Don y Misterio. JPII

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Una biografía de Juan Pablo II

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JUAN PABLO IIDON Y MISTERIO

INTRODUCCINPermanece vivo en mi recuerdo el encuentro gozoso que, por iniciativa de la Congregacin para el Clero, tuvo lugar en el Vaticano en el otoo del pasado ao (27 de octubre de 1995), para celebrar el trigsimo aniversario del Decreto conciliar Presbyterorum Ordinis. En el ambiente festivo de aquella asamblea diversos sacerdotes hablaron de su vocacin, y tambin yo ofrec mi propio testimonio. Me pareci hermoso y fructfero que, entre sacerdotes, ante el pueblo de Dios, se ofreciera este servicio de edificacin recproca.Las palabras que pronunci en aquella circunstancia tuvieron un eco may grande. A raz de ello, desde varias partes se me pidi con insistencia que volviera a tratar, de un modo ms amplio, el tema de mi vocacin, con ocasin del Jubileo sacerdotal.Confieso que la propuesta, al principio, suscit en m alguna resistencia comprensible. Pero despus me sent como obligado a aceptar la invitacin, viendo en ello un aspecto del servicio propio del ministerio petrino. Movido por algunas preguntas del Dr. Gian Franco Svidercoschi que han hecho de hilo conductor, me he dejado llevar con libertad por la ola de recuerdos, sin ninguna pretensin estrictamente documental.Todo lo que digo aqu, ms all de los acontecimientos histricos, pertenece a mis races ms profundas, a mi experiencia ms ntima. Lo recuerdo ante todo para dar gracias al Seor: "Misericordias Domini in aetemum cantabo!" Lo ofrezco a los sacerdotes y al pueblo de Dios como testimonio de amor.-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------IEN LOS COMIENZOS...EL MISTERIO!Cul es la historia de mi vocacin sacerdotal? La conoce sobre todo Dios. En su dimensin ms profunda, toda vocacin sacerdotal es un gran misterio, es un don que supera infinitamente al hombre. Cada uno de nosotros sacerdotes lo experimenta claramente durante toda la vida. Ante la grandeza de este don sentimos cuan indignos somos de ello.La vocacin es el misterio de la eleccin divina: "No me habis elegido vosotros a m, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca" (Jn 15, 16). "Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarn'' (Hb 5, 4). "Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conoca, y antes que nacieses, te tena consagrado: yo profeta de las naciones te constitu" (Jr 1, 5). Estas palabras inspiradas estremecen profundamente toda alma sacerdotal.Por eso, cuando en las ms diversas circunstancias -por ejemplo, con ocasin de los Jubileos sacerdotales- hablamos del sacerdocio y damos testimonio del mismo, debemos hacerlo con gran humildad, conscientes de que Dios "nos ha llamado con una vocacin santa, no por nuestras obras, sino por su propia determinacin y por su gracia" (2 Tm 1, 9). Al mismo tiempo, nos damos cuenta de que las palabras humanas no son capaces de abarcar la magnitud del misterio que el sacerdocio tiene en s mismo.Esta premisa me parece indispensable para que se pueda comprender de modo justo lo que voy a decir sobre mi camino hacia el sacerdocio.Las primeras seales de la vocacinEl Arzobispo Metropolitano de Cracovia, Prncipe Adam Stefan Sapieha, visit la parroquia de Wadowice cuando yo era estudiante en el instituto. Mi profesor de religin, P. Edward Zacher, me encarg darle la bienvenida. As, tuve entonces la primera ocasin de encontrarme frente a aquel hombre tan venerado por todos. S que, despus de mi discurso, el Arzobispo pregunt al profesor de religin qu facultad elegira yo al terminar el instituto. El P. Zacher respondi: "Estudiar filologa polaca". El Prelado coment: "Lstima que no sea teologa".

En ese perodo de mi vida la vocacin sacerdotal no estaba an madura, a pesar de que a mi alrededor eran muchos los que crean que deba entrar en el seminario. Y tal vez alguno pudo pensar que, si un joven con tan claras inclinaciones religiosas no entraba en el seminario, era seal de que otros amores o aspiraciones estaban en juego. En efecto, en la escuela tena muchas compaeras y, comprometido como estaba en el crculo teatral escolar, no faltaban diversas posibilidades de encuentros con chicos y chicas. Sin embargo, el problema no era ese. En aquel tiempo estaba fascinado sobre todo por la literatura, en particular por la dramtica, y por el teatro. A este ltimo me haba iniciado Mieczyslaw Kotlarczyk, profesor de lengua polaca, mayor que yo en edad. El era un verdadero pionero del teatro de aficionados y tena grandes ambiciones de un repertorio de calidad.

