AYER-Lenguaje, Verdad y Lógica-LIBRO.pdf

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  • ALFRED J. AYER

    LENGUAJE, VERDAD Y LGICA

    EDICIONES ORBIS, S.A.

  • Ttulo original: Language, truth and logic (1936,2 ed. rev. 1946) Traduccin de Marcial Surez. de la

    edicin original inglesa de Vctor Goltancz Ltd., Londres Direccin de la coleccin: Virgilio Ortega

    1976, Vctor Gollancz Ltd., London 1971, Ediciones Martnez Roca, S AO 1984, por la presente edicin. Ediciones Orbis, S A

    ISBN: 84-7530-678-0 D.L.B. 26931-1984

    Impreso y encuadernado porPrinter industria grfica, sa. Provenza, 388 BarcelonaSant Vicen? deis Horts

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  • Introduccin

    En los diez aos transcurridos desde la primera publicacin de Lenguaje, verdad y lgica, he llegado a comprender que las cuestiones de que trata no son, en modo alguno, tan sencillas como el libro las hace parecer, pero sigo creyendo que el punto de vista que en l expongo es sustancialmente correcto. Siendo, en todos los sentidos, un libro de juventud, fue escrito con ms pasin de la que la mayora de los filsofos se permiten mostrar en su obra escrita, y, aunque esto, probablemente, contribuy a asegurarle un pblico ms amplio del que podra haber tenido de otro modo, ahora creo que muchos de sus argumentos habran sido ms persuasivos, si no hubieran sido presentados de una forma tan rgida. De todos modos, sera para m muy difcil cambiar el tono del libro sin reescribirlo extensamente, y el hecho de que, por razones no enteramente debidas a sus mritos, haya alcanzado, en cierta manera, la condicin de un libro de texto me parece una justificacin suficiente para reimprimirlo tal como est. Al mismo tiempo, hay algunos puntos que, segn creo, requieren alguna explicacin ms amplia y, por consiguiente, dedicar el resto de esta nueva introduccin a comentarlos brevemente.

    El principio de verificacin

    Se admite que el principio de verificacin facilita un criterio mediante el cual puede determinarse si una frase es literalmente significativa o no. Un modo sencillo de formularlo sera decir que una frase tiene sentido literal siempre y cuando la proposicin por ella expresada fuese o analtica o empricamente verificable. Pero a esto podra objetarse que una frase no expresa una proposicin, a menos que sea literalmente significa-

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  • tiva;1 porque est generalmente admitido que toda proposicin es o verdadera o falsa, y decir que una frase expresa lo que es o verdadero o falso equivale a decir que es literalmente significativa. Por lo tanto, si el principio de verificacin fuese formulado de este modo, podra ar- girse no slo que era incompleto como criterio de significacin, puesto que no abarcara el caso de frases que no expresasen ningn tipo de proposiciones, en absoluto, sino tambin que era ocioso, toda vez que la cuestin a que ha de responder debe haber sido respondida ya antes de que el principio pueda ser aplicado. Como se ver, cuando yo introduzco el principio en este libro, trato de resolver esta dificultad hablando de proposiciones putativas y de la proposicin que una frase pretende expresar; pero este recurso no es satisfactorio. Porque, en primer lugar, el uso de palabras como putativas y pretende parece conducir a consideraciones psicolgicas en las que yo no deseo entrar, y, en segundo lugar, en el caso de que la proposicin putativa no sea ni analtica ni empricamente verificable, podra parecer, de acuerdo con este modo de hablar, que no existe nada que pudiera ser expresado adecuadamente mediante la frase en cuestin. Pero, si una frase no expresa nada, parece que existe una contradiccin en decir que lo que expresa es empricamente inverifica- ble; porque, aun cuando la frase est condenada, sobre esta base, a ser no significativa, la referencia a lo que expresa parece todava implicar que algo es expresado.

    De todos modos, sta no es ms que una dificultad terminolgica, y son varas las formas en que podra resolverse. Una de ellas sera la de aplicar directamente el criterio de verificabilidad a las frases, y eliminar as totalmente la referencia a las proposiciones. Esto, en realidad, ira contra el uso ordinario, porque no podra decirse, normalmente, de una frase, como opuesta a una proposicin, que era susceptible de ser verificada, o, en este sentido, que era o verdadera o falsa; pero podra ar- girse que ese apartamiento del uso ordinario estaba justificado, si pudiera demostrarse que tena alguna ven- 1

    1. Vase M. Lazorowits, The Principie of Verifiabilily, Mind, 1937, pp. 372-8

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  • taja prctica. Sin embargo, el hecho es que la ventaja prctica parece estar del otro lado. Porque, si bien es cierto que el uso de la palabra proposicin no nos permite decir nada que, en principio, no pudiramos decir sin ella, tal uso cumple una importante funcin, pues hace posible expresar lo que es vlido no solamente para una frase determinada s, sino para toda frase a la que s sea lgicamente equivalente. As, cuando yo aseguro, por ejemplo, que la proposicin p est implicada por la proposicin q, en realidad estoy afirmando, implcitamente, que la frase inglesa s que expresa a p puede ser vlidamente derivada de la frase inglesa r que expresa a q, pero sta no es la totalidad de mi afirmacin. Porque, si mi posicin es correcta, se seguir tambin que toda frase, tanto del ingls como de cualquier otro idioma, que sea equivalente a s puede ser vlidamente derivada, en el idioma en cuestin, de toda frase que sea equivalente a r, y es esto lo que mi uso de la palabra proposicin indica. Evidentemente, podramos decidir el uso de la palabra frase, de igual modo que ahora usamos la palabra proposicin, pero esto no resultara claro, especialmente cuando la palabra frase ya es ambigua. As, en un caso de repeticin, puede decirse o que hay dos frases diferentes o que se ha formulado dos veces la misma frase. Es en el segundo sentido en el que yo he usado hasta ahora la palabra, pero el otro uso es igualmente legtimo. En cualquiera de los dos usos, una frase que estuviese expresada en ingls podra ser considerada como una frase diferente de su equivalente francesa, pero esto no seguira siendo vlido para el nuevo uso de la palabra frase que habramos introducido si sustituysemos frase por proposicin. Porque, en este caso, tendramos que decir que la expresin inglesa y su equivalente francesa eran diferentes formulaciones de la misma frase. En realidad, podramos justificar este aumento de la ambigedad de la palabra frase si con ello eliminsemos algunas de las dificultades que se han atribuido al uso de la palabra proposicin, pero yo no creo que esto se logre con la simple sustitucin de un signo verbal por otro. Por lo tanto, yo deduzco que este uso tcnico de la palabra frase, aunque legtimo en s mismo, probablemente inducira a confusin, sin aseguramos ninguna ventaja compensatoria.

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  • Una segunda forma de resolver nuestra dicultad original sera la de extender el uso de la palabra proposicin, de modo que pudiera decirse que algo, que correctamente pudiera llamarse una frase, expresa una proposicin, ya sea la frase literalmente significativa o no. Este camino tendra la ventaja de la simplicidad, pero pueden formulrsele dos objeciones. La primera es que implicara un apartamiento del uso filosfico normal; y la segunda es que nos obligara a abandonar la regla de que toda proposicin debe ser considerada o verdadera o falsa. Porque, si bien en el caso de que adoptsemos este nuevo uso, podramos seguir diciendo todava que algo que fuese o verdadero o falso era una proposicin, la inversa ya no sera vlida; porque una proposicin no sera ni verdadera ni falsa si estuviese expresada por una frase que fuese literalmente no significativa. Por mi parte, no creo que estas objeciones sean muy serias, pero lo son quiz suficientemente para hacer aconsejable la solucin de nuestro problema terminolgico, mediante alguna otra frmula.

    La solucin que prefiero es la de introducir un nuevo trmino tcnico; y, con este fin, har uso de la palabra familiar declaracin, aunque tal vez la usar en mi sentido ligeramente no familiar. As, yo propongo que de toda forma de palabras que sea gramaticalmente significante se asegure que constituye una frase, y que toda frase indicativa, sea literalmente significativa o no, se considere como expresiva de una declaracin. Adems, siempre que dos fiases sean mutuamente transformables, se dir que expresan la misma declaracin. La palabra proposicin, por otra parte, se reservar para lo que es expresado mediante frases que son literalmente significativas. Por lo tanto, la clase de las proposiciones se convierte, en este uso, en una sub-clase de la clase de las declaraciones, y un modo de describir el uso del principio de verificacin sera decir que facilit un medio de determinar cuando una frase indicativa expresaba una proposicin, o, en otras palabras, de distinguir las declaraciones que pertenecan a la clase de las proposiciones de las que no pertenecan.

    Debe advertirse que esta decisin de afirmar que las frases expresan declaraciones no representa ms que la adopcin de una convencin verbal; y la puerta de esto

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  • es que la pregunta qu expresan las frases?, a la que ella contesta, no es una pregunta real. Preguntar acerca de cada frase determinada qu es lo que expresa, puede, verdaderamente, equivaler a plantear una cuestin real; y un modo de contestar a ella sera producir otra frase que fuese una transformacin de la primera. Pero si la pregunta general qu expresan las frases? ha de interpretarse realmente, todo lo que puede decirse como contestacin es que, puesto que no todas las frases son equivalentes, no hay una sola cosa determinada que expresen todas ellas. Al mismo tiempo, es til tener un medio de referirse indenidamente a lo que las frases expresan en casos en que las frases mismas no estn particularmente especificadas; y a este propsito contribuye la introduccin de la palabra declaracin como un trmino tcnico. Por lo tanto, al decir que las frases expresan declaraciones, estamos indicando cmo debe ser entendido este termino tcnico, pero no por ello estamos transmitiendo ninguna informacin real en el sentido en que la transmitiramos si la pregunta a la que estbamos respondiendo fuese emprica. En realidad, esto puede parecer un punto demasiado evidente para que valga la pena de formularse; pero la pregunta qu expresan las frases? es estrechamente anloga a la pregunta qu significan las frases?, y, como he tratado de demostrar en otra parte,2 la pregunta qu significan las frases? ha sido una fuente de confusin para los filsofos, porque errneamente han pensado que era real. Decir que las frases indicativas significan proposiciones es, en realidad, legtimo, exactamente igual que lo es el decir que expresan declaraciones. Pero lo que hacemos, al dar respuestas de esta clase, es sentar definiciones convencionales; y es importante que estas definiciones convencionales no puedan ser confundidas con declaraciones de realidad emprica.

