reformas. Podemos mencionar las reformas implementadas a partir de la devaluacin en 1983, hacia finales de la presidencia de Herrera. Sin embargo, la relativamente amplia disponibilidad de reservas, y el nivel alto en los precios del petrleo conspiraron contra la adopcin de medidas ms decididas encaminadas a cambiar de modelo. Precisamente en la primera mitad de los ochenta esos precios alcanzaron su punto ms alto, y sobre la base de esos precios es que el pas empez a endeudarse ms all de sus posibilidades reales.

    Pese a los signos problemticos, un cambio frente al modelo tradicional petrolero rentstico postergado acumulndose deuda, dficit y sobrevalorando el Bolvar, lo que, en medio de la crisis, permiti todava mantener vivo el mito de la Venezuela saudita, originado en los aos setenta, con la formacin de la OPEP y el aumento espectacular de los precios del barril de petrleo; se incub en la cultura popular la idea de que el pas es inmensamente rico y que, por lo tanto, los problemas econmicos slo pueden ser responsabilidad de la corrupcin de la clase dirigente27. Este elemento de la cultura poltica ser decisivo para entender la manera en que se dieron los ajustes econmicos durante los gobiernos de Carlos Andrs Prez y Rafael Caldera en los aos noventa, y las reacciones que generaron; ser decisivo tambin, por consiguiente, para entender el descalabro de los partidos. Como veremos, a diferencia de los pases en los que se dieron experiencias hiperinflacionarias, en Venezuela la percepcin estaba lejos de quedar marcada por el sentimiento de urgencia por cambiar de modelo, por lo que las polticas de ajuste fueron siempre (incluso hasta ahora) ampliamente rechazadas por la ciudadana28.

    26 Bejarano (1998) compara los casos de Colombia y Venezuela, y seala como dato clave la mayor apertura del segundo caso, con relacin al primero, signado por la cerrazn; Coppedge (1993) tambin compara Venezuela con Mxico, y llama la atencin sobre la importancia que tiene la competencia poltica y la alternancia, presentes en el primer caso pero no en el segundo, para determinar un resultado ms democrtico. 27 La crisis del modelo econmico petrolero rentstico y sus consecuencias tiene una amplia bibliografa. Ver entre otros Corrales, 2000; Hellinger, 2000; Hidalgo, 2000; Karl, 1995; Kelly, 2000 y 2001; Lpez, 2001; Lpez Maya y Lander, 1996; Nam, 2001; Peeler, 1999; Ross, 1999; y Weyland, 1998. 28 Se confirma as la paradoja segn la cual las polticas de ajuste son ms fciles de implementar all donde las situaciones son ms caticas, no tanto en contextos de relativa normalidad. Sobre el punto ver Weyland, 1998a.

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    En cuanto a la dimensin poltica, creo que puede afirmarse que s se lograron avances y reformas importantes, aunque ciertamente se trate de un asunto muy polmico. Durante el gobierno de Jaime Lusinchi (1984-1988), se form la Comisin Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), como organismo autnomo y de amplia convocatoria y legitimidad, con la funcin de hacer propuestas y recomendaciones que condujeran a la democratizacin del sistema. Si bien muchas de sus propuestas no fueron implementadas, las que s lo fueron no son en absoluto de poca monta. A partir de las propuestas de la COPRE, se dio un proceso de descentralizacin que se expres en la eleccin popular de Gobernadores de Estado y de Alcaldes (1989)29. Estas reformas tuvieron importantes efectos sobre el sistema poltico, aunque la naturaleza de su impacto est todava por determinarse. Como hemos visto, para algunos la descentralizacin debilit a los partidos, mientras que para otros abri oportunidades de renovacin. Lo que es un hecho y no puede estar en discusin es que, en lo inmediato, las reformas ayudaron a dar oxgeno a los partidos tradicionales, y a la vez permitieron la emergencia de nuevas organizaciones polticas que podran marcar el paso de un bipartidismo a un multipartidismo moderado. En las primeras elecciones de Gobernadores y Alcaldes, AD y COPEI obtuvieron la mayora de los cargos, se pudo ver la aparicin de nuevos lderes en los espacios regionales, pero tambin aparecieron grupos como La Causa Radical. En cuanto a la eleccin de gobernadores, hasta 1995 AD era claramente la fuerza hegemnica.

    Cuadro Nmero de Gobernadores electos por agrupacin poltica (1989-2000) (a) Agrupacin Poltica 1989 1992(b) 1995 1998 2000 AD 11 7 (8) 12 7 2 COPEI 6 11 (9) 3 3 1 MAS 2 3 (4) 4 3 3 LA CAUSA R 1 1 1 - -

    CONVERGENCIA - - 1 1 1 INDEPENDIENTES - - 1 - 1 MVR - - - 7 12 PRZVL-PROCA - - - 1 1 MERI-COPEI-AD - - - 1 - PPT - - - - 2 TOTAL 20 22 22 23 23

    (a) En atencin a la organizacin poltica que obtuvo mas votos

    29 Sobre la COPRE, sus reformas y sus efectos ver entre otros Gonzlez, Rosa, 2001; Jcome, 1999b; Kornblith, 1998, 1998a; Levine y Crisp, 1999.

