CHCV Jairo Estrada

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ACUMULACIÓN CAPITALISTA, DOMINACIÓN DE CLASE Y REBELIÓN ARMADA ELEMENTOS PARA UNA INTERPRETACIÓN HISTÓRICA DEL CONFLICTO SOCIAL Y ARMADO JAIRO ESTRADA ÁLVAREZ Una publicación de

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Comisión histórica del conflicto y sus víctimas.

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  • AcumulAcin cApitAlistA, dominAcin de clAse y rebelin ArmAdA

    elementos pArA unA interpretAcin histricA del conflicto sociAl y ArmAdo

    Jairo Estrada lvarEz

    Una publicacin de

  • La Comisin Histrica del Conflicto y sus Vctimas, creada el pasado 21 de agosto de 2014 como resultado de un acuerdo entre los negociadores del Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), es-tuvo integrada por doce investigadores y dos relatores, quienes entregaron sus respectivos informes el 10 de febrero de 2015 en la ciudad de La Habana (Cuba), sede de los dilogos de paz.

    Los informes presentados expresan la visin de cada uno de los investigadores convocados por la Mesa de Dilogos, razn por la cual las interpretaciones re-sultan ser muy diversas e, incluso, contradictorias. No obstante, ellas constituyen un importante insumo para la comprensin y caracterizacin del conflicto social y armado que afecta a Colombia desde hace dcadas, en tanto analizan las causas del mismo y dilucidan las relaciones entre las diversas etapas de su desarrollo y las formas que ha asumido histricamente su tratamiento por parte del Estado y de las lites de poder, al tiempo que abordan los contextos internacionales en que ha tenido lugar. De esa manera, las interpretaciones contenidas en los Informes contribuyen a la discusin acerca de las condiciones polticas y socioeconmicas que necesariamente habrn de crearse en el pas, si es que en realidad los colom-bianos queremos convertir la paz en un propsito nacional que nos acerque a una sociedad ms justa y verdaderamente democrtica.

    Espacio Crtico quiere aportar al logro de este fin con la publicacin de una selec-cin de los Informes presentados por la Comisin, la cual ponemos a disposicin de nuestros lectores.

  • Contenido

    5 1. Introduccin

    7 2. Acumulacin capitalista, concentracin extrema de la riqueza y desigualdad social

    8 Conformacin del rgimen de acumulacin del capitalismo productivo. De principios de la dcada de los aos de

    1920 hasta mediados de la dcada de los sesenta

    12 Crisis y transicin del rgimen acumulacin de capitalismo productivo hacia un rgimen neoliberal de financiarizacin. De la

    dcada de 1960 hasta finales de los aos 1980

    16 Conformacin y despliegue de un rgimen neoliberal de financiarizacin. De principio de la dcada de 1990 a la actualidad

    23 3. Estado, poder de clase y contrainsurgencia

    23 23 Procesos constitutivos del poder y la dominacin de clase25 Reorganizacin conflictiva del poder de clase y contrainsurgencia

    temprana. De los aos de 1920 al fin de la Violencia

    28 Excepcionalidad permanente e institucionalizacin de la contrainsurgencia. Del Frente Nacional hasta finales de la dcada de 1980

  • 33 Renovacin de la dominacin de clase, intensificacin de la guerra y tecnificacin de la contrainsurgencia. Del

    proceso constituyente de 1991 a la actualidad

    41 4. Subversin social y rebelin armada

    43 Indivisibilidad y naturaleza poltica y social de la subversin44 Sobre los orgenes y la persistencia de la rebelin armada52 52 Falsificaciones e insostenibilidad histrica de la

    teora econmica del conflicto

    56 La fabricacin manipulada de la amenaza terrorista o la justificacin de una guerra exterminio

    57 5. Sobre los impactos del conflicto sobre la sociedad colombiana

    58 6. Sobre las responsabilidades en el conflicto colombiano

  • 5Jairo Estrada lvarezProfesor del Departamento de Ciencia Poltica

    Universidad Nacional de Colombia

    Dentro de la perspectiva histrica, los antisociales resultan ser otros: son los que defienden un orden

    injusto, creyendo que es justo solo porque es tradicional. En realidad, los subversores de esta categora no quieren destruir sino lo que resulta incongruente con sus ideales, y tratan ms bien de reconstruir

    la sociedad segn nuevas normas y pautas1.

    Orlando Fals Borda

    1. IntroduccIn

    El inmenso valor que posee para nues-tro pas la posibilidad de transitar en forma definitiva el camino de una so-lucin poltica al conflicto social y armado, abierta con los dilogos de La Habana entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC-EP y gracias al muy proba-ble inicio de negociaciones con el ELN, solamente es comprensible a travs de la aprehensin crtica de los resultados que brinda la muy rica investiga-cin histrica y el dilogo con otras disciplinas de las ciencias sociales.

    1 Orlando Fals Borda, La subversin en Colombia. El cambio social en la historia, Bogot: Fica, Cepa, 2008, p. 31.

    En el contexto de las negociaciones de La Habana se han reabierto las discusiones acerca de los or-genes del conflicto, de sus causas mltiples, de su duracin y persistencia, as como de los impactos producidos sobre la poblacin y la sociedad en su conjunto. Estos ltimos han adquirido particular rele-vancia, teniendo en cuenta que la larga contienda ha ocasionado un incontable nmero de vctimas, en su inmensa mayora provenientes de las clases subal-ternas y de los sectores pobres y marginados del pas, y ha afectado sus mltiples procesos organizativos polticos, econmicos y socioculturales, limitando o liquidando sus posibilidades de existencia y accin poltica y social transformadora. Ello ha derivado en la necesidad tanto del esclarecimiento de la verdad y la determinacin de las responsabilidades, como de definir y aproximar condiciones que permitan el tr-mite del conflicto en el escenario nico de la poltica, como aspectos que, de manera esencial, pueden contribuir a sentar las bases para un escenario de paz estable y duradera. La respuesta a semejante exigencia slo es posible con el retorno a la historia.

    Avanzar en el entendimiento complejo del conflicto constituye un imperativo, si se considera que por los rasgos que asume el debate poltico actual se est frente a tendencias de anlisis que a travs de los recursos del revisionismo histrico o de la llamada

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    historia contrafctica pretenden falsificar o reela-borar en forma grosera tendencias, momentos y hechos del proceso histrico, con el propsito de fundamentar y legitimar posturas que desvirtan la naturaleza social y el carcter histrico del conflicto colombiano. La revisin y el falseamiento devienen en reduccionismo y se convierten en sustento de posturas que en el campo de fuerzas de la poltica se muestran contrarias a las posibilidades de una solucin poltica, alentando ms bien la perspectiva de una salida militar, cuya implicacin no sera otra que la de la prolongacin indefinida de la guerra.

    El presente Informe no tiene la pretensin de exa-minar ni agotar las mltiples interpretaciones y ca-racterizaciones del conflicto colombiano. Tampoco es un ejercicio de investigacin histrica. Como bien lo seala Palacios,

    la multiplicacin de monografas sobre un fenmeno con tantas fases cronolgicas, tan diversos y cambiantes mbitos, tantas aristas coyunturales, domsticas e interna-cionales y la confusin bablica de los leguajes que lo de-signan, es decir, la fragmentacin del conocimiento, invita a la sntesis interpretativa en perspectiva histrica. Ahora bien, perspectiva histrica no es lo mismo que historia. Tan-to las guerras civiles anteriores, incluida la primera ola de Violencia, como el conflicto presente, cada uno por aparte o todos en conjunto, esperan a sus historiadores2.

    2 Marco Palacios, Violencia pblica en Colombia 1958-2010, Bogot: Fondo de Cultura Econmica, 2012, p. 20.

    Aqu se proponen elementos para una interpretacin histrica del conflicto social y armado, a partir de un relato general, en el que se privilegian procesos y tendencias, antes que hechos o acontecimientos particulares, y que tiene como contexto poltico inmediato el proceso de paz entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC-EP. Tal relato se fundamenta en una tesis central: Contrainsurgencia y subversin son inherentes al orden social capitalista imperante en nuestro pas. Si la subversin asumi tambin la expresin de la rebelin armada, ello se explica esen-cialmente por las condiciones histrico-concretas de constitucin y reproduccin de ese orden social.

    Tales condiciones son abordadas en el Informe apro-ximando un anlisis de la tendencia del proceso de acumulacin capitalista y de las formas histricas de organizacin del poder y la dominacin de clase desde la dcada de 1920 hasta la actualidad. Dicho anlisis muestra que a lo largo del proceso histrico se han estructurado y activado mltiples disposi-tivos de preservacin y de reproduccin del poder y la dominacin de clase, los cuales se han susten-tado en la combinacin de las formas de lucha por parte de lo que en el trabajo se caracteriza como un bloque de poder contrainsurgente.

    La apelacin al recurso de la violencia y al uso de la fuerza armada para enfrentar la subversin ge-neral (sea sta en el mbito de la reivindicacin y la reforma, o como propsito de cambio revolucio-nario) ha provocado que el conflicto poltico y social haya asumido tambin la expresin de la subversin

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    armada en respuesta a tales disposiciones. Esa respuesta no ha sido slo reactiva; tambin ha ad-quirido un carcter ofensivo dado que se ha buscado la superacin del orden existente y se ha manifes-tado la voluntad de luchar hasta la muerte por ese propsito, como en el caso de las guerrillas revolu-cionarias. El Informe se ocupa de diversos aspectos que demuestran la naturaleza poltica y social de la rebelin armada; explora sus razones de existencia y persistencia; y controvierte de manera particular las tesis que consideran que mut hacia una empresa criminal orientada por la codicia o que degener en bandas terroristas.

    Al ocuparse de los impactos del conflicto, sin dejar de lado sus dramticas dimensiones y el horror causado por la guerra sobre el conjunto de la orga-nizacin social, propone la tesis de que la violencia, cuando se considera en forma estructural y sistem-tica, se ha orientado principalmente a la contencin y destruccin (incluido el exterminio fsico) de las expresiones polticas, reivindicativas y organizativas del campo popular, y de manera principal contra las proyectos que han representado una amenaza frente al orden social vigente. Las responsabilidades por los impactos del conflicto, aunque son mltiples, desiguales y diferenciadas, se le imputan al sistema imperante y particularmente al Estado, dado que en l se condensa el poder de clase y la organizacin de las relaciones que predominan en la sociedad.

