Esgrima Criolla López Osornio

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- ESGRIMA CRIOLLA -

Mario A. Lpez Osornio

ESGRIMA CRIOLLA

Libros de Hispanoamrica

editorial hemisferio sur

Lpez Osornio, Mario A. Esgrima criolla : cuchillo, rebenque, poncho y chuza - - la ed. la reimp. Buenos Aires : Hemisferio Sur, 2009. 150 p. :1. ; 20x14 cm. ISBN 978-950-504-583-9 1. Esgrima Criolla. I. Ttulo CDD 796.86

Ttulo: Esgrima Criolla (Cuchillo, rebenque, poncho y chuza) Autor: Mario A. Lpez Osornio En la presente edicin se ha conservado la sintaxis y la acentuacin original del texto de la edicin publicada en 1942. Coedicin de Libros de Hispanoamrica y Editorial Hemisferio Sur. Editorial Hemisferio Sur S.A. 1'. Edicin, 2005 1*. Reimpresin, 2010 Reservados todos los derechos de la presente edicin para todos los pases. Este libro no se podr reproducir total o parcialmente por ningn mtodo grfico, electrnico, mecnico o cualquier otro, incluyendo los sistemas de fotocopia y fotoduplicacin, registro magnetofnico o de alimentacin de datos, sin expreso consentimiento de la Editorial. IMPRESO EN LA ARGENTINA PR1NTED IN ARGENTINA Hecho el depsito que prev la ley 11.723 EDITORIAL HEMISFERIO SUR S.A. Pasteur 743 - 1028 Buenos Aires - Argentina Telefax: (54-11)4952-8454 [email protected] ar www.hemisferiosur.com ar ISBN 978-950-504-583-9 Editorial Hemisferio Sur S.A.

- EL C U C H I L L O -

RESENA HISTRICACuando el hombre primitivo comprendi que la Naturaleza no le haba dado ms que ingenio para defenderse, pens en armar su brazo. Primero debi de usar palos y piedras fcilmente arrojables. Despus, dardos, flechas, rompecabezas y macanas. Ms tarde, bolas perdidas pare, pasar de all a las bolas y su definitiva transformacin en boleadoras. Es indudable que, antes de usar todas estas armas, los nativos se hubiesen servido de cuchillos - pero no de los actuales cuchillos, - sino de esos objetos que los arquelogos denominan como tales, y que no son otra cosa que trozos de pedernal rsticamente pulimentado. Y, si los nativos utilizaron a los ya mencionados cuchillos de piedra (Ameghino obtuvo cinco en sus bsquedas), es probable que slo lo hiciesen para comer, despellejar o despedazar a los animales cazados, y muy raramente los usasen como verdaderas armas defensivas, puesto que el instrumento en s no ofreca ms que una escasa seguridad de efectividad. Sabemos que esos cuchillos eran fragmentos de pie-

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dra cuyas aristas amoladas por frotacin con otras piedras ms duras, constituan sus elementos de trituracin de las comidas o los tiles de trabajo. Algunas de esas piedras debieron estar engastadas en cabos de madera, y sostenidas por reatas de fibras textiles o tientos de cuero crudo. Yo poseo una piedrita en forma de media luna que, por el filo que tiene, parece haber sido empleada como tal. Ahora bien, recin llegados los espaoles al Nuevo Mundo en violento afn de conquistas, no slo de tierras y substancias minerales, sino tambin de adeptos para su religin, justo es que trajesen consigo toda clase de armas, entre ellas, las armas blancas, por lo tanto, los cuchillos. Transcurri el tiempo y con el paso de los aos comenz a perfilarse la silueta del gaucho en la tierra americana. Su lengua y sus hbitos no desmintieron, ni por un momento, su casta de hidalgos de los cuales provenan. Eran seores como sus padres, pero, en esa vez, sobre extensiones de tierra inculta y cubierta de ingentes peligros. Necesitaron conjurarlos, y, no teniendo ms que lo heredado poco a poco empobrecido por el uso, empezaron a refabricarlos con los restos de los sables y espadas casi en desuso. De all salen los primeros cuchillos del pas. El primer documento que lo asevera es una carta de Domingo Martnez enviada en 1556, al Rey de Espaa desde Asuncin del Paraguay. Domingo Martnez fue el primer industrial del Ro de la Plata. Su nombre figur al lado de Rodrigo de Cepeda, el hermano de Santa Teresa de Jess, y al lado de Luis de Miranda, el primer poeta de la con-

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quista, venidos con don Pedro de Mendoza y fundadores de la infausta Santa Mara del Buen Ayre en el ao 1536. "Esa carta, cuyo original se conserva en el Archivo de Indias, y que en 1877 fue reproducida en Madrid en la obra documental Cartas de Indias, revela cmo Domingo Martnez, primero aqu, luego en Asuncin, ech sin quererlo, a la buena de Dios, la simiente de una era de industrias". Dicha carta deca as: "Sacra Cesrea Majestad: en la primea habitacin de Buenos Ayres, siendo como era venido de Espaa con Don Pedro de Mendoza, y siendo un pobre estudiante, que no sabia oficio ninguno cosa alguna, vista la necesidad que en aquel tiempo haba, hice anzuelos... hice asimismo, peines, en tiempos que para peinarse la barba no alcanzaban los hombres un peine... Despus de esto, hice cuchillos amolados y encabados al modo de los que traen de Flandes... he hecho dagas, que han sido necesarias y son, porque ha habido muchos que se han visto con los indios en trabajo, y a no tener daga, hacen de ellos los indios lo que quieren..." (1)

(1) La parte del texto que se halla entre comillas corresponde a una parte tambin, de un artculo de Mario B. De Quirs, aparecido en el diario "El Mundo" de la ciudad de Buenos Aires, el 2 de setiembre de 1941.

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He ah, pues, el nombre del primer fabricante de cuchillos en el pas, y el punto de origen de los importados: Flandes. Ms tarde, los cuchillos son cambiados por productos de la tierra o los compran simplemente, cuando no los hicieron transformando algunos tiles de trabajo como ocurri en el siglo pasado, y de acuerdo con lo dicho por Hernndez en su poema Martn Fierro: "Yo tena un facn con S Que era de lima de acero". Pero, lo cierto es que el comercio, aunque en pequea escala, se estableci entre Espaa y sus colonias apenas descubiertas stas. Los cuchillos y las cuerdas de guitarra constituyeron un rengln ponderable entre todas las mercaderas de ultramar. A las armas de fuego, los criollos, es decir, los representantes novsimos de esa nueva raza, o no las conocieron o no las tuvieron a su alcance por su costo elevado, o por la real Orden que as se los impeda. En cambio, el cuchillo, s, era el arma que les estaba permitida y era el arma nica que podan llevar consigo y que, a su vez, se prestaba indefectiblemente para sus diarios problemas de pobladores errantes. Lo mismo les serva para faenar el animal empleado de alimento, como de limpia uas o mondadiente. Ni ms ni menos que la trompa de elefante deca Sarmiento- es su brazo, su mano, su dedo, su todo. Siempre se ha dicho que el gaucho fue un hombre cuchillero, es decir, un hombre que buscaba la ria por gusKI

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to de divertirse sin medir las consecuencias. Pero, eso no fue as, y, si alguna vez lo hubo, lo fue como en el caso del Gaucho Malo, mencionado por el autor anteriormente citado, o como algunos hombres que en la actualidad existen y que son capaces de disputar y llegarse a las manos, por defender lo que ellos creen una justicia personal, reagravada en la mayora de los casos, por la excitacin alcohlica alcanzada en las pulperas o almacenes. Ese fue el motivo por el cual Rivadavia trat de evitar el uso del cuchillo, y Rosas lo prohibi terminantemente en los domingos o feriados, puesto que, arrancndoles el cuerpo del delito, se desarmaba el brazo homicida en momentos en que su mente estaba alterada. Sin embargo, han vivido algunos sujetos en las planicies bonaerenses, que han practicado la esgrima del cuchillo como quien ejecuta de corazn un sport cualquiera. Me contaba un viejo paisano que, en Balcarce, existi uno cuya fama salt de rancho en rancho y sobrepas los lmites del pago, hasta llegar al Salto Argentino, donde tambin haba otro hombre como aqul, capaz de enfrentar al ms decidido esgrimista del cuchillo. Ya sabemos que la confianza en s da valor, y, la admiracin al valor, satisface tanto como el elogio estimulativo al artfice. Por ello sera, tal vez, que, una tarde, el celoso sportman del norte, en compaa de cuatro o cinco amigos que le sirviesen de testigos, baj a buscar a su rival del sur. Arribaron das ms tarde, a la Esquina de la Residencia y con atencin preguntaron:u

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-Diga seor... Por aqu vive julano? -S seores -les contest el pulpero. -Pues amigo, en cuantito yegue, hganos el favor de avisarnos... Y pas esa tarde y lleg la noche blanca de luz de estrellas, y fresca en el reposo de un da estival que les dio a los hombres el rezumo de serenidad de la tierra pampa para templar sus guitarras y cantar antes de echarse a dormir. A la maana siguiente muy de madrugada, un muchachito lleg corriendo y les dijo sofocadamente: -Manda a decir mi tata, que ah yeg la persona que ustedes buscaban... -Ajah? -Le contest el interesado, agregando: Decile que ya vamos pa' aya... Y los amigos que le acompaaban se miraron entre ellos pensativos ante la inminencia del fin perseguido, pensando en la forma en que habran de desarrollarse los hechos. No dudaban del compaero, puesto que lo conocan sano, ntegro, seguro de su habilidad estupenda para manejar el cuchillo, pero calculaban en la suerte que habra de aparejrsele. Poco despus, le vieron ajustarse la faja y apretarse la vincha con la misma tranquilidad que un pelotaris o un carrerista se prepara en un lance de sus gustos. Saban, adems, que el mozo no deseaba matar, desde el momento que ningn odio le animaba, pero saban tambin que era capaz de morir con tal de arrebatarle a su rival la aureola de nombradla que tena. -Ust es julano, no?12

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-Ansina es, seor... -Mucho gusto e' tratarlo, seor...- Y le tendi su mano ancha de pen campesino. -Tomamos una copa? -agreg cumplido. -Y...Como guste -le contest, agregando intrigado: Y... si no molesto, Podra saberse pa' qu me andaba campiando? -...Cmo no!...Pues...en mi pago...me anotici de que ust era un hombre guapo, no?, y...Cmo yo me creigo ansinaL.se me dio por probarlo... El asombro desconcert un tanto a su interlocutor, pero, como era nativo, reaccion en forma, contestndole de inmediato: -Y...si ansina es su antojo.,.cuando guste, noms... El sol no se haba remontado an mucho sobre la lnea del cnit, apenas dos lanzas sobre la tierra. Su color gualda pareca ms amarillo que nunca. Las hojas de las plantas se acunaban levemente al soplo apacible de las brisas maaneras. A cincuenta metros de la ramada bajo la cual bebieron una copa para "asentar los nervios", dos hombres, rodeados de ocho o diez mirones, se descalzaban las espuelas para aliviarse los pies. Instantes ms tarde, el choque de los aceros enervaba a los espectadores de una extraa voluptuosidad. Iniciaron la lucha con fciles fintas, cosa de poderse divertir un rato antes de que el encono les encegueciera totalmente. Parecan gallos de ria estudindose golpe tras13

