04-05 Homenaje a José Triana_cropped

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UN AÑO DE ENCUENTRO / Jesús Díaz • 3

ISLA ENTERA / Dulce María Loynaz • 6

CRÓNICA O CEREMONIA PARA UNA DESPEDIDA

César López • 8

DULCE MARÍA Y ESPAÑA / Carlos Barbáchano • 11

DEL LADO DE LA LIBERTAD / Gastón Baquero • 14

¿POR QUÉ ESTE POEMA PARA GASTÓN BAQUERO?José Kozer • 15

EN LAS ESTRELLAS / Pío E. Ser rano • 17

■ Homenaje ■

HOMENAJE A JOSÉ TRIANA / Mario Parajón • 19

AHÍ ESTÁN LOS TARAHUMARAS / José Triana • 21

■ Entrevisto ■

José Triana por Christilla Vasserot

SIEMPRE FUI Y SERÉ UN EXILIADO • 33

ARTAUD Y LA NOCHE DE LOS ASESINOSJesús Bar ranco • 46

�JINETERAS EN CUBA / Coco Fusco • 53

PASADO PRESENTE • 64

LOS ÁNGELES PERDIDOS / Reynaldo Escobar • 65

AUGE Y CAÍDA DE LA LEY HELMS-BURTON

Joaquín Roy • 68

■ La mirada del otro ■

INICIACIONES CUBANAS / Fidel Sendagorta • 79

�EL CASO PADILLA: CRIMEN Y CASTIGO

Manuel Díaz Martínez • 88

■ Cuentos de Encuentro ■

DESDE EL MANGLAR / Antonio Benítez Rojo • 97

A CORAZÓN ABIERTO / Mayda Royero • 111

�ENTRE LA REVOLUCIÓN Y LA REFORMA

Rafael Rojas • 122

EL DESTIERRO DE CALIBÁN / Iván de la Nuez • 137

HACIA UNA UTOPÍA DE LA RESISTENCIA

Madeline Cámara • 145

encuent roD E L A C U L T U R A C U B A N A

R E V I S T A

DIRECTOR

Jesús Díaz

REDACCIÓN

Manuel Díaz MartínezLuis Manuel GarcíaIván de la NuezRafael Zequeira

EDITA

ASOCIACIÓN ENCUENTRO DE

LA CULTURA CUBANA

c/ Luchana 20, 1º Int. A28010 • MadridTeléf.: 593 89 74 • Fax: 593 89 36

COORDINADORA

Margarita López Bonilla

COLABORADORESEliseo Alberto • Rafael Almanza • Orlando Alomá • Armando de Armas • Uva de Aragón • Guillermo Avello • Gastón Baquero † • Carlos Barbáchano • Jesús Barranco • Noni Benegas • Antonio Benítez Rojo • Beatriz Bernal • Elizabeth Burgos • Carlos Cabrera • Madeline Cámara • Eliseo Diego † • Josefina de Diego • Reynaldo Escobar • María Elena Espinosa • Lina de Feria • Luis G. Fresquet • Coco Fusco • Flavio Garciandía • Alberto Garrandés • Julio Girona • Mario Guillot • Mariela A. Gutiérrez • Liliane Hasson • Orestes Hurtado • Emilio Ichikawa • Manuel Iglesia-Caruncho • Maya Islas • Cedey de Jesús Rojas • Lázaro Jordana • José Kozer • Rine Leal † • César López • Dulce María Loynaz † • Eduardo Manet •Pedro Marqués de Armas • Carmelo Mesa-Lago •Julio E. Miranda • Mario Parajón • Enrique Patterson • Marifeli Pérez-Stable •Ricardo Alberto Pérez • Omar Pérez •Carlos Pérez Ariza • Marta María Pérez Bravo •Antonio José Ponte • José Prats Sariol • Tania Quintero • Raúl Rivero • Guillermo Rodríguez Rivera • Efraín Rodríguez Santana • Rafael Rojas •Joaquín Roy • Mayda Royero • César A. Salgado • Rolando Sánchez Mejías •Enrico Mario Santí • Fidel Sendagorta • Pío E. Serrano • Ignacio Sotelo • Osbel Suárez •Eugenio Suárez-Galbán • Wislawa Szymborska •Christilla Vasserot • René Vázquez Díaz •Carlos Victoria • Alan West •

4/5primavera / verano de 1997

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UN AÑO DE ENCUENTRO / Jesús Díaz • 3

ISLA ENTERA / Dulce María Loynaz • 6

CRÓNICA O CEREMONIA PARA UNA DESPEDIDA

César López • 8

DULCE MARÍA Y ESPAÑA / Carlos Barbáchano • 11

DEL LADO DE LA LIBERTAD / Gastón Baquero • 14

¿POR QUÉ ESTE POEMA PARA GASTÓN BAQUERO?José Kozer • 15

EN LAS ESTRELLAS / Pío E. Ser rano • 17

■ Homenaje ■

HOMENAJE A JOSÉ TRIANA / Mario Parajón • 19

AHÍ ESTÁN LOS TARAHUMARAS / José Triana • 21

■ Entrevisto ■

José Triana por Christilla Vasserot

SIEMPRE FUI Y SERÉ UN EXILIADO • 33

ARTAUD Y LA NOCHE DE LOS ASESINOSJesús Bar ranco • 46

�JINETERAS EN CUBA / Coco Fusco • 53

PASADO PRESENTE • 64

LOS ÁNGELES PERDIDOS / Reynaldo Escobar • 65

AUGE Y CAÍDA DE LA LEY HELMS-BURTON

Joaquín Roy • 68

■ La mirada del otro ■

INICIACIONES CUBANAS / Fidel Sendagorta • 79

�EL CASO PADILLA: CRIMEN Y CASTIGO

Manuel Díaz Martínez • 88

■ Cuentos de Encuentro ■

DESDE EL MANGLAR / Antonio Benítez Rojo • 97

A CORAZÓN ABIERTO / Mayda Royero • 111

�ENTRE LA REVOLUCIÓN Y LA REFORMA

Rafael Rojas • 122

EL DESTIERRO DE CALIBÁN / Iván de la Nuez • 137

HACIA UNA UTOPÍA DE LA RESISTENCIA

Madeline Cámara • 145

encuent roD E L A C U L T U R A C U B A N A

R E V I S T A

DIRECTOR

Jesús Díaz

REDACCIÓN

Manuel Díaz MartínezLuis Manuel GarcíaIván de la NuezRafael Zequeira

EDITA

ASOCIACIÓN ENCUENTRO DE

LA CULTURA CUBANA

c/ Luchana 20, 1º Int. A28010 • MadridTeléf.: 593 89 74 • Fax: 593 89 36

COORDINADORA

Margarita López Bonilla

COLABORADORESEliseo Alberto • Rafael Almanza • Orlando Alomá • Armando de Armas • Uva de Aragón • Guillermo Avello • Gastón Baquero † • Carlos Barbáchano • Jesús Barranco • Noni Benegas • Antonio Benítez Rojo • Beatriz Bernal • Elizabeth Burgos • Carlos Cabrera • Madeline Cámara • Eliseo Diego † • Josefina de Diego • Reynaldo Escobar • María Elena Espinosa • Lina de Feria • Luis G. Fresquet • Coco Fusco • Flavio Garciandía • Alberto Garrandés • Julio Girona • Mario Guillot • Mariela A. Gutiérrez • Liliane Hasson • Orestes Hurtado • Emilio Ichikawa • Manuel Iglesia-Caruncho • Maya Islas • Cedey de Jesús Rojas • Lázaro Jordana • José Kozer • Rine Leal † • César López • Dulce María Loynaz † • Eduardo Manet •Pedro Marqués de Armas • Carmelo Mesa-Lago •Julio E. Miranda • Mario Parajón • Enrique Patterson • Marifeli Pérez-Stable •Ricardo Alberto Pérez • Omar Pérez •Carlos Pérez Ariza • Marta María Pérez Bravo •Antonio José Ponte • José Prats Sariol • Tania Quintero • Raúl Rivero • Guillermo Rodríguez Rivera • Efraín Rodríguez Santana • Rafael Rojas •Joaquín Roy • Mayda Royero • César A. Salgado • Rolando Sánchez Mejías •Enrico Mario Santí • Fidel Sendagorta • Pío E. Serrano • Ignacio Sotelo • Osbel Suárez •Eugenio Suárez-Galbán • Wislawa Szymborska •Christilla Vasserot • René Vázquez Díaz •Carlos Victoria • Alan West •

4/5primavera / verano de 1997

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■ En proceso ■

LOS PARADIGMAS PERDIDOS: LA MANIGUA DEL SIGNIFICADO / Alan West • 155

�DON UFANO / Luis G. Fresquet • 174

LAS MUTACIONES DEL ESCÁNDALO: PARADISO HOY

César A. Salgado • 175

SOBRE MUERTE DE NARCISO / Lina de Feria • 179

■ Poemas ■

Antonio José Ponte

POR FÉLIX LIZÁRRAGA (POEMA 1) • 185ENTRE LOS COLEGIALES DE LOS KARAMÁZOV (POEMA 2) • 186

CUATRO LIBRAS DE NIEVE (POEMA 3) • 187

■ Textual ■

LA CUBA POSIBLE / Marifel i Pérez -Stable • 188

PARA UNA DEFINICIÓN DEL CASTRISMO

Ignacio Sotelo • 191

ASUMIR LA TOTALIDAD DEL TEATRO CUBANO

Rine Leal • 195

UTOPÍA / Wislawa Szymborska • 200

CON NUESTRA GACETA • 201

�LA ARMONÍA CÓSMICA AFRICANA EN LOS CUENTOS

DE LYDIA CABRERA / Mariela A. Gutiér rez • 202

CUBA: ¿SE PUEDE SER NEGRO SIN MORIR EN EL INTENTO?Mario Guil lot • 210

LOS CUENTOS DE CARLOS VICTORIA: DE CUBA A MIAMI,IDAS Y VUELTAS / Lil iane Hasson • 215

SOLER PUIG EN LA MEMORIA / Madeline Cámara • 221

■ Buena letra ■

223

■ Cartas a Encuentro ■

252

Cuba a la luz de otras transiciones • 256

Premio Internacional de Poesía “Gastón Baquero” • 260

■ La is la en peso ■

261

Interior

Marta María Pérez Bravo

Portada

De la serie Una visita al Museo de Arte Tropical. 194

(oleo s/tela. 127 X 120 cm.)

Flavio Garciandía

DISEÑO Y MAQUETACIÓN

Equipo Nagual, S.L.

IMPRESIÓN

Navagraf, S.A.Madrid

Precio del ejemplar: 900 ptas.

Ejemplar doble: 1.500 ptas.

Precio de suscripción (4 núm.):

España: 3.600 ptas.

Europa: 6.250 ptas.

América: 7.500 ptas.

Por razones bancarias, solo podemos

aceptar el pago en pesetas, mediante

cheque o giro postal. No se aceptan

domiciliaciones bancarias.

ENCUENTRO DE LA CULTURA CUBANA es una

publicación trimestral independiente

que no representa ni está vinculada a

ningún partido u organización política

dentro ni fuera de Cuba.

Las ideas vertidas en cada artículo son

responsabilidad de los autores.

Todos los textos son inéditos, salvo

indicación en contrario.

No se devolverán los artículos que no

hayan sido solicitados.

D.L.: M-21412-1996ISSN: 1136-6389

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■ En proceso ■

LOS PARADIGMAS PERDIDOS: LA MANIGUA DEL SIGNIFICADO / Alan West • 155

�DON UFANO / Luis G. Fresquet • 174

LAS MUTACIONES DEL ESCÁNDALO: PARADISO HOY

César A. Salgado • 175

SOBRE MUERTE DE NARCISO / Lina de Feria • 179

■ Poemas ■

Antonio José Ponte

POR FÉLIX LIZÁRRAGA (POEMA 1) • 185ENTRE LOS COLEGIALES DE LOS KARAMÁZOV (POEMA 2) • 186

CUATRO LIBRAS DE NIEVE (POEMA 3) • 187

■ Textual ■

LA CUBA POSIBLE / Marifel i Pérez -Stable • 188

PARA UNA DEFINICIÓN DEL CASTRISMO

Ignacio Sotelo • 191

ASUMIR LA TOTALIDAD DEL TEATRO CUBANO

Rine Leal • 195

UTOPÍA / Wislawa Szymborska • 200

CON NUESTRA GACETA • 201

�LA ARMONÍA CÓSMICA AFRICANA EN LOS CUENTOS

DE LYDIA CABRERA / Mariela A. Gutiér rez • 202

CUBA: ¿SE PUEDE SER NEGRO SIN MORIR EN EL INTENTO?Mario Guil lot • 210

LOS CUENTOS DE CARLOS VICTORIA: DE CUBA A MIAMI,IDAS Y VUELTAS / Lil iane Hasson • 215

SOLER PUIG EN LA MEMORIA / Madeline Cámara • 221

■ Buena letra ■

223

■ Cartas a Encuentro ■

252

Cuba a la luz de otras transiciones • 256

Premio Internacional de Poesía “Gastón Baquero” • 260

■ La is la en peso ■

261

Interior

Marta María Pérez Bravo

Portada

De la serie Una visita al Museo de Arte Tropical. 194

(oleo s/tela. 127 X 120 cm.)

Flavio Garciandía

DISEÑO Y MAQUETACIÓN

Equipo Nagual, S.L.

IMPRESIÓN

Navagraf, S.A.Madrid

Precio del ejemplar: 900 ptas.

Ejemplar doble: 1.500 ptas.

Precio de suscripción (4 núm.):

España: 3.600 ptas.

Europa: 6.250 ptas.

América: 7.500 ptas.

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ENCUENTRO DE LA CULTURA CUBANA es una

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No se devolverán los artículos que no

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D.L.: M-21412-1996ISSN: 1136-6389

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Con esta entrega Encuentro de la cultura cubana alcanza un año devida, un tiempo más bien breve que ha servido, sin embargo, paracumplir y aun sobrepasar nuestras expectativas. En efecto, en todos

y cada uno de los números han publicado escritores y artistas cubanos re-sidentes en la isla, así como otros que viven en algunos de los diversos yen ocasiones remotos lugares a donde nos ha conducido este exilio que,con toda justicia, se ha dado en llamar la diáspora.

En todos los números nos han acompañado también autores no cuba-nos que sienten nuestros problemas como propios, y cuyos juicios y expe-riencias sobre Cuba están enriquecidos además por una cierta distancia sa-ludable. A estos estímulos se ha unido la respuesta entusiasta de loslectores de la isla y del extranjero, de la que hemos ido dando testimonioparcial en la sección Cartas a Encuentro, que ha crecido en cada entrega yen la que invitamos a colaborar con toda libertad a quienes sientan el de-seo de hacerlo.

La cultura cubana está trágicamente fragmentada, y esa circunstanciaentraña al menos tres peligros formidables. El debilitamiento resultante dela distancia y la falta de confrontaciones y contactos. El riesgo de que laseparación entre los cubanos “de adentro” y los “de fuera” involucione ha-cia formas abiertas o encubiertas de hostilidad e incluso de ruptura. Y laposibilidad de que esa fragmentación nos induzca a encerrarnos en un na-cionalismo de aldeano vanidoso, o bien a perdernos en el vacío atroz dequien resulta incapaz de identificar sus raíces.

Uno de los retos principales de nuestra cultura en este fin de siglo esimpedir que la fragmentación y sus siniestras consecuencias se hagan defi-nitivas. Sólo los encuentros y contactos frecuentes, civilizados y democrá-ticos entre nosotros nos librarán de estos abismos. Y aún obrarán el mila-gro de trocar nuestras carencias en riquezas. Desde sus orígenes la culturacubana se alimentó de sí y del mundo; nunca como hoy nos han hechotanta falta la isla y sus misterios. Y nunca, tampoco, semejante cantidad decubanos hemos vivido fuera de la patria, en contacto íntimo y vital contantas y tan diversas culturas, idiomas y civilizaciones. Cuba es hoy porhoy el país más internacional del planeta. Entre cubanos puede trazarseuna geografía sobrecogedora, que será también estimulante y promisoriacuando tengamos la oportunidad de ubicar su epicentro en la isla. 3

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Un año de EncuentroJESÚS DÍAZ

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Nuestra vocación de pensar a Cuba en sí y en el marco de su circuns-tancia internacional tendrá un momento particularmente notable este ve-rano. El Instituto de Estudios Cubanos (IEC) y la revista Encuentro han orga-nizado un curso que tendrá lugar entre el 28 de julio y el 1 de agosto en laUniversidad Complutense de Madrid, sede de El Escorial, titulado Cuba ala luz de otras transiciones. En el mismo se discutirán las experiencias delas transiciones a la democracia que han ocurrido en España, Portugal,América Latina y Europa del este en los últimos decenios, teniendo encuenta su interés para nuestro país. Más de 40 politólogos y científicos so-ciales provenientes de tres continentes, cuyos nombres y responsabilida-des pueden consultarse en el programa que incluimos en esta entrega, in-tervendrán en el curso. En nuestro número 6, que corresponderá al otoñodel 97, publicaremos los textos de las conferencias así como resúmenes delas intervenciones de los invitados a las mesas redondas y de los partici-pantes en las sesiones.

Esta revista es resultado del encuentro de múltiples ilusiones y volun-tades coincidentes. Su acta fundacional muy bien podría fijarse en no-viembre del 94, cuando se reunieron en Madrid poetas cubanos de la isla ydel exilio en un evento justa y premonitoriamente llamado La isla entera.Esa fiesta tuvo lugar gracias a la generosidad del gobierno español, perotambién y sobre todo al valor civil de los poetas cubanos participantes. És-tos fueron muchos, mas entre todos brillaron dos nombres centrales de lapoesía, el civismo y la unicidad de la cultura cubana: Dulce María Loynazy Gastón Baquero.

Ambos han muerto en fecha reciente, casi a la vez, como un símbolo.Dulce María, blanca y de cuna patricia, prefirió permanecer por siempreen la isla, a veces ignorada y silenciada, como depositaria de una tradiciónhistórica. Gastón, negro y de cuna humilde, optó desde muy tempranopor marchar a la soledad del exilio, de donde no regresaría nunca. Esosdatos, aparentemente antitéticos, se desvanecen ante lo esencial, las dospatrias que siempre los unieron y a las que José Martí, que había sufridocomo nadie el exilio político y la nostalgia de la isla, llamó: “Cuba y la no-che”; sabemos, sin embargo, gracias a la crucial pregunta que nos legaraen herencia el autor de Versos libres, que las dos patrias que unieron porsobre la distancia a Dulce María y a Gastón en realidad son una sola: Cubay la poesía.

Dulce María Loynaz no pudo estar presente de manera física en aquellafiesta del 94 porque su salud ya estaba entonces muy mermada, pero nosacompañó enviando un poema titulado justamente Isla entera. Encuentrode la cultura cubana tiene el privilegio de publicar esos versos que poseenel valor de un testamento, de puño y letra de la propia Dulce María. Losatesorábamos en espera de poder dedicarle a su autora el homenaje quesin duda merecía, pero la muerte nos ganó la partida. Lo hacemos ahora,pues, como quien dedica su flor a su memoria, y publicamos además otrosdos textos en su honor. Desde Cuba la recuerda el poeta y ensayista CésarLópez; desde España, el escritor Carlos Barbáchano.4

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Gastón Baquero no sólo pudo disfrutar físicamente en La isla entera si-no que, en su condición de patriarca de la poesía cubana, fue su principalvaledor. En este número reproducimos el artículo que publicó a raíz deaquel evento, “Del lado de la libertad”. Gastón fue también parte sustan-cial de nuestra revista. Logramos homenajearlo en vida, en el número 2, yJosefina de Diego nos dio un testimonio conmovedor del reencuentro en-tre él y Eliseo Diego en el número 3. En esta entrega le dedicamos otrosdos textos, un poema digno de su estatura y de la de su autor, José Kozer;y el testimonio emocionado de Pío E. Serrano, quien hasta el número an-terior fuera director adjunto de esta revista. Pío continuará colaborandocon Encuentro, pero él es sobre todo y afortunadamente el director de laeditorial Verbum, a la que la cultura cubana debe tanto, y esa tarea exigeuna dedicación plena. Entre los planes de Verbum se encuentra la publica-ción de las Poesías completas de Gastón Baquero, así como la convocatoriade un premio literario que lleva su nombre y cuyas bases damos a conocertambién en este número.

Por primera vez publicamos una obra de teatro, Ahí están los tarahuma-ras, de José Triana, uno de los dramaturgos más significativos de la escenacontemporánea. Lo hacemos en el contexto del homenaje al autor de Lanoche de los asesinos, una pieza emblemática del teatro cubano e interna-cional a la que se dedica un ensayo en este número, y que en este año co-noció una nueva puesta en Madrid, a cargo de un elenco español dirigidode modo tan audaz como acertado por la cubana María Elena Espinosa.Por primera vez, también, publicamos la sección Cuentos de Encuentro,que responde a una solicitud expresada por varios lectores y autores, la deque incluyéramos narraciones en nuestras páginas.

A partir de este número se integran a la redacción el poeta Manuel DíazMartínez, el narrador Luis Manuel García, el ensayista Iván de la Nuez y elcrítico Rafael Zequeira, todos residentes en España, lo que por razonesprácticas facilitará nuestro trabajo. No obstante, mantendremos el mismosistema flexible de funcionamiento que hemos utilizado hasta hoy, lo quesignifica que cualquiera de nuestros colaboradores que pase por Madridestá automáticamente invitado a participar en las tareas de la revista. Mar-garita López Bonilla será nuestra coordinadora.

En este primer año de vida Encuentro de la cultura cubana no sólo ha re-cibido muchísimas adhesiones sino también unas cuantas agresiones. Novale la pena responderlas; el contenido de nuestra revista se encarga deello. Borges refiere una anécdota según la cual un individuo abofeteó a suoponente en medio de una discusión; y el abofeteado, impertérrito, res-pondió: “Lo que usted acaba de hacer es una digresión, señor, sigo espe-rando su argumento”.

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Isla Entera

Si me quieres, quiéreme toda:no por zonas de luz o sombra.Quiéreme día;quiéreme noche...

¡Y madrugada en la ventana abierta!Si me quieres, no me recortes:quiéreme toda...o no me quieras.

Dulce María Loynaz

Aquí va mi saludo a todos los escritores cubanos que van aunirse bajo el bello lema de Isla Entera.

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DULCE MARÍA LOYNAZ LLEGÓ TEMPRANO EN EL SIGLO XX Y

se nos marcha tardíamente en el mismo, como siabriera y cerrara la poesía de la isla para estos tiemposconvulsos, plenos, inquietantes. Es imposible, pues, siquie-ra sea ligeramente, rozar la creación, la lírica, la culturatoda de Cuba, sin invocar su señera, ligera y firme figuraen tránsito delicado y discreto por su patria e historia.

La casa, como ámbito y acogida fue, sigue siendo, el es-pacio preciado de su obra; casa con jardín y una mujer ex-traña, dentro, pero pendiente del acontecer constantemás allá de las verjas:

“Bárbara pegó su cara pálida a los barrotes de hie-rro y miró a través de ellos. Automóviles pintadosde verde y de amarillo, hombres afeitados y mujeressonrientes, pasaban muy cerca, en un claro desfilecortado a iguales tramos por el entrecruzamientode lanzas de la reja. Al fondo estaba el mar”.Ya lo había previsto y se enfrentaba con el tiempo, en su

peculiar sentido; “Eternidad” es el título del primer poemade su inicial libro, sencillamente denominado Versos, de1920-1938.

“En mi jardín hay rosas:Yo no te quiero darlas rosas que mañana...Mañana no tendrás”.

Pero imaginaba, tal vez, otro final, algo entrevisto porentonces respecto a la casa y a sus últimos días, quizá a lapoesía, dubitativamente a una época que se extinguía...

“No sé por qué se ha hecho desde hace tantos díaseste extraño silencio:Silencio sin perfiles, sin aristas,que me penetra como agua sorda.8

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Crónica o ceremoniapara una despedida

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Como marea en vilo por la luna,el silencio me cubre lentamente”.

Ese arco, compás, recinto, resultó impreciso; si hubo rosas, éstas se perpe-tuaron, si silencio, fue poblado de voces susurradas y trémulas. La distinta, lainsólita, como Bárbara, pertenecía a lo de dentro que se ensancha y prolongaen lo de fuera. La morada, flor de islas, por su mandato lírico, acoge su pala-bra y engendra permanencia. Vence la propiedad aun cuando contradice a laautora que exclamara:

“Muchas cosas me dieron en el mundo: sólo es mía la pura soledad”.

Por soberbia de estirpe inaugural, de parte de la poeta, por empecina-miento cambiante del entorno, hubo un tiempo escondido, de mutuo desco-nocimiento, mutilación, vacío. Hasta que plenamente, no sin dificultades recí-procas, recelos, reticencias, la puerta, la cancela, las rejas de la vieja casonadel Vedado se abrieron. Real y metafóricamente. Sus versos volvieron a la me-moria, su quehacer fue buscado y encontrado, su sonrisa irónica, su palabratierna y cortante, su altiva cubanía como emblema distinguido. Todo en Dul-ce María Loynaz adquirió su destino, mostró la amplitud de su nombre. Maríade las Mercedes, palabras del bautismo, entró en el erguido proyecto de suadvocación. El Dulce nombre de María junto al apellido primigenio. De aque-llos ascendientes que llegaron temprano a la patria y nos la ayudaron a fun-dar. En sus caminos, notas, dudas.

Concentrada en su obra, escuchaba su idioma, su lengua, comentaba surío, su país, su sangre. Se aferraba a su ser como las raíces a la tierra nutricia.No importaba que el agua pudiera identificarla, porque el agua ayudaba a de-finir su contorno. Criatura de islas. Hechura de nación capaz de confrontarlay confrontarse ella misma para transformar envolturas y guardar sus esencias.

Y entonces no importaban las ruinas de la casa, el paseante sabía que trasla bruma o la luz Dulce María Loynaz vigilaba la patria y la poesía. Alguien de-jaba unas rosas a su puerta y al contrario de aquel primer poema no escucha-ba la advertencia premonitoria

“Deja, deja el jardín...no toques el rosal:Las cosas que se muerenno se deben tocar”.

Más bien el mensaje se abría contrario, porque las cosas y la poesía de Dul-ce María Loynaz al no ser destinatarias de la muerte han de ser tocadas. El serpara la resurrección de la poesía transformó el objetivo de todo paseante delVedado, como bien lo sabía desde los inicios Alejo Carpentier y como lo con-firmara días antes de su temprana muerte José Lezama Lima al apuntar a laresidencia: “usted ha creado lo que pudiéramos llamar el tiempo del jardín, 9

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allí donde toda la vida acude como un cristal que envuelve a las cosas y laspresiona y sacraliza”. Y eso, ahora, cuando caminar por la calle 19 en El Veda-do nos puede producir un estremecimiento de carencia paradójica, llena aljoven o al viejo que enfila la visión hacia el añoso palacete y le da certidumbrede nueva permanencia engendrada por la insistente vida y poesía de DulceMaría Loynaz. No importa la duda anterior de Virgilio Piñera respecto al sue-ño o vigilia de esta mujer excepcional.

La casa, el jardín, la presencia, la figura, la pena de amor que no se cura,mantienen una esperanza en la creación que nos dejara esta poeta.

Gastón Baquero, unos días antes de su propia desaparición, conmovido y lúci-do por la muerte de su amiga y parigual, escribía el 28 de abril del presente año,en lo que tal vez fuese uno de los últimos testimonios de su grandiosa pluma:

“Estaba tan entrañada en el alma cubana, representa tanto el nombrede Dulce María Loynaz para sus contemporáneos que se había llegadoa ver en ella, con ella y con su obra, el caso de identidad o identifica-ción absoluta entre la persona y su presencia viva y activa en el ser y enel quehacer de cada día. Llegó la gran poetisa a ese extraordinario mo-do de ser en un país, en una sociedad, como parte inimaginable de unpaís, pero al mismo tiempo de su territorio, su naturaleza, su identidad,en una palabra”.Así, vale recoger el mismo título del testimonio de Baquero en el deceso

de Dulce María Loynaz: Amada y valiosa para Cuba.El sentido, valor, desentrañamiento de su obra se ha ido captando y conti-

nuará haciéndose lentamente, delicadamente, dulcemente. Mientras, comoantes, que ya se va volviendo siempre, nos queda agradecer su presencia, com-pañía, benévola y cáustica, tierna y agresiva, frágil y resistente.

No aprovechemos ocasión tan tremenda como la muerte para arrimar as-cuas a ninguna sardina interesada más allá del rigor del paterno prado a quenos convocara José Martí. Dulce María Loynaz, poeta, es un ser humano, ple-no de cubanía, agudo sentido del humor, de la historia y del compromiso éti-co y estético. Caminamos en su entierro. Hubo flores que venían de los másdiversos, que no opuestos, rincones. Hubiera querido junto al Himno Invasorcompuesto por su padre el General del Ejército de Independencia EnriqueLoynaz del Castillo, las palabras de despedida de duelo de los tres oradores, lavoz de la poeta reproducida y amplificada que impregnaba las callejuelas fú-nebres del Cementerio de Colón en su ciudad de La Habana, escuchar muyadentro, directo, el machadiano “golpe de ataúd en tierra” que, ya se sabe, “esalgo perfectamente serio”. Para quedarme, quedarnos, con ejemplo y recuer-do, con todos y para el bien de todos.

Digo así, permanencia, presencia, persistencia; porque Dulce María Loy-naz, fiel a su legado, lo deja escrito:

“De la Isla no se despide nadie para siempre, ni ellos se despiden del misterio”.

La Habana, mayo de 1997.10

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A FINALES DEL 92, EN UNA REUNIÓN ÍNTIMA, OCURRIDA EN LA

Embajada de España en La Habana, Dulce María Loy-naz recibía de manos de Federico Ibáñez, por entonces Di-rector General del Libro, la acreditación del Premio Cer-vantes de 1992. Tras unas breves palabras del Sr. Embajador,Don Gumersindo Rico, y del propio Director, Dulce Maríadijo solamente ante la apenas veintena de invitados: “Todolo que mi vida ha tenido de agradable, ha venido de Espa-ña”. En esas palabras la Loynaz resumía su media docenalarga de viajes a la península, algunos con prolongadas es-tancias, el hecho de que prácticamente toda su obra se pu-blicara aquí antes que en Cuba, en las décadas del cuarentay del cincuenta, y, sobre todo, expresaba el gran amor queprofesó por el publicista canario Pablo Álvarez de Cañas, susegundo y definitivo esposo, quien fuera a expirar en susbrazos, enfermo de muerte, tras su larga ausencia de Cuba,abandonada a raíz del triunfo de la Revolución.