    2. ACumuLACIN CAPITALISTA, CoNCENTRACIN ExTREmA DE LA RIquEzA y DESIGuALDAD SoCIAL

    La tendencia histrica del proceso de acumulacin constituye un factor esencial para caracterizar re-laciones de causalidad y persistencia del conflicto social y armado, aunque no logra explicarlas por s sola. Resulta de suma utilidad para comprender las condiciones de produccin y reproduccin del anta-gonismo y del conflicto social y de las formas espec-ficas que ste asume a travs de las luchas sociales y de clase, en la medida en que da cuenta del rgimen de produccin y de apropiacin de la riqueza social producida, de la forma como las diferentes clases y facciones participan en l, as como de la organiza-cin institucional del poder y del Estado para esos propsitos, especialmente a travs de los diseos de la poltica econmica. Sin desconocer el papel de las luchas sociales sobre la distribucin y la redistribu-cin en diferentes momentos, la forma prevaleciente de la acumulacin capitalista a lo largo del conflicto ha sido la de la violencia y el despojo. Su principal resultado histrico es la generacin de una de las so-ciedades ms desiguales del mundo, caracterizada por una altsima concentracin de la riqueza y de la propiedad, actualmente en manos de unos pocos poderes financieros corporativos. En ese aspecto es indiscutible la funcin de acumulacin expropia-cin desempeada por la guerra.

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    Conformacin del rgimen de acumulacin del capitalismo productivo. De principios de la dcada de los aos de 1920 hasta mediados de la dcada de los sesenta3

    La trayectoria histrica de este perodo describe el desencadenamiento de un proceso de desarrollo capitalista, que choca con los obstculos derivados del rgimen seorial-burgus, hacendatario y de burguesa compradora, y con el temor que tempra-namente despierta la subversin social. Se trata de un proceso de modernizacin capitalista en el que con fundamento en la consolidacin de la economa cafetera como principal sector de la actividad eco-nmica, se abre paso el proceso de industrializacin basado en el mercado interno y la sustitucin de importaciones, se desencadena la lenta transforma-cin capitalista de la agricultura, al tiempo que se da continuidad a economas de extraccin, especial-mente a travs de la explotacin petrolera. Esta con-figuracin sectorial de la economa se acompaa de una concentracin espacial en la regin andina, con despliegues hacia tierras planas de la Costa atlntica y de los actuales departamentos del Valle, el Huila y el Tolima principalmente. A la vez explica la insercin en la economa mundial por cuenta de la exportacin de bienes primarios, especialmente del caf, lo que hace la economa dependiente y vul-nerable frente al comportamiento de los precios de estos productos en los mercados internacionales y

    3 El desarrollo capitalista posee una trayectoria previa que se remonta a las ltimas dcadas del siglo XIX y guarda una estrecha relacin con los procesos de colonizacin cafetera y los excedentes producidos por sta, los cuales constituirn la base para el surgimiento de las primeras actividades industriales.

    a los ciclos transnacionales de acumulacin. Desde el punto de vista poblacional, se aprecia un proceso de liberacin de fuerza de trabajo, favorecido por mi-graciones hacia los principales centros urbanos y las cabeceras municipales (que impulsan una urbaniza-cin relativamente acelerada), y por colonizaciones campesinas, que amplan la frontera agrcola.

    La conformacin de este rgimen de acumulacin se fundamenta en continuas luchas y disputas entre las clases dominantes y sus principales facciones, que derivan en la transaccin y el compromiso, con rasgos de relativa inestabilidad. Asimismo, en la movilizacin y las luchas sociales, obreras y espe-cialmente agrarias; y en la funcin organizadora de la guerra y del ejercicio de la violencia. Ello resulta ms comprensible cuando se considera que en el eje de la conformacin de dicho rgimen se encuentra la tierra. y ms que ella, la presin por su inclusin dentro del proceso de acumulacin capitalista, lo cual demandaba la transformacin de las relaciones de propiedad para superar en forma definitiva el rgimen seorial-hacendatario y dar paso a la de-mocratizacin de la propiedad a travs de la reforma agraria. En contraposicin a ello, la va reaccionaria que se impuso para resolver la cuestin de la tierra, tras algunos intentos de tibio reformismo, tendr profundas repercusiones sobre nuestro devenir his-trico, pues sentar las bases estructurales para la continua reproduccin de un rgimen de propiedad y de produccin erigido sobre la extrema concentra-cin de la propiedad latifundista sobre la tierra y su contracara: la exclusin del acceso a la propiedad de

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    la clase trabajadora rural y de las mayoras campe-sinas. un rgimen construido a sangre y fuego, prote-gido a travs de un orden jurdico hecho a la medida, y que no ha escatimado en el recurso permanente de las armas para su preservacin y proteccin.

    Dicho rgimen produjo dinmicas de la relacin espacial a travs de procesos de toma de tierras y de colonizacin campesina, los cules adems de ampliar la frontera agrcola, terminaron sometidos a la activacin recurrente de dispositivos de violencia y despojo de las tierras as valorizadas, produciendo la contestacin campesina, que ha incluido las res-puestas armadas y de autodefensa, como se ver ms adelante. Igualmente provoc procesos pobla-cionales, que se movieron entre la migracin volun-taria y el desplazamiento forzado, con predominio de este ltimo, los cuales se convirtieron en fuente de urbanizacin acelerada, no slo de las principales ciudades, sino de las cabeceras municipales, y de nuevos ciclos de colonizacin. Tambin explic la in-suficiente capacidad de respuesta de la produccin agrcola frente a las demandas por materias primas y alimentos propias del proceso de industrializacin en curso. y oblig adicionalmente a una solucin de transaccin, que sin afectar el rgimen de gran propiedad, dio paso a la agricultura moderna de plantacin en territorios planos (banano, algodn, arroz y caa de azcar) y con ello a nuevas formas de explotacin del trabajo asalariado, al tiempo que persista el latifundio improductivo, especialmente ganadero, junto con la propiedad minifundista. Los intentos de respuesta reformista moderada en los

    aos de 1930 a la presin sobre la tierra, adems de fracasar, terminaron por exacerbar la oposicin de los sectores ms retardatarios y justificar sus respuestas violentas.

    La tendencia de la acumulacin capitalista durante este perodo se caracteriz, por otra parte, por el afianzamiento de la economa del caf. La crisis de la hacienda cafetera transform y acondicion tal economa a las tendencias del desarrollo capitalista y la organiz con base principal en la pequea y me-diana produccin campesina. Reafirm igualmente el poder de la burguesa cafetera, la cual logr con-solidar su posicin hegemnica gracias del peso maysculo alcanzado por esa economa dentro del conjunto de la actividad econmica, haciendo del caf el principal producto de exportacin y por tanto de generacin de divisas, y fuente fundamental de excedente para impulsar la industrializacin. A la vez, provoc una modalidad de insercin de la eco-noma colombiana en la economa mundial, que ha prevalecido hasta la actualidad: adems de sensible a los ciclos mundiales de acumulacin, propicia la lgica de las economas rentsticas, y con ello, el inters de facciones de las clases dominantes en el control sobre dichas rentas. Como se ver ms adelante, la crisis estructural de la economa cafe-tera estimulada por la liberalizacin del mercado del caf a finales de la dcada de 1980, se constituy en factor esencial para la comprensin de la funcin de regulacin macroeconmica y social que empez a desempear la economa corporativa transnacional de la cocana. En ese sentido, la trayectoria de la eco-

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    noma cafetera no slo explica parte del conflicto so-cial que deriva en la Violencia4, sino que representa la zaga sobre la cual se produjo la insercin de eco-nomas campesinas y de trabajadores agrcolas en la cadena de la acumulacin ilegal transnacional, en la calidad del eslabn ms dbil.

    La acumulacin capitalista encontr en el evidente mayor desarrollo industrial otro de sus soportes, con las limitaciones propias de una burguesa industrial que no tuvo la capacidad econmica y poltica para liderar un proyecto nacional, como ocurriera en otros pases de Nuestra Amrica. La expansin industrial se vio favorecida por el abaratamiento de la fuerza de trabajo provocado por el desplazamiento forzado a las ciudades que impuso la Violencia y por polticas de estmulo estatal en algunos momentos de este perodo. Tales polticas, no obstante, no condujeron a diseos que permitiesen afirmar la existencia de una poltica de industrializacin dirigida por el Estado e implementada de manera continua y sistemtica. Al privilegiarse una poltica econmica en funcin de los intereses de la burguesa cafetera, predomin la exposicin a la economa mundial y la apertura a la inversin extranjera, que explica por qu al inicio de la dcada de 1960 buena parte de la produccin industrial era controlada por el capital transnacional. Las polticas de proteccin estimularon un rpido proceso de monopolizacin y de control del mer-

    4 Vase, Daro Fajardo, Violencia y desarrollo. Transformaciones sociales en tres regiones cafetaleras del Tolima, 1936-1970, Bogot: Fondo Editorial Suramrica, 1979.

    cado interno5, que conform la base, junto con las polticas de incentivos al negocio financiero, para la conformacin de grupos econmicos que al prome-diar la dcada de 1970 controlaban lo esencial de la actividad econmica6.

    Las trayectorias de acumulacin aqu descritas ilustran acerca de los fundamentos econmicos de la conflictividad de este perodo. Por una parte, es notoria la puja entre las diferentes facciones de las clases dominantes (burguesa cafetera y comercial, burguesa industrial, terranientes-hacendatarios), que tras exacerbaciones transitorias encontr salida en el compromiso relativamente estable de clases que se terminar imponindose al final de este pe-rodo. A ello coadyuv el papel unificador del Estado a travs de una poltica econmica que bajo el predo-minio de las demandas cafeteras, en todo caso dio respuestas a intereses latifundistas e industriales, y a requerimientos de la regulacin social, especial-mente en materia laboral y de seguridad social. Por la otra, es evidente la conformacin del antagonismo y el conflicto (independientemente de sus configura-ciones especficas) entre las diferentes facciones do-minantes y pequeos y medianos productores, espe-cialmente cafeteros, campesinos sin tierra, sectores intelectuales, obreros y empleados urbanos, es decir,

    5 Tambin estimularon el rezago tecnolgico, que derivara en la crisis estructural de industria en la primera mitad de la dcada de 1970.

