Borges y Martínez Estrada: diferencias y semejanzas · Bioy Casares y Silvina Ocampo, Buenos...

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  • Borges y Martnez Estrada:diferencias y semejanzas

    Por Liliana WEINBERG*

    LA APARICIN DEL BORGES de Adolfo Bioy Casares ha tenido una gran repercusin en Mxico, donde es muy amplio el nmero deborgeanos, y es as que se hizo posible organizar un ciclo completode conferencias dedicado a ese libro y a los personajes que desfilan enl.1 Uno de los escritores ms fuertemente sometidos a crtica y maltra-tados entre los muchos que all aparecen es Ezequiel Martnez Estrada,quien como se sabe mantuvo a lo largo de su vida una muy tensa rela-cin con Jorge Luis Borges, al punto que en muchos sentidos se nosaparecen como cara y cruz de la misma moneda. Es recordado elcomentario irnico de Borges respecto de que, despus de publicadala antologa de la poesa moderna argentina donde la obra de MartnezEstrada ocupaba un lugar central, ste, en vez de agradecerle, le retirel saludo, porque consideraba que al afirmar su valor como poeta Borgesle escatimaba el debido reconocimiento como ensayista.2

    A despecho de las profundas diferencias entre estos dos gigantesde la literatura, estos dos grandes solitarios, quiero aqu plantear comohiptesis para invitar a la reflexin que uno de los rasgos que permitenacercarlos es su vnculo con la edad de oro del libro argentino. Enefecto: el mundo del libro y las revistas, el mundo de las editoriales, laslibreras y las bibliotecas, as como las correspondientes prcticas desociabilidad artstica e intelectual a l ligadas son los grandes protago-nistas de la vida cultural argentina en el segundo tercio del siglo XX. Yste no es un dato menor, sino particularmente significativo para lacomprensin de la obra de ambos autores.

    Otro tanto sucede con distintas figuras y grupos enlazados por eseamplio entramado de alta densidad cultural poblado por libreras, edi-toriales, cafs, charlas y prcticas de sociabilidad literaria que las unen

    * Investigadora del Centro de Investigaciones sobre Amrica Latina y el Caribe de laUniversidad Nacional Autnoma de Mxico; e-mail: .

    1 Se trata del ciclo Los otros das que tuvo lugar en la Biblioteca Miguel Lerdo deTejada, Ciudad de Mxico, en el transcurso del ao 2007, con motivo de la aparicin de laobra de Adolfo Bioy Casares, Borges, Barcelona, Destino, 2006, que consta de 1994pginas.

    2 Se trata de la Antologa potica argentina preparada por Jorge Luis Borges, AdolfoBioy Casares y Silvina Ocampo, Buenos Aires, Sudamericana, 1941.

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    tanto como las separan, y que contienen claves de comprensin de lasobras que slo en nuestros das comienzan a descubrirse.

    Leamos, por ejemplo, el comienzo de Tln, Uqbar, Orbis Tertius,publicado en 1942:

    Debo a la conjuncin de un espejo y de una enciclopedia el descubrimientode Uqbar. El espejo inquietaba el fondo de un corredor en una quinta de lacalle Gaona, en Ramos Meja; la enciclopedia falazmente se llama The Anglo-American Cyclopaedia (New York, 1917) y es una reimpresin literal, perotambin morosa, de la Encyclopaedia Britannica de 1902. El hecho seprodujo har unos cinco aos. Bioy Casares haba cenado conmigo esanoche y nos demor una vasta polmica sobre la ejecucin de una novelaen primera persona, cuyo narrador omitiera o desfigurara los hechos e incu-rriera en diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos lectoresa muy pocos lectores la adivinacin de una realidad atroz o banal.3

    Yo misma debo a la conjuncin de un espejo y de un libro el descubri-miento de una de las cifras del universo borgeano. Porque el Borges deBioy Casares confirm mis sospechas respecto del continuo trnsitoentre vida y literatura que vivan y representaban los escritores argenti-nos de entonces. Muchos son los indicios que me conducen a afirmarque lectura y escritura, llevadas a un grado eminente y a una combinatoriainfinita gracias al recurso de la ficcin, nos brindan la clave compositivade la obra de los autores argentinos de esa poca. Con Borges la lite-ratura se convierte radicalmente en la escritura de una lectura y en lalectura de una escritura, en una compleja combinatoria que da lugar amagias parciales y descubrimientos imprevistos y aleatorios, una decuyas posibilidades es tambin el encuentro de un destino, de una tra-ma secreta slo concebible mediante las argucias de la ficcin.

    En efecto, es a partir de la incorporacin radical de dos compo-nentes, lectura y ficcin, a la vez que de una serie de prcticas desociabilidad literaria que l mismo convierte en ceremonia de paso haciala literatura, como Borges no slo se acerca a la cifra secreta de supropio quehacer sino que desencadena un hondo proceso de reestruc-turacin del campo de las letras y del orden de los gneros.

    Pero si nos asomamos a uno de los cuentos ms celebrados deMartnez Estrada, Marta Riquelme (1949), ingresaremos tambin aun mundo en el que la ficcin se entrelaza con la edicin:

    3 Jorge Luis Borges, Tln, Uqbar, Orbis Tertius, en Ficciones, Buenos Aires,Emec, 1956, p. 14.

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    La obra indita de Marta Riquelme el nombre me era conocido y hastafamiliar, no recuerdo por qu lecturas que el lector encontrar a continua-cin fielmente reproducida y que por este prlogo se le presenta, ha sidoescrita por su autora con la intencin de que llegara a conocimiento demuchas personas. Quiero decir, que se publicara, y es lo que hago yo ahoraobediente a su voluntad y al inters del relato [] Los originales me fueronentregados por el doctor Arnaldo Orfila Reynal, quien los obtuvo a su vezde un amigo de la autora con recomendacin de que yo los revisase y que,en caso de encontrarlos de inters, los publicara con un prlogo, que esste que estoy escribiendo.4

    Nos encontramos con varias notas que acercan este relato al TlnUqbar, Orbis Tertius de Borges. El cuento empieza a desarrollarse apartir de la incursin en el mundo de los libros y las ediciones, y es lacombinatoria de textos, versiones, variantes, la que ayudar al despe-gue de ambos relatos. El acto enunciativo se detona de manera con-cordante con los actos de lectura y escritura.

