CONÉCTATE 173: ¡Victorias!

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CAMBIA TU MUNDO CAMBIANDO TU VIDA NUESTRA VIDA A TODO COLOR Un cuadro hermoso Cara a cara con el dragón Hay que ser valiente Mi aconcagua Conquistar la montaña

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NUESTRA VIDA A TODO COLOR Un cuadro hermoso Cara a cara con el dragón Hay que ser valiente Mi aconcagua Conquistar la montaña

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C A MB I A TU MUNDO C A MB I A NDO TU V I DA

NUESTRA VIDA A TODO COLORUn cuadro hermoso

Cara a cara con el dragónHay que ser valiente

Mi aconcaguaConquistar la montaña

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1. Romanos 7:15,18 (BLPH)

2. Romanos 8:37 (NTV)

3. 1 Juan 4:4 (NTV)

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D Gabriel García V.D Gentian SuçiP Samuel Keating

© Activated, 2014Es propiedad. Impreso en Taiwán por Ji Yi Co., Ltd.

A menos que se indique otra cosa, los versículos citados

provienen de la versión RV, revisión de 1960, © 1960

Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado

1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizados con permiso.

Año 16, número 3

A NUESTROS AMIGOS

Somos vencedores

Tendemos a admirar a las personas que se superan, que vencen sus miedos y salen ondeando la bandera del triunfo luego de una dura lid. De ahí que nos inspiren los ejemplos de Nairo Quintana, joven ciclista de extracción humilde que con fe y esfuerzo fue el primer latinoame-ricano en ganar el Giro de Italia; el equipo de fútbol de Costa Rica, que sorprendió derribando a gigantes en el

último mundial; Malala Yousafzai, la joven paquistaní que con lacerante sufrimiento y valentía ha defendido el derecho a la educación de las niñas de su país. ¡Y cuántos más!

Decía Platón que la conquista propia es la mayor de las victorias, pensamiento que también recoge el refrán: «Quien a sí mismo vence, ese es el más valiente». La actitud, cómo no, puede más que la vicisitud.

Funciona también al revés. Muchas veces los deportistas atribuyen sus derrotas no a los méritos de sus rivales sino a sus propias carencias. Se ha dicho sabia-mente que cada uno es su propio peor enemigo. El apóstol Pablo llegó a airmar: «Realmente no acabo de entender lo que me pasa ya que no hago lo que de veras deseo, sino lo que detesto. Y es que, estando a mi alcance querer lo bueno, me resulta imposible realizarlo»1.

¿Qué hacer entonces? ¿Cómo vencer a ese enemigo íntimo que más que ninguno nos impide alcanzar el triunfo? La Biblia aporta la clave: «Nuestra victoria es absoluta por medio de Cristo»2. Él nos da la gracia celestial y también las herramientas terrenales para lograrlo.

Claro que lo que entiende Dios por triunfo es muy distinto de lo que promueve la sociedad en general hoy en día. Él mide los triunfos por patrones muy dife-rentes. En el juego de la vida nos anotamos puntos cuando dejamos que Jesús se exprese por medio de nuestras acciones y palabras, cuando nos conducimos con integridad y compromiso y manifestamos amor a las personas que providencial-mente vamos encontrando en nuestro camino.

Lo principal es que a los ojos de nuestro amoroso Padre ya somos vencedores, por más que no nos lo parezca: «Ustedes, mis queridos hijos, pertenecen a Dios. Ya lograron la victoria»3.

¡Nos vemos en el podio!

Gabriel García V.Director

2

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Nos puede servir de estí-mulo el siguiente episodio de la vida de John Stephen Akhwari, narrado por Bud Greenspan en su libro 100 Greatest Moments in

Olympic History.

Cuando el primer corredor cruzó la línea de llegada en la maratón de la Olimpiada de México de 1968, los organizadores y los espectadores pensaron que la carrera había concluido. No obstante, una hora más tarde John Stephen Akhwari, maratonista de Tanzania, entró al estadio. Ensangrentado y vendado a raíz de una caída, el corredor cojeaba dolorosamente.

Mientras daba la vuelta a la pista, con el sol ya poniéndose, el público que aún quedaba comenzó a ovacio-narlo. En el momento en que cruzó la

meta, a juzgar por la aclamación de la multitud uno habría pensado que el tanzano había ganado la prueba.

Más tarde, cuando le preguntaron por qué no abandonó la competencia, respondió:

—Es que usted no entiende. Mi país no me envió aquí, a 8.000 kiló-metros de distancia, para que empezara la carrera, sino para que la terminara.

Cuando la vida te deje maltrecho y golpeado, sigue adelante. Tu Creador no te envió aquí a empezar la carrera, sino a terminarla. «Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe»1.

