Fragmentos Perdidos2

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A guisa de presentacin

FRAGMENTOS PERDIDOSF R A G M E N T O S P E R D I D O S

Rubn RoblesFRAGMENTOS PERDIDOS

Fragmentos perdidos

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RUBN ROBLES

Labor de limpieza, le llamaban.

1Terror era al fin y al cabo el nombre ms adecuado para ese tiempo.Con la libreta en la mano, Rafael mira lo que acaba de escribir y asiente lentamente. Esa frase haban estado dando vueltas en su cabeza durante la conferencia, mientras Abraham hablaba de la importancia de los estudios de la memoria. Volvieron a su mente cuando uno de los expositores narr cmo las ancianas de Ayacucho an se arremolinan cada vez que se descubre una fosa comn, con la esperanza de encontrar los restos de sus familiares desaparecidos; la volvi a pensar mientras todo el auditorio observaba el testimonio en video de una muchacha llamada Clarisa, una joven ayacuchana sobreviviente de una de las tantas matanzas, la cual contaba, entre sollozos, fragmentos de una niez perdida en la que tuvo que soportar cosas tan duras como la desaparicin de sus padres, y, algo mucho peor, el que unos hombres mataran a su abuela a machetazos justo enfrente de ella. Fue en los aos 1990, durante sus aos de estudiante sanmarquino, cuando Rafael haba tomado la costumbre de llenarse los bolsillos con cientos de papelitos en los que apuntaba algunas de sus ideas, breves fragmentos inconexos, frases sueltas que esperaba, sin habrselo planteado de manera explcita, que algn da pudiesen desarrollarse hasta formar un todo. Pronto comprendi que aquel sistema no funcionaba, pues los papelitos simplemente desaparecan, terminaban en el tacho de la basura o se traspapelaban hasta perderse en la nada, como si cayeran en un agujero negro. Por esa razn empez a usar libretas diminutas. Tena algunas docenas de esas libretitas de notas. En ocasiones las buscaba para llevrselas a la academia y leer entre clases, y, repasndolas, se quedaba maravillado, pues muchas veces le resultaba extrao que hubiera escrito algunas de las cosas que all se contaban. Realmente se diverta revisando esos escritos, y comprobando cmo una frase poda transportarlo con un eidetismo impetuoso a una lejana poca de su vida, por lo cual sola pensar que sus libretas eran algo semejante a una mquina del tiempo, en la cual poda viajar unos aos atrs para conversar con aquel muchacho que haba sido. De esa manera, a travs de sus libretas, volva a sus aos universitarios, en aquella universidad de San Marcos sembrada de alfalfares, de edificios anticuados y carpetas vetustas, la San Marcos de los aos noventa. Haba sido aquel, el tiempo en que, entre otras cosas, haba conocido a Abraham. Csar Abraham Mlaga del Carpio haba sido famoso por su espritu desenfadado y bromista. Tras terminar los estudios dejaron de verse. Unos aos despus, cuando se encontraron, Rafael not que su amigo se haba vuelto taciturno. Cierta vez, mientras beban pisco en el Queirolo, Abraham le cont que lo suyo eran los derechos humanos, que se haba sumergido en ese mundo y que estar all era un camino sin retorno porque haba demasiado por hacer. Abraham, le cont de los testimonios de las atormentadas vctimas de la violencia que haba transcrito para la Comisin de la Verdad. No era solo el orlos, era orlos una y otra vez, dolorosos, terribles y que quiz lo ms resaltante era que en los relatos de aquella pobre gente resultaba casi imposible distinguir entre las alucinaciones, los sueos y los recuerdos, y que de tanto orlos, algo de su sufrir se le haba metido en el alma a l mismo. En 1992, el ao en que Abraham y Rafael ingresaron a la universidad, se cumplan quinientos aos del arribo de los espaoles comandados por Cristbal Coln a Amrica. Fuera de San Marcos voces apaciguadoras se referan al tema como el encuentro de dos mundos. Dentro de San Marcos, sin embargo, no se opinaba igual. Profesores y alumnos hablaban de la destruccin violenta y sistemtica de una civilizacin. Se aseguraba que aquello no haba sido un encuentro, haba sido una masacre so pretexto de culturizar a la sociedad andina para sacarla de un inexistente salvajismo. Incluso un grupo de docentes haba calculado a cunto ascendera la deuda de Espaa al Per tras el pillaje de aquellos aos. Mientras lea sus libretas, Rafael no dejaba de pensar en cun curiosos haban sido aquellos tiempos. El ao anterior a que ellos ingresaran, la universidad haba sido intervenida por el gobierno fujimorista. Las autoridades universitarias haban sido retiradas de sus cargos y se haba impuesto una comisin reorganizadora para cambiar el contexto universitario. La idea del gobierno era a todas luces desaparecer las ideas comunistas que abundaban en las universidades estatales. Con el fin de evitar revueltas estudiantiles ante el asunto, el Ejrcito haba acantonado varios contingentes de soldados en los centros de estudios sospechosos de difundir esas ideas, y uno de ellos era San Marcos. Por esa razn los recuerdos de Rafael estaban asociados a soldados marchando dentro del campus con sus fusiles al hombro. Los militares tenan su cuartel general en el comedor universitario, donde haban apilado muros de costales de arena, tras los cuales, parapetados, observaban incansablemente a los estudiantes. Patrullas de uniformados revisaban el campus haciendo rondas como si se tratase de un cuartel militar. En aquellos das Rafael ocupaba sus ratos libres paseando por el estadio de la universidad. No existan an los muros que luego separaron el lugar del resto del campus y los alumnos llegaban hasta all para estudiar o relajarse. Entonces Rafael, el cabello largo hasta la cintura, era conocido como Peluca, y a Peluca le gustaba sentarse en las tribunas vacas, donde se dejaba estar sin hacer nada. Iba a la hora del almuerzo. Prefera ese momento porque todo era ms tranquilo y era as que mientras la mayora de estudiantes se disputaba la comida formando largusimas filas para ingresar al comedor, l buscaba en las tribunas un sitio desde el cual pudiera disfrutar de algunas sombras. Se acomodaba en algn lugar mientras su mirada se perda en la nada del cielo. Le pareca estar solo en el universo, e imaginaba que era el nico sobreviviente de un holocausto nuclear, un individuo condenado a vagar solitario por sobre las ruinas del mundo hasta que la muerte lo alcanzara, y entonces escuchaba el viento que silbaba por sobre su cabeza y vena inevitablemente a su mente el estribillo de una cancin de King Crimson sin que l lo evocara voluntariamente.Confusion will be my epitaph.As I crawl a cracked and brokenpath.If we make it we can all sit back and laugh.But I fear tomorrow I'll be crying,Yes I fear tomorrow I'll be crying.

