América latina: la democracia en la encrucijada

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  • Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales Editorial Octubre, 2016 UMET, 2016 2016 Para esta edicin, Editorial La Pgina S.A.

    Todos los derechos reservados.

    Queda hecho el depsito que establece la Ley 11.723.

    CLACSO Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales - Conselho Latino-americano de Cincias SociaisEstados Unidos 1168 | C1023AAB | Ciudad de Buenos Aires | [email protected] | www.clacso.org

    Editorial OctubreUniversidad Metropolitana para la Educacin y el TrabajoSarmiento 2037 | C1044AAE | Ciudad de Buenos Aires | Argentinawww.editorialoctubre.com.ar | www.umet.edu.ar

    No se permite la reproduccin total o parcial de este libro, ni su almacenamiento en un sistemainformtico, ni su transmisin en cualquier forma o por cualquier medio electrnico, mecnico,fotocopia u otros mtodos, sin el permiso previo del editor.

    Gentili, PabloAmrica Latina : la democracia en la encrucijada / Pablo Gentili; Nicols Trotta; compilado por Pablo Gentili; Nicols Trotta. - 1a ed adaptada. Ciudad Autnoma de Buenos Aires: Editorial La Pgina S.A., 2016.170 p. ; 14 x 20 cm.

    ISBN 978-987-503-688-8

    1. Ciencia Poltica. I. Gentili, Pablo II. Trotta, Nicols, comp. III. Gentili, Pablo, comp. IV. Ttulo.CDD 320

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  • Amrica LatinaLa democracia en la encrucijada

    Edicin en homenaje a la visita de la presidenta Dilma Rousseff a la Argentina

    Nicols Trotta y Pablo Gentili(Compiladores)

    Vctor Santa Mara(Prlogo)

    Alejandro Grimson I Antonio Elas Boaventura de Sousa Santos I Casandra Castorena Snchez

    Cecilia Nahn I Daniel Filmus I Daro Salinas Fernando Mayorga I Ignacio Ramonet I Julio C. Gambina

    Jrgen Habermas I Leandro Morgenfeld I Lorena SolerPablo Gonzlez Casanova I Theotnio dos Santos

    Vernica Giordano I Yamand Acosta

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  • NDICE

    PrlogoVctor Santa Mara 7

    PresentacinNicols Trotta y Pablo Gentili 11

    HACIA DNDE VA AMRICA LATINA

    Amrica Latina y el mundo: crisis, tendencias y alternativasPablo Gonzlez Casanova 17

    Una dcada de transformaciones en Amrica LatinaDaniel Filmus 27

    La ofensiva del gran capital y las amenazas para Amrica LatinaTheotnio dos Santos 51

    Amrica Latina: nuestraYamand Acosta, Vernica Giordano y Lorena Soler 59

    La ofensiva del capital y el ocaso del progresismo en el MercosurAntonio Elas 69

    La democracia intercultural en Amrica Latina: procesos y desafosFernando Mayorga 85

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  • TRUMP Y AMRICA LATINA

    El triunfo de Donald Trump: paradojas y peligros para Amrica LatinaCecilia Nahn 103

    El plan Trump y sus impactos en MxicoCasandra Castorena Snchez 109

    Trump entre el proteccionismo y la liberalizacinJulio C. Gambina 115

    Los desafos de Amrica Latina tras el terremoto TrumpLeandro Morgenfeld 121

    Amrica Latina y el Caribe ante el prximo gobierno estadounidenseDaro Salinas 125

    DESAFOS MUNDIALES

    Las 10 claves que explican el Nuevo Sistema MundoIgnacio Ramonet 131

    Por una polarizacin democrtica: cmo segar la hierba bajo el populismo de derechasEntrevista a Jrgen Habermas 145

    Tiro de gracia a la globalizacinAlejandro Grimson 157

    La incertidumbre: entre el miedo y la esperanzaBoaventura de Sousa Santos 161

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  • Prlogo

    Vctor Santa Mara*

    Amrica Latina: la democracia en la encrucijada rene aportes que nosayudan a pensar algunos de los principales desafos que enfrenta hoy nues-tro pas, la regin y el mundo.

    Publicamos este libro en ocasin de la visita de la presidenta DilmaRousseff a la Argentina, un evento organizado por la Universidad Me-tropolitana para la Educacin y el Trabajo, el Consejo Latinoamerica-no de Ciencias Sociales y la Universidad Nacional de General Sarmien-to. Dilma representa uno de los conos ms destacados en la lucha porla defensa de la democracia. Trgicamente, el golpe que la destituy hapuesto en evidencia las nuevas formas de desestabilizacin que enfren-ta hoy el estado de derecho democrtico, inclusive en una nacin conlas dimensiones y la importancia geopoltica de Brasil.

    Hemos invitado a Dilma Rousseff a la Argentina porque queremoshomenajear a una de las grandes mujeres latinoamericanas, a la presi-denta democrticamente elegida por ms de 52 millones de brasileosy brasileas, que ha comandado, junto con Luiz Incio Lula da Silva,uno de los procesos de transformacin social y de ampliacin de dere-chos ciudadanos ms significativo de la historia latinoamericana.

    Publicamos este libro porque creemos que siempre ha sido funda-mental acompaar nuestras experiencias de cambio con anlisis crti-cos, reflexiones, interpretaciones, debates e intercambios plurales y abier-tos, que nos permitan entender cmo hemos llegado hasta aqu y ha-cia dnde vamos.

    En este volumen podrn encontrarse numerosos aportes, todos ellosrecientes y producidos a la luz de los cambios que est viviendo Am-rica Latina y el mundo, que ayudan a comprender y a debatir qu fac-tores y procesos configuran hoy algunas de las principales tendenciaspolticas, econmicas, sociales, culturales y educativas que nos obligana repensar nuestras estrategias de lucha en defensa de la democracia.

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    *. Secretario General del Sindicato nico de Trabajadores de Edificios de Renta y Ho-rizontal (Suterh), director del Grupo Octubre, secretario de Cultura de la CGT, presi-dente del Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires, diputado por el Parlasur.

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  • Este es uno de los desafos que nos propusimos cuando creamos laUniversidad Metropolitana para la Educacin y el Trabajo, UMET. Que-ramos construir un espacio de formacin superior de los trabajadores,gestionado por sus organizaciones sindicales y pensado para ofrecer unaoportunidad educativa de excelencia acadmica que combine los gran-des desafos de una formacin humana integral, con los aportes con-temporneos y fundamentales para la formacin profesional en distin-tos campos del conocimiento.

    Desde su fundacin, hace poco ms de tres aos, la UMET no ha pa-rado de crecer, afirmndose como una universidad de nuevo tipo, queratifica en cada accin su vocacin pblica y su compromiso con laconstruccin de sociedades ms democrticas e igualitarias. Es por esoque la UMET ha intervenido de forma cada vez ms activa en el deba-te pblico nacional y regional, organizando actos, jornadas, simposiosy conferencias de gran impacto, y contribuyendo con la circulacin y pro-duccin de ideas y de conocimientos fundamentales a travs de la edi-cin de documentos, revistas y libros que, como ste, nos ayudan a com-prender mejor qu est pasando, para luchar mejor por los principiosque siempre hemos defendido: la construccin de sociedades ms in-clusivas, de democracias ms activas, de una mayor participacin de lostrabajadores y de las trabajadores en la definicin de los destinos denuestras naciones. En definitiva, la construccin de sociedades ms jus-tas, donde la soberana popular no sea sistemticamente subordina a lavoluntad y a la arbitrariedad de los poderosos.

    Donde existe una necesidad, nace un derecho, sostuvo alguna vezEvita. Y este es el desafo que asumimos desde la UMET y que trata-mos de construir con otras organizaciones como CLACSO. Un desafoque nos impone la necesidad de hacer del conocimiento una herramien-ta de lucha para afirmar derechos, para construir libertades y multipli-car oportunidades a los que siempre se las han negado las oligarquas ylos poderes dominantes. Creemos que este debe ser el papel de la uni-versidad en una sociedad democrtica.

    Pensar y contribuir a entender las encrucijadas de la democracia enAmrica Latina y el mundo quizs no alcance para enfrentar los gran-des retos con que nos interpelarn las luchas populares. Sin embargo,

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  • si no somos capaces de entender qu ha pasado, por qu estamos co-mo estamos y hacia dnde vamos, seguramente tendremos grandes di-ficultades para organizar las resistencias y proponer las alternativas quehoy nos exige la construccin de un proyecto poltico basado en la pro-mocin de la igualdad, la afirmacin ms irrestricta de los derechos hu-manos, la democracia y la justicia social, en una Argentina y en unaAmrica Latina cada vez ms injustas y desiguales.

    Este pequeo libro es un paso ms en el inmenso desafo democrti-co que deberemos enfrentar juntos.

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    Prlogo

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  • Presentacin

    Nicols Trotta*

    Pablo Gentili **

    La democracia enfrenta hoy una profunda crisis. Quizs, la haya en-frentado siempre. Pero en Amrica Latina esta crisis tiene un sentido muyespecial. Hemos vivido tiempos de profundas transformaciones. Mo-mentos de cambio en que gobiernos progresistas y populares promo-vieron polticas pblicas de inclusin social que afirmaron y ampliaronderechos histricamente negados a las grandes mayoras.

    Avanzamos en una disminucin de la pobreza y de la exclusin so-cial sin precedentes; la educacin pblica ampli sus alcances y millo-nes de jvenes latinoamericanos ingresaron a la universidad, siendo granparte de ellos la primera generacin de estudiantes de nivel superior ensus familias; en algunos de nuestros pases, el mercado de trabajo expe-riment un significativo proceso de formalizacin, haciendo de la am-pliacin del empleo un efectivo mecanismo de inclusin y estabilidad;los derechos humanos ampliaron su horizonte, afirmndose en nuevoscampos: la diversidad tnica, cultural y sexual, la plurinacionalidad, losbienes comunes, el desarrollo sostenible, el acceso a la informacin y elconocimiento, la salud reproductiva, la paz, el buen vivir y tantos otros.Fueron aos de una profunda transformacin democrtica en nuestraregin.

    Pero tambin, y como amarga paradoja, fueron aos en los que la de-mocracia no pareci ser el camino que las sociedades eligieran para pro-fundizar, multiplicar y ampliar estos cambios.

    La nuestra es una crisis en la que se ha puesto en jaque no solo la de-mocracia social, participativa, deliberativa y popular, sino tambin la

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    * Rector de la Universidad Metropolitana de la Educacin y del Trabajo, UMET.** Secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO,y profesor de la Universidad del Estado de Ro de Janeiro, UERJ.