    Volviendo ahora al principio de verificacin, podemos, en honor a la brevedad, aplicarlo directamente a declaraciones, ms bien que a las frases que las expresan, y podemos despus reformularlo diciendo que una declaracin ser literalmente significativa siempre y

    2. En The Foundalions of Emprica! Knowledge. pp. 92-104.

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  • cuando sea o analtica o empricamente verificable. Pero, qu ha de entenderse, en este contexto, por el trmino verificable? A esta pregunta intento responder, en realidad, en el primer captulo de este libro; pero tengo que reconocer que mi respuesta no es muy satisfactoria.

    Para empezar, se ver que yo distingo entre un sentido fuerte y un sentido dbil del trmino verifica- ble, y que explico esta distincin diciendo que se asegura de una proposicin que es verificable en el sentido fuerte del trmino, siempre y cuando su verdad pueda ser concluyentemente establecida por la experiencia, pero que es verificable, en el sentido dbil, si es posible a la experiencia el hacerla probable. Y luego doy razones para decidir que es slo el sentido dbil del trmino el requerido por mi principio de verificacin. Pero lo que a m me parece haber descuidado es que, tal como yo las represento, stas no son dos alternativas autnticas.3 Porque, subsiguientemente, paso a discutir que todas las proposiciones empricas son hiptesis que se hallan continuamente sujetas al contraste de la ulterior experiencia; y de ello se seguira no slo que la verdad de toda proposicin semejante nunca fue concluyentemente establecida, sino que nunca puede serlo, pues, por fuerte que sea la evidencia en su favor, nunca Habr un punto en el que sea imposible para la ulterior experiencia el oponerse a ella. Pero esto significara que mi sentido fuerte del trmino verificable no tena aplicacin posible, y, en ese caso, no tendra yo necesidad de calificar el otro sentido de verificable como dbil; porque, segn mi propia exposicin, se sera el nico sentido imaginable en que podra ser verificada cualquier proposicin.

    Si no me adelanto ahora a esta conclusin, es porque he llegado a pensar que hay una clase de proposiciones empricas de las que cabe decir que pueden ser verificadas concluyentemente. Es caracterstico de estas proposiciones a las que, en otra parte,4 he llamado proposi-

    3. Vase M. Lazcnnvite, Slrong and Wcak Verification*. Mitid. 1939. pp. 202-13.

    4. Verification and Expeliente*. Proceedings of the Aristotrlian Sociay. Vol. XXXVII: cf. tambin The Foundaliom of Emprica! Knonfedge. pp. 80-4.

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  • ciones bsicas que se refieran solamente al contenido de una experiencia determinada, y lo que puede decirse que las verifica concluyentemente es la aparicin de la experiencia a la que ellas se refieren nicamente. Adems, yo estara de acuerdo con quienes dicen que las proposiciones de esta clase son incorregibles, aceptando que lo significado por su condicin de incorregibles es que es imposible equivocarse acerca de ellas, excepto en un sentido verbal. Efectivamente, en un sentido verbal, siempre es posible describir errneamente la propia experiencia; pero, si no se pretende ms que registrar lo que est experimentado, sin relacionarlo con ninguna otra cosa, no es posible realmente equivocarse; y la razn de ello es que no se est haciendo ninguna afirmacin que ningn hecho ulterior pueda refutar. En resumen, es un caso de nada se apuesta, nada se pierde. Pero es tambin un caso de nada se apuesta, nada se gana, porque el simple registro de la propia experiencia presente no sirve para transmitir informacin alguna ni a otra persona, ni, en realidad, a s mismo; porque, al saber que una proposicin bsica es verdadera, no se obtiene un conocimiento ms amplio del que ha sido ya facilitado por la contribucin de la experiencia pertinente. Desde luego, la clase de palabras que se ha utilizado para expresar una proposicin bsica puede ser entendida como expresando algo que es informativo, tanto para otra persona como para s mismo, pero, cuando es entendida as, ya no expresa una proposicin bsica. En realidad, fue por esta razn por lo que yo he mantenido, en el captulo V de este libro, que no podan existir tales proposiciones bsicas, en el sentido en que yo estoy ahora usando el trmino; porque la fuerza de mi argumento radicaba en que ninguna proposicin sinttica poda ser puramente ostensiva. Mi razonamiento acerca de este punto no era en s mismo incorrecto, pero creo que equivocaba su significado. Porque me parece no haber percibido que, en realidad, lo que yo estaba haciendo era sugerir un motivo para rehusar la aplicacin del trmino proposicin a declaraciones que directamente registraban una experiencia inmediata; y ste es un punto terminolgico que no tiene gran importancia.

    Decidamos o no incluir las declaraciones bsicas en la clase de las proposiciones empricas, admitiendo as que

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  • determinadas proposiciones empricas pueden ser concluyentemente verificadas, seguir siendo cierto que la inmensa mayora de las proposiciones que la gente realmente expresa no son, en s mismas, declaraciones bsicas, ni deducibles de ningn conjunto finito de declaraciones bsicas. Por consiguiente, si el principio de verificacin ha de ser considerado seriamente como un criterio de significacin, debe ser interpretado de tal modo que admita declaraciones que no sean tan fuertemente verificables como se supone que lo son las declaraciones bsicas. Pero, cmo debe entenderse entonces la palabra verificable?

    Como se ver, en este libro yo comienzo sugiriendo que una declaracin es dbilmente verificable, y, por lo tanto, significativa, segn mi criterio, si alguna posible experiencia sensorial fuese apropiada para la determinacin de su verdad o de su falsedad. Pero, como yo reconozco, tambin esto requiere interpretacin, porque la palabra apropiada es incmodamente vaga. Por consiguiente, adelanto una segunda versin de mi principio, que yo reafirmar aqu en trminos ligeramente distintos, utilizando la expresin declaracin-observacin, en lugar de proposicin experimental, para designar una declaracin que registra una observacin real o posible. En esta versin, adems, el principio estriba en que una declaracin es verificable y, por consiguiente, significativa, si alguna declaracin-observacin puede deducirse de ella en conjuncin con otras determinadas premisas, sin ser deducible de esas otras premisas solamente.

    Digo de este criterio que parece bastante liberal, pero, en realidad, es incluso demasiado liberal, pues admite significaciones en toda declaracin, cualquiera que sea. Porque, dada una declaracin S y una declaracin- observacin O, O se sigue de S y de si S luego O, sin seguirse de si S luego O solamente. As, las declaraciones el Absoluto es perezoso y si el Absoluto es perezoso, esto es blanco implican conjuntamente la declaracin-observacin esto es blanco, y como esto es blanco no se sigue de ninguna de esas premisas, ambas satisfacen mi criterio de significacin. Adems, esto convendra a cualquier otra expresin absurda que se colocase, como un ejemplo, en lugar de el Absoluto es pere-

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  • zoso, slo a condicin de que tenga la forma gramatical de una frase indicativa. Pero un criterio de significacin que permite tal amplitud es, evidentemente, inaceptable.5

    Puede sealarse que la misma objecin se aplica a la propuesta de que considersemos la posibilidad de falsificacin como criterio nuestro. Porque, dada una declaracin S y una declaracin-observacin O, O ser incompatible con la conjuncin de S y si S luego no O . En realidad, podramos salvar la dificultad, en uno y otro caso, excluyendo la estipulacin acerca de las otras premisas. Pero como esto implicara la exclusin de todas las proposiciones hipotticas de la clase de las empricas, nos libraramos de hacer nuestros criterios demasiado liberales slo a costa de hacerlos demasiado rigurosos.

    Otra dificultad que yo descuid en mi intento original de formular el principio de verificacin es la de que la mayora de las proposiciones empricas son, en cierta medida, vagas. De modo que, tal como he sealado en otra parte,6 lo que se requiere para verificar una declaracin acerca de una cosa material nunca es la presencia de precisamente ste o precisamente aquel contenido sensorial, sino solamente la presencia de uno u otro de los contenidos sensoriales que caen dentro de un orden claramente indefinido. En realidad, ponemos a prueba toda declaracin de esta clase, haciendo observaciones que consisten en la presencia de especiales contenidos sensoriales; pero, por cada prueba que realmente llevamos a cabo, hay siempre un nmero indefinido de otras pruebas, diferentes en cierta medida, tanto en lo que se refiere a sus condiciones como a sus resultados, que habran servido para el mismo propsito. Y esto significa que nunca hay un determinado conjunto de declaraciones-observacin de las que verdaderamente pueda decirse que, de un modo preciso, se hallan implicadas por toda declaracin dada acerca de una cosa material.

    Sin embargo, cualquier declaracin acerca de una

    5. Vase L Berln. Vcrifiabilitv in Principie. Pnxxedhigs of he Arisioielian So- ciey. VoL XXXIX.

    6. The Fotaidalions o Emprica! Knovetedge, pp. 240-1.

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  • cosa material es realmente verificada slo mediante la presencia de algn contenido sensorial y, en consecuencia, mediante la verdad de alguna declaracin-observacin; y de esto se sigue que toda declaracin significante acerca de una cosa material puede ser representada como implicando una disyuncin de declaraciones-observacin, aunque los trminos de esta disyuncin, al ser infinitos, no pueden ser enumerados en detalle. Por consiguiente, no creo que tengamos necesidad de preocupamos por el inconveniente de la vaguedad, siempre que se entienda que, cuando hablamos de la implicacin de declaraciones-observacin, lo que estamos considerando deduciblc de las premisas en cuestin no es una determinada declaracin-observacin, sino slo una u otra de un conjunto de tales declaraciones, donde la caracterstica determinante del conjunto es la de que todos sus miembros se refieren a contenidos sensoriales que caen dentro de un cierto orden especificable.

    La objecin ms sera sigue siendo la de que mi criterio, tal como est, admite significacin a toda declaracin indicativa, cualquiera que sea. Para resolver esto, introducir la siguiente correccin. Yo propongo decir que una declaracin es directamente verficable, si es o una declaracin-observacin en s misma, o si es tal que, en conjuncin con una o ms declaraciones-observacin implica, por lo menos, una declaracin-observacin que no sea deducible de estas otras premisas solas; y propongo decir que una declaracin es indirectamente veri- ficable si satisface las siguientes condiciones: primera, que en conjuncin con otras determinadas premisas implique una o ms declaraciones directamente verifica- bles, que no sean deducibles de estas otras premisas solas; y segunda, que estas otras premisas no incluyan ninguna declaracin que no sea ni analtica, ni directamente verficable, ni susceptible de ser independientemente establecida como indirectamente verficable, como necesitado de una declaracin literalmente significante que no sea analtica, que podra ser directa o indirectamente verficable, en el sentido precedente.

