Capote Truman - Otras Voces Otros Ambitos

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Narrativa

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Otras voces, otros ?mbitos

Otras voces, otros mbitos revel al mundo el genio de Truman Capote. La novela est habitada por personajes inolvidables: Amy, obsesionada con la idea de la caridad y la beneficencia; las mellizas Idabel y Florabel; Randolph, el visionario alucinado y homosexual; Jess Fiebre y Pequeo Luz de Sol, dos viejos hechiceros negros; Joel, el nio en el umbral del adolescente que vive desvelado por imgenes entrevistas. Todo un mundo misterioso y deslumbrante comparece ante nuestros ojos, toda una historia. Truman Capote, que tena veintitrs aos cuando la novela fue publicada, demuestra en Otras voces, otros mbitos una madurez artstica difcilmente equiparable.

Truman Capote

Otras voces, otros mbitos

Ttulo original: Other Voices, Other Rooms

Truman Capote, 1950

Traduccin: Floreal Maza

Diseo de cubierta: Juan Pablo Cambariere

Editor digital: German25

ePub base r1.2

El corazn es engaosopor sobre todas las cosasy desesperadamente malvado.Quin puede conocerlo?JEREMAS 17, 9

Para Newton Arvin

PRIMERA PARTE

1

Pues bien, un viajero debe llegar a Ciudad Medioda por los mejores medios que encuentre, porque no hay mnibus ni trenes que vayan en esa direccin, aunque seis das por semana un camin de la Compaa Chuberry de Trementina recoge correspondencia y provisiones en la vecina ciudad de Capilla Paraso. De tanto en tanto una persona que se dirige a Ciudad Medioda puede hacer un viaje con el conductor del camin, Sam Radclif. Es un viaje accidentado, venga uno de donde viniere, porque esos caminos, ondulados como una tabla de lavar, dejan destartalados, con suma rapidez, incluso a los coches nuevos. Y los que buscan transporte gratuito en los vehculos que pasan por el camino, descubren que el viaje es penoso. Adems, sta es una regin desolada. Y aqu, en las hondonadas pantanosas en que florecen tigridias del tamao de la cabeza de un hombre, hay luminosos troncos verdes que brillan bajo las oscuras aguas cenagosas como cadveres de hombres ahogados. A menudo el nico movimiento que se distingue en el paisaje es el humo invernal que sale enroscndose de la chimenea de alguna granja de aspecto frrico, o un pjaro de alas rgidas, silencioso y con ojos como flechas, volando en crculo por sobre los desiertos pinares.Dos caminos pasan por las soledades para entrar en Ciudad Medioda: uno desde el norte, el otro desde el sur. Este ltimo, conocido como Carretera de Capilla Paraso, es el mejor de los dos, aunque ambos son muy parecidos: desolados kilmetros de marjal y bosques se tienden a lo largo de las dos rutas, ininterrumpidos a no ser por carteles dispersos que anuncian Cigarros Punto Rojo, de 5 centavos, Dr. Pepper, NEHI, Tnico de Grove para Enfriamientos y 666. Los puentes de madera, que cruzan arroyuelos nauseabundos bautizados con nombres de tribus incitas tiempo ha desaparecidas, retumban como truenos lejanos bajo los vehculos que pasan. Manadas de cerdos y vacas vagan por los caminos a su entero albedro. De tanto en tanto una familia granjera hace una pausa en la faena para saludar a un automvil que pasa zumbando y contemplarlo tristemente hasta que desaparece, envuelto en polvo rojo.Un achicharrante da de comienzos de junio, el conductor de la Compaa de Trementina, Sam Radclif, un hombrn casi calvo, de un metro ochenta de estatura y rostro tosco, varonil, beba vidamente una cerveza en el Caf Lucero del Alba, en Capilla Paraso, cuando el propietario se acerc, rodeando con el brazo a ese chiquillo desconocido.Hola, Sam dijo el propietario, un individuo llamado Sydney Katz. Aqu hay un chico que te quedara agradecido si pudieras llevarlo a Ciudad Medioda. Desde ayer ha estado tratando de llegar all. Te parece que podras ayudarlo?Radclif estudi al muchacho por sobre el borde de su vaso de cerveza y no le gust mucho su aspecto. Tena sus ideas en cuanto a cmo debe ser un verdadero chico, y se, en cierto modo, le molestaba. Era demasiado hermoso, demasiado delicado, de piel demasiado blanca. Cada una de sus facciones estaba dibujada con sensible exactitud y una ternura femenina dulcificaba sus ojos, que eran pardos y enormes. Su cabello castao, corto, estaba estriado de hebras de amarillo oro. Una especie de expresin cansada, implorante, le cubra el rostro delgado, y en sus hombros haba una cada poco juvenil. Llevaba pantalones largos, arrugados, de lino blanco, una flccida camisa azul con el cuello abierto en la garganta, y zapatos de color tostado, ms bien maltrechos.Limpindose un bigote de espuma del labio superior, Radclif dijo:Cmo te llamas, hijo?Joel. Jo-el Ha-rri-son Knox. Separ explcitamente las slabas, como si creyera que el conductor era sordo, pero su voz sonaba extraordinariamente suave.S? esboz Radclif perezosamente, colocando sobre el mostrador su vaso vaco. Un nombre sumamente fantstico, seor Knox.El chico se ruboriz y se volvi hacia el propietario, quien