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    (b) Comicios repetidos Fuente: CSE/CNE Direccin de Estadsticas Electorales. Tomado de Maingn, 2001a. Sealar todo esto me parece importante para evitar un razonamiento retrospectivo en el que los actores polticos venezolanos aparecen caminando ciegamente, sin ms, hacia su defuncin. Creo que los actores eran medianamente concientes de los problemas que enfrentaban, e intentaron implementar estrategias conducentes a solucionar los problemas. Sin embargo, como veremos ms adelante, la insuficiencia de esas medidas, consecuencias no previstas de las mismas, as como las restricciones dadas por la crisis econmica, conspiraron contra los efectos democratizadores y relegitimantes esperados para el sistema. En suma, durante los aos ochenta, Venezuela vivi la crisis comn a toda la regin, expresada en muy bajas tasas de crecimiento, aunque sin llegar a extremos de alta inflacin, y con interesantes intentos de democratizacin poltica que parecan, en su momento, revitalizar el sistema. Es ms, durante los ltimos aos del gobierno de Jaime Lusinchi la economa creci aceleradamente, por efecto nuevamente de los precios del petrleo, alimentando la ilusin de la vuelta de tiempos mejores. Lusinchi, pese a los escndalos de corrupcin que afectaron su gestin, termin con muy altos ndices de popularidad, y esto sin duda permiti la permanencia de AD en el poder, y la eleccin de Carlos Andrs Prez a finales de 1988 e inicios de 1989, por estrecho margen frente a la candidatura copeyana de Eduardo Fernndez. Hasta ese momento, en el momento previo al inicio de la grave crisis poltica que marcar todos los aos noventa, Venezuela apareca como un pas en el que un bipartidismo estable y competitivo sostena una democracia que, en medio de sus problemas, evolucionaba gradualmente, lejos de los escenarios caticos que se vean en los ochenta en otras latitudes, como en Bolivia, Brasil, Argentina o Per. Como sabemos, en realidad se incubaba en ese pas un embalse de problemas que llegara a un extremo con la presidencia de Carlos Andrs Prez. Es justo decir que el mal manejo econmico arruin la legitimidad poltica, acortando los mrgenes para la accin poltica. En parte, esto tiene que ver con la estructura de funcionamiento de los partidos, en la que caudillos enfrentados unos a otros exacerban lgicas de corto plazo. Volveremos sobre este asunto ms adelante. Per30

    El caso del Per destaca por encima de los otros dos en tanto vivi de una manera particularmente intensa y dramtica la crisis de los aos ochenta. Se dio la transicin a la democracia en el periodo 1978-1980, ponindose fin

    30 En esta parte sigo ideas desarrolladas en Tanaka, 1998.

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    a doce aos de gobierno militar reformista que si bien fue eficaz en destruir el orden oligrquico hasta entonces vigente, fracas en construir un orden alternativo. A pesar de la difcil situacin vivida en los aos ochenta, al establecerse el nuevo gobierno constitucional en 1980 el nuevo rgimen democrtico apareca con posibilidades inditas de por fin iniciar un camino democrtico slido, rompiendo la lgica de exclusin oligrquica tradicional. La democracia peruana empezaba sin exclusiones polticas, incorporando plenamente al APRA, dejndose atrs el veto que lo acos desde los aos treinta, con una izquierda fuerte, anclada en sectores populares tradicionales y nuevos movimientos sociales, con una sociedad civil activa (no slo con los sectores populares, tambin con los empresarios), incorporando a los analfabetos, en decir, una inclusin plena31.

    Despus de las reformas del gobierno militar, pero sin lograrse un nuevo orden alternativo, qued abierta la definicin del rumbo del pas. En 1980 Fernando Belande gan las elecciones, precisamente el presidente depuesto por el golpe militar de 1968. El Per pareca reencauzarse, retomando una senda democrtica. El segundo belaundismo empez su gobierno planeando una reforma liberal, basada en la apertura de mercados y en la atraccin de inversiones32. Sin embargo, esta democracia embrionaria tendra que enfrentar problemas enormes. De un lado, el inicio de la crisis internacional de la deuda, que afect especialmente al pas dado que ste iniciaba un proceso de apertura de mercados; de otro, la aparicin de grupos terroristas, y la posterior intervencin militar para reprimirlos, con altos costos y violaciones a los derechos humanos33. Sendero Luminoso fue adems un grupo particularmente fantico y sangriento, fundamentalista, frente al cual no caban posibilidades de negociacin poltica. El MRTA s tena un perfil ms convencional a las guerrillas latinoamericanas, pero nunca lleg a tener la importancia de SL. El Per muestra una combinacin de problemas, y sin duda la crisis econmica y la violencia poltica tuvieron fuerte impacto sobre la esfera poltica. Algunos autores sostienen que el impacto de estas crisis son las que destruyeron el sistema de partidos34. Sin embargo, ac nuevamente se hace necesario rescatar la idea de la autonoma de las esferas de anlisis, y el imperativo de especificar sus relaciones e impactos. Como tambin puede verse en Colombia, el impacto de la dinmica de la violencia no tiene porqu destruir la legitimidad poltico-partidaria. Si bien en el Per se trat de niveles de violencia muy altos y dramticos (los ochenta terminan con ms de 25,000 muertos y ms de 5,000 desaparecidos), es claro que la dinmica de la violencia no explica la legitimidad de los gobiernos; es ms bien el desempeo econmico35.

    31 Sobre la transicin a la democracia ver Lynch, 1992, y Cotler, 1988, entre otros. 32 Ver Conaghan y Malloy, 1994, entre otros. 33 Ver Degregori y Rivera, 1994; Taylor, 1997, entre otros. 34 Esta es lo que yo llamo la tesis convencional. Ver Lynch, 1999, Lpez, 1990, entre otros. 35 Ver Carrin, 1992, entre otros.