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  • democracia representativa y republicana, inclusive en su versin ms t-midamente reformista. No vivimos solo una crisis de la democracia sus-tantiva, radical, transformadora y libertaria. Vivimos la crisis de la de-mocracia burguesa en su versin ms sistmica: aquella en que los ciu-dadanos y ciudadanas solo cuentan como votantes ocasionales, aspiran-do mediante el recambio de gobernantes a maximizar su bienestar y adefender sus intereses y privilegios.

    La situacin parece compleja y, no pocas veces, perturbadora. EnAmrica Latina, o las sociedades no votan o, cuando lo hacen, eligengobiernos que claramente se contraponen a los derechos que afirmansu reconocimiento como sujetos ciudadanos. La gente, cuando vota,parece estar votando contra la gente. Muchas veces, siquiera vota. Ex-presa su opinin con la contundencia del silencio, o la indiferencia.

    En Paraguay y Honduras, dos golpes de Estado derrocaron sus go-biernos democrticos ante la casi total indiferencia mundial. 52 millo-nes de brasileos y brasileas votaron por Dilma Rousseff, lo cual po-co import a la hora de destituirla mediante un golpe infame que ha pues-to a Brasil al borde del abismo autoritario. Colombia avanz en el in-menso desafo de construir una paz duradera que acabara con ms demedio siglo de guerra. Sin embargo, ms del 65% de la ciudadana nose pronunci en el plebiscito convocado a tal fin. As, menos del 20%del total de los votantes se expresaron en contra del acuerdo de paz, locual alcanz para ganar la consulta. Un hecho que expresa sin eufemis-mos la fragilidad de una democracia en la que, ante asuntos de la ma-yor relevancia, la ciudadana siquiera se siente interpelada a opinar.

    En todos los pases de la regin aumenta el abstencionismo.En otros, cuando la gente vota, parece confiar ms en los represen-

    tantes conservadores o en salvadores mesinicos, que en los partidosprogresistas, liberales o republicanos. El triunfo de Mauricio Macri enla Argentina y el de Pedro Pablo Kuczynski en Per, alertan sobre unatendencia que se ampla en la regin: la emergencia de gobiernos de de-recha que llegan al poder prometiendo redoblar y consolidar las con-quistas democrticas de los ltimos aos, ampliando la inversin exter-na, estabilizando las economas, mejorando los indicadores sociales yla insercin de nuestros pases en el mundo. Una promesa que se apro-

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  • xima a la estafa electoral, cuando observamos que, en el caso argenti-no, concluyendo el primer ao de gobierno de Macri, lo que quedanson 5 millones de nuevos pobres, un endeudamiento de ms de 45 milmillones de dlares, un dficit fiscal creciente, una inflacin galopan-te, un desempleo en ascenso y la multiplicacin de privilegios, preben-das y beneficios para las oligarquas locales, los grupos multinacionalesque dominan la economa nacional y los amigos del poder.

    En la actual coyuntura, todo proyecto de defensa y afirmacin de lademocracia debe asumir el desafo de pensar qu ha ocurrido en nues-tros pases y qu factores podrn orientar la reproduccin de regme-nes cada vez ms excluyentes y discriminadores, o la emergencia de pro-cesos de resistencia y lucha popular que permitan revertir el nuevo ci-clo conservador que se cierne sobre nuestra regin. Entender, en defi-nitiva, qu ha pasado en Amrica Latina, hacia dnde vamos y qu po-demos hacer para fortalecer alternativas democrticas que superen estemodelo de exclusin que ampla y multiplica la injusticia social en laregin ms desigual del planeta.

    Este libro, que publicamos en ocasin de la visita de Dilma Rousseffa la Argentina, aspira a contribuir con esta tarea.

    En su primera seccin, Hacia dnde va Amrica Latina, Pablo Gon-zlez Casanova, Daniel Filmus, Theotnio dos Santos, Yamand Acos-ta, Vernica Giordano, Lorena Soler, Antonio Elas y Fernando Ma-yorga, nos ayudan a entender algunas de las dimensiones que permi-ten hacer un diagnstico crtico acerca de lo que ha ocurrido en nues-tra regin durante los ltimos aos, apuntando sobre desafos y retosan pendientes.

    La segunda seccin, Trump y Amrica Latina, cuenta con los tra-bajos de Cecilia Nahn, Casandra Castorena Snchez, Julio C. Gam-bina, Leandro Morgenfeld y Daro Salinas, quienes analizan diferentesaspectos y consecuencias del que, para muchos, ha sido el inesperadotriunfo de Donald Trump en los Estados Unidos. Un hecho que, sinlugar a dudas, tendr grandes efectos regresivos y antidemocrticos enla geopoltica mundial.

    Finalmente, en la tercera y ltima seccin, Desafos mundiales, Ig-nacio Ramonet, Jrgen Habermas, Alejandro Grimson y Boaventura

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  • de Sousa Santos, desmenuzan algunos de los grandes desafos que a ni-vel global nos interpelan y nos exigen una gran dosis de esperanza y cre-atividad poltica.

    Debatir las encrucijadas de la democracia es hoy, ms que nunca, unaforma de contribuir a hacer de las nuestras sociedades ms justas, msigualitarias y libres. Ojal que este libro sirva para inspirar reflexionesy luchas que nos ayuden a avanzar en esta direccin.

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  • Amrica Latina y el mundo: crisis, tendencias y alternativas

    Pablo Gonzlez Casanova*

    El sistema de dominacin y acumulacin en que vivimos conocidocomo capitalismo tiene como atractor principal la acumulacin de po-der y riquezas. En su comportamiento actual, para lograr sus fines el sis-tema emplea todos los modos de produccin que lo precedieron. Com-bina el trabajo asalariado con el esclavismo, y uno y otro con el trabajodel siervo y con las nuevas formas de tributacin y despojo, que hoy seocultan en deudas impagables y rditos usureros, que los acreedores co-bran con bienes y territorios por las buenas o por la fuerza.

    A los pases endeudados, cuando les llega la hora de pagar y no tie-nen con qu, los hacen acumular deuda sobre deuda y pagar ms y msintereses hasta que por fin los embargan y los obligan a desnacionali-zar y privatizar propiedades nacionales y estatales... es decir, los despo-jan. Esa es la nueva acumulacin primitiva o por desposesin en unade sus muchas variantes. Todo ocurre en un conocido proceso por elque los gobiernos deudores someten sus decisiones, su dignidad y suspolticas a las corporaciones y complejos acreedores, que son quienesrealmente mandan.

    Los polticos colaboracionistas creen que ser un buen poltico es obe-decer a esos que mandan, es enriquecerse con los que mandan y es lle-gar a ser como los que mandan. Piensan que as es la vida, y hasta diceny se dicen que la historia tambin es as, y que quienes no entienden loscambios actuales se estn aferrando a un pasado que ya no existe, y seocultan los avances con sus necios prejuicios.

    Piensan tambin que en este mundo, aunque no lo digamos, todos so-mos sinvergenzas, pero que ellos los polticos distinguidos, y que man-

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    * Ex rector de la Universidad Nacional Autnoma de Mxico (UNAM).Texto presentado en el Foro Pblico: Crisis Global y Nacional: Las PerspectivasEstratgicas de [email protected] [email protected], el 19 de octubre de 2016.

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  • dan, queramos o no son ms inteligentes y eficaces que quienes los cri-tican. Ganas tuvieran sus opositores de ser como ellos. As piensan.

    Todo lo anterior parecera anecdtico si no sirviera para darnos cuen-ta de que la crisis que vivimos es una crisis econmica, moral, intelec-tual, poltica y social. Es una crisis que abarca todas las actividades de lavida humana, incluso las del conocimiento de lo que pasa y de lo queva a venir en el mundo y el pas. Y en la que sus trabajadores de tierra,mar y aire, sus campesinos, agricultores y mineros, sus comunidades in-dgenas y no indgenas, sus sectores medios y sus juventudes, tendrnms posibilidades de defenderse, y de ganar, si a una organizacin de or-ganizaciones sectoriales, regionales, fabriles, comunales, barriales, aadenla organizacin desde abajo y con los de abajo de su voluntad colectivay personal; la organizacin de su conocimiento y del saber, la organiza-cin de su conciencia para mejor lograr lo que los trabajadores y los pue-blos quieren, y para impulsar lo que es fundamental el fortalecimien-to y organizacin de nuestra moral de lucha, de cooperacin, de com-paerismo y tambin de concertacin de voluntades tanto para resistircomo para luchar. Y as construir las relaciones y estructuras de otromundo posible y necesario en que, con la democracia como poder delpueblo, se organice la vida y el trabajo para alcanzar esa emancipacin,esa libertad y ese respeto a las diferencias de raza, edad, sexo, religin,filosofa, para las que la humanidad dispone hoy de conocimientos ytcnicas que consolidan la emancipacin humana.

    Si los sueos del pasado se quedaron en sueos y los sueos, sueosson, hoy, con las tcnicas de organizacin de que disponemos y unafuerte moral colectiva, se pueden realizar si no cejamos en nuestra deci-sin de lucha y nos organizamos en redes, en coordinadoras, en colecti-vidades, en colectivos, en comits de fbrica, de barrio, de calle y en otrosenlaces presenciales y a distancia, que constituyan un nuevo tipo de par-tido capaz de construir las bases de otro mundo posible.

    Hoy podemos hacer que nuestra lucha solidaria de pueblos y trabaja-dores viva ese paso de lo ideal que se vuelve real. S se puede. Aunqueestemos en plena tormenta, o por eso mismo.

    La crisis en que vivimos es una crisis que rompe muchas de las ten-dencias que se daban, en particular las que buscan su solucin dentro

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  • del actual sistema de dominacin y acumulacin capitalista, con susmentirosos actos caritativos, generosos, humanitarios, y hoy, hasta diz-que para salvar la tierra que ellos mismos estn, con su entraable codi-cia, destruyendo.

    Las grandes crisis de este sistema de dominacin y acumulacin mo-vido por el afn de poder, de riquezas y utilidades, no solo obedecen aque baja la tasa de utilidades de las compaas, o a que hay problemasde sobreproduccin o de subconsumo. No solo se deben a especulacio-nes de unos cuantos banqueros que quiebran a miles de deudores, co-mo la crisis que se desencaden en 2008 y que sirvi de detonador deesta, de la que el mundo todava no sale.

    Las crisis se producen tambin deliberadamente por las corporacionesfinancieras, para maximizar su poder, sus riquezas y utilidades, para de-bilitar a los trabajadores y hacer que pierdan sus derechos y bajen la fuer-za de sus demandas y que, hasta para comer, se sometan a toda suertede tiempos, ritmos, riesgos, salarios de hambre, enfermedades seguras ydaos incurables.

