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Título: Bolivia Construcciones Autor: Bruno Morales País: Argentina Tipo: Narrativa Año: 2008

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    BRUNO MORALES

    Bolivia Construcciones

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    Bruno Morales, 2008

    Editorial Yerba Mala Cartonera de Bolivia, 2008.

    Proyecto social cultural y comunitario sin fines de lucro.

    yerbamalacartonera@gmail.com

    http://yerbamalacartonera.blogspot.com

    Proyectos anlogos: Elosa Cartonera (Argentina), Sarita Cartonera (Per),

    Animita Cartonera (Chile), Ediciones la Cartonera (Mxico), Dulcinia

    Cartonera (Brasil), Santa Muerte Cartonera (Mxico), Nicotina

    Cartonera (Bolivia)

    ______________________________________________________

    Impreso en: Imprenta Ro Seco, patio 2, mzno. P, No. 214, El Alto. Derechos exclusivos en Bolivia

    Hecho el depsito legal: 3-1-1101-08

    Impreso en Bolivia

    ______________________________________________________

    Esta publicacin ha sido posible gracias al apoyo desinteresado de los

    residentes bolivianos en BostonEEUU y Oswaldo Calatayud y familia..

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    A la memoria de Franco Lucentini

    1.

    El viaje desde Potos fue largo, zigzagueante y sobre todo fro.

    Me dolan la espalda, el cuello, los hombros, las piernas respondan

    con torpeza, y no haba dormido en toda la noche. Quispe argument

    largamente sobre los orgenes de la virgen que luego, mucho tiempo

    despus, sera llamada de Copacabana y apenas entrecerraba yo los

    ojos me daba un puntapi certero en la canilla derecha. Al medioda

    llegu rengueando al puesto fronterizo, Villazn-La Quiaca. Haca

    calor y el cuarto ola a vino picado. Un suboficial argentino, barrign,

    de ojos vivaces, ms bien petiso y morocho, con la camisa

    desabrochada y aliento a vino, me pregunt cosas que no supe

    responder. Adelantaba el cuello, como si quisiera husmear una fuente

    de asado que un oficial le sacaba de la mesa y nunca le dejaba oler.

    Y decime, por qu vens a la Argentina? Me sorprendi el voseo y sent ganas de decirle, para confirmar

    sus sospechas, a vender setenta y dos kilos de pasta base chucha-tu-madre, recordando el clebre insulto peruano. Pero cordialmente le dije:

    A visitar a mi madre. Quispe me felicit por cmo me haba comportado.

    Has estado correcto, muchacho, sobre todo en tus expresiones. Nos expresamos de modo ms correcto que el pas

    hermano, pero todava debes aprender mucho de m: paciencia me dijo ya del lado argentino.

    Sent que este pas me haca un gran favor al dejarme entrar,

    pero no se me ocurra por qu agradecer la deferencia que los

    argentinos tenan conmigo.

    2.

    Quispe, que dijo varias veces saber exactamente dnde viva su

    familia, se vio desorientado en Buenos Aires. Durante el trayecto

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    desde Jujuy fuimos detenidos cuatro veces. Cada vez, el Quispe les

    repiti a los gendarmes a qu lugar exacto nos dirigamos. En Retiro

    ya no era tan preciso. Preguntaba cosas que la gente no entenda hasta

    que un diariero le dijo que hablara argentino y no quichua. Eso lo desalent y sumi en un silencio profundo.

    Pero cmo se llama el lugar, la barriada adonde debemos llegar? me atrev a preguntarle.

    Cllate, muchacho, que me distraes y no dejas meditar. Me call. Casi dos horas. Hasta que no pude aguantar la queja

    de mi estmago vaco. Me dolan los tobillos, las rodillas y los

    hombros; el bolso a esa altura era una roca. Le propuse entrar a un

    comedero.

    No, aqu estamos en Once y hay mucho peruano, aguntate y no molestes. Eres un mamn. (Quispe adoptaba ahora una serie de

    vocablos que antes jams haba pronunciado).

    De pronto, en la esquina de las calles Pueyrredon y Bartolom

    Mitre se detuvo. Mir el cielo, luego seal con un dedo el cemento

    orinado y cubierto de basura y anunci:

    Es aqu. A una cuadra tomaremos un micro y al tiro llegamos.

    Fueron otras dos horas de retorcijones. Despus del micro,

    hubo que tomar otro, y despus dos ms. Me pareci que esos dos

    ltimos los tomamos de sobra pero no lo puse nervioso al Quispe con

    cojudeces. Cuando bajamos, haba olor a asado (vaca sin adobo), la

    comida preferida de los argentinos.

    Bolita, comprale un choripn a tu sobrino le dijo alegremente a Quispe un vendedor que se haba sacado la camisa.

    El Quispe se par en seco. Torci lentamente el cuello, como

    en las pelculas norteamericanas de vaqueros o de Schwarzenegger,

    arque una ceja y se frot la nuca. Nunca lo haba visto as.

    Comprale un vacipn. Quispe tena el aire guardado en los pulmones para contestarle,

    pero en vez de eso me tom del hombro y me dijo erguido y con

    autoridad:

    Vamos.

