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  • AL CREPÚSCULO. SOBRE EL ARTÍCULO OBSERVACIONES SOBRE LA… · FRANCISCO BILBAO 409

    ISSN 0718-9524

    LA CAÑADA Nº3 (2012): 409-418

    Al Crepúsculo

    Sobre el artículo Observaciones sobre la educación de las mujeres, dirigidas a las

    señoras directoras de colegio en Santiago1

    Vamos también nosotros a dirigir unas observaciones sobre dicho artículo. Antes de hacerlas, salu- damos a su autor por la filantropía de su objeto, por el entusiasmo que demuestra y por la belleza de trozos en que abunda.

    En su artículo, nos demuestra claramente el autor, primeramente, la necesidad de una re- forma en la educación de las mujeres. En segundo lugar, nota los vacíos de la que existe e indica al mismo tiempo “algunos estudios que debería comprender un nuevo sistema de enseñanza”.

    El autor demuestra claramente la necesidad de una reforma y manifiesta su asombro acerca de lo bien poco que se ha andado a este respecto desde la época de nuestra emancipación hasta el “feliz presente en que vivimos”. Esta es una contradicción en que cae el autor y que nosotros notamos porque en ella vamos a apoyar la mayor parte de nuestra crítica. Manifestaremos más claramente esa contradicción por si acaso no la hemos hecho resaltar.

    Dice el autor: “…después de cimentadas nuestras instituciones democráticas y a pesar de todo el respeto y veneración que inspiran”, vemos ostentar “como blasones de mérito, insignias rea- les que representan más bien que el mérito nuestra decadencia, nuestro embrutecimiento pasado”, …“cuando se observa en nuestros campos, en nuestras aldeas y hasta en nuestras ciudades más populosas un estacionamiento triste, una falta de progreso vergonzosa en las costumbres…”.

    1 La Gaceta del Comercio, Valparaíso, 3, 5 y 15-II-1844. Estos documentos reúnen la crítica de Francisco Bilbao al artículo de Juan Nepomuceno Espejo, titulado “Observaciones sobre la educación de las mujeres, dirigidas a las señoras direc- toras de colegio en Santiago”, publicado en El Crepúsculo del 1º de febrero de 1844 (N°10, pp. 407-19). El artículo de Espejo lleva al final esta nota: “Sentimos no poder concluir este artículo por la estrechez de nuestras columnas. En el número siguiente completaremos el plan de estudios que nos hemos propuesto trazar y haremos algunas observaciones generales sobre educación”. En el núme- ro siguiente del 1º de marzo, la revista avisa: “Dejamos para el número siguien- te la continuación del artículo sobre la

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    LA CAÑADA Nº3 (2012): 409-418

    Ahora, decimos nosotros, apoyados en las palabras mismas del autor, ¿se puede llamar feliz presente el que encierra ese cuadro que él mismo acaba de pintar? ¿Se puede decir que están ci- mentadas nuestras instituciones democráticas cuando la mujer está en el estado de servidumbre en que el autor la pinta? Porque debemos entender por democracia, no una igualdad parcial, ex- clusiva, limitada, como la de Atenas que tenía esclavos, sino una igualdad humana que abrace en su seno todo lo que compone la humanidad, en lo cual se incluye la mujer. Esto es sacado nada más de lo que dice el autor. Nosotros podríamos agregar muchas más razones que probasen la contra- dicción que notamos, porque de ella, lo repetimos, sale la base de nuestra crítica, según el lado por la cual la vamos a considerar.

    No es feliz nuestro presente, porque las instituciones democráticas no están arraigadas [ile- gible]. Nuestra constitución política es la mejor prueba. El código español que todavía nos rige, confirma mejor lo que decimos. La falta de educación popular general es decisiva en la materia. No es feliz nuestro presente por la miseria, atraso, ignorancia y fanatismo de la plebe. No es feliz nues- tro presente por las leyes penales y bárbaros castigos que aún existen (entre ellos los carros). No lo es por la marcha ambigua del gobierno. En la hacienda, por la timidez de las reformas económicas. El estanco y los diezmos subsisten. En la instrucción pública, para la clase que la puede obtener; no hay unidad en el plan; faltan clases importantísimas, necesarias al complemento de la educación del hombre y se ponen trabas fútiles a las profesiones, por la impotencia que hay en concebir la marcha de la inteligencia a la consecución de un fin. No lo es, porque no hay cámaras, es decir, re- presentación nacional. En nuestros simulacros de cámaras no se representan ni todas las ideas, ni todos los intereses. Su vista es limitada y no ven más porvenir que el del día de mañana. En fin, no hay prensa, o tribuna que diga dónde va la sociedad, qué terreno pisa, qué significa esa masa on- deante que llamamos pueblo y que espera sólo un soplo para convertirse en tempestad. Podríamos seguir, pero no acabaríamos. Esto basta, pues, para afirmar: NUESTRO PRESENTE NO ES FELIZ. Esto basta para apoyar la base, donde vamos a apoyar la crítica que hacemos.

