Aubrey y Maturin 09 - El Puerto de La Traicion - Ptrick O'Brien

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Aubrey y Maturin 09 El puerto de la traicinSobrecubiertaNone

Tags: General Interest

El puerto de la traicin Patrick O'Brian

Mariae sacrum El agua se desliza lentamente por donde el arroyo es profundo, y tras su aparente mansedumbre, se esconde la traicin. William Shakespeare, Enrique vi

NOTA A LA EDICIN ESPAOLAsta es la novena novela de la ms apasionante serie de novelas histricas martimas jams publicada; por considerarlo de

indudable inters, aunque los lectores que deseen prescindir de ello pueden perfectamente hacerlo, se incluye un archivo adicional con un amplio y detallado Glosario de trminos marinos Se ha mantenido el sistema de medidas de la Armada real inglesa, como forma habitual de expresin de terminologa nutica. 1 yarda = 0,9144 metros 1 pie = 0,3048 metros 1 m = 3,28084 pies 1 cable =120 brazas = 185,19 metros 1 pulgada = 2,54 centmetros 1 cm = 0,3937 pulg. 1 libra = 0,45359 kilogramos 1 kg = 2,20462 lib. 1 quintal = 112 libras = 50,802 kg.

CAPITULO 1Un suave viento soplaba del noreste despus de una noche de lluvia, y la luz que iluminaba el cielo de Malta tena una cualidad especial que haca resaltar las lneas de los nobles edificios, poniendo de relieve todos los atributos de las piedras. Era un placer respirar el aire, y la ciudad de Valletta estaba muy animada, como si todos en ella estuvieran enamorados o de repente hubieran odo buenas noticias. Esto se notaba particularmente en un grupo de oficiales de marina sentados en el cenador del hotel Searle. Miraban hacia el paseo Upper Baracca, bajo cuyos arcos caminaban muy despacio hacia un lado y hacia otro multitud de soldados, marineros y civiles bajo la brillante luz del sol, tan brillante que haca parecer alegres las negras capas con capucha de las mujeres maltesas, y resplandecer como esplendorosas flores los uniformes de los oficiales. A pesar de que los uniformes que ms se vean en la multitud eran los de color escarlata y dorado de la Armada britnica, era una multitud cosmopolita, en la que estaban representados muchos de los pases que hacan la guerra a Napolen, y tambin se vean en ella, por ejemplo, los uniformes de color rosa claro de los croatas de

Kresimir y los de color azul con galones plateados de los hsares napolitanos, que hacan un agradable contraste. Ms all del paseo y mucho ms abajo estaba el gran puerto, hoy con las aguas color zafiro, en las que formaban vetas blancas las velas de innumerables barcos pequeos que iban y venan de Valletta a los grandes cabos fortificados que estaban al otro lado, Sant'Angelo e Isola, y de los barcos de guerra, los transportes y los vivanderos, y todo esto constitua un espectculo que deleitaba a cualquier hombre de mar. Todos esos caballeros eran capitanes sin barcos. Los que estaban en su posicin estaban generalmente silenciosos y tristes, y mucho ms en la actualidad, ya que la prolongada guerra pareca estar llegando a su clmax, la competencia era ms dura que antes, y para recibir distinciones y nombramientos que valieran la pena, por no hablar de conseguir botines y ascensos, era preciso estar al mando de un barco. Algunos se haban quedado sin barco, bien porque sus embarcaciones se haban hundido, como en el caso de la antiqusima Aeolus, que estaba bajo el mando de Edward Long, bien porque el ascenso haba provocado que se quedaran en tierra, bien porque un maldito consejo de guerra haba tenido ese mismo resultado. Sin embargo, la mayora de ellos slo se separaban temporalmente de sus barcos, a los que haban llevado a reparar porque estaban estropeados por haber pasado aos haciendo el bloqueo a Toln en todas las condiciones climatolgicas posibles. Pero los astilleros estaban atestados, las reparaciones solan ser grandes y complicadas y siempre eran muy lentas, y los capitanes tenan que permanecer all mientras transcurra el precioso tiempo que podan pasar en la mar, y maldecan constantemente el retraso. Aunque algunos de los ms ricos haban mandado a buscar a sus mujeres, que, sin duda, eran un consuelo para

ellos, la mayora de los capitanes estaban condenados al triste celibato o al solaz local que pudieran encontrar. El capitn Aubrey era uno de stos, porque a pesar de que haba capturado una presa valiosa en el mar Jnico, el Almirantazgo todava no haba decidido si era una presa de ley, y sus negocios en Inglaterra iban tan mal que le haban causado problemas legales de todo tipo. Por otra parte, como el alojamiento en Malta se haba encarecido y l, por ser ms viejo ahora, ya no se atreva a desembolsar grandes sumas que aun no posea, viva como un soltero, con las pocas cosas con que un capitn de navo poda vivir con decoro, de modo que suba tres tramos de escalera hasta su habitacin en el hotel Searle y la pera era su nico entretenimiento. En realidad, era el ms desafortunado de todos los capitanes cuyos barcos estaban en manos de los hombres que deban repararlos, ya que haba tenido que mandar nada menos que dos embarcaciones al astillero, as que tena que tratar con dos grupos diferentes de empleados corruptos e incompetentes, artesanos lentos y estpidos y comerciantes taimados. Una de las embarcaciones era el Worcester, un desvencijado navo de lnea de setenta y cuatro caones que casi se haba despedazado en la larga e intil persecucin de la escuadra francesa en un temporal, y la otra era la Surprise, una pequea fragata que navegaba con facilidad y que le haba sido asignada temporalmente, mientras el Worcester era reparado, para que fuera al mar Jnico a realizar una misin en la que haba atacado a dos embarcaciones turcas, la Torgud y el Kitabi, y haba sostenido con ellas un encarnizado combate al final del cual la Torgud se haba hundido, el Kitabi haba sido apresado y la Surprise estaba llena de agujeros entre el viento y el agua. El Worcester, ese barco mal diseado y mal construido, ese atad flotante, hubiera sido ms til hecho pedazos y

vendido como lea, pero era a su casco sin valor al que los empleados del astillero atendan, pues eso les produca beneficios, mientras la Surprise haba sido arrinconada porque faltaban unas curvas[1] para la cruja, la columna de bauprs y la servioleta de estribor y placas de cobre para cubrir veinte yardas cuadradas. Mientras tanto, los marineros que integraban la tripulacin de la Surprise, excelentes marineros seleccionados, no slo eran cada vez ms perezosos, viciosos y disolutos, sino que se emborrachaban y enfermaban ms, y a los mejores e incluso a los suboficiales, se los llevaban los superiores de Jack que no tenan escrpulos. Adems, el magnfico primer oficial haba dejado la fragata. El capitn Aubrey debera haber sido el ms triste de aquel grupo de hombres tristes; sin embargo, estaba muy animado, hablaba en voz muy alta e incluso cantaba con entusiasmo, con tanto entusiasmo que su amigo ntimo, el cirujano de la Surprise, Stephen Maturin, se haba ido a un lugar del cenador ms tranquilo, llevando consigo a un antiguo compaero de tripulacin, el profesor Graham, un filsofo que viajaba con permiso de la universidad escocesa donde trabajaba, un hombre que dominaba la lengua turca y era una autoridad en asuntos orientales. El entusiasmo del capitn Aubrey se deba en parte a la accin de aquel hermoso da en una persona alegre por naturaleza, en parte a la contagiosa alegra de sus compaeros, y en parte, sobre todo, a que al final de la mesa estaba sentado Thomas Pullings, hasta haca poco su primer teniente y ahora el capitn de menos antigedad de la Armada, el hombre que ocupaba el lugar ms bajo en la lista de los que tenan derecho a ser designados con el nombre de capitn, aunque slo fuera por cortesa. El ascenso le haba costado al seor Pullings algunas pintas de sangre y una terrible herida (un turco le haba asestado un sablazo y le haba cortado gran parte de la frente y la nariz), pero

habra soportado con gusto un dolor diez veces ms intenso y haber quedado ms desfigurado con tal de conseguir las charreteras doradas, a las que lanzaba miradas y tocaba constantemente, sonriendo con disimulo. Jack Aubrey haba intentado que le dieran ese ascenso durante muchos aos, y haba perdido la esperanza de lograrlo, ya que Pullings, aunque era un experto marino y un hombre simptico y valiente, no tena privilegios por su origen. Incluso en la ltima ocasin, Aubrey no confiaba en que su informe produjera el efecto deseado, pues el Almirantazgo, siempre reacio a dar ascensos, podra dar la excusa de que el capitn de la Torgud era un rebelde y no el capitn de un barco que perteneca a un pas hostil. Sin embargo, el nombramiento haba sido enviado enseguida en el Calliope, y el capitn Pullings lo haba recibido haca tan poco tiempo que todava su alegra estaba mezclada con el asombro; hablaba muy poco y contestaba sin pensar, unas veces sonrea, otras se echaba a rer sin razn aparente. El doctor Maturin tambin senta afecto por Thomas Pullings. Al igual que el capitn Aubrey, haba navegado con l cuando era guardiamarina, ayudante del oficial de derrota y teniente. Le estimaba mucho y le haba cosido la herida de la frente y la nariz con ms cuidado del que sola tener y haba pasado la noche sentado junto a su coy durante el perodo en que haba tenido fiebre. Pero el doctor Maturin no haba podido conseguir el pez de San Pedro. Era viernes y haba esperado con ansia el pez de San Pedro que haban prometido darle ese mismo da; sin embargo, el gregal haba soplado con tanta fuerza durante el martes, el mircoles y el jueves que los barcos pesqueros no haban podido salir del puerto, y puesto que en Searle no estaban acostumbrados a ver oficiales de marina catlicos (era raro encontrarles en la Armada, ya que en cuanto llegaban al grado de

teniente les exigan declarar que no reconocan la autoridad del Papa), no haban incluido en la comida ni un pedazo de pescado en salmuera, l haba tenido que comer unas horribles verduras cocinadas al estilo ingls, demasiado cocidas y sin sabor a nada. Maturin no era ambicioso ni tena muy mal humor, pero esta decepcin se sumaba a una serie de disgustos y molestias que haba tenido y, adems, llegaba cuando haca dos das que haba dejado de fumar. Puede decirse que Duns Scotus tiene la misma relacin con Aquino que Kant con Leibniz -dijo Graham, continuando la conversacin que mantenan antes. He odo eso a menudo en Ballinasloe -dijo Maturin-. Pero no aguanto a Immanuel Kant. Desde que descubr que hace caso a ese ladrn de Rousseau, no le aguanto. El hecho de que un filsofo d crdito a lo que dice ese tipo extravagante hijo de un bandido suizo demuestra que tiene dos defectos: ligereza y credulidad. Las lgrimas abundantes y tan bien calculadas, las confesiones falsas, el entusiasmo, los paisajes ideales -dijo, acercando la mano a su tabaquera y luego apartndola con decepcin-. Cunto detesto el entusiasmo y los paisajes ideales! David Hume opinaba igual que usted -dijo Graham-, quiero decir, opinaba igual sobre monsieur Rousseau. Le pareca que era simplemente un crackit gaberlunzie. Pero Rousseau al menos no haca ruido dijo Maturin, mirando con rabia hacia el otro lado del cenador, donde estaban sus amigos-. Jean Jacques Rousseau era un hombre insensible, un apstata, un fornicador y un embustero, pero no bramaba como un toro cuando estaba alegre. Mire cmo gritan a esas jvenes! Qu vergenza! Las jvenes, que cada noche danzaban o cantaban a coro en el escenario y a menudo iban de excursin con los oficiales ms jvenes a las

islas Gozo y Camino, donde coman en alguno de sus pequeos bosques, no parecan molestas. Todas les respondieron algo y les saludaron con la mano, y una de ellas incluso subi la escalera, se sent en el brazo de la silla del capitn Pellew, se bebi su vaso de vino y dijo que todos deberan ir a ver la pera el sbado porque ella iba a cantar la parte del jardinero quinto. En ese momento el capitn Aubrey hizo un comentario jocoso, que Maturin no pudo or, pero las carcajadas que lo siguieron probablemente se oyeron en Sant'Angelo. Jess, Mara y Jos! exclam Maturin-. En Irlanda, cuando un grupo de amigos bromean no se oye ms que un murmullo, y creo que lo mismo ocurre en Escocia. Graham no lo crea, pero tena una actitud benvola hacia Maturin y se limit a decir:

Heuch: ablins.Algunos de mis mejores amigos son ingleses -continu Maturin-, e incluso los ms respetables tienen esa horrible tendencia a hacer un ruido confuso cuando estn alegres. Eso carece de importancia en su pas, donde la dieta embota la sensibilidad, pero en otros, no, en otros es percibido como una muestra de arrogancia y causa ms indignacin que muchas faltas peores. Los espaoles son despreciables, son colonialistas, rapaces y crueles asesinos, pero nunca se les oye rer. Su arrogancia es un tipo de arrogancia corriente, universal, y su presencia no causa tanta indignacin como la de los ingleses. Tomemos como ejemplo el caso de esta isla: hace ms o menos diez aos que la marina rescat a la poblacin de la espantosa tirana francesa y llen el lugar de riquezas en vez de cargar hasta el tope sus barcos con los tesoros de las iglesias y llevrselos, pero ahora cunde el descontento entre la poblacin, y creo que la risa tiene algo que ver con ello. Aunque bien sabe Dios que tambin tiene algo que ver la arrogancia corriente. Quiere echar un vistazo a

esto? Graham cogi el papel, lo sostuvo delante de l con el brazo estirado, y ley: El gobernador civil nombrado por el Rey lamenta que algunas personas dbiles e irreflexivas, engaadas con falsos argumentos, se hayan convertido en instrumentos de algunos revoltosos. Las han convencido para que suscriban una peticin de cambios en la actual forma de gobierno de estas islas que ser presentada al Rey. Se nota en l el estilo pulido de sir Hildebrand -dijo Maturin-. Ebenezer Graham, puesto que usted goza de su confianza, no podra aconsejarle que olvidara su orgullo y su justificada indignacin por un momento y reflexionara sobre la enorme importancia de la benevolencia de los malteses? No podra persuadirle de que se dirigiera a ellos con cortesa y en su propia lengua o, al menos, en italiano? No podra? Qu pasa, muchacho? pregunt a un nio que haba logrado atravesar el seto, se haba puesto a su lado y, sonriendo tmidamente, esperaba el momento oportuno para decirle que su hermana, de apenas quince aos de edad, era amable con los caballeros ingleses, que sus honorarios eran moderados y que la plena satisfaccin estaba garantizada. La interrupcin no haba sido larga, pero impidi a Maturin seguir hablando con fluidez, y cuando el nio se fue, Graham dijo: Y puesto que usted goza de la confianza del capitn Aubrey, no podra aconsejarle que evitara la compaa del seor Holden en vez de saludarle de esa manera en pblico? El seor Holden haba sido expulsado de la Armada por usar su barco para proteger a un grupo de griegos que huan a causa de algunos actos de represin cometidos por los turcos y ahora representaba a un pequeo, incipiente e ineficaz Comit para la Independencia de Grecia, y como el gobierno ingls tena que mantener sus buenas relaciones con el Sultn, no

era una persona grata a las autoridades de Malta. Pero era demasiado tarde para dar ese consejo, pues Holden ya estaba sentado en la mesa de su viejo compaero de tripulacin y con una mano sostena en alto un vaso de vino y con la otra sealaba un conjunto de esplndidos diamantes que estaba en el sombrero de Jack Aubrey. Qu qu es eso? pregunt. Es un chelengk -dijo Jack con orgullo. Verdad que estoy elegante? Dale vueltas otra vez. Dale vueltas para que l lo vea -dijeron sus amigos. El capitn Aubrey puso su sombrero de dos picos con un ribete dorado, su mejor sombrero, sobre la mesa. El magnfico broche (formado por dos hileras de pequeos diamantes unidas, cada una de ellas de unas cuatro o cinco pulgadas de longitud y coronada por un diamante de considerable tamao) estaba montado sobre una base redonda salpicada de pequeos diamantes; Jack le dio varias vueltas en sentido contrario a las manecillas del reloj, y cuando se pona el sombrero otra vez, la base redonda empez a girar con un suave zumbido y las ramas empezaron a estremecerse como si tuvieran vida propia. El capitn se qued all sentado, rodeado de luces que parecan brotar de fuegos artificiales, cuyos colores haca ms vivos la luz del sol. Dnde dnde lo consigui? pregunt Holden, mirando a los dems, como si no debiera dirigirse al capitn Aubrey mientras el resplandeciente broche se estremeca. Los dems preguntaron extraados si Holden no lo saba y le dijeron que se lo haba regalado el sultn de Turqua por haber capturado la Torgud, que estaba al mando de un capitn rebelde, y tambin el barco que la acompaaba. Luego preguntaron a Holden en qu lugar haba estado que no haba odo hablar de la batalla

entre la Surprise y el Torgud, la batalla ms importante de los ltimos tiempos. Conoca la Torgud, desde luego -dijo Holden-. Tena caones muy potentes y estaba bajo el mando del bey Mustaf, un cruel asesino. Dime, Jack, cmo entablaste el combate con ella? Pues entrbamos al canal de Corf, sabes? dijo Jack-, con viento entablado del sureste, un viento que permita desplegar las juanetes. Y los barcos se encontraban as El cenador estaba ahora ms tranquilo, y el doctor Maturin estaba sentado con las piernas cruzadas y los pantalones desabrochados en la parte de la rodilla. En ese momento sinti algo movindose por su pantorrilla, algo que pareca un insecto, e instintivamente levant la mano, pero debido a los aos que llevaba dedicado al estudio de las ciencias naturales, que haban aumentado su inters por conocer todas las criaturas y su deseo de proteger desde una abeja a una inocente mariposilla nocturna, retras el golpe. En el pasado, a menudo haba pagado caro por sus conocimientos, y ahora volvi a pagar caro. Apenas haba reconocido el gran tbano malts, un tbano con doce motas, cuando el insecto clav profundamente la probscide en su carne. Entonces golpe al animal, aplastndolo, y se qued all sentado mirando en silencio cmo la sangre se esparca por su media de seda blanca, con los labios fruncidos a causa de la rabia. Deca usted que se haba liberado del tabaco -dijo Graham-, pero, no le parece que la decisin de dejar de fumar le priva de libertad? No le parece que suprime el derecho a escoger, que es la verdadera esencia de la libertad? No le parece que un hombre sensato debera ser libre de elegir entre fumar o no fumar, segn las circunstancias? Somos animales sociales, pero pasar privaciones voluntariamente, como los ascetas, en un

momento inoportuno, nos causa irritacin y puede hacernos olvidar nuestra responsabilidad social y, por tanto, llegar a romper los vnculos que nos unen al resto de la sociedad. Estoy seguro de que dice esto con buena voluntad -dijo Maturin-. Pero permtame decirle que me extraa que lo diga. Me extraa que un hombre tan inteligente como usted piense que algo tan complejo como es el estado de nimo slo tenga una causa. Es posible que la nica causa de mi malhumor sea no fumar? No, no. En psicologa, como en historia, los fenmenos tienen causas mltiples. Aunque fume un pequeo puro, o parte de un pequeo puro, para complacerle, ver usted que la diferencia, si la hay, ser mnima. Los cambios de humor tienen motivos oscuros, y a veces me quedo sorprendido al encontrarme con lo que surge de ellos, con los pensamientos y las actitudes que acuden a mi mente completamente formados. Eso era cierto. Ni el pez de San Pedro ni el anhelo de fumar eran razones suficientes para justificar el malhumor de Maturin, que desde haca das apareca cada maana cuando se levantaba. Mientras meditaba sobre el asunto, se le ocurri que al menos una de las muchas razones era que estaba hambriento de placer sexual y que recientemente haban excitado su deseo. El toro se vuelve resabiado cuando est encerrado, dijo para s, aspirando profundamente el agradable humo. Pero an no haba encontrado la explicacin completa, de ninguna manera. Entonces se pas a la parte del jardn donde daba el sol, a la parte donde no haba viento, para no llenar de humo al profesor Graham, y all, parpadeando a causa de la intensidad de la luz, dio vueltas al asunto en la cabeza. El lugar al que se haba cambiado poda verse desde la torre de la sede de la Orden de Malta, un edificio alto, sobrio, con un incongruente reloj en la parte superior de la

fachada. La habitacin ms alta, una habitacin lbrega y desamueblada, no haba sido ocupada desde que se haban ido los caballeros, tena el suelo cubierto de polvo suave y gris y de los excrementos de los murcilagos que se oan volar entre las oscuras vigas del techo y retumbaba con el grave sonido con que el reloj marcaba los segundos. Era la habitacin ms oscura e incmoda; sin embargo, desde ella los espas podan ver bien el paseo, el hotel Searle y su jardn, aunque, obviamente, no su cenador. Ah est uno de ellos -dijo uno de los espas. Se acaba de pasar adonde da el sol. Ese hombre que est fumando un puro? pregunt el otro-. El cirujano naval? Es un cirujano naval, y muy inteligente, segn dicen, pero tambin un agente secreto. Su nombre es Stephen Maturin. Su padre es irlands y su madre es espaola, y podra pasar por un hombre de ambas nacionalidades o por francs. Nos ha hecho mucho dao: por su causa han muerto muchos de nuestros hombres. Estaba a bordo del Ocean cuando tu primo fue envenenado. Le eliminar esta noche. No hars semejante cosa -dijo el primer hombre secamente. Hablaba italiano con un marcado acento del sur, pero, en realidad, era un espa francs, uno de los espas franceses ms importantes en la regin mediterrnea, y los malteses que estaban con l bajaron la cabeza sumisamente. Lesueur era el apellido del francs, y pareca una versin antigua del doctor Maturin, a quien miraba ahora atentamente a travs de un telescopio de bolsillo: un hombre de baja estatura, delgado, encorvado, de piel amarillenta, habitualmente con una expresin adusta, reservada y pedante, que rara vez atraa la atencin de los dems, pero que si la atraa, les demostraba enseguida que tena dominio de s mismo y una gran inteligencia. Pero Lesueur, adems, controlaba cuantiosas

