Estado Gestion Politica Participacion Popular Al - Jap

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1 ESTADO, GESTIÓN POLÍTICA Y PARTICIPACIÓN POPULAR EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE: TODOS LOS JUEGOS DEL FUEGO Jaime Ahumada Pacheco 1 RESUMEN La presencia o ausencia de la potencia hegemónica, de la existencia de Estados débiles y puestos en cuarentena por los poderes fácticos, la precaria gestión política de élites convertidas en clubes electorales o grupos empresariales, y una participación popular jaqueada por populismos, viejos o nuevos, y combatida por las fuerzas conservadoras, atraviesan la historia de la región y marcan las pautas ideológico-políticas y económico- sociales que dominan en sus procesos y estilos de desarrollo. En este tren de ideas, la construcción del Estado latinoamericano no solamente ha sido un proceso donde han tenido fuerte influencia los niveles de acumulación alcanzados por el capitalismo transferido de los centros sino que, también, juegan roles decisivos los dictadores militares, los caudillos civiles y los presidencialismos electorales autoritarios que, inclusive, han determinado muchas de sus etapas más complejas o de mayor o menor fortaleza o debilidad estratégica. De más esta decir, que en el mundo de las democracias capitalistas, las élites gobernantes muestran una relativa preocupación por la gestión política y pública en términos del manejo político-técnico y tecno-político del Estado, las formas democráticas de conducción y liderazgo, la capacidad de gobierno, la gobernabilidad de los escenarios, los programas y proyectos de gestión pública y el mismo desarrollo político de sus países. La falta de visión de Estado y de país para conjugar el conocimiento teórico-práctico de la política con el saber cómo de la gestión en el proceso de gobierno, ha impactado en la totalidad democrática regional y en el activismo participativo de la población. Para las élites gobernantes, la política es la imagen, el gobierno son las encuestas y el Estado es el índice riesgo país y los informes del Fondo Monetario, el Banco Mundial, el BID, la OMC, la Secretaría del Tesoro y la Reserva Federal de los Estados Unidos. INTRODUCCIÓN Escribir sobre América Latina y El Caribe es como penetrar en el túnel de la historia, en las turbulencias de la geografía y la construcción y destrucción de utopías y en los fuegos que se encienden entre la civilización y la barbarie o en la barbarie de la civilización que inaugura el ya mítico 1492. O sea, en el mundo de las sociedades soñadas que Europa se sentía capaz de construir más allá de todo lo conocido, aboliendo civilizaciones y dando vida en su imaginario a la Atlántida, la Ciudad de los Césares o El Dorado. Todo empieza con Colón, que intentando llegar al Asia por el oeste, perpetuó el error geográfico y creyó que había desembarcado en “las Indias”, despojando al continente de su verdadera identidad, de las civilizaciones y étnias que lo poblaban. 1 / Administrador Público, Cientista Político, Codirector del Magíster en Gerencia Pública para Líderes de la Alta Dirección, Escuela de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

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sirven para la carreras de administracion publica y ciencias politicas

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    ESTADO, GESTIN POLTICA Y PARTICIPACIN POPULAR EN AMRICA LATINA Y EL CARIBE: TODOS LOS JUEGOS DEL FUEGO

    Jaime Ahumada Pacheco1

    RESUMEN

    La presencia o ausencia de la potencia hegemnica, de la existencia de Estados dbiles y puestos en cuarentena por los poderes fcticos, la precaria gestin poltica de lites convertidas en clubes electorales o grupos empresariales, y una participacin popular jaqueada por populismos, viejos o nuevos, y combatida por las fuerzas conservadoras, atraviesan la historia de la regin y marcan las pautas ideolgico-polticas y econmico-sociales que dominan en sus procesos y estilos de desarrollo.

    En este tren de ideas, la construccin del Estado latinoamericano no solamente ha sido un proceso donde han tenido fuerte influencia los niveles de acumulacin alcanzados por el capitalismo transferido de los centros sino que, tambin, juegan roles decisivos los dictadores militares, los caudillos civiles y los presidencialismos electorales autoritarios que, inclusive, han determinado muchas de sus etapas ms complejas o de mayor o menor fortaleza o debilidad estratgica.

    De ms esta decir, que en el mundo de las democracias capitalistas, las lites gobernantes muestran una relativa preocupacin por la gestin poltica y pblica en trminos del manejo poltico-tcnico y tecno-poltico del Estado, las formas democrticas de conduccin y liderazgo, la capacidad de gobierno, la gobernabilidad de los escenarios, los programas y proyectos de gestin pblica y el mismo desarrollo poltico de sus pases. La falta de visin de Estado y de pas para conjugar el conocimiento terico-prctico de la poltica con el saber cmo de la gestin en el proceso de gobierno, ha impactado en la totalidad democrtica regional y en el activismo participativo de la poblacin.

    Para las lites gobernantes, la poltica es la imagen, el gobierno son las encuestas y el Estado es el ndice riesgo pas y los informes del Fondo Monetario, el Banco Mundial, el BID, la OMC, la Secretara del Tesoro y la Reserva Federal de los Estados Unidos.

    INTRODUCCIN

    Escribir sobre Amrica Latina y El Caribe es como penetrar en el tnel de la historia, en las turbulencias de la geografa y la construccin y destruccin de utopas y en los fuegos que se encienden entre la civilizacin y la barbarie o en la barbarie de la civilizacin que inaugura el ya mtico 1492. O sea, en el mundo de las sociedades soadas que Europa se senta capaz de construir ms all de todo lo conocido, aboliendo civilizaciones y dando vida en su imaginario a la Atlntida, la Ciudad de los Csares o El Dorado.

    Todo empieza con Coln, que intentando llegar al Asia por el oeste, perpetu el error geogrfico y crey que haba desembarcado en las Indias, despojando al continente de su verdadera identidad, de las civilizaciones y tnias que lo poblaban.

    1/ Administrador Pblico, Cientista Poltico, Codirector del Magster en Gerencia Pblica para Lderes de la Alta Direccin, Escuela de Ciencias Polticas y Administrativas de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

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    Despus, vienen sucesivamente Hernn Corts y la Malinche, la inteligencia tlaxcalteca del conquistador, que quema sus naves y se apodera de Tenochtitlan; aparecen en el sur del sur Pedro de Valdivia e Ins de Surez, que construyen Santiago y el Chile de su amor y de sus fronteras; la Lima virreinal se estremece con la Perricholi y el Virrey Amat y sus historias del puente al Alameda, van escribiendo en las sierras, montaas y mares el futuro de nuestra inmensidad geogrfica.

    Atravesando los tiempos, y haciendo nuevos caminos, surge el vendaval afiebrante y afiebrado de Simn Bolvar y Manolita Senz, la que libera al libertador de pueblos y naciones; lo mismo ocurre con Doa Rosa Puga que enloquece y humaniza a OHiggins; o con la joven cuada de Jos Miguel Carrera, que ya viuda, es su compaera cuando lo proclaman Pichi-Rey de las pampas argentinas..y por todas partes viene la guerrilla de Manuel Rodrguez, que abre paso al Ejrcito de los Andes, agregando pginas y ms pginas al libro de todas las verdades del continente-nio.

    Estamos en los novecientos con el Mxico insurgente, Adelita y los ejrcitos del norte y del sur que avanzan hacia el Zcalo de la capital del pas que fuera dos veces imperio, Viva Villa y Viva Zapata.Week end en Guatemala, los ejrcitos fruteros de las companis derriban democracias, prolongndose en la fbula del tiburn y las sardinas que no termina de escribirse; Sandino, general de hombre libres, que sigue luchando en las montaas. Los jacobinos negros que desatan la guerra social en Hait y ayudan en su empresa liberadora a Bolvar; Cuba, la isla fascinante, que de las intervenciones y dictaduras da el salto a la revolucin y que tiene pendiente la asignatura del Che Guevara. Ms all, estn Mart y la rosa blanca. Mart y Guiteras. Mart y Fidel. Venezuela explota efervescente en Canaima y Doa Brbara. Cantaclaro y el Orinoco que se traga sus afluentes con Marcos Vargas y Santos Luzardo enamorados de la barbarie civilizadora. La selva, el ro, la ruta de los caucheros. La selva que abraza y devora y que se encarna en la Doa y siempre la Doa que se estremece en los brazos de sus hombres-tierra En la fiebre de la vorgine y la inmensidad de la sabana. Las lanzas coloradas de Boves llevando a los llaneros, negros, mulatos, mestizos, sambos e indios a las ciudades mantuanas, de los seores y arrinconando entre la dependencia o la independencia, la guerra social o la guerra civil al general de Caracas que se llena de gloria eligiendo el atajo de la guerra continental.

    Dom Pedro proclama la independencia de Brasil y se inicia la lucha por la construccin de un pas-continente, que se expande, que pugna y salta en los mapas. La cita de Guayaquil, de la que San Martn regres aquella noche hacia las soledades, y Bolvar triunfante sigui slo, pero que fracas en la otra cita, la de la unidad latinoamericana que se pierde en Panam y sus mares son fronteras. Luego viene el laberinto del general, la vuelta al Magdalena y la cancin del adis. He arado en el mar.

    Es la tragedia de Macondo, de nuestro mundo ancho y ajeno. Pero, las ideas son libres, inconmensurablemente libres. Derrotan a los ejrcitos y a la violencia irracional aunque sea legtima. Es el mundo del continente joven.

    El siglo XIX es el de la construccin de los Estados, de las guerras civiles y guerras internacionales, el tiempo de las oligarquas, de los caudillos brbaros y de los generales-presidentes. Cambia la guardia en el nuevo orden regional y el imperialismo ingls sustituye al imperialismo espaol, pero, James Monroe, quinto presidente de los Estados Unidos, el 2 de diciembre de 1823, ante el Congreso de la Unin, declara unilateralmente que Amrica es para los americanos y que este pas considerar cualquier relacin de

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    otras potencias con Amrica Latina y El Caribe, que escape a su control, como una virtual accin de guerra.

    Sin dudas, que sta, la Doctrina Monroe es la notificacin de que desde ese momento, los Estados Unidos se constituyen en la potencia hegemnica en lo que consideran su patio trasero. Es la precursora del Destino Manifiesto de 1846, y ya en el siglo XX, se convierte en la doctrina del Gran Garrote de Theodore Roosevelt, en el neoconservador Consenso de Washington, y en los agresivos documentos de Santa F y de la Guerra preventiva de los Bush. La revolucin americana de los padres fundadores, la que antecede a la revolucin francesa, se pierde en los subterrneos de la historia y de la construccin de utopas. Pero, all estn y all permanecen todava, Franklin, Washington, Jefferson y Hamilton.

    Se precipita el siglo XX y con l la cuestin social, la conversin interesada de la economa abierta en economa mixta, el surgimiento de la democracia representativa, de las clases medias y del proletariado. Se inician los ciclos que transitan entre las dictaduras y las democracias. Dos guerras mundiales, los fascismos, la revolucin rusa, la revolucin espaola, la revolucin china, la descolonizacin de frica, la guerra fra y los bloques polticos-militares, emergen los Pases No Alineados en cuyas reuniones tienen protagonismo procesos como el peruano de Velasco Alvarado, de la Argentina de Cmpora y del segundo Pern, del Chile de Salvador Allende y su va al socialismo en democracia y libertad e incluso la revolucin nicaragense y la revolucin cubana, que ya se haba declarado socialista.