Ese profundo amor de Dulce María por España en abso-luto desdice su más que demostrado amor por Cuba. Pri-mogénita del General del Ejército mambí Enrique Loynazdel Castillo, el amor por su Patria creció al tiempo que sealimentaba en la lectura de los clásicos españoles y en el re-cuerdo de sus ancestros vascos, de su San Martín de Loynaz,misionero martirizado en el Japón del Siglo XVI. Como Mar-tí, su cubanía nunca entró en conflicto con su españolidad.Una cosa era estar contra el gobierno, muchas veces malgobierno, de España; otra, muy distinta, estar contra el paísque forjó, derramándose en la sangre africana, lo que fue yen buena parte todavía es Cuba. Dulce María nació y vivió, yvivirá, en la “Isla clarísima” y “grácil”, en toda época y mo-mento histórico, en las duras y en las maduras. Léase, si no,su oda “Al Almendares” o su extraordinario poema “Islamía, ¡qué bella eres y qué dulce!” y se podrá comprender fá-cil y entrañablemente que Dulce María Loynaz y la isla bo-nita, “la novia de Colón”, son una misma cosa.

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De todas las grandes poetas que ha dado América a nuestro siglo, DulceMaría Loynaz es tal vez la más difícil y posiblemente la más profunda. No re-sulta extraño que entre los poetas que se han expresado en la misma lengua,patria común del espíritu, se quede con Antonio Machado. Como él, su apa-rente sencillez esconde las más sutiles honduras. Quizá sea ésa la razón delsupino despiste de muchos plumíferos más o menos oficiales al rasgarse lasvestiduras cuando el jurado del Premio Cervantes decidió, tras difícil acuer-do, otorgar el máximo galardón de las letras hispanoamericanas a quien era,para ellos, poco más que una muerta en vida. Como a veces sí que existe lajusticia poética, en los dos años siguientes se concedería el Cervantes a lascandidaturas que competían entre sí en el 92, a Miguel Delibes y a Mario Var-gas Llosa. Pero el Cervantes del 1992, algo más que un Cervantes, sería, jus-tamente, para la Loynaz.

España siempre ha estado presente en la obra de Dulce María. Su obrapreferida es Un verano en Tenerife, editada en España, curiosa coincidencia, en1959, producto del amor a un hombre y a su tierra: Álvarez de Cañas y las Is-las Canarias. “Yo creo que por primera vez pisé bien firme” declaraba a PedroSimón en su imprescindible Valoración múltiple. “Hasta entonces andaba unpoco por las nubes, por el aire. Los demás libros los he sacado de la imagina-ción. Éste lo he sacado de la vida.” No se trata de un dato anecdótico. En esasislas, que no se parecen a nada, arrobada ante un paisaje que combina sabia-mente dureza y suavidad, encuentra Dulce María la síntesis entre su propia in-sularidad y las viejas raíces peninsulares.

El sol español, “abuelo desvaído del sol cubano”, también ha acariciado elserio y suave espíritu de Dulce María Loynaz. En sus largas estancias en Casti-lla, en Andalucía, en la Guipúzcoa de sus orígenes, gozó de “esa alegría de vi-vir” que incluso en la mismísima posguerra siempre caracterizó a nuestropueblo. “Yo no he visto aquí caras agrias ni lamentos trasnochados. He vistotrabajar a la gente, la he visto convivir y abordar con valentía el tranvía reple-to o la nueva dificultad cotidiana y hasta llenar los teatros con su presencia ycon su espíritu.” Son palabras de Dulce María hablando de los españoles a fi-nales de la durísima década del cuarenta, en una de las magníficas entregasde Impresiones de un cronista que publicara el diario cubano El País a lo largodel año 47.

En otra de estas crónicas, firmadas por su esposo y escritas por ella, nos di-ce en la misma línea de la frontera hispano-francesa: “España está ahí enfren-te con su sol, con su idioma que va a sabernos a pulpa de fruta entre los la-bios, con sus misterios y su revelación.” Como sus padres del 98, de todos lospaisajes peninsulares, Dulce María prefiere el de Castilla, y más concretamen-te encuentra en el de Segovia la quintaesencia de su hálito poético.

En el año 34 escribe desde la isla a su amiga Ofelia Rodríguez Acosta, cu-bana que está viviendo en España: “Si no ha ido a Segovia, no conoce Vd. aEspaña todavía. Taciturno es Bilbao, con su cielo oscuro y su mar áspero; lán-guida es Córdoba, musulmana, tendida junto al río; a naranjas huele Valencia,inmensa huerta oreada por la brisa marina; se enciende y resquebraja la llanura

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castellana reseca, huesuda, oxidada de hierro; pero Segovia es todo esto y eshumilde y callada.” Y, en carta anterior a la misma corresponsal, insiste: “Se-govia es uno de mis más puros recuerdos. Vaya a amarla por mí y diga en altavoz mi nombre en la soledad de la plazoleta de San Esteban. Dígalo allí dondeduerme el eco de otra vida y también en la alameda de chopos que circundaal río. Reconózcame en una de esas monjas que lavan la ropa allá abajo, can-tando; más nada quisiera ser, más nada que un canto sobre un río.”

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e n c u e n t roMarta María Pérez Bravo. El viejo me dio el 17.

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Del lado de la libertadGastón Baquero

E l hecho de que una reunión de poetas cubanos, residentes unos en laIsla y otros en el exterior, siga despertando recelos, suspicacias, y ex-plosiones de mal humor en ciertos medios, dice a las claras que falta

mucho por recorrer, en las dos direcciones, para que al fin comencemos aconvivir en paz y armonía todos los cubanos. Posiblemente lo peor de la tristedivisión en “gente de dentro” y “gente de fuera”, consista en que en ambaspartes haya desconfianza y prejuicios. En el exilio hay personas que creen quetodo el que vive en Cuba es un militante político más o menos declarado, yque el permiso limitado y difícil de conseguir que le concede el régimen, estápagado por el viajero con servicios de espionaje, actividad propagandística,“comisariado” político, en una palabra.

A su vez, los de la Isla miran hacia Miami con la prevención de quien sesiente odiado, menospreciado y amenazado. Las dos actitudes nacen de unmutuo desconocimiento. Consecuencia de esto: el “ala dura” de Miami diceque este Encuentro de Poesía en Madrid es una maniobra castrista para bene-ficiar al régimen con una imagen de liberal, culto y respetuoso de los dere-chos humanos; y el “ala dura” del régimen habanero dice que esta conversa-ción entre poetas (propiciada, organizada y pagada por la española Secretaríade Estado para la Cooperación), es “una trampa del imperialismo yankee, untrabajo sucio de la CIA”.

Y en el medio, atrapado entre las tenazas de esta doble estupidez, está ungrupo de poetas, hambrientos de hablar de poesía con sus colegas, necesitadosde conocer y ser conocidos por sus hermanos. ¡Qué triste cosa es ver levantar-se la suspicacia, el recelo, la maldad entre las páginas de un libro de poemas!Éstos que han venido a Madrid para compartir con un pequeño grupo de poe-tas de la misma familia, de la misma voz, de la misma pasión de poesía, sonhombres y mujeres personalmente libres, como es siempre libre el poeta, vivabajo el régimen que viva.

Porque conversemos sobre poesía unos cuantos compatriotas ¿a quién da-ñamos, a quién ofendemos, a cuál principio ético faltamos? Lejos de mancharuna iniciativa tan noble como la concebida por la Secretaría de Cooperacióncomo una pequeña pero brillante contribución al ideal de la fraternidad en-tre los cubanos, lo que debemos hacer todos es aplaudir la generosa idea. Lapoesía cae siempre del lado de la libertad.

Publicado en el ABC Cultural, nº 160, 25 de noviembre de 1994, con motivo de la celebración delSeminario de poesía “La Isla Entera”.

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A GASTÓN SE LE ECHARON LOS AÑOS ENCIMA, Y COMO MU-chos lo amamos, respetamos y leemos, ahora lo za-

randeamos un poco llevándolo y trayéndolo con nuestroshomenajes y agasajos.

Merecidos.Sin embargo, él sabe, pues es poeta, que todo perma-

nece en la penumbra, en la suave irrealidad de los poe-mas: en ese espacio, suyo, vivo, interminable, hay un díafeliz. ¿Cuál? El día cuando Gastón construye un poema:canto, cántico, querubín.

Dicen que los serafines y querubines están tan desma-terializados que no son más que canto: ¿hay mayor felici-dad, día más feliz? Ése es el centro luminoso del poetaGastón Baquero, centro cercado de la dulce penumbra(aureola) de sus versos.

Felices, con chirimías; y felices con pianoforte y hele-chos: hay una cocina y el sol que entra a raudales, salpi-cando suelo e Isla con su luz principal: bien la conoce Gas-tón Baquero.

Y como la conoce, la invoco; la invoco pidiéndoselaprestada un poco y diciéndole al oído que no sea gandío yme ceda y conceda un poco de esa luz que él trenza, des-compone, recompone un ciento de veces en sus milena-rios poemas.

Y como Gastón es bueno me cedió en efecto un cor-púsculo de esa luz suya que titulé “Un día feliz” y que aquíle dedico.

¿Por qué este poema para

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Un día feliz

Chirimías, un pianoforte en un campo de helechos.

Soy un recién llegado, bien de salud, sentado en la silla dealcanfor en la postura del shôgun.

El león imperial mira en alto la torre de un azulejo a otroen el suelo rojo tacos blancos león y torreazules, de la cocina: el gran azulejoincrustado en la pared de la cocina miraen alto desde un leopardo verde olivocollarín sepia el espectáculo (salpicaduras)de la luz del sol, en el suelo.

Ahora el aire tiene aire de recién llegado de haber sido conminadoa cítaras entre laureles de Indias.

La pera de agua que acabo de morder tenía el corpachón de buda,litros y decilitros, aire y agua (dos decentesanimales) sufragan todo gasto del cuerpo.

Y la pura verdad es que la mujer del bosque tocando el armonio estámuerta; ya no es hembra.

Invocación: aire que meces campo de amapolas trae a la hembra agazapada; anda, correveidile.

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GASTÓN BAQUERO HA ENTRADO EN EL REINO DE LA HISTORIA.Quiero decir, al fin se ha vuelto visible, al tiempo que

intocable. Presumía Baquero, desde un profundo sentidodel pudor, de su invisibilidad. No en balde tituló su últimolibro Poemas invisibles. Si bien sentía un enorme respetopor la escritura, insistía en el refugio de la soledad acom-pañada y restaba importancia, con fino y criollo humor, alos fastos de la celebridad. Desde su casa de la calle Anto-nio Acuña, Baquero parecía contemplar el mundo de lasvanidades, la presunción de los escribidores apresurados,el relumbrón circunstancial de los otros, con la dignidadde la distancia y el decoro de su silencio. Ahora, a pesarsuyo, desprendida su obra de su recato interior, la densi-dad de su escritura cobrará sustancia en la sacralidad queimpone su definitiva ausencia.

Afectado de un derrame cerebral, Baquero se sumióen un estado de seminconsciencia, hasta instalarse al finallí donde alguna vez soñó: “Yo no quiero morirme ni ma-ñana ni nunca, / Sólo quiero volverme el fruto de otra es-trella; / Conocer cómo sueñan los niños en Saturno / Ycómo brilla la tierra cubierta de rocío”.

A finales de los años treinta, la literatura cubana reci-bió el influjo de una nueva generación de poetas y ensayis-tas que habrían de marcar el más alto momento de las le-tras nacionales en lo que va de siglo. Junto a José LezamaLima, Gastón Baquero participa activamente de este pri-mer momento. Funda la revista Clavileño; colabora activa-mente en las que alienta Lezama: Verbum y Espuela de platay en Poeta nacida al aliento de Virgilio Piñera. En la revistaOrígenes sólo publicará un poema en su primer número. Apartir de entonces se dedica plenamente al periodismo yalcanza una poderosa influencia desde la jefatura de re-dacción del Diario de La Marina. Entre los agudos dardosde sus comentarios de actualidad deja fluir algunos de susmás consistentes breves ensayos literarios.

Desde su llegada a España, exiliado en 1959, Baquerorecupera el aliento poético y así, en 1966, sorprende su vo-lumen: Memorial de un testigo. Lejos de cultivar el desencanto

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y el resentimiento, sus poemas se instalan en el encantamiento del lenguaje yelabora un mágico espejo que lo devuelve en una lúdica y maravillosa lucidezexpresiva: inversa geometría de la gravedad tonal que se hace severa en susprimeros poemas. Gastón Baquero pertenece a esa rara minoría de poetasque, como Rimbaud o Eliot, desde sus primeros poemas inaugurales se reve-lan suficientes. Son los tiempos de Palabras escritas en la arena por un inocente,del Testamento del pez, de Casandra o de Saúl sobre su espada. Pero no fue hastala publicación de Memorial de un testigo que su nombre se hace leyenda. Lobuscaban los poetas iberoamericanos, los jóvenes poetas españoles acudían asu palabra. Su escritura se había convertido en modelo para las nuevas gene-raciones que buscaban una expresión menos solemne, más vital y entrañable.Su capacidad conversatoria deslumbra a todos. Gastón, siempre generoso, de-rrocha su palabra con gesto amigo, nunca amargo, impenitente criollo delgesto amable y la sustanciosa almendra de su vastísima cultura. Todo lo com-parte. Nada deja para sí; salvo la escritura que sólo entrega después del pro-longado ruego, más por pasión a la amistad que por la pasión de la celebri-dad. En 1984 el poeta boliviano Pedro Shimose publica en el Instituto deCooperación Iberoamericana los poemas completos de Gastón Baquero. EnMagias e invenciones, Shimose “reúne la producción lírica de uno de los másimportantes escritores iberoamericanos” como “homenaje a casi cincuentaaños de producción poética”. A este libro habría de seguir Poemas invisibles, suúltimo libro unitario publicado. Todavía en 1995 la fundación cultural delBanco Central Hispano en colaboración con la Cátedra Poética Fray Luis deLeón de la Universidad Pontificia de Salamanca publica dos volúmenes de laobra de Baquero, uno dedicado a la poesía y otro a la prosa.

Gastón Baquero mantuvo con ardiente dignidad su destino de transte-rrado forzoso y denunció la falta de libertad en su Isla; sin embargo, supo dis-criminar entre las instituciones oficiales del régimen cubano y los jóvenes quede allí le llegaban, a pesar del silencio al que se había condenado su nombre.Por ello pudo declarar en la dedicatoria de su último libro: “El orgullo comúnpor la poesía nuestra de antaño, escrita en o lejos de Cuba, se alimenta cadadía al menos en mí, por la poesía que hacen hoy –¡y seguirán haciendo maña-na y siempre!– los que viven en Cuba como los que viven fuera de ella. Hay enambas riberas jóvenes maravillosos. ¡Benditos sean! Nada puede secar el árbolde la poesía”.

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Fue en el curso de los años cuarenta cuando se produjo elprimer “punto de giro” en el teatro cubano. Hasta esetiempo hubo largas temporadas en que no se hizo ningúnteatro y hubo otros en que el repertorio lo constituyó la co-media española de los años veinte y treinta, cuyos autores,salvo contadas excepciones, nadie recuerda: Capella y Lu-cio, Felipe Sassone, Francisco Serrano Anguita, LeandroNavarro y Adolfo Torrado, alternaban con las estrellas deaquel firmamento: los Hermanos Quintero, Eduardo Mar-quina, Carlos Arniches y don Jacinto Benavente.

La ruptura se produjo con un cuádruple acontecimien-to: fundación del grupo La Cueva por Luis Baralt, naci-miento del Patronato del Teatro, creación de la AcademiaMunicipal de Arte Dramático y del Teatro Universitario. Elpúblico habanero, en un tiempo relativamente corto, cono-ció a Pirandello, a Shakespeare, a Eurípides, a Noel Coward,a Prestley, a O’Neill y de inmediato a Anouilh y a Sartre.

Y se convocaron concursos y aparecieron los autorescubanos. Carlos Felipe en primer lugar. El Chino fue unamuestra magnífica de obra influida por Pirandello en unambiente ingenuamente sórdido. Muy poco tiempo des-pués hizo su aparición Virgilio Piñera. Había escrito unpoema –La Isla en Peso– donde se presentaba la realidad cu-bana en el infierno de un cañaveral. Cito de memoria, peroel verso más notable del poema decía: “Pueblo mío tan joven,no sabes ordenar”; y también: “Sólo el francés leía el Discurso delMétodo”. Virgilio estrenó su Electra Garrigó en medio del en-tusiasmo colectivo. No se parecía a nadie: era el grotesconuestro, la guajira nuestra y la lengua que nos pertenecía.

Pepe Triana se acogió a esa tradición para encontrar suoriginalidad. Se encontró a sí mismo encontrándose conArtaud. Y ya sabemos lo que tal encuentro implica: rupturacon la Poética de Aristóteles, teatro que no está hecho, peroque se está haciendo ante el público. Y no hay informa-ción, no hay noticias que se transmitan al respetable. Tam-poco hay caracteres: éstos se forman y se disuelven, los ve-mos apoderarse de la personalidad de los otros y a los otros 19

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Homenaje a José TrianaMario Parajón

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apoderarse de la personalidad de éstos, el caos es absoluto yal mismo tiempo reina un orden rígido gracias al cual todolo comprendemos.

Avanzando por ese camino iniciado en El Teatro y su Do-ble, Pepe Triana da otro paso hacia adelante, fascinado porla liturgia. La Noche de los Asesinos se deja llevar por el “aire”del rito, el cual se apodera del cuerpo de los personajes.Ahí tenemos a Orestes y a Electra ejerciendo de asesinosen el plano de una representación que no es “vivencia” nitampoco distancia intelectualizada.

En el estreno habanero de La Noche de los Asesinos se pro-dujo en el público, en las “autoridades” y en los jóvenes másabiertos a un espíritu de innovación, algo así como unaprofunda turbación. Sabían que la obra merecía un aplau-so, pero ignoraban el alcance que debía tener ese aplauso.

Puede ser que todavía lo ignoremos y que La Noche ne-cesite muchas más lecturas y que lo penúltimo y lo últimode su secreto sigan mostrándose esquivos.

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e n c u e n t roMarta María Pérez Bravo. Dos palomas el 24.

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PERSONAJES

ÉLELLA

LUGAR

Un escenario, con una mesa y dos sillas y otros objetos.

Época

Actual.

Ahí están lostarahumaras

(Obra en un acto)

José Triana

Para Antonio Díaz Zamora

“Los hombres somos seres incompletos”.

FrankensteinMARY W. SHELLEY

“No supieron ni entendieron; porqueencontrados están sus ojos para no ver,

y su corazón para no entender”.

ISAÍAS, VERSÍCULO 10, CAPÍTULO 44

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La luz juega un papel importante en esta breve escena, casi podría decirque es un personaje.El escenario es un cementerio de muebles rotos, de objetos inservibles y defragmentos de monigotes o de monigotes inconclusos, creando una atmósfe-ra especial. En algún momento debe crearse, por medio de la luz, la imagende una pecera. No subrayar demasiado esta imagen en las escenas iniciales.Entra él. Viste un pantalón de piyama. Los cabellos los trae revueltos.Óyese el ruido del agua de un grifo abierto. El ruido del agua crece. ÉL, so-ñoliento, mira como si estuviera delante de un abismo o precipicio, total-mente indiferente; se sienta en una silla. El ruido del agua se desvanece.ÉL se acoda en la mesa y vuelve a quedarse dormido. Óyese un murmullode voces, risas –tal vez la evocación de los gemidos de las míticas sirenas–,choques de cadenas, violentos golpes en los laterales, y cantos de una sal-modia, mezclado a un crujido de papeles o de ramas ardiendo. El murmu-llo de las voces se intensifica. Entra ELLA, ajena a estos ruidos, vestida conuna bata de dormir corriente, de las que se venden en los almacenes al pormayor, y trae unas tijeras y un vaso de agua. Los ruidos cesan. Al verlodormido, sonríe, y va a tocarlo, pero renuncia a hacerlo. Pausa breve.

ÉL — (Entre sueños.) Sí, ahí están los tarahumaras... ¡Ahí están!

ELLA — (Susurrante.) Querido. (Lo besa en la mejilla.) Querido... ¿De qué hablas?¿De los qué...? ¡No te entiendo!

ÉL — (Molesto.) Ah, déjame. No me despiertes, por favor. (Pausa. Se acomoda ysaca un paquete de cartas de la baraja. Lo pone encima de la mesa.) ¿Me das unpoquito de agua? (ELLA lo mira fijamente, sonríe y le extiende el vaso.) Gracias.(Toma el vaso y bebe.) Uf, qué sabor amargo.

ELLA — (Bebe un sorbo de agua, y se sienta en el suelo y continúa su labor creando unmonigote con papel y vendas, esparadrapos y goma de pegar. Con gran sentido delhumor.) ¿Amargo? ¡Son tus sueños, querido! El agua es agua. ¡Creas fantas-mas! (Pausa. Vuelve a beber.) ¿Por qué te has levantado?

ÉL — Te oía trasteando. Parecías un ratón y sentí miedo.

ELLA — (Rápida, casi sin oírlo. Refiriéndose al trabajo que realiza.) ¡Sabes que tengoque terminarlo!... ¡Cuestión de un rato!... Si lo interrumpo, jamás llegaréal final. Como ha sucedido otras veces. Aunque no lo creas, me siento har-ta de andar guardándolos sin haberlos concluido. Ya espacio no poseemosen esta casa..., los cuartos abarrotados, el desván, la cocina, el cuarto de ba-ño, los pasillos, en las cornisas, pegados y clavados al cielorraso y en losaleros del patio..., y un día nos caerán encima... ¡Te imaginas!... (Otro tono.)Y no estoy dispuesta tampoco a que lo que un día pensamos necesario, hoy

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se nos venga abajo. ¡No y no! ¡Insisto! ¡Insisto! (Otro tono.) ¡Échame unamanito, anda! ¡Vamos, chico! ¡Deja eso!

ÉL — ¿Para qué me lo pides, si sabes que no lo haré?... ¡Me niego! Estoy con-vencido de que no vale la pena...

ELLA — (Rápida.) ¡Tú siempre con tus manías! (Pausa. Otro tono. Deteniendo sulabor.) ¿Miedo, dijiste? ¿Miedo, por qué? ¡Un ratón, dices!... Exageras, Diosmío, como si estuviéramos en el fin del mundo..., o un cataclismo se apro-ximara...

ÉL — No sé lo que me sucedió. (Pausa.) Tuve un sobresalto. Un espacio vacío,el borde de un precipicio. Ríete, bobita. (Toma las cartas de la baraja y las re-vuelve, luego las pone sobre la mesa y la divide en dos grupos.) Creo que todavía nohe despertado. Sigo durmiendo. (Extiende las cartas hábilmente sobre la mesa.)¡Debo consolarme contándote historias, porque no puedo aceptar la reali-dad! ¡Si lo hiciera, será el final!... ¡Sí, querida, sí! ¡A mal tiempo buena cara!,dice un viejo refrán. (Otro tono.) Veo un mapa azul. Un lago. Quizás el mar.Oigo que cae el agua en el sueño. Y es una pecera, y es el mar Jónico, y yoestoy en la cueva de los misterios... y tú... Tú estás en la cama y te levantas.Vas al cuarto de baño, y enciendes la lamparilla del espejo. Eres y no eres.Estás y no estás delante del espejo, que se vuelve un borrón de neblina...

ELLA — (Burlona.) ¡Ah, sí!... ¿Cómo lo sabes?

ÉL — (Extrañado.) ¿Por qué estoy diciendo esto?... ¿Qué hora es?

ELLA — ¿No has oído el reloj?

ÉL — (Ordena nuevamente las cartas.) ¿Cuál?

ELLA — El reloj.

ÉL — Aquí no existen relojes. Te dije que miraras en tu corazón.

ELLA — (Divertida.) Pues ahora oigo las campanadas muy clarito. Tres lentos, ymuy pausados din don, din don, din don... (Riéndose, abstraída, mirándolo ensu juego con las cartas.) ¡Qué imaginación, la tuya! (ÉL la observa un segundo, yse queda abstraída mirando hacia el vacío.) Recuerdo una vez, era graciosísimo,te dio por creer que estabas en Alejandría..., y era de noche y el mar exten-día un banco de algas amarillas y rojas..., y yo te decía: “No querido, esta-mos en el Mar Negro...”, y después me decías: “Mira el bosque negro delos asfodelos, y los sauces llorones, qué nostalgia, mira, cúbrete la cabeza yecha hacia atrás los huesos de mi madre”, y yo me reía, y los perros aulla-ban como lobos, y tú nadabas en un arroyo y el agua parecía ceniza o lo

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era y volabas entre los escarabajos..., y cuando se te metió en la cocorotinaque estábamos a punto de hundirnos en las aguas del Mediterráneo...¡Siempre quieres hacerme ver lo que no existe!

ÉL — ¡Sólo en los sueños te reconcilias conmigo! ¡O me haces ver que lo ha-ces, o me juegas cabeza!... Te afanas..., te afanas para escapar de nuestroamor que es una mentira..., o un fracaso.

ELLA — ¡No digas eso! ¡Te quiero! ¡Te acepto!

ÉL — Aunque a veces te cueste un poco.

ELLA — ¡Mentira!...

ÉL — ¡Tramposilla! A veces...

ELLA — ¡Nunca!

ÉL — ¿Estás segura?

ELLA — ¡Segurísima!

ÉL — ¡Blanco sobre negro!

ELLA — (Enérgica.) ¡El tramposo eres tú!...

ÉL — (Abandona las cartas de la baraja.) ¡Y si ahora te dijera que ahí están los ta-rahumaras! ¡Ahí! Los siento, desde que me levanto hasta que me acuesto, yaun entre los sueños se me aparecen... Tú piensas que es un capricho...

ELLA — (Rápida.) ¡Un juego!

ÉL — (Rápido.) ¡No, no estoy jugando!

ELLA — (Detiene la construcción del monigote.) Sigue.

ÉL — (Con las cartas entre las manos.) Sé que estaban a un paso, ahora, por lamadrugada, que roncaban o simulaban que roncaban, ahí, entre las sába-nas, parecidos a un caracol. (Otro tono. Leyendo las cartas.) La reina en laconstelación de Andrómeda, y la luna como un pastor guiando el rebaño...

ELLA — (Vuelve a su quehacer. Divertida.) Sigue...

ÉL — (Leyendo las cartas.) Estaba dormido, y sentí que circulaban a mi lado ysaltaban mariposas, y era un enjambre loco...

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ELLA — (En su quehacer. Divertida.) Sigue...

ÉL — (Con una sonrisa leve.) ¡No, no quieres que siga! Mejor otra historia..., ¿note parece? (Improvisando, mezclando su realidad y una historia que se va forjando amedida que las palabras le llegan a los labios.) Vi entonces sobre un monte pla-teado tres lunas... Golpeaban en la puerta. Tres lunas y giraban sobre micabeza. Y golpeaban en la puerta manos, muchas, manos solas, únicas...manos diversas... No veía los cuerpos. (La mira) ¡Te lo juro!... (Ella se afana ensu trabajo. Prácticamente tiene construido las piernas y el tronco del monigote.) Y en-traba en un arca con remos que alguien movía sobre un pantano, y las ro-cas se convertían en hombres y mujeres, lo recuerdo y lo estoy viendo..., yel arca era un barco lunar y era el equinoccio de otoño y la luna nueva seabría y llegaban las lluvias infernales, y yo te buscaba, y me decían, no séquiénes, “rey sagrado”, y el barco lunar se deslizaba hasta llegar a una pla-nicie de agua inmóvil..., y yo no sabía dónde estaba, la inmovilidad delagua me hipnotizaba, eso pensé o creí que pensaba, o me hacía un barullode palabras que se volvían letras, cayendo, letras, y yo le buscaba el sentido,sí, querida, en la superficie lisa, en la fría planicie del agua...

ELLA — ¿De qué hablas..., otra historia, o estás rezando?

ÉL — ¡Déjame!

ELLA — (Muy suave, dulce.) Querido, me confundo. Quisiera saber, saber afondo. Es como si tuviera una estrella entre las manos y se me escapara.(Otro tono.) ¡Ven, ayúdame! (Otro tono.) ¿Y los tarahumaras? ¿Qué significan?¿Por qué los metes en esto?

ÉL — (Señalando el fondo del escenario.) ¡Ahí están! (Abandona el juego de lascartas.)

ELLA — (Abstraída en su quehacer.) ¡Cabeza de mulo!

ÉL — ¡Tan claro ni el agua!...

ELLA — ¡Cuentos de camino!

ÉL — ¿Cuentos de caminos?... ¡Ja! ¡Ya verás! Porque has sido tú..., quien losha metido en esta casa...

ELLA — (Abandona su quehacer, cruzándose de brazos.) ¿Que yo?... Oye, querido,se te fue la mano..., ¡que yo! (Se pone en pie, y toma el vaso de agua y ve que es-tá vacío. Con violencia contenida.) ¡Quien te oiga pensará que yo soy la inven-tora de esa patraña, que me paso el santo día buscándole las cinco patas algato!

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ÉL — ¡No estás muy lejos!

ELLA — ¡Eso es lo más lindo que tengo que oír!... Que tú, que tú... ¡Mejor,punto en boca! (Pausa breve.) ¡Si me ayudaras no estarías en todas..., en to-das esas invenciones de medio pelo, en esa basura...! (Otro tono.) ¡Mira mitrabajo! ¡Míralo! Es precioso... Si me ayudaras, ya hubiera terminado. (Otrotono.) ¡Sí, querido, es la realidad!... (Vuelve a su quehacer.) ¡Así que yo...! ¡Note entiendo!

ÉL — ¡Porque me rechazas!

ELLA — ¡A palabras necias, oídos sordos! ¡Tú eres, tú, quien me rechaza!¡Habráse visto! No sigas en ese jueguito, que te veo venir, y no estoy deacuerdo... ¡Qué odioso, Dios mío! ¡Qué roñoso, que...! Ah, mi niño, ¿quées lo que tú quieres decirme y no me dices?... ¡Oye lo que te digo! ¡Deunos días a esta parte estás insoportable!

