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2 1930-1955 SINDICATOS, ESTADO Y SOCIEDAD EN LA ARGENTINA: UN NUEVO VÍNCULO POLÍTICO

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1930-1955. Sindicatos, Estado y Sociedad en la Argentina

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  • 21930-1955

    SINDICATOS, ESTADO Y SOCIEDAD EN LA ARGENTINA: UN NUEVO VNCULO POLTICO

  • 2Fuchs, Federico

    1880-1930 Orgenes del Movimiento Obrero en Argentina / Federico Fuchs ; Mari-

    na Kogan ; Gabriela Rodriguez ; edicin a cargo de Hugo Quintana. - 1a ed. - Buenos

    Aires : APOC, 2010.

    48 p. ; 25x21 cm. - (Sindicalismo y sociedad)

    ISBN 978-987-25156-3-8

    1. Historia del Movimiento Obrero. 2. Sindicalismo Argentino. I. Kogan, Marina

    II. Rodriguez, Gabriela III. Quintana, Hugo, ed. IV. Ttulo

    CDD 331.809 82

    Fecha de catalogacin: 07/04/2010

    Fotos de tapa: Acto 17 de octubre - Plaza de Mayo Triunfo electoral Pern - 1946

  • En este captulo nos adentramos en un perodo crucial para nuestra historia or-ganizacional: los aos que van de 1930 a 1955, son aos fundacionales. En ellos se produce una combinacin de tres ele-mentos que marcaron por casi medio si-glo la vida nacional: el proceso de indus-trializacin, la intervencin del estado en la economa y la cristalizacin de un proyecto poltico popular.

    La economa funcion en base a tres pilares: la independencia econmica, la soberana poltica y la justicia social, sobre ellos se asent la construccin del pas con el que haban soado los traba-jadores: inmigrantes y criollos. Un pas justo, libre y soberano, en la que el sindi-calismo fue protagonista. Los trabajado-res organizados, garantizan sociedades equilibradas y con igualdad de oportuni-dades.

    En el perodo que aqu abordamos, el sindicalismo proyecta su fuerza a toda la nacin, mediante su participacin en el movimiento conducido por Juan Pern. Entre 1946 y 1955, distintos dirigentes sindicales ocuparon importantes pues-tos de gobierno; por primera vez en la

    historia institucional Argentina, las lis-tas a cargos electivos en el orden Nacio-nal, Provincial, y Municipal se poblaron de hasta el momento ignotos represen-tantes sindicales. En el Poder Ejecutivo Nacional aparecen nombres como el de ngel Borlenghi, proveniente de la Fede-racin de Comercio y nombrado Minis-tro del Interior, o como el de Juan Atilio Bramuglia, abogado laboralista, que fue nombrado Ministro de Relaciones Exte-riores.

    Entre 1930 y 1955, el sindicalismo se consolid como un actor de especial rele-vancia para la poltica y la economa de la Argentina. En los aos siguientes, a pesar de la violencia desatada contra sus dirigentes e instituciones, nadie pudo dejar de tenerlo en cuenta como uno de los factores de poder insustituible a la hora de tomar decisiones.

    Debemos recordar, una vez ms, nues-tra misin. Hacer un aporte a la sociedad

    Los aos fundacionales

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    desde la Historia del Sindicalismo, desde los cambios en su organizacin a lo largo de su historia.

    En este captulo, la perspectiva es diferente al enfoque clsico que suele analizarse de esta etapa de la historia argentina. Haciendo una difcil abs-traccin de la conduccin de Juan y Eva Pern, nos centraremos en la actividad sindical evaluando el peso especfico del sindicalismo durante este perodo.

    Pensar el sindicalismo como un fen-meno con vida propia, nos permite apre-ciar su densidad real en el proceso hist-rico y econmico de la Argentina, y nos permite, tambin, comprender la histo-ria de nuestro pas, con sus vaivenes, sus miserias y sus momentos de gloria.

    Hugo Buisel Quintana Secretario general APOC

  • Coleccin Sindicalismo y Sociedad presenta seis captulos coleccionables sobre la Historia Or-ganizacional del Sindicalismo Argentino. Nues-tro principal objetivo es la divulgacin del anlisis sobre la organizacin del movimiento sindical, para instalar un debate necesario que an se encuentra alejado de la sociedad: cul es el modelo de organiza-cin sindical que necesita la Argentina.

    En la constante bsqueda de claridad y precisin en el relato histrico, hemos organizado los captu-los en un eje temporal y peridico, desde una pers-pectiva organizacional en el anlisis.

    El primer captulo de nuestra coleccin se centra-ba en los orgenes del movimiento obrero argentino. Nuestro objetivo en esa ocasin fue el de acercar al lector a la rica tradicin originaria del sindicalismo en nuestro pas, que se constituy entre 1880 y 1930. All vimos, primero, como la estructura productiva y los rasgos sociopolticos inciden en la estructura del movimiento obrero y afectan el tipo de sindicatos ms representativos, las estrategias polticas y la pri-maca de una u otra tendencia ideolgica. Segundo, hemos analizado los sustentos de la representacin sindical y cmo los cambios en el sistema poltico y en las dimensiones de los sindicatos modifican los mecanismos de toma de decisiones dentro de las organizaciones gremiales. Finalmente, mostramos como la pluralidad en diversos niveles refuerza la idea de que el sindicalismo argentino fue y es mucho menos homogneo de lo que se supone.

    Es a partir de estas conclusiones que se estruc-tura argumentalmente el nmero que hoy nos toca presentar: Sindicatos, Estado y Sociedad en la Argentina: un nuevo vnculo poltico.

    En este segundo nmero, abordamos los aos transcurridos entre el golpe de estado de 1930 y el derrocamiento de Pern en 1955. El hilo conductor a travs de este perodo de enormes transformaciones en la sociedad, la economa y la poltica argentinas

    PP PRESENTACIN PEDAGGICA

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    staffEditor ResponsableHugo Quintana

    Coordinacin GeneralAlejandro Sehtman

    Coordinacin del equipo de investigacin y seleccin de contenidosFederico FuchsGabriela Rodrguez

    Produccin de contenidos y redaccinMarina Kogan

    Diseo y produccin visualJuan Furlino

    Equipo de investigacinRicardo Toms FerreyraPaula FortezaJimena Valdez

    Colaboraron en este captuloOraldo BritosHernn CamareroEnrique RodrguezMarcos SchiaviNicols I. SchujmanPablo Touzon

    FotografaArchivo General de la NacinAlem 246. Ciudad Autnoma deBuenos AiresColeccin personal de Oraldo Britos

    sern los cambios igualmente notables en la estruc-tura y la dinmica del sindicalismo. De esta manera, guiaremos al lector a travs del proceso de moderni-zacin que acompa el estancamiento poltico de la Dcada Infame, para luego adentrarnos en la d-cada peronista. Nuestro actor principal ser, una vez ms, un sindicalismo que durante la dcada del 30 se transfigura al ritmo de la industrializacin sustituti-va de importaciones, para convertirse en una fuerza econmica y poltica de alcance nacional en el pero-do 1943-1955. El sindicalismo de masas que resultar de ese proceso tendr algunos colores que refieren a su historia anterior pero tambin presentar nue-vos matices. Veremos como la faceta reivindicativa y organizativa del sindicalismo se fortalece a cambio de perder gran parte de su autonoma respecto del Estado y del partido gobernante, mientras se pre-sentan renovados desafos con el surgimiento de nuevos liderazgos en el campo sindical pero tambin en el poltico.

    Al igual que en el captulo anterior, presentamos una nota principal con un relato de las caractersti-cas centrales del perodo, acompaada de secciones que tratan aspectos particulares afines a la temtica que nos convoca.

    La gama de colores responde, una vez ms, a aquellos predominantes en la poca, en particular desde la consolidacin del sindicalismo peronista.

    Esperamos que este nuevo captulo resulte una fuente de informacin de gil lectura y que estimule el debate y la discusin entre sus lectores.

    Una vez ms, agradecemos al Archivo General de la Nacin por las fotografas utilizadas en este cap-tulo, as como a Oraldo Britos, que puso a disposi-cin su Coleccin Privada, y al Archivo del Movimien-to Obrero de la Universidad Di Tella, por permitirnos el acceso a invaluables documentos histricos.

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    C COLUMNA

    Surgimiento y expansin del sindicalismo de masas: de la creacin de la CGT a la consolidacin del peronismo (1930-1955) HERNN CAMARERO *

    va por parte de los gobiernos conservadores fraudulentos. En ese entonces, los logros gremiales eran muy acotados. Tras la apa-ricin del peronismo, llegaron las grandes conquistas obreras y se consolid la expan-sin del sindicalismo, que alcanz un gran poder social, poltico y econmico. Anali-cemos las caractersticas de cada perodo.

    La clase obrera enfrent, de 1930 a 1935, una situacin adversa, en la que los altos niveles de desocupacin se acompaaron de una cada en el poder adquisitivo de los sala-rios y un deterioro en las condiciones labo-rales. Adems, imper la implantacin re-currente del estado de sitio, el aplastamien-to violento de las huelgas y la persecucin a la izquierda ms combativa. En este marco reaccionario, fue inevitable un repliegue de la actividad gremial. Durante este lustro las luchas proletarias fueron escasas, aisladas y defensivas. La flamante CGT adopt una poltica moderadora, en consonancia con

    Entre 1930 y 1955, emergi y se consolid el sindicalismo de masas en la Argenti-na. Esto implic el fuerte crecimiento de la agremiacin de los trabajadores y del poder de lucha, organizacin y negociacin que stos pudieron exhibir en sus relaciones con los patrones. Desde ese entonces, el movi-miento obrero ya no pudo ser ignorado por ningn actor social y poltico del pas. Este ciclo se abri con la simblica creacin de la Confederacin General del Trabajo (CGT), en 1930. Este acontecimiento coincidi con el inicio de una etapa adversa para los traba-jadores, dado el estallido de la grave crisis y consecuente depresin econmica mundial y nacional, y el triunfo del primer golpe mi-litar que derroc al gobierno de Yrigoyen. Sin embargo, el sindicalismo gan en cen-tralizacin y expansin, a contracorriente de un proceso signado por un fuerte creci-miento industrial con muy escasos benefi-cios para los obreros y una dinmica represi-

    el espritu neutralista y apoltico del sindi-calismo revolucionario, la otrora poderosa co-rriente que an ejerci el dominio de dicha organizacin en su primer ciclo, en precaria alianza con los socialistas. No obstante, la central no dej de expandirse: cre nuevas organizaciones y aument sus afiliados, so-bre todo, en el sector transporte y servicios. Fue importante la accin de los comunistas, quienes, por el momento fuera de la CGT, y junto a los anarquistas, promovieron com-bativas huelgas en los mbitos industriales donde tenan presencia y montaron en ellos sindicatos nicos por rama.