    6 Al respecto ver, Julio Silva Colmenares, Los verdaderos dueos del pas. Oligarqua y monopolios en Colombia, Bogot: Ediciones Suramrica, 1977. lvaro Camacho Guizado, La organizacin social de la concentracin del capital en Colombia, Cali: Universidad del Valle, 1977.

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    clase trabajadora en formacin y crecimiento. En el temor desatado por las luchas de estas clases sub-alternas, especialmente agrarias y obreras, as como en la amenaza que para el poder de clase represent el Gaitanismo, se encuentran razones adicionales para buscar el compromiso de clase que se concret en los acuerdos del Frente Nacional.

    En ese contexto, debe analizarse de manera parti-cular la funcin de la Violencia. ms all de consi-deraciones estrictamente polticas, sociolgicas, antropolgicas o culturales, su funcin econmica es indiscutible y esencial para entender la forma histrica del proceso de acumulacin capitalista y del conflicto social durante este perodo. Al reducirla a interpretaciones de guerra fratricida e interparti-dista, se privilegia su autonoma respecto de dicho proceso y se termina por encubrir la gran transfor-macin econmica, poltica y sociocultural ocurrida en el pas. La Violencia desempe una funcin or-denadora de la relacin social capitalista en proceso de despliegue y expansin, activ mecanismos de disciplinamiento y control social, desestructur lu-chas y formas de resistencia, aunque se constituy en desencadenador de otras, dentro de las cuales se encuentra la resistencia y la lucha armada. Como bien lo sealan Vega Cantor y Rodrguez Ruiz, () el proceso fundamental lo que no significa que sea el nico durante los aos de la violencia, lo constituy el desarrollo del capitalismo y el aceleramiento de la acumulacin de capital. y agregan que

    () al final de los aos cincuenta y comienzos de los sesenta cuando conclua la violencia el pas que emer-ga de ese tenebroso perodo era totalmente distinto: con un sector industrial manufacturero que se ubic al frente de las actividades econmicas; con una acelerada urba-nizacin; con el despoblamiento de los campos; con una agroindustria en proceso de despegue; con un sector cafe-tero que, ante las circunstancias del desarrollo capitalista, debi plegarse a ese proceso e iniciar el perodo de moder-nizacin de la estructura productiva y tcnica del cultivo del caf7.

    Adems del antagonismo y de las conflictividades constituidas durante este perodo, muchas de las cuales alcanzarn su madurez en las dcadas pos-teriores, para efectos del entendimiento del conflicto social y armado y sus orgenes, se hace imperioso tener en cuenta la naturaleza violenta del proceso de acumulacin. Esa violencia, que parece responder a determinaciones subjetivas de individuos o colectivi-dades polticas, pues as se manifiesta, es inherente al sistema, lo constituye y organiza, y se convierte en factor no solo necesario sino indispensable de su reproduccin. Ella misma genera las respuestas de las clases subalternas, las cuales pueden adquirir tambin la forma violenta. La violencia contra el campesinado en este perodo provoc la contesta-cin armada en la forma de autodefensa y de gue-rrilla campesina.

    7 Renn Vega Cantor, Eduardo Rodrguez Ruiz, Economa y violencia. El antidemocrtico desarrollo capitalista de Colombia en los Aos Cincuenta, Bogot: Universidad Distrital Francisco Jos de Caldas, p. 104.

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    Crisis y transicin del rgimen acumulacin de capitalismo productivo hacia un rgimen neoliberal de financiarizacin. De la dcada de 1960 hasta finales de los aos 1980

    Durante este perodo fueron notorios los cambios en el rgimen de acumulacin. Dichos cambios, al tiempo que heredaron las configuraciones del rgimen anterior, mostraron sus restricciones, y anunciaron la irrupcin de nuevas modalidades de la acumulacin, las cuales desplegaron toda su fuerza en los aos ochenta. Igualmente condujeron a reacomodos entre las diferentes facciones de las clases dominantes, que consolidaron en el campo poltico el acuerdo del Frente Nacional (1958-1974) y su prolongacin; fueron constitutivos de nuevas formas del conflicto social y de clase; y contribu-yeron a explicar el rgimen de luchas sociales y la tendencia misma del conflicto social y armado.

    Durante el perodo se asisti a un debilitamiento del capitalismo productivo, que se expres en varios aspectos:

    a) Se produjo hacia mediados de la dcada de 1960 la crisis del proceso de industrializacin basado en la sustitucin de importaciones, sin que se hubiese logrado consolidar la produccin de bienes intermedios y el trnsito a la produccin de bienes de capital. Los problemas de la indus-trializacin inconclusa pretendieron ser resueltos con las polticas de promocin de exportaciones y el estmulo a procesos de integracin, particu-larmente durante el gobierno de Lleras Restrepo.

    La crisis estructural de la industria de mediados de la dcada de 1970, unida a las polticas de apertura comercial del gobierno de Turbay Ayala, provocaron un mayor debilitamiento de este sector de la actividad econmica, que luego de una corta recuperacin al inicio del gobierno de Betancur (1982-1986), sufri un golpe certero con el inicio de las polticas neoliberales del gobierno de Gaviria. El ciclo industrial estuvo asociado a un perodo importante de la lucha y la movilizacin obrera.

    b) Se registr la prdida de influencia de la eco-noma cafetera que, tras la bonanza del gobierno de Lpez michelsen , la minibonanza del go-bierno de Betancur y la terminacin del Pacto de Londres en 1989, entr en una situacin de crisis estructural con profundas repercusiones tanto econmicas como sociales al presionar la gene-racin de rentas sustitutivas para compensar los efectos sobre la balanza de pagos y en cuenta co-rriente y la poltica macroeconmica, y producir impactos severos sobre las economas campe-sinas, el empleo y la ingresos de los trabajadores agrcolas, forzndolos a buscar alternativas de sobrevivencia.

    c) Se asisti a un nuevo intento de tmido reformismo para enfrentar la no resuelta cuestin agraria, con la expedicin de la Ley de Reforma Agraria (135 de 1961). Este propsito tuvo su mayor im-pulso durante el gobierno de Lleras Restrepo, que promovi adems la incorporacin controlada

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    del campesinado en el proceso con la creacin de la Asociacin Nacional de usuarios Campe-sinos en 1967. Se vio frustrado, no obstante, con el Pacto de Chicoral suscrito en 1972 durante el gobierno de Pastrana Borrero, mediante el cual se consolid el poder latifundista ganadero y la transformacin capitalista de la agricultura ba-sada en la propiedad terrateniente iniciada en las dcadas anteriores. Se sell cualquier posibilidad de democratizacin de la propiedad sobre la tierra por la va institucional. La nica opcin que le qued al campesinado desposedo consisti en darle continuidad a los procesos de coloniza-cin o adelantar tomas de tierras, como en efecto ocurri a lo largo de los aos de 1970. Por otra parte, para contener la presin del campesinado, se dio iniciaron durante el gobierno de Lpez mi-chelsen las polticas de desarrollo rural integral, de apoyo a la economa campesina, inspiradas en los diseos del Banco mundial. Dadas esas circunstancias, uno de los factores de origen del conflicto social y armado, el conflicto por la tierra, devino en factor de reproduccin y persistencia.

    d) Para enfrentar las tendencias a la crisis del r-gimen de acumulacin, se redefini a partir del gobierno de Pastrana Borrero la poltica econ-mica y desarrollo. La industria de la construccin, especialmente de vivienda, fue concebida como sector estratgico sobre el cual se deberan cen-trar los esfuerzos de la poltica estatal. Adems del efecto multiplicador de la construccin sobre otras actividades productivas, se buscaba dar

    respuesta a la creciente demanda por vivienda producto del acelerado proceso de urbanizacin. La construccin de vivienda se fundament en el endeudamiento a largo plazo de los hogares a travs de crditos del sistema uPAC. De esa forma se dio impulso a la acumulacin financiera, que tuvo nuevos desarrollos gracias a la reforma financiera de 1974 del gobierno de Lpez miche-lsen y al mismo endeudamiento del Estado. Se sentaron as las bases del rgimen neoliberal de financiarizacin que se despleg con toda fuerza a partir de la dcada de 1990, el cual se consti-tuira en fuente de nuevas formas del conflicto social en los espacios urbanos.

    e) Se produjo la insercin de la economa colom-biana en la economa corporativa transnacional de las drogas de uso ilcito8, primero con el cultivo de marihuana en la segunda mitad de la dcada de 1970 y luego con la produccin de cocana desde los aos de 1980. Esta economa se convirti en factor indispensable de la estabilidad macroeco-nmica, estimul la especulacin inmobiliaria en

    8 Palacio y Rojas demuestran el carcter ideologizado (en funcin de la poltica antidrogas de los Estados Unidos) de la expresin narcotrfico, la cual no da cuenta adems del carcter esencial de esa economa. Ver, Germn Palacio, Fernando Rojas, Empresarios de la cocana, parainstitucionalidad y flexibilidad del rgimen poltico colombiano: narcotrfico y contrainsurgencia, Germn Palacio (compilador), La irrupcin del paraestado. Ensayos sobre la crisis colombiana, Bogot: Ilsa, Cerec, 1988. De acuerdo con recientes investigaciones de Senz Rovner, mucho antes del boom de la marihuana en los aos de 1970, ya exista narcotrfico en Colombia. Vase, entrevista a Eduardo Senz Rovner, Con o sin FARC, el narcotrfico seguir vivito y coleando, El Espectador, Bogot, 25 de enero de 2015.

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    los centros urbanos, provoc la mayor concentra-cin de la propiedad sobre la tierra, y contribuy a expandir el negocio financiero a travs del lavado de activos, especialmente a partir de los aos de 1990. De esa forma, se constituyeron zonas grises de la acumulacin de capital, con compor-tamientos autnomas, pero articuladoras e inte-gradoras de las formas legales e ilegales9. Por otra parte, sectores del campesinado empobre-cido y de los trabajadores agrcolas, jornaleros o recolectores de cosecha, encontraron una salida de sobrevivencia en esta economa, incorporn-dose a ella como sus eslabones ms dbiles a travs del cultivo de coca y de su recoleccin. Esta economa estmulo nuevos ciclos de coloni-zacin campesina y, por tanto, de ampliacin de la frontera agrcola. Adems de los impactos eco-nmicos, la economa corporativa transnacional de las drogas ilcitas transform sustancialmente el conjunto de la formacin socioeconmica, en-tronizando en ella rasgos criminales y mafiosos, que se mantienen en la actualidad. Al mismo tiempo, se constituy en unos de los pilares de los procesos de acumulacin por despojo, del orden de la guerra contrainsurgente y del parami-litarismo, que se reeditaron a partir de la dcada de 1980. La dinmica de dicha economa devino en un factor de impacto importante sobre la ten-dencia y la dinmica del conflicto social y armado.

