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HERMENEUTICA y TEOLOGIA

PAUL TOINET

En qu consiste una lectura cristiana de la Biblia? Cabe pen-sar que dicha expresin sea capaz de cobrar un sentido preciso, cien-tfico, teolgico, si es que a la teologa se le puede aplicar el cali-ficativo de cientfica? Creo que podemos responder: s, existe y debe existir una lectura cristiana de la Biblia que, dotada de un gran rigor teolgico, aspire a elevar este rigor hasta cotas ms altas. Y ser cientfica en el sentido que conviene a este trmino, al tratarse de la teologa cristiana, de la ciencia de la Revelacin divina realizada en Jesucristo y en la Iglesia. Esta ciencia teolgica de la Revelacin tiene necesariamente una caracterstica especial que entra dentro de la categora de las ciencias hermenuticas, las cuales adquieren carta de naturaleza all donde el pensamiento trate de interpretar ideas y signos que se inscriben dentro del orden humano. La hermenutica o las hermenuticas se proponen discernir y expresar un sentido objetivamente verdadero inmerso en un conjunto de documentos como el constituido por los escritos bblicos, que exigen una interpretacin de conjunto y unitaria. Aunque no hay que descartar la idea de que es legtima una pluralidad de interpretaciones o lectu-ras de la Biblia, sera arbitrario afirmar que esa pluralidad no plan-tea problema alguno: no en vano sale a la luz la cuestin de la coherencia de la propia pluralidad. Esta no debe ser aceptada como si la confusin de lenguas fuese intrnseca a la Revelacin. Por el contrario, esta ltima tiene como resultado la abolicin de aquella confusin. Por eso, ella misma tiene su propia hermenutica, que es una y goza de una unidad sinfnica, en la que se percibe la armo-na inteligible del Espritu Santo.

En nuestra poca, en que la moda consiste en exaltar con dema-siada poca reflexin y espritu crtico todo 10 relacionado con la plu-ralidad y el pluralismo, sin preguntarse siquiera cmo se mantendr en la Iglesia la identidad de la Revelacin, hay que recordar con

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energa esta evidencia: tanto en Israel como en la Iglesia se ha mantenido siempre un ideal de interpretacin unitaria de las Escri-turas y de la historia de la salvacin. Este ideal se manifiesta espe-cialmente por medio del recurso a la perspectiva sapiencial. La obra de la creacin es una, y una es tambin la obra de la redencin. En ellas se pone de manifiesto una sabidura divina, en la que se rea-' liza un designio nico y coherente. Esta realidad aparece tanto en un texto como el de Proverbios VIII, como en el libro de la Sa-bidura; en la carta a los Romanos como en el evangelio de San Juan y en el Apocalipsis. Tal idea de hermenutica integral de la historia de la salvacin se halla siempre presente cuando -la Iglesia, desde la poca apostlica, reflexiona y acta bajo el control de su magiste-rio episcopal. Los Padres y los grandes telogos, utilizando diversos instrumentos conceptuales, se proponen manifestar el orden interno y la profunda unidad de la obra divina de la Sabidura dentro de la Iglesia de Cristo. Los conceptos tienen su origen tanto en la lite-tatura sagrada como en la producida por la intelectualidad profana, elaborada racionalmente (entre otros) por los filsofos de las dife-rentes escuelas.

Sealemos aqu que esta intelectualidad extrabblica, al expre-sarse en el lenguaje del ser y sobre el ser, tambin se propone dar respuesta a un ideal de sabidura. Se esfuerza por superar la plura-lidad de los fenmenos y de las opiniones humanas para decir la verdad sobre el mundo, el hombre y la divinidad. La verdad en sin. guIar, por encima de las verdades (o de las opiniones) particulares y fragmentarias. En este sentido, una filosofa madura se presenta siempre como un ensayo de hermenutica general del Ser, segn la dimensin especulativa y segn la dimensin moral. Esa hermenu-ticarecoge el programa de la antigua idea de sabidura, y encuentra necesariamente en su camino la hermenutica de la Iglesia, apoyada en l base comn de la Escritura y la Tradicin.

Quisiera analizar ciertos aspectos y poner de manifiesto algunas implicaciones del encuentro entre dos corrientes o sistemas de in-terpretacin, uno filosfico y otro teolgico. En la primera parte se interroga a algunos filsofos desde la perspectiva de la hermenutica eclesial. La segunda examinar las condiciones de posibilidad y de verdad de una lectura propiamente teolgica que permita percibir la unidad de la Revelacin judeocristiana. Finalmente, la tercera par-te abordar la cuestin de los conflictos que existen actualmente en-tre los cristianos a propsito de la hermenutica de la Revelacin. Comprender el origen y los efectos de dichos conflictos, debe per-

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m1tl! su superaclOn, aun cuando para ello haga falta recuperar la perspectiva sapiencial de la verdadera teologa catlica.

