EL ANTIGUO LARGO Y DIFICIL CAMINO A SAN ANDRES

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Artículo de Juan Antonio Padrón Albornoz, periódico El Día, sección "Santa Cruz de ayer y hoy", 1986/04/06

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  • Santa Cruz de ayer y de hoy

    1 antiguo, largo y difcil caminoa San Andrs

    E N el antiguo y buenvalle de San Andrstambin llamado

    de Salazar o de las Higue-ras se extiende todo un si-lencio suave y tranquilo pe-ro, en especial, por los ba-rrancos de El Cercado y LasHuertas. All, entre monta-as y al pie de ellas, la pazque seguro reinaba en elpueblo pescador y agrcolacuando, para llegar a l, elcamino era la mar o el que,peligroso, alternaba lasplayas con las alturas devrtigo.

    Hoy, la autova a San An-drs verdadera prolonga-cin de la esplndida Aveni-da de Anaga en nada re-cuerda el peligroso caminoque, difcilmente, se obser-va muy por encima de la ca-rretera que le sustituy y,hace aos, dio paso a lanueva va de comunicacin.

    En la actualidad, unamagnfica va pone a pocoskilmetros de la capitalaquel su buen barrio en que,tradicionalmente se une elbuen trabajo en el campocon el que, mar afuera yvenciendo las olas, bien lle-van a cabo sus hombres dela pesca artesanal, los quetienen y mantienen todo unarte difcil y duro.

    La actual va tuvo susprincipios en el antiguo ca-mino vecinal que una SantaCruz con San Andrs. Estecamino que principiaba aespaldas del camino de PasoAlto, faldea a orillas del marlas montaas que formanlos valles Seco, Bufadero,San Andrs e Igueste, quepertenecen a este Distrito,habiendo en l algunos pa-sos peligrosos en los rarsi-mos das en que la mar sepresenta atemporalada convientos del Sur en algunosinviernos. As nos describe,all por la dcada de losaos 80 del pasado siglo,don Miguel Poggi y Barsottoen su clebre gua de SantaCruz.

    Este camino vecinal des-de Santa Cruz a San Andrsse comenz por prestacinpersonal en 1856 y, conbastante lentitud, se realiza-ron las obras hasta que, en1868, se paralizaron, dadoque dejaron de consignarsecantidades para invertir enella. Al respecto, la Prensade entonces deca que loconstruido se halla comple-tamente destruido por nohaberse ejecutado las obrascon la inteligencia y solidezque requeran, y por elabandono con que se miraesta va importante.

    Largo y difcil, el caminosuba y bajaba, al igual quela carretera que, muchosaos ms tarde, lo sustituyy que, a la vera de la mar,iba hasta Cueva Bermeja.All iniciaba la subida por laladera y, curva a curva, es-calaba para luego bajarhasta Jagua, donde a la maralta y libre se abra una pe-quea playa, cercana a losalmacenes de le empresaPesqueras y Salazones deTenerife. La carretera, alcomenzar de nuevo la subi-da, cruzaba cerca de los te-rrenos en los que, sobre ro-ca, se secaba el pescado quepreviemente salado lle-gaba a las goletas y balan-dras que faenaban frente algran silencio sahariano.

    De nuevo, alturas de vr-tigo sobre la mar que rom-pa al pie de la montaa y,un poco ms all, la veredapeligrossima que llevaba ala no menos peligrosa playade los Trabucos. Luego, lapaz de San Andrs, las casascon sencillo y elegante toca-do de tejas canarias, el viejocastillo, el encanto de la

    Desde la autova, la antigua carretera y, ms arriba, vestigios del difcil camino vecinal que llevaba aSan Andrs

    playa y, ms arriba, los lau-reles de indias que lanzabanlanzan su sombra verdey fresca a la vera del ba-rranco.

    Por la playa de Las Tere-sitas iniciaba el camino sunuevo ascenso en busca deIgueste de San Andrs, delvalle tranquilo que, tambinpor la mar, se comunicabaregularmente con SantaCruz. An recordamoscuando, en el atracadero dela marquesina, comenzabanlos preparativos para hacer-se a la mar aquellas largasfalas de crbs proas a lasque, sobre la regala, se colo-caba una falsa borda de lo-na para proteger a los pasa-jeros de los rociones. Pero,antes de la salida a la mar,haba que calentar con so-plete aquellos primitivosmotores que, con demasia-da frecuencia, se averiabany dejaban a la fala al gare-te. Era entonces el momentode, a media travesa, izaruna vela rudimentaria unsimple toldo envergado en elpalo y, con la limosna dela brisa, volver al abrigo delDique del Este o, tambin, alcollar de espumas de laplaya de Igueste.

    Aunque desplazada de suantigua zona, la marquesinaparece guarda an ecos delsuave ronroneo de los moto-res y visiones ya difumina-das, de las estampas mari-neras de aquellas falassin excepcin pintadas degris que sustituyeron a losviejos botes que,, a remo yvela, durante aos y aoscomunicaron Santa Cruzcon sus dos buenos barrios.All, a la orilla de la mar,San Andrs e Igueste biensupieron saben an her-manar la agricultura con lapesca. As, mientras las qui-llas audaces aran la cintaazul de infinito en busca decosecha de plata palpitante,

    los bueyes rompen la tierraque, con largueza, ms tar-de prodigar sus frutos.

    Tras el camino vecinal, lacarretera que, tambin, seconserva en algunos tra-mos, en especial en el que,tras la bajada final, terminaen el jardn que crece y cre-ce poco antes de llegar aSan Andrs. Nadie so en-tonces cuando era va in-dispensable, verdadera-mente necesaria que llega-ra a convertirse en ampliaavenida, en mirador espln-dido de la ciudad sobre supuerto, sobre toda su mar.

