Historia de la nación y del nacionalismo español- Antonio ... Historia... · Historia de la...

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  • Historia de la nacin y del nacionalismo espaol- Antonio Morales Moya, Juan Pablo Fusi, Andrs de Blas Guerrero

    Hoyesarte.com

    http://www.hoyesarte.com/literatura/existe-espana-como-nacion_137173/

    http://www.hoyesarte.com/literatura/existe-espana-como-nacion_137173/

  • Historia de la naciny del nacionalismo espaol

    *

    CLASES AL AIRE LIBRE EN EL INSTITUTO-ESCUELA DE LA INSTITUCIN LIBRE DE ENSEANZA QUE ENCARNA, SEGN LOS AUTORES, EL NACIONALISMO LIBERAL ESPAOL (MADRID, 1938)

    ANTONIO MORALES MOYAJUAN PABLO FUSIANDR~S DE BLAS GUERREROGalaxia Gutenberg, 2013.1.536 p~iflas. 39 euros

    l,a scmana pasada se present alpblico un libro que est lla-mado a convertirse en una re-ferencia inexcusable para quientrate de profundizar en el can-dente tema del nacionalismoespaol. No se trata, desde lue-go, de un libro que pueda ser le-do de un tirn sino de una obracomplcja, desde su misma orga-nizacin. Tambin por su vo-luntad de llegar a las facetas msvariadas en su reflexin sobrc losnacionalismos y, muy especial-mente, por su afn de caracte-rizar la existencia, o no, de una

    nacin cspaola, que algunoshan querido ver como un arti-ficio creado a comienzos del si-glo XIX, en apoyo de la revo-lucin liberal.

    El libro cuenta con seisgrandes apartados en los quc seestudia la gnesis de la nacinespaola y los diversosplanTeamicnTos dcl na-cionalismo espaol en elsiglo XIX, ambos coordi-nados por Antonio Mora-les Moya. El nacionalis-mo del siglo XX toma comofecha divisoria la de 1936. El pc-riodo inicial lo coordina Andrsde Blas, mientras que Juan Pa-blo Fusi se ha hecho cargo de losestudios que van hasta 1978, elao de la constitucin aun vi-gente. Hay, por ltimo, un apar-

    tado dedicado a la visin quc losnacionalismos perifricos Tienendel nacionalismo espaol, y otroa la perspectiva desde los pasesde nuestro entorno.

    El volumen es el resultadode un proyecto que se ha veni-do desarrollando en la Funda-

    cacin. Un conjunto de vocesque no siempre suenan igualaunque, como seala el prolo-guista, cl resultado sea una "po-lifona armnica" enriquecidapor matices muy variados.

    El libro parte del reconoci-miento de una extendida opi-

    Es en tiempos de la Ilustracin del siglo XVIII, cuando aparecemaduro un concepto de nacin, entendida como "comunidad cul-tural y moral". En esos aos se despliega un discurso patritico

    cin Orrega-Maran durantems dc sictc aos bajo la inspi-racin, sobre todo, del profesorMorales Moya a quien se debe,en gran medida, la organizacindel libro y la seleccin del casimedio centenar de colaborado-res quc participan cn la publi-

    nin que parece coincidir en elrcchazo del concepto dc nacinespaola o, cuando menos, en lareduccin de su importancia ysu densidad histrica. Se Trata deuna opinin que, a poco que seprofundice en ella, parece de-rivar de una aprcsurada idcnti-

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  • ficacin de la idea de Espaacon el pcriodo de la dictadura

    franquista. De ah la resisten-~cia de algunos a utilizar la pala-~nta Espaa, que quieren susti-tuir con el inefable concepto de7Estado espaol.

    En el terreno de los historia-dores las posturas se han dividi-"-do entre los llamados "moder-hlstas", que rmniten el-nacimiento de la nacin espa-ola a los aos de la guerra de"!+la Independencia y de fomaula-gin del proyecto liberal de es-xado y, de otra parte, los pe-imnnialistas", que encuentran

    ~as races de la nacin espaola:n pocas mucho ms tempra-,nas, como puede ser el largo pe-rindo de la Reconquista.

    Se podra decir que el vo-lumen que nos ocupa est de-cididamente al margen de losplanteamientos modernistas,aunque rchuye tambin un pe-rennialismo radical, que algunosrildaran de esencialismo, cuan-do no de puro patrioterismotrasnochado. El libro se abre conlos estudios que rastrean la con-ciencia nacional desde supucs-tos orgenes mitolgicos (lva-rez Junco), pasando por la ideade Espaa cn tiempos medie-vales o en los siglos de la Mo-narqua hispnica, en manos deespecialistas de csos periodos.

    Ser, sin embargo, en tiem-pos de la Ilustracin del sigloXV]II, cuando aparezca madu-ro un concepto de nacin, en-tendida como comt nidad cul-tural y moral". En esos aos sedespliega un verdadero discur-so patritico en cuya elaboracinfiguran hombtes como Forncr yCadalso. Tal vez ese patriotismode los ilustrados no sea sufi-ciente para hablar de un nacio-nalismo espaol en el XVIIIpero, como dera Pierre Vilar,Espaa estuvo muy cerca del

    DESAVENIDOSA no pocos paisanos vascosmios la palabra Espaa lesquema en la boca. Prefierendecir el Estado. Recuerdo,cuando treouentaba las tiendasde discos de mi ciudad natal,que no faltaba en ninSuna deellas ona seccin dedicada ala msica estatal. En el fondo,el Estado es Madrid, el Gobier-no, el rojo y el amarillo, el torode Osborne. Esas cosas. Por-que luego les mencionas elpueblo asturiano o el puebloandaluz y, coo, parece quedecae el rechazo. Al dia si-guiente nos topamos con unbuscador de constantes hist-ricas y de asencias de la patria,el cual nos sueltasu varsin deEspaa: una de las nacionesms antiguas, los triunfos de laRoja, la religin y la monarqua,el turrn y la Alhambra. A uno,modestamente, se le figuraque a esta entuPPuada naoinde naciones, atestada de ban-deras diversas, le convendriaun buen fregado educativo.FERNANDO ARAMBURU

    Estado Nacin en ese siglo.Mucho ms claro estara csc

    nacionalismo en la propuesta delos liberales de la primera mitaddel siglo XIX, herederos deaquel patriotismo ilustrado y, enun plano ms prximo, de losmismos afrancesados que hicie-ron de puente entre los plantea-mientos revolucionarios de ori-gen francs y la constmccin delEstado liberal moderado de laprimera mitad del siglo X1X es-paol. Existira, por lo tanto, unverdadero nacionalismo liberalespaol que se manifestara pu-jante en todo aquel siglo y se en-caro~, de una forma especial enlos hombres que estuvieron cer-canos al proyecto de la lnstitu-

    cin Libre de Enseanza. Ellosaportaran a ese proyecto el fir-me convencimiento en la dig-nidad de todos los individuos,un profundo scntido tico enel manejo de los caudales p-blicos y un verdadero patriotis-mo crtico, transido de amor aEspaa y empeado, como di-jera Cacho Viu, en dotar al pasde una vcrdadcra moral sociala travs de empresas pedag-gicas de gran alcance.

    l+os verdaderos herederos deese patriotismo espaol, seranlos hombres de la generacin de1914, inspirados por Ortcga yGasset, verdadero lder interge-neracional en la Espaa del pri-mer tercio del siglo XX. El de-tallado conocimiento de Espaade los hombres del 98 -bien pa-tente en Azorn- se pondra asal servicio, como ha dicho ~a-rela Ortega, de un verdadero pa-triotismo univcrsalista quc con-trastaba con las propuestas denacionalismo estrecho, que apa-rccan como alternativas. Enesta polidrica visin del nacio-nalismo espaol que el libro nosoftecc, tiene tambin un intersespecial la perspectiva perif-rica desde los territorios en losquc fue ms o menos viva unaconciencia nacional alternati-va. A propsito de esa situacin,ngel Duartc nos babla de unnacionalismo cataln relativa-

    vacin cubana a partir de 1869.El libro dedica, finalmente,

    una serie de estudios a la pro-yeccin exterior del nacionalis-mo espaol, con una atencinmuy especial a la proyeccin deste en los pases de la Amri-ca espaola y a la proycccin, enesa parte del mundo, del exiliorepublicano de 1939 (Mainer).