1. OBSERVACIONES SOBRE LOS PROYECTOS HERMENUTICOS INFRATEOLGICOS

Antes que nada, algunas explicaciones sobre la frmula empleada en este ttulo: los proyectos hermenuticos infrateolgicos. Quere-mos referirnos a cualquier intento de hacer hermenutica del Ser, y del pensamiento situado histricamente, que no procede de la creen-cia en la Palabra revelada. Este gnero de hermenutica ser defini-do generalmente como filosofa. Situarlo dentro del campo de lo infrateolgico no quiere decir que sea de naturaleza infraracional. Segn los casos, puede conformarse ms o menos a una norma de racionalidad que pertenece al orden de las ciencias -ciencias huma-nas-, al de la fenomenologa filosfica, o incluso al de la ontologa. Sabemos muy bien que, en materia de racionalidad, puede haber de ms y de menos, y esto dentro de un mismo sistema explicativo. Una hermenutica puede siempre aspirar a manifestar un sentido ms exacto, ms profundo y ms universal del tipo de fenmeno estu-diado, lo cual tambin es cierto en el caso de la hermenutica teo-lgica. Por eso el tt:mino infrateolgico slo pretende designar un nivel de interpretacin y no un grado absoluto de exactitud.

Sin embargo, parece cierto que la expresin infrateolgico es uti-lizada para situar los niveles de interpretacin inferiores a aquel que se hace posible en el seno de la Iglesia cuando sta trata de dar una interpretacin expresamente teolgica de la Revelacin. Para m esto corresponde a la siguiente conviccin: una hermenutica que renuncia, por mtodo o por prejuicio negativo, a abordar el dato del Ser y el de la apertura del hombre histrico a la verdad plena, aceptando los textos bblicos como Revelacin (tal como lo hace la Iglesia), no podr alcanzar el nivel de compresin reclamado por su objeto, lo cual hace que el pensador corra un riesgo seguro de irra-cionalidad. Por qu?

Porque, en nuestro universo cultural, las problemticas que tie-nen por objeto dilucidar el sentido de la historia humana no pue-den .eliminar realmente la dimensin teolgica y eclesiolgica, que pertenece desde siempre a la gnesis y a las transformaciones de

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aquellas cuestiones que se proponen resolver. As, por ejemplo, cuan-do Heidegger o Gadamer plantean la cuestin de la hermenutica, pueden muy bien confrontar su status quaestionis al de Platn y Aristteles. Pero deben tener en cuenta que la filosofa de los mo-dernos es tributaria de forma oculta (y a veces abiertamente) de una herencia teolgica cristiana y eclesial, con la que los grandes pensa- . dores paganos no haban estado en contacto. Querer olvidar este condicionamiento cristiano supone correr el riesgo de dejar que su pensmiento hermenutico moderno sufra la perturbacin provocada por el retorno de lo inhibido.

Dicho esto, me parece totalmente legtimo reconocer en cada una de las grandes filosofas paganas una intencin hermenutica. Bien es verdad que la cuestin no se plantea necesariamente en este terreno, pudiendo quedar reservada al campo de la lgica o al de la interpretacin de textos. Pero desde el momento en que esos mismos textos, los de Platn, Aristteles o Plotino se esfuerzan por enunciar metdicamente el sentido objetivo del Ser, y de la relacin del espritu humano con ese Ser, est claro que lo que ellos nos pre-sentan es una hermenutica, y que la exgesis que se hace de los textos concierne necesariamente tambin a aquello de lo que esos textos hablan en ltima instancia, a saber, del Ser. Desde este punto de vista no hay dificultad alguna en reconocer que Platn, Aristte-les y Heidegger, en contextos culturales muy diferentes, proceden cada uno segn su mtodo de aproximacin a una hermenutica del Ser. Ms en concreto, Gadamer se inspira en Aristteles para dilu-cidar la cuestin que se halla en el centro de su pensamiento her-menutico: la de la con naturalidad indispensable entre la realidad que se trata de comprender e interpretar y el individuo que se pro-pone captar y expresar el sentido de esa realidad. Gadamer estima que todo espritu comprometido en una tarea de interpretacin se ve obligado a reconocer en s mismo la presencia de un prejuicio, de una precomprensin, que le viene de la tradicin a la que perte-nece. No es posible ninguna hermenutica sin una cierta armoniza-cin con la realidad que se trata de interpretar. Esa armonizacin o connaturalidad previa puede ser considerada como un prejuicio no falsificador, sino ms bien verificador. De ah que en cada caso sea necesario hacer explcito el contenido, de forma que se pueda dis-cernir entre el prejuicio que oscurece y el prejuicio que aclara.

En seguida dir que el reconocimiento que hace Gadamer de la presencia necesaria de un prejuicio, de una precomprensin y de una tradicin, en el punto de partida de toda gestin hermenutica,

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,es a la vez ventajosa e incierta si se aplica a la hermenutica eclesial de las Escrituras. Pero esta presencia plantea un problema en onto-loga. Los filsofos se proponen como tarea racional una hermenu-tica del Ser y cada cual q