Cuando Hitler robó el conejo rosa

of 107 /107
Cuando Hitler robó el conejo rosa Judith Kerr Traducción de Mana Luisa Balseiro Ilustraciones de Judith Kerr

Embed Size (px)

description

lectura, animación, educación

Transcript of Cuando Hitler robó el conejo rosa

  • Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Judith Kerr

    Traduccin de Mana Luisa Balseiro Ilustraciones de Judith Kerr

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Cuando Hitler rob el conejo rosa TTULO ORIGINAL: WHEN HITLER STOLE PINK RABBIT

    D.R. Del texto: JUDITH KERR 1971, JUDITH KERR de esta edicin: 1978, Ediciones Alfaguara, S. A. 1986, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. 1992, Santularia, S. A. Elfo, 32. 28027 Madrid Telfono 322 45 00 Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. de Ediciones Beazley, 3860. 1437 Buenos Aires Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. de C. V. Avda. Universidad, 767. Col. Del Valle, Mxico, D.F. C.P. 03100 I.S.B.N.: 84-204-4791-9 Depsito legal: M. 19.505-1995 Primera edicin: marzo 1978 Vigsima octava reimpresin: julio 1995 Una editorial del grupo Santillana que edita en: Espaa Argentina Colombia Chile Mxico E.E.U.U. Per Portugal Puerto Rico Venezuela www.alfaguarainfantil.com.mx Diseo de la coleccin: JOSE CRESPO, ROSA MARIN, JESS SANZ Impreso sobre papel reciclado de Papelera Echezarreta, S. A. Printed in Spain Todos los derechos reservados. Esta publicacin no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperacin de informacin, en ninguna forma ni por ningn medio, sea mecnico, fotoqumico. electrnico, magntico, electroptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la editorial

    2

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    NDICE

    Captulo 1 ................................................................................................4 Captulo 2 ..............................................................................................10 Captulo 3 ..............................................................................................15 Captulo 4 ..............................................................................................19 Captulo 5 ..............................................................................................23 Captulo 6 ..............................................................................................28 Captulo 7 ..............................................................................................32 Captulo 8 ..............................................................................................36 Captulo 9 ..............................................................................................40 Captulo 10 ............................................................................................44 Captulo 11 ............................................................................................48 Captulo 12 ............................................................................................53 Captulo 13 ............................................................................................58 Captulo 14 ............................................................................................64 Captulo 15 ............................................................................................69 Captulo 16 ............................................................................................73 Captulo 17 ............................................................................................78 Captulo 18 ............................................................................................80 Captulo 19 ............................................................................................85 Captulo 20 ............................................................................................88 Captulo 21 ............................................................................................93 Captulo 22 ............................................................................................97 Captulo 23 ..........................................................................................101 Captulo 24 ..........................................................................................104

    3

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    A mis padres, Julia y Alfred Kerr

    Captulo 1

    Anna volva del colegio con Elsbeth, una nia de su clase. Aquel invierno haba nevado mucho en Berln. La nieve no se haba derretido; los barrenderos la haban apilado en el borde de las aceras, y all haba permanecido semanas y semanas, en tristes montones que se iban poniendo grises. Ahora, en febrero, empezaba a deshacerse, y haba charcos por todas partes. Anna y Elsbeth, calzadas con botas de cordones, se los iban saltando.

    Las dos nias llevaban abrigos gruesos y gorros de lana para tener abrigadas las orejas, y Anna llevaba adems una bufanda. Anna tena nueve aos, pero era bajita para su edad, y los extremos de la bufanda le colgaban casi hasta las rodillas. Tambin le tapaba la boca y la nariz, de modo que lo nico que se le vea eran sus ojos verdes y un mechn de pelo oscuro. Se haba apresurado porque quera comprar unos lpices de colores en la papelera y ya era casi la hora de comer; pero iba tan sin aliento que se alegr de que Elsbeth se detuviera a mirar un gran cartel rojo.

    Es otro retrato de ese seor dijo Elsbeth . Mi hermana la pequea vio uno ayer y se crey que era Charlie Chaplin.

    Anna contempl la mirada fija y la expresin severa. Luego dijo: No se parece en nada a Charlie Chaplin, como no sea en el bigote. Leyeron el nombre que haba debajo de la fotografa. Adolf Hitler.

    4

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Quiere que todo el mundo le vote en las elecciones, y entonces les parar los pies a los judos dijo Elsbeth. T crees que le parar los pies a Rachel Lowenstein?

    A Rachel Lowenstein no la puede parar nadie respondi Anna. Es capitana de su clase. A lo mejor me para los pies a m. Yo tambin soy juda.

    T no! Claro que s! Mi padre nos estuvo hablando de eso la semana pasada. Dijo que ramos

    judos, y que, pasara lo que pasara, mi hermano y yo no debamos olvidarlo nunca. Pero vosotros no vais a una iglesia especial los sbados, como Rachel Lowenstein. Eso es porque no somos religiosos. No vamos a ninguna iglesia. Pues a m me gustara que mi padre no fuera religioso dijo Elsbeth. Nosotros tenemos que

    ir todos los domingos, y a m me dan calambres de estar sentada. Elsbeth mir a Anna con curiosidad. Yo cre que los judos tenan que tener la nariz ganchuda, pero t la tienes normal. Tu

    hermano tiene la nariz ganchuda? No dijo Anna. La nica persona que hay en casa con la nariz ganchuda es Bertha, la

    criada, y se le qued as porque se la rompi al caerse del tranva. Elsbeth empezaba a impacientarse. Pues entonces dijo, si por fuera sois como todo el mundo y no vais a una iglesia especial,

    cmo sabis que sois judos? Cmo podis estar seguros? Hubo una pausa. Supongo... empez Anna, supongo que ser porque mi padre y mi madre lo son, y

    supongo que sus padres y sus madres tambin lo seran. A m nunca se me haba ocurrido pensarlo, hasta que pap empez a hablar de eso la semana pasada.

    Pues es una tontera! dijo Elsbeth. Todo son tonteras, lo de Adolf Hitler, lo de que la gente sea juda y todo lo dems! ech a correr, y Anna la sigui.

    No se pararon hasta llegar a la papelera. All haba alguien hablando con el hombre del mostrador, y a Anna se le cay el alma a los pies cuando vio que era Fraulein Lambeck, que viva cerca de su casa. Fraulein Lambeck estaba poniendo cara de oveja y diciendo: Tiempos terribles, tiempos terribles! Cada vez que deca tiempos terribles meneaba la cabeza, y le bailoteaban los pendientes.

    El hombre de la papelera dijo: 1931 ya fue malo, 1932 fue peor, pero, fjese en lo que le digo, 1933 ser peor que ninguno. Luego vio a Anna y Elsbeth y pregunt: En qu puedo servirles, pequeas?

    Anna estaba a punto de decirle que quera comprar unos lpices de colores cuando Fraulein Lambeck la descubri.

    Si es Anna! exclam Fraulein Lambeck. Cmo ests, Anna? Y cmo est tu pap? Qu hombre tan maravilloso! Yo leo todo lo que escribe.

    Tengo todos sus libros y siempre le oigo por la radio. Pero esta semana no ha escrito nada en el peridico..., espero que no sea porque est enfermo. Estar dando conferencias por ah fuera. Ay, nos hace mucha falta en estos tiempos terribles!

    Anna esper a que fraulein Lambeck acabase, y luego dijo: Tiene la gripe. Eso dio lugar a otro alboroto. Cualquiera habra pensado que la persona ms prxima y querida

    de fraulein Lambeck se hallaba a las puertas de la muerte. Fraulein Lambeck sacudi la cabeza hasta que sus pendientes repiquetearon, sugiri remedios, recomend mdicos: no dej de hablar hasta que Anna le hubo prometido que le transmitira a su padre sus mejores deseos de pronta curacin. Luego, ya desde la puerta, se volvi y dijo:

    No le digas que los mejores deseos de fraulein Lambeck, Anna: dile que de una admiradora!

    5

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Y por fin desapareci. Anna no tard nada en comprar sus lpices. Luego ella y Elsbeth se quedaron paradas delante

    de la papelera, en medio del viento fro. All era donde normalmente se separaban, pero Elsbeth remolone. Haca mucho tiempo que quera hacerle a Anna una pregunta, y aqul pareca buen momento.

    Anna dijo Elsbeth, es bonito tener un padre famoso? Cuando te encuentras a alguien como fraulein Lambeck, no repuso Anna, poniendo rumbo a

    casa distradamente mientras Elsbeth la segua, igual de distradamente. No, pero aparte de fraulein Lambeck? Yo creo que es muy bonito. Entre otras cosas porque pap trabaja en casa, as que le vemos

    mucho. Y a veces nos dan entradas gratis para el teatro Y una vez nos entrevistaron para un peridico, y nos preguntaron qu libros nos gustaban, y mi hermano dijo que Zane Grey, y al da siguiente le mandaron una coleccin entera de regalo!

    Ojal mi padre fuera famoso dijo Elsbeth. Pero no creo que llegue a serlo nunca, porque trabaja en Correos, y no es el tipo de cosa que le hace a uno famoso.

    Si tu padre no llega a ser famoso, a lo mejor t s. Una de las desventajas de tener un padre famoso es que casi nunca llega a serlo uno mismo.

    Por qu no? No s. Pero casi nunca se oye de una misma familia donde haya habido dos personas

    famosas. Eso me pone triste a veces. Y Anna suspir. Estaban ya junto a la verja pintada de blanco de la casa de Anna. Elsbeth intentaba febrilmente

    pensar en algo por lo que ella pudiera ser famosa, cuando Heimpi, que las haba visto por la ventana, abri la puerta de entrada.

    Dios mo! exclam Elsbeth, hoy llego tarde a comer! Y sali corriendo calle arriba. T y esa Elsbeth gru Heimpi mientras Anna se meta en casa. Se os va a caer la

    lengua de tanto moverla! Heimpi se llamaba en realidad fraulein Hempel, y haba cuidado de Anna y de su hermano Max

    desde que nacieron. Ahora que ya eran mayores se ocupaba de las tareas de la casa mientras ellos estaban en el colegio, pero le gustaba mimarlos cuando volvan.

    Vamos a quitarte todo esto dijo, desenrollando la bufanda. Pareces un paquete mal atado. Mientras Heimpi le quitaba cosas de encima, Anna oy que en el cuarto de estar sonaba el

    piano. De modo que mam estaba en casa. Seguro que no traes los pies mojados? pregunt Heimpi. Entonces, date prisa y ve a

    lavarte las manos. Ya casi est lista la comida. Anna subi la escalera alfombrada. Entraba el sol por la ventana, y afuera, en el jardn, se vean

    todava algunas manchas de nieve. De la cocina suba olor a pollo. Daba gusto volver a casa del colegio.

    Cuando abri la puerta del cuarto de bao hubo un revuelo dentro, y Anna se encontr frente a su hermano Max, que bajo su pelo rubio tena la cara colorada como un tomate y esconda algo tras de s.

    Qu pasa? pregunt Anna, aun antes de descubrir la presencia de Gunther, el amigo de Max, que pareca igualmente azarado.

    Ah, si eres t! dijo Max, y Gunther dijo, riendo: Creamos que era una persona mayor! Qu tienes ah? pregunt Anna.

    6

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Es una insignia. Hoy hemos tenido una pelea fenomenal en el colegio: los nazis contra los socis.