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golpe, hasta encontrar la falla imperceptible que les abriese una brecha en la lid, de manera que les elevase en su jerarqua de diletantes en el manejo del cuchillo. Un momento ms tarde, cuando el rubor comenz a teir sus mejillas retostadas por el sol y la luz reverberante de los campos, empezaron a enardecerse. Ya no estaban jugando ni pensando, mientras combatan, en la china al veril del alambrado, ni en la bendicin de la madre vieja al darles los buenos das, ahora recordaban las ntidas visiones de cien encuentros similares a se, grabados en la memoria, para ver si hallaban en alguno de ellos la inspiracin de un tajo que venciese al rival, al celoso competidor de la fama y de la gloria que impona miradas de respeto y de admiracin en la vida, que a tan elevado precio haba que adquirirla. Media hora estuvieron as peleando, tirando cuchilladas capaces de matar, jugndose la existencia en "pualadas largas" o en "paradas" magistrales, obtenidas a expensas de movimientos elsticos de pumas embravecidos, sin llegar a lesionarse, hasta que, sudorosos y hesitantes, oyeron que uno de los espectadores, hacindose eco de la voluntad colectiva, deca: -Basta! Basta! Prense! -Y, decidido, acababa de interponerse entre ambos contendientes, agregando: -Prense, que, pa' juicio e' ruitos...esta carrera es puesta pa' los dos... Y ustedes... Qu opinan?... -Y... que pa' m tambin lo es... -Lo mesmo digo yo... -Contestaron alternativamente uno y otro de los combatientes, al instante de clavar las armas14

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en el suelo y estrecharse en un abrazo regocijados de hallarse representando cada cual, una fuerza igual a la de su enemigo, incapaz de anularse entre s y comprensibles de la nobleza de sus mritos y corazones. Relatado este caso verdico, no quiero continuar sin apuntar tambin, que si han existido algunos gauchos peleadores, no es menos cierto que tambin han existido decretos contra la vagancia y partidas de Jueces de Paz, que los mantuvieron en el linde de la sociedad y usaron de disciplinas como la de enviarlos a las fronteras para corregirlos an en contra de sus deseos. Y, sabido es que un hombre que naci libre y vivi llevndose de su propio albedro a la manera brbara de los salvajes que no saben de leyes ni de cultura, defendiese esa libertad de la misma forma que se la arrebataban, es decir, violentamente. El ejemplo clsico lo tenemos en Martn Fierro. Adems, el medio en que viva le haca servirse del cuchillo a cada instante. La planicie inmensa de la pampa o la imponente majestad de los cerros y montaas, le hundan en mayores soledades si no le portaba consigo. El cuchillo era un amigo fiel que le acompaaba. Cuando nio, o llamarle fiyingo (1), y lo que despus cre un extranjerismo, ahora lo entiendo como un diminutivo de fiyo, es decir, hijo, o hijito, en castellano anticuado y que en realidad, para el hombre de esas pocas, el llevar un cuchillo a la(1) Segn Vicente Rossi, provendra de Fillio, brasilero e igualmente significara hijito y usado en su patria de origen para cortar tabaco.15

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cintura, era como transportar un hijo a sus espaldas que, se las sabra guardar bien de cualquier peligro si la circunstancia se lo exiga. Hay que pensar que un cuchillo en mano de un hombre que lo sabe manejar le da valor aunque no lo tenga, o se lo hace surgir del fondo de sus entraas aunque no lo quiera. Los mismos cobardes se sienten fuertes cuando estn armados, qu no ocurrir, entonces, con un sujeto que lo sabe emplear? Recuerdo que una vez he visto en un baile de carnaval y en los arrabales del pueblo, avanzar resuelto a un pobre diablo, cuchillo en mano, e intimidar a un guapo hasta el extremo de hacerse pedir disculpas por las anteriores zarabandas provocadoras del hecho. Un cuchillo de punta que amenaza es algo de indefectible realidad: impone e inhibe, si no se tienen bien templados los nervios. Quien lo niegue, no ha pasado ese instante, o no conoce la psicologa de los criollos. Don Ezequiel Martnez Estrada dice en su libro Radiografa de la Pampa con muchsima razn y exactsima justeza de observador consciente, que el cuchillo "exige el recato del falo, al que se parece por similitudes que cien cuentos obscenos pregonan; quien muestra el cuchillo sin necesidad es un indecoroso". Sera ella tal vez la causa por la cual en el tiempo de su auge, dira, el aprendizaje del manejo del cuchillo formaba parte de la cultura de un hombre. Gutirrez dice que Santos Vega, despus que luch por primera vez con una partida policial, huy a esconderse en casa de un amigo. All, no slo restaaron sus heridas atendidas por la madre del apar-

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cero, sino que ste mismo le entretuvo y distrajo en las horas de voluntario cautiverio de una manera muy particular. Con dos palos del tamao de un cuchillo le hizo "aligerar", es decir, obtener por medio de inocentes "canchadas" la agilidad necesaria para poderse defender. Se entenda por canchadas, o canchar, al acto de penetrar en un espacio limitado de tierra (pedana), donde se habra de probar la pericia de dos combatientes en un juego. Cada cual no slo deba mantenerse en l, sino que deba avanzar haciendo retroceder por tal causa, a su enemigo, hasta desalojarlo de su puesto para ganar. A la par de este vocablo "canchar", exista otro que sealaba el valor intrnseco de un sujeto, ese vocablo era "vistear". Se entenda por vistear, a la accin desarrollada por la vista en la tcnica de un juego, por ejemplo, el de tirarse pualadas y saberse atajar. Esteban Echeverra, en una de sus obras dice:... "dos muchachos se adiestraban en el manejo del cuchillo, tirndose horrendos tajos y reveses..." lo cual demuestra grficamente, el fin buscado por los nativos es habituar los ojos en la adivinacin de la intencin del contrario, antes que efectuar la defensa. Y as fue como los autores de la literatura gauchesca hallaron en la realidad, material para sus producciones como en el caso de Santos, que, gracias a sus "canchadas", cobr fama del "mejor facn del pago", por su extraordinaria habilidad en el manejo de las armas criollas. Juan Moreira, personaje real y popularizado por sus estupendas hombradas de sujeto sereno y valiente, capaz de luchar solo contra17

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partidas enteras de polica, a quienes aborreca de alma por simbolizar en ellas al alcalde prepotente y atrabiliario que pretendi mancillar su honor, y al juez de paz, autoritario e injusto, sola de tanto en tanto y cuando transcurran muchos das sin pelear, acercarse a las casas de algunos amigos para que le hicieran "unos tiritos", con varitas de lamo o parasos a manera de cuchillos, para "ver cmo andaba de la mueca" y comprobar si an era "capaz de barajar pualadas", para cuando llegase el instante de poder conservar el nombre "de ser corno una luz para atajarse en las entradas" del cuchillo. Otro ejemplo de la forma de practicar esta enseanza inspirada en las costumbres criollas, lo encontraremos en una poesa campera de Arsenio Caviglia Sinclair, Visteando. Veamos lo que dice: "Haga de cuenta siempre, qu' ha echao races, el pies que pone junto al pies del otro; y no haga un paso atrs 'unque lo apuren, porque, ms vale m'hijo qu lo achuren! Antes que digan que sedi e miedoso". "Si le amagan abajo, cuide arriba! Si le amagan al tuso, cuide abajo! Y que nunca el coraje lo sofoque Si le toc'aguantar el primer tajo, Ni brinde la mueca de barato No sea qu'en la primera lo desoquen"

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Aconseja saudo un viejo, armado con un talero, mientras su hijo enfrentado a l, le escucha cuchillo en mano. "No ecrTel cuerpo pa'atrs! Qu'eso es de flojos, aade, a la vez de continuar en sus amaestrarlas: "ni se fij'en la mano del contrario, mire que l'intencin del arversario, ms qu'en el brazo, mijo, 'ta en los ojos", termina el viejo mientras le aguarda ansioso. Las escaramuzas han comenzado. Padre e hijo se buscan con la mirada atenta a fondo que habr de poner a prueba la destreza y el valor de ambos, hasta que, el muchacho, sin quererlo, se gana "el potriyo 'e la madrina" despus de haberle marcado "un rumbo" al genitor de sus das, es decir, de haberle abierto un tajo "de la boca a la oreja del maestro". Al leer estos versos record que en una estancia del partido y a orillas del ro Samborombn, existi un negro algo entrado en aos ya, que no teniendo que heredarle u obsequiarle a un mocito amigo y ahijado suyo, pens en entregarle todo su conocimiento de esgrima del cuchillo. Era lo nico y ms grande que posea en la vida: la baqua extraordinaria en la defensa personal por medio de esa arma. El cuchillo, para l, constitua la llave de la justicia ntima del hombre indigente, tanto ms lgica cuanto ms miserable fuese el ser, puesto que "al pobre el sol se lo come". El rico no precisa de nada, todo lo tiene y encuentra amparo en cualquier parte, en cambio, el desvalido, "si no se

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defiende solo - deca- es como los animales reyunos a'nde el ms sonso limpea su cuchillo..." Y, afianzado en estas razones, comenz a darle sus lecciones de esgrima criolla. Empezaron con trozos de palos como en el caso de Santos Vega y terminaron con cuchillos, con los mismos cuchillos que tenan para sus tareas diarias o para lucirse en los domingos cuando salan de paseo. Se marcaban cancha, es decir, con heridas incisas en el suelo se delimitaban el campo de lucha, hasta que, adiestrado el discpulo en el manejo del arma, comenz a ensearle en la "cuerpiada". Se entenda por cuerpeada al acto de quitar el cuerpo a la pualada, sin retroceder ni dejar de hacer frente al adversario, de manera que los tajos tirados por ste, no pasasen de simples manotazos de len arrojados al vaco. Un da, el negro puso de espaldas a su alumno en la puerta de la cocina de los peones, y, all empez a tirarle a fondo sin conseguir ms que chispas del choque de los facones que, al final, constituyeron el espaldarazo dado al muchacho, considerado un hombre capaz de defenderse solo en la vida. Yo he visto esa puerta y la consider doblemente histrica. Tiene los impactos de la gente de Alsina queriendo intimidar a los mitristas en el setenta y cuatro, y tiene los puntazos de las cuchilladas del negro tiradas a su discpulo que, a su manera, hizo patria dando testimonios al folklore del pas pintando las costumbres del gaucho. El jugar con el peligro era, en nuestros antepasados un principio tcito y de elemental cultura. Los nervios se templaban ajustando las clavijas del riesgo en cualquier contin20