    A partir de 1935-1936, con la suba de la ocupacin, se reanim la lucha social. En un contexto de muchas demandas insatis-fechas y mayores mrgenes para encarar la protesta, se incrementaron las movilizacio-nes obreras y se recuper la iniciativa sindi-cal. Entre 1935-1936 se alcanz un record de cantidad de huelgas y huelguistas. Fue all

  • 6cuando se produjo el conflicto obrero ms masivo, combativo y violento de la dcada, que se inici como un victorioso paro de casi cien das de los obreros de la construccin y continu con una huelga general de masas en apoyo de ellos. En 1936, los comunistas, en crecimiento y prestigio por su papel de direccin de aquella huelga, ingresaron en la CGT, con sus sindicatos industriales. El sector sindicalista puro se escindi de dicha central y arm otra paralela; con los aos, ya reconvertida bajo el nombre de USA, se fue debilitando. La conflictividad se redujo algo en los aos siguientes, pero se volvi a incrementar desde 1942. Entre 1936-1941, los afiliados a sindicatos pasaron de 370.000 a 473.000. La CGT, ahora en manos de una alianza socialista-comunista, fue la ms favorecida por ese proceso.

    La vigencia de las tradicionales posturas sindicalistas no ces con la nueva hegemona socialista-comunista al frente de la CGT, pues las concepciones que haban dado vida a dichas posturas no solo pervivieron en una dbil organizacin (la USA) sino que acabaron inficionando las propias filas del

    espacio socialista e influenciando a no pocos gremialistas independientes dentro de la CGT. Fue coagulando un elenco de cuadros obreros, independizados del Partido Socia-lista o histricamente libres de toda tutela partidaria, que, imbuido del espritu apol-tico y pragmtico del viejo sindicalismo, y presionado por las bases de sus sindicatos a obtener reivindicaciones inmediatas y postergadas, fue el puntal organizativo de la CGT N 1, en 1943, y de la CGT que par-ticip del 17 de octubre de 1945, en apoyo a la emergente figura del coronel Juan D. Pe-rn. Frente a este sector, qued una franja gremial ms reducida, conformada por los comunistas y los socialistas ms leales a su pertenencia partidaria, que actu como polo opositor a la empresa laborista-peronista.

    El peronismo termin abrindose paso y alcanzando el gobierno en 1946, iniciando una dcada de grandes transformaciones. Se inauguraba, as, una nueva cultura e identidad poltica en la clase trabajadora. El desarrollo de un movimiento sindical masi-vo y centralizado confirm la existencia de los trabajadores como fuerza social dentro

    El mayor desafo que dej planteado el sindicalismo de masas, sobre todo luego de la experiencia desplegada entre 1946-1955, fue el de poder mantener las evidentes conquistas reivindicativas, sociales, legales, de reconocimiento pblico y simblico que se haban alcanzado.

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    de un capitalismo de bienestar regulado por el Estado. La clase obrera argentina alcan-z la madurez de su desarrollo y, a partir de una serie de nuevos derechos, logr una definitiva incorporacin a la comunidad poltica.

    El gobierno de Pern provoc grandes cambios en las relaciones laborales y termi-n de implantar y consolidar el sindicalis-mo de masas. El Estado legitim e impuls el rol econmico y poltico de los sindicatos, estimulando la formacin de nuevos gre-mios y proveyendo la asistencia legal y tc-nica necesaria. La especial gravitacin que alcanzaron los sindicatos estaba apoyada en tres factores: a) las caractersticas del mer-cado de trabajo, relativamente equilibrado y con bajo desempleo, lo que repercuta fa-vorablemente sobre la accin gremial; b) la coherencia poltica que les daba la comn identidad peronista; y c) la slida organi-zacin institucional, no competitiva y cen-tralizada, estructurada en forma piramidal desde el nivel local, la federacin nacional y la confederacin nica (CGT).

    La ampliacin del sindicalismo fue notable. Hacia 1945 el nmero de afiliados a las entidades gremiales era de 528.000. Ape-nas dos aos despus, la CGT ya nucleaba un milln y medio de miembros y algunos aos despus incorpor otro milln ms. Los sindicatos tambin ganaron una alta penetracin en cada sitio de trabajo, a tra-vs de las comisiones internas de delegados, que discutan con la patronal los reclamos de las bases obreras y supervisaban la imple-mentacin de la legislacin laboral vigente.

    Ciertos elementos del modelo de sindi-cato nico por rama difundido a partir de 1946, ya se haba introducido en los aos

    * Doctor en Historia (UBA). Profesor e Investigador en la Facultad de Filosofa y Letras y Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, y en la UTDT. Investigador Independiente del CONICET.

    previos, por lo que el justicialismo se limit a aplicar dicho esquema en nuevos sectores del mercado de trabajo. La novedad estuvo en el establecimiento del monopolio de la representacin a un solo sindicato por sec-tor, bloqueando la formacin de gremios rivales, lo que asegur el disciplinamiento de las organizaciones obreras por el Estado. Este modelo qued sancionado con la pro-mulgacin del decreto 23.852 de asociacio-nes profesionales, que permiti contar con un marco legal que aseguraba gremios fuer-tes e internamente cohesionados.

    En cuanto a la distribucin interna del poder, hubo un marcado proceso de centra-lizacin, en donde la relativa autonoma que antes gozaban las secciones locales se vio cuestionada por el control de la CGT y una suerte de forma unitaria de gobierno. Ese mando casi ilimitado sobre las seccio-nes locales se hizo a travs del dominio de los fondos financieros (las cuotas de los afi-liados pasaron directamente a las oficinas centrales) y el poder de intervencin y des-titucin de los lderes locales. La intromi-sin cegetista en los asuntos internos de los sindicatos adquiri un carcter ms rgido.

    De este modo, culmin el proceso de extensin y unidad del sindicalismo ar-gentino, a costa de la autonoma de sus miembros y de la supeditacin al Estado. La CGT ya no se limit a coordinar las pol-ticas de sus miembros, como lo haba hecho hasta 1943, sino que asumi la funcin de mediadora entre los sindicatos y el Estado, adoptando el nuevo objetivo de ser la ejecu-tora de las polticas gubernamentales en el movimiento obrero. Por cierto, el tamao y la creciente burocratizacin de los nuevos

    sindicatos impidieron la participacin de un modo directo y permanente de sus miem-bros. No se trataba ya de pequeas entida-des con pocos cargos y en manos de obreros militantes sin remuneracin, como haban sido, en buena medida, los sindicatos has-ta 1943. Ahora, surgi una clase profesional de lderes sindicales y de cargos no electivos de dedicacin completa. Al mismo tiempo, los sindicatos se hicieron multifunciona-les, con una amplia gama de actividades (sanitarias, sociales, deportivas, cultura-les, tursticas, de seguridad social), lo que requiri una variedad de habilidades a los nuevos lderes y la formacin de un cuerpo subordinado de expertos tcnicos y legales.

    El mayor desafo que dej planteado el sindicalismo de masas, sobre todo luego de la experiencia desplegada entre 1946-1955, fue el de poder mantener las evidentes conquistas reivindicativas, sociales, lega-les, de reconocimiento pblico y simblico que se haban alcanzado, con la recupera-cin de la autonoma sindical (en buena medida afectada por una subordinacin creciente al Estado) y con la reapropiacin de las prcticas democrticas, e incluso cla-sistas y emancipatorias, que haban distin-guido al movimiento obrero argentino en sus primeras dcadas de desarrollo.

  • Sindicatos, Estado y Sociedad en la Argentina: un nuevo vnculo poltico

    Triunfo Electoral de Pern - 1946

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    NP NOTA PRINCIPAL

    DCADADEL 30

    GUERRA CIVIL

    ESPAOLA FRAUDEPATRITICO

    FIN DELMODELO

    AGRO-EXPORTADOR

    DESOCUPACINY CRISIS

    ECONMICA

    REPRESIN A OBREROS

    MIGRACIONESINTERNAS

    CONSECUENCIAS DE LA GRAN DEPRESIN

    DE 1929

    SEGUNDA GUERRA

    MUNDIAL

    La dcada Infame: 1930 - 1943El golpe de estado de septiembre de 1930 inaugura una nueva etapa en la Historia Argentina. Liderado por Jos Flix Uri-buru, derroca al gobierno radical de Hi-plito Irigoyen, que haba sido elegido democrticamente en 1928 por segunda vez. Este golpe, adems, es el primero de los cinco golpes de estado argentinos en el siglo XX y da inicio a la llamada dca-da infame que llegar hasta el ao 1943.

    Rodeada por las consecuencias de la

    Gran Depresin de 1929, y ms adelante por la Guerra Civil Espaola y la Segunda Guerra Mundial, esta etapa se caracteri-za por el fraude electoral, la proscripcin de la Unin Cvica Radical, la represin a opositores y la corrupcin. Adems, se da un cambio importante respecto de la in-migracin. La gran ola inmigratoria pro-veniente de Europa da lugar, ahora, a un movimiento de migracin interna hacia los grandes centros urbanos del pas, en

    especial Buenos Aires, y en menor medi-da, Rosario y Crdoba. Esta ola migrato-ria choca, de alguna manera, con los in-migrantes europeos. A partir de esta opo-sicin surge la denominacin de cabeci-ta negra para los migrantes del interior, poniendo el acento en los componentes tnicos de una poblacin de antepasados mayormente indgenas y criollos, aun-que altamente mestizada.

  • 10

    NP

    Yrigoyen regresa a Buenos Aires - 1933

    El golpe del 30 significa la primera in-cursin del poder militar en la poltica. Hasta entonces, si bien haba habido re-presentantes militares en cargos polticos (como Julio A. Roca), las Fuerzas Armadas eran consideradas garanta de apoliticis-mo. A partir de 1930, comienza un pndu-lo que oscilar entre el poder a cargo de las Fuerzas Armadas y el poder a cargo de civi-les. De todos modos, an cuando los mili-tares no estn a cargo del poder en forma directa, van a ser fundamentales en la po-ltica nacional: los gobiernos civiles van a necesitar el apoyo o al menos el arbitraje militar para sostenerse en el poder. Esta re-lacin recin culminar en 1983.

    Por otro lado, se inicia una etapa de tran-sicin de la relacin entre Estado y socie-dad, regida hasta ese momento por el mo-delo agroexportador y gobernada por la re-pblica oligrquica, hacia un Estado que tendra mayor intervencin y que dara ms apoyo a la industria nacional, y que deber enfrentar el desafo de la participacin po-ltica ampliada.Durante la dcada del 30, la coalicin conservadora hace su ltimo intento de mantener el poder poltico y eco-nmico, mediante la instalacin del llama-do fraude patritico que le otorga legalidad a resultados de comicios en verdad fraudu-lentos. En 1931, por ejemplo, los radicales ganan las elecciones para Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Uriburu decide desconocer ese resultado y las anula. Meses despus, los dos candidatos del radicalismo para las elecciones presidenciales son veta-dos, y entonces los radicales se abstienen de participar. Esta modalidad fraudulenta es justificada por los partidarios del rgimen.

    Tal es el caso de Carlos Ibarguren, quien co-labora con el rgimen de Uriburu, y expresa pblicamente su conviccin de que las mayoras argentinas, por su reciente incor-poracin al pas, no se han consustanciado con la esencia de la nacionalidad, viven una minora de edad, son arrastradas por los de-magogos, no analizan suficientemente los deberes inherentes a ese derecho que se les ha otorgado y necesitan de una tutela.