    Adems en ambos relatos aparecen personajes que, a travs delnombre propio, remiten a escritores y pensadores de existencia hist-rica y en muchos casos contemporneos y aun amigos cercanos de losrespectivos autores: Bioy Casares, Alfonso Reyes, Carlos Mastronardiy hasta el propio Martnez Estrada se replican como personajes deTln, Uqbar, Orbis Tertius, y Orfila Reynal, amigo de don Ezequiel,se menciona en Marta Riquelme. Recordemos por lo dems que eneste ltimo relato aparece, ya desde la primera lnea, otra clave deinters: ese nombre que le era conocido y hasta familiar no s por qulecturas es nada menos que homenaje a un relato de su admiradoHudson.5

    Leer y escribir se hicieron carne y sustancia en Martnez Estrada yen su obra. As lo prueba sta que constituye una de sus ms grandesobras de ficcin, y cuya trama se despliega a partir de un conflicto deoriginales, copias, pruebas de imprenta y dems elementos propios delmundo editorial, a la vez que desemboca en cuestiones de autora. Elcuento se organiza a la manera de un prlogo preparado por MartnezEstrada a la obra de Marta Riquelme, cuyas diversas lecturas pueden

    4 Ezequiel Martnez Estrada, Marta Riquelme, en Marta Riquelme: examen sinconciencia (1949), Buenos Aires, Nova, 1956. El cuento ha sido reproducido en Lainundacin y otros cuentos, Mario A. Lancelotti, prl., Buenos Aires, EUDEBA, 1965; y enCuentos completos, Roberto Yahni, ed., Madrid, Alianza, 1975, entre otras antologas.

    5 Marta Riquelme es uno de los relatos de Hudson que integran El omb, publica-do en 1902. Martnez Estrada haba dedicado a Hudson un gran libro de ensayos: Elmundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson, Mxico, FCE, 1951. A esta casa editoraestuvieron por lo dems muy ligados tanto Arnaldo Orfila Reynal como l mismo.

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    desembocar en el descubrimiento de una personalidad ya candorosa,ya perversa. O, para emplear las propias palabras de Borges, se tratade la ejecucin de un relato en primera persona que permite a unospocos lectores la adivinacin de una realidad atroz o banal.

    En rigor Borges fue uno de los primeros en resear Radiografade la pampa y lo hizo con su habitual irona: ese otrora gran poeta nosregala ahora sus esplndidas amarguras sobre la pampa.6 Este co-mentario confirma el radical distanciamiento de Borges respecto delculto al color local, al patetismo y a las efusiones patriticas, as comode las modalidades de interpretacin de lo nacional propios de buenaparte del ensayo de poca. Su alejamiento de las vanguardias y suasuncin de un singular criollismo de las orillas, as como su quiebrecon el realismo, el didactismo y el culto a la historia de la literatura sonparalelos a su radical acercamiento a la ficcin. Por su parte, en MartnezEstrada se comprueba el abandono de la herencia modernista ylugoniana en favor de un progresivo acercamiento al clima expresionis-ta y al ensayo de interpretacin de lo nacional, as como a la nocin delintelectual como profeta comprometido con su pas, como gran pintorde ambientes que no deja nunca de sentirse seducido por esa realidadque critica y estiliza artsticamente a travs de un tratamiento de lo quellam lo real ominoso.7 Hay varias formas de contrastar a los dosgrandes escritores, desde su relacin de amor-odio con Lugones, elcaudillo cultural de la poca, que apadrin al primero y fue criticadopor el segundo, hasta una reconciliacin simblica tarda. O su tandiversa relacin con Sur, donde paradjicamente fue Borges el que secomport primero como enfant terrible para progresivamente pasardel margen al centro, mientras que don Ezequiel pas del centro almargen, hasta su autoexilio de lo que representaba Sur y su partidahacia Cuba. Fue tambin diversa su relacin con la herencia de la cul-tura alemana a la hora de la Segunda Guerra Mundial. Como se ve, loscontrastes no podran parecer ms pronunciados, y si a ello aadimosotro, y de fundamental importancia, como es la asimetra en el respec-tivo capital simblico de origen y su diversa forma de insercin en elcampo literario argentino, todo parecera indicar que son muchas lasdiferencias y muy pocas las semejanzas. Sin embargo, quiero tambin

    6 Jorge Luis Borges, Radiografa de la pampa, por Ezequiel Martnez Estrada,Revista Multicolor de los sbados, Crtica (Buenos Aires), nm. 6 (16 de septiembre de1933), p. 5.

    7 Liliana Weinberg, Ezequiel Martnez Estrada: lo real ominoso y los lmites delmal, en Sylvia Satta, dir., El oficio se afirma, Buenos Aires, Emec, 2004 (Historiacrtica de la literatura argentina, tomo IX), pp. 403-435.

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    mostrar aqu que hay una profunda afinidad entre ellos, si tomamos encuenta su relacin con el mundo de los libros y las bibliotecas.

    Ambos escritores coincidieron en un momento culminante de lavida cultural y editorial argentina. La creciente produccin de la letraimpresa har que Argentina tome un papel de liderazgo en la produc-cin editorial, sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial, cuandoel eje de la produccin editorial pase, de Francia y Espaa, a estelado del Atlntico. Entre 1938 y 1939 asistimos a un momento clave encuanto nacen tres importantes firmas: editorial Losada (1938), Emeceditores (1939) y editorial Sudamericana (1939), con las que seransus grandes colecciones.8 Con su fundacin culmina una creciente ten-dencia de constitucin de proyectos editoriales, ya que en aos ante-riores haban surgido empresas de distinto signo y perfil como El Ate-neo (1912), Atlntida (1918) y Claridad (1921). En 1942 se registraun verdadero rcord en la produccin editorial y en 1943 se abre laprimera exposicin del libro argentino. Surgen casas que haran histo-ria, como la afamada Imprenta Lpez. De este modo, para el periodoque va de 1937 a 1970 se puede hablar de una verdadera edad de orodel libro argentino.

    Por mi parte he insistido mucho en que es necesario comenzar areleer a nuestros autores a la luz de su insercin en este apasionantemundo del libro. En efecto: no slo debemos atender a las obras sinotambin al mundo de las bibliotecas y de la produccin editorial. Y a lahora de hacerlo, no slo revisar las obras, ttulos y temas sino tambinlos sellos editoriales y colecciones en que se inscriben sus respectivostextos. Esto es fundamental para entender la obra del autor de Radio-grafa de la pampa. El libro resulta clave para Martnez Estrada encuanto a su propia formacin autodidacta. En la biblioteca de la Fun-dacin que lleva su nombre se conserva un volumen donde de puo yletra el joven escritor anota con orgullo que ese libro fue comprado el18 de enero de 1917 con la primera remuneracin recibida porsu trabajo.9 No slo es un hombre de libros en cuanto su agudeza y su

    8 Para el caso de Sudamericana contamos con las siguientes colecciones, cuyosrespectivos ttulos llevan implcitos a su vez distintos proyectos de lectura: SptimoCrculo, Buen Aire, Grandes Novelistas, Grandes Ensayistas, Horizonte, Piragua, ndice.