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gencia. La dureza de la vida cotidiana demostraba la necesidad de esa enseanza. A los seres haba que educarlos desde nios e inculcarles la serenidad ante el peligro, como un principio bsico agregado a la fe en las propias fuerzas. "Ms que el sable y que la lanza suele servir la confianza que el hombre tiene en s mismo" dice el Martn Fierro. Es aquella, tambin la causa por la cual nuestros mayores han usado de bromas que, al final, prevenan para cualquier evento. Aun en la actualidad es corriente or contar por boca de muchos viejos y con sorprendente hilaridad, la forma que tenan de ensear divirtindose. Quin no recuerda la clsica fisga de atarle la pata del montado a un poste del palenque a la salida de un baile? Quin no supo de las vrtebras de oveja metidas bajo las sudaderas del recado? Los apuros de un jinete solazaban ms que el espectculo de un animal corcoveando maravillosamente, Saban que el hombre, en caso de caer, caera de pi, como corresponda a un buen criollo. Con bromas as y de tan abultado calibre, se plasmaba el carcter y disciplinaba al morador pampeano aparte de preparrsele tambin, en la rpida reaccin necesaria a su vida repleta de peligros, que a cada instante le asechaban la existencia. Ellos tenan que andar con ojo avizor a las manadas de perros cimarrones que, a veces, sorprendan ms que los mismos indios. La falta de medios de comunicacin, el atraso de la medicina al extremo de21

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que las heridas cortantes las cohiban con trapo quemado ensopado en caa, la soledad implacable en que vivan, la ausencia de sociedad y la carencia de seguridades de gnero alguno les obligaba a ser como eran, serenos en el peligro y audaces en la lucha. Del valor de cada cual dependa su existencia. El cigarro fue el compaero de las travesas que acortaba distancias en agradable pasatiempo. El caballo, el lazo, las boleadoras y el cuchillo fueron los nicos instrumentos de defensa y de ataque de que disponan. En aquel se alzaban altaneros sobre sus enemigos y podan usar a voluntad de su fuerza y rapidez, y en stos, podan hallar los medios necesarios para materializar sus deseos. No quiero continuar mi trabajo, sin antes dejar de consignar la satisfaccin que tuve no hace mucho, al leer unas poesas exhumadas de viejos archivos espaoles, por el profesor don ngel Battistessa {!), que confirman mis preocupaciones y desvelos, al juzgar que no estaba completo el estudio de las costumbres de nuestros nativos, mientras no se analizase concienzudamente sus medios de vida. Dichas poesas decan as: "Las Volas, Cuchillo y Lazo en dicho Pas infiero que mucho ms que el Dinero para comer son del Caso,(1) La prensa, 10 de octubre de 1941. Comentarios acerca de la conferencia dada en el saln de actos por el seor profesor mencionado

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pues cualquiera que de paso se le antoxa alguna Res, la bolea por los pies, el Lazo le arroxa al Cuello, entra el Cuchillo al Degello y se la come despus". Como se habr podido observar, en esas poesas escritas en el ao 1778 por un soldado de la expedicin de Cevallos a la Colonia del Sacramento, se habla de boleadoras, lazo y cuchillo, y, al hacerlo, corroboran la tesis de que esas eran las armas esenciales y por consiguiente era a ellas a quienes haba que analizar de una manera amplia, concluyente y metdica, para podernos adentrar an ms en el alma de los moradores americanos, ya que no se tena otra fuente de recursos hasta la fecha que la poesa tradicional. El lazo y la boleadora fueron objeto de un estudio minucioso, slo me faltaba ahora para completar esa triloga, tratar de bosquejar el estudio del uso y de la esgrima del cuchillo que, sin agregarle el aditamento de las observaciones efectuadas al resto de armas blancas utilizadas por el gaucho, no hubiera sido completo para el mayor conocimiento de nuestro folklore. Fue esa la causa por la cual le adicion a esta obra, el aporte de varios captulos referentes al rebenque, al poncho y a la chuza, con sus refraneros respectivos para que traten de darnos una idea no slo de las armas que usaron nuestros hombres de cepa nativa, sino tambin, de la influencia que ejercieron en sus espritus.

ARMAS BLANCAS USADAS POR LOS C R I O L L O S

Se entiende por "armas blancas" a toda clase de instrumentos destinados para ofender o defenderse que no sean de fuego o arrojadizos. El gaucho us el cuchillo en todas sus variedades, ya fuese el cuchillo propiamente dicho, el facn, la daga y el pual. Adems, emple el estoque.

EL CUCHILLO El cuchillo es un instrumento de hierro acerado con un solo corte. Consta de una hoja ms o menos larga, ancha y gruesa. Dicha hoja termina en punta y por su extremo opuesto se encuentra adherida o engastada a un mango de metal, madera o asta. A veces, los existi tambin encabados sobre piedras o arandelas de cuero revestidas en ocasiones por primorosos tejidos en tientos de cuero crudo. Los cuchillos no poseen gaviln slo tienen una especie de nudo entre la hoja y el mango, que se llama "botn de la hoja".24

Fotografa comparativa de armas blancas de la coleccin de don Carlos G. Daws, tomada por don Bernardo Bordeu. 1 Daga sin gaviln (Caronera) 2 Pual, cuyo filo del ltimo tercio ha quedado reducido a un simple chafln. 3 Daga de ntido doble filo. 4 Pequea daga. 5 Cuchilla. 6 Cuchillo comn de 14 cms. de largo en la hoja. NOTA: los facones eran iguales a la daga que lleva el nmero tres, pero con filo de un solo lado.

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El cuchillo admite cuatro variedades o evoluciones. Dos de ellas aunque pequeas, no dejan de darle sus caractersticas especiales: el pual y la cuchilla- y dos que sufrieron transformaciones notables en su construccin, ya fuese en la hoja o en el agregado de una pieza intermedia entre la hoja y el cabo, llamada gaviln, genricamente hablando. Estas dos variedades son el facn y la daga. La cuchilla es un arma parecida al cuchillo pero de hoja ms ancha, al extremo de conservar su anchura hasta llegar a las vecindades de la punta y describir por tal causa (el ilo), una curva muy pronunciada que le da su caracterstica esencial. La cuchilla, por dicha caracterstica, despert en el gaucho como tanto otro objeto de uso diario, su natural suspicacia. En la panza del filo de ella tal vez vio la "preez del arma".

EL PUAL A esta arma designsele as por suponrsele caber entre la mano cerrada o puo, aunque ms tarde adquiriese entre nosotros proporciones descomunales. Su hoja, de lneas ms rectas que las del cuchillo, posee un extremo agudsimo y tiene filo de un lado ntegramente y una tercera parte (la de la punta), en el lado opuesto, es decir, en el lado del lomo, al cual se llama contrafilo. El pual no tuvo gaviln, y, si lo llev, no fue otra cosa que un abultado remate o botn de unin entre la hoja y el cabo.

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- SINONIMIA DEL CUCHILLO Y LA CUCHILLA -

(Tongor, Fariera, Mangorrero, Fiyingo y Flamenco) TONGOR.- Cuchillo con cabo de tongor, es decir, con un cabo forrado con un trozo de aorta de vacuno o yeguarizo. FARIERA.- Cuchillo grande, sobre todo, de hoja muy ancha empleado antiguamente para cortar o servirse cada cual las raciones de "faria" en las viejas estancias. En la actualidad suelen usarlo algunos peones para cuerear. MANGORRERO.- Cuchillo tosco y mal trazado hecho la mayora de las veces con los restos de otros mayores. FIYINGO.- Voz tomada posiblemente de fiyo, que en castellano antiguo significaba "hijo". Voz gallega. FLAMENCO.- Estanislao del Campo llega a llamarle as al cuchillo, tal vez por las marcas tradas de Flandes desde tiempo inmemorial y de acuerdo con lo expresado en el primer captulo de esta obra. "Cuando a ust un hombre lo ofiende, ya sin mirar para atrs, pela el flamenco y sas! tras! Dos pualadas le priende.(Fausto)27

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EL FACN Y LA DAGA El facn y la daga, son las dos variedades restantes del cuchillo, que han sufrido los cambios en su construccin, ya sea en el filo o en el agregado de una pieza intermedia entre el filo y el cabo, que se llama empatilladum, con su respectivo gaviln. Veamos sus caractersticas esenciales, estudiadas separadamente. EL FACN.- Voz aumentativa de faca, es decir, cuchillo grande. Entre nosotros, originariamente, el facn debi ser construido con restos de sables en desuso. El facn, como el cuchillo, tiene filo de un solo lado. Su punta es muy aguda. Es un arma mucho ms larga y en proporcin ms delgada y angosta que el cuchillo, por lo cual su acero deba ser extraordinariamente noble, tan noble, que los peleadores con estas armas, antes de llegar a un sitio donde suponan que poda haber pendencia, lo probaban entre sus dedos o a golpes de ua, para descubrir en el sonido o en el movimiento del pandeo de la hoja, su grado de elasticidad y resistencia, como los tiradores con armas de fuego, prueban sus revlveres hacindoles funcionar sus tambores o gatillos. La punta del facn es muy aguda. El facn siempre posea gaviln y ste poda ser pequeo o grande, recto, en "S" o media luna, de acuerdo, nicamente, con los gustos de su dueo. LA DAGA.- La daga, en su origen y en Europa, fue una especie de pual grande con uno, dos o cuatro filos. Ade-

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ms su punta era muy aguda. Llevaba una guarnicin como las espadas, aunque guardando, como es de imaginar, una determinada proporcin a su tamao. Su hoja posea agujeros en las vecindades de su empuadura, destinados a encerrar sustancias venenosas. La daga se llevaba pendiente del cinturn opuesto al tahal que sostena la espada o sable, es decir, que quedaba ubicada a la derecha del sujeto, o hacia atrs, sobre los riones. Se us mucho en la antigedad en los duelos de armas dobles, por lo tanto, en los duelos aquellos en que se peleaba con una espada en la diestra y la daga en la siniestra. Cuando la daga posea gaviln, era por lo general bastante grande y corvo hacia un lado y otro, de manera que pudiese parar los golpes, sobre todo, los dirigidos a la cabeza, o para aprisionar la hoja del arma contraria y romperla de una brusca traccin. Ahora, si la daga no tena gaviln, posea al menos un crucero, es decir, una pieza ovoidea que separaba la hoja del mango y sobrepasaba un centmetro o ms por lado. Del crucero y dirigindose hacia la hoja, bajaba una chapa metlica, envolvente, de dos o tres centmetros de largo que se llam empatilladura propia. Las constantes prohibiciones para su uso que en Europa sufri la daga, y sobre todo el segundo Concilio de Pisa agregado a la generalizacin del empleo de las armas de fuego, hicieron que esta arma tuviese transformaciones notables hasta llegar a aparecer como simples puales. Entre nosotros, la daga poda tener gaviln o no, y, cuando lo tena era por lo corriente ms grande que el del facn.