    Y quines son los nazis y los socis? A tu edad ya deberas saberlo dijo Max, que acababa de cumplir los doce aos. Los nazis

    son los que van a votar a Hitler en las elecciones. Los socis somos los que vamos a votar en contra. Pero si a ustedes no los dejan votar dijo Anna. Son demasiado pequeos! Pues nuestros padres... dijo Max enfadado. Es lo mismo. De todos modos, les hemos ganado dijo Gunther. Si hubieras visto como corran! Entre

    Max y yo agarramos a uno y le quitamos la insignia. Pero no s qu va a decir mi madre cuando vea los pantalones.

    Y al decirlo baj la vista, compungido, hacia un gran hoyo de la tela gastada. El padre de Gunther estaba sin trabajo, y en su casa no tenan dinero para comprar ropa nueva.

    No te preocupes, Heimpi te lo arregla dijo Anna. Me dejan ver la insignia? Era una chapa pequea de esmalte rojo, con una cruz negra con los brazos doblados. Se llama una esvstica dijo Gunther. Todos los nazis las tienen. Qu vais a hacer con ella? Max y Gunther se miraron. T la quieres? pregunt Max. Gunther neg con la cabeza. Se supone que no debo tratarme para nada con los nazis. Mi madre tiene miedo de que me

    partan la cabeza. No pelean limpio asinti Max. Usan palos, piedras y de todo. Dio la vuelta a la insignia, con repugnancia creciente: Pues yo desde luego no la quiero. Trala por el bao! dijo Gunther. Y as lo hicieron. La primera vez que tiraron de la cadena no se fue para abajo, pero a la

    segunda, justo en el momento en que sonaba el timbre para ir a comer, desapareci muy satisfactoriamente.

    An se oa el piano cuando bajaron, pero dej de sonar mientras Heimpi les llenaba los platos, y al momento siguiente se abri la puerta y entr mam.

    Hola, nios! Hola, Gunther! exclam. Qu tal el colegio? Todos empezaron a contarle cosas inmediatamente, y la habitacin se llen de pronto de barullo

    y risas. La madre de Anna se saba los nombres de todos los profesores, y siempre se acordaba de lo que los nios le haban dicho. Por eso, cuando Max y Gunther le contaron cmo el profesor de geografa se haba puesto hecho una furia, dijo:

    No me extraa, despus de cmo le tratasteis la semana pasada! Y cuando Anna le cont que se haba ledo en clase su redaccin, coment: Esto es maravilloso... porque fraulein Schmidt casi nunca lee nada en voz alta, no es cierto? Cuando escuchaba, miraba a quien estuviese hablando con absoluta atencin. Cuando hablaba

    pona en ello toda su energa. Todo pareca hacerlo el doble de bien que los dems: hasta sus ojos eran los ms azules que Anna haba visto.

    Estaban empezando el postre, que era pastel de manzana, cuando entr Bertha, la muchacha, para decirle a mam que llamaban por telfono, y que si deba molestar a pap.

    Vaya unas horas de llamar! exclam mam, y corri la silla para atrs con tanta fuerza que Heimpi tuvo que echarle mano para que no se volcara. Que ninguno se atreva a comerse mi

    parte! Y sali a toda prisa.

    7

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Todo pareci quedar muy silencioso despus que sali mam, aunque Anna oy sus pasos apresurados hacia el telfono y, un poco despus, todava mas apresurados escaleras arriba, hacia el cuarto de pap. Anna rompi el silencio para preguntar:

    Cmo est pap? Mejor contest Heimpi. Le ha bajado un poco la temperatura. Anna se comi su postre tranquilamente. Max y Gunther repitieron dos veces, y mam segua sin

    volver. Era extrao, porque el pastel de manzana le gustaba especialmente. Bertha entr a quitar la mesa y Heimpi se llev a los chicos para ver lo de los pantalones de

    Gunther. Esto no tiene arreglo dijo. Si te los coso se te volvern a abrir en cuanto que respires.

    Pero tengo unos de Max que se le quedaron pequeos, y que te van a venir que ni pintados. Anna se qued en el comedor sin saber qu hacer. Durante un rato estuvo ayudando a Bertha a

    retirar los platos sucios, metindolos en la antecocina por el ventanillo que daba al comedor. Luego quitaron las migas de la mesa con un cepillito y un recogedor. Despus, mientras doblaban el mantel, se acord de fraulein Lambeck y su recado. Esper a que Bertha tuviese bien cogido el mantel, y subi corriendo a la habitacin de pap. Dentro se le oa hablar con mam.

    Pap dijo Anna, abriendo la puerta, me encontr con fraulein Lambeck... Ahora no, luego! exclam mam-. Estamos hablando! Estaba sentada en el borde de la cama de pap. Pap estaba recostado sobre las almohadas,

    un poco plido. Los dos tenan gesto preocupado. Pero pap, es que me dijo que te dijera... Mam se enfad mucho. Por lo que ms quieras, Anna! grit. No nos interesa orlo ahora! Mrchate! Vuelve dentro de un rato dijo pap con ms suavidad. Anna cerr la puerta. Pues vaya! No

    es que en ningn momento hubiera tenido muchas ganas de dar el absurdo recado de fraulein Lambeck, pero se sinti maltratada.

    No haba nadie en el cuarto de jugar. Afuera se oan voces: probablemente Max y Gunther estaran jugando en el jardn, pero a Anna no le apeteca ir con ellos. Su mochila colgaba de la silla. Desempaquet sus lpices nuevos y los sac todos de la caja. Haba un rosa bonito y un naranja que estaba bastante bien, pero los azules eran los mejores. Haba tres tonos diferentes de azul, todos muy luminosos, y un malva. De repente, a Anna se le ocurri una idea.

    ltimamente haba estado haciendo una serie de poemas ilustrados que haban sido muy admirados, lo mismo en casa que en el colegio. Uno de ellos haba sido sobre un incendio, otro sobre un terremoto y otro sobre un hombre que se mora, en medio de horribles sufrimientos, tras ser maldecido por un vagabundo. Por qu no intentar ahora un naufragio? Haba toda clase de palabras que rimaban con mar, y para la ilustracin poda usar los tres lpices azules nuevos. Cogi papel y empez.

    Pronto estuvo tan enfrascada en lo que estaba haciendo que no not cmo el temprano anochecer de invierno se iba colando en la habitacin, y se sobresalt cuando Heimpi entr y encendi la luz.

    He hecho pasteles dijo Heimpi. Me quieres ayudar a ponerles la cobertura? Puedo ir antes a ensearle esto a pap? pregunt Anna, rellenando el ltimo trocito de mar

    azul. Heimpi asinti. Esta vez Anna llam a la puerta y esper hasta que pap dijo Adelante. Su cuarto tena un

    aspecto extrao, porque slo estaba encendida la lmpara de la mesilla, y pap y su cama formaban una isla de luz entre las sombras. Apenas se vea un escritorio, con la mquina de escribir y la montaa de papeles que, como siempre, haban desbordado la mesa hasta caer al suelo. Como pap escriba a menudo hasta muy tarde y no quera molestar a mam tena su cama en su cuarto de trabajo.

    8

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Pap no tena aspecto de estar mejor. Estaba sentado en la cama sin hacer nada, mirando fijamente al frente y con una especie de rigidez en su rostro delgado, pero al ver a Anna sonri. Ella le ense el poema y l lo ley dos veces de cabo a rabo y dijo que era muy bonito, y elogi tambin la ilustracin. Luego Anna le cont lo de fraulein Lambeck, y los dos se rieron. Vindole ya con un aspecto ms normal, Anna le pregunt:

    Pap, de verdad te gusta el poema? Pap dijo que s. No te parece que debera ser ms alegre? Bueno contest pap, un naufragio no puede ser demasiado alegre. Mi profesora, fraulein Schmidt, dice que debera escribir sobre temas ms alegres: sobre la

    primavera o las flores, por ejemplo. Y t quieres escribir sobre la primavera y las flores? No dijo Anna tristemente. Ahora mismo parece como si no me salieran ms que

    desastres. Pap esboz una pequea sonrisa, y dijo que quiz fuese porque estaba a tono con los tiempos. Entonces pregunt Anna con emocin, t crees que est bien escribir sobre desastres?

    Pap se puso serio inmediatamente. Claro que s! respondi. Si t quieres escribir sobre desastres, eso es lo que tienes que

    hacer. Lo que no se puede hacer es pretender escribir sobre lo que quieren los dems. La nica manera de escribir algo bueno es intentar que le guste a uno mismo.

    A Anna le anim tanto or eso que ya iba a preguntarle a pap si l crea que ella podra ser famosa algn da, pero en aquel momento son el telfono que haba junto a la cama, sorprendindolos a los dos.

    La expresin tensa volvi al rostro de pap mientras levantaba el auricular, y era extrao, pens Anna, que hasta su voz sonase distinta. Le oy decir: S..., s..., y algo acerca de Praga, y luego se cans de escuchar. Pero la conversacin acab en seguida.

    Hale, vete corriendo dijo pap. Alz los brazos como para darle un gran abrazo, y luego los dej caer otra vez, diciendo:

    Ser mejor que no te pegue la gripe. Anna ayud a Heimpi a recubrir los pasteles, y luego se los comieron entre Max, Gunther y ella, todos menos tres que Heimpi meti en una bolsa de papel para que Gunther se los llevara a su

    madre. Adems haba encontrado ms ropa vieja de Max que le vala, de modo que Gunther se fue a su casa cargado con un buen paquete.

    El resto de la tarde lo pasaron jugando. Max y Anna haban recibido en Navidad una caja de juegos, y todava no se les haba pasado el entusiasmo por ellos. Haba juegos de damas, ajedrez, parchs, oca, domin y seis juegos de cartas diferentes, todos metidos en un solo estuche muy bonito. Si se cansaba uno de un juego, se poda jugar a otro. Heimpi fue a sentarse con ellos en el cuarto de jugar mientras remendaba calcetines, y hasta jug con ellos al parchs. Pareci que haba llegado muy pronto la hora de acostarse.

    A la maana siguiente, antes de ir al colegio, Anna entr corriendo en el cuarto de pap para verle. El escritorio estaba ordenado. La cama estaba hecha.

    Pap no estaba.

    9

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Captulo 2

    Lo primero que se le ocurri a Anna era tan espantoso que le cort la respiracin. Pap se haba puesto peor por la noche. Se lo haban llevado al hospital. Tal vez... Anna sali corriendo a ciegas de la habitacin, y de repente alguien la sujet: era Heimpi.

    No pasa nada! dijo Heimpi. No pasa nada! Tu padre ha salido de viaje. De viaje? Anna no lo poda creer. Pero si est enfermo... si tiene fiebre... S, pero ha decidido marcharse de todos modos dijo Heimpi con firmeza.Tu madre os lo

    iba a explicar todo cuando volvierais del colegio. Ahora supongo que habr que decroslo ya, y fraulein Schmidt te puede esperar sentada,

    Qu pasa? No vamos al colegio? Max apareci en el descansillo, muy esperanzado. Entonces mam sali de su habitacin. Estaba todava en bata, y pareca cansada. No hay necesidad de armar un alboroto dijo. Es que os tengo que decir un par de cosas.

    Heimpi, nos trae un poco de caf? Y los nios supongo que no se negarn a tomar algo ms de desayuno.

    Una vez instalados todos en la antecocina de Heimpi, con caf y bollos delante, Anna se sinti mucho mejor, e incluso capaz de calcular que no llegara a la clase de geografa, que le resultaba particularmente antiptica.