    9 Vase, Jairo Estrada lvarez, Capitalismo criminal. Tendencias de acumulacin y estructuracin del rgimen poltico, en Jairo Estrada lvarez (coordinador), Capitalismo criminal. Ensayos crticos, Bogot: Universidad Nacional de Colombia, Departamento de Ciencia Poltica, 2008

    A la sombra de esta economa transnacional se asisti a la creciente militarizacin de la vida eco-nmica, poltica, social y cultural del pas10.

    f) Se afianz el carcter rentstico de la economa y su marcada dependencia del sector primario, lo cual se ha acentuado en la actualidad. Durante este perodo se expandi en forma significativa la exploracin y la explotacin petrolera y se dio inicio a la extraccin del carbn y el ferronquel. En todos los casos en condiciones de amplia favorabilidad para el capital extranjero y lesivas para el inters nacional, lo cual reforz los argu-mentos de la lucha guerrillera. Con la revisin de la poltica petrolera durante del gobierno de Lpez se dio paso a los contratos de asociacin con el capital extranjero y se promovi la exploracin de crudo que deriv en la bonanza petrolera en Arauca al promediar la dcada de 1980. La me-jora en los precios internacionales del petrleo en los aos 70 estimul el inicio del proyecto carbonfero de El Cerrejn en la Guajira. Despus de una grandiosa inversin pblica, se produjo la retirada del Estado, para dejar el negocio en manos del capital extranjero. En igual sentido, se inici la extraccin de ferronquel con el proyecto de Cerromatoso en Crdoba.

    g) Se produjo una reformulacin del papel del Estado en la conduccin poltica del proceso

    10 Sobre los impactos del narcotrfico en la sociedad colombiana, vase Marco Palacios, Violencia pblica en Colombia (1958-2010), Bogot: Fondo de Cultura Econmica, 2012, cap. 3.

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    econmico. Los rediseos institucionales del go-bierno de Lleras Restrepo en 1968 fortalecieron el poder presidencial en la definicin y orienta-cin de la poltica econmica, as como en los procesos de planeacin y presupuestacin, al tiempo que debilitaron el papel del legislativo y de los gremios econmicos. Este presidencia-lismo se acompa de una tecnocratizacin de la poltica econmica. A la derrota definitiva del propsito industrializador y de la influencia cepa-lina, a partir de los aos setenta le sigui el inicio de la influencia del neoliberalismo y con ello de la ideologa de libre mercado y de las polticas promovidas por el Fondo monetario Internacional y el Banco mundial. Al finalizar de la dcada de 1980, la poltica econmica neoliberal haba con-solidado su hegemona; luego se desplegara ple-namente con la poltica de apertura econmica y de modernizacin del Estado emprendida por el gobierno de Gaviria Trujillo. Los impactos econ-micos y sociales de la poltica neoliberal le dieron nuevos contenidos al conflicto social y armado, y proveyeron nuevos argumentos al accionar de la insurgencia armada.

    Durante este perodo, se reforzaron las configura-ciones espaciales y las tendencias poblacionales del proceso de acumulacin heredadas de la Violencia. Asimismo, se generaron nuevas en correspondencia con los cambios sectoriales. Se consolid el acele-rado proceso de urbanizacin, lo cual gener nuevas demandas econmicas y sociales propias de ste. A la irresuelta cuestin agraria, se le sum ahora la

    cuestin urbana asociada con las problemticas de la vivienda, de la educacin, de la salud y la segu-ridad social, de los servicios pblicos, del empleo y la informalidad, de la feminizacin del trabajo y, en general, con las condiciones de vida de los traba-jadores. El conflicto social adquiri nuevas dimen-siones, lo cual se expres en el lugar significativo que tuvieron las luchas cvicas. Asimismo, en la tendencia a la urbanizacin del conflicto social y ar-mado. Por otra parte, se generaron nuevos ciclos de colonizacin campesina ligados al cultivo de coca. Estos ciclos, adems de ampliar la frontera agrcola, le dieron nuevos impulsos a la influencia de la insur-gencia armada en el campesinado, contribuyendo a su crecimiento. La expansin de las economas extractivas produjo importantes flujos poblaciones hacia esas regiones, gener el surgimiento de una nueva generacin de clase obrera y ampli la fron-tera econmica. En suma, las dinmicas espaciales de este perodo produjeron la integracin de nuevos territorios a la economa, especialmente de la Ama-zonia (del Caquet, Guaviare, y Putumayo) y de la orinoquia (del meta y Arauca), del urab, del Caribe (de Crdoba y la Guajira), del magdalena medio y del urab. En muchos casos, dicha insercin se consti-tuy en la lgica de economas de enclave: ms que a una articulacin con la economa nacional, sta se orient hacia procesos transnacionales de acu-mulacin. De esa forma, se acentu la dependencia del sector externo de las tendencias de la economa capitalista mundial y se reforz el carcter rentstico de la economa. La marcada influencia de las rentas

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    cafeteras fue sustituida en buena medida por las rentas provenientes de la economa de la cocana.

    Los cambios sectoriales y espaciales tuvieron fuertes impactos en la conformacin de las dife-rentes facciones de las clases dominantes; produ-jeron una recomposicin del bloque en el poder. Se debilit el poder de la burguesa cafetera y de la burguesa industrial; se inici el despliegue de la bur-guesa financiera; se fortaleci el poder latifundista y terrateniente, gracias a la economa de la cocana, la cual produjo adems una faccin emergente, que se extendi al conjunto de la actividad econmica. Se observ una mayor presencia del capital extranjero, que al tiempo que redujo su inters en la inversin in-dustrial, opt por el control de economas de extrac-cin minero-energtica, y por acentuar su influencia por la va del endeudamiento pblico. Al promediar la dcada de 1970, se haban consolidado procesos de monopolizacin que expresaban la vertiginosa concentracin y la centralizacin de la riqueza y del capital en un puado de grupos econmicos, que ex-pandieron su poder a lo largo de la dcada de 1980. La articulacin de la multiplicidad de intereses de las facciones de las clases dominantes en un solo pro-yecto no fue tarea fcil. Tal y como ocurri en el pe-rodo pasado, la transaccin y el compromiso fueron necesarios; de igual forma, la necesidad de enfrentar el amplio espectro de la insurgencia social y armada, con sus flujos y reflujos. A ello, se agreg la nueva situacin producida por la emergencia de las fac-ciones de capitalismo criminal de la cocana, la cual adems de generar nuevas fuentes de friccin

    termin imponiendo una poltica contradictoria que se movi entre la guerra, la transaccin y el consen-timiento. El capitalismo criminal de la cocana que se constituy en este perodo devino en factor esencial para la comprensin de las tendencias de la forma-cin socioeconmica y de la mayor complejidad del conflicto social, dados sus indiscutibles impactos polticos, econmicos, sociales y culturales.

    Conformacin y despliegue de un rgimen neoliberal de financiarizacin. De principio de la dcada de 1990 a la actualidad

    Este perodo ha afianzado y profundizado las reo-rientaciones del rgimen de acumulacin acaecidas hasta finales de los aos de 1980. Ha producido nuevos reacomodos entre las facciones que con-forman el bloque en el poder, consolidando la he-gemona del capital financiero, compartida con el reforzado poder latifundista y terrateniente, en un contexto de insercin abierta de la economa co-lombiana en la economa capitalista mundial, que ha conducido a una creciente transnacionalizacin y desnacionalizacin del proceso econmico. La acumulacin por despojo, que ha acompaado todo el proceso histrico, se constituy en la modalidad predominante.

    En el despliegue pleno de este rgimen de acumu-lacin, se han conjugado dos aspectos en forma determinante. Por una parte, el reforzamiento de una conduccin poltica del proceso econmico y de la poltica econmica inspirada en la teora y la

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    ideologa del neoliberalismo (con sus adaptaciones y actualizaciones), incluyendo la tendencia a la cons-titucionalizacin sistemtica del modelo econ-mico. Por la otra, las configuraciones y modalidades especficas de la guerra, que permiten establecer nexos entre el rgimen de luchas, la destruccin de procesos organizativos populares, las dinmicas de expropiacin-apropiacin territorial; y entre la eco-noma de la guerra y los procesos de acumulacin. Sin lugar a duda, el proceso de neoliberalizacin no slo ha complejizado el conflicto social y armado, sino que se ha constituido en fuente de continuidad y persistencia. La tendencia a la expansin y la in-tensificacin de la acumulacin capitalista tambin encontr expresiones y respuestas en la propia din-mica de la confrontacin armada.

    La maduracin de las condiciones para implementar una poltica de reformas estructurales neoliberales fue evidente al inicio de la dcada de 1990. Junto con las tendencias que venan perodo anterior, se cont con un contexto internacional muy favorable merced a la crisis y el vertiginoso derrumbe de los proyectos del socialismo realmente existente en la unin Sovitica y Europa oriental. La vindicacin de una organizacin econmica y social basada en el orden de libertad econmica emergi mundial-mente como nica opcin poltica posible. Lo con-trario era desatender los dictmenes de la historia, de la que se afirm, haba llegado a su fin.

    Las reformas del gobierno Gaviria (1990-1994), aunque aparecieron como una necesaria respuesta

    a la dinmica interna del capitalismo criollo (y en cierta forma tambin lo fueron), mostraron una notoria coincidencia con la agenda de reformas propuesta por el Consenso de Washington. El pro-yecto poltico-econmico de la llamada Revolucin pacfica buscaba acompasar la tendencia del pro-ceso econmico con las dinmicas de la acumula-cin transnacional; asimismo dar salida a los lmites histricos generados por el rgimen de democracia restringida del Frente Nacional a travs de un orden constitucional de reconocimiento de un amplio catlogo de derechos y de establecimiento de la democracia participativa, como lo fue el consagrado en la Constitucin de 1991. En ese sentido, al tiempo que buscaba estabilizar las condiciones generales de reproduccin de la formacin socioeconmica, tenan el propsito de apalancar los intereses eco-nmicos de sectores de las clases dominantes, tras el abandono definitivo del proyecto industrializador y los cambios ocurridos en el perodo anterior, inser-tndolos en los nuevos negocios propiciados por el capitalismo trasnacional.