    Pero, tambin el siglo XX es el siglo del tsunami neoliberal, de los golpes militares, de los generales brasileos, de los Rojas Pinilla, de los Stroessner, de los Trujillos, de los Batistas, de los Pinochet, Videlas o de los regmenes de seguridad nacional; la redemocratizacin, las reformas y modernizaciones y los autoritarismos electorales, el cesarismo presidencial y la democracia con autoridad. Es el mundo del joven continente que se enfrenta al realismo de las utopas brbaras y de las democracias intervenidas por los poderes fcticos y el establecimiento conservador.

    En fin, escribir sobre Amrica Latina y El Caribe es un ejercicio casi pasional de ver como la historia se desboca, la geografa se torna inmensa y sin fronteras, y hoy, todos los juegos del fuego se expresan en las nuevas formas que asume el global imperialismo y el desarrollo de su agenda de dominacin mundial, las dimensiones geopolticas y geoestratgicas de la reconstruccin y reformas de los Estados condicionadas por el modelo neoliberal, la relatividad del inters de las lites por la gestin poltica, empantanadas, como han permanecido en el tiempo, en el cortoplacismo y los cronogramas electorales, y la participacin popular, negada o soslayada incluso en las democracias ms desarrolladas o en los intentos de trnsito al socialismo, quizs con la nica excepcin del gobierno popular de Allende.

    Amrica Latina, El Caribe, saltan de las conferencias consultivas a las invasiones, del Buen Vecino y la Alianza para el Progreso al Americano Feo, de las Cumbres a los Abismos, en fin, de Bolvar y Mart al Che Guevara y Salvador Allende.

    El Che y Allende. Dos caminos: Las armas y el fsil de las banderas; y el voto y las anchas Alamedas.

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    1. Variaciones sobre la potencia hegemnica, la construccin del Estado, la relatividad del inters de las lites por la gestin poltica y la participacin popular.

    La presencia o ausencia de la potencia hegemnica, de la existencia de Estados dbiles y puestos en cuarentena por los poderes fcticos, la precaria gestin poltica de lites convertidas en clubes electorales o grupos empresariales, y una participacin popular jaqueada por populismos, viejos o nuevos, y combatida por las fuerzas conservadoras, atraviesan la historia de la regin y marcan las pautas ideolgico-polticas y econmico-sociales que dominan en sus procesos y estilos de desarrollo.

    Sin lugar a dudas, que la existencia o no de una poltica latinoamericana de los Estados Unidos, es un factor importante en las relaciones hemisfricas.

    De ninguna manera se puede dejar de lado la presencia de una potencia mundial en Amrica Latina y menos olvidar que esa potencia ha alcanzado niveles planetarios de intervencin en su etapa de global imperialismo, como ocurre en Afganistn, Irak y en el Oriente Medio, pivotes para dominar Asia Central y su potencial petrolero y gasfero. No por nada, en el ciclo democracias-dictaduras que suele poblar la escena latinoamericana, se destaca la estrecha cercana de los dictadores con los gobiernos republicanos, que contrasta con la que existe entre los gobiernos demcratas y los presidentes elegidos por votacin popular. Este importante sesgo, influye en los tipos de Estado y en las alianzas o desacuerdos que de ello se derivan. Un factor que influyera fuertemente en el pasado fue la poltica bloquista entre los Estados Unidos y la URSS.

    En este tren de ideas, la construccin del Estado latinoamericano no solamente ha sido un proceso donde han tenido fuerte influencia los niveles de acumulacin alcanzados por el capitalismo transferido de los centros sino que, tambin, juegan roles decisivos los dictadores militares, los caudillos civiles y los presidencialismos electorales autoritarios que, inclusive, han determinado muchas de sus etapas ms complejas o de mayor o menor fortaleza o debilidad estratgica.

    All estn, el Estado brbaro de Repblica Dominicana con Trujillo, de Nicaragua con Somoza, de Paraguay con Stroessner o de Hait con Duvalier; el Partido-Estado del PRI en Mxico o el Estado-Partido del fidelismo cubano; el Estado decenal autoritario con Menem en Argentina o en Per con Fujimori; el Estado reeleccionista, democrtico representativo, con F. H. Cardoso en Brasil; el Estado de la cohabitacin perfecta (o imperfecta) de la Concertacin en Chile o el Estado dual de las Asambleas Constituyentes de Chvez en Venezuela o el que pugna por establecerse en Bolivia con Morales.

    Barbarie o democracia! Socialismo o barbarie! La ecuacin es simple: Democracia socialista.

    De ms esta decir, que en el mundo de las democracias capitalistas, las lites gobernantes muestran una relativa preocupacin por la gestin poltica y pblica en trminos del manejo poltico-tcnico y tecno-poltico del Estado, las formas democrticas de conduccin y liderazgo, la capacidad de gobierno, la gobernabilidad de los escenarios, los programas y proyectos de gestin pblica y el mismo desarrollo poltico de sus pases. La falta de visin de Estado y de pas para conjugar el conocimiento terico-prctico de la poltica con el saber cmo de la gestin en el proceso de gobierno, ha impactado en la totalidad democrtica regional y en el activismo participativo de la poblacin.

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    Para las lites gobernantes, la poltica es la imagen, el gobierno son las encuestas y el Estado es el ndice riesgo pas ms los informes del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el BID, la OMC, la Secretara del Tesoro y la Reserva Federal de los Estados Unidos.

    1.1. Amrica Latina y los Estados Unidos. De la Doctrina Monroe al Consenso de Washington y las guerras preventivas. Impactos en las Reformas y Modernizaciones de los Estados.

    Los Estados Unidos, que se independizan de Inglaterra en 1776, empiezan a marcar presencia en Amrica Latina y El Caribe, ya con el cnsul Joel Poinsett que llega a Chile en 1812 y establece fuertes lazos polticos con la familia Carrera e incluso le abre posteriormente las puertas del gobierno norteamericano al General Jos Miguel Carrera cuando solicita ayuda para liberar al pas del dominio del imperio espaol. Sin embargo, es en 1823, cuando renacan los absolutismos en Europa y Espaa intentaba reconquistar sus antiguas colonias, que el Presidente Monroe proclama su doctrina expansionista y se sientan las bases para las intervenciones polticas, diplomticas, econmicas y militares de 1846, arrebatndole a Mxico los estados de Texas, Nuevo Mxico y California; de 1889, creando el panamericanismo en la Conferencia de Washington; de 1895-1902, interviniendo en la independencia de Cuba y estableciendo la Enmienda Platt; de 1903-1904, creando el Estado de Panam y estableciendo su dominio sobre el Canal, centro estratgico de primera magnitud; de 1904, proclamando un nuevo corolario de la Doctrina Monroe ante la inestabilidad de su vecindario, especialmente con la aparicin en escena de la revolucin mexicana (1911). Asimismo, aprovechando la coyuntura que presentaba la ingobernabilidad de la regin, Theodore Roosevelt defini la poltica del Gran Garrote para controlar completamente Centro Amrica y El Caribe.

    Dentro del proceso intervencionista, se pasa a una nueva etapa en la guerra fra entre las superpontencias, y se promueven las intromisiones polticas y militares en Guatemala, derrocando al gobierno democrtico de Arbenz (1954); en 1952, estableciendo las condiciones para asfixiar econmicamente a la revolucin boliviana; en 1961-62, actuando directamente en Cuba; en 1964, apoyando a los militares golpistas que liquidan la democracia en Brasil; en 1973, en Chile; en 1979-1990 en Centro Amrica, de manera principal en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. En El Caribe, se invade Grenada y se establece un cordn sanitario alrededor de la revolucin cubana.

    O sea, cuando a finales del siglo XIX y principios del XX, las trece antiguas colonias britnicas completan su expansin hacia el oeste, el norte y el sur y se desarrollaron industrialmente post-guerra civil, su poltica se orient a dominar militarmente en El Caribe y Centro Amrica, afianzando la diplomacia del dlar del presidente Taff, desplegar las cuatro libertades y la poltica del Buen Vecino o Nuevo Trato de F. D. Roosevelt, asumir su rol de potencia mundial a partir de 1945, enfrentando desafos en Asia (Corea y Vietnam), frica (la descolonizacin) y en Amrica Latina y El Caribe (Cuba y Chile) y lanzando la Alianza para el Progreso de J. F. Kennedy y sus replicas en la administracin de Clinton. Sin lugar a dudas que, a partir del hundimiento de la Unin Sovitica y de la imposicin del modelo neoliberal en las periferias, se hace necesario para la estrategia mundial de USA reformar y modernizar los Estados para adaptarlos a las nuevas condiciones del orden internacional que se estaba construyendo.

    En este perodo, a finales de 1989, aparece como principal instrumento de presin sobre los pases el Consenso de Washington que, en los hechos, se articula para afirmar al

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    modelo neoliberal y darle seguridades a los flujos de capitales externos hacia Amrica Latina y los llamados pases emergentes.

    Un rpido examen de las agendas de reforma y modernizacin del Estado en desarrollo (por ejemplo, las de Argentina, Brasil, Chile, Mxico y Colombia), entrega como resultado que las reas ms importantes resultan ser todas aqullas que son funcionales a las llamadas reformas estructurales del neoliberalismo que requieren de una institucionalidad gubernamental que les permita gestionar las polticas restrictivas. Es as como introducen una visin liberal de la profesionalizacin del servicio civil y de la gerencia pblica como instrumentos de mayor capacidad de gestin pblica; el nuevo fortalecimiento de las responsabilidades del Estado en cultura, ciencia y tecnologa, defensa, educacin, crecimiento econmico, polticas sociales, empleo y justicia; mejorar la capacidad de regulacin y de produccin de resultados; otro tanto, de la eficiencia de los organismo de recaudacin de impuesto, y finalmente, desarrollar canales de dialogo y participacin de la sociedad civil para descomprimir las tensiones sociales. De una u otra forma, estas agendas parecieran reflejar la influencia que ejercen los bancos internacionales de financiamiento, los organismos de cooperacin y las potencias hegemnicas a nivel del Grupo de los Ocho (G-8) y de los bloques comerciales.

    1.2. Reformas, revolucin y contrarrevolucin

    En efecto, hasta los aos posteriores a la segunda-posguerra y especialmente, en los 60 del siglo pasado, el dilema de reforma o revolucin recorri sin pausa los escenarios polticos latinoamericanos, y las visiones de la regin sobre el Estado, las administraciones, el desarrollo y las sociedades se enmarcaron en esa lgica. Pero, ya en 1964, los militares brasileos iniciaron los gobiernos de seguridad nacional y de ataque al enemigo externo.