    9 Se trata de un ejemplar de la Historia de la filosofa de P. Janet y G. Sailles que seconserva en la biblioteca de la Fundacin Ezequiel Martnez Estrada de la ciudad de BahaBlanca, Argentina, publicada por Ch. Bouret, Pars/Mxico, 1891, en cuya primera pgi-na podemos leer la siguiente nota manuscrita: Este libro fue comprado el 18 de enero de1917, con dinero percibido por la publicacin de mi versada: Fray Mocho (nmero246), primera vez que se me remuneran mis producciones, acompaada de la firma deEzequiel Martnez Estrada.

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    avidez como lector lo convierten en una especie de Binomio, el re-cordado personaje de la Juvenilia de Miguel Can,10 sino tambin encuanto su trayectoria intelectual se va entretejiendo con las demandascrecientes de un mundo en expansin ligado al libro y la edicin. Deeste modo, no slo debemos ver a un escritor en cuanto a su vnculocon la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), de la cual fue cofundadory dos veces director, o con la difusin del libro, sino tambin en cuantoa que el ensayista piensa como editor, o, para decirlo con el recordadoPoema de los dones, piensa el mundo bajo la especie de una biblio-teca.

    Es que colecciones y bibliotecas tambin nos hablan de la historiadel libro y de los circuitos de expansin de la letra impresa: hay biblio-tecas escolares, nacionales, universitarias, populares y, por supuesto,pblicas; hay bibliotecas privadas, de escritor, de estantes abiertos ocerrados, de libros intocados o muy subrayados, y todo ello nos hablade hbitos de lectura y escritura, silenciosa, ntima o compartida.

    Editoriales, redacciones, bibliotecas, libreras, cafs, confiteras,salas de conferencias, se convertirn adems en espacios de sociabili-dad culta, donde se intercambian ideas y se contribuye a fortalecer unespacio pblico para el debate de ideas. En un primoroso ensayo deWalter Benjamin dedicado al coleccionista pobre he credo descu-brir a estos escritores que, como Martnez Estrada, pero tambin comoBorges, siempre descubridor de extraas enciclopedias, eran excelen-tes conocedores del libro y recuperadores de grandes textos cuya lec-tura estaba restringida a los especialistas, muchos de ellos clsicos denuestra tradicin cultural, que iban quedando al margen de la expan-sin comercial y el fenmeno del best seller.11 No es as casual que labiblioteca personal de Borges incluya rarezas bibliogrficas, y no estampoco casual que Tln, Uqbar, Orbis Tertius comience con unavisita a la biblioteca de Bioy Casares, que representa un continuo y a lavez un umbral entre el mundo real y el mundo de la ficcin. El consa-bido le, das pasados, o frases semejantes como comienzo de mu-chas de las inquisiciones de Borges, tiene que ver tambin con este

    10 Me remito al respecto a las agudas reflexiones de Pedro Orgambide en Radiografade Martnez Estrada, Buenos Aires, Centro Editor de Amrica Latina, 1970.

    11 Benjamin comenta que para su poca que no es otra que la que coincide con lade la juventud de nuestro autores se podan encontrar dos tendencias opuestas: la dela circulacin de los libros de coleccionista y la de la circulacin de los libros de publica-cin masiva para el gran pblico, y entre estas dos corrientes es que se ubica el que l llamacoleccionista pobre, el descubridor de joyas extraviadas como si fueran chatarra; vaseWalter Benjamin, Pour collectionneurs pauvres, en Je dballe ma bibliothque, trad.Philippe Ivernel, Pars, Payot, 2000, pp. 57-63.

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    umbral, este paso de una prctica concreta como lector al abismoficcional a que nos conducen el necesario azar y la azarosa necesidadde la lectura.

    Muchos recuerdan los datos de la vida de Borges, sus orgenes declase, su nacimiento en una biblioteca, su procedencia de una familiaportea culta, de rancio origen, su vnculo con la aristocracia criollapero a la vez su apertura a ideas cosmopolitas, ligado a una lite para lacual fue decisivo el peso del mundo de la cultura inglesa y francesa, ascomo su pertenencia a un estirpe de letras y de armas. Su idoneidad enel manejo de las lenguas, su vnculo con los circuitos de los elegidos yde los entendidos, evidencia un fuerte contraste con los datos de filia-cin de Martnez Estrada.

    En efecto, diversa ha sido en el origen la trayectoria de ese perso-naje tan extrao como solitario, tan genial como demoniaco, tan rebel-de como proftico, que fue Martnez Estrada, y de este modo, al leer demanera comparativa la vida de estos dos grandes escritores argentinoslo primero que se nos antoja es trazar algo as como la historia paralelay contrastante del prncipe y el mendigo.

    Como Borges, a don Ezequiel no le gustaba hablar mucho de smismo, y son muy pocos los testimonios autobiogrficos. Naci en1895 en San Jos de la Esquina, provincia de Santa Fe, hijo inteligentede inmigrantes espaoles pobres, con una madre que le contagia elgusto por la lectura y la msica y un abuelo que es pintor de caballete.Ya desde chico se perfila como un nio brillante, y despus de algunosaos en que cubre los requisitos escolares formales mnimos, empren-de una carrera como autodidacta.

    Una infancia triste y provinciana, que troc al viajar a BuenosAires y dedicarse a leer de manera febril en bibliotecas pblicas, con-vertido en autodidacta. Joven poeta de provincias llegado a la grancapital, logra tempranamente publicar sus primeras obras lricas y serapoyado nada menos que por Leopoldo Lugones, quien lo alienta aseguir en la lnea de la lrica. Gana sus primeros reconocimientos comopoeta, aunque siempre persistir en mantenerse con un austero sueldocomo trabajador de correos. Son aos de estabilidad econmica yaparente calma poltica, en los que Argentina vive tambin un intensoproceso de modernizacin que se traduce, por ejemplo, en la expan-sin de la traza urbana. Es la poca en que Martnez Estrada empiezaa colaborar en distintos suplementos literarios y se inicia en la docen-cia. Pronto comenzar una afiebrada vida de escritor: no slo colabo-rar en Nosotros, Sur, Realidad y otras importantes publicaciones,sino tambin en peridicos como La Nacin y La Prensa, y en las

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    muchas empresas de ampliacin del lectorado que conllevan la prepa-racin de prlogos, estudios preliminares, traducciones, compilaciones,presentaciones generales etc. sta es tambin la poca de su amor porNietzsche y Montaigne, Quiroga y Hudson, Balzac y Kafka.