sumas y vesta como un prspero comerciante. No, no, Giuseppe -dijo en tono ms amable-. Admiro tu determinacin y s que manejas muy bien el cuchillo, pero esto no es Npoles ni Roma. Su repentina e inexplicable desaparicin levantara un revuelo y, obviamente, nos relacionaran con ella, y es fundamental que no sospechen de nuestra presencia aqu. De todas formas, obtendramos poca informacin de un cadver, mientras que podramos obtener mucha del doctor Maturin vivo. Le he encargado a la seora Fielding que le vigile, y t y Luigi le vigilaris cuando se rena con otras personas. Quin es la seora Fielding? Una dama que trabaja para nosotros. Nos da la informacin a m o a Carlos. Podra haber aadido que Laura Fielding era napolitana y estaba casada con un teniente de la Armada real, un joven que haba sido capturado por los franceses cuando participaba en una operacin que tena como objetivo sacar un barco de uno de sus puertos y que ahora estaba encerrado en la prisin de Bitche, una prisin de castigo, por haberse fugado de Verdn. Puesto que haba matado a uno de los gendarmes que le persegua, era probable que en el juicio le condenaran a muerte. Pero el juicio haba sido aplazado una y otra vez, y la seora Fielding haba sido informada de manera indirecta de que poda ser aplazado indefinidamente si cooperaba con una persona que estaba interesada en los movimientos del transporte martimo. Le haban presentado el asunto como algo relacionado con los seguros internacionales y con grandes compaas venecianas y genovesas cuyos corresponsales franceses tenan el apoyo del Gobierno. Ninguna persona que estuviera familiarizada con los negocios habra dado crdito a esa historia, pero el hombre que se la haba contado era un orador convincente y le dio una carta autntica del seor Fielding dirigida a su esposa y escrita menos de

tres semanas antes, una carta en la que deca que aprovechaba esa excepcional oportunidad para enviar su amor a su queridsima Laura y decirle que el juicio haba sido aplazado de nuevo, que en la prisin le trataban con menos severidad y que era posible que no mantuvieran todas las acusaciones que le haban hecho. La seora Fielding tena una posicin adecuada para conseguir informacin porque era bien recibida en todas partes y, adems, porque, para ganarse un poco de dinero que complementara sus modestos ingresos, daba clases de italiano a las esposas y las hijas de los oficiales y a veces a los propios oficiales, lo que le permita enterarse de fragmentos de noticias, en ocasiones sobre asuntos confidenciales, que no tenan sentido por s solos, pero que unidos permitan hacerse una idea de la situacin. A pesar de su pobreza, tambin daba fiestas en las que se tocaba msica y en las que brindaba a sus invitados limonada procedente del prolfico rbol de su propio jardn y galletas de Npoles, aunque slo una a cada uno. Lesueur pensaba que ella tena an ms valor debido a eso, pues como tocaba muy bien el piano y la mandolina y cantaba bastante bien, reuna a todos los marinos y militares que eran msicos de aficin y que tenan ms talento en una atmsfera distendida y sin recelos; sin embargo, hasta ahora no haba aprovechado todo su potencial, porque prefera que se acostumbrara a la idea de que el bienestar de su marido dependa de su diligencia. Lesueur no habra causado ningn dao si hubiera dicho a Giuseppe todo esto, pero era un hombre tan circunspecto como su gesto y le gustaba reservar para s la informacin, toda la informacin. Sin embargo, tena que complacer en algo a Giuseppe y tena que darle cierta informacin sobre la situacin actual, ya que el maltes haba estado ausente mucho tiempo. Da clases de italiano -dijo Lesueur de mala

gana e hizo una pausa-. Ve a ese hombre que est al fondo del lado izquierdo del cenador? El capitn manco con la peluca corta? No. Al otro lado de la mesa. El capitn de navo gordo y rubio que tiene un cosa brillante en el sombrero? Exactamente. A ese hombre le gusta mucho la pera. A ese hombre de cara roja que parece un buey? Me sorprende usted. Hubiera pensado que le gustaban la cerveza y los bolos. Mire cmo se re. Seguro que le oyen en Ricasoli. Probablemente est borracho. Los ingleses siempre estn borrachos. No saben lo que es la decencia. Tal vez. De todas maneras, le gusta mucho la pera. Y de paso le dir que no debe permitir que su disgusto turbe su juicio y le haga subestimar al enemigo: ese hombre con la cara roja que parece un buey es el capitn Aubrey, y aunque ahora no le parezca muy listo, fue el hombre que negoci con el bey Sciahan, destruy a Mustaf y nos expuls de Marga. Ningn necio podra haber hecho una de esas cosas, y mucho menos las tres. Pero lo que iba a decir era que, por el hecho de que tendr que pasarse aqu algn tiempo y le gusta la pera, decidi tomar clases de italiano para poder entender lo que dicen en ella. Giuseppe iba a hacer un comentario sobre la simplicidad de esa idea, pero al ver la mirada de Lesueur, cerr la boca. Su primer profesor fue el viejo Ambrogio continu-, pero tan pronto como Carlos se enter de eso mand a las personas adecuadas a decir a Ambrogio que fingiera que estaba enfermo y recomendara a la seora Fielding. No me interrumpa, por favor -dijo, levantando la mano cuando Giuseppe volvi a abrir la boca-. Ella ya se ha retrasado doce minutos y quiero decir todo lo que tengo que decir antes de que venga. Lo importante es esto: como Aubrey y Maturin

siempre han navegado juntos y son ntimos amigos, si ponemos a esa mujer en contacto con Aubrey tambin la ponemos en contacto con Maturin. Ella es joven, atractiva, muy inteligente y tiene buena reputacin, pues no ha tenido ningn amante, es decir, no ha tenido ninguno desde que se cas. En estas circunstancias, no dudo de que llegar a tener relaciones con ella, as que espero recibir informacin muy valiosa. Cuando Lesueur deca estas palabras, Maturin se movi en su asiento y mir hacia la torre de la casa del boticario. A los dos hombres que estaban dentro les pareci que sus extraos ojos claros podan verles a travs de los listones de los postigos y dieron un paso atrs. Parece un asqueroso cocodrilo -susurr Giuseppe. La inquietud de Stephen Maturin haba aumentado por la sensacin de que era observado, aunque esto no haba llegado al nivel de la consciencia. Su inteligencia todava no haba captado lo que haba percibido su instinto, y aunque sus ojos miraban en la direccin correcta, su mente consideraba la torre una guarida de murcilagos. Saba que la parte inferior la usaba un comerciante como almacn desde que se haban marchado los caballeros y estaba casi seguro de que la superior no haba sido usada desde entonces; por tanto, pocos lugares podan ser ms adecuados para los murcilagos. Clusius haba descrito buena parte de la flora de la isla y Pozzo di Borgo, las aves, pero, lamentablemente, a los murcilagos malteses no se les haba prestado atencin. A pesar de que el doctor Maturin tena inters en los murcilagos, y tambin en todo lo relacionado con las ciencias naturales, solamente la parte superficial de su mente se ocupaba de ellos. El reconfortante puro haba eliminado parte de su malhumor, pero todava estaba muy molesto. Como haba dicho Lesueur, era un agente secreto adems de ser un cirujano

naval, y al regresar a Malta despus de haber estado en Jonia se haba encontrado con que la inquietante situacin ahora era todava ms inquietante. Mucha informacin confidencial haba sido divulgada, hasta tal extremo que un vinatero siciliano que l conoca haba podido darle informacin precisa sobre el LXXIII Regimiento, haba dicho que zarpara de Gibraltar la semana siguiente con destino a Citera y Santa Maura. Pero, adems, algunos planes importantes haban sido revelados, al menos en parte, y podran llegar a conocerse en Toln y Pars. Desgraciadamente, haba habido falta de autoridad. En Valletta, el popular gobernador, un oficial de marina que haba luchado con los malteses contra los franceses, un hombre que simpatizaba con los malteses, hablaba su lengua y conoca bien a sus lderes, haba sido reemplazado, inexplicablemente, por un militar estpido y arrogante que se refera a los malteses en pblico como a nativos papistas a quienes haba que ensear quin mandaba. Los franceses no podan pedir nada mejor. Haban reforzado las redes de espionaje que ya tenan en la isla con dinero y hombres, reclutando a gran nmero de descontentos. Sin embargo, haba tenido an ms importancia el intervalo entre la muerte del almirante sir John Thornton y el nombramiento de un nuevo comandante general. Sir John haba dirigido muy bien el servicio secreto naval y haba sido un hbil diplomtico, un buen estratega y un excelente marino; sin embargo, sus relaciones con la mayor parte de las personas que integraban su improvisada organizacin no eran de carcter oficial sino personal, y la organizacin se haba desintegrado en las manos del segundo al mando de la escuadra, su incompetente sucesor temporal, el contraalmirante Harte. Muchos hombres influyentes y muchos funcionarios que

desempeaban cargos importantes en gobiernos de un lado a otro del Mediterrneo hacan confidencias a sir John o a su secretario, pero no tenan nada que decir a un malhumorado, indiscreto, e ignorante sustituto temporal. El propio Maturin, que cooperaba con el servicio secreto voluntariamente, impulsado nada ms que por un profundo odio hacia la tirana napolenica, haba decidido no desempear ms que el cargo de cirujano naval mientras Harte estuviera al mando de la escuadra. Pero ese intervalo haba llegado a su fin. Ahora el respetable sir Francis Ives, el nuevo comandante general, estaba con el grueso de la escuadra haciendo el bloqueo a Toln, donde los franceses tenan veintin navos de lnea y siete fragatas y haba mucha actividad, y a la vez trataba de desenredar los hilos de su mando, que controlaban los asuntos tcticos y polticos y la complementaria, pero necesaria, informacin secreta. Al mismo tiempo, el Almirantazgo haba enviado a un funcionario para que resolviera los problemas que haba en Malta, nada menos que al vicesecretario interino, el seor Andrew Wray. Tena fama de ser brillante, y, ciertamente, hizo una excelente labor en el Ministerio de Hacienda, a las rdenes de su primo lord Pelham. No caba duda de que era un funcionario competente. Y Maturin no tena la menor duda de que, aparte de luchar con los franceses, necesitara usar toda su inteligencia para superar la animadversin del Ejrcito y la obstruccin y los celos de otros servicios secretos britnicos que haban penetrado en la isla. Haba all misteriosos caballeros de varios departamentos, que daban malos consejos, se estorbaban unos a otros y causaban confusin, y cuando Stephen Maturin analizaba su situacin, lo nico que le consolaba era pensar que probablemente la de los franceses era peor, pues saba muy bien que en los gobiernos autoritarios proliferaban los espas y los delatores. Haba indicios de que los

miembros de al menos tres ministerios franceses trabajaban en Malta, cada grupo sin saber que los dems estaban presentes, y de que todos estaban vigilados por un hombre de un cuarto ministerio. El aparente objetivo de la visita del seor Wray era acabar con la corrupcin en el astillero, y a Maturin le pareca que tendra ms xito en esto que en el contraespionaje. El espionaje requera la especializacin en asuntos relacionados con l, y sta era la primera conexin directa de Wray con este departamento, que Stephen supiera; en cambio, como la corrupcin era universal, o sea, que se encontraba en toda la sociedad, y como Wray en su juventud haba vivido regaladamente en una casa lujosa slo con el sueldo de funcionario (pocos cientos de libras al ao), sin ninguna renta de propiedades privadas, era probable que la conociera bien. Maturin haba conocido a Wray haca algunos aos, cuando Jack Aubrey estaba en tierra y tena una extraordinaria cantidad de dinero, pues acababa de conseguir un importante botn en la operacin que haba llevado a cabo en Mauricio. Se haban encontrado en un club de juego de Portsmouth donde Jack estaba jugando con algunos conocidos y se haban limitado a saludarse con una inclinacin de cabeza y a decir Cmo est usted, seor?. Maturin no dio importancia a la presentacin, y nunca habra recordado a Wray si no hubiera sido porque unos das ms tarde, cuando estaba en Londres, Jack haba acusado a Wray y a sus compaeros de hacer trampas en el juego de cartas, aunque en trminos lo bastante ambiguos para mantener la dignidad. Pero Wray no le haba exigido una satisfaccin de la forma brbara en que era corriente hacerlo en casos como ese. Aunque Stephen no saba de primera mano lo que haba pasado, pensaba que posiblemente Wray haba entendido que las acusaciones de Jack iban dirigidas a otro jugador; sin embargo, haba indicios de que en el