    La contrainsurgencia y los mandos castrenses entrenados en la Escuela de Las Amricas (creada en Panam, 1946), Fort Benning (Estado de Georgia) o Fort Leavenworth (Estado de Texas), comienzan a dar sus exmenes derribando gobiernos y sometiendo a feroces dictaduras a los pueblos del continente. El miedo a la revolucin, por una parte, y la urgencia de las reformas para contener los cambios que golpeaban a las puertas de la potencia hegemnica, hace qu ms all de las polticas del buen vecino o de la alianza para el progreso, se recurra a los centuriones y mercenarios para exterminar el cncer marxista o a gobiernos que, como el de Salvador Allende, podran representar peligrosos precedentes para los intereses de las transnacionales en el hemisferio occidental.

    Casos muy significativos de procesos revolucionarios lo constituyen los primeros aos del Mxico insurgente, con su Estado revolucionario, el municipio libre y los ejidos campesinos que, posteriormente, devienen en el Estado liberal-institucional, la federalizacin de los municipios y la reversin de la reforma ejidal; otro tanto ocurre con la Bolivia de Paz Estensoro y Siles Suazo, de las nacionalizaciones, la reforma agraria, la Central Obrera Boliviana (COB) y las milicias obreras y campesinas que, en los ochenta, son reemplazadas por los ajustes econmicos, las privatizaciones y el encuadramiento poltico y social; asimismo, pasa con la Cuba fidelista del Ejrcito rebelde, el Estado de los barbudos, las nacionalizaciones, la reforma agraria y el singular poder popular que origina la nueva Asamblea Nacional de los aos posteriores a los setenta, que al

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    desplomarse el bloque sovitico tiene que empezar a convivir con formas capitalistas de desarrollo.

    Existen otros ejemplos interesantes como son los de Per (1968-1975) y de Chile (1970-1973). La revolucin nicaragense es de alguna forma, una rplica retardada de los procesos mexicano, boliviano y especialmente cubano y, su mismo desarrollo, as lo ratific.

    En Per, el General Juan Velasco Alvarado, casi como una excepcionalidad con respecto a las Fuerzas Armadas latinoamericanas, apoyado en su crculo de influencia castrense y en parte de la intelectualidad progresista peruana, crea el Sistema Nacional de Apoyo a la Movilizacin Social (SINAMOS), como parte de la arquitectura de un nuevo Estado y embrin del partido de la revolucin peruana como puede visualizarse en los escritos de Franco (1979) y Ahumada (2003).

    En Chile, son los gobiernos constitucionales de Eduardo Frei Montalva (1964-1970) y Salvador Allende (1970-1973), los que impulsan, el primero, en menor grado que el segundo, las polticas de desarrollo comunitario y de promocin popular, las chilenizaciones de los recursos naturales, la reforma agraria, las polticas de regionalizacin y de industrias de punta como la petroqumica, mientras que, el gobierno de Allende promueve la participacin de los trabajadores en la direccin y gestin de las empresas del rea social y en el aparato de produccin industrial, las juntas de abastecimientos y precios, los comits de participacin campesina, las nacionalizaciones, la reforma agraria y una nueva regionalizacin del pas. (Ahumada, 2003).

    Despus de los aos setenta, los procesos revolucionarios se desaceleran, y en los escenarios perifricos se hacen sentir las estrategias de contencin de los centros que apuntan a revertir el impulso de la ola revolucionaria y establecer la leyes de hierro de la contrarrevolucin. Estas estrategias, se inician tempranamente con la Alianza para el Progreso (1961), la Doctrina de Seguridad Nacional (1964), y las reformas administrativas (1960-1970), se continan con las modernizaciones implcitas en el Consenso de Washington (1989), en el discurso ante la Asamblea de Naciones Unidas de Bill Clinton, sobre Democracia y Mercado (1993), y las diversas agendas de reforma y modernizacin del Estado y la gestin pblica, que se suceden en estos aos.

    1.3. Documento de Santa F I (1980), Santa F II (1988), el Consenso de Washington (1989), el documento Santa F IV (2004), el factor Chvez (1998) y la propuesta de Crdoba (2006)

    El sndrome de Vietnam, el escndalo de Watergate, los aos perdidos de Ford, las debilidades del gobierno de Carter empujan a los factores de poder de los Estados Unidos, a su complejo militar-industrial y a las transnacionales, a formular un agresivo plan de juego que asume Ronald Reagan (1980), y que se expresa en que el comunismo no conquistar un solo centmetro ms de tierra y se recuperarn territorios y pueblos cados bajo su frula. Este es el acto inaugural de la Revolucin Neoconservadora y el inicio de faranicos programas de armamentismo, de fabulosas concesiones a las empresas del rea, de presupuestos de guerra contra el imperio del mal, de inyeccin de recursos a una alicada economa interna para obtener apoyo domstico y fortalecer a las Amricas que se encuentran bajo ataque externo e interno.

    En los marcos de esta poltica geoestratgica global, surge la propuesta del Grupo de Santa F (Nuevo Mxico, USA), que bajo el rotulo Una nueva poltica interamericana

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    para la dcada de 1980, contiene la proyeccin del poder global de los Estados Unidos y el escudo de seguridad del nuevo mundo. El Comit de Redaccin present el documento en 5 partes, una introduccin y un extracto para las exposiciones presidenciales, de tal manera de facilitar su comprensin y toma de decisiones acordes con la situacin global y regional:

    a) La introduccin defina todo el programa de la contrarrevolucin mundial: Las relaciones interamericanas: escudo de seguridad del nuevo mundo y espada de la proyeccin del poder global de los Estados Unidos;

    b) La primera parte, explicaba La amenaza militar externa; c) La segunda, se refera a La subversin interna; d) La tercera, Las polticas econmicas y sociales; e) La cuarta, Derechos humanos y pluralismo ideolgico; y, f) La quinta, estaba dedicada a Las relaciones interamericanas

    El documento de Santa F I, estaba inspirado en la crtica a la poltica del Presidente Carter (1977-1981) que se enfocaba en la distensin entre las superpotencias y que proclamaba la vigencia de los Derechos Humanos. Santa F retomaba las tesis de Nixn de que la tercera guerra mundial haba comenzado antes de que la segunda guerra mundial terminara y, en consecuencia, cualquier poltica de distensin era la vacilacin y la muerte.

    El Comit de Santa F, le asignaba a los pases perifricos el papel de ser el real escenario de la tercera guerra mundial. De hecho, Amrica Latina, en su totalidad quedaba en rgimen de protectorado. Tan solo el Presidente Reagan tena autoridad para emitir fallos sobre la conducta de otros Estados. As como Nixon declar unilateralmente la guerra al gobierno del Presidente Allende, decretando la destruccin de la economa chilena y promoviendo acciones de inteligencia y apoyo a grupos golpistas, Reagan invadi Grenada (1983), intervino en El Salvador y Nicaragua (1983-1986), declar espacio colonial a Amrica Central y El Caribe, aument la presin diplomtica y militar en Centro Amrica y acrecent el bloqueo a Cuba, emprendiendo guerras de baja intensidad y reinstalando la Doctrina Monroe como hilo conductor de la poltica de los Estados Unidos hacia el continente.

    Durante el gobierno de Reagan, la regin fue sometida a un verdadero estado de sitio, donde solamente los Estados Unidos, como socios, pueden proteger a las naciones independientes de Amrica Latina de la conquista comunista y ayudar a preservar la cultura hispanoamericana frente a la esterilizacin del materialismo marxista internacional. Porque no solo est en peligro la relacin estadounidense-latinoamericana, sino que esta en juego la supervivencia misma de esta Repblica (Selser, 1988).

    La invasin de Panam (1989), el terror militar, poltico y psicolgico, ejercido sobre el gobierno sandinista y el sabotaje a los esfuerzos de paz del Grupo de Contadora (Colombia, Panam, Mxico y Venezuela) y del Grupo de Apoyo a Contadora (Brasil, Argentina, Uruguay y Per), redujeron las posibilidades de paz en la subregin dejando solamente en pie un precipitado Dialogo de Esqupulas que, si bien avanz en un plan de cese de fuego, amnista general, cesacin de ayuda a los grupos rebeldes, democratizacin y dialogo, su accin se enfoc a establecer limitaciones postfacto a la intervencin de la potencia hegemnica y dejando sin solucin los conflictos profundos.

    El fuerte unilateralismo y la notoria prescindencia de los organismos internacionales, como la ONU o la OEA, para resolver los conflictos, por parte de los EE.UU., implic el

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    desencadenamiento de una sostenida ola crtica de opinin pblica y malestar de los gobiernos frente a lo que se consider como inaceptable intromisin en los asuntos internos de Estados soberanos. Ms an, esto ocurra cuando la amenaza comunista desapareca con el derrumbe del muro de Berln y la cada del bloque sovitico y se reconstitua el panorama mundial, y las guerras que se avizoraban eran bsicamente por los recursos naturales que, como el gas y el petrleo, son escasos y caros, y las futuras alianzas posibles miran ms que nada hacia esos recursos, los alimentos, el agua y, maana, el hidrogeno.

    El Documento Santa F II (1988), Una estrategia para Amrica Latina en los aos 90, repite muchos argumentos del documento anterior, no procesa los cambios que estaban sucediendo en la URSS y en China, no d cuenta de las relaciones que ocurran en la economa, los estados y las sociedades, pero s configuraban varias otras razones para justificar la agresividad y el expansionismo en el continente, tales como: el narcotrfico, lo que denominan la alianza entre la guerrilla subversiva y el narcotrfico, la guerra cultural y la extensin del terrorismo. Su gran test de prueba fue la desestabilizacin, el bloqueo y luego la invasin y la ocupacin militar de Panam, en el contexto de los conflictos de baja intensidad provocados en la regin.

    El Consenso de Washington (1989-1990), trata de complementar o reparar las omisiones a la crisis de la deuda de los aos 80 y al despliegue del modelo neoliberal de los 90 que dejan de lado los dos primeros documentos de Santa F. Tomando pi en las recomendaciones de reforma econmica del investigador del Instituto Internacional de Economa, John Williamson (1990), respaldadas por el Departamento del Tesoro, establece el declogo del Consenso que, a la luz de los nuevos proyectos hegemnicos, servirn de plataforma a las polticas de modernizacin de los Estados latinoamericanos, medida indispensable para darle piso institucional y normativo a la llamadas reformas estructurales del neoconservadurismo.

    Despus de las duras experiencias de los aos 90 y primero del ao 2000, el Consenso es revisado, aparecen nuevas propuestas del Banco Mundial y del Banco Interamericano flexibilizando su despiadada crtica al Estado y promoviendo procesos de regulacin y de buen gobierno, de participacin social, de descentralizacin de las polticas y de revalorizacin de la sociedad civil.

