El sagrado corazón de jesús mons. de segur

of 191/191
EL SAGRADO CORAZON 3 D E J E S U S POR XOISXfOB DI SSBVB Traducido libremtnte POR UN DEVOTO DEL MISMO COK APROBACION 1CLE6IA8TICA MEXICO CASA EDITORIAL DE MANUEL GALINDO Y BEZARE8 Calle d« la Puerta Falsa de Santo Dom¡n{* núm. iz. 1888
  • date post

    28-Jun-2015
  • Category

    Documents

  • view

    215
  • download

    10

Embed Size (px)

Transcript of El sagrado corazón de jesús mons. de segur

  • 1. EL SAGRADO CORAZON 3 D E J E S U S POR XOISXfOB DI SSBVB Traducido libremtnte POR UN DEVOTO DEL MISMO COK APROBACION 1CLE6IA8TICA MEXICO CASA EDITORIAL DE MANUEL GALINDO Y BEZARE8 Calle d la Puerta Falsa de Santo Domn{* nm. iz. 1888

2. INTRODUCCION Esta obrita tiene por objeto popularizar el cono cimiento, y por consiguiente el amor y el culto del adorabilsimo y sacratsimo Corazn de Nuestro Se or Jesucristo. No se me oculta lo difcil que es po ner al alcance de todos las verdades del orden ms tico, en otros trminos, la dificultad de iniciar los entendimientos sencillos y los nios en lo ms n timo de nuestros sacrosantos misterios; pero es tan conveniente conseguirlo, que no vacilo en empren der esta obra en lo que respecta al sagrado Corazn de Jess, confiado en el auxilio de la santsima Vir gen, que tan predilectamente ama los humildes y sencillos de corazn. Si me cabe la dicha de lograr mi objeto, este libri- to podr servir en gran 'manera tantos y tantos sacerdotes, celosos misioneros, fervientes Religiosas, buenas y piadosas madres de familia que procuran por todos los medios hacer conocer, servir y amar de veras en torno suyo al Dios de su corazn y al Corazn de su Dios. Vivimos en tiempos en que la piedad necesita ms que nunca ser ilustrada y robustecida, y en que la doctrina es necesaria para sostener el amor. Habien 3. do Nuestro Seor presentado su divino Corazn pa ra que en l encuentren un refugio las almas en las pruebas de estos ltimos tiempos, me parece que es te librito entra en sus misericordiosos designios, y slo con este ttulo me atrevo contar con la bendi cin de Aqul por cuyo amor lo emprendo. Varios de sus captulos me han sido inspirados por una excelente obra del gran siervo de Dios, el vene rable P. Eudes, uno de los sacerdotes de mayor celo apostlico en el siglo XVII. Abrasado de amor los sagrados Corazones de Jess y Mara, dice de ellos cosas maravillosas en su tratado del Corazn admira ble de la Madre de Dios. A l tendrs que agrade crselo, lector amigo, si estas breves pginas te pro ducen algn bien, como deseo. 4. MODO DE SANTIFICAR EL MES DEL SAGRADO CORAZON Laudable costumbre, que quisiramos ver exten dida y religiosamente practicada, es la de consagrar un mes entero alguna de las principales devocio nes aprobadas por la Iglesia, pues de los medios de honrar cualquier misterio, sea de nuestro Seor Je sucristo, de la Santsima Virgen de algn Santo, es este indudablemente el ms sencillo, ms prctico y al alcance de todos. Ese corto ejercicio repetido to dos los das durante un mes, esa piadosa lectura que nos presenta la misma verdad bajo todos sus aspec tos, impregna poco poco al alma de la gracia de Dios hasta llegar sus profundidades; es como una lluvia suave y no interrumpida que p.enetra la tierra mejor que los fuertes aguaceros de una tempestad, abundantes, pero pasajeros. Vemos, por ejemplo, que la admirable institucin del mes de Mara ha contribuido eficazmente pro pagar por todo el mundo el culto y amor la sant sima Virgen; y no faltan parroquias y fa-milias que 5. deben tan santa y potica devocin su renovacin completa. Adems del mes de Mayo, la piedad ha consagra, do Enero honrar los misterios de la santa Infancia de Jess; Marzo honrar de un modo especial San Jos; Julio venerar los misterios de la preciosa San gre; Noviembre ejercer la caridad con las benditas almas del purgatorio; Junio, en fin, honrar al ado rabilsimo Corazn de Jess. As, pues, te recomiendo encarecidamente, piado so lector, que no dejes de celebrar todos los aos el mes del sagrado Corazn con la misma exactitud y devocin que el hermoso mes de Mara. La gracia del divino Corazn de Jess es tan santificante, que de ella reportars frutos copiosos de salvacin. Si no puedes asistir la Iglesia, celbralo en casa con tu familia; y si tampoco pudieres sto, celbralo solo en particular. Pero, por poco que puedas, procura cele brarlo en comn; pues la oracin as hecha tiene mayor eficacia, obliga ms, proporciona mtua edi ficacin, y hace que se recoja el fruto de la promesa que Jesucristo hizo sus Discpulos: Donde quie ra que dos tres estn reunidos en mi nombre, Yo estar en medio de ellos.1 Para celebrar dignamente en casa el mes del sagra do Corazn, ser bueno arregles un altarcito acomo 1 Matth. X V III, 20. 6. dando en l un crucifijo, mejor una imagen del sa grado Corazn, y adornndolo con flores y luces. No desdees estos pequeos detalles, pues influyen po derosamente en la piedad, que necesita por lo comn auxilios exteriores para dedicarse las cosas de Dios. Deja, si puedes, encendida todo el mes una lampari lia delante la santa imagen, y no omitas un solo da el ejercicio acostumbrado, para cuya prctica puedes valerte de este librito. Puesto de rodillas, y despus de recogerte por al gunos momentos, pensando que Dios te ve, haz la seal de la cruz, y reza la letana del sagrado Cora zn de Jess que encontrars al fin. Luego lee el ca ptulo correspondiente cada da,1 y dedica algu nos minutos penetrarte bien de lo que hayas leido, excitar en tu corazn sentimientos de adoracin, de amor, de arrepentimiento, y tomar algn bun propsito. Para terminar este ejercicio podrs rezar la hermosa letana dl inmaculado Corazn de Mara, el Acto de desagravios y el de consagracin, que ha llars tambin al final. ' Adems de esto, haras muy bien en comulgar du rante este mes con ms frecuencia que de costumbre y con todo el fervor posible. No olvides que el vier 1 Damos al mes del sagrado Corazn treinta y tres das qb honra de los treinta y tres aos que vivi en la tierra nuestro Salvador. La Santa Sede ha bendecido este pensamiento, con cediendo indulgencias los que lo practiquen en dicha forma. 7. nes es un da especialmente consagrado, al culto de tan amoroso Corazn, segn el encargo expreso del mismo Jesucristo su gran sierva Margarita Mara Alacoque. Acrcate, pues, la sagrada Mesa todos los viernes del mes para honrar especialmente al sa grado Corazn de Jess y los misterios de su amor. Hacindolo as, satisfars los deseos de nuestro amado Pontfice Pi IX , que tanta gloria ha dado al divino Corazn, y que no ha mucho, escribiendo un obispo, le deca: Nada deseamos tanto como ver los fieles honrar, bajo el smbolo de su santsimo Corazn, la caridad de Jesucristo en su Pasin y en la institucin de la Eucarista; deleitarse continuamente en tan gratos recuerdos, y renovar continuamente su memoria. A ese amorossimo C^orazn acudamos con confian za; Corazn siempre inflamado de amor por nosotros, aunque tan mal correspondido; Corazn que encie rra todos los tesoros de la misericordia divina; que. encuentra sus mayores delicias en estar entre los hi jos de los hombres; el ms poderoso de todos los co razones, de los cuales dispone su gusto, y cuyos ms secretos resortes mueve; altar en el cual se ofre ce el nico sacrificio de los cristianos, en el cual de? ben nacer y vivificarse nuestros votos si queremos que lleguen hasta Dios, y cuyas plantas aprendere mos la ciencia de las ciencias, la nica necesaria, la ciencia del verdadero amor, de la verdadera felicidad. 