Almirantazgo hubo una actitud hostil hacia l durante algn tiempo, pues le haban denegado barcos, haban dado buenos nombramientos a hombres con menos mritos de guerra, no haban ascendido a los subordinados de Jack, y Stephen haba sospechado que Wray se estaba vengando de esa manera. Pero eso tambin podra ser el resultado de otras causas; podra ser, por ejemplo, consecuencia de que a los ministros les desagradaba el general Aubrey, el padre de Jack, un eterno parlamentario miembro del partido radical que era un tormento para ellos, y esta explicacin estaba apoyada por el hecho de que la reputacin de Wray no haba sufrido menoscabo. Generalmente, un hombre que no se bata en semejantes circunstancias era despreciado por todos; sin embargo, cuando Aubrey y Maturin regresaron de una misin que tuvieron que realizar ms all de la Indias Orientales poco despus del desagradable incidente, Stephen se encontr con que todos daban por sentado que hubo un duelo o que Wray dio explicaciones a Jack, y que Wray era recibido en todas partes. Stephen le haba visto varias veces en Londres. Y si la reputacin de Wray no haba sufrido menoscabo, no tena motivos para tomar venganza. De todas maneras, su modo de vida haba cambiado por completo desde aquellos das. Haba hecho un buen matrimonio, desde el punto de vista material, porque, a pesar de que Fanny Harte tena poca belleza y menos afecto que darle (ella estaba en contra del matrimonio desde el principio, porque estaba enamorada de William Babbington, capitn de la Armada real), su fortuna le permita llevar una vida regalada, como a l le gustaba, sin necesidad de valerse de otros recursos, y tena la posibilidad de conseguir una mayor riqueza, que esperaba con ansia, cuando el contraalmirante Harte muriera, ya que Harte haba heredado una gran suma de un pariente suyo que era prestamista en la calle

Lombard y Fanny era su nica hija. Por otra parte, debido a que Jack Aubrey haba conseguido una importante victoria en el mar Jnico, que haba proporcionado a la Armada, entre otras cosas, una excelente base naval, y que haba agradado al Sultn, un punto de gran importancia diplomtica en esos momentos, estaba a salvo de insidiosos comentarios marginales que aludieran a su mala conducta o de notas semioficiales que mencionaran las indiscreciones de su juventud. Ah est el otro -dijo Lesueur cuando Graham sala de la sombra y se sentaba al lado de Stephen Maturin-. La informacin que tenamos sobre l era confusa. Al principio creamos que formaba parte de una organizacin totalmente diferente, pero ahora nos parece que no es ms que un lingista que fue contratado para traducir y redactar documentos en turco y en rabe y que pronto debe volver a su universidad. No obstante, lo vigilars y anotars quines son sus conexiones. Dnde se habr metido esa mujer? Tena que estar ah hace veintitrs, no, veinticuatro minutos, para dar la clase a Aubrey. No tendr tiempo de drsela antes de su reunin. Hubo una larga pausa, y Giuseppe, que miraba por el postigo de la ventana de la esquina adems de mirar por el de la ventana del frente, dijo: Una dama se acerca rpidamente por el callejn del costado seguida de una sirvienta. Lleva un perro, un enorme mastn de Iliria? No, seor, no lleva ningn perro. Entonces no es la seora Fielding -dijo Lesueur en tono malhumorado y con conviccin. Pero estaba equivocado, y se dio cuenta de ello en el momento en que la dama y su sirvienta, que llevaba una capa con capucha negra, doblaron la esquina y entraron precipitadamente en el jardn del hotel Searle. Todos los hombres que estaban sentados en la mesa de Aubrey se pusieron de pie, pues ella

no era un solaz local ni interpretaba el papel del jardinero quinto. En realidad, el hecho de que el capitn Pelham cayera de bruces, si fuera un acto voluntario, difcilmente habra sido considerado un exagerado testimonio de su respeto en vez del efecto del exceso de vino de Marsala y una inoportuna pata de una silla. Hubo un alboroto durante unos momentos, cuando la seora Fielding intentaba pedir disculpas al capitn Aubrey y al mismo tiempo responder a los oficiales que deseaban saber cmo estaba y si a Ponto le haba ocurrido algo. Ponto era un perro hosco, receloso, torvo e implacable, un mastn de Iliria, un animal del tamao de un becerro mediano, y tena un collar con pas de acero. Siempre caminaba junto a la seora Fielding, reduciendo sus largos pasos para igualarlos a los pequeos pasos de ella, y generalmente su presencia la protega de los excesos de confianza, pero si no bastaba, daba un estruendoso ladrido. Por lo que ellos pudieron entender, la seora Fielding haba dejado a Ponto en su casa para castigarlo por haber matado un asno. Saban que Ponto era perfectamente capaz de hacer eso, pero, debido a que algunas veces ella no pronunciaba bien el ingls y a la calma con que hablaba del incidente, pensaron que deba de haber un error. A fe ma que hoy estn ustedes muy elegantes, caballeros -continu despus de una breve pausa-. Calzones blancos! Medias de seda! Ellos dijeron que s y le preguntaron si no se haba enterado de la noticia, de que el seor Wray, el enviado del Almirantazgo, haba llegado en el Calliope la noche anterior. Aadieron que al cabo de veinte minutos iran al palacio del gobernador a presentarle sus respetos muy peripuestos, con sus mejores calzones y con las pelucas muy empolvadas, y que estaban seguros de que l se quedara boquiabierto al ver su hermoso aspecto.

Era divertido ver cmo los capitanes, algunos verdaderos dspotas en sus barcos, muchos acostumbrados a combatir y todos capaces de asumir grandes responsabilidades, hacan el tonto delante de una mujer. Hay un libro importantsimo, todava por escribir, sobre la manifestacin del deseo de apareamiento humano y todas sus absurdas variedades -dijo el doctor Maturin-. Aunque esto no es ms que la sombra del principio de la ceremonia. Aqu no hay rivalidad, no hay ardientes pasiones, no hay esperanza -dijo, mirando fijamente a su amigo Aubrey-. Adems, la dama no est libre. Efectivamente, la seora Fielding no estaba libre, si se tomaba en cuenta el significado con que Maturin haba usado esa palabra, aunque tambin era agradable ver cmo reciba las muestras de respetuosa admiracin, las bromas y las frases ingeniosas: no actuaba como una mojigata ni se mostraba ofendida ni sonrea con afectacin, pero tampoco daba demasiadas confianzas. Les trataba con el grado de amabilidad justo, y Maturin la miraba con admiracin. Antes haba notado que ella no haba dado importancia a la borrachera de Pelham, y pens que estaba acostumbrada a tratar con marinos, y en ese momento observ cmo ella recuper la serenidad inmediatamente despus de recibir una fuerte impresin al ver la cara de Pullings cuando Jack Aubrey le hizo salir de la sombra del cenador para presentrselo. Tambin observ cmo felicitaba a Pullings por su ascenso y le invitaba a su casa aquella noche porque daba una pequea fiesta, solamente para or ensayar un cuarteto. Not su infantil regocijo cuando el chelengk empez a girar, y su mirada codiciosa cuando lo tena en sus manos y admiraba las grandes piedras que lo coronaban. La miraba con curiosidad y con algo ms que eso. Una de las razones era que ella le recordaba a su primer amor. Tena la misma

constitucin, no era muy alta, pero era delgada como un junco, y el pelo del mismo color, un color rojo oscuro fuera de lo comn, y se daba la coincidencia de que tambin se haba peinado de modo que poda verse su fina y graciosa nuca y las suaves curvas de sus orejas. La otra razn era que ella haba mostrado inters por l. Los insectos todava podan engaar a Maturin y perforar su piel, pero era difcil que las mujeres pudieran engaarle en esta tarda etapa de su vida. Saba que nadie poda admirarle por su apariencia; no tena esperanza de inspirar simpata por su trato ni por su conversacin; y aunque pensaba que algunos de sus mejores libros, Remarks on Pezophaps solitarius y

Modest Proposals for the Preservation of Health in the Navy, no carecan de mrito, no crea queninguno impresionara a una mujer. Ni siquiera su esposa haba podido leer ms de unas cuantas pginas, a pesar de su buena voluntad. Por otra parte, su posicin en la Armada no era muy alta, pues ni siquiera haba sido nombrado oficial, y no era poderoso ni influyente ni rico. Por tanto, la amabilidad y las invitaciones de la seora Fielding eran provocadas por cualquier otra cosa que no fuera la coquetera ni la ambicin, aunque no saba qu era y slo se le haba ocurrido que tena que ver con el espionaje. Si era as, entonces, obviamente, su deber era ser complaciente. No haba otra manera de analizar la cuestin, no haba ninguna otra manera descubrir sus conexiones o inducirla a revelarlas o utilizarla para dar informacin falsa. Era posible que estuviera completamente equivocado, ya que despus de un tiempo los agentes secretos vean espas por todas partes, eran como los lunticos a los que les pareca que estaban mencionados en todos los peridicos, pero tanto si era as como si no, jugara su parte en el hipottico juego. Y se haba convencido con facilidad a s mismo de que esa era la estrategia correcta porque le gustaban su compaa y las

veladas musicales en su casa. Adems, estaba convencido de que poda controlar cualquier sentimiento inoportuno que brotara en su corazn. Se haba puesto esas medias blancas por la seora Fielding (pues por su rango no estaba obligado a asistir a la recepcin ni tena deseos de asistir), y era por la seora Fielding que avanz en ese momento, se quit el sombrero, hizo una corts reverencia con una genuflexin y dijo: Buenos das, seora. Se encuentra bien? Mejor despus de verle a usted, seor respondi ella, sonriendo y dndole la mano-. Querido doctor, no podra convencer al capitn Aubrey para que tome la leccin? Slo tenemos que repasar el traspassato remoto. Desgraciadamente, no. Es un marino, y ya sabe usted que los marinos sienten devocin por los relojes y las campanas. El rostro de Laura Fielding se ensombreci, pues pens que el nico punto en que estaba en desacuerdo con su marido era la puntualidad, y luego, con una alegra artificial continu: Slo el traspassato remoto regular. No tardaremos ni diez minutos. Mire -dijo Stephen, sealando el reloj de la torre. Todos se volvieron hacia all, y una vez ms los espas retrocedieron. Diez minutos es todo el tiempo que tienen estos seores para ir andando majestuosamente hasta el palacio del gobernador -continu-, ya que no deben subir a toda prisa por la empinada cuesta porque se les desarreglaran las corbatas, se les caera el polvo de las pelucas y, como hace tanto calor, se sofocaran tanto que llegaran como si vinieran de una batalla. Ser mejor que se siente conmigo a la sombra y se tome un vaso de leche de vaca fra. La leche de cabra no se la recomiendo. No puedo -dijo ella cuando los capitanes salan uno tras otro, por orden de antigedad-.