    En este contexto, de resumen y revisin del Consenso de Washington, en la primera Cumbre del Sur, organizada por el Grupo de los 77 en La Habana, el Presidente cubano Fidel Castro habl del apartheid mundial, sealando que 4.000 millones de personas estaban privadas de los ms elementales derechos: alimentos, agua potable, educacin, salud, vivienda, empleo y sin esperanza ninguna en su futuro y en el de sus propios hijos

    Sin embargo, el nudo estratgico del Consenso de Washington (1989) como del Nuevo Consenso (1996) y del Documento Santa F IV, El Futuro de las Amricas.Temas para el nuevo milenio (2004), continu siendo la aplicacin de la Doctrina Monroe a las nuevas condiciones del siglo XXI: a las medidas de polticas macroeconmicas de ajuste y estabilizacin, de cambio estructural, de privatizacin y liberalizacin, incluida la flexibilizacin del mercado laboral, ahora se agrega estratgicamente todo aqullo que constituya amenaza para los Estados Unidos y se precisan las formas de respuesta poltico-militar que van desde las guerras de baja intensidad, el Plan Colombia y sus derivados, la Iniciativa Regional Andina, el Plan Puebla Panam, el esquema de dominacin neocolonial a travs del Acuerdo de Libre Comercio de las Amricas (ALCA) y la guerra global contra el terrorismo.

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    1.4 El factor Chvez y la Propuesta de Crdoba (1998-2006)

    La poltica norteamericana hacia Amrica Latina y El Caribe tiene tres grandes aspectos deficitarios desde la perspectiva estratgica:

    a) El bloqueo a Cuba desde 1960, que catapulta a Fidel Castro a hroe nacional y lder regional y, posteriormente, a lder de influencia mundial, con importante participacin en el desarrollo de las relaciones internacionales y continentales, introduciendo factores disfuncionales a las tentativas de establecer un nuevo orden planetario, con gobierno nico, mercado nico y potencia dominante;

    b) El golpe militar derechista que derroca al presidente Allende y pone en evidencia el desprecio de los Estados Unidos por la democracia representativa y los gobiernos constitucionales cuando no se someten a sus designios e intereses de potencia imperial. No es arriesgado sostener que la va chilena al socialismo en democracia y libertad, constituy un ejemplo de revolucin electoral, poltica y social que tuvo replicas mundiales en la Francia de Mitterrand o la Venezuela de Chvez;

    c) El surgimiento del bolivarismo como ideologa latinoamericana y anti-hegemnica y, por lo tanto, el potenciamiento de la figura del presidente Chvez y de sus polticas regionales y mundiales, que se perfilan como pilares de que otro mundo es posible. Su reciente periplo por los pases claves de la OPEP, Qatar, Irn, Rusia, Siria, Singapur y China apuntan a un nuevo alineamiento poltico y comercial fundamentado en el pragmatismo y el realismo como doctrina de poder.

    En los tres procesos, Estados Unidos, privilegi el resguardo de sus intereses y de las grandes transnacionales a la de los pases, interviniendo militarmente en Cuba, Baha Cochinos, abril de 1961; desplegando sus naves, que participaban en la operacin UNITAS, frente a Valparaso, en apoyo al ejrcito y a la aviacin en el sitio a La Moneda, el 11 de septiembre de 1973, y dndole cobertura de inteligencia y operacional a los golpistas empresariales y petroleros que intentaron derrocar a Chvez, en el abril del 2001, en diciembre del 2002 y en enero del 2003.

    La respuesta de los gobiernos y de los pueblos fue, en Cuba, declarar el carcter socialista de la revolucin (1962) y adhiriendo firmemente al bloque sovitico y al COMECON; en Chile, reestructurndose el arco de alianzas contra la dictadura, derrotndola en el plebiscito del 5 de octubre de 1988, reestableciendo la democracia y asumiendo las lites de centroizquierda el modelo econmico heredado, como precio a pagar por la gobernabilidad sistmica; y, en Venezuela, reposicionando a Chvez en el gobierno y dando pasos decididos en las reformas polticas, en la estatizacin de la industria petrolera, en la reforma del agro y en la declaracin de la Repblica Bolivariana y su revolucin, como avanzada del socialismo del siglo XXI.

    El documento de Santa F IV, seala la paradoja venezolana de ser uno de los pases productores de petrleo ms importante del mundo (8.5% de las reservas mundiales), y tener gran parte de la poblacin inmersa en la pobreza, en circunstancias que la riqueza producida ha sido absorbida por los contratistas internacionales y un aparato poltico-administrativo inflado. El documento agrega, que la clase gubernamental, los partidos polticos y el sistema econmico financiero surgido a las sombras de la industria del petrleo no solamente fueron indiferentes a los problemas del pueblo sino que eran nominalmente democrticos, bsicamente rentistas, y blandos frente a la presiones

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    externas. Si estamos de acuerdo con el documento de Santa F IV, no resulta sorpresivo que haya aparecido el factor Chvez como respuesta a la asimtrica convivencia de la riqueza para unos pocos, y la pobreza para el conjunto de la poblacin.

    En otros de sus acpites, el documento advierte al poder norteamericano que Chvez es el principal promotor de la revitalizacin de la OPEP y que, apoyndose en la figura de Bolvar, apunta a reestablecer lo que fuera la Gran Colombia (Venezuela, Colombia, Panam y Ecuador), muy probablemente como una nueva repblica socialista.

    El factor Chvez y sus innegables credenciales electorales y de representacin democrtica, ciertamente es una amenaza para la agenda expansionista de los Estados Unidos en la regin, ms que por lo que denominan sus tendencias autoritarias, porque es el nico lder latinoamericano que ofrece una respuesta radical de unidad continental para defender los recursos e intereses regionales, avanzar hacia una frontal redistribucin de las riquezas a favor de los sectores de menores ingresos y dar vida a un tipo de justicia social que, en funcin de las particularidades nacionales, abra camino al socialismo latinoamericano, alternativo a la globalizacin conservadora y al modelo neoliberal e intervencionista de los Estados Unidos.

    En Crdoba, Argentina, en la reunin de Presidentes y Jefes de Estado del MERCOSUR (julio 2006), el presidente Chvez plante la urgencia de avanzar haca la integracin de la regin tal como ya lo ha hecho la Unin Europea con Parlamento, Banco Central, Mercados, Fuerzas Armadas e incluso una Constitucin nica. Esta misma propuesta la reiter a los lderes sociales y polticos de la reunin alternativa a la cumbre de presidentes efectuada en la Universidad de Crdoba, donde comparti la tribuna principal con los presidentes de Cuba y Bolivia, con los cuales est de acuerdo en los grandes trazos de su proyecto antihegemnico y anti-imperialista.

    2. La difcil construccin de un camino propio, de integracin regional y de avances hacia la segunda independencia de Amrica Latina y El Caribe.

    Si se observa el panorama actual de Amrica Latina y El Caribe, una lectura simplista e incluso interesada indicara que se estn conformando dos bloques que miran a la integracin regional como propuestas ideo-polticas y econmicas antagnicas: a) la integracin de los pases del Pacfico latinoamericano, desde Mxico hasta Chile, que articulados por la economa de libre comercio, la democracia representativa y su mayor cercana a la potencia hegemnica, buscan un modelo de integracin fundamentado en los tratados de libre comercio y en la insercin externa o globalizacin; y, b) la integracin de los pases latinoamericanos del Atlntico, eventualmente del centro sur del continente y del Caribe que unira a visiones de izquierda radical y de centro-izquierda, crticas de la poltica norteamericana, de la globalizacin econmica en desarrollo y de las asimetras del comercio mundial. Sin duda que, tanto en el primer modelo como en el segundo, existen variantes que van ms all del eventual acercamiento ideolgico y poltico como pueden ser las variantes energticas, comerciales, de inversiones, cooperacin, militares y estratgicas.

    Pero, la Historia, la Geografa y las Identidades Nacionales son factores que pesan a la hora de las grandes sntesis polticas y de ir configurando todos los juegos del fuego. 2.1. La unidad de Amrica Latina y El Caribe es una compleja y larga historia, una accidentada y abismante geografa y con tiempos dramticos, que ya hemos venido anunciando de manera escalonada desde la introduccin, como es la soledad de Bolvar remontando el Magdalena, la retirada sorpresiva de la escena de San Martn despus de

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    la reunin de Guayaquil o de las guerras internas por hegemonas, lmites, agresiones, dependencias externas y expansionismos. Pero, tambin, la lucha por la unidad latinoamericana se monta en las ancas flamgeras de los siglos y donde los significantes ms notables son Toussaint LOuverture y la revolucin poltica y social de Hait; Simn Bolvar y sus generales internacionalistas y las guerras por la independencia continental; Bernardo OHiggins y su gloria en Rancagua, mirando hacia el Estrecho de Magallanes y dando vida a la expedicin libertadora del Per, y ms recientemente, la revolucin mexicana de Villa y Zapata, la visin bolivariana de Ernesto Guevara de caminar hacia la segunda independencia de Amrica Latina y la experiencia de alcance mundial de la va chilena al socialismo del presidente mrtir Salvador Allende.

    Adems, estn las apuestas de estos tiempos globales, de los modelos de desarrollo fundamentados en las transformaciones polticas y productivas de mercado, con compensaciones sociales y elecciones peridicas , tal cual lo han practicado Fernando Henrque Cardoso, en Brasil, y Ricardo Lagos, en Chile, o la va hacia el socialismo siglo XXI donde convergen la larga y multifactica revolucin de Fidel y Ral Castro en Cuba, las perspectivas de refundacin etno-popular del Estado y la sociedad boliviana, liderada por Evo Morales y lvaro Garca Linera, y la creciente y sostenida propuesta anti-imperialista y anti-globalizacin de la revolucin bolivariana de Hugo Chvez, en Venezuela.

    El singular juego de contradicciones que envuelve la construccin de decisiones polticas, econmicas y nacionales para avanzar hacia la integracin y las solidaridades regionales, encuentra sntesis tmporo-espaciales en las guerras de la independencia donde los ejrcitos articulan dos grandes tendencias de unidad en la accin anti-imperialista: por una parte, el ejrcito libertador multinacional que lidera poltica y militarmente Simn Bolvar que, para evitar la repeticin de la guerra social de 1812-1814 en Venezuela, saca hasta los Andes del Sur a los caudillos que podan tomar en sus manos las banderas de los llaneros de Boves y de Morales y, por otra parte, la fuerza militar que, financiada e integrada mayoritariamente por chilenos, es encabezada por los Generales San Martn y OHiggins, dando libertad a Chile y Per, que era el principal bastin del Imperio Espaol en Amrica Latina.

    Siguiendo a ese notable dominicano llamado Juan Bosch, las guerras de independencia tuvieron diferentes aspectos antes que se perfilarn como guerras nacionales contra los poderes metropolitanos. Casi todos los pases de Amrica conquistaron sus independencias con las armas, pero es muy difcil hacer una clasificacin de conjunto de esas guerras, porque algunas se decidieron desde el primer momento como luchas para lograr la independencia, otras comenzaron como movimiento defensivos contra la agresin napolenica, otras se iniciaron como guerras civiles, en alguno o algunos de los variados matices que presentan las contiendas civiles. Sin embargo, dado que esas guerras se distinguen en la historia de cada pas porque terminaron produciendo el establecimiento de un nuevo Estado, se conocen con el nombre de guerras de independencia. (Juan Bosch, 1960).