    Puede advertirse que, al dar cuenta de las condiciones en que una declaracin debe ser considerada indirectamente verficable, he sealado explcitamente como requisito que las otras premisas puedan incluir deca-

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  • raciones analticas; y mi razn para hacer esto es la de que,, de este modo, pretendo tener en cuenta el caso de las teoras cientficas que se expresan en trminos que, por s mismos, no designan nada observable. Porque, mientras las declaraciones que contienen esos trminos no parece que describan nada que alguien haya podido observar nunca, puede habilitarse un diccionario mediante el cual puedan transformarse en declaraciones que sean vericables; y las declaraciones que constituyen el diccionario pueden ser consideradas como analticas. Si esto no fuera as, no habra diferencia entre tales teoras cientficas y las que yo desechara como metafsicas; pero yo considero que lo caracterstico de la metafsica, en mi concepto un tanto peyorativo del trmino, es no slo que sus declaraciones no describen nada que sea susceptible, ni siquiera en principio, de ser observado, sino tambin que no existe diccionario alguno mediante el cual puedan transformarse en declaraciones que sean directa o indirectamente verificables.

    Las declaraciones metafsicas, en mi concepto del trmino, son excluidas tambin por el principio emprico, ms antiguo, de que ninguna declaracin es literalmente significante, a menos que describa lo que podra ser experimentado, sobre la base de que el criterio de lo que podra ser experimentado es que sera algo del mismo gnero que realmente ha sido experimentado.7' Pero, aparte de su falta de precisin, este principio emprico tiene, a mi parecer, el defecto de imponer una condicin demasiado rgida a la forma de las teoras cientficas; porque parecera implicar que fuese ilegtimo introducir ningn trmino que por s mismo no designase algo observable. Por otra parte, el principio de verificacin es, como he tratado de demostrar, ms liberal a este respecto, y, visto el uso que realmente se hace de las teoras

    7. Cf. Bertrand Russell, The Pmhlems of Philosophy, p. 91: Toda proposicin que podamos comprender debe estar compuesta, enteramente, de constituyentes con ios que estemos familiarizados. Y. si le interpreto correctamente, esto es lo que el Profesor W. T. Stacc piensa cuando habla de un Principio de Gneros Observables. Vase su Positivtsm, Mind, 1944. Stacc arguye que el principio de verificacin se basa en el principio de los gneros observables, pero esto es un error. Es verdad que toda declaracin considerada significante por el principio de los gneros observables lo es tambin por el principio de verificacin, pero la inversa no es vlida.

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  • cientficas que el otro no admitira, yo creo que debe preferirse el criterio ms liberal.

    A veces mis crticos han supuesto que yo considero que el principio de verificacin implica que ninguna declaracin puede constituir evidencia para otra, a menos que sea parte de su significacin, pero no es as. Por ejemplo, para utilizar una sencilla ilustracin, la declaracin de que tengo sangre sobre mi ropa puede, en determinadas circunstancias, confirmar la hiptesis de que he cometido un crimen, pero no es parte de la significacin de la declaracin de que he cometido un crimen el que yo tenga sangre sobre mi ropa, ni, a mi entender, el principio de verificacin implica que lo sea. Porque una declaracin determinada puede constituir evidencia para otra, y, sin embargo, no expresar por s misma una condicin necesaria de la verdad de esta otra declaracin, ni pertenecer a ningn conjunto de declaraciones que determine un orden dentro del cual se inscriba tal condicin necesaria; y es slo en estos casos cuando el principio de verificacin permite la conclusin de que la declaracin propuesta es parte de la significacin de la otra. Por lo tanto, del hecho de que slo mediante la realizacin de determinada observacin puede ser directamente verificada cualquier declaracin acerca de una cosa material, se sigue, de acuerdo con el principio de verificacin, que toda declaracin de esa clase contiene alguna declaracin-observacin u otra como parte de su significacin, y se sigue tambin que, si bien su generalidad puede impedir que todo conjunto finito de declaraciones-observacin agote su significado, no contiene nada como parte de su significacin que no pueda ser representado como una declaracin-observacin; pero puede haber tambin muchas declaraciones-observacin que se refieran a su verdad o falsedad, sin ser parte de su significacin, en absoluto. Adems, una persona que afirme la existencia de una divinidad puede tratar de apoyar su tesis apelando a hechos de experiencia religiosa; pero de esto no se sigue que la significacin real de su declaracin se halle contenida totalmente en las proposiciones con que se describen esas experiencias religiosas. Porque puede haber otros hechos empricos que l considere pertinentes tambin; y es posible que las descripciones de estos otros hechos empricos sean con-

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  • sideradas como descripciones que contienen la significacin real de su declaracin ms correctamente que las descripciones de las experiencias religiosas. Al mismo tiempo, si se acepta el principio de verificacin, hay que sostener que su declaracin no tiene ms significacin real que la contenida en alguna, por lo menos, de las adecuadas proposiciones empricas; y que si se interpretase de tal modo que ninguna experiencia posible llegase a verificarla, no tiene ninguna significacin real, en absoluto.

    Al adelantar el principio de verificacin como un criterio de significacin, no descuido el hecho de que la palabra significacin es utilizada, generalmente, en una variedad de sentidos, y no pretendo negar que, en algunos de esos sentidos, puede decirse correctamente que una declaracin es significante, incluso aunque no sea ni analtica ni empricamente verificable. De todos modos yo dira que habra, por lo menos, un empleo adecuado de la palabra significacin en el que sera incorrecto decir que una declaracin era significante, a menos que satisficiese el principio de verificacin; y, tal vez tendenciosamente, yo he utilizado la expresin significativa literal para distinguir ese empleo de los otros, mientras aplico la expresin significacin real al caso de las declaraciones que satisfacen mi criterio sin ser analticas. Adems, sugiero que slo si es literalmente significante, en este sentido puede decirse correctamente que una declaracin es o verdadera o falsa. De modo que, si bien deseo que el principio de verificacin en s mismo sea considerado no como una hiptesis emprica,8 sino como una definicin, no debe suponerse que sea totalmente arbitrario. En realidad, permite a cualquiera adoptar un criterio de significacin distinto y producir as una definicin alternativa que muy bien puede corresponder a una de las formas en que generalmente se emplea la palabra significacin. Y si una declaracin satisficiese tal criterio, hay, sin duda, algn uso adecuado de la palabra conocimiento en el que podra ser comprendida. Sin embargo, yo creo que, a menos que

    8. Tanto el Dr. A. C. Ewing, Mcannglcssness, Mind, 1937, pp. 347-64, como Stace, op. cil, consideran que es una hiptesis emprica.

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  • satisfaga el principio de verificacin, no podra ser comprendida en el sentido en que habitualmente son comprendidas las hiptesis cientficas o las declaraciones de sentido comn. En todo caso, confieso que ahora me parece improbable que ningn metafisico acceda a una reivindicacin de este gnero; y, aunque yo siga defendiendo el empleo del criterio de verificabilidad como un principio metodolgico, comprendo que, para la efectiva eliminacin de la metafsica, necesita apoyarse en anlisis detallados de argumentos metafisicos peculiares.

    Los a priori

    Al decir que la certidumbre de las proposiciones a priori depende del hecho de que son tautologas, utilizo la palabra tautologa de tal modo que puede decirse que una proposicin es una tautologa si es analtica; y sostengo que una proposicin es analtica si es verdadera slo en virtud de la significacin de sus smbolos constituyentes, y no puede, por lo tanto, ser ni confirmada ni refutada por ningn hecho de la experiencia. En realidad, se ha sugerido 9 que mi tratamiento de las proposiciones a priori las convierte en una sub-ciase de las proposiciones empricas. Porque, a veces, parece que afirmo que describen la forma en que se emplean determinados smbolos, y es, indudablemente, un hecho emprico que la gente emplea smbolos en las formas en que ellas lo hacen. Pero no es sta la posicin que yo quiero adoptar, ni creo que est comprometido a ello. Porque, aunque digo que la validez de las proposiciones a priori depende de ciertos hechos en tomo al empleo verbal, no creo que esto sea equivalente a decir que describen esos hechos en el sentido en que las proposiciones empricas pueden describir los hechos que las verifican; y, realmente, yo sostengo que, en este sentido, no describen hecho alguno, en absoluto. Al mismo tiempo concedo que la utilidad de las proposiciones a priori se fnda tanto en el hecho emprico de que ciertos smbo-

    9. Por ejemplo, por el Profesor C. D. BroaU, Are thesc Synihctic a priori Trulhs. Stippleincmary Proaxdings uf the Arisiolelm Sodey, VoL XV.

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  • los son empleados del mismo modo que ellas, como en el hecho emprico de que los smbolos en cuestin se aplican, con xito, a nuestra experiencia; y, en el captulo IV de este libro, trato de demostrar cmo esto es as.

    De igual modo que es un error identificar las proposiciones a priori con proposiciones empricas en torno al lenguaje, ahora creo que es un error decir que son, por s mismas, normas lingsticas.10 Porque, aparte del hecho de que de ellas puede decirse correctamente que son verdaderas, lo que no ocurre con las normas lingsticas, se distinguen tambin porque son necesarias, mientras que las normas lingsticas son arbitrarias. Al mismo tiempo, si son necesarias es slo porque se presuponen las normas lingsticas adecuadas. Asi, es un hecho contingente, emprico, que la palabra earlier (temprano) es utilizada en ingls para significar temprano, y es una norma del lenguaje arbitraria, aunque conveniente, que palabras que significan relaciones temporales son utilizadas transitivamente; fiero, dada esta norma, la proposicin de que si A es ms temprano que B y B es ms temprano que C, A es ms temprano que C se convierte en una verdad necesaria. De un modo semejante, en el sistema de lgica de Russell y Whitehead, es un hecho contingente, emprico, que el signo o habra recibido el significado que tiene, y las normas que regulan el empleo de este signo son convenciones, que en s mismas no son ni verdaderas ni falsas; pero dadas esas normas, la proposicin a priori q. o .p o q es necesariamente verdadera. Al ser a priori, esta proposicin no da informacin alguna en el sentido corriente en que puede decirse que da informacin una proposicin emprica ni prescribe por s sola cmo ha de utilizarse la constante lgica o. Lo que hace es elucidar el adecuado uso de esta constante; y es de este modo como es informativa.