    La pmycccin sobte las tic-rras americanas sera muy an-terior al exilio provocado por laguerra civil y alcanzara tambina los pases de Amrica del Nor-te, como demostrara la presen-cia de Fcderico de Ons en launiversidad de ColumNa a par-tir de 1916. All se recuperara lanocin de las "Espaas" y ma-durara un ambiente cultural delque participaran Am~rico Cas-tro, Pedro Salinas o Jorgc Gui-lln, aparte de brindar la ocasinpava algunas de las mejores p-ginas poticas dc Garca Lorca.

    No deja de resultar un pe-queo guio historiogrfico queuna visin tan complcta del na-cionalismo espaol se haya edi-tado en Barcelona, evocandoquizs los viejos tiempos en qucla ciudad catalana era indiscu-tida capital de Espaa. Se tra-ta, adems, de una cdicin pri-morosa por el cuidado de lostextos y por el enorme esfuer-zo que suponcn las ms de ttes-cientas pginas de aparato cr-

    Un verdadero nacionalismo liberal espaol se manifestara pu-jante en todo el siglo XlX y se encarn, de manera especial,en los hombres cercanos a la Institucin Libre de Enseanza

    mente tardo, mientras que hasubrayado la importancia, en esaparte de Espaa, de un autn-tico patriotismo provincial queles llevara sumarse a empresasde verdadero carcter nacionalcomo la guerra de frica, en

    1860, o la lucha contra la suble-

    tico que forman parte delvolumen.

    En definitiva, una verdade-ra joya bibliogrfica e historio-grfica quc, adems, aparece enun momento en el que el de-bate sobre el nacionalismo estan vivo. OCTAVIO RUIZ-MANJN

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  • Lo ms probable es que los tres envueltos lleguen al acuerdo

    de caballeros de no espiarse mutuamente

    QUE los norteamericanos hayan escu-chado las conversaciones de mandata-rios europeos es tan embarazoso para Obama como para Merkel y Hollande,

    que han pedido explicaciones. Seguro que se las dan. Que sean convincentes ya es otra cosa, pues los norteamericanos alegan que necesitan co-nocer cuanto ocurre en el mundo por su seguri-dad y por la de sus aliados.

    Que los servicios de inteligencia USA mantie-nen un sistema de escucha global es de sobra co-nocido. Se estableci bajo Bush, para saber si Saddam Hussein tena armas de destruccin ma-siva. Le dijeron que s, fallando estrepitosamen-te, pues precipit la invasin de aquel pas, que ahora dejan detrs envuelto a una sangrienta guerra civil. El sistema, sin embargo, se mantu-vo e incluso ampli, primero a todos los enemi-gos. Luego, a los semiamigos, como Brasil y M-jico, con escuchas a sus presidentes. Por ltimo, como vemos, a los amigos ms ntimos. Aunque era de suponer, pues estas cosas, una vez que em-piezan, ya no hay forma de pararlas. Acaso el Cesid espaol no capt las conversaciones del Rey en los aos de plomo de ETA? La excusa es siempre la misma: para combatir el terrorismo hay que utilizar todas las armas, incluidas las ile-gales. Algo que la gente comprende cuando se trata de evitar los atentados, como acepta los mo-lestos controles antes de subirse a un avin. Lo malo es que la cosa no se queda ah y, paso a paso, se termina espiando al jefe de gobierno de un pas aliado, que nada tiene que ver con Al Qaeda.

    La sospecha de que se haba traspasado esa lnea roja surgi cuando los documentos filtra-dos por Edward Snowden revelaron que en la Cumbre de los 20 en Londres de 2009, se haban intervenido conversaciones privadas entre los asistentes. Eso ya no era espionaje de seguri-dad, sino comercial y poltico. Se dej pasar, sin embargo. Pero ahora se trata de aliados tan im-portantes como Francia y Alemania, que aun-que slo sea por el qu dirn, exigen excusas. Y, repito, van a drselas, como van a ser acepta-das, pues la colaboracin entre los servicios de inteligencia es esencial para la seguridad de los pases, y los norteamericanos tienen los ms amplios y efectivos sistemas de escuchas del mundo, lo que significa que sus colegas france-ses y alemanes tendrn que acudir a ellos para comprobar si tal individuo es peligroso, si tal asociacin requiere vigilancia o si tal sospecha es fundada.

    Quiero decir con ello que pese al revuelo ar-mado, la sangre no llegar al ro. Ni a la piel si-quiera. Lo ms probable es que los tres envuel-tos lleguen al acuerdo de caballeros de no es-piarse mutuamente. Sabiendo que en el espionaje no hay caballeros. Mientras en Mosc, Snowden prepara su prxima bomba ftida para vengar-se de no poder salir de aquel invierno e incluso puede que algn dignatario de esta parte se sien-ta discriminado al no verse entre los espiados.

    JOS MARA CARRASCAL

    ESPIAR A LOS AMIGOS

    La nacin es un producto de la historia, pero tambin de

    la rebelin contra el determinismo histrico

    LO fascinante del libro que probablemente constituya el acontecimiento editorial de la temporada, Historia de la nacin y del na-cionalismo espaol (Galaxia Gutenberg) es

    su carcter sinfnico. Casi medio centenar de espe-cialistas historiadores, gegrafos, fillogos, musi-clogos, coordinados por los profesores Antonio Morales Moya, Juan Pablo Fusi y Andrs de Blas, abordan a lo largo de 1.500 pginas la formacin histrica de la nacin espaola y los distintos dis-cursos sobre Espaa desde la Edad Media hasta nuestros das. La mayor virtud de esta compilacin reside en su pluralismo. Prcticamente estn repre-sentados en l todas las tendencias y enfoques pre-sentes en el mbito acadmico durante el ltimo medio siglo. Al contrario que en la mayor parte de las obras de autora colectiva, no se ha buscado una homogeneidad ideolgica, de modo que el lector se ve obligado a asentir y discrepar, a oscilar entre la aprobacin y la indignacin, segn sus gustos y con-vicciones. Porque esto es lo que hay ms all del acuerdo bsico sobre la existencia de una nacin comn: diferencias de intereses en los ciudadanos y divergencias en las interpretaciones y valoracio-nes de los hechos a travs de los cuales se ha ido construyendo aqulla.

    Como afirman sus autores, este libro es el resul-tado de una investigacin mltiple que comenz antes de que el nacionalismo cataln plantease su

    actual desafo independentista, pero es innegable que responde a una crisis de la idea de la nacin es-paola que arranca de muy atrs, y que a lo largo del pasado siglo se manifest en sucesivas contro-versias: las que Ortega mantuvo con los nacionalis-mos populistas del fin de siglo, la de Menndez Pi-dal con Bosch Gimpera, la de Amrico Castro con Claudio Snchez-Albornoz, etctera. Aunque aca-so sus races lejanas se hallen en el XIX, y en la pri-mera polmica interna de la generacin de 1898, la que mantuvieron en el verano de ese ao Unamu-no y Ganivet.

    La nacin como comunidad poltica es un pro-ducto de la historia, pero tambin de una rebelin contra los determinismos histricos. Menndez Pi-dal advirti, con spera lucidez, que no hay nacin sin tradicin, pero tampoco sin insurgencia contra la tradicin. Lo que hay que procurar es que ambas, tradicin y revolucin, sean razonables, algo ver-daderamente difcil cuando el sentimiento de es-paolidad solamente parece aflorar, como se indi-ca en este libro, en momentos aparentemente ba-nales (aunque la banalidad, al contrario de lo que pensaba Unamuno, sea preferible en todo caso a la guerra civil). El mayor problema que arrastra esta vieja nacin que llamamos Espaa desde su origen mismo en la Edad Media es su incapacidad para in-tegrar las diferencias, su resistencia al reconoci-miento del Otro como conciudadano. Es cierto que, en determinados momentos de su historia, los es-paoles han mostrado una voluntad mayoritaria de entenderse, pero pasa el tiempo y aparecen nue-vas generaciones que no conocieron a Moiss.

