Florencio del Mármol: Recuerdos de viajes y guerras. 1880

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  • RECUERDOS

    DE

    VIAJE Y DE GUERRA

    POR

    FLORENCIO MRMOL

    CARTA A MI AMIGO D. JUAN CARBALLIDO

    BUENOS AIRES

    ___________

    IMPRENTA DE OBRAS DE LA NACION, CALLE DE SAN MARTIN NUMERO 208.

    1880

  • CARTA A MI AMIGO EL DOCTOR D.JUAN CARBALLIDO

    Distinguido amigo:

    Alguna vez te has manifestado deseoso de conocer en detalle los sucesos de la guerra del Pacfico en que

    haya tomado alguna parte - las observaciones hechas durante mi permanencia en Bolivia y el Per - y los

    incidentes ocurridos y esperimentados en el viaje.

    De ninguna manera podria satisfacer mejor ese deseo, que hacindote la relacion de todo ello por medio

    de esta carta, cuya publicidad espero me disculpes.

    Te estraar, quizs, este proceder, cuando sabes que mi primer propsito fu de no ocupar la atencion del

    pblico con nada relativo mi ltima campaa.

    T conoces mis desconfianzas y mi temor hcia las interpretaciones que puedan darse una pblica

    manifestacion, por mas sincera y humilde que ella sea. T sabes que siempre tem los calificativos arbitrarios con

    que muchas veces, la naturaleza humana, en su pequea condicion, se siento inclinada juzgar las espansiones de

    un hombre jven. [pg. 5]

    Pero cuando he visto terminada la tarea que me impuse en tu obsequio particular, he creido que de ella

    podra servirme al mismo tiempo, para esplicar mis dems amigos y relaciones, mis compatriotas en general,

    la conducta observada por un miembro de la juventud argentina, cualquiera que sea su nombre de pila, en pas

    extranjero, con las armas en la mano, en las filas de un ejrcito no cobijado por la bandera blanca y azul- celeste

    de nuestras gloriosas tradiciones.

    Encarando la cuestion bajo este punto de vista, faz que tiene una verdadera razon de ser, he considerado

    un deber mio dar publicidad esta carta, venciendo todo temor, afrontando toda interpretacion, subordinando todo

    al dictado de mi conciencia.

    Y al hacerlo, abrigo la esperanza y la satisfaccion de que cuntos de mis compatriotas se dignen leer estas

    lneas, han de pensar, como es mi conviccin, que mis humildes servicios prestados la causa de los aliados en

    las filas del ejrcito Boliviano, pueden sintetizarse en toda su modesta esfera, diciendo que los colores argentinos

    ostentados con orgullo en el extranjero sobre el peto de mi casaca, han sido llevados siempre con honor y

    dignidad.

    Sentado lo que precede, entro en materia.[pg. 6]

    I

    En Febrero de 1879 un ejrcito chileno invadia sin prvia declaracion de guerra el territorio boliviano en

    la costa del Pacfico. Se pretest el falseamiento de tratados internacionales por parte del gobierno de Bolivia, y,

    violando un principio de hidalguia reconocido y practicado por naciones civilizadas, qued consumada la

    empresa, como lo hiciera el tirano paraguayo en 1865 sobre la ciudad de Corrientes.

    El grito de indignacion que estos actos debian arrancar Bolivia, se tradujo inmediatamente en la protesta

    que sus principales ciudades levantaran con toda la energa de un pueblo que se siente herido en su honor, en su

    derecho, en sus intereses: as nos lo hicieron comprender los cos del Illimani, del Potos y del Chorolque, al

    repercutir en la cuenca del Plata.

  • Las manifestaciones del patriotismo exacerbado por el ultraje del extranjero, fueron presididas siempre y

    en todas partes por banderas argentinas y peruanas, entrelazadas la bandera nacional. Estas demostraciones de

    simpatia del pueblo boliviano hcia la Repblica Argentina, eran el resultado de la ntima conviccion abrigada en

    aquel pas, de que los argentinos seramos sus decididos aliados en el vivac y en el campo de batalla.

    Llevada cabo la invasin chilena al territorio boliviano, el Per, que iba verse envuelto en la guerra, en

    virtud del tratado ofensivo-defensivo contra Chile, firmado con Bolivia en 1873, envi una misin diplomtica

    Santiago que tratara de evitar el desarrollo de los sucesos.

    Esta embajada no tuvo otra consecuencia que la declara- [pg. 7] cion de guerra, violenta y temeraria,

    hecha por Chile al gobierno del Per.

    Desde aquel momento se abri la contemplacion de Amrica y Europa el escenario de la contienda que

    iba ensangrentar el Pacfico, amenguar la fuerza de tres naciones y retardar en su seno los beneficios que la paz

    fecunda y estimula.

    II

    La causa de Bolivia y el Per tuvo de su parte las simpatias de la Repblica Argentina. En muchas de sus

    capitales se hicieron manifestaciones numerosas y entusiastas.

    Esta actitud era el resultado de la petulancia y la mala f con que Chile procedia en el arreglo de nuestra

    cuestion de lmites: la justicia, tan altamente reconocida y proclamada, que asistia Bolivia y al Per : y el medio

    indigno de que Chile se servia para declarar la guerra esas dos repblicas.