    La calidad de su poesa, de fuerte sello posmodernista, fue reco-nocida, como ya se dijo, por el propio Borges. En una de ellas, laHumoresca de la vocacin, Martnez Estrada habla de sus dos amo-res, la literatura y la msica:

    De habrseme otorgado que eligiera mi suerteyo habra sido msico, pues la suerte aleatoriadel poeta es peor,a pesar de que todos consiguen con la muertegloria imperecedera, adems de la gloriaque a los buenos catlicos nos prometi el Seor []

    Pero yo, qu placer, qu premio extraordinariotuve en el sacerdocio del Musageta Apolosino el de escribir libros que devor yo solo,nuevo Saturno en gozo senil y solitario?

    Apenas he obtenido algunos premioscon que protegen el Gobierno y la Comunalo mismo que en Bohemia se hace con los bohemiosel culto del Estado y el rito de la luna.Dinero y no la gloria dan los premiosy si un poco de gloria, sin fortuna []

    Gan muy poca plata y nunca aplausos y oroque convertir en fichas para perderlas, puesyo me la jugu en libros, que es el oro que adoro,como quien compra cdulas para vivir despus []

    Violinista o pianista,cualquier mester, excepto el de poeta;y usar un nombre extico que indicara a la vistauna virtud diablica y secreta,y no el nombre que tengo, de profetay de especiero minoristacon un pistoletazo en cada zeta.12

    12 Humoresca de la vocacin, en Argentina (1927), reproducida en EzequielMartnez Estrada, Poesa, Buenos Aires, Argos, 1947, pp. 291-295.

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    Como se ve, los libros estn en el horizonte sobre el que se dibuja lavocacin del poeta, y los reconoce como el oro que adoro.

    Se da un enigmtico punto de quiebre en esta biografa, cuando,hacia 1930, diversas causas no del todo conocidas lo llevan a queabandone su reconocido puesto de poeta para convertirse en ensayis-ta. Algunos lo atribuyen a problemas psicolgicos y vocacionales, otrosal desplome de la ilusin de la gran Argentina. Trabaja como empleadode correos, participa en la vida cultural de su pas, contina escribien-do y publicando obras en prosa y, tras recibir un valioso galardn porRadiografa de la pampa, decide dejar Buenos Aires para radicarsedefinitivamente en Baha Blanca.

    En relatos como La escalera se nos muestra cmo una vieja ca-sona seorial se ha convertido en un lugar hacinado y deteriorado,con la altivez de una matrona venida a menos. O bien, en otra imagende inversin que aparece en Juan Florido, padre e hijo, minervistas,el paraso se descubre como el verdadero infierno.13 En un giro dela espiral paradjica, abandonada la torre de marfil modernista no so-lamente se comprueba que no se trataba ms que de un pobre y oscu-ro cuarto de pensin como el de Abel Cainus, o una buhardilla en laque el artista del hambre imagina el oro de su poesa, sino que, ade-ms, descubierta su falta de funcionalidad para alojarse en el paraso,sta ha empezado a contaminarse irremediablemente de realidad y aponer en jaque el papel que desempean artista y pensador en ella. Elproyecto de los hombres del ochenta, construido sobre la confianza enun orden vertical y un proceso de crecimiento continuo por el cual unalite ilustrada y autorizada por una rica herencia comandara los desti-nos de amplias capas de la poblacin de base mestiza e inmigrante, caecon estrpito en los treinta. Las grandes construcciones empiezan adesmoronarse, corrodas por la falta de bases slidas de sustentacin,y las esperanzas en un futuro de progreso y consolidacin se convier-ten en meras ilusiones perdidas. Se hace entonces necesario volver aese Balzac desencantado que pintaba descarnadamente y diseccionabala corrupcin de Pars. En los aos que van de la crisis del treinta alperonismo, la torre de marfil se volver casa tomada y poco a pocoel escritor, exiliado en el silencio, como dice Martnez Estrada en Las40 (1957), expulsado del poder, se convertir en un paria de la socie-dad, en un gran marginado que adems har del exilio, del autoexilio yde la incomprensin de quien parece estar siempre clamando en eldesierto el gran resorte de su obra. Asistir al derrumbe de la ilusin de

    13 Martnez Estrada, Cuentos completos [n. 4].

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    una Grande Argentina es asistir al derrumbe de la posibilidad de in-corporacin de nuevos actores, inesperados protagonistas, a ese pro-yecto modernizador indefinido y optimista que ya no podr ser. Lee-mos en La cabeza de Goliat:

    Ningn gran escritor ni poeta ha nacido en Buenos Aires, en lo cual separece a Roma. Les da el pretexto para su obra; ninguno se ha formado ensus colegios ni en sus calles. Han venido hechos, con la poesa nativa en elalma, como el pjaro se lleva de la selva el canto y el plumaje, y han escritoaqu, en la jaula.

    La matriz de Buenos Aires est fatigada de crear grandeza, movimiento,adelantos, prosperidad; no cultura, ni poesa, ni msica, ni pintura. En cam-bio, como Roma, puede hacer que el talento de muchacho de provincias,nacido y criado en contacto con la naturaleza, bajo su grandiosa y luminosatierra, alcance su mximo podero en su amargura y desaliento. Como elvendedor de pjaros no puede fabricar un pjaro canoro, pero puede hacerque alcance la suprema gallarda del canto. Para lo cual tiene que arrancarlelos ojos.14

    La escritura desgarrada y triste del posmodernismo y el expresionismo,que deambula extraviada por la oscuridad de la urbe entre los faros dela modernidad y las vanguardias, se parece mucho a la de un Balzacsolitario, condenado a tinterillo, que escribe por propia decisin sobrePars y que as se sumerge en un segundo infierno, adoptado, esta vezpor eleccin.

