A Edwards - La Fronda Aristocrática en Chile

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  • oea5ion que lian tlo:niiiado interiiiitentemente las Rcpfibh- cas sin forma de la Aiii6riea I

    El10 merece siquiera n n bosquejo Iiistbrico,

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    Santiago; Octribre (le I927

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    11112 flonda aristocriitica casi siempre hostil a la auto;.idnd de 10s Gobiernos y a veces en abierta rebelidn co;ltra ~110s. Esa f r onda derribd la monarquia en 1810, a O'I3;~gins en 1823, pus0 a6os miis tarde a1 deceiiio de Montt a! b3 -(le dc SIX rvivla, y desde entcxces, hssta 1891, en 10s tieinr,cri de paz cor110 en 10s ?e borrasca, fuB poco a poco demoliendo 10 qi:? 1iab;e sobrevivido de la obra organizadora 6 e 1S33. Entonces, dnefia ya absoluta del campo, se transform6 en oligarquie, El liberalism0 y e l clericarismo ultr:>xon'iano, e:os dos p a n d e s moviniientos espirituales de r u x t r a 11:s- tor;a, fueron, si bien se considera, maniiestaciones casi pa- ralelas y conteinporgneas del mismo espiritu de fronda. PO?? eso, a pesar de su aparente antagonismo, estuviero? el 11110 y el otro del misino lado en 10s mornentos 2ecisivos: en 1859 coin0 en 1891. El com6n enemigo de aiiibos era el Poder a

    No pretend0 hacer critica histbrica, ni xucho meiios n e g a las virtudes de la rerpetabilisiina clase dirigente del yii:-.,er siglo de la Repfiblica. M e limito a recordar hechos y acitlanto desde :liego qce, en mi opini6n no existen respon- ' ilidades co1eatim.s en la historia. Es propio de toctas

    l a s arislocracias de verdad el qei* frondistas, y aiin hay que anradecerle y muclio a la nuestra, el que dejara de serlo por veinte aGos siqniera, lo que nos permiti6 organizarnos. T e n 0 que ninguna otra colectividad directiva y politica sea ni ahora n i niinca capaz de repetir la hazafia. Los Por- kales no nacen tarnpoco todos 10s dias.

    COMO

    la- 2 e Enropa, en resabios de feudalism0 mal vencidos por el trinnfo de1 p0d.r montircruico. Desde mucho antes d e

    La froiida de que hablamos, no tuvo su origen

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    gos, p hasta. l a s pobres cabnfias 1 . e;; & Ili)ijiei;a. iiljer

    ; ~ e , pnes, has in c:erto pnnto por 10 n?cnos, niia vene- n ,

    13 le tyad i z i h hist6rica inedioeval, una bermcia d.e ram. o y l a ,forniacicin de nue

    a c :: (1 i 1.i r

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    Este grnpo social, sin arraigo ni iiifluencias, no ~ 6 1 0 tenia en contra sa insignificancia iinmErica, 1,. miediocri- dad d e C Y S Pptitndex, y la sitnaci6n ambigua, propia de una colectividad en que nzdie estaba a s u gusto y d e : caal po- cos qnerian confesarse miembros, sin0 que cared?. ademks, d e independencia, de libertad de occi0n. 0 se enrcsba en la clientelo d e 109 gobiernoi: o de 10s magnates, o ivreeia de hambre.

    %I actiinci6rl politica hubo, p~ies, de rei* por la fncrza sabaltci i 1a . pero no complet2mente n-ctEa.

