El monstruo político Negri

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  • 92 Toni Negri

  • El monstruo poltico. Vida desnuda y violencia 93

    4. El monstruo poltico.Vida desnuda y violencia*

    Toni Negri

    1. GENEALOGA MONSTRUOSA

    1.1. La eugenesia clsica

    Eugenesia quiere decir que si es bien nacido, alguienser bello y bueno. La metafsica clsica ha encarnado esteconcepto y ha desarrollado la familia de definiciones que lecorresponden. En la tradicin metafsica que se origina en elmundo clsico, universal y eugenesia estarn siempre entre-lazados. En consecuencia, slo aquel que es bueno y bello,eugensicamente puro, est legitimado para el mando. staes la dimensin (a la vez la matriz originaria y el dispositivofuturo) del hablar griego en filosofa. Hablar de arch es enefecto hablar al mismo tiempo de principio y de mando,en lo universal y/o en la esencia estn incriptos al mismotiempo el origen y el orden jerrquico del ser. Sangre noble,buen nacimiento, causa constante de un orden jerrquico.

    Leyendo de este modo la trama metafsica de la filosofaclsica, vamos ms all de la lectura y de la crtica que el

    *Negri, Antonio, Il mostro politico. Nuda vita e potenza, en Fadini, Ubaldo,Antonio Negri y Charles Wolfe. Desiderio del mostro. Del circo al laboratorioalla politica, trad. de Javier Ferreyra, Roma, Manifestolibro, 2001, pgs. 179-211.

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    pensamiento materialista y democrtico ha hecho de aquelmundo: aunque con gran sofisticacin, la crtica se limitabaen el fondo a denunciar en la esclavitud el origen de la teorapoltica griega (y de su desarrollo metafsico).1 Para nosotrosahora es posible comprender tambin la forma por la cualel principio clsico se desarrolla y se aplica metafsicamente,es decir, la forma eugensica de lo universal, que no incluyesino que excluye, que no produce iguales sino que legitimaintrnsecamente la esclavitud. Cuando R. Schrmann, inter-pretando la lectura heideggeriana de aquel momento consti-tutivo de la tradicin occidental, subraya la relacin entreorigen y dominacin implcita en la arch, y ahonda en sudinmica constitutiva,2 dice que all sangre noble y presenciacontinua, dispuestas en relacin de causalidad, fundan laontologa y el poder (la alianza entre las nociones de origen[inception] y de dominacin slo es posible cuando la metafsicade las causas se ha constituido. Una vez asumido que el fen-meno como totalidad es comprensible desde el punto de vistade la causalidad, entonces se podr decir que una causaverdadera es aquella que comienza su accin y nunca dejade comenzarla; vale decir, que es una causa que tambindomina [command]). En la gran filosofa griega, entonces, la eu-genesia Heidegger dixit devela la verdad del ser y la fun-dacin de la autoridad.3 Esta develacin es una obra maes-tra de ambigedad y de mistificacin. Del otro lado, est elmonstruo

    1. Thomson, George, Studies in Ancient Greek Society, II. The FirstPhilosophers, Londres, 1995. Vale la pena recordar que esta refinadaaproximacin se inspir en A. Sohn-Rethel (sobre todo en Lavorointellettuale e lavoro manuale) y fue utilizada por estudiosos como J.-P.Vernant y P. Vidal-Naquet.

    2. Schrmann, R., Heidegger on Being and Acting: from Principles toAnarchy, Bloomington, Indiana University Press, 1987, pg. 99.

    3. Fritsche, Johannes, Genus and Essence in Aristotle and Socrates, enGraduate Faculty Philosophy Journal, vol. 19, n 2, vol. 20, n 1, 1997, pgs.163-202.

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    El monstruo est fuera de esta economa del ser. La onto-loga griega conjura al monstruo. Si ste habita la Antigedadclsica, slo lo puede hacer en la medida en que acepte serexorcizado a travs de la mitologa de la metamorfosis.4 Elmonstruo vaga en los sueos y en el imaginario de la locura; esuna pesadilla de lo bello y bueno; slo puede darse como des-tino catastrfico, motivado catrticamente, o bien comoevento divino. As, la racionalidad clsica domina al monstruopara excluirlo, porque la genealoga del monstruo es total-mente exterior a la ontologa eugensica. La metafsica griegapudo prever la corrupcin del proceso causal del devenir, yasea natural y/o tico, pero no pudo comprender, ni siquieraanticipar, la explosin del monstruo como otro del rgimencausal del devenir del ser.5 Ni siquiera el neoplatonismo, haciael final del mundo griego, alcanza a imaginar ontolgicamenteal monstruo: si acaso el monstruo se manifestase, no podra msque ser parte de la nada, perteneciendo, por lo tanto, al lmiteabsoluto del ser, a la materia (que no sabe ser y no es, en abso-luto, eugensica: de hecho, ni siquiera es). Dejemos pues alos gnsticos, a las contaminaciones msticas o religiosas dela metafsica, la afirmacin de la presencia del monstruo en lavid; fbula que la ontologa no puede aceptar!6

    4. El trabajo de Karoly Kernyi apunta, segn nuestra lectura, en estadireccin y predomina en la bibliografa sobre la mitologa clsica. Parailustrar crticamente esta direccin del pensamiento mitologizante, vaseAdorno, T. W., Interpretazzione dell Odisea, Roma, Manifestolibri, 2000.[Adorno, T. W. Y M. Horkheimer, Dialctica del Iluminismo, trad. de H. A.Murena, Buenos Aires, Sur, 1969].

    5. Con respecto a esto se puede subrayar la singular convergencia que,sobre este punto, tiene lugar entre estudiosos de la filosofa clsica comoSchrmann y Fritsche, y, por otro lado, estudiosos de la cultura y la historiacomo Vidal-Naquet y Vernant. Pero tambin Dodds, E. R., I greci elirrazionale, Florencia, 1959.

    6. Puech, H. Ch., Sulle trace della gnosi, Miln, 1985, antes tambin,Jonas, H., Lo gnosticismo, Torino, 1973.

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    En los inicios de la modernidad, la exclusin del monstruodel orden de la razn es diferente de su exclusin de la meta-fsica clsica: ahora reingresa parcialmente en el discursofilosfico. De qu manera? El monstruo deviene en esta po-ca una metfora en el campo poltico, una metfora de latrascendencia del poder, que si no puede ser reducida al ordende la razn, al racionalismo causal, debe de todos modosaparecer en el interior del mundo. Leviatn y Behemot, mons-truos sacados del Libro de Job y productos de la tradicin ju-deocristiana, aparecen aqu en primer lugar para mediar auna multitud a la que ya no es posible someter inmediata-mente al orden jerrquico en nombre del origen y la conse-cuente causalidad del poder. El problema es otro, la situacincompletamente diferente: aqu no hay ms una eugenesiapresupuesta, una ontologa poltica de la potencia drica.La multitud sobre la cual se ejerce el poder es gtica, unproducto hbrido de las invasiones brbaras y de la mezcla derazas, de lenguas y de rdenes diversos. A diferencia de laantigedad clsica, el Leviatn es un monstruo que caracterizaun orden, aunque carezca de toda naturaleza pero el suyoes un orden que se quiere interno al mundo.7

    Pero no es exactamente as: se trata de una apariencia. Lafilosofa moderna del Estado, en el momento en que parecerestituirle racionalidad al monstruo, en realidad vuelve mons-truoso todo el resto, la sociedad y la vida en su totalidad.Ms que el Leviatn, monstruosas sern la plebe o la multitud,la anarqua y el desorden que expresan: por encima de ellas,contra ellas, el monstruo construye el poder central soberano;acontecimiento intempestivo de una epifana necesaria. Conesto el Leviatn deja de ser un monstruo, en la medida en que

    7. He estudiado este problema en el captulo III (Il modello atlanticoe la teoria del contropotere) de Il potere costituente. Saggio sulle alternativadel moderno, Miln, Sugarco, 1992. [Trad. cast.: El poder constituyente. Ensayosobre las alternativas de la modernidad, Madrid, Libertarias, 1994.]

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    es un deus ex machina. La argumentacin hobbesiana lo diceclaramente: en el orden de las razones monstruosas, el Levia-tn queda desarmado, al mismo tiempo que deviene eficazen el orden de las causas racionales; ya no es un monstruo, esun instrumento.8

    Prestemos atencin a la genealoga del poder soberanomoderno. Como ms tarde lo hizo Hobbes, Bodin ya habaintentado sobre todo liberar dicha genealoga de toda conno-tacin u homologa diablica,9 al mismo tiempo que asegura-ba la gnesis y la forma de la legitimidad monrquica unagenealoga eugensica extrema. Por otro lado, apenas un sigloms tarde, Harrington y los radicales ingleses asumen tam-bin, expresamente, la eugenesia sajona como fundamentode la repblica protestante (con la que se hacen ilusiones);pero no, todava no es una democracia10 A derecha eizquierda se conserva as la esencia eugensica del poder. Porpginas y pginas podramos seguir mostrando cmo el even-to monstruoso del Leviatn no erradic la eugenesia clsica,sino que, ms bien, transformndola e inmanentizndola, laconfirm. Luego, un poco ms tarde, con el desarrollo de laidea moderna del Estado, entre Herder y Carlyle, entre Toc-queville y Taine,11 por no hablar de aquellos autores que ya

    8. La referencia apunta a los estudiosos de Hobbes, tanto a los dederecha como a los de izquierda, en el orden temporal desde Oakeshott aMacpherson, de Mairet a Zarka.

    9. Los seis libros de la Repblica, o bien de la Monarqua de JeanBodin, de 1576, estn acompaados, en el 1578, por La Demonomanie dessorciers, manual que describe las prcticas de brujera, y, sobre todo, losmodos de descubrirla y castigarla.

    10. La referencia remite otra vez a los estudios citados en la nota 8:con particular atencin a la corriente intelectual de los tericos de lademocracia laicos (Harrington) y religiosos (Milton) durante la gloriosaRevolucin inglesa. Tericos de una democracia que no logra an pensarsecomo asociacin de hombres iguales.

    11. Desde cierto punto de vista, esta tendencia se va descubriendopoco a poco en la tradicin del Historismus alemn (y de sus homlogas

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    caen en un racismo fuerte,12 asistimos a una explcita reconsa-gracin de la eugenesia del poder; monrquico, aristocrtico,popular, poco importa: importa que un criterio absoluto, fsi-co, de la autoridad recorre y revela la genealoga del poder.Cuando nacionalismo, legitimacin eugensica del poder, ra-cismo, restallan ferozmente entre los siglos XIX y XX, tienenorgenes ideolgicos y una dignidad incomparablementeprofunda, antigua y continua: en ellos la eugenesia clsicareaparece, refinando su racionalidad y subordinando las con-cepciones laicas e inmanentes del poder.13

    Es interesante hacer notar que, con respecto a la tradicinde la eugenesia, ni siquiera la revolucin humanista ha cam-biado las cosas.14 En efecto, la eugenesia clsica no se presentaslo como contenido de la tradicin filosfica occidental ycomo figura de su imagen de la autoridad, sino que tiene quever sobre todo con su forma racional. As, la revolucinhumanista y el Humanismo en general han repetido, a pesarde ellos, el concepto antiguo del poder, ya que atacaron ymodificaron los contenidos, pero no renovaron las formas.No fue suficiente, se necesitaba llegar ms profundo. Sloen los ltimos treinta aos, el pensamiento feminista hacultivado parcialmente esta determinacin: sin embargo, a

    versiones francesas). Vase la Storia della storiografia de E. Fueter, en tornoa los autores que se citan en el texto. [Trad. cast.: Historia de la historiografamoderna, Buenos Aires, Nova, 1953.]