    A partir de la dcada del treinta comienza, entonces, la gran pro-duccin ensaystica de Martnez Estrada, con textos consagrados a laindagacin de lo nacional (Radiografa de la pampa, 1933; La cabe-za de Goliat, 1940; Sarmiento, 1946; Los invariantes histricos enel Facundo, 1947; Muerte y transfiguracin de Martn Fierro, 1948,entre los principales), pero tambin dedicados a la reflexin literaria(Panorama de las literaturas, 1946; El mundo maravilloso deGuillermo Enrique Hudson, 1951; El hermano Quiroga, 1957; He-raldos de la verdad, 1958; Realidad y fantasa en Balzac, 1964,entre otros), que rematarn en textos de madurez en los que asumeprogresivamente una posicin ms cercana a un enfoque sociolgico ya una poltica anticolonialista (Anlisis funcional de la cultura, 1960;Diferencias y semejanzas entre los pases de Amrica Latina, 1962;La poesa afrocubana de Nicols Guilln, 1966; Mart: el hroe y

    14 Ezequiel Martnez Estrada, La cabeza de Goliat, Buenos Aires, Club del Libro,1940.

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    su accin revolucionaria, 1966; Mart revolucionario, 1967), paracuya comprensin es clave el Prlogo intil a su Antologa (1964).Sus reflexiones de avanzada en torno a la msica, el ajedrez, las mate-mticas, la paradoja, se vierten en manuscritos que slo tarda y pro-gresivamente van saliendo a la luz.

    Paralelamente a su produccin ensaystica, Martnez Estrada vagestando, sobre todo a partir de la dcada de los cuarenta, un mundode ficcin, que ocupar en especial su atencin en los aos del pero-nismo, en los que escribe tambin dos recordados libros de denuncia,Qu es esto? (1956) y Las 40 (1957), publicados despus del golpede Estado de 1955. Por esos mismos aos se preocupa cada vez msintensamente por el mundo de la narracin, lee y estudia en profundi-dad la obra de Balzac, Kafka, Quiroga, sin dejar otras devociones:Tolstoi, Dostoievski, y los dos maestros de juventud, Montaigne yNietzsche.

    En la vejez vuelve a la poesa con Coplas de ciego (1959) y Otrascoplas de ciego (1968), ahora con un claro acento aforstico y filos-fico y una evidente presencia de Antonio Machado: Estoy muy cansa-do, / Antonio Machado, / djame a tu lado.15

    Pero si queremos leer el envs de la trama de su vida y su obra,encontraremos a un hombre solo que si en Radiografa de la pampadaba cuenta de la gran crisis de Argentina que dejaba al desnudo queno puede haber crecimiento verdadero mientras no se dieran las con-diciones para ello, y hace una serie de conversiones paradjicas de losgrandes mitos del crecimiento argentino (desde el cuchillo hasta el fe-rrocarril), del mismo modo en La cabeza de Goliat denunciar lascontradicciones del proceso modernizador que pasa por aumentar elpoder de Buenos Aires en desmedro de las provincias. Y ya en Muertey transfiguracin se cuela otra preocupacin, la que implic su des-cubrimiento de otro aluvin, el aluvin migratorio, el de los llamadoscabecitas negras que llegaban del interior a buscar mejores condi-ciones de vida en las grandes capitales. Fue as como Martnez Estradadio voz a los que no tenan voz, e hizo del Martn Fierro el poemaannimo, obliterado, en clave. De fuerte militancia antiperonista, comoen su mayora lo fueron artistas e intelectuales de entonces, MartnezEstrada ser as, con honestidad y valenta, el primero en hacer unaseria crtica de las posturas intelectuales del momento. En 1956, otravez parangonando la lectura con una forma de diagnstico y cura,

    15 Ezequiel Martnez Estrada, Coplas de ciego y Otras coplas de ciego, BuenosAires, Sur, 1968.

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    de catarsis, dir lo siguiente respecto de los males morales de unasociedad:

    Parecera redundante unir las palabras literatura y vida, porque son sinni-mos de una misma realidad verdadera [] Si mi pueblo hubiera tenido lectu-ras informativas, leales, honradas, sobre la vida de los suburbios, de loscampos, de las ciudades, una literatura desagradable como las mejores lite-raturas del mundo, la rusa, la inglesa, la francesa, la italiana de nuestrosdas, la ecuatoriana, la brasilea, la norteamericana (literatura de remove-dores de estircol, deca el estercolista Teodoro Roosevelt) no habra incu-rrido en tan graves yerros.16

    Tambin prueban el vnculo entre la escritura y el mundo de los libroslos muchos textos que nos hablan de sus autores favoritos. Consideroque estos estudios de escritor, lejos de contraponerse a sus grandesensayos de interpretacin de la vida argentina, nos ofrecen muchasclaves de lectura de los mismos. Ms an, el modo de articular la tra-dicin literaria y filosfica universal con las peculiaridades de la culturaargentina redundar en una solucin esttica diversa de la borgeana: sien un caso se descubren las orillas y los mrgenes, en el otro se explo-ran las zonas de quiebre y desencuentro, salvadas con el recurso de laparadoja. A mi juicio, el salvamento que se est haciendo de toda la obra dedon Ezequiel por parte de la Fundacin Martnez Estrada es un logrosingular, porque slo a partir de la recuperacin de sus mltiples artcu-los, textos de conferencias, ensayos o fragmentos inditos escritossiempre a mquina en hojas y fragmentos de papel que el escritor co-rrega, pegaba, combinaba y recombinaba una y otra vez ser posi-ble no slo conocer ms las operaciones estticas de Martnez Estrada,sino descubrir el perfil de un hombre de letras argentino que resultar,desde esta perspectiva, mucho menos raro, solitario y excntri-co que como lo quieren pintar algunos escritores, entre ellos el propioBorges.

    Si hoy lo recordamos como autor de grandes ensayos y por miparte he insistido en mostrar su fundamental mirada paradjica, propiade la toma de distancia crtica que siempre asumi como escritor ensoledad, insistimos en que no dejar de escribir poesa a escondi-das, ni tampoco dejar de dedicarse a otras muchas pasiones: la narra-

    16 Ezequiel Martnez Estrada, Literatura y vida, Para una revisin de las letrasargentinas, Buenos Aires, Losada, 1967, p. 142.

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    tiva, e incluso el teatro.17 En poca del peronismo escribir violentostextos, de tono panfletario, acusatorio y encendido, contra el rgimen,e incluso ser vctima de una extraa enfermedad que se curar miste-riosamente con la cada de Pern. Y en lugar de encontrar acomodo enel siguiente gobierno, se dedicar a hacer una autocrtica como intelec-tual. Renegar siempre, nietzscheano y anarquista en su origen, de laeducacin formal y ser muy crtico de la educacin universitaria. Re-negar tambin de la ciudad de Buenos Aires, a la que vea convertidaen un monstruo que se devoraba a las provincias. Demoniaco, enfantterrible, hay ancdotas que lo pintan de cuerpo entero, como su deci-sin de dar clases en La Plata. Frecuent tambin, como Borges yBioy Casares, el grupo Sur, aunque sola burlarse tambin de VictoriaOcampo. Y fue gracias a ella que contamos con uno de los pocos yrarsimos recuentos autobiogrficos de Martnez Estrada, escrito en1945. Dice all:

    Mis primeras lecturas extensas fueron el Quijote, la Historia de Espaa deLafuente y Misericordia de Galds. Durante el tiempo de esas lecturas,muchas tormentas y anocheceres y esplndidos soles se intercalaron ensus pginas. Rigurosamente autodidacta, no tuve otro maestro ni gua quemi propio afn de leer [] El gusto de la tierra est en toda mi piel y Nietzschees mi autor ms querido.