    El autor manifiesta de un modo claro y elocuente la necesidad e importancia trascendental de la educación de la mujer. Manifiesta los males que agobian a nuestras necesidades y los deduce en su mayor parte de la ninguna influencia de las madres. Esto es verdadero en parte, no comple- tamente. No sólo a las madres les es dado formar hombres, por más incuestionable que le parezca

    educación de la mujer por esperar que se aplaque algún tanto el furor del co- rresponsal del Progreso. No contestamos tampoco la ‘crítica’, porque para res- ponder a insultos sería preciso ensuciar nuestras páginas…” (nº11, p. 459). La continuación del artículo se publica en el número de abril (nº12, pp. 480-92), donde se alude al crítico de El Progreso y se acoge la crítica de Bilbao en La Gaceta del Comercio. Juan Nepomuceno Espejo Bravo (1823-1876) ingresó al Instituto Nacional en 1839, colaboró en 1842- 1843 con Lastarria en el Semanario de Santiago como redactor de las sesio- nes del Congreso, en 1843 ingresó a la Sociedad Literaria y colaboró como editor de El Crepúsculo, en 1844 fundó El Siglo con Francisco de Paula Matta y Santiago Urzúa, abandonándolo en octu- bre del mismo año, luego de lo cual tomó la redacción de La Gaceta del Comercio de Valparaíso.

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    ISSN 0718-9524

    LA CAÑADA Nº3 (2012): 409-418

    el principio contrario autorizado por Aimée Martin.2 La educación de la mujer, según el propósito, según las intenciones del autor, debe tener por objeto principal el sacar buenas madres, para que estas produzcan buenos hombres y buenos ciudadanos. Doble aspecto por el cual es preciso consi- derar la cuestión. Por consiguiente, es necesario por esto que el plan de educación y los principios que deban generalizárseles sean una consecuencia de la filosofía moderna, porque de otro modo las madres, en vez de ser un instrumento de progreso, lo serían de retrogradación. Para esto es preciso que el Estado, que la asociación, que el gobierno se halle en la altura capaz de comprender esas miras, para que pueda imponerlas a los establecimientos. Decimos el Estado, la asociación, el gobierno, porque suponemos que el autor habla de educación general popular: lo cual sólo por ese medio puede realizarse. Educación popular, decimos; no educación parcial, educación de clases ricas. No. Educación popular, plebeya, y a este terreno es donde traemos al autor a debatir su artí- culo. Para averiguar esto, ¿qué antecedentes son necesarios? Esta pregunta envuelve nada menos que la solución del problema de nuestra sociabilidad. Educación plebeya envuelve la reforma de la constitución actual de la propiedad y del trabajo en Chile. Educación plebeya envuelve la existen- cia de cámaras donde estén representados los intereses del proletariado. Educación plebeya sería Chile en las alas de la gloria, proclamando la igualdad y recorriendo la humanidad con la espada de la civilización.

    Sí, todo esto sería. Para que la pobre madre que habita nuestros campos tuviese tiempo de tomar un libro y enseñar a su hijo, es preciso que su cuerpo esté cubierto, que tenga un lecho donde abrigarse y un pan que devorar sin lágrimas. Sería preciso que la fatiga del trabajo diario no quitase a su padre las fuerzas para tomarle la lección y sostenerlo en sus brazos. Sí, todo esto es un antece- dente. Sería preciso una reforma en la constitución de la propiedad, del salario y de la enseñanza en nuestro Chile.

    2 Louis-Aimé Martin, De la educación de las madres de familia, o de la civiliza- ción del género humano por las mujeres (1834). Barcelona, 1842.

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    ISSN 0718-9524

    LA CAÑADA Nº3 (2012): 409-418

    Al Crepúsculo (Conclusión)

    Hemos abogado por la educación plebeya. No sabemos claramente si el objeto del autor ha sido hablar por la educación de lo que nosotros llamamos clases elevadas, o por la educación general. Lo primero parece deducirse del título del artículo “Observaciones sobre la educación de las mujeres dirigidas a las señoras directoras de colegio en Santiago”. Pero como esa creencia o esta suposición hipotética de parte de nosotros, destruye el objeto del autor, no creemos, por eso mismo, que así la haya comprendido. Para ser consecuente con el objeto que se propone en la educación de la mujer, debe abogar por la educación general popular, plebeya, y sobre esta base continuamos nuestras observacione