8. l;l, SAGRADO 60RA20H BE JESUS i Como Nuestro SeSor Jesucristo revel milagrosamente el mis terio de su sagrado Corazn por medio de la beata Marga rita Mara Alacoqne. Esta santa Religiosa, que vivi en el siglo XVII, fu objeto de frecuentes y extraordinarias manifes taciones del adorabilsimo Corazn de Jess. Perte neca una honrada familia de la magistratura, de Borgo. Despus de una juventud inocentsima y probada por todo gnero de trabajos, entr en 1671 en el monasterio de la Visitacin de Paray-le-M onial la edad de veintitrs aos, y en l muri santamen te en 1690. Cuatro siglos antes Santa Gertrudis, abadesa bene dictina de Heldelfs en Alemania, nos anunciaba la devocin al sagrado Corazn de Jess como el gran remedio opuesto por Nuestro Seor la decrepitud del mundo; pero Dios al parecer tena predestinada la beata Margarita Mara para ser el apstol del culto al sagrado Corazn, y ella efectivamente se debi, de un modo especial, con la aprobacin de la Santa Sede, su propagacin en la Iglesia. A Mar- 9. garita Mara (dice en efecto Pi IX en el decreto de beatificacin) se dign elegir el Seor para estable cer y difundir entre los hombres un culto tan piado so, saludable y legtimo. Y la eligi por medio dr admirables y milagrosas revelaciones que la Iglesia ha aprobado y que respiran el ms puro amor de Dios. Corra el ao 1673. Haca solamente dos que Mar garita haba abrazado el estado religioso, y era ya de una santidad consumada, brillando por su humildad, su caridad y toda suerte de virtudes. Un dia, orando delante del Santsimo Sacramento, gozosa porque sus muchos quehaceres le permitan dedicar ms tiempo que de costumbre tan santa ocupacin, se sinti tan poderosamente poseida de la presencia de Dios, que perdi el sentimiento de s misma y de todo lo que la rodeaba. Me abandon, dice, ese divino Espritu, entregando mi corazn la fuerza de su amor. Mi soberano dueo me hizo repozar largo tiem po sobre, su divino pecho, donde me descubri las maravillas de su amor y los secretos inefables de su sagrado Corazn. Me abri por primera vez aquel divino Corazn de una manera tan real y sensible, que no me dej lugar ninguna duda tocante . Ia verdad de esta gracia. . * Jess me dijo: Mi divino Corazn estl tan He* no de amor los hombres, y. t en particular, hija * ma, que no pudiendo ya contener las llamas de su ardiente caridad, es preciso que las derrame por tu medio y que se manifieste ellos para enrique- 10. i 5 cerlos con los tesoros que encierra. T e descubro el precio de estos tesoros, que contienen las gracias de santificacin y salvacin necesarias para sacar al * mundo del abismo de, la perdicin. A pesar de tu indignidad ignorancia, te he escogido para el eum plimiento de este gran designio, para que sea ms manifiesto que soy yo quien lo hago todo. Dicho esto, el Seor me pidi mi. corazn. Yo le supliqu que lo tomara, y as lo hizo; y, ponindolo junto su Corazn adorable, me lo mostr como un tomo que se consuma en aquel horno encendido. Luego retirndolo de all, como una ardiente llama ;en forma de corazn, volvi ponerlo en su primer si do, dicindome: H aqu, amada ma, una precio- sa prenda de mi amor; he encerrado en tu costado * una centellica de las ms vivas llamas de este amor, para que te sirva de corazn y te consuma hasta el ltimo momento de tu vida. Sus ardores no se (extinguiran jams. Y para dejarte una seal de que la gracia que acabo de hacerte no es una ilu- sip, y que debe ser el fundamento de las dems que seguirn, aunque haya cerrado la llaga de tu costado, sin embargo siempre sentirs all dolor* Hasta hoy slo te has llamado sierva ma; desde ahes- ra te doy el nombre de Discpula muy amada de mi sagrado Corazn! Tan sealado favor, a^de, la bea*ta Margarita, dur muchsimo tiempo. Yo no saba si estaba en rl cielo en la tierra. Durante muchos das permanec 11. como embriagada, y de tal manera encendida y tari fuera de m, que no poda pronunciar una sola pala bra. No poda dormir, porque esta llaga, cuyo dolor rrie es precioso, me causaba tan vivos ardores qu me consuma y me hca arder viva. Sentame tan llena de Dios, que no poda expresarlo mi Superior co mo hubiera querido, pesar de la pena y confusin que siento en decir semejantes favores. Desde aquel da, cada primer viernes de mes, el sagrado Corazn de mi Jess se me representaba como un sol brillante cuyos ardorosos rayos caan plomo sobre mi corazn; y entonces me senta abra sada de un fuego tan vivo que me pareca iba re ducirme cenizas. En aquellos momentos particularmente era cuan do mi divino Maestro me instrua y descubra los se cretos de su adorable Corazn. . Tambin nosotros, Jess, Seor y Salvador nues tro, pesar de nuestra indignidad y de nuestras mi serias, ms bien causa de las mismas, queremos estar expuestos los benficos rayos de vuestro San tsimo Corazn; queremos que esas llamas divinas consuman nuestra tibieza, y que nos purifiquen de todos nuestros pecados! Oh Jess, roco del cielo, llama de amor y manan tial de la gracia! abrasad, purificad y poseed todo mi corazn! Oh divino A m or! creced y reinad en m; multiplicaos y reinad en toda la tierra como en el Pa raso d los Bienaventurados! 12. II Segunda revelacin, del sagrado Corazn ,la beata Margarita Mara 1 ccUn da, escribe esta santa Religiosa,- estando ex puesto el Santsimo Sacramento, me sent retirada ' mi interior por un recogimiento extraordinario de todos mis sentidos y potencias. Jess, mi dulce Due o, vino m resplandeciente de gloria con sus cinco.. llagas que brillaban como, soles. De aquella santa humanidad, irradiaban llamas de, todas partes, pero sobre todo de su adorable pecho, que pareca un hor no, y que, abierto mis miradas, me descubri su amabilsimo Corazn, que era la fuente viva4eaque: lias llamas, . , Dime conocer al mismo tiempo la^ maravillas inefables de Su puro amor, y hasta, qu exceso haba llevado este amor hacia los hombres, Lament su in- / 1 " gratitud, y me dijo que de todos los sufrimientos de.su Pasin este le haba sidQ el ms sensible. Si me ' I , . correspondiesen, aadi, cuanto hice por ellos sera pc mi amor. Pero no tienen,para m njs que frialdad, y mis amorosas ansias responden slo con el desdn. Dame t al menos, m hija amada, el consuelo d suplir su ingratitud cant te sea posible. Y como yo le manifestase mi insuficiencia, m 13. contest: Toma, ah tienes con que suplir todo aloque te falta. Y al mismo tiempo, abrindose su divino Corazn, sali de l tan ardiente llama, que pens iba consumirme: penetrme toda, y no pudin dola ya sufrir, le ped que se apiadase de mi debili dad. Yo ser tu fuerza, me dijo entonces bonda dosamertte; nada temas. Pero presta atencin mi voz, y disponte cumplir mis designios. Primeramente, me recibirs en la santa Comu- nin cuantas veces te lo permita la obediencia, no t obstante cualquiera mortificacin y humillacin que de esto te proviniere: estas son prendas de mi amor. En segundo lugar, comulgars adems todos los primeros viernes de cada mes. En tercer lugar, todas las noches del jueves al e viernes te har participante de aquella tristeza mor- tal que sent en el jardn de las O livas; y esta par- ticipacin de mi tristeza te reducir una especie de agona ms insoportable que l muerte. Me acompaars eri la humilde oracin que present entonces^ mi Padre en medio d todas.misancrus-o tias; y para esto te levantars entre once y doce de la noche, y permanecers postrada conmigo duran t e una hora con l rostro en tierra, tanto para apa- ciguar la clera divina pidiendo misericordia por los pecadores, como para honrar y endyjzar en algn merece justo tributo de alabanza quien como el Rdo. P. Fidel Fita, de la Compaa de Jess, consagra su talento y su pluma ilustrar en esta parte la historia de nuestro pas. De sus im portantes trabajos sobre la materia nos hemos servido principal mente para reunir estos desaliados apuntes. A mayor abunda miento, vase la Coleccin de] Mensajero del sagrado Corazn que baj la entendida direccin del Ilustre Sr. D. Jos Mor- gades y Gili, cannigo Penitenciario, se publica hace algunos aos en Barcelona. 1 Ya en 1456 la ciudad de Valencia celebraba una liza po tica en honor del Cor de Du. Un valenciano, nacido en la Torre de Canals junto Jtiva, era entonces Papa con el nombre de Calixto III. Gracias )a cruzada que promovi en Hungra por medio de su legado San Juan de Capistrano, logr el nclito Calixto reportar la victoria de Belgrado, que abati los humos del fevoz conquistador de Cunstantinopla y preserv el Occidente catlico de la irrupcin de los turcos, tanto ms temibles cuanto que podan darse la mano con los moros que ocupaban todo el Septentrin del Africa y las provincias meri dionales de Espaa. En memoria de tamao triunfo, ocurrido en 6 de Agosto de 1456, extendi Calixto III toda la Iglesia uni versal la fiesta de la Transfiguracin del Seor. La generosa Valencia se fijara sobro todo en el rasgo de la omnipotente mi sericordia del Salvador que brill en aquella victoria; y de aqu naturalmente brotara la idea del referido certamen. 