    Pero algun tiempo antes de producirse estas manifestaciones de la opinion pblica argentina, ya me habia

    impulsado un profundo sentimiento y una madura conciencia, dirigirme al teatro en que iban desarrollarse los

    sucesos de la guerra del Pacfico.

    Sin recursos disponibles para hacer frente al viaje y sus preparativos, me decid consumar el mas

    costoso sacrificio, enagenando mi biblioteca, rica de libros y documentos americanos antiguos y modernos y mi

    coleccin de cuadros, una y otra reunida y legada por mi padre. [pg. 8]

    Con el escaso capital conseguido por este medio, me hall en circunstancias de emprender el viaje.

    Hecho mi ligero equipaje de soldado en campaa, y arreglados todos mis asuntos particulares, d el adios

    Buenos Aires y un abrazo mis amigos y familia, zarpando del puerto en la maana del 27 de Abril bordo del

    vapor Proveedor, en momentos en que la gran mayora del pueblo se reunia en la plaza de la Victoria, para

    protestar contra fraudes y falsificaciones cometidos por la Legislatura.

    III

    Habia abandonado mi pas y consagraba desde aquel momento mis servicios y mi sangre otra Patria.

    No era Bolivia - no era el Per. Esa Ptria era la Justicia, los Derechos y la Independencia de dos pueblos,

    amenazados y comprometidos por la conquista armada de un vecino insolente y temerario. Ptria ilimitada, sin

    fronteras, cuyo gobierno y cuyo rgimen estn en la conciencia y el corazon de cada tomo en el mundo

    republicano. Ptria encarnada en las banderas de Bolivia y el Per, flotando ante las huestes de Chile, hermana

    impdica, que rompiendo con principios y tradiciones de la gran familia americana, jams se la vio sonrojar al

    escandalizarla con los hechos de su brbara usurpacin.

  • IV

    En el Rosario encontr de viaje para Buenos Aires al Enviado de Bolivia, Dr. Quijarro, quin me

    favoreci con una carta de presentacion para el Dr. Dria Medina, Mi- [pg. 9] nistro del Gobierno del General

    Daza. El 29 continu mi viaje hasta Crdoba, de donde sal inmediatamente para Tucuman, teniendo el gusto de

    hacer este trayecto en compaia del Ingeniero Civil D. Pedro Coni. Al dia siguiente tom asiento en la mensageria

    hasta Salta, en cuya ciudad fu saludado por el General D. Nicanor Flores, el Dr. Caballero y otros ciudadanos

    bolivianos residentes all. Tuve tambien la satisfaccion de encontrar en Salta mi amigo y antiguo condiscpulo

    en las aulas de Jurisprudencia, D. Severo Gomez, que poco tiempo despus pas la cordillera y fu ocupar un

    puesto en el ejrcito chileno, de cuyo pas es natural. Pasados dos dias - y merced las atenciones que me

    dispensaron los seores Dr. D. Abel Ortiz y D. Juan Martin Leguizamon - ech mi recado sobre el lomo de un

    caballo que me proporcion el primero de estos seores, y en compaia de un oficial de Polica urbana puesto

    mis rdenes, emprend marcha hcia Jujuy. El 12 de Mayo me hallaba tres leguas de esta ciudad, cuando tuve

    conocimiento de haber estallado en ese dia la revolucion que derroc al Gobernador Torino. Cre prudente no

    entrar al pueblo esa noche, y me aloj en el rancho de un gaucho octogenario, que cautiv mi atencin hasta cerca

    de la madrugada con el recuerdo de sus aventuras y peripecias en los hermosos tiempos de la patria vieja.

    El dia 13 entr la ciudad, cuyo Cabildo ocupaban algunas fuerzas revolucionarias. Me dirig ellas

    preguntando por su jefe, quin, una vez presentado, me pidi las pruebas del objeto que, segun habia enunciado,

    tenia mi viaje. Puse en sus manos varias cartas y otros comprobantes y qued en libertad, prvio compromiso de

    no seguir adelante mientras [pg. 10] no se tuvieran noticias de la actitud que asumiera la Quebrada de

    Humahuaca, cuya influencia en las cuestiones polticas de aquella provincia, pesa poderosamente en la balanza

    del xito. Seis dias estuve detenido por esta emergencia, la cual trastornaba profundamente el rden econmico

    que me veia obligado guardar, tanto mas cuando ni siquiera habia salido del territorio de la Repblica.

    En Jujuy no pude haber permanecido sin visitar con religioso respeto el edificio cuyo pavimento reg con

    su sangre, al exhalar el ltimo aliento, el soldado caballeresco y mas preciosa vctima de la libertad argentina.

    Aun se conserva en la puerta de aquel edificio, el agujero abierto por la bala que, lanzada al acaso, fu herir de

    muerte al noble general Juan Lavalle.

    Tucuman, Las Piedras, el Pasaje Juramento, Salta, Jujuy, y mas tarde Cotagaita, Suipacha, Vilcapugio y

    otros, fueron lugares que conmovieron mi espritu influencia de diversas impr