    Las crisis provocadas, inducidas, sirven a la vez para que las grandescorporaciones hagan negocios a costa de medianas y pequeas empresas,y hasta de pases a los que sacan fuera de los mercados nacionales e inter-nacionales, o a los que entre deudas, presiones y colusiones someten, su-plantan o integran a sus propias compaas privadas como es el caso delpetrleo mexicano, o de inmensas regiones del territorio nacional quepasan y pasarn a ser enclaves coloniales. Las crisis inducidas se enfo-can tambin contra los servicios pblicos, que los grandes capitales quie-ren privatizar a toda prisa, o en incesantes acometidas, como ocurre conlas universidades, los hospitales, las pensiones... y con la educacin toda,que buscan desmoronar para transformarla en negocio de unos cuantos.En esos servicios pblicos codiciados incluyen hasta las pensiones y jubi-laciones y el conjunto de la seguridad social. Todas esas actividades, envez de ser una carga fiscal, aumentan sus haberes y poderes. As como lospatrones de la educacin forman estudiantes mental y materialmente efi-caces y eficientes para los servicios que requieren, o los patrones de loshospitales estimulan tratamientos y medicamentos que duran tanto co-mo lo que permiten los recursos y seguros de los clientes

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  • Empeados en tan fieros empeos, los grandes patrones ni por asomopiensan en las personas a las que despojan y ponen en la calle, sanos o en-fermos, y que de la noche a la maana se quedan sin recursos para sus gas-tos elementales de salud, educacin, pensiones, produccin, comunicacin,servicios, alimentacin y hasta de agua para beber. Es ms, a quienes sevuelven vendedores de la calle, cuidadores de automviles, boleros*, plo-meros, relojeros, les quitan sus trabajos con persecuciones de la polica ocon productos que ya no tienen compostura, o que salen compactos delas grandes fbricas y, cuando una pieza no sirve, se van a la basura.

    La variada ofensiva afecta a grandes y pequeos pases, campos y ciu-dades, montes y lagos, ros y mares, suelos y subsuelos, lo cual significauna creciente disminucin de los empleos y de las fuentes de trabajo,medidas a las que acompaan con macropolticas de represin y corrup-cin que no solo incluyen la violacin de los derechos nacionales sobreel territorio, la poblacin, la soberana, sino los derechos humanos queellos mismos dicen defender y que de por s ya estn muy limitados.

    Entre sus agresiones destaca el incesante ataque a los derechos agra-rios de las comunidades, y el despojo por parte de narcos y mafiosos delos recursos y las tierras de ejidatarios*, comuneros y pequeos propie-tarios. La ofensiva no slo incluye los derechos sociales y los de los agri-cultores y campesinos, sino los derechos sindicales y los derechos ciuda-danos... Es ms, a la devaluacin de la moneda, a la inflacin crecienteque prepotentemente juraron controlar, aaden la congelacin de sala-rios en moneda y especie, o servicios y mercados antes subsidiados y hoydesaparecidos o por desaparecer a favor de megaempresas que todo loproducen y todo lo venden, hasta las semillas de las que la vida no nace,y los remedios que desatan pandemias.

    Mientras eso y ms ocurre y al mismo tiempo, los hacedores detanto dao, y que a tantos daan, se pasean y pavonean haciendocomo que son grandes seores, respetables funcionarios, responsa-bles y seguros empresarios, eficientes y eficaces hombres de Estado.A su pblica apariencia aaden un doble teatro que tambin pone

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    *. Lustrabotas.*. Propietario o usufructuario de un ejido o tierra comunal.

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  • en crisis la realidad... desaparecindola... La realidad no aparece!De un lado, si el xito de la dominacin en crisis se debe a la coopta-

    cin y colusin de cuadros y clientelas subordinadas y subrogadas quecirculan a travs de todo el sistema gubernamental abierto y encubierto,de otro se debe al arte maravilloso de la televisin, de la propaganda, a lasociedad de consumo, combinada con mezclas, alianzas y amalgamas deuna macropoltica de corrupcin y represin que funciona desde los gran-des mandos de la globalizacin neoliberal y desde la sombra hasta losgobiernos y grupos criminales abiertos y encubiertos que juegan sus res-pectivos papeles entre autonomas y sujeciones, entre soberanas y servi-dumbres, amalgamadas o coludidas. Con razn muchos autores no so-lo hablan de una crisis del capitalismo sino de una crisis de la civilizacin.

    Algo de eso es lo que est pasando aqu y en el mundo que domina elcomplejo empresarial-militar-poltico y meditico de Estados Unidos yde la Unin Europea, con sus redes de aliados, socios y subordinados deuna globalizacin que se distingue de la poltica imperialista anterior porlo menos en dos terrenos: uno consiste en que, ms que dominar a losEstados-Nacin desde un centro rector, las sedes imperiales estn orga-nizando una burguesa global, cuyos enlaces consolidados reciben el apo-yo necesario para enriquecerse y acumular, siempre que del ingreso na-cional total las corporaciones se queden con la mayor parte. A esas me-didas que organizan la lucha de clases global, quienes de veras mandanaaden otras por las que regularmente dominan a sus socios perifricos.Consisten estas en darles luz verde en la corrupcin y la represin, unacorrupcin y represin de las que se benefician en grande las metrpo-lis y que la banca mundial oculta, cuando en realidad son ellas y ellaquienes hacen del narcotrfico y el terrorismo uno de los principales ne-gocios del enlace globalizador de las corporaciones financieras, arma-mentistas, mineras, agroindustriales, constructoras, y de los variados ser-vicios que les dan para la construccin de infraestructuras y meganego-cios en las ciudades y territorios de la periferia, al tiempo que los gobier-nos nativos adquieren cuantiosas deudas interiores-exteriores, que no des-tinan al desarrollo del pas sino a la importacin de materiales y produc-tos que los prestamistas producen y de los que se deshacen en ventas ne-gociadas para el descomunal enriquecimiento y la buena marcha de las

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    Pablo Gonzlez Casanova

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  • corporaciones y sus deudores. La creciente deuda externa no se empleaas para adquirir bienes de produccin que les hagan competencia enmedio de la crisis sino para la adquisicin de bienes de consumo que lascorporaciones no tienen a quin vender.

    A tan nuevas y renovadas medidas se aade otra ms, que es impor-tante sealar, y es la que concierne a la organizacin global de la luchade clases, que corresponde a la impresionante novedad de los llamadosgolpes de Estado blandos aplicados sobre todo contra los llamados go-biernos progresistas o de izquierda. En la lucha global de clases seusan, con beneficios sin cuento, los vnculos entre el crimen organizadoy el gobierno local, asesorado e informado este por el gobierno global yapoyados abiertamente por las burguesas nacionales. En la lucha se com-binan las guerras internas, reales, con las virtuales, con o sin uso de losmilitares, y mediante la combinacin de la inflacin con el desabasteci-miento, de la publicidad y la propaganda con los agentes provocadores.La novedad prevaleciente se basa en el uso de las contradicciones de cla-se de pueblos y trabajadores, que tiran a los gobiernos progresistas conel apoyo de los poderes legislativo y judicial, y a veces con el del segun-dn en el poder ejecutivo, todo en medio de un ejrcito que defiende elorden legal existente... La globalizacin es otro imperialismo, muy otro,en Occidente y tambin en Oriente; en el neoliberalismo de aqu y enel estatismo no menos sofisticado de all.

    En cuanto a los gobiernos que luchan eficaz y eficientemente en lasredes de los socios comprometidos y leales, la globalizacin neoliberal apo-ya su fidelidad siempre que le den ms y ms de lo que les piden o queno incurran en desobediencias. En ambos casos se les amenaza con de-nunciarlos y, si es necesario, cuando ya no les sirven, las propias corpo-raciones y complejos apoyan las denuncias de latrocinios y crmenes, yles aplican los calificativos de gobiernos fallidos o de gobiernos cana-llas. As es el arte de gobernar eficientemente, as se ejerce una llama-da democracia que ha sido privatizada por las grandes corporacionesy utilizada por la clase poltica para ocupar puestos jugosos de eleccinpopular y disponer de las ventajas y concesiones de que se sirven sus je-fes polticos y clientelas.

    En Mxico, el sistema poltico, con sus sindicatos y organizaciones del

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  • antiguo sector popular, obrero y agrario, acta en un mundo fantasmag-rico en que las mutuas acusaciones de corrupcin o violencia criminal, in-dividual y colectiva, generalmente son inconsecuentes y all quedan enmeras denuncias; mientras los partidos polticos, a ms de sus luchas in-ternas y de sus alianzas desideologizadas entre los que se dicen de derechao de izquierda, ms que presentar y defender un programa alternativo so-cialdemcrata, o reformista, o que retome como programa la Constitu-cin que ya se deshizo, se dedican a acusaciones personales de latrocinios,crmenes y flaquezas, con un agravante ms: que cuando presentan unprograma para la solucin de los problemas nacionales y sociales, sus can-didatos, una vez elegidos, casi siempre se olvidan de las promesas y mues-tran, con variados tonos, su pobre y elocuente deterioro moral.

    En medio de tan grave situacin se dan dos circunstancias a nivel mun-dial que hacen cada vez ms necesaria la organizacin de los pueblos ylos trabajadores: la amenaza a la vida en la Tierra si el capitalismo sub-siste, y el horror sistmico que vive la humanidad con la actual organi-zacin del trabajo y de la vida.

    Para la solucin de todos esos problemas y para el establecimiento deuna democracia desde abajo y con los de abajo, el papel de los trabaja-dores va a ser crucial, y a su presencia como actores fundamentales de laemancipacin quiero dedicar unas palabras finales, a reserva de referir-me en otra ocasin al reciente Congreso Nacional Indgena y del EZLNcon su extraordinario acuerdo de consultar a sus comunidades sobre laposibilidad de librar la lucha electoral con todos los mexicanos que sesumen al proceso emancipador, y que para ello fundan el poder del pue-blo mexicano. Los trabajadores cumplirn en este y en todos los proyec-tos emancipadores un papel fundamental para su organizacin y xito.

    De hecho, todos los problemas referidos incluyen la presencia activade los trabajadores en su sentido ms amplio, que es el correcto, y al mis-mo tiempo hay otros problemas que directamente les conciernen y delos que me gustara hablar, as como de los retos que se les presentan pa-ra una organizacin y una lucha que puedan hacer de la clase obrera ydel pueblo trabajador uno de los actores que con su vanguardia cons-truya la democracia, es decir, la soberana del pueblo sobre la de monar-cas, oligarquas, burocracias y corporaciones.

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  • La crisis est afectando en el mundo y en nuestro pas a los trabajado-res como a la inmensa mayora de los seres humanos y amenaza afectara todos los seres vivos y al mismo planeta Tierra. Esto es cientficamen-te exacto. Pero por lo que se refiere a los trabajadores, algunos datos ycifras pueden ser muy ilustrativos, y son esenciales para darnos cuentade la urgente tarea de organizarnos y de las mejores formas de hacerlo.