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    En cuanto al funcionamiento de la economa, ciertamente los indicadores son muy malos. El gobierno de Belande termin con una inflacin de 157% y una tasa de crecimiento negativa. Sin embargo, el sistema de partidos tiene a su interior mecanismos legitimadores, uno de ellos la alternancia. La crisis del gobierno de AP permiti el crecimiento de la izquierda (IU) y del APRA, producindose desde 1983 un giro hacia la izquierda. Alfonso Barrantes fue electo alcalde de Lima en 1983, y Alan Garca fue electo Presidente en 1985. Por primera vez el APRA llegaba al poder desde su fundacin en los aos treinta, a pesar de haber ganado casi todas las elecciones realizadas en el pas desde entonces. Garca implement un programa econmico heterodoxo, que entre 1985 y 1987 redujo la inflacin y reactiv el crecimiento econmico, lo que le permiti tener amplsimos niveles de popularidad. La centralidad del desempeo econmico resulta crucial en Venezuela y el Per, para dar cuenta de los avatares polticos. En ambos casos, encontramos que una combinacin de restricciones econmicas y errores de manejo llevan la necesidad de ajustes, que gobiernos con orientaciones populistas se resisten a implementar, hasta que resulta demasiado tarde. Es lo que sucedi con el gobierno de Alan Garca. Una poltica de ampliacin de la demanda entre 1985 y 1987 gener la necesidad de enfriar la economa, lejos de hacer esto, Garca intent estatizar la banca (julio de 1987); a pesar de fracasar en este intento, el presidente pospuso la decisin del ajuste por clculos polticos, hasta que no tuvo ms opcin que hacerlo, dndose el ajuste de setiembre de 1988, que marca el inicio de una experiencia de alta inflacin que asumira la forma de una hiperinflacin descontrolada al final de su gobierno, y que recin terminara en agosto 1990, con el ajuste de Fujimori. Se sigue as un patrn similar al de Venezuela, tanto en los casos de la devaluacin de 1983 y los ajustes de 1989 (con Carlos Andrs Prez) y 1997 (con Rafael Caldera). Con todo, Garca logr un manejo poltico bastante eficiente de la crisis, dentro de un rgimen de alta inflacin en sus dos ltimos aos de gobierno. Esto es lo que permite entender cmo el APRA se mantuviera como una opcin electoral importante en el Per en las elecciones municipales de 1989 y las presidenciales y de congreso de 1990, en las que el APRA result siendo la principal fuerza partidaria individual en el congreso. Una vez ms, el impacto de la economa sobre la poltica tiene que ser especificado cuidadosamente. Por ello, en realidad la clave de la crisis poltica hay que encontrarla precisamente en la esfera poltica, no tanto en la de la violencia o la economa. Pese a la grave crisis econmica y los altos niveles de violencia, en el escenario poltico peruano previo a la campaa electoral de 1990, nada haca presagiar la crisis de representacin del sistema de partidos que se dara, y sus consecuencias. Por el contrario, lo que estaba en agenda era un problema de gobernabilidad, en el que con la crisis del gobierno aprista el centro poltico se vaciaba, y se consolidaban los extremos del espectro.

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    Hacia inicios de 1989, las dos fuerzas polticas con mejor posicin en

    las encuestas de intencin de voto eran la Izquierda Unida (IU) y el Frente Democrtico (FREDEMO), expresivos de propuestas socialistas y neoliberales, respectivamente. El gran temor era que la polarizacin terminara generando un escenario similar al de Chile entre 1970 y 1973, que podra tambin terminar con un golpe militar. En las elecciones municipales de noviembre de 1989, el FREDEMO se constituy en la primera fuerza poltica, segundo qued el APRA, pese a la crisis (lo que muestra la habilidad del gobierno de Garca para administrar un rgimen de inflacin alta); y tercero, muy cerca del APRA, la IU, pese a que su divisin ya estaba bastante en curso36. El resultado que se dio en las elecciones de abril de 1990, que a la postre llevaran al outsider Alberto Fujimori a la presidencia, fue un resultado absolutamente desconcertante, inesperado, por lo tanto su explicacin no puede encontrarse en el desempeo de los actores a lo largo de los ochenta; por lo tanto, creo que la explicacin hay que encontrarla en la campaa electoral misma, y los errores de los actores principales.

    De un lado, la IU empez un tortuoso proceso de divisin a partir de enero de 1989, fecha de su congreso de unidad; un sector evitaba renunciar a todas las formas de lucha en su estrategia de conquista del poder, mientras que otro apostaba a una plataforma de centro que le permitiera ser atractiva en el terreno electoral. De otro lado el FREDEMO, sintindose seguro ganador por anticipado, cometi gruesos errores de estrategia. Vargas Llosa no se propuso simplemente ganar la eleccin, si no que pidi al electorado un mandato claro para ganar en primera vuelta, con ms del 50% de los votos, y as implementar una profunda reforma liberal. Es decir, los dos actores con ms posibilidad de ganar se autoliquidaron; el APRA atravesaba una profunda crisis, por lo que se produjo un vaco de representacin; un electorado mayoritario que buscaba opciones en el centro lo cre de manera autnoma, apenas semanas antes de la eleccin, permitiendo que el desconocido Alberto Fujimori quedara segundo detrs de Mario Vargas Llosa, quien estuvo lejos de obtener mayora absoluta. En la segunda vuelta estipulada por al constitucin, Fujimori gan las elecciones con el respaldo del APRA y de la izquierda. Pese a que sostengo que la explicacin de la crisis poltica en el Per hay que encontrarla en la poltica, esto no significa en absoluto que el contexto de crisis econmica o violencia poltica sean irrelevantes. Nuevamente, de lo que se trata es de especificar la naturaleza de su impacto. En este caso, creo que la percepcin que tenan los actores de estar viviendo una situacin lmite (percepcin correcta, sin duda, en la que era claro el agotamiento del modelo econmico vigente y el estrechamiento del espacio de la poltica frente al de la guerra37) estimul el abandono de conductas 36 Es cierto que en Lima el triunfo de un candidato independiente como Ricardo Belmont era una seal preocupante, pero el hecho de que despus ste se sumara al FREDEMO era muestra de la capacidad de absorcin que mostraba el sistema. 37 Ver Abugatts et.al., 1992, como una clara muestra de estas percepciones.