    10

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Es muy sencillo dijo mam. Pap piensa que Hitler y los nazis podran ganar las elecciones. Si eso ocurriera, a l no le gustara vivir en Alemania mientras estuvieran en el poder, y a ninguno de nosotros tampoco.

    Porque somos judos? pregunt Anna. No slo porque seamos judos. Pap piensa que en ese caso ya no se le permitira a nadie

    decir lo que pensara, y l no podra escribir. A los nazis no les gusta que se les lleve la contraria mam bebi un poco de caf, y se le anim ms la cara. Por supuesto, puede ser que no suceda nada de eso, y si sucediera probablemente no durara mucho tiempo: quiz unos seis meses o as. Pero de momento no lo sabemos.

    Pero, por qu se ha ido pap tan de repente? pregunt Max. Porque ayer le llamaron por telfono y le avisaron de que tal vez le quitaran el pasaporte. As

    que yo le hice un maletn y cogi el tren nocturno a Praga..., que es la manera ms rpida de salir de Alemania.

    Quin podra quitarle el pasaporte? La polica. Hay bastantes nazis en la polica. Y quin le llam para avisarle? Mam sonri por primera vez. Otro polica. Uno al que pap no haba visto nunca..., pero que haba ledos sus libros y le

    haban gustado. Anna y Max tardaron cierto tiempo en digerir todo aquello. Luego Max pregunt: Pero ahora qu va a pasar? Bueno dijo mam, slo faltan unos diez das para las elecciones. O bien los nazis las

    pierden, en cuyo caso pap volver..., o bien las ganan, en cuyo caso iremos nosotros a reunimos con l.

    En Praga? pregunt Max. No, probablemente en Suiza. All hablan alemn..., pap podr escribir. Lo ms probable sera

    que alquilsemos una casa pequea y nos quedsemos all hasta que todo esto se hubiera despejado. Heimpi tambin? pregunt Anna. Heimpi tambin. Aquello sonaba la mar de emocionante. Anna estaba empezando a imaginrselo: una casa en

    las montaas... cabras... o eran vacas?..., cuando mam dijo: Hay una cosa ms. Se haba puesto muy seria. Esto es lo ms importante de todo dijo mam, y en esto necesitamos que nos ayudis.

    Pap no quiere que nadie sepa que se ha ido de Alemania. De modo que no se lo debis decir a nadie. Si alguien os pregunta por l, tenis que decir que sigue en cama con la gripe.

    Yo ni siquiera se lo puedo decir a Gunther? pregunt Max. No. Ni a Gunther, ni a Elsbeth, ni a nadie. Bueno dijo Max. Pero no va a resultar fcil. Siempre nos estn preguntando por l. Por qu no se lo podemos decir a nadie? pregunt Anna. Por qu no quiere pap que nadie lo sepa? Mirad dijo mam, os lo he explicado todo lo mejor que puedo. Pero todava sois

    pequeos..., no podis entenderlo todo. Pap cree que los nazis podran... causarnos alguna molestia si supieran que se ha marchado. Por eso no quiere que hablis de ello. Vais a hacer lo que os pide o no?

    Anna dijo que s, que claro que lo hara.

    11

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Luego Heimpi les mand a los dos al colegio. Anna iba preocupada pensando qu iba a decir si alguien le preguntaba por qu llegaba tarde, pero Max le dijo:

    Diles que mam se durmi: adems, es verdad! Pero no pareci que nadie se interesara mucho por el asunto. En la clase de gimnasia hicieron

    salto de altura, y Anna fue quien salt ms alto de toda su clase. Eso la puso tan contenta que durante el resto de la maana casi se le olvid que pap estaba en Praga.

    Cuando lleg la hora de irse a casa se le vino todo a la memoria, y sali con la esperanza de que Elsbeth no le hiciera preguntas comprometedoras; pero Elsbeth iba pensando en cosas ms importantes. Su ta iba a salir con ella aquella tarde para comprarle un yoyo. De qu clase crea Anna que deba elegirlo? Y de qu color? En general funcionaban mejor los de madera, pero Elsbeth haba visto uno color naranja que, aunque era de lata, le haba parecido tan bonito que estaba tentada de decidirse por l. Anna slo tuvo que decir s o no, y, cuando lleg a casa a comer, el da no pareca tan extraordinario como aquella maana haba esperado que fuera.

    Ni Anna ni Max tenan que hacer deberes, y haca demasiado fro para salir, de modo que por la tarde se sentaron sobre el radiador del cuarto de jugar y estuvieron mirando por la ventana. El

    viento haca retemblar las contraventanas y arrastraba grandes masas de nubes sobre el cielo. Podra nevar ms dijo Max. Max dijo Anna, te hace ilusin que vayamos a Suiza? No s contest Max. Echara de menos tantas cosas: Gunther... la pandilla con la que

    jugaba al ftbol... el colegio... Y continu: Supongo que en Suiza iramos al colegio. Claro dijo Anna. Yo creo que sera muy divertido. Casi le daba vergenza confesarlo, pero cuanto ms pensaba en ello ms le apeteca ir. Estar en

    un pas extrao, donde todo sera diferente: vivir en una casa diferente, ir a un colegio diferente con nias diferentes; senta unas ganas enormes de experimentar todo aquello, y, aunque saba que no estaba bien, no pudo evitar una sonrisa.

    Slo sera por seis meses dijo, como excusndose, y estaramos todos juntos. Los das siguientes transcurrieron con bastante normalidad. Mam recibi carta de pap: estaba

    cmodamente instalado en un hotel de Praga y se encontraba mucho mejor. Estas noticias les alegraron a todos.

    Varias personas preguntaron por l, pero se dieron por satisfechas cuando los nios dijeron que tena la gripe. Haba tanta, que no era sorprendente. El tiempo segua siendo muy fro, y todos los charcos que se haban formado con el deshielo se volvieron a helar, pero no nevaba ms.

    Al fin, por la tarde del domingo anterior a las elecciones, el cielo se puso muy oscuro y se abri de repente para dar paso a una masa de blanco flotante en rfagas y remolinos. Anna y Max estaban jugando con los nios Kentner, que vivan en la acera de enfrente. Se pararon a mirar cmo caa la nieve.

    Si hubiera empezado un poco antes! dijo Max. Para cuando est lo bastante alta para ir en trineo, ya habr anochecido.

    A las cinco, cuando Anna y Max se iban a casa, haba acabado de nevar. Peter y Marianne Kentner les acompaaron a la puerta. Por toda la calle se extenda la nieve, espesa, seca y crujiente, y la luna brillaba sobre ella.

    Por qu no vamos con los trineos a deslizamos a la luz de la luna? dijo Peter. T crees que nos dejaran? Nosotros ya lo hemos hecho antes dijo Peter, que tena catorce aos. Ve a preguntarle a

    tu madre. Mam dijo que podan ir, a condicin de que no se separaran y estuvieran de vuelta a las siete.

    Se pusieron la ropa de ms abrigo y emprendieron la marcha.

    12

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Slo haba un paseo de un cuarto de hora hasta el Grunewald, donde una ladera con rboles formaba una pista ideal hasta un lago helado. Muchas otras veces se haban deslizado por all en trineo, pero siempre de da, con el aire lleno de los gritos de otros nios. Ahora slo se oa el gemido del viento en los rboles, el crujido de la nieve fresca bajo sus pies, y el suave roce de los trineos detrs de ellos. Arriba el cielo estaba oscuro, pero el suelo, a la luz de la luna,

    tena un brillo azul, y las sombras de los rboles lo surcaban como franjas negras. En lo alto de la cuesta se detuvieron y miraron hacia abajo. No haba estado nadie antes que

    ellos. El sendero de nieve reluciente se extenda, perfecto y sin huellas, hasta la orilla misma del lago. Quin baja el primero? pregunt Max. Fue sin querer, pero de pronto Anna se encontr dando saltitos y diciendo: Oh, por favor, por

    favor...! Peter dijo: Bueno..., el ms pequeo primero. Eso se refera a ella, porque Marianne tena diez aos. Anna se sent en el trineo, se agarr a la cuerda del timn, respir hondo y arranc. El trineo

    empez a moverse, bastante despacio, por la ladera abajo. Venga! gritaron los chicos detrs de ella. Dale otro empujn! Pero ella no se lo dio. Sin quitar los pies de los patines, dej que el trineo cogiera velocidad poco

    a poco. En torno a l se alzaba la nieve pulverizada. Los rboles pasaban a los lados, despacio al principio, luego cada vez ms deprisa. La luz de la luna brincaba alrededor, hasta que a Anna le pareci ir volando a travs de una masa de plata. Luego el trineo tropez con el escaln que haba al final de la cuesta, pas como una exhalacin por encima de l y aterriz en una mancha de luna sobre el lago helado. Fue precioso.

    Los dems bajaron detrs de ella, dando voces y gritos. Bajaron la cuesta de cabeza y boca abajo, dndoles la nieve directamente en la cara. Bajaron

    con los pies delante y boca arriba, con las copas negras de los abetos precipitndose sobre ellos. Se apiaron todos juntos en un solo trineo y bajaron tan deprisa que casi acabaron en mitad del lago. Despus de cada descenso volvan a subir la cuesta, jadeando y arrastrando los trineos tras ellos. A pesar del fro, se cocan dentro de sus abrigos.

    Entonces empez a nevar otra vez. Al principio casi no se dieron cuenta, pero despus se levant viento y les sopl nieve a la cara. De pronto Max se detuvo cuando ya haba arrastrado su trineo hasta la mitad de la cuesta, y dijo:

    Qu hora es? No deberamos volver ya? Nadie tena reloj, y de repente cayeron en la cuenta de que no tenan ni idea de cunto tiempo

    llevaban all. Tal vez fuera ya muy tarde y sus padres les estuvieran esperando en casa. Andando dijo Peter. Ser mejor que nos demos prisa. Se quit los guantes y los sacudi uno contra otro para hacer caer los grumos de nieve. Tena

    las manos rojas de fro. Tambin Anna las tena as, y por primera vez se fij en que tena los pies congelados.

    A la vuelta haca un fro terrible. Se les colaba el viento a travs de la ropa hmeda, y con la luna oculta detrs de las nubes el camino apareca oscuro delante de ellos. Anna se alegr cuando salieron de los rboles y cogieron la carretera. En seguida hubo farolas, casas con las ventanas iluminadas, tiendas. Ya casi estaban en casa.

    Un reloj que vieron iluminado les indic la hora: despus de todo, no eran an las siete. Exhalaron suspiros de alivio y frenaron el paso. Max y Peter empezaron a hablar de ftbol. Marianne at juntos dos trineos y se adelant a la carrera por la calle vaca, dejando sobre la nieve una red de huellas entrecruzadas. Anna se qued rezagada porque le dolan sus pies fros.

    Vio a los chicos pararse delante de su casa, charlando todava y esperndola, y ya iba a alcanzarles cuando oy chirriar una verja. Algo se movi a su lado, y de repente una figura informe se

    13

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    perfil cerca de ella. Por un instante Anna se asust mucho, pero luego vio que no era ms que fraulein Lambeck, enfundada en una especie de capa peluda y con una carta en la mano.

    Anna! exclam fraulein Lambeck. Mira que encontrarte en la oscuridad de la noche! Iba al buzn, pero no esperaba encontrarme con nadie. Y cmo est tu pap?