    La margen izquierda deaquel viejo camino vecinal,que principiaba a espaldasdel castillo de Paso Alto, seha transformado, como porarte de magia, en el water -front valga el expresivovocablo ingls de toda laciudad de Santa Cruz deTenerife.

    Frente al Atlntico, lamontaa se ha convertidoen fondo de toda una teorade colores de modernas edi-ficaciones que, poco a poco,han alzado sus nuevas yatrevidas estructuras, sm-bolos de la ciudad que siem-pre fue, que es y ser.

    Por Valleseco an quedanvestigios verdaderas reli-quias ya del viejo SantaCruz carbonero, de la ciu-dad que viva de cara a lamar, de la que cifraba subienestar y porvenir enaquel buen carbn galesde poco humo y muchafuerza que, con regulari-dad, desde Cardiff llegabapara, con su abundancia,rellenar exhaustas gabarrasy almacenes y, posterior-mente, los side burikers delos vapores que daban fondopara hacer consumo y re-frescar la aguada.

    Ya la marquesina no tie-ne ruido de motores ni guai-drapazos de velas latinas.

    Tampoco las charlas anima-das de los vecinos de Igues-te que, por circunstanciasespeciales de la poca, ha-ban convertido en estacinaquella vieja zona que. a lasombra de la farola, era ini-cio del Muelle Sur. Ya no seapilan las mercanca senci-llas y humildes en especialcarbn vegetal, o de pino,como entonces de decaque, una vez desembarca-das, esperaban los carros demuas que, entre arres deestmulo y frreo estrpitode herraduras, ascendanpor la corta calzada en bus-ca de las calles de la ciudad.

    Hoy es una esplndidaavenida la que, al tiempoque hace de mirador sobreel puerto y la mar, acerca laciudad a sus barrios, a laplaya de Las Teresitas y aese futuro de campo ver-dadero campo que bien seguarda en el barranco de ElCercado, el del silencio y laspalmeras.

    An es posible ver, sobrela vieja carretera, el aban-donado y olvidado caminovecinal que, serpenteante,faldeaba las laderas, orilla-ba los precipicios y, desdeCueva Bermeja, iba en bus-ca de los valles tranquilos yaislados. Todo aquello es te-ma remoto, pero no olvida-do; y es que la ciudad, conSan Andrs e Igueste de SanAndrs, ha trabajado mu-cho y bien para abrir a laprosperidad la amplia zonade su litoral.

    All, en la misma lneadonde la ciudad se fundecon el puerto, donde la tie-rra se une y confunde, im-precisa, con la mar, SantaCruz pone y bien mantienesu presencia y, desde SanAndrs e Igueste, mira alocano, camino siempre desu prosperidad, de todo sufuturo. Juan A. PadrnAlbornoz.

    As puede contemplarse a La Gomera como la Rbida atlntica.,

    La Gomera, Rbidaatlntica-canaria...

    Un simbolismo, con afinidad deargumentos y quehaceres

    E N mi trabajo sobre LaGomera, en simbolis-mos, publicado en ELDA, con fecha 7 de

    agosto de 1983, figura un sim-bolismo de especial relieve: LaGomera, Rbida atlntica-ca-naria, y creo estar en lo ciertorespecto a su similitud en cuan-to a su quehacer y argumentocon Palos de la Frontera, lugardel inicio de la aventura colom-bina, y esta tierra La Gome-ra partida definitiva; algo ascomo Palos el inicio y La Go-mera el fin de ese tramo demar conocido como el Golfo delas Yeguas entre Palos y La Go-mera, y que sirve de nexo yunin entre una y otra latituden lo histrico, aventurero yreligioso...

    Y existen razones para fun-damentarlo, porque si Palos fuepuerta de acceso a este sucesouniversal, La Gomera, fue ven-tanal abierto de horizontesnuevos...

    Y ese camino azul, espumosoy yodado: el Atlntico, que allesper a las carabelas, rebasa-dos >a el Tinto y el Odiel, aqufue aparcamiento lquido y es-pera temporal y circunstancialpara la partida definitiva...

    Afines en quehaceres y co-metidos: all Palos de la Fronte-ra suministr naves y hombresal Almirante; aqu, La Gomera,suministrles lea de sus bos-ques y montes, ganados y lacarne de stos, los frutos de loscampos, y el agua para las na-ves, ya que esta aventura so-brepasaba en tiempo al de losviajes largos: ms de diezdas...

    Porque si castellana es Palosde la Frontera, no menos lo esLa Gomera...

    Porque si all, en Palos de laFrontera, en el Monasterio dela Rbida, Coln se despidi deSanta Mara de la Rbida, su-plicando el favor y auxilio paral y los suyos, aqu, en La Go-mera se despidi tambin, su-plicando idntico favor a SantaMara, en el templo de la Asun-cin de la Villa...

    Porque si Rbida supone mo-nasterio o ermita, tambin LaGomera posee la suya, en esaapacible y recoleta marisma dePuntallana, donde se asienta laPatrona de la Rbida Atlntica-Canaria: la morenita Virgen deGuadalupe escapulario ma-riano de los gomeros, comoall, Santa Mara de la Rbidalo es para los palermos...

    Porque si en Palos se iz elvelamen de las carabelas, hin-chndose stas con los vientosonubenses, aqu, en La Gome-ra, se izaron tambin los vel-menes y se hincharon con la ti-bia brisa de su baha y puerto,y tomaron la vuelta para ir suviaje, sobrepasada ya la puntadel Becerro esas tres trinidadesfeme