El Dr. A. B. Meldrum lo expresó así: «Si quieres llegar a ser algo en la vida, ten en cuenta que tu éxito no dependerá de tu brillantez ni de la impetuosidad con que agarres algo, sino de la eterna y sagrada tenacidad con la que te aferres a ello una vez

que lo hayas agarrado». Dicho de otra manera: «Pelea la buena batalla de la fe»2. El pastor y compositor escocés George Matheson fue otra persona que no se dio por vencida a pesar de que le sobrevino ceguera. Su consejo: «Conquistamos, no de forma deslum-brante, sino porque continuamos».

Sigue adelante a cualquier costo. Por muchas magulladuras que tengas, sigue luchando. Por muchas veces que tropieces y caigas, sigue corriendo. Tus heridas, golpes, rasguños y cicatrices son medallas de honor a los ojos del Señor. Son señales de que tuviste la fe, el valor, la determinación y el empeño para seguir adelante, por difícil que fuera. Puede que te cayeras, pero te negaste a abandonar.

Al inal de la carrera podrás decir junto con el apóstol Pablo: «Solo aspiro a terminar mi carrera y a culminar la tarea que me encomendó Jesús, el Señor»3. ■

Hasta

LA METAAnónimo

1. Hebreos 12:1,2

2. 1 Timoteo 6:12

3. Hechos 20:24 (BLPH)

3

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En El hobbit, novela fantástica de Tolkien, se narran las peripecias de Bilbo Bolsón, un hobbit comodón que sin comerlo ni beberlo se ve envuelto en un viaje para recuperar el tesoro de un dragón. Lo acompañan en su tra-vesía un mago y un grupo de enanos. En el trayecto arrostra todo tipo de peligros: desde orcos y elfos hostiles hasta gigantescas arañas.

Por in los aventureros alcanzan su destino: la guarida del dragón Smaug. Bilbo se adentra en ella a través de una puerta secreta oculta en la pared de una montaña. Mientras todos los ena-nos aguardan en el exterior, a Bilbo le toca enfrentarse a solas con el dragón. Conforme avanza por el oscuro túnel, oye un sonido semejante al borboteo del agua en una tetera. El sonido va en aumento y comienza a parecerse al ronroneo de un enorme felino. De repente, Bilbo cae en la cuenta de que son los ronquidos del dragón que duerme en las profundidades de la cueva.

Bilbo queda petriicado. No piensa en otra cosa que en salir de allí, y casi lo hace; pero decide seguir avanzando. Tolkien escribe: «Seguir adelante a par-tir de ahí fue la mayor de sus hazañas. Las cosas tremendas que ocurrieron

1. NTV

2. www.just1thing.com

Marie Story

4

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El valor es la moneda común de todos los que elegimos obrar con integridad.

Florence Nightingale (1820–1910), reformadora social británica y pionera de la enfermería moderna

Cuando el hombre abre sus espacios interiores a Dios, en la fe y en la oración; cuando siente que sus

soledades interiores quedan inundadas por la presencia divina; cuando percibe que su desvalimiento

e indigencia radicales quedan contrarrestados por el poder y la riqueza de Dios; cuando el hombre

experimenta vivamente que ese Señor, que llena y da solidez, además de todopoderoso, es también

todo cariñoso; que Dios es su Dios, el Señor es su Padre; y que su Padre lo ama, y lo envuelve, y lo com-

penetra, y lo acompaña; y que es su fortaleza, su seguridad, su certidumbre y su liberación… entonces,

díganme, ¿miedo a qué? Ignacio Larrañaga (1928–2013), sacerdote, escritor y conferencista español ■

después no fueron nada en compara-ción. Libró la verdadera batalla en el túnel, a solas, antes de llegar a ver el enorme peligro que le aguardaba».

A todos nos toca encarar desafíos que preferiríamos evadir poniendo pies en polvorosa, sin llegar a ver siquiera lo que hay más adelante. No es fácil enfrentarse a dragones o a cualquier obstáculo que nos inspire miedo. Requiere mucho valor, y no siempre en el sentido en que uno se imagina. El temple de Bilbo se puso a prueba dentro del túnel. Antes de combatir al dragón tuvo que hacer frente a sus propios temores y a su propia inseguridad.

A los ojos de otras personas, esos dragones que nos asedian no siempre son tan feroces como nos parecen a nosotros. Por eso, con frecuencia tenemos que buscar la clave de la vic-toria en nuestro interior. El escritor C. S. Lewis manifestó: «El valor no es solo una de las virtudes, sino la forma que adquiere toda virtud cuando es puesta a prueba». A veces no debemos dejarnos siquiera una rendija por la que podamos evadir nuestras obligaciones.

Si en algo te pareces a mí, segu-ramente consideras casi imposible

llegar a tener tanto valor. Por muy fuertes que seamos o pretendamos ser, con frecuencia nos falta ese temple que es vital para vencer. ¿De dónde, entonces, podemos sacar el coraje para afrontar las vicisitudes de la vida?

