Feminismos 16

of 26 /26
Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64 EL CUERPO DE LA NACIÓN: ALEGORÍAS Y SÍMBOLOS POLÍTICOS EN LA ESPAÑA LIBERAL (1808-1874) MARIE-ANGÈLE OROBON Université Sorbonne Nouvelle – Paris 3 Recibido: 31/10/2010 Aceptado: 2/12/2010 Resumen Partiendo de una reflexión en torno a la metáfora del cuerpo político en tanto que órgano de representación política, este artículo propone un acercamiento a la plasmación alegórica y simbólica del cuerpo de la nación como sujeto de imputación del poder en la época liberal. Si bien la Guerra de la Independen- cia hace emerger una alegoría femenina, emancipada de la monarquía, para encarnar a la nación como actor político, es el cuerpo de Isabel II, reina-niña, el que simboliza el afianzamiento del liberalismo en España. Finalmente, con la democratización de la política que, paradójicamente, consagra la desigual- dad de la mujer, la figura femenina, entre alegoría y realidad, llega a cobrar en la imaginería política un protagonismo creciente hasta identificarse con el nuevo poder en gestación: el del pueblo. Palabras clave: alegoría, género, nación, cuerpo político, simbología política, soberanía. Abstract Starting from a survey of the metaphor of the political body, this article of- fers an approach of the allegorical and symbolic embodiment of the nation as the character in charge of power in the liberal period. The War of Inde- pendence imposes the female allegory, emancipated from the monarchy as it

Embed Size (px)

Transcript of Feminismos 16

  • Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    EL CUERpO DE LA NACIN: ALEGORAS Y SMBOLOS pOLTICOS EN LA ESpAA LIBERAL

    (1808-1874)

    Marie-anGle orobonUniversit Sorbonne Nouvelle Paris 3

    Recibido: 31/10/2010 Aceptado: 2/12/2010

    Resumen

    Partiendo de una reflexin en torno a la metfora del cuerpo poltico en tanto que rgano de representacin poltica, este artculo propone un acercamiento a la plasmacin alegrica y simblica del cuerpo de la nacin como sujeto de imputacin del poder en la poca liberal. Si bien la Guerra de la Independen-cia hace emerger una alegora femenina, emancipada de la monarqua, para encarnar a la nacin como actor poltico, es el cuerpo de Isabel II, reina-nia, el que simboliza el afianzamiento del liberalismo en Espaa. Finalmente, con la democratizacin de la poltica que, paradjicamente, consagra la desigual-dad de la mujer, la figura femenina, entre alegora y realidad, llega a cobrar en la imaginera poltica un protagonismo creciente hasta identificarse con el nuevo poder en gestacin: el del pueblo.

    palabras clave: alegora, gnero, nacin, cuerpo poltico, simbologa poltica, soberana.

    Abstract

    Starting from a survey of the metaphor of the political body, this article of-fers an approach of the allegorical and symbolic embodiment of the nation as the character in charge of power in the liberal period. The War of Inde-pendence imposes the female allegory, emancipated from the monarchy as it

  • 40 Marie-Angle Orobon

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    is, to embody the nation as the actor on the political stage. Whereas it is the actual body of Isabel II, both a little girl and a queen, which symbolizes the subsequent consolidation of liberalism in Spain. Finally, together with politics becoming democratic, which paradoxically establishes the unequal status of woman by making her a political outcast, the female figure plays an essential part in political imagery, halfway between allegory and reality, to the extent of being identified with the new power on the way: the power of the people.

    Key Words: allegory, gender, nation, political body, political symbolism, sovereignty.

  • Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    Hace ya varios aos el historiador francs Antoine de Baecque demostr, en un libro original y sugerente la importancia de las metforas en historia. El cuerpo de la historia, as se titulaba la obra, trataba esencialmente, siguiendo el hilo de las formas corporales de la representacin poltica en los aos bisagra de la Revolucin francesa, del traspaso de la soberana del cuerpo del rey al gran cuerpo de los ciudadanos1.

    El uso polticamente orientado de la metfora corprea para designar al titular del poder poltico el cuerpo del rey, como smbolo encarnado del rei-no, el cuerpo de la nacin como titular de la soberana procede de un tropo admitido de antiguo. Derivado del latn en que la palabra corpus designaba en sentido figurado una reunin de personas (como en el sintagma corpus civitatis), se difunde el sentido poltico de la metfora corporal en la edad moderna bajo la influencia del espritu humanista del Renacimiento, que hace del cuerpo humano medida de todas las cosas, establecindose corresponden-cias entre el universo (macrocosmos), el cuerpo humano (microcosmos) y el cuerpo de la repblica, como trasunto de ste ltimo2. Mientras la forma-cin de los Estados centralizados en el siglo XVI, apoyados en la monarqua de derecho divino, hace del rey la cabeza, el corazn o el alma del cuerpo de la repblica3, se asienta en Inglaterra, a finales de ese mismo siglo, la idea de soberana del parlamento, compuesto por el prncipe y las dos cmaras. A ese cuerpo poltico, como lo denominan Thomas Smith, en De Republica Anglorum y Richard Hooker, en Of the Laws of Ecclesiastical Politic, en tanto que rgano de representacin individualista y no organicista, corresponde el poder de hacer las leyes4.

    1. baecque, Antoine de. Le corps de lhistoire. Mtaphores et politique (1700-1800). Pars, Calmann-Lvy, 1993.

    2. redondo, Augustin. Introduction. En A. Redondo (ed.). Le corps comme mtaphore dans lEspagne des XVI et XVII sicles. Paris, Presses de la Sorbonne Nouvelle, 1992, p. 5.

    3. Ibd., p. 6.4. varela SuanzeS-carpeGna, Joaqun, La soberana en la doctrina britnica (de Bracton

    a Dicey). Fundamentos, 1 (1998), pp. 87-166. Quiero agradecer a los profesores Joaqun Varela Suanzes-Carpegna (de la Universidad de Oviedo) y Javier Fernndez Sebastin (de la Universidad del Pas Vasco) su valiosa y amistosa ayuda.

  • 42 Marie-Angle Orobon

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    Un siglo ms tarde, en An Essay Concerning the True Original Extent and End of Civil Government (1690), John Locke entiende por cuerpo poltico no al parlamento, sino a la comunidad formada por el consentimiento indivi-dual de los hombres que se han incorporado a dicha comunidad5. As el fil-sofo ingls otorga al sintagma cuerpo poltico el sentido de individualidad (los hombres que forman la comunidad por consentimiento individual) y de unidad: se entiende que el cuerpo poltico as formado acta como un solo cuerpo (one body), obligndose los hombres que han integrado este cuerpo poltico a someterse a la decisin de la mayora6. El concepto de soberana que va vinculado a la nocin de cuerpo poltico, sea ste la representacin de una comunidad o esa misma comunidad, como aparece en los escritos de los publicistas ingleses, lo une Rousseau, en 1762, en su teora del contra-to social, a la idea de voluntad general y el abate Sieys, en su famoso opsculo Quest-ce que le tiers-tat? de enero de 1789, identifica la soberana con la nacin incorporada por el tercer estado. Para Sieys la nacin es un corps dassocis vivant sous une loi commune et reprsents par la mme lgislature7 es decir, una misma asamblea encargada de legislar. Este escrito tendra decisiva influencia sobre la formacin de la Asamblea Nacional, luego Asamblea Constituyente, a partir de la reunin de los tats Gnraux de mayo de 1789 en Versalles.

    Apenas dos dcadas ms tarde, en Espaa, las Cortes reunidas en Cdiz, culminando el impulso de resistencia popular contra la invasin napolenica de 1808 que se haba traducido polticamente en las juntas patriticas, se de-claran depositarias de la soberana nacional. Los diputados que componen este Congreso, y que representan a la nacin espaola, se declaran legtima-mente constituidos en Cortes generales y extraordinarias, y que reside en ellas la soberana nacional8. El sesgo revolucionario del primer decreto de las Cor-tes, promulgado el 24 de septiembre de 1810, da nacimiento al cuerpo repre-sentativo de la nacin, determinando el rumbo ulterior de la elaboracin de la Constitucin de 1812, cuyo artculo tercero proclamaba que la soberana reside esencialmente en la nacin y por lo mismo pertenece a sta exclusiva-mente el derecho de establecer sus leyes fundamentales 9.