43. tista Agnesio, Miguel de los Santos,1 y otros, y otros que por diversos medios tanta gloria han dado al sagrado Corazn y tanto han contribuido extender su amoroso culto. Refirindonos tan slo los escri tos ascticos del P. Baltasar Alvarez de Paz, quin ignora que fueron fuente de amor al Corazn de Je ss, en la que bebieron San Francisco de Sales, el P. Eudes, el P. de la Colombire y dems grandes atletas de esta devocin en el siglo XVII? La por mil ttulos ilustre y esclarecida Compaa de Jess, quien por revelacin expresa del sagrado Corazn hecha la venerable Alacoque en 2 de Ju lio de 1689 estaban particular y eminentemente con fiadas la propagacin y defensa de su culto, en el solo intervalo de 1733 1742 llevaba fundadas en Espa a casi doscientas congregaciones; varias de las c lebres reducciones del Paraguay florecan bajo el nombre y divisa del sagrado Corazn, y los evang licos obreros de Espaa y Portugal, abarcando bajo las alas de su apostlico celo ms de la tercera par te del orbe, cumplan con extraordinario xito su mi sin, inflamados de aquel Corazn que dijo: Fuego (de mi amor) vine meter en la tierra, y qu ms quiero sino que se abrase?2 1 Este insigne cataln naci en Vicb fines del siglo XVI, y muri en Valladolid en 10 de Abril de 1624. Como Santa Lut- gardis, mereci en un deliquio de serfico ardor trocar su cora zn por el de Jess,-como reza el Breviario. 2 Luc. XII, 49. 44. Y debiendo allegarse esto, como coronamiento y clave de la inmensa cpula labrada por la devo cin de los pueblos, la solidez inquebrantable de aquella Piedra de la que dijo el Salvador que las puertas del infierno no prevalecern jams contra ella,1 este sostn fallo dado por la Sede apostli ca vino tambin solicitado en 1738 y 1745 por dos Concilios provinciales tarraconenses; por el rey D. Fernando VI en 1747,2 y desde 1753 1764 por un gran nmero de Prelados y Cabildos de Espaa y sus vastas colonias ultramarinas. Y bien se comprende que no poda ser la ltima ni la menos diligente en adoptar y propagar tan pro videncial devocin la nacin catlica por excelencia, honrada y favorecida en algunos de sus hijos, ya en tiempos anteriores la venerable Alacoque, por ma nifestaciones especialsimas del divino Corazn. Una de estas almas privilegiadas fu Doa Sancha Carrillo, doncella ms celestial que humana, fama y asombro de su siglo, flor de la nobleza y hermosu- .ra de Andaluca, lustre y honra de la nobilsima casa de Crdoba y Guadalczar, y espejo clarsimo de toda 1 Matth. X V I, 18. 2 Veinte aos antes D. Felipe V haba escrito una carta Benedicto XIII, uniendo su voz al universal concierto de spli cas, y pidindole con las mayores veras y empeo se dignase conceder para todos sus reinos y dominios la Misa y Oficio pro pios del sagrado Corazn. 45. virtud y santidad.1 Jesucristo, quien escogi por nico esposo de su alma, favorecila con los ms pre ciados dones de oracin, de profesia, y con otras mercedes singularsimas; mas nunca estos favores rayaron tan alto como en su lecho de muerte. En el misterio de la Cruz le fu mostrado el Corazn de su Redentor, ardiendo en llamas de amor los hombres, tan fuertes, tan excesivas, que an quien all entra y las mira, no puede alcanzar cun grandes son. Y aun para decir aquello que alcanza es muda la lengua, porque excede todo lo que se puede pensar. Vea que no hay ojos que puedan mirar Ia hermosura de aquel Sol abrasado de la caridad de Jesucristo, J ni entendimiento para imaginar como es aquel fuego tan poderoso en el alma, que sala fuera de ella y abrasaba su sacratsimo cuerpo destrozado y llagado por todas partes de puro amor, tan igual y extendi do para con todos, que del centro de su regalado pe cho salan vivos rayos de amor, que iban parar cada uno de los hombres, pasados, presentes, y por venir, ofreciendo su vida por el rescate de ellos. Mos- trsele aquel amorossimo Corazn atravesado con el cuchillo de dos filos, de ver Dios ofendido y los hombres perdidos por el pecado; lo que entraa- 1 Vida y maravillosas virtudes de Doa Sancha Carrillo, por el P. Martn de Roa, de la Compaa de Jess.Sevilla, 1618. 2 Abrasado sol de la caridad de Jesucristo es su Corazn ' vivo informado por su alma ardiente. 46. blerriente le lastimaba por el inestimable amor que Dios tena y los hombres por l, deseando la sa tisfaccin de la honra divina y la redencin del lina je humano, aunque fuese tan su costa.1 Ante esta visin, la santa doncella prorrumpi en amorosas imprecaciones, conjurando todos los hom bres -que acudiesen por remedio de todas sus ne cesidades al sacratsimo Corazn de Jess; y con es tas ansias del bien de sus hermanos y de la gloria di vina, aquella alma bienaventurada, con milagrosa paz y sosiego de corazn, con gran dulzura y suavidad de espritu, fu unirse con su divino Esposo en 13 de Agosto de 1537, la edad de veinticuatro aos y medio, tan bien empleados como logrados en Dios. Amantsima del sagrado Corazn fu tambin Do a Ana Ponce de Len, condesa de Fria. Naci en Marchena, viernes 3 de Mayo de 1527, y falleci en el convento de Santa Clara de Montilla en 26 de Abril de 1601. Quince aos, no ms, contaba cuan do di su mano al conde de Fria, gran privado del emperador Carlos V. En su nuevo estado recibi mu chas gracias del divino Corazn, en especial una muy singular; y fu que estando ella en muy devota ora cin se le apareci su Divina Majestad, y le mostr el Corazn herido, y con semblante amoroso y alegre le dijo: Que de su amor era aquella herida, y en re torno la quera toda para s. Merced y beneficio tan 1 El P. Martn de Roa, en su libro citado. 47. soberano, que en aquel punto le pareci que se ha ba renovado toda interiormente, y trocado como en otra mujer con tan inefable suavidad en el alma, tan humilde alegra en el corazn y un fuego tan vivo del amor divino, con un olvido tan grande de todo lo de la tierra, que ni acertaba ni se hallaba pensar en otra cosa que en Dios, y tras l slo se le iba el al ma y la vida.1 Qu mucho, pues, que joven, viuda y duea en teramente de sus acciones diese al mundo un espec tculo que no tard en seguir la santa fundadora de las monjas de la Visitacin, Juana Francisca Fremiot de Chantal? Su firme resolucin de tomar el hbito y profesar en el monasterio de Santa Clara de Mon* tilla; caus en el mundo asombro tan general, como el ejemplo de abnegacin, casi coetneo, dado por San Francisco de Borja. Este gran Santo, cada vez que pisaba el umbral de aquel monasterio, sola de cir que senta en s un respeto y veneracin ms que humana por la Condesa que viva en l. A la Condesa de Fria y Doa Sancha Carrillo, tan amantes y favorecidas del sagrado Corazn, no fu inferior la venerable virgen Doa Marina Esco bar, natural de Valladolid. Fundadora de las Reco letas de Santa Brgida, naci esta gran Sierva de Dios en 8 de Febrero de 1554, y falleci la edad de se- 1 V ida de Doa A na Ponce de L e n /' por el P . Martn de R oa . Sevilla, 1615. 48. tenta y tres aos. Suyo es el relato de la revelacin siguiente: Y estando diciendo estas y otras cosas fervorosas, vi que Cristo nuestro Seor abri su sagrado pecho y me mostr su santsimo Corazn, encendido y hecho un fuego de amor sus criaturas, con una luz muy clara,para que viese all el amor con que nos am y nos ama. Como si dijera: M ira! este amor y este Co razn tengo para con vosotrosZ1 Y luego me comuni c una centellica de aquel amor suyo, con la cual en cendi mi alma, mucho ms de lo que estaba, en su divino amor; y qued con mayor luz y claridad de la persona de Cristo nuestro Seor. Y as le deca: Se or mo, quien no te conoce, no conoce cosa buena. Porque la experiencia me ensea que este Seor es gran maestro, muy sbio y poderoso, que sabe y puede de los males sacar bienes, de las tinieblas luz; y que es muy largo y magnfico en cumplir sus promesas, pues habiendo dicho que medida de los desconsuelos sern los consuelos, veo yo ser mucho mayores los consuelos y bienes que me ha comuni cado, que no la tribulacin y pena en que me permi ti que hubiese estado.2 1 Expresin notabilsima, con que debera ilustrarse la cle bre revelacin hecha la beata Margarita Mara Alacoque, 2 Vida maravillosa de la venerable virgen Doa Marina Es cobar, por el P. Luis de la Puente, de Ia Compaa de Jess. Madrid, 1666. 49. Para dirigir almas tan adictas su amorossimo Corazn, como fueron la venerable Marina Escobar, la Condesa de Fria y Doa San-cha Carrillo, esco gi el Seor tres grandes maestros de espritu, el P. Juan de Avila, Fr. Luis de Granada y el P. Luis de la Puente, quienes tan gran parte cupo en el fomento de la piedad espaola y an europea, y en cuyas obras se encierran ricos tesoros de profunda sabidura y divinal aliento sobre la naturaleza, utili dad y excelencia del culto que debemos al sagrado Corazn. No terminaron aqu tan soberanas manifestacio nes de su amor esta tierra clsica del Catolicismo. Una vez ms haba de cumplirse, pero de un modo extraordinario, la revelacin de N uestro Seor la beata Margarita Mara, de que haba elegido espe cialmente la Compaa de Jess como propio ins trumento para la propagacin del culto y amor su Corazn divino.1 A mediados del siglo X V III vivia en el colegio de San Ambrosio de Valladolid un joven de alma ange lical, que por sus virtudes era considerado como un vivo retrato de San Luis Gonzaga. Su amor Dios era verdaderamente serfico; su oracin elevadsima hasta la comtemplacin ms sublim e; su obediencia, ciega; su humildad, profunda; su paciencia, invicta; 1 Yase el libro Ttulos de la Compaa de Jess para con el divino Corazn. Barcelona, Tipografa Catlica, 1875. 