    Un argumento que se ha esgrimido contra la doctrina de que las proposiciones a priori de la forma p implica q son analticas es el de que es posible para una proposicin determinada implicar otra, sin contenerla como

    10. Esto contradice lo que yo manifestaba en mi contribucin a un simposio sobre Truth by Convention, Amilysis, voL 4, nms. 2 y 3; ct tambin Norman Malcolm, Are Neccssary Propositions rcaily Verbal, Mind. 1940, pp. 189.203,

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  • parte de su significacin; porque se supone que esto no sera posible si la nocin analtica de implicacin fuese correcta.11 Pero la respuesta a esto consiste en que la pregunta de si una proposicin es parte de la significacin de otra es ambigua. Si usted dice, por ejemplo como yo creo que haran casi todos los que formulan esta objecin, que q no es parte de la significacin de p si es posible comprender p sin tener en cuenta q, entonces, evidentemente, una proposicin puede implicar otra sin contenerla como parte de su significacin; porque difcilmente puede afirmarse que alguien que considere un conjunto dado de proposiciones tenga que ser inmediatamente consciente de todas las que pueden implicar. Pero esto es sentar un principio del que no creo que ningn defensor de la nocin analtica de implicacin desee discrepar, porque es base comn que el razonamiento deductivo puede llevar a conclusiones que son nuevas, en el sentido de que no haban sido percibidas previamente. Pero si esto es admitido por quienes dicen que las proposiciones de la forma p implica q son analticas, cmo pueden decir tambin que si p implica q la significacin de q est contenida en la de p? La respuesta consiste en que estn empleando un criterio de significacin, sea el principio de verificacin u otro, del cual se sigue que cuando una proposicin implica otra la significacin de la segunda est contenida en la de la primera. En otras palabras, determinan la significacin de una proposicin mediante la consideracin de lo que implica; y ste es, a mi parecer, un procedimiento perfectamente legtimo.II. 12 Si se acepta este procedimiento, la proposicin de que, si p implica q, la significacin de q est contenida en la de p se hace analtica; y por lo tanto, no debe ser refutada por determinados hechos psicolgicos, tales como aquellos con que cuentan los crticos de esta nocin. Al mismo tiempo, a esto puede objetarse, evidentemente, que no nos da mucha informacin acerca de la naturaleza de la implicacin; porque, si bien nos

    II. Vase A. C. Ewtng, The Linguistic Thcory of a priori Propositioas, Proive- dings of the Aristotelian Society, 1940, cf. tambin Profesor G. E Moore, A Reply lo My Critics*. The Phosophy ofG. R Moore, pp. 5754, y Profesor E NagcL en su crtica de The Philosophy of G. R Moore, Mind, 1944, p. 64.

    12 Cf. Norman Malcolm. The Naturc of Entailmcnt, Mind, 1940, pp. 33.V47.

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  • autoriza a decir que las consecuencias lgicas de una proposicin son explicativas de su significacin, esto es slo porque se sobreentiende que la significacin de una proposicin depende de lo que implica.

    Proposiciones acarca del pasado y acerca de otras inteligencias

    Al decir de las proposiciones acerca del pasado que son normas para la prediccin de aquellas experiencias "histricas" de las que comnmente se dice que las verifican, parece que yo indico que pueden, en cierto modo, ser transformadas en proposiciones acerca de experiencias presentes o futuras. Pero esto es, ciertamente, incorrecto. Las declaraciones acerca del pasado pueden ser verificables en el sentido de que, cuando se unen a otras premisas de un gnero adecuado, pueden implicar declaraciones-observacin que no se siguen de estas otras premisas solas; pero yo no creo que la verdad de unas declaraciones-observacin que se refieren al presente o al futuro sea una condicin necesaria de la verdad de toda declaracin acerca del pasado. Esto no quiere decir, sin embargo, que las proposiciones referentes al pasado no puedan ser analizadas en trminos fenomnicos; porque pueden ser consideradas en el sentido de que implican que se habran producido determinadas observaciones, si se hubieran cumplido determinadas condiciones. Pero el inconveniente estriba en que esas condiciones no pueden cumplirse nunca, pues requieren del observador que ocupe una posicin temporal, lo que ex hypothesi no hace. Esta dificultad, sin embargo, no es peculiar de las proposiciones acerca del pasado; porque es verdadera tambin respecto a las no cumplidas condicionales acerca del presente que sus prtasis no puedan, en realidad, ser satisfechas, pues requieren del observador que ocupe una posicin espacial diferente de la que realmente ocupa. Pero, como he sealado en otra parte,13 de igual modo que es un hecho contingente que una per-

    13. The Fmmdatiom oj Empirical Knowledge, p. 167; cf. tambin Profesor G. Rylc. -Unverifiabililv by Me. Analysis, voL 4, niim. .

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  • sona ocupe, en un momento dado, una posicin determinada en el espacio, as es un hecho contingente que est viviendo en un tiempo determinado. Y de esto, yo concluyo que si est justificado decir que son observables acontecimientos remotos en el espacio, en principio, lo mismo puede decirse de acontecimientos situados en el pasado.

    En cuanto a las experiencias de otros, confieso que no estoy seguro de que la informacin que se da en este libro sea correcta, pero tampoco estoy convencido de que no lo sea. En otro trabajo he discutido que, toda vez que es un hecho contingente que toda experiencia particular pertenezca a la serie de experiencias que constituye una persona dada, ms bien que a otra serie que constituye otra persona distinta, hay un sentido en el que no es lgicamente inconcebible que yo tenga una experiencia que, en realidad, pertenezca a otra persona; y de esto yo infera que el uso del argumento de analoga podra, despus de todo, estar justificado.14 Ms recientemente, sin embargo, he llegado a pensar que este razonamiento es muy dudoso. Porque, mientras es posible imaginar circunstancias en las que podramos encontrarlo conveniente para decir de dos personas diferentes que se han apropiado la misma experiencia, el hecho es que, de acuerdo con nuestra costumbre actual, es una proposicin necesaria que no lo hacen; y, como esto es as, temo que el argumento de analoga contine expuesto a las objeciones que contra l se formulan en este libro. Por consiguiente, me inclino a volver a una interpretacin behaviourista de las proposiciones acerca de las experiencias de los otros. Pero reconozco que esto tiene un aire de paradoja que me impide confiar plenamente en que sea verdadero.15

    La teora emotiva de los valores

    La teora emotiva de los valores, desarrollada en el captulo VI de este libro, ha provocado una buena cantidad

    14. The Foundalbns of EmpricaI Knowledge, pp. 168-70.15. Mi confianza en ello se ha visto un tamo reforzada por la interesante serie

    de artculos de John Wisdom sobre Other Mmds-, Mhtd, 194043. Pero no estoy seguro de que ste sea el efecto que I intentaba que produjesen.

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  • de crticas; pero yo considero que estas crticas se han dirigido ms frecuentemente contra los principios positivistas de los que se ha supuesto que dependa la teora, que contra la teora misma.16 Ahora bien, no niego que al adelantar esta teora yo estaba interesado en el mantenimiento de la consistencia general de mi posicin; pero sa no es la nica teora tica que podra satisfacer este requerimiento, ni implica, realmente, ninguna de las declaraciones no ticas que forman el resto de mi argumento. Por consiguiente, aun cuando pudiera demostrarse la invalidez de esas otras declaraciones, esto no refutara, por s solo, el anlisis emotivo de los juicios ticos; y, en efecto, creo que este anlisis es vlido por si mismo.

    Dicho esto, debo reconocer que la teora est presentada aqu de un modo muy sumario, y que necesita apoyarse en anlisis de juicios ticos especficos, ms detallados que los que yo pretendo dar.17 De modo que, entre otras cosas, no alcanc a exponer el principio de que los objetos comunes de la aprobacin o desaprobacin moral no son acciones particulares tanto como clases de acciones; con esto quiero decir que si una accin es clasificada como acertada o errnea, o buena o mala, como puede ocurrir, es porque se considera que es una accin de un tipo determinado. Y este punto me parece importante, porque considero que lo que parece un juicio tico es, muy frecuentemente, una clasificacin factual de una accin como perteneciente a una determinada clase de acciones, que suelen suscitar una cierta actitud moral en el que habla. As, un hombre que sea un convencido positivista, al llamar acertada a una accin puede querer decir, simplemente, que tiende a promover, o, ms probablemente, que es de la clase de acciones que tienden a promover la felicidad general; y, en este caso, la validez de su declaracin se convierte en un hecho emprico. De

    16. Cf. Sir W. David Ross, The Foundatians ofEthics, pp. 3041.17. Creo que esta deficiencia ha sido probada por C. L Stevenson en su libro,

    Ehks and Mngnage, pero el libro se ha publicado en Amrica y todava no me ha sido posible obtenerlo. Hay una recensin del mismo, por Austin Duncan-Jones, en MimL octubre. 1945, y una buena indicacin de la linca de argumentacin de Stevenson puede encontrarse en sus artculos sobre The Emotivo Meaning of Ethical Tcrms, Mind, 1937, -EihicaJ Judgemenls and Avoidabilty*. Mhid, 1938, y Persuasivo Dcfnitions. Mind, 1938.

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  • igual modo, un hombre que base su tica en sus puntos de vista religiosos, al llamar acertada o errnea a una accin puede querer decir, realmente, que es de la clase de acciones que estn ordenadas o prohibidas por determinada autoridad eclesistica; y esto puede tambin verificarse empricamente. Ahora bien, en estos casos, la forma de las palabras mediante las cuales se expresa la declaracin factual es la misma que se empleara para expresar una declaracin normativa; y esto puede explicar, en cierta medida, por qu declaraciones que son reconocidas como normativas son consideradas a menudo, sin embargo, como factuales. Adems, una gran cantidad de declaraciones ticas contienen, como un elemento factual, alguna descripcin de la accin, o de la situacin, a la cual se aplica el trmino tico en cuestin. Pero, aunque pueda haber un determinado nmero de casos en los que este trmino debe ser comprendido descriptivamente, no creo que esto sea siempre as. Considero que hay muchas declaraciones en las que un trmino tico se emplea de un modo puramente normativo, y a declaraciones de este gnero es a las que pretende aplicarse la teora emotiva de la tica.

    La objecin de que si la teora emotiva fuese correcta sera imposible para una persona contradecir a otra sobre una cuestin de valor se resuelve aqu respondiendo que lo que parecen disputas acerca de cuestiones de valor son, en realidad, disputas acerca de cuestiones de hecho. Pero quisiera dejar claro que de esto no se sigue que dos personas no puedan discrepar profundamente acerca de una cuestin de valor, o que sea intil para ellas el pretender convencerse mutuamente. Porque una consideracin de cualquier disputa acerca de una cuestin de gusto demostrar que puede haber discrepancia sin contradiccin formal, y que para alterar las opiniones de otro hombre, en el sentido de inducirle a cambiar de actitud, no es necesario contradecir nada de lo que l afirma. De manera que, si alguien desea influir en otra persona de modo que oriente sus sentimientos hacia un punto dado, en consonancia con los propios, hay varias formas de proceder. Por ejemplo se puede llamar su atencin hacia determinados hechos que se supone que l ha descuidado; y, segn he sealado ya, creo que muchas de las que pasan por discusiones ti-

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  • cas son procedimientos de este tipo. Pero tambin es posible influir en los otros mediante una conveniente eleccin del lenguaje emotivo; y sta es la justificacin prctica del uso de expresiones normativas de valor. Al mismo tiempo, debe admitirse que si la otra persona persiste en mantener su actitud contraria, pero sin disputar ninguno de los hechos pertinentes, se ha alcanzado un punto en el que la discusin no puede prolongarse. Y, en este caso, no tiene sentido preguntar cul de los puntos de vista en conflicto es el verdadero. Porque, como la expresin de un juicio de valor no es una proposicin, la cuestin de la verdad o la falsedad no se plantea aqu.