    Empleo un estilo telegrfico para dar cuenta de algunos. Segn la Or-ganizacin Internacional del Trabajo, 25 millones de personas son vc-timas de trabajo forzado. Segn la Walk Free Foundation, el nmero deesclavos en Mxico es de 376.800 personas. Los peligros de desempleopor la robotizacin y el uso de nuevas tecnologas y de sistemas inteli-gentes varan en las distintas regiones y en una misma regin. El riesgode la automatizacin del trabajo en los pases de la OCDE alcanza el9%. Parece estar subestimado... Una investigacin de la Universidad deOxford calcula que los trabajos en alto riesgo de perderse alcanzan al47% en Estados Unidos.

    En todos estos casos se habla de trabajos que pueden ser automati-zados en una dcada o dos. La mayora corresponde a transportes, la-bores de produccin y tambin de trabajo administrativo y de ofici-na. Otra amenaza ms se refiere a los desplazados por la violencia, quesegn el Consejo Noruego para refugiados en Mxico llegan por lomenos a 281.400, con unos que son masivos es decir de 10 o ms fa-milias, y en que destacaron 15 estados. De 2007 a 2011 se estimaque pasaron a Estados Unidos 115 mil personas de las 254 mil quequeran entrar solo en Ciudad Jurez.

    Como la ayuda a los campesinos ha sido totalmente abandonada deacuerdo con la poltica neoliberal globalizadora, 11.300.000 mexicanosse encuentran en la extrema miseria, cifra proporcionada por el Conse-jo Nacional de Evaluacin de la Poltica de Desarrollo Social, el CONE-VAL. Entre trabajadores, periodistas, estudiantes, lderes comunales y mu-chos otros, como vctimas se registran ms de 100.000 homicidios in-tencionales de 2006 a 2012, segn el Informe Especial de la ONU so-bre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias.

    Segn cifras estimadas de organizaciones de la sociedad civil, el pro-medio anual de migrantes indocumentados que ingresa a Mxico pue-

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  • de llegar a 400 mil. Y hay migrantes que llegan de Asia, frica, el Cari-be, Sudamrica, que tratan de pasar a Estados Unidos como indocu-mentados por ciudades del Este y el Oeste. La emigracin actual es in-mensa; la del futuro tiende a ser mayor.

    No puede uno ignorar que todos estos datos son muy incmodospara los ricos y los poderosos y para quienes los encubren y ensalzan,que simplemente no quieren or nada del mundo desagradable. Pero sonmuy importantes para quienes creemos que otro mundo es posible y lu-chamos poco o mucho para que hasta lo que parece imposible sea posi-ble, como deca aquel letrero del 68. Y querramos terminar este recuen-to refirindonos a los jvenes, que son quienes van a vivir en el futuroinmediato como trabajadores manuales e intelectuales.

    Sobre todos ellos pesa el peligro de la privatizacin de escuelas y uni-versidades. Al conflicto magisterial que la llamada reforma educativa alen-t se aaden crecientes daos y amenazas a las escuelas y universidadespblicas. En ambos niveles, niez y juventud viven problemas que pa-recen identificarse con una poltica expresa y no solo indirecta de des-arrollo del subdesarrollo. No debemos nada ms enfrentar esa polticasino acrecentar las fuerzas de pueblos y trabajadores y de las organiza-ciones que con ellos y para ellos luchan por otra organizacin del traba-jo y de la vida.

    Ser trabajador es ser obrero, campesino, empleado, profesor, inge-niero, mdico, abogado, y profesionista en el uso de las manos y lainteligencia. Si en los trabajadores productivos se encontr por la te-ora crtica al protagonista de la emancipacin, la historia fue mos-trando varios hechos significativos que es necesario llevar a la con-ciencia y a la accin.

    Uno de ellos es que a los trabajadores de la produccin industrialse tienen que aadir hoy los de la agricultura, los de las comunida-des, los desplazados, los sin papeles y tambin los de la distribucin,los transportes y servicios, as como los trabajadores que viniendo delas clases subalternas y de los sectores medios viven en carne propiay en su conciencia la irracionalidad de un sistema dominado porquienes estn enfermos de poder, utilidades y riquezas, a tal gradoque se oculta el estado universal de barbarie y de inmoralidad que el

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  • sistema dominante impone, amenazando hoy la existencia de la pro-pia vida de sus beneficiarios y la de sus descendientes, hechos todosque no son producto de mentes deprimidas a las que acusan de ca-tastrofistas, sino de quienes, junto con los pueblos y los trabajadoresorganizados en su moral de lucha, de cooperacin y participacin, lidia-remos y venceremos.

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  • Una dcada de transformaciones en Amrica Latina

    Daniel Filmus*

    El inicio del Siglo XX coincidi con el surgimiento de profundos pro-cesos de transformacin poltica, econmica y social en Amrica Latina.Sobre fines de los 90, la regin haba atravesado por un perodo de crisisde una magnitud sin precedentes producto de la aplicacin de las polti-cas recomendadas por el llamado Consenso de Washington. Duranteesta dcada, la fuerza del mercado, impulsada por el proceso de globaliza-cin econmica, impregn todos los aspectos de la vida del continente.Reduccin del papel del Estado, privatizacin de empresas pblicas, fle-xibilizacin laboral, desindustrializacin, predominio del sector financie-ro y cesin de soberana poltica y econmica fueron algunas de las prin-cipales caractersticas de esta etapa.

    A pesar del relativo xito que por momentos mostr la propuestaneoliberal en la evolucin de determinados indicadores macro-eco-nmicos (como una tendencia al crecimiento del PBI, el control dela inflacin y el logro de una disciplina fiscal), los resultados de estaspolticas fueron dramticos para la mayora de los latinoamericanos.El aumento de la desocupacin, la desigualdad y la exclusin fueronuna caracterstica comn a toda la regin. Las democracias dbiles,que haban sucedido a las dictaduras que predominaron durante lasdcadas de los 70 y 80, se vieron sometidas a demandas populares deuna envergadura sin precedentes y no encontraron respuestas que les

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    * Daniel Filmus es socilogo (UBA), magister en Educacin e investigador del CONI-CET. Fue secretario de Educacin de la Ciudad de Buenos Aires (2000-2003) y minis-tro de Educacin de la Nacin (2003-2007); miembro del Consejo Ejecutivo de la Unes-co (2007-2011, reelegido en 2013); senador nacional (2007-2013); y secretario de Asun-tos Relativos a Malvinas y Atlntico Sur de la Cancillera (2014-2015).El presente artculo sintetiza las ideas propuestas en el trabajo El fin del casillero vaco.Una dcada de transformaciones y desafos pendientes en Amrica Latina que forma par-te de la compilacin Pensar el Kirchnerismo realizada por Daniel Filmus y editada por Si-glo XXI (2016).

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  • permitieran mantener los proyectos de concentracin de la riquezavigentes. De esta manera, dejaron lugar a nuevos procesos popularesque, aun con caractersticas diferenciales en cada pas, mostraron ras-gos comunes.

    Algunos de estos procesos provenan de largas tradiciones en la luchapor el acceso al gobierno, como el caso del Partido de los Trabajadores(PT) en Brasil y el Frente Amplio (FA) en Uruguay. En cambio, la ma-yora de los nuevos gobiernos de la regin surgieron de situaciones dif-cilmente predecibles en los aos anteriores, que tuvieron como comndenominador un origen vinculado a la profunda crisis de representati-vidad de los partidos polticos tradicionales. Entre otros, el acceso a laconduccin del Estado por parte de Hugo Chvez, Nstor Kirchner, EvoMorales, Rafael Correa y Fernando Lugo responden a este fenmeno defalta de condiciones de sustentacin por parte de los grupos de poderpoltico y econmico.

    Luego de una dcada larga de importantes transformaciones realiza-das por estos nuevos gobiernos nacionales y populares es posible analizarque, por primera vez en muchos aos, un conjunto importante de pasesde la regin logr combinar un pujante crecimiento econmico con unamejor distribucin de la riqueza (Barcena A. y Prado A., 2016 y Filmus,D., 2016). Este hecho, indito para el medio siglo anterior, es productode que la mayor parte de estos gobiernos ha llevado adelante polticas noortodoxas en el campo econmico y social. Polticas que significaron afec-tar los intereses de los sectores de privilegio y avanzar en modelos que per-mitieron redistribuir la riqueza en direccin a los grupos poblacionaleshistricamente ms postergados.

    En un contexto de relativo repliegue de los gobiernos populares a partirdel triunfo electoral de la derecha en Argentina, el golpe de Estado blan-do en Brasil y la derrota del referndum por la reeleccin en Bolivia, re-sulta necesario abrir un anlisis acerca de las conquistas y asignaturas pen-dientes de esta ltima dcada en Amrica Latina. En esta direccin, el pre-sente artculo tiene como objetivo presentar un sinttico panorama sobrelos procesos comunes que vivieron los pases de la regin, enfatizando lostrascendentes avances que se han logrado en torno al crecimiento econ-mico, igualdad social, democratizacin de derechos e integracin regio-

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  • nal. La mirada sobre cada uno de estos procesos tambin permite identi-ficar los lmites y las dificultades que los modelos de desarrollo econmi-co social progresistas tuvieron en su implementacin. El anlisis de lasconquistas y las tareas pendientes se torna imprescindible para plantearlos desafos futuros de los movimientos nacionales y populares latinoame-ricanos en los difciles momentos que debe transitar.

    1. Plena vigencia de la institucionalidad democrticaUno de los rasgos comunes a los procesos transformadores latinoameri-

    canos ha sido el respeto por los sistemas democrticos. A diferencia de lasexperiencias ocurridas en los aos setenta, el impacto de las dictaduras enel continente gener una profunda conciencia sobre la necesidad de quelos cambios polticos, econmicos y sociales deban ocurrir en un contex-to de plena vigencia de la institucionalidad democrtica. Este no es un te-ma menor si tomamos en cuenta que, como ya hemos sealado, muchosde estos procesos transformadores surgen a partir de profundas crisis delegitimidad de la representacin popular y de los partidos polticos.

    Crisis que en un conjunto de casos (Argentina, Venezuela, Bolivia, en-tre otros) desencadenaron situaciones de violencia y de peligro de ruptu-ra del orden constitucional. Quizs el ms emblemtico lo constituya elacceso al gobierno del primero de los lderes de esta etapa, Hugo Chvez(1999), por la va electoral, tras haber intentado llegar al poder medianteun levantamiento militar en 1992. Por el contrario, en numerosas ocasio-nes los gobiernos progresistas fueron los que debieron enfrentar embatescontra la institucionalidad. Algunos exitosos, como las experiencias de Hon-duras (2009) y Paraguay (2012) y, ms recientemente, Brasil (2016).

