Giacomo Leopardi 158

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GIACOMO LEOPARDISeleccin, nota introductoria, revisin y notas de MARIAPA LAMBERTI Traduccin de JOS LUIS BERNAL

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTNOMA DE MXICOCOORDINACIN DE DIFUSIN CULTURAL DIRECCIN DE LITERATURA MXICO, 2012

NDICE

NOTA INTRODUCTORIA, MARIAPA LAMBERTI

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CANTOS CANTO I. A ITALIA CANTO IX. LTIMO CANTO DE SAFO CANTO XI. EL GORRIN SOLITARIO CANTO XIV. A LA LUNA CANTO XXI. A SILVIA CANTO XXVI. EL PENSAMIENTO DOMINANTE CANTO XXVII. A S MISMO CANTO XXVIII. ASPASIA CANTO XXXIII. EL OCASO DE LA LUNA 7 11 13 15 16 18 23 23 27

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NOTA INTRODUCTORIA

El mximo poeta romntico italiano, Giacomo Leopardi, naci en 1798, en Recanati, villa algo menos que mediana de la regin de Las Marcas, en los entonces Estados Pontificios, hijo del conde Monaldo, reaccionario e incondicional del gobierno papal. Nio extraordinariamente precoz, adquiri una slida formacin humanstica estudiando en los libros de la biblioteca paterna: a los once aos compona en latn, a los catorce traduca a los poetas lricos y picos griegos y latinos, a los diecisis escriba en latn un tratado sobre la vida de Plotino y un estudio sobre los ms famosos oradores de la antigedad, y realizaba un eruditsimo Ensayo sobre los errores populares de los antiguos. En aquellos aos de estudio loco y desesperadsimo, como l mismo escribi a su gran amigo el literato Giordani, el cuerpo se le hizo raqutico y enclenque, provocndole la irremediable conviccin de ser destinado a la infelicidad y al desamor; pero el nimo se le ensanch hacia el ms exaltado anhelo de grandeza y de gloria. El joven consciente de sus valores, que ya se haba puesto en contacto epistolar con los ms notables hombres de cultura de su poca, no tard en sentir la limitacin coartante del reducido y perifrico lugar de su nacimiento (el nativo burgo salvaje, como lo llamar en uno de sus Cantos), y de las cerradas ideas paternas. Su rebelda ideolgica (l mismo hablara de conversin poltica) se manifest en la adhesin ms apasionada y conmovedora al naciente ideal de una nacin italiana unida; al mismo tiempo se verific su conversin literaria, que lo hizo abandonar la filologa para acercarse a la poesa. Pero en la polmica de aquellos aos (1816-1818) entre los defensores del clasicismo ilustrado y los introductores de las nuevas corrientes romnticas, tom decididamente partido al lado de los primeros, aunque con argumentos que bien podemos definir como perfectamente romnticos: sostena que la italianidad tena sus ra-

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ces en el mundo clsico, y slo de ste poda nacer una conciencia nacional; y que la poesa no poda brotar ms que de la ilusin, negada al hombre moderno por su racionalismo y su ciencia, pero inagotablemente presente en la transformacin mtica de la naturaleza que nos ofrece la poesa clsica. Poco despus, se realizaba la tercera conversin: la filosficoreligiosa, que lo llev a adherirse a una concepcin mecanicista del mundo, desalmada y fra cosmovisin que hara irremediable el pesimismo por el que es conocida su poesa. Los primeros cinco de los treinta y siete Cantos que forman la obra potica principal de Leopardi (A Italia, Sobre el monumento de Dante, A Angelo Mai cuando hubo descubierto los libros de La Repblica de Cicern, En las bodas de la hermana Paolina, A un vencedor en la pelota), escritos entre 1818 y 1821, estn destinados a cantar el amor patrio, y a expresar el dolor de ver cmo el nimo de los italianos no se inflama todava en el espritu de resurgimiento. La redaccin de estos Cantos revela la formacin filolgica del joven autor: llena de referencias histricas, se vale de un lenguaje suntuoso y latinizante, apegado a los ms estrictos cnones del purismo dieciochesco, que quera una lengua literaria modelada sobre los esquemas arcaicos del Trecento. Despus de estos Cantos, si el amor a Italia perdura, jams volver a ser tema potico. En 1822, su sueo de evasin se realiza; pero las estancias en Roma en aquel mismo ao, en Miln y Bolonia en 1825, en Florencia en 1827, el contacto directo con los grandes literatos con los que haba sostenido correspondencia o conoca de fama, lo decepcionan profundamente, convencindolo an ms de la mezquindad de los hombres, la superficialidad de las mujeres y la vanidad de toda empresa vital. Sin embargo, la decepcin no anula, sino que agudiza, el anhelo de amor, de gloria, de felicidad, que, al saberse destinado a la frustracin, genera un sufrimiento desgarrador e irremediable. Paradjicamente, es el retorno peridico a la casa paterna y al reducido paisaje natal, al