    2.2 Tanto las guerras internacionales entre pases latinoamericanos como las guerras civiles, han estado signadas por la lgica de la desintegracin regional y sus impactos siguen marcando hasta el presente las relaciones entre muchos pases del continente. Si bien, en el siglo XIX, los pases latinoamericanos y varios del Caribe, culminaron su lucha independentista derrotando al Imperio espaol, desplazando al portugus, francs o a los imperialistas ingleses, no fueron capaces de avanzar hacia la unidad poltica insinuada en el Congreso de Panam (1826) y los caudillismo militares, los intereses de las oligarquas

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    y de las burguesas nacionales emergentes, y las formas de penetracin del imperialismo ingls primero y del norteamericano despus, hicieron infructuosas las tentativas de construir caminos de integracin y unidad latinoamericana.

    Ya en el siglo XX, se acenta la persistente presencia de la potencia hegemnica dominante, ya sea a travs de nuevas intervenciones militares, operaciones de inteligencia, programas de espionaje, como el Plan Camelot de los aos 60, de las inversiones y crditos atados de los programas econmicos digitados por el FMI, Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de USA, o de la participacin de las task forces y de los derivados de las Operaciones UNITAS en el derrocamiento de gobiernos.

    Adems, todo el perodo est dimensionado en funcin de la estrategia de contencin del comunismo y de las potencias extra continentales. As se firman el Tratado Interamericano de Asistencia Recproca (TIAR) y los Tratados Militares de los aos 40 y 50; con la misma lgica se despliegan los convenios paraguas del arco de defensa imperial, tal como fueron en los aos 50, 60 y siguientes, la constitucin de la Junta Interamericana de Defensa, los programas de adiestramiento militar y de contrainsurgencia ejecutados en la Escuela de Las Amricas, en Panam, y en los fuertes militares de Georgia y Texas, USA.

    Avanzada la guerra fra contra el bloque sovitico, se establecieron bases militares en Centro Amrica, Guantnamo, Ecuador, Bolivia y Paraguay e incluso en la Isla Fernando de Noronha, en Brasil; en fin, los Estados Unidos han intervenido militarmente o de manera encubierta, en todos estos aos, en Cuba, Repblica Dominicana, Panam, Grenada, Nicaragua, El Salvador y Hait. En la actualidad, sucede otro tanto con los planes Puebla-Panam y Colombia, que se proyectan como cordn militar alrededor de las reas de eventual influencia de Cuba, Venezuela, Bolivia e incluso de gobiernos reformistas, anclados en la competencia electoral y los cambios dentro de la institucionalidad.

    Si bien, en la poltica y las polticas que se implementan en la regin, la presencia sostenida de los Estados Unidos ha dificultado la construccin de alternativas viables o que sienten las bases de un camino autnomo de desarrollo, no puede decirse lo mismo de aquella iniciativas que, surgiendo de un clima de dependencia o de perplejidad de la potencia hegemnica, han sentado hitos en la construccin continental y, por lo menos, establecido una institucionalidad y cuerpos legales.

    No es un misterio que la OEA (1948), ha venido evolucionando desde un ministerio de colonias de los Estados Unidos a constituirse en una institucin que pareciera ser escuchada hoy por los gobiernos y que ha estado tomando interesantes e interesadas iniciativas en algunas crisis, como: la firma de la Carta Democrtica, el seguimiento de difciles procesos electorales y en la constitucin de la Misin de las Naciones Unidas para Estabilizar Hait (MINUSTAH). Sin embargo, esta ltima iniciativa donde Chile ha estado participando con presencia militar y diplomtica, autorizada por los ltimos gobiernos concertacionistas, est significando una regresin en la tendencia, puesto que se ha avalado el derrocamiento del gobierno democrtico de Aristide por los marines yanquis.

    La instalacin, en Santiago de Chile, de la CEPAL, una de las cinco comisiones regionales de las Naciones Unidas, es otra muestra de lo que estamos explicando. La CEPAL se ha transformado en una institucin de alto prestigio internacional, elaborando diversas teoras del desarrollo surgidas de la prctica-terica, influyendo en los escenarios

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    continentales de cooperacin tcnica y plasmando en una rica prctica de asesora y capacitacin concepciones tan notables como las de Ral Prebisch, sobre la relacin centro-periferia y el plus del progreso tcnico en las formas de acumulacin, o tambin, aqullas de Celso Furtado, sobre el subdesarrollo, de Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto entorno a la dependencia, en fin, todo el rico caudal terico y de la prctica terica de intelectuales y expertos de alta cualificacin como Mayobre, Iglesias, Wolfe, Solari, Pinto, Matus, Martner, Vuskovic, o Jorge Ahumada, hasta llegar a la propuesta reciente sobre transformacin productiva con equidad, que diera forma Fernando Fajnzylber, en el perodo de la Secretara Ejecutiva de Gert Rosenthal.

    2.3. Si de sntesis se trata, hemos venido sosteniendo desde la poltica contingente o desde la ctedra universitaria e incluso desde m estadio cepalino, que el desarrollo capitalista latinoamericano no ha sufrido mayores alteraciones estructurales, pero que sus instituciones estatales y sociales se encuentran siempre jaqueadas por los populismos, las lites conservadoras o por el fantasma de la revolucin, apareciendo frecuentemente como un sistema en reparacin (Rivera, 1998) o sujeto a ciertos cambios gatopardescos que, en caso de prosperar ms all, son sometidos a regimenes de contencin, o a tratamientos de reconversin de modelos dictatoriales o autoritarios a modelos de democracias representativas, de combinar las polticas de mercado con las polticas sociales y de racionalidad macroeconmica y de insercin internacional.

    En concreto, si bien no cambia la matriz capitalista transferida desde los centros, se producen alteraciones de diversa profundidad en su matriz poltico-estatal y societal. De todas maneras, las relaciones Estado, Economa y Sociedad sufren fuertes asimetras que se expresan en reformas y modernizaciones, que de fracasar, muchas veces, abren paso a revoluciones, contrarrevoluciones y transiciones de diverso tipo.

    Hace menos de 25 aos, las actividades del Estado en la economa y la sociedad, fueron fuertemente cuestionadas y su rol de promotor del desarrollo puesto en dudas, presionando las organizaciones multilaterales en realizar reestructuraciones radicales: redimensionamiento del tamao de sus instituciones, eliminacin de funcionarios, recortes presupuestarios y reduccin de la intervencin estatal en favor de la ampliacin e ingerencia de la clase empresarial y del mercado en la asignacin de recursos y en la apropiacin del plus econmico financiero. En muchos casos, se lleg a minimizar tanto la funcin del Estado que perdi capacidad de gobierno, de creacin y elaboracin de polticas, reducindolo a un mero facilitador de los negocios privados, cuyo ejemplo ms notable es el Estado pinochetista, en Chile.

    Despus de la experiencia neoliberal primitiva, incluso las instituciones internacionales ms entusiastas con las modernizaciones y libertades, reflexionaron sobre el balance de las polticas recomendadas y el FMI, el Banco Mundial y el BID llegaron a plantear como opcin aceptable reformar el Estado, traerlo de vuelta, reconstruyendo su estructura institucional, su capacidad de definir y ejecutar polticas, de llegar a reas de escaso rendimiento empresarial y asumir un rol regulatorio y social.

    Esta toma de posicin de las instituciones internacionales claves en el desarrollo, en los hechos, dieron el vamos para el trnsito desde el modelo neoliberal de reacumulacin econmica primitiva a un modelo de desarrollo que articula el crecimiento y la reestructuracin productiva con crecientes niveles de equidad y acceso ms universal de la poblacin a redes de proteccin social y de polticas compensatorias.

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    Esta nueva dialctica que se establece en las relaciones entre el Estado, la economa y la sociedad, constituye la clave en las reformas y modernizaciones que se inscriben en las agendas de los gobiernos y que, en su trnsito hacia un tipo de Estado post-neoliberal, cristalizan, en el rea del Pacfico latinoamericano, en el libre mercado, apertura comercial e insercin central-global y que, en su similar del Atlntico, se expresa en variadas experiencias neopopulistas, revoluciones electorales, liberalismo social, neoconservadurismo y de economas crecientemente centralizadas.

    3. Desarrollo poltico, gestin estratgica del Estado, reformas y modernizaciones

    La constante en Amrica Latina y El Caribe, ha sido el anlisis de las estructuras econmico-financieras, buscando explicarse las razones del subdesarrollo y de su dependencia de la potencia hegemnica norteamericana. Los llamados cambios estructurales han dominado la escena y han dejado de lado cuestiones tan importantes como la anatoma de los procesos revolucionarios, del cambio poltico y del desarrollo del Estado y la sociedad latinoamericana.

    Hoy ms que nunca, cuando se intensifica la presencia militar de Washington en Amrica Latina, y tomando como pretexto la lucha contra el terrorismo, se insta a los ministerios de Defensa de las Amricas a coordinarse, fortalecer su capacidad de planificacin y mejorar los sistemas de comando y control nacionales para luchar contra las drogas, las actividades guerrilleras y la subversin alimentada por las organizaciones terroristas internacionales como denominan a Al Qaida, Hazbollah o Hamas.

    La relacin de la militarizacin con los organismos financieros internacionales es otro tema que debiera ponerse en la agenda de los pases para enfrentar las polticas de intervencin y de sujecin econmica y financiera existentes. La presencia de Paul Wolfowitz, en la Presidencia del Banco Mundial, quien fuera antes subsecretario de Defensa de los Estados Unidos o de Luis Alberto Moreno, en el BID, que fuera uno de los creadores del Plan Colombia y antiguo embajador de Colombia en Washington, ponen en evidencia que ambas instituciones tambin trabajan en proyectos polticos-militares, de reconstruccin en situaciones posconflicto o de carcter estratgico y econmico favorables a la presencia de los Estados Unidos en las regiones de que se trate.

    3.1. Por qu el desarrollo poltico?

    Antes que nada, porque el Estado sigue siendo un actor fundamental en las transformaciones y cambios que est experimentando nuestra poca, a contrapelo de las tesis ms en boga explicativas de la globalizacin que apuntan a su desperfilamiento y extincin, sin tomar en cuenta sus complejidades. Constatar este nucleamiento de ideas, necesariamente lleva a entender que el Estado es mucho ms que dominio de clase, que condensacin de relaciones de poder, que es mucho ms que coercin o violencia legitima (Osorio, 2004).

    El Estado moderno se desarrollo, en parte, como respuesta a las demandas de articulacin y proteccin de un conjunto de intereses y derechos que no pueden ser reducidos a solo las cuestiones de la propiedad y de las clases (Held, 1997), o de la utilizacin de la violencia. Tambin, el Estado se desarrolla construyendo el consenso

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    que presiona a las clases subalternas para que no aspiren a la toma del poder. Sin embargo, esta construccin de consenso nunca es completa, surgiendo de su propio seno dialcticamente la contrahegemona o nueva conduccin, partido o prncipe que construir la plataforma del cambio social, econmico y cultural.

    Interpretando a Gramsci, el terico de la superestructura, la conquista de las diversas colinas, el escalonamiento del conflicto y la guerra de posiciones, determinar la cada de la fortaleza sitiada. En este sentido, la poltica como conduccin y mando no es suficiente sino que debe complementarse con el saber cmo se conquistan las colinas y se gestiona estratgicamente el conflicto.