    En estos casos, mediante mecanismos espurios vinculados a los poderesLegislativo o Judicial y con un fuerte apoyo de los medios de comunica-cin hegemnicos, las fuerzas conservadoras lograron derrocar a los presi-dentes bajo una fachada de aparente continuidad democrtica. TambinEvo Morales, Hugo Chvez y Rafael Correa sufrieron otros intentos deruptura institucional. En todos estos casos, la fuerte movilizacin popu-lar, combinada con un inmediato accionar de los presidentes y de los or-ganismos regionales, impidi que los intentos golpistas de diferente tipoconsiguieran deponer a los mandatarios.

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  • La nueva institucionalidad regional, encabezada por el Mercado Co-mn del Sur (Mercosur) y la Unin de Naciones Suramericanas (Una-sur), jug un papel preponderante en estos procesos, a partir de la apro-bacin unnime en cada uno de estos organismos de Cartas Democrti-cas que sancionan muy fuertemente a aquellos pases donde se produzcala ruptura del orden institucional. El embate parlamentario, judicial ymeditico que provoc la destitucin en el cargo de Dilma Rousseff, tam-bin se enmarca en este tipo de golpes blandos o blancos, que la ofen-siva conservadora neoliberal intenta imponer en la regin con el objeti-vo de desestabilizar y destituir a los gobiernos progresistas.

    2. El Estado vuelve a ocupar un rol central en la conduccindel modelo de desarrollo

    La reconstruccin de un Estado fuerte y activo, capaz de liderar los pro-cesos de transformaciones, fue uno de los principales desafos de los nue-vos gobiernos de la regin. Ello implic un profundo cambio en las es-tructuras y el papel que deba desempear el Estado, pero tambin exigiun gran cambio cultural respecto de la mirada social que la poblacin te-na de este. La destruccin del Estado desarrollista que en Amrica Latinahaba liderado los procesos de crecimiento de la posguerra fue uno de losobjetivos centrales planteados por el Consenso de Washington para apli-car las polticas de mercado y desregulacin (Smith y Korzeniewicz, 2000).Para ello, se realiz un profundo trabajo de deslegitimacin de su papelen la sociedad. Como plantearon algunos autores (Barbeito y Lo Vuolo,1992), los gobiernos neoliberales de las dcadas finales del Siglo XX se es-forzaron por transformar el Estado de Bienestar en un Estado de Males-tar, costoso, ineficiente, burocrtico y regresivo, al que los medios de co-municacin contribuyeron fuertemente en deslegitimar frente a la opi-nin pblica. De esta manera, el desmantelamiento y la privatizacin delas funciones que desempeaba el Estado, realizado durante los noventa,se llev adelante con un alto grado de legitimidad y consenso social.

    Una dcada despus, la enorme crisis que signific el fracaso del merca-do como regulador del orden econmico y social posibilit que la tareade reconstruccin se efectuara con un creciente consenso social respectode la necesidad de recuperar su rol histrico. La ausencia de Estado no so-

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  • lo gener la destruccin del aparato productivo en muchos pases de la re-gin, con su consecuente desocupacin y pobreza, sino que al mismo tiem-po impidi el acceso a polticas pblicas de proteccin social a quienesquedaron marginados del proceso econmico.

    La recuperacin del papel del Estado se hizo sobre la base de la necesi-dad de su participacin en la conduccin del proceso de desarrollo y dedistribucin de la renta y los bienes que ese desarrollo genera. Un requisi-to previo fue la recuperacin de la credibilidad en la capacidad estatal pa-ra servir al bien comn. En este sentido, cumpli un rol destacado la con-fianza del pueblo en los lderes que accedieron a los gobiernos que con-dujeron la nueva etapa, lo que se tradujo en una importante relegitima-cin del Estado. De esta manera, como se seala en un reciente trabajo,podemos sostener que actualmente, y a diferencia de dcadas pasadas,existe en la regin un mayor consenso respecto de que el papel del Estadoes decisivo a la hora de garantizar los bienes pblicos, dinamizar el creci-miento, fomentar el desarrollo productivo, intervenir en el desarrollo te-rritorial y promover polticas igualitarias para concretar derechos y gene-rar consensos en torno a pactos fiscales con efectos redistributivos (Br-cena y Prado, 2016).

    Uno de los aspectos centrales del nuevo rol del Estado estuvo vincula-do a su recuperacin como actor econmico a partir de las nacionaliza-ciones y estatizaciones de empresas de vital importancia en sectores estra-tgicos de la economa. Ello permiti cumplir un triple objetivo: apro-piarse de la capacidad de conducir el proceso de desarrollo, recuperar so-berana nacional en la toma de decisiones y estatizar una parte importan-te de la renta para dirigirla a la inversin pblica y a los programas socia-les. Particular trascendencia tuvo la nacionalizacin de las empresas de hi-drocarburos. Venezuela (1999), Bolivia (2006), Ecuador (2007) y Argen-tina (2012) recuperaron para el Estado la capacidad de conducir las em-presas petroleras.

    Los pases que ms avanzaron en la nacionalizacin y estatizacin de sec-tores de la economa y empresas han sido Venezuela, Bolivia y Argentina.Bolivia tom el control de las minas de estao (2006), el acero (2007), lostelfonos (2008) y las compaas elctricas (2010 y 2012). En Venezuela,las estatizaciones ms importantes fueron las de la electricidad (2007), te-

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  • lefona (2007), cemento (2007) y el Banco de Venezuela (2008). La Ar-gentina, uno de los pases donde los procesos de privatizacin haban si-do ms agresivos durante los noventa, emprendi un camino de recupe-racin de los principales resortes de la economa a partir de 2005, cuandoestatiz el correo. La empresa Aguas Argentinas (2006), los fondos de pen-sin (2008), la compaa area de bandera Aerolneas Argentinas (2009)y la fbrica de aviones (2009) fueron algunos de los pasos que se dieronen el camino de colocar al Estado en un lugar central en torno a la con-duccin del proceso de desarrollo econmico.

    Otro indicador del incremento del papel del Estado en el modelo de de-sarrollo es el importante crecimiento del gasto pblico, que permiti am-pliar su capacidad para dinamizar la economa, favorecer el crecimiento ygenerar nuevas fuentes de empleo a travs de la obra pblica. Al mismo tiem-po, y siguiendo una tendencia procclica, tambin se ampli fuertementeel gasto social. Este haba mostrado un leve incremento a mediados de ladcada de los noventa, pero culmin con un leve retroceso a comienzosde los dos mil. De esta manera, la participacin del gasto pblico comoporcentaje del PBI fue del 25% en el bienio 1992-1993 y descendi al 24,5%para el bienio 2002-2003. A partir del bienio siguiente, el gasto pblicocreci hasta el 29,2% para 2010-2011.

    Cabe destacar que el mayor incremento del gasto ocurri a partir de2008, ahora en un claro papel contracclico, para hacer frente a las conse-cuencias que la crisis financiera global tuvo sobre nuestras economas. Es-ta situacin oblig a reforzar los programas sociales de lucha contra la po-breza y a reorientar el gasto para evitar el efecto regresivo del aumento delos precios de los productos bsicos. Pero tambin los gobiernos tomarondiferentes medidas para la estabilizacin de la demanda interna, median-te el aumento del gasto pblico no social (en especial, la inversin en in-fraestructura) como, sobre todo, del gasto social, incluidos programas deempleo y fomento productivo (crditos a microempresas) y de vivienda (Ce-pal, 2015). En los ltimos aos, la desaceleracin del crecimiento econ-mico de los pases de la regin provoc una leve cada del gasto pblicocon relacin al PBI y, al sostenerse el gasto social, este alcanz proporcio-nalmente los niveles ms altos.

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  • 3. Prioridad en el crecimiento del mercado interno y lageneracin de trabajo

    Como sealamos, otro de los rasgos comunes de los procesos de los pa-ses latinoamericanos que lograron combinar crecimiento con distribu-cin de la riqueza fue el esfuerzo por intentar cambiar el patrn de creci-miento, favoreciendo el desarrollo de un modelo productivo ms centra-do en la generacin de trabajo y el mercado interno. Sin lugar a duda, lascondiciones de financiamiento externo favorables y el alza en los preciosde los productos primarios exportables jugaron un papel fundamental enel proceso virtuoso que vivieron los pases de la regin. Sin embargo, es-tos factores no explican por s mismos las transformaciones producidas.

    Las polticas de fomento a la industrializacin, a la capacidad de agre-gar valor a partir de la innovacin tecnolgica y a la demanda interna, aun-que incompletas, produjeron el acceso al consumo de grandes masas depoblacin histricamente marginadas. A la vez, en muchos casos posibili-taron la movilidad social ascendente hacia la clase media de importantessectores que vivan en la pobreza (Quenan, 2014). Estas medidas fueronacompaadas por polticas especficamente destinadas a proteger el traba-jo registrado y revertir el proceso de flexibilizacin y desregulacin labo-ral que imper en los noventa.

    Al contrario de lo que haba ocurrido en la dcada anterior, donde elcrecimiento econmico estuvo acompaado de un aumento constante dela desocupacin y el trabajo informal, en el perodo 2003-2014 el incre-mento del PBI produjo un fuerte ascenso de los niveles de ocupacin y detrabajo formal. En los noventa, la desocupacin en la regin se incremen-t del 7,5 a casi el 12%. En la ltima dcada, en cambio, el porcentaje dedesocupados se redujo casi a la mitad.

    Esta cada en la desocupacin estuvo ntimamente vinculada tanto al cam-bio en el modelo de desarrollo que privilegi las reas productivas quefavorecieron la creacin de fuentes laborales como a la puesta en marchade polticas pblicas dirigidas especficamente a expandir el empleo y aproteger y regular las condiciones del trabajo. La dimensin laboral ha ad-quirido centralidad en el mbito de las polticas econmicas y sociales dela ltima dcada de la regin (Cepal-OIT, 2014). Gran parte de los pa-ses han desarrollado estrategias que mejoran los ingresos de los trabajado-

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  • res, como el aumento del salario mnimo, y diversas medidas para promo-ver la formalizacin y fortalecer la institucionalidad laboral.

    Todas estas polticas permitieron que la baja en la desocupacin es-tuviera acompaada de un aumento en la proporcin de asalariadoscon contrato formal (del 53,4%, en 2002, al 57,2%, en 2013), la im-portante ampliacin de la cobertura de salud, que lleg a casi dos ter-cios de la poblacin ocupada, y la disminucin de la brecha de ingre-sos laborales entre hombres y mujeres. De todas maneras, los princi-pales cambios en el mercado de trabajo ocurrieron en el aspecto cuan-titativo y no cualitativo, ya que la ampliacin de este continu sobretodo en sectores de productividad relativamente baja y media (Brce-na y Prado, 2016).