    Por eso, a mi juicio, es importante esta Historia de la nacin y del nacionalismo espaol (quizs el ttulo habra debido precisar que se trata de la na-cin espaola): porque ofrece una exgesis plural y pluralista del hecho nacional y del nacionalismo realizada por gentes que tienen en comn su per-tenencia a una de las contadas generaciones espa-olas que crey que la nacin debe perpetuarse so-bre el dilogo entre las alteridades y no sobre la ex-clusin de los discrepantes. En una poca de devaluacin del saber histrico, constituye una ex-celente contribucin desde los medios acadmicos al conocimiento de nuestros demonios familiares.

    PROVERBIOS MORALES

    JON JUARISTI

    EXGESIS

    PUEBLAPOSTALES

    16 OPININ DOMINGO, 27 DE OCTUBRE DE 2013 ABC

    abc.es/opinion

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    27/10/2013OPINION16

  • Historia de la nacin y del nacionalismo espaol- Juan Pablo Fusi, Antonio Morales Moya, Andrs de Blas Guerrero

    Lacomarcadepuertollano.com

    http://www.lacomarcadepuertollano.com/diario/noticia/2013_10_29/32

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  • Historia de la nacin y del nacionalismo espaol- Antonio Morales Moya, Juan Pablo Fusi Aizpura, Andrs de Blas Guerrero

    Patrimonioactual.com

    http://patrimonioactual.com/page/ya-esta-en-las-librerias-historia-de-la-nacion-y-del-nacionalismo-espanol-de-la-editorial-galaxia-gutenberg/

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  • MANUEL DE LA FUENTE

    MADRID

    No es un libro poltico, ni dependiente de la ac-tualidad poltica, afir-man sus autores, pero desde luego va a tener una significativa tras-

    cendencia en la actual situacin social y poltica del pas. Por qu? Porque en estos tiempos en los que desde al-gunos montaraces sectores se quie-re trocear y desmantelar Espa-a este libro quiere responder a preguntas que le vienen al hilo a esta tensin entre algu-nas zonas perifricas del Es-tado y el resto del pas: Exis-te Espaa no slo como Es-tado sino como Nacin? Desde cundo?

    El libro es Historia de la nacin y del nacionalismo espaol (Galaxia Guten-berg/Fundacin Ortega-Ma-ran), financiado por la Co-munidad de Madrid, que se-gn sus responsables trata sobre el drama de la for-macin de Espaa y los es-paoles, una construccin histrica con cimas y depre-

    Queremos devolver los trminos patria y nacin espaola a su uso normal Se publica Historia de la nacin y del

    nacionalismo espaol, un vasto trabajo sobre nuestra identidad nacional

    La promulgacin de la Constitucin de 1812, obra de Salvador Viniegra MUSEO DE LAS CORTES DE CDIZ

    siones y que llega hasta nuestro tiem-po, a la Espaa actual cuyas luces la eficaz transicin a la democracia no pueden ocultar las sombras: una grave

    crisis de la conciencia de la identidad espaola y un estado de las autono-mas no consolidado.

    El libro est articulado en seis gran-des captulos: La gnesis de la na-cin; La Espaa del siglo XIX; La Espaa del siglo XX. 1898-1936; La Espaa del siglo XX. 1936-1978; Es-paa desde su periferia; y Espaa desde el exterior.

    Han participado, adems de los di-rectores Antonio Morales Moya, Juan Pablo Fusi y Andrs de Blas, cuaren-ta y ocho autores con sesenta y cinco artculos. Entre otros, Jos lvarez Junco, Ricardo Garca Crcel, Manuel Lucena Giraldo, ngel Duarte, Javier Moreno Luzn, Santos Juli, Elena San Romn, Fernando Garca de Cortzar, Jos-Carlos Mainer, Jos Varela Orte-ga...

    Como explica Antonio Morales Moya, catedrtico e Historia Contem-pornea, existen muchos libros so-bre los nacionalismos perifricos, pero no sobre el nacionalismo espaol y

    ese es el vaco, el dficit historio-grfico que queramos llenar. Dejemos que Andrs de Blas, catedrtico de Ciencia Poltica, y Morales Moya, nos ofrezcan

    las claves de este trabajo

    1La Nacin Espa-ola est abierta al reconocimiento en su seno de naciona-lidades y regiones. Creemos, desde la idea del pluralismo y la idea de tole-rancia, que es la valoracin de lo di-ferente, que es po-sible una Espaa que alberga diver-sos hechos nacio-nales. Valoramos lo

    especfico de las cul-

    Juan Pablo Fusi, Andrs de Blas y Antonio Morales, directores del proyecto

    BELN DAZ

    52 CULTURA VIERNES, 18 DE OCTUBRE DE 2013 ABC

    abc.es/cultura

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  • turas espaolas como elemento inte-grador.

    2Espaa es una comunidad pol-tica articulada sobre la idea de una comunidad histrica hilvanada por una idea de solidaridad. Espaa es un precipitado de la Historia generado por la idea secular del Estado, una na-cin nacida del espritu liberal demo-crtico.

    3La idea de Nacin Espaola ha estado secuestrada por la derecha ms extrema y nosotros defendemos la Nacin Espaola como una cons-truccin del liberalismo del siglo XIX. Queremos subrayar las races libera-les y democrticas de la Nacin Espa-ola

    4El Estado de las Autonomas es funcional para resolver la cues-tin nacional espaola y la pluralidad de los nacionalismos espaoles posi-bilita distintas configuraciones del sentimiento patritico.

    5Ms all del nacional-catolicis-mo y de Menndez Pelayo, el ca-tolicismo ha sido importante en el germen de la nacin espaola, es uno de los ejes del nacionalismo espaol. El catolicismo es un hecho funda-mental de la historia cultural espa-ola.

    6Espaa podra desaparecer como nacin, pero no puede desapare-cer la cultura espaola ni tampoco el sentido nacional.

    7En los programas de los partidos polticos no se dice Nacin Espao-la, ni se habla de patria ni de patriotis-mo, porque sufrimos an una situacin anmala heredada del franquismo. Que-remos devolver estos trminos como nacin y patria al uso comn y normal.

    8Los nacionalismos perifricos son modernos, y creo que el gra-do actual de tensin tan alta es una novedad, es indito. Siempre han exis-tido las tensiones, pero antes podan conllevarse.

    9La independencia de Catalua es muy difcil, pero no imposible. Se-ra mala para Espaa, pero mucho peor para Catalua.

    10Nuestros principales nexos comunes como nacin son la historia, la cultura y la economa, con-cretamente el nacionalismo econmi-co espaol, puesto en marcha por C-novas del Castillo.

    M. DE LA F.

    MADRID

    El libro, que tiene ms de mil quinien-tas pginas, est compuesto por seis grandes, rigurosos y exhaustivos ca-ptulos de los que se da cuenta a con-tinuacin:

    El primero es La gnesis de la na-cin, desde sus orgenes mi-tolgicos hasta el siglo XVII, pasando por supuesto por los largos siglos de la Edad Media y tambin el Siglo de Oro y la Espaa impe-rial. El segundo se denomi-na La Espaa del siglo XIX y est centrado en la gnesis y el desarrollo del liberalismo a lo largo del siglo XIX. En l, no faltan artculos dedicados a Prez Galds y sus Episodios Na-cionales y dos apartados realmen-te originales, uno dedicado a las re-presentaciones artsticas sobre la Na-cin Espaola y sus lugares de memoria, y otro que versa sobre la bsqueda de una identidad nacional musical a lo largo del siglo XIX.

    El tercero y el cuarto son La Es-paa del siglo XX. 1898-1936 y La Espaa del siglo XX. 1936-1978, que arrancan en la crisis del 98, abordan el regeneracionismo y hacen hinca-pi en la obra y el pensamiento de in-telectuales y escritores como Ortega y Gasset, Ramiro de Maeztu, Manuel Azaa, Azorn y Po Baroja, para pos-

    teriormente encarar ya los aos del rgimen de Franco y su

    peculiar idea de la cuestin nacional y, seguidamente, la poca de la Transicin democrtica y los aspec-

    tos de la cuestin nacional hoy en da.