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    conservadoras adversas al riesgo, e incentiv la adopcin de estrategias ms radicales. Esto ayuda a entender la divisin de la izquierda en 1989, o la postura radical de Mario Vargas Llosa; en otras palabras, la crisis exacerb tendencias polarizantes ya existentes en el sistema de partidos. La crisis y la radicalizacin generaron un proceso de desafeccin, y ante la ausencia de alternativas, un sector importante del electorado opt por una opcin fuera del sistema. La llegada al poder de un outsider como consecuencia de errores de los actores polticos principales permite hacer algunos paralelos entre la eleccin de Fujimori en 1990 con la de Hugo Chvez en 1998 en Venezuela. Una vez en el poder, Fujimori se encontr en una situacin de debilidad extrema. En el congreso los partidos tradicionales eran una mayora clara, la bancada de Cambio 90 era pequea y muy improvisada, sin experiencia poltica (una muestra ms de que los partidos, an entre 1990 y 1991 estaban lejos de parecer muertos o a punto de desaparecer). Del lado de los partidos, Fujimori apareca como un lder improvisado, por lo tanto posible de manipular, cuyo trabajo sera asumir los costos de las polticas de estabilizacin, y ninguno de sus beneficios: el contexto estaba marcado por la necesidad de implementar un ajuste drstico que terminara con la hiperinflacin y una poltica contrasubversiva igualmente drstica; y la Constitucin de 1979 impeda a Fujimori, lder sin partido, ir a la reeleccin en 1995. De este modo, para Fujimori slo aparecan costos sin beneficios, y para los partidos el quinquenio apareca como un perodo de transicin, pasado el cual retornaran al poder. Este clculo resultaba especialmente pertinente para Alan Garca, quien apoy decididamente la candidatura de Fujimori desde la presidencia, incluso por encima de la del candidato del APRA, Luis Alva Castro. Frente a las elecciones de 1995, Garca apareca como un candidato con grandes posibilidades. Alberto Fujimori asumi el poder en julio de 1990, y aplic un dursimo programa de ajuste en agosto de 1990. Es interesante ver que pese a que constituyeron una ruptura con las promesas hechas durante la campaa, las medidas fueron aprobadas en el corto plazo por gran parte de la poblacin, y no se produjo un estallido social, ms todava tomando en cuenta el antecedente del Caracazo de 1989. Precisamente el Caracazo era el fantasma que levantaban quienes se oponan a las polticas de ajuste anunciadas por Vargas Llosa. Es til detenerse un momento en explorar las diferencias en cuanto a la reaccin ciudadana. La diferencia crucial est en las trayectorias y las expectativas. El Per vena de un largo proceso hiperinflacionario, exacerbado en las semanas y das previos al ajuste, lo que gener la impresin de que era absolutamente inevitable y que era preferible una terapia de choque a una agona larga. Por el contrario, el gran viraje de Prez no es nada comparado con el brutal shock de agosto de 1990; sin embargo, generaron una enorme oposicin y protestas sociales, porque fueron una accin sorpresiva y percibida como arbitraria e inadmisible. Adems, hubo un mal manejo, como veremos ms adelante. Ac entonces es pertinente referirse a la cultura poltica venezolana, y la herencia del modelo petrolero rentstico.

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    A pesar de que Fujimori estaba en el poder, que eso era indicativo de un desgaste de los partidos tradicionales, y a pesar de que Fujimori rpidamente empez a desmarcarse de ellos y a manejar un discurso antisistema y antipartido, el desenlace, el colapso del sistema, no estaba en absoluto anunciado hasta ese momento. Es ms, hacia mediados de 1991 empezaba a hablarse de una fatiga del ajuste, se especulaba sobre si el ajuste de agosto de 1990 iba a lograr en efecto acabar con una inflacin que si bien haba bajado sustancialmente, se mantena todava bastante alta; el gobierno enfrentaba adems grandes protestas sociales, y la desaprobacin al gobierno superaba su aprobacin. Los partidos tradicionales podan esperar una cada del gobierno de Fujimori (en principio tenan los votos necesarios en el congreso para declarar la vacancia de la presidencia por impedimentos morales, un poco como sucedi en Ecuador con la cada de Bucaram), o la posibilidad de imponerle condiciones sustantivas. El colapso del sistema de partidos requiere analizar en detalle los acontecimientos ocurridos entre 1990 y 1992. Crisis y colapso de los sistemas de partidos, y funcionamiento de la democracia Como hemos visto, los tres pases analizados pasaron de maneras diferentes por la crisis de los aos ochenta, respondiendo variadamente a los desafos impuestos por la crisis econmica y la necesidad de enfrentar el agotamiento de los patrones de crecimiento y la adopcin de un nuevo modelo ms orientado hacia el mercado. Con todo, de las dificultades econmicas no puede deducirse sin ms las crisis polticas; incluso en el caso peruano, al iniciar los noventa no podra descartarse que se siguiera un camino ms afn al de otros pases de la regin en los aos noventa, en la que los sistemas de partidos entran en crisis, evolucionan, aparecen unos actores y otros se debilitan, pero sin darse un colapso como el que se produjo. Per

    Deca que la ausencia de claridad respecto al desenlace en 1992 es fundamental para entender la lgica de los actores polticos, la racionalidad de los acontecimientos, que se escapa al juzgarlos retrospectivamente. Hasta mediados de 1991, los partidos podan esperar o la cada de Fujimori o un retroceso de ste y un control de la situacin. Sin embargo, un factor crucial intervino: el primero de ellos, el control de la inflacin, que empez a darse con claridad a lo largo del ltimo trimestre de 1991. Esto permiti a Fujimori aparecer creblemente como garanta de estabilidad, pese a que la economa no se recuperaba y pese a que la violencia segua en aumento. El control de la inflacin le permiti a Fujimori tener el respaldo de la opinin pblica y poco a poco, de los poderes de facto. Fujimori enfrent la oposicin decidida de los

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    partidos y de los movimientos sociales, bsicamente vinculados a los partidos de izquierda. Lo que pudo verse a lo largo de 1991 fue la impotencia de los movimientos de protesta para hacer frente al gobierno; asistimos al final del movimientismo en el Per. Es decir, a diferencia de los aos ochenta, no se consolida poder poltico a partir de la movilizacin de sectores sociales estratgicos, cuando ellos no son respaldados por la opinin pblica. A la base de esto estn profundos cambios estructurales que pasan por el debilitamiento del empleo sindicalizado, el aislamiento de sus demandas, el crecimiento del sector informal, y la emergencia de la opinin pblica como arena autnoma fundamental en la que se juega la legitimidad poltica. Fujimori, pese a no tener poder en la arena movimientista, era fuerte porque el control de la inflacin le permiti ganarse a la opinin pblica; esa legitimidad le permiti construir una coalicin con los poderes de facto (FF.AA., empresarios, organismos internacionales).