    Est con gripe contest Anna automticamente. fraulein Lambeck se par en seco. Todava tiene la gripe, Anna? Hace ya una semana que me dijiste que estaba con gripe. S dijo Anna. Y sigue en la cama? Todava tiene fiebre? S dijo Anna. Ay, pobre! y fraulein Lambeck puso una mano sobre el hombro de Anna. Le estn

    haciendo de todo? Viene el mdico a verle? S dijo Anna. Y qu dice el mdico? Dice... no s contest Anna. Fraulein Lambeck se inclin con gesto confidencial y la mir a

    la cara. Dime, Anna dijo: cunta fiebre tiene tu pap? No lo s! grit Anna, y la voz no le sali como haba querido, sino como una especie de

    gritito. Lo siento, pero me tengo que ir a casa! Y ech a correr todo lo deprisa que pudo hacia Max y la puerta abierta. Qu te pasa? le dijo Heimpi en el vestbulo. Te han disparado por un can? Anna vio a mam por la puerta entornada del saln. Mam! grit, no me gusta tener que mentirle a todo el mundo sobre pap! Es horrible!

    Por qu tenemos que hacerlo? No quiero! Entonces vio que mam no estaba sola. Al otro extremo de la habitacin estaba el to Julius (que

    en realidad no era to, sino un viejo amigo de pap), sentado en un silln. Clmate dijo mam muy secamente. A ninguno nos gusta mentir sobre pap, pero ahora

    mismo es necesario. No os pedira que lo hicierais si no lo fuera! La pill fraulein Lambeck dijo Max, que haba entrado detrs de Anna. Conoces a

    fraulein Lambeck? Es temible. No hay manera de contestar a sus preguntas, ni siquiera diciendo la verdad!

    Pobre Anna dijo el to Julius con su vocecilla aguda. Era un hombre delgado y de modales suaves, y todos le tenan mucho cario. Vuestro padre me encarg que os dijera que os echa mucho de menos a los dos y os enva muchos abrazos.

    Es que le has visto? pregunt Anna. El to Julius acaba de volver de Praga dijo mam. Pap est muy bien, y quiere que nos reunamos con l en Zurich, en Suiza, el

    domingo. El domingo? dijo Max. Pero entonces falta slo una semana. Ese es el da de las

    elecciones. Yo crea que bamos a esperar a ver quin las ganaba! Tu padre ha decidido que es mejor no esperar el to Julius sonri a mam. De veras, creo

    que se est tomando todo esto demasiado en serio. Por qu? pregunt Max. Qu es lo que le preocupa? Mam suspir. Desde que pap se enter de que pensaban quitarle el pasaporte, le preocupa que intenten

    quitarnos los nuestros: entonces no podramos salir de Alemania.

    14

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Pero, por qu iban a hacerlo? pregunt Max. Si los nazis no nos tienen simpata, lo lgico es que se alegren de perdernos de vista.

    Exactamente dijo el to Julius, y volvi a sonrer a mam. Tu marido es un hombre maravilloso, dotado de una imaginacin maravillosa, pero en este asunto, francamente, creo que ha perdido la cabeza. En fin, pasaris unas vacaciones estupendas en Suiza, y cuando dentro de unas semanas volvis a Berln nos iremos todos juntos al zoo el to Julius era naturalista y se pasaba la vida yendo al zoo. Avisadme si puedo echar una mano en los preparativos. Volver a veros, por supuesto.

    Bes la mano de mam y se march. De veras nos vamos el domingo? pregunt Anna. El sbado dijo mam. Hay mucho camino de aqu a Suiza. Tendremos que parar en

    Stuttgart para pasar la noche. Entonces esta es nuestra ltima semana de colegio! dijo Max. Pareca increble.

    Captulo 3

    Despus de aquello todo se sucedi muy deprisa, como en una pelcula acelerada. Heimpi se pasaba todo el da seleccionando y empaquetando cosas. Mam estaba casi siempre fuera o al telfono, ocupndose del contrato de la casa o del almacenamiento de los muebles una vez que se hubieran marchado. Cada da, cuando los nios volvan del colegio, la casa pareca ms vaca.

    15

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Un da lleg el to Julius cuando estaban ayudando a mam a empaquetar libros. Mir los estantes vacos y sonri:

    Los volveris a colocar todos, ya veris! Aquella noche, el sonido de coches de bomberos despert a los nios. No uno ni dos, sino cerca

    de una docena pasaron a toda marcha por la avenida que haba al extremo de la calle, haciendo sonar sus campanas. Cuando se asomaron a la ventana, vieron que sobre el centro de Berln el cielo estaba de un color naranja brillante. A la maana siguiente todo el mundo hablaba del fuego que haba destruido el edificio del Reichstag, donde se reuna el Parlamento alemn. Los nazis decan que lo haban incendiado los revolucionarios, y que los nazis eran los nicos que podan acabar con aquel tipo de cosas, de modo que todo el mundo deba votarles en las elecciones. Pero mam oy que haban sido los propios nazis los autores del incendio.

    Cuando el to Julius fue a visitarles aquella tarde, fue la primera vez que no le dijo nada a mam sobre estar de vuelta en Berln en pocas semanas.

    Los ltimos das que Anna y Max pasaron en el colegio fueron muy extraos. Como todava no se les permita decir a nadie que se marchaban, durante las horas de clase se les olvidaba todo el rato. Anna se entusiasm cuando le dieron un papel en la funcin del colegio, y hasta despus no se acord de que no lo hara. Max acept una invitacin a una fiesta de cumpleaos a la que no podra asistir.

    Luego regresaban a casa para encontrarse con las habitaciones cada vez ms vacas, los cajones de madera y las maletas, la interminable seleccin de posesiones. Lo ms difcil fue decidir qu juguetes se llevaban. Naturalmente quisieron llevarse la caja de juegos, pero era demasiado grande. Al final slo hubo sitio para unos cuantos libros y uno de los animales de trapo de Anna. Cul escoger, el Conejo Rosa que haba sido su compaero de toda la vida o un perro de lanas de reciente adquisicin? Pareca una pena dejar el perro cuando casi no haba tenido tiempo de jugar con l, y Heimpi se lo meti en la maleta. Max cogi su baln de ftbol. Mam dijo que siempre podran hacer que les enviaran ms cosas a Suiza, si se vea que tuvieran que quedarse all mucho tiempo.

    Cuando se acabaron las clases del viernes, Anna se acerc a su profesora y le dijo en voz baja: Maana no vengo al colegio. Nos vamos a Suiza. Fraulein Schmidt no pareci sorprenderse ni la mitad de lo que Anna haba esperado; se limit a

    asentir con la cabeza y dijo: S..., s..., les deseo mucha suerte. Tampoco Elsbeth demostr mucho inters. Slo dijo que le gustara irse ella tambin a Suiza,

    pero que eso no era probable porque su padre trabajaba en Correos. A quien cost ms trabajo dejar fue a Gunther. Max se lo trajo a comer cuando volvieron juntos

    del colegio por ltima vez, aunque slo haba emparedados, porque Heimpi no haba tenido tiempo de guisar. Despus jugaron al escondite, un poco desganadamente, entre los cajones de embalaje. No fue muy divertido por lo tristes que estaban Max y Gunther, y Anna tena que esforzarse por dominar su excitacin. Quera a Gunther y senta tener que dejarle, pero lo nico que poda pensar era: Maana a estas horas estaremos en el tren..., el domingo a estas horas estaremos en Suiza..., y el lunes a estas horas...?

    Por fin Gunther se fue a casa. Mientras haca paquetes, Heimpi haba apartado un montn de ropa para su madre, y Max fue con l para ayudarle a llevarlo. Cuando volvi pareca ms animado. Decirle adis a Gunther era lo que le haba dado ms miedo: ya estaba hecho, por lo menos.

    A la maana siguiente, Anna y Max estuvieron listos mucho antes de la hora de salida. Heimpi comprob que llevaban las uas limpias, que iban provistos de pauelos (dos para Anna, porque estaba un poquito resfriada) y que sus calcetines iban debidamente sujetos con ligas.

    Sabe Dios cmo os vais a poner en cuanto que estis solos refunfu. Pero si t volvers a estar con nosotros dentro de quince das dijo Anna. Un cuello puede coger mucha porquera en quince das dijo Heimpi con aire tenebroso. Luego no hubo ms que hacer hasta que llegase el taxi. 16

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Vamos a dar una vuelta a la casa por ltima vez dijo Max. Empezaron por el piso de arriba y fueron bajando. Casi nada tena su aspecto de siempre. Todas

    las cosas pequeas haban sido empaquetadas. Algunas alfombras haban sido enrolladas, y por todas partes haba peridicos y cajones de embalaje. Fueron sealando cada una de las habitaciones segn pasaban por ellas, gritando: Adis, dormitorio de Pap..., adis, descansillo..., adis, escalera...!

    No os excitis dijo mam cuando pasaron por su lado. Adis, recibidor..., adis, cuarto de estar...! Se les estaba acabando demasiado pronto, as que Max grit: Adis, piano..., adis, sof...!, y

    Anna sigui su ejemplo: Adis, cortinas..., adis mesa del comedor..., adis, ventanillo de la antecocina...!

    En el momento en que gritaba Adis, ventanillo de la antecocina, sus dos puertecitas se abrieron, y apareci la cabeza de Heimpi mirndola desde la antecocina. De repente algo se encogi en el estmago de Anna. Aquello era exactamente lo que Heimpi haba hecho muchas veces para entretenerla cuando era pequea. Jugaban a un juego llamado mirar por el ventanillo, y a Anna le encantaba. Cmo era posible que de pronto se marchara? Sin querer se le llenaron los ojos de lgrimas, y grit, como una tonta:

    Ay, Heimpi, yo no quiero dejaros a ti y el ventanillo! Pues no me lo puedo meter en la maleta dijo Heimpi, entrando en el comedor. Seguro que vas a venir a Suiza? No s qu iba a hacer si no dijo Heimpi. Tu mam me ha dado el billete y lo tengo ya en el

    bolso. Heimpi dijo Max, si de pronto te dieras cuenta de que te queda mucho sitio en la maleta

    (slo si pasara eso, que conste), te podras llevar la caja de juegos? Si pasara esto..., si pasara lo otro... dijo Heimpi. Si mi abuela tuviera ruedas, sera un

    autobs y todos iramos en ella de paseo. Eso era lo que deca siempre. Entonces son el timbre anunciando la llegada del taxi, y ya no hubo tiempo para nada mas.

    Anna abraz a Heimpi. Mam dijo: No se le olvide que el lunes vienen a recoger el piano, y tambin ella le dio un abrazo. Max no encontraba sus guantes, pero result que durante todo el rato los haba tenido en el bolsillo. Bertha se ech a llorar, y el hombre que cuidaba el jardn apareci de repente y les dese a todos un buen viaje.

    En el momento justo en que el taxi iba a arrancar, una figura pequeita se acerc corriendo con algo en la mano. Era Gunther. Le dio un paquete a Max por la ventanilla y dijo algo sobre su madre, que no pudieron entender porque el taxi se haba puesto en marcha. Max le grit adis y Gunther les despidi con la mano. Luego el taxi subi la calle. Anna pudo ver an la casa, y a Heimpi y Gunther diciendo adis...

    Vea todava un poquito de la casa... Arriba de la calle pasaron junto a los nios Kentner que iban al colegio. Iban hablando y no miraron... An se vea un trocito pequeo de la casa entre los rboles... Luego el taxi dobl la esquina y todo desapareci.