ÉL — ¡Di lo que se te antoje! Dilo, y no me jeringues. Sé lo que me traigo en-tre manos, aunque tú no lo creas, nenita linda... ¡Pronto me darás la razón!

ELLA — ¡Lo mismo, siempre lo mismo! ¡Aclárame, pues!

ÉL — ¿Aclararte, qué?

ELLA — Lo que andas pregonando... ¡Tus augurios! ¡Tus visiones!... (Sarcásti-ca.) En la fría planicie del agua...

ÉL — (Violento.) ¡Ni augurios, ni visiones!

ELLA — (Desafiante.) ¿Entonces, qué?

ÉL — (Sarcástico, acercándose a ella y poniéndose en cuclillas a su lado.) Pero, queri-da, queridita, tú no te das cuenta, tú vives con los ojos vendados, tú..., ¿enqué mundo vives?

ELLA — (Violenta.) ¡Déjate de payaserías! ¡Ayúdame! ¡Esto es lo que tienes quehacer! (Comienza a golpear con un martillo un pedazo de cartón. Rotunda.) ¡Vivopor esto, entregada a esto! ¡Noche y día!... ¡Y tú, tan campante! ¡Sí, no memires así! ¡Soy yo quien tiene que enfrentarse en cuerpo y alma! ¡Y tú, tú,mirando pajaritos en el aire! ¡El gran señor de la mesa cuadrada!... ¡No mequejo! ¡Es la verdad! ¡Fuiste tú, tú, quien me puso la idea en la cabeza!¡Niégalo, anda! ¡Atrévete! Fuiste tú, como quien no quiere la cosa, que medijiste: “A nuestra incapacidad para la vida debemos darle un sentido.” Y yote dije: “¿A qué te refieres, qué inventas?” Y tú me dijiste: “Podríamos reali-zar el sueño que ha obsesionado al hombre.” Y comenzaste a explicarme, y

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yo no entendía ni pizca, y me decía: “¡Qué bruta soy, qué bruta”, y queríaestar a tu nivel... “bruta, bruta”, me repetía, y era tanta mi confusión que,en aquel instante, me entraron escalofríos y me pasé una semana enferma,volando en fiebre... ¡Sí, fuiste tú el inventor, el que me empujó a hacerlo!¡Ahora me echas en cara, me recriminas! ¡No me vengas con pamemas!¡Enfréntate a tu propia obra! Tú lo has querido... ¡Imbécil!... Bastante mehas atormentado, que así no, que asao. Había días que me ponías los ner-vios de punta... (Sonrisa amarga de ÉL.) ¡Ríete! ¡Qué gracia, verdad!... Y yo de-trás de ti, siguiendo tus pasos. Era como si estuvieras creando el universo,en cinco días..., y naturalmente, a fuerza de luchar conmigo misma, a fuer-za de batallar, a poquito empecé, sí, igualito que un niño balbuceando,tanteando en la oscuridad... (Gesto de ternura de ÉL, que intenta tocarle el men-tón y ELLA lo rechaza. Feroz.) Apártate. (ÉL no se mueve y le sonríe de una maneracompasiva.)

ÉL — Cálmate, mujer.

ELLA — ¡Vete!

ÉL — ¡No sigas en ese estado, por favor!

ELLA — (Golpeando el monigote que ha ido construyendo.) ¡Me sacas de quicio! Noquiero verte. No quiero oírte. Déjame tranquila.

ÉL — (Apartándose, pero sigue cerca de ella. Una zona de sombra lo cubre.) ¡Te empe-cinas, inútilmente!

ELLA — (Desesperada.) ¡Ah, cielo, tierra, trágame, húndeme! (El monigote se hahecho pedazos. Ella solloza desconsolada, perdida en su confusión.) Yo quería ha-cer algo. Yo quería ser útil. ¿La vida es esto, Dios mío?... (Pausa larga.) Ni elcastigo de un diluvio, ni lo otro, lo que no conozco... Ni soy una sacerdoti-za, como tú te burlas, ni... No puedo aceptarme. No puedo aceptarlo. Qui-zás sea mi orgullo, o mi pobreza... Mi incapacidad tal vez... Estoy delantede un muro, y es mi propia cara... (Llorando, las lágrimas le cubren el rostro.)Pedazos, pedazos..., rastrojos. ¡Qué miseria! (Pausa larga.)

ÉL — (Saliendo lentamente de la zona de sombra.) Es cierto, querida. Fui yo. Sí.(Pausa.) Ah, si existieran las palabras..., si yo pudiera decirte esta larga con-tienda, este andar en la tiniebla..., destrozado, arañando, mordiendo som-bra... ¡Si yo pudiera!... En esta mediocridad, en este vacío... ¡Mira a tu alre-dedor! ¡Sombras que ríen, que bailan...! ¡Sombras de sombras! La casa,esta casa, mi casa..., yo quería..., yo deseaba, que el mundo, que tú y yo fué-ramos, cómo decirte, que... (Hace un gesto de abrazarla y termina abrazándose así mismo. Pausa. Solloza. Pausa.) ¡Es horrible pensar que se vive una vida inú-tilmente!... Porque... (Balbucea varias veces esta palabra buscando otra palabra.

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Otro tono, casi con una inocencia desconcertante.) ¿Es que existe una inteligen-cia superior a nosotros que ha determinado o determina nuestros gestos,nuestros actos, nuestras palabras? Si es así, entonces, es el silencio..., deboaceptarlo todo. Pero, ¿si es todo lo contrario?... (Pausa. Otro tono. Las pala-bras le llegan a los labios dulcemente, como en un éxtasis.) ¡Sí, es probable!...Luego, yo puedo... (Otro tono.) Naturalmente que puedo, y no sólo eso...(Otro tono. Como una música.) Debo, sí, debo... Tengo todo mi derecho... De-bo cambiar las cosas... y el mundo. (Otro tono.) Y entre ceja y ceja se me me-tió la idea de un destino. De un destino fantástico. Y me construí una le-yenda. Yo soy el salvador, yo soy el redentor. Bienaventurados los quesiguen mis palabras. Bienaventurados... (Con arrogancia súbita.) Y tú y yo em-pezamos..., suaves y duros. ¡Mucha mano izquierda, querida, encaja de pe-rilla! ¡No te detengas nunca, ni para coger impulso!... ¿Recuerdas?... Fuefácil. Era la casa, nuestra casa, mi casa... Nadie podía detenerme. ¡Yo soy eldueño absoluto! ¡Yo y nadie más que yo! Por ende yo imponía mi orden.Yo imponía mi ley... (Con una sonrisa diabólica.) ¿Es capaz una silla de rebe-larse? ¿O una mesa? ¿Un vaso? ¿Una cortina? ¿Un tiesto, un alfiler, unaaguja en un pajar? ¿Un tareco cualquiera? ¡No! ¡Eso nunca!... ¡Porque esoes lo que son, tarecos, tarecos! (Tono de extravío, y al mismo tiempo fascinadopor su discurso.) ¿Y por qué no construimos un monigote a nuestro gusto?¿Por qué no?... Otros han soñado un hombre nuevo. El hombre perfecto.Una maquinaria perfecta. De una perfección admirable... Ahí están los li-bros. Miles y miles de libros hablan de lo mismo. Científicamente, sistemá-ticamente. Y otros, otros... El sueño de Frankenstein. La Eva futura, LocusSolus y el robot... Y nadie ha dado pie con bola. Después de interminablesy laboriosas buscas en los laboratorios y en la alquimia, nadie, nadie... ¿Porqué nosotros no lo intentamos? El perfecto monigote. Como un acto demagia. ¡Así! (Va hacia la mesa, coge las cartas y las esparce de un golpe por el esce-nario.) Quien no haya sufrido en carne propia la ardiente seducción de lamagia no podrá comprender su tiranía. (Se ríe, mefistofelicamente. En un frene-sí.) ¡Sí, yo soy Merlín! ¡El encantador de caminos! ¡Yo soy el rey Midas!...(ELLA se ríe con largas y estruendosas carcajadas.) ¡Apártense!... ¡Yo soy el mági-co señor de los milagros!

ELLA — (Todavía riéndose y burlona.) ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Formidable, muchacho!

ÉL — ¡Aguántate, coño! Déjame terminar.

ELLA — (En su paroxismo.) ¡Te la comiste! ¡El despelote, qué bárbaro!... (Deses-perada, golpeándose el pecho.) Y he sido yo quien ha recibido los peores pa-los, sí, digo lo que pienso..., ya no podrás hacerme callar... He sido yo y es-ta casa..., corriendo a toda mecha..., de un lado para otro, corre que tecorre, y golpes van y golpes vienen, a tutiplén... (Imitándolo.) Haz esto, hazlo otro. Entrarás por los carriles. Soy yo quien manda. Arriba y abajo. ¡Sincompasión! Y yo sin saber qué hacer. (Gritando.) ¡Piedad! ¡Piedad! ¡Dios

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mío, ayúdame! ¡Mírame en este desamparo! (Lo mira, indecisa, con ternura ocompasión. Da unos pasos por el escenario, y se detiene, con un sollozo ahogado. ÉLla observa, furioso, con los brazos cruzados, esperando que ELLA termine. Otro tono.)Me hubiera gustado transformarme en una hormiguita. Algo insignifican-te. Algo que desconozco, en lo invisible. ¡Sí, eso hubiera sido una solución!Pero no puedo..., y además no tengo fuerzas, y ando al garete. (Otro tono.)Abajo y arriba hasta la eternidad.

ÉL — ¡Cállate, carajo! (Pausa. ELLA cae totalmente derrotada. ÉL la mira con despre-cio.) Te vuelves loca por hacer un numerito.

ELLA — ¡Miserable! ¡Estafador! ¡Payaso! ¡Destruye, cambia, más rápido volve-remos al principio! ¡Me llevas a paso de conga! ¡Algún día me las pagarás!

ÉL — ¡Tú no puedes conmigo, muñeca! ¡Ponte al buen vivir y sin chistar!¡Ésas son las reglas del juego!

ELLA — (Cae de rodillas.) ¡Maldito, maldito, maldito!

ÉL — (Hablando para sí.) En llegando este punto... Las cosas no podían mar-char... Era evidente. Y pensé que existía un culpable, y había que atajarlo atiempo, porque si no, la casa se me caía encima, y los culpables eran losque estaban afuera, los vecinos. Eran ellos los que conspiraban, los que im-pedían que mi pensamiento, que mi obra se realizara. (Gritando.) Candelacontra el macao. Candela. (Otro tono.) Medidas de urgencia. Medidas im-prescindibles. (Gritando.) Guerra a muerte contra el enemigo. (Otro tono.)Ahora verán lo que es bueno. (Otro tono. Narrativo.) Y me lancé en ese pro-yecto. Impecable, implacable. Todos son mis enemigos. Todos. Pero el peorenemigo lo tengo en casa, sí, lo sé..., lo descubrí un día, porque oí risitas yvocecitas entre dientes...

ELLA — ¡Mal risco te pele, degenerado!

ÉL — Los muebles, ellos..., las sillas, las mesas, las cortinas... ¡Es increíble!, medije. ¡Increíble, pero cierto!... (Pausa. Otro tono.) El lamento de esas som-bras me atormenta, desde lo invisible. (Cambio de tono.) Y me di a la tareade mirar a mi alrededor... ¡Sí, eran ellos! Y no sé de qué modo, ni cuándoni por qué empezaron a tener una vida independiente. Hacen lo que lesviene en gana. ¡Sí, parece increíble y ridículo! Solapados, astutos, perma-necen sometidos a la ley del menor esfuerzo, al vaivén de la ola marina.Un pasito pa’delante, y tres pasitos pa’trás. ¡Poco valen mis discursos!... Laspalabras caen en un barril sin fondo, en un pozo sin eco. Y la casa se vaagrietando y derrumbando, y yo no puedo contener esta avalancha. Lomismo sucede con estos monigotes. ¡Qué endiablado sarcasmo! Ellos, quedebían ocupar un lugar prominente..., ellos, que estaban hechos para un

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destino superior... ¡Míralos!... Nunca hemos podido construir uno que al-cance la perfección..., a medias siempre..., o peor..., caricaturas de calco-manías...

ELLA — ¡No te des por vencido, querido!

ÉL — Demasiado tarde.

ELLA — No digas eso.

ÉL — Reconócelo.

ELLA — ¡Intentémoslo!... ¡Al menos uno!

ÉL — (Rotundo.) ¡No! (Otro tono.) ¡Ésa es la tribu de los tarahumaras!

ELLA — (Aferrándose a ÉL. Desesperada.) ¡La tribu de los tarahumaras! ¡Los ta-rahumaras!... ¿Qué significa?

ÉL — ¡No sé! ¡No sé!... ¡Tú los verás, al fin! ¡Ahí están!... Entre sueños me di-cen..., que son ellos los tarahumaras, y cantan y bailan, con sus rostros pin-tarrajeados... Los veo, querida, desnudos... Ellos, estos monigotes... Consus brazos colgantes, las bocas torcidas, los ojos hundidos, o fuera de lasórbitas, a ratos sólo el tronco, o las piernas y el tronco, sin cuellos ni cabe-zas ni caras, o cabezas rodando como pelotas enormes de baloncesto...,bailan y bailan y cantan, en el fondo del mar, alrededor de una hogueraque es una racha fosforescente de agua y neblina..., y estoy a sus albedríos,muy próximo al sacrificio..., me tironean, me amarran a un palo, en unaroca alta, me tiran lanzas..., me increpan, me insultan, me beben la sangregota a gota, repiten mis gestos y discursos, pues fungen de vengadores..., yoigo la turbulencia del agua..., el sonido que es un hueco de agua, un soni-do hueco..., ahí están, ahí están..., y tengo miedo... (Casi en un sollozo.) ¡Ten-go miedo!

ELLA — (Suspira angustiada.) No te entiendo. (Pausa breve. Resignada.) ¡Qué im-porta! (Le acaricia el rostro, y dulcemente lo acuna, mientras canta.)

Señora Santana,¿por qué llora el niño?– Por una manzanaque se le ha perdido.– Yo le daré una,yo le daré dos.Una para el niñoy otra para Dios.

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– Yo no quiero una,yo no quiero dos.Yo quiero la míaque se me perdió.– Duérmete, mi niño.Duérmete, mi amor.Duérmete pedazode mi corazón.

Vuelve a escucharse, como al inicio de la obra, el ruido del agua de un gri-fo abierto. Los personajes se miran espantados e intentan abrazarse. Elruido del agua crece. La luz del escenario se transforma en una piscina opecera, y los dos personajes se mueven apenas en el agua. El ruido delagua se desvanece. Óyese un murmullo de voces, risas –tal vez la evoca-ción de los gemidos de las míticas sirenas–, choque de cadenas, violentosgolpes, y cantos de una salmodia, mezclado a un crujido de papeles o deramas ardiendo. El murmullo de las voces se intensifica. El cementerio demuebles rotos y de objetos inservibles y de fragmentos de monigotes o demonigotes inconclusos se mueve amenazante y se eleva y forma poco apoco una danza en la luz del agua. Los personajes quieren salir de la pe-cera, y no pueden, aunque golpean ferozmente sus paredes.

TELÓN

París, en invierno, 1993.

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Marta María Pérez Bravo. Ay San Rafael, será el 10 ó el 18?32

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CHRISTILLA VASSEROT: Mirando hacia atrás, ¿qué ha cambia-do desde los primeros momentos en que empezaste a escribir? ¿Quéha cambiado en tu manera de abordar la escritura? ¿Por qué vol-viste a escribir algunas obras como La Muerte del Ñeque?

JOSÉ TRIANA: En mi primera versión de La Muerte del Ñe-que, me perdí en lo sicológico. Mirando hoy la obra, de lamisma manera que miro Medea en el espejo, la estimo uncuadro social, la miro con una perspectiva que me da lahistoria, el hecho de haber analizado más a fondo qué co-sa era el mundo cubano, qué era la sociedad cubana, dón-de estaba insertada, cuáles eran las corrientes políticas, so-ciales, económicas y también filosóficas que la movían. Poruna parte he buceado en el sensualismo, el hedonismo y eldeseo mítico del cubano. A menudo nuestros compatriotasse nos vuelven insoportables cuando los tratamos por pri-mera vez, por la cantidad de historias, la mitomanía que sedespliega. Esa mitomanía es una búsqueda del mito. En elcubano está muy asentado el deseo del mito, de la historia.Cada criatura en Cuba trata de inventarse una historia. Yeso supone al mismo tiempo la asimilación de miles deotras historias que ocurren a su alrededor. La mitomaníanuestra es la locura del mito. Buscamos historias, cada cualmás delirante, como para construirnos sendas interpreta-ciones, para crearnos una identidad y posiblemente este-mos muy lejos de ello, pero de ello formamos parte. En LaMuerte del Ñeque, los personajes se exacerban. Uno trata demitologizar al otro, mientras se mitifican a sí mismos. Estoes una observación que debo a los años que he vivido enFrancia. Aquí encuentro el mismo fenómeno pero de unamanera más vaga, más excepcional. Sin embargo en Cuba

José Triana E N T R E V I S T O por Christilla Vasserot

Siempre fui y seréun exiliado

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te lo encuentras a patadas. La obra ha ganado porque no me he vuelto a per-der en lo sicológico como en la versión inicial.

C.V.: Tú mismo haces que algunos personajes se vuelvan mitos, como el Perico PiedraFina de Medea en el espejo, que en los relatos Fragmentos y humo se ha vuelto unmito, un personaje colectivo, del cual se ha apropiado una colectividad inventada por ti.

J.T.: Es que deseo –y espero que los años me den fuerza y la alegría de se-guir escribiendo– inventar nuevas referencias en torno a todo lo que he desa-rrollado ya: por ejemplo, en Candelaria Ortiz, el último relato que he escrito,hay variaciones, puntos complementarios sobre un sujeto, y un personaje aña-de noticias de otro que intervino en La Muerte del Ñeque y en el delirio descrip-tivo aparece Cachita Burundanga bailando junto a Silvia Pinal y Arturo deCórdoba. Te puede parecer extraño pero no lo es. Yo quisiera ir construyendoun universo muy especial en el cual todos los personajes se vayan encontran-do unos a otros. Ahora mismo estoy trabajando un relato en el cual quierometer a los muchachos de La Noche de los asesinos.

Los relatos de Fragmentos y humo están todos situados en el lugar donde yonací. Todos los personajes y los lugares pertenecen al mundo de esos años. Loshe retomado y he inventado toda una serie de historias a partir de lo que oía, loque se contaba cuando era un niño. Ese fantasmear lo he incorporado al relato.

C.V.: ¿Qué diferencia concibes entre la escritura teatral, la escritura poética y la deun relato?

J.T.: Yo me acerco al teatro porque para empezar me seduce la historia. Hetenido una gran obsesión con la historia del país, mi historia, la historia de loque los cubanos hemos vivido. Acercarme al teatro es buscar un medio expresi-vo en el cual yo vaya hacia una síntesis, lograr expresar esa complejidad queme da la historia, que me da la vida cubana. Al principio, cuando pequeño, alos seis u ocho años, en mi precocidad infantil, me embarullaba en los relatos.Me inventaba historias, pequeñas historias como las de los ventrílocuos. Posi-blemente en aquel momento estaba yo repitiendo el acontecer inmediato. Yotrataba de trasponerlo y volverlo una historieta. Esas historietas se transforma-ron a medida que fui creciendo, a los diez o doce años, y organizábamos repre-sentaciones en la casa. Jugábamos. Y ese juego me llevó a una búsqueda mayor,a los dieciocho o veinte años; vivía enajenado por el teatro, me fascinaba –algoque posiblemente mi madre me inculcó, esa idea del teatro y del cine. Perodesde pequeño mi intención fue narrativa y al mismo tiempo poética. Y luegofui encontrando una vía para manifestar algo que se transforma en teatro. Loteatral ha estado funcionando dentro de toda mi obra porque siempre buscouna síntesis expresiva. Mis diálogos están concebidos para que el carácter sedefina. Yo hago una definición sin saberlo, buscando esa síntesis donde un per-sonaje esté dando una imagen muy clara de lo que es él, de lo que son los per-sonajes. En mis relatos los personajes hablan como si estuvieran definiéndose,buscando una definición de sí mismos. Eso se lo debo al teatro, al ejercicio delargos años. La poesía y el teatro buscan síntesis, mucho más que lo narrativo.La prosa puede ocupar páginas y páginas de reflexión. Para mí, las reflexionesestán muy reducidas. Lo que yo veo siempre es el barullo, la confusión humana.

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Por lo regular, en la prosa el escritor se alarga demasiado. Yo condenso, atrapoal personaje, lo tomo en sus momentos significativos, los momentos en los cua-les hay una contradicción y una lucha que se manifiesta y que puede aclararlealgo al lector o al espectador. Se trata de una síntesis de raíz poética.

¿Por qué empiezo a trabajar en el relato? El relato empezó a aparecer enforma definida en el monólogo Cruzando el puente. Eso fue en el 1991. Ante-riormente yo había garabateado esbozos de relatos, pequeñas cosas que esta-ban entre el poema y el relato. Pero en Cruzando el puente me vi con la necesi-dad personal de realizar un acto teatral que incluyera lo narrativo. Se trata deun monólogo en que hay momentos casi narrativos. Esa experiencia me llevaa ejercitar al lector que soy de novelas, cuentos, relatos: eso me apasiona. A fi-nales de los 70 hice la adaptación de la novela de Miguel de Carrión, Las Hon-radas, en la obra Palabras comunes. Naturalmente era una búsqueda. Luego vie-ne Cruzando el puente e inmediatamente se me aparece cierta claridad sobrecómo abordar lo narrativo. Tú sabes, Christilla, el exilio tiene sus exigencias.En verdad, toda sociedad exige, y no es fácil encontrar las condiciones queuno desea para ver su obra en el escenario. A partir del año 68 en Cuba, y lue-go aquí, he tenido dificultades para montajes, dificultades para ponerme encontacto con el mundo del teatro, etc. La vida del exilio no es fácil. Y así em-pecé a pensar en abordar el relato.

Eso me costó Dios y ayuda, como dicen en Cuba. La narrativa tiene sus le-yes y me costó trabajo incorporarme al acto narrativo. Pero era una manerade replantearme a mí mismo una continuidad con lo teatral y lo poético. Y úl-timamente en la narración he sentido una enorme libertad para trabajar.Aquello que me ofrecía tanta resistencia, aquello que me parecía muy difícilhoy día lo voy superando. Es un ejercicio, un aprendizaje, busco zonas inédi-tas dentro de mí mismo que sería incapaz de plantear teatralmente, aun cuan-do haya dentro de ese mismo relato sugerencias o evidencias puramente tea-trales. ¿Has visto y comprobado la diversidad teatral en el Quijote? Además noconfío en la puridad de los géneros; las cosas se intercambian. En la novela deVirginia Woolf hay un gran sentido teatral. Lo hay también en el Ulises. Mu-chos escritores han incorporado lo teatral a lo novelesco. Ahora recuerdo elAdán Buenosayres de Leopoldo Marechal, en que pululan los hallazgos teatra-les. Todo eso me da una mayor libertad imaginativa. Tanto en el teatro comoen la poesía me siento atado. En la narración desato cabos, hay un proceso deliberación. La memoria me asalta...

C.V.: O sea que sigues siendo el mismo ventrílocuo...J.T.: El mismo... Además yo siempre he trabajado con la memoria. Es algo

tan evanescente, tan fragmentario, y eso es lo que conforma nuestra historia.Residuos, fulguraciones construyen lentamente ese universo muy especial quees la memoria. Por ejemplo, en los relatos que me estoy planteando en estemomento, todo sucede en Bayamo, la ciudad de mi niñez. Bayamo se convierteen un pequeño pandemonio cargado de determinadas significaciones míti-cas. E incluso lo inserto como parte de esa mitomanía nuestra. Y posiblemen-te yo me estoy inventando. En estos últimos años lo que hago es inventarme.

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C.V.: Se ha publicado una versión bilingüe de Vueltas al espejo. ¿Cómo acogisteesa confrontación de tu texto con su traducción al francés?

J.T.: De golpe se trata de una cosa emocional. Luego fue hermoso admirarcómo el traductor había logrado una intensidad en el uso del francés paradarle salida al texto en español. El acto de traducir implica traicionar y debe,no obstante, regalar una imagen novedosa y jubilosa del texto. Para mí es unaproeza. Sin duda alguna no soy un perito en lengua francesa. La parte emo-cional me suple el conocimiento del idioma, y sentí correspondencias entrelos poemas de una lengua y otra.

C.V.: Se te conoce a menudo como el autor de La Noche de los asesinos, conside-rada como una obra experimental y de vanguardia. Tal vez el público se sorprenda le-yendo los sonetos de Vueltas al espejo...

J.T.: Pero son sonetos infieles... porque la gente olvida que hay formas anti-guas que pueden ser renovadas. Mi pretensión quizás ha sido demasiado exage-rada, pero pienso que frente a una forma clásica el escritor debe tratar de arries-garse..., a qué se atreve. Para mí, todo es fundamentalmente lenguaje. El hombrefunciona por sus actos y por el lenguaje. El lenguaje es una manifestación de suser. Y eso lo da la poesía. La poesía busca ese internarse en el lenguaje, ir a con-quistarlo, atreverse a decir cosas muy contemporáneas y personales pero dentrode formas establecidas, con sus propias reglas. Eso fue también una de las preo-cupaciones que tuvieron poetas como Góngora o Quevedo: expresarse ellos, bus-car en el lenguaje una forma en la cual su identidad no estuviera traicionada. Esaregla les permitía una libertad que antes no conocían. Es buscar dentro de las es-tructuras lingüísticas una libertad, buscar quién es uno. Ése es un ejercicio inte-resante. En mis sonetos dedicados a Gastón Baquero, Hölderlin en su celda, hayuna libertad en el tratamiento del soneto, justamente, que yo no había logrado.

C.V.: Estás preparando una antología de teatro cubano en un acto, para las edicio-nes Ollantay. ¿Cuál es tu relación, hoy día, con el mundo teatral cubano? ¿Cuál es lameta de esa antología?

J.T.: Se trata de mostrar que el teatro cubano es uno, es teatro cubano enel interior como en el exterior. Es necesario que se reconozca que lo que seescribe en el extranjero es tan importante como lo escrito dentro de la isla ysigue siendo auténticamente cubano. Sea en Cuba, en Nueva York o en París,hay una manera particular de contar, un quehacer propio. Está el circunlo-quio, están las maneras amañadas que a veces tenemos nosotros para expre-sarnos. Nuestro contar es diferente. Si comparamos nuestro teatro con el tea-tro francés o el teatro norteamericano, en éstos últimos hay estructuras queson “sólidas”. Ocurre que nuestras obras parezcan extrañas, no se sabe adóndevan, y después nos damos cuenta de que nos cuentan una historia muy clara,pero que los métodos no corresponden a una línea prefijada, a una estructurademostrativa. Las obras de Pedro Monge como las de Carmen Duarte, Joel Ca-no, José Corrales o las obras mías corresponden a esa forma de contar como agolpetazos. Lo que siempre salva es el aliento poético que tienen las obras. Hayuna verdad dentro de todo eso, una pasión extraña, un amor por los persona-jes. Tampoco hay una tiranía de lo cubano. Cada uno da su versión. Hay tanta

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variedad como hombres. Y todo eso aporta claves desinteresadas a nuestra cul-tura, teatro, novela, ensayo, poesía. Visiones algunas opuestas pero contribu-yen a crear ese entramado fascinante que es nuestra cultura, nuestro actuar,nuestro vivir, a pesar de la distancia, entre unos y otros.

C.V.: ¿Por qué no se han montado nunca obras como Ceremonial de guerra oLa Fiesta?

J.T.: Ceremonial de guerra es una obra que no le ha interesado a nadie. Lagente no le ha dado ningún valor. Por otra parte, recuerda el contratiempoque significa montar obras como Revolico en el Campo de Marte o Palabras comu-nes, que necesitan un gran equipo de actores, escenografía, danzas, bailes. Noes lo mismo que montar La Noche de los asesinos, que consta de tres personajes ydonde se necesita poco dinero para la escenografía. La obra no ofrece proble-mas económicos. Ya es sólo un problema, el de los actores. Mira, por curiosi-dad el caso de La Fiesta, nueve actores en el escenario. Además demanda unaescenografía muy especial, transformable. Es compleja y supone ciertos riesgospara quien quiera montarla. Es un homenaje al teatro popular cubano y pide yreclama esa sandunga, esa gracia. Y al estar yo inscrito dentro de otra sociedad,desde el punto de vista social y público, es muy difícil que alguien se ocupe demi teatro. Además, siempre el teatro está vinculado a la cultura de un país. En-tonces mi teatro viene siendo como una curiosidad, una extravagancia.

C.V.: Medea en el espejo se montó en Inglaterra en el 96. ¿Qué ha cambiado des-de la puesta en escena de Francisco Morín en el 60?

J.T.: Todo. La puesta de Morín estaba eminentemente enraizada en nues-tra sambumbia. Se hizo en un pequeño teatro de La Habana, la sala Prome-teo. Fue un montaje excelente, maravilloso, que yo siempre recuerdo con ter-nura. El grupo inglés Talawa la mira y la interpreta desde una perspectivamucho más continental, abarcando el área del Caribe. Ellos incorporan ritua-les negros, ya sean haitianos, ya sean de Jamaica, conjurando voces inquietan-tes y efectos sorprendentes. Eso no excluye la grandeza del montaje de Morín,sino que le da un nuevo componente a la obra, enriqueciéndola.

C.V.: ¿Cómo se acogió la obra?J.T.: En Inglaterra fue un éxito por las actuaciones, por la dirección, por la

puesta en escena. Pero el público estaba limitado: gente interesada, gente deteatro, gente de origen antillano. En Cuba sí fue un verdadero éxito. Fueroncomo siete u ocho meses de montaje. El público pedía la obra. Luego se hicie-ron dos versiones en la televisión. Fue una sorpresa, pero me hizo seguir porel camino del teatro, y escribí El Parque de la Fraternidad, La Casa ardiendo y LaMuerte del Ñeque.