    La consolidacin de Fujimori como garante de la estabilidad es la que permite entender el golpe de 1992. Como deca, el orden institucional de 1979 le mostraba a Fujimori slo costos y no ganancias (al no tener permitida la reeleccin). De otro lado, al estar en minora en el congreso, el camino era de constante negociacin y concesiones a la oposicin. De otro lado, su legitimidad y la fortaleza de la coalicin que armaba incentivaba el rompimiento del orden institucional. Es as que, en abril de 1992, el autogolpe suscit el apoyo de ms del 80% de la poblacin, segn encuestas de opinin. La legitimidad de la conduccin de Fujimori trajo consigo tambin la consolidacin de su estilo, liderazgo y discurso: antipartido, antisistema, antiinstitucional. Es en este marco que hay que entender el colapso del sistema de partidos en el Per. Con el tiempo, la sustancial y sostenida reduccin de la inflacin, luego la captura del principal lder de SL, Abimael Guzmn (en setiembre de 1992) y la posterior derrota de SL, y luego, la reactivacin de la economa (entre 1994 y 1996) le permitieron un amplio respaldo y su cmoda reeleccin en 1995, dentro de un nuevo orden institucional, construido bajo su hegemona. El xito de Fujimori en el control de la inflacin es lo que le permiti legitimar su enfrentamiento con el orden institucional, y lo que le permiti ganar all donde Collor en Brasil, Bucaram en Ecuador o Serrano Elas en Guatemala haban fracasado. En este sentido Fujimori pertenece a la categora de lderes estabilizadores38 a la que pertenecen Paz Estensoro, Menem, o Cardoso. Sin embargo, a diferencia de ellos, Fujimori manej un discurso antipartido y antiinstitucional que lo diferencia, y es precisamente esa diferencia la que nos permite entender la particularidad peruana en la regin. Con todo, Fujimori se vio siempre forzado a mantener algunos mrgenes democrticos e institucionales. As, inmediatamente despus del golpe de 1992, por presiones internacionales se vio obligado a establecer un

    38 Ver Cavarozzi, 1994.

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    camino de retorno a la constitucionalidad. Esto se expres en las elecciones de noviembre de 1992 para constituir un Congreso Constituyente Democrtico (CCD), con funciones congresales y de Asamblea Constituyente. En estas elecciones las principales fuerzas de oposicin se abstuvieron de participar (APRA, AP y la mayora de grupos de izquierda; s participaron el PPC y el MDI, coalicin de izquierda). En esas elecciones el fujimorismo obtuvo mayora absoluta, cambiando radicalmente la composicin del congreso 1990-1992. El CCD, bajo clara hegemona fujimorista, redact una nueva Constitucin, que fue sometida a referndum en noviembre de 1993; en ellas, por estrecho margen, la nueva constitucin fue aprobada. Es interesante la contrastacin de la experiencia peruana despus de 1992 con la venezolana a partir de 1998. En el Per, la recomposicin poltica e institucional bajo la hegemona fujimorista gener una dinmica autoritaria. Algo similar ocurri en Venezuela durante el gobierno de Chvez, desde 1998, como veremos. En 1995 tuvimos elecciones de presidente y congreso, que supuestamente marcaran el retorno del pas a un reestablecimiento democrtico, despus de la interrupcin de abril de 1992. Fujimori logr ser reelecto en 1995 por un amplio margen, y logr tambin amplia mayora en el congreso, pese a la candidatura de oposicin del ex Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Prez de Cuellar. La dispersin de la oposicin, su ausencia de propuestas, su encerramiento en un discurso institucionalista, su desconexin con el sentimiento popular de renovacin, conspir contra las posibilidades de recomponer un sistema de partidos democrtico. Esto es importante de tomar en cuenta para la oposicin en Venezuela. Pese a que el nuevo periodo gubernamental de Fujimori emergi de elecciones razonablemente limpias, y que el rgimen poltico contaba con nuevas reglas democrticas, expresadas en la nueva Constitucin de 1993, la dinmica autoritaria previa y el funcionamiento no institucional del gobierno no slo no se detuvo, sino que se profundiz. La amplia mayora del fujimorismo dificult el establecimiento de los equilibrios necesarios en una democracia, sobre todo en una que sale con actores debilitados, y nuevas instituciones, frgiles, y concebidas bajo la hegemona de slo un actor. Dado que el fujimorismo nunca fue un actor institucionalizado, existente como organizacin, sino un movimiento altamente personalizado y dependiente del Estado, su continuidad requera la permanencia de Fujimori en el poder. El asunto es que la Constitucin de 1993 no se lo permita. Hay que considerar que la Constitucin no es exactamente una herramienta a la medida de un rgimen autoritario. Si bien algo de eso hubo, tambin es cierto que el nimo de los constituyentes estaba marcado por impulsar mecanismos de democracia directa, supuestamente encarnada por Fujimori, frente a los lmites de la pasada partidocracia. Por ello, esa misma Constitucin fujimorista permiti slo una reeleccin inmediata, y estableci mecanismos de consulta ciudadana como el referndum. Ambas cosas se

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    volveran en contra del gobierno, cuando se propuso perpetuarse en el poder. La reeleccin lo llev por un camino que implic destruir el mismo orden institucional creado bajo su hegemona. Esto se expres, desde 1996, en la ley de interpretacin autntica de la constitucin, y en la implementacin de un plan de intervencin y control de todas las instituciones del Estado: el congreso, el poder judicial, el ministerio pblico, el Tribunal Constitucional, el Jurado Nacional de Elecciones, etc.