Tengo una cita con la seorita Lumley y voy a llegar tarde. Capitn Aubrey! exclam-. Si por cualquier motivo se me hiciera tarde para el ensayo de esta noche, le pido que entre y ensee al capitn Pullings el limonero. Lo han regado hoy. Giovanna se ir a Notabile dentro de poco, pero la puerta no estar cerrada con llave. Con mucho gusto le ensear el limonero al capitn Pullings -dijo Jack, y al decir capitn Pullings, haba soltado una carcajada de nuevo-. Es el ms hermoso limonero que he visto en mi vida. Y dgame, seora, Ponto tambin ir a Notabile? No. La ltima vez mat algunas cabras y algunos cabritillos. Pero conoce el uniforme de la Armada. No le dir nada a usted, a no ser que coja limones. Parece que su plan da resultado, seor -dijo Giuseppe, observando a los oficiales y a Graham, que empezaban a subir la cuesta que llevaba al palacio, y a Stephen y a la seora Fielding, que estaban sentados tomando un helado de caf. Se haban sentado despus de comentar que la seora Lumley no era un oficial de marina y que, por tanto, no tendra la morbosa costumbre de medir el tiempo constantemente. Creo que dar bastante buen resultado -dijo Lesueur-. He descubierto, que, por lo general, mientras ms feo es un hombre, ms vanidoso es. Bien, seor -dijo Laura Fielding antes de lamer la cuchara-, como usted ha sido tan amable y como me gustara enviar a Giovanna a Notabile enseguida, quisiera pedirle que fuera todava ms amable y me acompaara hasta la iglesia de Santo Publius, porque siempre hay muchos soldados sinvergenzas merodeando por Porta Reale, y sin mi perro El doctor Maturin dijo que sera una satisfaccin para l hacer de escolta de una criatura tan gentil. En verdad, pareca estar muy contento y satisfecho cuando salieron del jardn y

atravesaron cogidos de la mano la plaza Regina, donde haba multitud de soldados y dos rebaos de cabras, pero cuando pasaban por delante de la Posada de Castilla, ya una parte de su mente haba vuelto a ocuparse del asunto del estado de nimo y sus causas. A pesar de eso, la otra parte se ocupaba de lo que ocurra en el presente, y el silencio de Stephen era deliberado. Pero no dur mucho, si bien, como haba previsto, molest a Laura Fielding. Ella se senta cohibida por algo, lo que l notaba cada vez con ms claridad, y su tono alegre y su sonrisa eran artificiales cuando pregunt: Le gustan los perros? Los perros? repiti, mirndola de reojo y sonriendo-. Bueno, si fuera usted una mujer corriente, que entabla una conversacin por cortesa, exclamara: Oh, seora, los adoro!, con una sonrisa artificial y un gesto lo ms gracioso posible. Pero puesto que es usted como es, me limitar a decirle que interpreto sus palabras como una peticin de que diga algo. Me podra haber preguntado igualmente si me gustan los hombres, las mujeres, los gatos, las serpientes o los murcilagos. No, los murcilagos no -dijo la seora Fielding. S, los murcilagos -dijo el doctor Maturin-. Hay tantas variedades de ellos como de otras criaturas. He conocido algunos muy alegres y enrgicos y otros hoscos, malhumorados y tercos. Naturalmente, lo mismo ocurre con los perros. La gama de perros va desde los mestizos cobardes y traicioneros hasta el heroico Ponto. Mi querido Ponto! exclam la seora Fielding-. Es un gran consuelo para m, pero deseara que fuera ms inteligente. Mi padre tena un perro de aguas que saba multiplicar y dividir. No obstante -dijo Maturin, siguiendo sus propios pensamientos-, los perros tienen una

caracterstica que, tengo que reconocerlo, rara vez se encuentra en otros animales, y es que sienten afecto. No me refiero al amor violento, posesivo y protector que sienten por sus amos, sino a ese tierno cario que sienten hacia sus amigos y que a menudo vemos en las mejores especies de perros. Y cuando uno piensa en la lamentable falta de afecto puro y desinteresado en nuestra propia especie cuando llegamos a adultos, y piensa cunto mejora la vida cotidiana y cunto enriquece nuestro pasado y nuestro futuro, porque nos permite mirar hacia delante y hacia atrs con satisfaccin, es un placer encontrarlo en un animal. El afecto tambin poda encontrarse en los capitanes: Pullings lo irradiaba cuando Aubrey le condujo adonde estaban el gobernador y su invitado. A Jack no le haca gracia encontrarse con Wray, pero como saba que no poda evitarlo sin que pareciera que le haca un desaire, estaba contento de que el protocolo exigiera que presentara a su antiguo teniente, pues la necesaria formalidad hara menos difcil la situacin. Sin embargo, al mirar hacia donde empezaba la fila, pens que tal vez no sera difcil. Wray estaba igual. Era un hombre alto, apuesto, simptico y caballeroso, y vesta una chaqueta negra con dos insignias de rdenes extranjeras. Haba advertido que Jack se le acercaba, y su mirada se haba cruzado con la de l, pero haba seguido riendo con sir Hildebrand y un civil con la cara roja, aparentemente sin alterarse, como si no tuviera ningn motivo para preocuparse ni para inquietarse. La fila se movi. Lleg el turno de Jack y Pullings. Jack le present al gobernador, que respondi con una inclinacin de cabeza, una mirada indiferente, y la palabra encantado. Entonces indic a Pullings que diera un paso adelante y dijo: Seor, permtame presentarle al capitn

Pullings. Capitn Pullings, el seor vicesecretario Wray. Encantado de conocerle, capitn Pullings dijo Wray, tendindole la mano-. Le felicito de todo corazn por haber contribuido a la gran victoria de la Surprise. En cuanto le el informe del capitn Aubrey -dijo volvindose hacia Jack y haciendo una inclinacin de cabeza- y la magnfica descripcin de sus esfuerzos sin parangn, me dije: El seor Pullings debe ser ascendido. Algunos caballeros objetaron que la Torgud no estaba al servicio del Sultn en el momento de su captura y que, por tanto, el ascenso sera irregular y establecera un indeseable precedente, pero insist en que debamos hacer caso de la recomendacin del capitn Aubrey y, aqu entre nosotros -aadi en un tono ms bajo y mirando sonriente a Jack-, le dir que insist ms porque una vez el capitn Aubrey fue injusto conmigo, y conceder el ascenso a su teniente era la mejor manera de demostrarle que obro de buena fe. Pocas cosas me han proporcionado tanto placer como dar este nombramiento, y lo nico que lamento es que la victoria le costara esa terrible herida. Seor Wray, el coronel Manners, del Cuadragsimo Tercer Regimiento -dijo el seor Hildebrand, que pensaba que la presentacin haba durado demasiado. Jack y Pullings hicieron una reverencia y dieron paso al coronel. Jack oy al gobernador decir: Ese es Jack Aubrey, el que conquist Marga, e inmediatamente despus, la respuesta del militar: Ah! Estaba entonces ocupada por el enemigo, verdad?, pero estaba muy turbado. Era posible que hubiera juzgado mal a Wray? Era posible que un hombre tuviera el descaro de hablar de esa manera si la acusacin era falsa? Indudablemente, Wray podra haber denegado el ascenso si hubiera querido, ya que tena la excusa de que la Torgud estaba al mando de un rebelde. Jack intent

recordar todos los detalles de lo que haba sucedido aquella remota noche desafortunada y llena de ira en Portsmouth. Quera recordar el orden en que haban ocurrido los acontecimientos, quines eran los otros civiles que estaban en la mesa, y si haba bebido mucho, pero desde entonces haba pasado muchas ms situaciones difciles y ya no poda recordar cul era la base de su certeza de entonces. Hubo trampas, sobre todo cuando haba grandes sumas en juego, de eso todava estaba seguro, pero en la mesa haba varios jugadores, no slo estaba Andrew Wray. En ese momento se dio cuenta de que Pullings, desde haca un rato, hablaba del vicesecretario con entusiasmo: Qu magnanimidad! Qu magnanimidad!Ya sabe a lo que me refiero, seor Qu benvolo! Sin duda, es muy culto Debera ser secretario e incluso primer lord. Y tambin se dio cuenta de que estaban de pie frente a una mesa llena de botellas, garrafas, copas y jarras. Bebamos una jarra de flip a la salud del seor Wray, seor! dijo Pullings, cogiendo una jarra de plata, fra como el hielo. -Flip a esta hora del da? dijo Jack, mirando atentamente la cara redonda y alegre del capitn Pullings, donde la herida, ahora de un intenso color prpura, se destacaba; la cara de un hombre que haba bebido ya una pinta de vino de Marsala y que estaba turbado por la felicidad; la cara de un hombre que casi nunca beba y no estaba ahora en condiciones de beber champn mezclado con coac a partes iguales-. No sera lo mismo brindar con un vaso de cerveza? Es buensima esta cerveza de las Indias Orientales. Vamos, seor! dijo Pullings con reproche. No brindo por un ascenso todos los das. Es cierto -dijo Jack, recordando la infinita alegra que haba sentido la primera vez que se haba puesto la charretera de capitn y que en aquella poca slo daban una a los capitanes-.

Es cierto. A la salud del seor vicesecretario! Que pueda realizar todos sus proyectos! El flip le hizo efecto al pobre Pullings antes de lo esperado. Fueron separados por un grupo de sedientos oficiales, muchos de los cuales felicitaron a Pullings por su ascenso, y Jack haba hablado apenas cinco minutos con su viejo amigo Dundas cuando vio a dos de ellos llevarse a Pullings casi cargado en brazos. Les sigui y vio que le haban sentado en un banco, en un tranquilo rincn del jardn, y que estaba plido y casi dormido, pero todava sonrea. Tom, ests bien, verdad? Oh, s, seor! respondi Pullings como si hablara a una gran distancia de all-. Ah dentro la atmsfera era sofocante, como la de la bodega de un barco negrero. Luego aadi que estaba pensando en la seora Pullings, la seora del capitn Pullings, y en lo que dira de una paga de diecisis guineas al mes, de diecisis preciosas guineas cada mes lunar. Mejor sera pensar en lo que dir de tu cara, dijo Jack para s contemplando al capitn, que ahora estaba silencioso e inmvil. La herida tena un aspecto realmente feo. Jack rara vez haba visto una herida con un aspecto ms feo, pero Stephen Maturin le haba asegurado que el gran corte se cerrara bien y que el ojo no corra peligro, y nunca haba visto a Stephen equivocarse en cuestiones mdicas. En ese momento record su cita y pens: Qu hermosa es la seora Fielding!. Luego volvi al palacio y, abrindose paso entre la multitud, lleg hasta el jardn del frente y all grit:

-Surprise!El grito llam la atencin de todos los marinos e infantes de marina que estaban all, y a los pocos segundos apareci el timonel de Jack, limpindose la boca. Bonden estaba vestido esplndidamente, ya que en ocasiones como esa todos los capitanes orgullosos de sus barcos

queran que su fala y los hombres que la tripulaban tuvieran un aspecto que beneficiara su reputacin. Llevaba un sombrero de copa alta y redonda con el nombre Surprise, una chaqueta azul claro con cuello de terciopelo, calzones de satn y zapatos con hebilla de plata, todo ello (con excepcin de los zapatos, que eran de un renegado muerto) hecho por l y sus amigos con sus agujas. Bonden -dijo Jack-, el seor el capitn Pullings no se encuentra bien. Est enfermo, seor? pregunt Bonden slo por curiosidad, no porque intentara juzgarle desde el punto de vista moral. No, yo no dira que est enfermo -dijo Jack, pero los dems entendieron que esa era una frmula para guardar las apariencias. Bonden dijo que cogera una parihuela del montn que siempre estaba preparado en la caseta de los guardias cuando el gobernador daba una fiesta, que llamara a un par de tripulantes de la fala lo bastante fuertes para cogerla por una punta y saldra por la puerta del jardn para evitar un escndalo y que los chaquetas rojas se rieran. Muy bien, Bonden, muy bien -dijo Jack-. Nos encontraremos en la puerta del jardn dentro de cinco minutos. Diez minutos despus ya haba llegado a la mitad de la calle parecida a una escalera que llevaba a su hotel y caminaba al lado de la parihuela. El extremo anterior de la parihuela lo sostenan dos tripulantes de la fala a la altura del hombro, y el posterior lo sostena el corpulento timonel a la altura de las rodillas, de modo que estaba bastante derecha, y haban atado a ella al capitn dando a un cabo siete vueltas, las siete vueltas tradicionales, a su alrededor de modo que pareca estar en una hamaca. Ninguno del grupo pensaba ya en que el hecho de que un oficial de marina estuviera borracho era vergonzoso, porque ahora los chaquetas rojas

del palacio no les vean, y la nica preocupacin de Jack era no perder su sombrero. Las casas a ambos lados de la calle tenan balcones cerrados y cada veinte yardas ms o menos, donde, debido a la pendiente de la calle, los balcones estaban muy bajos, algunas manos salan de detrs de los postigos e intentaban alcanzar su cabeza, acompaadas unas veces de una risa cristalina y otras de la caracterstica risa de una persona ebria, y una invitacin a entrar. Los oficiales tan importantes como los capitanes de navo rara vez eran tratados as, al menos durante el da, pero ese da era la fiesta de San Simen Estilita y se toleraban muchas confianzas. Pero Jack, a quien desde antes que empezara a afeitarse, le haban arrebatado en muchos puertos el sombrero (que por admiracin a lord Nelson y por recordar los hbitos de su juventud, se pona con los picos a los lados en vez de delante y detrs), y tena mucha habilidad para conservarlo. Tambin pudo conservarlo esta vez, y, al llegar al patio del hotel, llam a su repostero, que estaba subido en el tejado mirando en direccin contraria. Eh, Killick, ven a echar una mano! Killick baj corriendo. Por fin ha llegado, seor! exclam, cogiendo la parihuela distradamente, con los ojos fijos en el sombrero de Jack-. Le estoy buscando desde hace ms de una hora. Killick haba sido un marinero simple que se ocupaba de las velas del palo trinquete y era bastante ms tosco que los dems. No se haba convertido en un hombre civilizado por trabajar en la cabina del capitn, era ignorante y testarudo y estaba mal informado. Pero saba que un diamante del tamao de un guisante era tan valioso como el rescate de un rey, y saba que el chelengk estaba hecho de diamantes porque haba escrito con l en una ventana

Preserved Killick, de la Surprise, es el mejor.

Los dos diamantes de la parte superior eran tan grandes como los guisantes secos que haba comido durante toda su vida en la Armada (nunca los haba visto verdes), y haba llegado a pensar que el chelengk era tan valioso como las joyas de la corona o incluso ms, ya que las joyas de la corona no podan girar. Desde que el regalo haba llegado de Constantinopla, su vida haba sido un constante sufrimiento, sobre todo porque estaban en tierra, donde haba ladrones por todas partes. Cada noche esconda el broche en un sitio distinto, generalmente envuelto en un trozo de vela que despus rodeaba con trapos sucios, y lo colocaba entre anzuelos y ratoneras que se cerraran por un simple estornudo. Killick y Bonden pusieron a Pullings en la cama cuidadosamente y con la destreza propia de los buenos marinos. Jack mir su reloj y se dio cuenta de que deba marcharse enseguida si no quera llegar tarde al ensayo en casa de la seora Fielding, pero tambin se dio cuenta de que no haba enviado su violn all aquella maana, lo que era un imperdonable descuido, ya que en esa ciudad todos los oficiales siempre iban vestidos de uniforme y no estaba bien visto que llevaran paquetes por la calle, y mucho menos un instrumento musical. Bonden -dijo-, ve a la sala de estar del doctor, coge el estuche de mi violn del asiento adosado a la ventana y acompame a casa de la seora Fielding. Me ir enseguida. Bonden, sin responder, frunci el entrecejo, inclin la cabeza hacia un lado y fingi que prestaba atencin a las tiras del gorro de dormir del capitn Pullings. Entonces Killick quit el sombrero de Jack de la mesilla de noche con tanta fuerza que el chelengk empez a girar otra vez y dijo: No con este sombrero. Los diamantes eran lo que ms le preocupaba, pero tambin le preocupaba el sombrero, el mejor sombrero del capitn Aubrey,

pues detestaba ver buenos uniformes desgastados o simplemente deslucidos. Aunque era un hombre generoso (no haba nadie ms dadivoso que Preserved Killick cuando estaba en tierra con el sombrero lleno del dinero de un botn) no le gustaba que los vveres y el vino del capitn Aubrey los comieran o bebieran personas que no fueran almirantes, lores o muy buenos amigos suyos, y todos saban que el vino que daba a los oficiales con poca antigedad y a los guardiamarinas era una mezcla del que haba quedado en las botellas el da anterior. En ese momento regres con un pequeo sombrero de peor calidad, que se haba encogido y estropeado por el uso durante duros aos de servicio en el Canal. Bah, al diablo el sombrero! exclam Jack, pensando que llevar el chelengk al ensayo estara completamente fuera de lugar-. Bonden, qu ests haciendo? Tengo que cambiar mi atuendo primero respondi Bonden, desviando la mirada. Quiere decir que si lleva un violn es posible que los chaquetas rojas le griten: Tcanos una cancin, marinero -dijo Killick-. Y a usted no le gustara que eso pasara, Su Seora, cuando llevara el sombrero con el nombre Surprise bordado en la cinta. Usted preferira que yo llamara a un pilluelo para que lo llevara y que Bonden le vigilara, como es su deber. El capitn Aubrey dijo que eso no tena sentido y que eran un par de malditos tontos, pero despus, al recordar las veces que le haban seguido a la cubierta de un barco de guerra enemigo, cuando no le preocupaba llevar el estuche de un violn ni ser vctima de burla, dijo que no haba tiempo que perder y que hicieran lo que quisieran, pero que si aquel violn no estaba en casa de la seora Fielding cinco minutos antes que l llegara, sera mejor que se buscaran otro barco. El violn lleg antes que l. El muchacho

descalzo que iba con Bonden conoca todos los atajos, y ambos ya estaban junto a la verja que daba a la calle cuando lleg Jack, despus de abrirse paso entre una adversa multitud de mujeres con capas negras, hombres de media docena de pases, algunos perfumados, y cabras. Muy bien -dijo, dando un cheln al muchacho. He llegado justo a tiempo. Puedes retirarte, Bonden. Quiero que la fala est preparada a las seis de la maana. Cogi el violn y avanz apresuradamente por el largo sendero de piedra que atravesaba los jardines del frente a la parte posterior y llevaba a la pequea casa de la seora Fielding, pero cuando lleg a la puerta del jardn, se dio cuenta de que se haba dado prisa innecesariamente, pues no respondieron a su llamada. Despus de esperar un tiempo prudente, empuj la puerta, y cuando la abri, sinti el intenso aroma del limonero. Era un rbol enorme, que tena flores durante todo el ao y, sin duda, tan viejo como Valletta o an ms viejo. Jack se sent en el muro bajo que tena alrededor, un muro parecido al de un pozo, y estuvo jadeando durante unos momentos. Ese mismo da haban regado el rbol con la enorme cantidad de agua que le echaban cada tres meses y la tierra hmeda produca una agradable sensacin de fresco. Durante la caminata haba recuperado su buen humor, que rara vez le abandonaba mucho tiempo, y ahora, con la chaqueta desabrochada y sin sombrero, contemplaba los limones a la luz del crepsculo, acariciado por la fresca brisa. Ya haba dejado de jadear, y estaba a punto de sacar el violn del estuche cuando not que un dbil sonido que oa desde haca rato se hizo ms fuerte, un gemido que pareca irreal y se repeta regularmente. No parece humano -dijo, aguzando el odo, y pens en sus posibles causas: un molino sin grasa en el eje dando vueltas, un torno de

cualquier clase, un hombre que haba enloquecido de melancola y estaba encerrado tras la pared de la izquierda-. Sin embargo, el eco de un sonido puede tener muy curiosas formas -dijo, ponindose de pie. Tras el limonero estaba la pequea casa, y pegada a la esquina de la derecha haba una majestuosa arcada que era la entrada de otro jardn perpendicular al primero. Atraves la arcada y not que el sonido, que ahora era mucho ms fuerte, vena de una ancha y profunda cisterna que estaba junto a la esquina y en la que se recoga el agua de lluvia que caa del tejado. Dios mo! exclam Jack, corriendo hacia la cisterna con el horrible presentimiento de que el loco se haba arrojado a ella impulsado por la desesperacin. Cuando se inclin sobre el muro que lo rodeaba y mir el agua oscura, que estaba a unos cuatro o cinco pies de profundidad, pens que su presentimiento se haba cumplido, ya que en ella nadaba una figura oscura y peluda que estiraba su enorme cabeza y, con voz ronca, repeta: Auu! Auu!. Pero cuando volvi a mirar se dio cuenta de que era Ponto. Haban sacado ms de la mitad del agua de la cisterna para regar el limonero (an haba cubos a su lado), y el desdichado perro, a causa de su gran curiosidad y de que haba cometido un gran error, cay dentro. Aunque todava quedaba suficiente agua para que no llegara al fondo, faltaba tanta agua que le era imposible llegar al borde y salir por s mismo. Haba estado en el agua durante un largo rato, y en los lugares de las paredes donde haba intentado agarrarse se vean las sangrientas marcas de sus patas. Pareca aterrorizado y desesperado, y al principio no advirti la presencia y sigui aullando y aullando. Si est loco, me arrancar la mano -dijo Jack, despus de hablar con el perro sin obtener ningn resultado-. Tengo que cogerlo por el