    Por otra parte, este cambio en la orientacin del modelo de crecimien-to, cuyas limitaciones analizaremos ms adelante, tambin gener con-diciones para enfrentar las consecuencias de la crisis financiera globalque ocurri a partir de 2008. Al contrario de lo que ocurri en otras re-giones del mundo, los pases de Amrica Latina mostraron un alto ni-vel de resiliencia a nivel de crecimiento econmico, situacin financieray sostenimiento de condiciones de vida de la poblacin. Como seala Car-los Quenan: Amrica Latina evit una recesin ms profunda y pudohacer frente a las turbulencias internacionales sin caer en una crisis mo-netaria o financiera desestabilizadora gracias a una disminucin de lasfuentes de vulnerabilidad durante la fase de crecimiento que se abri en2003 (Quenan, 2014).

    Sin embargo, es evidente que el impacto de la crisis global produjouna fuerte desaceleracin del crecimiento econmico en la regin. Es-te menor ritmo de crecimiento estuvo acompaado de sntomas quenos alertan sobre el amesetamiento en torno a las mejoras sociales queobtuvo la poblacin en la dcada anterior. Estos problemas estructura-les que evidencian los procesos de desarrollo estn vinculados a las de-bilidades que todava hoy podemos observar en los cambios del mode-lo productivo e impactarn fuertemente en la generacin de condicio-nes adversas para la continuidad de los procesos nacionales y popula-res en Amrica Latina.

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  • 4. Avances en la lucha contra la pobreza y la desigualdadEl desafo de la igualdad es el ms importante que enfrentan los gobier-

    nos de la regin. Es sabido que Amrica Latina no es el continente conmayor pobreza, pero s con mayor desigualdad en el mundo. El papel ac-tivo del Estado fue fundamental para convertir esta problemtica en unode los temas centrales de la agenda de las polticas pblicas. A partir de losaos dos mil se comenzaron a instaurar con fuerza nuevas concepcionesrespecto de la igualdad, que incorporan otras miradas sobre el rol del Es-tado, considerando que es su obligacin garantizar un enfoque integral delos derechos ciudadanos, en el que estos ya no podan restringirse a la par-ticipacin ciudadana en la institucionalidad democrtica a travs del vo-to. Los derechos humanos, econmicos, sociales y culturales cobraron ma-yor preponderancia tanto en la legislacin de cada uno de los pases comoen las polticas econmicas y sociales.

    En cuanto a los ingresos, esta mirada permiti que la ltima dcada sig-nificara un quiebre importante con respecto a las tendencias de evolucinde la pobreza y la desigualdad de las dcadas anteriores. El balance de losochenta haba mostrado que el estancamiento econmico de la regin ha-ba sido acompaado de un importante crecimiento de la pobreza, quepas del 40,5 al 48,4% de los habitantes. Casi la mitad de los latinoame-ricanos eran pobres sobre los inicios de los noventa. En esa dcada, a pe-sar del crecimiento econmico, la disminucin de la pobreza medida en por-centaje fue muy leve (del 48,4 al 43,8%). Pero en valores absolutos, la can-tidad de pobres aument de 204 a 225 millones de personas. Las polti-cas aplicadas a partir de inicios del nuevo siglo permitieron que la pobre-za descendiera fuertemente: del 43,9 al 29,2% entre 2002 y 2015. La ca-da de la indigencia tambin mostr indicadores importantes: del 19,3 al12,4% en esos aos.

    Sin embargo, es posible marcar dos momentos muy diferentes en esteperodo. El primero termina con la crisis mundial de 2008 y se caracteri-za por una baja de la pobreza de manera abrupta: entre 2002 y 2007, elnmero de personas pobres se redujo a un ritmo del 3,8%, y el de indi-gentes, al 7,1% anual. A partir de ese momento, la disminucin de la po-breza y la indigencia fren su ritmo hasta amesetarse e inclusive invertirla tendencia en nmeros absolutos en los ltimos aos.

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  • Ello no implica que el impacto de las condiciones internacionales hayasido homogneo en los distintos pases de la regin. Mientras que en al-gunos de ellos (como Uruguay, Bolivia, Argentina, Brasil, Per, Chile yEcuador) la pobreza continu descendiendo, en otros (particularmenteen Mxico y Venezuela) la tendencia fue inversa.

    En cuanto a la desigualdad, tambin se verific un cambio importanteen comparacin con la tendencia al aumento constante de las dcadas an-teriores. Los estudios basados en el coeficiente de Gini muestran que ladesigualdad disminuy en proporciones significativas en quince de dieci-siete pases de la regin en el perodo comprendido entre 2002 y 2011.Por supuesto, el nivel de reduccin de la desigualdad no ha sido homog-neo entre los distintos pases ni en los diferentes subperodos. Entre 2002y 2008, el ritmo de disminucin de la desigualdad super el 1% anual enArgentina, Brasil, Per, Venezuela y Uruguay (Cepal, 2015). Paradjica-mente, la reduccin de la desigualdad se produjo en forma ms manifies-ta a partir de 2008. Uruguay, Bolivia, El Salvador, Argentina y Ecuador,entre otros, muestran un descenso ms marcado del coeficiente de Ginien este perodo.

    En casi todos los casos, esta reduccin de la desigualdad est mucho msvinculada a la creacin de trabajo, a la mejora de los ingresos salariales yal papel del Estado en la inversin social pblica en reas como la educa-cin, salud y previsin social, que a la accin fiscal directa a travs de laredistribucin producida por la accin impositiva. La posibilidad de unareforma tributaria progresiva de gran envergadura contina pendiente.

    Como ya sealamos respecto de la desigualdad, el ingreso laboral cons-tituye el principal factor del ingreso total de los hogares y, por lo tanto,el mayor determinante de la mejora de la condicin econmica de lasfamilias. En la mayor parte de los pases de la regin se combinaron doselementos que mejoraron el ingreso laboral. Por un lado, el incrementodel ingreso laboral medio por ocupado, al haberse producido una reduc-cin en la brecha salarial entre trabajadores calificados y de baja califi-cacin. Por otro, la incorporacin de ms miembros de la familia al mer-cado laboral.

    Cabe destacar que, salvo en los casos de Argentina y Brasil, dondeaument la participacin de la masa salarial en el total del PBI, en el

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  • resto de los pases no se modific la distribucin funcional del ingresoentre trabajadores y propietarios del capital. Ello significa que en la ma-yor parte de los pases no se pudo volver atrs con los procesos de con-centracin del beneficio del crecimiento en manos del capital, que sehaba manifestado en las dcadas de hegemona neoliberal. Esta situa-cin agrega incertidumbre al comportamiento futuro de la tendencia ala disminucin de la desigualdad en la regin en momentos de escasocrecimiento de las economas.

    Pero, junto con la mejora producida por la situacin laboral, hubo otraspolticas pblicas que marcaron una presencia activa del Estado y contri-buyeron a la disminucin drstica de la pobreza. Estas polticas fueron po-sibles porque se increment en gran medida el gasto social. Entre 2000 y2010, el gasto pblico aument del 25 al 30% del PBI en la regin. A suvez, el gasto social pas de un promedio del 55% del presupuesto pbli-co en la dcada de los noventa, a casi el 65% en los ltimos aos. Comoal mismo tiempo el PBI de la regin creci en un porcentaje cercano al50%, el incremento de los recursos que los gobiernos destinaron a aten-der la cuestin social mostr una envergadura indita. La mayor parte (el51,3%) del aumento del gasto social como porcentaje del PBI se debe ala inversin realizada en seguridad social y planes de asistencia social. Laimportante ampliacin de la cobertura a la atencin de la previsin social,inclusive a sectores que no haban aportado en su vida como trabajado-res, y el progresivo envejecimiento de la poblacin en un conjunto de pa-ses explican el crecimiento del gasto en la seguridad social.

    Respecto de la asistencia social, el nuevo enfoque en torno a los dere-chos sociales que imper en muchos pases de la regin en la ltima dca-da signific el desarrollo de numerosos programas sociales destinados a lossectores ms postergados y con precarias condiciones de acceso al trabajoformal. Entre ellos, cabe destacar los programas de transferencia condi-cionada (PTC), que constituyen transferencias monetarias y no moneta-rias a familias en situacin de pobreza con hijos menores de edad, con lacondicin de que cumplan con compromisos asociados a condiciones desalud, educacin y nutricionales de los hijos. Surgidos a partir de las ur-gencias que plante la crisis de los dos mil, durante la ltima dcada in-crementaron fuertemente su cobertura, su alcance geogrfico, el monto

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  • de las transferencias realizadas y el nivel de institucionalizacin dentro delmbito de las polticas sociales de cada uno de los pases. En muchos ca-sos se convirtieron en verdaderos smbolos del compromiso del Estadocon la universalizacin de los derechos a partir de cambios constituciona-les y legislativos que comienzan a explicitar la necesidad de este tipo depolticas redistributivas.

    Algunos de los programas que mostraron mayor nivel de impacto fue-ron el Programa Bolsa Familia (Brasil), la Asignacin Universal por Hijo(Argentina), Plan Equidad (Uruguay), Chile Solidario (Chile), Bono Ja-cinto Pinto (Bolivia), Bono de Desarrollo Humano (Ecuador) y el Pro-grama Tekopora (Paraguay).

    La inversin en educacin fue otro de los destinos del gasto social quemayor alza tuvo en la ltima dcada (1,9% del PBI). La mayor parte delos esfuerzos estuvieron dirigidos a la ampliacin de la cobertura, tantohacia la primera infancia como hacia el nivel medio. Ello permiti que,por ejemplo, la proporcin de jvenes de la regin en edad de terminar elsecundario que obtuvo el ttulo medio pasara del 37 al 58% entre 1997 y2013. Cabe destacar que la mayor inversin y el aumento de los ndicesde escolaridad en todos los niveles tambin tuvieron su correlato en la dis-minucin de la desigualdad educativa medida en aos de escolaridad.

    El gasto en salud y especialmente el destinado a vivienda, agua potable,saneamiento y equipamiento comunitario fueron los que menos se incre-mentaron en la ltima dcada. Sin lugar a duda, esta escasa inversin im-pacta en el mantenimiento de grandes bolsones de marginalidad territo-rial y habitacional que rodean a los principales centros urbanos de Am-rica Latina. La concentracin poblacional de los sectores de menos recur-sos incide fuertemente en la reproduccin social de un conjunto de fen-menos que, como la inseguridad, la marginalidad urbana, la precariedaddel acceso a los bienes pblicos, etctera, profundizan las condiciones desegregacin y pobreza.

