Bonefeld, Werner - Acerca de La Subversión y Los Elementos de La Razón Crítica Notas Desde El...

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1 Acerca de la subversión y los elementos de la razón crítica: notas desde el ayer Werner Bonefeld i Traducción: Luciana Ghiotto Subversion y crítica El pensamiento subversivo no es otra cosa que la astuta de la razón confrontada con una realidad social en la cual los pobres y miserables están obligados a subsidiar el sistema financiero en pos de sostener la ilusión de la riqueza abstracta. Sin embargo, este subsidio es necesario en la sociedad actual, para asegurar su riqueza y evitar su implosión. Esta racionalidad irracional del modo de reproducción social organizado capitalísticamente está en el centro de la crítica de la economía política. La crítica de la economía política es intransigente con respecto a los modos del mundo existente. Demanda que todas las relaciones en las cuales “el hombre sea convertido en un ser esclavizado, corrompido, abandonado, deben ser derrocadas” ii . El abandono subsiste en una sociedad que no tiene conciencia de sí misma, en la cual la práctica humana se manifiesta a sí misma en la forma del movimiento de monedas que se impone objetivamente a través de los sujetos activos, como si la ley de monedas fuera un mundo aparte de los sujetos sociales que constituyen la sociedad gobernada por las monedas. En el capitalismo, los individuos son de hecho gobernados por el movimiento de fuerzas económicas, abstractas, que se aseguran a sí mismas sobre los individuos aún cuando los conduzca al borde del fracaso. Sin embargo, el origen de estas fuerzas económicas es enteramente social. No manifiestan ninguna naturaleza económica abstracta. Por el contrario, manifiestan la naturaleza socialmente constituida. El movimiento del mundo se manifiesta a espaldas de los individuos actuantes; y sin embargo, es su propia obra. Las relaciones de precio y beneficio monetizadas no pueden ser combatidas de un modo directo e inmediato - pues qué significaría en realidad pelear contra la inflación o deflación del dinero, oponerse al movimiento del dinero, combatir el movimiento de las tasas de interés, pelear contra el movimiento de precios y resistir a la pobreza en un modo de reproducción social que implica al trabajador desposeído en su concepto de riqueza, esto es, dinero como más dinero. 1

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Bonefeld, Werner - Acerca de La Subversión y Los Elementos de La Razón Crítica Notas Desde Charla -_español Julio 2014

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Acerca de la subversin y los elementos de la razn crtica: notas desde el Ayer

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Acerca de la subversin y los elementos de la razn crtica: notas desde el ayerWerner Bonefeld

Traduccin: Luciana GhiottoSubversion y crticaEl pensamiento subversivo no es otra cosa que la astuta de la razn confrontada con una realidad social en la cual los pobres y miserables estn obligados a subsidiar el sistema financiero en pos de sostener la ilusin de la riqueza abstracta. Sin embargo, este subsidio es necesario en la sociedad actual, para asegurar su riqueza y evitar su implosin. Esta racionalidad irracional del modo de reproduccin social organizado capitalsticamente est en el centro de la crtica de la economa poltica. La crtica de la economa poltica es intransigente con respecto a los modos del mundo existente. Demanda que todas las relaciones en las cuales el hombre sea convertido en un ser esclavizado, corrompido, abandonado, deben ser derrocadas. El abandono subsiste en una sociedad que no tiene conciencia de s misma, en la cual la prctica humana se manifiesta a s misma en la forma del movimiento de monedas que se impone objetivamente a travs de los sujetos activos, como si la ley de monedas fuera un mundo aparte de los sujetos sociales que constituyen la sociedad gobernada por las monedas. En el capitalismo, los individuos son de hecho gobernados por el movimiento de fuerzas econmicas, abstractas, que se aseguran a s mismas sobre los individuos an cuando los conduzca al borde del fracaso. Sin embargo, el origen de estas fuerzas econmicas es enteramente social. No manifiestan ninguna naturaleza econmica abstracta. Por el contrario, manifiestan la naturaleza socialmente constituida. El movimiento del mundo se manifiesta a espaldas de los individuos actuantes; y sin embargo, es su propia obra.

