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Chiapas Hoy Jueves 27 en Opiniones

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  • 49Jueves 27 de Agosto de 2009 Chiapas Hoy

    ChiapasHOY.com

    Itinerario Poltico

    Las bases colombianas y el futuro del hemisferio

    Ricardo Alemn

    Mauricio Crdenas y Kevin Casas

    OPINIONOPINIONLa pregunta tpica ante el ter-

    cer Informe de Gobierno deba ser: qu va a informar el Presidente? Sin embargo, la gestin de Calde-rn es atpica; escasean las buenas noticias y abundan los pendientes y las fallas, adversidades econmicas globales, embates naturales y hasta pandemias.

    Por tanto, ms que informar de los escasos logros, el Presiden-te debe explicar dnde y por qu mud el diseo original de su ges-tin, qu espera de los virajes y, so-bre todo, dnde fall la estrategia, el diagnstico o el equipo. Ante esa realidad, la pregunta es otra. Re-conocer Felipe Caldern fallas? Otros creen que el asunto va ms all. Y preguntan: pedir perdn por esas fallas?

    El nico presidente que pidi perdn ante el Congreso a po-

    lticos y gobernantes mexicanos no se les da la contricin ante los mandantes es Jos Lpez Por-tillo, quien al tomar posesin dijo en memorable discurso: A los po-bres si algo les pido es perdn, por no haber acertado a sacarlos de la miseria y la postracin. Por qu muchos creen que Felipe Caldern debe pedir perdn a la mitad de su gestin?

    Est claro que nadie pretende humillacin y ridculo para el Pre-sidente. Pero en democracia Felipe Caldern es el primer mandatario. Es decir, al que los mandantes los ciudadanos encomendaron la

    conduccin del gobierno. El Presi-dente es depositario del mandato ciudadano. Ejerci bien, mal o re-gular ese mandato? Cumpli o no los objetivos trazados? Se equivo-c o no? Por qu?

    El Presidente no es Dios, tampo-co infalible y menos todopoderoso como para no fallar. Y por eso mis-mo, porque es un mortal como to-dos los mandantes, debe reclamar el perdn de todos aquellos que con su voto lo llevaron al cargo, y a los que gobierna, por no haber cum-plido sus expectativas. Qu fall como para pedir perdn?

    Poca cosa. El suyo no ha sido a

    mitad del camino el prometido gobierno del empleo, ni de la segu-ridad, menos de la prosperidad, y est muy lejos de ser el gobierno de oportunidades para los jvenes, de la educacin de calidad y suficiente para todos; y tampoco es el gobier-no de la salud, de la calidad de vida, de la ecologa, la proteccin de las aguas nacionales, los mantos acu-feros, los bosques y las selvas

    La crisis econmica global, la ca-da en los ingresos petroleros, de la produccin, de las remesas del veci-no del norte, la sequa producto del calentamiento global, la influenza, la guerra contra el narco, la crisis educativa todas las calamidades se dieron cita en la primera mitad de su gobierno, que no tiene la cul-pa, pero s una elevada responsabi-lidad. Y esa responsabilidad fall. Por eso debe pedir perdn.

    La reciente polmica sobre el uso de las bases militares colom-bianas por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos plantea temas cru-ciales sobre el futuro de las relacio-nes hemisfricas. Bajo los trminos acordados, EU tendr acceso a siete instalaciones militares colombianas con el fin de llevar a cabo opera-ciones contra el trfico de drogas y la insurgencia. Esto le permitira retener una presencia en suelo sud-americano tras el cierre de su base militar en Manta, Ecuador.

    El anuncio del acuerdo concit la ira de Hugo Chvez, quien ha ha-blado del rompimiento definitivo de las relaciones con Colombia. En for-ma ms sorprendente, fue recibido con franca incomodidad por otros gobiernos sudamericanos, particu-larmente el de Brasil. El presiden-te Lula mencion enfticamente el tema en su conversacin de hace al-gunos das con Obama. Entretanto, el presidente de Colombia, lvaro Uribe, se sinti obligado a recorrer las capitales sudamericanas para tranquilizar los nimos.

    Este episodio arroja lecciones que no pueden pasar inadvertidas

    en Washington. La lucha contra el narcotrfico es el principal argu-mento invocado por Colombia y EU para justificar el acuerdo. Pero el trfico de drogas no es simplemen-te un asunto bilateral. Los pases de Amrica Latina tienen ansiedades ms que razonables sobre las omi-nosas consecuencias para la regin de la guerra contra las drogas li-brada por EU. Numerosas voces, incluidas las de la Comisin sobre las Amricas, convocada por Bro-okings Institution, y la de la Comi-sin Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, han advertido con elocuencia la necesidad de modifi-car la actual estrategia, fuertemente dirigida hacia la erradicacin de cul-tivos ilcitos.

    Si EU quiere tener capacidades operativas en Amrica Latina para llevar adelante sus esfuerzos anti-drogas, cuando menos debe con-vocar a un verdadero dilogo entre todos los pases involucrados en el negocio: productores, consumido-res y de trnsito. Es urgente tener una conversacin hemisfrica seria sobre las mejores formas de enfren-tar un problema cuya solucin no

    est nicamente en las selvas co-lombianas, sino tambin en las ca-lles de Washington, Los ngeles y Chicago.