    En sntesis, a pesar de las deudas sociales persistentes, el avance en tor-no a la igualdad en Amrica Latina ha sido sustantivo. Como seala la Ce-pal (2012), el crecimiento, con mayor nfasis en la accin social del Esta-do y mayor equidad distributiva, signific un fortalecimiento de la ciuda-dana social. En esta materia, el primer decenio del Siglo XXI fue una d-

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  • cada ganada para Amrica Latina. Este progreso es particularmente valo-rado en un momento en que en la mayor parte de los pases del mundose verifican tendencias a profundizar la regresividad distributiva (Gmez Sa-baini, Jimnez y Podest, 2010). Por ello, el citado trabajo de la Cepal con-cluye que Amrica Latina, una regin tradicionalmente rezagada en el te-ma, comenz a cerrar la brecha que la separa de las naciones ms de-sarrolladas.

    5. Ampliacin de derechos y nuevas formas de participacin democrtica

    La ampliacin de los derechos de gnero, etnia y raza en los aos quesiguieron al inicio de siglo en Amrica Latina fueron sustantivos encasi todos los casos, si bien los pases avanzaron con dinmicas y tiem-pos diferentes.

    En lo que respecta a las mujeres, los logros fueron muy importantes.Alcanzaron una paridad absoluta en el acceso a los distintos niveles delsistema educativo, por lo que hoy la escolaridad no muestra brechas degnero. En el caso de la educacin superior, por ejemplo, al contrariode lo que ocurre en otras regiones en desarrollo, la diferencia es ligera-mente mayor a favor de las mujeres. El 23,5% de ellas concurren a es-te nivel, mientras que en los varones matriculados el porcentaje se re-duce al 21,5%. Es posible afirmar que las mayores desigualdades de g-nero en el mbito educativo se vinculan a que los tipos de carrera pro-fesional donde predomina la matrcula femenina son relativamente me-nos valorizadas por el mercado.

    En cuanto al acceso al mundo del trabajo, las brechas se redujeron, aun-que distan de alcanzar los niveles de igualdad del sistema educativo. Enlos ltimos quince aos, la participacin de las mujeres en el mercado la-boral tuvo un incremento del 40 al 53%. La proporcin de mujeres siningresos propios baj del 42%, en 2002, al 32%, en 2011. Ello se debi,en buena medida, a los PTC. Sin embargo, el ndice de desocupacin esun 35% ms alto en el caso de las mujeres, quienes al mismo tiempo tie-nen mayor presencia en el sector informal y en actividades precarias, do-msticas y de menores ingresos.

    Las mejoras obtenidas respecto de la igualdad de gnero en relacin

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  • con el mercado laboral, aun con las limitaciones sealadas, estn nti-mamente vinculadas a las polticas pblicas aplicadas por los Estados.Algunas de ellas son la promocin del acceso al empleo, la creacin deinstancias de formacin profesional, la ampliacin de la licencia por ma-ternidad, la puesta en marcha de programas de atencin a la infancia fo-calizados en la transferencia de ingresos a las madres, la proteccin deltrabajo domstico, el reconocimiento del trabajo en el hogar y la imple-mentacin de nuevos programas de ampliacin de la previsin y protec-cin social para mujeres.

    El derecho a la participacin poltica de las mujeres se ampli de mane-ra sustantiva. Numerosos pases implementaron legislaciones que promue-ven su participacin en los poderes Legislativo y Ejecutivo. Pero cuatro deellos alcanzaron la paridad de representacin en sus Congresos: Ecuador(2007), Bolivia (2010), Venezuela (2008) y Costa Rica (2009).

    Es mucho tambin lo que se avanz respecto de los derechos relaciona-dos con la salud sexual y reproductiva que, en muchos casos, se incorpo-r a la Constitucin. Sin embargo, en pocos pases (Argentina, Colom-bia, Costa Rica, Ecuador, Mxico y Paraguay) existe un marco legal de ni-ez y adolescencia para la prevencin del embarazo adolescente. Un fen-meno similar se observa sobre el derecho a la educacin sexual.

    Otro grupo que se convirti en beneficiario importante en la amplia-cin de los derechos dirigidos hacia las minoras ha sido el de los homo-sexuales. Casi todos los pases incorporaron fuertes penalidades a la dis-criminacin por gnero en sus legislaciones, pero algunos avanzaron anms. Ecuador y Chile reconocieron las uniones civiles entre homosexua-les. Argentina, Brasil y Uruguay se encuentran entre los primeros pasesdel mundo en reconocer los matrimonios entre personas del mismo sexo.A fin de legislar sobre nuevos derechos para las minoras, Argentina y Bra-sil avanzaron hacia garantizar la posibilidad de que cada ciudadano pue-da decidir acerca de su identidad sexual.

    La ampliacin de derechos tambin ha tenido como uno de los actoresprotagnicos a las comunidades indgenas. Se trata de una poblacin conun peso muy importante en la regin, ya que significa cerca del 10% deltotal de habitantes agrupados en ms de ochocientos pueblos indgenasreconocidos por los Estados (Cepal, 2006). Sobre fines de los ochenta,

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  • Rodolfo Stavenhagen (1988) adverta acerca de la ausencia de reconoci-miento de derechos indgenas en la gran mayora de las Constituciones deAmrica Latina. En la actualidad, en solo cinco de veintn Cartas Mag-nas de la regin no se reconocen algunos derechos a los pueblos origina-rios. La ampliacin de derechos implementada durante la ltima dcada,en particular en Ecuador y Bolivia, ha sido denominada como constitu-cionalismo plurinacional (Yrigoyen, 2011) o constitucionalismo dial-gico e intercultural (Aparicio, 2011). Influenciadas por la Declaracinde las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indgenas apro-bada en 2007, estas reformas surgieron de asambleas constituyentes con am-plia representacin de estos pueblos y luego fueron ratificadas mediantereferndum (Aylwin, 2013). Su caracterstica principal es que, sin cues-tionar la unidad del Estado nacional, los define como plurinacionales, in-corporando mecanismos de participacin poltica y representacin espe-cfica de los pueblos en las Asambleas Legislativas.

    La poblacin afrodescendiente tambin tiene una gran importancia nu-mrica en la regin. Se trata de ciento veinte millones de personas que, ensu mayora, habitan en Brasil. En este caso, se implementaron importan-tes polticas para la integracin social, dirigidas especficamente hacia lapoblacin afrodescendiente, es decir, un 45% del total. La creacin de laSecretara Especial para la Promocin de la Igualdad Social por parte delpresidente Lula en 2003, en direccin a cumplir con los objetivos estable-cidos por la ONU en la Conferencia Mundial Contra el Racismo realiza-da en Durban en 2001, se constituy en un paso fundamental para tra-bajar en pos de la igualdad de derechos.

    Uno de los principales programas desarrollados por el gobierno del Par-tido de los Trabajadores (PT) ha sido el de Diversidad en la Universidad,que procura favorecer el acceso a los estudios superiores de grupos social-mente ms vulnerables, con nfasis en negros e indgenas.

    Cabe destacar que el gobierno surgido a partir del golpe blando queencabez Michel Temer no integr ningn ministro afrodescendiente algabinete. Al mismo tiempo, elimin los ministerios de las Mujeres, de laIgualdad Racial, de la Juventud y los Derechos Humanos creados por Dil-ma Rousseff en su gestin.

    A pesar de los grandes avances registrados en la dcada, las desigual-

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  • dades vinculadas a la discriminacin por gnero, raza y etnia siguen sien-do muy marcadas. Una reciente investigacin realizada por la Cepal so-bre la base de datos de 2011 muestra que, en Amrica Latina, el 38,8%de la poblacin indgena es pobre. En el caso de los afrodescendientes,esta proporcin es menor, un 22,3%, mientras que para quienes no sonindgenas o afrodescendientes el porcentaje de pobreza desciende al 17%.Es evidente que la dcada mantiene como asignatura pendiente la aten-cin principal del ncleo duro de la exclusin donde confluyen po-breza, etnicidad y gnero.

    6. Fortalecimiento de la institucionalidad e integracin regionalOtra caracterstica comn de los procesos transformadores de Am-

    rica Latina fue la decisin de priorizar la necesidad de enfrentar losdesafos comunes de una manera colectiva. Esta determinacin sig-nific profundizar y modificar las perspectivas desde las cuales se ha-ban desarrollado los procesos de integracin a partir de la posgue-rra. Varios autores definieron este perodo como la cuarta ola de laintegracin latinoamericana (Dabne, 2014), en un intento de de-jar atrs la mirada estrictamente volcada al mercado que impreg-n las polticas de las dcadas anteriores. En efecto, a partir de losochenta, la recuperacin de las democracias y la hegemona de laspolticas neoliberales terminaron con una poca en la cual la activi-dad conjunta de los gobiernos militares estuvo centrada sobre todoen las acciones represivas como la Operacin Cndor. Desde la pers-pectiva del Consenso de Washington, el objetivo principal de la ar-ticulacin de las polticas regionales estuvo dirigido a afirmar el li-bre mercado en la regin. Tanto el Mercosur (1991) como el Trata-do de Libre Comercio de Amrica del Norte (TLCAN, 1992) sur-gieron con este objetivo.

    La apertura de los mercados basada en el descenso drstico de los dere-chos arancelarios fue exitosa y logr elevar al 25,2% el comercio regional,que en 1990 representaba el 8,9% del intercambio total de Amrica Lati-na. La crisis econmica y financiera de fin de siglo retrotrajo el intercam-bio comercial regional a los niveles anteriores. En cuanto a las polticas deinsercin internacional, el alineamiento con los Estados Unidos y las po-

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  • tencias hegemnicas result prcticamente total y no dio lugar a miradasautnomas por parte de los pases latinoamericanos.

    El nuevo perodo, que se inici con la asuncin de Hugo Chvez en Ve-nezuela, mostr su impronta en la Cumbre de las Amricas realizada enMar del Plata en 2005. All, los principales pases de la regin optaron porno integrar el rea de Libre Comercio de las Amricas (ALCA) y privile-giar la ampliacin de la capacidad de decisin e integracin de AmricaLatina. Esta mirada se plasm en una nueva institucionalidad de la inte-gracin regional. La creacin de la Alternativa Bolivariana para AmricaLatina y el Caribe (ALBA), en 2004, de la Unin de Naciones Surameri-canas (Unasur), en 2008, y de la Comunidad de Estados Latinoamerica-nos y Caribeos (Celac), en 2011, son resultado de esta etapa. Tambinse cre en 2012 la Alianza del Pacfico con la participacin de Mxico,Colombia, Per y Chile, aunque desde una perspectiva diferente, vincu-lada a intentar una insercin ms dinmica con la zona Asia Pacfico y aprofundizar el libre comercio con los Estados Unidos. Esta divergencia enla mirada comercial no impidi que Amrica Latina mostrara sus princi-pales logros de esta etapa de integracin regional, sobre todo el de mante-ner un importante grado de cohesin en el dilogo y el accionar poltico.Como plante la Cumbre de Cochabamba (2006): La construccin deun nuevo modelo de integracin no puede estar basada nicamente en lasrelaciones comerciales.