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Sus filos fueron infaliblemente dos, a derecha y a izquierda. Por lo comn, las dagas eran construidas con restos de espadas o bayonetas en desuso. La hoja, en lugar de tener agujeros como la europea, sola poseer una especie de canaleta longitudinal sobre una faz y otra, y que la gente campesina la supona para "efectuar las sangras en forma". La daga de Juan Moreira mide ochenta y cuatro centmetros de largo contando la empuadura. Su hoja, nicamente, tiene setenta y tres, y cuatro centmetros de ancho en la parte de su insercin en el cabo. Pesa alrededor de setecientos veinte gramos y le fue regalada al paisano por don Adolfo AIsina. Su gaviln haba sido primitivamente en forma de "S" pero su dueo lo hizo corregir, dndole la de media luna o "U", para evitar que en sus innumerables peleas la parte entrante de la mencionada "S", hiciese resbalar los golpes de hacha del contrario y le cortasen el brazo o el pecho. Su acero es de tan magnfica calidad, que Eduardo Gutirrez dice que el capitn Vrela quebr su sable al pararle Santos con su filo un terrible hachazo. La daga, por lo general, no tuvo tan extraordinarias dimensiones y se registraron fuera de este tipo, otras variedades, como la daga "fachinera" y la daga "carenera". La primera debi tomar ese nombre por habrsela empleado en el corte de "fachinales", o sea, la paja usada para quinchar, crecida en los esteros de nuestro pas. Estas dagas eran construidas corrientemente con los restos de las espadas rotas, por lo tanto, era un arma ms chica que aqullas. La

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daga carenera fue un arma como la anterior, pero tomando su nombre esta vez, del hecho de ser transportadas entre las caronas del recado. Ninguna de las dos llevaba gaviln.

ESTOQUE El estoque fue tambin un arma muy usada por el gaucho del siglo pasado, y, aunque no es una variedad del cuchillo, es un instrumento que en parte se maneja como aqul. Es, en realidad, una especie de espadn recto, sin filo y de punta muy aguda, puesto que ella es la nica parte ofensiva del mismo. Su seccin, que poda tener un centmetro y medio, ms o menos, era redonda, cuadrada o triangular. El estoque no posea gaviln y se le transportaba atrs, a la espalda, como a todas las armas blancas grandes que emple el nativo para su defensa.

PARTES CONSTITUTIVAS DE LAS ARMAS BLANCAS En este captulo estudiaremos las partes constitutivas del cuchillo, sus derivaciones o variedades y la vaina. LA HOJA.- La hoja del cuchillo est hecha de una lmina metlica ms o menos delgada. Generalmente es de hierro acerado. Su temple se apreciaba con la ua, dndole un golpe y de acuerdo a sus vibraciones y sonido se apreciaba31

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1. Hoja de daga. Filo de dos lados. 2. Empatillddura para facn con gaviln en "ese". La flecha (a), indica por donde pasar la espiga antes de atravesar al cabo. 3. Empatilltidura con gaviln recto. 4. Empatladura con gaviln en "U". 5. Empatilladura con crucero. 6. Cabo de daga, facn, etc. 7. Vaina. Agarradera o boquilla (a) con su respectivo gancho (b). Cuerpo de vaina (c) y puntera (d). 8. Hoja de cuchillo. Filo de un solo lado. Seccin (n), punta, de filo delicadsimo; (b) panza de! cuchillo, de corle bastante bueno, y (c) gaviln de regular filo. Esta seccin era el hacha del gaucho, y (d) sobre el lomo, el martillo. Gaviln propio del cuchillo (e). Botn redondo {f), comn en los cuchillos uruguayos. 9. Hoja de pual. Filo de un lado y parte del otro. En la actualidad este ltimo ha desaparecido. Botn de forma geomtrica (a). Espiga (b) sobre la cual va el mango. 10. Hoja de cuchilla. Filo de un lado. Ovbsrvese su corte pronunciado en relacin al cuchillo. Nota: La hoja del facn es semejante a la de la daga pero con filo de un solo lado, por lo tanto, tiene lomo, aunque muchas veces se le aflase en su vecindad al pice.

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y valoraba su elasticidad y resistencia. La hoja del cuchillo era de forma isosclica, cuyo lado menor lo constitua el lomo del mismo. En sus lados mayores poda observarse a veces, una especie de canaleta llamada sangrador (1). La hoja de las dagas ofreca el aspecto de un rombo cuyos ngulos menores formaban el filo a un lado y otro. El resto de armas usadas por nuestros hombres de campo era una combinacin de ambas en las diferentes partes del instrumento. A continuacin detallo una lista de marcas de fbrica y nmina de introductores de hojas de armas, de acuerdo a la coleccin de don Carlos G. Daws, en nuestro pas y desde el siglo pasado hasta el presente."Guanaco": Jos Drysdale y Ca., calle Per, Buenos Aires. E. H. "El Payador": Escasany Hnos., calle Rivadavia y Per, Bs. Aiares. La Argentina: Manuel Casal, calle Buen Orden, Buenos Aires. Defensa: Mdici y Ca., calle Cangallo, Buenos Aires. Dufaur: Dellazopa y Ca., calle Chacabuco, Buenos Aires. Arbolito: H. Bocker y Ca., Solingen, Alemania. Armera Bazar Nacional: Alfredo Czalas y Ca. Libertad: Anezin Hnos., Buenos Aires. Tijera; Carlos Rasetti y Ca., Armera Pars. Medale d'Or: E. Montaigne.

(1) El sangrador debi hacerse para aumentar la superficie de cada cara de la hoja, y darle, por consiguiente, mayor resistencia, o para aliviar la pieza favoreciendo a su manejo sin cansar el brazo.

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Libre (Marca Registrada): Canelones, R. O. Uruguay. Acier fond: J. M. Malhaos, Montevideo. A. Franchi y Ca., Cuyo 1121, Buenos Aires. Cuthers to her Majesty: Joseph Rodgers y Sons. Panizza y Ca., Artes 122, Buenos Aires. Corneta, Medail d'or: Exposicin Universal 1878. El Pastor: Solingen, Alemania. A. Pelota: Scholberg y Gadet. Girasol: Lura Hnos., Rosario. Rosario de Santa Fe. Brucca, Scholberg y Ca. Broquia y Scholberg: Montevideo. E. Herder Arb- Sohn, Solingen, Alemania. Eroquia y Scholberg, Sarandi 250, Montevideo. Podest e hijo: Gualguaych, Entre Ros. Sheffield: Mazeppa, Reus H. Sembol: Sommer y Ca. Condour: Sommer y Ca. Liege a Pelotas: Solver H.

Sheffield: Mantels y Peiffer. La hoja del cuchillo consta de punta, filo y lomo. La punta, es el extremo agudo del instrumento. El filo, la parte amolada del mismo, del cual el paisano sacaba consecuencias sobre su nobleza, cortndose la epidermis del ndice y descubrir si tena o no filvn.. La sensacin que produce su corte da la impresin acabada de su filo. El filo de un cuchillo abarca toda su hoja, siendo ms delicado cuanto ms vecino est a su punta. Por lo general, el ltimo tercio cercano al mango, es bastante grueso y se llama gaviln34

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por la circunstancia, tal vez, de ser el ms inmediato al verdadero gaviln de los facones y dagas. Esa tercera parte del filo era la que el gaucho us de hacha. Cuando un cuchillo ha sido afilado muchas veces, su hoja se gasta y se torna abultada, espesa, al extremo de no tomar el "verdadero filo" deseado en un arma. Esta grosura de la hoja fue llamada haba por el paisano, en su deseo de juzgar una pieza, sin defectos de ninguna especie, que le descartasen en su utilidad, y, as como eliminaba a esas, tambin lo haca con las que tenan mellas o rebabas. LOMO.- El lomo en los cuchillos es la parte gruesa y contraria al filo. El gaucho lo us de martillo para golpear o clavar. El lomo suele tener labraduras en su superficie, hechas a golpes de lima, efectuadas como simples adornos o retenes, si en una lucha se hubiese visto en la necesidad de parar un tajo con esa parte del cuchillo. En ciertas variedades de cuchillos, al lomo tambin se le sac filo, y, entonces, se le denomin contrafilo, como en el caso tpico de la daga o slo en una parte de la hoja (el ltimo tercio de la punta), como en el caso de los puales. La hoja del cuchillo se encuentra adherida al cabo por medio de un pvot, apndice o vastago, formando un conjunto que se llama empuadura o mango. Entre la hoja y el mango, que tienen una orientacin vertical, existe una separacin, dira, horizontal, que las divide ntegramente. Esa divisin est constituida por una pieza metlica que se conoce por empatilladura, con su35

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respectivo gaviln (en las dagas y facones), y botn, en los cuchillos y puales. El gaviln, por lo tanto, no es otra cosa que lo que en las armas blancas se entiende por guarnicin, es decir, lo que se coloca en la empuadura para defender la mano de los golpes del contrario. En la espada se llama cazoleta. EL GAVILN.- En los facones (exclusivo en esta variedad de cuchillo y accidental en las dagas), poda ser recto, en forma de media luna, en forma de "S", o constituirlo simplemente una arandela ovalada, llamada crucero. Se entiende por gaviln recto, cuando est formado por una pieza ubicada transversalmente entre el cabo y la hoja. Poda sobresalir de la hoja, desde un centmetro hasta cuatro, cinco y seis centmetros por cada lado de los correspondientes al filo y lomo del arma. Sola tener un botoncito en cada extremo, u ofrecer el aspecto de cabecitas de vboras, leones, etc., o terminar simplemente en una punta sin ser aguda. El gaviln en "S", era cuando esa misma pieza transversal recordaba el trazo de una letra como la referida y puesta de travs sobre la parte superior del cabo del arma. El extremo que volcaba sobre el cabo del arma, iba haca fuera, del lado del filo, de manera que hiciese resbalar para el mismo lado los golpes del contrario, y evitase tambin, las lesiones en el dorso de la mano que le empuaba. Y, el extremo opuesto de la citada "S", se abra curvo hacia la parte del lomo del arma, de manera que poda recibir y

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Cinco facones, modelos de la antigua platera Anezn Hnos. Al primero de la derecha se le ha pintado un gaviln en "U" para que presenten en total la variedad ntegra de los mismos usados por nuestros criollos. Obsrvese la delicadeza de lneas impresas a estas armas, donde el nativo tambin dej su sello de natural elegancia.

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parar los golpes tirados por el enemigo hacia el centro del cuerpo de la persona que le manejaba. A veces, esa misma curva, si era muy cerrada, poda aprisionar tambin la hoja del arma contraria, siempre que quien se defendiese, hubiese efectuado un rpido movimiento de mueca en el instante preciso de haber detenido el golpe, lo suficientemente poderoso como para arrebatrsela o quebrrsela. El gaviln poda presentar tambin la forma de una media luna, es decir cuando la pieza antedicha ofreca el aspecto de un arco cuyos extremos o cuernos miraban hacia la hoja del cuchillo. Su objeto era el mismo que el referido en los casos anteriores. Y por ltimo, cuando el gaviln estaba constituido por una chapa ovalada y transversal a la hoja, que slo serva para detener los golpes del adversario y no para quitar el arma enemiga. Otra de las partes constitutivas, o mejor dicho agregada a las armas blancas, fue la vaina. La vaina es una funda de cuero, asta, metal o la combinacin de un material y otro, que sirve para encerrar o guardar las armas blancas, mientras se las lleva consigo o se las preserva del medio externo. La vaina consta de tres partes esenciales, que son: cuerpo de la vaina, boquilla con su gancho o retn, llamada agarradera, y puntera, llamada tambin en algunos casos, abanico. Cuerpo de vaina, es la envoltura propiamente dicha que ampara el arma. Si era de metal, poda tener labraduras hechas a cincel, o presentar su ornato sobre la base de l38

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minas metlicas, caladas y soldadas al cuerpo central, llamadas solapes. La agarradera, con su boquilla o bocavaina es la parte de la vaina por donde se introduce el arma para guardarla, sin llegar a abrazar el botn del cuchillo, pues, si lo abrazara, dejara de ser cuchillo pampeano para ser uruguayo, como siempre se ha dicho en esta regin bonaerense. La boquilla lleva soldada (o cosida, si la vaina es de cuero) a su borde superior, una pieza de una figura ms o menos triangular que sirve para mantener fija a la cintura, la vaina, es decir, trabada al cinto de manera que evite que aqulla se caiga o resbale. Dicha pieza se llama agarradera o gancho. Y, por ltimo, la puntera, o sea el extremo inferior de la vaina, generalmente redondeada, con el objeto de impedir que lesione o moleste a quien la lleva.