    El acuerdo no parece haber sido precedido por las gestiones diplo-mticas que hubiesen podido evitar la reaccin glacial de algunos de los ms confiables aliados de EU en la regin, como Chile y Brasil. Si quie-ren desarrollar una relacin respe-tuosa con Amrica Latina, como lo anunci Obama en la Cumbre de las Amricas, deben mostrar, en parti-cular, empata hacia las sensibilida-des de un poder emergente como Brasil, que se concibe a s mismo desempeado un papel central en la seguridad de Sudamrica.

    Brasil debe comprender que el precio del poder es la responsabi-lidad. Si sus intereses de seguridad van a ser tomados con seriedad, debe aumentar significativamente su cooperacin en temas de seguri-dad con el resto de la regin y apo-yar la legtima lucha del gobierno de Colombia contra las FARC. Bajo el liderazgo de Brasil, la emergente Unin Sudamericana (Unasur) debe-ra condenar inequvocamente a las

    FARC, as como a los gobiernos que les ofrecen refugio y apoyo.

    El resto de la regin debe com-prender que no puede exigir dos imperativos contradictorios. Puede considerar la lucha contra las FARC como un problema exclusivamente colombiano. En este caso el gobier-no de ese pas tiene el legtimo dere-cho de formar cualesquiera alianzas de seguridad que considere apropia-das. O puede considerarlo como un problema internacional, cuya solu-cin demanda cooperacin y apoyo poltico y militar de toda la regin. En este caso, tiene derecho a pedir ser informada y consultada por Co-lombia al tomar algunas decisiones de seguridad.

    Para que una nueva relacin en-tre EU y Amrica Latina levante vue-lo se requieren ajustes significativos en las actitudes de ambas partes. La falta de sensibilidad, la hipocresa y la propensin a exigir sin dar nada a cambio que han mostrado algunos de los actores centrales en la actual disputa sobre las bases colombianas no ofrecen seales positivas para el futuro.

  • 50 Jueves 27 de Agosto de 2009Chiapas Hoy

    ChiapasHOY.com

    Los dueos del Congreso La nueva cmara y la oligarquaAlfonso Zrate Lydia Cacho

    Retrato de cuerpo entero, la nueva Legislatura que se instala-r el prximo martes dibuja clara-mente el estatus, los intereses, las agendas y a los dueos del Congre-so.

    Como si no hubiera habido tran-sicin, hoy los legisladores, lejos de representar a sus electores, res-pondern a sus padrinos. El mayor nmero de diputados (panistas) a las directrices del Presidente de la Repblica; otro grupo numeroso le pertenece al gobernador Enrique Pea Nieto. El alumno super al maestro, la fuerza mexiquense que cre Arturo Montiel todava impune es una maquinaria elec-toral eficaz que opera en distintos procesos a cambio de gratitud (hoy por ti, maana por m). Tambin estn los subgrupos pristas que reportan a Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones, Carlos Salinas de Gortari y a los gobernadores; in-cluso hay una telebancada en la que el Partido Verde, siempre tan obsequioso, puso la franquicia.

    Otra bancada significativa ms de 40 legisladores, entre ellos algunos personajes de la picaresca mexicana como Gerar-do Fernndez Noroa estar al servicio de Andrs Manuel Lpez Obrador y podra anticipar accio-nes de resistencia, incluso tomas de tribuna.

    Definidas las coordinaciones principales, Francisco Rojas (PRI); Josefina Vzquez Mota (PAN) y Alejandro Encinas (PRD), flotan al-gunas interrogantes: cul de los dos Encinas desempear el cargo: el poltico prudente y dialogante o el rehn de Lpez Obrador? Y en el caso de ese portento de pragma-tismo que es el PRI, cul ser la es-trategia: nadar de muertito en un escenario que reclama decisiones mayores o empezar a tomar deci-siones y actuar en consecuencia para no recibir un pas en ruinas en 2012? No menos trascenden-te ser la agenda y estrategia que Vzquez Mota lleve al Congreso, que sin duda echar luz respecto de lo que podemos esperar desde Los Pinos para esta (corta) segun-da mitad del sexenio y de la for-ma en que querr ser recordado el presidente Caldern.

    Como hasta ahora, los coordina-dores usarn, de manera discrecio-

    nal y sin control alguno, presupues-tos de varios cientos de millones de pesos; el manejo de esos recursos sigue siendo un hoyo negro inac-cesible incluso para el rgano de fiscalizacin. Pero no la tendrn f-cil: el escrutinio de los medios y de observatorios ciudadanos es cada vez ms intenso y, por otro lado, en cada uno de los grupos parla-mentarios hay legisladores crticos o disonantes: los yunquistas y cre-elistas en el PAN; los pejistas en el PRD; los oaxacos de Ulises Ruiz en el PRI. A lo anterior hay que sumar las bancadas de los gobernadores.

    Pero a la hora de las prerroga-tivas, todos o casi son iguales. Salario mnimo al presidente, pa que sepa qu se siente, dice una de las consignas recurrentes en las protestas pblicas de trabajado-res. ISSSTE a los legisladores fe-derales, podra ser otra. Son bien sabidos sus priv