    12. A partir de Gobineau: para captar la dinmica del pensamiento y lainfluencia del Essai sur linegalit des races humaines, vanse las indicacionespropuestas por Ph. Raynaud, en el Dictionnaire des oeuvres politiques, Pars,Puf, 1986.

    13. Cassirer, E., The myth of the state, Yale U.P., 1946. [Trad. cast.: Elmito del Estado, Mxico, FCE, 2004.]; Poliakov, Lon, Le mythe aryen, Pars,Calmann-Lvy, 1971.

    14. El (con justicia) celebrado estudio de Ferguson sobre lainterpretacin del Renacimiento, no tiene relevancia para este propsito.Tampoco la escuela de Warburg se ha dedicado especficamente a estatemtica.

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    menudo ha limitado la percepcin del fenmeno a la crticadel poder patriarcal.15 Se necesita reconocer en la filigranade la racionalidad griega, as como en el orden de la raznmoderna, el domino del principio eugensico: o mejor, laeugenesia como dispositivo que opera durante un perodotan prolongado como lo es la historia de la racionalidad occi-dental. La revolucin humanista solamente ha podido impug-nar los contenidos (feudales, clericales, patriarcales, etc.) dela tradicin eugensica. Pero hasta que la impugnacin noatac la forma racional coextensiva a aquellos contenidos,fue dbil e ineficaz. Era necesario profundizar ms. Recon-quistar al monstruo, y con esto llegar radicalmente ms allde la racionalidad eugensica de la tradicin clsica.

    1.2. Resistencia monstruosa

    En un cierto momento de la historia de la ideologa occi-dental el cuadro se transforma radicalmente. La lucha de clasesse generaliza y ocupa toda la escena, tambin la terica. Marxes el primero que la asume radicalmente como paradigmadel desarrollo histrico, de manera tal que no queda ms nadadel viejo esquema de la eugenesia. Por el contrario, el monstruodeviene sujeto, o ms bien, sujetos; no est por principio ex-cluido, ni es reducido a metfora: est ah, existe. Si en laAntigedad clsica y en la modernidad todo pareca dispuestoa eliminar la sola posibilidad del monstruo (a los ojos deDios no hay monstruo dice, en efecto, aquel perfecto media-dor de la antigedad a la modernidad que es Montaigne),16

    15. Judith Butler representa la figura eminente en esta tendencia. Enefecto, su ataque al poder patriarcal es profundo y eficaz, en tanto lacontinua reivindicacin de la dialctica hegeliana no limita lasconsecuencias crticas, es decir, el dislocamiento de la eugenesia clsica.

    16. Montaigne, Essais, II, XXX. [Trad. cast.: Ensayos, Madrid, Ctedra,2003.]

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    con el capitalismo el cuadro se revierte, y esta reversin, confuerza monstruosa, representa una novedad radical e irre-versible.

    La escena es paradojal. En efecto, Marx pinta ntegramenteel desarrollo capitalista con los colores de la monstruosidad.l mismo es un monstruo irnico, un exceso de inteligenciaque en el momento en que describe, critica y destruye. Enton-ces: para Marx es ciertamente racional el modo en el quela ciencia burguesa muestra el mundo que la circunda, perono por ello menos filisteo! La metafsica clsica, que unaorigen y dominacin, aqu es revertida: la ciencia ironizaMarx tiene en el capitalismo una naturaleza tan racionalcuanto de racional muestran el Papa o el Zar o incluso Metter-nich Dicho sin tapujos, la ciencia es tan bastarda comolo es el poder Igualmente racional es el misterio de lamercanca, o ms bien ese proceso tan eficaz y duro deconsolidacin del producto del trabajo en objeto mercanti-lizado y fetichizado, y/o su propia transfiguracin monetaria.17Racional sera incluso el modo de produccin capitalista ylas leyes naturales que pretenden describirlo, al igual que laeconoma poltica y el derecho (natural y positivo). A medidaque la economa poltica y la legislacin se aproximan ms altrabajo, al trabajo vivo del hombre que opera en la historia,la tcnica de abstraccin lgica y de extraccin ontolgicadel valor se vuelve ms racional (pero ahora ya podemoscomenzar a romper el juego de la irona y a llamarle con suverdadero nombre, monstruoso); y tanto ms se imponenlas leyes de explotacin que ya se empiezan a presentar como

    17. Es la izquierda comunista de los aos 20, y en particular GeorgLukcs, quien tematiza la crtica de la racionalidad en trminos fetichistas,monstruosos y, para algunos, nietzscheanos, sujetndose, por un lado, a laortodoxia marxista y expandiendo, por el otro, su propio modelo en lasnuevas generaciones del pensamiento crtico.

    18. Esta secuencia es sealada por la Escuela de Frankfurt en todas sus

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    monstruosas.18 Shylock, mercader de Venecia, reclama carneen compensacin de su prstamo: el capitalista arranca carnehumana a quien ni siquiera ha contrado deuda con l. Y estemonstruoso (racional?) juego de la carne y de su explotacinse extiende y se intensifica. Marx describe sincrnicamenteeste desarrollo en la teora de la plusvala (del valor) y diacr-nicamente en el anlisis de la historia de la explotacin, en suvariacin y transformacin entre esclavismo y capitalismo,entre absolutismo y democracia, en la persistencia de su modode acumulacin como en su oscilacin y sus inciertas meta-morfosis Reencontramos as la historia fantstica, mitol-gica y antigua de la metamorfosis natural en la crtica de laeconoma poltica, pero, por as decirlo, invertida: ya no semuestra cmo el monstruo es excluido, sino de qu forma laracionalidad capitalista ya est investida del monstruode la lucha de clases y cmo ha sido monstruosamente trans-formada y sometida a una presin irresistible. La metamor-fosis, en suma, de la utopa a la ciencia.19

    Pero tambin de la ciencia a la experiencia cotidianadel cansancio y de la mortificacin del trabajo: cuando, some-tido a la explotacin, cada trabajador no slo se reconoceabstractamente como mercanca, sino que se veconcretamente como partcipe monstruoso de la clase de lospobres, y entonces comprende que debe resistir y, si puede,

    variantes. Y es retomada e intensificada en la escuela francesa que tuvocomo gua a Althusser. Es importante sealar que ni en el primer ni en elsegundo caso nos encontramos ante una perspectiva catastrofista: lanegacin (crtica) de la racionalidad capitalista se abre a la bsqueda deuna racionalidad otra de una racionalidad monstruosa.

    19. Yann Moulier Boutang, en su notable De lesclavage au salariat,Pars, Puf, 1998. [Trad. cast.: De la esclavitud al trabajo asalariado, Madrid,Akal, 2006.], ha ejemplificado la presencia del monstruo, de lametamorfosis, del mestizaje en suma, de la emigracin y del movimientode la fuerza de trabajo, en el centro del desarrollo del capital No es unaparadoja: tal vez sea la nica manera de hacer una historia de la libertad.

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    rebelarse Ser tanto ms monstruoso cuanto ms desarrolleesta toma de conciencia.20

    Para hablar claramente Ya que desde hace ms de unsiglo estamos habituados a asumir en nuestra percepcin de lavida no slo la experiencia violenta de las relaciones de pro-duccin capitalista (y de la consecuente relacin con el Es-tado), sino tambin los sufrimientos singulares de los sujetosque las sobrellevan. Nosotros nos identificamos menos conla racionalidad del poder que con la monstruosidad delsufrimiento. El siglo XX, a travs de la barbarie fascista y nazi,de la exasperacin del colonialismo, del imperialismo y elterrorismo nuclear y ecolgico, nos ha dado el grado msalto de conciencia del sufrimiento. Las resistencias monstruosasse han construido as en estos dos ltimos siglos. Los escri-tores del realismo y de la filosofa existencialista nos hanofrecido fenomenologas extremas y movilizadoras de estasituacin ontolgica del sujeto.21 Luego hemos tenido otrostestimonios: el de los deportados a los campos, el de los tor-turados en las guerras de liberacin, los del apartheid y el delos palestinos en lucha, el de los guetos afroamericanos, etc.22

    20. Ser tal vez importante, en una segunda fase del anlisis sobre lastransformaciones antropolgicas determinadas por la posmodernidad,asumir como objeto de crtica la mitologa del desarrollo inventada porGoethe y teorizada dialcticamente por Hegel: debemos entoncesdesmontar el universalismo monodireccional de la Bildung (a la manera deWilhelm Meister) y de la dialctica siervo-patrn. Para todo esto, unaprimera aproximacin crtica en Hardt-Negri, Empire, Harvard, 2000.[Trad. cast.: Imperio, Buenos Aires, Paids, 2003.]

    21. De Zola a Sartre, de Verga a Gramsci, de Tolstoi a los mayoresautores del Soviet, para no hablar del realismo americano (queprobablemente es superior a todos) como as tambin el cine (que sin dudaha logrado la potencia ms alta en la denuncia realista de la explotacin).

    22. Adems de los que citamos en la nota precedente, hay otros a losque empezamos a fijar como testimonios del monstruo, como PrimoLevi para los campos, Franz Fanon para las guerras de liberacinanticoloniales, Genet para los palestinos y cuntos otros!

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    La tradicin metafsica clsica y el racionalismo occidentalexcluan al monstruo de la ontologa del concepto: estas expe-riencias no registran sino su poderosa inclusin. En efecto,slo un monstruo es el que crea resistencia ante al desarrollode las relaciones capitalistas de produccin; y slo un mons-truo es el que obstruye la lgica del poder monrquico, aristo-crtico, populista, siempre eugensico; el que rechaza laviolencia y el que expresa insubordinacin; el que odia la mer-canca y se expande en el trabajo vivo Comenzamos a leerla historia desde el punto de vista del monstruo, como pro-ducto y umbral de aquellas luchas que nos han liberado de laesclavitud a travs de la fuga, del dominio capitalista a travsdel sabotaje y, siempre, a travs de la revuelta y la lucha.23 Esun proceso largo, ambiguo y frecuentemente contradictorio,pero la lnea del monstruo es la nica que ha podido al finexplicarnos el desarrollo de la historia tal como la vivimos y,sobre todo, tal y como el porvenir nos la har presente.24

    Para pasar de un monstruo al otro, de aquel que es metforadel capital a aquel que es el de la multitud que encarnan losexplotados, hay todava un gran espacio de ambigedad, depourparler: de esto quisiramos ocuparnos aqu un momento.25Este parntesis, o mejor, este intervalo de incertidumbre ha

    23. Para el mtodo de la lucha que produjo lo real son losmonstruos los que producen la realidad vamos a recordar tres o cuatrograndes escuelas: la de la historiografa afroamericana, la de los historiadoresanticoloniales indios, la del operacionismo italiano (Poder Obrero) yfinalmente la que constituye, desde la disidencia comunista en los pasesdel socialismo real, el motor del desarrollo poltico y social a partir de,por lo menos, 1956.

    24. En Imperio, Hardt y yo hemos resumido ampliamente los resultadosde estas investigaciones (parcialmente recordadas en las notas precedentes)que asumen la actividad de la revuelta como momento creativo de lahistoria.