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- MANERA DE PORTAR EL CUCHILLO -

Demostrada la utilidad imprescindible de llevar el cuchillo consigo, el hombre de campo busc la forma de hacerlo sin que le molestase en sus movimientos naturales, para desenvolverse con soltura, y de que "saliese cortando". El salir cortando, significaba poderlo desenvainar sin tropiezos y listo para cualquier circunstancia, por ms apremiante que sta fuese. Por lo tanto, el cuchillo pudo ser transportado por una persona de las siguientes maneras que lo mantenan a su alcance: En el tirador o cinto y a la espalda. Esta fue la forma lgica y vulgar de transportarlo. Se haca atravesado en la cintura y con una inclinacin marcada de derecha a izquierda y con su punta para abajo. El filo del cuchillo quedaba para arriba (1). El cabo asomaba por el flanco derecho del sujeto que le llevaba.(1) Hay vainas en la actualidad que vienen cambiadas, como si hubiesen sido confeccionadas para zurdos, pues al poner el cuchillo enfundado en la cintura queda alterada la posicin natural del filo, que debe ser para arriba. Tal vez obedezca tal error a la fabricacin extranjera de las mismas, que fueron hechas sin consultar la costumbre nativa.41)

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En el tirador o cinto y hacia delante. Es sta, tambin, una de las formas corrientes de llevarlo. Se le ubicaba en la parte media (ms o menos) de la lnea del ombligo a la cadera diestra. Se le colocaba de arriba abajo y con una menor inclinacin de derecha a izquierda que en el caso anterior. El filo iba para abajo. Por lo general era un cuchillo pequeo el que se llevaba all, manuable, empleado en menesteres insignificantes de la vida diaria, como el cortaplumas en nuestros das. En la sisa del chaleco. Esta manera de llevar el cuchillo fue ms bien de la gente allegada a las poblaciones que de la del campo, del "paisano urbano o gaucho a pie", como deca Rodolfo Senet. Si el sujeto era derecho en el manejo del arma, lo colocaba en la bocamanga izquierda del chaleco, de manera de poderlo desenvainar con limpieza en un momento de apuro. El filo quedaba para adelante. En el recado. En el recado slo se llevaba el cuchillo carenero o la fachinera, es decir, los de grandes dimensiones. Se les acomodaba entre la carona y el basto o lomillo. La esgrima de la caronera era semejante a la del sable.. Su mango iba hacia delante y con el filo hacia la izquierda del caballo, o sea del lado de montar. En la liga. El cuchillo pequeo que a veces se llev en la cintura y hacia adelante, en la poca de la bota de potro, se supo tambin llevar en la liga que sostena erguida a la41

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caa de stas. Ms tarde, y aun en esos mismos aos, las mujeres del pas solieron llevarlo en la liga de las medias. Me refiero a las mujeres aquellas que fueron compaeras del gaucho, o compaeras del paisano morador de los suburbios pueblerinos. En un caso como en otro, estaban expuestas al desierto bravio o a las adversidades de la vida orillera, donde, en la mayora de las veces, deban hacer "la pata ancha" y defenderse solas. Para poderlo hacer deban llevarlo a mano, y, para ello, lo transportaban en la liga de la media, con el filo para atrs si estaba en la pierna derecha, y el filo para adelante si estaba ubicado en la pierna izquierda, cosa de que saliese "cortando", como el cuchillo de los hombres, en cualquier parte que se llevase.

Cuchillo empuado en el instante de desenvainarlo (visto de atrs).

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- E M P L E O DEL C U C H I L L O LA L U C H A -

EN

El gaucho us del cuchillo en la lucha de dos maneras esencialmente diferentes para herir, Una, desprendindose del arma y arrojndola a distancia y la otra, sin desprenderse de la misma para hallar su cometido. En el primer caso slo lo hizo accidentalmente y pocos ejemplos se encuentran al alcance de la mano en la historia o el romance de su vida. Su documentacin la hallo clara en el juego de "la clavada" ms que en ninguna otra argumentacin, puesto que, si el paisano la practic, fue porque encontr en ella una manera de ejercitarse en algo que alguna vez podra serle de utilidad. Y, en cambio, en la otra forma de usar el cuchillo, o sea la de emplearlo sin desprenderse de l, hizo de su manejo un arte difcil y peligroso que le ubic entre los principales esgrimistas del mundo. Ahora, yendo por partes y sin dejar de apuntar sus caractersticas y circunstancias para afianzar tal hiptesis, no quiero continuar sin relatar una escena que, cuando nio, impresion fuertemente mis sentimientos. Ella era la de observar a varios paisanos reunidos ejercitndose inconscientemente en el manejo del cuchillo arrojado a43

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distancia, con el pueril pretexto de ensartar a un escuerzo. El que lo traspasase, cobraba el "dentro", es decir, el peso moneda nacional que cada cual haba abonado previamente para poder intervenir en la justa. Ms tarde, he visto "tirar al blanco" con el cuchillo. Para efectuarlo, lo tomaban a ste con la mano abierta y el dorso hacia abajo de manera que el cuchillo quedaba adherido a aquella por la simple flexin del pulgar sobre s. Ahora, si el cuchillo quedaba "empalmado" con el pice o la punta hacia adelante, con slo media vuelta que el mismo diese para atrs en el aire en el preciso momento de habrsele arrojado a distancia, era ms que suficiente para caer clavado a tres, cuatro, cinco o ms metros de donde se impuls el instrumento. Y, si el cuchillo haba quedado empalmado con la punta para atrs y el filo para adentro, deba entonces dar una vuelta y media antes de clavarse en el lugar propuesto. En la mayora de las ocasiones, una seal cualquiera en un rbol, por ejemplo, era motivo suficiente para divertirse y adquirir sin pensar la ambicionada baqua en su manejo. Por lo tanto, el simple pasatiempo de tirar el cuchillo "jugando a la clavada", no slo fue un vulgar entretenimiento sino tambin, una evidente forma de practicar un sport, que, llegado el caso, poda prevenir para una defensa personal. Para demostrar lo anteriormente expuesto he guardado algunos documentos que ayudarn a da. fe de lo aseverado. En El Da de la ciudad de La Plata y del 20 de octubre de 1939, encontramos uno que dice as:44

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Desde la distancia le clav un cuchillo en la regin inguinal,

"...a raz de un cambio de palabras por cuestiones del momento, arroj un cuchillo a distancia cuya arma se le clav en la ingle izquierda..." Y, entrando en los ejemplos literarios, citar el hallado en un libro de don Pedro Inchauspe, All en el Sur, que empieza relatndonos la manera que tena un hombre de probar la resistencia de un cuchillo, "levantndolo a la altura del hombro y arrojndolo con fulmnea velocidad contra una bolsa de fideos que est a no menos de cinco metros de distancia; el arma brilla en el aire y se entierra de punta... con un sordo rumor de huesecillos triturados..." Ms adelante y continuando la misma relacin del autor arriba mencionado, veremos la forma de emplear el arma en contra del pesquisante que le ha detenido. Para esto, ha esperado cautelosamente el instante en que el hombre se distrae al montar a caballo, y "empuando un caronero de hoja angosta que saca de entre las pilchas del recado, ... y, como antes, en el boliche, el arma corta el aire y con fatal precisin, va a enterrarse hasta el mango en los riones del infortunado... polica, para recobrar de esa manera su perdida libertad". Estudiada esta forma de usar el cuchillo a distancia, veamos ahora su empleo sin desprenderse de l ante los animales embravecidos que le rodeaban, o ante los hombres, como una simple reaccin a su defensa personal en las peleas.45

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TAJOS PREDILECTOS POR EL PAISANO ANTE LAS FERAS

Siendo el cuchillo un arma liviana y de fcil manipuleo, es lgico que se prestase para una accin rpida en la defensa propia, ante las diferentes maneras de atacar de los animales salvajes. Veamos pues, las distintas reacciones de un nativo ante las sorpresivas acometidas de aquellos. A mi memoria acude el recuerdo de dos cuentos relatados hace aos por un paisano correntino, hijo de un cazador de pumas. Los dos casos ponan en evidencia la intrpida audacia y la serena valenta criolla. Uno de ellos evocaba el instante azaroso en que se vio perseguido por un puma cebado, y con el caballo extenuado no tuvo tiempo ms que para desmontar y escudarse tras un rbol, cuyo tronco le ofreci la seguridad de un cuerpo macizo interpuesto entre la fiera y l. Los ojos del felino, enrojecidos de hambre y de rabia, rpidamente buscaron la brecha para el ataque mientras el hombre le aguardaba cuchillo en mano. Uno, dos, cinco zarpazos brutales seguidos de otros tantos rugidos estrellronse relampagueantes en el vaco. Cara a cara, los dos seores de la llanura, a feroz manotazo, controvertan la existencia, hasta que, ms afortunado el hombre y con el brazo desgarrado alcanz a envasar a la fiera en una terrible pualada. El otro caso demuestra ms acabadamente la valenta del nativo. Un da, le buscan los vecinos para informarle que sus majadas merman con prodigiosa rapidez, a causa de al-

Cinco puales de la antigua platera de los seores Anejn Hnos. Como se sabe, el pual tena en su hoja, un corte ntegro de un lado y una tercera parte del otro, sobre el lomo, aunque, en la actualidad, este ltimo se encuentra reducido a un simple chafln desprovisto de filo. El cuarto pual a contar desde la derecha de la figura, tiene el botn redondo, por lo tanto, es pual uruguayo en nuestra zona pampeana.