C.V.: ¿Cambiaron los montajes de las obras tu manera de escribir teatro?J.T.: No, nunca. Lo que quiero decir lo digo en la manera en que me viene

dado. Es una cosa que a uno le viene dado de lo que conoce, ve, aprende, de lasexperiencias que tiene. Lo que sí es interesante es que tanto El Mayor General ha-blará de teogonía como La Noche de los asesinos, como la pequeña obra Ahí están lostarahumaras, están vinculadas de un modo muy extraño, como si enfocaran unamisma proyección, como si yo las ensamblara a escondidas, o hurgara en una

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zona espiritual que me obsesiona. Las tres obras son tres alaridos. El Mayor Gene-ral habla del desamor. La Noche de los asesinos es un arreglo de cuentas pero tam-bién habla del desamor entre hermanos. Ahí están los Tarahumaras es tambiénun alarido sobre el desamor. Parece que eso me perturba bastante: cómo lossentimientos humanos nunca están bastante bien colocados para que una rela-ción cobre su mayor intensidad, su mayor proyección entre los seres que estánligados. Siempre hay un desajuste sentimental, amoroso. Nadie sabe cómo ydónde colocar el amor, ni si se ajusta, se amolda, se sincroniza de un modo ade-cuado para que se haga algo trascendente para las personas que lo viven. Siem-pre está ese resquicio, esa hendidura que impide que los seres humanos logre-mos una fusión. Es como si todo el mundo defendiera su retazo de diferencia.

C.V.: La Noche de los asesinos es sin embargo una obra aparte dentro de tu re-pertorio, al menos por las reacciones que ha desencadenado y sigue provocando...

J.T.: La obra va cargada de toda una aureola. Está el atrevimiento de laobra en poner a los hijos a soñar la muerte de los padres, que posiblementesea una de las enormes obsesiones que tenga toda sociedad, es decir cómodeslindar el mundo primario de la adolescencia y llegar a ser adulto. Por esotal vez la obra se monte tanto, vaya caminando sola.

Te decía antes que la obra era un arreglo de cuentas entre hermanos. Enun determinado momento me equivoqué pensando que se trataba de saldaruna cuenta entre una generación y la otra. Pero se trata más bien del enfren-tamiento de esas tres criaturas, sin que esté suficientemente claro qué tipode relación tienen. Entonces toman la excusa de lo invisible y llevan a cabotodo ese ceremonial para tratar de agobiarse y maltratarse. Hay cierto instan-te en que el iniciador del juego se retira, ya estima que ha terminado el jue-go, y son las dos hermanas las que le dan continuidad a ese juego inconclu-so. Ellas mismas lo van torturando y el hermano en revancha asume sea lamadre, sea el padre, sean los otros personajes ambientales que configuran laobra; en concreto, un arreglo de cuentas. Creo que eso está claro cuandoCuca le dice a Lalo: “Sé por dónde vas y no te lo voy a permitir”. Entoncesasume ella otro papel. Es un juego endiablado que con el tiempo he ido des-cubriendo y encarando.

Esto no lo tenía consciente en el momento en que escribí la obra. La es-cribí en un estado de ánimo muy especial: vivía en un apartamento de La Ha-bana Vieja y todo el tiempo oía la repetición de cosas que ya en la infancia,en la casa de Bayamo, había oído. En Bayamo uno de los vecinos, el hijo ma-yor, agobiaba a su familia. Uno nunca sabía exactamente quiénes eran losque buscaban las disputas, si era él quien la imponía o si eran los demás. Elcaso es que ese sentirse uno agraviado por lo exterior lo constaté en mi apar-tamento de La Habana Vieja. Los vecinos contiguos tenían esa misma rela-ción entre ellos. Era horrible. Eso quizás fue el motor que me permitió en-frentarme a mí mismo y enfrentarme a todo lo vivido anteriormente, que eslo que yo rechazo de las relaciones humanas. Porque en el fondo es un actode limpieza también, de rechazo, de mirada crítica, de establecer un puente,una lejanía.

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C.V.: Obsesiones que se repiten a lo largo de toda tu obra...J.T.: Tomemos El Mayor General hablará de teogonía y la visión de la familia que

doy en la obra. Después lo que se da en Medea en el espejo. Luego lo que se da enEl Parque de la Fraternidad, que es una pequeña obrita que da muchas claves so-bre la vida cubana –el desarraigo, el no saber dónde está la gente, andar un po-co en el vacío, cómo la juventud se pierde en el vacío, cómo no sabe a qué afe-rrarse, qué buscar, qué apoyo tener. Más tarde te encuentras La Noche de losasesinos. Recuerda la visión que se da en Revolico en el Campo de Marte, y la visiónque se da en Palabras comunes. Y finalmente La Fiesta, que a mi parecer es unahermosa obra y ha sido mirada injustamente. Tú te das cuenta de que hay unconcepto centralizado. En todas esas obras desarrollo mi concepción de lo queson la sociedad y la familia cubana. Si tú coges a Higinio y si coges al personajeabstracto de Ahí están los tarahumaras, te das cuenta de que es una misma línea,el mismo desajuste del hombre y la misma postura de la mujer. Elisiria y Ella, elotro personaje de Ahí están los tarahumaras, están enlazadas. Es el mismo perso-naje que encuentras en Cuca y en las hermanas de Palabras comunes. Y de cuan-do en cuando me pregunto: ¿No tendrá el personaje de Higinio también unareferencia inmediata con Julián, que se quiere ir? Y Julián, ¿no tiene relacióncon Gastón, que con una francesa abandona el país? ¿No hay ese mismo desam-paro, el mismo desajuste que les impide a esos personajes insertarse cabalmentedentro de la sociedad, que hace que algo falle? Son sugerencias que se me ocu-rren, el hecho de una constante o línea sutil que unifica a los personajes.

C.V.: ¿Qué es entonces lo que a tu parecer explica la resonancia que tuvo La No-che de los asesinos en Cuba, pero también en el resto de América y en Europa?

J.T.: Algunos temas son tabúes dentro de nuestra sociedad humana. Porejemplo, la parte incestuosa que tiene la obra. El no saber situar el hechoamoroso en algún lugar. La inadecuación educativa que recibe el adolescentey cómo ellos reproducen eso mismo en sus relaciones, y además reproducenlas discusiones que ellos oyeron. Alguna gente ha encontrado allí una especiede claridad. Otros se quedan fascinados con el aparato de la obra. Pero lagente que va más a fondo nota esa reproducción de actos fallidos y de actosdesorbitados que soñaron, pensaron, vivieron, que en un determinado mo-mento eran como una larva interior y allí toman cuerpo y explotan. Todo esopuede inquietar a la gente. Pero tampoco te lo puedo explicar muy bien. Haycierto momento en que la escritura se me escapa. No logro tener una con-ciencia clara, honesta del fenómeno.

C.V.: La obra también tuvo consecuencias nefastas para ti...J.T.: Porque la gente interpretó la obra de inmediato asociándola a lo polí-

tico y la juzgaron nociva, un ataque a la idea revolucionaria, cuando yo al con-trario estaba recordando que existía un acto revolucionario de transforma-ción que no estaba exclusivamente vinculado con leyes, sino que había unsaneamiento por hacer, una reflexión interna, profunda para lograr el verda-dero acto revolucionario. Todo eso se tergiversó. Otro aspecto visible nos lle-va al convencimiento que el castrismo se fundamenta en la concepción pe-queño burguesa de la vida y yo estaba asestándole un golpe o dinamitando

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esa estructura. Se pensó que yo era un francotirador, que lanzaba una obraque deterioraría lentamente el proceso de gobierno. Se ensañaron conmigo.Pero todo eso yo lo veo como un acto normal. La escritura te aporta momen-tos de alegría pero también tiene una parte oscura y sórdida. Ésa es la nociónque uno debe saber asimilar. Si existe el elogio, existe el vejamen.

C.V.: Sobre todo cuando uno se niega a cualquier tipo de concesiones...J.T.: No hago concesiones inmediatas. La obra mía está concebida desde el

punto de vista espiritual. Es una metáfora o una aproximación. Si hablo de losactos concretos de que si voy al cine, si voy al parque o me tiré un peo, algomás me trajina. Está el exabrupto, está el peo, está la violencia de lo inmedia-to, pero siempre con una búsqueda de lo poético y lo trascendente. Ésa esuna aspiración; no sé si lo logro verdaderamente.

C.V.: ¿Es cierto que Virgilio Piñera escribió Dos Viejos pánicos después de ver LaNoche de los asesinos?

J.T.: Sí. Según él, yo me había ido muy alto y había que bajarme del trono.Pero también él hizo Dos Viejos pánicos por una necesidad imperiosa que teníade expresarse. La Noche de los asesinos fue un incentivo para él, según sospe-cho. Ah, vanidad de vanidades...

C.V.: Los primeros años de la Revolución conformaron un momento de mucha crea-ción y mucho intercambio dentro del mundo teatral cubano...

J.T.: Entre actores, escritores, directores... Había una gran vinculación y ungran respeto mutuo, una aceptación del otro. Casi te diría que nos unía unamirada amorosa. En realidad nosotros formamos un enorme equipo teatral.Los actores podían estar trabajando en una compañía u otra, pero luego to-dos nos reuníamos y empezábamos a comentar, a contar chistes. Era una per-manente identificación en el mejor sentido de la palabra. Era realmente unafiesta, una verdadera fiesta... con todas las divisiones, con todas las segregacio-nes que hubo, ya que todo acto humano está vinculado con una parte oscura.

C.V.: Una fiesta que se acabó en el 68, con el llamado “caso Padilla” y el incidentede Los Siete contra Tebas. Tú formaste parte del jurado que le otorgó el premio de tea-tro de la UNEAC a la obra de Antón Arrufat. ¿Cómo fue el asunto?

J.T.: Fue lamentable. La obra es agresiva, pero estoy convencido de que hayque escribir agresivamente. Toca zonas que nunca antes se habían tratado, co-mo el destierro y la igualdad de condiciones entre unos y otros. Eso en Cuba nose podía decir. El exiliado dejaba de existir, era negado. Los Siete contra Tebas esuna obra que no plantea distinciones: el exiliado que viene a atacar la ciudadcomo el que la defiende son dos componentes importantes de la vida humana,tanto el que defiende como el que ataca. Y el que le diéramos el título de obrapremiable fue calificado como una agresión, o una transgresión. Se considerónefasta mi actitud por defenderla contra viento y marea, y a partir de allí seacentuaron mis problemas dentro de la sociedad revolucionaria. Me atacaronpersonalmente por escrito en el prólogo que se publicó junto con la obra en laedición de la UNEAC, pero eso sólo fue una minucia. Después me lo hicieron ma-nifiesto en asambleas, en la calle, en los centros de trabajo. Hubo un tiempo enque fui un apestado.

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C.V.: ¿Y cómo ves hoy a tu país?J.T.: Mi país está ahí, me encanta, con su alegría, con su tristeza, con su

nostalgia, con su melancolía, con esa parte oscura y siniestra que no sabemosqué cosa es, de dónde viene pero en la que uno fácilmente cae, un desordende algún modo espiritual. Por lo que ves, me siento muy identificado con elcubano, con su máscara y su sombra.

Pero no olvides que fue una pesadilla y uno debe tratar de vivir una vidaque sea más o menos conciliatoria, en que haya una reconciliación entre uno ylo que le rodea. Ese tipo de relaciones se llevaron en Cuba hasta la pasión gro-tesca, de una manera injusta, arbitraria. Y no fui yo solo. Estuvo el caso de Vir-gilio Piñera, de Lezama Lima, de Heberto Padilla, de Antón Arrufat, de Rei-naldo Arenas y de otras personas de las que no tenemos idea porque no teníanninguna obra hecha y fueron eliminadas. Fue un proceso de barbarie. Frente aeso, ¿de qué manera tú quieres que yo mire a los que gobiernan a mi país?

C.V.: Y cuando artistas o intelectuales cubanos te invitan, insisten en que vayas aCuba, ¿cómo lo consideras?

J.T.: Me duele. Cómo hemos perdido el tiempo... Cómo el ser humanopierde el tiempo... Escribir es lo único que me ha permitido sobrevivir al dolor.

C.V.: Te fuiste de Cuba en un momento muy difícil...J.T.: Muy difícil... Después del Mariel. Por eso cuando leo a Abelardo Esto-

rino declarando que en Cuba jamás hubo persecuciones, él que pasó práctica-mente diez años perseguido, lo mismo que su amigo Raúl Martínez... Dentrode ese mundo gelatinoso de lo no dicho ellos se pasaron diez años franca-mente en silencio. Luego se fueron arreglando las cosas porque Estorino esmuy buena persona, dijo lo que no dijo, dijo lo que dijo pero no lo dijo y en-tonces dijo diciendo que no dijo y lo dijo pero entonces no lo dijo... Comoese galimatías funciona en Cuba, entonces Estorino, que está defendiendo suteatro y quiere terminar sus días agradablemente, es capaz de decir que él nofue perseguido, que todo eso fue una locura o una invención del exilio. Y loterrible es que detrás hay exilados que lo apoyan. Por eso el regresar lo consi-dero sicológicamente imposible.

C.V.: ¿Hay un gran desfase entre los que se fueron de Cuba y los que se quedaron?J.T.: Sí, yo creo que sí. Porque unos tuvieron que mentir y están, como ya

te decía, en el galimatías, en el mundo gelatinoso de la mentira, que apren-dieron ya y quieren continuar viviendo tranquilamente; y los demás, al tratarde asumir la “libertad” que ofrece el mundo siempre, esa “libertad” que esmuy valiosa, que es muy importante, al tratar de vivir dentro de una sociedadsupuestamente democrática, tuvieron una exigencia mucho mayor. Hay untrabajo maravilloso de René Depestre en la revista Encuentro sobre NicolásGuillén. Ahí te das cuenta de la visión de un poeta que estuvo comprometidocon la revolución cubana durante años y analiza ahora su relación con NicolásGuillén y el mundo intelectual cubano.

C.V.: Exilarse tampoco es exigir la facilidad...J.T.: Exilarse no es fácil. Es, uno, revisión de tu pasado; dos, ¿qué es lo que

tú quieres, qué vas a hacer con tu vida? Tienes que responsabilizarte con todo

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lo vivido anteriormente y al mismo tiempo instalar nuevas perspectivas para tiy ver cómo te vas desarrollando lentamente dentro de una sociedad que no teha pedido que tú estés ahí, en la cual eres un extraño.

C.V.: Como exilado cubano, ¿cómo te acogieron los medios intelectuales y artísticosfranceses?

J.T.: La gente a quien conocía, excepto unas cuantas personas excepciona-les, me dejaron de tratar a partir del momento en que llegué aquí. La nega-ción absoluta. Entre esas personas excepcionales están Carlos Semprún y Hu-guette Fayet. Tampoco puedo olvidar que llegué a finales del 80; en el 81 ganael partido socialista y Jack Lang y Robert Abirached tuvieron conmigo una re-acción muy hermosa. Ellos me dieron todas las facilidades para que se fundaraun grupo de teatro que se llamó Théâtre Virtuel, con el cual se empezó a mon-tar La Noche de los asesinos. Renuncié por problemas internos con los actores,debidos a la falta de comprensión entre unos y otros. Preferí renunciar porqueno he venido a Francia a buscar gloria sino a estar tranquilo, encontrar una po-sibilidad de vida diferente a la vivida. Yo no vine a Francia porque quería fama,ni gloria, ni nada. Ésas son cosas que me son ajenas y no me interesan.

C.V.: Hoy estás escribiendo mucho. Lo que has escrito últimamente ha tenido ciertaresonancia...

J.T.: Está el libro de relatos, Fragmentos y humo, que afortunadamente hagustado y Claude Bleton, el director del departamento hispano de la editorialActes Sud, a quien Zoe Valdés le había enviado el texto, me llamó para decir-me que le interesaba y que lo iban a publicar. Eso me ha dado mucho aliento.Sigo escribiendo relatos.

C.V.: ¿Cómo escribir de Cuba desde Francia?J.T.: Mira esta casa: es Cuba. Sí, no te rías... ¡es Cuba! Aquí se habla espa-

ñol. Se come comida algunas veces cubana, a veces francesa, pero lo mismosucedía en Cuba, en Bayamo y luego en La Habana. Se oye música cubana,entre otras cosas. Los amigos que tengo son la gente a quien considero esen-cial, personas que tienen cada una su propia mirada pero que nos acompaña-mos unos a otros sin tener que pensar lo mismo siempre. Tengo amigos cuba-nos: te tengo a ti; tengo a Joel, un excelente escritor de teatro y a quiencuento entre mis amigos; tengo a Zoe, a Ricardo, a Tania, a Samir, a Gerardo,y a otros a quienes veo con más o menos frecuencia.

C.V.: Estás viviendo en Francia, que no es Cuba ni Miami. Estás más lejos de laspasiones que por lo general animan los debates acerca de Cuba. ¿Piensas haber logradoasí una mayor distancia crítica respecto a Cuba?

J.T.: Eso le permite a uno reflexionar y pensar de una manera profunda yapasionada en las cosas mejores, y desapasionada en las cosas peores. Eso teproporciona una perspectiva magnífica, te da la posibilidad de escribir a fon-do sobre las cosas que para ti son esenciales, necesarias para ti. Todo me haayudado. Además, mira lo que me ocurre a veces: Chantal y yo estábamos elotro día en Autun, por la región de Borgoña, y le dije a Chantal: “Ay, tengounos deseos de estar ya en La Habana...” Por supuesto La Habana es París. Yademás vienen todos los personajes; se enlaza la historia cubana con la historia

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francesa, lo vivido actualmente con lo vivido en el pasado. Ahora veo más níti-damente a los personajes cubanos. Veo el desfase que existe, que siempre haexistido, entre el cubano en sus relaciones amorosas, amistosas, de trabajo...Lo miro con una mayor complacencia y sin reservas. Al escribir los relatos en-tro en una euforia verbal. Por eso es necesario que tenga este espacio.

C.V.: ¿Cuál es tu opinión acerca del fenómeno de moda, del gran interés que se estádesarrollando por Cuba? ¿Qué consecuencias puede tener sobre la cultura cubana?

J.T.: Se trata de una efervescencia transitoria como la tienen todas las so-ciedades ricas que se preguntan cómo pasarse unas buenas vacaciones en unlugar que resulte barato. Hoy el cubano lo ha entendido y se lo ofrece por ne-cesidad, por las dificultades económicas. Anteriormente era imposible que su-cediera. Pero es una situación falsa, ficticia. El turista, o el que viaja como él,nada más está viendo una musaraña exótica. Siempre existe un desfase entrelo que piensa un cubano de un europeo y lo que piensa un europeo de un cu-bano. Y no se dan cuenta los dos que ambos son iguales. Es una manera muyextraña de mirarse mutuamente.

C.V.: Tú siempre te has negado a adaptarte a las exigencias de un público. Es locontrario de lo que a menudo pasa hoy en Cuba, donde muchos procuran proporcionar-le a la gente lo que ésta espera, conformarse con la imagen que esa gente tiene de Cuba...

J.T.: Idea nefasta, idea peligrosa, idea traicionera. Dar una imagen que noes. Tú puedes oír a una persona delirar durante quince minutos, y si tú no in-tervienes en su discurso lo estás limitando a ese garabato que tienes delante.Detesto esta actitud. Tengo un mayor respeto por el hombre, por la sociedad,por cada criatura que me rodea.

C.V.: Mucha gente, al mismo tiempo, se está afanando por promover una culturacubana más esencial.

J.T.: Sí, hay escritores primordiales, sea en la Cuba interior como en la Cu-ba exterior. Está Magaly Alaban entre las grandes poetisas nuestras, y tambiénMaría Elena Cruz Varela. Estaba Gastón Baquero en España que acaba de falle-cer, y Manuel Díaz Martínez. Está Eugenio Florit en Miami, y Ángel Gaztelu,Orlando Rossardi, Concepción Alzola, Ángel Cuadra, Belkis Cuza Malé, Mauri-cio Fernández, Carlos A. Díaz –poeta y director de las publicaciones La Torrede Papel–, Fernando Villaverde, Carlos Victoria, Julio Matas, Matías MontesHuidobro, Carlos M. Luis. Maya Islas en Nueva York, José Kozer, Iraida Iturral-de, Lourdes Gil, Pedro Monge y la revista Ollantay. Está Zoe Valdés en París,Eduardo Manet. En Londres Guillermo Cabrera Infante. En Cuba están JoséAntonio Ponte, Reina María Rodríguez, Rolando Sánchez Mejías, Lina de Fe-ria, Antón Arrufat, Abelardo Estorino, Omar Pérez, Mirta Yáñez y César López.Aquí está Joel Cano en el teatro. En el campo del ensayo ha habido gente ex-traordinaria entre las cuales te nombro a Enrico Mario Santí, a Pío Serrano,poeta y ensayista, a González Echevarría, a Mario Parajón. Está ese grupo deescritores que se agruparon en torno a Jesús Díaz, novelista, cuentista y ensa-yista, y la revista Encuentro. Están en el exterior y pertenecen a una Cuba esen-cial. Te quiero decir que se está concretando una labor de grandes creadores,algo comparable con lo que venía germinándose con la revista Orígenes y que

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sale por diferentes vías. Esos escritores conforman una literatura netamenteidentificable dentro del concierto de los países latinoamericanos. Se trata aveces de una escritura silenciosa o ignorada pero que funciona. Y a la larga sedarán cuenta de lo que se hace y se ha hecho.

C.V.: ¿Has pensado alguna vez en volver a Cuba?J.T.: Nunca me ha tentado el regreso. No quiero estar ahora confrontándo-

me, ni moverme entre viejas rencillas, odios, vejaciones... No... Hay que liqui-dar eso... Las heridas existen pero yo no voy a ir a revivirlas, andar por una ca-lle, encontrarme con una persona y no quererla saludar porque esa persona endeterminado momento me hizo un acto desagradable. No tengo necesidad deeso. A los sesenta y seis años, deseo claridad para mi vida. No tengo ningún re-sentimiento. Lo que no quiero es enfrentarme a ese fragmento doloroso. Quie-ro mirarla como un hecho humano que sucedió, que pasó. Prefiero deslizarladentro de mi obra o sencillamente tirarla al desván de lo inútil. Pero no volva-mos hacia atrás... El día que se haga el análisis de la gente que se suicidó, se ve-rá que el número es grande. Lo que pasa es que esas cosas no se saben y todoestá pintado con el color de rosa de la revolución. Hubo muchos suicidios. Yoconozco tres casos, el de Javier de Varona y el de Eduardo Castañeda, en el Ins-tituto del Libro, y el de Alberto Mora en el Ministerio del Comercio Exterior.1

Tres suicidios porque eran gente que no podía explicarse el desbarajuste y lacarga de irracionalidad permanente que existía en los centros de trabajo y elsentimiento apocalíptico en la vida cotidiana: ausencia de comida, de agua, deropa, de zapatos, de las cosas fundamentales. Y eso que ellos no eran genteagredida. Eran gente problemática. Y cuántas amistades muy cercanas, no caye-ron en estados de depresión que las llevaron al suicidio. Entonces regresar alpaís significa retomar esa parte oscura, junto con la otra, la del jubileo, la ale-gría que significa el país. Pero considerando el balance de una y otra parte, nopuedo traicionarme a mí mismo. Claro, también existe lo nefasto dentro de lasociedad cubana, como el castrismo, que es otra de mis referencias. Pero, ex-cluyendo eso, que por supuesto es muy importante, si analizo la parte humana,no puedo olvidarme de que a mi hermana Gladys, por querer irse del país, lametieron en un campo de trabajo forzado. Porque ¿cuál era el problema deella? ¿Que no quería seguir viviendo en Cuba? ¿Qué cosa es ésa...?

Y han sido demasiados años y he ido incorporando otras formas de vivir.En Cuba también viví en el exilio. El regreso no es una cosa que me seduzcatanto porque siempre estamos exilados. Hay un exilio terrible... en el cual vivi-mos, aun cuando estemos dentro del país. En la Biblia se dice “Dame tu ley”.Ese “Dame tu ley” es preguntar: “Dime qué piensas. Dime quién eres. Dimedónde estás. Dime qué buscas. Cuál es tu proyecto. Cuáles son tus razones otu condición de ser”. Ese pedir la ley es a mi parecer una amplificación denuestra extranjería, de estar siempre viviendo como fuera y tratar de buscar

1 “Ampliamente expuesto en el libro La Mala memoria de Heberto Padilla, Plaza & Janés editores,Barcelona, 1989 (nota del autor).

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esa comunicación, incorporar al otro. Hay un juego entre la petición y el reci-bir. La idea de extranjería siempre me ha agobiado. De pequeño salí de mipueblo, me fui a otro pueblo de Oriente, lo asimilé, formo parte de él. PrimeroOriente, después Madrid y después La Habana. Siempre fui y seré un exilado.

Marguerite Duras hablaba de “la memoria inconsolable”. Y hay cosas que es-tán en mí de este mismo modo. Tengo una “memoria inconsolable”. La gran-diosa Marguerite tenía toda la razón. Esto puede aplicarse también a espaciosmás abiertos y definitivos. Memoria inconsolable por lo que fui, por lo que soy,por lo que seré. Los cambios que he tenido a lo largo de mi vida, fragmentos,retazos, raciones, ¿es lo que queda? O si en el instante último, al desvanecerselas palabras, sólo nos acoge el silencio, un frío silencio y olvido. Lo que más mellama la atención frente a esos pensamientos fúnebres es que se levanta comouna caracola irradiante, como una gardenia o una mariposa saltimbanqui, al-guien me narra otra historia, la historia que viene, que se aproxima al umbral...

París, 12 de mayo de 1997.

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e n c u e n t roMarta María Pérez Bravo. Un rey que todo lo puede; el 2.

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“Crueldad significa rigor, aplicación y decisión implacable, determinación irreversible, absoluta (...)

La crueldad es ante todo lúcida, es una especie de dirección rígida, es la sumisión a la necesidad.”

El teatro y su dobleA. ARTAUD

PARA ESTUDIAR LA VINCULACIÓN DE TRIANA CON LA IDEOLOGÍA

de Artaud se puede acudir sin dudarlo a La noche de losasesinos. Esta vinculación teórica a la obra está anunciadapor el autor en una de las citas elegidas para introducir eltexto dramatúrgico: “este mundo humano entra en noso-tros, participa en la danza de los dioses, sin retroceder, nimirar atrás, so pena de convertirse como nosotros mismos:en estatuas de sal...” (A. Artaud). Por tanto la siguiente re-flexión estará sustentada por la cita/macroestructura.

Este acercamiento a La noche de los asesinos 1 parte de laidea que desvela la cita, la idea de la organicidad de la pie-za escénica que postula Artaud en El teatro y su doble.2 Estaorganicidad no es equiparable a la que busca Stanislawskien sus propuestas actorales. Artaud y Triana nos hablan deun teatro en continua creación, donde la pieza escénica esun organismo que en los momentos de contacto con elpúblico posibilita un acontecimiento ritual, que no se rigepor los paradigmas de una estética aristotélica.

Artaud y La noche de los asesinos

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1 Este estudio toma como texto base: Medea en el espejo, La noche de los ase-sinos y Palabras comunes, J. Escarpenter (ed.). Madrid: Ed. Verbum, 1991.Existe otro texto anterior publicado en España editado por la RevistaPrimer Acto (nº 109). En este texto sólo aparece la cita introductoria deArtaud; las citas de Vallejo, Malraux y Eliot aparecen en las ediciones cu-banas y en la de 1991 (ed. Verbum).2 El teatro y su doble, A. Artaud. Barcelona: Ed. Edhasa, 1990.

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Triana en una entrevista recogida por J. Escarpenter en Atenas3, habla desu creencia en el acto vital de la puesta en escena y en la valoración de talpuesta por sí misma y no por su “debe ser” según la imaginación del artistaimplicado. Este acontecimiento único está sustentado por las ideas de Magia yTrascendencia que impone “la danza de los dioses”, el espíritu que Artaud seencarga de vivificar en la edad contemporánea.

Inmediatamente después de las citas el autor nos da unas pautas a seguir.Las pautas nos sitúan en un marco de coordenadas precisas pero no limitado-ras. Nos encontramos un espacio que por encima de todo rechaza la mímesisa la realidad; salvo la indicación de que son necesarios unos objetos (que eldirector puede suprimir), la sencillez de la acotación nos predispone a un es-pacio natural pero no naturalista.

José Triana en esta primera acotación no pretende situar la escena en unespacio real sino en una idea donde actúe la presencia física del actor, es loque llamaba Witkiewicz la búsqueda de la Metafísica, una metafísica de la es-cena física.4 Con este inicio el dramaturgo deja libre al director para organi-zar el espacio escénico.

Según Diana Taylor en su artículo “La noche de los asesinos. La política dela ambigüedad” 5 el espacio que propone Triana es la metáfora del útero o lametáfora de la Caverna de Platón; esto induciría, según ella, a la idea de mar-ginación y auto-exilio. Esta visión apoyaría la tesis del espacio simbólico, peropor encima de esta lógica interpretación del texto, Triana quiere un espaciosagrado donde actúe el cuerpo del actor/hermano.

El primer acto se inicia con la voz de Lalo en un efecto con el que no asis-timos a procesos, evoluciones o antecedentes informativos, sino que vamos ala acción misma en un punto ya álgido. El espectador entrará en el espacioagobiante de los hermanos a través del cuerpo de la voz. Por tanto desde elprincipio estamos frente al código extracotidiano6 de la crueldad de Artaud:la claridad de la acción sin preliminares, ni subtextos.

Esta configuración directa de la acción es heredada de la tragedia primitiva.Tanto La noche de los asesinos como la tragedia prescinden de la construcción

3 La entrevista está editada en una compilación de artículos sobre la obra de Triana. Palabras másque comunes, Kristen F. Nigro (comp.). Boulder (Univ. Colorado, USA): Society of Spanish andSpanish-American Studies, 1994.4 Con respecto al concepto de metafísica teatral de Witkiewicz: La teoría teatral de Witkacy, J. De-gler (Trad. de I. García May). Madrid: Cuadernos TEORÍA-RESAD, 1992.En cuanto a la metafísica no aristotélica de las teorías de Artaud existe un artículo reciente muyinteresante publicado en el Instituto Superior de Arte de La Habana: “La metafísica de Artaud”,de Merab Mamardashvili. La Habana: Rev. Credo nº 3 (Cátedra de Estudios Cubanos del Ins. Su-perior de Arte), 1994.5 En Palabras más que comunes.6 Triana con su propuesta dramatúrgica (su literatura dramática) entraría dentro de los códigosteatrales que investigan teóricos como Barba, Grotowski o Kantor. Son códigos que tienen susprincipios estéticos en la búsqueda de la extracotidianeidad estética como lo hizo la Commediadell’Arte o lo siguen haciendo los actores del teatro Nô o Kabuki.