    25. En cuanto al mtodo, es el mismo del tratamiento de los sujetosmonstruosos bien teorizada por Gilles Deleuze en Pourparlers, Pars,Minuit, 1990. [Trad. cast.: Conversaciones, Valencia, Pre-textos, 1999.]

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    sido representado como un mundo de espectros.26 Pero siel espectro es una metfora dialctica e indica un pasaje (talvez una alternativa que est en el margen y es difcilmenteexpresable), el gesto ontolgico que viene con el monstruo esmucho ms profundo: en lugar de oscilar entre sujeto (capi-talista) y objeto (proletario) de la explotacin, tiene lugar entresujeto y sujeto. La oposicin monstruosa es ontolgica, impla-cable, irreversible; la espectral, en cambio, se desvanece.27La oposicin monstruosa hace crecer al sujeto, vuelve epid-mica su existencia y busca destruir al enemigo. No reconocela ambigedad sino que la ataca, se enfrenta al lmite y nodiluye los mrgenes, reconoce al otro sujeto como enemigoy, contra l, deviene potencia. Aqu est tal vez el lugar dondese afirma la ambigedad: cuando, a travs de su movimiento,el nuevo sujeto monstruoso induce al del enemigo, y la mons-truosa multitud de los explotados produce el ciclo del capi-tal El monstruo es como el gran gusano que cabalga sobreel deseo a travs de los desiertos de Dune O bien como lasmonstruosas imgenes de las masas insurrectas en los filmsde Eisenstein O como las noches delirantes de la junglatropical, que los hroes de Garca Mrquez invisten con susdestinos infinitos o simplemente con el propio destino dela jungla En suma, el monstruo escapa de la ambigedaden la que lo ha bloqueado su historia ms reciente (despusde la ruptura de la tradicin de la eugenesia): por el contrario,la metamorfosis del ser determinada por las luchas se muestracomo acontecimiento, irreversible. De este modo, en contrade la evidencia lingstica, clsica, el monstruo no es solamen-te un acontecimiento, sino un acontecimiento positivo.28

    26. Derrida, J., Espectros de Marx, Madrid, Trotta, 1995.27. Negri, A., The Specters Smile, en Ghostly Demarcations. A Symposium

    on J. Derridas Specters of Marx, Londres, Verso, 1999, pgs. 5 y sigs.28. Me divierte hacerme el heideggeriano: monstruo se dice en

    alemn Ungeheuer, donde geheuer es seguro mientras heuer esun adverbio que equivale a este ao, heute es hoy, heu es heno

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    Tengamos cuidado: ni siquiera Marx comprende que elmonstruo es definitivamente otra cosa que el capital. Enefecto, cuando Marx va ms all de la dialctica heredada deHegel, lo hace casi contra su deseo y en todo caso slo desdeun punto de vista lgico-poltico.29 Sin embargo, es precisoindagar ms profundamente y poner en primer plano laontologa: en efecto, es en este terreno donde la fuerza-trabajodeviene clase, destruyendo su propia presencia ambigua en el capital.Separndose. As deviene clase, reconocindose como monstruo.Un sujeto monstruoso que produce una resistencia monstruo-sa. La existencia de clase no es espectral, sino precisamentemonstruosa; o mejor, tal es su esencia, el lugar de inscripcinde esta fuerza que rechaza el trabajo productivo del capital.De este modo, la subordinacin de la fuerza-trabajo al capitales revertida. La fuerza-trabajo, el trabajo vivo, se presentacomo potencia poltica Monstruosa Fin de toda homo-loga y tambin de toda analoga, de todo nombre comn ytambin de toda comunicacin singular entre capital y trabajovivo.

    Cuando esta metamorfosis se ha realizado, la metafsicaeugensica clsica ya no puede aproximar ni comprender, nisiquiera replicar, los pasos de danza y los tambores de guerracon los cuales se expresa esta resistencia monstruosa. De laantigedad al posmodernismo no solamente cambian losnombres (los nombres fueron las cosas que menos cambiaronen la tradicin occidental y en la cultura eurocntrica), sinoque cambia la determinacin ontolgica del devenir. El

    y Heuernte equivale a cosecha de heno. De modo que das Ungeheueres el nombre de un evento campesino, inseguro, intempestivo, rural, deuna ruptura posible, de una espera desobediente y extraa, de un vuelcoinstantneo la sabidura de los viejos en el campo ha estado aseguradaun ao hay heno y al siguiente ya no hay fenmeno ahora dominadopor las Aseguradoras qu ridculo que es hacerse el heideggeriano!

    29. Es lo que he sostenido en Marx oltre Marx, Roma, Manifestolibri,1998. [Trad. cast.: Marx ms all de Marx, Madrid, Akal, 2001.]

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    monstruo deviene bello y bueno: el eugenismo se desvanece ensu infamia. Cada tentativa de imponer al monstruo la defi-nicin antigua, clsica, de lo bello y lo bueno, se enfrentacon su imposibilidad discursiva, su hiato lingstico. En elrgimen del capital, cuando la resistencia monstruosa hacrecido hasta una consistencia fsica de tal carcter, toda dia-lctica y toda transformacin lineal, toda intensidad eugen-sica, deviene irrisoria e imposible. Si hay monstruo, el restose transforma y se desestabiliza. El concepto de fundamentoontolgico y de orden, de principio y de poder, la causa y lajerarqua, se separan. Como Nietzsche lo ha explicado comotambin lo haban hecho Marx, Spinoza y Maquiavelo, todolo que la filosofa ha impuesto, de Platn a Hegel, puede serconsiderado una cosa extraa. Un nido de abejas que se hadesarmado cuando el rbol de la vida (que lo contena) se ha ex-pandido, cda vez ms verde.

    En el feminismo del mtissage y de la hibridacin, en estasverdades antidialcticas, en esta comprensin correcta delfin de toda forma racional de dominio (ya sea patriarcal osolamente poltico), en beneficio de la superacin de todolmite disciplinario, tanto en la epistemologa como en lasciencias de la naturaleza, all se afirma hoy plenamente lapotencia del monstruo.30

    2. RES GESTAE

    2.1. Un monstruo asedia

    Un espectro asedia(ba) Europa. Hoy, en cambio, lo queasedia al mundo se asemeja ms bien a un monstruo. No nos

    30. Sobre este tema los textos fundamentales son: D. Haraway, Simians,Cyborgs and Women: the Reinvention of Nature, Londres, Free Ass. for Books,1991; y Braidotti, R., Madri, mostri e machine, Roma, Manifestolibri, 1996.

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    ocuparemos ya de las condiciones de desarrollo de la ideologadel monstruo poltico (o biopoltico, o comn), sino de sugenealoga real, de su presentarse ms all de la literaturacomo dispositivo de destruccin y/o de construccin (materialo utpica) en la historia de las luchas y en torno a la posibilidadde nuevos mundos.

    Ya lo hemos dicho: el monstruo biopoltico es un fantasmapositivo, una oposicin o, mejor dicho, una alternativa onto-lgica contra la pretensin eugensica del poder lo que a lolargo del siglo XX se ha llamado movimiento comunista: loque el rico, el patrn, el capitalista han mirado/observado condesprecio, con odio, a veces con terror. Si el buen burgus, tangentil con sus hijos, piadoso en religin y con un Edipo biencontrolado a travs del psicoanlisis, deviene de todos modosfascista: por qu lo hace sino porque, aterrorizado, quiereaterrorizar? Pero podr hacerlo? Cuanto ms se ha ampliadoel mundo, tanto ms se ha difundido la monstruosidad. Portodas partes encontramos al monstruo, y eso debe espantar alos patrones del mundo. El juego romntico de la dialcticaque haba permitido retener a los adversarios volvindolosespectrales ahora se obstaculiza, descubriendo el espesor indi-soluble de los sujetos en accin.31

    Pero esto no sucede cada vez que estalla una gran trans-formacin histrica? Cada vez que el hombre se descubrenuevo? Hoy, el mundo del pasado parece y es un parsito;pero la nueva humanidad (que ya est aqu) tarda en aparecer,en representar su propia hegemona, que se rebela contra elprincipio de lo trgico. Ya en el Renacimiento, Rabelais noshaba ilustrado a travs de sus creativos gigantes la imposi-bilidad de la dialctica medieval. Pero hoy el espectculo esmucho ms trgico, porque la dimensin de la transforma-

    31. Debemos a Bertold Brecht y a Heiner Mller la ms fuerte eirreductible imagen de esta epifana de los pobres. La filosofa del monstruocuenta con estos dos dramaturgos entre sus ms grandes autores.

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    cin, del poder y la potencia del hombre nuevo han devenidoenormes. Si ya no somos espectros, sino ms bien gigantesque se rebelan, hay una violencia que asedia, una aceleracinde destruccin y creacin, de corrupcin y generacin Nosabemos qu puede pasar.32

    Volvamos a nuestros antiguos monstruos. Como se sabe,el comunismo campesino es monstruoso. Desde la guerracampesina alemana del siglo XV hasta las guerras de libe-racin anticolonial del siglo XX (en Amrica latina, en frica,en Asia), enaltecidas por el heroico extremismo de Lumumba,de Fanon, de Ho-Chi-Min y del Che, el ataque a la propiedad(pretendidamente natural) de la tierra fue considerado mons-truoso por los que detentan el poder. Aqu estamos en el te-rreno de lo propio, de las condiciones naturales de repro-duccin de la vida. Si la naturaleza es, desde tiemposinmemoriales, propiedad del poder, la marca eugensica dela autoridad (el derecho romano ha interpretado, expresadoy desarrollado esta pretensin natural), aqu estamos ante ladenuncia del carcter monstruoso de la reapropiacin dela tierra y ante la definicin de la revuelta contra aquellascondiciones inmemoriales de reproduccin de la vida, comosi se tratara de un atentado contra una condicin metafsicanecesaria (en la cual el carcter eugensico se inscribe ensilencio, pero no es negado).33 Los campesinos crucificados

    32. Otras veces, en perodos de transicin, el monstruo se convirti enun San Cristbal, un portador de los hombres de una poca a otra. Rabelaisdescribi a estos hroes de la transicin. Lucien Febvre y Bajtin contaronde nuevo, a travs de Rabelais, la gesta de la transicipn del Medioevo a laModernidad stos cantos deben retomarse hoy para describir el pasajede la Modernidad a la Posmodernidad. Vase n. 87.

    33. Grimmelshausen ha escrito un inmortal Simplicissimus para afirmarla libertad del campesino, una figura rousseauniana ante los atrocesacontecimientos de la Guerra de los Treinta Aos. Franz Mehring, en suStoria delle guerre dei contadini, ha construido el ndice definitivo del anlisishistrico de aquella poca. Pero por qu los revisionistas histricos noretornan sobre aquellos principios trgicos del comunismo?