    La naturaleza del anlisis filosfico

    Al citar la teora de las descripciones de Bertrand Russell como un espcimen de anlisis filosfico, comet, desgraciadamente, un error en mi exposicin de la teora. Porque, habiendo considerado el conocido ejemplo de El autor de Waverley fue Scotch, dije que era equivalente a Una persona, y slo una persona, escribi Waverley, y esa persona fue Scotch. Pero, como la Profesora Stebbing sealaba en su recensin de este libro, si la palabra "esa es utilizada referencialmente, entonces esa persona fue Scotch es equivalente a la totalidad del original, y si es utilizada demostrativamente, entonces la expresin definidora no es una traduccin del original.'8 La versin dada, a veces, por el propio Russell18 19 es la de que El autor de Waverley fue Scotch es equivalente a una conjuncin de las tres proposiciones Al menos una persona escribi Waverley, A lo sumo una persona escribi Waverley, y Cualquiera que escribiese Waverley fue Scotch. Sin embargo, el Profesor Moore ha sealado20 que si las palabras cualquiera que escribiese Waverley son entendidas del modo ms natural, la primera de estas proposiciones es superflua.

    18. Mind. 1936. p. 358.19. Por ejemplo, en su Introducnon lo Malhemalical Phosophyjip. 172-80.20. En un articulo sobre RusscH's Theory o f Dcscriptions. The Phihsophy of

    Bertrand Russell. ver especialmente pp. 197-89.

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  • pues arguye que parte de lo que ordinariamente se significara diciendo que cualquiera que escribiese Waverley fue Scotch es que alguien escribi Waverley. En consecuencia, l sugiere que la proposicin que Russell pretenda expresar mediante las palabras cualquiera que escribiese Waverley fue Scotch es una proposicin que puede ser expresada ms claramente mediante las palabras "Nunca hubo una persona que escribiese Waverley, excepto Scotch. Y ni aun as piensa que la transposicin propuesta sea correcta, pues objeta que decir de alguien que es el autor de una obra no implica decir que la escribi, toda vez que, si la ha compuesto sin escribirla realmente, podra tambin ser llamado su autor, con toda propiedad. A esto replic Russell que fue la inevitable vaguedad y ambigedad de todo lenguaje usado para fines cotidianos lo que le llev a emplear un lenguaje artificial simblico en Principia Mathematica, y que es en las definiciones dadas en Principia Mathematica en las que consiste la totalidad de su teora de las descripciones.21 Pero yo creo que, al decir esto, es injusto consigo mismo, porque me parece que uno de los grandes mritos de su teora de las descripciones es el de que arroja luz sobre el empleo de una determinada clase de expresiones del lenguaje corriente, y que ste es un punto de importancia filosfica. Porque, al demostrar que expresiones como el actual Rey de Francia no operan como nombres, la teora expone la falacia que ha inducido a los filsofos a creer en entidades subsistentes. De modo que, si bien es lamentable que el ejemplo ms frecuentemente elegido para ilustrar la teora contenga una pequea inexactitud, no creo que esto afecte seriamente a su valor, incluso en su aplicacin al lenguaje cotidiano. Porque, como sealo en este libro, el objeto de analizar El autor de Waverley fue Scotch no es, precisamente, el de obtener una exacta transposicin de esta frase particular, sino el de elucidar el uso de toda una clase de expresiones, de las que el autor de Waverley sirve, simplemente, como un ejemplo tpico.

    Un error ms serio que el de mi equivocada transposicin de El autor de Waverley fue Scotch fue mi suposi-

    21. Reply lo Crtimms, The Philosophy af Bertmnd Russell p. 690.

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  • cin de que el anlisis filosfico consista, principalmente, en la provisin de definiciones en uso. Es cierto que, en realidad, lo que yo describo como anlisis filosfico es, en gran medida, una especie de exposicin de las interrelaciones de diferentes tipos de proposiciones;22 pero los casos en que este proceso facilita, realmente, un conjunto de definiciones son la excepcin, ms bien que la regla. De modo que podra pensarse que el problema de demostrar cmo las declaraciones acerca de las cosas materiales estn relacionadas con declaraciones-observacin, que es, en efecto, el problema tradicional de la percepcin, requiere para su solucin que se indique un mtodo que permita trasladar las declaraciones acerca de cosas materiales a declaraciones-observacin, y, en consecuencia, suministrar lo que podra considerarse como una definicin de una cosa material. Pero, en realidad, esto es imposible; porque, segn he sealado ya, ningn conjunto finito de declaraciones-observacin es siempre equivalente a una declaracin acerca de una cosa material. Lo que puede hacerse, sin embargo, es construir un esquema que demuestre qu clase de relaciones deben prevalecer entre contenidos sensoriales para que sea verdadero, en cada caso dado, que una cosa material existe: y, aunque no puede decirse, hablando con propiedad, que este proceso facilite una definicin, tiene la virtud de demostrar cmo un tipo de declaraciones se relaciona con el otro.23 Del mismo modo, en el campo de la filosofa poltica, es probable que no puedan trasladarse declaraciones en el plano poltico a declaraciones acerca de las personas individuales, porque, si bien lo que se dice acerca de un Estado, por ejemplo, ha de verificarse slo mediante el comportamiento de determinados individuos, tal declaracin es, generalmente, indefinida, de modo que impide a todo conjunto particular de declaraciones acerca del comportamiento de los individuos ser exactamente equivalente a ella. Pero tambin aqu es posible indicar qu tipos de

    22. G. Rve, Philosophical Argumenta, leccin inaugural dictada ante la Universidad de Oxford, 1945.

    23. Vase The Foundotions ol Emprico! Knowledge, pp. 243-63: y R. B, Biaith- wailc, Propositions aboul Material Objects, Proceedmgs o the AristoteUan Societw vol XXXVIII.

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  • relaciones deben prevalecer entre las personas individuales para que las declaraciones polticas en cuestin sean verdaderas: de modo que aun cuando no se alcancen definiciones reales, la significacin de las declaraciones polticas es adecuadamente aclarada.

    En casos como stos, se llega, realmente, a algo que se acerca a una definicin en uso, pero hay otros casos de anlisis filosfico en los que ni se facilita ni se busca nada que se acerque siquiera a una definicin. Por eso, cuando el Profesor Moore sugiere que decir que la existencia no es un predicado puede ser un modo de decir que hay una diferencia muy importante entre el modo en que se emplea "existen" en una fiase como "Existen tigres amaestrados y el modo en que se emplea "rugen" en Los tigres amaestrados rugen", no desarrolla su punto de vista dando normas para la traslacin de un conjunto de fiases al otro. Lo que hace es sealar que mientras tiene un perfecto sentido decir Todos los tigres amaestrados rugen, no tendra sentido decir Todos los tigres amaestrados existen o La mayora de los tigres amaestrados existen.24 Ahora bien, esto puede parecer un punto ms bien trivial para que l lo seale, pero, en realidad, es filosficamente esclarecedor. Porque es precisamente la aceptacin de que la existencia es un predicado lo que da validez al argumento ontol- gjco; y se supone que el argumento ontolgico demuestra la existencia de un Dios. Por consiguiente, Moore, al sealar una peculiaridad en el empleo de la palabra existen, contribuye a defendemos de una grave falacia; de modo que su procedimiento, aunque distinto del que Russell sigue en su teora de las descripciones, tiende a alcanzar el mismo fin filosfico.25

    En este libro, sostengo que no corresponde al campo de la filosofa el justificar nuestras creencias cientficas o de sentido comn, porque su validez es una cuestin

    24. G. E Moore, b Existencc a Predcate?, Supplementary Pmceedings o ihe Aristotelian Society, 1936. Yo he hecho uso de la misma ilustracin en mi ensayo sobre Does Philosophy analyse Common Sen se?, Simposio con A. E Diincan- Jones, Supplementary Pmceedings of the Aristotelian Society, 1937.

    25. No quiero decir que Moore esl nicamente ni siquiera principalmente interesado en refutar el argumento ontolgico. Pero creo que su razonamiento consigue esto, aunque no esto slo. De igual modo, la teora de las descripciones de Russell tiene otras utilidades, adems de liberarnos de las entidades subsistentes.

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  • emprica que no puede ser establecida por medios a priori Al mismo tiempo, la cuestin de lo que constituye tal justificacin es filosfica, como demuestra la existencia del problema de la induccin. Tambin aqu, lo que se requiere no es, necesariamente, una definicin. Pues, si bien yo creo que los problemas relacionados con la induccin pueden reducirse a la cuestin de lo que se significa al decir que una proposicin es evidencia suficiente para otra, dudo de que el modo de responder a esto sea el de construir una definicin formal de evidencia. A mi parecer, lo que se necesita, sobre todo, es un anlisis del mtodo cientfico, y, aunque fuese posible expresar los resultados de este anlisis en fonma de definiciones, esto no sera un logro de primera importancia. Y aqu puedo aadir que la reduccin de la filosofa al anlisis no ha de ser incompatible con la nocin de que su funcin consiste en sacar a luz las presuposiciones de la ciencia. Porque, si tales presuposiciones existen, puede, sin duda, demostrarse que se hallan lgicamente implicadas en las aplicaciones del mtodo cientfico o en el uso de ciertos trminos cientficos.

    Los positivistas de la escuela vienesa solan decir que la funcin de la filosofa no consista en presentar un conjunto especial de proposiciones filosficas, sino en esclarecer otras proposiciones; y esta declaracin tiene, por lo menos, el mrito de expresar el punto de vista de que la filosofa no es una fuente de verdad especulativa. Sin embargo, yo creo ahora que es incorrecto decir que no hay proposiciones filosficas. Porque, sean verdaderas o falsas, las proposiciones que se expresan en un libro como ste se inscriben dentro de una categora especial; y como son de la clase de proposiciones que los filsofos afirman o niegan, no veo por qu no haban de llamarse filosficas. Decir de ellas que son, de algn sentido, proposiciones acerca del uso de las palabras, es, a mi parecer, correcto, pero tambin inadecuado; porque, ciertamente, no toda declaracin acerca del uso de las palabras es filosfica.26

    26. Vase Does Philosophy anaiyse Common Sense?* y el ensayo

  • As, un lexicgrafo tambin trata de dar informacin acerca del uso de las palabras, pero el filsofo se diferencia de l en que est interesado, segn he procurado indicar, no en el uso de expresiones particulares, sino en clases de expresiones, y, mientras las proposiciones del lexicgrafo son empricas, las proposiciones filosficas, si son verdaderas, son, generalmente, analticas.27 Por lo dems, no puedo encontrar mejor modo de explicar mi concepcin de la filosofa que mediante la referencia a ejemplos, y uno de esos ejemplos es el tema de este libro.