    Otra vez, ac es interesante la comparacin con Venezuela. Lderes autoritarios antipartidos imponen constituciones fuertemente marcadas por mecanismos participativos y modernizadores, que finalmente les resultan contraproducentes. Esto desbarata la tesis de constituciones a la medida de lderes autoritarios. La oposicin en Venezuela contempla tambin la posibilidad de convocar a un referndum para destituir al presidente Chvez. Es interesante entonces registrar cmo de elecciones democrticas surge una dinmica autoritaria, y la necesidad consiguiente, en trminos tericos, de ver ms all de la sola realizacin de elecciones limpias para evaluar el funcionamiento de la democracia. Supuestamente, las elecciones de 1995 en el Per marcaran el retorno del pas a la normalidad constitucional y democrtica, pero el triunfo avasallador del fujimorismo hizo que se mantuviera una dinmica autoritaria. El poder se ejerci sin contrapesos, las instituciones se reconstruyeron y funcionaron bajo la hegemona del fujimorismo. Esto hizo que poco a poco se generaran las condiciones para el abuso y la corrupcin. Nuevamente, esto es pertinente para Venezuela. En ese pas, la hegemona abrumadora resultado de las elecciones de 1999 y 2000 marcan condiciones favorables para un desarrollo similar. Ahora bien, si esto pudo ocurrir tambin se debe a que Fujimori enfrent una oposicin sumamente dbil. Los actores de los aos ochenta prcticamente colapsaron, y no emergieron nuevos capaces de tomar ventaja de las oportunidades que se presentaron: pese a que Fujimori tuvo una amplia hegemona entre 1992 y 1996, tambin encontramos una ciudadana medianamente crtica, an en las peores circunstancias. En 1993, el referndum para aprobar la nueva Constitucin marc un casi empate con las fuerzas de oposicin, que adems constituyeron el Comando de Campaa por el NO con un desempeo bastante eficiente. Esta unidad permita pensar en una candidatura nica de oposicin al fujimorismo en las elecciones de 1995. De hecho, Prez de Cuellar como candidato de oposicin pareca ser un serio contendor. Sin embargo, la oposicin se present dividida a las elecciones de 1995, lo que facilit el triunfo de Fujimori. El fujimorismo no logr nunca consolidarse como organizacin poltica. En las elecciones municipales de 1993, 1995 y 1998, los candidatos oficialistas perdieron en casi todas las ciudades principales. En Lima, en

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    1995, el candidato oficialista perdi a pesar de contar con todo el apoyo39 del gobierno.

    La oposicin, entre 1996 y 1998, se volvi a unir como en 1993, esta vez bajo las banderas de la organizacin de un referndum para decidir si es que Fujimori poda o no ir a una nueva reeleccin en 2000. Pese a que esa batalla fue perdida por un conjunto de maniobras legales implementadas por el gobierno entre 1996 y 1998, el asunto es que esas maniobras desprestigiaron mucho al fujimorismo, y las encuestas mostraban que la aprobacin al desempeo de la oposicin se haca igual o mayor a la aprobacin a la gestin de Fujimori. Esto se explica tambin porque desde 1996 empez a sentirse una fuerte recesin econmica, que aument el descontento. Las posibilidades, nuevamente, de gestar un gran polo opositor que venciera a Fujimori en las elecciones de 2000 estaban abiertas. Hacia finales de 1998, muchos apostaban a que Fujimori no podra remontar la tendencia de cada en su popularidad iniciado en 1996-1997. Pero la oposicin, nuevamente, desperdici esa oportunidad. Enfrent dividida las elecciones de 2000, no logr consolidar una propuesta, y ello permiti el repunte de Fujimori a lo largo de 1999, hizo creble su discurso de ser la nica opcin, y dio oxgeno a las maniobras sucias que implement. Eso hizo que hacia finales de 1999, pareciera inevitable un tercer periodo de Fujimori, incluso ganando con mayora absoluta. La inesperada cada del fujimorismo en 2000, y la debilidad de una oposicin que se convirti de pronto en gobierno, son piezas claves para pensar en los desafos de la democracia en el Per actual, que veremos ms adelante. Venezuela

    Venezuela sigue un camino que presenta algunas similitudes interesantes con el caso peruano, comparten un desenlace similar en el que se da el colapso del sistema de partidos y el final del tipo de interacciones polticas vigentes hasta ese momento.

    Habamos visto cmo Venezuela pospuso enfrentar la inviabilidad del modelo de centralidad estatal, que en este caso especfico estuvo muy marcado por los recursos petroleros. Hacia finales de los aos ochenta, los dficit y deudas acumuladas obligaron a tomar decisiones drsticas. Carlos Andrs Prez gan las elecciones a finales de 1998, y entre esa fecha y febrero de 1999 se enfrent a una situacin insostenible.

    Si bien a lo largo de los aos ochenta se empez a vivir descontento con signos inequvocos de crisis, expresados en muy bajas tasas de crecimiento, y que deterioraron los niveles de vida de la poblacin, creo que las seales para la ciudadana de que se requera un cambio radical de modelo no eran claras en absoluto. Otra vez, este tema de la racionalidad de

    39 Ese fue su lema de campaa.

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    los actores polticos es clave, como sealbamos ms arriba cuando nos referamos al caso peruano. Es as que Carlos Andrs Prez gan las elecciones levantando banderas contrarias a las neoliberales propuestas por el candidato del COPEI Eduardo Fernndez, de resonancias populistas, que apelaban a la repeticin de las grandes realizaciones de su primer gobierno, cuando se hablaba de la Venezuela saudita.