    Desde principios de la dcada de 1990 se puso en marcha, bajo la conduccin poltica del Estado, el proceso an no concluido de neoliberalizacin con-tinua y sistemtica de la economa11. Se emprendi la flexibilizacin del trabajo, la cual se ha sustentado

    11 Para un anlisis de las transformaciones de la formacin socioeconmica, vase Vctor Manuel Moncayo C., El Leviatn derrotado. Reflexiones sobre teora del Estado y el caso colombiano, Bogot: Grupo Editorial Norma, 2003. Sobre el proceso de reestructuracin neoliberal, Jairo Estrada lvarez, Construccin del modelo neoliberal en Colombia (1970-2004), Bogot: Ediciones

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    en el debilitamiento del pacto implcito de laboraliza-cin propio del perodo anterior, y ha propiciado ten-dencias a su precarizacin e informalidad. Se re-re-gularon los flujos de capitales y de mercancas, ajustndolos a la regla del mercado, con fundamento en la construccin de un rgimen de libertades y un orden de la competencia, vigilado por Estado, y a la vez protector de los derechos de los inversionistas. Se llevaron a cabo procesos de privatizacin, que sustrajeron al Estado de actividades econmicas en las que antes tena presencia y se organizaron nuevos campos de la vida social de acuerdo con l-gicas mercantiles. Se dio continuidad a los procesos de descentralizacin, iniciados en el perodo ante-rior, sujetndolos ahora a los propsitos generales del proceso de neoliberalizacin. Se consolid el proceso de reforma a las finanzas pblicas, inspi-rado en un concepto de austeridad fiscal selectiva, derivado de las obligaciones de pago del servicio de la deuda pblica y de los requerimientos de financia-cin creciente de la guerra. Dicho concepto explica a la vez las polticas de focalizacin y los cambios en las polticas de financiacin, que privilegian los in-centivos a los inversionistas al tiempo que castigan a los consumidores y las rentas del trabajo. La pol-tica de austeridad fiscal, junto con la poltica de con-trol a inflacin es expresiva de la institucionalizacin de las polticas de estabilizacin como rectoras de la poltica. Durante los gobiernos de Samper (1994-1998), Pastrana (1998-2002), uribe (2002-2010) y Santos (2010-2014) se dio continuidad, en lo esen-

    Aurora, 2004. Consuelo Ahumada, El modelo neoliberal y su impacto en la sociedad colombiana, Bogot: El ncora Editores, 1996.

    cial, a estas polticas. Su implantacin se acompa de la construccin de un nuevo orden jurdico-eco-nmico, cuya trayectoria no fue lineal ni exenta de conflictos y contradicciones; tuvo acentos y nfasis distintos en esos gobiernos. Samper no cumpli con la anunciada redefinicin neoestructuralista de la apertura econmica, aunque desarroll pro-gramas de asistencia social. Pastrana implement la llamada segunda ola de reformas, pactada en el Acuerdo extendido con el Fondo monetario Interna-cional de 1999, en medio de la crisis de finales de esa dcada. uribe prosigui con las polticas acordadas con el FmI, desarroll un rgimen de incentivos ex-tremos a la inversin transnacional y al poder latifun-dista y terrateniente, y promovi los tratados de libre comercio y los acuerdos de proteccin y promocin recproca de inversiones, lo cual aceler el proceso de neoliberalizacin y de mercantilizacin de la vida social12. Al mismo tiempo ampli los programas de asistencia, buscando compensar parcialmente los negativos impactos sociales de las polticas y cons-truir una base social para su proyecto poltico. En el mismo sentido, se debe comprender el gobierno de Santos, aunque con otros nfasis y matices.

    Durante este perodo, se han observado importantes cambios sectoriales:

    12 Sobre el rgimen de incentivos extremos, vase Jairo Estrada lvarez, Derechos del capital. Dispositivos de proteccin e incentivos a las acumulacin en Colombia, Bogot: Universidad Nacional de Colombia, Unijus, 2010.

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    a) Se fortaleci significativamente el sector finan-ciero. Este sector ha sido uno de los principales beneficiarios de las polticas de neoliberaliza-cin, pues stas han estimulado la expansin del mercado de capitales y el desarrollo de actividades especulativas de diversa ndole. A ello coadyuvaron las reformas al rgimen de pro-piedad accionaria, las privatizaciones, incluida la del mercado de divisas, el establecimiento de un orden de libertad en los flujos de capitales, con tenues controles administrativos, y el creciente endeudamiento pblico que ha convertido al Estado en uno de los principales tributarios del sector. Las actividades del sector han desem-peado adems una funcin organizadora y de control social por la va del endeudamiento de los hogares a travs de crditos hipotecarios y de consumo y de la industria del aseguramiento en las ms variadas formas, incluyendo la seguridad social en salud y pensiones. La liberalizacin financiera ha favorecido y estimulado el lavado de activos provenientes de la economa corpo-rativa transnacional de la cocana. ms reciente-mente, han cobrado importancia las actividades vinculadas a la especulacin con la tierra, los commodities, y los alimentos en los mercados de futuros. Este conjunto de actividades cons-tituy los fundamentos del rgimen neoliberal de financiarizacin; redefini sustancialmente la forma histrica de la acumulacin capitalista, haciendo imposible concebirla bajo la lgica de una organizacin nacional-estatal y reforzando, por tanto, una insercin transnacionalizada y

    desnacionalizada de la economa en el proceso de mundializacin. Asimismo, reforz el carcter rentstico de la economa, derivado ahora de la renta financiera. El dominio del capital financiero ampli el espectro del conflicto al conjunto de la sociedad y dot con nuevos argumentos a la in-surgencia social en sus diferentes modalidades.

    b) Se acentu el peso de economas enclave de ex-traccin minero-energtica, favorecidas por las polticas de apertura y de estmulo a la inversin transnacional, las cuales de acompaan de un r-gimen de leonino de regalas. El aumento espec-tacular de la inversin extranjera hasta situarla en un promedio anual del orden de 15.000 millones de dlares, as como el peso maysculo de las exportaciones de estos bienes primarios en el sector externo de la economa, no deja ver sus mayores impactos: la inmensa repatriacin de utilidades, la profundizacin de la dependencia frente a los ciclos de la economa mundial, la ac-tivacin de nuevos conflictos sociales derivados del trabajo precario, la apropiacin de territorios y el consecuente desplazamiento forzado, as como la depredacin socioambiental13. La agre-siva y en muchos casos violenta imposicin de los proyectos minero-energtico sobre pobla-ciones y territorios ha incentivo el conflicto y las acciones de la subversin armada.

    13 Un anlisis de los impactos de las economas de extraccin minera se encuentra en Luis Jorge Garay (director), Minera en Colombia. Fundamentos para superar el modelo extractivista, Bogot: Contralora General de la Repblica, 2013.

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    c) Se produjo un debilitamiento del aparato produc-tivo, que se ha expresado en la marcada tendencia a la desindustrializacin y en la crisis y el estan-camiento persistente de la produccin agrcola. En su lugar, se fortalecieron las economas de intermediacin comercial y de los servicios. La desindustrializacin redujo los niveles del empleo industrial y afect especialmente a pequeos y medianos productores. La produccin agrcola, por su parte, vivi cambios importantes14. En consonancia con las polticas neoliberales se promovi la agroexportacin, al tiempo que se asisti a un debilitamiento sistemtico de la eco-noma campesina, productora esencialmente de alimentos, haciendo el pas dependiente de im-portaciones crecientes. En los ltimos lustros se generaron incentivos a las plantaciones de palma aceitera y de caa de azcar, destinadas a la pro-duccin de agrocombustibles. Por otra parte, se redujo sensiblemente el peso de la economa ca-fetera, aunque sta se mantiene como un rengln de la actividad agrcola que involucra de manera a la pequea y mediana produccin campesina, la cual disputa una mayor participacin en el in-greso cafetero. Las polticas neoliberales frente al campo acentuaron los conflictos derivados de la no resuelta cuestin agraria. Se concentr an ms la propiedad y el ingreso, se expandi el latifundio improductivo ganadero y se deterio-raron las condiciones de vida y de trabajo de los

    14 Una exhaustiva exposicin de dichos cambios se encuentra en Daro Fajardo, Las guerras de la agricultura colombiana 1980-2010, Bogot: Ilsa, 2014.

    campesinos y sus comunidades, expresadas en los altos niveles de pobreza y miseria. La cues-tin agraria no resuelta, entendida como factor de persistencia del conflicto social y armado, adquiri nuevos contenidos.

    d) Se consolid la economa corporativa transna-cional de la cocana que, particularmente durante de la dcada de 1990, presion la expansin de la frontera agrcola, dando continuidad a los pro-cesos de colonizacin e incorporando en forma creciente economas campesinas y a comuni-dades indgenas y afrodescendientes, sitiadas no slo por su pobreza histrica, sino por la im-plantacin del modelo econmico neoliberal que, con la expansin minero-energtica y el favoreci-miento a la agroexportacin, afect an ms sus posibilidades de supervivencia. La respuesta es-tatal frente a la expansin de los cultivos de coca, impuesta por la tendencia de la acumulacin y la legtima necesidad de sobrevivir, no se tradujo en la generacin de alternativas econmicas para los trabajadores campesinos, indgenas y afrodescendientes, sino en el inicio de la llamada guerra contra las drogas, concebida y financiada por los Estados unidos. El tratamiento militar de un problema esencialmente socioeconmico y poltico, ampli la lgica de la guerra. La incorpo-racin de la economa de la coca en la economa corporativa transnacional de la cocana, devino en fuente de intensificacin de la guerra, con en-tendimientos e inclusiones muy diferentes en las

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    estrategias contrainsurgentes y en aquellas de las organizaciones rebeldes.