En Josué 1:9 dice: «¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas»1. Podemos tener valor porque Dios nos acompaña. Él no nos envía a enfrentarnos solos a nuestros dragones. Permanece a nuestro lado, respaldándonos. No solo está presto a infundirnos fortaleza y valor, sino que además promete sacarnos adelante.

Una vez que le hayas pedido a Dios que te infunda valor debes decidirte a emplearlo, por muy apocado que te sientas. En cuanto te lances, te vendrá. No pasa nada si ahora mismo no te sientes muy valiente. Con frecuencia el valor consiste simplemente en poner un pie delante del otro, en dar pasitos hacia adelante, aunque sean diminutos. Cada vez que tomas una decisión valiente acrecientas tu valentía y quedas mejor preparado

para los desafíos mayores que puedan surgir. El valor nace de una decisión y crece a medida que lo empleamos sistemáticamente.

A lo largo de su periplo, poco a poco Bilbo fue adquiriendo más valor. Combatió contra enemigos imponentes y salió victorioso. Se enfrentó a problemas complejos y halló soluciones. Encarando retos con osadía fue cultivando su coraje, y todo ello redundó en su bien cuando llegó la hora de enfrentarse al dragón.

En la antigua Grecia, la guardia real tenía el siguiente lema: «Si bien todos los hombres abrigan temores, los valientes los desechan y siguen adelante, a veces hasta morir, pero siempre hasta triunfar». Por eso, enfréntate a tus dragones con agallas.

M ar ie Story vive en EE . UU.,

donde tr abaja como

ilustr ador a independiente y

diseñador a. Está afiliada a La

Fa milia Inter nacional. Este

artículo es una adaptación de

uno publicado en Just1Thing2 ,

portal cr istiano dedicado a

la formación de la juventud. ■

5

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Hacen falta solucionadoresSunil Kumar

Mañana Dios no te preguntará:

«¿Qué soñaste? ¿Qué pensaste?

¿Qué planeaste? ¿Qué

predicaste?» Te preguntará:

«¿Qué hiciste?»

Michel Quoist (1918–1997)

Al trabajo ponte, y se te hará

llano lo que te parecía un monte.

Refrán español

Todo el que logra el éxito en una

gran empresa va resolviendo

los problemas a medida que se

presentan […] y sigue adelante a

despecho de los obstáculos con

que se topa.

W. Clement Stone (1902–2002)

Comienza haciendo lo que es

necesario, después lo que es

posible y de repente estarás

haciendo lo imposible.

Francisco de Asís (1181–1226)

Junto con unos amigos estaba ayudando a preparar un salón de belleza antes de su inauguración. Mi trabajo consistía en instalar el sistema de televisión y sonido para entretenimiento de la clientela, de forma que se pudiera conectar un televisor en cada uno de los módulos. La labor me entusiasmaba, pero no tardé en darme cuenta de que ciertos aspectos de la misma superaban mis conocimientos.

Estuve bastante rato intentando infructuosamente resolver el complejo problema de conectar cada televisor con el aparato principal, cada uno con su propio sonido. Le di vueltas y más vueltas al tema hasta que, desesperado, me llevé las manos a la cabeza y reconocí que no podía hacerlo solo.

Acordé una reunión con un técnico para ver si me daba algunos consejos. El resultado fue que no solo me indicó cómo realizar aquella tarea, sino que el encuentro me sirvió para aprender una valiosa enseñanza.

El joven que me asesoró es un tipo animado y dinámico. Abordó la difícil tarea con entusiasmo, resuelto a no darse por vencido. Cada vez que yo le planteaba un hipotético obstáculo, él encontraba una solución. A veces eso signiicaba desandar lo andado y modiicar algo que al principio pensábamos que funcionaría. A la postre dimos con la solución para cada uno de los problemas. Al poco rato tenía en mis manos el diagrama modiicado que habíamos elaborado, todo muy claro y muy lógico. Logré hacer la instalación de acuerdo con las soluciones que se nos habían ocurrido, y el salón cuenta ahora con puntos de entretenimiento individualizados.

A raíz de eso me puse a pensar cómo podría yo facilitarles la vida a los demás en los aspectos que domino bien. Si cada persona se esforzara por identiicar, analizar y resolver compli-caciones, cuánto más llano y positivo sería nuestro recorrido por la vida.

Sunil Kumar es consejero y

coach de vida en la India. ■

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MI ACONCAGUA

Cuando era niña, mi padre se asoció a un club de andinismo en el que personas de todo Río de Janeiro se reunían los domingos para escalar. Cuando ya se aprendió las principales rutas, comenzó a llevar a sus hijos y a otros jóvenes del vecindario a la cima de muchos cerros de la zona. En aquella época me fui dando cuenta de que la vida es como una serie de montañas y que hay que aplicar una táctica distinta para conquistar cada una.

Mi hijo menor, Mat, sufre de déicit atencional. Es hiperactivo y tiene diicultad para concentrarse. Le cuesta aprender las conductas que se esperan de él y entender las reglas. Por otro lado, es muy compasivo y se lleva sorprendentemente bien con los animales y los niños pequeños.