    Una vez en el gobierno, Prez enfrent una situacin extremadamente complicada. En primer lugar, tena que enfrentar fuertes resistencias dentro de su propio partido, Accin Democrtica. Prez gan la nominacin a la candidatura despus de pasados dos perodos presidenciales, y la base de su poder resida no tanto en el manejo del aparato partidario, del que haba estado alejado, sino en un liderazgo carismtico que apelaba al elector promedio. Adems, AD se mostraba como una estructura burocratizada y en muchas ocasiones corrupta, acostumbrada a esquemas de relacin clientelares, corporativos, privilegios rentsticos. En este sentido, Prez tena fuertes incentivos para intentar reconstituir AD bajo un liderazgo modernizador, ms acorde a las necesidades de modernizacin que ya eran evidentes en la regin. De otro lado, la situacin econmica que le dejaba su antecesor Lusinchi era especialmente crtica, pese a las apariencias. Elevados niveles de endeudamiento y dficit, bajos niveles en los precios del petrleo, hacan imposible postergar ms la decisin de un cambio de modelo. Es muy interesante ver con algn detalle el diseo del programa de ajuste planeado por Prez. Dadas las caractersticas de su liderazgo y su posicin dentro del partido ya sealadas, Prez construy un equipo de gobierno convocando a figuras independientes, no a las del partido, expresivos de propuestas modernizadoras, en principio ms atractivas para una ciudadana que ya empezaba a mostrar signos de cansancio frente a las opciones tradicionales; es bajo esquema que Prez apost por recomponer el partido bajo su liderazgo. Este tipo de apuesta no es extraa: el caso de Salinas de Gortari en Mxico a partir de 1988 y su poltica de modernizacin y de relativo distanciamiento frente a los dinosaurios del PRI es el primero que me viene a la mente. A quienes reprochan esta actitud en Prez habra que recordar que el liderazgo tradicional de AD estaba ya desprestigiado, y se asuma la necesidad de renovar liderazgos polticos. Hay que recordar que precisamente en 1989 se realizaran elecciones de gobernadores y alcaldes, expresin de esa necesidad de renovacin del sistema. En otras palabras, la apuesta de Prez no resulta, a mi juicio, descabellada de antemano. De otro lado, se busc disear un plan atendiendo a todas las recomendaciones tcnicas y razonables que proporcionaba el sentido comn existente hasta el momento. As, para enfrentar el tema del dficit en balanza de pagos y fiscal se disearon polticas de pequeas devaluaciones y recortes de gastos moderados. Y las medidas se planearon con cierta reserva, sin ser comunicadas a la ciudadana, en parte para evitar movimientos especulativos y para evitar la movilizacin de sectores opositores. En esto e segua un

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    libreto que ya haba sido probado con eficacia en casos como el de Bolivia con Paz Estensoro. Sin embargo, apenas das despus de la toma del poder de Prez, y antes de la aplicacin propiamente dicha de las medidas de ajuste, el aumento en los precios de transporte pblico y otros bienes muy sentidos por la poblacin, en un contexto en el que las polticas que diseaba el nuevo gobierno parecan una traicin a las promesas electorales, en un pas adems no acostumbrado a polticas de ajuste (a diferencia del Per, que vena experimentando ajustes sin xito desde mediados de los aos setenta), gener una violenta ola de protestas y descontento inditas en la historia de Venezuela: la expresin ms dramtica de ello fue el Caracazo el 27 de febrero de 1989, que revelaron de pronto el grado de desconexin de las estructuras partidarias respecto a amplios segmentos sociales40. Es muy interesante el anlisis del programa de ajuste de 1989 y la reaccin popular en contra, en el contexto de una situacin econmica que requera de un ajuste, pero para el que la poblacin no estaba en absoluto preparada. Queda pendiente la pregunta de si es que las cosas podran haber sido de otro modo, y cmo haber evitado lo que efectivamente ocurri. El Caracazo cambiara la percepcin de las polticas de ajuste: desde entonces se hara evidente que se necesita no slo un bueno manejo tcnico, tambin un manejo poltico hbil que permitiera enfrentar las protestas, y hacer viables las reformas41. A pesar de todo, el programa de ajuste se aplic y, poco a poco, empez a rendir algunos frutos. Si observamos indicadores como la inflacin y la tasa de crecimiento, vemos que despus de la gran cada de 1989, la inflacin cay entre 1990 y 1992, y el PBI creci entre 1990 y 1992. Pienso que sera un error pensar que el Caracazo fue el smbolo de una irremediable ruptura entre la sociedad y los partidos. Ciertamente a estas alturas estamos ya en un juego muy en el lmite, pero tampoco perdido de antemano. Tambin en Bolivia la NEP gener enormes protestas y represin (estado de sitio incluido), pero posteriormente los frutos de la estabilizacin relegitimaron el rgimen. Por qu ello no ocurri en Venezuela? Creo que en el caso de Venezuela los conflictos interpartidarios e intrapartidarios son la clave para entender la cada de Carlos Andrs Prez, no tanto el desempeo de la economa, una vez ms, aunque no pueda negarse que existiera un enorme descontento social; pero ste tiene efectos polticos devastadores por la intervencin de los conflictos aludidos. A pesar de que en febrero y noviembre de 1992 se produjeron intentos de golpe de Estado que, si bien fueron controlados, generaron una ola de simpatas entre los sectores populares, creo que esas olas pudieron extenderse y prosperar

    40 Sobre el punto ver Lpez Maya, 2000, entre otros. 41 Es la bsqueda de los elusivos tecnopolticos, la combinacin de criterios tcnicos y habilidades polticas. Ver Williamson, 1994. No hay casos de tecnopolticos exitosos: casos en su momento celebrados, como los de Pedro Aspe en Mxico, Domingo Cavallo en Argentina, terminaron, a la larga, enormemente desprestigiados.

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    por las actitudes que asumieron lderes polticos claves dentro de AD y en la oposicin. El espacio creciente que conseguiran fue en gran medida otorgado por los partidos y sus caudillos, y actitudes oportunistas. Producido el intento de golpe, conspicuos miembros de la clase poltica, lejos de condenar a los golpistas y defender el orden constitucional, declararon simpatas por los insurrectos, entre ellos el ex presidente copeyano Rafael Caldera42, debilitando an ms al sistema partidario, exacerbando expectativas poco realistas en la ciudadana, y la expectativa de un liderazgo redentor que terminara con el viejo orden y permitiera la prosperidad del pas43.