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gn animal daino que suponen un puma. Sale el paisano por los campos y espesuras, en procura del rastro que le delate la siniestra presencia del enviciado a la tierna carne de ovejas y corderos. Husmea en selvas y cuchillas e investiga en las aguadas, sobre todo, hasta que, una tarde y cuando menos se lo esperaba, halla las pisadas que le llevan hacia l. Camina y camina, con sus sentidos atentos y puestos en su tarea, mientras templa sus nervios en el diapasn del peligro. Sabe que si el animal se siente perseguido y cebado como est, va a atacarle de improviso, pero, sabe tambin que su brazo es firme y la daga que lleva no va a ser el primero que mata. De pronto, percibe su olor casi en el instante de mirar que la fiera se abre paso a travs de los pajonales, y lanzar un potente gruido. Como el hombre marcha a pie y en esa posicin las fieras no saltan, rpidamente se ha trazado su plan de defensa. Le esperar erguido, con su mano izquierda envuelta en el poncho y su derecha lista para el tajo exacto que habr de salvarle. De golpe, el brbaro encontrn del animal y el hombre se produce, y, cuando ste reacciona se encuentra tumbado en el suelo con su mano izquierda emponchada en la boca del puma moribundo, y la daga metida hasta el cabo en la "olla" Otro caso como el detallado arriba lo podemos leer en La Prensa del 12 de octubre de 1941 y que dice as:SAN Luis .- Un puma dio muerte a un nio pastor en el Departamento de San Martn. (El padre de la vctima result gravemente herido al ultimar a la fiera).48

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"Mercedes, septiembre 11.- En un lugar serrano del Departamento de San Martn, un puma dio muerte a un pequeo pastor que cuidaba una majada de cabras. "El nio, Carlos Surez, de diez aos de edad, al ver que la fiera haba matado a varios de los animales que componan el rebao confiado a su custodia, sali en defensa del mismo, siendo a su vez atacado y muerto por aqulla. "El padre del pequeo pastor, que lleg al lugar del hecho cuando el puma le estaba devorando, logr ultimar a la fiera a pualadas, pero en la lucha que sostuvo con el animal result con heridas de tal gravedad que obligaron a trasladarlo a la Asistencia Pblica de la ciudad capital".

Despus de haber ledo el anterior artculo, no pude menos que imaginar la escena en que aquel hombre, enloquecido de dolor y rabia ante la fiera, debi de escudarse con el cojinillo extrado con precipitacin del recado -como lo dijeron Sarmiento y Lugones al referirse a las hazaas de los criollos-, y, entre zarpazo y cuchillada, disputarse los despojos del audaz nio. Otro caso que demuestra la reaccin de los nativos ante algunos peligros, lo extraer de una narracin verdica aplicada en una novela de ambiente costumbrista que no hace mucho escrib. En ella he descrito una escena en la cual apareca un joven atacado por una yegua embravecida, en las cercanas de un matadero particular que funcionaba en 1870, en la pequea poblacin de Chascoms. Dicha escena era as:49

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"...otra yegua, no menos bravia que la anterior, acometile a dentelladas como perro rabioso. "-No se d gelta, patrn, esprela de frente!- Le grit ansioso el Capataz al instante de correr a su lado. "Lejos de intimidarse el animal, amusgando las orejas y dando pequeos brincos, volvile a atacar con renovados bros tras vibrantes gruidos de cerdo encolerizado. "-Esprela de frente, patrn, y sacdale un talerazo! Le repiti Andrs, momentos anteriores de echrsele encima caronera en mano. "-Toma, maula!- agreg al instante de blandir el cuchillo con trazas de sable extrado de bajo los lomillos, y asestndole un golpe de hacha en los tendones del pescuezo al unirse con la cruz. La yegua, como herida por un rayo, baj la cabeza y qued abierta de manos con el belfo al ras del suelo y el pecho tinto en su propia sangre..." Y, por ltimo veremos otro ejemplo sacado de un libro de Leopoldo Lugones, donde se observar la maa de un nativo para detener un novillo yendo a caballo y en pelos. "...alcanzado el animal, desnud su cuchillo, tendise a la paleta del caballo, y cogindose con la izquierda a las crines, con la otra desjarret. "Desplomse el vacuno con un baladro. Sus ojos se cuajaban de sangre; distribua cornadas en torno, mientras la gente lo chungueaba recordndole sus fechora's..." En el siguiente captulo estudiaremos el uso del cuchillo sin desprenderse de l y en la lucha del hombre con sus semejantes.50

ESGRIMA DEL CUCHILLO

El uso del cuchillo por el nativo sin desprenderse de l, en el instante de la lucha, fue la manera habitual y razonable de efectuarlo. En esta forma fue como el gaucho se hizo famoso y se luci en la contienda demostrando su valor y su pericia en el manejo de esa arma. Sabemos que no tuvo otros maestros que sus propios compaeros deseosos como l de aprender la esgrima de las armas blancas, sin ms artes que la intuicin de cada cual ni ms cartilla que su natural destreza. Su cuerpo magro, desprovisto de carnes, su agilidad ejercitada en el simple trabajo diario, su vista, acostumbrada a avizorar distancias y a descubrir aun lo imposible para otros que no sean de su estirpe, como en el caso del "rastreador"; su valor y audacia, puesta de manifiesto en miles de oportunidades y su fe en los dones que la naturaleza le diera, hicieron del gaucho un perfecto esgrimista del cuchillo. Ledas las anteriores pginas y vista la forma de ejercitarse en la maestra del arma mencionada, recordar aqu algunas de las actitudes del criollo en el momento de la lucha mano a mano. Se entenda por "ponerse en guardia" a la postura adoptada por una persona para defenderse o atacar a otra. Fue51

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ra del "gaucho baratero", es decir, la mezcla del "gaucho cobarde" con "gaucho quiebra" o sea, el de malas entraas, es decir, repito, el que buscaba la forma de "llevrselas de arriba" aprovechando cualquier circunstancia para agredir sin exponerse, era la que el hombre, de acuerdo con su idiosincrasia criolla, conservase no slo su varonil apostura, sino que tuviese aun en medio de la lucha desplantes generosos. Cuando Juan Moreira "se disgraci", o por mejor decir, mat por primera vez, lo hizo despus de haberle arrancado un cuchillo a un mirn y de habrselo arrojado a los pies de su enemigo para que pudiese morir defendindose. Por lo tanto, el gaucho, estando en trance de pelear, empezaba por pararse frente a su adversario y ofrecerle su flanco derecho, si no tena ms que una sola arma, caso raro, si se quiere, pero lgico, por lo tanto hay que estudiarlo. Pona su pie derecho dirigido hacia el frente, y, el izquierdo, detrs, en forma de quebrar perpendicularmente la lnea anterior de su planta y guardar con mayor eficiencia el equilibrio total. Una dbil flexin de las rodillas le hacan bajar el cuerpo sin hacerle perder su gravedad de aplomo, puesto que as le mantena su cuerpo en equidistancia con sus piernas ubicadas convenientemente. El brazo izquierdo sobre la cadera izquierda y el busto inclinado hacia delante, completaban la elegancia de la postura varonil puesta en guardia, y peleando con una sola mano, como antes dije, ms adelante veremos cmo lo haca cuando empleaba las dos. Cuando avanzaba lo haca de un salto, es decir, desplazando el pie derecho unos veinte52

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centmetros o veinticinco, al instante de efectuarlo con el izquierdo en exacta simultaneidad, cosa de no bolearse en sus propios pies. Si deseaba ponerse fuera del ataque del contrario, lo haca retrocediendo primero con el pie izquierdo hasta darle ocasin al derecho a que se afirmase, sin interrumpir su armona de hombre valeroso que retrocede sin rehuir el combate. Y, cuando pensaba tirar una pualada a fondo, o "pualada larga" (como l la llamaba), lo haca despus de haber calculado la brecha de "entrada" al cuerpo del enemigo, por haberse descubierto imprudentemente, y lo haca tras de recoger la pierna izquierda e impulsar con verdadera violencia a su cuerpo, a expensas del estiramiento brusco de su musculatura montaraz, y, con el arma firme hacia adelante, avanzar con fulmnea rapidez hasta llegar al punto imaginado. Yo he observado muchas veces en que se practicaba el manejo del cuchillo como un sport, que la gente de campo tiene una marcada predisposicin para producir lo que en esgrima se llama ligamentos, equivalentes a una especie de invitacin a que el contrario ataque para dominarle el cuchillo por cansancio, o por disponer de mejor manera al arma propia, como a continuacin veremos. Sabemos que trataba de contener al cuchillo enemigo por la punta, con el tercio inferior del propio (llamado gaviln) o la mitad, por lo menos de la hoja pues de esa forma, le cansaba en demasa y con rapidez al contrario, adems de disponer de mayor extensin de fierro en el momento que lo creyese oportuno.53

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S, asimismo, que el paisano entendi por "parar o abarajar" las pualadas, al acto de apartar el instrumento enemigo con el propio, es decir, lo que los esgrimistas cultos entienden por "quites". Otra forma de evitar los tajos, ya lo he dicho anteriormente, fue la habilidad que el gaucho tuvo "para mezquinar el bulto", saltando. Sus desplazamientos rpidos y elsticos de gato, le escabullan del alcance del enemigo. Ahora, el esgrimista nativo, para librarse del cuchillo por medio del cuchillo mismo, necesit aprender a parar tres pualadas esenciales, que a su vez, indicarn las que tena por costumbre efectuar. Esas tres pualadas las clasificar independientemente unas de otras, y las denominar de acuerdo con la pintoresca jerga paisana. Ellas son: 1) La pualada tirada en punto alto o barbijo; 2) La pualada tirada en un punto bajo o la que bajaba las tripas y que poda ser de profundidad, aunque esto no era corriente; 3) La pualada efectuada en golpe de hacha o Dios te guarde, nica de profundidad neta cuando la efectu, y la producida con la parte plana de la hoja o planazo.

1) La pualada tirada en punto alto, es decir, desde las costillas falsas hacia arriba, cuya zona podramos subdividir a su vez en dos, que seran:54

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a) La regin comprendida entre las costillas falsas y el cuello, por lo tanto, la caja torcica. Esta regin fue la menos atacada o quizs, la ms defendida. En diecisis de las peleas ms duras que tuvo Juan Moreira, slo en tres mat hiriendo en el pecho, segn su bigrafo. Ni aun en la actualidad, se les oye decir a los paisanos que van a herir a otro en el pecho. Sus intenciones no son sas, y ms adelante veremos cules sern, aunque ms no sea que como simples amenazas. b) La regin comprendida entre el mentn y la frente de las personas. Esta era la pualada generalmente predilecta en los esgrimistas criollos, pues, por ella, se poda marcar un "rumbo" en el rostro de un enemigo o pintarle el temido "barbijo". Sabemos que el gaucho no trat de matar en sus reyertas la mayora de las veces, y, cuando esto ocurra era porque se "disgraciaba" sencillamente, o se le "iba la mano" sin querer, y la vida, fatal, lo haba llevado al duro trance de terminar funestamente un asunto, sin haber tenido otra intencin que la de "marcarle", "pintndole un benteveo" en la cara "pa' que le cantase todo el ao" la afrenta recibida, que en realidad, sera la de cruzarle el rostro con el costurn de una cicatriz que le recordase a cada instante la huella de un pual desenvainado en buena ley. Hernndez dej sentado en su inmortal poema el dolor y la reaccin de que era capaz de despertar en un sujeto cualquiera una pualada as:55

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"Estuve un poco imprudente puede ser, yo lo confieso, pero l me precipit porque me cort primero, y, amas, me cort en la cara que es un asunto muy serio."