    A. J. A yer

    Wadham College, Oxford. E nero , 946.

    27. He introducido la palabra calificadora generalmente, porque creo que algunas proposiciones empricas, tales como las que aparecen en las historias de la filosofa, pueden ser consideradas como filosficas. Y los filsofos emplean proposiciones empricas como ejemplos, para servir a fines filosficos. Pero, siempre que no sean simplemente histricas, creo que las verdades que pueden descubrirse mediante mtodos filosficos son analticas. Al mismo tiempo, aadira que la tarea del filsofo, como el Profesor Ryle me ha sealado, es mis bien la de resolver puzzles que la de descubrir verdades.

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  • Prlogo

    Los puntos de vista que se formulan en este tratado proceden de las doctrinas de Bertrand Russell y de Wittgenstein que son, a su vez, el resultado lgico del empirismo de Berkeley y de David Hume. Como Hume, divido todas las proposiciones autnticas en dos clases: las que, en su terminologa, conciernen a las relaciones de las ideas, y las que conciernen a las realidades. La primera clase comprende las proposiciones a priori de la lgica y de la matemtica pura, y yo admito que stas son necesarias y ciertas slo porque son analticas. Esto es, sostengo que la razn por la cual estas proposiciones no pueden ser refutadas por la experiencia es la de que no hacen ninguna afirmacin acerca del mundo emprico, sino que simplemente registran nuestra determinacin de utilizar smbolos de un modo determinado. Por otra parte, sostengo que las proposiciones relativas a realidades empricas son hiptesis, que pueden ser probables, pero nunca ciertas. Y, al dar una informacin del mtodo de su comprobacin, pretendo haber explicado tambin la naturaleza de la verdad.

    Para probar si una frase expresa una hiptesis emprica autntica, adopto lo que podramos llamar un principio de verificacin modificado. Porque, de una hiptesis emprica, yo exijo, no que, en realidad, sea concluyentemente verificable, sino que alguna experiencia sensorial posible sea adecuada a la determinacin de su verdad o de su falsedad. Si una proposicin putativa no logra satisfacer este principio, y no es una tautologa, entonces sostengo que es metafsica, y que, al ser metafsica, no es verdadera ni falsa, sino literalmente carente de sentido. Se encontrar que mucho de lo que generalmente pasa por filosofa es metafisico de acuerdo con este criterio, y, en particular, que no puede afirmarse de un modo terminante que haya un mundo de valores no emprico, o que los hombres tengan almas inmortales, o que haya un Dios trascendente.

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  • En cuanto a las proposiciones de la filosofa propiamente dichas, se ha sostenido que son lingsticamente necesarias, y, por lo tanto, analticas. Y respecto a la relacin de filosofa y ciencia emprica, est demostrado que el filsofo no se encuentra en una posicin que le permita suministrar verdades especulativas, que, si as fuese, competiran con las hiptesis de la ciencia, ni tampoco formar juicios a priori sobre la validez de las teoras cientficas, sino que su funcin es la de aclarar las proposiciones cientficas, poniendo de manifiesto sus relaciones lgicas y definiendo los smbolos que en ellas aparecen. Por consiguiente, sostengo que no hay nada en la naturaleza de la filosofa que justifique la existencia de escuelas filosficas en conflicto. Y pretendo comprobar esto facilitando una solucin definitiva de los problemas que han sido las principales fuentes de controversia entre los filsofos, en el pasado.

    El punto de vista de que la labor del filsofo es una actividad de anlisis est asociado en Inglaterra con la obra de G. E. Moore y de sus discpulos. Pero, aunque he aprendido mucho del Profesor Moore, tengo razones para creer que l y sus seguidores no estn dispuestos a adoptar un fenomenalismo tan completo como el que adopto, y que mantienen un punto de vista muy distinto de la naturaleza del anlisis filosfico. Los filsofos con quienes estoy en el ms perfecto acuerdo son los que componen el crculo viens, bajo la direccin de Mo- ritz Schlick, y que son conocidos, generalmente, como positivistas lgicos. Y, entre ellos, me declaro deudor, sobre todo, de Rudolf Camap. Adems, quiero reconocer lo que debo a Gilbert Ryle, mi primer tutor en filosofa, y a Isaiah Berln, que ha discutido conmigo cada punto del tema de este tratado, y me ha hecho muchas sugestiones valiosas, aunque ambos estn disconformes con mucho de lo que afirmo. Y debo tambin expresar mi agradecimiento a J. R. M. Willis, por su correccin de las pruebas.

    A. J. Ayer

    11 Foubert's Place, Londres.Julio, 1935

  • La eliminacin de la metafsica

    I

    Objetivo y mtodo de la filosofa.Refutacin de la tesis metafsicade que la filosofa nos proporcionael conocimiento de una realidad trascendente

    Las tradicionales disputas de los filsofos son, en su mayora, tan injustificables como infructuosas. El modo ms seguro de terminarlas consiste en establecer incuestionablemente cules podran ser el objetivo y el mtodo de una investigacin filosfica. Y ste no es, en modo alguno, un trabajo tan difcil como la historia de la filosofa nos induce a suponer. Porque si hay algunas preguntas cuya respuesta deja la ciencia a la filosofa, un correcto proceso de eliminacin debe conducimos a su descubrimiento.

    Podemos comenzar por la crtica de la tesis metafsica de que la filosofa nos proporciona el conocimiento de una realidad que trasciende el mundo de la ciencia y del sentido comn. Ms adelante, cuando procedamos a definir la metafsica y a dar razn de su existencia, encontraremos que es posible ser un metafsico sin creer en una realidad trascendente; veremos que muchas expresiones metafsicas son debidas a la comisin de errores lgicos, ms bien que a un deseo consciente, por parte de sus autores, de ir ms all de los lmites de la experiencia. Pero nos conviene tener en cuenta el caso de los que creen que es posible alcanzar un conocimiento de una realidad trascendente, como punto de partida para nuestra discusin. Luego se ver que los argumentos que empleamos para refutarles son de aplicacin al conjunto de la metafsica.

    Un modo de atacar a un metafsico que afirmase tener conocimiento de una realidad que trascendiese el mun-

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  • do fenomnico seria el de investigar de qu premisas estaban deducidas sus proposiciones. No tiene l que comenzar, al igual que los dems hombres, por la evidencia de sus sentidos? Y, si es as, qu proceso vlido de razonamiento puede llevarle a la concepcin de una realidad trascendente? Sin duda alguna, de premisas empricas no puede, legtimamente, inferirse nada concerniente a las propiedades, ni siquiera a la existencia de algo supra-emprico. Pero esta objecin se resolvera mediante la negacin, por parte del metafsico, de que sus afirmaciones estaban basadas, fundamentalmente, sobre la evidencia de los sentidos. Dira que l est dotado de una facultad de intuicin intelectual que le permite conocer hechos que no podran ser conocidos por medio de la experiencia sensorial. Y, aun cuando demostrarse que se apoya en premisas empricas y que, por lo tanto, su especulacin sobre un mundo, no emprico est lgicamente injustificada, no se seguira que sus afirmaciones concernientes a un mundo no emprico no pudieran ser verdaderas. Porque el hecho de que una conclusin no se siga de su premisa putativa no es suficiente para demostrar que es falsa. Por lo tanto, no se puede desechar un sistema de metafsica trascendente slo mediante la crtica del modo en que llega a constituirse. Lo que se requiere es, ms bien, una crtica de la naturaleza de las declaraciones reales que lo abarcan. Y sta es, efectivamente, la lnea de razonamiento que vamos a seguir. Porque mantendremos que ninguna declaracin referida a una realidad que trascienda los lmites de toda posible experiencia sensorial pueda tener ninguna significacin literal; de lo cual debe seguirse que los trabajos de quienes se han esforzado por describir tal realidad han estado todos dedicados a la produccin de contrasentidos.

    Kant tambin rechaza la metafsica en este sentido, pero mientras acusa a los metafisicos de ignorar los limites del conocimiento, nosotros le acusamos de desobedecer las normas que rigen el uso significante del lenguaje

    Podra insinuarse que sta es una proposicin que ya ha sido demostrada por Kant, pero, aunque Kant tam-

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  • bin conden la metafsica trascendente, lo hizo sobre distintas bases. Ya que dijo que el conocimiento humano estaba constituido de tal modo, que se perda en contradicciones cuando se aventuraba ms all de los lmites de la experiencia posible e intentaba tratar de las cosas en s mismas. Y, as, hizo de la imposibilidad de una metafsica trascendente no una cuestin lgica, como nosotros, sino una cuestin de hecho. Afirm, no que nuestras inteligencias no pudieran tener, dentro de lo concebible, la facultad de penetrar ms all del mundo fenomnico, sino, simplemente, que, de hecho, carecan de ella. Y esto lleva al crtico a preguntar cmo puede el autor justificarse al afirmar que existen cosas reales ms all, cuando slo es posible conocer lo que se encuentra dentro de los lmites de la experiencia sensorial, y cmo puede l decir cules son las fronteras ms all de las cuales est vedado al conocimiento humano aventurarse, a menos que el propio autor haya logrado cruzarlas. Como dice Wittgenstein, para trazar un lmite al pensamiento tendramos que pensar en los dos lados de ese lmite,1 una verdad a la que Bradley da una especial distorsin al sostener que el hombre est dispuesto a demostrar que la metafsica es imposible es un hermano metafsico con una teora contraria a s mismo.1 2

    Cualquiera que sea la fuerza que estas objeciones puedan tener contra la doctrina kantiana, no tienen ninguna contra la tesis que voy a exponer. No puede decirse aqu que el autor haya salvado la barrera de la que l sostiene que es insalvable. Porque la esterilidad de la pretensin de trascender los lmites de la posible experiencia sensorial se deducir, no de una hiptesis psicolgica relativa a la construccin real de la inteligencia humana, sino de la norma que determina la significacin literal del lenguaje. Nuestra acusacin contra el metafsico no estriba en que ste pretenda utilizar el conocimiento en un campo en el que no puede aventurarse provechosamente, sino en que produce fiases que no logran ajustarse a las condiciones que una frase ha de satisfacer, necesariamente, para ser literalmente significante. Ni nos ve-

    1. Tractatus Logico-Philosophicus, Prlogo.2. Bradley, Appearance and Reality, 2.a ed., p. 1.

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  • mos obligados a expresar contrasentidos para demostrar que todas las frases de un tipo determinado carecen, necesariamente, de significacin literal. Slo necesitamos formular el criterio que nos permite probar si una frase expresa una autntica proposicin acerca de una realidad, y demostrar luego que las frases en cuestin no logran satisfacerlo. Y esto es lo que ahora comenzaremos a hacer. Antes de nada, formularemos el criterio en trminos un tanto vagos, y luego daremos las explicaciones que sean necesarias para hacerlo ms preciso.