    El sindicalismo, que trataba de agru-parse en torno a una Confederacin Gene-ral del Trabajo en ciernes, es una excep-cin al apoyo generalizado a los golpistas, ya que la memoria histrica de las antiguas luchas le auguraba un recrudecimiento de la represin. Sin embargo, una vez asu-mida la toma militar del Poder Ejecutivo, la conduccin cegetista, con la secretara

    general a cargo del ferroviario Luis Cerrutti desde el 27 de septiembre de 1930, va tener una actitud tibia y negociadora con el go-bierno, para lograr, segn las autoridades de la nueva central sindical, la liberacin de los sindicalistas encarcelados, en un clima fuertemente contrario a la accin sindical, tal y como se vena desarrollando hasta en-tonces.

    Sin embargo, Uriburu reprime abierta-mente a los sindicatos que considera una amenaza: declara la ley marcial y el estado de sitio, cierra peridicos anarquistas y co-munistas, lleva adelante ataques, arrestos y torturas. Se cuentan 300 extranjeros de-portados y cinco trabajadores ajusticiados bajo ley marcial. La fuerza poltica del anar-quismo no logra sobrevivir a esta embesti-da. La influencia de la FORA decae enor-memente. Los socialistas y los comunis-tas se disputan el predominio sobre una estructura sindical quebrantada.

    VERCAP #1

    Discurso en el teatro Rivera Indarte de Crdoba, el 15 de Octubre de 1930

  • NP

    A la izquierda de la foto, Presidenbe Juan P. Justo acompaado por un secretario.

    En febrero de 1932, Agustn P. Justo asume la presidencia.

    Pese a su clara vinculacin con los sec-tores conservadores, el nuevo gobierno inicia una serie de polticas alejadas del tradicional librecambismo. Se modifican sustancialmente las polticas econmi-cas; se da comienzo al proceso de sustitu-cin de importaciones y, por lo tanto, al intento de industrializar el pas.

    Lo importante de esta etapa de indus-trializacin es su diferenciacin respecto a la desarrollada en dcadas anteriores. Hasta este momento lo que primaba en el pas era el desarrollo de las industrias naturales, es decir, aquellas conectadas directamente al comercio agroexportador (por lo tanto, la poltica econmica se ha-ca en funcin de dicho sector econmi-co). A comienzos de los 30, en cambio, el accionar del Estado ser el factor clave para el relanzamiento de la economa nacional y de sectores industriales espe-cficos. Ya no se trata solo del natural desarrollo de la economa y sus tambin naturales industrias, sino de una im-portante intervencin del Estado hacia algunos sectores vistos como artificia-les. Las industrias que ms se desarro-llaran durante los aos 30 son aquellas vinculadas a los bienes de consumo, que adems permiten una rpida sustitucin de importaciones (rubros tales como tex-tiles, metalurgia liviana y alimentos y bebidas constituyen lo que se llama bie-nes de fcil sustitucin).

    Es importante destacar que, en este perodo, la industria nacional se entien-de como una prolongacin de las activi-dades agropecuarias. La industrializa-cin est sujeta, por un lado, a los inte-reses de los terratenientes y, por otro, a los de las empresas multinacionales radicadas en el pas. Hacia 1935 la mayor parte de la industria es de propiedad ex-tranjera. Asimismo, debido a la cada de la rentabilidad en el campo, se produce

    Entre las principales medidas de Justo (orientadas a enfrentar la crisis interna-cional y mejorar la posicin de las empre-sas y del pas frente al mercado externo) est el control del tipo de cambio, con un doble objetivo: permitir al gobierno disponer de las divisas necesarias para afrontar los pagos de deuda externa; y reorientar de manera discrecional el co-mercio exterior argentino, para mejorar su competitividad. Asimismo, el gobier-no cre ms de veinte organismos esta-tales para atender distintos sectores de la economa nacional, absorbiendo en la mayora de casos el descenso de los pre-cios internacionales, sin trasladarlos a los productores.

    una migracin de capitales desde algunos terratenientes hacia la industria y segn algunos anlisis, el principal grupo in-versor nacional en la industria habra es-tado conformado por justamente dichos terratenientes.

    En 1935, se crea el Banco Central de la Repblica Argentina (BCRA) y en 1938, se implementa el impuesto a la renta. De este modo, el Estado logra acceder a im-portantes recursos que luego seran uti-lizados en el proceso de industrializacin mediante crditos y aumentos en el gasto pblico.

    Sustitucin de Importaciones

    Puesta en marcha del proceso de

    industrializacin

    Creacin del Banco Central

    de la Rep.Argentina

    1935

    Implemen-tacin del

    impuesto a la renta

    1938

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    Roberto Ortiz asume la presidencia en 1938. Pertenece a la Concordancia

    pero como su origen es radical, intenta limitar las prcticas fraudulentas. En 1940 intenta abandonar su cargo, poco despus del triunfo radical en las eleccio-nes de medio trmino, y finalmente, por problemas de salud, Ortiz deja el cargo en 1942 y es reemplazado por Ramn Cas-tillo, ltimo presidente de la dcada infame.

    En 1940 se da el primer intento de pla-nificacin del desarrollo industrial argen-tino, llamado Plan Pinedo, que seala la necesidad de proteger y desarrollar, bajo ciertas limitaciones, la industria argentina, as como la necesidad de es-timular la demanda interna como meca-nismo para dinamizar el aparato produc-tivo local. Sin embargo, el plan no logra el apoyo de los industriales y es rechazado en Diputados, luego de que, justamente, los radicales vencieran en las elecciones de medio trmino recin mencionadas. Pese al fracaso inmediato del Plan Pine-do, el debate sobre la industrializacin queda planteado en el seno de los sectores dominantes del pas, y produce un cam-bio que se desatara en toda su extensin durante el peronismo.

    PLANPINEDO

    Primer intento de planificacin

    del desarrollo industrial argentino

    1940

    NP

    La Segunda Guerra Mundial afecta directamente el proceso de industriali-zacin, con efectos ambivalentes. Por un lado, la guerra restringe el acceso a una serie de materias primas y la renovacin de maquinarias imprescindibles para el proceso industrial. Adems, el progresivo endurecimiento de la guerra aument las dificultades para la exportacin hacia Eu-ropa. Por ltimo, a partir de que Castillo se niega a romper relaciones con el Eje, Estados Unidos impone trabas y sancio-nes al gobierno argentino. A partir de en-tonces, el clima internacional empieza a ser tenido en cuenta tanto como la polti-ca interna. Por otro lado, una consecuen-cia positiva de la guerra es la reduccin de las importaciones de bienes de consumo desde los pases industrializados.

    Todos estos cambios afectan directa-mente a la organizacin sindical. La evo-lucin de la economa influye en las con-diciones de trabajo y determina en gran medida la capacidad de negociacin y, por lo tanto, el nivel de actividad de los sindicatos. Como hemos visto, la depre-sin de 1929 destruy el sistema econmi-co mundial que sostena el modelo agro-

    Alianza impulsada en 1931 por Justo, que reuna al Partido Conservador, a la Unin Cvica Radical An-tipersonalista y al Partido Socialista Independiente.

    exportador argentino. Las exportaciones agrcolas argentinas cayeron un 50 por ciento entre 1928 y 1933. Las limitacio-nes al modelo no eran solo externas; se desarrollaba, a la par, un proceso de ago-tamiento de las tierras frtiles y una cre-ciente presin del consumo interno. As, las clases populares debieron afrontar, adems de una fuerte disminucin en el salario real, un fenmeno desconocido hasta el momento: el aumento masivo del desempleo. En este sentido, hasta 1935 la coyuntura es de crisis econmi-ca y desempleo, y eso provoca desgaste sindical.

    1930 12.000 desempleados

    1932 333.997 desempleados

    A partir de entonces, el proceso de industrializacin contribuye a una dis-minucin del desempleo, pero persisten las condiciones de vida miserables, y eso provoca un repunte de la actividad sindi-cal, manifiesto en la cantidad de organi-zaciones gremiales, el aumento del n-

    Fuente: Los sindicatos, el estado y el surgimiento de Pern, 1930/1946, de Joel Horowitz.

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    Sepelio de Hiplito Yrigoyen, 1933.

    mero de afiliados, la mayor capacidad de movilizacin y la cantidad de huelgas. Si bien se registra un importante aumento en la cantidad de obreros y tambin en la cantidad de fbricas, y el desempleo urbano prcticamente desaparece, la si-tuacin social de las clases populares si-gue siendo crtica. Con la mayora de las industrias instaladas en el Gran Buenos Aires, se desencadena un proceso de mi-gracin interna que produce un conside-rable aumento de la poblacin nacional radicada en el rea metropolitana. Esta concentracin poblacional trae consigo serios problemas habitacionales. Los al-quileres son demasiado altos, por lo que los trabajadores ms precarios deben vivir en conventillos donde los ambien-tes son compartidos entre cuatro o cinco personas. Tambin aparecen los prime-ros asentamientos precarios, como los emplazamientos Villa Desocupacin o Vi-lla La Esperanza. Los salarios reales son, adems, insuficientes: ms all de cubrir

    la vivienda y la alimentacin, que a veces es proporcionada por ollas populares, no alcanzan, por ejemplo, para realizar un viaje, afiliarse a un sindicato o costear atencin mdica. La capacidad de ahorro es, por dems, inexistente. Los avances en la legislacin laboral, finalmente, no logran traducirse en mejoras en las con-diciones de trabajo, puesto que la capaci-dad para hacerlas aplicar es mnima.

    La recuperacin econmica y la alta tasa de ocupacin por un lado, y las malas condiciones en las que vivan los obreros provocan un crecimiento de las organi-zaciones gremiales y de su capacidad de movilizacin. Entre 1936 y 1941, se regis-tra un aumento continuo del nmero de afiliados, pasando de 369.969 a 441.412 trabajadores. Se multiplican las reunio-nes sindicales. Asimismo repunta la can-tidad de huelgas, y el resultado es, por lo general, positivo. El cambio es bastante brusco: si en 1934 los trabajadores haban tenido xito con solo el 13 por ciento de las

    huelgas, en 1936 resultan exitosas el 31,7 por ciento. Parte de este renovado dina-mismo se debe a la unin alcanzada en el seno de la izquierda: el cambio de estra-tegia del Komintern (Partido Comunista Internacional), que comienza a apuntar a la conformacin de frentes populares, sin duda propicia este fenmeno. El auge de este entusiasmo se ve plasmado en la celebracin del 1 de mayo de 1936, orga-nizada en conjunto por los radicales, los socialistas, los comunistas y la CGT de la calle Independencia.

    A pesar del aumento de la moviliza-cin sindical, la clase poltica sigue des-oyendo los reclamos. La tensin entre el aumento de la capacidad de negociacin de los trabajadores y la indiferencia de las autoridades frente al deterioro de las condiciones de vida genera una presin social que busca ser canalizada poltica-mente.