El gaucho se defenda de las pualadas descritas en a) y b), hacindole describir al arma que empuaba un arco de crculo de abajo hacia arriba, y de izquierda a derecha, que las echaba afuera del blanco perseguido. 2} La pualada tirada en punto bajo, o sea la pualada dirigida hacia el abdomen, desde las costillas falsas para abajo. Esta s que era una pualada peligrosa! Era la elegida por el gaucho enardecido de odio o de celos, en los casos extraordinarios en que dese matar, y, cuando eso ocurra, trat de "bajarle las tripas" a su adversario. A esta variedad de pualadas se las ha citado a montones en cuantos libros costumbristas han aparecido escritos por autores de profundo conocimiento en el pas. Hernndez dio el ejemplo en varias partes de su poema: "Y el indio es como tortuga de duro para espichar. Si lo llega a destripar ni siquiera se le encoge, 56

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luego sus tripas recoge y se agacha a disparar...." o en el otro pasaje en que despus de haber peleado Cruz, regresa sentenciando:

"Ay lo dej con las tripascomo pa' que hiciera cuerdas../' o en la ocasin aquella en que Martn, al entrar en una pulpera, tiene la mala estrella de encontrarse con el gaucho pendenciero y protegido del Comandante, que ha puesto en jaque a toda la comarca por sus bellaqueras, y, sin miramientos de ninguna especie, le desafa a pelear en la plazoleta del negocio. Instantes ms tarde regresa Fierro diciendo:

"Lo dej mostrando el sebo de un revs con el facn..."Es decir, que le abri el vientre de un tajo. De manera, pues, que el gaucho, como el personaje de Hernndez, cuando dese matar, no tuvo otra pretensin que la de vaciarle el abdomen a sus enemigos, es decir, con un tajo superficial, antes que partirles el corazn para arrebatarles la vida. Ya dije anteriormente que Moreira en diecisis peleas importantes que describi Gutirrez, en tres mat hiriendo en el pecho y seis en el vientre, por lo tanto, el do57

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ble (1). Otra de las causas evidentes de lo aseverado, est en la costumbre que el nativo tuvo al usar su rastra en el tiempo en que su defensa personal se haca por su propia cuenta. La rastra no fue otra cosa que un escudo natural y cmodo para llevar consigo a guisa de adorno y paquetera. La profusin de monedas constituan, a la par de un atavo vistoso, una jacerina, o una cota de mallas metlicas que le preservaban en cualquier instante, del tajo brutal en la regin abdominal. Para defenderse de este tajo o tiro bajo, el paisano hizo al revs del caso explicado anteriormente, es decir que, volcando el arma hacia adentro, describi con ella un arco de crculo de derecha a izquierda y de arriba hacia abajo. Y, por ltimo, la pualada tirada en forma de hachazo, o sea, la que a continuacin detallo: 3) Golpe dado con el cuchillo de arriba hacia abajo, a manera de hachazo, llamado Dios te guarde! Por el gaucho y fendiente por Don Quijote, y que llevaba la intencin de partir la cabeza con su violenta trayectoria. El gaucho peleador a cuchillo no us este golpe ms que cuando quiso infringir un escarmiento burlesco, es decir, cuando quiso dar un castigo a un adversario considerado inferior en capacidad combativa. En realidad, lo desvirtu, puesto que transform su brutalidad en inofensivo escarnio. Lo llam planazo, y lo dio con la parte plana de la hoja del cuchillo. El(1) El resto de las muertes fueron provocadas por otros elementos que no fueron cuchillos.

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Tres rastras, modelos de la platera Anezn Hnos. La rastra en combinacin del cinturn, tachonado de monedas o no, fue el escudo natural y perpetuo que el gaucho llev consigo, de acuerdo con la opinin del seor don Santiago H. Rocca, quien, como yo, as lo cree. El cinturn o cinto de cuero con bolsillos, llamado por el gaucho "tirador", fue puesto en uso por primera vez en nuestro pas por los vendedores de pan, leche y agua en el ao 1820, conforme a lo expresado por el viajero ingls Vidal. Despus, la vistosa moda pas al campo, donde se extendi rpidamente.

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filo qued, por lo tanto, descartado como elemento ofensivo. El lugar elegido para el golpe tambin lo indica claramente Hernndez por boca de Fierro, cuando dice: "Y en medio de las aspas un planazo le asent../' es decir, en medio de la frente, como asimismo la forma de efectuar al mencionado golpe cuando Cruz le relata a su amigo, despus de haber peleado con los policas, la manera que tuvo para castigar al viejito que le vejase enamorndole la mujer: "Con cuidao, medio de lejo, un planazo le asent". Pero, a pesar de todos los ejemplos y aunque el gaucho no usara corrientemente de estos golpes de arriba hacia abajo, debi aprender a efectuarlos para los casos citados, o debi saberlos parar para evitar el planazo antedicho, o para salvarse de la accin de los sables de las partidas del Juez de Paz que as heran. Su defensa la encontraron con slo poner el cuchillo horizontalmente por sobre la cabeza y con el filo hacia arriba. Fuera ya de los tiros predilectos y de sus defensas, nicamente me resta recordar que el paisano gust sobremanera del amago, es decir, de la ficcin de un ataque que por lo intempestivo, firme y decidido, induca al adversa60

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rio a creer en la veracidad del mismo, para hacerle descubrir la guardia. Con astucia poda llegar a un fin premeditado, como era el de brindar una pualada a gusto en medio de la pelea. En realidad, el amago, no era ms que un envite aventurado y peligroso, que confirmaba, una vez ms, la valiente decisin del nativo para bromear aun con la misma muerte.

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EL C U C H I L L O E N L O S Z U R D O S

Yo creo que debera educarse ambas manos en todos los trabajos a que el hombre se dedique. Les ahorrara desgastes, cansancios e ineptitudes provocadas por desgracias o accidentes. Sin embargo, no slo no se educan a las dos manos por igual, sino que a veces se les descuida totalmente. La consecuencia est en la enorme cantidad de zurdos que andan por el mundo, y, por el refrn que recoge la filosofa del vulgo, sabemos que muchas personas pueden ser ms peligrosas "que hachazo de zurdo"... Por lo tanto, y de acuerdo con lo antedicho, de los seres que manejan el cuchillo con la mano izquierda hay que precaverse seriamente. Y hay que precaverse por varias razones que a continuacin detallo: a) La dificultad de un derecho para coordinar un ataque cuyo blanco est invertido. b) La mayora de los quites en una defensa se debern hacer hacia el lado opuesto del normal. c) El zurdo puede volcar hacia adentro el filo del arma con mayor facilidad que el derecho y cortar el revs de la mano de su contrincante. Y,62

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d) La pequea diferencia en la direccin en el arma de un zurdo (lnea longitudinal del cuchillo), provoca un curioso desconcierto a los derechos, tanto ms notable cuanto ms sorpresiva es la obligacin de tener que parar un golpe de esa ndole. Yo s que se me dir que si existen inconvenientes para luchar con un zurdo, lo mismo lo tendrn stos al tener que enfrentarse con un derecho, pero, aqu agregara yo, que lo que en uno constituye un hbito, en el otro es una dificultad surgida de repente, que puede costarle la vida. Por lo tanto, la sentencia del adagio antes mencionado, fue y seguir siendo siempre una verdad incuestionable. Hace cincuenta o sesenta aos, en Chascoms, vivi un hombre conocido por el mote de "el negro Emilio" y que fue el terror y pesadilla de peleadores y policas, por su extraa manera de combatir. El tal personaje era alto, fuerte, y tena una curiosa agilidad no slo en sus largos brazos, sino tambin en sus piernas, constantemente ejercitadas en las danzas y zapateos de los abundantes piringundines de la poca. Jams pele armado, siempre lo hizo a "mano limpia", fiado en su estupenda agilidad, que le permita desenvolverse con extraordinaria soltura. La intencin la vea en los ojos de su rival, y el lumen que le acompaaba le haca defenderse, en saltos felinos y en braceadas magistrales que le permitan tomar por la mueca a la mano armada e inutilizarla, de un brusco tirn, que tumbaba de revs al enemigo. El negro Emilio, lo mis63

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mo empleaba para sus ataques una mano como otra, aunque tuviese una marcada predileccin por la izquierda. Gutirrez cuenta que Moreira, un da, deseando desarmar a un polica, tom el propio cuchillo con la mano izquierda, mientras que, con la derecha, esper la oportunidad de inutilizarlo. Breves instantes ms tarde, el gaucho obtuvo lo que deseaba. Conocidos estos hechos, quise investigar el fondo de verdad que pudiera haber en ellos, para lo cual recurr al volumen 95, edicin 1939, de la Revista y Biblioteca del Sub-Oficial, en donde tom los siguientes datos y hall inspiracin para las adjuntas vietas, que demostrarn que los nativos, a pesar de su falta de tcnica cientfica para la defensa de los diferentes ataques, supieron encontrarla por intuicin en los momentos de peligro.

VIETA A Manera de defenderse de un hombre desarmado, por medio de su mano izquierda, de una pualada y con torsin de la mueca enemiga.64

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El defensor, desde arriba, deber tomar la mueca de su contrario con su mano izquierda en un golpe rpido, a la vez de retraer violentamente su vientre hacia afuera. Efectuado esto, el defensor tomar con su mano derecha y desde abajo, la mano de su adversario, de tal suerte, que la abarque ntegramente por su dorso, hasta que, por medio de una fuerte presin hacia afuera, no slo le tuerza el brazo, sino que le doble para atrs la mueca hasta hacerle saltar el arma. (Vieta B)

VIETA B

VIETA C

El defensor, despus de haberle parado el golpe al contrario sostenindole de la mueca con su mano derecha, deber efectuar un giro sobre su pie izquierdo hacia la derecha, (vieta C) a la vez de colocarse delante de su adversario, abrazndole el miembro superior armado, y, con sus dos manos, torcionarle violentamente la mano armada, hasta hacerle caer el arma despus de dislocarle el codo, como se puede ver en la vieta D. Ahora, si en lugar de haber efectuado un giro sobre el pie izquierdo, se hubiese podido dar un tirn hacia la derecha del brazo65

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enemigo, tras de haberle tomado por su mueca como se ve en la vieta C, la mano izquierda, apoyada sobre el codo (Vieta E), podr presionar lo suficiente como para echar de bruces al adversario y dislocarle en la articulacin del codo.

VIETA D VIETA E Manera de defenderse de un hombre desarmado de una pualada, por medio de su mano derecha y con torsin del brazo enemigo y dislocacin de la articulacin de su codo.