    El apartado cinco est dedicado a la visin de Es-

    paa desde sus regiones nacionalis-tas perifricas: Galicia, Catalua y Pas Vasco; y, finalmente llegamos al captulo sexto, llamado Espaa des-de el exterior, que habla sobre la vi-sin de nuestro pas que se tiene fue-ra de nuestras fronteras, con una mencin especialsima al hispanis-mo y la opinin de los hispanistas so-bre Espaa.

    Desde el origen mitolgico hasta la visin de los hispanistas

    MIL QUINIENTAS PGINAS DE HISTORIA

    Videoanlisis sobre el contenido del libro

    ORTEGA Y GASSET

    Ante todo recordarles que esta cantidad

    que les han ofrecido es la mxima y,

    como podrn comprobar, en ningn caso

    les han dicho lo mnimo que les pueden

    -

    bitraje el afectado podra recibir en algunos casos

    una sorpresa en forma de una resolucin ms baja.

    estar de acuerdo no podr reclamar.

    En Arriaga Asociados consideramos en arbitra-

    je puede ser una mala solucin para el afectado y

    buena para Bankia, porque es esta la que ha puesto

    las normas para el mismo: qu tipo de afectados,

    el dinero a los menos afectados posibles y le menor

    cantidad posible.

    En Arriaga Asociados buscamos en las re-

    clamaciones contra Bankia, la nulidad o anula-

    cin del contrato de compra o de depsito o adminis-

    preferentes. Y, de manera, subsidiaria, la accin de

    resolucin de contrato e indemnizacin de daos

    euros ms los intereses legales desde la fecha de

    suscripcin de los ttulos. La mayora de los casos

    han sido ganados, y un 95% de nuestros clien-

    tes no han tenido que pagarnos nada, porque

    la sentencia ha obligado a Bankia a hacerse cargo de

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    ABC VIERNES, 18 DE OCTUBRE DE 2013CULTURA 53abc.es/culturaO.J.D.:

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    18/10/2013CULTURA52,53

  • EL 17 de noviembre de 2004 el entonces presidente del gobierno, Jos Luis Rodr-guez Zapatero, al contes-

    tar una pregunta en el Senado dijo una de las frases que van a acom-paar siempre la memoria de su paso por La Moncloa. El portavoz del Grupo Popular, Po Garca Es-cudero, le pregunt ese da si con-sideraba superado el concepto de Nacin tal y como lo establece la Constitucin. Y el presidente, des-pus de afirmar que desde peque-o le asustan las afirmaciones ca-tegricas, afirm categricamen-te que la Nacin es un concepto discutido y discutible.

    Esa categrica afirmacin, en la-bios de un profesor o de un trata-dista de teora del Estado, podra aceptarse como la introduccin a una leccin magistral en la que de-sarrollara acadmicamente la his-toria de las ideas polticas con res-pecto al concepto de Nacin y en la que explicara la evolucin de ese concepto, que, por supuesto, no ha permanecido inmvil a lo largo de los siglos.

    Pero en labios del presidente del Gobierno de Espaa aquella afir-macin categrica fue, como mni-mo, una provocacin o, lo que es peor, una muestra de un relativis-mo impropio del que en ese momen-to era, precisamente, la cabeza del Poder Ejecutivo de la Nacin espa-ola.

    En sus labios son a lo mismo a lo que suena ahora, a que Zapa-tero no estaba seguro de lo que es la Nacin espaola. Y esa insegu-ridad y ese relativismo en boca del presidente del Gobierno eran y son de una gravedad extraordi-naria.

    Porque un investigador acad-mico de la evolucin del concepto de Nacin a lo largo de la Historia puede sealar que ese concepto no ha sido unvoco. Pero el presiden-te del Gobierno de Espaa tiene que tener meridianamente claro que precisamente es presidente por obra

    y gracia de la Constitucin espao-la de 1978, donde est definido de manera inequvoca que la Nacin espaola es el sujeto de la sobera-na, que reside en el pueblo espa-ol.

    Y si no lo tiene suficientemen-te claro puede ir a la Constitucin de Cdiz de 1812, que, para que no se despiste nadie y menos el pre-sidente del Gobierno, dice en su primer artculo, con una redaccin envidiable e inmejorable, que la Nacin espaola es la reunin de todos los espaoles y aade de ambos hemisferios, porque con-sideraba espaoles a todos los ha-bitantes de la Amrica Hispana y de Filipinas.

    Esa reunin de todos los espa-oles como ciudadanos libres e igua-les es una buena y ntida definicin de la Nacin. Claro que, a lo mejor, Zapatero, cuando expresaba sus du-das, estaba pensando en esos espa-oles que estn empeados en no serlo. Porque ese es el ncleo de al-gunos de los problemas que hoy tie-ne la vida poltica espaola: aquellos espaoles que no quieren serlo.

    Destacados represen-tantes de esos espaoles que se empean en no ser espaoles son algunos per-sonajes, ms o menos co-nocidos, que, de vez en cuan-do, salen en los medios de comu-nicacin despotricando contra Espaa, a la que llenan de los insul-tos ms tremendos que se les ocu-rren, o diciendo que les da asco ser espaoles.

    Probablemente no se dan cuen-ta de que ese no querer ser espaol es una de las caractersticas ms es-paolas que existen y que son como los blasfemos que, con su ira con-tra Dios, estn revelando su fe, por ms que sea una fe torturada.

    Cnovas, de cuyo patriotismo no cabe la menor duda, lleg a decir aquello de que espaol es el que no puede ser otra cosa, como res-puesta a los que ya entonces empe-

    zaban a expresar dudas acerca de su pertenencia a la Nacin ms an-tigua de Occidente y con una de las culturas ms brillantes que ha co-nocido la Historia de la Humani-dad.

    La frase de Zapatero, una de las primeras que pronunci en su man-dato, ha tenido un efecto benfico y es el de haber despertado en la co-munidad acadmica y en los parti-dos polticos un apasionado inte-rs por reflexionar sobre esa idea de Nacin en la que se fundamen-ta nuestra convivencia y sobre los orgenes y evolucin de esa idea que hoy constituye la base de nuestra Constitucin.

    Una magnfica muestra de ese inters por conocer mejor esa evo-lucin la tenemos en la Historia de la nacin y de los nacionalis-mos espaoles, que, con una cui-dada edicin de Galaxia Guten-berg, acaba de aparecer, dirigida por tres prestigiosos profesores, Antonio Morales Moya, Juan Pa-

    blo Fusi y Andrs de Blas, a los que hay que agradecer su tra-

    bajo y felicitarles sincera-mente por l.

    En ms de 1.500 apre-tadas pginas encierra las colaboraciones de otros 45 especialistas en el tema, lo que convierte a

    este libro en una obra de consulta imprescindible para

    todos los que quieran conocer la historia de ese concepto que pare-ce que a algunos les resulta difcil de entender.

    Todas estas colaboraciones, que estudian desde los orgenes mito-lgicos de Espaa hasta la visin de Espaa que tienen los hispanis-tas de nuestro tiempo, nos ayudan a conocernos mejor como espao-les y a comprender que los espao-les de hoy no hemos sido los prime-ros en preguntarnos por la esencia de Espaa, nuestra Patria.

    ESPERANZA AGUIRRE

    PRESIDENTA DEL PP DE MADRID

    UNA IMPRESCINDIBLE HISTORIA DE LA NACIN

    Y DEL NACIONALISMO

    ARTCULO DE ESPERANZA AGUIRRE

    Esa reunin de todos los espaoles como ciudadanos libres e iguales es una buena y ntida definicin de la Nacin. Claro que, a lo mejor, Zapatero, cuando expresaba sus dudas,

    estaba pensando en esos espaoles que estn empeados en no serlo

    Nacionalismo Ese es el ncleo de algunos de los

    problemas que hoy tiene

    la vida poltica espaola:

    aquellos espaoles que

    no quieren serlo

    CARBAJO&ROJO

    abc.es ABC LUNES, 21 DE OCTUBRE DE 2013

    ENFOQUE 5O.J.D.: E.G.M.: Tarifa: rea:

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    21/10/2013ENFOQUE5

  • 44 vida & artes EL PAS, viernes 18 de octubre de 2013

    cultura

    Que en este precisomomento sal-ga a la luz unaobra tituladaHisto-ria de la nacin y del nacionalismoespaol invita a pensar en oportu-nismo editorial o contraofensivapoltica. Y lo cierto es que ni unacosa ni otra aunque en la edito-rial Galaxia Gutenberg deben fro-tarse las manos viendo la oportu-nidad comercial (su director,Joan Tarrida, fue claro: Una edi-torial no tiene ideologa) y los in-dependentistas catalanes puedaninterpretarlo como una reaccina sus reivindicaciones.