    Caldera no estuvo solo en su crtica al stablishment; su actitud tambin estuvo respaldada por grupos polticos ms naturalmente, por razones ideolgicas, enfrentados a ste, como la Causa Radical. Sin embargo, no slo Caldera se mont sobre ese sentimiento crtico de la ciudadana; ms grave an que eso, AD marc distancias frente al gobierno de Prez, en vez de defenderlo. Ya vimos cmo Prez intent construir una coalicin de gobierno marcando a su vez distancia frente al partido, buscando ganar la hegemona al interior de ste sobre la base de apelaciones al ciudadano promedio, ajeno a las estructuras tradicionales. AD respondi distancindose del presidente. Por ejemplo, la adeca CTV realiz en mayo de 1989 un inslito paro de protesta en contra del programa de ajuste del gobierno. Ms adelante, terminaran permitiendo su cada y la constitucin de un gobierno provisional bajo la presidencia de Ramn Velsquez. No creo que pueda decirse que la actitud de AD se basara en un programa alternativo claro, sino ms bien en un oportunismo poltico que privilegi las ganancias de corto plazo, en la que el control de AD resultaba una arena de conflicto fundamental. As, en mayo de 1993, faltando apenas meses para que termine su mandato, invocndose razones harto cuestionables, Carlos Andrs Prez fue destituido por el congreso.

    La cada de Prez no puede entenderse al margen de la actitud de AD; es muy interesante contrastar esta experiencia con otros casos, reveladores de las diferentes maneras de funcionar los partidos en los tres pases que estamos estudiando. En el Per, existieron por supuesto grandes conflictos durante los aos ochenta en las relaciones entre partido de gobierno y gobierno. Durante el segundo gobierno de Fernando Belande encontramos los conflictos entre el premier Manuel Ulloa y el Secretario General y congresista Javier Alva Orlandini; durante el gobierno de Garca, el conflicto entre ste y sus amigos en el ejecutivo, frente al Secretario General, Luis Alva Castro. Con todo, esos conflictos nunca llegaron a producir escisiones

    42 Por el contrario el ex candidato Eduardo Fernndez, de manera ms consecuente, apoy al presidente constitucional. La actitud de Caldera se entiende porque ste no podra lograr la nominacin como candidato presidencial dentro del COPEI, necesitando hacerse de un espacio por fuera del partido. Sobre la crisis del COPEI ver Levine, 2000. 43 Sobre el imaginario redentor que terminara encarnando el chavismo ver Arenas y Gmez, 2000.

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    mayores y tampoco llegaron a producir una ruptura entre el partido y el presidente. Creo que, en el caso peruano, el carcter caudillista y personalizado de los partidos impidi ese desenlace. En el Per los partidos giran en torno a lderes incuestionados, jefes mximos en los que ningn otro dirigente es capaz de competir con ellos: Fernando Belande en el caso de AP, Luis Bedoya en el PPC, Alan Garca en el APRA desde 1984; cuando no se da ese esquema, se producen precisamente divisiones, como ocurri con la Izquierda Unida, en donde el liderazgo de Alfonso Barrantes fue siempre cuestionado. En Venezuela los partidos tambin son caudillistas, pero no giran en torno a un solo jefe mximo indiscutido; por ello, las luchas entre fracciones resultan centrales. Es interesante registrar que en Venezuela la norma constitucional implica la posibilidad de la reeleccin pasados dos periodos presidenciales, lo que en permite en teora que en cada partido estn en disputa dos o tres grandes lderes disputndose el control; en el caso peruano, la norma establece que hay reeleccin pasando un periodo, mecanismo que permite que siempre sea un mismo caudillo principal el que est tentando la presidencia, despus de que otro menor fracase en el intento. Colombia es otro extremo, que paradjicamente le permite mayor estabilidad; no me parece casual que la Constitucin prohba de plano cualquier posibilidad de reeleccin, mecanismo ms sano que el de los otros dos casos. En este pas los partidos aparecen extremadamente fragmentados, en donde no hay liderazgos eternos incuestionados; s grandes caudillos y familias de intereses, pero dado que no existe la posibilidad de reeleccin, los partidos estn sometidos a una dinmica de recambio constante. La fragmentacin extrema asume formas unitarias partidistas liberales o conservadoras en momentos clave, como la eleccin presidencial. Ciertamente la historia de los partidos y sus tradiciones cuentan. As, a diferencia de AD que abandon a Prez en 1993 y lo dej caer para no contaminarse por su descrdito, en Colombia por el contrario, como veremos, en 1996 el presidente Samper fue defendido por el partido liberal de gravsimas acusaciones por el uso de fondos del narcotrfico en su campaa. Lo que est detrs de esta diferencia es la manera en que se estructuran los partidos en cada caso, y esa diferencia me parece crucial para entender los desenlaces divergentes44.

    Cado Prez en 1993, se estableci un gobierno de transicin hasta las elecciones presidenciales de finales de ese ao. Las elecciones de 1993 marcan un paso ms, dado por las propias lites de los partidos, hacia su debilitamiento. AD acentu sus luchas fraccionales; del lado del COPEI, las cosas no seran mejores. En 1988, Eduardo Fernndez no haba tenido un desempeo malo; de hecho, Prez gan por muy estrecho margen. Sin embargo, las posibilidades del COPEI para capitalizar los problemas de AD, 44 Podra decirse que cuando hay monopolio en cuanto al liderazgo, hay cierta estabilidad; tambin cuando hay libre competencia entre fracciones; la peor combinacin parece ser un oligopolio, un nmero reducido de lderes enfrentados entre s.

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    dndose una alternancia normal como haba pasado tradicionalmente en Venezuela, se hundieron por la actitud asumida por uno de sus caudillos y fundadores, Rafael Caldera, quien sorprendentemente, al no poder ganar la nominacin presidencial dentro de COPEI, form un nuevo movimiento independiente, Convergencia Nacional45, asumi un discurso antipartido y fuertemente populista, en oposicin al discurso y las propuestas neoliberales que seran responsables de la mala situacin46, y que encarnaran tanto El gobierno de AD con Prez como a su rival del COPEI, Eduardo Fernndez. Sobre la base de un discurso que invocaba el rechazo a las polticas de ajuste y orientadas al mercado, Caldera gan las elecciones en 1993; en segundo lugar, muy cerca, qued otro candidato con un discurso de izquierda, que enfatiz la crtica al orden bipartidista tradicional: Andrs Velsquez de Causa