    Era extrao viajar en tren con mam y sin Heimpi. Anna iba un poco preocupada por si se mareaba. Se haba mareado mucho en los trenes cuando era pequea, e incluso ahora, que ya ms o menos se le haba pasado, Heimpi llevaba siempre una bolsa de papel por si acaso. Tendra mam una bolsa de papel?

    El tren iba lleno, y Anna y Max se alegraron de tener asientos de ventanilla. Los dos fueron mirando el paisaje gris que pasaba veloz, hasta que empez a llover. Entonces contemplaron cmo llegaban las gotas estrellndose y lentamente se escurran por el cristal abajo, pero al cabo de un rato se les hizo aburrido. Ahora qu? Anna mir a mam por el rabillo del ojo. Heimpi sola llevar manzanas o algn dulce.

    17

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Mam iba arrellanada en el asiento. Tena la boca fruncida, y miraba fijamente la calva del seor de enfrente, sin verle. En el regazo tena el bolso grande con la figura de un camello que se haba trado de un viaje con pap. Lo tena cogido muy fuerte: Anna supuso que porque dentro iban los billetes y los pasaportes. Lo llevaba tan apretado que uno de sus dedos se clavaba precisamente en la cara del camello.

    Mam dijo Anna, ests aplastando el camello. Cmo dices? dijo mam. Luego se dio cuenta de lo que Anna quera decir y dej de

    apretar el bolso. Con gran alivio de Anna, la cara del camello reapareci, con su mismo aire bobo y optimista de siempre.

    Te aburres? pregunt mam. Vamos a atravesar toda Alemania, cosa que vosotros no habis hecho nunca. Ojal deje pronto de llover para que lo podis ver todo.

    Luego les habl de los huertos del sur de Alemania: kilmetros y kilmetros de huertos. Si hubiramos hecho este viaje un poco ms adelantado el ao dijo, los habrais visto

    todos en flor. A lo mejor ya han florecido algunos dijo Anna. Pero mam pensaba que era an demasiado pronto, y el seor calvo dijo lo mismo. Luego

    comentaron lo bonito que era, y a Anna le entraron ganas de verlo. Si ahora no hay flores dijo, las veremos otra vez? Mam tard en contestar. Luego dijo: Eso espero. La lluvia no ces, y pasaron un gran rato jugando a juegos de adivinar, en los que mam result

    ser muy experta. Aunque no vean gran cosa del pas, oan el cambio de las voces de la gente cada vez que el tren se detena. Algunas eran casi incomprensibles, y a Max se le ocurri la idea de hacer preguntas innecesarias, como Es esto Leipzig?, o Qu hora es?, slo por or las respuestas con acentos raros.

    Almorzaron en el coche restaurante. Era muy elegante y haba un men para elegir, y Anna tom salchichas de Francfort y ensalada de patata, que era su plato favorito. No se senta nada mareada.

    Por la tarde ella y Max se recorrieron el tren de un extremo a otro, y luego estuvieron en el pasillo. Llova ms fuerte que antes y anocheci muy pronto. Aunque los huertos hubieran estado en flor, no habran podido verlo. Durante un rato se entretuvieron viendo pasar la oscuridad a travs de sus imgenes reflejadas en el cristal. Luego a Anna le empez a doler la cabeza y a moquearle la nariz, como si quisiera ponerse a tono con la lluvia de afuera. Se refugi otra vez en su asiento y dese llegar a Stuttgart.

    Por qu no miras el libro de Gunther? dijo-mam. En el paquete de Gunther haban encontrado dos regalos. Uno, de Gunther para Max, era un

    juego de habilidad, consistente en una cajita transparente con la figura de un monstruo con la boca abierta pintada sobre el fondo. Haba que meter tres bolitas diminutas en la boca del monstruo. Era muy difcil hacerlo en el tren.

    El otro regalo era un libro para los dos, de parte de la madre de Gunther. Se titulaba Llegaron a ser grandes, y la madre de Gunther haba escrito en l: Gracias por todas esas cosas tan estupendas. Para que leis en el viaje. El libro contaba los primeros aos de varias personas que luego haban sido famosas, y Anna, que senta un inters personal por el tema; lo hoje al principio con avidez. Pero estaba escrito de una manera tan aburrida, y el tono general era tan decididamente edificante, que poco a poco se desanim.

    Toda la gente famosa lo haba pasado fatal. Uno tena un padre borracho. Otro tartamudeaba. Otro haba tenido que lavar centenares de botellas sucias. Todos haban tenido lo que se llama una infancia difcil. Estaba claro que haba que tenerla si se quera llegar a ser famoso.

    18

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Amodorrada en su rincn y enjugndose la nariz con sus dos pauelos empapados, Anna dese que llegasen a Stuttgart y que un da, en el futuro muy lejano, ella se hiciera famosa. Pero conforme el tren iba traqueteando a travs de Alemania en la oscuridad, ella iba pensando: infancia difcil... infancia difcil... infancia difcil...

    Captulo 4

    De pronto not que la sacudan suavemente. Deba haberse quedado dormida. Mam estaba diciendo: Dentro de unos minutos estaremos en Stuttgart.

    Soolienta, Anna se puso el abrigo, y pronto ella y Max estuvieron sentados sobre el equipaje a la entrada de la estacin de Stuttgart, mientras mam sala a coger un taxi. Segua lloviendo: la lluvia tamborileaba sobre el tejado de la estacin y caa como una cortina reluciente entre ellos y la plaza oscura que se abra delante. Haca fro. Por fin volvi mam.

    Vaya sitio! exclam. Hay como una especie de huelga..., algo relacionado con las elecciones..., y no hay taxis. Pero, veis aquel letrero azul de all?

    Al otro lado de la plaza se vea un brillo azulado entre la lluvia. Esto es un hotel dijo mam. Cogeremos slo lo que nos haga falta para la noche y

    echaremos una carrera hasta all.

    19

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Despus de dejar la mayor parte del equipaje depositada en la consigna, atravesaron la plaza mal iluminada. El maletn que Anna llevaba no haca ms que golpearla en las piernas, y llova tan fuerte que apenas se vea nada. Una vez resbal y pis en un charco hondo, de modo que se le encharcaron los dos pies. Pero por fin llegaron bajo techado. Mam pidi habitaciones, y luego Max y ella se fueron a comer algo. Anna estaba tan cansada que se fue derecha a la cama.

    Por la maana se levantaron cuando todava estaba oscuro. Pronto veremos a pap, dijo Anna mientras desayunaban en el comedor sombro. Nadie ms se haba levantado an, y el camarero, con cara de sueo, les sirvi a golpes los bollos revenidos y el caf, como si de ese modo quisiera hacerles ver lo mucho que le estaban fastidiando. Mam esper a que hubiese vuelto a la cocina, y entonces dijo:

    Antes de llegar a Zurich y ver a pap tenemos que cruzar la frontera entre Alemania y Suiza. Tenemos que bajarnos del tren? pregunt Max. No dijo mam. Nos quedaremos en el compartimiento: vendr un hombre a mirarnos los

    pasaportes, lo mismo que el revisor. Pero y mir a los dos nios por turno esto es muy importante: cuando vengan a mirarnos los pasaportes no quiero que ninguno de vosotros diga nada. Entendido? Ni una palabra.

    Por qu no? pregunt Anna. Porque si no, el hombre dir: Qu nia tan horrible y parlanchina, me parece que le voy a

    quitar el pasaporte dijo Max, que siempre se levantaba de mal humor cuando no haba dormido lo suficiente.

    Mam! clam Anna. No ser verdad..., quiero decir, que nos puedan quitar los pasaportes?

    No..., no, no lo creo dijo mam. Pero por si acaso..., el nombre de pap es tan conocido..., no nos interesa llamar la atencin de ninguna manera. De modo que cuando venga el hombre,.., ni po. Acordaos: ni una sola palabra!

    Anna prometi acordarse. Por fin haba dejado de llover, y fue muy fcil cruzar otra vez la plaza hasta la estacin. El cielo

    empezaba entonces a aclararse, y Anna vio que haba carteles de las elecciones por todas partes. Haba dos o tres personas a la puerta de un sitio donde pona Colegio Electoral, esperando a que abrieran. Anna se pregunt si iran a votar, y a quin.

    El tren estaba casi vaco, y tuvieron un compartimiento para ellos solos hasta que en la estacin siguiente se subi una seora con una cesta. Anna oy una especie de pataleo en el interior de la cesta, como si dentro hubiera algn animal. Mir a Max por ver si tambin l lo haba odo, pero su hermano segua malhumorado y estaba mirando por la ventanilla con el ceo fruncido. Anna empez tambin a ponerse de mal humor y a recordar que le dola la cabeza y que sus botas todava estaban mojadas de la lluvia de la noche anterior.

    Cundo llegamos a la frontera? pregunt. No lo s dijo mam. Todava falta un rato. Anna observ que otra vez estaba estrujando la cara del camello. Como una hora? pregunt. Siempre ests haciendo preguntas dijo Max, aunque la cosa no iba con l. Por qu no te

    callas? Por qu no te callas t? contest Anna. Se sinti amargamente ofendida, y trat de pensar algo hiriente que decirle. Por fin exclam:

    Me gustara tener una hermana! Y a m no tener ninguna! dijo Max. Mam...! gimi Anna.

    20

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Bueno, por lo que ms queris, ya est bien! grit mam. No tenemos ya bastantes complicaciones?

    Segua apretando el bolso del camello, y cada dos por tres miraba dentro para ver si los pasaportes seguan estando all.

    Anna se rebull en su asiento, fastidiada. Todo el mundo era horrible. La seora de la cesta haba sacado un gran trozo de pan con un pedazo de jamn y se lo estaba comiendo. Nadie dijo nada durante largo rato. Luego el tren empez a ir ms despacio.

    Perdone dijo mam: estamos llegando a la frontera Suiza? La seora de la cesta sigui masticando y mene la cabeza. Lo ves? dijo Anna a Max. Tambin mam hace preguntas! Max ni siquiera se molest en replicar, sino que puso los ojos en blanco. A Anna le dieron ganas

    de darle una patada, pero mam se haba dado cuenta. El tren se par y volvi a arrancar, volvi a pararse y volvi a arrancar. Cada vez que haca eso

    mam preguntaba si era ya la frontera, y la seora de la cesta meneaba la cabeza. Por fin, cuando el tren volvi a pararse a la vista de un grupo de edificios, la seora de la cesta dijo: Me parece que ya estamos llegando.

    Esperaron en silencio mientras el tren estuvo parado en la estacin. Anna oa voces y las puertas de otros compartimientos abrindose y cerrndose. Luego, ruido de pasos por el pasillo. Luego la puerta de su compartimiento se abri y entr el inspector de pasaportes. Llevaba un uniforme parecido al de los revisores y tena grandes bigotes de color castao.

    Mir el pasaporte de la seora de la cesta, asinti con la cabeza, lo sell con un sello pequeo de goma y se lo devolvi. Luego se volvi a mam. Mam le entreg los pasaportes y sonri; pero la mano con que sujetaba el bolso estaba sometiendo al camello a horribles contorsiones. El hombre examin los pasaportes. Luego mir a mam para ver si era la misma persona que apareca en la fotografa, y despus a Max y despus a Anna. Luego sac el sello. Pero entonces se acord de algo y volvi a mirar los pasaportes... Por fin los sell y se los devolvi a mam.

    Buen viaje dijo segn abra la puerta del compartimiento. No haba pasado nada, pens Anna. Max la haba asustado para nada. Lo ves...! exclam, pero mam le lanz tal mirada que se call. El inspector de pasaportes cerr la puerta tras de s. Todava estamos en Alemania dijo mam. Anna sinti que se estaba poniendo colorada. Mam volvi a meter los pasaportes en el bolso.