    Despus de los doce aos contina una vida laboriosa, de sobrevi-viente, en mil formas repetida a la manera de un arabesco, en que todo esconstruir sobre arena, ensayar y errar. Para llenar las pginas en blanco ypara descifrar las interlineadas y testadas sirve cualquier vida de novela enque sucedan pocas cosas pero que calen hasta el hueso. Siempre que elautor sepa que no se nace ni se muere una sola vez.18

    Quiero as recuperar a ese Martnez Estrada que construye su propiapersonalidad artstica y alcanza su autofiguracin intelectual a travs deimgenes del libro y la lectura, a la vez que se integra al campo literarioargentino en un claro proceso de profesionalizacin del escritor tal comolo ha estudiado Jorge B. Rivera.19 He aqu el primer rasgo fundamentalque lo acerca a Borges: el escritor en clave de lector.

    17 Liliana Weinberg, Radiografa de la pampa en clave paradjica, en EzequielMartnez Estrada, Radiografa de la pampa, Leo Pollman, ed. crtica y coord., Pars,ALLCAXXE Sicle, 1991 (Colecc. Archives, nm. 19), pp. 471-490.

    18 Ezequiel Martnez Estrada, Carta a Victoria Ocampo, Sur, nm. 295 (julio-agosto de 1965), pp. 3-7; reproducida en Enrique Espinosa, comp., Leer y escribir,Mxico, Joaqun Mortiz, 1969, pp. 115-120.

    19 Jorge B. Rivera, La forja del escritor profesional (1900-1930), en Historia de laliteratura argentina, Buenos Aires, Centro Editor de Amrica Latina, 1980.

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    En efecto, ambos son en su formacin fruto de la gran poca dellibro y de la biblioteca argentina; ambos son en su despliegue comograndes escritores fruto de la gran poca del mundo editorial argenti-no, que viva su edad de oro. Ambos fueron enamorados de la lecturay en ambos el ensayo y aun la ficcin se dieron como escritura de unalectura y como lectura de una escritura. En ambos el modo de interpre-tar los fenmenos de su pas y del mundo se parece en mucho al actode leerlos, en un continuo que va, insisto, de la lectura a la escritura, dela escritura a la lectura.

    Para Martnez Estrada, adems, pensar la Argentina era leer laArgentina, por momentos un texto transparente, por momentos un tex-to cifrado, y como toda su obra incluye imgenes, metforas, reflexio-nes relativas al acto de leer. Para el escritor el acto de leer fue encon-trar la llave mgica que le permiti abrir las puertas a su propia insercincomo artista e intelectual en Argentina, al punto de convertirse no sloen lector sino en lector de lectores y dedicar muchos de sus libros apersonajes que fueron a su vez grandes lectores y protagonistas delmundo del libro desde Montaigne hasta Balzac y Nietzsche, a los quellam heraldos de la verdad, pero adems a aquellos que leyeron yescribieron la Argentina como si fuera un gran libro: Domingo FaustinoSarmiento y Jos Hernndez.

    De este modo, tanto l como Borges rompieron con la miradarealista para tratar de entender Argentina desde la ficcin, en una ope-racin que Borges hizo ms radical an y llev hasta sus ltimas conse-cuencias. He escrito diversos trabajos para mostrar que en el caso deBorges la operacin de la lectura y la operacin de la ficcin no sloresultan decisivas a la hora de comprender los resortes de sus obras,sino que adems son las que constituyen esa gran revolucin borgeanaen el campo de la literatura. Pierre Bourdieu demuestra cmo el cam-po de las letras francesas se vio radicalmente transformado a fines delsiglo XIX con la irrupcin de la poesa y el arte puro, que modificarontoda la estructura y la jerarqua de los gneros. Otro tanto considerohizo Borges, quien, al incorporar la lectura como acto de creacin y lacreacin como acto de lectura, as como al hacer de la ficcin unaforma de construccin radical, llev al campo literario, por decirlo as,a un nuevo nivel y a una nueva etapa. Si el gran crtico Lotman mostrque el lenguaje literario, artstico y mtico es un sistema modelizadorsecundario, Borges, a travs de su prctica escritural, lleg a conver-tirlo en un sistema modelizador terciario, regido por sus propias leyesde autorreferencia y autovalidacin. Como ha escrito Roger Chartier,la obra de Borges, en sus diversas formas, puede leerse como una

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    puesta en literatura de la literatura o, ms exactamente, una interroga-cin sobre la trayectoria por la cual un libro es ms que una estructuraverbal, o que una serie de estructuras verbales.20

    Por otra parte, ambos se construyen simblicamente como lecto-res, esto es, adems del fuerte componente de autodidactismo (radicalen Martnez Estrada, moderado en Borges), ambos hacen de la lecturay la escritura un modo de apropiacin de la realidad. Pensemos en esetexto fundamental que es Pierre Menard, autor del Quijote.

    Pero tampoco debemos olvidar que los libros constituyen una tra-ma simblica, una familia, una genealoga, vinculadoras de nuestra ex-periencia con la memoria: un dilogo con nuestro pasado, con nuestrosmuertos. Y si Martnez Estrada se dedic a reinterpretar y reescribir laobra de sus autores dilectos, a los que constituy en precedente de supropia labor crtica, Borges, una vez ms mucho ms radical, declarque todo escritor inventa a sus precursores. Es as como todo autortiene derecho, desde su situacin de escritura, de reinventar su familia,su pasado, su biblioteca.

    Y por ltimo, esta idea no menos sorprendente que gira en tornode la posibilidad de que desde el margen de Europa podamos haceroperaciones de lectura tan radicales que nos legitimen, est presenteen ese don Ezequiel que quiere dar cuenta de la obra de Nietzsche, deMontaigne o de Kafka sin complejos de inferioridad porque ade-ms en Argentina se estaba dando en esos aos la acumulacin y re-produccin de la obra de todos los grandes del pensamiento y la litera-tura europeos, norteamericanos, latinoamericanos, e incluso algunosasiticos (Sur publica un nmero sobre literatura japonesa y otro sobreliteratura china). Y una vez ms, Borges se animar a postular la posi-bilidad de que esas operaciones se hagan de manera arbitraria, comoverdaderas apropiaciones, combinatorias, bricolage de radicales li-bres y de elementos muchas veces menores: un poema de Keats, unanoticia de la historia china etctera.