    Lo cierto es que la obra arran-c a raz de un curso en laUniver-sidad InternacionalMenndezPe-layo hace seis aos, cuando el pre-sidente cataln era el socialistade origen andaluz JosMontilla yel movimiento independentistapermaneca dentro de susmrge-nes habituales sin desbordar ana zonas insospechadas de la socie-dad catalana. El origen de la ideaest en una laguna. Pensamosque haba un dficit de los estu-dios sobre la nacin espaolamientras es abundante la historio-grafa sobrenacionalismos perif-ricos. No es un libro poltico, est

    concebidodesde el rigor acadmi-co, explic uno de los promoto-res, el catedrtico emrito deHis-toria Contempornea de la Uni-versidad Carlos III AntonioMora-les, durante la presentacin en laFundacin Ortega-Maran, co-editora del volumen.

    En la obra (1.518 pginas), querealiza un recorrido cronolgicodel concepto de Espaa desde susorgenes mitolgicos hasta el si-glo XX, han participado 48 auto-res. Lamayora son historiadores(JuanPablo Fusi, Santos Juli, Jo-

    s lvarez Junco, Ricardo GarcaCrcel, FernandoGarca deCort-zar, Elena San Romn, AntonioLpez, Jos Varela Ortega o Ma-riano Esteban) pero tambinhay especialistas en filologa (InsFernndez-Ordez), geografa, li-teratura (Jos-CarlosMainer), de-recho, msica o economa (JosLuis Garca Delgado) ya que algu-nos captulos analizan la repre-sentacin de Espaa en la pintu-ra, la msica o en intelectualescomo Po Baroja, Ortega y Gasseto Blasco Ibez.

    Entremedio centenar de auto-res hay sensibilidades dispares,aunque Andrs de Blas, catedrti-co de Ciencia Poltica de la UNEDy uno de los tres coordinadoresdel libro, destac como hilo con-ductor la identificacin de todoscon una idea de nacin espaolabasada en la convivencia de sensi-bilidades nacionales distintas alamparodel pluralismo, la toleran-cia y la lealtad a la Constitucin.Elmodelo autonmico es una fr-mula poltica que, a juicio de DeBlas, tiene un largo recorridopor delante y resuelve felizmenteel problema nacional espaol.

    Comparten los autores tam-bin cierta reivindicacin de laidea de nacin surgida en el XIX,

    cuando los diputados consagranen la Constitucin de 1812 a lanacin como detentadora de lasoberana (aunque la popular, lademocracia, no se alcanza hasta1931). Los progresistas de enton-ces (liberales) enarbolaban la ban-dera sin reparo, aunque bien escierto que el contexto histrico

    una guerra contra Napolenfavoreca el patriotismo de unos yotros. Dos siglos despus, el con-cepto nacin espaola est conta-minado por la historia reciente.Se identifica el nacionalismo es-paol con una de sus formas his-tricas, la que se dio oficialmenteen el periodo franquista, advier-

    ten los coordinadores en el prlo-go. Su identificacin indebidacon el franquismo y su consi-guiente rechazo, pese a los aostranscurridos desde que conclu-y aquella etapa histrica, hastatal puntoque, en el lenguaje polti-co, el trmino Espaa se ha susti-tuido frecuentementepor el deEs-

    tado espaol, como si casi todaslas opciones ideolgicas hubiesenasumido la vieja tesis perifricade que Espaa no es una nacinsino un Estado, aaden.

    Andrs de Blas puso el ejem-plo de la defensa exterior de laMarca Espaa y la omisin de laspalabras nacin espaola. Es el

    sobrenombre de La Roja que seha popularizado para referirse ala seleccin espaola otro remil-go ideolgico? Podra ser, podraser. Es un ejemplo de ese naciona-lismobanal al que se refiere Anto-nio Morales, apunt De Blas. Ajuicio de Morales, el concepto denacinespaola implicaun senti-

    mientonacional que est amplia-mente extendido y que en ocasio-nes se expresamediante aspectosbanales que comparte la mayorade la sociedad. Algo que le lleva aconcluir: La nacin puede desa-parecer, pero la culturano. El his-toriador asegur que las tensio-nes actuales que se dan entre elEstado y Catalua alcanzan unaintensidad desconocida en el pa-sado. Es bastante inslito, ha ha-bido tensiones en otros periodospero el grado actual es una nove-dad, sostuvo Morales.

    Tanto el vaco historiogrficocomo el arrinconamiento del tr-mino son signos excepcionales,que achacan al secuestro de laidea durante el franquismo. Aun-que no solo a eso. Hay una situa-cin anmala en todo esto. Se em-plean estos trminos con cicate-ra, queremos devolver al uso co-mn los conceptos de nacin, in-dic Andrs de Blas. En su opi-nin, esa idea es ahora rehn desectores de la derecha y la extre-ma derecha. No puede estar liga-da a una visin, hay una plurali-dad de nacionalismos espaoles,no hay un solo sentimiento, de-fendi el historiador.

    Jos Varela Ortega, catedrti-co de Historia Contempornea,puso un colofn irnico: Para noexistir, es algo quehadadobastan-tes pginas.

    Espaa, ms que unaMedio centenar de autores de sensibilidades dispares analizan en un libro laevolucin del concepto de nacin desde su origen mitolgico hasta el siglo XX

    leo de la celebracin de la Constitucin de 1812. / museo histrico de cdiz

    Juan Pablo Fusi, Andrs deBlas, Antonio Morales, MaraCifuentes, Joan Tarrida y JosVarela Ortega. / samuel snchez

    TEREIXA CONSTENLAMadrid

    La obra pretendecubrir un vacohistoriogrficoen el nacionalismo

    Antonio Morales:La nacin puededesaparecer,pero la cultura, no

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    18/10/2013CULTURA44,45

  • EL PAS, viernes 18 de octubre de 2013 vida & artes 45

    cultura

    Que en este precisomomento sal-ga a la luz unaobra tituladaHisto-ria de la nacin y del nacionalismoespaol invita a pensar en oportu-nismo editorial o contraofensivapoltica. Y lo cierto es que ni unacosa ni otra aunque en la edito-rial Galaxia Gutenberg deben fro-tarse las manos viendo la oportu-nidad comercial (su director,Joan Tarrida, fue claro: Una edi-torial no tiene ideologa) y los in-dependentistas catalanes puedaninterpretarlo como una reaccina sus reivindicaciones.

    Lo cierto es que la obra arran-c a raz de un curso en laUniver-sidad InternacionalMenndezPe-layo hace seis aos, cuando el pre-sidente cataln era el socialistade origen andaluz JosMontilla yel movimiento independentistapermaneca dentro de susmrge-nes habituales sin desbordar ana zonas insospechadas de la socie-dad catalana. El origen de la ideaest en una laguna. Pensamosque haba un dficit de los estu-dios sobre la nacin espaolamientras es abundante la historio-grafa sobrenacionalismos perif-ricos. No es un libro poltico, est

    concebidodesde el rigor acadmi-co, explic uno de los promoto-res, el catedrtico emrito deHis-toria Contempornea de la Uni-versidad Carlos III AntonioMora-les, durante la presentacin en laFundacin Ortega-Maran, co-editora del volumen.

    En la obra (1.518 pginas), querealiza un recorrido cronolgicodel concepto de Espaa desde susorgenes mitolgicos hasta el si-glo XX, han participado 48 auto-res. Lamayora son historiadores(JuanPablo Fusi, Santos Juli, Jo-

    s lvarez Junco, Ricardo GarcaCrcel, FernandoGarca deCort-zar, Elena San Romn, AntonioLpez, Jos Varela Ortega o Ma-riano Esteban) pero tambinhay especialistas en filologa (InsFernndez-Ordez), geografa, li-teratura (Jos-CarlosMainer), de-recho, msica o economa (JosLuis Garca Delgado) ya que algu-nos captulos analizan la repre-sentacin de Espaa en la pintu-ra, la msica o en intelectualescomo Po Baroja, Ortega y Gasseto Blasco Ibez.