    Hubo un silencio. Anna oa a lo que fuera que se mova dentro de la cesta, a la seora masticando otro trozo de pan con jamn, las puertas que se abran y se cerraban a lo largo del tren, cada vez ms lejos. El silencio pareci interminable.

    Luego el tren se puso en marcha, rod unos cientos de metros y se volvi a parar. Ms abrir y cerrar de puertas, esta vez ms deprisa. Voces que decan: Aduana... tienen algo que declarar? Otro hombre distinto entr en el compartimiento. Mam y la seora dijeron las dos que no tenan nada que declarar, y l hizo una seal con tiza sobre todos los bultos, incluida la cesta de la seora. Otra espera, despus un toque de silbato y por fin volvieron a arrancar. Esta vez el tren cogi velocidad y sigui traqueteando con regularidad a travs de la campia.

    Al cabo de un largo rato, Anna pregunt: Estamos ya en Suiza? Creo que s. No estoy segura dijo mam. La seora de la cesta dej de masticar. As es dijo apaciblemente, esto es Suiza. Estamos en Suiza ya..., este es mi pas. Era

    maravilloso. Suiza! exclamo Anna. Estamos de verdad en Suiza! Ya era hora! dijo Max, y sonri de oreja a oreja. 21

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Mam dej el bolso del camello sobre el asiento vaco que tena al lado, y sonri y volvi a sonrer.

    Bueno! dijo. Bueno! Pronto estaremos con pap. De repente Anna se sinti muy tonta y atolondrada. Quera hacer o decir algo extraordinario y

    divertido, pero no se le ocurra nada; de modo que se volvi a la seora suiza y dijo: Perdone, pero qu es lo que lleva usted en esa cesta?

    Es mi morrongo dijo la seora con su dulce voz de pueblo. Sin saber por qu, aquello era terriblemente divertido. Anna, conteniendo la risa, lanz una

    mirada a Max y vio que tambin l estaba casi retorcindose. Qu es... qu es un morrongo? pregunt al tiempo que la seora echaba hacia atrs la

    tapa de la cesta, y antes de que nadie pudiera responder se oy un Miaaau y por la abertura asom la cabeza de un feo gato negro.

    Entonces Anna y Max ya no pudieron contenerse, y explotaron de risa. Te ha contestado! jade Max. T dijiste Qu es un morrongo, y l dijo... Miaau! chill Anna. Nios, nios! dijo mam, pero no sirvi de nada: no podan dejar de rer. Siguieron

    rindose de todo lo que vean, sin parar hasta llegar a Zurich. Mam se excus ante la seora, pero ella dijo que no importaba, que estaba bien que los nios estuviesen de buen humor. Cada vez que ya parecan aquietarse, bastaba con que Max dijera: Qu es un morrongo?, y Anna chillaba: Miaau!, y vuelta a empezar. Todava se estaban riendo cuando, ya en el andn de Zurich, buscaron a pap.

    Anna fue quien le vio primero. Estaba al lado de un puesto de peridicos. Tena la cara muy plida y buscaba con la mirada entre la multitud que se apiaba alrededor del tren.

    Pap! grit Anna. Pap! El se volvi y los vio. Y entonces pap, que siempre era tan serio, que nunca haca nada con

    prisas, de pronto ech a correr hacia ellos. Abraz a mam y la estrech contra s; luego abraz a Anna y Max. Los abrazaba y los volva a abrazar a todos, y no quera soltarlos.

    No os vea dijo. Tuve miedo... Ya s dijo mam.

    22

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Captulo 5

    Pap haba reservado habitaciones en el mejor hotel de Zurich. Tena una puerta giratoria, gruesas alfombras y montones de dorados por todas partes. Como todava no eran ms que las diez de la maana, desayunaron otra vez mientras charlaban sobre todo lo que haba pasado desde que pap sali de Berln.

    Al principio pareca como si tuvieran cosas interminables que contarle, pero al rato descubrieron que tambin era muy agradable estar juntos sin decir nada. Mientras Anna y Max se atiborraban de dos clases diferentes de croissant y cuatro de mermelada, mam y pap se sonrean el uno al otro. Cada poco tiempo se acordaban de algo, y pap deca: Has podido traerte los libros?, o mam deca: llamaron del peridico, y querran un artculo tuyo esta semana, si es posible. Pero despus volvan a caer en un silencio apacible y sonriente.

    Por fin Max se bebi el ltimo sorbo de su chocolate caliente, se limpi de los labios las ltimas migas de croissant y pregunt: Qu vamos a hacer ahora?

    Pero nadie haba pensado en eso.

    23

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Tras un instante, pap dijo: Vamos a ver cmo es Zurich. Decidieron ir lo primero de todo a la cima de un monte que se alzaba sobre la ciudad. El monte

    era tan empinado que haba que ir en funicular, una especie de ascensor sobre ruedas que suba derecho por una pendiente alarmante. Anna nunca haba estado en un funicular, y tuvo que repartir su atencin entre la emocin de la experiencia y el escrutinio ansioso del cable en busca de seales de desgaste. Desde la cima del monte se vea Zurich all abajo, apiado a un extremo de un enorme lago azul. El lago era tan grande que la ciudad pareca pequea en comparacin, y el lado mas lejano estaba oculto por montaas. Haba barcos de vapor, que desde aquella altura parecan de juguete, y que iban recorriendo el borde del lago, parndose en cada uno de los pueblecitos que haba desperdigados por las orillas y dirigindose luego al siguiente. Brillaba el sol y le daba a todo un aspecto muy atractivo.

    Puede ir cualquiera en esos barcos? pregunt Max. Era justamente lo que Anna iba a preguntar.

    Te gustara ir? dijo pap. Pues irs..., esta tarde. El almuerzo fue esplndido, en un restaurante con una cristalera que daba al lago, pero Anna no

    fue capaz de comer gran cosa. Se notaba la cabeza embotada, probablemente, pens, por haberse levantado tan temprano, y aunque la nariz ya no le destilaba, le dola la garganta.

    Te encuentras bien? pregunt mam un poco alarmada. S, s! respondi Anna, pensando en la excursin en barco de por la tarde. De todos modos,

    estaba segura de que era slo cansancio. Al lado del restaurante haba una tienda donde vendan postales, y Anna compr una y se la

    mand a Heimpi, mientras Max le mandaba otra a Gunther. Estoy pensando cmo irn las elecciones dijo mam. T crees de verdad que los

    alemanes le van a votar a Hitler? Me temo que s dijo pap. O no dijo Max. Muchos chicos de mi colegio estaban en contra de l. A lo mejor maana

    nos encontramos con que casi nadie le ha votado, y entonces podramos volvernos todos a casa, como dijo el to Julius.

    Es posible dijo pap, pero Anna se dio cuenta de que en realidad no lo crea. La excursin en barco por la tarde fue un gran xito. Anna y Max se quedaron en cubierta a

    pesar del viento fro, contemplando el trfico del lago. Aparte de los barcos de vapor, haba motoras particulares y hasta unas cuantas barcas de remos. Su vapor iba haciendo chug-chug de un pueblecito a otro, por una de las orillas del lago. Todos los pueblos eran muy bonitos, con sus casitas relucientes rodeadas de bosques y colinas. Cada vez que el vapor se acercaba a un embarcadero, tocaba fuerte la sirena para que todos los del pueblo supieran que llegaba, y mucha gente embarcaba y desembarcaba en cada sitio. Al cabo de una hora aproximadamente, cruz de pronto el lago hasta un pueblecito de la otra orilla y luego regres al mismo punto de Zurich de donde haba salido.

    Caminando de vuelta al hotel entre el ruido de los coches, los autobuses y los tranvas con su estruendo metlico, Anna se dio cuenta de que estaba muy cansada, y volvi a notar la cabeza embotada. Se alegr de volver a la habitacin del hotel que comparta con Max. Todava no tena hambre, y a mam le pareci verla tan cansada que la meti en la cama directamente. Tan pronto como apoy la cabeza en la almohada, la cama entera pareci elevarse y salir flotando en la oscuridad, con un ruido de chug-chug que podra haber sido un barco, o un tren, o un sonido que sala de su propia cabeza.

    La primera impresin de Anna cuando abri los ojos por la maana fue que en la habitacin haba demasiada luz. Los volvi a cerrar rpidamente y se qued muy quieta, tratando de concentrarse. Haba un murmullo de voces al otro extremo de la habitacin, y tambin una especie de crujido de algo que no fue capaz de identificar. Deba ser muy tarde, y todos los dems estaran ya levantados.

    24

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Volvi a abrir los ojos cautelosamente, y esta vez la luz subi y baj y acab por reorganizarse en forma de la habitacin que conoca, con Max, todava en pijama, sentado en la otra cama y mam y pap de pie, cerca de l. Pap tena un peridico, y de eso procedan los crujidos. Estaban hablando en voz baja porque crean que ella segua durmiendo. Entonces la habitacin dio otro vuelco y ella volvi a cerrar los ojos, y le pareci que iba flotando a alguna parte mientras las voces continuaban.

    Alguien estaba diciendo: ...de modo que tienen mayora... Luego esa voz se fue apagando, y otra (o era la misma?) dijo: ...votos suficientes para hacer lo que quiera..., y luego inequvocamente Max, con mucha tristeza: ...as que no volveremos a Alemania... as que no volveremos a Alemania... as que no volveremos a Alemania... De verdad lo haba dicho tres veces? Anna abri los ojos con gran esfuerzo y dijo: Mam! Al momento una de las figuras se apart del grupo y vino hacia ella, y de repente apareci la cara de mam muy cerca de la suya. Anna dijo: mam! otra vez, y de golpe y porrazo estaba llorando por lo mucho que le dola la garganta.

    Despus todo se difumin. Mam y pap estaban junto a su cama mirando un termmetro. Pap tena el abrigo puesto. Deba haber salido especialmente a comprar el termmetro. Alguien dijo: Cuarenta, pero no poda ser de su temperatura de lo que estaban hablando, porque no recordaba que se la hubieran tomado.

    A la siguiente vez que abri los ojos haba un hombre con barbita mirndola. Dijo: Bueno, seorita, y sonri, y mientras sonrea sus pies se alzaron del suelo y vol hasta posarse encima del armario, donde se transform en un pjaro y estuvo graznando Gripe hasta que mam le hizo salir por la ventana.

    Luego de pronto era de noche y Anna le pidi a Max que le llevara un poco de agua, pero Max no estaba, era mam quien estaba en la otra cama. Anna dijo: Por qu estas durmiendo en la cama de Max? Mam contest: Porque ests enferma, y Anna se alegr mucho, porque si estaba enferma eso quera decir que Heimpi vendra a cuidarla. Dijo: Dile a Heimpi..., pero estaba demasiado cansada para acordarse de lo dems, y cuando volvi a mirar estaba all otra vez el hombre de la barbita, y no le gust porque estaba disgustando a mam diciendo complicaciones una y otra vez. El hombre le haba hecho algo en el cuello y por eso se le haba hinchado y le dola, y ahora se lo estaba palpando. Anna le dijo: No haga eso!, muy fuerte, pero l no hizo caso y pretendi obligarla a beber una cosa horrible. Anna iba a apartar el vaso, pero entonces vio que no era el hombre de la barba sino mam, y en sus ojos azules haba una mirada tan terrible y decidida que pens que no mereca la pena resistirse.