Siempre pensé que si tenía un hijo minusválido o con problemas de aprendizaje me descorazonaría o me enojaría con Dios. Sin embargo, mi primera reacción al conocer el

diagnóstico fue de profundo amor y compasión. Estreché a Mat en mis brazos y pensé: «Esta es la siguiente montaña y la escalaremos juntos». Además tuve la bendición de contar con mucho apoyo de amigos que me ayudaron a investigar sobre ese trastorno.

Con el paso de los años he tenido mis momentos de dudas y de cuestionamientos: «¿Por qué nos pasó a nosotros?» Con todo, Dios siempre se las ha arreglado para reconfortarme y asegurarme que Él siente un amor excepcional por Mat. Con frecuencia ha recibido atencio-nes especiales, como en una ocasión en que tomamos un avión para ir a visitar a mi hija mayor y a su familia en Chile, y Mat trabó amistad con la tripulación de cabina y los pilotos. Como el embarque se retrasó, pudo charlar con ellos largo rato en su castellano rudimentario y quedó fascinado cuando el comandante más tarde mencionó su nombre

al hacer los anuncios y lo invitó a visitar la cabina de mando.

Temprano por la mañana el avión pasó junto al Aconcagua (cumbre de 6.961 metros). Era la primera vez que yo veía una montaña tan alta que hasta los aviones tienen que pasar por el lado. Es una cumbre majes-tuosa con cientos de montañas más bajas a su alrededor. Esa mañana todos los picos estaban cubiertos de nieve que resplandecía con los primeros rayos dorados del sol.

La vida puede ser igual de hermosa que los Andes al amanecer, aunque en ella abunden los cerros altos. Hasta el momento mi hijo Mat ha sido mi aconcagua. Aunque me ha costado, estoy fascinada con cada instante de nuestro ascenso hacia la cumbre.

Rosane Per eir a es profesor a

de inglés y escr itor a. Vive

en R ío de Janeiro (Br asil) y

está afiliada a La Fa milia

Inter nacional. ■

Rosane Pereira

PARQUE PROVINCIAL ACONCAGUAMENDOZA - ARGENTINA

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EN POS DE LA EXCELENCIAMaria Doehler Jenni, hija de una amiga, tiene

12 años y está apuntada a un programa de gimnasia de alta exigencia. Cuatro veces a la semana practica al salir del colegio; cada sesión dura cuatro horas. Hace sus tareas escolares en el auto yendo al gimnasio y cena en el auto en el trayecto de regreso a su casa.

Es lo que Jenni ha escogido. Le apasiona la gimnasia y quiere cultivar su talento al máximo. Ya ha ganado medallas y estaba considerada la mejor gimnasta de su categoría de la zona cuando se inscribió en este programa intensivo de entrenamiento. Su objetivo es

conseguir una beca de gimnasia para cursar estudios universitarios.

Unos meses después de comenzar el programa, admite que es duro. A veces se siente agobiada por la carga combinada de sacar buenas notas en el colegio y al mismo tiempo progresar en la gimnasia, o por la falta de tiempo para estar con sus amigas. Sus entrenadores tienen altas expectativas para ella y esperan que no se queje y persevere.

¿Por qué lo hace entonces? Por cumplir un sueño. Se ha propuesto cultivar su talento.

Muchos de nosotros no tenemos la capacidad para pujar de esa

1. V. Mateo 25:14–30 y

Lucas 19:12–28

2. V. Weights and Measures,

Jewish Encyclopedia

3. Mateo 25:21 (NTV)

4. Mateo 25:25 (NTV)

5. Mateo 25:26–29 (NTV)

6. www.just1thing.com

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Page 9: CONÉCTATE 173: ¡Victorias!

manera en pos de la excelencia. Solo de pensar en el compromiso, la disciplina y el arduo trabajo que nos exigiría se nos quitan las ganas. Sin embargo, todos tenemos oportunidad de cultivar la excelencia en nuestra vida, de desarrollar al máximo nuestro potencial, de sobresalir. Lamentablemente, el ingrediente que falta en la mayoría de los casos es la dedicación para perseverar hasta el inal.

En la parábola de los talentos1, Jesús cuenta la historia de un hom-bre acaudalado que se va a ir de viaje. Llama a sus siervos y les explica que espera que cuiden de su propiedad en su ausencia. Luego reparte entre ellos unos cuantos talentos, de acuerdo con la personalidad y las habilidades que sabe que tiene cada uno.

Al primero le da cinco talentos; al segundo, dos, y al último, uno. Un talento no era algo que se podía guardar en una billetera o un mone-dero. Equivalía a unos 43,6 kilos de plata2; hoy en día valdría casi 30.000 dólares. De ahí que cinco talentos representaran una oportunidad enorme; claro que uno solo tampoco era una cantidad desdeñable.