    Entremedio centenar de auto-res hay sensibilidades dispares,aunque Andrs de Blas, catedrti-co de Ciencia Poltica de la UNEDy uno de los tres coordinadoresdel libro, destac como hilo con-ductor la identificacin de todoscon una idea de nacin espaolabasada en la convivencia de sensi-bilidades nacionales distintas alamparodel pluralismo, la toleran-cia y la lealtad a la Constitucin.Elmodelo autonmico es una fr-mula poltica que, a juicio de DeBlas, tiene un largo recorridopor delante y resuelve felizmenteel problema nacional espaol.

    Comparten los autores tam-bin cierta reivindicacin de laidea de nacin surgida en el XIX,

    cuando los diputados consagranen la Constitucin de 1812 a lanacin como detentadora de lasoberana (aunque la popular, lademocracia, no se alcanza hasta1931). Los progresistas de enton-ces (liberales) enarbolaban la ban-dera sin reparo, aunque bien escierto que el contexto histrico

    una guerra contra Napolenfavoreca el patriotismo de unos yotros. Dos siglos despus, el con-cepto nacin espaola est conta-minado por la historia reciente.Se identifica el nacionalismo es-paol con una de sus formas his-tricas, la que se dio oficialmenteen el periodo franquista, advier-

    ten los coordinadores en el prlo-go. Su identificacin indebidacon el franquismo y su consi-guiente rechazo, pese a los aostranscurridos desde que conclu-y aquella etapa histrica, hastatal puntoque, en el lenguaje polti-co, el trmino Espaa se ha susti-tuido frecuentementepor el deEs-

    tado espaol, como si casi todaslas opciones ideolgicas hubiesenasumido la vieja tesis perifricade que Espaa no es una nacinsino un Estado, aaden.

    Andrs de Blas puso el ejem-plo de la defensa exterior de laMarca Espaa y la omisin de laspalabras nacin espaola. Es el

    sobrenombre de La Roja que seha popularizado para referirse ala seleccin espaola otro remil-go ideolgico? Podra ser, podraser. Es un ejemplo de ese naciona-lismobanal al que se refiere Anto-nio Morales, apunt De Blas. Ajuicio de Morales, el concepto denacinespaola implicaun senti-

    mientonacional que est amplia-mente extendido y que en ocasio-nes se expresamediante aspectosbanales que comparte la mayorade la sociedad. Algo que le lleva aconcluir: La nacin puede desa-parecer, pero la culturano. El his-toriador asegur que las tensio-nes actuales que se dan entre elEstado y Catalua alcanzan unaintensidad desconocida en el pa-sado. Es bastante inslito, ha ha-bido tensiones en otros periodospero el grado actual es una nove-dad, sostuvo Morales.

    Tanto el vaco historiogrficocomo el arrinconamiento del tr-mino son signos excepcionales,que achacan al secuestro de laidea durante el franquismo. Aun-que no solo a eso. Hay una situa-cin anmala en todo esto. Se em-plean estos trminos con cicate-ra, queremos devolver al uso co-mn los conceptos de nacin, in-dic Andrs de Blas. En su opi-nin, esa idea es ahora rehn desectores de la derecha y la extre-ma derecha. No puede estar liga-da a una visin, hay una plurali-dad de nacionalismos espaoles,no hay un solo sentimiento, de-fendi el historiador.

    Jos Varela Ortega, catedrti-co de Historia Contempornea,puso un colofn irnico: Para noexistir, es algo quehadadobastan-tes pginas.

    Espaa, ms que unaMedio centenar de autores de sensibilidades dispares analizan en un libro laevolucin del concepto de nacin desde su origen mitolgico hasta el siglo XX

    leo de la celebracin de la Constitucin de 1812. / museo histrico de cdiz

    Juan Pablo Fusi, Andrs deBlas, Antonio Morales, MaraCifuentes, Joan Tarrida y JosVarela Ortega. / samuel snchez

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    La obra pretendecubrir un vacohistoriogrficoen el nacionalismo

    Antonio Morales:La nacin puededesaparecer,pero la cultura, no

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    18/10/2013CULTURA44,45

  • OpininLunes 21 octubre 201338 Expansin

    T ras la cumbre iberoamericana, conviene recordar que los polticos presumen de luchar contra la pobreza, e Iberoam-rica no es una excepcin. Asimismo, es habitual que las autoridades no reconozcan las conse-cuencias nocivas de su propia intervencin en los llamados planes sociales. De ah el inters de los estudios incluidos en el volumen Desarrollo econmico y pobreza en Amrica Latina. El rol de los Planes Sociales (Fundacin Atlas).

    A. Chafun invita a los recelosos del inter-vencionismo a abordar el problema de la desi-gualdad, reconociendo que la desigual distri-bucin de la libertad econmica empeora las desigualdades naturales. En Amrica Latina la desigualdad no es fruto tanto de las diferencias de riqueza como de las de ingresos, que depen-den de la productividad, lo que enlaza con la educacin y el capital. Hay muchas personas en Iberoamrica que no tienen acceso a la seguri-dad jurdica; lograrla sera mucho ms solida-rio que expandir an ms el poder de polticos, burcratas y sindicalistas con las excusas habi-tuales, como la de defender lo pblico, como si lo privado no pudiera ser pblico de modo ms justo, eficiente, atento y barato. La poltica ha avanzado tambin en Iberoamrica: mien-tras se agita el fantasma del neoliberalismo, se extiende el neosocialismo, y de ah la sistemti-ca desconfianza en las soluciones a la pobreza y

    la desigualdad que pasen por la libertad: Los burcratas latinoamericanos han cerrado la puerta a muchas soluciones privadas para los problemas pblicos.

    M.H.Ohlsson, A. Jorgensen y A. Etchebarne denuncian la descarada politizacin de los pla-nes sociales en la Argentina, y la multiplicacin de una intrincada burocracia cuyo desenlace a menudo es el fomento de la economa informal. Jorge Benavides analiza el caso de Guatemala y concluye: Tristemente, los datos reflejan que despus de cuatro aos de implementacin del programa de transferencias, la tasa de pobreza general es mayor; el programa insignia del Go-bierno entre 2008 y 2011 no fue efectivo en me-jorar la vida de los guatemaltecos ni en fomen-tar el Desarrollo Humano en el pas.

    Roberto Orihuela y Sergio Daga apuntan so-bre Bolivia que la tasa de abandono escolar de los estudiantes de las escuelas pblicas que re-cibieron subsidios cay, y la tasa de los estu-diantes que no recibieron subsidiostambin. A propsito de Colombia dice Dayi M. Sedano Gonzlez: El Programa Familias en Accin crea distorsiones en la economa, desincentiva el esfuerzo y el trabajo, alimenta una cultura del Estado de Bienestar en la que los contribuyen-tes deben afrontar cada vez mayores impuestos para financiar programas sociales de cuestio-nable efectividad y facilita la corrupcin al po-ner enormes cantidades de recursos en manos de los burcratas. Como era de esperar, y lo ra-tifican Paulina Henoch I. y Rodrigo Troncoso O., el mejor ejemplo es Chile, donde el nico objetivo es la pobreza extrema y las transferen-cias registran montos reducidos.

    C uando abunda la mediocridad e im-pera el cortoplacismo del pensa-miento desordenado, se agradecen conferencias y lecturas lcidas. Lo digo por el profesor emrito de Historia Contempor-nea, Antonio Morales Moya, que dict la cla-se magistral que inaugur la semana pasada el curso acadmico del Instituto Universita-rio Ortega y Gasset. El profesor Morales es, a la vez, el codirector, junto con los profesores Juan Pablo Fusi y Andrs de Blas, de un ex-traordinario volumen titulado Historia de la nacin y del nacionalismo espaol que acaba de publicar Galaxia Gutenberg. Al comenzar su conferencia, que versaba sobre el Patrio-tismo Ilustrado, se pregunt, a s mismo y a quienes le escuchaban, si el patriotismo es un tema tab en Espaa. Mentar el trmino es poco menos que proclamar yo soy carroza y por lo tanto obsoleto a todos los efectos.

    ltimos comicios El profesar Morales dijo que en sus progra-mas electorales de las elecciones generales de 2011, ni el Partido Popular ni el Socialista se refirieron a la Nacin Espaola. No haba cado en ello, pero resulta que como mucho aludieron a la Marca Espaa. No as en las presidenciales francesas del 2012: Nicolas Sarkozy recurri a Juana de Arco para pedir el apoyo conservador y Franoise Hollande apel a los valores eternos de la nacin pro-funda para animar el voto de la izquierda. El profesor Morales dijo que el olvido de los es-paoles que se desvivieron por un patriotis-mo ilustrado, crtico y cvico le resultaba ex-trao y que la retirada de la conversacin es-paola de todo relato de sobre la nacin le causaba inquietud.

