Boletín de La conversación del miércoles - marzo 2011

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La responsabilidad social y política de los intelectuales

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  • La conversacin del mircolesCiclo 2011: El mundo en que vivimos

    Boletn marzo

    La responsabilidad social y poltica delos intelectuales

  • Qu es La conversacin del mircoles?

    La conversacin del mircoles es un espacio de formacin ciudadana destinado al encuentro con el otro a partir de la palabra, que tiene como foco el desarrollo de un tema o problemtica. Dicho espacio tiene cuatro momentos: el primero es el grupo de estudio que se realiza el ltimo mircoles de cada mes en el que se lleva a cabo una conferencia preliminar acerca del tema que nos convoca teniendo como referencia un libro en particular del pensador de nuestro tiempo elegido para cada ocasin. Luego de sta, se lleva a cabo una conversacin en la que, teniendo como base un fragmento ledo previamente, precisamos lneas de abordaje, de desarrollo o dificultades a la hora de pensar el tema que nos convoca. El segundo momento, una semana ms tarde, se realiza la conferencia central de La conversacin del mircoles, ofrecida por Carlos Mario Gonzlez, quien, tomando insumos de lo dicho en el grupo de estudio, elabora una conferencia en la cual desarrolla unas hiptesis y tesis que permiten abrir el dilogo con los asistentes. Siendo fieles a la palabra conversacin, el tercer momento corresponde a la tertulia que se lleva a cabo en el deck del Claustro de San Ignacio el segundo mircoles de cada mes; sta abre un espacio de discusin para que las preguntas y planteamientos que surgieron a partir de lo dicho en la conferencia puedan tener un lugar en el cual pronunciarse. Por ltimo con este boletn pretendemos construir una memoria escrita del trabajo realizado en los momentos anteriores, para que cada uno pueda recoger las preguntas y reflexiones que all surgieron y construya as su propia posicin.

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  • Grupo de estudio

    En la forma misma de nombrar el tema de este mes se insina el problema fundamental: existe una relacin necesaria de responsabilidad entre el ejercicio intelectual y los mbitos social y poltico. Hay que reconocer entonces, que en aras de ampliar las posibilidades para la realizacin de una vida con sentido, es menester conocer y tratar de comprender el mundo que habitamos, conocernos a nosotros mismos en lo que nos hace humanos, en la historia de la cual somos actores principales y reconocer que nuestra participacin en ella ha estado en relacin con las determinaciones que cada poca le imprime a los individuos -valores y contextos-. Lo anterior, en resumida cuenta, son los elementos sobre los que el saber humanstico se ocupa y, en este sentido, hay que hacerse entonces las siguientes preguntas: para qu le es til al ser del presente hacerse a este saber? Cul es su relevancia actual, poltica y social? Qu actitud debe caracterizar a quien se pone en la tarea de construirlo? Por qu es entonces requerido, y con cunta premura, la figura del intelectual en estas nuestras sociedades contemporneas?

    El intelectual humanista debe entonces pensarse desde su relacin con el saber, incluso ms all de que dicho saber pertenezca o no al campo de lo social y humano. Es la posicin que esta figura adopta, armado de conocimientos y con el pensamiento como herramienta, en su sociedad, de cara a ella y al heterogneo y complejo mundo en que actualmente vivimos. Sin embargo, otra ha sido la postura de los abundantes intelectuales academicistas expresin con la que nombramos a aquellos que, dedicados al pensar y a la construccin de saber en diversas disciplinas, independientemente de que ellas pertenezcan a lo que se ha dado en llamar humanidades, carecen de la conciencia del presente, del afuera y del otro; seres para quienes el conocimiento es un bien en s mismo y que viven con la cabeza escondida con la titud del avestruz para no ver lo que a su alrededor acontece, de espaldas a la sociedad, hermticos, acomodados, pasivos, colmados de una jerga especialista y separatista; estos son los eruditos individualistas que hacen del saber objeto de distincin narcisista.

    En contraposicin a esta figura del acadmico y teniendo como teln de fondo el mundo en que vivimos, un mundo que adolece de injusticias y desigualdades, de guerras sin otro argumento que la dominacin y la voluntad de imposicin de quienes creen ser los mejores representantes de lo humano en el variopinto mundo contemporneo, de gobiernos entregados a la conquista de los intereses particulares de una clase y no a favor del pueblo. Pero de lo que ms adolece nuestro mundo es de la pasividad en la que se encuentran sumidas las mayoras afectadas, pasividad que se origina en la ignorancia, el adormecimiento, en la comodidad que promueve la ideologa dominante y que tiene como consecuencia la incapacidad para organizarse que genera la ausencia de fuerza para actuar. Deca pues, que en este presente que habitamos, se hace entonces necesaria y urgente la configuracin de un intelectual humanista armado con un lenguaje claro y transparente y con un espritu creativo que genere alternativas y posibilidades para la participacin democrtica, combativo, pensante, racional y filosfico que lo constituya en el articulador entre esas mayoras sin voz y el mundo en que habitan, y as contribuir a elevar el nivel y la capacidad de intervencin que tenemos los seres humanos que nos asumimos como protagonistas de nuestra historia.