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    en Sajonia o en Silesia por incitacin de Lutero y/o de losmissi pontfices, y los masacrados y torturados en los cam-pos vietnamitas, han sido considerados antes que nada comodemonios. Esclavos, siervos de la gleba, campesinos pobresste es el monstruo irrecuperable! En verdad, eran mons-truos; ya no tenan nada que ver con la historia de la eugenesiadel mundo occidental, con sus lites y su doctrina del poder,de la herencia y/o de la filiacin. Todava hoy las guerrascampesinas son ficcionalizadas como hechos atroces e irre-cuperables para la razn: desde las jacqueries hasta las revueltasde los bandoleros en Espaa, y despus en Italia del Sur; desdelas guerras de resistencia cosacas hasta la insurreccin deCanudos en el Noreste brasileo, etc. Es contra esta memoriaque se sigue actuando: escandaloso y blasfemo es el recuerdodel comunismo campesino.34

    El comunismo del obrero industrial fue tambin mons-truoso, incluso quiz ms que el campesino. En efecto, si laexistencia del campesino estaba afuera (en parte) de laacumulacin del capital,35 la existencia del obrero, la fuerzade trabajo genrica, es interior al capital. Esta interioridadfue lo que determin su reconocimiento atemorizado, el odioy la represin: como la resistencia y la oposicin son internas(y lo son de manera tal que llegan a tocar el ncleo del podersobre la produccin de riqueza), generan an ms miedo. Esun miedo racional, que crea al enemigo; no el delirio (inclu-so si ste pudo aparecer en las formas fascistas de organizacinde los movimientos sociales), sino la percepcin lcida deuna relacin de fuerzas que deviene ms frgil a medida quelas oposiciones, las resistencias, las rebeliones se vuelven ms

    34. La reconstruccin de Hobsbawm de la historia de los rebeldes es,en este sentido, ejemplar. [Trad. cast.: Bandidos, Madrid, Ctedra, 2000.]

    35. E. Burke (aquel vulgar sofista y famoso delator: K. Marx) notena dudas en considerar al trabajador agrcola un instrumentum vocale, allado del cual las bestias de carga eran instrumentum mutum. Vase su Pensierisulla scarsit, Roma: Manifestolibri, 1997.

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    ntimas es esta interioridad del monstruo respecto del poder loque hace frgil al poder y lo aterroriza. As, nunca la violenciadel Estado (inspirada por la clase dominante) se ha expresadode manera tan extrema, continua y coherente, como en elcaso de las luchas de la clase obrera parisina.36 Desde las re-vueltas florentinas de los Ciompi hasta la insurreccin pro-letaria de 1793, desde la sedicin de Shys en Massachussets yla Comuna de Pars, de junio de 1848 a octubre de 1917 yluego, la masacre de Shangai en 1926, y el fascismo italiano(de Matteotti en adelante), y luego la represin de la oposicincomunista en los pases soviticos y las grandes purgas lasmasacres nacionalsocialistas y la guerra civil espaola Saccoy Vanzetti, los miles y miles de obreros asesinados por Pinker-ton y la caza de brujas anticomunista en los Estados Unidosy en todos los pases occidentales, siempre lo mismo qupresidente norteamericano, como un nuevo Constantino,reivindicar el derecho igualitario de todos los hombres, detodos los ciudadanos del imperio americano, a trabajar, a parti-cipar de la vida pblica y de la distribucin de los frutos deltrabajo colectivo? Hasta cundo continuarn la masacre y elmartirio!

    Porque tambin, el monstruo comunista esa facies delcampesino insurrecto primero, de la clase obrera en luchadespus y, finalmente (ubicndonos en la nueva denominacinsociolgica del proletariado), de la nueva fuerza de trabajointelectual es un dispositivo que recoge, desarrolla y exasperatodas las formas de rebelin y de lucha de los explotados. Yes as como la lucha de clases ha devenido en el siglo XX elpunto de convergencia de toda otra lucha de liberacin, elesquema conceptual y el alma de las guerras nacionales ycampesinas, antiimperialistas y anticoloniales, demodernizacin y, en todos los casos, anticapitalistas. Un

    36. K. Marx, Las luchas de clase en Francia, Buenos Aires, Prometeo,2003.

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    monstruo asedia al mundo, capaz de recoger y organizar todoslos aspectos de la rebelin obrera, de la resistencia proletariay la insurreccin de los pobres37

    Ha finalizado este perodo? Tal vez s. As lo deseamos.Por qu? Porque ha representado un momento ambiguo enel cual, bajo la forma retorcida y rebuscada que el capital haimpuesto a la vida, la res gestae (aquello que de veras sucede)se ha encontrado con ciertos aspectos modernizadores delcapital. Hemos registrado y descrito este bloque de experien-cia vital, convergente y antagonista, en el mismo conceptode capital (la fuerza de trabajo que es parte del capital, laclase obrera que produce capital).38 Ahora bien, esta co-pre-sencia se destruye porque ya est interrumpida en la realidad amedida que el monstruo hace su aparicin poderosa. (Cuandohablamos del fin de la dialctica, nos referimos a este eclipsedefinitivo y monstruoso de la mediacin.) No obstante, ahoraes el momento de verificar si de verdad se ha terminado ladialctica. Si, en consecuencia, el monstruo (como hegemo-na, a travs de la resistencia de la clase de aquellos quetrabajan y son explotados) puede triunfar; si la clase de losproletarios lograra oponerse como monstruo, realmente, alpoder eugensico de los patrones, kaloi kai agatoi. Decimos:viva el monstruo! Viva su capacidad de disolver toda idea oproyecto de desarrollo capitalista, y del orden (viejo o nuevo)

    37. En contra de la imagen del siglo XX como tiempo de la derrota yde la implosin de las luchas contra el trabajo. ltimamente, en Italia,esta ideologa dbil ha sido propuesta por Marco Revelli, Oltre ilNovecento, Torino, Einaudi, 2001. Por el contrario, asumimos, ahora y enla continuacin de nuestra investigacin, el enfoque poltico-historiogrficode E. P. Thompson en The Making of the English Working Class. [Trad.cast.: La formacin de la clase obrera en Inglaterra, Barcelona, Crtica, 1989.],como huella o indicio del recorrido.

    38. Es sobre todo en los Grundrisse que Marx ha logrado describir,dinmicamente, la insercin recproca del proletariado en la relacin deproduccin dominada por el capital, y la del capital en la constitucin dela clase obrera.

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    que lo organiza! En suma, nos parece que la relacin entre elcapital y el proletariado (la multitud de aquellos que produceny son explotados) ya se ha estabilizado sobre un equilibrioontolgico que favorece al proletariado. Ahora el monstruo esel acontecimiento esperado ni aborto ni ruina podraserlo pero no lo es!39

    El miedo a que el actual triunfo capitalista del siglo XXsobre la revolucin sea episdico y contingente deja su huella(estentrea) en todo el revisionismo, el histrico y el contem-porneo, es decir, en las representaciones monstruosas delcomunismo que proponen las lecturas revisionistas A partirde Furet, atravesando los Libros negros40 y sobre todo enlos nuevos palimpsestos de la propaganda cultural despusde la cada del muro, asistimos a una curiosa experiencia queno tiene nada que ver con la eugenesia clsica: sta, en efecto,exclua el mal, el monstruo, el otro, fuera de la realidad; comomximo lo identificaba como lmite negativo, como materiaoscura y primigenia, eso que est en el fondo, irrecuperableincluso en su propia eternidad. En cambio, en Furet y susaclitos, tanto como en las teoras contrarrevolucionarias defines del siglo XVIII, tenemos una suerte de ontologa (fan-tstica) de una naturaleza que se opone a la ontologa histricade la revolucin. Furet igual que Burke? Tal vez s41

    39. Toda la experiencia y la ciencia leninista se ha vuelto hacia la identifica-cin de esta monstruosidad del evento revolucionario. En una convencin so-bre el Qu hacer? de Lenin, desarrollada en el KWI de Essen en el invierno de2001 (con la direccin de Slavoj Zizek), se recupera el sentimiento de lamonstruosidad revolucionaria, tal como lo haba previsto Lenin.

    40. Cuntos son? Qu incentivo econmico representan para laproduccin literaria y la propaganda poltica? Que horrible estupidez hasido transmitida a estos libros tan oscuros? O mejor dicho, qu terriblesverdades y horrores son los que trastornan y apelan a la no verdad del odiopoltico y la revancha? Cuando Furet le dio dignidad cientfica alrevisionismo histrico pudo imaginar estos desarrollos?

    41. Una respuesta ptima a Furet es la que han propuesto Denis Berger yHenri Maler en Une certaine ide du comunisme. Rpliques F. Furet, Pars, 1996.

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    Pero el terreno en el que se dan estas polmicas no estcerrado. Por el contrario, es incapaz de inmovilizar los este-reotipos de su mismo debate. El monstruo atraviesa esteterreno; en su interior, se vuelve cada vez ms evidente. Elrevisionismo histrico no hace sino acentuar su presenciaincontenible. Cuando busca identificar al pasado como mal,como pecado, se encuentra en cambio con algo que tieneahora la capacidad de abrirse violentamente al futuro. Enfren-tando las pasiones negativas de la crtica, el monstruo sepresenta como positividad. La ambigedad espectral se aca-ba: aqu el monstruo no se escapa, no se envuelve en la niebla,elige declarar su existencia y su capacidad de transformarse,de ser un ente metamrfico. l, el monstruo, es una tramade existencia.

    2.2. El monstruo biopoltico

    Si un monstruo asedia al mundo, es preciso aferrarlo,aprisionarlo, enjaularlo. El filsofo del poder debe compro-meterse con esta obra. Existen todava modos diversos yninguno exacto de atrapar al monstruo. A menudo es difcilincluso identificarlo en su primera aparicin: el sabio estobligado a la humildad, el juez al silencio. San Jorge se arriesgaa ser derribado del caballo. Pero el poder (y el cerebro capita-lista) que tiende a la omnipotencia, no puede evitar de ningunamanera este problema. Si el monstruo est ah, debe ejercerla capacidad de aferrarlo; y si no tiene, o todava no tiene, oya no tiene la capacidad de destruirlo, debe desplegar el podero bien de ponerlo bajo control, o bien de normalizarlo. Estoes vlido en general, pero es sobre todo apropiado para laconcepcin y la prctica eugensica del poder.42 La eugenesia

    42. Si este estudio debiera ser continuado y profundizado, se deberainsertar un captulo sobre la eugenesia y la performatividad de laenunciacin que le es pertinente.

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    debe, en efecto, impedir ms que nada que la legitimacinoriginaria del poder sea puesta en discusin. Para la eugenesia,el poder est siempre implantado a partir de una regresininfinita que culmina en el presente. Blut und Boden,Heimat und Volk, en las expresiones literarias del siglo XX,caricaturescas, no menos horribles En presencia del em-blema del poder, ante la permanente legitimacin naturalista,no hay, en todo caso, ni pluralidad espacial de orgenes, nidiversidad temporal de los modos de existencia del poder:hay un vaco que se trata de predeterminar, y es que elmonstruo debe ser siempre sub-jectum.43

    Pero en nuestros das ya lo hemos subrayado, la capa-cidad de absorcin, o sea de normalizacin, es ms limitada.Bello era el tiempo en el cual, de acuerdo con Hobbes, sepoda contar una y otra vez la fbula de que la fundacin delpoder consista en la imposicin a la multitud de un contrato quele quitaba todo derecho, excepto el de reproducirse en paz.A travs de este contrato, el orden se impona contra la anar-qua y el soberano transformaba a la plebe, a la masa, a lamultitud, en pueblo. Esta transferencia de derechos autoriza-ba a la razn a oponerse al monstruo y legitimaba susacciones en la reiteracin continua de esta fundacin. Pero,como se hizo notar, hoy ya no es as: el monstruo ha puestodefinitivamente en crisis la eugenesia, hoy existe la demo-cracia! Y democracia significa control dbil y transitorio,mvil y flexible Qu otra cosa puede querer decir vivir ysobrevivir con el monstruo, en su presencia?44

    Significa tal vez, en primera instancia, fingir que el mons-truo no est? Que es pura ilusin? Es una hiptesis. La

    43. Me permito remitir, a propsito de estas cuestiones, a las reflexionessobre la filosofa trascendental contenidas en mi libro Kairos, Alma Venus,Multitudo, Roma, Manifestolibri, 2000.