50. ardientes sus ansias de padecimintos y trabajos; en una palabra, su vida era uno de aquellos prodigios que la divina gracia produce de vez en cuando en el mundo para alumbrarle y encenderle. Tal era el V. P. Bernardo de Hoyos, de la Com paa de Jess.1 En la tarde del 3 de Mayo de 1733 fu cuando empez conocer la devocin al Sagra do Corazn. Haba tomado el libro De cultu Coris Jesu, cuando los pocos instantes de lectura sent en mi espritu (escribe el mismo Bernardo) un mo vimiento extraordinario, fuerte, suave, y nada arre batado ni impetuoso, con el cual me fui al instante delante del Santsimo Sacramento ofrecerme al Co razn de Jess para cooperar cuanto pudiese, lo menos con la oracin, la extensin de su cultor Al da siguiente, adorando la sagrada Hostia en el santo sacrificio de la misa, oy una voz interior, cla ra y distinta, que le dijo: Quiero extender por tu medio el culto de mi Corazn sacrosanto, para comu nicar muchos mis dones por medio de mi Corazn. 1 Naci de nobles padres en Torrelobaton, provincia de Fa lencia, en 21 de Agosto de 1711, y entr en la Compaa en el Noviciado de Villagarcia.de Campos en 11 de Julio de 1726. Es cribi su vida el P. Juan de Loyola, de la misma Compaa, en su magnfico libro El Corazn sagrado de Jess descubierto nuestra Espaa en la breve noticia de su dulcsimo culto.' Lstima que esta obra permanezca en completo olvido, hasta el punto de que son muy contados los ejemplares que de ella se conservan ! 51. Al da inmediato le hizo Jess en la oracin un fa vor semejante al que comunic la bienaventurada Alacoque, mostrndole su Corazn abrasado en lla mas de amor divino, y condolindose de lo poco que los hombres le amaban. Renov el Seor la eleccin que haba hecho de l para extender el culto de su Corazn, y le mand que comunicase este designio con sus superiores, y que procediendo con pruden cia santa y amante celo, lo remitiese todo su Divi na Providencia. En el domingo inmediato la fiesta de San Mi guel, sinti presente, como sola, despus de haber comulgado, este celestial Prncipe, que le confirm las promesas que le baba hecho el Seor, y le ofreci su asistencia en las dificultades que se opondran la extensin del culto del Corazn de Jess. Des pus se me mostr, dice el P. Bernardo en una de sus cartas, por una admirable visin imaginaria, el divino Corazn de Jess arrojando llamas de amor, de suerte que pareca un incendio de fuego abrasa dor de otra especie que este material. Para encender ms el Seor su Siervo en los deseos de propagar el culto del divino Corazn, introdujo y en cierto mo do encerr el corazn de Bernardo en su defico Co razn, mostrndole los tesoros y riquezas deposita das en aquel Sagrario de la Santsima Trinidad, y el ardiente deseo que tena de comunicarse los hom- ,bres. Siguironse esta maravillosa visin inexplicables 52. luces, gozos y delicias. Repitise la misma visin el da de la Ascensin gloriosa del Seor los cielos, viendo distintamente la herida d la lanza, la cruz en la parte superior, y la corona de espinas con que es taba rodeado el sagrado Corazn, convidando su Siervo el amantsimo Jess ;que entrara dentro de El. Hzolo as con humildad profunda, y, anegado en celestiales gozos, peda la Santsima Trinidad la fiesta del Corazn de Jess, especialmente para Espaa. Oy al instante una voz que le dijo: Rei nar en Espaa, y con mayor veneracin que en otras partes. El da de Todos los Santos, escribe el P. Hoyos en otra carta, me senta por un modo singular junto al Corazn de Jess y como recostado la puerta de la herida. Encendise mi espritu en un fuego manso, pero tan ardiente, que pereciera entre sus llamas si el Seor no me fortaleciera; y quedando to da el alma en aquel paso de sepultura interior, se explicaba con el Eterno Padre en un lenguaje de fue go, presentndole el Corazn soberano de su Uni gnito, y pidiendo con las mayores veras concediese ya su Iglesia este favor, que en ella se solemnizase pblicamente el culto de este Corazn divino. A este tiempo se me mostr por visin intelectual cmo to dos los Bienaventurados se admiraban, gozaban y complacan en las excelencias de este cielo animado (el Corazn de Jess), de suerte, que despus de la visin beatfica no haba en la Gloria cosa que ms 53. arrebatase los afectos que este Corazn divino, ni les comunicase mayor gloria accidental que su pre sencia. Entend tambin que toda la celestial Corte, postrada.ante el Trono de la Santsima Trinidad, pe- * da lo mismo que yo suplicaba, diciendo que ya era tiempo se descubriesen la Esposa las riquezas y finezas de su divino Esposo. Aqu, por un modo muy alto, conoc que el Padre Eterno expeda el decreto en que se condescenda con los deseos de toda aque-. lia soberana Corte. Con tan extraordinarios favores se abrasaba el co razn del P. Hoyos en el amor ms ardiente al de Jess, y deseaba ahrasar todo el mundo en los mis mos sagrados ardores. Para conseguirlo no perdon piedra por mover y cuando los dos aos y medio de haber recibido del cielo el encargo de propagar en Espaa el culto del sagrado Corazn, falleci vc tima del fuego del divino amor que le consuma, es ta devocin haba hecho tan rpidos progresos, que no quedaba provincia, reino, ni ciudad de esta na cin que no la hubiese recibido con empeo.2 1 Slo su correspondencia, la coleccin de sus cartas relati vas al Divino Corazn, podra llenar un grueso volumen. 2 El P. Hoyos falleci en el colegio de San Ignacio, en Valla- dolid, el 29 de Noviembre de 1735, cuando slo contaba 24 aos. Hemos consignado solamente algunos de los celestiales favores que recibi del sagrado Corazn, pues de otro modo nos habra mos hecho interminables. 54. Pidamos Jess que reine siempre en Espaa y haga de nuestra patria la hija predilecta de su C o razn; que destierre de su seno la impiedad, la blas femia, el libertinaje y la indiferencia; que consolide y vivifique aquella fe ardiente, generosa y fecunda que le mereci el glorioso ttulo de Catlica. Y. pues el Seor ha prometido derramar con abundancia sus bendiciones sobre aquellos que honraran su Cora zn adorable, tengamos firme esperanza en el feliz porvenir de nuestra patria, que tanto se esmera en practicar y propagar la devocin y el culto al sagra do Corazn de Jess. IX Tines admirables de la Providencia en la revelacin del sagrado Corazn Dios todo lo hace oportunamente. Su sabidura ha brillado al par de su misericordia, dando la Iglesia el divino tesoro del Corazn de Jess en tiempos en que sta ms haba de necesitarlo. El mismo Salva dor lo dijo primero Santa Gertrudis, y despus la beata Margarita Mara: Mi divino Corazn est des tinado para los ltimos tiempos. No hay que dudarlo: todas las seales indicadas por el Hijo de Dios en el Evangelio de San Mateo, (cap. X X IV ) se renen, se acumulan, por decirlo as, 55. con espantosa evidencia: la fe disminuye y se apaga en muchos; el. Evangelio ha sido ya predicado casi en todas partes; las sociedades cristianas han apostata do todas; guerras horribles, luchas de pueblo contra pueblo, de nacin contra nacin, hacen temblar al mundo; brotan milagros de todas partes; un conjun to extraordinario de profecas, muchas de ellas in dudablemente autnticas, se une un secreto instin to de las almas santas; finalmente, los tres misterios que parece deben servir de refugio la Iglesia de Dios en las supremas tribulaciones, el misterio de la infalibilidad del Papa, el de la inmaculada Concep cin de Mara, el del sagrado Corazn de Jess, do mina la tempestad universal levantada contra todo lo que es catlico, dando los verdaderos fieles fijeza en la fe y en la obediencia, la gracia de la inocencia necesaria para el triunfo, y el don de una caridad, de una misericordia y de una reparacin absolutamente divinas. Todo nos indica la proximidad ms menos inmediata de esos ltimos tiempos predichos por el Dios del sagrado Corazn. En los tiempos precedentes, para cada nuevo mal el Salvador sacaba al punto un remedio saludable del tesoro de su Corazn; pero en nuestro tiempo, en que todas las negaciones y todos los males an tiguos vienen concentrndose, unindose estecha mente bajo la bandera de la Revolucin y del anti cristianismo, Jess se digna abrirnos y darnos todo entero ese mismo Corazn, ese precioso tesoro, con 56. todo lo que contiene. Es el ltimo esfuerzo de su amor; el remedio supremo y universal. S, el