    5. Ibid.6. En el prrafo 97 del ensayo de Locke, que he consultado en su versin francesa: locke,

    John. Trait du Gouvernement civil. Pars, Flammarion, 2008, p. 266.7. SieyS, Emmanuel Joseph. Quest-ce que le tiers tat?. prface de Jean-Denis Bredin, Pars,

    Flammarion, 1988, p. 40.8. Diario de Sesiones de las Cortes generales y extraordinarias, n 1, 24-IX-1810, p. 3.9. Evocando los congresos y asambleas que se extendieron por la geografa hispana a partir

    de 1810, escribe Jos Mara portillo valdS: [] pensaron que podan restablecer el

  • El cuerpo de la nacin: alegoras y smbolos polticos en la Espaa liberal... 43

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    Partiendo de ese momento inaugural de la nacin como sujeto de im-putacin de poder, esta aproximacin se propone abordar la traduccin ico-nogrfica del cuerpo de la nacin soberana, en tanto que representacin del poder poltico. En la era liberal, la figura alegrica femenina, heredada de la iconografa tradicional de la monarqua, es la que viene a encarnar el cuerpo poltico de la nacin soberana de los ciudadanos, hasta identificarse con el nuevo poder que se viene imponiendo, la democracia.

    1. El gnero de la nacin

    Como lo recuerda el historiador Maurice Agulhon, el especialista de la ima-ginera y simbologa republicanas, la representacin visual de las ideas, como la justicia, la libertad, la ciencia o de realidades ms concretas pero demasia-do amplias como para abarcarlas de una sola mirada (Francia, Alemania, Pa-rs) es una caracterstica comn a los pases que pertenecen al rea cultural europea de formacin grecolatina10. En los siglos XVII y XVIII, cuando est perfectamente codificada la alegora11, parece imponerse la representacin de las monarquas europeas bajo la forma de figuras humanas acompaadas de atributos simblicos, herederas de los dioses y diosas de la Antigedad. Sin embargo antes de que se implantara la figura humana, la figura emblemtica ms antigua y comn a casi todos los reinos europeos es el len cuya fuerza encarna simblicamente la fuerza del jefe del reino12. El len pasa en la poca moderna a caracterizar exclusivamente a la monarqua espaola, tomando los dems reinos europeos otros emblemas animales: el leopardo para Inglaterra, el guila para las Provincias Unidas, el gallo para Francia. En 1612, en la cele-bracin de los esponsales de Luis XIII con la infanta Ana de Austria, la plaza Real de Pars estuvo enteramente adornada con gallos, atributos de Francia,

    cuerpo de la monarqua convirtindolo en cuerpo de nacin como se quiso en Cdiz o componindola ahora pueblos soberanos asociados en monarqua como se intent en Cundinamarca, Quito o Santiago de Chile, en Cuerpo de nacin, pueblo soberano. La representacin poltica en la crisis de la monarqua hispana. Ayer, 61 (2006), p. 48.

    10. aGulHon, Maurice. La reprsentation de la France: quelques rflexions sur limage f-minine en politique. En M.-C. Hoock-Demarle (dir.). Femmes, Nations, Europe. Pars, Publications de lUniversit Paris 7-Denis Diderot, 1995 p. 13.

    11. MaSSon, Andr. Lallgorie. Pars, PUF, Collection Que sais-je?, 1974, p. 5.12. F. Menndez pidal seala el triple vnculo semntico que une el len y la monar-

    qua: leo fortis, rex fortis, leo rex en su artculo Symbolique dtat et armoiries des Royaumes espagnols. En XVIII. Internationaler Kongre fr Genealogie und Heraldik, 5-9 September 1988, Thaurdruck, Giesriegl Ges.m.b.H., Thaur/Tyrol, 1989, p. 418 (nota 2).

  • 44 Marie-Angle Orobon

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    y leones, atributos de Espaa13. La pareja formada por el len y la alegora femenina para representar a la monarqua espaola se impuso en la icono-grafa de exaltacin de la realeza en el siglo XVII14. Posteriormente, reinando los Borbones, Tipolo, en el Palacio Real edificado en la poca de Carlos III, y Francisco Bayeu en 1794, bajo el reinado de Carlos IV, representan a la mo-narqua espaola bajo la doble figura de la efigie femenina y el len15.

    La historiadora norteamericana Lynnn Hunt ha recalcado cmo en la Re-volucin Francesa las personificaciones femeninas sustituyeron la imagen del rey, asumiendo el desplazamiento del centro de poder16. En Espaa, la ruptura poltica que significa para la monarqua la Guerra de la Independencia, ese momento de la nacin17, se traduce grficamente en composiciones ale-gricas que permaneciendo fieles a determinados cdigos iconogrficos del barroco confieren, sin embargo, mayor protagonismo a la imagen femenina que viene a plasmar la sublevacin y resistencia a la invasin napolenica en unin con Inglaterra. As, toda una serie de estampas, en las que se escenifica a las dos monarquas bajo los rasgos de sendas matronas, celebran la alianza entre Espaa e Inglaterra18. A pesar de su intencin tradicionalista (defensa de la religin en la que se halla disparatadamente involucrada Inglaterra) y apologtica (gloria de Fernando), la estampa Triunfo de la Religin y del

    13. paStoureau, Michel. Le coq gaulois. En P. Nora (dir.). Les lieux de mmoire, Les France. vol. III, Pars, Quarto Gallimard, 2004, p. 4305.

    14. Como en el grabado de la toma de posesin de la corona por Carlos II en un almanaque de 1673 en el que la monarqua espaola est figurada por una matrona sentada en un trono con un len y un cetro (vase la coleccin Hennin, conservada en la Bibliothque Nationale de France, n 4664). De la misma forma, en la Alegora de la integracin de Mesina a Espaa de Luca Giordano de 1678, Espaa est figurada por una matrona romana con un len a sus pies en una profusa composicin alegrica.

    15. La Glorificacin de la monarqua espaola de Tipolo adorna el techo del saln del trono del Palacio Real de Madrid. El historiador Juan Francisco FuenteS evoca la composicin pictrica de Bayeu en La matrona y el len: imgenes de la nacin liberal en la Espaa del Siglo XIX. Archivos de la filmoteca: Revista de estudios histricos sobre la imagen, 66 (2010), pp. 44-67. Agradezco al autor el haberme dado a conocer este trabajo.

    16. Hunt, Lynn. Politics, Culture, and Class in the French Revolution. Berkeley-Los Angeles, University of California Press, 1984.

    17. Para los patriotas insurgentes contra Jos I, no cabe ninguna duda de que el Estado ha sido destruido, y es la hora de la patria y la nacin escribe Javier Fernndez Sebastin en El momento de la nacin. Monarqua, Estado y nacin en el lenguaje poltico del trnsito entre los siglos XVIII y XIX. En A. Morales Moya (coord.). 1802. Espaa entre dos siglos Monarqua, Estado, Nacin. Madrid, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2003, p. 74 (nota).

    18. Vase el catlogo elaborado por Claudette drozier en el tomo 2 de La Guerre dIndpendance espagnole travers lestampe (1808-1814). Lille, Atelier Reproduction des thses, Universit Lille III, Paris, Librairie Honor Champion, 1976.

  • El cuerpo de la nacin: alegoras y smbolos polticos en la Espaa liberal... 45

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    Rey Fernando con exterminio del Tirano a impulsos de las dos he-roicas Naciones unidas19 (Fig. 1) viene a subrayar el protagonismo de la nacin espaola, represen-tada por una parte en la matro-na acompaada por el len y por otra parte por la figura duplicada del len en lucha encarnizada con Jos Bonaparte, es decir contra el poder usurpador. En esta estam-pa, como en otras, el retrato ce-leste, en medalln, de Fernando seala la presencia simblica del monarca espaol a la vez que su ausencia fsica y por consiguien-te la actuacin terrestre y po-dramos decir soberana de la nacin espaola plasmada en la efigie femenina.

    La promulgacin de la Cons-titucin de 1812 dara lugar a escenografas urbanas, como la organizada en Teruel por las autoridades municipales. Una diosa de la liber-tad, identificada como libertad constitucional, rodeada de los smbolos del saber (libro), de la abundancia (espigas de trigo) y de la ciencia pisa triunfante un monstruo vestido de negro con un pual en la mano que significaba el despotismo y tirana20. Esta composicin alegrica anticipa los elementos

    19. Este grabado se conserva en la BNE, invent/ 14961. Al pie de la imagen se leen las indicaciones siguientes: Plcido Ferrn Arosa lo invent y dibuj, Esteban Boix lo grab ao 1814. Este grabado encargado por el arzobispo de Santiago, Don Rafael de Murquiz, est dedicado a Lord Wellington: Al primer Capitn del mundo Lord Well-ington, el Arzobispo de Santiago Don Rafael de Murquiz, quien en el ao 1808 dispuso que a sus expensas se grabase esta lmina como monumento de eterna gratitud y alian-za con la Gran Bretaa. Claudette drozier comenta que dicho proyecto iconogrfico poda albergar en 1808, por parte del arzobispo, el propsito de aplacar las reticencias para con la alianza contra Inglaterra (Op. cit., p. 745).