El amo se ausenta por un tiempo y al regresar quiere saber qué han

hecho sus siervos con los caudales que les encomendó. El primero de ellos dice: «Señor, me entregaste cinco talentos. Los invertí, y la inversión rindió el doble». El amo, muy complacido, le responde: «Bien hecho, mi buen siervo iel. Has sido iel en administrar esta pequeña cantidad, así que ahora te daré muchas más responsabilidades. ¡Ven a celebrar conmigo!»3

El segundo siervo también ha duplicado los talentos que se le con-iaron y recibe el mismo elogio de su señor. Muy distinto es el caso del tercer siervo cuando rinde cuentas: «Tenía miedo de perder su dinero, así que lo escondí en la tierra. Mire, aquí está su dinero de vuelta»4.

La respuesta del amo también es diferente: «¡Siervo perverso y pere-zoso! […] ¿Por qué no depositaste mi dinero en el banco? Al menos hubiera podido obtener algún inte-rés de él. […] Quítenle el dinero a este siervo y dénselo al que tiene las diez bolsas de plata. A los que usan bien lo que se les da, se les dará aún más y tendrán en abundancia; pero a los que no hacen nada se les quitará aun lo poco que tienen»5. El tercer siervo escondió su talento para no arriesgarse a perderlo. Sin

embargo, el amo quería que hiciera algo con él.

Algunos estudiosos atribuyen a esta parábola el origen del uso actual del término talento en el sentido de don, habilidad o aptitud. Al relexio-nar sobre el relato en ese contexto se hace patente que Dios espera que hagamos algo con los dones, talentos y habilidades que nos confía. Hacer

algo implica trabajo y una cuota de riesgo.

Admiro a Jenni por lo que hace con su talento. Sé que lo que está aprendiendo por medio de la disci-plina, los sacriicios y la dedicación que le exige el deporte será valiosí-simo para ella el resto de su vida.

Si tienes un talento o una aptitud que Dios te ha concedido, ejercítalo. Cultívalo y ponlo al servicio de Dios. Aunque ahora mismo no se te ocurra qué uso le dará Dios, puedes estar seguro de que al inal de tu peregrinar por la vida el Señor te dirá, como les dijo a los siervos ieles: «Bien hecho».

M ar ía Doehler vive en Tex as

con su esposo y sus hijos y ad-

ministr a una pequeña empr esa

fa miliar. Este artículo es una

adaptación de un podcast pu-

blicado en Just1Thing 6. ■

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Page 10: CONÉCTATE 173: ¡Victorias!

MejoraS vialeS Joyce Suttin

anaranjados, y nos damos cuenta de que es hora de cambiar y de que está por producirse una mejora, que tal vez hubiera debido llegar mucho antes.

Al igual que el mejoramiento de la red caminera a cargo del Ministerio de Transporte, la obra de Dios en nuestra vida no se produce de la noche a la mañana. Cuando llega la hora de hacer una ampliación, una repavimentación o una carretera completamente nueva, se necesita mucho valor para dejarse guiar por Él hacia un nuevo lugar .

En muchos casos da la impre-sión de que los preparativos durarán para siempre, hasta que llega el día esperado y nos ponemos en camino. Después de unas cuantas curvas y contracurvas, es todo plácida conducción hacia el lugar que Dios ha dispuesto para nosotros. Las rodadas, los baches, los huecos, los obstáculos y las demoras quedan atrás. Tal vez nos

tome algún tiempo acostumbrarnos a la nueva ruta, pero bien vale la pena.

Cuando estamos a punto de emprender algo —o si ni siquiera hemos llegado a esa fase y todavía estamos estudiando las diversas opcio-nes—, viene bien pensar en la analogía de las mejoras viales. ¿Está Dios preparando algo nuevo? Esas demoras que ponen a prueba nuestra paciencia ¿signiican que está por acontecer algo que nos allanará el camino?

Encaremos el futuro con pasión y expectativa. En lugar de quejarnos por las vías estropeadas o por las contrariedades que traen aparejadas los cambios, ijemos la vista en lo que nos aguarda más delante. Si bien la vida tiene sus altibajos, sus paradas y arranques, al inal nos volvemos a encontrar recorriendo tranquilamente el camino que la Providencia nos ha trazado.

Joyce Suttin es docente y

escr itor a. Vive en San A ntonio

(EE . UU.). ■

Tardó una barbaridad. Durante meses sufrimos desvíos y demoras. Los atascos provocados por las obras eran tan enormes que yo evitaba circular por ahí siempre que podía. A veces la congestión era tan grande que pensaba: «¡Ojalá no se hubieran propuesto mejorar las vías en esta zona!» Después de soportar cierres de calles, áreas de trabajo y largas demoras durante lo que me pareció una eternidad, esta mañana me encontré conduciendo por un tramo nuevo de calzada lisa. ¡Estaba tan contenta!