    Un segundo aspecto sobre el porqu del Desarrollo Poltico, es porque ste es un aspecto descuidado en el anlisis estratgico de los pases, lo que contrasta con la inflacin de estudios sobre la importancia que se le atribuye al desarrollo econmico, cuestin en la que tambin cae la politologa vulgar con los intentos de aplicar modelos matemticos y conceptualizaciones econmicas en el estudio de los escenarios sociales. En general, se ha considerado al desarrollo poltico como un fenmeno que nace con la descolonizacin de los aos 60, especialmente en Asia y frica.

    Sin embargo, el surgimiento de nuevos pases, sus fortalezas, crisis y dificultades en sus intentos para desarrollar las economas e instituciones en medio de los conflictos y complejidades del proceso, la independencia y accesos a las diversas arenas regionales y mundiales, produjeron nuevas sntesis y conclusiones de carcter econmico y social en distintos niveles de generalizacin que se posicionaron en un espacio escasamente explorado en el campo de la Politologa, cuyos aspectos focales se proyectaron en el Estado en accin, en el cambio social inducido, en el anlisis de los niveles de gobernabilidad y sus impactos en la capacidad de gobierno y en la construccin de instituciones, estructuras y pases.

    El desarrollo poltico no era ni es el nation building clsico de lo politlogos norteamericanos sino que, ms bien, en trminos actuales, era y es la gobernacin y la gobernabilidad de un sistema social lo que implicara el proyecto de gobierno, la capacidad de gobierno y la gobernabilidad del sistema (Matus, 1987-1988).

    Creo que, este triangulo de gobierno, puede y tiene que devenir en un pentgono de gobierno y gestin si agregamos, como factor decisivo y complementario a la vez, a la direccin poltica y a la participacin popular. En este sentido, el desarrollo poltico, como la prctica terica de la gobernabilidad de un sistema social, articula con la planificacin poltica o el diseo e implementacin social y tcnica de un proyecto poltico, creando de este modo capacidad de gobierno o de gestin poltica, verificables en los resultados programticos y de poltica en relacin a la conduccin y gobernabilidad del sistema.

    En tercer lugar, en el anlisis del desarrollo poltico, un tanto dejado de lado por los gobernantes, los liderazgos y los niveles de asesoramiento, destaca la idea de crear un tipo de desarrollo donde la planificacin y gestin y la capacidad de gobierno, sensibilizando a los mecanismos reproductores de conocimiento, permita implementar una formacin adecuada de cuadros y, de manera espacial, del escaln poltico-tcnico y tecno-poltico del Estado y de las organizaciones.

    Los lderes polticos se hacen en la prctica segn las exigencias de la lucha poltica y social. Pero, el estrato poltico-tcnico de una sociedad se forma y se perfecciona en escuelas, centros e institutos y, a la larga, eleva las exigencias de la lucha poltica con el

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    consiguiente efecto sobre la misma formacin de los lderes. Por esta razn, podemos afirmar que la creacin de equipos polticos-tcnicos de alto nivel terico y buena experiencia prctica estimula el ascenso del nivel y calidad de las polticas y de la accin poltica, de la planificacin y gestin de los procesos societales (Matus, 1987-1998).

    Desgraciadamente, el nivel tecno-poltico es un estrato muy poco desarrollado en Amrica Latina. Nuestros pases y las instituciones de la educacin superior producen economistas altamente tecnocratizados o lejanos a la poltica; polticos que se hunden en el clientelismo y en el realismo de la participacin en los manejos presupuestarios; politlogos presos del dilema teora o prctica, y planificadores y administradores encasillados en planes irrealizables o en introducir el espritu empresarial en la gestin pblica.

    En consecuencia, es fundamental en estos tiempos de cambio y transformaciones globales, enfrentar con sentido de pas y de proyeccin planetaria la gobernabilidad de los sistemas sociales, la cuestin del gobierno y del poder, del cmo gobernar, de cmo construir los caminos hacia la sociedad de llegada, de los dnde y cundo de la participacin popular en la organizacin, administracin y direccin del Estado y la sociedad, como proceso continuo de interpenetracin e interfases sistmicas. 3.2. El arte y la ciencia de la direccin poltica en la planificacin y gestin de los procesos de gobierno

    Uno de los revolucionarios ms importantes del siglo veinte, V. I. Lenin, defina el arte y la ciencia de la direccin poltica como el adecuado uso de los tiempos sintetizados en el antes, el despus y el ahora. De alguna manera, Lenin, estableca que la prematura llegada al poder del partido revolucionario poda implicar la derrota del proceso. Por otra parte, el llegar tarde a la cita con la historia derivaba en la catstrofe, disolucin o la estampida sin destino del movimiento y las masas.

    La gobernabilidad de los sistemas sociales implica estratgicamente articular la conduccin con la planificacin y gestin poltica y con la participacin social en la compleja tarea de elaborar el programa y los proyectos de gobierno en los marcos de la profundizacin democrtica y la inclusin ms vasta de los sectores sociales.

    El arte y la ciencia de la direccin poltica de los procesos de gobierno, en consecuencia, se constituye en saber gestionar estos procesos, en trminos de direccin, equipos, planes, polticas y proyectos con el objeto de provocar la sntesis necesaria de carcter programtico que presidir el desarrollo de todo un perodo histrico. Sin lugar a dudas que la planificacin poltica es un proceso articulado a los dems procesos sociales y se expresa en un conjunto de principios, objetivos, metas, previsiones y acciones elaboradas y programadas, primero, por los equipos tecnopolticos y, en la fase de discusin democrtica-ejecucin disciplinada, por la direccin poltica y sus mecanismos de gestin.

    En este tipo de planificacin no es slo un instrumento de accin de gobierno, sino que tambin, es una herramienta de trabajo y prospeccin de los partidos polticos, estn o no en el gobierno e incluso de las organizaciones sociales.

    Sin embargo, si observamos el comportamiento del sistema de Estado latinoamericano (Miliband, 1969), se puede constatar que ni los gobiernos, ni los partidos polticos planifican realmente sus acciones y estrategias polticas. An ms, en los procesos de gobierno de la regin, con distintos matices de intensidad, se aprecia un claro

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    distanciamiento entre los planes ofrecidos como promesas y el proceso real de discusin y toma de decisiones que gua la accin diaria de los gobernantes (Matus, 1986).

    En el sentido ya indicado, resulta paradojal que las empresas transnacionales planifiquen a largo plazo su accin en los mercados y el comportamiento de los diversos escenarios nacionales e internacionales. De ms esta decir que los ministerios claves de las grandes potencias emplean la planificacin y la prospeccin en los diversos juegos y competencias polticas y estratgicas.

    Fundamentalmente en los aos 60, 70 y parte de los 80, diversas instituciones latinoamericanas y el sistema internacional, se aplicaron en el anlisis de la planificacin poltica y de la gestin estratgica de los sistemas sociales. Desde los distintos campos de las ciencias sociales, el tratamiento de estos problemas se potenci, ya sea en la creacin de estructuras de pensamiento terico y de la prctica terica y en la elaboracin de modelos de anlisis de polticas.

    En 1966, se cre la Escuela Latinoamericana de Ciencia Poltica y de Administracin Pblica, como iniciativa del BID, la OEA y la FLACSO, apuntando a capacitar cuadros para la alta direccin del Estado que tuvieran dominio en las reas de estructuras e instituciones, de procesos polticos, estilos de gobierno, relaciones internacionales, y aplicacin de la planificacin y gestin poltica en la elaboracin de los planes y programes de gobierno.

    En este perodo, cercano a lo que fuera el lanzamiento de la Alianza para el Progreso, se desarrollan interesantes trabajos en torno a temas tales como:

    a) Aplicacin de la tcnica de los modelos al anlisis de la realidad poltica, de Alfredo Eric Calcagno y Juan de Barbieri, Santiago, Chile, 1967;

    b) Una metodologa para analizar algunos indicadores de desarrollo poltico, de Alfredo Eric Calcagno y Pedro Sinz, Santiago, Chile, 1970;

    c) Amrica Latina: Modelos matemticos, compilacin de Oscar Varsavsky y Alfredo E. Calcagno, donde se presentan modelos matemticos, entre los que se cuenta Programas de gobierno y desarrollo poltico. Un modelo de anlisis, bajo la firma conjunta de Calcagno, Sinz y de Barbieri, Santiago, Chile, 1961;

    d) Estilos polticos latinoamericanos. Un mtodo de anlisis y nueve casos, de Alfredo E. Calcagno, Pedro Sinz y Juan de Barbieri, Santiago, Chile y Buenos Aires, Argentina, 1972;

    e) Coincidiendo en el tiempo, se encuentran los trabajos del grupo de modelos del CENDES de Venezuela, donde se destacan Lourdes Yero, Oscar Varsavsky y Leandro Leal;

    f) En CEPAL e ILPES, se toma la temtica por la misma lnea de los estilos de desarrollo o polticas econmicas optativas (1971) y desde el ngulo de la planificacin del desarrollo, propugnando un concepto de estrategia y plan que sintetice la coherencia necesaria entre la eficiencia econmica, la mirada estratgica y la eficacia poltica. En este sentido, el libro Estrategia y Plan de Carlos Matus (1972), constituye el punto de partida de una reflexin que el mismo Matus continuar hasta llegar a la planificacin estratgica o de situaciones (1986), Los Tres Cinturones de Gobierno y Adis, Seor Presidente (1998) , y

    g) En el ILPES del Sistema de la CEPAL, Aldo Solar, Edgardo Boeninger, Rolando Franco y Eduardo Palma, 1980, inscriben sus anlisis de los escenarios de la planificacin latinoamericana, poniendo de relieve el proyecto poltico, los

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    diferentes actores que actan en el proceso de planificacin y en la implementacin social y tcnica de los planes polticos.

    En los 80 y primeros aos de los 90, el Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales, ILDIS, de la Fundacin Ebert, en Ecuador, public distintos Cuadernos de Discusin y realiz seminarios especializados sobre la temtica de la gestin poltica. Tanto el Doctor Alexander Kallweit, Director del ILDIS como el Subdirector, seor Santiago Escobar, se asociaron con la UNESCO y el SELA para trabajar reuniones y seminarios en el rea de las ciencias sociales y las polticas pblicas.

    3.3. Elaboracin de Programas de Gobierno para el Cambio Democrtico

    a) Histricamente los proyectos polticos y los programas de gobierno aparecieron como una suerte de mediacin entre las utopas sociales y determinados diagnsticos o pronsticos de la realidad o de los escenarios en juego.

    Un proyecto poltico puede admitir distintos programas para su realizacin, aunque los mrgenes de maniobralidad de estos programas se encuentren estrechamente acotados con los fines del proyecto, lo que generalmente puede constituir una explicacin del sentido de la historia.

    Sin embargo, el problema mayor, se ha traducido en la reduccin de la realidad a una verdad racional o cientfica para producir programas de alta agregacin alrededor de esa verdad racional o cientfica. En torno a esto, hoy se acepta y se entiende la coexistencia de muchas verdades y de muchos proyectos y sociedades de llegada.