ARMAS DOBLES

CUCHILLO Y REBENQUE En realidad, el estudio hecho en el captulo anterior, o sea, La manera de emplear el cuchillo sin desprenderse de l, ha sido efectuado sobre la base del anlisis de un esgrimista criollo consumado, peleando con una sola mano, pero en la generalidad de los casos, no era ste el ms corriente. Lo habitual era que el nativo pelease con armas dobles, es decir, con un cuchillo, facn, daga o pual en una mano, la derecha, y, el rebenque o el poncho en la izquierda. En esta ocasin, la actitud del homb 'e variaba de lo antedicho, puesto que ahora deba presentarse a su adversario casi de frente, conservando avanzado hacia el mismo su pie derecho. La mano izquierda deba atajar en especial, los tiros dirigidos hacia abajo, y la derecha, los dirigidos hacia arriba, sin constituir una regla, puesto que el hombre, en realidad, la mayor parte de las veces, se cubra como poda, utilizando como fundamento su extraordinaria agilidad para "mezquinar el cuerpo", en constantes y rpidos saltos hacia un lado y otro, con las piernas abiertas. El saber manejar el rebenque con la mano izquierda significaba un serio aprendizaje que, al final, se obtena gracias67

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a la estupenda agilidad del hombro, brazo, mueca y sentido visual del sujeto. Sobre todo, esto ltimo, la vista. Con ella, no slo se poda aprovechar el menor descuido del enemigo para propinarle un golpe, sino zafar de los suyos dndole el frente sin volver la espalda en vergonzosa huida. El saber manejar el rebenque en la pelea era ms difcil tal vez, que el manejar el cuchillo mismo, puesto que aqul no tena ni filo ni punta como ste para herir cuando la circunstancia se lo ofreca y slo haba que hacerlo a expensas de la reciedumbre del golpe dado. Adems de la vista, debemos tambin considerar el grado de reaccin de una persona ante un ataque. Sabemos que la mayor parte de los golpes en un ataque nacen inmediatamente despus de haber parado otros, y sabemos tambin que, aunque sean faltos de vigor no dejan por ello de poder surtir su efecto. Sin considerar que la intuicin de cada esgrimista, le hace aplicar, cuando la oportunidad se le ofrece, el golpe de su preferencia, que nicamente efecta como una defensa personal propia, hecha en las grandes solemnidades y cuando su verificacin puede ser una revelacin de extraordinaria efectividad. Sabemos que el cabo del rebenque puede tener alrededor de unos cuarenta centmetros de largo, y unos cincuenta, su lonja. El grosor de dicho cabo en su mango es de unos cuatro o cinco centmetros de dimetro. Para poderlo emplear como arma contundente, el paisano se lo envolva por su lonja en la mano, no quedando por lo tanto firme el cabo en ella, sino dbilmente movedizo, y como quebrado por una bisagra entre la mano y el palo. De esa manera le poda68

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accionar con soltura. Los golpes tirados por el paisano por medio del rebenque podan reducirse a stos:

GOLPE A LA MUECA Y GOLPE A LA CABEZA DEL CONTRINCANTE En realidad, el rebenque y en el instante de la pelea, solase mantener horizontalmente hacia delante y a la altura del corazn, por lo general, inmvil o en pequeos movimientos como tentando a la codicia del adversario en atacarle. Si ste llegaba a haceilo, parbale sus golpes de dos maneras diferentes, ya fuese describiendo un arco de crculo de arriba abajo y de derechc a izquierda, cuando se trataba de tiros bajos, o, lo menos comn, de abajo a arriba y. de derecha a izquierda, cuando eran tiros altos (dejados la mayor parte de las veces para el quite con el cuchillo). Esta defensa era hecha como algo instintivo para apartar el hierro del cuerpo, y, por lo general, se aprovechaba para hacerlo no slo para apartar el hierro mencionado, sino para pegarle al contrario en la mueca o mano, "cosa de hacerle bajar los brazos", es decir, inutilizarle el arma misma. Claro que en algunas ocasiones el golpe no alear zaba a tocar la mueca, pero, entonces, poda al menos desviar la hoja del cuchillo. En otras ocasiones, el amago con el cuchillo, haca descubrir la guardia del contrario y ofreca as la oportunidad para poderle castigar con la mano izquierda armada con el rebenque. Para efectuarlo haba que haberle llevado a la altura de la cabeza69

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(con el dimetro transversal extendido oblicuamente hacia atrs, y hacindole describir un semicrculo ligeramente inclinado de izquierda a derecha, acompaado de un rpido cambio de pies en el instante del salto) para descargar el golpe de garrotazo. Cuando de nio, tuve de condiscpulo a un chiquiln que llambamos por el sobrenombre de el Negro Acosta. Ms tarde le supe pendenciero y hbil en el manejo del cuchillo. Hasta que, tras el recodo de unos quince aos por ausencia ma del pueblo, volv a verlo, pero esa vez, tendido en el suelo, desmayado de un garrotazo con el cabo de un rebenque. Recuerdo que al oir el golpe a cien metros de distancia, y el alarido brutal que dio al recibirlo, me hizo concurrir al lugar del hecho y enterarme de lo que haba pasado. Los testigos presenciales que all haban me informaron del suceso y, de esa manera, vine a enterarme de cmo haban peleado armados de rebenque y cuchillo cada cual, llevando la peor parte mi compaero de infancia.

Mano armada de rebenque. El gaucho, a veces, en lugar de envolver a la mano con la lonja del rebenque como anteriormente lo expres, sola hacerle un nudo a esta de manera que le permitiese tomarlo entre el mismo, y la paleta, para que no se le resbalase en el instante de la pelea. Por lo general, al mencionado nudo, lo efectuaba con disimulo en medio de cualquier discusin, que imaginase originaria de un trgico desenlace.

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CUCHILLO Y PONCHO El poncho es otra de las prendas de uso personal que ms servicios prest al gaucho. Su origen es desconocido, aunque se le supone verdaderamente autctono por serios fundamentos. Uno de ellos, el ms importante, es la absoluta carencia de mencin sobre el mismo en los documentos y bibliografa que no sea sudamericana. Se le vio aparecer por primera vez en los ejrcitos nacionales, junto con el pauelo en el regimiento de Dragones de la Patria, en el ao 1810. Como se sabe, el poncho es una prenda de lana, pao o seda de forma cuadrada o rectangular, ribeteada de flecos en dos o cuatro lados, con una abertura en el centro para poder pasar la cabeza por ella, y dejarlo calzado sobre los hombros de la persona que se lo haya puesto y caiga en pliegues armoniosos, cubrindole el cuerpo. El poncho le sirvi al indio y al gaucho de abrigo contra los tajantes fros del desierto, o de capa para guarecerse de la lluvia. Tambin lo us de cobija cuando durmi en su cama o la improvis con los elementos de su recado. Lo mismo lo emple de tapete sobre la tierra criolla cuando se arm una partida de naipes en pleno campo. En el partido de Pila existi un hombre que llevaba en su tirador un mazo de cartas junto al dinero, al pauelo y al cuchillo. Le era tan imprescindible a su ajuar volante como al guerrero, sus armas. Lo utilizaba a cada instante, y los adversarios en el juego los encontraba entre los vecinos que, como l, andaban de recorrida por el campo. Ataban los caballos71

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en las matas de pasto y tendan la mesa por medio del poncho sobre la tierra. Lo he citado a este caso, porque al principio lo cre curioso y despus lo supe casi normal en la zona, puesto que existieron all muchos hombres como el hombre de mi recuerdo. Y el nativo us tambin al poncho como bandera o divisa, cuando los enconos fraticidas o los deseos de independencia, desataron sus impulsos de hombres libres capaces de aceptar la muerte, antes que rendirse a agobiantes tutelas. Es sabido que el poncho de Rosas era cojo, como as celeste el de Lavalle. X emple tambin al poncho de sudario en las oscuras maanas en que sus sentimientos, resquebrajados por el dolor, se lo exigieron para envoltura de los restos que Rieran caros a su amor en la vida. Han existido varias clases de ponchos. Ei poncho de cuero, el poncho pampa, el poncho calamaco, el poncho patria, el poncho puyo y los vulgares ponchos de lanc> o vicua. EL PONCHO DE CUERO.- Primitivamente se us en la campaa de la provincia de Buenos Aires, una clase de poncho confeccionado con cuero de potro sobado, semejante al poncho patria. Por lo general, ese poncho se llevaba de bajera en el recado, para poder ser utilizado cuando las circunstancias lo exigiesen. EL PONCHO PAMPA.- Se llam poncho parrpa a cualquier clase de poncho de tejido basto y manufacturado con lana

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de oveja o guanaco, trado a la regin bonaerense por los indios pampas y araucanos por excelencia. Otra de las condiciones esenciales era la de ser de cualquier color o combinacin de stos, siempre que no entrase como fondo terminante el rojo. EL PONCHO CALAMACO.- El poncho calamaco era una prenda como la anterior, donde el rojo primaba en absoluto. Fue semejante al pampa en tamao, y poda tener poco ms o menos de un metro con cincuenta centmetros por dos metros con diez. EL PONCHO PATRIA.- Este poncho era igual al de cuero en forma y dimensiones pero, como se comprender, diferencindose en material de obra. Este era de tela de pao gruesa y de color azul, con forro de bayeta, cuello y abertura cerrable con botones al pecho. Fue un poncho impuesto por el ejrcito a los soldados de la Nacin. EL PONCHO PUYO.- El poncho puyo es semejante a los anteriores y es originario del Chaco Occidental. Su forma corriente es cuadrada y no rectangular, como los anteriormente citados. Su tamao puede variar de un metro a uno con cuarenta centmetros por lado. Se parece a nuestras matras pampeanas. Tiene una especie de felpa por un haz y su tejido es grueso, pudiendo tener "boca" o no. Este poncho fue cuanto ms pequeo ms empleado por los nativos vecinos a los lugares boscosos o montaosos, puesto73

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que al ser menguados en tela, evitaban desgarros en sus alas sueltas, o no molestaban a las personas que los portaban. Los guarda-montes usados en la regin, compensan al caballero en parte la escasez del poncho puyo y ponen en evidencia la necesidad del mayor tamao del poncho pampeano, donde la ausencia de ramas y espinas, permiten abrigar las piernas sin ampararlas del spero medio externo. Indudablemente dentro de todas estas variedades existieron otras, como las chalinas -especies de bufandas-, que constituyen en la actualidad, atavos de linaje criollo. El poncho tuvo tambin otras razones fuera de las naturales para ser apreciado. Ellas son las ofrecidas por las diferentes combinaciones de hilos en su confeccin y las del material empleado en su manufactura. Se sabe que en la pampa solamente se us lana de oveja y de guanaco, en los telares nativos para su fabricacin, pero se sabe tambin que en ella se utilizaron ponchos de otras procedencias, como la inglesa, como los ponchos de bayeta listada del siglo pasado, o los ponchos de vicua y alpaca del noroeste argentino, sobre todo los de vicua, accesibles a las personas de dinero. Es proverbial la delicadeza de estos ponchos. Yo he visto uno de tamao natural de ese material que pesaba escasamente doscientos ochenta gramos. Con ello significo su maravilla y la excelencia de los obreros nacionales. He conocido tambin, ponchos hechos con las fibras algodonosas que cubren las semillas de la bitaca, o palo borracho (chorisia insignis), o ponchos74

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confeccionados con hilo, seda o la sustancia sutil de otro bombcido, el eceticus platensis, Berg, llamado "bicho de cesto", que se cra gigantesco en los algarrobales del norte, y los nativos de la regin por medio de agua caliente, extraen de sus capullos una hebra joyante que utilizan como material textil, para la fabricacin de *aS ponchos. Ahora bien, el poncho le sirvi al nativo, o por mejor decir, al gaucho, adems de abrigo, de adarga o escudo en sus reyertas, y, aunque parezca una paradoja, dir que esa prenda de cobijo fue una especie de arma capaz de producir verdaderos desconciertos en una pelea. El peleador con poncho debi adoptar frente a su rival la misma posicin que el peleador con rebenque en una mano y cuchillo en la otra, es decir, que le ofrecer casi el frente para poder accionar con ambos brazos con