Los estudios en la Universidad JaghellonicaEn mayo de 1938, superado el examen final de los estudios en el instituto, me inscrib en la Universidad Jaghellonica para realizar los cursos de Filologa polaca. Por este motivo me traslad, junto con mi padre, desde Wadowice a Cracovia. Nos instalamos en la calle Tyniecka 10, en el barrio de Debniki. La casa perteneca a los parientes de mi madre. Comenc los estudios en la Facultad de Filosofa de la Universidad Jaghellonica, siguiendo los cursos de Filologa polaca, pero slo logr acabar el primer ao, porque el 1de septiembre de 1939 estall la segunda guerra mundial.A propsito de los estudios, deseo subrayar que mi eleccin de la filologa polaca estaba motivada por una clara predisposicin hacia la literatura. Sin embargo, ya durante el primer ao, atrajo mi atencin el estudio de la lengua misma. Estudibamos la gramtica descriptiva del polaco moderno y al mismo tiempo la evolucin histrica de la lengua, con un particular inters por el viejo tronco eslavo. Esto me introdujo en horizontes completamente nuevos, por no decir en el misterio mismo de la palabra.La palabra, antes de ser pronunciada en el escenario, vive en la historia del hombre como dimensin fundamental de su experiencia espiritual. En ltima instancia, remite al insondable misterio de Dios mismo. El redescubrir la palabra a travs de los estudios literarios y lingsticos, me acercaba al misterio de la Palabra, de esa Palabra a la cual nos referimos cada da en la oracin del ngelus: ''La Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros'' (Jn 1, 14). Comprend ms tarde que los estudios de filologa polaca preparaban en m el terreno para otro tipo de intereses y de estudios. Predisponan mi nimo para acercarme a la filosofa y a la teologa.

El estallido de la segunda guerra mundialPero volvamos al 1 de septiembre de 1939. El estallido de la guerra cambi de modo radical la marcha de mi vida. Verdaderamente los profesores de la Universidad Jaghellonica intentaron comenzar de todos modos el nuevo ao acadmico, pero las clases duraron slo hasta el 6 de noviembre de 1939. En ese da las autoridades alemanas convocaron a todos los profesores a una asamblea que acab con la deportacin de aquellos respetables hombres de ciencia al campo de concentracin de Sachsenhausen. Acababa as en mi vida el perodo de los estudios de filologa polaca y comenzaba la fase de la ocupacin alemana, durante la cual al principio intent leer y escribir mucho. Precisamente a esa poca se remontan mis primeros trabajos literarios.

Para evitar la deportacin a trabajos forzados en Alemania, en el otoo de 1940 empec a trabajar como obrero en una cantera de piedra vinculada a la fbrica qumica Solvay. Estaba situada en Zakrzwek, a casi media hora de mi casa de Debniki, e iba andando hasta all cada da. En aquella cantera escrib una poesa. Releyndola despus de tantos aos, la encuentro an particularmente expresiva de aquella singular experiencia:"Escucha bien, escucha los golpes del martillo, la sacudida, el ritmo. El ruido te permite sentir dentro la fuerza, la intensidad del golpe. Escucha bien, escucha, elctrica corriente de ro penetrante que corta hasta las piedras, y entenders conmigo que toda la grandeza del trabajo bien hecho es grandeza del hombre...'' (La cantera: I; Materia, I)Estaba presente cuando, durante el estallido de una carga de dinamita, las piedras golpearon a un obrero y lo mataron. Qued profundamente desconcertado:"Levantaron el cuerpo, en silencio avanzaban. Abatidos, sentan en todos el agravio..." (La cantera: IV; En memoria de un compaero de trabajo, 2.3)Los responsables de la cantera, que eran polacos, trataban de evitarnos a los estudiantes los trabajos ms pesados. A m, por ejemplo, me asignaron el encargo de ayudante del llamado barrenero, de nombre Franciszek Labus. Lo recuerdo porque, algunas veces, se diriga a m con palabras de este tipo: "Karol, tu deberas ser sacerdote. Cantars bien, porque tienes una voz bonita y estars bien..." Lo deca con toda sencillez, expresando de ese modo un convencimiento muy difundido en la sociedad sobre la condicin del sacerdote. Las palabras del viejo obrero se me han quedado grabadas en la memoria.El teatro de la palabra vivaEn aquella poca estuve en contacto con el teatro de la palabra viva, que Mieczyslaw Kotlarczyk haba fundado y continuaba animando en la clandestinidad. La dedicacin al teatro fue favorecida al principio por el hecho de haber hospedado en mi casa a Kotlarczyk y a su mujer Sofa, que haban logrado pasar de Wadowice a Cracovia, al territorio del "Gobierno General". Vivamos juntos. Yo trabajaba como obrero, l primero como tranviario y despus como empleado en una oficina. Compartiendo la misma casa, podamos no slo continuar con nuestras conversaciones sobre el teatro, sino incluso realizar actuaciones concretas, que tenan precisamente el carcter de teatro de la palabra. Era un teatro muy sencillo. La parte escnica y decorativa estaba reducida al mnimo; la actuacin consista esencialmente en la recitacin del texto potico.Las representaciones tenan lugar ante un grupo reducido de conocidos e invitados, que demostraban un inters especfico por la literatura y eran, de algn modo, "iniciados". Era indispensable mantener el secreto sobre estos encuentros teatrales, pues de lo contrario se corra el riesgo de graves sanciones por p