    44. Sobre este umbral se desarrolla la verdadera ciencia poltica desdeel inicio del siglo XX, tal como ha sido fundada por Max Weber. Despusde 1917, la acentuacin monstruosa de la problemtica de la cienciapoltica deviene exclusiva (en respuesta a la Revolucin de Octubre).

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    confirma el hecho de que difcilmente logramos darle nombreal monstruo. El final de las ciencias sociales parece haberseconsumado en torno a este problema.45 Quedan la etnometo-dologa o la fenomenologa siempre ms minuciosas, micros-cpicas, del monstruo. No logramos ni siquiera circunscribirsu radio de accin: se suceden sondeos estadsticos y retoscognitivos, que se pretenden convincentes y son slo vanospasan intempestivos y precarios, casuales, a veces arrogan-tes, mientras ese ser singular que es el monstruo se vuelvecada vez ms inasible.46 Se confunde con nosotros, se mueveentre nosotros: dentro de esta confusin, de esta hibridacin,es imposible aferrarlo para retenerlo. Matarlo sera un suici-dio. De hecho, cuando nos descubrimos ante el monstruo,dentro de una multitud que es el monstruo (pero de la cualsomos parte, no nos podemos separar), no queda ms que palpi-tar al unsono con la multitud. San Jorge es el monstruo!Mejor dicho: el monstruo es lo comn.

    Es curioso notar cmo, una vez cancelada la posibilidadde concebir al monstruo como un afuera, todos aquellosambiguos experimentos performativos que trataban de hacerde aquel afuera un casi adentro o un poco adentro,entran, ellos mismos, en crisis. Teologa dialctica, teleologay/o teodicea del monstruo estos experimentos se sucedenunos a otros. Durante los siglos XIX y XX, en la cienciapoltica y en la ingeniera constitucional, se han inventadodecenas, por no decir centenas, de estas intiles (monstruo-sas?) mediaciones. El guila americana y el oso soviticofueron smbolos (opuestos, pero sin embargo similares) de la

    45. Para todo esto vase el reciente Chiappello, E. y L. Boltanski, Lenouvel esprit du capitalisme, Pars, Gallimard, 1999. [Trad. cast.: El nuevoespritu del capitalismo, Madrid, Akal, 2002.]

    46. Un libro muy antiguo, pero muy importante para las cienciassociales, es el de Alvin W. Gouldner, The Coming Crisis of Western Sociology,Nueva York, Basic Boks, 1970, que ya haba anticipado esta percepcin.

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    construccin de sistemas alternativos de control y/o dedomesticacin del monstruo.47

    De hecho, el monstruo ha vencido. Ha invadido y desbor-dado, como un ro crecido, todos los espacios que, alrededorde su curso, haban sido encausados con el fin de evitar unagran inundacin. El poder que, con distintas variantes, siem-pre expres el mandato eugensico ya no sabe qu ms hacer.Y no hace nada La solucin le es impuesta. Y es el monstruoel que la impone, invadiendo todos los espacios y ocupandotodo el campo poltico. Movilizado en masa en las guerras delos siglos XIX y XX, el monstruo deviene el verdadero sujeto,poltico y tcnico, de la produccin de las mercancas y de lareproduccin de la vida.48 El monstruo ha devenido biopoltico.49De Bismarck a Rathenau en Alemania, durante toda la IIIRepblica, hasta el Frente Popular en Francia, entre la Nepsovitica y el New Deal norteamericano, este proceso se rea-liza y toma forma. Despus de la Segunda Guerra Mundialrepresenta de manera consistente la figura de la produccincapitalista en el mundo industrializado. Y desde entonces elcarcter biopoltico de este orden no ha hecho ms que per-feccionarse y acentuarse.50

    47. El poderoso estudio de E. Canetti, Massen und Macht [Trad. cast.:Masa y poder, Madrid, Alianza-Muchnik, 1997.] cuya gestacin va desde finalesde los aos 20 hasta 1960, es tal vez un clsico ejemplo de la ansiedad y de ladificultad para aferrar (o no) al monstruo. En todo caso es imposible estudiarel perodo de entreguerras europeo sin prestar atencin a esta problemtica.

    48. Sobre esto: Jnger, Ernst, Loperaio. Dominio e forma, en la ltimaedicin de Guanda, Parma, 1991 (con una bella introduccin de QuirinoPrincipe).

    49. Se suele utilizar correctamente la obra de Michel Foucault paradefinir la hegemona del cuadro biopoltico en las ciencias humanas ysociales (aunque no en las histricas).

    50. La teora crtica en la obra y en la enseanza de Horkheimer yAdorno, puede ser descrita como un esfuerzo incesante por perseguir esteproceso de colonizacin de la vida Su lmite fue no percibir lasmetamorfosis subjetivas que se venan realizando: pero la fenomenologaque se despliega en la obra de Horkheimer y Adorno es an hoy insuperable.

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    Naturalmente, se han presentado dificultades fortsimasa estas tentativas de control de la cesura del mundo vivido y delas formas de vida social organizadas polticamente. En cuantoa la ciencia (filosofa) poltica (y al poder de quien la produce),en realidad slo puede intervenir relativamente. La cienciapoltica est enferma, su actividad es servil y msera, su pro-puesta innovadora es vil. En suma, como cuando un ro cam-bia de curso, produciendo gigantescas catstrofes, la interven-cin humana no puede hacer nada y slo puede esperar queel nuevo trazado se estabilice, pacficamente: de la mismamanera, ahora no sern los feroces polticos de la reduccindel gasto pblico o del control represivo del Welfare quienesregulen el nuevo curso biopoltico de la vida democrtica. Elcontrol no tiene incidencia sobre y mucho menos afectaesa tensin ontolgica que recorre, constituye y refuerza elnuevo tejido antropolgico. La voluntad de control, eventual-mente represiva, de las clases dominantes no consigue ade-cuarse, ni siquiera llega a medir la voluntad de potencia de lamultitud. (Es cierto que, de todos modos, la continua tentativade control no es intil e ineficaz. En la tradicin de la euge-nesia, desde Platn en adelante, mimesi y metessi, represen-tacin y participacin, han constituido siempre modelos depenetracin del poder en lo impropio, en aquello que se cons-tituye como otro. Por eso, en esa ambigedad que se quiereontolgica y es slo retrica, sobreviven ciertos fragmentosde res gestae, ciertos remanentes de la historia. Pero ni siquieraestos experimentos ahora posmodernos alcanzan, y la nuevalegitimacin naufraga.) Al vencer, el monstruo ha impuesto locomn no slo como sustancia de todo desarrollo productivosino tambin como potencia de la ciudadana.

    Hay quien no lo acepta. La constitucin del sujeto biopo-ltico est ahora concebida como deriva tecnolgica (y se intentaimponer un poder sobre esta tecnologa);51 o bien, se da una

    51. Martin Heidegger, en sus escritos sobre la tcnica entre los aos30 y los 50, ha sabido darle a este modelo una fuerza indiscutible.

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    imagen caduca, agotada y miserable del monstruo, de su vidarebelde.52 Volveremos pronto sobre este debate. Pero ahora,lo que la vida de los hombres parece haber afirmado ms allde toda duda es que el monstruo, ya siempre comn, ahora seha hecho tambin sujeto. Ya no es ms un margen, un residuo,un resto: es un movimiento interno, totalizante, un sujeto.Un sujeto que expresa potencia.53

    Retomemos de nuevo el razonamiento del inicio. El poderes desde siempre el poder sobre la vida, biopoder. En la tra-dicin del poder y del pensamiento occidental, lo es hasta talpunto que toda definicin del poder tout court es eugensica:quiere incidir sobre la vida y crear la vida. La concepcineugensica del poder crea vida y, sobre todo, crea al que man-da sobre la vida. En cambio, los que no deben mandar, sonlos excluidos, los monstruos. Pero el monstruo, poco a poco,en la historia del mundo, pasa de afuera a adentro. Mejordicho: el monstruo est desde siempre adentro, porque suexclusin poltica no es consecuencia, sino premisa de suinclusin productiva. Est dentro de la ambigedad con laque los instrumentos jerrquicos del biopoder se encargaronde definirlo y de fijarlo: la fuerza de trabajo dentro del capital,la ciudadana dentro del Estado, el esclavo dentro de la fami-lia54 Y esto funciona y se mantiene mientras la biopotenciadel monstruo no rompa los nexos jerrquicos. En la historiade la humanidad esto ha sucedido a menudo. Se podra tam-

    52. Entre los aos 1970 y 1980 el pensamiento dbil ha desarrolladosobre todo una apologa del capitalismo, burlndose de la potenciaconstitutiva de las clases subordinadas.

    53. En el pensamiento del siglo XX corre paralelo al racionalismofuncional un pensamiento utpico que, entre Ernst Bloch y Deleuze-Guattari, hasta Lukcs y Tronti, propone las bases de la potencia delmonstruo (revolucionario y/o metamrfico).

    54. Sobre el desarrollo del derecho pblico en el capitalismo maduro,sobre sus alternativas y evoluciones, vase M. Hardt-A. Negri, Il Lavoro diDioniso, Roma, Manifestolibri, 1997. [Trad. cast.: El trabajo de Dionisos,

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    bin decir que el desarrollo mismo est determinado por estainsubordinacin de la vida (la potencia de la vida) contra elpoder (el dominio sobre la vida). Todo desarrollo muestraesta continua insubordinacin. Pero hoy estamos no tanto enla ensima revuelta de la potencia contra el poder, sino frentea la afirmacin comn y a la victoria de la potencia (probable-mente irreversible). He aqu, por lo tanto, al monstruo biopo-ltico al frente de la escena. Hasta ayer subordinada, jerrqui-camente clasificada, organizada por el poder, la potencia delmonstruo ha asediado al poder a travs de la invasin del bios. Elmonstruo ha devenido hegemona biopoltica. En otraspalabras, se ha infiltrado por todas partes, como un rizoma;es la sustancia comn.55

    3. EL MONSTRUO MONSTRUIFICADO

    3.1. Vida desnuda

    Pero cuando el monstruo ya ocupa la vida, hay quienpretende que sta sea vida desnuda. A la realidad de labiopoltica, a la dureza de sus luchas, se opone la nocin, o lailusin, de la vida desnuda; o bien, en el otro extremo, confrecuencia y de manera ms peligrosa, se presenta la potentemaquinacin de la ingeniera biolgica tambin un modode asedio sobre/contra el monstruo biopoltico. Pero perma-nezcamos en la vida desnuda.56 En efecto, tal como queraScrates, se trata de entender qu hay detrs de este nombre.

    55. Remito obviamente a Mille Plateaux de Deleuze-Guattari. [Trad.cast.: Mil Mesetas, capitalismo y esquizofrenia, Valencia, Pretextos, 1988.]

    56 Agamben, Giorgio, Homo Sacer, Torino, Einaudi, 1995. [Trad. cast.:Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida., Valencia, Pretextos, 1998.] Enrelacin con este conjunto de temas, y para la discusin que me interesa,vase el nmero 298 de Aut aut, julio-agosto de 2000): Politica sensaluogo.