    La tendencia general a una mayor mo-vilizacin no implica que no existiesen

    Agustn P. Justo y Roca camino al congreso en 1932. Capilla Ardiente. 1933

  • 14

    estrategias diversificadas en el movi-miento obrero, producto de las divergen-cias internas de recursos de poder. Un recurso muy importante es la posicin en el desarrollo productivo, es decir, si el sin-dicato representa a un sector relevante en la economa. Otro factor es la estructura organizativa, que si bien no es totalmente independiente de la posicin productiva de cada gremio, no se subsume a ella y se expresa tanto en los recursos financieros, el tipo de liderazgo, la relevancia en la estructura organizativa del movimiento obrero en su conjunto (las centrales u or-ganizaciones de tercer nivel) y la cantidad de afiliados cotizantes. Pero tambin son muy importantes los recursos polticos entre los que se destaca la ideologa (fuer-temente arraigada o ms flexible), los va-lores identitarios, la capacidad negocia-dora con otros actores polticos y la forma-

    cin de cuadros dirigentes. En ese marco podemos destacar, a partir de cuatro gre-mios importantes en el perodo, formas diferentes del sindicalismo argentino de reaccionar frente al escenario abierto por el golpe y la crisis econmica de 1930.

    Los telefnicos (FOET) apelan a la presin a travs de la huelga y el sabotaje. Si bien no son ferozmente reprimidos, en la huelga de 1932 el gobierno, a travs del De-partamento Nacional de Trabajo (DNT), no logra que la empresa aceptara bajar sa-larios a cambio de no despedir empleados. Dirigentes como Luis Gay son despedidos, aunque ms tarde reincorporados. En este caso, la cantidad de mano de obra feme-nina, poco sindicalizada y poco proclive al conflicto (a diferencia de las ms comba-tivas obreras textiles) perjudica la accin gremial.

    Los empleados de Comercio (FEC),

    por su vnculo ms cercano al Partido So-cialista, ejercen presin sobre los pode-res pblicos (en especial sobre el poder legislativo) para obtener normas labora-les favorables como la reforma del Cdigo de Comercio, el sbado ingls o el cierre uniforme. Conscientes de la falta de ca-pacidad de control e inspeccin por parte del Estado prefieren estrategias generales (que los comercios cerraran todos a la mis-ma hora, algo fcilmente visible) para ha-cer cumplir la jornada laboral legal.

    Los ferroviarios (organizados en la Unin Ferroviaria y en menor medida los maquinistas reunidos en La Frater-nidad) continan como en la poca de los gobiernos radicales: hacen valer el peso de su gremio en la economa del pas para intercambiar favores o concesio-nes con el gobierno. Frente a la crisis, las empresas ferroviarias se disponen a bajar

    Los obreros metalrgicos se haban organizado en la dcada del 30 bajo el liderazgo de comunistas y socialistas. Luego de la derrota de la huelga de 1942, el Sindicato de la Indu-stria Metalrgica (dirigido por el Partido Comunista) haba perdido ascendencia dentro de los trabajadores. En abril de 1943 se haba fundado un sindicato paralelo: la Unin Ob-rera Metalrgica (UOM) que cont con el apoyo de Pern y finalmente se impuso al anterior sindicato como el rep-resentante de los obreros metalrgicos en Argentina. Sus principales impulsores haban sido ngel Perelman y Nico-ls Giuliani, quienes mantuvieron su liderazgo hasta 1946.

    A partir de esta fecha su secretario general fue Hilario Salvo, hasta fines de 1951. El prximo lder de peso fue Abdal Bal-uch quien ocup el mayor cargo entre 1952 y 1954. Despus de la huelga de 1954, la conduccin qued en manos de Ra-fael Colace primero y luego de los hermanos Gonzlez (Los Gonzalitos). A fines de 1954, Paulino Niembro derrot en el congreso que se hizo en el Luna Park a Los Gonzalitos y cedi su cargo a Augusto Timoteo Vandor quien sera Sec-retario de la Seccional Capital hasta su muerte a fines de la dcada del 60. Vandor sera el hombre ms poderoso den-tro de la UOM y de todo el sindicalismo argentino.

    Breve Historia de UOM

    Trabajadores en el Puertoo.

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    salarios y el gobierno interviene para que los sindicatos tuvieran participacin. Los de la Fraternidad se inclinan por la con-tribucin (reduccin de 6% de salarios) y la UF por el prorrateo (ausencia al trabajo 2 o 3 das al mes), pero este sistema no sa-tisface a las empresas. El gobierno vuelve a intervenir. Sin embargo, el laudo ferro-viario donde el Ministro de Obras Pblicas interviene a favor de la patronal no solo afecta la continuidad de Antonio Tramon-ti como titular del gremio sino la popula-ridad del recientemente asumido Dome-nech que debe aceptar no solo la baja de salarios de los trabajadores sino tambin que estos ltimos puedan ser cambiados de lugar de trabajo a beneficio de la em-presa, teniendo como nica contrapresta-cin la promesa de una futura devolucin.

    Los textiles (UOT) son el ejemplo ms paradigmtico de un modelo de accin

    gremial al que responde tambin el sindi-cato de los trabajadores de la construccin que, organizado bajo el liderazgo comu-nista, protagoniza una de las huelgas ms importantes del perodo. El gobierno, que no hace ningn esfuerzo por cumplir las normas reguladoras de las psimas condi-ciones de trabajo, interviene fundamen-talmente en su faceta coercitiva. Y cuando el Departamento Nacional del Trabajo pre-tende forzar a los empleadores a negociar y cumplir acuerdos fracasa produciendo, paralelamente, la intransigencia patronal y la debilidad gremial.

    En trminos generales, la vida organi-zativa del sindicalismo argentino duran-te la dcada infame se encuentra nota-blemente influenciada por la fuerza y las luchas internas de la Unin Ferroviaria. Hegemnica en el Comit Confederal de la CGT, tiene tres de los cuatro secretarios

    generales, representa casi la mitad de las finanzas de la central y es protagonista de las divisiones producidas en 1935 y en 1943.

    La Unin Ferroviaria es un ejemplo pa-radigmtico, por un lado, por el tipo de vnculo que se establece entre las secciona-les y la conduccin nacional, donde predo-mina una fuerte centralizacin. Por otro lado, tambin por el tipo de relacin que los delegados del gremio en la CGT tienen con las decisiones tomadas en la Comisin Directiva de la UF: los ferroviarios deben votar en bloque y cuando no lo hacen se producen crisis de gobernabilidad en la central obrera. Todas estas caractersticas influyen en el proceso de centralizacin decisional del movimiento obrero argenti-no que se produce independientemente de que el final de este perodo (1939-1943) nos encuentra con dos CGT, y no con la unidad soada antes del golpe de 1930.

    Huelga y quema de un tranva. 1936

    primera divisin de la cgt: 1935

    cgt catamarca: reuna a anarquistas y sindicalistas,

    bajo el liderazgo de antonio tramonti, (uf)

    cgt independencia: reuna a socialistas e independientes,

    bajo el liderazgo de jos domenech (uf)

    Segunda divisin de la CGT: 1943

    cgt 1: reuna a socialistas y sindicalistas, todos de

    tendencia reformista, bajo el liderazgo de jos domenech

    (uf).cgt 2: reuna a socialistas,

    comunistas e independientes, bajo el liderazgo de francisco

    prez leirs (uoem)

  • Sindicalismoen el mundoLa primera posguerra fue testigo de la ra-dicalizacin poltica en la sociedad europea que redund en la victoria de los sectores conservadores y la desarticulacin de la movilizacin de los trabajadores. El ascenso del fascismo en 1922 en Italia y en 1926 en Portugal, as como los distintos intentos de golpe por izquierda y derecha en Alemania (1919 y 1923 respectivamente) y el aumento de huelgas en Inglaterra (1922 y 1923), son consecuencias de ello.

    En el caso de la experiencia italiana, el fascis-mo fue apoyado, en un primer momento, por dirigentes sindicales, que esperaban ver en l la instalacin de un Estado sindical. De hecho, el Cdigo de Trabajo (1927) que proclamaba el control estatal de los sindicatos y el movimien-to obrero, tuvo algn apoyo sindical. Para 1933, las esperanzas puestas en el corporativismo ya haban sido abandonadas ante la evidente con-centracin del poder sindical a disposicin del rgimen totalitario.

    En Alemania, las fuerzas que podan contra-balancear el poder del nazismo como el comu-nismo y la socialdemocracia, que contaba con la adhesin de 3 millones de obreros, fueron diezmadas cuando Hitler tom el poder el 30 de enero de 1933. El 2 de mayo de 1933 se ocuparon las sedes de los sindicatos y se encarcel a los secretarios generales, obligndose a todas las organizaciones obreras a fusionarse en el Frente del Trabajo, de tendencia nacional-socialista. La protesta, que tuvo lugar solo en algunos casos, adquiri la forma de abstencin a la eleccin de delegados.

    En la URSS, los aos que siguieron al pero-do ms recrudecido de la guerra civil (1918-1920) enmarcaron el debate acerca del papel de los sindicatos en el Estado. El fusilamiento de anarquistas en noviembre de 1920 gener una fuerte desaprobacin de parte de la poblacin y el nmero de afiliados al partido se redujo en un quinto. En 1921, surgieron conflictos en la co-muna de Cronsdtadt junto al reclamo desde el sindicalismo por mayor independencia respecto del partido comunista. Finalmente, los secto-res opositores fueron reprimidos y si bien no se eliminaron los sindicatos, se los someti total-mente a la poltica del partido. De all en ms la fuente de oposicin provino del campo.

    En ese panorama de radicalizacin poltica, se produjo entre 1929 y 1936 la Guerra Civil Espa-ola y con su conclusin no solo fracas la ex-periencia republicana en Espaa sino tambin la desarticulacin de la Asociacin Internacional de Trabajadores (AIT), fundada en 1922, y de ten-dencia anarquista.

    Las consecuencias de la crisis de 1929 no fue-ron las mismas en EE.UU. La eleccin de Roos-velt en 1932 redund en polticas econmicas novedosas y el reconocimiento legal de los sin-dicatos y una primera reglamentacin del traba-jo. A partir de 1934, se produjo un cambio en la organizacin sindical. Ese mismo ao comenz una serie de grandes huelgas que se acentuaron en 1936 y 1937, muchas con resultado positivo. En 1935, surge el Congress of Industrial Organi-sations (CIO), que lograr aunar a 6 millones de trabajadores, a la par de la central de oficios AFL (American Federation of Labour), que no tena re-presentacin industrial.

    Durante la guerra, el movimiento obrero ingls se orient a la cooperacin con los ob-jetivos blicos del pas. El francs, dbil y des-

    articulado por la ocupacin, se concentr en la militancia clandestina en la resistencia, y el alemn apenas sobrevivi con dirigentes exilia-dos, encarcelados, torturados o incluso asesi-nados. La posguerra, por su parte, encontr al movimiento obrero ingls entre el laborismo y el tradeunionismo, al francs fragmentado en-tre comunistas, autonomistas y cristianos, y al alemn defendiendo los principios de unidad, mayor prescindencia poltica y autonoma. Lo que fue comn en el movimiento obrero euro-peo de posguerra fue la importancia crucial de la estructura sindical para posibilitar la recons-truccin de la unidad nacional y de la riqueza, en especial en el caso alemn.