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psicológica y el matiz personalizador del naturalismo. Con el transcurso dela obra veremos que la “gran madre” psicología si en algo se convierte, es enla fuerza contraria a la acción, como el Dios predestinador de las tragediasgriegas.

Enseguida aparece el enfrentamiento clave de la obra: el orden establecidofrente a la libertad débil. Estos conceptos se traducen siempre en niveles escé-nicos (espaciales, temporales) que irán edificando a los hermanos. Los trespersonajes existirán porque existe el enfrentamiento de estos niveles de acciónescénica y no por ser simplemente entes privilegiados portadores de la palabra.

La materialización escénica de las ideas es la conformación de los herma-nos; fenómeno que Triana recoge de la teoría de la Metafísica de Artaud: “En-tre la vida real y la vida del ensueño existe cierto juego de combinaciones men-tales, de relación de ademanes, de acontecimientos traducibles en actos”.7

Después del planteamiento de fuerzas opuestas los personajes deciden ju-gar al metateatro, un juego presente en toda la obra, como una segunda natu-raleza dramatúrgica.

El juego de teatro dentro del teatro no es un mecanismo inventado por Ar-taud, pero sí el instrumento fundamental del que se vale el dramaturgo cuba-no para entender a Artaud. El metateatro dará una concepción integradora alos personajes y una forma física a sus contradicciones mentales. Es la visiónunitaria de los personajes: consciencia e inconsciencia al mismo nivel de ima-gen escénica.

El juego es comenzado por Lalo como maestro de ceremonias, invocandoa la diosa del amor Afrodita; y según la acotación de Lalo va transformándoseen emperador y en director que impone un acto sagrado. Si seguimos a Ro-bert Lima en su artículo “Elementos de la tragedia griega en las obras tempra-nas de José Triana” 8 entenderíamos este momento como la invocación de latragedia griega clásica, pero en términos artaudianos es un elemento de laTragedia Contemporánea:9 la invocación que da paso a la tragedia de la eternarepresentación, el rito cotidiano de los hermanos.

Introducidos en el juego nos encontramos con el nacimiento de los perso-najes Margarita y Pantaleón en los cuerpos de los hermanos. Personajes quenos llevan a la representación y autorrepresentación del odio a lo ajeno. Se-guimos en el código de la crueldad cuando los hermanos dejan salir sus resor-tes internos. Artaud hubiera constatado la frase de Lalo: “Quiero que las cosastengan un sentimiento verdadero” (1º acto); y se hubiera transformado en elLalo interior/ exterior al que nos enfrentamos.

7 En El teatro y su doble.8 En Palabras más que comunes.9 El término de Tragedia Contemporánea es utilizado en este estudio como una propuesta paradenominar un género dramatúrgico que tiene sus raíces en las primeras reflexiones de Nietzschey se vincula a través de la cultura telúrica popular y el pensamiento irracionalista con la Tragediamás primitiva. Es un género que toma fuerza a fin de siglo y toma fuerza en la postmodernidad.

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Comprobamos que la estética que Triana propone para conseguir la “nue-va tragedia” de Artaud, se basa en la fórmula del rito dentro del rito, siendo elprimer rito, el superpuesto al rito teatral, una exposición de fragmentos mi-méticos de una realidad. No es una técnica realista sino una creación de pro-totipos extracotidianos de conducta que sean capaces de activar lo irracionalde los personajes. Triana plantea una conjunción de elementos que en escenaes muy rentable: la tragedia de la inmovilidad, la “crueldad” precisa y extracotidia-na, el metateatro como Rito.

La crueldad no sólo la consigue Triana a través de la palabra sino de su po-tencialidad escénica. El texto se convierte en un instrumento más para el he-cho teatral. Esta “nueva tragedia” no radica en la Literatura dramática sino enel “todo” creado por palabra, imagen, ritmos y antropología actoral. Es el len-guaje escénico que surge en un espacio libre; el espacio que no quiere entor-pecer Triana desde su primera acotación.

A veces la crueldad metafísica viene concretada en escenas de violencia físi-ca o en escenas de tinte absurdista. En el caso de las escenas del absurdo repeti-tivo el receptor/público asiste a una provocación que no puede analizar en fríosino sentir en el momento de la representación. De nuevo Artaud en La noche.

Triana necesita en algunos momentos referencias concretas a la realidad:ej. la edad de los hermanos. Son referencias que actúan de forma distinta a lasreferencias sobre las metamorfosis de personajes; éstas últimas son acción y lasotras son información que sólo puede interpretar el público en la distancia.

Antes de terminar el primer acto ya quedan configurados los niveles dereacción de los hermanos frente a la “fuerza” del orden. Los hermanos en-frentan en el juego sus diferentes posturas ante la opresión:

Cuca = Aceptación del orden establecido.Orden como purgatorio.

Lalo = Búsqueda del nuevo orden.Orden como cambio del poder.

Beba = Búsqueda de la libertad.Orden como manifestación íntima.

Existen en el primer acto otros elementos que indican con claridad el có-digo de la crueldad de Artaud:

• La repetición de la palabra sangre. Triana con este elemento provocaque el espectador perciba la presencia sin verla. Este fenómeno se repite conlos cadáveres de los padres que no tienen presencia física. El espectador parti-cipa con la imaginación creadora como lo hacía el de la tragedia griega, elcual no veía la muerte de los hijos de Medea o la carnicería de las Bacantes.

• Uno de los elementos finales del primer acto es la escena de la boda, enla que Lalo toma el papel de su madre; aquí reside la crueldad en el hecho deque Lalo pretende representar su desgraciado origen, ya degenerado en elvientre de la madre. En esta escena presenciamos una corporeización de laidea de inutilidad de Lalo como asesino para superar el orden establecido.

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Termina el acto y llegamos a la conclusión de que la obra es un rito conso-lador que se va convirtiendo en una cárcel. Siguiendo la entrevista a Triana an-tes mencionada, los hermanos son “medium” de un autoexorcismo espiritual.

Entre todos los elementos de naturaleza artaudiana que vamos analizandoes el del metateatro el más interesante. El metateatro provoca continuos cam-bios de niveles entre realidad y juego, y esto en la obra supone para los her-manos un constante conflicto individual; luchan al mismo tiempo por ser y noser personajes, tienen miedo cuando vivifican sentimientos ajenos y cuandoodian los sentimientos que critican.

Triana quiere dar cuenta de la irremediable esencia del hombre: ser deconductas externas y de verdades internas irracionales. Para Triana como pa-ra Artaud este dualismo no es más que la manifestación de una unidad.

Llegados a este punto de la descripción de elementos de La noche de los ase-sinos podemos ahora atestiguar si la propuesta literaria de Triana persigue lapropuesta escénica de Artaud. Si aplicamos sobre la obra la lectura sintéticade Artaud por Todorov, descubrimos:

• La palabra y la imagen se complementan produciendo la unidad signifi-cante/significado.

• La propuesta de las acotaciones va encaminada a la destrucción del espa-cio convencional.

• Ante todo Triana nos presenta una obra que necesita ser construida en es-cena, no en la imaginación del lector.

• Triana propone con su texto un instrumento para construir una nuevarealidad (no realismo). No quiere que sólo se ilustren sus palabras: “el teatroes más, muchísimo más que la obra del dramaturgo” (Todorov).

Existen enunciados lingüísticos que llevan una gran carga del significadode la obra como “Quiero que las cosas tengan un sentimiento verdadero” o“Una razón machacada hasta el infinito se convierte en una sinrazón”, perono radica en tales palabras el sentido mayor de la propuesta escénica.

El segundo acto sigue manteniendo la unidad de personajes y aunque lacapacidad de metamorfosis es mayor, este hecho supone mayor incidencia enla unidad.

Con el transcurso del segundo acto y después del grito de Lalo pidiendo“vida” nos introducimos en la recreación de los padres (¿muertos?); asistimosa un mecanismo teatral que podríamos denominar psicoanalítico, y que se-gún Durozoi Artaud no rechazaba.10 Tanto Cuca como Lalo van incorporandoen sí mismos el conflicto de sus padres y a través de este proceso sus subcons-cientes se hacen personajes. Triana busca la violencia de lo no lógico en laconducta del hombre, y como Artaud rechaza la realidad para buscar una ver-dad mayor que también buscó el Surrealismo (una de las etapas estéticas deArtaud).

10 En el estudio sobre la obra de Artaud: Artaud: La enajenación y la locura. Madrid: Ed. Guadarra-ma, 1975.

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Cuca y Lalo se van equiparando a sus padres, confirmando la misma impo-tencia ante el poder irracional.

Antes de cualquier interpretación de la obra en el contexto cubano es perti-nente reflexionar sobre una contradicción de la teoría de Artaud: crueldad/ideo-logía.

La propuesta de Artaud lleva la idea de ruptura con el teatro anterior y so-bre todo con el teatro pasivo burgués, por lo que queda planteado en tal pro-puesta que este teatro puede conllevar una utilidad no sólo metafísica y tera-péutica como dice Durozoi11, sino también política. Por tanto el seguidor deArtaud encuentra diversos lenguajes debido a esta contradicción no superada.Uno de los lenguajes que surgen es el de la crueldad panfletaria, es decir ladegeneración de la catarsis ideológica.

Triana no apuesta por la crueldad de impacto fácil, ni por la abstracción,pero no puede remediar el poder del símbolo de su pensamiento; elementoque Artaud no se cuestiona pero que sí está en la nueva concepción de la tra-gedia contemporánea.

Con Arrufat y Triana nos encontramos con dos propuestas dramatúrgicasen pleno desarrollo de la revolución que supusieron la búsqueda de técnicasnuevas. Estos autores tuvieron un gran precedente en la Cuba prerrevolucio-naria: Virgilio Piñera. Las tres dramaturgias compartían la perspectiva del quereflexiona sobre el hombre que usa la política.

Según nos dice Escarpenter en su edición de las obras de Triana12, La no-che supuso (y supone) una metáfora o una lectura simbólica de la situación dela isla y el hombre cubano; pero también nos dice que tal situación puede seruniversalizada en el esquema: opresor/oprimido.

Si seguimos las palabras del teórico Juan Villegas13 el cubano/espectadorpodría entender la alegoría de una situación real, pero cualquier público po-dría entender la relación poder/oprimido.

Por tanto la descontextualización de la obra de Triana es perfectamenteviable y así lo atestigua su éxito entre los teatristas y el público europeo.

Sin embargo existe una tentadora corriente de investigación que trata laalegoría del proceso revolucionario como fundamental objetivo de La noche.En el libro Palabras más que comunes nos encontramos con críticos de universi-dades norteamericanas (¡curioso!) que no son ciegos a estas teorías.

Pero antes que la visión filológica están las palabras del dramaturgo cuan-do asegura que su obra, entre otras interpretaciones, puede tener la de laperspectiva cubana.

Triana se nos muestra en este lenguaje del símbolo como un revolucionario

11 En Artaud: La enajenación y la locura.12 Medea en el espejo, La noche de los asesinos y Palabras comunes.13 Es interesante la reflexión de Juan Villegas desde la perspectiva de la Estética de la Recepción.Estudios que se pueden leer en la Revista GESTOS. Teoría y práctica del teatro hispánico. Irvine, Univ.of California (Dep. of Spanish and Portuguese).

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que vio la realidad de una revolución, equivocada no en sus propuestas, sinoen la manera de llevarlas a cabo.

He recogido de la entrevista a Triana una palabra con la que denomina losaños felices de la revolución: embullo. Después de esa felicidad el cubano se dacuenta de la ceguera ante los errores de algunos de los hombres que manejanla revolución y de su poder. Triana como revolucionario quiere dar cuenta decómo un sistema político, sea el que sea, utiliza el poder con palabras grandes;para esto necesita la crueldad de la acción y el pensamiento, y no el panfleto.

En la escena del tribunal Lalo grita “vida”; lo único que pedía a sus padres,lo único que pide el hombre que cree en la revolución como dadora de vida.

Los hermanos se mueven entre la debilidad heredada (“lo trágico”) y la pasi-vidad impuesta (la realidad opresora), con lo que sólo pueden representar eleterno asesinato de sus padres.

“Los personajes o las entidades, para ser más preciso, son guiadas por pul-siones fragmentarias, porque el ser humano también es fragmentario”. “Niegola integridad psicológica como determinante de la vida de un hombre” (JoséTriana).

Entidades nunca absolutas de Artaud + el instante de Cuba.

Marta María Pérez Bravo. Me dieron el 21.

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T IENE UN ASPECTO LEONADO, LA CARA OVAL, LA NARIZ AGUI-leña y el cuerpo sinuoso de una Josephine Baker. La

iluminación móvil que gira alrededor del Café Cantante deLa Habana abarca su largo cuello y sus prolongadas extre-midades a medida que balancea las caderas y la caja toráci-ca en direcciones opuestas y su vestido de muñequita nú-bil pendula de un lado a otro. La forma en que se muevese denomina moño, está a un paso del movimiento que serealiza en el acto sexual y produce en las parejas que loejecutan sonrisas cargadas de erotismo. Sin embargo, estachica, que no tiene más de 17 años, baila sola. Su aspecto,su edad y su ropa ceñida para destacar las caderas son se-ñales inequívocas: nos informan fehacientemente que setrata de una jinetera, el término popular acuñado para de-signar a la mujer que en Cuba intercambia una serie deservicios –que incluyen el sexo– por el dinero de los ex-tranjeros. El Café Cantante funge de respiradero de la élitecultural del país y de los turistas que están de ronda.

Un YUMMY (siglas en inglés que significan Joven Geren-te Urbano Marxista) muy acicalado con ropa deportiva deBenetton se pavonea al venir contoneándose hacia la mesadonde me encuentro sentada con una amiga y se inclinapara encender un cigarrillo. “He leído todo manual exis-tente sobre intercambio intercultural”, nos dice sin darsecuenta de que soy una visitante cubana-americana, “y lesdigo una cosa. Nadie viene a Cuba para hacer ecoturismo.Lo que vende este lugar está precisamente en la pista debaile: el ron, los cigarrillos y la mulata”.

Mi compañera de mesa, una cubana que ahora vive enEspaña, parece hartarse y dice: “Son los extranjeros losque están fuera de control, no las jineteras. Todo el mundoen Madrid piensa que cada mujer cubana es una puta. Mepregunto por qué no se ocupan de sus propias prostitutasy nos dejan en paz”.

No menciono que yo también he venido a Cuba paraponerme a observar a las jineteras. Las revistas de toda Eu-ropa han estado reproduciendo artículos en estos últimosaños acerca de Cuba como un paraíso turístico del sexo.

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La prensa cubana del exilio en Miami lleva largo tiempo acusando al gobier-no de Fidel Castro de ser el chulo número uno del país. Durante su reuniónanual de enero pasado, el Comité de Naciones Unidas para la Eliminación dela Discriminación contra las Mujeres celebró una sesión maratónica en la cualuna portavoz enviada por la Federación de Mujeres Cubanas tuvo que enfren-tarse a muchas preguntas acerca de la condición de las mujeres en Cuba, in-cluida esta “nueva ola” de jineteras. Quisiera averiguar el por qué de este renova-do interés internacional.

La prostitución no es cosa nueva en Cuba. En tiempos tan remotos comoel siglo XVIII, un capitán español fue despachado hacia la isla para cerrar unacadena de prostíbulos dirigidos por el clero local. En una sociedad creada al-rededor de la tradición católica latina de separar a los hombres de las mujeresen el ámbito público, los burdeles eran uno de los pocos espacios donde losencuentros casuales podían llevarse a cabo abiertamente; en particular losencuentros de varones blancos con mujeres de color. En última instancia, elmundo del burdel servía de fuente para gran parte de la cultura popular deCuba, así como de una nueva mitología sobre la sexualidad de las mulatas.

Durante los años cuarenta de este siglo, el turismo surgió como una de lasmayores industrias de la isla. La toma de los hoteles y casinos por la Mafia erala garantía de que la prostitución desempeñaría un papel prominente en la vi-da nocturna de La Habana, y Cuba comenzó a ser conocida como algo másque un prostíbulo para los visitantes americanos y los peces gordos del gobier-no corrupto del presidente Fulgencio Batista.

Castro llegó al poder prometiendo cambiar todo eso. Uno de los primerosactos del gobierno revolucionario fue el de reeducar a cientos de prostitutas yofrecerles trabajo como empleadas, choferes y camareras. Muchos partidariosde la revolución creyeron que la mujer tendría mejor vida bajo el socialismo.Ahora evalúan, al igual que la oposición exiliada, el resurgimiento de la pros-titución como una señal de que el socialismo les ha fallado a las mujeres.

La verdad es que las jineteras siempre han sido parte del paisaje posrevolu-cionario. Cuando comencé a visitar la isla hace una década, no era raro ver aunas pocas mujeres excepcionalmente bien vestidas circulando en los caba-rets de los hoteles y en las recepciones de las embajadas. Los amigos cubanosme advirtieron que eran trabajadoras del sexo que operaban con el consenti-miento del Ministerio del Interior y que informaban de las actividades de losextranjeros. Una vez, mientras dos hombres y yo estábamos filmando un do-cumental en La Habana, un proxeneta que merodeaba alrededor de nuestrohotel, les ofreció a mis dos compañeros dos mujeres y un gramo de cocaína.Lo tomamos como señal de que la Seguridad del Estado nos estaba siguiendo.Antes de la actual ola de clientes extranjeros, Cuba atravesó una fase llamadala titimanía en la que hombres mayores, por lo regular miembros de alto niveldel ejército o del gobierno, mantenían jóvenes amantes como “trofeo”.

Lo que ha cambiado desde entonces es la economía cubana. Mientras elgobierno se tambalea al borde de la ruina, producida por la retirada de los sub-sidios soviéticos y por el embargo comercial de los EEUU, el cubano promedio

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gana 10 dólares al mes mientras que una cerveza en un club cuesta 7 dólares.De pronto, doctores y maestros, así como carpinteros y zapateros, están bus-cando una forma de ganar dólares, la única moneda que tiene valor en Cuba.Así, el número de mujeres que se ofrecen a sí mismas a los extranjeros comocompañeras temporales o esposas potenciales aumenta vertiginosamente.

Como la economía cubana se vino abajo a principios de los noventa, la in-dustria turística se ha convertido en la principal fuente de moneda dura y losextranjeros constituyen artículos muy codiciados. El Ministro de Turismo pro-yecta llegar a recibir un millón de turistas para fines de este año. Entre ellosfiguran aviones cargados de hombres procedentes de España, Italia, Alema-nia, Canadá e incluso los EEUU, hombres cuyo poder adquisitivo y status socialse multiplica por diez al llegar a un país con tanta necesidad de moneda fuer-te como Cuba.

“El Paraíso del Chochito”, como con frecuencia se llama a Cuba en Inter-net, es un lugar donde estos hombres pueden exteriorizar sus fantasías sexua-les libres de la intervención policial, algo no muy diferente de lo que hacenlas multinacionales que buscan mano de obra barata sin regulación más alláde sus fronteras. En Cuba conocen a mujeres que buscan dólares, pasar unbuen rato y, con frecuencia, un billete para salir del país. No es ningún secre-to que muchas cubanas ven a los pepes (clientes extranjeros) como el reempla-zo de un gobierno paternal que ya no puede satisfacer sus necesidades en lavida. Uno de los máximos éxitos de música salsa de la isla cuando llegué enenero aconsejaba a las mujeres cubanas encontrarse un “papirriqui con muchoguaniquiqui”; es decir, un vejete protector.

Cuando esta última ola de prostitución comenzó muchas de las mujereseran blancas. Pero los extranjeros tenían sus propias fantasías acerca de lasmujeres tropicales, basadas en viejas ilusiones de mulatas muy sexuales. Aho-ra la mayoría de las prostitutas son mujeres de color (la mayoría de las cuba-nas tienen la piel color marrón o canela y por lo general, son más pobres quesus compatriotas de piel más clara). Un número considerable de ellas son me-nores. Muchas trabajan por cuenta propia mientras que otras, particularmen-te las jóvenes de las provincias, se ven administradas por chulos; casi ningunaestá vinculada a una empresa estatal. Desde las canciones de salsa, los chistesde los taxistas y el arte folklórico obsceno que encontré en La Habana perci-bo que en la calle estas mujeres son vistas como proveedoras heroicas cuyopoder sexual está mostrando los fracasos de un régimen machista en decaden-cia. Tal como explicaba Paco, un joven buscavidas con el que me encontré:“ahora todo está patas arriba. Los hombres están en casa con delantales, coci-nando y cuidando de los niños, mientras que sus esposas hacen la calle”.

Ubicada alrededor del área portuaria habanera, La Habana Vieja, uno delos vecindarios más pobres de la ciudad, es, no obstante, el que atrae a la ma-yoría de los turistas. Peino las calles esperando obtener la perspectiva de lasprostitutas que estaban en el negocio antes del reciente “boom”. Para cuandollego a pie a la Plaza de la Catedral, con su animado mercado de artesanías, al-guien se me ha “pegado”. Paco es un chaval delgado, enjuto, de aspecto pillo,

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que parece tener unos 24 años, con el pelo corto, jeans con arrugas y gafas desol Ray Ban de imitación. Nos dirigimos al Malecón, el paseo marítimo queenvuelve a media ciudad. En un momento dado me presenta a Margarita y aHelen, ambas cerca de los treinta, que llevan diez años trabajando las calles.Margarita tiene un hijo joven al que mantiene. Helen vive sola.

Cuando comenzaron –explica Margarita– sus principales clientes eran ma-rinos mercantes y técnicos extranjeros. Entonces la posesión de dólares erailegal, así que se conseguían a algún estudiante africano que les compraraproductos de consumo para ellas en las diplotiendas. Eran cuidadosas, todavíalo son, de no hacer demasiada ostentación e incurrir en la envidia que pudie-ra llevar a que alguien informara sobre ellas. Hasta ahora han tenido suerte ynunca han sido arrestadas, pero tienen amigas en la cárcel.

Les cuento acerca de la imagen de las jineteras que se tiene fuera de la isla,de que con frecuencia se las describe como tipas vulgares o incultas con pelorubio platinado y pantalones apretados. Helen viste jersey blanco, pantalonesblancos sueltos y chaqueta marrón claro coronada por un gorrito tambiénblanco. Margarita viste jeans, jersey azul claro y pendientes de plástico. Nin-guna de las dos se ha teñido el pelo. “El aspecto natural ha vuelto”,explicaMargarita, “incluso las chicas blancas están haciéndose la permanente paraparecer mulatas”. Ambas admiten que los peinados se adaptan a los gustos delos clientes. “A los españoles les gustan las chicas negras con trenzas así quetodas las negritas llevan ahora el pelo de esa forma. A los italianos les gustanlas mulatas con el pelo desordenado.”

Dicen que al menos dos tercios de las jóvenes del barrio son jineteras.Cuando les pregunto qué piensan de los hombres, ambas ríen con ganas.“Ven al gallego venir con una chica y no lo ven” dice Helen. “En su lugar venun pollo, frijoles, arroz: un frigorífico lleno”.

Pero el negocio está cambiando. “Los tipos algunas veces se aparecen conbolsas de ropa interior, pensando que eso es suficiente para llevarnos a la ca-ma”, dice Helen. “Hay muchos más chicos jóvenes que vienen ahora y tratande decirte que por amore. Antes algunos hombres venían a vivir con nosotrasun tiempo. Yo solía llevarme tipos a casa por una semana. Ahora quieren unachica diferente cada noche”.

¿Y de los peligros qué? El único caso de violencia del que pudieron acor-darse se produjo en 1993 cuando una jinetera fue empalada con el palo de lim-pieza por un turista europeo que entonces se deshizo del cuerpo lanzándolodesde el balcón de su hotel. El asesino ya estaba fuera del país cuando encon-traron el cuerpo. ¿Riesgos de salud? Afirman que insisten en el uso de condo-nes y que la salud es una de las cosas que el gobierno todavía tiene bajo con-trol. Conociendo las condiciones de deterioro en los hospitales en Cuba, y laescasez crónica de medicinas, me pregunto si simplemente están deseandoconvencerse de que las viejas promesas revolucionarias todavía se mantienen.Nadie con quien hablé durante mi viaje quiso aceptar la idea de que se gesta-ba una epidemia de enfermedades de transmisión sexual, que incluía al sidapero que no se limitaba a él.

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Cuando les pregunto si piensan salirse del negocio, Helen me cuenta unahistoria. Ésta ilustra los dilemas que enfrentan las mujeres cubanas que se hanvisto socializadas para creer en su igualdad, porque se enfrentan a un mundopolarizado que les deja poco espacio para maniobrar. “Me casé una vez”, dicecon una sonrisa llena de amarga ironía. “Pensé que iría a España y comenza-ría una nueva vida. Pero él estaba completamente loco”, continuó. “Quería te-nerme encerrada en casa todo el día. Duré dos meses y entonces me di cuen-ta de que tenía que marcharme. No tenía dinero ni adónde ir así que tuveque regresar. Está tan loco que todavía no me ha concedido el divorcio”.

Tanto Margarita como Helen me dijeron que algunas jineteras triunfaron enEuropa, pero que otras se estancaron; algunas se vieron obligadas a caer en ma-nos de proxenetas para los que trabajaban muchas horas durante siete días a lasemana. Al menos en Cuba podían sobrevivir trabajando algunas veces al mes.

A diferencia de la gente que en la calle lucha para superar el deterioro deCuba, los exiliados cubanos hablan de la explotación de las prostitutas. Com-paran la situación de las jineteras con la de las prostitutas en otros puntos con-flictivos del turismo sexual como Bangkok o Manila.

Mis amigos cubanos de Barcelona se horrorizaron al saber que el últimopremio navideño de algunos ejecutivos españoles era un viaje a la playa de Va-radero en Cuba con “escolta” femenina incluida. Otros amigos exiliados medijeron que algunas familias estaban prácticamente vendiendo a sus hijas a es-posos extranjeros con futuro como una forma de garantizar una fuente cons-tante de moneda dura o de abandonar el país.

Los exiliados cubanos más derechistas tienden a sentirse ofendidos princi-palmente por razones políticas. El pasado enero Willy Chirino, la conocida es-trella pop, reeditó un video musical con su éxito “La Jinetera” después de ha-ber sido presionado por José Basulto, el líder de la organización “Hermanosal Rescate”. Chirino cortó algunas escenas en las que aparecía tocando jinete-ras mientras bailaba con ellas. El contacto físico lascivo podría implicar queexcusaba su estilo de vida, dijo, una posición que la derecha de Miami podríaconsiderar como blanda contra Castro.

Para alcanzar cualquier suerte de verdad acerca de las jineteras uno tieneque hurgar entre los mitos que hacen que las discusiones sobre mulatas, turis-mo y prostitución en Cuba sean tan increíblemente complicadas. La mulataha estado vinculada al sexo ilícito. Desde los tiempos coloniales hasta ahoramuchas mujeres mestizas han sido “hijas del amor” y amantes de hombresblancos. Según reza un adagio que corría por las plantaciones caribeñas, lasmujeres blancas eran para casarse, las negras para trabajar y las mulatas parahacer el amor. Ese legado, contado y vuelto a contar mil veces a través de can-ciones, poemas y novelas ha hecho de la mulata un símbolo nacional cubano.Justo ahora las campañas turísticas del país emplean ese símbolo como unaforma de poner perfectamente en claro lo que Cuba tiene para ofrecer a losvisitantes masculinos.

Las imágenes del pasado de Cuba me bailan por la mente mientras obser-vo la escena actual. Al tener en parte la perspectiva de alguien que es del patio

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esto me mantiene libre de llegar a conclusiones fáciles. Mi madre, una médicatan dura como una piedra, es una mulata procedente del sudeste de Oriente.Se fue a La Habana en los años cuarenta, se abrió camino hasta la escuela yabandonó la isla en los cincuenta. En el interin se casó con un extranjero pa-ra permanecer fuera para siempre, convencida de que nunca podría tener lavida que quería en su tierra natal. Ella me insufló un saludable escepticismopor los cubanos en el poder, estuvieran dentro o fuera del país. Así adquirí undesagrado especial por la hipocresía de los extremistas de Miami, quienes du-rante mi adolescencia vociferaban sobre la liberación de la tiranía mientrasmetían en la cabeza de sus hijas la moral católica completa con chaperonas ytodo, culto a la virginidad y la aceptación incuestionable de la dominaciónmasculina.

Como estaba acostumbrada a ver esas formas extremas de control patriar-cal entre los exiliados me sentí impresionada por la libertad sexual de las mu-jeres que conocí cuando visité la Cuba posrevolucionaria por primera vez. Losestigmas que van unidos a las mujeres que tienen una vida sexual activa fueradel matrimonio estaban desapareciendo en mi generación. Más de 30 años delibre control de la natalidad, educación sexual, escuelas de educación paraambos sexos y un sistema social que reducía el control de los padres, habíafomentado una mayor libertad sexual y separado a la isla de la mayor parte delos demás países latinoamericanos así como de la mayoría de las comunidadesde exiliados cubanos. Esto significó algo más que un simple aumento de la li-beralidad sexual: en un país donde el consumo de placeres era escaso, el sexoocasional se había convertido en la actividad a la que más recurría la joven ge-neración. Algunos intelectuales ven este aumento de la franqueza del sexoextramarital, la actividad sexual lesbiana, gay y bisexual como una revuelta ca-llada y sorda contra el énfasis socialista en el trabajo productivo y la moral pu-ritana de la revolución.

La situación actual cubana pone de relieve la conexión entre libertad se-xual y riqueza. Que una utopía socialista tropical pudiera ser conocida comoel lugar de “la liberación sexual” en los ochenta y luego transformarse en unaisla empobrecida y madura para la explotación sexual en los noventa es unade las señales más penosas de lo que supondrá para Cuba entrar en una eco-nomía posindustrial mundial.