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    Entonces, qu cosa puede significar vida desnuda cuandolo que nos interesa es reconocer dnde se pueden apoyarnuestros cuerpos para lanzar no slo la resistencia sinotambin el ataque, no slo la fuerza de oposicin sino la po-tencia de transformacin. No hay vida desnuda en la onto-loga, como no hay estructura social sin orden, o palabra sinsignificado. El universal es concreto. Todo lo que nos precedeen el tiempo, en la historia, se presenta siempre de nuevocomo condicin ontolgica y, en lo que respecta al hombre,como figura antropolgica (consistente, cualificada, irrever-sible). La ideologa de la vida desnuda (as como la industriadel genoma, la ingeniera biogentica y las pretensiones dedominio sobre la especie) es una mistificacin que debe sercombatida.57

    Estaban desnudos los vietnamitas en guerra o los negrosde los guetos durante las revueltas? Estaban desnudos losobreros o los estudiantes en los aos setenta? A juzgar porlas fotos, no lo parece. A menos que los vietnamitas comba-tientes fueran desnudados por el napalm, o que los estudiantesen las revueltas hubieran decidido exhibir, desvestidos, el testi-monio de su libertad. Ms bien, nuestros hroes estabancubiertos de pasiones, con la piel gruesa de su potenciaestaban vestidos, a veces hacan moda y msica no podanen todo caso estar desnudos porque llevaban encima dema-siada historia. Emanaban historicidad. Sin embargo, hay quienpretende que el hombre puede presentarle al poder un cuerpodesnudo. Parece dudoso el sentido de esta visin: si se es hom-bre al estar desnudo o si se est desnudo al ser hombre, si seconsidera primero al hombre y despus a la desnudez oviceversa.

    57. Vanse las crticas extraordinariamente pertinentes de LucianoFerrari Bravo al libro de Agamben antes citado: Dal fordismo allaglobalizzazione, Roma: Manifestolibri, 2001. [Trad. cast.: Del Fordismo a laGlobalizacin, Madrid, Akal, 2002.]

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    Pero tambin es verdad que hay un momento en el cualuna desnudez impuesta por la ideologa y por la violencia delpoder ha dado en el blanco de la humanidad. Hay un mo-mento en el que estas experiencias se confunden terrible-mente.58 Hoy, este episodio histrico es obsesivamente re-puesto. Parece que el poder ha tenido la necesidad de mostrarla desnudez del sufrimiento eterno para aterrorizarnos. (Unadesnudez proletaria como efecto heternomo de la pasinrevolucionaria que atraviesa el mundo y pone a la burguesaal desnudo? O bien una venganza pstuma de la reaccinburguesa, un signo simblico de castigo, una parbola holly-woodense de la derrota sufrida, de la catstrofe evitada, de lacontrarreforma desplegada?)59 En suma, la ideologa absolu-tiza la desnudez y la asimila al horror del campo nazi! Peropor qu? Hay una extrema desproporcin y una imposibi-lidad real de establecer una homologa entre estas imgenes,entre la urgencia propangandstica del poder y la realidadhistrica efectiva.60 Retornemos a la alternativa fundamentalde la desnudez y de lo humano. Cuando se reivindica y/o seesconde en la desnudez la cualidad humana, se opera una

    58. Esta confusin entre el hombre y la desnudez, y en torno a lapregunta de si es primero uno o el otro, est en la base del revisionismohistrico de la posmodernidad. El ms agudo de los filsofosantihedeggerianos ya haba anticipado estas conclusiones: vanse K.Lwith, Da Hegel a Nietzsche [tTrad. cast.: De Hegel a Nietzsche, BuenosAires, Sudamericana, 1968.] y Significato e fine della storia.

    59. Sobre estos temas, pero de manera no revisionista (la Shoah, lejosde ser su negacin, realiza la modernidad), vanse Z. Bauman, Modernit eolocausto, Bologna, Il Mulino, 1992 [Trad. cast.: Modernidad y Holocausto,Madrid, Sequitur, 1997.]; La banalit del male de Hannah Arendt, 1963[Trad. cast.: Eichmann en Jerusaln. Un estudio sobre la banalidad del mal,Barcelona, Lumen, 1999.] denuncia preventivamente estas distorsionesideolgicas.

    60. En Quel che resta di Auschwitz, Torino, Bolatti Boringhieri, 1998[Trad. cast.: Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo, Valencia, Pre-textos, 2000.], G. Agamben subraya con intensidad la imposibilidad deesta homologa histrica.

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    suerte de reivindicacin iusnaturalista de la inocencia delhombre, una inocencia que es impotencia: el musulmn.Si se declara que el hombre es aquel que est desnudo, seopera una mistificacin porque se confunde al hombre quelucha con el hombre masacrado por el biopoder nazi, a aquelque rechaza a la eugenesia con una improbable inocencia na-tural. La vida y la muerte en los campos no representan nadams que la muerte y la vida en los campos. Un episodio de laguerra civil del siglo XX. Un horrible espectculo del destinodel capitalismo y de sus disfraces ideolgicos, de la mquinadel capital contra la demanda de libertad.61 Asumir ladesnudez como representacin de la vida significa identificarla naturaleza del sujeto y la del poder que lo deja desnudo, yconfundir con esta desnudez todas las potencias de la vida.Pero la vida es ms potente que la desnudez, ya que la vidadesnuda no podr de ninguna manera explicar las terriblesviolencias que la ideologa y la historia han inflingido al seren el siglo que hemos vivido.62

    La reivindicacin de la vida desnuda es ideolgica.Ideolgica significa que una afirmacin es al mismo tiempofalsa con respecto a lo verdadero y funcional con respecto alpoder. Que es falsa ya lo hemos dicho: no hay posibilidad dereducir la ontologa a la desnudez y el hombre a una esencianegativa. Aquello que la vida desnuda niega es la potenciadel ser, su capacidad de avanzar en el tiempo a travs de lacooperacin, de la lucha, de los procesos constituyentes. Perola hiptesis de la vida desnuda no es solamente falsa: essobre todo funcional a la afirmacin de una constitucin

    61. Y tambin Hannah Arendt ofrece un testimonio de estaconfrontacin, en la lucha terica que la opone a Heidegger, durante todala vida, por razones vitales y polticas, ms all de las filosficas.

    62. La vida de Primo Levi es un testimonio de la profunda, irreductiblehistoricidad de la Shoah (pero tambin las narraciones de otros deportadosmenos notables: en mi infancia, ha sido importante Piero Caleffi).

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    eugensica del ser, en contra de la potencia del monstruo. Lateora de la vida desnuda es entonces radical en su negacinde la potencia, ya que percibe en toda expresin de sta unacto de terrorismo. Ella neutraliza ontolgicamente la posi-bilidad misma de expresin de la potencia. La vida desnudano borra este monstruo que constituye ya nuestra nicaesperanza: intenta disolverlo en su interior, lo confundeidentificndolo con el depositario de toda la violencia sufrida:el musulmn. As, todo acto de resistencia es vano.

    Es extrao observar que la teora de la vida desnudaconstituye un escenario que repite el que est en la base delLeviatn de Hobbes. Un escenario de vida indefensa y arrojadaal lmite de una resistencia imposible; un nuevo Leviatn quehabra aparecido y se hara cargo de dicha situacin. EsteLeviatn mostrara todas las pretensiones del viejo, pero deuna manera ms radical: ya ni siquiera promete la paz,sino simplemente la vida. Lo cual revela la paradoja y lamistificacin de la vida desnuda: cuando el pensamientodel hombre y de su experiencia ha investido la vida, volvin-dola comn, potencindola en la plenitud de su constitucinsingular y creativa, es entonces cuando el lenguaje del poderpoltico tiene que anular la potencia del hombre sobre la vidapara reducir su capacidad efectiva de resistencia y parasometer de nuevo su fuerza productiva. La vida desnudarepresenta al hombre, o mas bien presenta los cuerpos alborde de un peligro y de una miseria indecibles. La vidadesnuda es la imagen de lo que queda despus de que elterrorismo del capitalismo moribundo se ha ejercido sobrela vida y el trabajo de la multitud. Es un grito de impotencia,que resuena dentro de una masa de individualidades derrota-das, para volver eterna esta derrota, para transferirla delindividuo a la singularidad, de la masa a la multitud. La vidadesnuda llega de esta manera a ese fondo ltimo, vecino dela materia tal como la define el neoplatonismo: como eseinicio desde la nada [inizio del nulla] en la que se constituyen

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    los cuerpos.63 La vida desnuda es lo contrario de toda la potenciay la alegra del cuerpo spinozistas. Es la exaltacin de la humilla-cin, de la piedad; es cristianismo medieval: ni siquiera esuna experiencia fecundada por la revolucin humanista, nitampoco aquel porvenir construido por la esperanza comnde los proletarios.

    Finalmente, a travs de la vida desnuda, el capitalismoimperial retorna a los orgenes y produce sobre la base de lanueva acumulacin intelectual e informtica del capital unaoperacin de transferencia de los derechos de los individuos yde la comunidad al soberano.64 De esta manera la vida des-nuda no es solamente una falsificacin de la pobreza, unaapologa de la alienacin, sino tambin una construccin denuevas imgenes mistificadas. Concentrando la violenciaabsoluta del poder en la miseria de las masas, y acentuandode manera extrema tanto la miseria como la violencia, la llevaa un punto tal que slo puede emerger la necesidad de perma-necer vivo: es as como la teora de la vida desnuda

    63. De nuevo nos encontramos aqu confrontando esa mezcolanza defilosofa trascendental que muestra, como indistinguibles, el derivar haciala nada del devenir histrico y el volverse insgnificante del pensamientoconstitutivo. Como en otra era de crisis, ni siquiera el idealismo es concesivocon los patrones del mundo. En una era de transformaciones, a travs delas concesiones dbiles del saber, pasan a posiciones ontolgicas nihilistas.La poltica, en consecuencia, deviene fascista.

    64. Esta operacin de transferencia tiene naturalmente la caractersticade la nueva acumulacin (del trabajo inmaterial, informtico,comunicativo). Habermas haba mostrado, de la manera mistificada que lees propia, este pasaje, sin llegar a interpretarlo de manera formal (a travsde la ridcula re-exhumacin de un modelo kantiano). Por otro lado, enRawls asistimos a la tentativa ms explcita de recomponer sobre una baseindividualista (una multitud de individuos aterrorizados) el consensopor la acumulacin. Pero sobre todos estos temas y sobre la variada seriede autores que luchan por hegemonizar ideolgicamente los nuevosprocesos de acumulacin y la formacin de esquemas de legitimacinadecuados, ver Hardt-Negri, Il lavoro di Dioniso, ob. cit.

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    representa un retorno a los orgenes del estado capitalista,al imaginario del mito fundador.