La vida también es así, ¿no es cierto? Nos acostumbramos a ciertos itinerarios y rutinas. Aunque a veces son problemáticos, nos los conocemos al dedillo y nos resultan cómodos. Esquivamos los baches casi si pensarlo; pero luego nos molestamos con los que no conocen bien la trillada ruta por la que transitamos y no saben obviar sus obstáculos. Finalmente aparecen las grandes máquinas y los conos

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E N C UR S OEn cierto sentido, desde la perspectiva divina todos somos una obra en curso. Él ha iniciado varias obras que en un principio están bien o que incluso pueden considerarse perfectas en la etapa en que se encuentran, pero que todavía no están terminadas. Afortunadamente para nosotros, el Maestro nunca deja de labrar Su creación. Nos moldea, nos da forma, nos talla, nos lustra, todo para ayudarnos a progresar y acercarnos a Él.

A continuación, cinco pasos que podemos dar para crecer y madurar en nuestra relación con el Padre celestial:

Invitar a Dios a participar

en nuestras decisiones. De niños aprendemos por la instrucción que nos dan nuestros padres. De igual modo, crecemos espiritualmente en la medida en que aprendemos a seguir las instrucciones de nuestro

Padre, en que acudimos a Él en ora-ción y nos regimos por los principios espirituales de Su Palabra para tomar decisiones1.

Ejercitar nuestra fe. Así como la experiencia enseña mucho, pues sufrimos las consecuencias de nuestras decisiones erróneas y vemos premiadas las acertadas, nuestro crecimiento espiritual se activa cuando nuestra fe es puesta a prueba y tomamos conciencia de que en ella se encuentra la solución a los problemas de la vida2.

Brindarnos a los demás. Cuando nos olvidamos de nosotros mismos y nos dedicamos a satisfacer las necesidades de los demás y hacer-los felices, actuamos de conductos del amor de Dios para esas personas. Y en la medida en que nos entrega-mos al prójimo, Dios nos reabastece. «Hay desprendidos que se enrique-cen y tacaños que se empobrecen. Quien es generoso prosperará»3.

Reconocer nuestros puntos

lacos y esforzarnos por superar-

los. Todos tenemos aspectos en que

podemos mejorar. «Todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios»4. En términos generales, no nos cuesta aceptar que somos imperfectos. Lo difícil es confesar errores y debilida-des concretos. Reconocer nuestras laquezas nos resulta embarazoso, incluso hacerlo interiormente o a solas con Dios. Mas cuando somos capaces de admitirlas humildemente, se acelera nuestro crecimiento espiritual5.

Aceptar nuevos retos. Por naturaleza, y sobre todo al ir entrando en años, nos resulta fácil convencernos de que somos como somos y de que hay cosas que podemos hacer y cosas que no. Sin embargo, esa actitud atroia nuestro crecimiento. Cuando nos negamos a considerar nuevos datos, nuevas ideas y nuevas exigencias, dejamos de progresar intelectual y espiritual-mente. Al aislarnos de los demás, dejamos de crecer emocionalmente. Solo crecemos en la medida en que seguimos haciendo progresos, y para progresar hay que ijarse nuevos objetivos. ■

1. V. Santiago 1:5

2. V. Santiago 1:3

3. Proverbios 11:24,25 (BLPH)

4. Romanos 3:23 (NTV)

5. V. Santiago 4:10

U NA O B R A

Alejandro Pérez

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NUESTRA V

Janet Kluck

A todos nos sucede: planes que no resultan como esperábamos, oraciones que al parecer no pasaron del techo, sueños que se quiebran y desmenuzan sin que entendamos por qué. Aunque seguimos adelante, esos aparentes fracasos se nos suelen quedar grabados en la conciencia con un signo de interrogación. «¿Por qué el desenlace no fue de acuerdo a mis expectativas u oraciones?»

En la película de animación José:

El rey de los sueños1 hay una escena en que después de haber sido vendido como esclavo por sus hermanos y llevado a Egipto, José aparece lim-piando el piso en la casa de Potifar, su amo. Se imagina a sus hermanos riéndose y burlándose de él. El resentimiento y la ira que alberga contribuyen a su desánimo.

Por supuesto, si alguien tenía derecho a enojarse y sentirse triste era José. Su propia familia, que hubiera debido protegerlo y defenderlo, lo había traicionado. Los planes que tenía, cualesquiera que fueran, habían quedado trizados en mil pedazos y esparcidos sobre la arena durante su largo viaje hasta Egipto. ¡Su futuro no podía ser más sombrío!

1. DreamWorks Animation, 2000

2. www.just1thing.com

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RA VIDAA TODO COLOR

Pero como todos sabemos —y como habría de descubrir José— la historia no termina allí. Pese a sufrir muchas penurias y diicultades más, José terminó ocupando un puesto que le permitió asegurar el futuro de un país entero y al mismo tiempo el de su familia. Además, por medio de todo lo que Dios hizo por él aprendió lo grandiosos y perfectos que son Sus desig-nios. Dios puede tomar los acontecimientos más terribles y convertirlos en esperanza y un futuro prometedor. Los sueños de José se hicieron realidad, pero no como él esperaba, tenía pensado o había soñado siquiera.