    La gestin poltica la entiendo, por una parte, como los esfuerzos sistemticos y programados para mejorar los resultados del desarrollo poltico y social. Significa, asimismo, la construccin de instituciones de alta eficacia y una utilizacin ms eficiente y combinada de los factores polticos, jurdicos y administrativos para producir la secuencia que implica articular el triangulo de gobierno y los cinturones de la gestin.

    Tambin y referido a las funciones de gobierno y administracin, la gestin poltica constituye la utilizacin ptima de los medios puestos a disposicin del responsable o de la institucin para alcanzar metas y objetivos. La accin de gestin es intermedia entre la accin de direccin y la accin de ejecucin. Como se sabe, la direccin tiene poder sobre los objetivos y sobre los medios, y la accin de ejecucin se constituye en la implementacin de uno o de varios de los objetivos y metas.

    Visualizada as la gestin poltica, sta sera un bien escaso en el mercado poltico de la regin. Los gobiernos nacionales y los partidos polticos, entrampados en el da a da y en escenarios conflictivos y de dura disputa por el poder, no tienen el tiempo necesario para controlar y evaluar poltica y tcnicamente su produccin expresada en las polticas pblicas estatales.

    La evaluacin sistemtica de las polticas pblicas permite realizar un diagnstico certero de su eficiencia y facilita su perfeccionamiento marginal a partir de la deteccin de deficiencias y la sugerencia de soluciones de alternativa (Lahera, 1980).

    Esta evaluacin permite presentar, a los que las disean, informaciones concretas sobre sus resultados y las formas ms eficientes de hacer realidad los objetivos.

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    El diagnstico y la informacin que generan la evaluacin de las polticas pblicas son elementos de anlisis para mejorar la gestin poltica en cuanto a metodologas, modelos, sistemas, procesos, mecanismos, instrumentos y acciones.

    En el rea de los problemas metodolgicos uno de ellos sera, sin duda, el de los indicadores de desarrollo poltico (A. E. Calcagno y P. Sinz, 1970) y otro el relativo al anlisis de polticas para gobernantes y la generacin de inteligencia estratgica (Dror, 1982).

    El trabajo de Calcagno y Sinz, a que hago referencia, sostiene que su objetivo principal para trabajar el tema de los indicadores de desarrollo poltico es exponer un mtodo de anlisis de la realidad poltica y mostrar como puede aplicarse para evaluar diversos ndices de desarrollo poltico de un pas. Implica la elaboracin de un conjunto de hiptesis sobre el funcionamiento del sistema poltico, una formulizacin de las relaciones que en l se establecen, referencias fundamentales a las fuerzas polticas y a los actos de gobierno y su anlisis por experimentacin numrica. En este sentido, los indicadores de desarrollo poltico que Calcagno y Sinz trabajaron (descripcin y medicin) estuvieron referidos a:

    Aptitud del sistema poltico para responder a las demandas de cada grupo. Racionalidad en la adopcin de decisiones. Naturaleza y modalidades de las fuerzas polticas:

    i) Representacin de las fuerzas socioeconmicas en el sistema poltico. ii) Grado de conflicto y de consenso. iii) Homogeneidad interna de cada fuerza poltica.

    iv) Comunicacin entre las diferentes fuerzas polticas e informacin de cada una respecto a la posicin de los dems.

    Algunos controles que se ejercen dentro del gobierno:

    i) Posibilidad nacional de decisiones autnomas. ii) Grado de control del gobierno y de los grupos socioeconmicos.

    En general, si consideramos al desarrollo poltico como el aspecto crucial y especfico del desarrollo global que se refiere a las relaciones de poder (Calcagno y Sinz, 1970) o como un aspecto de un proceso multidimensional de cambio social (L. W. Pye, 1966), su perfeccionamiento puede mejorar la calidad de las decisiones polticas a travs de la descripcin cientfica de la realidad y la previsin de la viabilidad, desarrollo y consecuencias de un programa de gobierno.

    Tal cual se ha planteado, en el anlisis poltico se opera con gran cantidad de variables y de interacciones y, tambin, se somete a prueba la coherencia de una apreciable cantidad de hiptesis. Desde esta perspectiva, la tarea es difcil y compleja si se la formula en lenguaje verbal. De aqu, entonces, el aporte matemtico y de la experimentacin numrica al anlisis poltico y concretamente en materia de indicadores y de modelstica. Resulta indudable que, en materia de indicadores de desarrollo poltico, la recurrencia a las matemticas es un camino posible, aunque sigo pensando que el arte y la ciencia de la direccin poltica, las correlaciones de fuerzas y la participacin popular son factores determinantes en la construccin de escenarios de desarrollo poltico.

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    La propuesta bsica de Dror, sostiene que el desarrollo del anlisis de polticas para gobernantes constituye un aspecto fundamental en el replanteo del proceso de investigacin de operaciones. Sin embargo, el concepto de anlisis de polticas es un tanto ms estrecho que el de investigacin de operaciones que, en su ms amplio significado, est referido a todos los enfoques sistemticos para mejorar el proceso de toma de decisiones. El anlisis de polticas cubre la aplicacin de pensamiento y mtodos semicientficos para que las decisiones y el proceso para tomarlas sea ms efectivo.

    Sostener que las decisiones de los gobernantes son complejas y cruciales, y que su impacto social y poltico es real y significativo, implica estar de acuerdo en que es urgente la necesidad de perfeccionar el proceso, la gestin y su programacin directiva.

    Dror examina nueve cambios radicales requeridos en el estado actual del arte del anlisis de polticas para que sean efectivas en la toma de decisiones de los gobernantes:

    a) El modelo normativo subyacente; b) Diagnsticos; c) Arquitectura: d) Metodologas; e) Consideraciones polticas; f) Medio ambiente de poder; g) Tipo de personalidad; h) Caractersticas institucionales, y, finalmente i) Funciones sistmicas.

    Otro aporte de Dror (1987), pero ya en la perspectiva de la planificacin lo constituyen sus dieciocho proposiciones principales que partiendo de la planificacin como importante faceta de la capacidad de gobernar, propone educar a las clases polticas para que tengan un mejor manejo de la planificacin y de esta manera incorporarla en los procesos de toma de decisiones.

    Jacques Attali (1974), que fuera auditor del Consejo de Estado y profesor de la Escuela Politcnica de Pars, analiza algunos aspectos de la utilizacin de los modelos en esta disciplina y la influencia de la teora econmica en su formulacin. De alguna manera, ste es un enfoque similar al de Uphoff e Ilchman (1972) en su modelo de The political economy of development.

    El modelo es para Attali (1974), la descripcin de una realidad en la forma de conceptos y de relaciones recprocas. El conjunto de la definicin de los conceptos y de las relaciones entre estos ltimos, constituye el modelo en si. Por esto, el modelo es una descripcin de la realidad, que con su planteamiento puede levantar dos cuestiones bsicas: cul es el realismo de los conceptos? y qu relaciones existentes entre los conceptos son susceptibles de definicin?

    Los indicadores de desarrollo poltico aunque estn referidos ms al sistema poltico que a la sociedad sociopoltica, el anlisis de polticas para gobernantes que incide fundamentalmente en la toma de decisiones, y los modelos polticos como un instante en la descripcin de la realidad dada, ms cierto tipo de desarrollo institucional definido como gestin eficaz de las instituciones o creacin de instituciones nuevas (A. Israel, 1983), pueden considerarse como partes importantsimas de lo que Matus (1986, 1998 y 2001) denomina las Ciencias y Tcnica de Gobierno.

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    La necesidad prctica de dar solucin a los grandes problemas del arte y la ciencia de la gestin de gobierno, sobre todo si referimos esta compleja cuestin a los escenarios convulsionados en que la realizan los gobernantes de los pases en desarrollo, lleva reiterativamente a tcnicos, planificadores, administradores y polticos a estudiar, con ms y mayor precisin, temticas tales como: qu es el gobierno, cmo medir las actividades de gobierno, cules son las transacciones entre el gobierno (dentro del mismo) y el resto de la economa, cmo clasificar las transacciones del gobierno, la cronologa de los ciclos (presupuestario, financiero, fiscal, del plan, etc.), el gobierno de la economa, la organizacin cientfica del trabajo, el gobierno de la actividad administrativa y jurdica, la gestin eficaz de las instituciones, la ciberntica socioeconmica o ciencia del gobierno ptimo, y las estrategias nacionales y subnacionales de desarrollo, planificacin y gestin.

    Finalmente, para ubicar la gestin poltica en escenarios de manejo complejo y de gestin de poder conflictuado, nuestras hiptesis tentativas de trabajo seran las que dejo enunciadas:

    1) Amrica Latina y El Caribe, desde la perspectiva de su desarrollo capitalista ha gozado de una relativa pero persistente estabilidad.

    2) No es menos cierto que este tipo de desarrollo no ha sido capaz de generar estabilidad en el sistema y sociedad poltica. Esta situacin ha imposibilitado, tambin, una gestin poltica eficiente.

    3) La cuestin central es revertir las ecuaciones de la dependencia, democratizando a fondo las estructuras socioeconmicas y llevando adelante una gestin poltica eminentemente participativa y plural, como sntesis del proceso de gobierno necesario para darle sustentabilidad a una democracia avanzada; y,

    4) La profundizacin democrtica como radicalizacin del gobierno popular se articula a formas de desarrollo socialista de mayoras que comienzan a aparecer ya en la etapa de la representacin y de la democracia participativa.

    b) La capacidad de gobernar se constituye por la voluntad del sistema social (Estado, sociedad poltica y sociedad civil) para perfeccionarse, democratizar sus instituciones, concretar la participacin, desde la consulta a la toma de decisiones y desarrollar capacidades que le permiten llevar adelante sus polticas, proyectos y planes en las condiciones ms exigentes.

    Una dimensin muy importante de esta capacidad de gobernar sistemas sociales complejos lo constituye la planificacin y gestin de las polticas, ms an cuando los desafos del presente estn exigiendo visiones planetarias para salir con xito de los rigores de las crisis, de la deuda, de la cuestin militar, de la paz, del desarme, de la seguridad regional, de las guerras no convencionales contra las organizaciones descentralizadas territorialmente, de la compartimentacin poltica, de las inserciones internas y externas y de las polticas globales. La verdadera revolucin que se ha producido en las comunicaciones y el manejo de las tcnicas de informacin, facilitan largamente la construccin de visiones planetarias y de profundidad estratgica.

    Segn Matus (1963, 1986, 1998 y 2001), el programa electoral, el programa de gobierno y el plan de desarrollo constituyen tres instancias de un mismo proceso de planificacin gubernamental. Es posible agregar que, desde una ptica de planificacin poltica enfocada en el largo plazo y en el camino del pluralismo democrtico hacia el poder, la direccin poltica y el proyecto poltico, se constituyen en el primer paso; ya que, la

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    direccin poltica y el proyecto de pas van ms all del perodo de gobierno y son de caractersticas mayormente estratgicas y de largo plazo, para todo un perodo histrico.