Las relaciones de precio y beneficio monetizadas no pueden ser combatidas de un modo directo e inmediato - pues qu significara en realidad pelear contra la inflacin o deflacin del dinero, oponerse al movimiento del dinero, combatir el movimiento de las tasas de inters, pelear contra el movimiento de precios y resistir a la pobreza en un modo de reproduccin social que implica al trabajador desposedo en su concepto de riqueza, esto es, dinero como ms dinero.

Una prctica que combate las formas existentes de riqueza econmica es una prctica sobre las precondiciones sociales que se manifiestan a s mismas en la lgica de fuerzas econmicas aparentemente independientes. No es la independencia de las categoras econmicas de dinero, moneda y valor, como fuerzas superiores que estn dentro y atraviesan a los individuos sociales, lo que requiere explicacin. En cambio, lo que requiere ser explicado son las relaciones sociales de produccin, las cuales se manifiestan a s mismas como relaciones entre cosas econmicas, las cuales se afirman a s mismas detrs de las espaldas de los mismos individuos que integran y sostienen la sociedad. En la forma de dinero, la sociedad desaparece como una relacin social y asume la forma de una lgica econmica abstracta que se manifiesta a s misma de un modo natural. Esto es, el sujeto social desaparece en su propio mundo social slo para reaparecer como la personificacin de categoras econmicas. Los sujetos de la sociedad capitalista viven haciendo que el dinero engendre ms dinero. El tiempo es dinero, y el dinero aparece como ms dinero sin certificado de nacimiento. El carcter misterioso del intercambio de equivalentes entre valores no equivalentes (M...M) descansa sobre el concepto de plusvalor, y esto es, la relacin de clase entre el dueo de los medios de produccin y los productores de plusvalor que no poseen propiedad. Por el bien de la riqueza capitalista, el trabajador personifica no slo al tiempo de trabajo, sino al tiempo de plustrabajo, que es el tiempo de la ganancia. El pensamiento subversivo no piensa en la ganancia con la intencin de calcularla. Ms bien, quiere saber qu es la ganancia. Piensa en la categora ganancia con el fin de revelar su origen en el plustrabajo de toda la clase de trabajadores desposedos.Acerca de la razn crtica: ms all de la personalizacinCrticamente concebido, El Capital no es un texto econmico. La economa es la frmula de un mundo invertido. Esta posicin pone de relieve la cuestin acerca del sentido de la crtica en la crtica de la economa poltica. Qu es criticado? De acuerdo con Marx, su crtica de la economa poltica se trata de una crtica de categoras econmicas, argumentando que los economistas lidian con presupuestos no teorizados. Esto es, en las manos de economistas, la ley de la acumulacin capitalista es metamorfoseada... en una pretendida ley de la naturaleza. La crtica de la economa poltica se enfoca sobre el sistema de inversin econmica y en sus categoras de precio y beneficio para descifrar las relaciones sociales que se desvanecen en su aparicin como personificaciones de relaciones de clase e intereses de clases particulares. La circunstancia de que cada individuo deba reaccionar bajo la compulsin de las fuerzas econmicas requiere contestar la pregunta acerca del origen de esta naturaleza socio-econmica y el modo en que vuelve a los individuos meras mscaras de personajes, agentes del intercambio en un orden econmico supuestamente separado. La pregunta acerca del capital se convierte entonces en una pregunta acerca de las relaciones sociales entre las personas expresadas como una relacin econmica entre cosas, esto es, abstracciones econmicas reales. Al igual que la crtica de la religin no critica a Dios sobre la base de Dios, la crtica de la economa poltica no critica las abstracciones econmicas reales sobre la base de las abstracciones econmicas reales. Por el contrario, la crtica de la religin descifra las relaciones sociales que asumen la forma de Dios y que desaparecen en la idea de Dios, slo para reaparecer como meros creyentes en Dios, meras derivaciones de la ley divina. De igual modo, la crtica del capital no es la critica desde el punto de vista de una naturaleza econmica transhistricamente concebida. Al igual que la crtica de la religin, tambin intenta descifrar la constitucin social de las fuerzas econmicas que aparecen como misteriosas, extra-mundanas, las cuales prevalecen no slo sobre los individuos sociales, sino a travs de ellos. El sujeto social de la sociedad capitalista es un sujeto acuado (coined subject).