Uno de los aspectos más sangrantes de la reinserción de Cuba en la órbitacapitalista es la forma en la cual las divisiones raciales se han hecho aún másevidentes. Es mucho menos probable que los negros cubanos tengan familia-res ricos que envíen dólares desde el extranjero que los blancos. Ahora que elturismo es la fuente principal de moneda dura la imagen cubana de sí mismacomo una nación industrial moderna está en ruinas. Para encandilar extranje-ros el gobierno está poniendo en la palestra rituales y arte religioso afro-cuba-no “tradicional”, música afro-cubana “tradicional” y por supuesto, mujeresafro-cubanas. Aquéllos eran la clase de clichés racistas que solían llevar a mu-chos cubanos ilustrados a enfurecerse. La perspectiva de desarrollar una so-ciedad moderna con una economía diversificada estaba relacionada en sus

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Marta María Pérez Bravo. Oyá me dio el 8.

mentes con dejar de dar servicio a la lujuria o los deseos del Primer Mundoen busca de lo exótico.

Una noche cogí un taxi con una amiga periodista cubana llamada Magalyy nos dirigimos al Comodoro, un hotel situado en el elegante barrio de Mira-mar en La Habana. La discoteca Habana Club del Comodoro es la madriguerade iniquidades más famosa de la capital. Estar allí es como darse un viaje fue-ra de Cuba a un club de adolescentes en Roma o en Madrid. Es un laberintode cromo y vinilo con música bailable Europop que hace un estruendo tanenorme que la voz se me enronqueció tratando de sostener una conversación.En el registro de chaquetas un guardia me cogió la cámara diciendo que esta-ba prohibido tomar fotografías debido a la “publicidad negativa que se hacefuera del país”. Anoté mentalmente que salvar la cara les parece más impor-tante que proteger a las mujeres.

Magaly y yo nos detenemos junto a la barandilla de una pista de baile y ellame muestra cómo las chicas se colocan en una posición que todos puedan ver

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mientras bailan de modo que puedan atraer a un pepe. Éstas son las jineterasmás caras, explica Magaly: se pueden permitir pagar su entrada en el club.Los hombres tienden a parecer un poco más viejos que los de la calle, lo cualatribuyo al alto coste de la entrada y de los tragos y los precios cada vez más al-tos. En el bar una docena de hombres maduros con exceso de peso están reci-biendo un masaje de cabeza realizado por chicas adolescentes.

Lucho a brazo partido con lo que veo, preguntándome qué diferencia hayentre esta escena y la que se produce en cualquier club céntrico de la ciudadde Nueva York, donde chicas de piel morena causan también furor y están demoda. Me respondo lo siguiente: las mujeres a las que se persigue en NuevaYork habitualmente tienen otras opciones y en su mayor parte no son prosti-tutas. El hecho de que ahora el trabajo sexual sea la mejor forma para quemuchas jóvenes se ganen la vida en Cuba hace las opciones bien diferentes.Los factores negativos asociados con la prostitución en lugares como NuevaYork –que implica la drogadicción y el estigma social para las mujeres– pareceser un problema menor dentro del contexto cubano.

Sin embargo, lo que me molesta mientras discuto el asunto con muchoscubanos privilegiados es su esnobismo. Magaly y yo nos enzarzamos en unadiscusión cuando le digo que nadie toma en cuenta que la mayoría de los cu-banos, jineteras o no, espera que los extranjeros paguen las cuentas donde-quiera que figuren dólares, un hábito que proviene de los años en que no te-nían acceso legal a la floreciente economía del dólar. Pocos cubanos pareceninclinados a hacer un paralelo entre las jineteras y los muchos artistas, músicosy profesionales con habilidades exportables que también buscan oportunida-des de socializar –y en ocasiones hacer el amor– con extranjeros/as con la es-peranza de obtener becas o trabajos fuera del país o incluso una pareja casa-dera. Las relaciones con los europeos siempre han implicado seguridadeconómica y status social. Pero cuando las mujeres involucradas en esto for-man parte de la élite todo el mundo mira hacia otro lado. Son las mujeres po-bres de color las que se llevan la reprimenda. El hecho de que las jineteras decolor se están casando ahora con europeos con una frecuencia desusadamen-te alta las hace objeto de envidia en un país donde mucha gente busca deses-peradamente cualquier medio posible para emigrar.

En los meses anteriores a mi viaje hacia Cuba escuché relatos acerca deuna “cruzada” contra las jineteras. Esto señaló un drástico cambio. En 1992Castro parecía contento al tolerar la prostitución. Para ello comentó que lasmujeres cubanas eran jineteras no como producto de la necesidad, sino por-que les gustaba hacer el amor, y añadió que eran las prostitutas más saludablesy mejor educadas del mercado. Esto fue interpretado por muchos observado-res de Cuba como una invitación al turismo masculino para que aprovechasela maestría sexual de las hijas de la revolución. Tres años más tarde Vilma Es-pín, la jefe de la Federación de Mujeres Cubanas, denunció a las jineteras co-mo basura decadente. El pasado diciembre, el viceministro de Turismo pro-clamó que Cuba “rechazaba” la prostitución y buscaba promover “un turismosaludable, familiar”. Estos pronunciamientos forman parte de una ofensiva

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que incluye redadas policiales, condenas más severas para las prostitutas y per-secución contra los guardas de los hoteles que aceptan sobornos. Incluso oírumores de campos de trabajo donde se suponía que se enviaba encarceladasa las prostitutas.

Tales inconsistencias en la posición cubana sobre la prostitución tambiénfueron percibidas por expertas internacionales en derechos de la mujer. Éstasse reunieron en la ONU el pasado enero para discutir acerca de la situación delas mujeres de la isla con Yolanda Ferrer Gómez, secretaria general de la Fede-ración de Mujeres Cubanas y miembro del Comité Central del Partido Comu-nista de Cuba. Ella insistió, como había dicho Castro anteriormente, en que laprostitución había resurgido debido al crecimiento del turismo, que implicabaa un reducido número de jóvenes que eran saludables y estaban bien prepara-das y que no lo hacían para sobrevivir sino para comprar artículos de lujo.

Sin embargo, su retórica enmascara preocupaciones económicas más im-portantes. A principios de los ochenta Castro denunció a los pequeños cam-pesinos cuando comenzaron a prosperar gracias a los mercados campesinosprivados. Unos años más tarde, puso a la altura del betún a los artistas plásti-cos que vendían sus obras sin intermediarios estatales. Siempre que una prác-tica privada autorizada crecía lo suficiente como para amenazar el control es-tatal de la economía, el gobierno lanzaba una campaña de limpieza y muchagente acababa con sus huesos en prisión.

En estos días la nueva clase emergente de vendedores autónomos de Cu-ba, de trabajadores de centros de belleza, choferes de taxi y gastrónomos pri-vados están viendo que sus ganancias están muy gravadas por altos impuestos.Sin embargo, las jineteras freelance no pagan nada al estado. Miles de sobornosen dólares pasan entre chulos, jineteras, polis y guardias de hoteles cada día.Esa economía sumergida está pasando los límites de la industria turística diri-gida fundamentalmente por el gobierno cubano.

“Lo que molesta al gobierno no es que las mujeres se estén vendiendo” in-siste la doctora en ciencias sociales María de los Ángeles Torres, experta enasuntos cubanos de la Univeridad De Paul de Chicago. “Es que el comercioestá ahora fuera de sus manos. El estado ha estado metido en promover el tu-rismo sexual desde hace años”. Torres recuerda que en 1991, cuando se supo-nía que a los cubanos no les estaba permitido pasar a los vestíbulos de los ho-teles, el Hotel Comodoro ofrecía certificados especiales –por un precio– ahuéspedes masculinos autorizando a aquéllos “que tuvieran la intención decasarse” a llevar mujeres cubanas a sus habitaciones.

De hecho, la pregunta acerca de quién se beneficia realmente de la prosti-tución es clave. La gama de actividades lucrativas en Cuba ha disminuido enlos últimos siete años. Cuando el país entró en lo que se llama Período Espe-cial en 1993, e hizo frente a la peor escasez de alimentos y las tasas de preciosde mercado negro más altas que ha habido en décadas, los cubanos sin recur-sos exteriores tuvieron dos opciones: trabajo en el y alrededor del turismo yhacer dólares, o ganar una miseria en pesos y ver a su familia sufrir. Como só-lo el 2% de los trabajadores cubanos están empleados en trabajos legítimos de

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construcción de hoteles, mantenimiento, entretenimiento turístico y ventas,los trabajos en turismo no son lo suficientemente abundantes para emplear alos muchos cubanos que necesitan dólares. En 1993 hablé con la nieta de unrespetado pero humilde santero (un sacerdote de la religión de santería cuba-na). Ella rompió a llorar cuando me dijo que todas las mujeres de su oficinaestaban haciendo “horas extras” después del trabajo. “¿Ves a mi hija y misabuelos qué flacos están, Coco?”, gritó, “pero simplemente no puedo hacerlo.Pienso en ello pero no puedo”.

Las dificultades que conducen a muchas mujeres al trabajo sexual son rea-les, pero la imagen de la jinetera vendiéndose a sí misma por una libra de car-ne no explica toda la gama de motivaciones de las mujeres involucradas en elnegocio. El deseo de disfrutar de alguna diversión improductiva y de ciertoconsumismo es también un factor importante y explosivo. Cuando el gobier-no comenzó a introducir el turismo en los ochenta, creó un mundo de placerque estaba más allá del alcance de la mayoría de los ciudadanos. El área dólar,como se empezó a llamar, les recordaba a muchos cubanos la segregación ra-cial y de clase que les mantenía fuera de los clubes y playas antes de 1959. Elturismo actual ha generado un enorme resentimiento entre la gente trabaja-dora que ve al gobierno, que les sermonea acerca de la ética de trabajo socia-lista, ofrecer placer, ocio, diversión y los mejores recursos del país a la élite delpartido y a los capitalistas de visita.

La Unión de Jóvenes Comunistas trató de mitigar la creciente ola de de-sencanto entre la mayoría de cubanos de menos de 25 años a principios de losnoventa con fiestas y conciertos callejeros. Pero tales actividades son incompa-rables con el estilo de vida que los dólares pueden comprar.

La ley de 1994, que legalizó la posesión de dólares facilitó el acceso a la“hi-life”, ofreciendo un respiro a los cortes de electricidad, alojamientos reple-tos, colas interminables y terribles precios de los televisores. “¿Qué haría conun novio cubano en un sábado por la noche?”, me preguntó una jinetera.“¿Esperar dos horas un autobús y después irme a casa a un apartamento sinprivacidad? Estos tipos podrán ser viejos y vulgares, pero por lo menos cuandoestoy con ellos me siento en un lugar agradable con aire acondicionado, escu-cho buena música y me tomo un trago de verdad. Eso me ayuda a olvidarmedel mal aliento y de la enorme barriga que tienen”.

Todos los chulos y jineteras con los que hablé me señalaron el notable au-mento en la demanda de adolescentes e incluso de niños. Cuando conocí aPaco me habló acerca de un cliente de la República Dominicana que le ofre-ció 2.000 dólares por una niña que tuviera menos de 14 años “sin mácula”, pa-ra que trabajara allí en un burdel.

En un ventoso domingo por la noche salgo a buscar jineteras adolescentes enel nuevo y carísimo Hotel Meliá Cohiba. Se trata de un hotel de tamaño excesi-vo, lleno de mármoles y cristal, demasiadas fuentes interiores y habitaciones de400 dólares por noche. En la puerta un guardia hace un gesto para que me de-tenga. Le digo en mi mejor imitación de “Spanglish” gringo que soy una visi-tante de los EEUU y musitando una excusa me deja pasar. En el bar del vestíbulo

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doy con un graduado o doctor chicano que conocí en el avión la semana ante-rior. “Ves a esos tipos” me dice señalando a dos hombres maduritos; “son delCanadá. Les pregunté qué clase de trabajo habían venido a hacer aquí. Se rie-ron”. “¿Trabajo?” dijeron, “estamos aquí por las mujeres. La única cosa que nosmolesta es que tienen que ir a la escuela por la mañana”. Visiblemente moles-to, el académico chicano agrega: “Sigo pensando en mi propia hija”.

Cuando atravesamos el parqueo, un hombre de ojos enloquecidos vestidocon una camisa hawaiana y vaqueros, salta de un coche alquilado. La rubiaaritificial que lo acompaña, hace planes de volver a verse en un impecable ita-liano. Le pregunto cómo aprendió italiano. “Hablo italiano, francés, alemán eincluso algún inglés”, exclama con orgullo. Kathy y Susy me dicen que tienen18 años, pero parecen tener 15. Me dicen que han estado en el negocio desdehace cuatro años y afirman que la represión actual es tan fuerte que la mayo-ría de los guardias de hotel no aceptan el soborno habitual de 25 dólares paraque permitan que una chica suba a las habitaciones ahora que la sentenciapor aceptarlo es de dos años de prisión. Han resucitado una vieja ley contra lavagancia y la están empleando contra las jineteras, quienes reciben tres adver-tencias antes de hacer frente a una condena de ocho años de prisión. Obvia-mente, hay algo fundamentalmente erróneo en una sociedad en la que el tra-bajo sexual es el mejor pagado para las mujeres. Pero al mismo tiempo acusara las jineteras es simplemente hipócrita.

Katy, la mulata rubia teñida lleva la voz cantante. Le pregunto si mantiene aalguien y me dice: “¡Estamos ayudando al país¡”, reiterando la línea común deaquéllos que defienden el derecho de las jineteras a realizar trabajo sexual. Yañade: “Estoy demasiado habituada a esta vida para dejarla, estoy acostumbra-da a tener dinero y me encanta ir a los clubes”. ¿Cuánto cobra? Me responde:“No trabajaría por menos de 50 dólares pero algunas chicas están arruinandoel negocio al aceptar 20 ó 30”. Katy dice que ha atendido hasta a tres clientes aldía. Y ambas chicas insisten en que van a la escuela aunque no le ven utilidadalguna. Le pregunto a Katy si a ella le gustaría irse del país y me explica que lasnormas no permiten que alguien de su edad se case y se marche (la edad legales de 21 años). Ella visitó Italia donde vive su hermana mayor casada con unitaliano y le gustó, pero decidió no pasarse del tiempo a que le autorizaba su vi-sado: tres meses. Su hermana fue la que hizo que ella comenzara a trabajar co-mo jinetera. “Me dijo que no quería que me ‘hiciera una mujer’ con un maridocubano que me maltratara. Para ello me encontró un buen italiano. Pasó unmes aquí (en Cuba) conmigo y luego me dejó 500 dólares. Está esperando quesea lo suficientemente mayor para que nos casemos”.

Entre líneas observo converger la vieja y la nueva moralidad cubana. Exis-te un pragmatismo posrevolucionario para planificar cómo perder la virgini-dad antes del matrimonio, cómo sortear las restricciones de inmigración, y es-tá además la vieja creencia de que los extranjeros blancos protegen a lasmujeres de color del arquetípico macho caribeño controlador e incluso abusi-vo. En realidad no hay nadie que proteja a Katy o a Susy.

Le pregunto a las chicas lo que piensan acerca de hacer el amor con hombres

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mayores. Susy me responde rápido: “Sólo tenemos que chupársela largo tiem-po”, y después continúa comiendo las papas fritas. Me percato de que estoysiendo testigo de la parte más triste del último capítulo del socialismo cubano:la versión propia de la isla de una Generación X: chicos sin ningún sueño de fu-turo más allá de la siguiente compra. A pesar de las esperanzas de muchos cuba-nos de que los ideales de igualdad entre los sexos y razas, y también de liberarsedel hambre y de las escaseces pudieran hacerse realidad bajo un gobierno revo-lucionario, Cuba está retrocediendo en el tiempo. Las mulatas son una vez másel centro de la explotación y de la mitología sexuales. Pero la jinetera no se pue-de reducir a ser meramente un relato de victimización: ella es también un sím-bolo de la frustración del pueblo cubano frente a la intervención del estado, alas crueles realidades del embargo y a las presiones para que entren en la eco-nomía global. Lo que es descorazonador es que, como es tan frecuente, sean lasmujeres quienes están soportando lo peor del malestar de la sociedad.

Traducción de Leopoldo Fornés.

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PASADO PRESENTE

TODOS

— ¡¿Es decir, que ya todo el mundo está en la oposición...?!— ¡Hombre, todos no! Falta uno...

Abela. Diario de la Marina, 11 de diciembre de 1930

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QUIERO HABLAR DE LA PROSTITUCIÓN EN CUBA, PERO ME FAL-ta experiencia: nunca me he prostituido, nunca he

pagado por el sexo. Pertenezco a una generación de cuba-nos que no le alcanzó la edad para visitar los prostíbulosdel capitalismo.

Durante mucho tiempo creí pertenecer a esa genera-ción que vaticinó Federico Engels en El origen de la familia,la propiedad privada y el estado, cuando luego de preguntar-se cómo sería la regularización de las relaciones sexuales“después de la inminente supresión de la producción capi-talista” se respondía a sí mismo: “Eso se verá cuando hayacrecido una nueva generación; una generación de hom-bres que nunca se hayan encontrado en el caso de com-prar a costa de dinero, ni con la ayuda de ninguna otrafuerza social, la entrega de una mujer, y una generaciónde mujeres que nunca se hayan visto en el caso de entre-garse a un hombre en virtud de otras consideraciones quelas de un amor real...” Muchas veces repetí esa frase, orgu-lloso de pertenecer ya a la estirpe de los hombres nuevos.

Es rigurosamente cierto que ya en 1965 no existía entoda la isla un solo prostíbulo, ni una sola mujer vendién-dose en las calles. Los centros de este tipo fueron clausura-dos, las mujeres ubicadas en empleos decorosos. “Hemoserradicado la prostitución”, decían los líderes revoluciona-rios, con el mismo entusiasmo y veracidad con que se afir-maba haber erradicado el analfabetismo o la poliomielitis.La nueva moral de la revolución arrasó no sólo con la legi-timización ética de la prostitución, sino que dio por termi-nada la sobrevaloración de la virginidad de la mujer, con-sagró la validez de las relaciones prematrimoniales yaceptó, al compás de la década prodigiosa de los años 60,una suerte de amor libre revolucionario que florecía enlas grandes movilizaciones al trabajo voluntario o en losatrincheramientos para defender la patria. Como colofónideológico de esa tendencia el Primer Congreso del Parti-do Comunista de Cuba decretaba en 1975 que “lo moral”era estudiar, trabajar y defender la revolución y que erahora ya de olvidarse de las consideraciones morales sobreel sexo.

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Pero el sexo no perdió por eso su valor de cambio. En los años en los que eldinero carecía de importancia y lo relevante era la influencia política, un im-presionante número de dirigentes políticos, diplomáticos, militares y adminis-trativos, cambió su vieja esposa, su antigua compañera de lucha, por una nue-va, joven y hermosa. Fue un fenómeno masivo.

Las muchachas de la nueva generación no tenían acceso a la ropa de mo-da, a los perfumes franceses, ni a una casa propia o un automóvil. Los mejorespartidos eran entonces quienes por disfrutar de las prerrogativas del poderpodían suministrarles lo que necesitaban y hasta complacerles los caprichos.¿Se le puede llamar prostitución a eso? Se trataba de hombres muy interesan-tes, cuarentones y cincuentones que por sus méritos históricos, por su capaci-dad de trabajo o por sus relaciones personales habían ascendido a los timonesde mando de una sociedad históricamente machista, desde donde podía con-seguirse casi de todo. Ellas, por su parte, tampoco eran cualquier cosa, ade-más de jóvenes y hermosas habían estudiado en las escuelas de la revolución.Muchas tenían, junto a la avaricia por lo material, algún sueño idealista queconquistar, eran las cortesanas del socialismo real. Este fenómeno se extendiódesde mediados de los 60 hasta mediados de la década del 80.

Entonces fue que empezaron a llegar los extranjeros: turistas de países ca-pitalistas, sedientos de sol tropical, en busca de mulatas, música salsa, tabaco yron. Ofrecieron primero mercancías a cambio de sexo: camisetas, perfumes,jeans; luego vino la dolarización de la economía cubana y comenzaron a pa-gar en efectivo. En la misma medida en que esto ocurría los miembros delaparato burocrático perdían el poder de conseguir bienes materiales. Losaños 90 significaron la desaparición del subsidio soviético que entre otras co-sas facilitaba al gobierno la adquisición de bienes suntuosos para sus dirigen-tes. Pero no hay que confundir las cosas. Las mujeres que buscan los turistasno son las refinadas jóvenes que sustituyeron a las esposas de los ministros ycomandantes, sino algo fácil, barato, inmediato y de corta duración.

La nueva generación de prostitutas tiene una edad que oscila entre los 16 ylos 25 años, aunque se puede encontrar algunas de 13 ó 31. Un espíritu cientí-fico puede dividirlas según sus aspiraciones. En el nivel más bajo están aque-llas que por $20 dólares hacen de todo en una noche, y digo en una noche yno en dos horas, pues por regla general no tienen un sitio donde dormir có-modamente y prefieren amanecer junto al cliente que atravesar a pie la ciudadpara llegar al cuartucho donde viven. En el nivel intermedio están las que as-piran a divertirse las dos semanas que el vacacionista pasará en Cuba haciendoel papel de damas de compañía; comen bien, pasean y reciben regalos. En lacúspide se encuentran las que apuestan al premio gordo: ser invitadas a viajaral extranjero y ¿por qué no? casarse y vivir definitivamente fuera de Cuba.

Para ser justos con las mujeres debo decir que también hay hombres en es-tos niveles de prostitución, pero como estoy tratando de ser justo con las mu-jeres, debo aclarar que son muy pocas las extranjeras que practican el turismosexual y por eso lo que predomina es el binomio clásico: mujer que se vende,hombre que paga.

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Una ola represiva se ha volcado sobre las prostitutas en Cuba. La policíalas acosa pidiéndoles el carné de identidad. Si están en la capital o en Varade-ro y su dirección corresponde a una ciudad de provincia se les considera in-mediatamente como sospechosas de ejercer la prostitución, son conducidas auna estación de policía; allí se redacta un “acta de advertencia” y sus datospersonales pasan a una computadora. Si reinciden se repite el procedimientoy a la tercera va la vencida. Aunque no existe ninguna ley sobre el tema, pue-den ser condenadas a pasar 6 meses en un centro de reeducación donde tra-bajarán en labores agrícolas. También pueden ser sancionadas las personasque ofrecen una habitación para “consumar el delito” o los que directa o indi-rectamente juegan el rol de proxenetas o protectores. Ningún turista ha sidomolestado por pagar a cambio de sexo.

Es un hecho reciente el reconocimiento oficial de esta nueva etapa de laprostitución en el país. Algunos periodistas, luego de recibir el permiso o laorden de escribir sobre el tema han redactado crónicas, reportajes y entrevis-tas donde queda demostrado que las nuevas prostitutas o “jineteras” como lasllama el argot popular, no realizan su trabajo espoleadas por el hambre, comoocurre en el capitalismo, sino que están movidas por un cierto afán de lucro,por un raro virus de consumismo ajeno a los valores espirituales que la revolu-ción ha inculcado en las nuevas generaciones.

Este detalle merece ser aclarado con precisión. El hambre es también unproblema cultural. No sólo se pasa hambre cuando se llega al nivel de inani-ción de un náufrago abandonado sobre una roca estéril. Hambre es tambiénno poder elegir los alimentos, no poder condimentarlos a nuestro gusto, notener una dieta balanceada. Pero además las necesidades humanas no son só-lo digestivas. Una persona necesita asearse, vestirse, rodearse de objetos útiles.Renunciar al consumismo no significa volverse un anacoreta. Pretender com-prar un ventilador cuando se vive en una habitación sin ventanas no es un ac-to consumista. Me parece realmente obsceno continuar con los ejemplos.

Me pregunto a diario si el sueño de Federico Engels de que el sexo pierdasu condición de mercancía y gane su estatura real de nexo material en elamor humano, es solamente una quimera inalcanzable como el resto de lasutopías de justicia social. Algunos quieren ver la prostitución simplemente co-mo un trabajo que alguien ejecuta “sobre una persona”, parecido a lo que ha-ce el masajista, la manicure o el psicoterapeuta. En ese caso perseguir a lasque ejercen el oficio sólo sirve para privarlas del derecho a reclamar un pagojusto por su labor, pero reconocer esta actividad como una forma lícita de ga-nar el pan resulta inaceptable para una ética humanista, sea cristiana o comu-nista. De todas formas me niego a pronunciarme. Carezco de experiencia.Tengo que reconocer que no pertenezco a la angélica generación soñada porEngels, incapaz de comprar o vender sus caricias, pertenezco a un extraño hí-brido que además de faltarle la edad para entrar a los prostíbulos del capitalis-mo, no pudo acumular suficiente poder como para despertar la codicia de lascortesanas del socialismo real y que hoy carece de suficientes dólares para pa-gar las nuevas putas del socialismo decadente.

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E L 11 DE ABRIL DE 1997, LA COMISIÓN EUROPEA, REPRESEN-tada por su vicepresidente segundo, el comisario britá-

nico Leon Brittan como responsable de asuntos de comer-cio exterior, y el gobierno de Estados Unidos, representadopor el subsecretario de estado para el comercio exterior,Stuart Eizenstat, acordaron un compromiso que neutraliza-ba temporalmente la ley Helms-Burton, apenas un año des-pués de haberse aprobado el 12 de marzo de 1996. De eje-cutarse fielmente los puntos más importantes del acuerdo(la Unión Europea retiraría su demanda interpuesta en laOrganización Mundial del Comercio, mientras los EstadosUnidos congelarían la aplicación efectiva de la ley), se ha-bría puesto fin a uno de los episodios más serios de enfren-tamiento entre Washington y Bruselas, al igual que impor-tante diferendo entre los Estados Unidos y sus socios en elTLC. Se habría evitado una guerra comercial.

CONTEXTO DE LA GÉNESIS

El objetivo de la “Ley de la Libertad y la Solidaridad conCuba”, versión en español de la oficialmente denominada“Cuba Liberty and Democratic Solidarity (Libertad) Act of1996”, pero popularmente aludida como “Ley Helms-Bur-ton”, ha sido fundamentalmente político. Mediante la pre-sión para desalentar las inversiones extranjeras en Cuba (através de la amenaza de demandas judiciales y las restric-ciones de viaje a los Estados Unidos), ha perseguido provo-car un mayor deterioro económico que acelerara el final

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1 Texto resumido de una parte de la ponencia presentada en la Confe-rencia Bianual de la Asociación de Estudios de la Comunidad Europea(European Community Studies Association-ECSA), celebrada en Seattle,Washington, del 27 de mayo al 1 de junio de 1997. Agradezco a AmblerH. Moss sus comentarios y correcciones, a Ángel Viñas los materiales ge-nerosamente proporcionados y sus correcciones a una versión prelimi-nar, y a Wolf Grabendorff por las copias de los trabajos presentados enun seminario organizado por IRELA.

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del régimen dictatorial cubano. Su propósito refleja la importancia notableque el exilio cubano tiene en los Estados Unidos y su incidencia en la políticainterior, tanto a nivel municipal en la zona metropolitana de Miami, como enel estado de la Florida y otros enclaves hispanos, su nada desdeñable impactoen las elecciones presidenciales, y sus repercusiones en política exterior.

El origen legislativo reside en la llamada “ley Torricelli” y otros instrumen-tos legales anteriores. Su desarrollo se extiende desde su proposición comoproyecto de ley (bill), e incluye la aprobación legislativa, la subsecuente ratifi-cación presidencial de 12 de marzo de 1996, y la provisional suspensión (porperíodos renovables de seis meses) por el propio presidente Bill Clinton delcontroversial título III. Además del resto de las penalizaciones, este apartadoabre la puerta a las demandas judiciales contra los individuos o compañíasque mantengan relaciones comerciales de cualquier tipo con respecto a laspropiedades norteamericanas (o pertenecientes a cubanos posteriormenteconvertidos en ciudadanos de los Estados Unidos) confiscadas por la Revolu-ción Cubana.

La ley ha generado una considerable energía en la comunidad jurídica.Los más beneficiados parecen ser los abogados que fueron inmediatamentecontratados u ofrecieron sus servicios a las personas o empresas potencial-mente aquejadas de la aplicación de la ley o a los intereses que podían verseencuadrados en la categoría de demandantes. La ley también ha alentado elinterés de catedráticos y diversos expertos en derecho internacional que hanelaborado (junto a comentarios apresurados) unos notables estudios sobre laconstitucionalidad de la ley y sus potenciales violaciones de las normas inter-nacionales. Los análisis de los juristas coinciden en algunas líneas generalesque son sumamente críticas, sin que sea posible separar el texto jurídico de suverdadero contexto político.

Las consecuencias han resultado más evidentes en el ámbito político y hanejercido un mayor impacto en el entramado de la diplomacia internacionalque en el contexto del comercio e inversiones, aunque su influencia en esteterreno no es desdeñable. Curiosamente, además de desincentivar parte delas inversiones extranjeras en Cuba, las disputas provocadas por la ley tambiénhan proporcionado munición a los sectores norteamericanos que se oponeno son reticentes a los acuerdos de libre comercio, especialmente con socioscomo México, Canadá y la Unión Europea, que han estado a la cabeza de laoposición a la ley. Resulta evidente que las reacciones en el exterior siguieron,por un lado, a remolque de la intensidad con que se percibían los movimien-tos del gobierno norteamericano; por otro lado, unas líneas de acción políticarevelan una consistencia notable. Por ejemplo, la Unión Europea adoptó ennoviembre de 1996 una Posición Común sin precedentes con respecto a Cu-ba, a la que se imponían condiciones de apertura política para la iniciaciónde un acuerdo de cooperación, como una de las primeras experiencias de suincipiente cooperación en materias de seguridad y política exterior.

En contraste, el balance anterior revelaba que todos los aliados tradiciona-les de los Estados Unidos en Europa, que hasta entonces habían tenido una 69

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posición ambigua con respecto al embargo norteamericano impuesto a Cuba,habían pasado a votar explícitamente en contra de medidas coercitivas contraCuba en el seno de la Organización de las Naciones Unidas. Como reflejo dela actitud de los estados miembros desde el anuncio de la ley Torricelli, lasinstituciones europeas han efectuado declaraciones y aprobado resolucionesextremadamente críticas de la política de los Estados Unidos (al mismo tiem-po que no se han privado de denunciar las violaciones de los derechos huma-nos en Cuba2). Países latinoamericanos que han aplicado presión sobre Cas-tro, han condenado la norma en diferentes contextos, como la OEA y lascumbres iberoamericanas. Curiosamente, la ley no ha ejercido aparente in-fluencia en conseguir el objetivo central (el final del sistema político castris-ta), sino más bien ha contribuido a suministrar un nuevo aliciente a Cuba pa-ra persistir en su línea intransigente.