sagrado Corazn es lo que necesita, la Iglesia en estos tiempos extraordinarios. A grandes males, grandes remedios; un mal extremo hay que apli carle el remedio ms eficaz. La Europa cristiana es t gangrenada hasta el corazn; para evitar, pues, la muerte, es preciso que los fieles vayan buscar Ia vida en su fuente, penetrando en el Corazn del Rey de los cielos. Cuanto ms penetremos, con ms verdad podr decirse: No hay salvacin fuera del Corazn de Jess. Vislmbranse los fines admirables de la Providen cia al retardar la manifestacin del sagrado Corazn hasta fines del siglo XVII, hasta aquella poca en que Satans iba suscitar Voltaire, Rousseau, la francmasonera, el atesmo filosfico, la Revolucin propiamente dicha, es decir, la gran rebelin de la sociedad contra la Iglesia, del hombre contra el Hijo del hombre, de la tierra contra el cielo. Al terminar el siglo X V II Ia hereja quiso destruir en la teora y en la prctica el Sacramento del amor, y por consiguiente el amor mismo, el amor santo y confiado que nace de la Comunin. A los fariseos de los ltims tiempos Jess opone Ia revelacin de su Corazn adorable, rebosando dulzura y humildad, fuente inagotable de ternura, de caridad, de mise- cordia, de verdadera santidad y de verdadero amor. La impiedad en el siglo XVIII levanta un grito sa 57. tnico, grito de guerra contra Jesucristo: Aplaste mos al infame! y con sus sofismas, con su propagan da infernal y universal, perturban las inteligencias. Qu har Jesucristo? El, que ha hecho al hombre y que le conoce, va derecho su corazn y se le mani fiesta bajo su forma ms poderosa, ms ntima, ms seductora: como soberano Amor. Le entrega su Co razn divino; y por el corazn le arranca las mor tales seducciones del entendimiento. En efecto, nada ms fuerte que el amor; y por la revelacin de su sa grado Corazn Jess se har amar. Admirable ardid de guerra! Hay ms;: aquellas grandes blasfemias van dar por fruto grandes crmenes; la secta anticristiana va conmover la Iglesia hasta sus cimientos; una per secucin salvaje va destruir las antiguas institucio nes catlicas de Europa; hace rodar por el cadalso la cabeza de Luis XVI, cierra los templos, degella sacerdotes y obispos, destruye las Ordenes religio sas, hace subir una prostituta en los altares, conduce al Papa al destierro (Po VI) y le hace morir en l; inaugura una sociedad nueva sin fe, sin Dios, sin Je sucristo; propaga por todo el mundo esa gran blas femia que se llama la separacin de la Iglesia y el Estado; extingue en millones y millones de almas la vida de la gracia. A esos crmenes que provocan necesariamente las represalias de la Justicia divina, esos sacrilegios pblicos y hasta entonces inauditos, Nuestro Seor 58. Jesucristo opone una expiacin cuya santidad sobre puja y sobrepujar siempre la perversidad huma na; revela, inaugura el culto pblico de su sagrado Corazn, y este culto mil veces bendito, esencialmen te expiatorio y reparador, va propagarse de tal suerte, que all donde abund el delito, sobreabun dar la gracia siempre. Inspire Satans cuanto quie ra los demonios en carne humana que desde hace ms de cien aos hacen resonar el mundo con sus blasfemias, insultan y pisotean la santsima y adora bilsima Eucarista; incteles blasfemar de la Sant sima Virgen, asesinar sacerdotes, cometer toda clase de crmenes: todo en vano: la Iglesia tiene de hoy en adelante un medio de reparacin ms pode roso que todas las maquinaciones del infierno: tiene el sacratsimo Corazn de Jess, el Corazn del mismo Dios. Por estas y otras muchas razones que sera de masiado largo exponer aqu, la misericordiossima Providencia se manifest de un modo admirable re velando el culto del sagrado Corazn al fin del si glo XVII. Adase esto que cuando la santsima Virgen se apareci el 19 de Septiembre de 1846 en la mon taa de la Saleta, fin de salvar, si era posible, la sociedad, declar, entre otras cosas, que la propaga cin del culto del sagrado Corazn sera uno de los medios de que Dios se servira para combatir el an ticristianismo y santificar los fieles, sus escogidos 59. de los ltimos tiempos. Esta revelacin ha contri buido mucho propagar por todas partes el amor y el culto del sagrado Corazn. Entremos en esta corriente de fe, que es el cami no de salvacin. Escuchemos la voz de la Iglesia; escuchemos las advertencias de la santsima Virgen; creamos, aceptemos con amor la palabra de Nuestro Seor. S, el sagrado Corazn es el misterio de es tos ltimos tiempos. Pero fin de penetrarnos ms de las inefables excelencias del sagrado Corazn, y por consiguiente de la excelencia del culto y de la devocin que se le tributan en la Iglesia, contemple mos de ms cerca con los ojos de la fe, y con la felicidad y alegra del divino amor, ese^Corazn aman- tsimo y mil veces adorable de Nuestro Seor Jesu cristo. Corazn santo, T. rein ars, T nuestro encan to Siem p re sers. I Dela inefabley divina excelencia del sacratsimo Corazn de Jess El mundo se compone de dos especies de criatu ras: almas y cuerpos. Fuera de Dios, Padre, Hijo y Espritu Santo, Creador del universo, no existe 60. ms que el mundo de las almas y el mundo de los cuerpos. As pues; el mundo de los espritus fu criado por Dios segn un tipo, un modelo perfecto, que es co mo su centro; y este tipo, este ejemplar, es el alma santsima que el Hijo eterno de Dios se dign unir s cuando se hizo hombre en la plenitud de los tiempos. A imagen y semejanza de esta alma sagra da, Dios, para quien todo es presente, cre desde el principio todos los Angeles, y tambin las almas de nuestros primeros padres. Y imagen y semejanza del alma de su Hijo ha creado y contina creando el alma humana. Lo mismo sucede con el mundo de los cuerpos, el mundo material: el cuerpo adorable que el Hijo de Dios deba tomar un da en el seno de la Virgen, ha sido el tipo, el modelo segn el cual Dios cre primeramente el mundo, y despus al hombre, rey del mundo. S, el cuerpo de Adn fu formado en el paraso terrenal segn el modelo del cuerpo per- fectsimo que el Hijo de Dios deba unir un da su alma y su persona divina. As la humanidad de Jesucristo es, en el plan de la creacin, como el centro y la razn de ser de to das las criaturas, principalmente de los Angeles y de los hombres. Es enteramente imposible referir las excelencias de esa humanidad hecha humanidad del Hijo de Dios; de esa alma y ese cuerpo de tal modo unidos la 61. persona eterna de este mismo Hijo de Dios, que, sin confundirse en lo ms mnimo con su divinidad, forman con ella una sola y nica persona divina, eter na, infinita. No; jams, ni en este mundo ni en el otro, podrmos comprender plenamente el misterio infinito de Jesucriste; jams podremos adorarle tan perfectamente como se merece; jams le admirare mos, le amaremos y bendeciremos tanto como me rece ser bendito, amado y admirado. La humanidad de Dios! Un alma y un cuerpo creados, convertidos en alma y cuerpo del mismo Dios, y por consiguiente, adorables, divinos....../ Qu abismo de grandeza! qu misterio! Pues bien, en esa humanidad adorable y toda divi na hay algo todava ms digno de adoracin, si es per mitido hablar as; en ese abismo de santidad y de majestad hay algo ms santo, ms sublime, ms ex celente: hay el Corazn de Nuestro Seor, Creador y Redentor Jesucristo. S, en la humanidad adora bilsima de nuestro Dios debemos colocar sobre to do su sacratsimo Corazn. En Jesucristo, como en nosotros, el corazn es efec- tivamete el rgano ms noble y ms delicado, es como el resumen y, por decirlo as, el centro vivo, la mdula de todo el cuerpo. El alma, que anima al cuerpo y ejrce sus diversas facultades por los dife rentes rganos del mismo, ejerce por el corazn la ms sublime de todas; Ia facultad de amar. El alma piensa por medio del cerebro y en unin con el ce 62. rebro; siente por los nervios, que se extienden en ttodos nuestros sentidos' pero por medio del cora zn, slo por el corazn, es como ama. De aqu la excelencia supereminente del corazn ; de aqu tam bin el lenguaje universalmente usado entre los hom bres y empleado por el mismo Espritu Santo en las divinas Escrituras, en que se presenta el corazn como el compendio de la persona. Tener buen co razn es ser bueno; tener mal corazn es ser malo. Tener corazn es ser generoso, desprendido; no te ner corazn es ser egosta, malvado. El corazn es el hombre entero, considerado en lo que hay en l de ms excelente. As, pues, repito, lo mismo sucede en ese Hom- bre'nico, divino, que es Dios, Jesucristo. El Cora zn de Jesucristo es, si as puede decirse, lo que hay ms adorable en su adorable humanidad, lo ms di vino inefable en su divinsimo inefabilsimo cuer po. Su Corazn es el rgano vivo de su amor; y su amor es el amor infinit de Dios encarnado. Oh santa humanidad de mi Salvador! Oh san tsimo Corazn de mi adorable Jess! Os amo y me postro en vuestra presencia con el rostro en tierra. 