El objetivo de la crtica no puede entonces hacer que al individuo responsable por las relaciones, de las cuales sigue siendo su criatura, no obstante lo mucho que se esfuerza subjetivamente por estar por encima de ellas. No es suficiente criticar a los capitalistas por su aparentemente excesiva adiccin a la ganancia, as como tampoco es suficiente criticar a los banqueros por perseguir el dinero por el dinero mismo. Aun al borde de la ruina, estos comportamientos manifiestan la necesidad objetiva de las relaciones sociales capitalsticamente constituidas. Ni el capitalista ni el banquero, as como tampoco el trabajador, pueden extraerse a s mismos de la realidad en la cual viven y que se asegura a s misma no slo sobre ellos sino a travs de ellos y por medio de ellos. La crtica del banquero, o de cualquier operador poltico-econmico de un sistema que se asevera a s mismo como una fuerza independiente por encima y a travs de los individuos sociales, pierde el objeto de la crtica. La crtica de la economa poltica no es entonces una crtica de las personificaciones de las categoras econmicas. No argumenta que la economa del trabajo est corrompida por los intereses privados del capitalista y de sus amigos polticos, de lo cual se deriva la demanda de acciones polticas para corregir las cosas, en inters de la humanidad y de una economa del trabajo racionalizada. En cambio, es la crtica de las relaciones sociales de la reproduccin humana en la forma de un movimiento de cosas econmicas, que se objetiva a s mismo en las personas.

No obstante, mientras cada individuo est gobernado por abstracciones, los dueos de los medios de subsistencia experimentan esta regla como una fuente de enriquecimiento y de inmenso poder. En este contexto, Max Horkheimer y Theodor Adorno han argumentado que las reglas son seguras mientras los gobernados luchen bajo el hechizo del mundo invertido, en el cual las causas de la crisis financiera, la debacle econmica y las condiciones de austeridad son atribuidas a un comportamiento codicioso de individuos identificables. Una crtica del capitalismo que rompa el hechizo demanda ms de esto y menos de aquello. Asigna culpas y proclama saber cmo hacer que las cosas estn bien. En lugar del capital, es, dicen, la conciencia que sostiene la reproduccin de la ganancia capitalista y la avaricia de los especuladores lo que debe ser criticado, rechazado y condenado. Esto es, la crtica del capitalista se manifiesta a s misma como una demanda por un mejor capitalismo, uno que funcione en los intereses de los trabajadores. La crtica de Marx de Proudhon se enfocaba sobre este punto. Proudhon sustitua la crtica del capitalismo por la crtica de los capitalistas, buscando liberar al capital de los capitalistas, con el fin de utilizar el poder del capital por el beneficio de una sociedad bien ordenada, invirtiendo en la sociedad por el beneficio de los trabajadores.

La crtica de los capitalistas deja a la categora del capital no slo sin ser tocada, sino que a su vez eleva al capital como una cosa ms all de la crtica. En lugar de una crtica del capital, identifica a la parte culpable, la condena y demanda accin del estado para solucionar las cosas. Atribuye adems condiciones de actividad conciente a algunos individuos identificables, quienes ya no aparecen como la personificacin de categoras econmicas, sino como la personalizacin subjetiva de la miseria. Esta personalizacin de las categoras econmicas conlleva un nmero de diferenciaciones, ms que nada entre el capital productivo o creativo como un productor de riqueza real, empleando a personas creativas y muy trabajadoras, y por otro lado el capital financiero o parasitario, que hace su fortuna especulando con dinero en detrimento de la industria y de los trabajadores. Aqu la distincin entre, de un lado, el valor de uso y el trabajo concreto, y de otro, el valor de cambio y el trabajo abstracto incluyendo la manifestacin de valor en la forma de dinero, aparece en la forma de personalidades distintivas, oponiendo al industrialista creativo contra el banquero especulador y parasitario. Emerge, entonces, la idea de un capitalismo que es corrompido por los intereses financieros. Las finanzas convierten al capitalismo en un casino que gira la rueda de la fortuna del mundo a expensas de las industrias nacionales, de la riqueza nacional, de los trabajadores nacionales y de la armona nacional.