    20. Esta celebracin urbana se relata en un documento conservado en el Archivo Hist-rico Nacional y la comenta larraz, Emmanuel. Thtre et politique pendant la guerre dindpendance espagnole: 1808-1814. Aix en Provence, Universit de Provence, 1988, pp. 282-284.

    Figura 1.

  • 46 Marie-Angle Orobon

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    constitutivos de la imaginera liberal (el combate de la libertad contra el des-potismo) y luego la republicana que vinculara la nocin de libertad poltica con la ciencia, las artes y la abundancia, en torno a una idea que escasamente se expresa a principios del XIX, la de progreso.

    Si bien parece aclimatarse en la imaginera de la Guerra de la Independen-cia la alegora femenina, recuperada de la iconografa del poder monrquico, para figurar a la nacin, una curiosa y recargada estampa de 1814, dibujada por Aparicio y grabada por Pinelli, titulada La Nacin Espaola invadida prfidamente en 1808 por Napolen Bonaparte, se arma combate y vence en defensa de su REY, de su RELIGIN, y PATRIA (Fig. 2), de inspiracin davi-diana, presenta la novedad y singularidad para la poca de encarnar a la nacin espaola bajo la forma de una abigarrada muchedumbre21. En esta estampa se yerguen en el estrado, en torno al busto de Fernando VII, las alegoras

    21. BNE, invent/14934 e invent/23073 (existe una versin digitalizada en la Biblioteca Digital Hispnica de la BNE). ste es un grabado preparativo de un lienzo de monu-mentales dimensiones que acab Aparicio en 1818, vase el artculo de Hernndez Guardiola, Lorenzo. Un discpulo de la Academia de San Carlos: Jos Aparicio In-glada (1770-1838), pintor neoclsico espaol. Archivo de Arte Valenciano, 88 (2007), p. 328. Otra versin de esta estampa (Pomares, dibujante, Pinelli, grabador), bajo for-ma de esbozo, se reproduce en el catlogo Coleccin de grabados. Guerra de la Indepen-dencia 1808-1813. lava, Museo de Armera de lava, Diputacin foral de lava, 1997, plancha n 2. En este grabado no estn ni el busto del rey ni la figura de Marianne. En cambio, el elemento femenino est representado por una joven y una madre con su hijo en brazos. Indica el catlogo que estos grabados fueron hechos por el italiano Pinelli, en 1820 de su visin de la Guerra de la independencia de Espaa (p.).

    Figura 2.

  • El cuerpo de la nacin: alegoras y smbolos polticos en la Espaa liberal... 47

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    femeninas de la religin, de Espaa (como Minerva con casco) acompaada del len, mientras entre la multitud que emula a la representada en el lienzo de David, Le serment du Jeu de paume, una joven de pecho descubierto, montada a caballo, sujeta una antorcha o tea, como trasunto de la Marianne francesa. Por tanto, la figura femenina con apariencia bien diferenciada, la desordenada y escasa indumentaria de la carnosa y popular Marianne dista mucho del porte hiertico y romano de la Religin y de Minerva-Espaa sintetiza las ideologas opuestas y reunidas en la Espaa sublevada contra Napolen: tradicin y liberalismo.

    La multiplicacin de las efigies femeninas para encarnar a la nacin espa-ola, como poder en gestacin, se simultanea con el surgimiento de figuras alegricas masculinas: el len y el genio del patriotismo. En efecto, la abun-dante produccin grfica de la poca de la Guerra de la Independencia consa-gra al len, no ya como emblema de la monarqua, sino como encarnacin de la nacin espaola. As lo indica explcitamente una inscripcin que figura en una pintura annima de principios del siglo XIX, Imagen de Jura con retrato de Fernando VII, Este len que es la Nacin Espaola jams soltar de sus garras los dos Mundos de Fernando VII22. Ese traslado semntico podra explicarse por dos razones: una histrica, el esfuerzo del pueblo espaol en la resistencia contra la invasin, y otra grfica, el len con la fuerza de sus fauces y garras es el que plsticamente se opone y vence al guila o gallo francs, emblema de Francia, lucha alegrica tpica de las estampas de la poca23. Por la figura del len la Francia revolucionaria haba simbolizado la fuerza popular, como lo recuerda Agulhon24, quien especifica que la Libert du XIX sicle [est] presque toujours associe lanimal lion (symbole emprunt la panoplie du pouvoir)25. La figura masculina del genio del patriotismo encarna la fuerza y el arrojo. Suele aparecer bajo la forma de un Marte alado como en la estampa titulada Alegora de la Guerra de la Independencia 26 en la que tambin se alegoriza la guerra bajo la forma de la lucha encarnizada entre el guila,

    22. Vctor MnGuez evoca este lienzo que se conserva en el Museo Regional de Guadalaja-ra, Mxico, en su artculo La iconografa del poder. Fernando VII y Jos I. Apoteosis y escarnio en la disputa del trono espaol. En A. Ramos Santana y A. Romero Ferrer (eds.). 1808-1812: los emblemas de la libertad. Cdiz, Servicio de publicaciones de la Universidad de Cdiz, 2009, p. 176.

    23. El catlogo Estampas de la Guerra de la Independencia. Madrid, Ayuntamiento de Ma-drid, 1996, contiene numerosos ejemplos de esa lucha animal que a veces duplica otra escena de combate.

    24. Vase aGulHon, Maurice y bonte, Pierre. Marianne. Les visages de la Rpublique. Pars, Gallimard, 1992, pp. 15 y 39.

    25. aGulHon, Maurice. Marianne au combat. Pars, Flammarion, 1979, p. 25.26. En Estampas de la Guerra de la Independencia Op. cit., p. 149.

  • 48 Marie-Angle Orobon

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    geroglfico (sic) de la canalla francesa y el Len (con mayscula), sm-bolo del esfuerzo cast.no (Fig. 3). Es decir, si el len y el genio armado del patriotismo vienen a encarnar la fuerza concreta, la alegora femenina, recu-perada de la retrica grfica del barroco, representa este poder simblico que est emergiendo: la nacin. En cierta forma, en estas escenografas alegricas mixtas que mezclan lo animal y lo humano, lo femenino y lo masculino el reparto de gnero emula la que era representacin tradicional de la monarqua el rey, como poder concreto, histrico y la alegora femenina como encarna-cin de la institucin monrquica, como poder simblico de la realeza.

    Tanto la alegora de Espaa tomada prestada de la iconografa barroca, como el len o el genio del patriotismo, y mucho ms escasamente la muche-dumbre abigarrada, configuran, en el contexto de la Guerra de la Independen-cia, a la nacin espaola en tanto que actor poltico colectivo. La mayora de estas escenografas incluyen un retrato de Fernando VII, protagonista pasivo, valga el oxmoron, de las composiciones alegricas. Este retrato, abundan-temente reproducido en las escenas alegricas, forma parte de un dispositi-vo propagandstico que apunta a mitificar al soberano vctima de Napolen, como lo han subrayado el hispanista Claude Morange y ms recientemente Emilio La Parra27. Pero el retrato de Fernando, puesto en escena, y, en cierta

    27. Respectivamente en La Rvolution espagnole de 1808 1814. Histoire et cri-tures. En C. Morange, J.-R. Aymes, G. Brey, A. Lacour, A. Drozier. La Rvolution

    Figura 3.

  • El cuerpo de la nacin: alegoras y smbolos polticos en la Espaa liberal... 49

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    forma, instrumentalizado, tambin se muestra como smbolo de la cohesin nacional y como herramienta de propaganda que ha de suscitar el impulso colectivo contra la invasin y la dinasta intrusa. Por lo que, en el contexto blico, el retrato de Fernando es menos apologa de la monarqua que pro-paganda de la misma nacin. El retrato en medalln o el busto de Fernan-do forma parte del arsenal simblico de las seas de identidad de la nacin. Antonio Alcal Galiano, al evocar en sus memorias los primeros momentos de las Cortes de Cdiz, seala la presencia en el saln de las sesiones de las Cortes de un un retrato del rey bajo dosel, custodiado por guardias de la real persona, lo cual por fuerza significaba estar la majestad real all presente28, subrayando la importancia de los emblemas que algo significan, porque de algn pensamiento nacen y alguna idea estn destinados a expresar29. En cierta forma, Fernando representado en medalln de cabeza del cuerpo de la monarqua pasa a convertirse en emblema del cuerpo de la nacin.