    Durante este perodo se ha apreciado profundas transformaciones espaciales, que terminaron por darle nuevos contenidos a los conflictos por la tierra y situar en el centro de la contienda la cuestin del territorio. Al conflicto histrico por la propiedad se le sum ahora aquel asociado con los usos de la tierra, derivados de la tendencia de la acumulacin capi-talista, que exige ahora la ampliacin de la frontera econmica, no solo agrcola. Los territorios rurales se han visto sometidos a las dinmicas impuestas por las economas extractivas minero-energticas, forestales, de agrocombustibles y de expansin ga-nadera, las cuales requieren adems la realizacin de proyectos infraestructurales. Su consecuencia lgica ha sido, por un lado, la expropiacin-apropia-cin de territorios ya vinculados a la frontera econ-mica, para redefinir sus usos y, por el otro, la puesta en marcha de un proceso de conquista y coloniza-cin capitalista de nuevos territorios, especialmente de la orinoquia, la Amazonia y del Pacfico, bien sea para vincularlos a las economas de extraccin o para incorporarlos a travs del acaparamiento a los mercados especulativos transnacionales de la tierra. Esta tendencia predominante de los usos choc en muchos lugares de la geografa nacional con las economas campesinas de subsistencia y con los procesos de produccin autnoma del territorio de comunidades campesinas (zonas de reserva campesina), indgenas y afrodescendientes. Asimismo, con la presencia de la organizaciones

    rebeldes de las FARC-EP y el ELN, en algunas de ellas. La presin por la tierra y el territorio adquiri nuevas dimensiones y encontr en la guerra una fun-cin de organizacin y acondicionamiento violentos. Los resultados han sido dramticos. Se manifiestan, entre otros, en el desplazamiento forzado de entre 4.9 y 5.5 millones de colombianos y colombianas, as como en el despojo y la expropiacin violenta y masiva de tierras en un nmero estimado de 8.3 millones de hectreas (358.937 predios)15. En la ac-tualidad existe suficiente evidencia para demostrar que tras las estrategias contrainsurgentes y parami-litares se encontraban esencialmente procesos de alistamiento violento del territorio para responder a la tendencia de la acumulacin capitalista y, por tanto, que la intensificacin de la confrontacin armada durante buena parte de este perodo no puede explicarse como una disputa autnoma entre actores armados por un control territorial subor-dinado a sus planes militares y a la obtencin codi-ciosa de recursos en provecho propio. No es posible la escisin entre guerra y acumulacin capitalista. La primera ha sido consustancial a la segunda. Este aserto tambin es til para comprender por qu la implantacin del proyecto neoliberal durante este perodo no encontr los mismos niveles de movili-zacin social de otros pases de Nuestra Amrica. La contrainsurgencia armada cumpli a partir de

    15 Grupo de Memoria Histrica, Informe General. Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad, Bogot: Centro Nacional de Memoria Histrica, DPS, 2013, p. 76. Sobre el despojo de la tierra, vase Alejandro Reyes Posada, Guerreros y campesinos. El despojo de la tierra en Colombia. Bogot: Friedrich Ebert Stiftung, Grupo Editorial Norma, 2009.

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    la segunda mitad de los aos ochenta funciones de desestructuracin del movimiento social y popular y de extermino fsico de muchos de sus liderazgos.

    El rgimen de acumulacin de financiarizacin tam-bin produjo una tendencia a la reorganizacin de los espacios urbanos, que incluyen procesos de expro-piacin y expansin, que han estimulado la especu-lacin inmobiliaria. Junto con el debilitamiento de las zonas industriales, se ha observado un proceso de rehechura de las ciudades, concebidas ahora como centros de actividades financieras, de prestacin de mltiples servicios y de comercio, entre otros, o incluso como estaciones de flujos transnacionales de capital, en las que predomina el trabajo precario e informal, as como la segregacin espacial y social. En lo esencial, se han erigido como centros de des-igualdad y pobreza urbana, que es regulada con las polticas neoliberales asistencialistas. Su situacin se ha visto agravada por el ciclo de desplazamiento forzado desatado durante este perodo. Todo ello ha activado nuevas formas del conflicto social y, frente a la incapacidad del Estado para dar respuesta a las mltiples demandas sociales, se ha acompaado de un crecimiento de la criminalidad comn, ya ob-servado en el perodo anterior, que se constituye en argumento adicional de procesos de militarizacin y de control social.

    Las tendencias sectoriales y las dinmicas espaciales del rgimen de acumulacin produjeron cambios en el bloque en el poder. Se asisti al debilitamiento an mayor de la burguesa cafetera, iniciado en el perodo

    anterior; se redujo en forma mayscula el papel de la burguesa industrial, cuyo gremio tuvo que cambiar incluso de nombre (de industriales a empresarios); se fortaleci en forma significativa la presencia del capital transnacional; se consolid la hegemona de la faccin financiera del capital, articulada ahora en forma profunda con el capital transnacional, confor-mando un poder corporativo que consolid el dominio de los grupos econmicos sobre el conjunto de la actividad econmica, iniciado en el perodo anterior; se expandi el poder terrateniente, sustentado en la faccin latifundista ganadera, la faccin de los agro-negocios y el empresariado de la cocana. Sarmiento y Libreros definen el bloque as conformado como un rgimen oligrquico financiero-terrateniente16. A diferencia de los perodos anteriores, con algunas excepciones transitorias, se logr sin mayores transacciones y compromisos la cohesin de las clases dominantes en torno a un mismo proyecto po-ltico-econmico. Asimismo, en sus entendimientos sobre las estrategias y formas de enfrentar el con-flicto social, la movilizacin social y las luchas expre-sivas de l, y el desenvolvimiento de la guerra.

    3. ESTADo, PoDER DE CLASE y CoNTRAINSuRGENCIA

    La complejidad del conflicto social y armado, as como de la naturaleza esencialmente poltica de la in-

    16 Daniel Libreros Caicedo, Libardo Sarmiento Anzola, La hegemona de la oligarqua financiero-terrateniente en Colombia, Revista Espacio crtico, No. 7, Bogot, 2007.

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    surgencia guerrillera remite al anlisis de las formas histrico-concretas de la conformacin del poder y la dominacin de clase y su condensacin en el Es-tado; comprendindolo como centro del ejercicio del poder poltico y expresin organizada y reguladora del proyecto de acumulacin y del antagonismo y del conflicto social inherente a l. Si se considera que la guerra en ha sido poltica en el sentido que lo que ha caracterizado esencialmente la contienda es la lucha por el poder poltico, sea para reafirmar y prolongar la existente dominacin de clase, o para superarla y establecer otro tipo de relaciones sociales en con-sonancia con los propsitos de proyecto subversivo antisistmico (independientemente de las formas que ste asuma), debe considerarse que la modali-dades histricas de constitucin del poder de clase, con sus continuidades y rupturas, representan un referente ineludible para el entendimiento de la ten-dencia y la dinmica del antagonismo y del conflicto social, de las luchas y respuestas organizadas o es-pontneas de las clases subalternas y de las propias configuraciones del proyecto guerrillero.

    Procesos constitutivos del poder y la dominacin de clase

    La trayectoria histrica de la conformacin del poder y la dominacin de clase en nuestro pas da cuenta al menos de cinco procesos, con itinerarios propios, no necesariamente sincronizados en tiempo y espacio, pero interrelacionados:

    1. La estructuracin conflictiva y contradictoria de un bloque en el poder, cohesionador de las diferentes facciones de las clases dominantes, que han disputado en todo caso posiciones he-gemnicas, y han encontrado en el Estado un espacio de mediacin poltica y de articulacin o unificacin de intereses en la forma de proyecto poltico-econmico (tambin en los eventos en los que los partidos polticos no han cumplido o contribuido a cumplir con tal mediacin). En ese sentido, las tesis sobre la debilidad del Estado, su colapso parcial, o sobre el Estado fallido parecen confundir Estado con institucionalidad estatal17. A ellas les es comn una idea de Es-tado como exterioridad, ajena a la relacin de clase. En realidad, a lo largo del conflicto el poder del Estado se ha fundamentado en el poder de clase, aunque no necesariamente siempre se manifieste como tal. ste se ha construido sobre la transaccin y el compromiso, aunque sin des-cartar la confrontacin abierta como ocurri du-rante la Violencia.

    17 Mnera afirma que la nocin de debilidad o precariedad del Estado, que ha hecho carrera dentro de las ciencia sociales colombianas, () tiene puntos de referencia comparativos muy poco claros: un difuso modelo de Estado moderno o un deber ser democrtico que nunca es explicitado. Y agrega, Desde luego, el Estado en Colombia no realiza ni las funciones de otros Estados capitalistas, ni las que le asigna su propia normatividad jurdica, pero esas deficiencias no pueden ser imputadas a una supuesta debilidad estructural, haciendo caso omiso de las funciones polticas y sociales que cumple y permiten su eficacia como forma de dominacin. Rupturas y continuidades. Poder y movimiento popular en Colombia 1968-1988, Bogot: Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Derecho Ciencias Polticas y Sociales, Iepri, Cerec, 1988, p, 233.

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    2. La unificacin colectiva frente todo lo que pueda considerarse como amenaza al poder de clase y del orden social existente por parte de toda forma de subversin. El miedo al pueblo ha provocado la activacin de dispositivos de preservacin y reproduccin de dicho poder y orden. Al respecto seala Vilma Franco:

    () el propsito de conservacin de la estructura de dominacin poltica como condicin para la realizacin de intereses corporativos conduce a la formacin de un bloque de poder contrainsurgente que es la articulacin del bloque en el poder (o unidad poltica entre clases do-minantes y un aparto estatal caractersticamente centra-lista) y coaliciones polticamente dominantes con sectores subalternos e imperativos en torno al sofocamiento de todas las formas de oposicin armada y civil que afec-ten la dominacin y las condiciones de dominacin, y cual-quier reclamacin que afecte actual o potencialmente la tasa de ganancia18.

    Para una mejor comprensin de lo que encarna el bloque de poder contrainsurgente es conveniente sealar que no se trata de un aparato de direccin de la poltica antisubversiva y de determinacin conspirativa de su implementacin, sino ms bien de un conjunto de disposiciones que pueden ser di-vergentes pero se unifican conflictivamente en torno a un propsito comn. Tal compresin no excluye desde luego la conspiracin, los planes y las coor-

    18 Vilma Liliana Franco Restrepo, Orden contrainsurgente y dominacin, Bogot: Siglo del Hombre Editores, Instituto Popular de Capacitacin, p. 221-222, 2009.

    dinaciones antisubversivas; as como los conflictos entre quienes lo integran.