    La finalizacin de la guerra, con la derrota del fascismo, deriv en un escenario distinto, que ubicaba a las democracias occidentales en oposicin a los regmenes del rea de influencia sovitica. Respecto de los pases democrticos, los Acuerdos de Bretton Woods, firmados por EEUU y Gran Bretaa en 1944 y la aplicacin del Plan Marshall a partir de 1947, permitieron es-tablecer las bases para el nuevo ordenamiento internacional. Estas mismas bases se consolida-ran con la conformacin de la OTAN en abril de 1949. Respecto del rea de influencia sovitica, se vio constituida formalmente en el Tratado de Amistad, Colaboracin y Asistencia Mutua (o Pacto de Varsovia, en mayo de 1955).

    La nueva demarcacin mundial se reflej en la fundacin en 1949 de la Confederacin Inter-nacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOLS) por parte de los sindicatos no comunis-tas que se escindieron de la Federacin Sindical Mundial (FSM) que, fundada en 1945, haba sido la expresin sindical a nivel mundial de la lucha contra el fascismo y que, luego de 1949, adquiri-r un carcter netamente comunista.

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  • Movimiento Sindicalen Amrica Latina

    Con la crisis de 1929, se afianzan procesos de profundos cambios en la historia de Amrica Latina. Con el desarrollo de la in-dustria, la importancia del sector agrario, antes predominante, tiende a disminuir en las economas latinoamericanas. En este contexto se produce una fuerte migracin interna del campo a las ciudades y sus pe-riferias. Dentro de las ciudades se produce un proceso de industrializacin que genera proletarizacin, expansin de la clase me-dia y creciente bienestar al tiempo que con-lleva la extensin de ciertas formas de tra-bajo no asalariadas y una distribucin muy regresiva del ingreso. En ese contexto, sur-gen nuevos sindicatos donde no existan y crecen los sindicatos donde ya haba lo que produce un aumento del nivel de sindicali-zacin de la poblacin obrera.

    A partir de 1930, conviven en el movimiento obrero latinoamericano el anarco-sindicalismo, cada vez ms reformista con comunismo revo-lucionario cuya lnea ideolgica es fijada por la Internacional Comunista (IC).

    La crisis de 1929, que produce una fuerte con-traccin econmica, genera tambin una cre-ciente agitacin poltica en contra del rgimen oligrquico vigente en pases como Mxico, Cuba y Chile. En Brasil y Argentina la existencia de gobiernos autoritarios impidi el florecimien-to de la protesta. Durante el Estado Novo brasile-o (1930-1945 Segunda etapa del proceso poltico iniciado por Getulio Vargas) se produce un avan-

    ce en la organizacin y centralizacin al tiempo que la introduccin de algunas reformas labora-les progresistas

    A partir de 1935, el cambio en la poltica de la IC permite la conformacin de frentes populares, con los que se surgen gobiernos que permiten una creciente participacin poltica de los sin-dicatos, favorecen su organizacin y fomentan la creacin de los departamentos y ministerios nacionales de trabajo, o la ampliacin de las fun-ciones de los existentes. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial se reduce el movi-miento huelgustico a pesar del descenso de los salarios reales, porque las coaliciones polticas de las que participa el sindicalismo priorizan la lucha de las democracias. Este perodo de aper-tura poltica posibilita la formacin, en 1938, de la Confederacin de Trabajadores de Amrica Lati-na (CTAL), con fuerte apoyo y preeminencia de la Confederacin de Trabajadores de Mxico (CTM), cuyo principal objetivo es el apoyo sindical de la poltica frente-populista.

    Con la finalizacin de la guerra tanto en Ar-gentina y Brasil, las huelgas y movilizaciones se acrecientan enormemente. De todos modos, rpidamente el sindicalismo opt por ser el sus-tento de un movimiento poltico policlasista que favorece la consolidacin de la industrializacin. Desde la CTAL, se promueve la lnea de los frentes populares, que intenta una conciliacin entre los industriales nacionales y el movimiento obrero, manteniendo la libertad de movilizacin sindi-cal. Pero desde los sectores ms conservadores

    del sindicalismo y desde los propios sectores industriales, se busca contener la movilizacin para alentar las inversiones extranjeras.

    En la segunda posguerra, el Departamento de Estado norteamericano comenz a tener in-jerencia en la poltica sindical latinoamericana. Esto redund en la escisin de la CTAL, en enero de 1948. La central latinoamericana era un esce-nario ms de la guerra fra, fenmeno que se re-peta en las centrales de la mayora de los pases. La Confederacin Interamericana de Trabajado-res (CIT) es creada en 1949 con el firme propsito de hacer frente a la CTAL, de creciente influencia sovitica. En 1951 la CIT se transforma en la Orga-nizacin Regional Interamericana de Trabajado-res (ORIT).

    En general, el movimiento sindical latino-americano transita el camino hacia la burocra-tizacin del mismo a partir de su regulacin por parte del Estado, al tiempo que esto mismo fa-vorece su crecimiento en trminos cuantitativos (tasa de sindicalizacin) y cualitativos (peso pol-tico en la sociedad). Expresin de esto es el hecho de que en el seno de la ORIT, se produce una dis-puta entre la lnea socialdemcrata (de influen-cia europea) y la de sindicalismo apoltico (de in-fluencia estadounidense). De la misma manera, conflictos en la arena internacional confluyeron en el surgimiento de la Asociacin de Trabajado-res Latinoamericanos (ATLAS) impulsada por la CGT argentina y la CIT, por el aprismo peruano, a la que tambin adhiere el varguismo brasilero.

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  • PERONISMO

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    El fin de la dcada infame trae consigo una crisis del modelo econmico poltico que haba fundamentado la formacin y consolidacin del estado argentino.

    Esa crisis se pone de manifiesto en cuatro aspectos inherentes a la autoridad del Estado: la identidad, la participacin, la distribucin y la legitimidad. Adems, el pas enfrenta una crisis de dependencia y desarrollo provocada por la posicin in-ternacional derivada del rol en la Divisin Internacional del Trabajo, por la relacin con Inglaterra frente al creciente predo-minio de Estados Unidos en el mercado mundial y los cambios que sufre el capi-talismo. Todas estas crisis se producen tras el fin del modelo agroexportador y el peronismo dar una respuesta espec-fica a cada una de ellas. En algunos casos reforzar algunas de las intervenciones previas (nacionalismo, intervencin del Estado en la economa) y en otros modi-ficar las tendencias, como por ejemplo respecto de la distribucin y la participa-cin social y poltica de los sectores po-pulares.

    El 4 de junio de 1943, se produce el golpe que derroca al gobierno de Ra-mn Castillo.

    Esta intervencin militar es encabe-zada por los generales Arturo Rawson y Pedro Pablo Ramrez. A diferencia del golpe de 1930, el sindicalismo asumir una postura de cierta expectativa ante el nuevo panorama poltico. En esta nueva intervencin militar tendr especial re-levancia, aunque sin ser el organizador ni quien llev a cabo el golpe, un grupo de oficiales que se autodenominan Gru-po de Oficiales Unidos (GOU). Vinculado con la fraccin nacionalista del ejrcito, el GOU tiene, sin embargo, intereses y tendencias heterogneas. En ese gru-po, el Coronel Juan Domingo Pern ser, paulatinamente, una figura cada vez ms importante.

    Todava ms heterognea que el GOU es la alianza conformada para gobernar. En su seno conviven dos facciones: por un lado, los jvenes oficiales nacionalis-tas, industrialistas, ms neutrales o favo-rables al Eje en el plano internacional, y

    VERCAP #1

  • dispuestos a implementar un proyecto de de-sarrollo de pas a largo plazo con un rol ms activo del Estado; por el otro, los prestigiosos oficiales de alto rango con inclinaciones libe-rales, entre quienes se destaca Rawson, con objetivos polticos ms modestos (una breve intervencin militar que diera lugar a eleccio-nes limpias) y que adems promova un acer-camiento con Washington para favorecer las necesidades de equipamiento de las Fuerzas Armadas.

    El gobierno de la Revolucin de Junio reconoce a la CGT 1 y no a la 2, y adopta, en principio, una poltica de represin so-bre los sindicatos comunistas y tambin interviene la Unin Ferroviaria y la Fra-ternidad. En octubre de 1943 se produce un acontecimiento que no es ajeno a las ambi-valencias del rgimen frente a los sindicatos y de los sindicatos frente al gobierno militar: Pern, hasta entonces asesor en el ministerio de defensa, asume el Departamento Nacio-nal de Trabajo, que desde el 10 de diciembre tendr rango de Secretara. Desde enton-ces, aparece un nuevo abordaje estatal de la cuestin laboral, inspirado, en parte, en

    el programa del GOU, el conocimiento que el Coronel Domingo Mercante, amigo de Pe-rn, tena del mundo sindical, y la percepcin que Mercante tena de los alcances y limita-ciones de su proyecto poltico policlasista. Este panorama dar lugar a una nueva for-ma de resolver las crisis argentinas, en espe-cial aquellas que implican la distribucin del ingreso y la participacin poltica.

    Los aos peronistas se pueden orga-nizar, para su estudio, en cuatro etapas, a partir del tipo de respuesta que se le dan a las crisis polticas antes mencionadas, y el impacto que tienen esas respuestas en las estructuras de poder y socioeconmica. Ade-ms, estas cuatro etapas se corresponden tambin con los rasgos del estilo poltico de Pern: ms centralista y personalizado cuan-do cree tener control de los factores de poder o se siente bajo amenaza; y ms participati-vo y horizontal cuando necesita construir o reconstruir una alianza poltica y social que lo legitime.

    PERONISMO

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  • Entre 1943 y 1946 se da la fase preparato-ria del rgimen donde se presentan conflic-tos entre las distintas corrientes y el surgi-miento de una estructura de poder. El centro de los conflictos son las Fuerzas Armadas, so-bre las que Pern no tiene predominio por su bajo grado, aunque va a poder matizar esta debilidad gracias a ser el nico de los oficia-les del GOU con un proyecto poltico. En esta etapa, los trabajadores reciben importantes beneficios a travs de la Secretara de Traba-jo y Previsin, y la relacin con los sindicatos es cada vez ms relevante, a partir de que se logran reducir los niveles mutuos de descon-fianza.

    En trminos econmicos, el fin de la Se-gunda Guerra Mundial plantea un nuevo es-cenario para el proceso de industrializacin. Al igual que algunos pases de Amrica Lati-na, Argentina se encuentra en pleno proceso de sustitucin de importaciones y por lo tan-to necesita aumentar su participacin en el comercio mundial de tal forma de asegurar la continuidad de dicho proceso. Sin embargo, con el fin de la guerra, los trminos de inter-cambio volvieron a ser adversos a nuestros pases. Asimismo, la paulatina recuperacin de la capacidad productiva europea debilita-ra la demanda por productos o materias pri-mas de nuestra regin y, adicionalmente, el Plan Marshall excluy a los pases de Amri-

    El principal plan de los Estados Unidos para la reconstruccin de los pases europeos despus de la Segunda Guerra Mundial, que a la vez estaba destinado a contener un posible avance del comunismo.

    ca Latina de los beneficios comerciales que el acuerdo generaba, favoreciendo nicamente a la industria norteamericana.