    2. La Espaa liberal: de la reina-nacin a la mater dolorosa

    Si bien la Guerra de la Independencia haba hecho emerger una alegora feme-nina emancipada de la monarqua e identificada con la nacin en ciernes, no caba duda de que las mujeres, como tales, quedaban excluidas de esa misma construccin nacional. Es decir, como en los dems procesos de construccin nacional en Norteamrica y en Europa, en la primera andadura liberal espa-ola que se desarrolla en la coyuntura blica, el cuerpo femenino se hace sim-blicamente el portador de la nacin, pero se le niega a las mujeres cualquier relacin activa con esa misma construccin nacional30 y con el nuevo poder, derivado de la soberana nacional, que se est forjando.

    La conflictiva relacin entre poder y mujer se hara especialmente evi-dente con el acceso al trono de la hija de Fernando VII, Isabel II, en 1833. La

    franaise et son public en Espagne entre 1808 et 1814. Annales Littraires de lUniversit de Besanon. Pars, Les Belles Lettres, 338 (1989), p. 33 y en El mito del rey deseado. En Sombras de mayo. Mitos y memorias de la Guerra de la Independencia en Espaa (1808-1908), Madrid, Casa de Velzquez, 2007, pp. 221-236.

    28. alcal Galiano, Antonio. Memorias de D. Antonio Alcal Galiano, Edicin digital a partir de Obras escogidas. Recuerdos y memorias. T. I, Madrid, Atlas, 1955, captulo XVII.

    29. Ibid.30. Vase Mcclintock, Anne. No Longer in a Future Heaven, citada por Wenk, Silke en

    Gendered Representations of the Nations Past and Future. En I. Blom, K. Hagemann y C. Hall (eds.). Gendered Nations. Nationalism and Gender Order in the Long Nineteenth Century, Oxford-New York, Oxford International Publishers, 2000, p. 67. Sealemos que el reparto de gnero que caracteriza la construccin nacional no slo afecta a Es-tados Unidos y Europa sino otros pases, ya que Anne McClintock evoca el ejemplo surafricano en su artculo.

  • 50 Marie-Angle Orobon

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    feminidad de Isabel II fue un problema poltico desde el principio, como lo subraya Isabel Burdiel, y no slo por la consecuencia poltica e histrica ms espectacular que arrastr, la primera guerra carlista31. En efecto, coincidi el reinado de Isabel II con la asuncin de un nuevo orden social y poltico que marginaba a las mujeres del espacio pblico, recluyndolas en la esfera priva-da y consagrando un modelo femenino identificado con la moralidad y abne-gacin, el ngel del hogar. Un modelo con el que desde luego no encajara la personalidad y la desordenada vida privada de la soberana que, por otra parte, fue el constante instrumento de los intereses polticos primero de su madre y luego de los moderados.

    Desde el inicio, hubo una autntica instrumentalizacin de la figura de la joven Isabel II, heredera del trono, con slo tres aos, a la que se convierte en

    31. burdiel, Isabel. Isabel II. No se puede reinar inocentemente. Madrid, Espasa Calpe, 2004, pp. 25-26.

    Figura 4.

  • El cuerpo de la nacin: alegoras y smbolos polticos en la Espaa liberal... 51

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    emblema de la libertad y progreso en oposicin al absolutismo y al oscurantis-mo carlistas32. El contexto blico, la niez e inocencia de Isabel, la moviliza-cin popular en pro de la defensa de las libertades parecen emular el impulso de resistencia de la Guerra de la Independencia. De ah que la iconografa de la literatura de cordel de la poca convoque un arsenal simblico que en parte se haba venido forjando en la imaginera de la Guerra de la Independencia el len identificado con la nacin espaola, el genio del patriotismo, el mons-truo del despotismo derrotado, la lpida constitucional al que se suman la niez y feminidad de Isabel, convertidas en motivos icnicos.

    Al respecto, dos imgenes me parecen paradigmticas de la instrumen-talizacin de la figura femenina de la joven reina Isabel II por la propaganda liberal: un lienzo de Jos Ribelles y Elip Alegora de Espaa con Mara Cris-tina e Isabel II33 (Fig. 4) y el encabezamiento grfico de un romance impreso en Barcelona probablemente en 1843 A la unin de los espaoles todos34 (Fig. 5). Dos imgenes situadas, por otra parte, en momentos claves del reina-do de Isabel, la primera en la aprobacin del Estatuto Real, es decir en el trn-sito entre absolutismo y liberalismo, la segunda en la mayora de edad de la joven soberana. A pesar del estilo diferente una pintura acadmica de corte clasicista y un sobrio grabado en madera ambas representaciones exaltan la monarqua liberal, en su combate contra el carlismo en el primer caso, y unida al pueblo (confraternizan en el grabado paisanos y soldados) en el segundo, incluyendo a la joven monarca en una composicin narrativa.

    El lienzo de Ribelles, aunque fuertemente influido por los cdigos ico-nogrficos barrocos (los putti que llevan el manto de armio de Isabel, otro putto con horca, atributo de la agricultura, la imagen celeste de Minerva, diosa

    32. Gutirrez lloret, Rosa Ana. Da icona della libert a disonore della Spagna: imma-gini della regina Isabella II nel processo di legittimazione sociale e politica della prima monarchia liberale spagnola (1830-1868). En G. Guazzaloca (ed.). Sovrani a met. Monarchia e legittimazione politica tra Otto e Novecento, Soveria Mannelli, Ed. Rubbe-tino, 2009, p. 137.

    33. Agradezco sinceramente a Rosa Ana Gutirrez Lloret que me haya dado a conocer este cuadro que se conserva en el Museo del Romanticismo de Madrid. La datacin indicada por el Museo es en torno a 1833. Lo ms probable es que sea de 1834, por ser el cuadro claramente una exaltacin de Martnez de la Rosa, autor del Estatuto Real. Se dan di-versas ortografas del nombre del pintor: Ribelles y Felip, Ribelles y Helip. Explica Jos Luis barrio Moya que el segundo apellido es Felip, la ortografa Helip resulta de un error de lectura. Ribelles se hizo masn durante la ocupacin francesa y tuvo que vrselas con la inquisicin cuando regres Fernando VII a Espaa. Posteriormente, en 1819, Ribelles obtuvo el cargo de pintor honorario de Cmara. Vase su artculo Aportaciones a la biografa del pintor valenciano Jos Ribelles y Elip (1775-1835). Archivo de arte valenciano, 76 (1995), pp. 162-171.

    34. A la unin de los espaoles todos, Barcelona, Imprenta de Francisco Valls, s.f.

  • 52 Marie-Angle Orobon

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    de la sabidura, pero aqu representada como diosa guerrera, las alegoras de la abundancia y de la justicia), exalta el combate liberal victorioso contra la tirana que viene representada bajo la forma de una figura masculina, forzu-da, que acaban de tumbar a tres hombres, entre quienes se puede reconocer a Martnez de la Rosa35. ste pone el pie en el monstruo del despotismo ven-cido, el cual est armado de la tea incendiaria de la discordia y tiene los ojos vendados como la ignorancia. La tirana derrotada se encarna doblemente en, por una parte, el monstruo derribado y, por otra, la cadena rota que aherrojaba a Espaa representada como matrona de porte romano, tocada con la corona almenada. sta rinde pleitesa a la reina Isabel II acompaada de su madre Mara Cristina. La reina gobernadora sirve de vnculo de unin entre la alego-ra de Espaa y la reina nia, ponindose de relieve, formal y simblicamente, el papel poltico de Mara Cristina. La joven Isabel II tiene claros visos de nio Jess, en efecto no se sugiere nada la feminidad de la nia, subrayndose as hiperblicamente el papel mesinico de la reina nia. En la composicin, de evidente corte clasicista, domina el tringulo: en la base a la izquierda los liberales y a la derecha aquellas virtudes relacionadas con la monarqua tradicional: la justicia (con la balanza de platillos equilibrados y la espada no levantada sino hacia abajo en signo de paz), la prosperidad, formando la reina

    35. Quizs los otros dos personajes de este tro sean el conde de Toreno y Javier de Burgos. Agradezco a Claude Morange su generosa ayuda en esta identificacin.

    Figura 5.

