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    01-Mar-2016
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Catálogo de la exposición representativa de artistas cordobeses celebrada en la Galería Arte 21 de Córdoba del 17 de noviembre de 2010 hasta el 08 de enero de 2011

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    Crdoba est ahora en un fructfero bullir creativo como consecuencia individual de un buen nmero de artistas en los ms diversos campos y como resultado social de un amplio consenso ciudadano en pro de alcanzar la no-minacin en el ao 2016 de la Capital Cultural de Europa. Esta exposicin es una afortunada confluencia del trabajo de los artistas y el apoyo institucional para convertirse en una embajada de lujo ante otras miradas, un reto que fa-vorece la difusin de nuestros mejores artistas pero tam-bin de salida al encuentro con otros creadores, con otros pueblos, con otros territorios.

    Rafael Blanco Perea

    Teniente Alcalde de Relaciones Institucionales y Cultura

    del Ayuntamiento de Crdoba

    Desde la Delegacin de Cultura del Ayuntamiento de Crdoba se estn marcando diversos objetivos y progra-mas que articulen la poltica cultural del municipio. En esa malla de proyectos hemos incardinado una apuesta novedosa entre nuestras acciones: promover la difusin de creadores cordobeses allende nuestras fronteras lo-cales. Pues bien, esta exposicin colectiva nace de ese empeo. Y, claro est, de la generosidad de nuestros an-fitriones a las que damos las gracias desde este mismo momento.

    Con esta muestra pretendemos algo sencillo y difcil a la vez como es trasladar las inquietudes de nuestros artistas a otros foros, a otros espacios. Hemos reunido para ello a una plyade de artistas absolutamente representativos del quehacer creativo en nuestra ciudad, un par de ge-neraciones que abarcan esa intrahistoria entre el ltimo cuarto del siglo pasado y la actualidad.

    Como no poda ser de otro modo en una exposicin co-lectiva, las obras presentadas responden a criterios ar-tsticos de diversa ndole, enlazndose con referencias tambin distintas de los movimientos que cruzan la mo-dernidad y posmodernidad en el mundo del arte desde finales de la II Guerra Mundial. No obstante, las obras de estos cordobeses no pueden entenderse como imitativas sino que constituyen un producto reelaborado con mate-riales propios o bien como resultado formal. estilstica y conceptualmente hbridos.

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    Cultura es para la sociologa un complejo que comprende conocimiento, creencias, arte, moral, leyes, usos y otras capacidades y usanzas adquiridas por el hombre en cuan-to que es miembro de una sociedad1. Mientras, la cate-gora de lo subcultural corresponde a una especie de aco-tacin o subdivisin de lo anterior obedeciendo a criterios geogrficos, de clase, etctera, que no abarcara la gran extensin territorial y de poblacin de los grandes sistemas culturales.

    Como en otras muchas facetas del conocimiento, esta distincin metodolgica, pero tambin jerarquizante, fue asumida con relativa unanimidad en el campo de los es-tudios artsticos durante la primera mitad del pasado siglo XX. Ocurri en aquellas dcadas que esta idea de gran sistema cultural se erigi en un pilar bsico sobre el que construir la utopa internacionalista propugnada desde las estticas de vanguardia. De modo que, entonces, el pro-greso, tambin en las artes, se fundamentara sobre los grandes relatos universales y slo la cultura elevada, la gran cultura justo la que sobrevolaba cualquier localismo o subdivisin-, se arrogara la potestad de marcar los de-rroteros del arte de su tiempo.

    No quiere ello decir que la cultura popular y su posterior transformacin en la moderna cultura de masas, como tam-poco otras subculturas generacionales posteriores: hippy, punk, techno, cyberpunk, manga, , hayan estado ausentes del discurso esttico moderno. Afirmar esto sera falsear una modernidad que es mucho ms compleja y permeable a lo subcultural de lo que las historias oficiales del modernismo han descrito. El problema no radica en la simpleza de que lo moderno se haya alimentado slo de la alta cultura tradi-cional o su desarrollo burgus; o que lo popular haya sido erradicado de la modernidad. El asunto es que casi todas las discusiones en torno del modernismo, la vanguardia e incluso el posmodernismo, privilegian sin embargo la primera [alta cultura] a expensas de la segunda [subculturas]2 .

    Ocurri, no obstante, en un lapso de tiempo relativamente breve que arrancara en torno a los aos cincuenta del si-glo pasado, que la irrupcin abrumadora de la cultura de masas en el arte forz un vuelco acusado de esta dinmi-ca. Este fenmeno se puede definir como la involucin de lo artstico en los procesos de produccin, reproduccin y difusin de las tcnicas y discursos imperantes en la socie-dad de consumo: reproductibilidad tcnica, simultaneidad de la recepcin, empleo de lenguajes, tcnicas y soportes procedentes de lo comercial, etc. Y no tardaron en emerger voces que vislumbraron tras esta nueva coyuntura un lugar para la utopa: Marshall McLuhan o Lawrence Alloway sern los nombres ms citados. Fue Alloway, por ejemplo, quien organiz en 1956 This is Tomorrow, la exposicin que lanz a escena a los artistas pop britnicos. All se propuso una especie de revolucin capitalista que sacara a la sociedad europea del sndrome post-blico que sufra y derrocara la tradicional organizacin estamental de la sociedad hereda-da de la poca victoriana afectando fundamentalmente a la experiencia cotidiana y a los modos de vida.