El Canadá, México y Gran Bretaña diseñaron medidas legislativas comoprotección a sus inversiones en Cuba. La Unión Europea aprobó un Regla-mento en noviembre de 1996, de obligado cumplimiento para todos los 15países miembros, y presentó una demanda para la formación de un panel enel seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC), decisión que generóla puesta en marcha del acuerdo de compromiso.

VENCEDORES Y VENCIDOS

Quizá la única consecuencia fehaciente de todo el desarrollo de la ley seaque, como aparente premio, todos sus principales promotores que se presenta-ban a la ratificación legislativa en 1996 fueran reelegidos, aunque no se puedeargüir que su activismo fuera la única razón de este éxito, ya que el apoyo deque disfrutan en sus respectivas jurisdicciones es confortable. Por lo menos,puede argüirse que la ley les ayudó a no perder votos (y similar análisis es apli-cable al caso del propio presidente Clinton). El senador Jesse Helms (Caroli-na del Norte) y los congresistas Dan Burton (Indiana), Bob Menéndez y Ro-bert Torricelli (ambos de Nueva Jersey), fueron confirmados en sus puestos,haciendo compañía a Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart.

Un año después de la aprobación de la ley, sus principales protagonistas hi-cieron declaraciones. Ileana Ros-Lehtinen se dirigió a la Cámara de Represen-tantes resaltando que “decenas de compañías han suspendido sus operacionesen Cuba mientras otras posponen sus planes para invertir en la economía es-clavista de Castro”. Además, criticaba a la Unión Europea “en su último intentode beneficiarse de las propiedades norteamericanas robadas y explotar a traba-jadores cubanos” al presentar “una irresponsable demanda ante la OMC y ame-naza con minar la capacidad de los Estados Unidos a dictar su propia políticaexterior”. El senador Jesse Helms se dirigió al pueblo cubano a través de RadioMartí resaltando que “uno a uno, los inversionistas extranjeros que llenan de

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2 Para una consulta eficaz, se recomienda la encomiable y rigurosa compilación elaborada por IRE-LA (1996, pp. 769-803) sobre veinte años de relaciones entre la Unión Europea y América Latina.

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dinero los bolsillos de Fidel Castro y mantienen a flote su régimen, están hu-yendo”. El contexto de estas declaraciones confirmaba el triunfalismo, perotambién revelaba contradicciones y complejidad. A pesar de las presiones reci-bidas por compañías extranjeras después de un año de la aprobación de la ley,solamente (quizá por instrucciones de Clinton de ralentizar el proceso) un parde compañías mexicanas y canadienses recibieron denegaciones de visados pa-ra viajar a los Estados Unidos bajo la aplicación del título IV. El principal pro-blema parecía ser que los potenciales reclamantes contra los “traficantes” enpropiedad confiscada no estaban proporcionando datos al gobierno norteame-ricano y preferían esperar a que el título III fuera efectivo.

Lo cierto es que los sectores que presionaron para la aprobación de la leypodrían aducir que la combinación de la puesta en marcha de los mecanis-mos legislativos simultáneamente con el cambio político en España produjoun cierto nerviosismo y preocupación en círculos empresariales, especialmen-te españoles. Un número de proyectos de inversiones por empresas de otrospaíses habían sido congelados, mientras algunas compañías anunciaban su re-tirada de Cuba, como resultado de la incertidumbre de la confluencia de laaplicación de la ley restrictiva y el abandono del proyecto de acuerdo por par-te de la Comisión Europea, aunque resulta muy difícil la precisa cuantifica-ción. Las señales resultaban contradictorias, sin embargo, ya que las exporta-ciones españolas a Cuba se anunciaban en la primera mitad de 1996 con unaumento superior al 40%, aunque las cifras globales de todo el año quedaronen 59.058 millones de pesetas, en comparación de 51.837 en 1995 (un au-mento del 14%). Las inversiones españolas en Cuba en 1996 sumaron $ 11,4millones (1.426 millones de pesetas), triplicando las de 1995 (526,6 millones).Sin embargo, comparativamente, estas cifras solamente representan el 0,12%de las inversiones españolas en todo el mundo. Desde un punto de vista relati-vo, España se había convertido en el segundo socio comercial de Cuba (encontraste con 1994 cuando era el sexto). A pesar de que el gobierno españolcanceló un crédito de 2.000 millones de pesetas para exportaciones a Cuba,luego anunciaba el desbloqueo de 40 millones para programas de ayuda y unaumento en la cooperación que incluía otros 100 millones en préstamos co-merciales y otros 11 millones para ayuda humanitaria y becas.

En el contexto americano, intereses canadienses relacionados con la mine-ría (la compañía Sherrill, principalmente) recibieron advertencias de Was-hington. El grupo Domos de México, cuyos ejecutivos habían recibido admo-niciones del Departamento de Estado norteamericano de que no podríanviajar a los Estados Unidos y podrían ser objeto de demandas, parece ser el ca-so más explícito, ya que debió retirarse del acuerdo para la compra del sistematelefónico de Cuba. STET, una compañía italiana, se apresuró a ocupar el lugarde la mexicana con una inversión de $ 300 millones, con lo que elevó su parti-cipación en el sistema antiguamente administrado por ITT del 12,95% al29,29%. Sin embargo, posteriormente STET ha intentado acordar con ITT el pa-go de una compensación por el uso de la propiedad confiscada. Este relevo re-sulta sintomático, pues viene a confirmar los temores de círculos empresariales 71

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españoles de que otros países podrían ocupar el espacio dejado por España aldesalentar sus inversiones.

Paradójicamente, algunos observadores consideran que la ley ha tenidoya otros efectos comerciales muy diferentes a los objetivos de desalentar cier-tas inversiones riesgosas en Cuba. Por ejemplo, las protestas de los socios co-merciales de los Estados Unidos, como México y Canadá, además de laUnión Europea, han proporcionado justificaciones a los sectores norteameri-canos que se oponen a una ampliación de los acuerdos de libre comercio o,por lo menos, a su aceleramiento. Los estados que se enfrentan a la aplica-ción de leyes norteamericanas, aunque sean justificadas por razones de segu-ridad nacional, aparecen como poco merecedores de la confianza de celososguardianes de la soberanía nacional, la cual se ve mermada al suscribir esosacuerdos. Como se ha aludido anteriormente, para dramatizar su protestapor la ley y su distanciamiento de Estados Unidos, Canadá intensificó sus vín-culos con Cuba mediante visitas al más alto nivel diplomático y la firma deun acuerdo comercial y de cooperación, lo que no fue del agrado de los sec-tores legislativos de Washington que se oponen a NAFTA. México seguía en sulínea anterior, a pesar de recibir todos los favores de los Estados Unidos, co-mo la certificación por sus esfuerzos en la lucha contra el tráfico de drogas,en contraste con la denegación del mismo trato a Colombia. La sabiduría dela vox populi quedaría ilustrada por expresiones como “con amigos así,¿quién necesita enemigos?”

A nivel internacional más amplio, el efecto más claro de la ley es que consi-guió el acuerdo de todos los gobiernos de Europa y América Latina, que la con-denaron desde su inicio, en diversos foros. Por ejemplo, las votaciones de laAsamblea General de las Naciones Unidas revelan que descendía paulatina-mente el número de gobiernos que se abstenían en condenar el embargo nor-teamericano. El Grupo de Río no solamente condenó la ley, sino que en sus de-claraciones de 1996 hizo desaparecer la mención de presión para lademocratización de Cuba.

Además de haberse convertido en moneda de cambio (parcialmente, por lasuspensión del título III) negociable por gestos y compromisos, la ley ha ilustra-do un aspecto negativo de relaciones públicas para el gobierno norteamerica-no. Las motivaciones de esta actitud se han de buscar en el cambio cualitativode una política multilateralista (trabajar de acuerdo con las leyes internaciona-les) necesaria con el final de la Guerra Fría, por una unilateral derivada delconcepto del “excepcionalismo”, que considera como razonamiento irrebatibleel que los Estados Unidos se han convertido en la única potencia y por tantotienen la obligación de imponer los nuevos esquemas legales sobre el resto delplaneta, aunque violen sus propias leyes fundamentales. La ley Helms-Burtonsería una muestra más de la pérdida del interés internacional de unos sectoresde la sociedad norteamericana y el surgimiento de una ideología que puedeimponer una lectura local (la extraterritorialidad) sin hacer caso (porque no seconsidera que el costo sea demasiado alto) de las consecuencias graves contrala imagen internacional.72

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Durante todo este espacio de tiempo, curiosamente todas las partes involu-cradas podrían reclamar que habían conseguido un triunfo parcial o total. LaUnión Europea habría salvado la cara con el equilibrio que representa su Re-glamento de oposición a la ley y su Posición Común ante Cuba. El gobiernoespañol se habría mostrado firme ante la ley, pero sobresalía como padrino dela Posición Común adoptada por la Unión Europea. Castro habría demostra-do que no aceptaba exigencias de ningún lado, especialmente tras el ofreci-miento explícito por parte de Clinton a finales de enero de 1997 de ayudacondicionada a la transición política cubana sin el liderazgo actual.3 Mientrastanto, el gobierno norteamericano mantenía la amenaza de la aplicación deltítulo III de la ley, suavizado con sucesivas suspensiones. Incluso si el régimende La Habana seguía incólume y se radicalizaba más (como confirmaban lasmedidas represoras contra la disidencia interna a principios de 1997), los so-cialistas españoles podrían aducir que con su política de zanahoria (que aho-ra sería explícitamente expresada, y no del modo más diplomático, por el go-bierno de Aznar desde noviembre, y por la Unión Europea mediante suPosición Común) se habrían conseguido mejores resultados.

Los puntos de vista expresados en un coloquio privado celebrado en febre-ro de 1997 en el que participaron los representantes de los diferentes prota-gonistas en el conflicto generado por la ley Helms-Burton se resumen en dospolos de frustración. Por un lado, la Comisión Europea considera que no ve“cómo a Fidel Castro le ha podido afectar esta ley; es más bien el pueblo cuba-no el que la sufre” 4; por otro, los norteamericanos juzgan que la indecisión delos europeos en su modelo de relaciones con Cuba no lleva a ninguna parte yque “el enfrentamiento desencadenado por la denuncia comunitaria ante laOrganización Mundial del Comercio no beneficia a nadie” .5

¿EL CREPÚSCULO DE LA LEY HELMS-BURTON?

Apenas rebasado el primer aniversario de la ley Helms-Burton, las pautas y lascontradicciones que presidieron su evolución desde su nacimiento se vieronconfirmadas por la concatenación de incidentes o modos de operar que seprodujeron durante el mes de marzo de 1997. Éstos se vieron culminados porel anuncio de lo que parecía ser un compromiso entre la Unión Europea y losEstados Unidos para poner fin a los enfrentamientos justamente en la vísperade que comenzaran las acciones en el marco de la Organización Mundial delComercio (OMC). El 11 de abril de 1997, un día antes de cumplirse trece me-ses de la aprobación de la ley, la Unión Europea anunciaba “un acuerdo deprincipio” con Estados Unidos que conduciría a la suspensión del contencioso

3 El plan se conoce con el título de “Apoyo para una transición democrática en Cuba” (“Supportfor a Democratic Transition in Cuba”).4 Hugo Paeman, embajador de la UE en Washington, citado en La Gaceta de los Negocios, 12 febrero 1997.5 Misma fuente que la nota anterior. 73

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presentado por la Unión Europea ante la OMC. Los primeros comentarios fil-trados apuntaban a que los Estados Unidos debieran haberse comprometidoa alguna medida a cambio de que la Unión Europea retirara su denuncia yademás se comprometiera a poner en marcha ciertas medidas “desalentado-ras” de las inversiones en Cuba. Por otra parte, el presidente Clinton anuncia-ba que la política general hacia Cuba no cambiaría.6

Obsérvese que esto se desarrollaba en el marco de una escalada de decla-raciones y represalias. En primer lugar se produjo la retención de un turistaespañol en La Habana, lo que generó las declaraciones de Matutes acerca dela inconveniencia de recomendar el turismo español a Cuba; la reacción ver-bal del gobierno cubano fue violenta. Por otra parte, numerosos gobiernos sequejaban de que sus valijas diplomáticas eran violadas a su llegada a La Haba-na; al mismo tiempo, las autoridades de emigración de los Estados Unidosacrecentaban su celo de inspección de las maletas que los viajeros llevaban aCuba en los viajes para visitar a sus familiares; la antelación que ahora se lesexigía para abordar los aviones podía llegar a cinco horas.

A continuación, sucedió el arresto de Francisco Javier Ferreiro, un empre-sario español acusado de transportar ilegalmente mercancías norteamericanascon destino a Cuba, pasándolas a través de terceros países. Este hecho generódeclaraciones del Ministerio de Asuntos Exteriores español ratificando la opo-sición de España contra la ley Helms-Burton, pero especificando que el arres-to se había ejecutado en cumplimiento de las anteriores leyes norteamericanasque han tratado de garantizar el embargo. El arresto provocó protestas de laoposición política española, encabezada por el propio Felipe González.

Simultáneamente, en la Comisión de Derechos Humanos de las NacionesUnidas en su reunión anual celebrada en Ginebra, los países miembros de laUnión Europea (luego de haber condenado la ley Helms-Burton)7 indicabanal principio cierta indecisión en respaldar la demanda de los Estados Unidoscontra Cuba en medio de la polémica generada, entre otros detalles, por lainserción de un cubano en la delegación de Nicaragua. Al final, sin embargo,todos los países miembros (y los que aspiran a serlo, como es tradicional) vo-taron a favor de la propuesta de condena.8

En este contexto, simultáneamente que el empresario español Ferreiro sedeclaraba inocente ante el tribunal de Miami, llegó el anuncio del posiblecompromiso entre los Estados Unidos y la Unión Europea. Esto confirmaríala tesis de que los numerosos incidentes no conseguirían provocar una guerraabierta entre las dos potencias económicas, con el riesgo de dinamitar la re-cién nacida Organización Mundial del Comercio. El comisario europeo LeonBrittan sabía que Clinton no podría lograr la derogación total de la ley por un

6 Cables de AP, EFE y otras agencias, 11 de abril 1997. El 18 de abril el COREPER ratificaba el acuerdo.7 AFP, 3 abril 1997. La resolución tuvo 37 votos a favor y 8 en contra.8 De los 53 miembros, 19 votaron a favor, 24 se abstuvieron y 10 lo hicieron en contra.74

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congreso dominado por los republicanos. La Casa Blanca y el Departamentode Estado, por otra parte, eran conscientes de que la demanda interpuesta an-te la OMC era un callejón sin salida que abriría la puerta a daños colaterales entodo el entramado del libre comercio que se está negociando.

Los detalles preliminares de la oferta de los Estados Unidos incluían seguirsuspendiendo indefinidamente el título III de la ley y persuadir al Congresopara suspender el título IV que deniega visados a los dirigentes de las compa-ñías que trafiquen en propiedades confiscadas; la Unión Europea, a cambio,se comprometía a acordar medidas que limitaran (desaconsejaran) los tratoscomerciales en tales propiedades. Ambas partes acordaban trabajar conjunta-mente en promover la democracia en Cuba.9 Los dos protagonistas del acuer-do reclamaban que habían logrado beneficios mutuos y ventajas para sus pro-pios intereses. Brittan consideraba, a cambio de haber retirado la demandaante la OMC, como triunfos los siguientes: que el acuerdo también incluyera laprotección de inversiones en otras regiones (como Libia e Irán), que se limita-ra a inversiones futuras (no a las que ya están en manos de intereses europeos),y que neutraliza este tipo de leyes de aplicación extraterritorial.10 En sus de-claraciones diseminadas por distintos comunicados de prensa, Eizenstat secongratulaba de haber evitado un daño a la OMC, mediante el acuerdo que“crea la primera y verdadera oportunidad para desarrollar disciplinas multila-terales que impidan y prohíban invertir en propiedades confiscadas”, y que“establece fuertes normas globales para acrecentar la protección de los dere-chos de propiedad”.11

Las reacciones preliminares revelaron unas tenues grietas en la coaliciónque consiguió la aprobación de la ley: mientras la oficina del senador Helmsconsideraba que el acuerdo era positivo12, su colega Burton y los congresistascubano-americanos Lehtinen y Díaz Balart denunciaban el acuerdo como una“rendición”13 y un intento de confundir al Congreso. Más tarde, sin embargo,se cernía un frente sólido de obstáculos por parte de los que exigían explíci-tas medidas de la UE 14, con el resultado de dudas en círculos europeos acercade las dificultades que debería enfrentar Clinton en el Congreso.15

Por otra parte, las reacciones en Cuba se predecían con la circulación (unosdías antes del acuerdo) de un comunicado del gobierno cubano a las embajadas

9 Proyecto de Acuerdo (Memorandum of Understanding), 11 abril 1997.10 Xavier Vidal-Folch, “La UE no ha perdido nada”, El País, 27 abril 1997.11 “Enfoque multilateral a los derechos de propiedad”, comunicado transcrito en versión en espa-ñol en Diario de las Américas, 27 abril 1997.12 “Senador Helms reacciona ante posible cambio”, EFE, 12 abril 1997.13 Ileana Ros-Lehtinen, “La administración Clinton se rinde ante las demandas europeas”, Diariode las Américas, 20 abril 1997.14 “Senator Helms reacts”, EFE, April 12, 1997.15 “Eurodiputados prevén el Congreso se niegue a suavizar Helms-Burton”, EFE, 18 abril 1997. 75

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extranjeras en La Habana en el que se advertía que se declaraba como “ilícita”cualquier colaboración para favorecer la aplicación de la ley. Por lo tanto, si elgobierno cubano considera que el acuerdo lesiona sus intereses, quedaría co-mo perdedor, con lo que las ulteriores reacciones son impredecibles.

En conclusión, la suspensión del título IV significaría que la ley quedaríavirtualmente sin contenido, aunque la Unión Europea y los Estados Unidosdeclararan que se reservan sus opciones a la vista de los respectivos movimien-tos. Este desenlace confirmaría una de las tesis centrales de nuestro análisisen el sentido de que las diversas medidas de cada una de las partes se conside-rarían como secundarias para evitar el enfrentamiento directo entre la UniónEuropea y los Estados Unidos con consecuencias graves para el comerciomundial. En el contencioso entre Washington y Bruselas, el límite ha sido elposible irreparable daño causado a la Organización Mundial del Comercio;en la triangular relación entre los Estados Unidos, Canadá y México, el límiteestá constituido por la fragilidad del TLC. Además, dos tipos de presión ejer-cieron su influencia sobre la Casa Blanca.

En primer lugar, los intereses de importantes compañías norteamericanasque tienen anclado su futuro en la ampliación del comercio mundial juzga-ban con extremada impaciencia e incomodidad que la imposición de sancio-nes económicas (como es el caso obvio de la ley Helms-Burton) no sólo tieneefectos negativos en el comercio en general, sino que los límites se imponensin su consentimiento. En segundo término, los centros de decisión de lasfuerzas armadas de los Estados Unidos han presionado (con extrema discre-ción, pero con firmeza) desde el final de la Guerra Fría para que se propor-cionen los medios necesarios para una transición pacífica (“soft landing”, pa-ra usar la terminología original) en Cuba, que evite la necesidad de unaintervención de los Estados Unidos a causa de una explosión inmigratoria ode serios enfrentamientos en el interior debidos a un colapso de dimensionescatastróficas del regimen castrista. Estos dos peligros han estado en la lista deposibles consecuencias del impacto de la efectiva aplicación de mayores limi-taciones en el comercio con Cuba.

Sin embargo, el éxito del compromiso también depende del uso que hagandel acuerdo ahora los protagonistas principales o secundarios que considerenque han perdido. A simple vista, la desaparición de los aspectos más drásticosde la ley perjudicaría a sus más firmes defensores en el Congreso; también, pa-radójicamente, perjudicaría a Cuba, pues le priva al gobierno de Castro de unchivo expiatorio, aunque el acuerdo euroamericano de trabajar conjuntamenteen el fomento de la democracia en Cuba proporciona una nueva excusa de aco-so. Por otra parte, el acuerdo tramado por el comisario británico Leon Brittanse ve en ciertos círculos de Europa como una concesión a los Estados Unidos ypuede ser usado por diferentes gobiernos y por la oposición tanto en Españacomo en otros países, dominados (aunque sea limitadamente) por sectores po-líticos siempre celosos de distanciarse de los Estados Unidos. Además, el acuer-do no parecía que hubiera frenado los planes bilaterales de importantes esta-dos miembros, como es el caso de Francia, a la vista de la firma de un acuerdo

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comercial con Cuba, lo cual se interpreta como “un nuevo desafío europeo a laley Helms-Burton”, ante el evidente desagrado de Washington.16 Quedaría, fi-nalmente, observar cuáles serán las reacciones de los gobiernos mexicano y ca-nadiense, que se sentirán presionados a reciprocar los acuerdos entre la UniónEuropea y los Estados Unidos, o actuar por su cuenta.

No obstante, el mismo razonamiento de los límites impuestos por el esce-nario global del libre comercio es aplicable a la actitud de los socios de los Es-tados Unidos en el TLC. En consecuencia, para Bruselas, Washington, Ottawao México, el peso relativo de Cuba se revelaría en todas sus limitaciones en elcontexto global del mundo de hoy. La Habana, para decirlo con palabras cru-das, no valdría una misa.

El tema queda abierto y deberá ser analizado como mínimo en el plazo delos seis meses propuestos como una especie de tregua. De cumplirse todos lospuntos del acuerdo anunciado y sus consecuencias, si el actual régimen cuba-no termina por evolución política natural como consecuencia de la simple de-saparición biológica de Fidel Castro, la ley Helms-Burton pasará a la historiacon un balance de daños mayor que el de beneficios, ya que el objetivo cen-tral (la desaparición de Castro bajo presión económica) no se habrá consegui-do. Quedará simplemente como testimonio de un intento por acelerar el re-surgimiento de la democracia en Cuba (meta final compartida por todas laspartes) y como una innecesaria desavenencia entre los Estados Unidos y elresto del mundo.

16 El acuerdo fue firmado por Franck Borotra, ministro francés de Industria, e Ibrahim Ferradaz,ministro cubano de Inversiones Extranjeras y Cooperación Económica (AFP y otras agencias inter-nacionales, 25 abril 1997). 77

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“VEO QUE DEJÉ RAÍCES EN LA HABANA DONDE YO ME QUEDÉ

por sentirlas muy en lo hondo de mí misma”. Siem-pre me detengo en esta frase del epistolario de María Zam-brano a José Lezama como si un día cualquiera me fuera aser desvelado el secreto de este arraigo en Cuba de la escri-tora malagueña y de paso, el mío propio, acrecentado enestos años transcurridos desde mi partida de la Isla.

Vuelvo la vista atrás, hacia el territorio nebuloso de miinfancia, en busca de esas pistas que me ayuden a com-prender retrospectivamente de dónde me viene esta que-rencia por un país que no es el mío. El primer recuerdocubano es el relato, por mi madre o acaso por mi abuela,no lo sabría decir con precisión, de la expulsión de la Islade mi tío Juan Pablo de Lojendio, entonces Embajador deEspaña, tras un sonado enfrentamiento con el Primer Mi-nistro Fidel Castro. Se trata de un episodio tan conocidoque me resulta difícil deslindar lo que tiene de aconteci-miento público de esos ecos íntimos y familiares que aho-ra me interesan más. Casi siempre que se rememoran es-tos hechos, con motivo de la última crisis de turno entreLa Habana y Madrid, sale a colación el supuesto disgustode Franco, que no deseaba un deterioro –no digamos unaruptura– de las relaciones con Cuba. Es difícil saber quéparte de verdad pueda haber en esta versión. Lo que no escierto, como también se ha dicho, es que este enfado –realo imaginado– de Franco, se tradujera en un perjuicio parala carrera de mi tío, que poco después fue nombrado Em-bajador en Berna. Pero todo esto lo supe bastantes añosdespués. Ahora vuelvo a aquel relato familiar y veo crecerante mis ojos de niño a aquel pariente convertido en le-yenda, la del hombre audaz que sólo y bajo la única pro-tección de esa ficción llamada la inmunidad diplomática,se encara con el personaje poderoso y le dice que miente.

Mi segundo recuerdo de tema cubano tiene contor-nos más precisos. Estamos veraneando en El Escorial y laapacible rutina de aquellas interminables vacaciones de

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Iniciaciones cubanas

la mirada del otro

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la infancia se ve interrumpida por una llamada de teléfono. Son malas noti-cias. El carguero “Sierra Aránzazu”, de la compañía que dirige mi padre, hasido ametrallado a cien millas de Santiago de Cuba. En el ataque, atribuido alanchas rápidas de un comando anticastrista, han muerto tres tripulantes yentre ellos, el capitán, amigo y compañero de colegio de mi padre.

Estamos en el año 1964 y el incidente sitúa a los gobiernos de Madrid yWashington en una posición delicada. Es de dominio público que estos gru-pos armados del exilio cubano cuentan con el apoyo y la cobertura de la CIA, ypor tanto la responsabilidad norteamericana en esta agresión, ya sea por acti-va o por pasiva, parece del todo evidente. Pero el régimen español no es pre-cisamente sospechoso de filocomunismo y de hecho se ha convertido en unfirme aliado militar de los Estados Unidos en la guerra fría. Aunque ambaspartes se esfuerzan por reducir la tensión, la prensa española de la época nodisimula los reflejos de antinorteamericanismo que siguen latentes desde1898. Finalmente, la crisis se cierra con el propósito del Gobierno español demantener su comercio con Cuba y con la garantía de los Estados Unidos deque incidentes de esta naturaleza no volverán a producirse.

Éstos son mis antecedentes cubanos y a ellos me tengo que referir paradescubrir los balbuceos de una actitud personal hacia la Isla. En mi familia noexiste, como sucede en tantas otras españolas, un abuelo matancero o una bi-sabuela de Camagüey. En casa nunca hubo, por tanto, la foto del buque de laTransatlántica atracando en el puerto de La Habana, ni la mecedora de reji-lla, evocadora de tertulias al atardecer en un porche criollo. En cambio, mipadre nació en Manila y mis parientes han estado vinculados desde hace va-rias generaciones a Filipinas, esa remota colonia a la que la Historia reservabaun destino paralelo al de Cuba.

En todo caso, el efecto combinado de aquellos dos recuerdos cubanos de-bió tener en mi cabeza de niño un regusto desconcertante. Porque, vamos aver, ¿quiénes eran los buenos y quiénes los malos? En el episodio de mi tíoJuan Pablo estaba claro que el malvado era Castro. ¿Pero acaso no eran anti-castristas los canallas que habían incendiado el “Sierra Aránzazu”, asesinandoal amigo de mi padre?

Puedo recapitular de la siguiente manera. Mi bagaje cubano era, en pri-mer lugar, crudamente político, desprovisto de otras evocaciones que dulcifi-caran estas impresiones conflictivas. Y en segundo lugar, era un bagaje queme causaba una gran perplejidad y no poca curiosidad. Eran escasas las certe-zas y muchas las preguntas.

Luego estaba la cuestión del nombre. A mí me habían llamado Fidel co-mo mi abuelo. Pero nadie pensaba en abuelos cuando decía cómo me llama-ba. Una vez tras otra tenía que escuchar el mismo comentario, tan inevitablecomo predecible: “¡Ah, Fidel, como Fidel Castro!” Años después, durante miestancia en Cuba fui coleccionando chascarrillos y anécdotas referentes a es-ta identidad de nombres propios. La más embarazosa ocurrió en un museode Santiago donde la recepcionista me preguntó mi nombre para apuntarloen un registro de visitantes. Al contestarle que Fidel Sendagorta puso cara de

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incredulidad y de escándalo y me dijo a voz en grito: “¿Cómo ha dicho? ¿FidelEn-la-horca?” Al oír estas palabras todos los presentes se volvieron hacia noso-tros en medio de una fenomenal expectación y yo quise que allí mismo metragara la tierra.

Pero ahora Castro ya no es el único gobernante en llamarse Fidel. El otroes Fidel Ramos, Presidente de la República de Filipinas. Espero que a los in-vestigadores no les pase desapercibida esta coincidencia y que escriban sobreella algo de enjundia con motivo del primer centenario del 98.

Por fin llego a La Habana en los primeros días de agosto de 1988, destina-do a nuestra Embajada como primer secretario. En aquel momento, todo elimponente edificio del mundo comunista, con la Unión Soviética a la cabeza,no sólo seguía en pie sino que parecía destinado a durar eternamente. Tresaños después, cuando Mela, mi mujer, y yo nos despedimos de la Isla, los mu-ros habían caido uno tras otro y el campo comunista era un paisaje de ruinas.Seguir los avatares de este proceso desde Cuba, el único país hispánico encua-drado en aquel mundo, constituyó un aspecto determinante de mi experien-cia en la Isla.

A diferencia de otros países, Cuba había entrado en la órbita soviética porvoluntad propia, o más precisamente, por designio de sus gobernantes, queentonces gozaban de un amplio apoyo popular. Sin embargo, siempre huboalgo artificial en ese hermanamiento con unas naciones tan ajenas por su his-toria y su cultura. Cada vez que en el aeropuerto de Rancho Boyeros me cruza-ba con un grupo de mulatos enfundados en pesados abrigos grises y tocadospor inconfundibles gorros rusos, tenía la sensación de estar ante una versióndadaísta de Doctor Zhivago. Pero sí, un inesperado giro histórico había cam-biado la vida a todo un pueblo y Carlos Varela pudo componer aquella can-ción en la que imaginaba una partida de ajedrez entre Lenin y Tristán Tzara:“a veces presiento que fui una pieza, y que aquel tablero era mi ciudad”.