    Apenas producida la Revolucin de Junio, aparece con fuerza la discusin sobre la nece-sidad de un modelo industrialista. Si bien se retoman algunos de los argumentos deba-tidos en la dcada anterior, surgen algunas divergencias. Los que fomentaban la indus-trializacin en los aos 30 ahora prefieren atemperar el proceso para adecuarlo a las capacidades del pas. Pern, en cambio, opta por estimular la produccin, maximizar el uso de la mano de obra y respetar las libertades econmicas. Esa alternativa ser propuesta por el Consejo Nacional de Posguerra,

    donde tambin se empieza a plantear la ne-cesidad estratgica de desarrollar industrias bsicas que sirvan de soporte a la produccin de bienes de consumo.

    As empiezan a sentarse las bases del mo-delo econmico peronista que se asentara bajo cuatro principios: importancia del mer-cado interno, nacionalismo econmico, es-tatismo y papel central del proceso de indus-trializacin. Se seal el carcter social de la propiedad, el capital y la actividad econmi-ca. El peronismo continuara la senda traza-da por el gobierno nacional desde 1933, pero la diferencia crucial planteada por el nuevo gobierno se centrara en sus polticas sociales que lograrn una importante redistribucin del ingreso nacional, en una industria fuerte-

    Creado por decreto en 1944, y a cargo del entonces vicepresidente Juan Domingo Pern.

    ETAPA1ETAPA1

    PERONISMO

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  • mente trabajo-intensiva, con altos niveles de poder adquisitivo para los trabajadores.

    En las relaciones internacionales, la Argentina se encuentra en una situacin ex-traa. Por un lado, la guerra la libera relativa-mente de su vnculo de dependencia con In-glaterra. Por el otro, el naciente rol hegem-nico de Estados Unidos en Amrica Latina y el mundo amenaza a la Argentina en su lideraz-go panamericanista y le exige adecuarse a su nueva posicin en el mundo. La declaracin de guerra al Eje es parte de estos dilemas, y pese a las resistencias de los sectores pro-Eje, termina primando una posicin pragmtica.

    En este perodo, el sindicalismo es el nico actor no mayoritariamente hostil al proyecto poltico de Pern; incluso le da un apoyo efec-tivo. Este vnculo perdurable entre una parte del sindicalismo y el peronismo se viene cons-truyendo paulatinamente y quiz ese sea el motivo de su perdurabilidad. En principio, los sindicatos y los sindicalistas ms estableci-dos adoptan una postura expectante frente a la poltica del gobierno. El Departamento de Trabajo, al inicio de la Revolucin de Junio, aprob el Estatuto de Asociaciones Profe-

    sionales que impona un modelo de relacio-nes laborales que el propio Pern calific de totalitario. Por ello, y por la presin sindical, lo modifica por decreto. Adems, desde que Pern asume la gestin del Departamento, en octubre de 1943, se implementan una serie de iniciativas que favorecen la posicin de la clase obrera en la distribucin del ingreso y en las relaciones de fuerzas dentro del mbito de trabajo

    Sin embargo, si bien Pern y la ahora Se-cretara de Trabajo se autoproclaman como grandes hacedores de este cambio que iba orientado, segn la visin del equipo guber-namental, no a modificar sino armonizar la relacin entre capital y trabajo, el sindicato se convierte en el mbito de referencia de los trabajadores para exigir el cumplimiento de esos derechos. Es as que, en algunos casos, los sindicalistas con ms experiencia previa van a matizar sus resistencias al gobierno. Pe-rn, entonces, se da cuenta de que, al menos en ese momento, carece de otro posible apo-yo orgnico que no fuesen los sindicatos; y tampoco puede movilizar a los trabajadores, aun en un momento de crisis como lo fue el 17

    de octubre sin la militancia sindical. Esta militancia, canalizada a travs del

    Partido Laborista, junto con algunos secto-res minoritarios de la Unin Cvica Radical, FORJA

    y elementos dispersos del Partido Conser-vador, es la base de sustentacin poltica e incluso partidaria del triunfo electoral de Pe-rn, el 24 de febrero de 1946.

    En esta etapa el sindicalismo se caracte-riza por su intento de construir un proyecto de autonoma sindical, un acercamiento ms bien pragmtico a Pern, la movilizacin a favor de su candidatura y, finalmente, con la disolucin del Partido Laborista, el encuadra-miento poltico de los sindicatos bajo el lide-razgo de Pern.

    IMPORTANCIA DEL MERCADO

    INTERNO

    ESTATISMO

    PAPELCENTRALEN EL PROCESO DE INDUSTRIALIZA-CIN

    Nacionalismo econmico

    VER: ASPECTOS dESCRIPTIVOS y

    RElACIn COn El POdER POlTICO

    Grupo asociado a la faccin irigoyenista del radicalismo, sur-ge como respuesta a la crisis poltica surgida con el golpe del 30. Entre sus socios fundadores estaban Arturo Jauretche, Homero Manzi, y Ral Scalabrini Ortiz.

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  • Entre 1946 y 1949 se da la fase de conso-lidacin. Pern perfecciona su estructura de poder y logra solucionar los problemas nacionales urgentes y dar respuesta a las crisis que ya el gobierno militar haba empe-zado a enfrentar: legitimidad, distribucin y dependencia. Ser el primer presidente en 15 aos que llega al poder sin fraude le permiti romper los vnculos con el sistema poltico pre existente. As es que el primer peronismo fomenta la organizacin de los sectores que an no cuentan con un organismo encar-gado en defender sus intereses (pequeos y medianos empresarios nacionales, sectores ms relegados del movimiento obrero) para orientar sus demandas hacia el Estado. Se impulsa un incremento contino de los sa-larios y se complementa la proteccin del trabajador en caso de embarazo, despido, accidente, enfermedad; se mejoran las jubi-laciones y se dan cada vez ms prestaciones sociales y de salud por parte del Estado. La crisis poltica que Pern hereda lo beneficia para destacarse como solucionador de pro-blemas, pero enseguida surgen nuevos de-safos y su capacidad de respuesta se centra en el fortalecimiento de los mecanismos de control.

    En esta etapa, Pern logra una posicin menos hostil de los sectores de poder como la UIA o de la Bolsa de Comercio, aunque la Sociedad Rural, cuyo predio es expropiado

    en 1947, se mantiene ms reticente y se resis-te a la aplicacin del Estatuto del Pen. Esta mala relacin se apacigua a partir de 1948 cuando el gobierno reorienta parcialmente su poltica de apoyo unilateral a la industria y promociona algunas polticas especficas para el campo. Los sindicatos, por su parte, viven sus aos dorados en trminos de par-ticipacin de los trabajadores en la distribu-cin del ingreso nacional y tasa de afiliacin. Sin embargo, los liderazgos autnomos van desapareciendo, la CGT se encolumna con el gobierno y asume su conduccin Jos Espejo, del Sindicato Obrero de la Alimentacin, en reemplazo de Aurelio Hernndez de Sanidad que haba sustituido a su vez a Luis Gay, ex sindicalista e idelogo del laborismo, en fe-brero de 1947.

    En trminos econmicos, los prime-ros aos del primer gobierno de Pern van acompaados por los beneficios que implic el fin de la segunda posguerra. Sin embargo, este contexto internacional no durara mu-cho tiempo, y eso va a afectar fuertemente el modelo de transferencia de ingreso de las exportaciones del agro a la industria en pro-ceso de consolidacin. En ese marco, el pero-nismo inicia su primera etapa planificadora, que no logra llevarse a cabo como se espera-ba no solo por problemas tcnicos o falta de experiencia en ese mbito sino tambin por el cambio de la situacin internacional.

    ETAPA2ETAPA2

    PERONISMO

    22 Trabajadores en la Plazo de Mayo

  • A mediados de 1946, la Secretara Tcnica de la Presidencia empieza a preparar un plan quinquenal que se aplicara desde 1947 has-ta 1951. Este plan tena entre sus objetivos la transformacin de la estructura econmico-social a travs de la expansin industrial, la reduccin de la vulnerabilidad externa me-diante un rescate de la deuda pblica y priva-da, el aumento de los niveles de vida, el em-pleo del saldo de divisas y reservas interna-cionales en programas, el mantenimiento de una poltica autnoma frente a los reciente-mente creados organismos internacionales y la aceleracin de la capitalizacin industrial, entre otros. El primer plan quinquenal se concentr en las empresas livianas, en espe-cial aquellas relacionadas con la produccin agrcola, y hasta 1952 el proceso seguira con-centrado en sectores de bienes de consumo no durables o de sustitucin fcil. Estos sec-tores seran acompaados con el decreto de Proteccin y Promocin de la Industria, que estableca una serie de mecanismos como la proteccin arancelaria, los subsidios y el des-pliegue de lneas de crdito que aseguraran el desarrollo de los sectores sealados. Adems de los aranceles, otro elemento de protec-cin fundamental fue el control de cambio

    establecido y los consecuentes permisos de importacin que otorgaba el gobierno como parte de dicho control y de los permisos para realizar los cambios de divisas.

    En la poltica exterior, un manejo muy atinado de la diplomacia le permitir a la Ar-gentina insertarse institucionalmente en el sistema internacional mientras discursiva-mente se contina con la retrica hostil hacia Estados Unidos, que en 1948 le niega al go-bierno peronista la posibilidad de beneficiar-se con el plan Marshall. Tambin se empieza a perfilar el esquema de alianzas de la Tercera Posicin que busca definir un perfil propio para algunos pases del Tercer Mundo o en vas de desarrollo en el esquema de la Guerra Fra. El malestar del resto de Latinoamrica con la poltica estadounidense en relacin al gobierno argentino, va a limitar, por un lado, la posibilidad de mayor autonoma de la Ar-gentina, y por el otro, ayudar a que sea me-nos hostil la relacin con Estados Unidos.

    El movimiento sindical argentino se encuentra frente a nuevas encrucijadas que definirn su estructura organizativa futura. Se produce una expansin de los sindicatos y, por lo tanto, de su influencia poltica, aun-que su posicin se encuentra subordinada a

    1946pRIMER pLANQUINQUENAL

    la estructura partidaria y gubernamental del estilo de gestin peronista. Tambin se pro-duce una nacionalizacin del sindicalismo. Se generaliza un marco legal protector de los trabajadores (aguinaldo, vacaciones pagas) y se instala un modelo sindical centralizado, controlado por el Estado, pero con un fuer-te poder de negociacin frente a los otros actores econmicos. Sin embargo, estos aos de prosperidad no significan el fin del movimiento huelgustico. Por el contrario, se producen huelgas fundamentalmente de tipo reivindicativo y la mayora son exitosas; el antagonista no es ya el Estado sino la em-presas. Este es un cambio radical en lo que respecta a las caractersticas del movimien-to huelgustico hasta los aos 40 donde la alianza gobierno-patronal se consolidaba en momentos de movilizacin o lucha gremial. Sin embargo, mientras que el gobierno apo-ya las luchas reivindicativas por el salario, no tiene una posicin tan clara en lo que respec-ta a las condiciones de trabajo. Fue en ese plano donde, sin regulacin legal, empieza a crecer el peso de las comisiones internas que van a ser tambin los lugares donde surgirn nuevos liderazgos.