En esta mirada el fetiche del capital, que se manifiesta en la forma de dinero en su forma ms sin-sentido e incomprensible de riqueza, expresa la actividad conciente y la voluntad de los banqueros, financistas y especuladores. Esto es, una forma definida de relaciones sociales de manifiestan en la forma de un movimiento de moneda y luego, bajo el hechizo de este movimiento, se rebela contra las personificaciones de un mundo gobernado por la moneda. La crtica personalizada del capital identifica al malhechor de la sociedad malhecha y lo llama un mercader de la avaricia. Por el bien del empleo y de la industria, hay que hacer algo. Y algo puede hacerse! La crtica personalizada de las relaciones sociales capitalistas est abierta al abuso desde el comienzo. Es un pensamiento cercano a echar la culpa, y condena a las partes identificadas como el poder que se esconde dentrs de los fenmenos econmicos, chupando la vida de la comunidad nacional de gente trabajadora. La identificacin del sujeto de la miseria lleva a la condena de la sociedad mercantil global como una red de poder financiero e imperial que se impone con fuerza destructiva sobre los pueblos nacionales que aparecen como vctimas de los vendedores cosmopolitas. La idea contempornea de que el capitalismo neoliberal result de un acuerdo elaborado en Washington entre el dinero y el poder, el as llamado Consenso de Washington, conlleva la idea, al menos por sus implicancias, de una construccin conspirativa de la economa mundial comandada por las finanzas que, empujada por el podero econmico y militar de los EEUU, explota las naciones del mundo por el bien de la riqueza financiera, esto es, la riqueza parasitaria.

La crtica del imperialismo financiero conlleva la idea del anti-imperialismo como una fuerza progresiva y liberadora. El reverso del anti-imperialismo es la liberacin nacional, por la cual las comunidades nacionales dominadas defienden su identidad en oposicin a las fuerzas desintegrantes de la globalizacin financiera y del poder imperial. La idea de la nacin como sujeto de la liberacin es irracional como la creencia del destino nacional y de la homogeneidad nacional de intereses, desde la industria nacional, pasando por el inters nacional, hasta la historia nacional. La idea de la nacin como la fundacin del ser y del hacerse reconoce el trmino cosmopolitismo como un trmino de abuso. En cambio, pone su fe en la nacin imaginada como una cosa activa y naturalmente enraizada, a la cual idolatra como el espritu del pueblo. Si de hecho es permitido hablar de un espritu del pueblo, se trata de un espritu nacional no por naturaleza, sino por historia. Al reducir la historia a la naturaleza o al leer la naturaleza en la historia, la lucha por la liberacin nacional se vuelve desilusionante, ya que las personas son forzadas a actuar como si en verdad se tratara de fuerzas naturales que poseen una historia nacional. Esta crtica es enteramente regresiva. En oposicin al mundo econmico del capital, reclama por la liberacin de una presunta naturaleza nacional oprimida, oponiendo la seudo-concretitud de la nacin al enemigo percibido de los intereses nacionales armnicos. Por el bien de una riqueza nacional mayor, demanda el pleno empleo de las fuerzas de trabajo nacionales como la fundacin de la liberacin nacional.Notas del ayerLa dificultad para concebir una sociedad de libres e iguales se remite a esta propia idea. A diferencia de la persecucin de la riqueza abstracta, del valor en proceso, dinero en proceso y como tal, capital; a diferencia de la toma del estado, bsqueda y preservacin del poder poltico; y a diferencia de la idea del trabajo como necesidad social de la riqueza y la concepcin de la economa como la economa del trabajo, esta idea sigue una comprensin completamente diferente acerca del desarrollo humano: busca la sociedad de propsitos humanos, la emancipacin humana universal.

La riqueza de los individuos comunistas y la riqueza de la sociedad capitalista pertenecen a dos realidades diferentes. Para la sociedad de los libres e iguales, la riqueza social es el tiempo libre. El tiempo para el ocio (Marx) es la forma comunista de la riqueza. Para el comunismo, el tiempo no es dinero, la igualdad no es una igualdad abstracta ante la ley, y el trabajador no es una carcasa del tiempo. Su metabolismo con la naturaleza no es un medio para lograr la acumulacin de riqueza abstracta. En cambio, la sociedad de individuos comunistas se caracteriza por la igualdad de las necesidades humanas individuales y la satisfaccin de los seres humanos. Reconoce a la humanidad como fin, no como medio. El tiempo del valor y el tiempo de la emancipacin humana pertenecen a mundos diferentes. El tiempo de la emancipacin humana es el tiempo de la organizacin democrtica de los medios humanos de subsistencia a cargo de la comunidad de los propios individuos comunistas.