    Despus el mundo se aquiet un poco. Empez a comprender que haba estado enferma durante cierto tiempo, que haba tenido fiebre alta y que si se encontraba tan mal era porque tena los ganglios del cuello enormemente hinchados y blancos.

    Tenemos que bajar la fiebre dijo el mdico de la barba. Despus mam dijo:... Te voy a poner una cosa en el cuello para que se te mejore. Anna vio que de una palangana sala vapor. Est demasiado caliente! grit. No lo quiero! No te lo voy a poner demasiado caliente dijo mam. No quiero! chill Anna. T no sabes cuidarme! Dnde est Heimpi? Heimpi no me

    pondra vapor caliente en el cuello! No digas tonteras! dijo mam, y de repente se estaba apretando una compresa humeante

    de algodn contra su propio cuello. Venga dijo, si no est demasiado caliente para m no va a estarlo para ti y lo apret contra el cuello de Anna y rpidamente le puso un vendaje alrededor.

    Estaba terriblemente caliente, pero se poda soportar. No era tan horrible, no? dijo mam. Anna estaba tan enfadada que no contest, y la habitacin empezaba otra vez a dar vueltas,

    pero mientras caa flotando en el sopor pudo or todava la voz de mam, que deca: Le voy a bajar esa fiebre aunque me cueste a m la vida!

    25

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Despus de aquello debi quedarse amodorrada o dormida, porque de pronto tena otra vez el cuello fresco y mam se lo estaba destapando.

    Y t cmo ests, cerdo gordo? dijo mam. Cerdo gordo? dijo Anna dbilmente. Mam toc con mucho cuidado uno de los ganglios

    hinchados de Anna. Este es cerdo gordo dijo. Es el peor de toda la cuadrilla. El de al lado no es tan malo..., se

    llama cerdo flaco. Y ste se llama cerdo rosado, y ste es cochinito, y ste..., cmo le llamamos a ste?

    Fraulein Lambeck dijo Anna, y se ech a rer. Estaba tan dbil que la risa ms bien pareci un cacareo, pero mam se puso muy contenta de todos modos.

    Mam sigui ponindole los fomentos calientes, y no era demasiado malo porque siempre haba chistes sobre cerdo gordo y cerdo flaco y fraulein Lambeck, pero aunque Anna tena el cuello mejor su fiebre segua siendo alta. Se despertaba encontrndose bastante normal, pero a la hora de comer estaba mareada y por la tard ya todo se haba vuelto confuso y vago. Tena ideas extrasimas. Le asustaba el papel de las paredes y no soportaba estar sola. Una vez, cuando mam la dej para bajar a cenar, crey que la habitacin se estaba haciendo progresivamente ms pequea, y grit porque crey que acabara aplastndola. Despus de aquello, mam cenaba en una bandeja en la habitacin. El mdico dijo: No puede seguir as mucho tiempo.

    Una tarde, Anna estaba tumbada mirando las cortinas. Mam las acababa de correr porque estaba anocheciendo, y Anna estaba tratando de ver qu formas haban hecho los pliegues. La tarde anterior haban hecho una forma de avestruz, y segn le iba subiendo la fiebre Anna haba visto el avestruz con ms y ms claridad, hasta que por fin pudo hacerla andar por toda la habitacin. Esta vez pensaba que quiz podra haber un elefante.

    De pronto oy un cuchicheo al otro extremo de la habitacin. Gir la cabeza con dificultad. All estaba pap, sentado con mam, y estaban mirando una carta juntos. No oa lo que mam estaba diciendo, pero por el tono de voz comprendi que estaba nerviosa y disgustada. Entonces pap doblo la carta y puso su mano sobre la de mam, y Anna pens que no tardara en marcharse, pero no se march: se qued all sentado, con la mano de mam en la suya. Anna los estuvo mirando un rato hasta que se le cansaron los ojos y los cerr. Los susurros se haban hecho ms tranquilos e iguales. No se saba por qu, pero era un sonido sedante, y al rato Anna se durmi escuchndolo.

    Cuando se despert supo en seguida que haba estado durmiendo mucho tiempo. Haba adems alguna otra cosa rara, pero no pudo averiguar qu. La habitacin estaba en penumbra, con una sola luz encendida sobre la mesa donde mam sola sentarse, y Anna pens que se le habra olvidado apagarla cuando se fue a la cama. Pero mam no se haba ido a la cama. Segua all sentada con pap, igual que estaban cuando Anna se durmi. Pap todava tena cogida la mano de mam con una de las suyas y la carta doblada en la otra.

    Hola mam. Hola, pap dijo Anna, Qu rara me siento. Mam y pap se acercaron inmediatamente a su cama y mam le puso una mano sobre la

    frente. Luego le meti el termmetro en la boca. Cuando lo volvi a sacar, pareci que no poda creer lo que vea.

    Es normal! dijo. Por primera vez en cuatro semanas es normal! Eso es lo nico que importa dijo pap, y arrug la carta. Despus de aquello, Anna se repuso muy deprisa. Cerdo gordo, cerdo flaco, fraulein Lambeck y

    los dems se fueron desinflando poco a poco, y el cuello dej de dolerle. Empez a comer otra vez, y a leer. Max vena a jugar a las canas con ella cuando no iba a algn sitio con pap, y pronto la dejaron levantarse un ratito y sentarse en un silln. Mam tena que ayudarla a dar aquellos pocos pasos por la habitacin, pero una vez sentada, al calor del sol que entraba por la ventana, se senta muy contenta.

    Afuera el cielo estaba azul, y vea que la gente que pasaba por la calle no llevaba abrigo. En la acera de enfrente haba una seora con un puesto de tulipanes, y en la esquina un castao estaba

    26

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    lleno de hojas. Era primavera. Se asombraba de ver lo mucho que haba cambiado todo durante su enfermedad. Tambin la gente de la calle pareca satisfecha con el tiempo primaveral, y muchos compraban flores en el puesto. La seora que venda tulipanes era morena y regordeta, y se pareca un poco a Heimpi.

    De pronto Anna se acord de una cosa. Heimpi iba a reunirse con ellos dos semanas despus de su salida de Alemania. Ya deba haber pasado ms de un mes. Por qu no haba venido? Iba a preguntrselo a mam, pero lleg antes Max.

    Max dijo Anna, por qu no ha venido Heimpi? Pareci como si Max se quedara cortado. Quieres volverte a la cama? pregunt. No repuso Anna. Bueno dijo Max, no s si debo decrtelo, pero han pasado muchas cosas mientras estabas

    mala. Qu cosas? pregunt Anna. Ya sabes que Hitler gan las elecciones dijo Max. Pues en seguida acapar todo el

    gobierno, y pasa exactamente lo que deca pap: que a nadie se le deja decir ni una palabra en contra de l. Si lo hacen los meten en la crcel.

    Y Heimpi ha dicho algo en contra de Hitler? pregunt Anna, que ya vea a Heimpi en una mazmorra.

    No, mujer dijo Max. Pero pap s lo haca, y sigue hacindolo. Y, por supuesto, nadie en Alemania puede publicar nada de lo que pap escribe. De modo que no puede ganar dinero, y no tenemos para pagar a Heimpi.

    Ya dijo Anna, y tras un momento aadi: Entonces, somos pobres? Yo creo que s, un poco respondi Max. Slo que pap va a intentar escribir para algunos

    peridicos suizos; entonces volveremos a estar bien. Se levant como para irse, y Anna dijo rpidamente: Yo no creo que a Heimpi le importara lo del dinero. Si tuviramos una casita, seguro que

    querra venir y cuidarnos de todas maneras, aunque no le pudiramos pagar mucho. S, bueno, esa es otra dijo Max, y vacil antes de aadir: No podemos alquilar una casa

    porque no tenemos muebles. Pero... dijo Anna. Los nazis han apoderado de todo dijo Max. Eso se llama confiscacin de la propiedad.

    Pap recibi una carta la semana pasada Max sonri. Ha sido como una de esas comedias horribles en las que todo el rato est llegando gente con malas noticias. Y encima t, a punto de estirar la pata...

    Yo no iba a estirar la pata! dijo Anna. Hombre, yo ya saba que no dijo Max, pero ese mdico suizo tiene una imaginacin muy

    siniestra. Quieres volverte ahora a la cama? Creo que s repuso Anna. Se senta un poco dbil, y Max la ayud a cruzar la habitacin. Ya

    metida cmodamente en la cama, dijo: Max, eso de... confiscacin de la propiedad, o como se llame... es que los nazis se lo han llevado todo..., hasta nuestras cosas?

    Max asinti con la cabeza. Anna trat de imaginrselo. Se haban llevado el piano..., las cortinas de flores del comedor..., su

    cama..., todos sus juguetes, entre ellos el Conejo Rosa de trapo. Por un momento le entristeci mucho acordarse del Conejo Rosa. Tena ojos negros bordados (los suyos de cristal se le haban cado haca aos), y una costumbre encantadora de derrumbarse sobre las patas. Su peluche, aunque ya no fuera muy rosa, era blando y amoroso. Cmo se le habra ocurrido llevarse en su lugar aquel perro lanudo,

    27

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    que no tena ninguna gracia? Haba sido una terrible equivocacin, y ahora ya no podra arreglarlo nunca.

    Siempre he pensado que deberamos habernos trado la caja de juegos dijo Max. Seguro que ahora mismo Hitler est jugando a la oca.

    Y acunando mi Conejo Rosa! dijo Anna, y se ech a rer. Pero a sus ojos haban asomado algunas lgrimas y le estaban corriendo por las mejillas, todo a la vez.

    Bueno, tenemos suerte de estar aqu de todas maneras dijo Max. Por qu dices eso? pregunt Anna. Max apart la vista para mirar por la ventana con gran

    concentracin. Pap recibi noticias de Heimpi dijo con estudiada indiferencia. Los nazis fueron a recoger

    nuestros pasaportes al otro da de las elecciones.

    Captulo 6

    Tan pronto como Anna estuvo lo bastante fuerte, se marcharon de aquel hotel tan caro. Pap y Max haban encontrado un hostal en uno de los pueblecitos del lago. Se llamaba Gasthof Zwirn, porque era propiedad de un tal Herr Zwirn, y estaba muy cerca del embarcadero, con un patio empedrado y un jardn que bajaba hasta el lago. La gente sola ir all a comer y beber, pero Herr Zwirn tena tambin unas cuantas habitaciones para alquilar, y eran muy baratas. Mam y pap compartan una habitacin y Anna y Max otra, con lo que todava sala ms barato.

    28

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    En el piso bajo haba un comedor grande y confortable, decorado con astas de ciervo y trocitos de edelweiss. Pero cuando hizo mejor tiempo aparecieron mesas y sillas en el jardn, y Frau Zwirn serva todas las comidas debajo de los castaos, al borde del agua. A Anna le pareca muy bonito.

    En los fines de semana venan msicos del pueblo, y a menudo estaban tocando hasta altas horas de la noche. Se escuchaba la msica y se contemplaba el centelleo del agua entre las hojas y los barcos de vapor que pasaban. Cuando anocheca, Herr Zwirn daba a un interruptor y se encendan lucecitas en los rboles, de modo que an se poda ver lo que se estaba comiendo. Los barcos encendan faroles de colores para hacerse ver por las otras embarcaciones. Algunos eran color mbar, pero los ms bonitos eran de un azul oscuro y brillante, tirando a malva. Cada vez que Anna vea una de aquellas luces azules mgicas sobre el cielo azul ms oscuro, y reflejadas ms dbilmente en el lago, senta como si le hubieran hecho un pequeo regalo.