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    Mientras nos alejbamos, yo no poda sacarle los ojos de

    encima a la comida, y vi que el cartel del negocio deca Urkupia.

    3.

    El lugar era muy grande. Me haca acordar a La Paz. Cuando el

    Quispe pidi orientaciones al bajar del ltimo micro, el seor al

    principio no entenda, hasta que dijo:

    Ah, la villa. Por ah. De golpe, de una casa sali una paisana, y grit, una sola vez:

    Quispe! Quispe me advirti, con voz firme pero baja:

    Y ahora, comprtate. Yo pensaba si nos iba a dar de comer. Cuando llegamos a la

    puerta, ah el Quispe hablaba bien alto. Ella lo oa seria, pero

    aprobaba.

    El que dise esta casa, primero, y despus el que la ampli, eran sabios, de los que ya no existen.

    Con un gesto mostraba la casa, de arriba abajo, y curvando el

    brazo, una ampliacin, que estaba detrs del pasillo ms angosto que

    hubiera visto nunca en mi vida.

    Yo no deca nada.

    Conocan su oficio explic ahora ella, asombrada porque yo no deca nada.

    A partir de entonces nadie la sac de la idea de que era un opa.

    A m la casa me pareca ms esmirriada que las otras, y por

    ahora no poda apreciar la ampliacin, pero haba aprendido a

    callarme.

    Cuando entramos me sent incmodo. El cuarto era chico,

    estaba dividido por jirones de tela y haba un entrepiso hecho de

    madera hmeda y delgada donde, arriba, se amontonaban algunos

    colchones. Al Quispe se lo vea contento. La paisana contaba cmo

    haban cambiado las cosas en Argentina desde haca solo cinco aos.

    Estefana (as se llamaba) chist y apareci un paisano grandodote,

    despeinado y con gesto ausente. Tom nuestros bolsos y los llev al

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    cuarto. La escalera y el piso de arriba crujieron con cada uno de sus

    movimientos.

    Tambin cambi el costo por las camas, Quispecito, pero luego lo vemos.

    Por supuesto Estefi. Ahora tiene que comer esstte nio ansioso e impaciente y luego arreglamos cuentas.

    Finalmente, com.

    Te hice unos platos bolivianos ella estaba muy orgullosa de entenderme. Pero son ms ricos que all. Bienvenido al pas de la carne.

    Eran unas milanesas, muy delgadas de que tanto las

    machacaran unas viejas que haba visto y odo en plena tarea a la

    entrada de la casa. Tenan encima ensalada de lechuga ratonil, y

    encima de la ensalada un copo de mayonesa con una aceituna

    descarozada que me miraba con ese ojo, o me mostraba el ano.

    Vamos, muchacho, y dile gracias a Estefi. Gracias seorita Estefana. Ya pueh.

    Con el tiempo, conoc mejor a Estefi que en realidad no se llamaba Estefana. Tena ideas sobre nutricin.

    Ideas cientficas, muchacho me deca el Quispe. Ella estudi. Aprende.

    A m las ideas me parecan bastante pintorescas. Como el

    cuerpo humano slo puede asimilar la vitamina C contenida en dos

    naranjas, ella consideraba que tomarse en un vaso el jugo de tres era

    como tirar una naranja a la basura. Por lo que se haba recorrido todas

    las cristaleras con saldos y ofertas, hasta dar con unos vasos

    especiales, chiquititos, que era donde serva el jugo de naranja en su

    restaurant.

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    4.

    Esa misma noche, s apreci la ampliacin que me haba

    sealado el Quispe. Era el bao, que estaba separado de la casa. La

    expedicin que uno haca era la justa compensacin por las ventajas

    derivadas de tenerlo lejos. De unos caos sala no solamente un olor

    ftido, sino multitud de animales: araas, unos gusanos gordos,

    cucarachas robustas y patudas, de esas que embisten y atacan, y unos

    insectos que no he vuelto a ver, que tenan la peculiaridad de tener la

    panza llena de aire y de tronar al ser aplastados.

    Pero la ventaja de este bestiario era que uno lo vea al ir al bao,

    y ah lo dejaba y no volva uno a acordarse de l hasta el prximo

    viaje.

    5.

    A la maana siguiente, sin desayunar, salimos a una calle en la

    misma barriada del bajo Flores. Con el tiempo, conoc el slido barrio

    coreano, ms all de donde vivamos, donde tambin haba peruanos

    y paraguayos y argentinos. Pero aqu, donde dormamos, todo estaba

    demasiado cerca de todo. Sobre la calle Bonorino haba videos con

    pelculas chinas y bolivianas, casas y tiendas de comida, templos de

    Cristo. Un ciego estaba agarrado de la mano de una nena y reparta

    volantes.

    Puedo oler el pecado en tu mal aliento, muchacho me espet el cristiano cuando pasamos al lado. Se ve que el sexo y la

    edad tambin se olan.

    Me acord del aliento del suboficial de La Quiaca.

    Nadie va a saciar tu hambre como Jess dijo muy segura la nena. Repart estos volantes y me dio un toco.

    Yo no saba si en el templo daban de comer, y mir para

    adentro. Haba mujeres con vestidos largos cantando, levantando los

    brazos y moviendo las caderas. Una me gui el ojo, y grit:

    Hermano!

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