    Diana Marcela SurezCorporacin Cultural ESTANISLAO ZULETA

    ac

    Conferencia preliminar

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    Mircoles 23 de febrero de 2011Auditorio CorpoZULETA

    LA RESPONSABILIDAD SOCIAL Y POLTICA DE LOS INTELECTUALES

    Quiz el intelectual sea una especie de memoria antagonista, con un discurso antagnico propio, que no permita que la

    conciencia mire hacia otro lado o se adormezca. Edward Said

  • Dos tareas tiene este grupo de estudio dentro del proyecto de formacin ciudadana que intitulamos La conversacin del mircoles: avanzar un ejercicio pedaggico que pone en algunos jvenes el reto de realizar una conferencia sobre el problema en cuestin, y concretar una experiencia de pensamiento que desprendindose de cualquier autoridad intelectual, permita el ir y venir de la palabra haciendo preguntas y apostando respuestas y conceptualizaciones a la luz del problema de cada mes. As pues, nuestra conferenciante de la ocasin tuvo que hacer frente a un respetuoso comentario crtico que insista en que un buen expositor es aquel que se atreve a ponerse en riesgo ofreciendo al auditorio tesis fundamentadas que son producto de su singular interpretacin de un problema, lo que implica romper con esa malformacin acadmica que hace del estudiante un ser hiperformado como dira Nietzsche en el sentido de la escucha y que teme contradecir o refutar esos valiosos autores que nos dejaron tantas enseanzas como es el caso, en esta oportunidad, de Edward Said.

    Pero el comentario crtico que suele evaluar la exposicin de la sesin aprovech para abrir fuegos en la discusin recogiendo uno de los problemas que ofreca la charla: los intelectuales tienen, por definicin, que asumir una pregunta por el poder. Afirmacin que fue refrendada por intervenciones posteriores, dejando en el ambiente algo que pareci ser un acuerdo: los intelectuales se ocupan de pensar crticamente las relaciones de poder concretas que se dan en una sociedad. Estos planteamientos introductorios que buscaban provocar la discusin fueron complementados por quien insisti en el deber de conceptualizar, y para el caso que nos ocupaba era menester intentar diferenciar el intelectual de parientes cercanos suyos como el acadmico, el erudito, el escritor, etc. Alguna se atrevi a proponer, diciendo que el intelectual es aquel que entendindose como un individuo dentro de una colectividad toma posicin mediante el pensar ante lo que acaece en el mundo, y del lado de la igualdad y del reconocimiento del otro, hace de lo que ha pensado una posibilidad para que ese otro tambin tome posicin frente al mundo. Es una palabra que posibilita palabra. Fue esta definicin un esfuerzo valioso para un espacio que se propone someternos al pensamiento, adems permiti una nueva crtica, a saber: una definicin debe dar cuenta del conjunto de circunstancias y debe evitar a toda costa caer en ideales o moralizaciones, ello porque la definicin propuesta nos deja en el riesgo de poner al intelectual en el trono del justo, del bueno, del hroe o del santo.

    Este ir y venir de la palabra que se negaba a detenerse en afirmaciones terminadas dej la idea de intelectual algo borrosa, pues hubo quienes recordaron que la derecha est dotada de prestantes y valiosos intelectuales, entre los cuales se mencionaron nombres como Louis Ferdinand Celine, Raymond Aron o Mario Vargas Llosa e incluso se lleg en nuestro grupo de estudio a afirmar que el nazismo cont con intelectuales. Aqu prendi una de las expresivas inquietudes, pues se dijo que a nombre de que un intelectual es quien est inmerso en el mundo de las ideas y ejerce una funcin, podramos terminar en que un posmoderno que orienta hacia la acriticidad o un periodista que produce opinin son figuras intelectuales. Ojo, se respondi de otro lado, no son slo las ideas sino las ideas en el marco de un saber rigurosamente fundamentado.

    Como suele ocurrir, este espacio nos dej ms preguntas que respuestas pero garantiz que todos los asistentes saliramos con el problema planteado en el alma y con el inters de hallar alguna respuesta a las muchas preguntas formuladas, pero, sobre todo, alguna justificacin contundente que nos permita defender el intelectual tan frontalmente descalificado por el discurso posmoderno, discurso que pareciera morderse la cola porque orienta al decir que no se oriente y critica para decir que no se ejerza la crtica. Sesgo paranoico de la palabra: suponer que la palabra que el otro enuncia para interpretar es conminatoria y desigual combate para el intelectual que slo cuenta con su voz y con su inteligencia, mientras los poderes cuentan con muchas