La sociedad de objetivos humanos se opone a toda la historia hasta ahora contada. Su logro conlleva que el progreso de esa historia se pare en seco para que la sociedad pueda ser fundada desde cero.

La sociedad de objetivos humanos no es el secreto oculto de las relaciones sociales capitalistas. En cambio, su secreto oculto es la fuerza de la ley que expropia violentamente, separando a la masa de la poblacin de los medios de subsistencia, separando al productor del plusvalor del acceso directo a los medios de vida. La fuerza de la ley cometiendo violencia aparece en la forma de compulsin econmica, que facilita la venta y compra de la fuerza de trabajo supuestamente entre sujetos legalmente iguales, que intercambian entre ellos libres de modos de coercin directa. Los intereses de los vendedores y compradores de la fuerza de trabajo no son los mismos. Su conducta civilizada es una cuestin poltica. Esto es, el estado se encarga de despolitizar la relacin entre capital y trabajo al concentrar el carcter poltico de la sociedad burgus. El estado no es un ser independiente. Es la forma poltica de las libres relaciones burguesas de la libertad acuada. Su objetivo no es negociable. El estado poltico es el estado de la despolitizacin social. Politiza la forma burguesa de libertad en la forma de relaciones contractuales entre los compradores de fuerza de trabajo y los productores de plusvalor como sujetos iguales ante la ley y el dinero. Marx argumenta que todos aquellos que viven de la venta de su fuerza de trabajo se encuentran a s mismo opuestos a la forma en la cual los individuos, de los cuales la sociedad est conformada, se han dado a s mismos expresin colectiva, esto es, el estado; por ende, para afirmarse ellos mismos, deben derrocar el estado. La sociedad de libres e iguales organiza sus fuerzas propias como fuerzas sociales y por ende no separa el poder social de s misma en la forma del poder poltico.

Como una teora subversiva de las fuerzas econmicas, la crtica de la economa poltica elude los tratamientos afirmativos. Al igual que un falso diamante, la sociedad existente irradia con la falsa promesa de que, si est bien planificado, el progreso ulterior del desarrollo econmico liberara a los trabajadores de la dura realidad de su posicin socio-econmica. La crtica de lo poltico es crtica con la condicin de que se resista a esta falsedad, rechazando ser tomada por la filosofa del progreso que en su totalidad se encuentra atada a las relaciones sociales existentes. La idea de la revolucin como una revolucin por la liberacin del trabajo resulta ser regresiva. La sociedad burguesa no contiene en s misma la necesidad de la emancipacin humana. La nocin de progreso histrico por el beneficio de la clase trabajadora lleva en el mejor de los casos a una rebelin conformista, una rebelin que, en lugar de acabar con la esclavitud, busca un nuevo pacto para los esclavos. El concepto de clase es enteramente negativo. La crtica de la sociedad de clases encuentra su resolucin positiva no en un conjunto de productores de plusvalor con pleno empleo y mejor pagos. Slo encuentra su resolucin positiva en la sociedad sin clases. En distincin con la tradicin ortodoxa, la historia no se encuentra del lado de la clase trabajadora. Tampoco se desarrolla por el beneficio de los oprimidos. De hecho, la historia no se desarrolla en absoluto. Esto quiere decir que la historia no hace nada, no posee una inmensa riqueza, no pelea ninguna batalla. Es el hombre real, el hombre vivo quien hace todo eso, quien posee y pelea; la historia no es, como la conocemos, una persona aparte, que usa al hombre para conseguir sus objetivos, sus propios deseos; la historia no es nada ms que la actividad del hombre persiguiendo sus propios deseos. Estos deseos no estn teleolgicamente determinados ni naturalmente fundados. El objetivo del capitalismo es la acumulacin rentable de la riqueza abstracta para su propio beneficio. La comuna de los propsitos humanos no es un objetivo humano existente. Su realidad es enteramente negativa. La historia aparece como una secuencia lineal de eventos, de una batalla a otra y de tal divisin del trabajo a tal otra, culminando en el presente. Esta apariencia es real, pero carece de significado. Qu significa realmente decir que la historia sea una secuencia de eventos? Eventos de qu? Y qu estuvo tan lleno de eventos? La historia aparece como una fuerza trascendente del progreso slo cuando uno se abstrae de ella, llevando a su descripcin como una secuencia de eventos histricos, para los cuales el trmino historicidad provee un nombre. La historicidad comprende la idea de una historia sin historia. Esto es, para poder asir la historia, comprenderla, uno debe romper el continuum de la historia.