    La creacin de una institucionalidad regional que genere mayores con-diciones de autonoma, un incremento en el grado de independencia enla toma de decisiones a nivel regional y, en particular, como bloque enlos organismos multilaterales, el avance en el diseo de estrategias comu-nes en temticas tradicionalmente no abordadas en forma conjunta co-mo la defensa, el desarrollo sustentable y las crisis globales son algunosde los logros ms importantes desde la perspectiva poltica en la ltimadcada. La unidad mostrada por los pases latinoamericanos en torno a lainclusin de Cuba en las instituciones regionales, la oposicin a la inje-rencia de los pases centrales en nuestros territorios y el slido apoyo a laposicin de la Argentina respecto de la cuestin de las islas Malvinas sonejemplos de las coincidencias alcanzadas.

    La posibilidad de incidir favorablemente en algunas de las crisis institu-

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  • cionales nacionales y en conflictos entre pases integrantes del bloque tam-bin fue importante. Con referencia a este ltimo punto, los casos exito-sos de intervencin en las situaciones de cuestionamiento a las democra-cias de Ecuador, Bolivia y Venezuela, as como en los conflictos binacio-nales como los protagonizados por Colombia, Ecuador y Venezuela, con-trastan con las frustraciones del accionar de los organismos regionales res-pecto de Honduras, Paraguay y, recientemente, Brasil. Estos casos mues-tran que, a pesar de los progresos, todava se encuentran fuertes lmites ala accin frente a algunas de las crisis democrticas de la regin.

    Respecto de los procesos de integracin econmica y productiva, los avan-ces que se produjeron han encontrado fuertes limitaciones en las condi-ciones estructurales de los patrones de desarrollo. El intercambio comer-cial entre los pases de Amrica Latina, por ejemplo, tuvo un comportamien-to claramente procclico (Porta, 2008). Ello implic que, despus de acom-paar la tendencia del crecimiento de las economas de la regin hasta2008, se estancara desde entonces e incluso disminuyera su importanciafrente al total del intercambio comercial. De cualquier manera, aun en losmejores aos, el comercio intrarregional nunca super el 15% del total delas exportaciones.

    Una de las limitaciones ms importantes al crecimiento del comercioregional est relacionada con las caractersticas histricas que presenta supatrn de exportacin, que se caracteriza por ser escasamente diversifica-do y concentrado en bienes primarios o manufacturas basadas en recur-sos naturales cuyo destino principal son el mercado extrazona.

    Esta relacin se invierte si tomamos solo las manufacturas de conteni-do tecnolgico medio y alto. En este caso, las exportaciones regionales ha-cia los pases de Amrica del Sur alcanzan porcentajes cercanos al 40%.Ello permite tener una dimensin de la importancia que reviste este co-mercio para el desarrollo productivo y la capacidad de agregar valor e in-crementar la demanda laboral en cada uno de nuestros pases.

    Un ejemplo de los dficits que an hoy tenemos respecto a las estra-tegias de integracin productiva y comercial es el magro resultado quemuestran en la actualidad el Mercosur y la Corporacin Andina de Na-ciones (CAN) en cuanto a la participacin del mercado regional en lasventas totales.

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  • Mientras la proporcin del comercio al interior de la Unin Europea (UE)por parte de sus pases miembros alcanza el 63%, en el TLCAN, el 48%,y en la Asociacin de Naciones del Sudeste Asitico (Asean), el 26%, enel caso del Mercosur y la CAN, esta relacin es del 14 y el 7,5%, respecti-vamente. Cabe destacar que en el ltimo ao la cada del comercio intra-rregional en cada uno de estos agrupamientos ha sido muy importante.Los intercambios econmicos al interior del Mercosur se contrajeron un23%, y en la CAN, el 20%. La frustrada puesta en marcha del Banco delSur es un ejemplo de las dificultades de llevar a la prctica los procesos deintegracin.

    En sntesis, nunca se ha enfatizado tanto en los discursos y en las decla-raciones de las organizaciones multilaterales de la regin la necesidad demayor integracin de los pases de Amrica Latina como en esta ltimadcada. Ante los importantes logros obtenidos en esta direccin a nivelpoltico y en la capacidad de mostrar una posicin comn frente al mun-do, la realidad sigue estando bastante alejada de los discursos en cuanto anivel econmico.

    7. Los lmites en la transformacin del modelo productivoHasta aqu, hemos analizado algunas de las ms importantes transfor-

    maciones que llevaron adelante los procesos nacionales y populares lati-noamericanos en la ltima dcada. Los datos demuestran que este pero-do signific el momento de mayor crecimiento en cuarenta aos para Am-rica Latina. Tambin observamos que, por primera vez en mucho tiem-po, estos procesos estuvieron asociados a una serie de concepciones, deci-siones y medidas que permitieron acompaar el crecimiento econmicocon una mejor distribucin de la riqueza y con polticas destinadas a ge-nerar mayor igualdad social. El fortalecimiento del papel del Estado, ladisminucin sustantiva de las tasas de pobreza e indigencia y una mayorintegracin regional fueron otras de las consecuencias virtuosas de esteproceso.

    Sin embargo, a pesar de la importancia de los logros alcanzados, hoyse pone en cuestin la capacidad de dar continuidad a estos procesos ode avanzar en su profundizacin: Los progresos en una mayor equidaddistributiva son innegables, pero inquieta la sustentabilidad de estas me-

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  • joras, que parecen respaldarse ms en la evolucin del ciclo econmicoque en transformaciones estructurales (Brcena y Prado, 2016). La de-saceleracin del crecimiento ocurrida en los ltimos aos pone de ma-nifiesto la fragilidad de algunas de las mejoras conseguidas y, al mismotiempo, hace evidente que Amrica Latina muestra an hoy una impor-tante dependencia de la produccin y exportacin de productos prima-rios. El riesgo de repetir los comportamientos pendulares, incluida la c-clica restriccin externa que le impide contar con las divisas para impor-tar los insumos necesarios para sostener los procesos de industrializa-cin, es evidente.

    La cada del ritmo de expansin de las economas latinoamericanasdel ltimo quinquenio, hasta el punto de llegar a una contraccin del 0,4%del PBI en 2015, est ntimamente vinculada a la baja de los precios in-ternacionales de las commodities. Entre 2011 y 2015, los precios de losproductos agropecuarios disminuyeron un 30%, mientras que tanto pa-ra el caso de los metales como para el grupo de los productos energti-cos la cada fue mayor, cerca del 50%. El impacto que este proceso hatenido sobre los trminos de intercambio fue notable. Solo para el lti-mo ao (2015), las prdidas para la regin ascendieron a 92.000 millo-nes de dlares, lo que equivale al 1,9% del PBI regional (Cepal, 2016).La vulnerabilidad de las economas de Amrica Latina ante situacionescomo la que presenta la desaceleracin de la economa mundial, en par-ticular la de los pases en vas de desarrollo y especialmente China, se havuelto a poner de manifiesto.

    Esta situacin crtica por la que atraviesan las economas de la reginnos obliga a reflexionar acerca de por qu, a pesar de haber transitado porun perodo de crecimiento muy importante liderado por un conjunto degobiernos con vocacin fuertemente transformadora, Amrica Latina vuel-ve a mostrarse vulnerable a las condiciones del mercado internacional y,en particular, a los precios de los productos primarios.

    En este contexto, cabe destacar que el nico pas cuyos indicadores loseparan de algunas de estas tendencias es la Argentina, donde si bien lasactividades vinculadas al sector primario crecieron fuertemente, no fuemenor el crecimiento de la actividad industrial y de servicios con incor-poracin de mano de obra intensiva, lo que gener al mismo tiempo un

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  • incremento equilibrado entre el mercado interno y las exportaciones(Cypher, 2013). La industria manufacturera que, como vimos, mostrabaun crecimiento inferior al 20% en Amrica Latina, en el caso argentinologr un aumento en la produccin del 93%. Ello permiti que, al con-trario de lo que ocurri en la regin, su participacin en el total del PBIse incrementara casi un 2%. Siguiendo esta tendencia, no se observa en nues-tro pas una prdida de participacin de las manufacturas en el total de lasexportaciones.

    A pesar de esta particularidad, la Argentina no parece escapar a la nece-sidad de analizar crticamente las dificultades para la transformacin del mo-delo productivo que muestran el conjunto de pases latinoamericanos queemprendieron polticas progresistas, nacionales y populares.

    8. Reflexin final: la prxima olaColocar en debate los lmites que tuvieron las transformaciones del mo-

    delo de desarrollo que siguieron los procesos latinoamericanos en la lti-ma dcada no implica poner en cuestin los importantes logros alcanza-dos en materia econmica, poltica y social. Muchos de esos avances fue-ron reflejados a lo largo de este artculo. Por el contrario, se trata de undebate imprescindible para profundizar esas conquistas.

    Es evidente que el neoliberalismo que pretende recuperar la iniciativano cuenta con propuestas nuevas para la regin. Reitera las que ya fra-casaron y llevaron a nuestros pases a una profunda crisis. Los gobiernosde Temer y Macri muestran las limitaciones del neoliberalismo para en-contrar estrategias que permitan el crecimiento del pas y la mejora delas condiciones de vida del pueblo. Su principal objetivo es tirar abajolas conquistas y los derechos obtenidos en la ltima dcada y restaurarla lgica de concentracin de la riqueza que imper en la dcada de los90. El debate sobre los logros y las asignaturas pendientes en materia deestrategias y modelo de desarrollo no tiene nicamente un valor hist-rico o acadmico.

    Como sealara recientemente lvaro Garca Linera (2016), los proce-sos de transformacin poltica y social nunca son lineales, se producen poroleadas. El actual momento de relativo repliegue de las fuerzas naciona-les y populares debe dejar lugar a una nueva ola de grandes cambios a fa-

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  • vor de los pueblos latinoamericanos. Para que ese proceso de transforma-ciones llegue antes y avance ms all de lo conquistado en estos aos, esnecesario potenciar nuestra capacidad de aprendizaje respecto de las enor-mes conquistas obtenidas, de los obstculos a los que nos hemos enfren-tado y de las asignaturas que an hoy estn pendientes. Este ejercicio se-guramente contribuir a construir la organizacin poltica y las bases pro-gramticas para las luchas sociales y las disputas electorale