intervino rpidamente:Es un buen muchacho, Sam. Listo como una ardilla. Conoce palabras que ni t ni yo hemos odo jams.Radclif se mostr disgustado.Vaya, Katz orden, llnalo otra vez. Cuando el propietario se alej para traer otra cerveza, Sam dijo bondadosamente: No tena intenciones de burlarme de ti, hijo. De dnde eres?De Nueva Orlens respondi. Sal de all el jueves y llegu aqu el viernes y ya no pude seguir. Nadie vino a esperarme.S, eh? dijo Radclif. Vas a visitar a algn pariente en Ciudad Medioda?El chico asinti.A mi padre. Voy a vivir con l.Radclif levant la mirada hacia el cielo raso, mascull Knox varias veces y luego mene la cabeza con expresin de desconcierto.No, no creo que conozca a nadie de ese apellido. Ests seguro de que es all adonde quieres ir?Oh, s respondi el muchacho sin alarmarse. Pregntele a Mr. Katz; l ha odo hablar de mi padre y yo le mostr las cartas y Espere.Pas apresuradamente por entre las mesas del lgubre caf y regres transportando una voluminosa valija que, a juzgar por su mueca, era extremadamente pesada. La valija presentaba un aspecto alegre con las descoloridas etiquetas, recuerdos de su paso por remotas regiones del globo: Pars, El Cairo, Venecia, Viena, Npoles, Hamburgo, Bombay, etc. Era un espectculo raro para un da caluroso, en una ciudad del tamao de Capilla Paraso.Estuviste en todos esos lugares? inquiri Radclif.Nooo respondi el joven, forcejeando para desatar una gastada correa de cuero que cea la valija. Perteneci a mi abuelo, el comandante Knox. Supongo que habr ledo de l en los libros de historia. Fue una figura prominente en la Guerra Civil. De todos modos, sta es la valija que us en su viaje de bodas alrededor del mundo.Alrededor del mundo, eh? repiti Radclif, impresionado. Debe de haber sido un hombre muy rico.Bueno, eso fue hace mucho tiempo. Rebusc entre sus pertenencias ordenadamente dispuestas hasta que encontr un delgado paquete de cartas. Hela aqu dijo, escogiendo, un sobre verde plido.Radclif palp la carta un momento antes de abrirla. Pero pronto, con torpes cuidados, extrajo una hoja de papel verde, como de seda, y, moviendo los labios, ley:Edw. R. Sansom, Esq.Desembarcadero de Skully,18 de mayo de 19Mi querida Ellen Kendall:Le quedo en deuda por responder a mi carta tan rpidamente, a vuelta de correo. S, tener noticias de m despus de doce aos debe de haberle parecido extrao, pero puedo asegurarle que suficientes motivos respaldan este largo silencio. Empero, al enterarme, leyendo el Times Picayune, de cuya edicin dominical somos suscriptores, del deceso de mi anterior esposa Dios Todopoderoso conceda descanso a su bondadosa alma, comprend inmediatamente que la actitud honorable deba ser la de volver a asumir mis deberes paternales, olvidados, ay!, durante todos estos aos. Tanto la actual Mrs. Sansom como yo nos sentimos dichosos (ms, estamos enajenados de dicha!), de saber que usted se halla dispuesta a acceder a nuestro deseo, aunque, como lo indica, su corazn se destroce al hacerlo. Ah!, cunto simpatizo con la pena que un sacrificio como se puede producir, ya que he experimentado emociones similares cuando, despus de ese espantoso asunto final, me vi obligado a separarme de mi nico hijo, a quien idolatraba, cuando no era ms que un nio pequeito. Pero todo esto pertenece al pasado. Pierda cuidado, mi buena seora; aqu, en el Desembarcadero, tenemos un hermoso hogar, comida saludable y un ambiente culto con los que criar a mi hijo.En cuanto al viaje: tenemos ansiedad por que Joel llegue aqu no ms tarde del primero de junio. Y bien; cuando salga de Nueva Orlens debe viajar por tren a Biloxi, en donde desembarcar y comprar un billete de mnibus para Capilla Paraso, ciudad que est a unos treinta kilmetros al sur de Ciudad Medioda. En la actualidad no poseemos vehculo mecnico alguno; por lo tanto, sugiero que pase la noche en C.P., donde se alquilan cuartos en el piso de arriba del Caf Lucero del Alba, hasta que se puedan tomar medidas ms convenientes. Adjunto encontrar usted un cheque cuyo importe cubre los gastos que todo esto pueda ocasionar.Suyo, respetuosamente,EDW. R. SANSOM.

El propietario lleg con la cerveza precisamente cuando Radclif, intrigado, frunciendo el entrecejo, lanzaba un suspiro y volva a poner el papel en el sobre. Haba en esa carta dos cosas que lo preocupaban: primero, la letra, dibujada en tinta del color mohoso de la sangre seca, era un laberinto de arabescos y de delicadas es que llevaban, en lugar de puntos, oes ms delicadas an. Qu clase de hombre poda escribir de ese modo? Y segundo:Si tu padre se llama Sansom, cmo es que t te llamas Knox?El muchacho contempl el suelo con aire turbado.Bien dijo, y lanz a Radclif una mirada rpida, acusadora, como si el conductor lo despojara de algo, se divorciaron; y mam siempre me llamaba Joel Knox.Oh, mira, hijo respondi Radclif, no deberas haberla dejado que lo hiciera! Acurdate de esto: tu padre es tu padre, suceda lo que sucediere.El propietario esquiv una ansiosa mirada de pedido de ayuda que el muchacho ahora le lanza