Uno debe pensar entonces por fuera de la historia, por fuera de las batallas por la libertad, de las insurrecciones de esclavos, de las revueltas campesinas, de las luchas de Les Enrags, de las huelgas de trabajadores, levantamientos, insurrecciones y revoluciones, para apreciar la tradicin de los oprimidos, reconocer el olor del peligro y el lmite de la muerte, para tomar un sentido del coraje de la lucha, aprehender el espritu de sacrificio, asir la densidad de una poca, aunque se escape de nuestras manos, cuando el progreso del barro de los tiempos casi par en seco. La historia no conduce a ningn lado, no tiene un telos, no posee objetivos ni toma partido. En el peor escenario, contina en el camino del progreso victorioso bajo las nubes oscuras y el cielo lleno de humo. En el mejor escenario, su progreso ser detenido. Este tipo de historia no ha sido hecha an, aunque se lo ha intentado varias veces. En nuestra poca, este intento se llam comunismo (este intento de negacin que busca liberar al mundo del barro de los tiempos). Para Marx, la lucha contra la opresin es la lucha de la ltima clase oprimida, una y otra vez. La clase oprimida no lucha por el progreso de la opresin; este es el tema de los seores de la historia. El proletariado es el nombre de la clase oprimida de nuestro tiempo. Marx dice que esta es la ltima clase. Puede no ser la ltima clase, aunque, si no lo es, el continuum de la historia no habr sido roto. Esto es decir que no existe en verdad una realidad secreta que apunta ms all de las relaciones sociales de produccin. La razn crtica de la crtica de la economa poltica es entonces enteramente negativa. Toda la economa poltica del capital es falsa. Toda debe irse.Acerca del realismo de la negacinLa lucha por la sociedad de objetivos humanos no sigue alguna idea abstracta. Es una lucha por el acceso a cosas materiales y crudas sin las cuales ninguna cosa espiritual y refinada podra existir. Por qu pelea entonces la clase trabajadora en s? En s pelea por mejores salarios y condiciones y defiende los niveles de salario y las condiciones. Pelea contra el hambre de plusvalor de los hombre lobos del capital y su conquista destructiva por mayos cantidad de tomos de tiempo de trabajo impago, y por ende contra su reduccin a una mera carcasa del tiempo. Lucha contra una vida constituida slo del tiempo de trabajo y por ello contra la reduccin de la vida humana en un mero recurso econmico. Pelea por respeto, educacin y reconocimiento de la significacin humana y, sobre todo, lucha por comida, cobijo, ropa, calidez, amor, afecto, conocimiento, tiempo de ocio y dignidad. Su lucha como clase en s es en realidad la lucha por s misma: por la vida, por la distincin humana, por tiempo de vida, y, sobre todo, por la satisfaccin de las necesidades bsicas humanas. Realiza todo esto en condiciones en las cuales el crecimiento de la riqueza material que ella mismo ha creado empuja ms all de los lmites de su forma capitalista. El as llamado efecto-derrame que la acumulacin capitalista tal vez traera presupone un previo efecto-ascenso en la acumulacin capitalista de riqueza. Y entonces la sociedad de repente se encuentra a s misma llevada nuevamente a un estado de barbarie; parece como si el hambre generalizada, una guerra universal de devastacin hubiera cortado el suministro de todos los medios de subsistencia.La existencia de individuos sociales como personificaciones de fuerzas econmicas aparentemente auto-suficientes no conlleva la reduccin de la conciencia social a la conciencia econmica. Conlleva, s, el concepto de economa como un concepto experimentado, una conciencia econmica como una conciencia experimentada. Para los vendedores de fuerza de trabajo desposedos, la conciencia econmica es una conciencia infeliz. Es la conciencia infeliz de la lucha por el acceso a los medios de subsistencia. Es la lucha lo que hace a la clase oprimida la depositaria del conocimiento histrico. La lucha de clases provee una experiencia nica con el pasado. Ya sea que esta experiencia se torna concreta en las formas cambiantes de represin como resistencia a la represin o si se torna concreta en formas de represin, es una cuestin de historia experimentada. Existen tantas experiencias de historia como hombres intentando parar su progreso ulterior. El comunismo es el movimiento de esta negacin. Este ensayo expone los argumentos centrales de mi libro La Razn Corrosiva, Buenos Aires, 2013.