  • El cuerpo de la nacin: alegoras y smbolos polticos en la Espaa liberal... 53

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    nia la cspide de la composicin triangular. Contrastan fuertemente los dos laterales del cuadro: a la izquierda el contexto agitado de la guerra (carlista) con su eco (romntico) en el cielo tormentoso, dominado sin embargo por la figura de Minerva (como anuncio de victoria); a la derecha un paisaje sereno, de cielo azul, con un puerto asociado con la actividad comercial, los viajes y la prosperidad. De hecho, se puede relacionar este fuerte contraste entre la parte izquierda y la parte derecha con el aspecto narrativo, tan del gusto de la pin-tura clsica, desde la bestia del despotismo vencida hasta la reina nia/Mesas que augura un futuro (a la derecha) de prosperidad, paz y justicia. Segn Car-los Reyero, el cuadro de Ribelles representa ms una monarqua de Antiguo Rgimen que constitucional36. No comparto plenamente esta opinin; creo ms bien que aparece el combate liberal como primordial o fundamental para la asuncin monrquica: el grupo de los liberales que vence a la tirana apa-rece a la izquierda, es decir segn el eje de lectura de izquierda a derecha, por lo menos para un espectador occidental, como anterior y como tal esencial a la accesin al trono de Isabel II. En todo caso tendramos aqu un ejemplo de transicin o enlace entre la representacin barroca de la monarqua y su versin en clave liberal.

    Con esta pintura oficial coincide toda una imaginera poltica de exalta-cin de la joven Isabel II como reina constitucional, que recoge parte del ar-senal simblico del que echaba mano Ribelles. ste es el caso de una alegora de la Constitucin de 1837 en la que la joven soberana, cuya feminidad viene recalcada (a pesar de sus escasos siete aos), sujeta el libro de la Constitucin, que descansa en una columna junto con los emblemas de la monarqua (co-rona cerrada y Toisn de oro), completando el len que yace a los pies de la columna esta escenografa de la monarqua constitucional37. En la imagen que sirve de encabezamiento al romance barcelons citado ms arriba se plasma la nacin espaola en una representacin metonmica del pueblo en la que con-fraternizan el ejrcito y los paisanos, codendose entre stos el pays (tocado de la barretina) y el burgus (con sombrero de copa) que aclama a la reina nia colocada en un pedestal y con aire de virgen, pero con atributos laicos y claramente polticos, el cetro y el libro de la Constitucin, sntesis grfica de la monarqua constitucional. Tras la confabulacin moderado-progresista que haba acabado con la regencia de Espartero el romance denuncia la trai-cin de los ayacuchos la joven reina concentra todas las esperanzas de

    36. reyero, Carlos. Pintar a Isabel II: en busca de una imagen para la reina. En J.S. Prez Garzn (ed.). Los espejos de la reina. Madrid, Marcial Pons Historia, 2004, p. 235.

    37. Se conserva un ejemplar de este grabado en la BNE, invent/15011.

  • 54 Marie-Angle Orobon

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    renovacin y conciliacin de los partidos38, esto es lo que escenifica el graba-do. La vieta ofrece, a travs de la fervorosa unin entre la corona y el pueblo, una imagen de la nacin an compartida por progresistas y moderados. Los festejos organizados con ocasin de la mayora de edad de Isabel II pusieron de relieve la juventud y la inocencia de la joven reina. En Sevilla, por ejemplo, uno de los elementos de la arquitectura efmera haba de comportar palo-mas, y guirnaldas de flores, como smbolo de la inocencia y de la gracia39. La difusin de la imagen de la reina nia pura e inocente como emblema del liberalismo se compagina con el uso de una retrica religiosa en la que se aso-cia a la reina nia con el nio Jess o con la imagen mariana.

    En la imaginera poltica de mediados del siglo XIX, si bien la reina Isa-bel II se integra en escenografas que plasman la monarqua constitucional, en tanto que alianza entre la corona y el pueblo, la figura del len se afianza co-mo emblema de la nacin espaola y especficamente del pueblo espaol. Un romance popular, probablemente de 1840, para evocar el sublevamiento de la heroica villa de Madrid contra la ley municipal, identifica al len con el pueblo: Al fin, el len de Espaa/ con noble arrojo se alz./ Y su imponente rugido/ por todo el reino son./ Este len es el pueblo/ que valiente y liberal/ siete aos que defiende/ la ley constitucional40. Un grabado alegrico de la Sociedad de Tejedores de Barcelona que celebra la industria, la agricultura y el comercio confirma al len como emblema nacional. Explica el pie de la imagen: Lo lla emblema de la forsa y de la naci Espaola (sic) aguantan lo lletrero o dona a entendre que la Espanya sempre defensar la industria, la agricultura y el comers41.

    La posterior guerra de Marruecos de 1859-1860, que se incluye en las ex-pediciones militares de la poca de dominio de la Unin Liberal de ODonnell, consagra a la figura del len, convirtindolo en elemento clave de la retrica nacionalista y patriotera que se consolid entonces. La literatura de cordel de la poca se llena entonces de leones rugientes que repentinamente salen de su

    38. burdiel, Isabel. Op. cit., pp. 219-220.39. Como lo indica el Programa de las funciones pblicas acordado por el Ayuntamiento de

    Sevilla los das 19, 20 y 21 de noviembre de 1843. Sevilla, Imprenta del Sevillano, 16 de noviembre de 1843, documento impreso conservado en la Hemeroteca Municipal de Madrid, A.1231.

    40. Pronunciamiento de la heroica villa de Madrid, unida con el ejrcito. Barcelona, Librera de Jos Lluch, s. f.

    41. Festivitat que selebra (sic) la societat de teixidos (sic) de Barcelona. Barcelona, Imprenta de C. Mir, s. f. Juan Francisco FuenteS evoca este grabado en su artculo Iconografa de la idea de Espaa en la segunda mitad del siglo XIX. Cercles dHistria cultural, Universitat de Barcelona, 5 (2002), pp. 8-25.

  • El cuerpo de la nacin: alegoras y smbolos polticos en la Espaa liberal... 55

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    letargo: en tal romance aparece el len del que se crea que ya nunca ms des-pertara42, en otro el rugido del len suena en toda Europa43, en otra parte el rugido del len rima con el trueno del can44. Est claro que en la coyuntura blica, el len es la alegora de Espaa, en una demostracin de fuerza ante las potencias europeas. El len hispano vencedor de la pantera africana anticipa la retrica nacionalista de la guerra hispanoamericana de 1898 que presentar al len dormido espaol descuartizando al cerdo yanqui.

    Mientras el len se hace emblema de la consolidacin del Estado libe-ral en su vertiente nacionalista y se explaya la alegora de Espaa bajo los rasgos de una noble y reposada matrona, en las fachadas y paredes de los monumentos oficiales45, los primeros pasos de la caricatura de prensa en la dcada de los treinta y cuarenta significan el divorcio grfico entre la otrora reina-nia-nacin, imagen propagandstica consolidada en la primera guerra carlista, y una Espaa a la que se representa con los rasgos de una matrona menos airosa, humanizada o incluso martirizada. El cuerpo femenino es el que mejor va a prestarse a encarnar los dolores de una nacin presa de los polticos corruptos, la mater dolorosa, que da ttulo a la obra de Jos lvarez Junco sobre la idea de Espaa en el siglo XIX46. El progresista Sancho Gober-nador47 publica el 1 de enero de 1837 una Espaa crucificada, torturada y

    42. Se crean que el Len/ nunca ms despertara, en el romance Declaracin de guerra que hace la Espaa indignada, al imperio de Marruecos. Barcelona, Jos Torras, Imp. de Francisco Snchez, 1859. La lmina que encabeza el romance evoca la firma de la declaracin de guerra por Isabel II, a quien aclaman los miembros del gobierno y los militares.

    43. La fama espaola. El sable de Prim. Barcelona, Jos Puig y Malagarriaga, Imp. Econmi-ca a cargo de Jos Antonio Oliveres, 1860.

    44. Suplemento a El can rayado. Viva Espaa! Viva el ejrcito de frica!. Barcelona, Imp. de Luis Tasso, 1860. La composicin potica es de Vctor Balaguer. As reza el principio del estribillo: Victoria! La anuncia/ rugiendo el len./ Victoria proclama/ tronando el can. En sus memorias, Conrad roure indica que esta publicacin, El can rayado, dirigida por Antonio Altadill, estaba enteramente dedicada a la guerra de Marruecos, en Recuerdos de mi larga vida. Barcelona, El Diluvio, 1925, T. 1, p. 148.

    45. Por ejemplo: el frontn del palacio del Congreso de los diputados, cuyo asunto haba de incluir a la Espaa abrazando la constitucin del Estado, tal como reza el pro-grama aprobado por Isabel II en 1848 (Archivo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, carpeta 28-4/2), los frescos del interior del mismo palacio o la fachada de la Biblioteca Nacional, entre otros.