    Si en 1956 hoy era maana, qu tiempo corresponde a nuestro 2010? En otras palabras, vivimos la resaca de la fiesta de la modernidad o, por el contrario, an no la hemos realizado plenamente? Y lo que es ms pertinente a este texto, cmo se inscribe el arte actual realizado en Crdoba en este debate? Para responder estas espinosas cuestio-nes tal vez debamos retrotraernos, de nuevo, a la propia pregunta por la modernidad, como han hecho la ltima Do-cumenta de Kassel o la Trienal de la Tate Modern. Desde all se ha resucitado un debate en torno a la modernidad al que, desde aqu, quisiramos unirnos con vistas a describir su posible aplicacin a un marco mucho ms local y perifrico

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    de Nstor Garca Canclini se han convertido en clave para el diagnstico de nuestro tiempo ultra-moderno, aparece tambin en la obra de muchos artistas de esta exposicin. El concepto procede de un campo de anlisis mucho ms amplio que el de las artes visuales, pero se muestra es-pecialmente til a stas por cuanto que es capaz de abar-carlas en todos sus sentidos. Y es que aparece tanto en la definicin del estatuto del artista de nuestro tiempo, cuanto en el conjunto de asuntos de los que el creador se ocupa, e incluso en el modo en que ste entiende la formalizacin de su trabajo. Tomemos, por ejemplo, las piezas de Javier Flores o de Jos Lus Muoz, a pesar de las evidentes diferencias que muestran entre s, como episodios de este proceso de hibridacin en arte.

    El primero realiza un trabajo ambicioso, lleno de referen-cias filosficas y dotado de una gravedad poco habitual. Estas intenciones se condensan a travs de una obra he-terognea que combina lo efmero y lo duradero, la perfor-mance y la escultura, la dureza material y la investigacin intelectual. El segundo, por su parte, se expresa habitual-mente a travs de un medio nico, el dibujo y la pintura, y es en la creacin de sus temas donde muestra un amplio abanico de referencias que van de la novela ilustrada a la pintura italiana pasando por el universo mitolgico. Uno y otro, sin embargo, se caracterizan por obtener un resultado indito a partir de la multitud de recursos de que se sirven. Desde luego, sta no es una idea nueva, pues nunca la historia del arte se ha nutrido de un slo asunto ni ha lo-grado -a pesar de las muchas tentativas en este sentido- configurar un discurso unitario y clausurado.

    Lo que queremos decir es que este trabajo es hbrido en tanto que no es imitativo ni reproduce referencias ajenas. La condicin de lo hbrido insiste precisamente en esta cuestin: su entidad es otra, es como un producto C que brota de la mezcla de A + B. Sin perder la consistencia de los influjos que la alimentan, de hecho en la obra de Muoz stos son de lo ms evidente, la produccin artstica de uno y otro sobrevuela el puro homenaje para generar un imaginario nuevo y rabiosamente personal.

    Si de imaginarios personales se trata, sin duda hemos de referirnos ahora al trabajo de Nieves Galiot, Cristina Ca-amero o Pilar Molinos. Las tres artistas interpretan con gran atino la que es una de las grandes lecciones del arte

    como el del arte en Crdoba. Las posiciones de este affaire son diversas pero coinciden en una cuestin fundamental: los principios heredados de la modernidad sobreviven en un tiempo que ya no es el suyo como formas tan atractivas como, en ocasiones, desactivadas.

    Este diagnstico tiene una primera consecuencia y es que, a pesar de que los lenguajes del arte actual perpetan cierta gramtica que se gest en las dcadas radicales de la van-guardia, no podemos mantener los modelos de entonces para explicarlos. Es decir, aunque las formas de comunicar no hayan traspasado los lmites de lo moderno, las actitudes y el contexto donde stas surgen ya no le pertenecen. Son el resultado de otro momento en que precisamente la facili-dad para mirar al pasado sin complejos y para hibridar unos referentes con otros marcan el tono general.

    De este modo, no es posible comprender la obra de Jos Mara Garca Parody o de Francisco Salido, si no es trazan-do un puente entre sus fuentes de inspiracin -que arran-can, entre otras, en la abstraccin constructivista, en la color field painting y en la tradicin de la poesa visual- y el aire desprejuiciado con que estos artistas ejercen su interpreta-cin de dichas fuentes. La gran divisin que se trazaba en el siglo XX entre la referencia culta y la popular aparece des-montada en la obra de Salido y de Parody, de manera que stos se permiten articular sus ideas desde una perspectiva nueva. Parody, por ejemplo, mezcla la ilustracin, la poesa experimental y la pintura moderna en una frmula compleja y, a la vez, elemental. Su obra est llena de