    De este modo, y a pesar de las diferencias en sus orgenes declase, capital simblico y trayectorias, ambos tuvieron una formacinpredominantemente autodidacta, vivieron una poca de crecienteprofesionalizacin como escritores, se insertaron en circuitos de publi-cacin y sociabilidad artstica en muchos sentidos afines, y en varios deellos confluyentes: elaboraron antologas y traducciones, publicaron

    20 Roger Chartier, Magias parciales de Borges, publicado por primera vez en LeMonde (2 de mayo de 1999), reproducido en El juego de las reglas: lecturas, MartaMadero, sel., Jos Buruca, prl., y Mirtha Rosenberg y Cristina Sardoy, trads., BuenosAires, FCE, 2000, p. 27.

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    textos de crtica y creacin en diarios y revistas de amplio tiraje, colabora-ron en publicaciones centrales para la poca como la revista Sur, tra-dujeron simblicamente su propia prctica en textos de ficcin y abrie-ron a travs del ensayo una amplia puerta al encuentro entre lectura yescritura, y a travs de todo ello contribuyeron a la expansin del p-blico lector. Estos elementos nos recuerdan las observaciones de n-gel Rama en las ltimas pginas de La ciudad letrada, donde el crticouruguayo se refiere a la ciudad revolucionada, fruto de procesos dedemocratizacin e incorporacin de nuevos sectores populares al de-bate nacional. Es as como para las primeras dcadas del siglo XX, yparticularmente para la etapa del irigoyenismo en Argentina, se presen-cia una notable emergencia y expansin del pblico lector as como laampliacin de la lite intelectual, que habr de desplegar una sosteni-da actividad intelectual para proveer a ese pblico de ideas y de obje-tos culturales, desarrollando mensajes educativos que no slo no pa-saban por los rganos del poder sino que se enfrentaban a ellos.21Hace tambin Rama una notable observacin sobre el mapa literarioporteo, que tiene como eje de atraccin el viejo centro de la ciudad:

    Cuando sobre un plano se intenta ubicar las casas en que vivan los escri-tores (habitualmente piezas de pensin para provincianos que seguan es-tudios en la capital o ya all trabajaban); las redacciones de los diarios a quellevaban sus colaboraciones o donde ya ejercan como periodistas de plan-ta; las oficinas gubernamentales que proporcionaban empleos (Correos yTelgrafos, Bibliotecas, Archivos, donde se los situaba por asociacin su-perficial con la pluma); las Universidades donde estudiaban carreras libera-les, pronto abandonadas; los Ateneos o salas de conferencias y conciertosdonde disertaban; los cafs en que pasaban la mayor parte del da, escri-biendo o participando del cenculo, o buscando ayudas econmicas; losteatros a que concurran [] la oratoria, que era la que consagraba a unintelectual [] las libreras que reciban las novedades de Barcelona y Pars,cuando se revisan esos estratgicos puntos sobre el plano, lo que se en-cuentra es el viejo casco, ese cuadriltero de diez manzanas por lado dondetranscurra la vida activa de la ciudad y era el saln pblico de la socia-bilidad.22

    A pesar del crecimiento y la fuerza centrpeta que haca expandir laciudad del centro a los barrios,23 la city segua ejerciendo la fuerza

    21 ngel Rama, La ciudad letrada, Hanover, Ediciones del Norte, 1984, p. 155.22 Ibid., p. 156.23 Tomo esta expresin del libro de James Scobie, Buenos Aires: del centro a los

    barrios (1870-1910), Buenos Aires, Solar, 1977 (Col. Dimensin Argentina).

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    centrfuga: ir al centro era todava la consigna de los artistas y escri-tores, que all confluan en sus prcticas, a despecho de sus diferencias.

    Ambos supieron emprender la reinterpretacin del canon literarioy filosfico occidental, como lo hicieron particularmente con Kafka,Schopenhauer y Nietzsche. Ambos emprendieron tambin la relecturade la tradicin literaria desde la mirada estricta del escritor, como lohicieron con el Facundo y el Martn Fierro, aunque con distintas do-sis de patetismo e implicacin en los debates de poltica cultural.Fueron muchas tambin las diferencias, en cuanto a la solucin artsticaque dieron a las necesidades de expansin del paisaje literario: compa-remos el lugar que ocupa la ciudad de Buenos Aires y sus orillas en laobra de Borges y la temprana condena a la cabeza de Goliat porparte de Martnez Estrada; comparemos el compadrito y el orillerode Borges con el pioneer que hace alto, el guapo y el guaran-go de Martnez Estrada, desacomodados tanto en el campo como enla ciudad.

    En rigor algo une en lo profundo a esos dos antagonistas que fue-ron Borges y Martnez Estrada en su amor por las bibliotecas y por lalectura infinita. Pero en cuanto a bibliotecas tambin hay diferenciasnotables. La de don Ezequiel, que tengo la fortuna de conocer, es unabiblioteca construida por un coleccionista pobre, con el sudor de sufrente frase muy usada por los inmigrantes y sus descendientes enArgentina, mientras que Borges y Bioy Casares fueron biblfilos dealcurnia, puesto que los padres y los abuelos eran ya lectores y como Bernardo Reyes, padre de Alfonso hombres cultos y dueosellos mismos de valiosas bibliotecas.

    Ambos son tambin partcipes de un momento de profesionalizacindel escritor desarrollo urbano, consolidacin de la clase media, alfa-betizacin, desarrollo de la industria cultural, autonomizacin del cam-po literario, entre otras, aunque, una vez ms, ingresen por puertasdistintas y con un patrimonio simblico distinto.

    Por otra parte, si Martnez Estrada se apodera, fagocita, devora,canibaliza toda la cultura argentina anterior a l, buscando desespera-damente una genealoga que lo haga ms argentino, y se apodera sim-blicamente de Sarmiento, el padre del proyecto civilizador,autodidacta como l, y que como l se identific con el pas, Borgespuede hacer gala de una asumida postura crtica, escptica, que descreede nacionalismos y fanatismos. Ambos asumen una posicin paradji-ca, crtica, escptica respecto del nacionalismo literario y de la acade-mia, pero en Martnez Estrada es evidente un afn por saberlo todo ydecirlo todo. Y por ello escribe una extrasima historia de la literatura

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    universal, como escribir ms tarde un ensayo sobre Paganini y el vio-ln, sobre el ajedrez y sobre la paradoja, con una cabeza meditadora yun gusto por las matemticas que comparta Borges.