Imaginémonos un bellísimo cuadro en la pared de un apartamento. Es obra de un gran pintor y, si pudiéremos verlo en su totalidad nos daríamos cuenta de que ofrece un contraste de imágenes, colores, formas y elementos. Lo malo es que no estamos dentro del apartamento, y solo podemos verlo a través del agujero de la cerradura, de modo que apenas alcanzamos a entrever la parte más oscura y sombreada. Podríamos concluir que se trata de un cuadro tenebroso y deprimente, y preguntarnos: «¿Por qué el pintor no usó colores más vivos? ¿Por qué no bañó el lienzo en luz?»

Muchas veces nos sucede lo mismo cuando analizamos nuestra propia vida. Nos ijamos en los rincones oscuros, las desgracias y lo que entende-mos como fracasos, cuando en realidad nuestra vida es un cuadro hermoso, colorido, alegre y luminoso. El problema es que lo miramos a través del agujerito de la cerradura. Si viéramos nuestra vida desde una perspectiva más amplia y abarcadora, notaríamos muchos otros elementos, colores y toques de luz. Esa imagen diminuta se transformaría en la estupenda obra maestra que puede ser a los ojos de Dios.

Tal vez esos rincones oscuros de nuestra vida representan una amistad fallida, una dolorosa ruptura sentimental, una oportunidad de éxito que no llegó a materializarse; o la sensación de que nuestras metas y sueños paulatinamente se van desdibujando por ser la vida como es: complicada, ajetreada y no siempre auspiciosa. Sin embargo, ¡todo eso puede cambiar! Dios es capaz de recomponer nuestro corazón partido si le entregamos todos los pedazos.

Hace poco leí que es imposible decepcionar a Dios porque Él sabe que no podemos ser perfectos. Tiene pleno conocimiento de nuestros fracasos, nuestros reveses y hasta nuestros pecados, y aun así nos ama con mayor intensidad, desvelo y compasión de lo que somos capaces de imaginarnos. Si pretendemos descifrar a Dios o entender cabalmente Su plan, haciendo interpretaciones forzadas de los acontecimientos para que encajen dentro de nuestra limitada perspectiva, terminaremos molestos con nosotros mismos y con Él si las cosas no salen conforme a las ilusiones que nos habíamos hecho.

Él tiene Su propio sueño para nosotros —uno lleno de manchas de luz y mezclas de colores, de gran pro-fundidad y rica textura— y aguarda junto al lienzo con un pincel, listo para plasmarlo. Lo único que tenemos que hacer es darle espacio para obrar y crear algo hermoso.

Janet Kluck es bloguera y madre

de 10 hijos. Vive en Estados

Unidos. Este artículo es una

adaptación de un podcast

publicado en Just1Thing2. ■

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A todos nos hace falta fe en nuestra propia capacidad; o más bien fe en que Dios está en nosotros y puede valerse de nosotros. Dado que Él se vale de personas para llevar a cabo Su obra, tenemos que creer que somos capaces. Nos hace falta fe en la capacidad del Señor para actuar y obrar por medio de nosotros. Debemos atrevernos a probar, lo cual equivale a permitir que Dios pruebe por medio de nosotros.

Somos débiles, tenemos nuestras faltas, pero nuestro Dios es invenci-ble. Aunque seamos vasijas de barro, cuando le entregamos a Él nuestra vida y nuestro corazón, Él se funde con nosotros y puede obrar a través de nosotros. «El pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará»1.

Dios quiere que seamos humildes y dependamos de Él. También quiere que tengamos conianza en Su poder y en Su habilidad de valerse de nosotros para Su gloria, aun cuando nos consideremos incapaces. Démosle a Él toda la gloria y creamos que podemos cumplir Su voluntad, porque Él puede hacerlo por medio de nosotros. «Dios es el que produce en nosotros tanto el querer como el hacer, por Su buena voluntad»2.

He aquí algunas relexiones más sobre el tema:• Tener fe en uno mismo es una

combinación de conianza en Dios y Su infalibilidad, y de fe para actuar conforme a esa conianza.

• Nos hace falta humildad para admitir nuestra incapacidad y al mismo tiempo reconocer la capa-cidad de Dios para hacer cualquier cosa por medio de nosotros. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece»3.

• Al actuar con esa clase de fe, permitimos que la fortaleza de

Dios se perfeccione en nuestra debilidad4.

• Es una fe que no se impone limitaciones. Es dejar que Dios determine lo que somos capaces de hacer.Desde luego que por mucha fe que

tengamos no todo irá sobre ruedas y no todo será coser y cantar. Dios nos ayuda, pero también tenemos que luchar para alcanzar la victoria una y otra vez. En todo caso, por muy duro que tengamos que pelear y muchas cosas que nos toque cambiar, sabemos que ganaremos. Jesús dijo: «Si puedes creer, al que cree todo le es posible»5.