    De acuerdo con Solari, et al. (1980), se parte del supuesto bsico de que en toda sociedad y en cada etapa de su historia existe un proyecto poltico explcito o implcito, de objetivos mltiples o parciales, de las ms diversas naturalezas: transformadora, de compromiso, revolucionaria o conservadora, referido a la distribucin ms o menos coactiva del poder y de los procesos sociales. Todo proyecto poltico se corresponde con una necesaria relacin de fuerzas sociales y polticas que lo apoyan y desean transformarlo en realidad y direccin del poder en una sociedad determinada. El problema del poder es definitorio para el proyecto poltico, ya sea compartido, en una sociedad de alto consenso democrtico y cierta homogeneidad cultural, o ya sea no compartido, situacin que se da en las sociedades en desarrollo por su insercin internacional y por las conflictivas correlaciones de fuerzas internas.

    Se puede decir que el proyecto poltico (el programa partidario o de alianzas) preside el desarrollo del proceso de planificacin poltica. El programa electoral es una propuesta de accin de una o ms fuerzas para el perodo de gobierno y, como tal, abarca mltiples dimensiones: polticas, econmicas, culturales. Constituye el punto de partida del proyecto que permitira realizarlo. El programa de gobierno es el inicio de la implementacin de la propuesta con las diversas fuerzas polticas que compiten por la adhesin del pueblo. El programa electoral es la base para las discusiones y clculos que preceden y presiden al programa de gobierno.

    El programa electoral o propuesta de base es un documento poltico que expresa el sentido que un actor o fuerza quiere imprimirle a su propuesta de accin. Es formulado para que las intenciones que portan sean conocidas y debatidas, y no con el objeto de constituir un esquema riguroso de accin. Constituye, ms que nada, la convocatoria pblica de una fuerza. En s refleja el consenso interno, los nfasis temticos de los actores, los acuerdos generales sobre objetivos y las ideologa parciales.

    La funcin principal que debe cumplir el programa de gobierno es definir un marco de direccionalidad viable que gue ms adelante el proceso de planificacin, entendido ste como mtodo de conduccin del gobierno hacia el logro de sus objetivos. Tiene un doble carcter: de convocatoria pblica y de gua interna para la accin.

    El programa de gobierno va ms all de la mera convocatoria poltica, que cumple ms exitosamente el programa electoral. El programa de gobierno es una propuesta que debe ser capaz de resistir las pruebas de consistencia y coherencia de una instancia intermedia entre programa electoral y plan. +Indudablemente que la construccin de viabilidad poltica al programa (por ejemplo, la estrategia parlamentaria, la movilizacin y su socializacin de opinin pblica) es un carcter interno aunque se refleja despus en los anlisis, supuestos e hiptesis que apoyan la parte pblica y normativa del programa. En definitiva, cada fuerza poltica decidir qu parte o aspecto del anlisis propuesto son de uso interno y cules deben constituir una argumentacin pblica integrante del discurso normativo del programa de gobierno.

    Todo programa de gobierno contiene un aspecto normativo y un aspecto estratgico. El primero, se desenvuelve en el plano de la argumentacin, anlisis y consistencia del deber ser. Constituye la direccionalidad del programa. Pero, cualquier fuerza social

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    puesta ante el imperativo de la accin, no slo tiene que precisar la direccionalidad de su accin, sino tambin la viabilidad de la misma, que se mueve en el plano del puede ser y es el aspecto estratgico del programa. Los grandes problemas que debe resolver un programa de gobierno son los de direccionalidad, de viabilidad, de los tiempos y de la velocidad. La direccionalidad es el deber ser, la norma a ser establecida y aplicada en la realidad. La viabilidad es la estrategia de produccin de hechos polticos, econmicos y sociales que debe intentar una fuerza social para abrirle camino construirle viabilidad- a su propuesta normativa, a los tiempos y a la direccionalidad del programa.

    El diseo de un programa de gobierno es principalmente un acto poltico comandado por la direccionalidad poltica y que se fundamenta en parte en las ciencias de la gestin, econmicas, sociales y de gobierno y, en parte, en las experiencias e instrucciones, en el mayor o menor conocimiento de la realidad de las fuerza polticas.

    4. La participacin popular como clave para fortalecer la democracia y avanzar hacia la socializacin del poder

    4.1. Procesos histricos y multiplicidad de formas y actores

    En el pasado y hoy en da, han existido y existen ejemplos notorios, y de suerte dismiles, que permiten posicionar a la participacin ciudadana, los poderes locales, la descentralizacin y a la democracia como procesos histricos de doble lectura:

    Unos, los presentan como panacea para avanzar, acentuar las pretensiones de los actores sociales para ser autores de los procesos que les conciernen, acelerar o buscar atajos que viabilicen el desarrollo econmico y social, sin considerar mayormente las complejidades de este proceso o activar las diversas formas de poder popular. Otros, cuestionan estos procesos aduciendo que generan patologas burocratizantes, disgregadoras, oligarquizacin o encapsulamientos cupulares-representativos, ya sea por que sus intereses son afectados por la pluralizacin y socializacin del poder o por negarle sus virtudes o ventajas a la hora de gobernar y movilizar a las sociedades en torno a proyectos (de comuna, regin o de pas) que apuntan a mejorar los niveles de vida y convivencia solidaria.

    De todas formas, las demandas, inducidas o naturales, complacientes o crticas, por mecanismos de participacin expeditos, democratizacin y descentralizacin de las relaciones y decisiones societales o por alcanzar niveles desarrollados de vida crecientes y dignos, son manifestaciones de una antigua dialctica de la utopa por llegar, "ms temprano que tarde", a una sociedad justa "que ofrezca un terreno y un clima nutritivo para los poderes creativos del individuo, as como una emancipacin de la dominacin de clases y de la fuerte concentracin de riqueza y poder en medio de la escasez y privacin de poder" (Andrew Pearse y Matthias Stiefel, 1980).

    Coincido con el BID (1997), en que "la participacin es un proceso y un resultado de ese proceso", pero, tambin, es la proyeccin del proceso y de sus resultados, en la medida que, como ocurre en algunos procesos revolucionarios, se constituye en la clave estratgica de la sociedad que se esta creando, por ejemplo: en la Venezuela actual.

    El proceso es la movilizacin comprometida de los individuos, comunidades y masas en las decisiones y programas que los afectan y los resultados consisten en lograr que esos

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    mismos individuos, comunidades y masas se capaciten para mayores niveles de autonoma, equidad, buen gobierno y responsabilidad democrtica.

    Si todo estos es as, creo que las proyecciones del proceso y sus resultados abren un abanico ms grande en el curso de accin que tomen las estrategias de crecimiento y desarrollo, ya sea en lo que hace a la direccionalidad, velocidad, ritmo, cobertura y eficacia de los cambios.

    Ciudades Internacionales, de la Asociacin Internacional de Administraciones Locales (ICMA, 1992), por su parte, expresa que la participacin pblica es un doble proceso de comunicacin y solucin de problemas, cuyo objetivo final es hacer ms eficiente la toma de decisiones por parte del gobierno municipal, enfatizando el rol de los gobiernos locales en la elaboracin de polticas pblicas.

    La participacin popular, como proyecto de organizacin poltica y social es mucho ms, y tanto en su gestacin como en el proceso mismo, lleva el germen y la incgnita de qu camino o atajo seguir:

    Modernizacin, reforma, nuevo proyecto nacional, cambio de sistema....?.

    Situados en este punto de partida, esta cuatriloga, que se extiende desde la participacin popular hasta la democracia representativa o participativa, constituye procesos histricos, esencialmente polticos y sociales, con diversidad de actores y formas de desarrollo o mltiples identidades, que han acompaado a los cambios, transformaciones y revoluciones en diferentes pocas.

    En los casos citados, basta mencionar ejemplos clsicos, como los de la Rusia de los Soviets (1917-1921), Italia de los consejos de fbrica (1919-1920), Espaa de las colectivizaciones (1936-1939), Yugoslavia de la autogestin social y del sistema de delegaciones (1950-1980), Argelia de los comits de autogestin (1962-1965), Francia y la democracia directa con ocupacin de facultades y fbricas (mayo 1968), e inclusive se podra mencionar la cogestin alemana de la RFA de la poca.

    En Amrica Latina y el Caribe, existen intentos de participacin en los primeros aos de las revoluciones mexicana, boliviana y cubana. La cuestin del municipio libre y de los ejidos campesinos mexicanos; la constitucin de las milicias obreras y campesinas y de la Central Obrera Boliviana (COB), y el singular poder popular junto a su Asamblea Nacional en la Cuba fidelista, son ejemplos de participacin promovidos desde el nuevo poder revolucionario o de las demandas de sectores ciudadanos postergados a las autoridades gubernamentales establecidas.

    En Per, como una suerte de excepcionalidad de la fuerza armada latinoamericana, el General Juan Velasco Alvarado, apoyado en su crculo de poder lleva adelante desde 1968-1975 el Sistema Nacional de Apoyo a la Movilizacin Social, concebido como parte de un nuevo sistema de organizaciones socio-polticas participativas y embrin del partido de la revolucin peruana (Carlos Franco, 1979).

    En Chile, son los gobiernos constitucionales de Eduardo Frei Montalva (1964-1970) y de Salvador Allende (1970-1973), los que impulsan, el primero, las polticas de Desarrollo Comunitario y de Promocin Popular y, el segundo, la Participacin de los Trabajadores

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    en la Direccin y Gestin de las Empresas del rea Social y en el aparato de direccin industrial a travs del convenio CUT-Gobierno, las mismas y controvertidas Juntas de Abastecimientos y Precios (JAP) y los Comits de Participacin Campesina.

    En frica, fuera del ejemplo argelino ya citado, se podra mencionar el caso tanzanio; en el Medio Oriente, los antiguos Kibutz y la Histadrut de Israel y, en Asia, las Comunas Populares chinas de la poca de Mao y Chou En Lai.

    Casi contemporneamente con los ejemplos de Chile y Per, la CEPAL en sus documentos destaca a la participacin popular y a los principios del desarrollo comunitario como factores de aceleracin del desarrollo econmico y social (1964), a los conceptos y mtodos de programacin por zonas para el desarrollo de la comunidad (1967) y a los programas de desarrollo de la comunidad y de accin al nivel local como impactos positivos de la participacin social (1969). Con un pequeo desfase en el tiempo, el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo Social (UNRISD) emprende un esfuerzo ms sistemtico para analizar los procesos de participacin (1978-1984), realizndose seminarios en Ljubljana (Yugoslavia, 1982), Arusha (Tanzania, 1990) y Florencia (Italia, 1990).

    Como puede observarse, en el proceso de participacin ciudadana o popular, poltica o social, desde arriba o desde abajo, siempre estn presentes la democratizacin del poder, las insuficiencias de las clsicas formas de representacin y de los sistemas polticos, la institucionalizacin flexible y descentralizada del cambio social y econmico, la incorporacin de sectores sociales marginados, las identidades de territorios y actores, y el mismo proyecto de sociedad fut