    46. lvarez Junco, Jos. Mater dolorosa. La idea de Espaa en el siglo XIX. Madrid, Taurus, 2001.

    47. Ana Mara Garca rovira identifica esta publicacin con el republicanismo junto con El Corsario. Vase su artculo Radicalismo liberal, republicanismo y revolucin (1835-1837). Ayer, 29 (1998), pp. 63-90.

  • 56 Marie-Angle Orobon

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    saqueada48, en la dcada siguiente, en la moderada La Postdata, Espaa toma la apariencia de una joven Blandina descuartizada no por leones sino por una manada de lobos que representan a los ayacuchos, o aparece desangrada por ministros-sanguijuelas49. Un par de dcadas ms tarde, Francisco Ortego, caricaturista colaborador habitual del semanario Gil Blas, de simpatas dem-cratas, denuncia el endmico pretorianismo, representando a Espaa con el aspecto de una desvalida y asustada matrona acompaada de un len que en vano intenta espantar a cuatro militares que, con las espadas desenvainadas, la estn acorralando50. La pareja mixta por mezclar lo femenino y lo masculi-no, as como lo humano y lo animal formada por la matrona y el len como alegora de Espaa, afianzada a lo largo de la era liberal, se popularizara en el Sexenio Democrtico para expresar de forma jocosa y sarcstica las esperan-zas revolucionarias finalmente defraudadas.

    3. Entre Hispania y Mariana

    Si bien la revolucin de 1868 culmina el concepto de poltica en tanto que espacio pblico de igualdad entre ciudadanos al inscribir en la Constitucin de 1869 el sufragio universal, consagra, paradjicamente, la desigualdad de la mujer al marginarla de la ciudadana por razones sociales y culturales: no entra ni en la misin ni en la funcin de la mujer participar en la vida poltica. Sin embargo, en el terreno de las representaciones polticas, la figura femenina en la que haba encarnado alegricamente el liberalismo espaol a la nacin soberana llega a cobrar en el Sexenio Democrtico un protagonismo creciente hasta identificarse con el poder del pueblo.

    Simblicamente, al da siguiente del destronamiento de Isabel II, se figura a la nacin duea de sus destinos y no ya de una dinasta, sustituyendo en la cabecera de La Gaceta de Madrid el escudo de armas de los Borbones por una alegora femenina con balanza de la justicia y caduceo, acompaada de un len y un gallo, y que pisa un perro, smbolo de la tirana o la discordia51. La soberana nacional, encarnada en el cuerpo femenino, diseada seguramente

    48. La imagen figura precisamente en la portada del ensayo de lvarez Junco, Jos. Op.cit.49. Respectivamente, La Posdata, 1842 (sin mes) y La Posdata, octubre de 1843. Grabado

    conservado en la BNE, invent/17959. Juan Francisco FuenteS comenta esta segunda imagen en Iconografa de la idea de Espaa Op.cit., p. 14. La Postdata (1842-1843) con El Cangrejo (1841) forman parte de la prensa de signo moderado nacida en oposi-cin a la poltica de Espartero.

    50. Gil Blas, 14-I-1865, p. 3. Juan Francisco FuenteS comenta esta imagen en Iconografa de la idea de Espaa Op.cit., p. 14. Los cuatro militares son probablemente: Narvez (presidente del gobierno a la sazn), Prim, Espartero y ODonnell.

    51. La Gaceta de Madrid, 30-IX-1868.

  • El cuerpo de la nacin: alegoras y smbolos polticos en la Espaa liberal... 57

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    en la emergencia, cobra visos claramente republicanos al incluirse en la com-posicin al gallo, directamente heredado de la iconografa francesa. En efecto, el gallo haba experimentado una evolucin semntico-poltica parecida a la del len en la iconografa espaola: tras asimilarse con la monarqua francesa (como lo hemos visto ms arriba), cobr en el perodo revolucionario francs un simbolismo identificado con la libertad y el pueblo victorioso, hasta llegar a ser uno de los emblemas de la Repblica francesa52. En la imaginera pol-tica espaola, ya a principios de la era isabelina, el gallo se asimilaba con la libertad por una especie de procedimiento silogstico: el gallo es el emblema de Francia, Francia es el pas de la libertad, el gallo es pues el smbolo de la libertad53. En el Sexenio Democrtico, la propaganda republicana espaola aclimatar este mismo smbolo forneo.

    Al ao siguiente, ostenta el encabezamiento de La Gaceta de Madrid una figura femenina mucho menos revolucionaria, recostada en el escudo de Es-paa y acompaada del len54. La imagen emblema de la Espaa democrtica sigue, de hecho, el dictamen emitido por una comisin mixta que, a peticin del Gobierno provisional, haba reunido a miembros de las academias de His-toria y de Bellas Artes para elaborar la efigie de Espaa que haba de figurar en los nuevos cuos55. La comisin se inspira en el ejemplo de pases como Inglaterra, Suiza o Francia, que ostentan en sus monedas alegoras femeninas para representar a la nacin soberana. Siguiendo especialmente el ejemplo de la Francia del 48 que para simbolizar la Repblica, tom una bellsima cabeza de las medallas sicilianas antiguas56, propone la comisin la figura de Espaa, Hispania, grabada en el reverso de algunas medallas del emperador Adriano. Se concreta pues la proposicin de la Comisin en una matrona recostada en los Pirineos, rodeada del Ocano, con los pies en el Estrecho, la rama de oliva en la mano y la diadema en la cabeza, que ser el smbolo pedi-do de la soberana de la nacin57. La reposada matrona geogrfica es la encar-gada de encarnar la ruptura revolucionaria y la asuncin democrtica, pero se trata de una figura enraizada en la historia, la alegora romana, con un toque

    52. As lo explica Michel paStoureau en su obra Les emblmes de la France. Pars, ditions Bonneton, 1998, vase la entrada Coq, pp. 62-83.

    53. Por ejemplo en el romance en cataln de la poca de la revolucin de 1840 Cans Patritica. Lo gallet del liberal, per un poeta llemos. Barcelona, Imprenta de Bosch y Compa, s. f.

    54. A partir de 1 de enero de 1869.55. El informe remitido por la comisin, con fecha de 6 de noviembre de 1868, est publi-

    cado en el Boletn de la Real Academia de la Historia, IV, 1884, pp. 186-191.56. Ibd., p. 186.57. Ibd., p. 187.

  • 58 Marie-Angle Orobon

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    propiamente hispnico, ya que el emperador Adriano haba nacido en la B-tica. Como ya lo hiciera notar el medievalista Pastoureau, los smbolos no nacen de la nada, son constantes prstamos resemantizados. Era lo que haba pasado con la simbologa de la Francia revolucionaria deudora de la simbolo-ga romana. En el caso de la Espaa del Sexenio, la figura femenina encargada de representar el poder oficial de la nacin, rescatada de la antigedad por los acadmicos, saca su legitimacin a la vez de la ruptura revolucionaria y de la tradicin histrica. Esta imagen femenina del poder de la nacin es la que se acua en la recin creada peseta en 1869, llevando la moneda de 5 pesetas de 1869 inscrita en el canto el lema soberana nacional58; de la misma forma esta efigie alegrica de Espaa se pone en circulacin en los sellos de correos a partir del 1 de junio de 187059.

    Simultneamente, la libertad de expresin conseguida desde los primeros decretos emitidos por el gobierno provisional en octubre de 1868 y confirma-da por la Constitucin aprobada en junio de 1869, la primera constitucin democrtica de Espaa, as como la sofisticacin de los medios tcnicos de imprenta dan lugar a la difusin y popularizacin de la alegora femenina de Espaa para plasmar los sinsabores de la vida poltica. El ejemplo grfico ms conocido se debe al genial caricaturista Toms Padr, que ya haba hecho sus primeras armas en la prensa satrica catalana a partir de 1865, y cuyo nombre va asociado al semanario satrico publicado en Barcelona a partir de marzo de 1869: La Flaca60. La pareja formada por la matrona y el len, ambos literal-mente en los huesos, viene a encarnar las peripecias de la accidentada vida poltica de la poca del Sexenio, a la vez que la privatizacin de la alegora femenina, bajo forma de manola o de espaolita de a pie (bajo el lpiz de Or-tego), para representar a la nacin espaola en la prensa ilustrada de la poca, traduce en cierta forma que la poltica es asunto de todos y no es patrimonio de las lites gobernantes.