    3. La combinacin de las formas de lucha por parte de ese bloque de poder contrainsurgente. Lo cual compromete la construccin de un orden jurdico-poltico, que organiza la reproduccin del rgimen poltico y la competencia poltica, pro-duciendo una democracia electoral estable, e incorpora a todos los poderes pblicos, as como las fuerzas militares y de polica y los servicios de seguridad, en funcin de los propsitos de preser-vacin, imponiendo un rgimen que bien puede definirse como de excepcionalidad permanente; al tiempo que propicia el quebrantamiento de la propia legalidad a travs de actividades ilegales para combatir el enemigo subversivo (como en el caso ha sido el caso de las expresiones paramili-tares), y deviene en terrorismo de Estado.

    4. La definicin amplia del enemigo subversivo. Al respecto, afirma Franco:

    En el marco de relaciones especficas, para aparato y poder de Estado el enemigo es ante todo enemigo poltico y no simplemente enemigo militar o fuerza combatiente (). El enemigo insurgente es concebido como un movi-miento organizado en diversas formas y dispuesto a mo-vilizar diferentes recursos para disputar el control del apa-rato estatal, para subvertir el orden existente y trastocar la estructura de poder; movimiento que adelanta una lucha

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    prolongada tanto militar como poltica para debilitar el control y la legitimidad gubernamental19.

    Tal elaboracin conduce a la idea de una poblacin civil insurgente, definida como brazo extendido de la insurgencia armada, la cual deviene en objetivo principal de la confrontacin y la guerra, pues se le debe quitar el agua al pez.

    5. El desencadenamiento del ejercicio de la violencia y del accionar blico como elementos estructura-dores y de disciplinamiento y control social. En un aserto que mantiene plena vigencia, Aprile-Gniset lo ilustra muy bien en su crtica a los tericos de la descomposicin del campesinado en los tiempos de la Violencia: La tal descomposicin, oper de manera directa, fsica, en los cemente-rios, en las quebradas, bajo los escombros de la casa incendiada, en los cafetales y no por virtud de la introduccin del capital en el campo. Sino por la introduccin del plomo de las balas o del filo del machete en el cuerpo20.

    El ejercicio de la violencia y del accionar blico se debe comprender en un sentido ms amplio; exten-didos al conjunto de la vida social a travs de estrate-gias de militarizacin para la regulacin del conflicto social, lo cual incluye la estigmatizacin y criminali-zacin del enemigo subversivo.

    19 Ibd., p. 271.

    20 Citado por Edgar Novoa Torres, La metamorfosis de la cuestin espacial en Colombia, Bogot: Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Derecho, Ciencias Polticas y Sociales, Unijus, 2010, p. 100.

    Reorganizacin conflictiva del poder de clase y contrainsurgencia temprana. De los aos de 1920 al fin de la Violencia

    En los procesos acaecidos a partir de la dcada de 1920 se encuentran los orgenes del actual conflicto social y armado. Tales procesos fueron expresivos de la puja entre las diferentes facciones de las clases dominantes por la redefinicin del bloque en el poder y por el control del poder poltico. Por una parte, se encontraban las facciones cuyo inters consista en darle continuidad a la dominacin hacendataria y de burguesa compradora, apoyada en el rgimen de hegemona conservadora, autoritario, clerical y ex-cluyente. Por la otra, las facciones que propugnaban por imprimirle un mayor impulso al lento proceso de desarrollo capitalista iniciado en las ltimas dcadas del siglo xIx, en un contexto en el que se asista a la creciente movilizacin y lucha campesina por la tierra y al despunte de las luchas obreras y urbanas, as como al surgimiento de organizaciones polticas de las clases subalternas, primero con el socialismo revolucionario en 1926 y luego con el Partido Comu-nista en 1930. Los proyectos poltico-econmicos agenciados por los partidos Conservador (que pro-pugnaba por la defensa del statu quo, renuente cual-quier reforma) y Liberal (interesado en adelantar un proceso de modernizacin capitalista), no eran com-pletamente representativos de formaciones homo-gneas; en su interior coexistan diversos bandos y facciones, algunos de origen regional. Los impactos de la Gran Depresin, las resistencias y luchas so-ciales y populares, unidas a divisin del Partido Con-servador, contribuyeron al triunfo del Partido Liberal

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    y con ello al inicio de la llamada Repblica Liberal en el gobierno de olaya Herrera (1930-1934).

    Con el acceso al gobierno por parte del liberalismo, se emprendi la reconduccin de la poltica econ-mica, la institucionalizacin del proyecto moderni-zador por la va constitucional y legal (intervencio-nismo de Estado, regulacin laboral y social, ley de tierras, entre otros.), la laicizacin del Estado y la integracin de sectores sociales y populares en fun-cin del proyecto modernizador. El insuficiente poder econmico y poltico de la faccin que pretenda la modernizacin capitalista, as como el temor por los efectos que podra producir una radicalizacin del proceso, tuvieron como consecuencia que tras el ciclo de reformas adelantado en el primer gobierno de Lpez Pumarejo (1934-1938), siguiera la pausa durante el gobierno de Santos y luego el tenue y muy conflictivo segundo mandato de Lpez Pumarejo, que termin en su renuncia. Asimismo, un proceso de reconfiguracin conflictiva del bloque en el poder, que oscil entre la negociacin y la confrontacin para propiciar la intentar la unificacin del poder de clase, y se bas en acuerdos y alianzas polticas re-lativamente inestables.

    En el contexto de la Repblica liberal la contienda in-terpartidista adquiri nuevos rasgos. Al tiempo que transcurra en medio de la democracia electoral, lo cual posibilitaba una relativa instrumentalizacin partidista del Estado en funcin del proyecto polti-co-econmico, se caracteriz por una agudizacin del sectarismo poltico, promovido por las propias

    dirigencias partidistas nacionales y regionales, que se expres en forma extrema en el recurso de la violencia y la confrontacin armada localizadas. Particularmente a partir de los aos treinta, se regis-tran matanzas de liberales y conservadores, que van constituyendo la antesala del proceso que se des-atar en forma sistemtica y generalizada durante la Violencia, caracterizado en forma reduccionista como una guerra fratricida, cuando en realidad si se consideran sus trasfondos fue una guerra social impuesta por las clases dominantes.

    Desde el punto de vista sistmico, el proceso de re-forma activ, por una parte, dispositivos reacciona-rios de preservacin frente a lo que se consider una amenaza subversiva. Se conform una oposicin extremista de derecha, cuyos fundamentos doctri-narios se encontraban en el falangismo, el fascismo y el anticomunismo, y en una definicin amplia del enemigo subversivo. Por ste se comprendi no solo a las organizaciones polticas y sociales de las clases subalternas, sino al propio proyecto reformista liberal que fue caracterizado como comunista y parte in-tegral de una conspiracin bolchevique promovida por la Rusia sovitica. De esa forma, a travs de un anticomunismo temprano e hirsuto, que incitaba in-cluso a la violencia organizada para la destruccin del enemigo subversivo.

    La activacin de dispositivos de preservacin, por otra parte, result del propio proceso reforma, en el sentido que sta tambin representaba una actuali-zacin del rgimen de dominacin de clase, slo que

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    con fundamento en una redefinicin de la coalicin del bloque en el poder. Ello explica por qu este proceso deriva no en su profundizacin, sino en la transaccin que conduce a la pausa de Eduardo Santos; en este caso tambin por el temor que des-pertaba la subversin, aqu acotada a una moviliza-cin social y popular que se poda desbordar y volver incontrolable. Tambin constituye en parte la razn para el despliegue del movimiento Gaitanista, que recoga el malestar social y popular con fundamento en un discurso marcadamente antioligrquico, de oposicin y alternativa poltica.

    Tras la figura de Gaitn y su movimiento, inscrito dentro de la deriva populista que se haba desenca-denado en algunos pases de Nuestra Amrica, se encontraba la posibilidad de una alternativa poltica, ms all del reformismo liberal y de la transaccin interpartidista y de facciones de las clases domi-nantes, pese a cierta ambigedad que se le atribuye a dicho movimiento. Con el magnicidio de Gaitn en 1948 y el genocidio contra su movimiento (la pri-mera alternativa poltica popular con posibilidad de ser gobierno), se evidenci la respuesta sistmica frente a la amenaza real que se cerna sobre el poder y la dominacin de clase.

    Durante este perodo se constituyeron los rasgos esenciales del bloque de poder contrainsurgente, en cuanto estructura compleja de preservacin sist-mica. La reproduccin del rgimen de dominacin de clase se fundament en un proceso que conjug la activacin recurrente de la reaccin y la reforma e

    impuso igualmente un proceso continuo de transac-cin y de ejercicio de la violencia, evidenciando los fundamentos conflictivos de la unificacin del poder de clase.

    Con el asesinato de Gaitn, la violencia interpar-tidista, que ya se vena intensificando, tendi a ge-neralizarse y exacerbarse hasta el paroxismo. Se inici el perodo definido en forma difusa como la Violencia. Sin menoscabo de la tragedia nacional que ella represent, para un mejor entendimiento de la dominacin de clase son varios los aspectos a considerar:

    Como producto de ella, se resolvi la contradiccin entre los dispositivos de reaccin y los dispositivos de reforma para la preservacin sistmica, unifi-cando el poder de clase en el proyecto poltico-eco-nmico del Frente Nacional. Tal unificacin estuvo precedida por el predomino conservador (ospina Prez/Gmez/urdaneta Arbelez, 1946-1953) y los acuerdos entre sectores mayoritarios del bi-partidismo que condujeron al ascenso y luego a la cada de la dictadura de Rojas Pinilla (1953-1957). El acuerdo del Frente Nacional se fundament en un bloque en el poder relativamente estable, que integr las diferentes facciones las clases dominantes, y las mayoras de los partidos Liberal y Conservador en un rgimen caracterizado como consensualista. Se liquid, como ya se dijo, la posibilidad de alternativa poltica de corte popular que representaba el Gai-tanismo. Se sell la derrota infringida por el poder latifundista contra el campesino trabajador luego

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    del largo ciclo de colonizacin agraria popular. Se trat de una guerra agraria de reconquista, segn la expresin de Laureano Gmez. Se consolid una perspectiva del desarrollo capitalista sin afectacin de la propiedad latifundista. Se impuso un proceso de normalizacin y control social, en el que al tiempo que se formulaban propuestas de pacifica-cin, se conjugaba el rgimen de Estado de sitio con el ejercicio mismo de la violencia, incluida la orga-nizacin de bandas paramilitares como las guerri-llas de paz. De esa forma se hizo explcita una no declarada poltica de combinacin de las formas de lucha, que ha persistido hasta la actualidad. Se impuso adems el alineamiento a plenitud con la poltica anticomunista de Estados unidos en el con-texto de la guerra fra, una de cuyas manifestaciones iniciales fue la participacin del Batalln Colombia en la guerra de Corea. Se produjo una ms precisa definicin del enemigo subversivo, perfeccionando el discurso y focalizando la poltica anticomunista. Expresin de ello fue la proscripcin del Partido Comunista en 1954 por la dictadura de Rojas Pinilla (Acto Legislativo No. 6 de la Asamblea Nacional Constituyente) y la persecucin sistemtica contra organizaciones sindicales, agrarias y populares.