    En irgl&, la misma palahrn sirve para cJrsipar el dcscc. y ic t cnvidis?, y Loclre nos dice que el exee+o deseo de pocrpr Io que no se tiene es el origen de la ewidia. ma- drc. a s:~. yez, del odio. Dada la situaci6n especial de la cla4e medi3 chi!ena, no es sino rnny natural que n o mirase con p i t n henevolencia a una aristocrwk a la qur n o podia subir. de2e:ini1oIo xrdientemcfLtc., y clc la c w l -;e juzTaba desdrfiada TAG? Gobiernos y 10s niaTn:itc:: 30 wnltwon, p11es, irc~iidieionalnic7lte con si1 ebientela mePoe:-

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    ~1 cast3 qne A4~ii~xn;iteqni nos sefiere de im fraile CO- q11imbaI1(>, qne liabia Iiecho eii pfiblico el panegirico los p1-occdiliiir;itos revoIncionarios, no t avo m&s signifjcs- cihn, scgfi~, e1 teLtinionio del mismo histoi*indor, quc una.

    Jfe atrevo a afirniar cpe, si se escudri5ara la. literatii- r g prirac!a colonial d e d e 10s ticinpos d e l a coiiqriista, no se enco:i?ri::.i:in en ella mncho in& dntoinas de cspiritn i*e- i~oInc.iorLario en iGOO que en pleiio ciglo XVTI.

    S6Io ivBs tarde, iniciado ya el conflicto esenci31mei-t~ crto!!o. que di6 como resultado la Independencia de Chile, 12s dc-trinas socialeg del filosofisrno contemporjneo co-

    n aparecer e , ) 10.: dociinixtos oficislec. o en 7 0 3 y pmlnmas .

    Z q prcciso recorrixr qne Chile no habis v:vido bajo un s-impk despotisino de hecho impuesto pov la violencia,

    que fomiaba parte de nn Gobierno en forma, Enn- d ~ d o nc 4 1 0 en principios juridicos, sino en idealidades y ~ ~ t i i n i e n t o s tradicionales, hasta cierto pnnto relig ~ l O C , C S . Lcs 1etr;ldos cle la rerol.uci611 eran caci todos hoilzhres de derecho, habitnarks a1 estudio 5- a la pr6ctica de un or- den legal, que arrancaba sus rniws de principio: g r w r r l c s d e Tilosofia social. No le. era fBciI eorxebir nn r6Firnen 2~ iyoIhriio, sin un doqm, que 1.0 legitimase y en cuyo nolrbre se pudiera exigir 110 s610 la obediencia sino la siinii- S i w moral (le 10s s~bdi tos .

    :\TO e m posiblc invocnr el antigno dereeho divino desde que

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  • til, o SI ~ ? I C ~ I O R , n o sup0 conciliarse a Ia h i c a clase diri- gente q t i ~ :+stfa e n el pais.

    e e l priiicipio tenia en ella eilemigos nat~imleo e iniplacsbles : 10s carxrincs y 10s realistas. Durante ~1715 fieis alrios de gobierno, was resilsteneias crecieron de clia en dia.

    L a aristocracia chilena no era monarquista ni lo ha side D I ~ C P . El grito de junta queremos lanzado en 1810 era ya e l p o g r a m a anticipado de SLI ideal olig5r- qnico cle gobierno. Nuestros grandes se6ores querian man- dnr e infiuir poi si misnios. 5 a i o c ! ~ se pareciB la dieta- dura de OEiggins menos que a una junta de pr6ceres.

    A-que1 hijo d e virrey, cuya diplomacia, incipiente tra- bajaba p o ~ ell estableciniiento de una monarquia, no era ciertaiiiente arist6crata, a lo menos, de sentimiento. Ya en 10s prineipios cometi6 la puerilidad de prohibir 10s ti- tnlos de inobleza y 10s blasones. Bajo el rkgimen ignalita- rio de la monarquia espafiola, esas distinciones n o eran sin0 recnerdm tradiciondes de familia, y no significaban -pri+legios pecuniarios o de otro gknero. Para ger 16gico, debi6 prohibir tambien 10s apellidos, ya qne kstos envuel- yen una d is t inc ih heredada que se aprecia socialinezlte y excita las enoidias.