    En la novela La tribuna, de Emilia Pardo Bazn, ambientada en el Sexe-nio Democrtico, las obreras de la fbrica de tabacos se imaginan el en-frentamiento entre monarqua y repblica, tal como lo representa la prensa satrica de la poca, bajo la forma de figuras femeninas: la primera como una vieja carrancuda, arrugada como una pasa, con manto de prpura y

    58. De la peseta al euro. 130 aos de la historia de la moneda espaola. Madrid, Anderson Consulting, 1998, p. 19.

    59. Sellos de Espaa y dependencias postales. Catlogo especializado Madrid, edicin Edifil S.A., 1990, p. 45.

    60. Esta publicacin, de tendencia republicana federal, se prolonga hasta 1876, con dife-rentes ttulos: La Carcajada, La Madeja poltica, La Madeja.

  • El cuerpo de la nacin: alegoras y smbolos polticos en la Espaa liberal... 59

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    estropeado, mientras que la Re-pblica es una moza sana, for-nida, con tnica blanca, flamante gorro frigio61. El aire de libertad, la multiplicacin de las revistas y publicaciones republicanas o de simpatas republicanas hace que se difunda en la prensa de la po-ca la efigie republicana, trasunto de la Marianne francesa. En esta figura femenina, que encarna el ideal poltico de libertad, igual-dad y fraternidad, se superpo-nen el smbolo de la libertad y el emblema de la Repblica. Sus atributos son invariablemente el gorro frigio, la balanza de plati-llos equilibrados, la toga romana que deja un pecho descubierto y a veces el gallo, por las razones aducidas anteriormente. De hie-rtico porte es la Mariana sedente de perfil que sirve de portada a la coleccin de La Ilustracin Repu-blicana Federal, semanario creado por Enrique Rodrguez Sols, poco despus de la cada de la Commune en Pars, en junio de 187162 (Fig. 6). En este caso, la imagen funde la emblemtica oficial espaola (las columnas de Hrcules) con la simbologa republicana: la figura femenina, acompaada del len que en este caso es tanto smbolo republicano como emblema nacional y tocada del gorro frigio enarbola la bandera tricolor que lleva inscrita la trada repu-blicana: igualdad, libertad y fraternidad. Sobre el zcalo adems de la men-cin Dedicada al pueblo espaol se halla el tringulo masnico, smbolo de igualdad, mientras el globo terrqueo sobre el que reposa la efigie femenina,

    61. pardo bazn, Emilia. La tribuna. Madrid, Ctedra, 1991 (1 ed. 1883), p. 125.62. El primer nmero, de 15-VI-1871, es un homenaje a la Commune que acaba de ser

    derrotada. La revista se publica semanalmente hasta el 16-IX-1872. Colaboraron en ella los lderes ms destacados del republicanismo de aquella poca: Francisco Pi y Margall, Emilio Castelar, Estanislao Figueras y Fernando Garrido.

    Figura 6.

  • 60 Marie-Angle Orobon

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    tomado prestado de la iconografa cristiana y de las alegoras de la monarqua, plasma la expansin universal de la idea republicana.

    Pero la emblemtica oficial, proclamada ya la Repblica en Espaa (el 11 de febrero de 1873), haba de ser sensiblemente diferente de la iconografa propagandstica difundida por la prensa republicana. Si bien La Gaceta de Madrid, despus de recuperar a partir del 12 de febrero la efigie femenina, con pocas variaciones, que haba servido para plasmar el nuevo rgimen tras la cada de Isabel II, ostenta a partir del 3 de marzo una simbologa marca-damente republicana (gorro frigio, haz revolucionario, nivel masnico)63, la comisin mixta formada por las Academias de la Historia y de Bellas Artes plantea desterrar de los soportes de la seas de identidad de la nacin (escudo de armas, leyenda y atributos de la moneda) el gorro frigio, al que asocia en su informe con el terror y el desorden64. En cuanto a la alegora femenina, la comisin propone una efigie, romana tambin, como lo hiciera el dictamen acadmico de noviembre de 1868, pero acudiendo esta vez a la cabeza de Hispania de tiempos del emperador Galba65. Mientras tanto, la prensa de adscripcin republicana permanece fiel a la figura de Marianne tocada del go-rro frigio, con el pecho o los pechos descubiertos, indudable smbolo de que la Repblica es la madre nutricia. En efecto, el cuerpo femenino, a travs de algunas especificidades morfolgicas acentuadas, anchas caderas, pechos, es la traduccin en carne del ideal republicano igualitario, popular y generoso. Es lo que da a entender una composicin grfica entre realidad y alegora de Toms Padr publicada en La Flaca en julio de 1873, en la que una Mariana, triunfalmente paseada en carro, tiene indudables aires de La Marseillaise, que haba esculpido Franois Rude para rendir homenaje a los voluntarios reclutados en 1792 para defender a Francia66. La figura femenina rodeada del pueblo, asimilada con l, es a la vez smbolo del poder de la idea republicana,

    63. La cabecera del 3 de marzo de inconfundible sabor republicano se modifica levemente el 8 de abril (los elementos son los mismos, vara nicamente su colocacin). Sorpren-dentemente se prolonga el uso de dicha composicin alegrica hasta el 1 de mayo de 1874, es decir despus del golpe del general Pava.

    64. A peticin del gobierno del 16 de mayo de 1873, emite la comisin mixta formada para la ocasin su dictamen el 30 de julio de 1873, abordando dos puntos, la efigie y el escudo nacional. El dictamen se puede consultar en el Boletn de la Real Academia de la Historia, IV, 1884, pp. 192-198.

    65. Ibd., p. 197.66. Se trata del altorrelieve que figura en uno de los pilares del clebre Arco del Triunfo

    parisino, inaugurado en 1836. En l, una mujer alada, el espritu de la libertad, alienta al pueblo al combate.

  • El cuerpo de la nacin: alegoras y smbolos polticos en la Espaa liberal... 61

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    as como ensea y reivindicacin de la unin en un contexto de crisis poltica con la amenaza de la insurreccin cantonal67.

    4. Conclusin

    Si bien el cuerpo poltico-electoral de la nacin a lo largo del siglo XIX es exclusivamente masculino, su traduccin iconogrfica y simblica se encarna casi siempre en el cuerpo femenino. La gran estabilidad de la figura femenina, heredada de la monarqua, para encarnar la nacin liberal y luego la demo-cracia (a travs de Hispania) hasta la repblica, se acompaa de una notable modificacin de su morfologa: la belleza femenina etrea de tiempos de la monarqua se carga de sensualidad con la democratizacin de la poltica.

    Por otra parte, en el Sexenio, se multiplican en la prensa los grabados que representan a las mujeres, esta vez de carne y hueso, manifestndose, es decir en su actuacin poltica e histrica. El movimiento de oposicin a las quin-tas ve la implicacin de las mujeres, es lo que refleja, por ejemplo, El Museo Universal, con un grabado que representa una manifestacin de zaragozanas en enero de 186968. El comentario que acompaa el grabado subraya el valor de estas mujeres, su condicin de madres, su patriotismo y amor a la liber-tad, entremezclndose el papel tradicional de las mujeres y su compromiso poltico. Pero la creciente presencia de las mujeres en el espacio poltico de la manifestacin y protesta, tal como se subraya en las ilustraciones de la pren-sa de la poca del Sexenio, cobra, a mi parecer, un significado alegrico que supera el meramente histrico y testimonial. La figura femenina combativa viene a asimilarse con la fuerza popular en accin, con el poder del pueblo. En La Tribuna citada ms arriba, Emilia Pardo Bazn elige a una joven obrera de una fbrica de tabacos, Amparo, como protagonista de su novela. Con ello se trataba de dar fe de la militancia femenina en una poca determinada y, a la vez, de encarnar en este tribuno en femenino la creciente importancia del protagonismo popular durante el Sexenio. En efecto, aquella buena moza, escribe la novelista, era el viviente smbolo del pueblo joven69. Entre alego-ra y realidad, el cuerpo femenino en su versin democratizada viene a ser la plasmacin de las evoluciones polticas del siglo XIX.

    67. La Flaca, 2-VII-1873. La leyenda de esta cromolitografa a doble pgina reza lo siguien-te: Solamente marchando unidos, podremos pasearla triunfante.

    68. El Museo Universal, 31-I-1869. El dibujo es de Urrabieta. El Museo Universal cesa en noviembre de 1869, sucedindole La Ilustracin Espaola y Americana.

    69. pardo bazn, Emilia. Op. cit., p. 152.

  • 62 Marie-Angle Orobon

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    Referencias bibliogrficas

    aGulHon, Maurice. La reprsentation de la France: quelques rflexions sur limage fminine en politique. En M.-C. Hoock-Demarle (dir.). Femmes, Na-tions, Europe. Pars, Publications de lUniversit Paris 7-Denis Diderot, 1995, pp. 12-17.