Karl Marx, Contribution to the Critique of Hegels Philosophy of Right. Introduction (London 1975), p. 182.

Frederic Jameson, Presenting Capital (London 2011) ve a EL Capital como un texto puramente econmico. Si as fuera, esto sera malo para Marx.

Karl Marx, Letter to Lassalle, 22 February 1858, in MEW 29 (Berlin 1963), p. 550. On the economist as a thinker of unreflected presuppositions, see Karl Marx, Letter to Engels, 2 April 1958, in MEW 29 (Berlin 1963), p. 315.

Adorno, Lectures on History and Freedom (Cambridge 2008), p. 118.

Marx, Capital (London 1990), p. 92.

Adorno, Negative Dialectics (London 1990) p. 311.

See Bonefeld, El capital como sujeto y la existencia del trabajo, in Marxismo Abierto: Una Vision Europea y Latinamericana, Herramienta, Buenos Aries, 2007.

Marx, Capital, op. cit., p. 92.

Adorno and Horkheimer, Dialectic of Enlightenment (London 1979), p. 179.

Marx, The Poverty of Philosophy (Moscow 1955) and Grundrisse (London 1973), op. cit., pp. 239-289.

El libro de Peter Gowans Global Gamble (London 1999) es el ms emblemtico sobre esta mirada. Acerca de las implicancias polticas de un anti-imperialismo vulgar, ver Bonefeld, Antisemitism and the Power of Abstraction, in M. Stoetzler, Antisemitism and the Invention of Sociology, Nebraska University Press, 2014.

Marx, Theories of Surplus Value, vol. II (London 1972), p. 252.

On communism as the society of communist individuals, see Herbert Marcuse, Soviet Marxism (London 1958), p. 127.

Esta mirada es central en las Tesis sobre la historia de Benjamin, en Illuminations (London 1999). La comprensin del comunismo como el fin del lodo de los tiempos que funda la sociedad desde cero es de Marx Marx and Engels, The German Ideology (London 1976), p. 53. Para diferentes acercamientos de este punto de Marx vase Mike Lebowitz, Beyond the Muck of Ages, in W. Bonefeld and K. Psychopedis (eds.), Human Dignity (Aldershot 2005), John Holloway Change the World (London 2002), and Werner Bonefeld, Notas sobre el fetichismo, la Historia y la incertidumbre: Ms all de la crtica de la austeridad, Isegoria. Revista de Filosofia Moral y Politica, no. 50 (2014).

Marx and Engels, The German Ideology, op. cit., p. 80.

Karl Marx, On the Jewish Question (London 1975) p. 168.

Karl Marx, The Holy Family (London 1975), p. 93.

De acuerdo con Benjamin, la transformacin de la historia en una ciencia sin historia caracteriza el bordello (burdel) de la historicidad. Walter Benjamin Theses of History, op. cit., p. 254.

Uso esta frase en referencia a Holloway, Crack Capitalism (London 2010).

La idea de pensamiento fuera de la historia antes que sobre la historia deriva de la dialctica negativa de Adorno, la cual argumenta que para que el pensamiento comprenda a la sociedad necesita pensar fuera de la sociedad. Para l, pensar sobre la sociedad, o sobre la historia, requiere un argumento basado en juicios hipotticos que tratan a la sociedad como un como si, conduciendo a afirmaciones dogmticas sobre su carcter natural.

Sobre esto, vase Horkheimer and Adorno, Dialectic of Enlightenment, op. cit.

Sobre esto, vase Werner Bonefeld, Critical Theory, History, and the Question of Revolution, in S. Brincat (ed.), Communism in the 21st Century vol. 3 (New York, 2013).

Benjamin, Theses of History, op. cit., p. 246.

Marx and Engels, Communist Manifesto (London 1996), p. 18.

Benjamin, Thesis of History, op. cit., p. 254.

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