    No tengo la menor duda de que a Jos Ma-ra Aznar le importa un pimiento que se le llame carroza. Un par de das antes, el re-

    fundador del Partido Popular haba aprove-chado la presentacin en San Sebastin del li-bro Cuando la maldad golpea, volumen que recoge dursimos testimonios de las vctimas de terrorismo, para hablar justamente de lo que el profesor Morales echaba en falta. Hay que afirmar la realidad nacional de Es-paa ante las grotescas deformaciones hist-ricas a las que la someten aquellos que recha-zan una comunidad de ciudadanos libres e iguales, dijo Aznar. Y para eso no necesita-mos hacernos pasar por aptridas, o por gen-tes sin arraigo, ni adoptar una superficialidad que nos blinde de la acusacin de nacionalis-mo antagnico encubierto. Debemos actuar como espaoles tranquilamente orgullosos de serlo, porque la nacin que de defende-mos nada tiene que ver con el proyecto na-cionalista de involucin. Sin duda, Aznar volver sobre el tema dentro de quince das cuando presentar en Madrid El compromi-so del poder, el segundo volumen de sus me-morias, que publica la editorial Planeta.

    Estaba todava digiriendo las palabras de expresidente en la capital donostiarra cuan-do escuch al profesor emrito explicar dos conceptos claves. La primera es que la ausen-cia de patriotismo es el sntoma, y tambin la causa, de un desencanto y de una desespe-ranza. ste es el desaliento profundo que su-

    fren las vctimas y Aznar es de los contados polticos de primera fila que es sensible a ello, lo cual le honra mucho. Tambin es el de tan-tsimo damnificado de la crisis que no ha lo-grado escuchar ninguna narrativa nacional, sugestiva, clara y coherente, porque en su mediocridad los aparatos polticos actuales son incapaces de elaborarla. El segundo con-cepto que enunci el profesor Morales fue que la conciencia patritica emana, a la vez, del conocimiento de las desgracias de la pa-tria y del afn de superarlas.

    La conferencia recorri el patriotismo ilustrado del Padre Feijo y de la Sociedades Econmicas y de los Amigos del Pas en el XVII y como sus sucesores, despus de la guerra de Independencia, tomaron el testigo de aquel luminoso y generoso civismo. El profesor Morales domina el impulso patri-tico del XIX por nacionalizar el pas, centrali-zando, uniformizando y racionalizando sus estructuras poltico-administrativas y po-niendo la historia y la geografa, en cuanto definidoras del espacio y del tiempo naciona-les, al servicio de una conciencia nacional. Tambin la idea de Espaa de la Institucin Libre de Enseanza que ocup la segunda parte de su conferencia junto con el patriotis-mo, ilustrado y crtico de la generacin del 14, centrado en las figuras de Jos Ortega y Gas-set y de Gregorio Maran, para quienes na-da espaol les era ajeno. No estoy seguro, concluy el profesor Morales, que el espri-tu patritico que ha llegado a nuestros das exista en este momento.

    Origen Se me antoja que la primera piedra para re-cuprarlo la ha puesto el propio catedrtico emrito en el grandioso tomo de historia comienza con la gnesis de la Nacin y abarca, yo dira, que todo que ha codirigido con los profesores Fusi y de Blas y en el cual han participado 48 historiadores espaoles. En estos tiempos cuando se dicen tantas ton-teras acerca de tribus y de territorios me re-sulta imposible recomendar suficientemente su pausada lectura.

    El Patriotismo Ilustrado

    En Iberoamrica, mientras se agita el fantasma del neoliberalismo se extiende el neosocialismo

    Aznar es de los contados polticos en primera fila sensible al desaliento de las vctimas del terrorismo

    La ausencia de patriotismo es el sntoma, y tambin la causa, de un desencanto y de una desesperanza

    No tengo la menor duda de que a Jos Mara Aznar le importa un pimiento que se le llame carroza

    Pobreza y poltica en Iberoamrica

    VISIN PERSONAL

    Carlos Rodrguez Braun

    ENSAYOS LIBERALES

    Tom Burns Maran

    El expresidente del Gobierno Jos Mara Aznar, el pasado lunes en San Sebastin, durante su inter-vencin en la pre-sentacin del libro de testimonios de vctimas del terro-rismo Cuando la maldad golpea. Ef

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    21/10/2013OPINION38

  • LA RAZN&ms

    Cultura

    Historia de una nacinMs de 45 historiadores buscan el origen de Espaa, estudian su evolucin y contestan a la pregunta de si existe como nacin adems de como Estado en un volumen de 1.500 pginas

    Antonio Morales, Juan Pablo Fusi y Andrs de Blas Guerrero dirigen esta monumental obra

    CON EL PAS VASCO

    y Catalua no hubo

    tensiones durante

    siglos. Esta tensin

    es una novedad en la

    Historia, explica

    Morales Moya

    J. Ors- Madrid

    Transcurren las pocas y los si-glos, pero los espaoles conti-nan con una pregunta pen-diente que proviene de su pasa-do y parece quedarse durante

    un tiempo en el futuro: el de Espaa y su identidad. La bibliografa sobre los nacio-nalismos perifricos es abundante, pero son escasos los trabajos que resuelvan interro-gantes como: existe Espaa no slo como Estado sino como nacin?, Desde cundo?. Para salvar este vaco documental, un con-junto de historiadores, dirigi-dos por Juan Pablo Fusi Ai-zpura, Antonio Morales Moya y Andrs de Blas Guerre-ro, ha encarado un trabajo paciente, exhaustivo y monu-mental: Historia de la nacin y del nacionalismo espaol (Galaxia Gutenberg). Una obra de 1.500 pginas que ha reunido, adems de los inves-tigadores arriba menciona-dos, a Santos Juli, Fernando Garca de Cortzar, Jos Varela Ortega, Jos lvarez Junco, Jos Carlos-Mainer, Ins Fer-nn-dez-Ordoez, Francisco Sosa Wagner, Eduardo Mart-nez de Pisn, Elena San Ro-man, Javier Varela, Demetrio Castro y Xavier Coller Porta, entre otras 45 fi rmas. Los autores que hemos colabora-do en este trabajo nos identi-fi camos con el Estado de las Autonomas, que hace compatible la idea de nacin espaola con otras sensibilidades existentes. Es una frmula con un largo re-corrido por delante y que resuelve felizmen-te el problema nacional espaol, coment Blas Guerrero durante la presentacin.

    Este volumen naci hace siete aos con la vocacin de rellenar un hueco con una obra de referencia. Pero, desde entonces la realidad poltica espaola ha evolucionado hacia unos trminos y retos impredecibles en ese momento. Y, aunque se no era el principal objetivo del estudio, la realidad es que su lanzamiento ha coincidido con uno de los mayores desencuentros recientes entre el Estado y la Generalitat. Los nacio-nalismos perifricos son modernos. Surgen

    en la ltima parte del siglo XIX. Con el Pas Vasco y Catalua no existieron tensiones fuertes durante siglos. El independentismo es un fruto tardo. El grado actual de tensin es una novedad en la Historia. Es bastante inslito en la vida espaola, aclar Antonio Morales Moya en su intervencin. l mismo subray que existe un hilo conductor y un sentido de la identifi cacin y la solidaridad de la nacin espa-ola. Este sentimiento nacional es extendido, est ah y es compartido por la mayor parte de los espaoles. Aunque pudiera desaparecer la nacin

    espaola, no lo hara la cultura espaola. Atraviesa centurias y continentes. Est dimensin cultural permane-ce ah.