    Los Zwirn tenan tres nios que iban descalzos, y como Anna ya no senta sus piernas como si fueran de trapo, ella y Max iban con ellos a explorar el campo de alrededor. Haba bosques y arroyos y cascadas, carreteras bordeadas de manzanos y flores silvestres por todas partes. A veces mam prefera ir con ellos a quedarse sola en el hostal. Pap iba a Zurich casi todos los das para hablar con los directores de los peridicos suizos.

    Como casi todos los del pueblo, los nios Zwirn hablaban un dialecto suizo que a Anna y Max les costaba trabajo entender al principio. Pero en seguida lo aprendieron, y el mayor, Franz, ense a Max a pescar (slo que Max nunca pescaba nada), mientras su hermana Vreneli enseaba a Anna la versin local de la rayuela.

    En aquella atmsfera agradable no tard Anna en recobrar sus fuerzas, y un da mam anunci que ya era hora de que ella y Max empezaran a ir otra vez al colegio. Max ira al Instituto Masculino de Zurich. Viajara en tren, que no era tan agradable como el vapor pero s mucho ms rpido. Anna ira a la escuela del pueblo con los nios Zwirn, y como ella y Vreneli eran casi de la misma edad estaran juntas en clase.

    T sers mi mejor amiga dijo Vreneli. Vreneli tena unas trenzas muy largas, muy delgadas, de color ratn, y un gesto siempre preocupado. Anna no estaba absolutamente segura de querer

    ser su mejor amiga, pero pens que parecera una desagradecida si lo deca. Un lunes por la maana partieron juntas, Vreneli descalza y llevando los zapatos en la mano. Ya

    cerca de la escuela se encontraron con otros nios, y casi todos llevaban tambin los zapatos en la mano. Vreneli present a Anna a algunas de las nias, pero los nios permanecieron al otro lado de la carretera, mirndolas sin decir nada. Poco despus de que llegaran al patio de la escuela una profesora hizo sonar una campana, y hubo unas prisas locas de todos por ponerse los zapatos. Era norma de la escuela que fueran calzados, pero la mayora de los nios lo dejaban para el ltimo minuto.

    El profesor de Anna se llama Herr Graupe. Era muy viejo, con una barba gris amarillenta, y todo el mundo le tena mucho respeto. Herr Graupe asign un sitio a Anna al lado de una nia rubia muy alegre que se llamaba Roesli, y mientras Anna se diriga hacia su pupitre por el pasillo central del aula se oy un cuchicheo de asombro general.

    Qu pasa? susurr Anna tan pronto como herr Graupe volvi la espalda. Que has venido por el pasillo central contest Roesli, tambin en voz baja. Slo los chicos

    entran por el pasillo central. Y por dnde entran las nias? Por los lados. Pareca un reparto extrao, pero herr Graupe haba empezado a poner sumas en la pizarra y no

    haba tiempo de pensar en ello. Las sumas eran muy fciles y Anna las tuvo hechas en seguida. Luego ech una ojeada por el aula.

    Los nios se sentaban en dos filas a un lado, las nias al otro. Era muy distinto del colegio de Anna en Berln, donde todos estaban mezclados. Cuando herr Graupe pidi los libros, Vreneli se

    29

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    levant para recoger los de las nias, mientras un nio grandote y pelirrojo recoga los de los nios. El pelirrojo atraves el aula por el pasillo central y Vreneli la rode por el lateral hasta que ambos se encontraron, cada uno cargado con una pila de libros, delante de la mesa de herr Graupe. Aun all tuvieron cuidado de no mirarse, pero Anna se dio cuenta de que Vreneli se haba puesto un poquito colorada.

    Durante el recreo los nios jugaron al ftbol y estuvieron haciendo el indio a un lado del patio, mientras las nias jugaban a la rayuela o se sentaban tranquilamente a cotillear en el otro. Pero aunque las nias fingan no hacer caso de los nios, se pasaban mucho rato mirndoles con los prpados cuidadosamente semicerrados, y, cuando Vreneli y Anna se fueron a casa a comer, Vreneli estaba tan interesada en las cosas raras que iba haciendo el pelirrojo por el otro lado de la carretera que casi se choca contra un rbol. Por la tarde volvieron para estar una hora cantando, y con eso se acabaron las clases por aquel da.

    Te ha gustado? le pregunt mam a Anna cuando sta regres a las tres. Es muy interesante dijo Anna. Pero es raro: los nios y las nias ni siquiera se hablan

    entre s, y no s si voy a aprender mucho. Herr Graupe se haba equivocado varias veces al corregir las sumas, y su ortografa tampoco era

    demasiado perfecta. Bueno, eso no importara demasiado dijo mam. No te vendr mal un poco de descanso

    despus de haber estado enferma. Me gusta lo que se canta dijo Anna Todos saben cantar haciendo gorgoritos al estilo

    tirols, y me van a ensear a hacerlo a m tambin. Dios nos libre! dijo mam, e inmediatamente se le escap un punto. Mam estaba aprendiendo a tejer. No lo haba hecho nunca, pero Anna necesitaba un jersey

    nuevo y mam quera ahorrar. Haba comprado lana y agujas y frau Zwirn le estaba enseando, pero no se le daba demasiado bien. Mientras que frau Zwirn mova las agujas gilmente con los dedos, mam mova todo el brazo desde el hombro. Cada vez que meta la aguja en la lana era como un ataque; cada vez que la sacaba, tiraba tanto del punto que casi lo rompa. En consecuencia, el jersey iba creciendo muy despacio y ms pareca tela de abrigo que punto de media.

    Nunca he visto cosa igual dijo frau Zwirn, asombrada, cuando vio cmo iba, pero quedar bonito y muy abrigador cuando est terminado.

    Un domingo por la maana, poco despus de que Anna y Max empezaran a ir al colegio, vieron una figura conocida bajarse del vapor y aproximarse por el embarcadero: era el to Julius. Anna le encontr ms delgado que antes, y era maravilloso y al mismo tiempo sorprendente verle: como si un poquito de su casa de Berln hubiera aparecido de repente al borde del lago.

    Julius! exclam pap encantado al verle. Qu haces aqu? El to Julius le dirigi una sonrisa un poco burlona y dijo: Bueno, oficialmente no estoy aqu siquiera. Sabes que hoy da se considera muy imprudente

    incluso el visitarte? Haba asistido a un congreso de naturalistas en Italia, y haba salido de all con un da de

    antelacin para acercarse a verles camino de Berln. Es un honor que agradezco dijo pap. No cabe duda de que los nazis son tontos continu el to Julius. Cmo vas a ser t enemigo de Alemania? Ya sabrs que han

    quemado todos tus libros. Estuve en muy buena compaa dijo pap. Qu libros? pregunt Anna. Yo cre que los nazis slo se haban llevado nuestras

    cosas..., no saba que las hubieran quemado.

    30

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    Estos que decimos no eran los libros que tena tu padre dijo el to Julius. Eran los libros que ha escrito. Los nazis encendieron hogueras por todo el pas y quemaron all todos los ejemplares que pudieron encontrar.

    Junto con las obras de varios otros autores distinguidos dijo pap, tales como Einstein, Freud, H. G. Wells...

    El to Julius sacudi la cabeza, como asombrado ante la locura de todo aquello. Gracias a Dios que no seguiste mi consejo dijo. Gracias a Dios que salisteis a tiempo. Pero est claro aadi que Alemania no

    puede continuar mucho tiempo en esta situacin! Despus de almorzar, en el jardn, les dio las noticias. Heimpi se haba colocado con otra familia.

    Le haba resultado difcil, porque cuando la gente se enteraba de que haba trabajado para pap no queran tomarla. Pero en conjunto su trabajo nuevo no estaba mal. La casa segua vaca; todava no la haba comprado nadie.

    Era extrao, pens Anna, que el to Julius pudiera ir a echarle un vistazo siempre que quisiera. Poda bajar la calle desde la papelera de la esquina y pararse delante de la verja pintada de blanco. Las contraventanas estaran cerradas, pero, si tenan una llave, el to Julius podra entrar por la puerta de la calle al recibidor oscuro, subir la escalera hasta el cuarto de juguetes, o pasar al saln, o por el pasillo a la antecocina de Heimpi... Anna lo recordaba todo con absoluta claridad, y mentalmente recorri la casa de arriba abajo mientras el to Julius segua hablando con mam y pap.

    Cmo te van las cosas? pregunt el to Julius. Puedes escribir aqu? Pap levant una ceja.

    Para escribir no tengo dificultades dijo, pero s para que me lo publiquen. Pero eso es imposible! dijo el to Julius. Desgraciadamente, no dijo pap. Parece ser que los suizos estn tan preocupados por

    mantener su neutralidad que les asusta publicar algo de un antinazi declarado como yo. El to Julius pareci disgustarse mucho. Estis bien? pregunt. Quiero decir... econmicamente ? Nos las arreglamos dijo pap. De todos modos, estoy tratando de hacerles cambiar de

    opinin. Luego se pusieron a hablar de sus amigos comunes. Pareca como si estuvieran repasando una

    larga lista de nombres. Uno haba sido detenido por los nazis. Otro se haba escapado y se iba a Amrica. Otra persona haba pactado (Anna se pregunt qu querra decir aquello de pactar) y haba escrito un artculo alabando al nuevo rgimen. La lista segua, interminable. Todas las conversaciones de mayores eran as ltimamente, pens Anna, mientras las olitas laman la orilla del lago y las abejas zumbaban en los castaos.

    Por la tarde le ensearon el lugar al to Julius. Anna y Max le llevaron a los bosques, y le interes mucho el descubrimiento de una clase especial de sapo que no haba visto nunca. Luego se fueron todos a remar en el lago en una barca de alquiler. Despus cenaron juntos, y al cabo lleg la hora de que el to Julius se despidiera.

    Echo de menos nuestras visitas al zoo dijo mientras le daba un beso a Anna. Yo tambin! contest Anna. Lo que ms me gustaba eran los monos. Te mandar una postal de uno dijo el to Julius. Fueron juntos hasta el embarcadero. Mientras esperaban el barco, pap dijo de pronto: Julius..., no vuelvas. Qudate aqu con nosotros. No estars seguro en Alemania. Quin..., yo? dijo el to Julius con su vocecilla aguda. Quin va a pensar en m? A m

    slo me interesan los animales. Yo no me meto en poltica. Ni siquiera soy judo, a menos que se tenga en cuenta a mi pobre abuela!

    Julius, t no entiendes... dijo pap. 31

  • JUDITH KERR Cuando Hitler rob el conejo rosa

    La situacin tiene que cambiar por fuerza dijo el to Julius, y ya vena el barco echando vapor hacia ellos. Adis, muchacho!

    Abraz a pap y a mam y a los dos nios. Segn iba por la pasarela, se volvi un momento. Adems dijo, los monos del zoo me echaran de menos!

    Captulo 7

    Cada vez le gustaba mas a Anna ir a la escuela del pueblo. Se hizo amiga de otras nias adems de Vreneli, y sobre todo de Roesli, que se sentaba a su lado en clase y era un poco menos sosa que las dems. Las lecciones eran tan fciles que no le costaba ningn esfuerzo sobresalir, y aunque herr Graupe no era muy buen profesor de las materias ms corrientes, como cantor era extraordinario. En general, lo que ms le gustaba a Anna de la escuela era que fuese tan distinta de su antiguo colegio. Lo sen