    Hay que subrayar la sutil consecuencialidad de esta teora:si el terrorismo asociado a las imgenes de la Shoah fracasara,entraran de inmediato en juego las imgenes de Hiroshima.Es de esperar. De nuevo hombres desnudos que huyen de lamuerte tenindola ya encima, una huida enloquecida de hom-bres incendiados y moribundos Lo cual no impide que elmusulmn o el irradiado, al contrario de lo que pro-pone la ficcin de la vida desnuda, sean hombres antesque seres desnudos, monstruos antes que seres impotentes.65

    3.2. Biopoder y gentica

    La otra manera de contener al monstruo (de monstruifi-carlo) es la de destinarlo una vez ms a la funcin originariaque tena en la jerarqua eugensica la de revelar el esprituque habitaba en la ontologa, en la antropologa y en la cienciapoltica de la antigedad clsica e imponerlo de nuevo.Monstruo es el esclavo, el trabajador, el excluido del poder.Pero hoy hay instrumentos para fabricar la teleologa eugensica:por qu no utilizarlos? Es as como en la ingeniera genticacontempornea se revela una voluntad de potencia que es-candaliza a los creyentes y excita a los malhechores; es laposibilidad de crear monstruos: cuerpos que nacen fuera dela autonoma del sujeto gentico y que pueden ser modificadoso corregidos de acuerdo a la necesidad. O, ms an, pedazos decuerpos que pueden servir para modificar otros cuerpos, a

    65. La excepcional importancia del Bartleby de Gilles Deleuze consisteen haber subrayado la extraordinaria potencia del personaje unapotencia que se expresa tambin en la absoluta negatividad delcomportamiento: la potencia de la intencin que premia sobre la nulidaddel fin.

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    veces para corregir los defectos genticos o patolgicos, otrasveces para aportar correcciones a la naturaleza. Existe la posi-bilidad de crear monstruos, no como aquellos a los que elpoder tema porque lo subvertan, sino unos que le sirven ala eugenesia porque el sistema del poder puede, de estamanera, funcionar y reproducirse.66

    El biopoder se configura entonces como poder sobre la re-produccin del hombre. Es cierto que la intervencin, cons-ciente o no, sobre el ambiente genrico (que es propio de laaccin productiva desde tiempos inmemorables) transfor-maba ya las condiciones generales de la reproduccin. Sinembargo, ahora, el eje maestro, la esencia misma del hombre,se declina en la reproduccin segn la sintaxis del poder.(Heidegger ha subrayado la miserable imagen que ofrecenlos reciclajes de la teora moderna del poder ante esta revo-lucin. El pobre Max Weber, as como los ltimos epgonosdel maquiavelismo, son objeto de escarnio tanto en las prc-ticas cientficas como en las teoras legitimantes del biopoder.Heidegger se burla de esto al poner a prueba el fin delhumanismo y la deriva tcnica. No consiste en esto el nazis-mo? Tal vez s, tal vez no; como sea, esta tendencia, entendidacomo destino, constituye un elemento no menor.)67

    Pero las cosas no se desarrollan as. Dentro de esta grantransformacin, el sujeto de la modernidad (aquel sujetoproductivo y masificado del cual hemos conocido su fuerzade resistencia) ha sido, como hemos visto, radicalmente trans-formado: el monstruo ha devenido biopoltico. Hacindosebiopoltico, se ha difundido, est en todas partes donde hay

    66. Vase, ms adelante en este mismo volumen, el artculo de MarcoBascetta y las indicaciones que ofrece.

    67. Fristche, J., Historical Destinity and National Socialism in HeideggersBeing and time, Univ. California Press, 1999: un libro verdaderamentetil para evitar los pudores de la buena sociedad filosfica europea y paraconsiderar a Heidegger como lo que es

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    vida, es produccin y comunicacin: el monstruo ha ocupadola escena posmoderna.

    Qu hacer? Despus de la mistificacin propuesta por lafantasa ideolgica de la vida desnuda, se trata ahora deorganizar una nueva manipulacin del monstruo biopoltico(y de la metfora sugerida por el monstruo) por parte de laingeniera biolgica. Estamos ante la tentativa de disolver lobiopoltico en lo biolgico: si el hombre era, para Darwin ypara Marx, la clave para comprender al simio, ahora, en laideologa renovada de la eugenesia, el simio deviene el destinodel hombre hay que ponerlo a trabajar los cuerpos sonmanipulados para adecuarlos al orden de la eugenesia y al con-trol del poder: la divisin social del trabajo se reorganiza so-bre este mismo dispositivo Ya tenamos, en primera lnea,un proyecto de divisin del trabajo por lneas de color depiel y/o de razas que se aplica en la economa global y queencierra la movilidad biopoltica del trabajador en una infamey destructiva jaula de explotacin.68 Pero, al mismo tiempo,comienzan a aparecer otras jaulas que preconstituyen alorganismo para hacerlo operar funcionalmente dentro de lajerarqua, en una performatividad sistmica que clasifica yrestringe a los trabajadores dentro de colmenas totalitariasQue estos mecanismos apunten a la vida y se incrusten sobrelas potencias mismas de expresin parece ahora, por medio dela ingeniera biolgica, posible, y es auspicioso para los cient-ficos de la poltica y de la economa capitalista posmoderna.69

    Pero hay un show down: el monstruo que, volvindose biosy ocupando el espacio ntegro de la produccin con la fuerzadel trabajo inmaterial, se haba emancipado de las relacionesde sujecin (que haban sido definidas segn la racionalidad

    68. Sandro Mezzadra, Cittadini della frontiera e confini dellacittadinanza en Aut aut 298, ob. cit.

    69. Como ya he dicho en la nota 66, se trata de profundizar terica ypolticamente el anlisis de esta situacin.

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    de la eugenesia); el monstruo que haba devenido vida ple-na:70 este monstruo es remonstruizado, o sea recondu-cido a una subordinacin racional. La eugenesia ya no es,como en los viejos tiempos, un principio ontolgico ms unanorma abstracta de organizacin social; ha devenido ingenie-ra del ser vivo con aspiraciones de tecnologa de dominacinpoltica.71 La metfora poltica es aqu tanto ms fuerte cuantolo es la posibilidad feroz que posee el capitalismo de realizarmaterialmente este proyecto. La tecnologa se presenta enlugar de la ontologa y la eugenesia de lo bello y de lo buenono tiene vergenza de ceder a esta subordinacin.72

    Esto no impide que detrs de la ingeniera gentica, detrsde esta espantosa maldad del poder, acten fuerzas reales, las

    70. Para tematizar este concepto de vida plena hay que dirigirsesobretodo a Deleuze. Por decirlo de alguna manera, este concepto esparadigmtico de l. Los nuevos constructores de sistemas, del Estado yde la dialctica, se han vuelto consecuentemente a la manera con la cualHegel se vuelve a Spinoza: lo acusan de no ceder la singularidad, lodenuncian por no someterse a las exigencias y urgencias de la totalidaddel poder. Hegel dice que Spinoza es un tsico pero ninguno de nosotrosse siente tsico: ms bien, a la manera de Spinoza, nosotros sabemosunirnos en una vehemente denuncia de Hegel. Potente y armada est enefecto nuestra concepcin de la vida, plena, as como surge de las pginasde Deleuze. Para no hablar de la locura guattariana, que recorre, ensoledad, o bien en comunin con Deleuze, en las grandes obras queconstruyeron y que es siempre repeticin del ritornello [estribillo],invenciones de agenciamientos y, sobre todo, determinacin de unateleologa positiva, construida desde los sujetos.

    71. Los problemas no son, sin embargo, puestos an en estos trminosexplcitos, sino ms bien en trminos de oportunidad mdico-sanitaria y/o de aprovechamiento econmico. En este momento predomina el nivel() de la investigacin (y la necesidad de grandes inversiones, sobre todoen relacin a las patentes), y delega a las multinacionales el mando, antesque a la estructura directamente poltica. Queda claro que la lucha sobrelos derechos de propiedad (y sobre el copyright) ha devenido fundamentalincluso en este nudo de la biopoltica, determinando as el desarrollo.

    72. Sobre todos estos temas me permito remitir a un nmero de Posse(de prxima publicacin en el otoo de 2001) sobre el concepto deBiopoltica (Castelvecchi, Roma).

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    mismas que organiza la propia biopoltica. Y esa violenciaque contiene la tecnologa del poder puede ser desarmada ydevenir, por el contrario, un formidable instrumento paraatenuar en los hombres, en las singularidades, en la multitud,el miedo a la miseria, a la enfermedad y a la muerte puedeservir, sobre todo, para liberarnos del miedo tout court. Siquisiramos definir al monstruo en este nuevo espacio en elcual la posmodernidad lo constrie y contra el cual se rebelay es esto lo que haremos ms adelante, deberemos definirlocomo una red de stimuli, como una arquitectura de fuerzas(es decir una carne, un cuerpo sin rganos) abiertas a lametamorfosis, a la produccin de un cuerpo que ya la contienede manera catica.73 Esta espontaneidad poderosa determinael nuevo sentido de la escena poltica.74 La vida es enriquecidapor la presencia del monstruo. La vida desnuda es oblite-rada por la carne y el monstruo tecnolgico no podrresistirse a la potencia biopoltica de los nuevos cuerpos.

    Una enorme heteronoma de fines? Y si, verdadera-mente, la posmodernidad liberase al hombre del miedo?Porque el problema de la filosofa del poder antigua y mo-derna se juega ntegramente all: en crear miedo para afirmarel poder de las elites. La eugenesia es una ciencia polticaque no cede su lugar a ninguna otra ciencia: desde Platn enadelante domina la escena del saber, del control sobre la vidapblica. Cmo se hace para eliminar el miedo de la escenapblica?75

    73. CsO, cuerpo sin rganos, en Deleuze-Guattari, Mille plateaux, ob. cit.74. En las ltimas obras de Guattari, sobre todo en Chaosmose, Pars,

    Galile, 1992 [Trad. cast.: Caosmosis, Buenos Aires, Manantial, 2002.],estamos del todo dentro de un nuevo horizonte, ecolgico y biopoltico,del filosofar y del decidir polticamente. Vase tambin mi Kairos, AlmaVenus, Multitudo, ob. cit.

    75. Hardt, M. y A. Negri, Empire, ob. cit., argumentan [sic] am-pliamente sobre este conjunto problemtico.

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    4. EL MONSTRUO COMO ANGELUS NOVUS

    4.1. Crisis, metamorfosis

    El monstruo ya no es, por lo tanto, elemento de resistenciay de ruptura de la teleologa; ahora deviene producto tecno-lgico de la eugenesia, proyecto y predeterminacin de do-minio: tal parece ser la Grundnorm de la posmodernidad.Despus de la dbacle de la modernidad, la teora del poder sereconstruye sobre el monstruo-sujeto, incluido (para ser,eventualmente, excluido) por la sntesis del poder. El mons-truo biolgico, producto del biopoder, toma de esta manerael lugar del monstruo teratolgico: el bueno (en tanto productofuncional de la tecnologa del poder) toma el lugar del malo(en tanto caduco) producto de la teleologa natural.

    He aqu, sin embargo, un problema: esta descripcin ol-vida (y, francamente, querra eliminar) que el monstruobiopoltico no solamente ha constituido este desarrollo, sinoque ha sido su motor y su sujeto. Nuestra atencin debe puesretornar al monstruo, a su extraa potencia, a las variacionesde su humor y a la expresin de su fuerza: debemos volver al pero no en las dificultades de su transicin histrica, sinoatendiendo al resultado que se realiza en la posmodernidad.Se trata de comprender cmo vive el monstruo, modificn-dose y singularizando al mismo tiempo su consistencia y suresistencia.76 En otras palabras: debemos preguntarnos cmo

    76. La relacin entre consistencia ontolgica y resistencia polticaes, como lo hago notar, uno de los puntos centrales de la relectura/reintepretacin/reinvencin deleuziana del spinozismo. Esta relacin sereencuentra en toda la obra de Deleuze despus del 68, que coincide conla publicacin de Spinoza et la thorie de lexpression [Trad. cast.: Spinoza y elproblema de la expresin, Barcelona, Muchnik, 1999.], hasta el ltimo Quest-ce que la philosophie? [Trad. cast.: Qu es la filosofa?, Barcelona, Anagrama,1992.], de los aos 90. Sobre este tema remito tambin a mi Kairos, AlmaVenus, Multitudo, ob. cit.