63. Que el Corazn de Jess es el foco vivo del amor universal En 1670, el venerable Obispo de Evreux, al apro bar para su dicesis el culto del sagrado Corazn y el Oficio compuesto este efecto por el P. Eudes, se expresaba as: Siendo el Corazn adorable de Jesucristo un horno de amor su Padre y de cari dad por nosotros, siendo adems la fuente de una infinidad de gracias respecto de todo el gnero hu mano, tienen todos los hombres, especialmente los cristianos, estrechsima obligacin de honrarle, ala barle y glorificarle de todas las maneras posibles. En el mismo ao deca el Obispo de Coutances: Siendo el Corazn adorable de nuestro Redentor el objeto de la dileccin y complacencia del Padre de las misericordias, y estando recprocamente todo abrasado de santo amor hacia este Dios de consola cin, como tambin est todo inflamado de caridad hacia nosotros, todo ardiendo de celo por nuestra salvacin, todo lleno de misericordia por los peca dores, todo lleno de compasin por los miserables; y siendo el principio de todas las glorias y felicida des del cielo, de todas las gracias y bendiciones de la tierra, y una fuente inagotable de toda suerte de fa vores para los que le honran; deben todos los cris- 64. tianos esforzarse en tributarle todas las veneraciones y adoraciones que sea posible. Nada ms cierto que esta doctrina. El Espritu Santo es el Amor mismo; el A m or r eterno, sustancial y viviente. Por tanto E l reposa plenamente en el alma santa de Jess: es como la luz que est toda condesada en el sol, y desde don de se esparce por el mundo. Mas no amando el al ma del Hijo de Dios sino por medio del Corazn, al cual est unida, resulta que el Corazn sagrado de Jess es el foco visible del amor divino en medio del mundo. Es, como dice San Bernardino de Sena, el horno ardentsimo de la caridad que inflama y abra sa al universo.1 Y el fuego de este horno es el E s pritu Santo, es el eterno Amor. El Espritu de amor reposa y vive en el Corazn de Jesucristo, como una paloma en su nido. A rde con vivas llamas en este Corazn inefable, desde el cual se derraman en el corazn de todo lo que es capaz de amar. El Corazn de Jess es ante todo el foco del amor de Dios. Nuestro Seor ama su Padre con amor ab solutamente divino, puesto que El es Dios lo mismo que su Padre, y ama Dios con el alma y el Cora zn de un Dios. Todo este ocano de amor sin fon 1 Fornax ardenlissimse cliaritatis, ad inflanimauduin et incen- denlum orbem terrarum. (Sna. de Passioue Douiiui, part. II, tit. 1 .) 65. do y sin lmites pasa por el Corazn del Hijo de Ma ra, y de all va perderse eternamente en el sena del padre. Como un torrente irresistible, primero lie na y despus arrastra en pos de s todas las cria turas, Angeles y hombres, que quieren amar Dios.. Todo el amor de Dios, que hace palpitar el Corazn de la santsima Virgen, el corazn de los Serafines,. Querubines, Arcngeles y Angeles; todo el amor que ha santificado los Patriarcas, Profetas, Santos y fieles del Antiguo Testamento; todo el amor de los Apstoles, Mrtires y fieles de la Ley de gracia, todo este amor emana del sagrado Corazn de Jess, como de una fuente inagotable, infinita. En el mun do de las almas el Corazn de Jesucristo es el sol del amor de Dios. Oh Salvador mo! Vos me entrego para unirme al amor eterno, inmenso infinito que tenis vues tro Padre. Oh Padre adorable! Por la Encarnacin, la gracia y la Eucarista me habis dado vuestro Hijo muy amado; mo es, su sagrado Corazn me pertenece. Os ofrezco, pues, todo el amor eterno, inmenso infinito de vuestro Hijo Jess, como un amor que es mo. Y del mismo modo que Jess nos dice: Os amo como mi Padre me ama,1 puedo yo tambin deciros, oh mi divino Padre: Os amo como vuestro Hijo os ama. 1 Sicut dilexit me Pater, et, ego lilexi vos. (.Joan. XV, 9.) 66. Oh! qu gracia la de ser miembro de Jesucristo, y as poder amar por su Corazn, amar con su Co razn! El divino Corazn de Jess es igualmente la fuen te del amor de la santsima Virgen. Despus de su Padre celestial, nada ama tanto Jess como su san ta Madre; ms bien, como verdadero hijo suyo, la ama con el mismo amor con que ama su Padre, no separndoles jams en sus divinas ternezas. Y aqu tambin es por su Corazn, por medio de su Cora zn, como el Verbo encarnado ama la santsima Virgen, y comunica este filial amor todos los cora zones que se le sujetan. El amor que tenemos la Virgen Mara, el amor cor. que la amaremos en el cielo por toda la eternidad, dimana, pues, como de su origen, del Corazn de jess. Y lo mismo sucede con todo amor puro y legti mo, en el cielo y en la tierra: proviene de la Fuente nica, de la Fuente viva del amor; del amantsimo y adorabilsimo Corazn de nuestro Salvador. Con de masiada frecuencia ay! abusamos de este tesoro y apartamos de su verdadero objeto el amor que nos tiene nuestro Dios; pero, en s mismo, este amor no por eso deja de ser un don pursimo, y profanarle es un verdadero sacrilegio. De este modo, el Corazn que un tiempo palpita ba en la tierra y que palpita eternamente en el cielo en el sagrado pecho de Jess, es el foco adorable y adorado del amor de Dios y del amor de las cria- 67. turas. O h! cunto debemos amarle! Cmo debe mos precipitarnos y perdernos amorosamente en es te abismo de amor! Pero, Salvador mo, soy pobre y miserable, y no puedo lanzar, como convendra, mi corazn sobre vuestro Corazn. Haced por m, Jess misericordio so, algo de lo que habis hecho por algunos de vues tros escogidos; dignaos recibir mi dbil corazn, y abismarlo, como el de vuestra sierva Margarita Ma ra, en el vuestro que est ardiendo de amor. Abra sadlo, derritid el hielo de su egosmo natural, y no me lo devolvis sin que est transformado en una lla ma de amor, que en adelante me haga amar todas las cosas como Vos y en Vos. XII Cmo la santsima Trinidad vive y reina en el Corazn de Jess El sagrado Corazn de Jess es el santuario vivo de la santsima Trinidad, que en l vive y reina en toda su plenitud: prueba verdaderamente divina de su inefable excelencia. El Padre eterno reside en este Corazn admira ble, como en el corazn de su amadsimo Hijo, en quien tiene todas sus complacencias. El Padre engendra eternamente su H ijo; le co 68. munica eternamente su vida eterna; as, pues, vive y reina con l en el tiempo, en su santa humanidad, con esta misma vida enteramente divina que le da en la eternidad. El Corazn de Jess es, en efecto, co mo consecuencia de la unin hiposttica, el Corazn mismo del Hijo eterno del Padre. Qu infinita gran deza! Cunto debe amar el Padre celestial al divino Corazn de Jess! Oh buen Jess, grabad Vos mismo la imagen de vuestro dulcsimo y humildsimo Corazn en nues tros pobres corazones. Haced que estos tampoco vi van sino vida de amor hacia vuestro padre celestial, que por Vos y en Vos se ha hecho nuestro verdade ro Padre. El Verbo eterno vive y reina en este Corazn real, que le est unido con la unin ms ntima que pue de concebirse, es decir, con la unin hiposttica. En virtud de esta unin, este Corazn, Corazn de car ne, Corazn creado, es el verdadero Corazn del Verbo eterno, y es digno de la misma adoracin que se debe al Verbo, que se debe Dios. - Qu reinado el del Hijo de Dios en su sagrado Corazn! En el hombre el corazn es el principio de la vida, el asiento del amor, del odio, de la ale gra, de la tristeza, de la clera, del temor y de to das las dems pasiones del alma. En el Corazn de Jesucristo estas pasiones no tenan ciertamente el carcter desordenado que tienen en nosotros, pues estaban siempre y absolutamente sumisas su san- 69. tsima voluntad; pero existan plenamente en l, y estaban maravillosamente sujetas la divina volun tad del Verbo eterno. Cun hermoso reino! Oh Jess! No sois Vos con pleno derecho Rey de mi corazn? Vivid en l, y reinad as sobre mis pasiones. A y ! no estn ellas en m, como en Vos, sujetas vuestra santa voluntad. Unidlas las vues tras perfectsimas, y no permitis que sigan jams otra conducta que la vuestra, ni obren por otro fin que por vuestra gloria. La tercera Persona de la augusta Trinidad, el E s pritu Santo, inseparable del Hijo y del Padre, vive y reina igualmente en el Corazn de Jess de un modo inefable. Este Espritu de amor concentra en l los tesoros infinitos de la ciencia y sabidura de Dios; le llena en sumo grado de todos sus dones, segn estas divinas palabras de la Escritura: Y re posar en