    Adopcin de la verificabilidadcomo un criterio para probar la significacinde las declaraciones putativas de hecho

    El criterio que utilizamos para probar la autenticidad de aparentes declaraciones de hecho es el criterio de ve- rificabilidad. Decimos que una frase es factualmente significante para toda persona dada, simpre y cuando esta persona conozca cmo verificar la proposicin que la frase pretende expresar, es decir, si conoce qu observaciones le inducirn, bajo ciertas condiciones, a aceptar la proposicin como verdadera, o a rechazarla como falsa. Por otra parte, si la proposicin putativa es de tal carcter que la admisin de su verdad o de su falsedad est conforme con cualquier admisin relativa a la naturaleza de su experiencia futura, entonces, en la medida en que la persona est interesada, la frase es, si no una tautologa, si una simple pseudo-proposicin. La frase que lo expresa puede ser emocionalmente significante para la persona, pero no es literalmente significante. Y respecto a las cuestiones, el procedimiento es el mismo. En cada caso, investigamos qu observaciones nos impulsaran a formular la cuestin, de un modo o de otro; y, si no puede ser descubierta ninguna, debemos concluir que la frase que estudiamos no expresa, hasta donde nosotros estamos interesados, una autntica cuestin, aunque su apariencia gramatical pueda sugerir que lo hace muy intensamente.

    Como la adopcin de este procedimiento es un factor esencial para el tema de este libro, requiere que lo examinemos con detalle.

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  • Distincin entre verificacin concluyente y parcial.Ninguna proposicin puede ser verificada concluyentemente

    En primer lugar, es necesario establecer una distincin entre vericabilidad prctica, y verificabidad en principio. Desde luego, todos nosotros conocemos y, en muchos casos, creemos proposiciones que, realmente, no nos hemos tomado el trabajo de verificar. Muchas de ellas son proposiciones que podramos haber verificado, si nos hubiramos tomado la molestia de hacerlo. Pero queda un buen nmeo de proposiciones significantes, relativas a cuestiones de hecho, que no podramos verificar aunque nos lo propusiramos; sencillamente, porque carecemos de los medios prcticos para colocamos en la situacin en que podran hacerse las observaciones pertinentes. Un ejemplo simple y familiar de tales proposiciones es la proposicin de que hay montaas en la cara oculta de la Luna.3 Todava no se ha inventado ningn cohete que me permita ir y mirar a la cara oculta de la Luna, de modo que me veo incapacitado para decidir la cuestin mediante la observacin real. Pero yo s qu observaciones la decidiran para m, si alguna vez, como es tericamente concebible, me encontrase en situacin de hacerlas. Y, por consiguiente, digo que la proposicin es verificable en principio, ya que no en la prctica, y es, por lo tanto, significante. Por otra pare, una pseudo-proposicin metafsica como el Absoluto forma parte de, pero es, en s mismo, incapaz de, evolucin y progreso,4 ni siquiera en principio es verificable. Porque no se puede concebir una observacin que nos permitiese determinar si el Absoluto forma o no forma parte de la evolucin y del progreso. Naturalmente, es posible que el autor de tal nota est utilizando palabras inglesas de un modo en que no son utilizadas normalmente por las gentes que hablan ingls, y que, en realidad, pretende afirmar algo que podra ser verificado empricamente. Pero, mientras no nos haga comprender cmo se verificara la proposicin que l desea expresar,

    3. Este ejemplo ha sido utilizado por el profesor Schlick para ilustrar el mismo punto.

    4. Una nota tomada al azar, de Appearance and Reality, de F. H. Bradley.

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  • no consigue comunicamos nada. Y si admite, como yo creo que el autor de la nota en cuestin tendra que admitir, que sus palabras no estaban destinadas a expresar ni una tautologa ni una proposicin que, al menos en principio, fuese susceptible de ver verificada, entonces se sigue que ha construido una locucin que ni para l mismo tiene ninguna significacin litera).

    Una ulterior distincin que debemos hacer es la distincin entre el sentido fuerte y el dbil del trmino verificable. Se dice que una proposicin es verificable, en el sentido fuerte del trmino, siempre y cuando su verdad pueda ser concluyentemente establecida mediante la experiencia. Pero es verificable, en el sentido dbil, si es posible para la experiencia hacerla probable. En qu sentido empleamos el trmino cuando decimos que una proposicin es autntica slo si es verificable?

    A mi parecer, si adoptamos la verificabilidad concluyente como nuestro criterio de significacin, segn han propuesto algunos positivistas,5 nuestro razonamiento probar demasiado. Consideremos, por ejemplo, el caso de proposiciones de leyes generales concretamente, proposiciones tales como el arsnico es venenoso, todos los hombres son mortales, el cuerpo tiende a dilatarse cuando es calentado. Es propio de la naturaleza misma de estas proposiciones que su verdad no puede ser establecida con certidumbre por una serie finita de observaciones. Pero si se reconoce que tales proposiciones de leyes generales estn destinadas a abarcar un nmero infinito de casos, entonces debe admitirse que no pueden, ni siquiera en principio, ser verificadas concluyentemente. Y, adems, si adoptamos la verificabilidad concluyente como nuestro criterio de significacin, estamos, lgicamente, obligados a tratar estas proposiciones de leyes generales, del mismo modo en que tratamos las declaraciones del metafsico.

    Frente a esta dificultad, algunos positivistas6 han adoptado el heroico recurso de decir que estas proposi-

    5. Por ejemplo. M. Schlick, Positivismos unc Realismus. EfkemUms, voL I. 1930. F. Waismann. Logischc Analysc des Waischeinlichkeitsbcgrifls, Erkenntnis, voL 1193a

    6. Por ejemplo, M. Schlick, Die Kaosalitat in der gcgcnwrtigcn Physik, Na- turwissenschaft. voL 19.1931.

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  • ciones generales son, en realidad, fragmentos de contrasentido, aunque un tipo esencialmente importante de contrasentido. Pero la introduccin aqu del trmino importante es, sencillamente, un intento de defensa. Sirve slo para sealar el reconocimiento del autor de que su punto de vista es un tanto paradjico, sin eliminar, en modo alguno, la paradoja. Adems, la dificultad no se limita al caso de las proposiciones de leyes generales, aunque es en ellas donde se manifiesta con ms claridad. Es casi tan evidente en el caso de proposiciones acerca del pasado remoto. Porque debe admitirse, sin duda, que, por fuerte que pueda ser la evidencia en favor de las declaraciones histricas, su verdad nunca puede llegar a ser ms altamente probable. Y decir que tambin constituyen un tipo importante, o no importante, de contrasentido sera, por lo menos, inaceptable. En realidad, nuestro tema ser que ninguna proposicin, excepto una tautologa, puede ser algo ms que una hiptesis probable. Y, si esto es correcto, el principio de que una frase puede ser factualmente significante slo si expresa lo que es concluyentemente verificable se auto- destruye como criterio de significacin, porque conduce a la conclusin de que es absolutamente imposible hacer una significante declaracin de hecho.

    Ni concluyentemente refutada

    ' Tampoco podemos aceptar la sugestin de que se admitira que una frase es factualmente significante, siempre y cuando exprese algo que es definitivamente refutable por la experiencia.7 Los que adoptan este camino admiten que, si bien ninguna serie finita de observaciones nunca es suficiente para establecer la verdad de una hiptesis ms all de toda posibilidad de duda, hay casos crticos en los que una sola observacin, o una serie de observaciones, pueden refutarla definitivamente. Pero, como ms adelante veremos, esta suposicin es falsa. Una hiptesis no puede ser concluyentemente refutada ms que si puede ser concluyentemente verificada. Por-

    7. Esto ha sido propuesto por Kari Popper en su Logik der Forschung.

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  • que, cuando consideramos la presencia de ciertas observaciones como prueba de que una determinada hiptesis es falsa, presuponemos la existencia de ciertas condiciones. Y aunque, en cada caso dado, puede ser extremadamente improbable que esta suposicin sea falsa, no es lgicamente imposible. Veremos que es necesario que no exista auto-contradiccin al sostener que algunas de las circunstancias adecuadas no son tal como nosotros las habamos considerado, y, por consiguiente, que la hiptesis en realidad no se ha destruido. Y si no es el caso de que determinada hiptesis pueda ser definitivamente refutada, no podemos sostener que la autenticidad de una proposicin depende de la posibilidad de su refutacin definitiva.

    Por lo tanto, volveremos al sentido dbil de verificacin. Decimos que la cuestin que debemos formularnos ante toda declaracin putativa de hecho no es: haran determinadas observaciones su verdad o su falsedad lgicamente cierta?, sino, simplemente: seran determinadas observaciones adecuadas para decidir de su verdad o de su falsedad?. Y slo si se da una respuesta negativa a esta segunda pregunta concluimos que la declaracin en cuestin es absurda.

    Para que una declaracin de hecho sea autntica, observaciones posibles deben ser apropiadas para la determinacin de la verdad o falsedad

    Para aclarar ms nuestra posicin, podemos formularla de otro modo. Llamemos a una proposicin que registra una observacin real o posible una proposicin experien- cial. Luego podemos decir que el signo de una autntica proposicin factual consiste, no en que sea equivalente a una proposicin experiencia!, o a un nmero finito de proposiciones experienciales, sino, simplemente, en que algunas proposiciones experienciales puedan ser deducidas de ella en conjuncin con otras premisas determinadas, sin ser deducibles de esas otras premisas solamente.8

    Este criterio parece bastante liberal. En contraste con

    8. sta es una declaracin muy simplificada, y no literalmente correcta. En la Introduccin, p.16, doy la que ya creo que es la correcta formulacin.

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  • el principio de vericabilidad concluyente, no niega claramente la significacin a las proposiciones generales o las proposiciones acerca del pasado. Veamos qu clases de afirmaciones rechaza.