All sentado, pensaba en cul sera su epitafio, y en cun triste sera la vida de ese hipottico sobreviviente que no podra escuchar su msica favorita, vindose condenado a evocarla de manera incompleta en sus memorias. Y Peluca se deca que el desastrado solitario hara selecciones enormes, listas interminables de canciones, y las ordenara cuidadosamente como si se tratase del soundtrack de su vida. Y pensaba que mientras caminara por ese mundo suyo, aquel pobre diablo hara y deshara sus listas una y otra vez, combinando gneros musicales e intrpretes, para no aburrirse y para evitar el suicidio, porque sera lo ms estpido autoeliminarse luego de haber sobrevivido a una hecatombe nuclear. Peluca se distraa pensando estas cosas hasta que tena que irse porque el estadio se llenaba de parejas excitadas, de futbolistas universitarios que improvisaban ruidosos cotejos en el amarillento csped, de alumnos que acudan a leer en las graderas y de cuadrillas de soldados que hacan rondas y se paseaban por el contorno, dando cientos de vueltas, detenindose a veces para ver cmo los enamorados se tocaban entre ellos. Y Peluca los vea cuchicheando. Los soldados eran chiquillos menores que l, obligados a estar all, y l pensaba que quiz los pobres diablos esperaban recordar eso para masturbarse esa noche antes de ir a dormir en el segundo piso del comedor.As, huyendo de la gente, Peluca se alejaba del estadio con las manos en los bolsillos, dejando que su cabellera larga volara agitada por el viento y mientras andaba una pregunta vena una y otra vez a su mente. Qu le quedara al sobreviviente el da que empezara a olvidar las antiguas canciones?

2El joven, ya fuera de la camioneta, avanz a paso apurado dando grandes trancos. Tena las venas del cuello sobresaltadas y los ojos inyectados de odio visceral. Era tan alto que para observarlo Efran tuvo que alzar la cabeza. El portero no baj la mirada, la sostuvo sin decir nada.Oye, pedazo de imbcil el joven, hablando con una voz muy ronca, se coloc tan cerca de Efran que aquel pudo sentir que a cada palabra una lluvia de saliva le mojaba el rostro. Sabes quin soy yo? Al muchacho se le haban saltado ms las venas del cuello. Efran lo mir en silencio. Realmente no saba quin era. Acaso tena por qu saberlo? Saba que era hijo del dueo porque se lo acababa de decir el jefe de mantenimiento, pero cuando intent pasar sin identificarse no lo haba sabido. Alto, pelirrojo y colorado; con el cuello estirado y los ojos desorbitados, a Efran el muchacho le pareci un gallo de pelea que se estiraba para cantar. Vindolo, calcul que ese chiquillo tendra unos veinte aos. Como el joven, tras una breve pausa, volvi a increparlo, el portero se anim a contestar. Le asegur que slo segua el protocolo de seguridad, que nadie la haba avisado de antemano que el joven Ferreiros vendra a la fbrica y que no haba sido su intencin hacerlo esperar demasiado, lo que ocurra era que mientras consultaba si dejaba pasar la camioneta, las cosas haban demorado.El protocolo volvi a decir Efran, cuando fue interrumpido por el joven.Por la puta madre, me cago en el puto protocolo el joven se jal el nudo de la corbata para aflojarla y a Efran se le ocurri pensar que se estaba estrangulando y por eso se le haban sobresaltado tanto las venas, y