    Origen de un problemaJuan Pablo Fusi es uno de los coordinadores de este volu-men y uno de los principales historiadores de referencia en nuestro pas. Ha impartido clases, dirigido seminarios y escrito sobre los nacionalis-mos. Y se acerca a ellos con explicaciones serenas, desde la perspectiva que da la Histo-ria, para dar una visin que ayude relativizar los naciona-lismos: No somos el nico pas con problemas de este tipo. Alemania no se unifi c hasta el siglo XIX y en Italia se lleg a hablar de la muerte de la propia Italia durante esa

    misma centuria. Lo digo por hablar de dos pases que parecen ajenos a cuestiones semejantes. Pero el imperio austrohngaro, la Rusia zarista, los Balcanes, Rumana o Bulgaria conocen los problemas de identi-dad. Lo digo porque conviene salir de este ensimismamiento del 98 y la tendencia que, a veces, tenemos de pensar que los proble-mas espaoles son nicos. Pues hay otras naciones que tambin tienen difi cultades para defi nir su estructura y su identidad. En Espaa, esa cuestin existe desde la trans-formacin de la monarqua hispnica y el imperio en un estado nacional, y tampoco ayudaron las difi cultades que atravesamos en el siglo XIX con la guerra de independen-cia o las carlistas.

    NO HAY QUE BUSCAR

    las causas en un

    dfi cit del Estado o

    en la crisis, sino en

    la naturaleza de los

    nacionalismos,

    asegura Fusi

    Ral

    50 Viernes. 18 de octubre de 2013 LA RAZN

    Impreso por Francisco Rincn Durn. Prohibida su reproduccin.

    O.J.D.:E.G.M.:Tarifa:rea:

    Fecha:Seccin:Pginas:

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    18/10/2013CULTURA50,51

  • LA RAZN&msCultura

    HISTORIA DE LA NACIN Y DEL NACIONALISMO ESPAOLVV AA

    GALAXIA GUTENBERG

    1.518 pginas, 39 euros

    polticos en defensa del orden constitucio-nal. La democracia espaola permite dife-rentes grados de autogobierno sin prece-dentes, diferencia entre nacionalismos y regiones, habla de los fueros del siglo XIX, que considera restaurados, y demuestra un cuidado particularmente amplio por parte de los constituyentes en la organizacin territorial del Estado. Por eso me gustara escuchar voces claras sobre dnde est cada partido y los lderes polticos que los dirigen. Me sorprende, y mucho, que no haya un debate en el Parlamento sobre el tema cons-titucional ms grave de estos momentos.

    mitos, los hechos y las consecuencias que suelen dejar los acontecimientos. Pero la historia contina hacindose y los nuevos retos polticos abren un horizonte difuso. -Y ahora? Habr una continuacin a este volumen?-Es una situacin preocupante reconoce Juan Pablo Fusi. Hay que exigir seriedad y lenguajes claros por parte de los partidos

    grande y libre, y una retrica que ha hecho defi nitivamente casi vergonzante la apela-cin de valores nacionales. Eso es verdad. Por eso, entre otras muchas razones, por supuesto, fuimos a un Estado de las autono-mas, porque igualbamos espaolidad fuerte con dictadura

    En este libro sobre nacionalismo espaol, el pasado queda claro, con su gnesis, sus

    -Ha fallado algo en nuestro Estado?-No debemos buscar un dfi cit en el Estado en el que estn integrados los nacionalis-mos. En EE UU existe federalismo porque no hay nacionalismos locales. All, con un nacionalismo en alguno de sus estados

    constitutivos desafi ndole, no habra podido funcionar. Tampoco las causas

    estn en el origen de la crisis, sino en la propia lgica de los nacionalismos.

    Quebec aspira a la soberana a pesar de la naturaleza del Estado de Ca-nad, que, desde el primer da, re-conoci a Quebec y a su autogo-bierno. En este caso no existe ningn problema con el Estado. De hecho, no conozco un pas menos nacionalista y ms fede-ral. Pero quieren separarse y for-mar uno propio.

    Juan Pablo Fusi reconoce que hoy todava arrastramos algunas herencias negativas de la dictadu-

    ra, como l mismo aclara: La dicta-dura de Franco desacredit el nacio-

    nalismo espaol y la igual a una,

    Decir patria con normalidad

    Lo apunt Blas Guerrero: Debemos rescatar la idea de nacin espaola de

    la dictadura franquista y decir que no pertenece a un sector de la derecha.

    La nacin espaola no est ligada a una visin reaccionaria. Espaa proviene

    de la construccin del liberalismo y la democracia en nuestro pas. Morales

    Moya, por su parte, remarc el carcter plural de Espaa y apunt que la

    marca Espaa no es la nacin espaola. Indic que, debido a los abusos

    de la dictadura, se han contaminado algunas palabras, como patria y nacin,

    que se mencionan sin esta carga emocional y con absoluta normalidad en

    otros pases de Europa. Sufren una situacin anmala por un abuso de ellas

    durante el rgimen de Franco. Deberamos utilizarlas con mayor normalidad.

    Creo que existe un dfi cit en este sentido, especifi c.

    El anlisis

    Fernando Garca de Cortzar

    Una historia manipuladaFernando Garca de Cortzar duplica su presencia en las libreras. Primero con su primera novela, Tu rostro con la marea, y despus con su colaboracin en este imprescindible libro sobre el nacionalismo espaol. Por qu Espaa sigue siendo un problema?Existen varios motivos. Primero, hay una patologa del pesimismo en Espaa. Siempre nos andamos rascando el grano de lo que somos en vez de ocuparnos del maana. Tambin obedece a una larga tradicin de la

    nostalgia y ese pesimismo que le deca, de los poetas, como Quevedo, por ejemplo. El segundo punto es que, en Espaa, existen unos nacionalismos sumamente activos capaces de impugnar la idea de Espaa. Tambin se debe a una izquierda desorientada que ha dado alas al nacionalismo y lo ha hecho honorable, primero empleando esta palabra, nacionalismo, que Europa denost despus de la Segunda Guerra Mundial. Es normal esta tensin con Catalua?Nunca ha existido una impugnacin de Espaa como la que existe ahora: nunca. Los espaoles hemos debatido muchas veces sobre la idea de Espaa, pero no cuestionbamos jams que exista en su presente y en el futuro. Es la primera vez que sucede esto. Los espaoles hemos vivido la Guerra Civil, incluso, las carlistas, pero nunca, ninguno de los dos bandos, crean que no exista Espaa.

    Por qu sucede?Vivimos una grave crisis econmica, de valores, de principios, de educacin. Hay que relacionar los nacionalismos con los temas econmicos. Ha surgido en Catalua porque all se dice que Espaa la esquilma y que las desdichas que padecen no provienen de la crisis espaola o europea, sino de los espaoles y de su depredacin de las arcas catalanas. Si mejorara la economa, el independentismo bajara. Qu responsabilidad tienen los polticos?La Constitucin de 1978 trat de resolver las tendencias identitarias e histricas de estas regiones. No olvidemos que las naciones se construyen sobre el Estado y el aparato del Estado, y los espaoles no la hemos fomentado ni ayudado a construirla. No se ha hecho desde las autonomas y en Catalua, con el

    recurso de todos los espaoles, en vez de afi rmar el mandato constitucional, se ha fomentado una Catalua nacional e independiente desde su monopolio de la educacin y una historia

    manipulada. Cuando ponderamos este aumento del nacionalismo hay que tener en cuenta, tambin, que han sido aos y aos de labor continua y agresiva. Se atreve a vaticinar algo sobre el futuro?Si la economa mejora, el independentismo, descendera. Si ocurriera algo, todos deben tener en cuenta que Catalua sera distinta a lo que es ahora y Espaa tambin sera diferente. Por eso, no hay que desfallecer y caer en la trampa del que se vayan. Espaa no se consigue sin Catalua ni el Pas Vasco.

    Los espaoles

    hemos debatido

    sobre la idea de

    Espaa, pero nunca se

    haba cuestionado

    *Historiador y novelista

    51LA RAZN Viernes. 18 de octubre de 2013

    Impreso por Francisco Rincn Durn. Prohibida su reproduccin.O.J.D.:E.G.M.:Tarifa:rea:

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