    Ejemplos de los tipos de afirmaciones.familiares a los filsofos,que son desechadas por nuestro criterio

    Un buen ejemplo de la clase de expresin que nuestro criterio condena, no ya por ser falsa, sino absurda, sera la afirmacin de que el mundo de la experiencia sensorial es totalmente irreal. Naturalmente, debe admitirse que nuestros sentidos, a veces, nos engaan. Como resultado de tener ciertas sensaciones, podemos esperar que sean alcanzables ciertas otras sensaciones que, en realidad, no son alcanzables. Pero, en todos estos casos, es la ulterior experiencia sensorial la que nos informa de los errores que surgen de la experiencia sensorial. Decimos que los sentidos, a veces, nos engaan, precisamente porque las expectaciones a que da origen nuestra experiencia sensorial no siempre concuerdan con lo que luego experimentamos. Esto es, nosotros confiamos en nuestros sentidos para comprobar o refutar los juicios que se basan en nuestras sensaciones. Y, por lo tanto, el hecho de que nuestros juicios perceptuales resulten, a veces, errneos no tiene ni la ms leve tendencia a demostrar que el mundo de la experiencia sensorial es irreal. Y, verdaderamente, est claro que ninguna observacin o serie de observaciones concebibles podran tener tendencia alguna a demostrar que fuese irreal el mundo que la experiencia sensorial nos ha revelado. Por consiguiente, quien condene el mundo sensible como un mundo simple de apariencia, como opuesto a la realidad, est diciendo algo que, de acuerdo con nuestro criterio de significacin, es literalmente absurdo.

    Un ejemplo de una controversia que la explicacin de nuestro criterio nos obliga a condenar como falsa nos lo proporcionan quienes disputan acerca del nmero de substancias que hay en el mundo. Porque, tanto por los monistas, que mantienen que la realidad es una sola substancia, como por los pluralistas, que mantienen

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  • que la realidad son muchas substancias, se admite que es imposible imaginar ninguna situacin emprica que fuese adecuada a la solucin de su disputa. Pero, si se nos dice que ninguna observacin posible podra dar probabilidad alguna ni a la afirmacin de que la realidad era una sola substancia ni a la afirmacin de que eran muchas, entonces debemos concluir que ninguna afirmacin es significante. Ms adelante9 veremos que hay autnticas cuestiones lgicas y empricas implicadas en la disputa entre los monistas y los pluralistas. Pero la cuestin metafsica relativa a la substancia es rechazada por nuestro criterio como espuria

    Un tratamiento semejante debe darse a la controversia entre realistas e idealistas, en su aspecto metafsico. Una sencilla ilustracin, que utilic para un razonamiento similar en otra parte,10 nos ayudar a demostrarlo. Supongamos que se descubre un cuadro y se sugiere que fue pintado por Goya. Hay un procedimiento determinado para tratar esta cuestin. Los expertos examinan el cuadro para ver en qu medida se parece a los trabajos acreditados a Goya, y para ver si tiene algn indicio que sea caracterstico de una falsificacin; consultan los registros contemporneos en busca de la evidencia de la existencia del cuadro en cuestin, y as sucesivamente. Al final, pueden estar todava en desacuerdo, pero cada uno de ellos sabe qu evidencia emprica podra confirmar o desacreditar su opinin. Supongamos ahora que esos hombres han estudiado filosofa, y algunos de ellos se deciden a sostener que este cuadro es un conjunto de ideas en la mente de un perceptor, o en la mente de Dios, mientras otros aseguran que es objetivamente real. Qu posible experiencia podran tener cualesquiera de ellos, que resultase adecuada a la solucin de esta disputa en un sentido o en otro? En el sentido ordinario del trmino real, en el que se opone a ilusorio, la realidad del cuadro no es dudosa. Los disputantes se han convencido de que el cuadro es real, en este sentido, mediante una serie continuada de sensaciones de la vista y

    9. En el cap. VUL10. Vase Dcmonstration of the Impossibilltv of Metaphysics. Mind. 1934.

    p. 339.

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  • sensaciones del tacto. Hay algn proceso similar mediante el cual pudieran descubrir si la pintura era real, en el sentido en que el trmino real se opone a ideal? Evidentemente, no lo hay. Pero, si esto es as, el problema es falso, segn nuestro criterio. Esto no quiere decir que la controversia realista-idealista pueda ser desechada, sin ms. Porque puede, legtimamente, ser considerada como una disputa relativa al anlisis de las proposiciones existenciales, implicando as un problema lgico que, como veremos, puede ser definitivamente resuelto.11 Lo que acabamos de demostrar es que la cuestin en disputa entre idealistas y realistas resulta falsa, cuando, como frecuentemente ocurre, se le da una interpretacin metafsica.

    No necesitamos dar ms ejemplos de la manera de operar de nuestro criterio de significacin. Porque nuestro objeto es, simplemente, el de demostrar que la filosofa, como una autntica rama del conocimiento, debe ser distinguida de la metafsica. No nos interesa ahora la cuestin histrica de cunto de lo que ha pasado tradicionalmente por filosofa es, realmente, metafsico. De todos modos, ms adelante sealaremos que la mayora de los grandes filsofos del pasado no eran esencialmente metafsicos, y tranquilizaremos as a quienes, de otro modo, tendran inconveniente en adoptar nuestro criterio, por consideraciones de devocin.

    Igualmente, la validez del principio de verificacin, en la forma en que lo hemos expuesto, encontrar una demostracin en el curso de este libro. Porque se demostrar que todas las proposiciones que tienen un contenido factual son hiptesis empricas; y que la funcin de una hiptesis emprica es la de proporcionar una norma para la anticipacin de la experiencia.11 12 Y esto quiere decir que toda hiptesis emprica debe ser adecuada a determinada experiencia real o posible, de modo que una declaracin que no sea adecuada a alguna experiencia no es una hiptesis emprica, y, por consiguiente, no tiene un contenido factual. Pero esto es, precisamente, lo que el principio de verificabilidad afirma.

    11. Vase cap. V1IL12. Vase cap. V.

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  • Frases metafsicasdefinidas como frases que no expresan tautologas ni hiptesis empricas

    Habra que decir aqu que el hecho de que las expresiones del metafsico sean absurdas no se sigue, simplemente, del hecho de que estn desprovistas de contenido factual. Se sigue de ese hecho, juntamente con el hecho de que no son proposiciones a priori. Y, al admitir que no son proposiciones a priori, estamos, una vez ms, anticipando las conclusiones de un posterior captulo de este libro.13 Porque en l se demostrar que las proposiciones a priori, siempre tan atractivas a los filsofos a causa de su certidumbre, deben esta certidumbre al hecho de que son tautologas. Por lo tanto, podemos definir una frase metafsica como una frase que pretende expresar un proposicin autntica, pero que, de hecho, no expresa ni una tautologa ni una hiptesis emprica. Y como las tautologas y las hiptesis empricas forman la clase entera de las proposiciones significantes, estamos justificados al concluir que todas las afirmaciones son absurdas. Nuestra prxima labor es la de demostrar cmo llegan a formarse.

    Las confusiones lingsticas, fuente prim era de la metafsica

    El empleo del trmino substancia, al que ya nos hemos referido, nos proporciona un buen ejemplo del modo en que se escribe la mayor parte de la metafsica. El caso es que, en nuestro lenguaje, no podemos referirnos a las propiedades sensibles de una cosa sin introducir una palabra o frase que parece representar a la cosa misma como opuesta a algo que puede decirse acerca de ella. Y, como resultado de esto, los que estn infectados por la primitiva supersticin de que a cada nombre debe corresponder una entidad real suponen que es necesario distinguir lgicamente entre la cosa misma y alguna o todas sus propiedades sensibles. Y asi emplean el

    13. Cap. IV.

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  • trmino substancia para referirse a la cosa misma. Pero del hecho de que acostumbremos emplear una sola palabra para referirnos a una cosa, y de que hagamos de esa palabra el tema gramatical de las frases en que nos referimos a las apariencias sensibles de la cosa, no se sigue en modo alguno que la cosa misma sea una entidad simple, o que no pueda ser definida en trminos de la totalidad de sus apariencias. Es cierto que, al hablar de sus apariencias, parece que distinguimos la cosa de las apariencias, pero esto no es ms que un accidente de la costumbre lingstica. El anlisis lgico demuestra que lo que hace a esas apariencias las apariencias de la misma cosa no es su relacin con una entidad distinta de s mismas, sino sus relaciones recprocas. El metafi'sico no llega a ver esto, porque est engaado por un rasgo gramatical superficial de su lenguaje.

    Un ejemplo ms sencillo y ms claro del modo en que una consideracin propia de la gramtica conduce a la metafsica es el caso del concepto metafisico de Ser. El origen de nuestra tentacin a plantear cuestiones acerca del Ser, que ninguna experiencia concebible nos permitira formular, radica en el hecho de que, en nuestro lenguaje, las frases que expresan proposiciones existencia- les y las frases que expresan proposiciones atributivas pueden ser de la misma forma gramatical. Por ejemplo, las frases Los mrtires existen y Los mrtires sufren constan una y otra de un sustantivo seguido de un verbo intransitivo, y el hecho de que tengan gramaticalmente la misma apariencia nos induce a suponer que son del mismo tipo lgico. Se ve que en la proposicin Los mrtires sufren, a los miembros de una determinada especie se les asigna un determinado atributo, y se supone, a veces, que esto es cierto tambin respecto a proposiciones como Los mrtires existen. Si fuese realmente as, sera, desde luego, tan legtimo especular acerca del Ser de los mrtires como lo es especular acerca de su sufrimiento. Pero como Kant seal,14 la existencia no es un atributo. Porque, cuando nosotros adscribimos un

    14. Vase Crtica de a razn pura, Dialctica trascendental. Libro II, cap. II!. seccin 4.

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  • atributo a una cosa, encubiertamente afirmamos que existe; de modo que si la existencia fuese, en s misma, un atributo, se seguira que todas las proposiciones exis- tenciales positivas eran tautologas, todas las preposiciones existnciales negativas auto-contradictorias; y no es as.15 Por lo tanto, quienes plantean cuestiones acerca del Ser, basadas en el supuesto de que la existencia es un atributo, son culpables de seguir la gramtica ms all de los lmites del sentido.

    Un error semejante se ha cometido en relacin con proposiciones tales como Los unicornios son fabulosos. Tambin aqu el hecho de que exista un parecido gramatical superficial entre las frases inglesas Los perros son leales y Los unicornios son fabulosos, y entre las frases correspondientes en otros lenguajes, crea el supuesto de que pertenecen al mismo tipo lgico. Los perros tienen que existir para poseer la propiedad de ser leales, y por eso se sostiene