Procuremos cultivar un ambiente de fe. Esforcémonos por creer y esperar lo mejor, convencidos de que Dios nunca dejará de velar por nosotros, sino que cumplirá las promesas de Su Palabra.

Peter A mster da m y su esposa,

M ar ía Fontaine, dir igen el

movimiento cr istiano La

Fa milia Inter nacional. ■

1. Daniel 11:32

2. Filipenses 2:13

3. Filipenses 4:13

4. V. 2 Corintios 12:9

5. Marcos 9:23

DIOS nosotros

EN

Adaptación de un artículo de Peter Amsterdam

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SABERSE GANADOR

RESPLANDOR CRECIENTE

El camino de los justos es como la primera luz del amanecer, que brilla cada vez más hasta que el día alcanza todo su esplendor. Proverbios 4:18 (NTV)

Jesús, te invito a formar parte de mi vida y a acompañarme por donde-quiera que me lleve el destino.

A pesar de que se considera un triunfador, a mucha gente le extraña que haya llegado a esa conclusión. Su cuerpo está magullado y lleno de cicatrices, producto de numerosas golpizas. Su vida errante también ha dejado huella en él. Para colmo ha perdido su libertad, y es probable que sea ejecutado1.

Tuvo un comienzo prometedor. Al nacer se le otorgó una ciudadanía de primera clase, que podría haberle abierto muchas puertas2. Sin embargo, después que abrazó la nueva fe ha sido encarcelado arbitrariamente en

numerosas oportunidades3 e interro-gado de forma brutal4. Ha naufragado tres veces5 y hasta lo apedrearon en una ocasión6. Se ha salvado por los pelos de varias conspiraciones7, pero no se puede decir que se haya librado de toda forma de violencia.

No solo ha sido víctima de una feroz oposición y rechazo, sino que también ha sufrido pobreza y escasez. Escribió: «Hasta el momento pasamos hambre, tenemos sed, nos falta ropa, se nos maltrata, no tenemos dónde vivir. […] Se nos considera la escoria de la tierra, la basura del mundo»8. En resumidas cuentas, ha padecido muchas tribulaciones, hasta el punto de que por momentos su vida le ha parecido insufrible9.

En esas circunstancias, cuesta creer que airme valerosamente: «He peleado la buena batalla, he terminado la carrera y he permanecido iel. Y ahora me espera el premio, la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me dará el día de Su regreso»10.

Pablo se consideraba un ganador, porque la satisfacción interior de haber hecho lo que Dios esperaba de él borró toda apariencia de fracaso. Se aseguró el máximo triunfo. Nosotros también podemos hacerlo si empleamos nuestros dones y tiempo para la gloria de Dios. (¡Ojalá que nuestro derrotero personal no nos depare tantos golpes como los que sufrió el valiente apóstol Pablo!)

Abi May es docente y escritora.

Vive en el Reino Unido. ■

1. V. 2 Timoteo 2:9

2. V. Hechos 22:28

3. V. Hechos 16:19–25; 21:27–33

4. V. Hechos 22:22–24

5. V. 2 Corintios 11:25

6. Ibídem

7. V. Hechos 9:23–25; 23:12–15

8. 1 Corintios 4:11,13 (NVI)

9. V. 2 Corintios 1:8

10. 2 Timoteo 4:7,8 (NTV)

Momentos de sosiego

Abi May

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ERES UNA JOYAEn Mi reino celestial, en la dimensión espiritual, todos son felices y se sienten satisfechos, por cuanto entienden mejor Mi amor. No cuestionan el amor que les tengo, pues lo han experimentado en toda su amplitud. Gozan de gran paz y alegría. Nadie considera que unos sean superiores a otros, ni que Dios quiera a unos más que a otros: todos han hallado contentamiento, convencidos de que Yo amo a cada uno por lo que es. Comprenden que morí por cada persona, que redimí a cada ser humano y que por eso abrigo mucho cariño por todos.

Lo mismo sucede contigo. Siento un cariño especial por ti. Nunca pienses que para Mí eres una persona más del montón, que por el hecho de que haya tantas otras no me ijo en ti, o que Mi amor se agotará antes de que tengas oportunidad de disfrutar de él.

Conozco tus más recónditos anhelos y temores, tu más íntima inseguridad. Aunque no ignoro tus faltas, te amo. Soy amor, misericordia y compasión. Cuando batallas, cuando tienes tentaciones, cuando te cansas, cuando te sientes débil, me identiico contigo. Cuando sales triunfante, me regocijo contigo.

Te amo y velo por ti. No estoy nada lejos: me tienes a tu lado. Déjame bañarte con Mi refrescante amor, envolverte en él, arroparte con esa sensación de seguridad que infunde. Déjame demostrarte lo importante que eres para Mí.

De Jesús, con cariño