    La Violencia mostr, no obstante, la imposibilidad sistmica de controlar el enemigo subversivo, an en las condiciones de prcticas abominables y letales. La historia ha demostrado que siempre existe la posibilidad de xodos o fugas. Estas se expresaron en las resistencias y luchas urbanas de este perodo, as como el poderoso movimiento de las guerrillas

    liberales de Llano y en la autodefensa y las guerrillas campesinas influidas por el Partido Comunista. La guerra desatada contra el campesinado impuso su resistencia armada como una respuesta necesaria. Ah se encuentran los orgenes de la poltica comu-nista de combinacin de las formas de lucha, que se examinar en la tercera seccin de este texto, la cual no puede ser reducida a una mera determinacin subjetiva de un congreso partidario para generar vio-lencia, tal y como se afirma desde algunas posturas de falsificacin de la historia del conflicto. Como se ver, la combinacin slo puede ser comprendida a travs de su historicidad.

    Excepcionalidad permanente e institucionalizacin de la contrainsurgencia. Del Frente Nacional hasta finales de la dcada de 1980

    Con el Frente Nacional se inici un perodo de la dominacin de clase en el que en lo esencial no variaron los rasgos del rgimen poltico. mnera considera que las caractersticas excluyentes del Frente Nacional, con relacin a las fuerzas polticas diferentes al liberalismo y el conservatismo, no sig-nificaron un cambio sustancial dentro del rgimen poltico colombiano o dentro del sistema oligrquico de poder que lo sustentaba. () El Frente Nacional constituy una continuidad y no una ruptura dentro del proceso poltico que lo sustentaba21. Variaron s las condiciones de la mediacin poltica en cuanto a

    21 Leopoldo Mnera Ruiz, Rupturas y continuidades. Poder y movimiento popular en Colombia 1968-1988, Ob. cit., p. 138.

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    partir del rgimen de coalicin (el Estado) pas a ser al mbito de mediacin poltica por excelencia, sin que ello signifique que con anterioridad al acuerdo entre el liberalismo y el conservatismo no haya sido un espacio de mediacin. No obstante, agrega,

    el deterioro de la adscripcin partidista y el proceso de autonoma de la izquierda y el movimiento popular y el movimiento popular frente a los partidos tradicionales, impidieron que el Estado fuera definido por sus caracte-rsticas consensuales y resaltaron las de sumisin; de esta manera la mediacin poltica fue parcial e incompleta, pues dej por fuera a importantes sectores de las clases medias y populares. En tal contexto, la vigencia durante largos perodos del estado de sitio expres la tensin per-manente entre institucionalidad democrtica, formalmen-te igualitaria y el sistema oligrquico de poder22.

    La condensacin del poder de clase en el Estado, al tiempo que le otorg a ste un papel central en la conduccin del proyecto poltico-econmico, po-sibilit que el realinderamiento de las facciones del bloque en el poder hasta su consolidacin a finales de la dcada de 1980 (ocasionado por la tendencia del proceso de acumulacin y la redefinicin del modelo econmico), transcurriera sin mayores traumatismos. No obstante, no devino en garanta de apaciguamiento y control social. En medio de la prolongacin de cierre del rgimen poltico y de su reproduccin electoral, del establecimiento de un r-gimen de excepcionalidad permanente a travs del

    22 Ibd., p. 233.

    estado de sitio, caracterizado como de democracia restringida y como respuesta a ello, ms tambin como expresin de la autonoma del movimiento po-ltico y social, se asisti al surgimiento de mltiples expresiones de la insurgencia social y de la rebelda popular, con proyectos polticos y reivindicativos cla-ramente definidos (el Frente Popular impulsado por Camilo Torres en la dcada de 1960 fue uno de ellos) . Tales proyectos se fundamentaron tanto en los acu-mulados histricos de lucha y resistencia de las d-cadas previas, como en los impactos que produca a nivel mundial el llamado socialismo realmente exis-tente y, sobre todo, el triunfo de la revolucin cubana.

    En atencin a ello, la guerra poltica asumi durante este perodo nuevos contenidos; tom claramente los rasgos de una contienda por preservar y re-producir la formacin socioeconmica capitalista vigente, por una parte. y la necesidad de superarla, para transitar la senda del socialismo, por la otra.

    Desde esa perspectiva, el combate al enemigo subversivo adquiri nuevos desarrollos y estuvo marcado por la creciente influencia del imperialismo norteamericano en sus diseos y polticas. Se ins-cribi dentro de su estrategia geopoltica de guerra fra y de contencin del enemigo comunista que, en el caso de Nuestra Amrica, se expres en la d-cada de los sesenta en la Alianza para el Progreso y, luego, en los aos de 1970, llev a la orquestacin de golpes militares en el Cono Sur, precedida sta por el apoyo al golpe militar en Brasil en 1964.

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    En ese contexto, los contornos y de los objetivos del bloque de poder contrainsurgente tuvieron defi-niciones ms precisas. Adems de comprometer la lucha contra las diversas organizaciones de la rebe-lin armada que surgieron la dcada de 1960 (FARC, ELN y EPL) y a principios de los aos setenta (m-19), tambin involucraron las diversas expresiones orga-nizadas del movimiento popular, agrarias, obreras y cvicas. Se asumi que entre stas no haba dis-tincin alguna y que las segundas no eran ms que una simple extensin de las primeras, siguiendo la doctrina de la seguridad nacional, la cual se erigi en poltica de Estado y persiste en la actualidad en sus conceptualizaciones y estrategias bsicas.

    Durante el perodo que va de los inicios del Frente Nacional hasta finales de las dcada de 1980, se pueden distinguir dos momentos en las elabora-ciones y el accionar del bloque de poder contrain-surgente.

    El primero, que va hasta el paro cvico nacional de 1977, comprende entre otros. a) La continuidad de las polticas de pacificacin iniciadas en la dcada de los aos cincuenta, es decir, de la guerra contra el campesinado, cuya manifestacin ms acabada se produjo con la agresin a marquetalia en 196423

    23 Ms que la expresin del mito fundacional de las FARC, segn lo considera Pizarro, representa la realidad de un ataque desproporcionado contra un bastin de la autodefensa campesina, definido en forma delirante por los sectores ms reaccionarios del establecimiento como repblica independiente. Eduardo Pizarro Leongmez, Marquetalia: el mito fundacional de las FARC, en UN Peridico, No. 57, Universidad Nacional de Colombia, Bogot, 2004

    y, con ello, el punto la inflexin hacia el tratamiento esencialmente militar y de orden pblico de la ame-naza comunista; b) la formulacin y puesta en marcha de propsitos de derrota militar y exterminio de los diferentes proyectos guerrilleros, apenas en proceso conformacin y lenta consolidacin, a travs de la guerra preventiva promovida por los Es-tados unidos24; c) el diseo de estrategias y tcticas de combate al enemigo interno y su puesta en cabeza de las fuerzas militares y de polica y de los organismos de seguridad, la cuales orientan al invo-lucramiento de la poblacin civil no combatiente y promueven las organizacin de grupos paramili-tares, tempranamente revestidos de legalidad, en la guerra irregular contra el enemigo comunista; d) la regulacin represiva de la protesta social me-diante los dispositivos del rgimen de estado de sitio, lo cual incorpor la tendencia a la militarizacin de la vida social; d) la elaboracin de un envilecido discurso de la reforma y el cambio social, expresado entre otras, en la retrica de la reforma agraria.

    El segundo momento, que se prolonga hasta fines de los aos ochenta, resulta de las valoraciones del paro cvico nacional, considerado como las ms seria amenaza comunista contra el rgimen de dominacin de clase imperante e interpretado como expresin de los avances del proyecto subversivo25.

    24 Vase, Lieselotte Krammer-Kaske, Prventivkrieg gegen das kmpfende Volk. Die Strategie der USA in Lateinamerika, Berlin: Akademie-Verlag, 1977.

    25 Vase, entre otros, Medfilo Medina, El paro cvico nacional, Estudios Marxistas, No. 15, 1978 y Frank Molano Camargo, El Paro Cvico Nacional del 14 de septiembre de 1977 en Bogot. Las clases

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    En respuesta se activ con toda fuerza como dis-positivo de preservacin sistmica el terrorismo de Estado, cuya expresin normativa estuvo en el Esta-tuto de seguridad, impuesto durante el gobierno de Turbay Ayala (1978-1982). Siguiendo la experiencia antisubversiva de las dictaduras del Cono sur, las detenciones arbitrarias, la tortura, la desaparicin forzada se erigieron en armas preciadas del com-bate contra el enemigo interno. Se aplicaron al pie de la letra los manuales norteamericanos de contra-insurgencia. Por otra parte, se promovieron las es-tructuras paramilitares concebidas desde los aos de 1960 que, en aplicacin del concepto de po-blacin civil insurgente, cumplieron funciones de desestructuracin, debilitamiento y aniquilamiento de liderazgos populares y de organizaciones pol-ticas, sociales, cvicas y populares, especialmente en los centros urbanos26. Los impactos de la con-trainsurgencia urbana se sintieron de inmediat