l el Espritu del Seor; Espritu de sabi dura y de entendimiento, Espritu de consejo y de fortaleza, Espritu de ciencia y de piedad, y le llenar del Espritu de temor del Seor.1 El Espritu Santo fecundiza el Corazn de Jess y le hace producir, como una tierra divina, los frutos tan deliciosos y suaves que nos enumera el apstol san Pablo: Los frutos del Espritu Santo son: caridad, gozo, paz, pa 1 Et requiescet super eum Spiritus Domini: Spiritus sapientia et intellectus, Spiritus consilii et fortitudiins, Spiritus scientiae et pietatis, et replebit eum Spiritus timoris Domini. (Isni. XI, 2.) > 70. ciencia, benignidad, bondad, longanimidad, manse dumbre, fe, modestia, continencia, castidad.1 Inseparables unas de otras, y no siendo ms que un solo Dios, las tres divinas Personas viven, pues, y reinan juntas en el Corazn del Salvador como en el trono ms sublime de su amor, el primer cielo de su gloria, el Paraso de sus ms gratas delicias. En l derraman, por decirlo as, porfa, con sobre abundancia, y profusin inenarrables, luces incom prensibles, inmensos ocanos de gracias, torrentes mancha; un corazn consagrado vuestra gloria, y vctima de vuestro amor. Por mi parte os prometo- reparar en adelante tantas irreverencias y sacrilegios con mi modestia en el templo, con mi solicitud en visitaros, con mi devocin en recibiros. Seor, con cededme esta gracia, aumentando mi amor hacia Vos. Amen. ACTO DE CONSAGRACION AL CORAZON DE JESUS Oh Jess mo, postrado en vuestro acatamiento me entrego vuestro divino Corazn, en agradeci miento de todos los beneficios que habis dispensa do los hombres, y particularmente de la inestima ble merced que nos habis hecho quedndoos en el Santsimo Sacramento. Quiero dedicarme dilatar la gloria de este Corazn adorable, fin de reparar en cuanto dependa de m los ultrajes que os han he cho y os harn los pecadores hasta el fin del mundo. Os amo, Jess mo, por todos los que no os aman. Os 179. conozco por todos los que no quieren conoceros. Os adoro por todos los que no os adoran. Os alabo, bendigo, honro y glorifico por todos los que os des precian. Aceptad, oh Corazn sagrado, todos mis pensa mientos, mis deseos, mi voluntad, mi memoria, mi libertad y toda mi vida. No puedo ofreceros ms: ojal fuese yo dueo de los corazones de todos los hombres para poder presentroslos en homenaje! Oh Seor, todos los instantes de mi vida os pertenecen, y todas mis acciones son vuestras; no permitis haya en ellas ninguna cosa que les haga indignas de vues tro adorable Corazn. Oh Jess mo, reinad en m como soberano dueo, y haced que encuentre en vuestro sagrado Corazn, modelo perfecto de santi dad, mi fuerza, mi consuelo y esperanza. Amen. 180. DILOGO E N T R E J E S U S Y E L A L M A D E V O T A Jesucristo. breme tu corazn, hija ma, esposa ma amada. E l alma. Es m quin os dignis dirigir estas palabras, oh Dios mo? No soy ms que un abismo de miserias, y os dignis llamarme esposa vuestra amada: yo no me atreva levantar los ojos vues tro Corazn tan puro y tan santo, y en cuanto me presento Vos me prodigis los ms insignes favo res. Soy bastante feliz para atraer sobre m vuestras miradas. Qu gloria y qu dicha, oh Dios mo! Es posible que no desechis una criatura tan culpa ble como yo? Ah! puesto que os dignis sufrirme en vuestra presencia, puesto que hasta me mandais que os ofrezca mi Corazn, obedezco: mi corazn est abierto para Vos. Lejos de m, vanas criaturas; de jadme conversar con mi Dios y beber en su Corazn el verdadero amor. 1 Mensajero del sagrado Corazn de Jess, tomo X V II. Barcelona, Viuda hijos de J. Subirana, calle de la Puerta- ferriBa, Dimero lt. 181. Jesucristo. Heriste mi Corazn, hija ma querida; heriste mi Corazn. . E l alma. Cmo puede ser, oh mi Dios, que vues tro amor os haya hecho tomar un corazn semejan te al mo?....... Lo comprendo. Vos habis tomado ese Corazn para sentir todas mis miserias; habis permitido que fuese-trtravesado en la cruz delante de todo el mundo fin de que nadie-ignorase el ex ceso de vuestra ternura. Hasta en el cielo ostentis aquella gloriosa llaga: jams se cerrar la cicatriz de vuestro Corazn; ella ser siempre la seal triunfan te de vuestro amor. Oh divino Corazn! herid el mo; haced en l una llaga tan profunda que se abra todo Vos: heridle con el mismo hierro que atrave s el vuestro,, fin de que manen de l.las aguas de una sincera penitencia. Mas ay! esta criminal os ha abierto una infinidad de llagas dolorosas por su ingra titud y su infidelidad. Y o he herido vuestro Cora zn con mi dureza, y lo he atravesado abriendo el mo al criminal afecto de las criaturas. Oh Esposo celestial! arrancad de mi corazn esta vergonzosa fle cha, y atravesadlo con la de vuestro amor. Jesucristo. No partas ya ms tu corazn con otros objetos; dmelo todo entero; yo lo quiero. E l alma. Hasta donde os humillis, oh Seor? Cmo! no os desdeis de pedir el corazn de la que no se ha avergonzado de rehusroslo Vos pa ra drselo al pecado? Cunta ternura por vuestra parte! Mas, qu es, oh Dios mo, en la actualidad 182. *ese corazn que me peds? Ay de m! estando como est lleno de manchas, cmo podris sufrirlo Vos que sois la santidad misma? Ah! Dios mo, cuntos desrdenes siento en este corazn miserable! cun to amor propio, cunto apego mi voluntad! qu inclinaciones hacia la tierra, qu disgusto por las co sas del cielo, qu de tibieza en vuestro servicio, qu de delicadeza para e.str. cuerpo que debe perecer] Mas ya, Seor, que os dignis pedrmelo, yo os lo ofrezco, oh Jess, nico objeto de mi ternura. Reci bidme, pues, en vuestro Corazn sagrado para que sea toda vuestra. Echadme en ese horno ardiente, para ser completamente consumida en vuestro amor. Hacedme comprender cunto debo amaros; conce- dedme la dicha de gozar siempre de vuestra presen cia, pues no deseo ms que Vos. jOh amor de mi Salvador! Vos sois esa agua viva de que tengo sed; mi corazn vuela hacia Vos con un ardor que hace su tormento. Abridme vuestro amable Corazn: aqu tenis el mo: os lo ofrezco por toda la eternidad: dad me en cambio, oh buen Jess, el vuestro. Jesucristo. S, hija ma, yo te doy mi Corazn; es- tdialo y copia fielmente sus virtudes. E l alma. Oh alma ma, recibe ese Corazn, abra- sado.en amor, y esfurzate en parecerte l...... Mira atentamente tu divino Modelo; contmplalo ele vado sobre la montaa y clavado en la cruz; penetra en el Corazn: ha sido abierto por una lanza fin de que puedas entrar en l: imita su amor, su manse 183. dumbre, su humildad, su caridad. Baja en seguida los ojos al suelo del Calvario, y lo vers regado con su sangre, y la vista de esa sangre derramada com prende por fin que el amor se manifiesta ms por las acciones que por los sentimientos. Vos queris, oh Salvador mo, que imite vuestras virtudes, y esto es lo que deseo ardientemente; mas haced que haga lo que me mandais. Oh Jess, vues tro Corazn es puro; salo igualmente el mo: vuestro Corazn es humilde; sea humilde el mi: vuestro Co razn es paciente; que el mo lo sea tambin: vues tro Corazn es dcil; haced que el mo lo sea: vuestro Corazn es todo amor; que se abrase el mo en amor vuestro, y que sea todo para Vos. Ay que no siem pre os ha estado consagrado! Desde este momento es todo vuestro, oh Dios mo, y espero que ser para siempre.' Jesucristo. El amor es fuerte como la muerte: sus lmparas son lmparas de fuego que las aguas ms abundantes no bastan apagar. E l alma. Vuestro amor por m, oh Salvador mo, ha sido mucho ms poderoso que el infierno, puesto que me ha librado de l, y que ha despedazado sus puertas para abrirme las del cielo, la sido mucho ms fuerte que la muerte, puesto que la habis des armado para darme la vida. Oh fuerza admirable del amor! pesar de ser Vos invencible, oh mi Dios, os desarma, detiene vuestro brazo levantado sobre los pecadores, los sustrae vuestra divina justicia 184. para entregarlos vuestra infinita misericordia. Lo reconozco ahora; si vuestra grandeza se dign hu millarse hasta querer unirse nuestra naturaleza, fu por nuestro amor; y por l fuerza de este mismo amor puede la criatura subir hasta Vos, y tiene el privilegio de poder entrar en vuestro Corazn. H aqu, alma ma, cmo nos ha amado jess! Las humillaciones, los sufrimientos, las espinas, los clavos, la cruz, el derramamiento de toda su sangre, he aqu las pruebas de su amor. Las llamas de ese amor son tan ardientes, que no bastaran apagar las todas las aguas de nuestras iniquidades. Mas dnde estn, oh alma ma, las seales de tu amor less? Qu has hecho por l? Dnde estn las vic torias que hss alcanzado sobre tus malas inclinacio nes? Dnde los trabajos que has emprendido, los