    As? (10 entendi6 algnno entonces. En e l Perti. el Con- de d e l a Vega del Ren, que coni0 la mayor parte de 10s aris- i6cra tas chilenoq, hahsa qacrificado su hacienda p su liberfad por el. triimfo d e la independencia, pregunt6 cnando e1 gobbierno de la revolnci6n le bubo despojado de SI titulo, si acaso :7a no era hijo de 611 pzdre, y en ade- lante s610 firm6 con su nombre de bautismo.

    Estos heclios paeden parecer hoy dia insignificantes,

  • IIacia l o b tieinpm d e OTXiggiiis y de Fortales, despues del d:rraiiibe de la nionarqvia, s 3 0 quedaban en Chile coino Faerza.; politieas las i1iicjwaS que habian pnesto fin 3 lr, colouki, est0 es, la sockdad dirigente y el EjQrcito. La fronda aristocrBtica y 1,: oinbicih de 10s caudillos nii- l i t a x s , era l o que entonces :labia que organizar o sonieter.

    gins :io !ogi.j hacerio. La aristocracia, hcrida en F LIS scntiiiiienio; trRd;cioiiales, cleideiiada a i h coino ele- ic:eiito dccore t i ro en e: E s t ~ ~ d c , csraba dispuesta a entre- gar72 ~1 p r ; ~ e * . caudillo q u e 1.r ve:igara. Cnando #$e pro- dujo la :sk~;i6n de Freire ccn ~1 Eji.;.cito del k3~1r, el die- tador i+io 3. m e r e n cue-ata dc que estaba solo.

    E1 Gobiemo de OtIiggivs no fu6 un fracaso: seriit injnsto c l~r lc este iioinlcre. X i linbiese c l derecho de pro- nunciar !-enteneios en historia, 6610 poclria hnc6rscle w reproche: el de liaber caiclo en Enero de 1823, dejando plantnodo el problema de la organizacih dieiiriitiva del pais, en l a inisma forma en que ya lo estaba desde Septiem- Ere d e 1810. ?\To se habia adelantado un solo paso haoia la solnci6n.

  • I , a en el ,?rticllio anterior, yirc el cesarismo, est0 es la dicta- ;Ll.a c3 .ce;lo, naeida $-, 18 v:olencia y deruibada por la Icvuelta, f u h por cerca de un siglo el sistema de GobierPo real d e stos Estados que 5610 mereceii el noinbre de ia EepGFliea, en cuanto 110 son diii8sticos.

    este ceearisnio fni: por lo general intermitente, instable y an i r - (ruico: la 6poca de 10s grandes de3potismos duraderoc: y or- ganizndores es relativainente izloderna. A1 principio, el es- peetAeulo politico del Continente, se asemejaba bastante a1 de aqu.el siglo tarbnlmto del Imperio Romano, que se 3- cia con el asesinato de C6lnodo.

    En Chile, tuviinos u n remedo de aquel orden de C O S ~ S netaniente sudamerieano, durante 10s siete a5os que trans- cnrren enire la caida de OEIiggins y la revoluci6n de 1829. Se ha dado a acp-lla 6poca tl noinbre conveneional clc era de 709 pjpiolos; eii realidad, fui: s610 el tieinpo de nuestros Gobiernos sin forma.

    Sin dvda que aqui, como en 10s dem&s paises herma- LW,, 10s jurkconsultos y 10s idehlogos perdieron entonces 11 tiernpo redactando constituciones y disfiutiendo princi- v;os de dere2ho pGb!ico : 110 coineter6 la pe r i l i dad de reecr- dar esos tralbajos conipletamente in6tiIes.

    Lios jefes militarea que sucedlieron a OHiggins en ~1 Poder, y especialmente Freire y Pinto, no eran hostiles a la Rlistoeracia, eomo su ilustre antecesor; pero no fueron por ero ~ B s capaces de dominar o disciplinar ni a la fronda ni 21 EjGrcito. Xe vivi6, p e s , en la amrcjaia, y aunque no se