    Marianne au combat. Pars, Flammarion, 1979. y bonte, Pierre. Marianne. Les visages de la Rpublique. Pars, Gallimard,

    1992.alcal Galiano, Antonio. Memorias de D. Antonio Alcal Galiano, Edicin digital

    a partir de Obras escogidas. Recuerdos y memorias. T. I, Madrid, Atlas, 1955.lvarez Junco, Jos. Mater dolorosa. La idea de Espaa en el siglo XIX. Madrid,

    Taurus, 2001.baecque, Antoine de. Le corps de lhistoire. Mtaphores et politique (1700-1800).

    Pars, Calmann-Lvy, 1993.barrio Moya, Jos Luis. Aportaciones a la biografa del pintor valenciano Jo-

    s Ribelles y Elip (1775-1835). Archivo de arte valenciano, 76 (1995), pp. 162-171.

    bloM, Ida; HaGeMann, Karen y Hall, Catherine (eds.). Gendered Nations. Natio-nalism and Gender Order in the Long Nineteenth Century. Oxford-New York, Oxford International Publishers, 2000.

    burdiel, Isabel (ed.). Monogrfico La poltica en el reinado de Isabel II, Ayer, 29 (1998).

    Isabel II. No se puede reinar inocentemente. Madrid, Espasa Calpe, 2004.Coleccin de grabados. Guerra de la Independencia 1808-1813. Catlogo de expo-

    sicin, lava, Museo de Armera de lava, Diputacin foral de lava, 1997.Cortes del barroco. Catlogo de exposicin, Madrid, Sociedad Estatal para la Ac-

    cin Cultural Exterior, 2003.De la peseta al euro. 130 aos de la historia de la moneda espaola. Madrid, Ander-

    son Consulting, 1998.drozier, Claudette. La Guerre dIndpendance espagnole travers lestampe (1808-

    1814). Pars, Librairie Honor Champion, 1976.Estampas de la Guerra de la Independencia. Catlogo de exposicin, Madrid, Ayun-

    tamiento de Madrid, 1996.Fernndez SebaStin, Javier. El momento de la nacin. Monarqua, Estado y

    nacin en el lenguaje poltico del trnsito entre los siglos XVIII y XIX. En A. Morales Moya (coord.). 1802. Espaa entre dos siglos Monarqua, Estado, Nacin. Madrid, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2003, pp. 55-78.

  • El cuerpo de la nacin: alegoras y smbolos polticos en la Espaa liberal... 63

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    FuenteS, Juan Francisco. Iconografa de la idea de Espaa en la segunda mitad del siglo XIX. Cercles dHistria cultural, Universitat de Barcelona, 5 (2002), pp. 8-25.

    La matrona y el len: imgenes de la nacin liberal en la Espaa del Siglo XIX. Archivos de la filmoteca: Revista de estudios histricos sobre la imagen, 66 (2010), pp. 44-67.

    Garca rovira, Ana Mara. Radicalismo liberal, republicanismo y revolucin (1835-1837). Ayer, 29 (1998), pp. 63-90.

    Gutirrez lloret, Rosa Ana. Da icona della libert a disonore della Spagna: im-magini della regina Isabella II nel processo di legittimazione sociale e politi-ca della prima monarchia liberale spagnola (1830-1868). En G. Guazzaloca (ed.). Sovrani a met. Monarchia e legittimazione politica tra Otto e Novecento. Soveria Mannelli, Ed. Rubbetino, 2009, pp. 133-148.

    Hernndez Guardiola, Lorenzo. Un discpulo de la Academia de San Carlos: Jos Aparicio Inglada (1770-1838), pintor neoclsico espaol. Archivo de Arte Valenciano, 88 (2007), pp. 319-331.

    Hunt, Lynn. Politics, Culture, and Class in the French Revolution. Berkeley-Los Angeles, University of California Press, 1984.

    la parra, Emilio. El mito del rey deseado. En Sombras de mayo. Mitos y memo-rias de la Guerra de la Independencia en Espaa (1808-1908). Madrid, Casa de Velzquez, 2007, pp. 221-236.

    larraz, Emmanuel. Thtre et politique pendant la guerre dindpendance espagno-le: 1808-1814. Aix en Provence, Universit de Provence, 1988.

    locke, John. Trait du Gouvernement civil. Pars, Flammarion, 2008.Menndez pidal, Faustino. Symbolique dtat et armoiries des Royaumes es-

    pagnols. En XVIII. Internationaler Kongre fr Genealogie und Heraldik, 5-9 September 1988, Thaurdruck, Giesriegl Ges.m.b.H., Thaur/Tyrol, 1989, pp. 417-429.

    MnGuez, Vctor. La iconografa del poder. Fernando VII y Jos I. Apoteosis y escarnio en la disputa del trono espaol. En A. Ramos Santana y A. Romero Ferrer (eds.). 1808-1812: los emblemas de la libertad. Cdiz, Servicio de publi-caciones de la Universidad de Cdiz, 2009, pp. 163-189.

    MoranGe, Claude. La Rvolution espagnole de 1808 1814. Histoire et cri-tures. En C. Morange, J.-R. Aymes, G. Brey, A. Lacour y A. Drozier. La Rvolution franaise et son public en Espagne entre 1808 et 1814. Annales Littraires de lUniversit de Besanon, Paris, Les Belles Lettres, 338 (1989), pp. 13-124.

    paStoureau, Michel. Le coq gaulois. En P. Nora (dir.). Les lieux de mmoire, Les France. vol. III, Pars, Quarto Gallimard, 2004, pp. 4297-4319.

    paStoureau, Michel. Les emblmes de la France. Paris, ditions Bonneton, 1998.

  • 64 Marie-Angle Orobon

    Feminismo/s 16, diciembre 2010, pp. 39-64

    portillo valdS, Jos Mara. Cuerpo de nacin, pueblo soberano. La repre-sentacin poltica en la crisis de la monarqua hispana. Ayer, 61 (2006), pp. 47-76.

    redondo, Augustin (ed.). Le corps comme mtaphore dans lEspagne des XVI et XVII sicles. Pars, Presses de la Sorbonne Nouvelle, 1992.

    reyero, Carlos. Pintar a Isabel II: en busca de una imagen para la reina. En J.S. Prez Garzn (ed.). Los espejos de la reina, Madrid, Marcial Pons Historia, 2004, pp. 231-246.

    roure, Conrad. Recuerdos de mi larga vida. Barcelona, El Diluvio, 1925.Sellos de Espaa y dependencias postales. Catlogo especializado, Madrid, edicin

    Edifil S.A., 1990.SieyS, Emmanuel Joseph. Quest-ce que le tiers tat?, prface de Jean-Denis Bre-

    din, Pars, Flammarion, 1988.

    ndiceMnica Moreno Seco y Alicia Mira Abad. IntroduccinAntonio J. Calvo Maturana. Mara Antonia de Borbn e Isabel de Braganza: el valor simblico de las dos primeras mujeres de Fernando VIIMarie-Angle Orobon. El cuerpo de la nacin: alegoras y smbolos polticos en la Espaa liberal (1808-1874)Encarna Alonso Valero. 'Madre Rosala, ruega por nosotros'. Gnero, mitos nacionales y literaturaLuz Sanfeliu. Reformulando las imgenes del poder en torno a la domesticidad. La educacin formal e informal como base de la ciudadana femeninaMarta del Moral. En los mrgenes del poder, en primera lnea de las manifestaciones obreras: la representacin de la militancia femenina en el Partido Socialista (1906-1927)Adriana Cases Sola Del 'ngel del Hogar' al 'ngel del Ayuntamiento'. Mujeres e imagen del poder en Alicante (1923-1931)Antonio Daniel Juan Rubio. Frances Perkins: a life of commitmentCarlota Coronado Ruiz. Mujeres en uniforme. Las organizaciones fascistas femeninas en los noticiarios cinematogrficos Luce (1928-1943)Teresa M Ortega Lpez. 'Hijas de Isabel'. Discurso, representaciones y simbolizaciones de la mujer y de lo femenino en la extrema derecha espaola del periodo de entreguerrasSofa Rodrguez Lpez. La Seccin Femenina, la imagen del poder y el discurso de la diferenciaVicenta Verdugo. Desmontando el patriarcado: prcticas polticas y lemas del movimiento feminista espaol en la transicin democrticaMerc Picornell. De una Espaa viril a una Espaa travesti? Transgresin transgnero y subversin del poder franquista en la transicin espaola hacia la democraciaResea bio-bibliogrfica de las/os colaboradoras/es del volumenNormas editoriales de Feminismo/s