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    es que el monstruo biopoltico no slo puso en crisis a lamodernidad, sino tambin cmo se presenta hoy, aqu, en lavida comn del post-, metamorfoseado, irreductible, con unanueva potencia de vida.

    La identificacin de este extrao personaje es segura: esel General Intellect. General Intellect y biopoltica estn situa-dos en la misma superficie, crean entre ambos juegos bellosy potentes, se presentan como la vida plena de la fuerza detrabajo intelectual.

    La genealoga de este sujeto biopoltico es bastante difcilde describir. No avanza linealmente, sino por medio de inno-vaciones inesperadas, con desvos extraos y creativos. En elltimo cuarto del siglo XX, muchos son los autores que hantratado de describir esta lnea de constitucin catica.77Primera etapa: el CsO, Corps sans organes, es decir, laindeterminacin de la carne, destinada a un sujeto que des-cubre sobre las mil mesetas de la existencia la necesidadde reorganizar la vida y la productividad ms all de todadeterminacin o paradigma de la modernidad78 Hay aquuna acumulacin de potencia que ya no corresponde a la defi-nicin de un cuerpo. Si la singularidad quiere devenir cuerpo,si la multitud reclama ser, todava no lo es: es carne, perocarne que es transfigurada por deseo de una figura, de unavoluntad de potencia. Es cierto que en la crisis de la moder-nidad, hay un momento en el cual la bsqueda de subje-tivacin nos pone en un punto cero. Estamos estancados enese horizonte. No por esto la vida desnuda se re-cualifica:

    77. La referencia apunta de nuevo a F. Guattari. Pero no son menossignificativos, en torno a este programa de constitucin catica, Paul Virilio,Pierre Lvy y tambin Gilbert Simondon. Se podra trazar una va similarde desarrollo terico en los estudios fsicos y filosficos del rea anglosajonade la posmodernidad.

    78. Es entre Antonin Artaud y Mille Plateaux de Deleuze-Guattaricuando se ponen en accin para la posmodernidad los prolegmenos deuna filosofa positiva del CsO, o mejor, del monstruo revolucionario.

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    la carne se pone en movimiento para hacerse cuerpo. Esta crisises notable,79 y se define en el pasaje (y cesura de la moderni-dad) que se ha dado entre la hegemona del trabajo materialy la hegemona del trabajo inmaterial de la produccin, entreel mundo disciplinario y el universo del control, entrelocalizacin y globalidad de la existencia.80 Ahora bien, en estepasaje, la carne esa existencia monstruosa del General In-tellect resiste. Resiste, como dice Deleuze,81 porque consiste.Aqu la resistencia ya no es ms slo una forma de lucha, sinouna figura de la existencia. La ontologa est, por decirlo as,en ebullicin, y deposita consistencia metamrfica, irrecupe-rable, irreversible. La resistencia es la dureza de la carne,cambio del paradigma que se revela en la movilidad, en elcolor del mar, ondas superficiales pero ontolgicamente po-tentes, que modifican la masa de las aguas. Cul ser laexpresin productiva de esta nueva consistencia, y cul ser laforma de su subjetividad?

    La respuesta a estos interrogantes est condicionada porla intensidad de los procesos de crisis y metamorfosis queinterrumpen y relanzan los movimientos tumultuosos de lacarne que quiere devenir cuerpo del General Intellect. Mons-truosas son aqu las transformaciones de la naturaleza delproceso y la radical modificacin de las figuras y de la din-mica. Si nos referimos al modelo clsico de permanencia ydinmica del ser, esto es, a la cudruple figura del principiocausal en Aristteles, podremos observar aqu que en las

    79. Crisis vivida de manera singular y diversa en las distintas culturas,que sealo se reunifican en nombre de y a travs de esta crisis. El pasajede la modernidad (en todas sus categoras) al post (en todos sus aspectos) sejuega en torno a este punto. Entre el 68 y el 89 se cumple este proceso.

    80. En Empire, ob. cit, M. Hardt y yo hemos desarrollado los temascentrales del pasaje.

    81. Vase ms arriba la nota 77. Pero tambin Deleuze, en su ltimoartculo, Limmanence: une vie Philosophie 47, septiembre de 1995),3-7. (Vase traduccin en este mismo volumen).

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    transformaciones que seguimos ya no hay homologa de for-ma, ni de finalidad; ni siquiera continuidad de materia ni,en fin, es posible encontrar la causa eficiente, porque aquelloque tenemos enfrente no es slo un proceso, una acumula-cin, sino sobre todo una transfiguracin, una explosin82

    Sacando del medio a Aristteles, habremos tambin, defi-nitivamente, quitado del medio la eugenesia del poder? Serademasiado fcil. Sin embrago ya estamos dentro de esta expe-riencia de metamorfosis; y si es verdad que las propuestasideolgicas eugenistas se presentan continuamente y tratande reponer una siniestra continuidad y de afirmar laracionalidad del proceso, entonces tambin es verdad quela multitud, como carne del General Intellect, se mueve impa-ciente buscando otra genealoga, corprea, que se conviertaen prtesis de subjetivacin. xodo, nomadismo, movimien-tos unilaterales de la multitud que provocan experiencias dehibridacin.83 Tengamos cuidado: este nomadismo, estadinmica de transformacin y produccin de subjetividad,no es sin embargo una simple experiencia espacial: es cual-quier cosa que en el microcosmos repite lo macro, que penetraal ser singular y atraviesa la multiplicidad84 en fin, sontambin muchos sentimientos, fuerzas y lneas los que atra-viesan los confines de la especie85, y todo esto, finalmente,es siempre positivamente manipulado, progresivamenteconstruido86 Gran metfora o prcticas posibles?

    82. Sobre este punto, vase R. Schrmann, Des hgmonies brises,Toulouse, Ter, 1997.

    83. La investigacin de Bruno Latour, primero sobre los laboratoriosy despus sobre los paradigmas cientficos, resultan insuperables comocaptulos introductorios. Por ejemplo, vase: Pandoras Hope, Harvard U.P., 1999. [Trad. cast.: La esperanza de Pandora, Barcelona, Gedisa, 2000.]

    84. Simondon, G., Lindividuation psysique et collective, Pars, Aubier,1989; Du mode dexistence des objects techniques, ibid.

    85. Haraway, Donna, Testimone Modesta Female Man incontra Onco Topo,Miln, Feltrinelli, 2000.

    86. Nos referimos a la larga serie de ensayos de Georges Canguilhem,

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    Hemos as descrito un segundo campo de expresin y derepresin de la genealoga del monstruo. ste se nutre de laexpansin de las pasiones que tienden a la formacin de unnuevo cuerpo. Atravesando la carne para abrirse a la subjeti-vidad, el proceso genealgico es como un inmenso motorque avanza por un terreno desconocido. Para poder seguirlo,pone seales, fija etapas, define estratos: es lo que configurael recorrido. El monstruo se transforma as en otra figura: alliberar la intelectualidad masiva, constituyndose de golpeen potencia, ha modificado todas las condiciones de vida yde reproduccin que lo rodean. El monstruo, o mejor, el mo-vimiento intelectual que, a partir de la carne, quiere hacerque el General Intellect devenga cuerpo, se expande, se definey se forma cada vez ms. Todo el tiempo da lugar a nuevasaperturas del ser, tal vez esperanzas, ciertas pulsiones y deseosy, a partir de esta tensin, el monstruo se abre al futuro. Ensu mirada al pasado como un continuum de derrotas, Benjaminhaba presentado la imagen un poco de mal augurio delAngelus novus. Probablemente en la crisis de la modernidad,la innovacin del sujeto (tan difcil en esta travesa de la carnepara devenir cuerpo) ha creado un tejido ontolgico que per-mite que la metamorfosis resuelva esta crisis. El monstruoposmoderno, resistente porque se apoya en otro tipo defundamento ontolgico, ya es desde todo punto de vista laexpresin de una nueva genealoga.

    4.2. El cuerpo del General Intellect

    Hay pasiones gozosas a travs de las cuales podemosinvestir esta metamorfosis que hace del monstruo un sujeto.

    reunidas en la edicin Vrin, Pars, 1971, que apareci con el ttulo Laconnaissance de la vie [Trad. cast.: El conocimiento de la vida, Barcelona,Anagrama, 1976.]

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    Qu momento ms creativo aquel en el que se ve a la carnehacerse cuerpo! Incluso el viejo Dios del Gnesis, tan pocopredispuesto a la benevolencia, estaba satisfecho con su obra.

    Que el goce inviste la rebelin del sujeto significa que elcuerpo es goce. Una gran literatura ha desarrollado la utopade un mundo feliz en torno a las partes bajas del cuerpo:en el inicio de la modernidad, a mediados del Renacimiento,la poesa ha dado una figura corprea a esta alegra baja.87Ahora es el momento de identificar en lo alto del cuerpo,en el intelecto que crea nombres comunes y que es el sujetode los procesos de comunicacin, la vertiente de la nuevaalegra, la revelacin de la feliz transformacin antropolgica.Pero hay que hacerlo sobre la misma base materialista deaquella primera apologa de las pasiones bajas, porque aqutambin est la produccin en el centro del discurso.88

    Por qu recurrir a estas imgenes? Porque es esto, fuerade toda dialctica, lo que significa ser monstruo hoy: unsujeto comn, una fuerza colectiva, un ser otro. Al igual queesas masas carnavalescas (gozosas del cuerpo bajo) a lasque aludimos antes, que nunca devinieron pueblo, sinomultitud de deseos, evadiendo toda manipulacin y todamistificacin, estas nuevas multitudes intelectuales, cuyosplaceres y cuya productividad estn en la comunicacin y enla interactividad colectiva, no devienen demos del Imperio,sino que existen en la resistencia ante toda tentativa desometimiento de su potencia; y tambin ms all de laresistencia, reivindicando la plenitud y la riqueza de laspasiones de la vida. El cuerpo del General Intellect se forma a

    87. La referencia es a Rabelais, pero tambin, y sobre todo, a la lneade interpretacin que ha hecho de l un paradigma central de nuestratradicin crtica: de Lucien Febvre a Mijail Bajtin.

    88. Para completar el discurso, hay que referirse a nuestras numerosasintervenciones en torno a la definicin del trabajo inmaterial y delhorizonte biopoltico, que permiten subrayar la atencin sobre eldesarrollo de los estudios literarios, histricos y lingsticos de origen

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    partir de esta articulacin, del todo monstruosa.89 Necesita-mos un nuevo Rabelais para relatarlo. Pero no nicamente:todo escritor materialista ha sido, al menos una vez en su expe-riencia potica, seducido por estas imgenes: la Batraco-miomachia de Leopardi, o el grotesco de Ezra Pound y el deCline por no hablar de Brecht o de Heiner Mller.

    Hacindose cuerpo, el General Intellect configura al mons-truo como sujeto. Sustrae la carne del contacto con la materiaefmera de la corrupcin y de la decadencia, de la fantas-magora cruel de la vida desnuda. Restituye la carne algoce, y es (spinozianamente) esta irrupcin de la pasin alegrelo que produce la subjetividad.

    Pero por qu el goce debe producir un sustrato ontol-gico? P