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lugar de sus primeras esperanzas (los amenos engaos) el que lo inspira para componer sus mejores poemas. La aguda conciencia de su infelicidad personal se enriquece con matices universales, y el pesimismo con que contempla su propio destino y su vida, se transforma en una desolada visin del gnero humano, condenado sin razn a la infelicidad. Su amarga filosofa culmina en una teora de dolor csmico, que reconoce a todos los seres hermanados en un comn destino de sufrimiento. Supremo bien, la muerte; nicas dichas, las ilusiones; nica felicidad, la que se saborea en los ensueos de amor y de gloria que llenan el alma juvenil, y que inevitablemente terminan en el amargo despertar de la realidad, de la madura toma de conciencia de la inutilidad de la vida. He aqu que a los primeros pequeos idilios, compuestos entre 1819 y 1821, llenos de melancola (El infinito, A la luna, La noche del da de fiesta, El sueo, La vida solitaria) suceden, en 1822, los cantos del dolor histrico y de la aoranza del pasado clsico (ltimo canto de Safo, A la primavera, o de las fbulas antiguas, Himno a los patriarcas); los cantos del ideal (A su duea, Al conde Cario Pepoli, El resurgimiento) compuestos entre 1826 y 1828; los seis grandes idilios del dolor universal (A Silvia, Las recordanzas, El gorrin solitario, La quietud despus de la tempestad, El sbado del poblado, Canto nocturno de un pastor errante de Asia), escritos entre 1828 y 1830. Finalmente, entre 1831 y 1834, la ltima, devastadora pasin lo refuerza en sus convicciones y le inspira los cinco cantos sobre el amor (El pensamiento dominante, Amor y muerte, Consalvo, A s mismo, Aspasia). En 1833, Leopardi se traslad definitivamente a Npoles, con su devoto amigo Antonio Ranieri, que lo asisti en sus ltimos aos de enfermedad y amargura creciente hasta la muerte que lo alcanz en 1837. All cre sus ltimos poemas: dos canciones meditativas sobre la muerte (sobre un bajorrelieve

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antiguo sepulcral, Sobre el retrato de una bella mujer); una oda satrica (Palinodia al marqus Gino Capponi), y el largo carmen La retama o la flor del desierto, en la que deja, casi como un testamento, la exhortacin a la solidaridad como nico remedio contra la Naturaleza madrastra que desprecia el dolor de sus hijos; y finalmente El ocaso de la luna, cuyos ltimos versos dict en su lecho de muerte. Su lengua y su estilo permanecen, a lo largo de toda su obra, orgullosamente clasicistas y arcaizantes, aunque conocen por momentos concesiones a una mayor fluidez del discurso y coloquialidad del lenguaje. La construccin hiperbtica a la latina, el uso de vocablos raros y desusados, los referentes histricos, filosficos, mitolgicos, el valor semntico otorgado a las palabras a partir de su etimologa, hacen de la lectura de esta obra potica, igualmente rica en profundidad de pensamiento y en intensidad emotiva, una aventura intelectual y cultural compleja y completa, de la que aqu se ofrece un breve panorama en la traduccin prodigiosa, por la fidelidad y aliento potico, de Jos Luis Bernal.

MARIAPA LAMBERTI

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CANTOS

CANTO I. A ITALIA

Aunque no lo sea propiamente, ste se considera el primero de los Cantos, y en tal posicin aparece en todas las ediciones. Compuesto en 1818, refleja los espritus juveniles de Leopardi, su nfasis patritico que se manifiesta en todos los elementos que construyen la cancin en un excursus pindrico. La retrica apasionada de las frecuentes interrogaciones, exclamaciones, arrebatos dramticos, ha sido considerada excesiva, seal de la inmadurez potica del autor. Sin embargo, el mismo Francesco De Sanctis afirma que muchos de los jvenes patriotas italianos que fueron a combatir durante las guerras de independencia llevaban en los labios los versos de este poema.

Oh patria ma, miro los muros y arcos y columnas, y bustos, y las yermas torres de nuestros padres; mas su gloria no miro, 5 no miro el lauro y hierro que portaban los antiguos ancestros. Ahora inerme, nuda la frente y nudo el pecho muestras. Oh, mas cuntas heridas! Qu lividez, qu llagas! Cul te veo 10 hermossima duea! Y clamo al cielo y al mundo: hablad, decidme: Quin la redujo a tal? Y peor es esto, que encadenados ambos brazos lleva; y, sueltas las guedejas y sin velo, 15 yace sentada en tierra y sin consuelo; y, abandonado el rostro en el regazo, llora. Llora, bien has razn, Italia ma,

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para vencer nacida 20 en la fortuna fausta, y en la rea. Si fueran tus dos ojos fuentes vivas, nunca pudiera el llanto igualar a tu dao y a tu escarnio; pues fuiste duea, y eres pobre sierva. Quin de ti habla o escribe, que, remembrando tu pasada gloria, no diga: grande fue, ya no es aqulla? por qu, por qu? Do est la fuerza antigua, las armas, y el valor y la constancia? Quin te quit el acero? Qu traidor? Cul arte o cul fatiga o cul potestad tanto vali que el ureo manto te arrancara? Cmo caste o cundo de tanta alteza en un lugar tan bajo? Nadie pugna por ti? No te defienden los tuyos? Dadme un arma aqu: yo solo combatir, sucumbir yo solo. Dame, oh cielo, que fuego a los talos pechos sea mi sangre. Tus hijos dnde estn? Oigo son de armas y de carros, y voces y timbales: en ajenas regiones pugnan tus propios hijos. Escucha, Italia, escucha. Veo, parceme, un olear de tropas y caballos, y humo y polvo, y relucir de espadas como entre niebla lampos. No te alegras? Y tus trmulas luces volver no quieres al