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    Eva en el reparto de Navidad. 1946

  • Entre 1949 y 1952, se produce el viraje que im-plica un cambio de actitud frente a las crisis. En lo que respecta a la de legitimidad, en lugar de afianzarla como se quiso hacer antes, promo-viendo la moderacin de las tensiones sociales, ahora se exacerban las diferencias entre leales y opositores. El partido peronista intensifica su poder frente a los sindicatos ahora depen-dientes y favorece la radicalizacin poltica. El partido se encuentra cada vez ms fusionado con el Estado que tambin es utilizado como herramienta de control poltico de los oposito-res o de los neutrales tibios.

    En esos aos se dan algunos intentos de organizar a los pequeos y medianos empresa-rios, en especial a los del interior del pas, en la Confederacin General Econmica (CGE), ms afn a la poltica industrial peronista; pero este grupo no consigue ser un sector de poder rele-vante. En este contexto, se produce tambin el intento de golpe militar del General Benjamin Menndez que si bien no genera un fuerte pe-ligro para el rgimen, le exige al gobierno una mayor politizacin de las Fuerzas Armadas que produce descontento, sobre todo en la Marina, que an en 1951 sigue siendo fuertemente an-tiperonista.

    En trminos econmicos el desafo ser la cada de los precios internacionales de los pro-ductos agrcolas. El modelo de sustitucin fcil muestra sus limitaciones y ante el aumento de los salarios se produce una cada en la tasa de ganancia del sector industrial, que a su vez empuja los precios hacia arriba, y produce cre-cientes niveles de inflacin. Se revela, as, tanto la puja distributiva que vive el pas, como la fal-ta de recursos para financiar el modelo. Con la

    llegada de la crisis econmica en 1949, la orien-tacin general del proceso de industrializacin tiene que variar. El gobierno debe optar por el desarrollo de polticas ms ortodoxas y orien-tadas al fortalecimiento del sector agrario. Sin embargo, el Estado busca absorber el exceden-te de mano de obra proveniente del sector pri-vado, buscando mantener altos los niveles de empleo y los salarios, lo que agudiza an ms su dficit. La alianza del peronismo con los sec-tores obreros impiden que el Estado deseche fcilmente el proyecto industrializador.

    En 1952 comienza el segundo gobierno de Pern. En un clima de crisis econmica y de progresiva descomposicin poltica, se for-mula el Plan de Estabilizacin, que plantea una serie de medidas ortodoxas tendientes a controlar la inflacin, recuperar el sector ex-terno, restringir el consumo, el fomento del ahorro y el aumento de la productividad. Ade-ms, se vinculan los aumentos salariales con los aumentos de productividad y se restringe el gasto pblico. Para revertir los problemas es-tructurales por los que atraviesa el proceso de industrializacin, se impulsan sectores como combustibles, productos qumicos derivados del petrleo, y maquinaria y vehculo. Sin em-bargo, se requera o bien un impulso estatal como hasta ese momento, o se permita el in-greso de capitales extranjeros. Y ese fue este el camino elegido por el gobierno.

    Los sindicatos, aunque organizativamen-te poderosos y estructurados de manera cen-tralizada, sufren los efectos de la inflacin que disminuye la capacidad adquisitiva del salario y, a pesar de las medidas gubernamentales, su participacin en el ingreso se reduce. Esta

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    ETAPA3ETAPA3

    PERONISMO

  • ETAPA4ETAPA4

    situacin genera una disminucin de la mo-vilizacin sindical. Sin embargo, se producen una serie de conflictos importantes que pue-den generar como respuesta el rechazo oficial: la huelga de los ferroviarios y bancarios (dos gremios de importancia histrica que ven re-ducido su poder en la dcada peronista) o la Federacin Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (FOTIA), un nuevo sindicato funda-do en 1944, que llega a perder su personera y queda intervenido hasta 1955, aunque los trabajadores reciben un aumento salarial del 60 por ciento. Como consecuencia de la bu-rocratizacin, la represin de la disidencia y la prdida de autonoma (del cual el estatuto de la CGT de 1950 es un claro ejemplo), se produce una crisis de dirigencia cuya autoridad se des-legitima en las bases. Esto pone de manifiesto que en esta etapa el sindicalismo padece la fal-ta de liderazgos slidos. Esta carencia se reve-lar como problemtica a la hora de enfrentar la necesidad de relanzar estrategias de lucha en un contexto de crisis, ya sea dentro del go-bierno peronista, como ms tarde frente a su eventual y luego real cada. Sin embargo, las comisiones internas de sindicatos industria-les como la UOM (Unin Obrera Metalrgica) o de servicios como Luz y Fuerza de Crdoba van a ser la cuna de jvenes sindicalistas que van empezar a tener presencia activa a fines de los aos 1950 y sern los protagonistas, desde diferentes tendencias, del sindicalismo en los aos 1960 y 1970.

    A partir de 1953, aunque se contina la orientacin represiva y de control en relacin con los opositores, una vez pasada la rece-sin, se retoma la tarea de abogar por los in-tereses de la clase trabajadora logrando que el poder adquisitivo del salario se acerque a los valores tope de 1949. Los ejes de la poltica econmica son el disciplinamiento de pre-cios y la coparticipacin de las ganancias. Y, si bien Pern logra casi todos los sectores de la sociedad argentina contaran con al menos una organizacin que defendiera sus intere-ses, no puede servirse de ello para mantener-se en el poder.

    Por otro lado, el movimiento obrero orga-nizado, el nico apoyo orgnico con el que cont el rgimen para establecerse y conso-lidarse, empieza a sufrir los efectos de la des-movilizacin, la burocratizacin y la carencia de liderazgos.

    En el plano de las relaciones internacio-nales, esta ltima etapa del gobierno pero-nista se caracteriza por una relacin mucho menos hostil con Estados Unidos y el predo-minio de una estrategia que, reconociendo la relacin de dependencia relativa de la Argen-tina, se proyecta a generar alianzas en Am-rica Latina.

    En trminos econmicos, con el Segun-do Plan Quinquenal se busca resolver los problemas de fondo que haban generado la crisis econmica. Por ello, algunos de sus ob-jetivos son mantener el equilibrio de precios y salarios; el desarrollo de un programa de in-versiones pblicas y privadas que resuelvan las necesidades de materias primas y energa necesarias para el proceso de industrializa-

    VERCAP #3

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  • cin; el fomento de la productividad agro-pecuaria; darle participacin al capital y al crdito extranjero en el desarrollo industrial; aumentar la capacidad de importaciones del pas a travs del impulso de las exporta-ciones; coordinar la participacin de empre-sarios y trabajadores en la planificacin de la poltica econmica del pas. Los ltimos aos del peronismo no son -como esgrimen los que justifican el golpe- aos de caos eco-nmico. Si bien hay algo de recalentamiento de la economa, las exportaciones se man-tienen dentro un relativo equilibrio y el ciclo econmico viene acompaado de un dficit moderado de parte del Estado. S es cierto que en 1955 el panorama econmico permite apreciar algunas de las limitaciones de largo plazo del modelo de expansin del aparato productivo.

    En especial a partir de 1954, se abre un nuevo panorama para el sindicalismo du-rante el gobierno peronista. La apertura de paritarias genera nuevos conflictos y nue-vas estrategias sindicales para abordarlos. En primer lugar, el escenario privilegiado del vnculo laboral es el lugar de trabajo. Son las comisiones internas las que motorizan los reclamos salariales y las que exigen a los re-ferentes una relacin ms directa con las ba-ses. Si bien muchas veces no se recurre a la confrontacin directa y se prefieren alterna-tivas menos disruptivas que la huelga, como el trabajo a reglamento o a desgano, los sin-dicatos no se disciplinan frente a la poltica moderada de la CGT y la obligan a reaccio-nar frente a la ofensiva patronal. El gobierno acepta la apertura de paritarias y aspira a

    que el mercado y la relacin de fuerzas en-tre empresarios y sindicatos en cada sector regulen el resultado de la negociacin colec-tiva para no tener que intervenir y poner en juego su capital poltico. En mayo de 1954, co-mienzan las medidas de fuerzas los petrole-ros privados, los trabajadores de la industria lctea, los textiles, obreros de calzado, vidrio, cemento, los metalrgicos y los empleados seguros. En portuarios, hilanderas, y segu-ro, fueron conflictos prolongados. En tres sectores ms hubo prolongacin de las ten-siones y huelgas: tabaco, caucho y metalr-gicos (ste ltimo incluy un paro general y actos violentos). Muchos de estos conflictos son promovidos por las comisiones internas y terminan siendo aprobados por las dirigen-cias nacionales. Esto les demuestra a los di-rigentes que los trabajadores no van aceptar pasivamente las polticas y que deben legiti-mar su autoridad en las bases.

    El 16 de septiembre de 1955 se produce un golpe militar contra el gobierno de Juan Domingo Pern. Pocos meses antes, el 16 de junio haba habido un intento que fracas pero que cont con el apoyo de la jerarqua eclesistica que acababa de excomulgar a Pern. En ese contexto, los sindicatos pe-ronistas le piden armas al gobierno para defender el rgimen pero este se las niega para evitar que crezca el descontento de las Fuerzas Armadas y para no fomentar ms el clima enrarecido que gener el conflicto con Iglesia Catlica. Aunque la Iglesia haba sido un apoyo no necesariamente esperado por Pern en las elecciones de 1946, a fines de 1947 se produce un distanciamiento por

    el que la liturgia catlica va perdiendo su rol central en los festejos y simbologa peronis-tas (conmemoraciones del 17 de Octubre, por ejemplo) y porque algunos organismos gubernamentales y paragubernamentales (la Fundacin Eva Pern) vienen a ocupar su rol en el bienestar social. De todos modos, el mayor distanciamiento se produce a fines de 1954 cuando se forma el Partido Demcrata Cristiano. Este nuevo contexto hace posible que se suprima la educacin religiosa de las escuelas pblicas, que aos antes se haba adoptado por iniciativa el Ministro de Edu-cacin de Ramrez, Gustavo A. Martnez Zu-vira (escritor conocido con el seudnimo de Hugo Wast) y que el primer gobierno cons-titucional de Pern haba transformado en ley. Ahora, adems, tambin se aprueba la Ley de Divorcio y otras medidas que consa-gran la separacin entre la Iglesia y el Esta-do. Sin la Iglesia, ni las Fuerzas Armadas, ni los sectores empresariales, solo quedan los sindicatos, como nico apoyo, igual que en 1946. Adormecidos por la burocratizacin y encolumnados en el liderazgo de Pern que de alguna manera limitaba su autonoma, no pueden o no les permiten defender un proce-so poltico que haba modificado de una vez y para siempre gran parte del cultura poltica del sindicalismo y de la sociedad argentina en su conjunto. Sin embargo, pocos meses des-pus, esos sindicatos que parecan paraliza-dos, desde la militancia en las fbricas y otros lugares de trabajo, constituyen el punto de partida de la resistencia peronista contra la Revolucin Libertadora y sus aliados. Pero esa es otra historia.

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    Fragmentos: Discursos de Juan Domingo PernCompartimos fragmentos de algunos discursos de Juan Domingo Pern, en los que se refiere al sindicalismo, al movimiento obrero organizado, y a su relacin con los trabajadores. Son elocuentes por s mismos, adems de ser documentos valiosos e ilustrativos sobre el perodo en el que se consolidaba el liderazgo del entonces Coronel y futuro General.