collar, pero la distancia es condenadamente larga. Se quit la chaqueta y el sable y extendi el brazo hacia el fondo, pero no se estir lo suficiente, aunque sus calzones crujieron. Entonces se enderez, se quit el chaleco, se afloj la corbata, se desabroch los calzones y, entre los aullidos que llenaban el aire, volvi a inclinarse y a bajar el brazo en la oscuridad, y esta vez pudo tocar el agua con la mano. Vio al perro acercarse y dijo: Eh, Ponto, dame el cogote! Jack abri la mano para coger el collar, pero vio con disgusto que el animal nad trabajosamente hasta el otro lado, donde, sin parar de aullar, intent en vano subir por la pared apoyando sus garras despellejadas y con las uas destrozadas. Condenado imbcil! exclam-. Estpido! Cabeza de becerro! Dame el cogote! Pon de tu parte, maldito cabrn! Los familiares sonidos marineros, que fueron pronunciados en alta voz y retumbaron en la cisterna, fueron un consuelo para el perro. Fue nadando hasta donde estaba Jack, y Jack pas la mano por su peluda cabeza hasta encontrar el collar, el horrible collar de pas, y lo agarr como pudo. Rpido! dijo, deslizando sus dedos bajo el collar para agarrarlo ms fuertemente-. Espera! Entonces inspir y, agarrndose al borde de la cisterna con la mano izquierda y sujetando el collar con la derecha de tal modo que ambas manos estuvieran lo ms separadas posible, empez a subir al perro. Ya lo tena medio fuera del agua y estaba pensando que era demasiado pesado para estar sujeto tan dbilmente, pero que era posible sacarlo, cuando el muro cedi y l cay dentro de la cisterna. Mientras caa, dos pensamientos brotaron en su mente: Se me caen los calzones y Tengo que mantenerme

lejos de sus dientes. Unos momentos despus estaba de pie en el fondo de la cisterna, con el agua a la altura del pecho, y oa justamente junto a su oreja el jadeo del perro, que estaba agarrado a su cuello con las patas delanteras como si estuviera dndole un abrazo. Ponto estaba jadeante, pero no demente. Haba recuperado toda la sensatez que tena. Jack solt el collar, hizo girar al perro y lo cogi por el medio del tronco y luego lo subi hasta el borde del muro gritando: Arriba! Ponto apoy las patas en l y despus la barbilla, y entonces Jack lo empuj con fuerza por las ancas y l se alej de all. Ahora Jack slo poda ver el claro cielo y tres estrellas por la boca de la cisterna.

CAPTULO 2En Malta se cotilleaba mucho, y el rumor de que el capitn Aubrey tena relaciones con la seora Fielding se difundi con rapidez por Valletta e incluso por los pueblos aledaos, donde vivan algunos militares que haban sido destinados all. Muchos oficiales envidiaban a Jack por su buena suerte, pero no le tenan mala voluntad. Muchas veces Jack notaba que le miraban con complacencia y que sonrean maliciosamente, pero no se explicaba por qu, pues, como sola ocurrir en esos casos, era una de las ltimas personas que se enteraran de lo que decan de l. Pero el rumor le habra causado sorpresa, ya que consideraba sagradas a las esposas de sus compaeros, a no ser que ellas hicieran seales que le indujeran a pensar diferente. Por tanto, Jack slo conoca las desventajas de la situacin: las palabras recriminatorias de algunos oficiales, las miradas furiosas y los gestos de enfado y de desprecio de algunas esposas de marinos que conocan a la seora Aubrey, y la ridcula persecucin que haba motivado el rumor.

Jack, acompaado por el doctor Maturin y seguido por Killick, iba caminando por la calle Real bajo la deslumbrante luz del sol, y de repente se puso serio. Por favor, Stephen, entremos aqu un momento -dijo a su amigo mientras le conduca a la tienda ms cercana, una tienda donde se venda cristal de Murano y que era propiedad de Moiss Maimnides. Pero era demasiado tarde. Jack todava no haba llegado al fondo de la tienda cuando Ponto se ech sobre l ladrando alegremente. Ponto era un perro grande y torpe, y ahora, con las botas de tela que le haban puesto para protegerle las patas heridas, era todava ms torpe. Cuando haba entrado, haba derribado dos filas de frascos, y ahora que estaba delante de Jack, con las patas delanteras apoyadas en sus hombros, lamindole la cara y moviendo la cola a un lado y a otro, estaba tumbando candelabros, bomboneras y campanas de cristal con la cola. La escena era horrible, y se repeta, en ocasiones hasta tres veces al da, con una sola cosa diferente, la tienda, la taberna, el club o el restaurante donde Jack se refugiaba, y duraba lo suficiente para que provocara serios daos. Pero Jack, lgicamente, no poda amputar las patas al perro, y slo una grave lesin sera efectiva, ya que Ponto era tan torpe de inteligencia como de movimientos. Al final, Killick y Maimnides hicieron salir a Ponto a la calle caminando hacia atrs, y al llegar all, el perro condujo a Jack adonde estaba su duea con orgullo, dando largos pasos y saltando torpemente de vez en cuando, y al verles reunidos mostr una gran satisfaccin, que notaron muchos oficiales de marina, militares y civiles, y sus respectivas esposas. Espero que no le haya causado molestias dijo la seora Fielding-. Le vio cuando estaba a cien yardas de usted y nada fue capaz de impedir que fuera a darle los buenos das otra

vez. Le est tan agradecido! Y yo tambin, desde luego -aadi, lanzndole una mirada afectuosa que hizo pensar a Jack que podra ser una de esas seales. Esa maana Jack era ms propenso a pensar eso porque haba desayunado una o dos libras de sardinas frescas, que producan el efecto de un afrodisaco en las personas de complexin sangunea. Oh, no, seora! exclam-. Me alegro mucho de verles a los dos una vez ms. En ese momento se oyeron las voces de Killick y el vendedor de objetos de cristal, que hablaban en tono spero. En ocasiones como esa, Killick pagaba por los daos, pero no pagaba ni una sola moneda maltesa ni un dcimo de penique ms de lo que costaban, y ahora insista en que quera ver todos los pedazos y encajarlos unos con otros, y en pagar el precio de venta al por mayor. Jack separ de all a la seora Fielding para que no pudiera orles. Me alegro mucho de verles -repiti-, pero le ruego que le sujete ahora, porque me estn esperando en el astillero y la verdad es que no puedo perder tiempo. Estoy seguro que el doctor le ayudar con mucho gusto. Le estaban esperando algunos carpinteros de barcos que estaban haciendo las costosas reparaciones del Worcester y otros que no hacan nada, pero que deberan estar haciendo las reparaciones de la Surprise, que ahora, completamente vaca y sin caones, estaba apuntalada en un ftido lodazal. Tambin le esperaba una parte de la tripulacin de su barco. Haba zarpado de Inglaterra en compaa de seiscientos hombres en el Worcester, y cuando le haban trasladado temporalmente a la Surprise, haba llevado consigo a los doscientos mejores, y haba pensado que regresara con ellos a Inglaterra, despus de este breve parntesis en el Mediterrneo, para llevar a la

base naval de Norteamrica una de las nuevas fragatas de gran potencia. Sin embargo, en la escuadra del Mediterrneo siempre haba escasez de marineros, y los almirantes y los capitanes de ms antigedad no eran escrupulosos cuando intentaban conseguirlos, y puesto que la Surprise sufri muchos daos en una batalla en el mar Jnico y haba tenido que ser llevada al astillero, su tripulacin haba disminuido considerablemente, porque ellos, con un pretexto u otro, haban reclutado forzosamente a sus miembros, a tantos miembros que Jack haba tenido que luchar muy duro para que su propio timonel y los hombres en quienes ms confiaba se quedaran con l. Los tripulantes de la Surprise que quedaban estaban albergados en pestilentes barracas de madera pintadas de negro, que ahora eran todava ms pestilentes porque ellos haban tapado todos los agujeros con estopa y brea y en el interior haba olor a humo de tabaco y aire viciado, como el que estaban acostumbrados a respirar en la entrecubierta de los barcos. Puesto que la fragata estaba en manos de los empleados del astillero, ellos podan dedicar gran parte de su tiempo a gastar dinero y debilitar su salud, y ambas cosas las hacan en compaa de un gran nmero de mujeres que se amontonaban en las puertas, algunas de ellas prostitutas veteranas, que ejercan su oficio desde el tiempo de los caballeros de la Orden de Malta, pero otras muchas extremadamente jvenes, aunque todas eran mujeres muy bajas y gruesas, mujeres como las que se encontraban pocas veces en lugares que no fueran los alrededores de las barracas donde se albergaban los soldados y los marineros. Este pequeo grupo de tripulantes sucios y malolientes que llevaban una vida disoluta estaba esperando a Jack mientras l, tan pacientemente como poda, escuchaba las falsas excusas de los que deberan haber estado reparando la fragata

y, sin embargo, no la estaban reparando. Los marineros se haban colocado como habitualmente lo hacan para pasar revista en el barco, con la punta de los pies pegada a las lneas dibujadas con arcilla blanca que representaban las juntas de la cubierta de la Surprise, detrs de los guardiamarinas y oficiales al mando de la brigada a la que pertenecan. Los infantes de marina que iban en la fragata haban ido a sus barracas en cuanto la embarcacin haba sido llevada al astillero, por tanto, no quedaba ningn chaqueta roja all y no hubo la ritual presentacin de armas con sus gritos y sus chasquidos cuando Jack se acerc al grupo. En ese momento William Mowett, su primer oficial, dio un paso adelante, se quit el sombrero y, en tono conversacional y con voz muy distinta al vozarrn de los oficiales, con la voz propia de un hombre con un terrible dolor de cabeza, dijo: Todos presentes y sobrios, seor, con su permiso. Poda decirse que estaban sobrios si se tenan en cuenta las borracheras que los marineros solan coger, pero algunos se tambaleaban y la mayora apestaban a alcohol. Puede decirse que estn sobrios, pero es innegable que estn sucios y andrajosos, pens Jack mientras pasaba revista a los tripulantes. Conoca a todos, a algunos desde que haba tenido el mando de un barco por primera vez o incluso antes, y casi todos tenan la cara ms plida, ms hinchada y con ms pstulas que nunca. Cuando Jack navegaba por el mar Jnico en la Surprise, haba capturado una corbeta francesa que tena a bordo algunos cofres con monedas de plata, y en vez de esperar largo tiempo a que el tribunal competente decidiera cmo distribuir el botn, haba ordenado repartirlo inmediatamente. Ese reparto no era estrictamente legal, y l tena la obligacin de reponer todo el botn en caso de que la corbeta

no fuera considerada una presa de ley, pero estaba convencido de que por tener ese rasgo pirtico que era la inmediatez, haba animado ms a los tripulantes que la promesa de una cantidad de dinero mucho mayor en un futuro lejano. Cada tripulante haba recibido en el cabrestante el equivalente a la cuarta parte de su paga anual en coronas, y todos haban sentido una gran satisfaccin, pero esa suma, naturalmente, no les haba durado mucho (los marineros estaban tan vidos de divertirse en tierra que ninguna suma les duraba mucho), y era evidente que algunos vendan su ropa. Jack saba muy bien que si ahora mismo daba la orden Vaciar las bolsas!, vera que los tripulantes de la Surprise no eran marineros con buena ropa y cierta cantidad de dinero, sino pobres con ropa rada que no tenan ms prendas decentes que las que usaban para bajar a tierra (que nunca se ponan en el barco) y algunas compradas al contador que slo les servan para protegerse del clima poco riguroso del Mediterrneo. Haba hecho lo posible para mantenerles ocupados, pero aparte de ordenar a todos hacer prcticas de tiro con armas ligeras y quitar la herrumbre de las balas de can, no poda mandarles a muchas ms tareas navales. Y aunque les servan de diversin el crquet y las excursiones a la isla frente a la cual haba naufragado san Pablo, cuando su barco fue empujado hacia la costa a sotavento por el gregal, ninguna de las dos cosas poda compararse con las diversiones de la ciudad. Atajo de libertinos y despilfarradores! murmur mientras pasaba por delante de la fila de marineros con el ceo fruncido. Pero los oficiales no estaban en condiciones mucho mejores. A Mowett y a Rowan, el otro teniente, les haban visto en el baile de Sappers, y era obvio que el uno haba competido con el otro por ser el que ms beba, del mismo modo que competa en el barco por ser el mejor poeta,