    Los unen la lectura, las bibliotecas, el mundo editorial argentino, supostura paradjica de outsiders y crticos de la cultura argentina tradi-cional. Los une tambin su insercin en un campo literario en marcadoproceso de expansin y complejizacin. De este modo, una recupera-cin del mundo del libro y la edicin en que ambos escritores se inser-tan nos puede llevar, de una buena vez, a encontrarlos ms reconcilia-dos de lo que pensbamos. Los une tambin su genio paradjico.

    Y finalmente, y con esto quiero concluir, algo ms profundo anherman a estas dos figuras: su ingreso a la literatura por la puerta delQuijote y su descubrimiento diurno del Facundo y nocturno del Mar-tn Fierro, cara y cruz de la experiencia argentina.

    En un cuadro digno de las vidas paralelas, imaginemos a un niopobre, hijo de inmigrantes, que lee deslumbrado en el zagun de sucasa en San Jos de la Esquina, a la hora de la siesta, alguna edicinpopular del Quijote, un libro que logr comprar gracias a haber acep-tado un trabajo para pintar la cerca de una casa vecina, casi como elpropio Huckleberry Finn. Imaginemos que por esos mismos aos otronio de una familia tradicional argentina descubre, en la gran bibliotecapaterna, una edicin del Quijote que coteja con una traduccin eningls. Dos vidas paralelas, contrastantes, complementarias.

    En cuanto al nio pobre que descubre el Quijote, leamos el Ep-logo a Las torres de Espaa, contenido en Nefelibal, de 1922:

    Vuelto de mi segunda salida, Clavileoy yo nos contemplamos con tristeza y con sueo,lamentando no haber hallado ni un molino,ni un malandrn, en toda la angustia del camino.

    Ahora mi nefelibata24 de tablas y clavijasse queja porque el viento le re en sus rendijas,y se quiere morir por si la Primaverapuede poner florida su carne de madera.

    Que l repose. Y yo en tanto que el mundo se me azulacon la bondad ambigua del ojo de la mula,

    24 El trmino, que se refiere a una persona soadora e idealista, nos remite adems ala genealoga potica de Daro y, a travs de l, a la de Gngora: Que no soy hombreprctico [] que vivo por las nubes.

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    semejante a Quijano har a pie mi recuerdocon la pena de verme tan seguro y tan cuerdo.25

    El hroe quijotesco vuelve de su segunda salida, montado en Clavileo,su rocn de madera. El Quijote es el libro que alberga toda la posibili-dad de salida a la fantasa, el libro que es todo l aventura, y anim alhijo de inmigrantes pobres que llevaba en su nombre un pistoletazo encada zeta y tema los desengaos de la fortuna. Y anim tambin poresos mismos aos a ese otro nio de la culta lite, nacido dentro de unabiblioteca, que tambin dedic al Quijote un poema perfecto, el sone-to Lectores:

    De aquel hidalgo de cetrina y secatez y de heroico afn se conjeturaque, en vspera perpetua de aventura,no sali nunca de su biblioteca.

    La crnica puntual que sus empeosnarra y sus tragicmicos desplantesfue soada por l, no por Cervantes,y no es ms que una crnica de sueos.

    Tal es tambin mi suerte. S que hay algoinmortal y esencial que he sepultadoen esa biblioteca del pasado

    en que le la historia del hidalgo.Las lentas hojas vuelve un nio y gravesuea con vagas cosas que no sabe.26

    No es acaso este soneto, para el que no cabe ms adjetivo que per-fecto, un canto al libro, a la lectura y a la biblioteca? En cierto modoBorges no hace sino releer las prodigiosas operaciones presentes en elQuijote, uno de los primeros libros que l mismo transit deslumbrado.

    En cuanto lectores del Quijote y en cuanto lectores de nuestrosautores reparamos en que hemos quedado atrapados por un univer-so autosubsistente que es a la vez el de la lectura que ellos hacen de laobra de Cervantes y el de las lecturas que don Quijote hace de suspropios libros.

    25 Martnez Estrada, Poesa [n. 12], p. 83.26 Jorge Luis Borges, Lectores, en El otro, el mismo (1984), reproducido en Obra

    potica (1923-1985), Buenos Aires, Emec, 1996, p. 215.

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    En realidad la ms ntima ley que gobierna a estas dos figuras no esotra que la de la lectura, y la nica autoridad que reconocen es la dellibro. Slo la lectura habilita la posibilidad de la aventura.

    Todo est dicho ya en el libro de su niez, en una infinita imbrica-cin de los hechos de las armas y de las letras. Esto ltimo tiene quever con la genealoga de don Quijote, pero tambin con la del propioCervantes, y con la genealoga que para su propia figura reconstruyennuestros autores.

    La literatura, desde esta posible perspectiva, no es sino una di-mensin que se instaura como escritura de una lectura y como lecturade muchas escrituras. De all las imgenes en las cuales una bibliotecaes un mundo ya creado cuyas claves no podemos sino volver a descu-brir, esto es, que no podemos sino volver a leer y escribir. Estos dosantagonistas se encuentran as, por fin, atrapados en un mismo mundode letras y de libros, que los reconcilia a pesar de sus diferencias.

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    RESUMEN

    Se hace una comparacin entre algunos aspectos de la vida y de la obra de dosgrandes escritores argentinos, Jorge Luis Borges y Ezequiel Martnez Estrada,para establecer que, adems de las marcadas diferencias por muchos conocidas,existen tambin significativas semejanzas en cuanto a su vnculo con el mundodel libro y la lectura, as como a las prcticas de sociabilidad entre escritores dela poca, y se citan ejemplos que confirman que ambos autores estuvieronestrechamente ligados a la edad de oro de la industria editorial argentina.

    Palabras clave: Borges, Martnez Estrada, campo literario, literatura argentina,libro argentino.

    ABSTRACT

    A comparison between some aspects of the life and the work of two greatArgentine writers, Jorge Luis Borges and Ezequiel Martinez Estrada, settlesdown. This comparison establishes that, in addition to the noticeable differencesrecognized by many, significant similarities realted to their bond with the litteraryworld of books and their reading also exist, as well as to the practices of sociabilitybetween writers of the time, and examples are mentioned that confirm that bothauthors closely were bound at the Golden Age of the Argentine publishingindustry.

    Key words: Borges, Martnez Estrada, literary field, Argentine literature,Argentine book.