    Nosotros dividimos el pas en dos categoras: una, la de los hombres que

    trabajan, y la otra, la que vive de los hombres que trabajan. Ante esa situacin, nos hemos colocado abiertamente del lado

    de los hombres que trabajan.DISCURSO DEL 20 DE JULIO DE 1944 EN UN ACTO

    ORGANIZADO POR OBREROS CARNICEROS.

    Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre he sentido una

    enorme satisfaccin, pero desde hoy sentir un verdadero orgullo de argentino

    porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de los trabajadores, que es lo

    nico que puede hacer grande e inmortal a la Nacin.

    DISCURSO DEL 17 DE OCTUBRE DE 1945.

    Se ha dicho tambin que buscamos un gremialismo estatal, que vamos hacia un sindicalismo dirigido () No somos

    sindicalistas de estado, ni corporativistas, ni ninguna de esas cosas raras: solamente

    somos hombres que queremos gremios unidos y bien dirigidos.

    DISCURSO DEL 17 DE NOVIEMBRE DE 1944 PRONUNCIADO EN UN ACTO ORGANIZADO POR LOS

    OBREROS DEL TRANSPORTE AUTOMOTOR.

    [No] ignoro que los trabajadores argentinos saben perfectamente que ya no son posibles los salarios de hambre,

    ni las jornadas extenuadoras, ni la indefensin ante el accidente de trabajo, la enfermedad profesional o comn, la vejez, la invalidez y la muerte. Saben

    tambin perfectamente que los derechos que les corresponden son reconocidos primero y defendidos despus por un gobierno amante de la justicia social.

    Saben por ltimo que el gobierno de la revolucin no entiende de componendas.

    DISCURSO DEL PRIMER ANIVERSARIO DE LA SECRETARA DE TRABAJO Y PREVISIN, 1944.

    Yo hablaba un poco en comunismo. Por qu? Porque si les hubiera hablado en otro idioma en el primer discurso me hubieran tirado el primer naranjazo [] Porque ellos eran hombres que llegaban de cuarenta aos de marxismo y con dirigentes comunistas [] Ellos queran ir a un punto que crean, con la prdica de tantos aos, era el conveniente [] Se inclinaban ms hacia la lucha de clases [] La

    gente que iba conmigo no quera ir adonde iba yo; ellos queran ir a donde estaban acostumbrados a pensar que deban ir. Yo no les dije que tenan que ir adonde yo iba; yo me puse delante de ellos e inici la marcha en direccin hacia donde ellos queran

    ir; durante el viaje fui dando la vuelta y los llev a donde yo quera. JUAN DOMINGO PERN, CONDUCCIN POLTICA, 1952.

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    Roberto Arlt: Aguafuertes porteas

    El 14 de mayo de 1928 sale a la venta un nuevo peridico en la Ciudad de Buenos Aires: El mundo, que se presenta como un dia-rio gil, rpido, sinttico. Roberto Arlt, un escritor nacido en 1900, conocido ya por su novela El juguete rabioso, publicada en 1926, abandona la seccin de policiales del diario Crtica para in-corporarse a la naciente redaccin de El mundo, donde va a escribir una columna diaria que le dar visibilidad como periodista y que le permitir un vnculo con lectores que le escriben cartas o lo llaman por telfono para responderle o contarle sus penurias. La poca le exige a Arlt brevedad, un tono coloquial, velocidad de escritura y poco tiempo de correccin.

    En 1930, el pas est convulsionado por un clima que genera opinin favorable acerca del inminente golpe de estado. Las mul-titudes se lanzan a la calle a saludar a la revolucin. Arlt tam-bin sale a la calle, vuelve a la redaccin y la poltica irrumpe en su columna, que mantiene la frescura de la velocidad, los temas populares y la agudeza de una percepcin privilegiada.

    Transcribimos una aguafuerte de apenas unos das despus del estallido de la revolucin del 6 de septiembre de 1930, para componer un cuadro particular y preciso de cmo se vivieron esos das en la redaccin del diario.

    Los que yugaron en la revolucin11 de septiembre de 1930

    En los das de la trifulca todo el mundo se tir a muerto; todo el mundo, menos los periodistas, los boleteros de mnibus, el personal tranviario y los fotgrafos que, a riesgo de que los des-calabraran a patadas o les hicieran sonar el mate a garrotazos, estuvieron en todas partes impresionando placas para las infor-maciones. Periodistas y fotgrafos han sido tambin, y sin gru-po, los hroes de la jornada.

    En qu forma se trabajEn los diarios se trabaja poco. Siempre hay dos o tres que ha-

    cen todo, mientras el resto se tira, disimuladamente, a muerto, o hace que no trabaja. Eso sin excepcin, en todos los diarios. Bue-no: en estos das de revolucin ocurrieron fenmenos extraordi-narios. Trabajaron hasta los vagos. Hasta los enfermos. Gentes que haca mucho tiempo haban desaparecido de la circulacin y no se saba si haban reventado o qu era de ellos, hicieron acto de presencia y vinieron por si se ofreca algo. Y lo que se ofreca eran balazos en las ruas. Los secretarios de redaccin se miraban y se desataban para dar abasto las solicitaciones de personal, a los llamados por telfono

    Qu dir de los telefonistas? Nuestros muchachos han estado horas y horas en el conmutador; telefonistas ha habido que aten-da diez llamados a la vez: pedidos de informes, de direccin, de secretara, de pblico, de redactores El diablo a cuatro!... Se ha trabajado brutalmente. Hasta los ms fiacunes se creyeron en la obligacin de laburar y se portaron como hroes. Incluso traje-ron magnficas noticias y con riesgo de su pellejo. S, seor; con evidente riesgo de perder la piel, que en esos momentos nadie la tena segura. Y en todos los diarios ha ocurrido exactamente lo mismo. No hay peridico donde no se encuentren ms de tres redactores que han estado a un paso de la muerte muerte no de la muerte vida. Estas situaciones se comentan con bromas despus que han pasado, y es natural que as sea; pues es natural olvidar los peligros; mas la verdad que algunos no se olvidarn en toda su vida de ciertos cuartos de hora que pasaron.

    Extrado de Aguafuertes porteas: cultura y poltica, de Roberto Arlt, Editorial Losada.

  • Estructurabsica del sindicalismo

    Si bien la actividad sindical est regulada por normas jurdicas, no se puede afirmar que responde a una nor-matividad especfica. Un modelo sindical es mucho ms que las leyes y normas que regulan la actividad gremial.

    Adems del marco legal hay cuatro elementos que definen el modelo sindical: la posicin de los sindicatos dominantes en la estructura productiva, la forma en que se institucionalizan internamente los mecanismos de toma de decisin, la tasa de afiliacin y las relaciones de fuerza entre obreros y patrones dentro del lugar de trabajo. Todos estos aspectos se modifican en la Argentina de 1930 a 1955, respecto de aos anteriores.

    Hasta los aos 20, cuando se organizan las primeras unio-nes y federaciones con alcance nacional, predominan los sin-dicatos de oficio, la pluralidad de centrales, un mecanismo de toma de decisiones descentralizado, una baja tasa de sindica-lizacin y una escasa presencia del sindicato en la empresa, porque su actividad no estaba legalmente reconocida a tal efecto.

    A partir de la dcada de 1920 y dentro del esquema produc-tivo del modelo agroexportador, se empiezan a perfilar dos organizaciones gremiales que logran un grado importante de institucionalizacin organizativa: la Federacin Obrera Martima (FOM) y la Unin Ferroviaria (UF). La primera, fundada en 1910, tiene la estructura de una federacin donde los sindicatos locales eligen sus propias autoridades y desig-nan delegados para la conduccin nacional. Por su parte, la Unin Ferroviaria es, desde su fundacin en 1922, un sindicato nacional con seccionales locales cuya actividad es limitada y su autoridad delegada de la estructura central.

    Esto no significa que las seccionales de la UF no sean im-portantes para el desarrollo nacional de la actividad sindical, as como en la formacin de cuadros dirigentes (los Talleres de Rosario) o para la generacin de lazos de identificacin que muchas veces se asocian al nombre de la lnea frrea. Sin em-bargo, la toma de decisiones est cada vez ms centralizada,

    E ESTRUCTURA BSICA DEL SINIDCALISMO

    VERCAP #1

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    primero en la Comisin Directiva y luego en la figura del Secretario General.

    El hecho que la UF sea el sindicato ms poderoso en la dcada de 1930, casi mono-polizando la conduccin de la CGT hasta 1942, revela hasta qu punto todava en-tonces hay un claro predominio de sec-tores del transporte, servicios y emplea-dos estatales. En esta rama de actividad se destacan algunos sindicatos como la Unin de Empleados y Obreros Munici-pales (UOEM) y otros con una estructura organizativa distinta, como Confedera-cin de Empleados de Comercio liderada por ngel Borlenghi o la Federacin de Obreros y Empleados Telefnicos (en-tonces FOET pero desde la dcada de 1940 FOETRA, su sigla actual). Recin a media-dos de la dcada de 1930 empiezan a surgir gremios de tipo industrial u otros que, sin bien no son estrictamente industriales, responden a un modelo de trabajador que no es sinnimo de empleado administra-tivo, dependiente de comercio u obrero altamente calificado. En la organizacin sindical de estas actividades es muy im-portante la militancia comunista que par-ticipa en la formacin de sindicatos como la Federacin Obrera Nacional de la Construccin (FONC), la Federacin Obrera de la Alimentacin (FOA), la Federacin Obrera de la Industria de la Carne (FOIC). Asimismo, est la expe-riencia del Sindicato de la Industria Me-talrgica, tambin comunista. A partir de 1943 pierde su influencia con aparicin de la Unin Obrera Metalrgica, que termin concentrando la representacin de los metalrgicos en todo el pas. Sin

    embargo, el desplazamiento de los sindi-catos de servicios por los industriales fue paulatino. Incluso en 1941 el porcentaje de sindicatos industriales era tan solo del 33%. Hubo que esperar a 1948 para que un 52% de los sindicatos argentinos respon-dieran a la industria como rama de activi-dad. Pero si bien es cierto que la industria es la rama de actividad que se impone en los aos peronistas, su sindicato ms em-blemtico, la UOM, no llega a monopoli-zar como antes la UF el control de la CGT. Solamente en el perodo de 1952 a 1954 hay un metalrgico en el Comit Ejecutivo de la central obrera: Antonio Cabo.

    En los aos 30, la UF desarrolla un esquema de toma de decisiones donde las autoridades centrales tienen una fuer-te primaca. Esto se refleja incluso en el modo en que se va estructurando organi-zativamente la CGT en los aos de predo-minio ferroviario. Tal vez esta estructu-ra centralizada haya facilitado el rol que desempe la central en los aos 1950, que disciplinaba pero tambin coordina-ba los reclamos obreros ante el gobierno y las patronales. Sin embargo, la mayor centralizacin decisional no implica la ausencia de resistencias o la presencia de una conduccin monoltica. En el caso de la UF, sus dos liderazgos fuertes, Tramon-ti y Domenech, son desplazados tras crisis de autoridad que afectan incluso a la CGT, que en ambas ocasiones se divide (1936 y 1943). En otras coyunturas, en la central obrera, tampoco hubo unanim