y ambos sufran ahora las consecuencias. Adams, el contador, y los dos ayudantes del oficial de derrota, Honey y Maitland, haban estado en la misma fiesta y, al igual que los tenientes, tenan aspecto de estar cansados; mientras que Gill, el oficial de derrota, tena tal expresin que pareca que estaba a punto de ahorcarse, aunque esa era su expresin habitual. Las nicas personas alegres y atentas de toda la tripulacin eran los dos guardiamarinas que quedaban, Williamson y Calamy, dos muchachos intiles pero simpticos y, cuando prestaban atencin, cumplidores de su deber. Pullings tena una expresin ms bien triste, pero aunque estaba presente no contaba, porque ya no perteneca a la tripulacin de la Surprise y estaba all como visitante, como espectador. A pesar de que era obvio que senta satisfaccin por llevar las charreteras, un buen observador poda notar tras ella la nostalgia y la angustia. Pareca que el capitn Pullings, un capitn sin barco y con pocas probabilidades de conseguirlo, se haba dado cuenta de que un viaje con esperanzas poda ser mejor que la llegada, que nada ocurra como uno esperaba, y que las viejas costumbres, el viejo barco y los viejos amigos de uno tenan mucho valor. Muy bien, seor Mowett -dijo el capitn Aubrey cuando la revista termin, y luego, decepcionando a todos, aadi-: Todos los marineros irn a Gozo en las lanchas inmediatamente! Entonces advirti que Pullings estaba afligido y desconcertado, y agreg: Capitn Pullings, si tiene tiempo libre, le agradecera que tomara el mando de la lancha grande. Esto les har desperezarse, pens Jack con satisfaccin cuando las lanchas doblaron el cabo San Telmo y los tripulantes de todas (de la fala, la lancha grande, el esquife, los dos cteres y el chinchorro) empezaron a remar con

mucha fuerza porque tenan que navegar contra la corriente y contra el moderado viento del noroeste sin esperanza de izar ninguna vela a lo largo de las trece millas que les separaban de Gozo. Los marineros pensaban que el capitn estaba de tan mal humor que, cuando llegaran all, podra ordenarles dar una vuelta alrededor de Gozo, Comino, Cominetto y los dems islotes que rodeaban Malta. Los que iban en la fala, desde cuya popa les miraba atentamente el capitn, que estaba sentado entre su timonel y un guardiamarina, no podan expresar su opinin ms que con una mirada reprobatoria, y los remeros de las otras lanchas, sobre todo los que iban en la popa, tampoco podan expresar sus sentimientos. Pero las lanchas estaban abarrotadas y los remeros se relevaban cada media hora, y los marineros de las lanchas que estaban bajo el mando de Pullings y los dos tenientes lograron hablar mucho, aunque muy bajo, del capitn, y siempre irrespetuosamente, mientras que los que iban a bordo de los cteres y del chinchorro, que estaban bajo el mando de los guardiamarinas, parecan estar promoviendo un motn, y, a intervalos, se oa al seor Calamy gritar: Silencio de proa a popa! Silencio! Apuntar el nombre de todos los que estn a bordo!, y su voz iba subiendo de tono a medida que lo repeta. Pero aproximadamente al cabo de una hora, el mal humor de los marineros desapareci, y cuando llegaron a las tranquilas aguas que rodeaban Comino, empezaron a perseguir una

speronara[2] y, dando gritos de alegra y gastando en vano sus energas, la persiguieron hasta la misma baha de Megiarro, donde estaba el puerto de Gozo. All desembarcaron, y muchos gritaron frases jocosas a los tripulantes de las ltimas lanchas que llegaron a la orilla. Entonces se enteraron de que el capitn haba encargado refrescos para ellos en una larga bolera cubierta por un emparrado que estaba

cerca de la playa, y volvieron a mirarle con el afecto de siempre.Los oficiales fueron al club Mocenigo, donde encontraron a otros oficiales de la Armada que haban ido a all a disfrutar del hermoso da o a visitar a sus amigos del islote. Tambin haba algunos chaquetas rojas, pero, por lo general, los militares y los marinos se mantenan separados. Los primeros se sentaban en la parte ms prxima a la fortaleza y los ltimos, en las terrazas que daban al mar, y en las ms altas se reunan los capitanes. Jack gui a Pullings por la escalera y luego le present a Ball y Hanmer, dos capitanes de navo, y a Meares, un capitn de corbeta. Se le ocurri un juego de palabras con ese apellido, pero no lo dijo, porque poco tiempo antes, al enterarse de que el padre de un oficial era un cannigo de Windsor, haba dicho que nadie poda ser mejor recibido en un barco en que se diera importancia a la artillera que el hijo de un cann, y el oficial haba sonredo forzadamente. Estbamos hablando de la operacin secreta -dijo Ball despus que se sentaron y pidieron algo de beber. Qu operacin secreta? pregunt Jack. Pues la del mar Rojo, naturalmente respondi Ball. Ah! exclam Jack. Desde haca algn tiempo se hablaba de una operacin que iba a llevarse a cabo en ese peligroso mar, en parte para disminuir la influencia de los franceses all, en parte para complacer al Sultn, que era quien gobernaba, al menos nominalmente, en todas los territorios de la costa de Arabia hasta Bab el Mandeb y en Egipto y hasta los territorios del Negus, y en parte para satisfacer a los comerciantes ingleses que padecan exacciones y abusos de Tallal ibn Yahya, el gobernante de la pequea isla de Mubara y de una parte de la costa cercana, quien, al igual que sus antepasados, obligaba a

pagar derechos de paso a los barcos que navegaban por la zona y que no eran lo bastante potentes para oponerse a ello ni lo bastante rpidos para dejar atrs a sus molestos faluchos. Sin embargo, la costumbre no poda compararse con la verdadera piratera, y todos consideraban al jeque simplemente una persona molesta, pero su hijo, de carcter mucho ms enrgico, haba apoyado a Bonaparte en la invasin de Egipto y era considerado en Pars un valioso posible aliado en la operacin cuyos objetivos eran expulsar a los ingleses de la India y acabar con el comercio entre ellos y los pases de Oriente. Los franceses le haban proporcionado algunas embarcaciones europeas y carpinteros de barco, que haban construido las galeras que hoy formaban su pequea escuadra. Aunque la operacin para apoderarse de la India pareca remota, Tallal molestaba a los turcos cuando favorecan demasiado a Inglaterra, y su creciente influencia preocupaba al Sultn y a los dueos de la Compaa de Indias. Adems, en un reciente acceso de fervor religioso, haba hecho la circuncisin a tres comerciantes ingleses a la fuerza, en represalia por el bautismo de tres de sus antepasados a la fuerza (su familia, los Beni Adi, haban vivido setecientos aos en Andaluca, casi siempre en Sevilla, donde eran muy conocidos, e Ibn Khaldun hablaba de ellos con respeto). Pero esos comerciantes no eran miembros de la Compaa, sino que comerciaban sin licencia, y por tres traficantes circuncisos no mereca la pena realizar una operacin con gran nmero de barcos y soldados, as que el plan era que la Compaa llevara hasta el golfo de Suez uno de sus barcos para prestrselo a las autoridades turcas, la Armada proporcionara la tripulacin del barco, y los ingleses, en calidad de consejeros para asuntos navales, llevaran a Mubara a algunas tropas turcas y a un gobernante ms adecuado, de la misma familia que el jeque, y se

apoderaran de las galeras que el jeque posea. Todo deba hacerse discretamente, para no ofender a los gobernantes rabes de los territorios que estaban ms al sur y en el golfo Prsico (nada menos que tres de las mujeres de Tallal eran de esa zona), y repentinamente, para coger al enemigo por sorpresa, ya que as no opondra resistencia. Lowestoffe ser el encargado de la operacin -dijo Ball-, y me parece muy bien, porque est acostumbrado a tratar con los turcos y los rabes, se encuentra en esa zona y no tiene barco. Me lo imagino caminando sudoroso por el desierto, ja, ja, ja! l y sus hombres tendrn que ir andando hasta Suez. Dios mo! exclam y volvi a rerse; y los dems sonrieron. Lord Lowestoffe era uno de los marinos que ms simpatas despertaba en la Armada, pero tena las piernas cortas y era excesivamente grueso (su cara redonda, roja y risuea siempre estaba brillante), y por eso imaginarse que caminaba por la arena del desierto bajo el sol africano daba risa. Me da mucha lstima Lowestoffe -dijo Jack-. Se quej del calor cuando estbamos en el mar Bltico! Creo que sera mucho ms feliz si estuviera en la base naval de Norteamrica, adonde espero llegar muy pronto. Pobre hombre! Hace mucho tiempo que no le veo. Estuvo enfermo -dijo Hanmer-. Te aseguro que pareca un cadver cuando vino a verme el otro da para hacerme algunas preguntas sobre el mar Rojo. Quera que le hablara de los vientos que soplan all y de los bancos de arena, los arrecifes y otras cosas. Escriba todo cuidadosamente mientras resollaba como un bulldog. Pobre hombre! Entonces es usted un experto en la navegacin por el mar Rojo? pregunt Pullings, que hablaba por primera vez. Hizo la pregunta con buena fe, porque le interesaba el asunto, pero su herida transform

su amable sonrisa en una mueca que expresaba desconfianza, y su tono nervioso no la desminti. No creo que conozca esa zona tan bien como usted, seor -respondi el capitn Hanmer. No lo creo. Sin embargo, la conozco al menos superficialmente, y tuve el honor de guiar nuestra escuadra de Barim a Suez en 1801, cuando intentbamos expulsar a los franceses de all. Hanmer era propenso a contar fantasas, pero en esta ocasin haba dicho la verdad, por eso le molestaba ms que otras veces que alguien no le creyera. Seor, yo nunca he estado en ese lugar, aunque he navegado por el ocano ndico. Lo que sucede es que muchas veces he odo que es sumamente difcil navegar por all, que las mareas y las corrientes del extremo norte son engaosas y que el calor es, por decirlo as, extremadamente caliente, y me gustara mucho conocer ms detalles. Hanmer escrut el rostro de Pullings y esta vez la herida no le impidi notar que el joven era sincero. En efecto, seor, es sumamente difcil navegar por all, sobre todo cuando se entra. Nosotros entramos por el endemoniado canal oriental, que bordea Barim. Es un canal que tiene slo dos millas de ancho y que en ningn punto mide ms de diecisis brazas de profundidad, y no hay en l ni una sola baliza, ni una sola. Pero eso no es nada comparado con el terrible calor, un calor que parece el fuego del infierno y va acompaado de humedad. El maldito sol brilla perpetuamente, el aire nunca refresca, el alquitrn chorrea de la jarcia, la brea burbujea en las juntas, los marin