sufrimientos que has sobrellevado para su gloria? Ay. Dios mo! cun dbil es mi celo y cun ln guido mi amor! Vuestros intereses se hallan ms que nunca abandonados, y aumenta de da en da el n mero de vuestros enemigos. Hme levantado para defender vuestra causa? Jesucristo. Existe, hija ma un dolor semejante al mo? He alimentado mis hijos y se han levanta do contra m: les he llevado en mi corazn, y lo han despedazado, ultrajado, abandonado: hanme cerca do los dolores de la muerte, y se han desencadenado contra m los furores del infierno. E l alma. Ah Seor! puedo pensar en ello sin mo 185. rir Je dolor? Inteligencias celestiales-, ngeles de paz,, llorad amargamente los oprobios- de que es vctima nuestro Dios, Uorad nuestra ingratitud para con uih Corazn que n-os lm amado tanto. Vos- vinisteis es te mundo, oh divino Jess, para buscar los hom bres y salvarlos; los ingratos huyen de Vos y os aban donan. Vos los colmis de beneficiosr y no slo abusan de ellos, sino que los emplean, contra Vos y contra ellos mismos. Vos estis siempre en medio de ellos, y parece como que ignoran vuestra presencia que la reconocen- tan solo para ofenderos. Vos les abrs vuestro Corazn, y ellos no entran en l sino para atravesarlo con mil dardos cada vez ms crue les. Ay, amable Salvador mo! acaso no soy yo mis ma culpable de todos esos crmenes? [Ah! cuntas heridas no he hecho vuestro Corazn yo, vuestra hija?........Q u ingratitud, qu perfidia, oh Salvador mo! Cmo dejais impunes tantos crmenes? Cmo vuestro Corazn ultrajado no se cierra para desco nocernos y rechazarnos? Cmo no se arma vuestro brazo vengador contra los culpables, para extermi narlos y perderlos? Ah! era necesario que bajseis la tierra para ser en ea tan indignamente trata do? Dios ultrajado, volveos al cielo: all recibiris las adoraciones de los Angeles y de los Santos. Mas no, Seor; permaneced siempre en medio de nosotros. Ah! qu sera de nosotros si abandonseis la tie rra? Vuestro Eterno Padre no tardara en derramar sobre nosotros la copa de sus enojos; y cmo esca 186. par entonces los golpes de su justicia? Corazn de Jess, vengaos como conviene hacerlo al Dios dlas misericordias: covertidnos, perdonadnos. Jesucristo. Me he obligado permanecer entre vosotros hasta la consumacin de los siglos; pero en medio del dolor que me aflige no tengo derecho esperar que venga alguno compadecerme siquiera en mis sufrimientos? Y sien embargo nadie se pre senta. E l alma. No, amable Salvador mo, Vos no seris por ms tiempo olvidado: yo me har un deber de imitaros y adoraros. Oh Corazn de Jess! siempre encendido de amor por nosotros, siempre dispuesto la misericordia, perdonadme el olvido de que me he hecho culpable para con Vos; perdonadme mi po co celo en hacer que seis conocido y amado; per donadme sobre todo los dolores que os he causado con mis irreverencias en el lugar s.into, con mis Co muniones tibias y sin preparacin, con el abuso que he hecho de vuestras gracias y de vuestra preciosa sanare: sea mi corazn anonadado si debe ser an& insensibl/para Vos. Corazn de Jess, yo os consa gro el resto de mis das. Quisiera que todas las cria turas tuviesen corazones de Serafines para amaros; que todas las bocas resonasen en vuestras alaban zas; que los espritus todos no se ocupasen ms que en vuestras randezas. Yo me asocio todos los ho-o , menajes que recibs de los Angeles, de los Santos y de los justos que viven sobre la tierra. Quisiera que 187. todos los que os aman y os adoran se multiplicasen al infinito. Yo sacrificara todo cuanto poseo, y has ta mi vida, si preciso fuese, para impedir una sola ofensa contra Vos. Jesucristo. Acepto tus deseos, hija ma; pide mi Padre en mi nombre todo cuanto quieras y te ser concedido. E l alma. Oh jess, nica esperanza ma! haced que sea fiel la devocin vuestro Corazn adora ble. Manifestad vuestra misericordia haciendo que mi alma redima, por el ardor de su amor, el tiempo que pas en la tibieza en vuestro servicio. Quiero re parar con continuos homenajes la ingratitud de los hombres para con Vos, y daros nuevas pruebas de amor cada instante. El amor que me tenis hace que vuestro Corazn est siempre abierto para m, fin de que habite en l para siempre, que el amor me introduzca en l, que el amor fige en l para siempre mi morada, y que en l reciba el amor mi ltimo suspiro! Puesto que mi Dios no me rechaza de su presen cia continuar hablando, aunque no sea ms que ce niza y polvo. Dios de mi corazn, prestad oidos mi voz: amad los que no os aman; abrid vuestro Corazn los que no llaman vuestra puerta, y sa nad los que, en vez de pediros la salud, se com placen en enconar sus llagas. Nos decs, Seor, que vinisteis al mundo buscar los pecadores? esos son, oh divino Jess, los verdaderos pecadores. A h! no 188. consideris nuestra ingratitud, nuestra ceguedad; to mad nicamente en cuenta la sangre que habis de rramado por nuestra salud. Haced brillar vuestra clemencia; miradnos como la obra de vuestras ma nos; salvadnos por vuestra misericordia: grandes son nuestros males. Levantaos, pues, oh Seor; conside rad los progresos que hacen todos los das vuestros enemigos, y detenedlos, oh mi Jess! Puesto que ellos no quieren venir Vos, id Vos mismo ellos: os lo pido por vuestras sagradas llagas y por vues tra preciosa sangre. Oh mi Salvador! haced que tengan fin los peca dos que cometen los hijos de Adn. Que vuestros gritos sean tan poderosos que vuelvan la vida tan tos y tantos pecadores endurecidos. Sacadles del abismo profundo en que han cado. Lzaro no os pi di que le resucitseis, hicisteis este milagro en fa vor de una pecadora: poned, Seor, vuestros ojos en vuestra hija; oid mi oracin: os lo suplico por las lgrimas que derramsteis sobre Lzaro: acordaos que corri vuestro llanto por todos los pecadores que duermen en el pecado: os lo pido por vuestra pre ciosa sangre. Ah! puesto que perdonsteis los que la derramaron, perdonadnos tambin nosotros, Sal vador del mundo. Haced, oh Jess, que triunfe vuestra Iglesia de to dos sus enemigos; aumentad el nmero de sus hijos; dadle la paz, y haced que bendiga para siempre vues tro santo nombre y adore vuestro Corazn divino. 189. Amoroso Redentor, tened tambin misericordia de las almas del purgatorio; dejaos ablandar por sus su frimientos. Ellas son precio de vuestra sangre; abrid les vuestro Corazn, escuchad sus gemidos, y con cededles con el perdn de sus penas la dicha de glorificaros en el cielo. Acordaos en particular de las que en la tierra fueron devotas de vuestro divino Co razn y celosas por la gloria de Mara: no permitis que estn privadas por ms tiempo de vuestra pre sencia: son tan gratas vuestro Corazn! Por este Corazn lleno de clemencia os suplico, pues, que les pongis en posesin de la felicidad eterna. Perdonadme, oh Dios mo, las faltas que he come tido al pi de vuestros altares. Ay! no podrais echarme en cara, como lo hicisteis con vuestros dis cpulos en el huerto de Getseman, el no haber podi do velar con Vos ni una hora sola? Ser posible que este tiempo pasado en vuestra presencia se me haya podido hacer muy largo? No debera por el contra rio hallar mis delicias en estar siempre con Vos? Oh Jess! Por qu est tan fro mi corazn cuando os ruego? Por qu mi espritu se distrae tan fcilmen te? Perdn, Seor, yo no quiero vivir sino para Vos. S, toda mi vida ser una adoracin perpetua de vues tro divino Corazn; no quiero pensar, obrar y hablar ms que para amarle y glorificarle. As sea. Alabado, bendito y adorado sea para siempre el Corazn de Jess en el Santsimo Sacramento del altar. 190. C A N T A R E S Cercadito de espinas y cubierto del fro, pjaro solitario tiene oculto su nido. Y o soy el pobre pjaro, tu Corazn mi nido, cercadito de espinas y cubierto del fro. T u Corazn me alienta; qu temer, Seor? tu Corazn es m o . . . . ya no quiero otro amor! Cuando salgo, Vida ma, de la santa Comunin, decir no s lo que pasa dentro de mi Corazn. Palpita de am oi!----- ni s si es el mo si es el tuyo, ni puedo decir si son dos corazones uno. Lloro, mi Jess, de ver tu abandono en el sagrario----- Era acaso ms cruel en la cruz tu desamparo? 191. T u Corazn amante quin lo diste? Al amigo al ingrato que le resiste? |Que m me dejas, y tras l, desalado, no oyes mis quejas! Cercadme de manzanas y de flores, desfallezco de am or........... jJess, Jess! Dess de mis amores, que matas sin dolorl Quiero tu Corazn dentro del mo, quiero mi corazn dentro del tuyo......... que tu vida vivir tan solp ansio, y por tu amor morir todo el mundo, i Cercado el uno de espinas, cercado el otro de flore Jess, Mara! |qu paz juntito .esos Corazones!