Ahora bien, cuando conocí a Carlos y a su grupo de amigos, entre los queestaban Puchi Fajardo, Kiki Álvarez y los hermanos Arrechea, me di cuenta deuna diferencia fundamental en nuestras percepciones. Para mí, como extran-jero, el reloj Poljot y la radio Selena formaban parte del paisaje exótico de laRevolución cubana. Para ellos, que habían nacido después del 59, todo aque-llo era su propia vida, sus señas de identidad como generación. Porque en de-finitiva se trataba de eso, de la irrupción de una nueva generación en la esce-na cultural cubana. Alguien los bautizó como los hijos de Guillermo Tell, enreferencia a la más emblemática de las canciones de Carlos Varela. Eran jóve-nes y naturalmente querían cambiar el mundo, empezando por su propia Isla.Ninguno había conocido otra Cuba que no fuese la de la Revolución. Elloseran su producto más acabado. Pero la conclusión estaba igualmente clara: laRevolución era suya con todas sus consecuencias. De ahí la ausencia de com-plejos, la impertinencia incluso, de muchos de sus planteamientos dirigidos alpoder. Los artistas plásticos se pusieron a la cabeza de este movimiento en elque las mejores obras y manifestaciones conjugaban la crítica con un guiño dehumor. Fatalmente, este tono festivo de los inicios fue dando paso a actitudes y

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motivos mucho más ácidos. En pocos años se recorrió el camino que iba des-de los desenfadados golpes de efecto de Artecalle hasta las duras instalacionesde Tonel y Kcho en torno al drama de los balseros. Entre tanto, el poder ha-bía puesto en marcha un dispositivo para disolver estas tendencias sin necesi-dad de recurrir a los antiestéticos autos de fe de los años 70. Fue una políticarepresiva de baja intensidad que combinó el cierre de espacios en la Isla conel estímulo a la salida del país de los artistas más inquietos. La sección culturalde la Seguridad del Estado recibió, a buen seguro, felicitaciones por los resul-tados obtenidos. Cuba podía prescindir de esas enormes reservas de talentoque ahora se dispersaban por el ancho mundo.

Con esta generación se agotaba un bien intangible pero imprescindiblepara cualquier proyecto humano: la ilusión. Ellos habían querido cambiar lascosas desde dentro y no les dejaron. A partir de entonces, la gran mayoría delos jóvenes de la Isla, entre la apatía y el instinto de supervivencia, no querrántener más visión de futuro que sus propios horizontes personales. Pero si laRevolución perdió para siempre a muchos de sus jóvenes más valiosos, la na-ción todavía puede contar con ellos. No ya al servicio de una Cuba dura, comoen la consigna de los comunistas madrileños, sino en el sentido de ese patrio-tismo suave del que habla Rafael Rojas o a favor de una Cuba posible, como rezael sugerente título del proyecto imaginado por Iván de la Nuez. Ellos, y tantosotros, representan el esfuerzo de reflexión lúcida y serena que tan necesarioresulta para repensar una idea de patria en la que quepan todos los cubanos.

Conocí a muchos artistas de esta generación en el taller de serigrafía “RenéPortocarrero”, un refugio para la creación en libertad que gestionaba, con ta-lante abierto y generoso, su director Aldo Menéndez. Por allí caía también devez en cuando el Coronel Tony Laguardia, cuyas actividades en el Ministeriodel Interior no eran entonces conocidas, pero sí su condición de artista aficio-nado. Su destino se cruza con el de los jóvenes pintores en un momento histó-rico de fuertes tensiones internas en todo el mundo comunista. En todos estospaíses los primeros en percibir la necesidad de los cambios que se avecinanproceden de dos medios que tienen poco que ver pero que se llaman casiigual: la intelligentsia y los servicios de inteligencia. Ambos tienen un amplioconocimiento del mundo exterior, por sus viajes y contactos, y tanto el uno co-mo el otro trabajan a partir de un análisis de la realidad que quiere ser lo másveraz posible. También en Cuba existía una fuerte expectación, tanto entre losintelectuales como en el Ministerio del Interior, empezando por el MinistroAbrantes, favorable a una versión criolla de las políticas aperturistas que se es-taban desarrollando en Moscú. Pero ya entonces Fidel Castro había tomado ladecisión de acabar en el nido con todas las crías de la perestroika antes de queecharan a volar. Para que no quedara ninguna duda de que nadie, ¡nadie!, te-nía bula, incluyó entre los purgados al General Ochoa, cada vez más crítico dela situación desde su regreso de Angola. Ochoa representaba para muchagente en Cuba lo mejor que había producido una Revolución que se compla-cía en verse como la Esparta del Caribe. Con su fusilamiento, Castro logró,mediante un golpe preventivo, aniquilar todo asomo de desafío interno en la

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clase dirigente, cuando se iniciaba un período de cambios turbulentos a escalamundial. El precio que tuvo que pagar fue el desvanecimiento de lo que que-daba de épica revolucionaria, como si se esfumara un hechizo antiguo.

Una víctima colateral del caso Ochoa fue Elizardo Sánchez Santacruz, de-tenido y condenado a tres años de prisión por denunciar las irregularidadescometidas en el juicio contra el General y los demás acusados. Elizardo, juntocon Gustavo Arcos, su hermano Sebastián y un puñado de activistas, represen-taban entonces, no ya una imposible oposición –por la evidente despropor-ción de fuerzas– sino lisa y llanamente la defensa del sentido de la dignidad.Lo que más me admiraba de ellos es que, a pesar de todas las penalidades quehabían sufrido, no prevalecía en su talante ni el resentimiento ni el deseo devenganza. Tanto Elizardo como Gustavo, el uno con planteamientos más polí-ticos, el otro desde sus convicciones morales, tenían pleno convencimiento deque la reconciliación nacional era la única vía para la reconstrucción del país.Ésta era, por otra parte, la posición de la Iglesia cubana, defendida contraviento y marea por sus representantes. Todos ellos repetían, y siguen repitien-do, que de no avanzarse por ese camino, Cuba podría caer en un marasmo deviolencia en el que se pondría en juego su existencia misma como nación. Na-die que conozca de cerca esta isla “dulce por fuera y amarga por dentro”, co-mo decía Guillén, puede subestimar el peligro potencial del nivel de odioacumulado. Precisamente por eso, esta superación personal del odio es quizásla experiencia más impresionante que me dejó mi paso por la Isla. Porque elde Elizardo y Gustavo no son casos aislados. He conocido muchos, algunos deellos presos políticos que salían tras haber cumplido veinte años en la cárcel yotros en circunstancias muy diversas, incluso desvinculadas de la persecuciónpor motivos ideológicos. En todos he visto esa voluntad admirable de no per-mitir que el odio envenene sus vidas y en esta grandeza de ánimo reconozcosiempre la inspiración de José Martí, empeñado él mismo en la lucha más di-fícil contra sus propios demonios personales: “a la bilis habría que temer; pe-ro ya tengo mi retorta en el corazón y allí endulzo lo amargo”. Este ejemplode generosidad que fue la vida y la obra de Martí tiene una fuerza simbólicade un valor incalculable para cuando a Cuba le llegue ese momento decisivode encararse con su futuro.

Vuelvo a la resaca del caso Ochoa y siento la náusea de una situación cadavez más asfixiante. La necrofilia es la nota dominante de la retórica política ya esta época pertenece la consigna que exalta a la muerte como única alterna-tiva a un socialismo que muere sin que nadie lo mate. Desde que llegué a LaHabana he querido entender a Cuba en clave política pero ahora siento queesta búsqueda se va agotando. Es el momento de iniciarme en otras claves dela Isla. Como el personaje de Senel Paz leeré, a instancias de mis amigos cuba-nos, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, Indagación del choteo y El Monte.Leeré, desde luego, Las iniciales de la tierra y Vista del amanecer en el trópico, hastaadentrarme en los poetas origenistas que ya entonces me deslumbraron perocuya revelación más íntima no tendría hasta otras lecturas posteriores, tras mipartida de la Isla.

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A esta época pertenece también mi iniciación en los misterios gozosos delson cubano. Sucedió noche a noche, en aquellas sabrosas tertulias habanerasen las que indefectiblemente Bladimir Zamora acababa haciéndose con losmandos del aparato de música para infectarnos con el bicho de Miguel Mata-moros, Ignacio Piñeiro o Beny Moré. Más tarde, cuando Santiago Auserón seincorporó a estas sesiones a su paso por La Habana, el son dejó de ser para míun puro descubrimiento personal para convertirse en una aventura de mayorcalado. La alquimia de poesía y música popular española y africana que habíacuajado en el son cubano, yacía como un tesoro olvidado en los archivos so-noros de la ciudad. Santiago puso entonces en juego todo su prestigio de mú-sico consagrado para persuadir a su compañía discográfica de la importanciade reeditar a estos míticos soneros. Así entró por fin en España el son por lapuerta grande, después de tantos años de asombroso desconocimiento deuno de los más grandes lujos del patrimonio cultural iberoamericano.

Los que crecimos con los Rolling Stones hemos acabado rastreando lastiendas de discos en busca de una edición rara del Septeto Habanero. Es unaevolución que nadie hubiera augurado hace unos años pero en la que reco-nozco una seña de nuestra generación: un creciente interés por la cultura ibe-roamericana como fuente revitalizadora de la nuestra propia.

Dentro de este espíritu, se organizaron en la Casa de América de Madridlos Encuentros con el Son Cubano en los que participaron, por iniciativa deBladimir Zamora, músicos y musicólogos desde luego, pero también poetasde varias generaciones que habían recreado en su obra la magia de los rum-beros legendarios. Vinieron jóvenes noveles como Camilo Venegas y maestroscomo Cintio Vitier y Fina García Marruz, que estuvieron sembrados en suevocación de los viejos sones campesinos. Así los recordaba yo, en La Haba-na, en conferencias que dieron sobre María Zambrano y Juan Ramón Jimé-nez, caer en una especie de trance poético que nos iba envolviendo a todoslos presentes en una ola de emociones y sugerencias que parecía suspender-nos en el tiempo.

Unas horas antes de su intervención había almorzado con ellos y tuvieronla gentileza de regalarme un ejemplar de los ensayos que acababan de publi-car sobre San Juan de la Cruz, en ediciones El Vigía, esa gente de Matanzasque demuestra en cada obra que la belleza es posible en condiciones de pe-nuria, a condición de aliarse con ella. Al leerlos me di cuenta que San Juande la Cruz saca a relucir lo mejor de ambos poetas. ¿Por qué será que los mís-ticos españoles han sido una fuente de inspiración tan característica de los es-critores origenistas? Una comprensión superficial de la cultura cubana mehacía extrañarme de esa veta un tanto enigmática y hasta extravagante de es-te grupo literario. Luego he comprendido que Orígenes, y lo que se mueve entorno a Orígenes, es la más original y decisiva aportación de la cultura cubanaa la cultura hispánica y universal, y que lo es precisamente por esa síntesiscriolla de espiritualismo y sensualidad. La vitalidad de esta corriente se hapuesto de manifiesto en el enorme interés que despierta entre las jóvenes ge-neraciones de escritores. Así hay que explicarse esas reservas portentosas de

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vigor espiritual que rezuma la revista Credo, dirigida con una pasión fuera delo común por Iván González, hasta su prematuro cierre decretado por las au-toridades de la Isla.

Cintio Vitier y Fina García Marruz fueron precisamente dos de las ausen-cias más sonadas en el Encuentro que, en torno al cincuenta aniversario de larevista Orígenes, se celebró en la Casa de América un año después. Lo cierto esque no fue sencillo reunir bajo el título de “La isla entera” a once poetas delexilio y a otros tantos residentes en Cuba. La crisis de los balseros había esta-llado tres meses antes y la tensión política era muy fuerte. En aquellas circuns-tancias, no pocos escritores del exilio veían con enorme reticencia toda inicia-tiva que pudiera interpretarse como una operación de lavado de cara delrégimen. Por su parte, los responsables políticos de la cultura en Cuba esta-ban firmemente decididos a impedir que proliferaran este tipo de encuentrossobre los que no tenían control alguno. Las organizadoras derrocharon habi-lidad y buena voluntad para tratar de asegurar la máxima participación posi-ble. Al final, se tuvieron que realizar gestiones políticas de alto nivel para queen La Habana se autorizara el viaje de los escritores residentes en la Isla. Elcanciller Robaina, que dos meses antes se había entrevistado en Madrid, a ins-tancias de su colega español, con Eloy Gutiérrez Menoyo, Ramón Cernuda yAlfredo Durán, no encontró argumentos para justificar el boicot de su Go-bierno a estas jornadas literarias de homenaje a Lezama Lima.

Finalmente el Encuentro tuvo lugar, contra viento y marea, y en él se ha-bló sobre todo de poesía, porque así lo quisieron los participantes. Precisa-mente esta afirmación de la autonomía de los poetas respecto a la políticaomnipresente fue lo que más molestó a los dirigentes que en La Habana ha-blan en posesivo de “mis escritores”. Superada la tensión de la llegada, enesos días disfruté del trato de muchos amigos que no había vuelto a ver des-de mi estancia en Cuba, como César López, Guillermo Rodríguez Rivera yPablo Armando Fernández. También me encontré con otros que había co-nocido ya en su exilio madrileño como Pío E. Serrano y Felipe Lázaro eigualmente con aquellos como Manolo Díaz Martínez y Jesús Díaz que habíansalido recientemente de la Isla en circunstancias traumáticas. Por encima delas diferencias personales que pudiera haber, en todos aprecié una altura demiras para que saliera adelante este experimento de convivencia. La presen-cia de Gastón Baquero, como patriarca indiscutido de las letras cubanas re-sultó, sin duda, un factor clave para propiciar el espíritu que prevaleció eneste encuentro. Yo había conocido a Gastón unos años antes y desde enton-ces admiraba su señorío, su sabiduría y su ingenio socarrón. En numerosasocasiones había comprobado el interés de los jóvenes poetas cubanos por suobra y sabía que estos nuevos lectores le producían una satisfacción muy ínti-ma, como si su larga paciencia hubiera sido finalmente recompensada. Des-de su grandeza de ánimo y sin renunciar nunca a sus posiciones políticas,Gastón Baquero se ha convertido en un símbolo de la unidad esencial de lacultura cubana, siempre dispuesto a apoyar todas las iniciativas que promue-van ese espíritu.

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Tengo un recuerdo muy especial del día en que se produjo el reencuentroentre Gastón y Eliseo Diego en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Se ce-lebraba un acto de homenaje a Dulce María Loynaz con motivo del PremioCervantes y los organizadores del acto les habían sentado en extremos opues-tos de la sala para no violentar su voluntad, que entonces desconocíamos. FueFefé, la hija de Eliseo, la que provocó el encuentro y el abrazo. Era un abrazonecesario, cuya ausencia hubiera pesado siempre como una losa sobre la cul-tura cubana. En las semanas que siguieron, Carlos Barbáchano desde La Ha-bana y yo mismo en Madrid, nos convertimos en improvisados mensajeros delas cartas que se cruzaron los dos poetas. Más tarde, cuando ví la película ba-sada en la novela de Skármeta, pensé con legítimo orgullo en mi pequeñopapel como cartero de Gastón.

La idea de dar continuidad y permanencia a ese espíritu de diálogo y respe-to que había prevalecido en el homenaje a Orígenes, movió a Jesús Díaz a imagi-nar una revista que se llamaría Encuentro. Jesús, que había sido fundador deotras publicaciones como El Caimán Barbudo y Pensamiento Crítico, inevitablemen-te asociadas a sinsabores y decepciones, iniciaba esta nueva aventura editorialcon una admirable capacidad para ilusionarse y para ilusionar a los demás. Co-mo otras iniciativas similares, ésta nació también bajo el fuego cruzado de aqué-llos que en el exilio y en la Isla consideran que este tipo de proyectos sólo sirvepara hacerle el juego al contrario. Pero ya nos vamos acostumbrando a recono-cer en esta pinza la señal más clara de que se avanza en la buena dirección.

El primer número de la revista estuvo encabezado por un homenaje a To-más Gutiérrez Alea, que acababa de morir unos meses antes. Yo era un admi-rador de Titón desde el día en que vi Memorias del subdesarrollo en la televisióninglesa y luego tuve la suerte de conocerlo y tratarlo en La Habana y tambiénen Madrid, donde con una serenidad y un valor impresionantes, miraba a lamuerte de frente mientras daba los retoques finales a su última película. Ti-tón es uno de los más grandes artistas cubanos de este siglo y por eso me pare-ció impecable la idea de su homenaje en Encuentro, a pesar de las incompren-siones que pudiera provocar en ciertos sectores del exilio. Ahora bien, resultaindudable que su vida y su obra representan quizás mejor que las de ningúnotro, las contradicciones en las que se han movido los creadores cubanos enestas últimas décadas. Sobre esta cuestión tan crucial Heberto Padilla habíaescrito lo siguiente: “Tomás Gutiérrez Alea –el que yo conocí desde muy jo-ven, el que compartió conmigo esperanzas y temores– se vió en la misma dis-yuntiva que sufrieron sus compañeros de trabajo; pero, entre la ética y el arte,se decidió por éste último. A la hora de su muerte le sobreviven declaracionesde apoyo indiscriminado al régimen que mayor represión ha ejercido en lahistoria de Cuba, y, al mismo tiempo, más de una docena de películas que vivi-rán cuando nadie recuerde las lamentables declaraciones de su creador (...).”Padilla entra aquí de lleno en el núcleo de un conflicto moral en el que lacuestión cubana adquiere una categoría universal, ya que se trata del conflictopor excelencia de todo verdadero intelectual de este siglo. Sin embargo, susafirmaciones me sugieren nuevos interrogantes. ¿Acaso es inconcebible que

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los artistas que permanecieron en la Isla vivan sus complicadísimos dilemasmorales sin renunciar a una ética? ¿Y acaso aquellos que se fueron quedan asídispensados de toda exigencia ética al haberse librado de estos dilemas por elhecho de irse? En todo caso, no logro reconocer en el retrato de Padilla al Ti-tón que yo conocí, con su enorme categoría humana.

Cuando llego a este punto en mis reflexiones me doy cuenta de que en estosaños me he ido adentrando en la compleja realidad cubana hasta penetrar enesa zona de intimidad que es la conciencia de las personas. ¿Con qué derecho?,me podría espetar alguien. Lo cierto es que nunca me lo reprochó ningún cu-bano y por el contrario, siempre sentí que, con esa generosidad proverbial de laIsla, se me invitaba a entrar hasta en lo más recóndito de la casa cubana. Por esohoy siento en lo más profundo que ya nunca su destino me resultará ajeno.

Marta María Pérez Bravo. Alafia y el 70.

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EL CRIMEN

La Sección de Literatura de la Unión de Escritores y Artis-tas de Cuba (UNEAC), a través del que entonces era su se-cretario, el poeta César López, me invitó a formar partedel jurado del Premio de Poesía “Julián del Casal” corres-pondiente a 1968 por haber ganado yo ese premio el añoanterior. Al aceptar supe que compartiría responsabilida-des –casi inmediatamente supe que también compartiríaangustias– con otros dos cubanos, José Lezama Lima y Jo-sé Z. Tallet, y con dos extranjeros, el inglés J. M. Cohen yel peruano César Calvo.

Desde los primeros contactos que los integrantes deljurado tuvimos para comentarnos las lecturas que íbamoshaciendo se patentizó el interés que despertaba en todosel libro titulado Fuera del juego, que concursaba con el nú-mero 31 y bajo el lema “Vivir la vida no es cruzar un cam-po”, que es un verso de Pasternak. Sabíamos –el anonima-to en los concursos suele ser una impostura– que el autorde este libro era Heberto Padilla, como sabíamos que elotro libro que también nos interesaba, aunque menos, erade David Chericián. Lo sabíamos, en primer lugar, porqueambos autores se habían encargado de decírnoslo.

El concurso se desenvolvió en medio de las tensionesgeneradas por la polémica entre Lisandro Otero, en aquelmomento vicepresidente del Consejo Nacional de Cultu-ra, y un Heberto Padilla crítico y desafiante. Padilla deplo-ró, en un comentario bastante agresivo publicado en ElCaimán Barbudo, que el espacio dedicado por esta revista ala novela de Lisandro Otero Pasión de Urbino, que en 1964había aspirado sin éxito al Premio Biblioteca Breve, de laeditorial catalana Seix Barral, no se le hubiese dado a lade Guillermo Cabrera Infante (ya exiliado en Londres)Tres tristes tigres, que fue la ganadora de aquel premio y

El caso Padilla:crimen y castigo(Recuerdos de un condenado)

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que el poeta de El justo tiempo humano valora muy por encima de la de Otero.En su texto, aludiendo a las nefastas consecuencias de la estatalización de lacultura en los países del Este, en algunos de los cuales había vivido, Padilla pa-sa de lo literario a lo político con quejas y advertencias que obligaron a los jó-venes redactores de El Caimán Barbudo a responderle en un editorial pletóricode confianza en la singularidad democrática del socialismo cubano. (¡Oh, Je-sús [Díaz], de cuántas ingenuidades están hechas nuestras decepciones!)

Una mañana, avanzadas las labores del concurso y cuando ya nadie ignora-ba que el candidato más fuerte al premio era Fuera del juego, el poeta RobertoBranly me visitó en el despacho que como redactor jefe de La Gaceta de Cubayo ocupaba en la UNEAC. Venía alarmado: acababa de verse con el tenienteLuis Pavón, director de la revista Verde Olivo, de las Fuerzas Armadas, y este ofi-cial, que estaba directamente a las órdenes de Raúl Castro, le había comenta-do “confidencialmente” que si se le daba el premio al libro de Padilla, consi-derado contrarrevolucionario por “ellos”, iba a haber graves problemas. EntreBranly y yo existía una amistad entrañable, bien conocida por Pavón, y no mecupo duda de que éste había utilizado a mi amigo para trasmitirme, sin que lopareciera, un mensaje que era toda una amenaza.

No me di por enterado. En la reunión que el jurado celebró al concluir lalectura de los libros que concursaban sostuve que Fuera del juego era crítico pe-ro no contrarrevolucionario –más bien revolucionario por crítico– y que me-recía el premio por su sobresaliente calidad literaria. Los otros miembros deljurado eran de igual opinión. No hubo cabildeo de Cohen, como presumióNicolás Guillén y ha dicho Lisandro Otero. Nadie tuvo que convencer a nadiede nada: la coincidencia entre nosotros fue tal desde el primer momento, enlo que a ese libro se refiere, que no se produjo debate.

Sí hubo cabildeo, en cambio, por parte de la UNEAC para que no le diéra-mos el premio a Padilla. Guillén visitó a Lezama e intentó persuadirlo. DavidChericián, por cuyo libro apostaba la UNEAC como alternativa al de Padilla, fueenviado por Guillén a casa de José Zacarías Tallet para que persuadiese al vie-jo poeta izquierdista de lo negativo que sería para la revolución que se pre-miara Fuera del juego. La noche del mismo día en que Chericián lo visitó –esanoche se velaba en la funeraria de la calle Zapata el cadáver del joven escritorJavier de Varona, castigado por disidente y cuyo suicidio, según la versión poli-cíaca, se debió a frustraciones sexuales–, Tallet me dijo que fue tanta la indig-nación que le produjo la visita de Chericián, que después de echar a éste desu casa telefoneó a Guillén y lo increpó por pretender coaccionarlo. El poetay cuentista Félix Pita Rodríguez, que era el presidente de la Sección de Litera-tura de la UNEAC, me aconsejó que desistiera de votar a Padilla. Ignoro si a Co-hen y a Calvo también los presionaron. Supongo que no, por ser extranjeros.

En vista de que me resistía a servir de cuña contra Padilla (que no era ser-vir de cuña contra un amigo, sino contra mis convicciones), el partido decidiósacarme del jurado y poner en mi lugar a alguien que cumpliera esa misión yquizás lograra, a última hora, inclinar la balanza en contra de Fuera del juego.

¿Qué hicieron los estrategas políticos para apartarme del jurado?

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Meses antes, en el proceso de la llamada microfracción, como a otros indivi-duos procedentes del disuelto Partido Socialista Popular, el Partido Comunis-ta de Cuba, sucesor de aquél, me había sancionado, sin militar yo en sus filas ysin haber tomado parte en aquel episodio de la lucha por el poder entre esta-linófilos (prosoviéticos unos, profidelistas otros). Después de un largo interro-gatorio en una oficina del comité central, mis jueces me hallaron culpable de“debilidad política” por no haber denunciado al microfraccionario (estalinófiloprosoviético) que intentó reclutarme. Otra “debilidad política” me reprocha-ron: haberme manifestado públicamente en la UNEAC, después de que FidelCastro proclamara el apoyo de Cuba a la URSS, contra la invasión soviética a laChecoslovaquia reformista de Dubcek. Según la sanción, yo no podía desem-peñar cargos ejecutivos ni en lo administrativo ni en lo político ni en lo mili-tar durante tres años y debía “pasar a la producción”, es decir: ir a trabajar auna fábrica, a un taller o a una granja, que es lo que en Cuba se entiende porpasar a la producción. Se me dijo que podía recurrir ante el buró político, yno tardé en hacerlo. En los momentos en que se desarrollaba el concurso dela UNEAC aún no se había dado una respuesta a mi apelación.

Uno o dos días antes de la fecha fijada para la reunión en que el juradoacordaría el premio y firmaría el acta, Nicolás Guillén me hizo ir a su despacho.Me pidió –su voz y su semblante denotaban una crispada contrariedad– que noasistiera a la reunión. “No vaya, enférmese”, me dijo. Le pregunté por qué y merespondió que le hiciera caso, que me lo rogaba en nombre de la vieja amistadque nos unía. Ante mi insistencia en preguntar, añadió, impaciente: “Díaz Mar-tínez, si usted se empeña en asistir a la reunión, la policía podría impedírselo”.

En vista de que Guillén no quería o no podía ser explícito, decidí acercar-me a la sede del comité central del partido para que me despejaran el enig-ma. Allí me recibió una funcionaria que trabajaba con Armando Hart en laSecretaría de Organización del PCC. Esta mujer de raza árida, en un asépticosaloncito refrigerado del Palacio de la Revolución en el que nos acompañabaun taquígrafo, me espetó nada más verme que sobre mí pesaba una sanción“ideológico-educativa” que me impedía ejercer de jurado. Le recordé que lasanción no decía nada de certámenes literarios ni hacía ninguna referencia ala cultura, y que en esos momentos ni siquiera era firme puesto que yo la ha-bía apelado y aún no se conocía el dictamen del buró político. Fue inútil: ella,cual esfinge electrónica, me repitió el cassette que le habían encajado y sellónuestro desencuentro fijando esta conclusión: “La sanción le prohíbe a ustedejercer cargos ejecutivos, y votar en un jurado es un acto ejecutivo”. Pensé quetomar un café con leche también es un acto ejecutivo, pero en fin... Abruma-do por tan ardua cuanto alevosa aporía, mas no vencido, solicité contrito queconstara en acta mi desacuerdo, y al instante, incontinente, calé el chapeo, re-querí la espalda, miré al soslayo, fuime y no hubo nada. Nada más allí.

Aquella misma tarde le conté a Guillén mi aciaga visita al comité central.El poeta se enojó conmigo: temía que esa visita complicara las cosas y la inter-pretó como una prueba de que yo no confiaba en él.

Ya yo no formaba parte del jurado de poesía de la UNEAC. Para sustituirme,

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el partido designó al socorrido profesor José Antonio Portuondo, que era eleterno facultativo de guardia. Me lo imaginaba sentado junto al teléfono lasveinticuatro horas del día, pendiente de que lo llamaran para inaugurar uncongreso, clausurar un simposio, despedir un duelo, presentar un libro, ento-nar un panegírico o hacer en la UNEAC alguna chapuza de ésas que Guillén,con más pudor y temeroso de la historia, esquivaba cuando podía. Pepé Por-tuondo, pues, asistió en mi lugar al coctel que Guillén, a la caída de la tardede un fresco sábado de octubre, ofreció en su espacioso apartamento habane-ro a los jurados de los Premios UNEAC de ese año. Alrededor de las diez de lanoche de aquel día sonó en mi teléfono la voz de Lezama con su inconfundi-ble entonación asmática: “Joven, campanas de gloria suenan: usted ha sido re-puesto en el jurado”. Lezama había asistido al coctel de Guillén y oyó cuandoCarlos Rafael Rodríguez, vicepresidente del Consejo de Estado, se lo comuni-caba a éste luego de recibir una llamada telefónica. Minutos después de Leza-ma, Guillén me telefoneaba para darme la noticia con carácter oficial. Mi res-puesta fue pedirle que me recibiera al día siguiente, domingo, en su casa.

El domingo en la mañana le estaba diciendo yo a Guillén en su piso deledificio Someillán que no permitía que se me tratara como a un recluta: en-tre, salga, suba, baje... “No, Nicolás –recuerdo que le dije–, le ruego que tras-mita a Armando Hart mi decisión de no regresar al jurado mientras no searespondida mi apelación contra la condena que el partido me ha impuesto”.Y le dije más: “Me apena que a usted, que es un gran poeta universalmente re-conocido, unos burócratas que olvidaremos pronto le estén dando encargosde correveidile”. Guillén dio un respingo: “¡Yo no soy un correveidile!” “Poreso mismo además de apenarme me indigna”, le respondí.

El lunes, como siempre, a las nueve de la mañana estaba yo frente a mi escri-torio en la UNEAC. Alrededor de las diez me telefonearon de la oficina de Hartpara citarme a una reunión que se efectuaría allí dos horas más tarde. Tres indi-viduos, uno de ellos el entonces presidente del Consejo Nacional de Cultura,Eduardo Muzzio (a quien me gustaba llamar Muzziolini), me esperaban en unahabitación, sentados en torno a una mesa en la que había un termo con café,una jarra de agua, tazas, vasos y unas carpetas. Los dos personajes que acompa-ñaban a Muzzio se identificaron como funcionarios del comité central. Uno deellos tenía más aspecto de agente de la Seguridad del Estado que de cuadro polí-tico: su rostro no expresaba nada y apenas abrió la boca. El interrogatorio, quemis interlocutores prefirieron llamar conversación, duró dos horas o más. De lostemas que allí se abordaron, los principales fueron mi correspondencia con Se-vero Sarduy y la sanción “ideológico-educativa” que limitaba mis derechos civiles.

A los ojos de aquellos señores constituía otra “debilidad política” mía –y yaeran tres– el cartearme con Sarduy, a quien consideraban un tránsfuga quehabía traicionado a la patria quedándose en Europa después de disfrutar deuna beca de la revolución. Para demostrarme que eran válidas sus sospechasde que yo también quería desertar, me mostraron una carta, interceptada porla Seguridad, en la que yo le expresaba a Severo mi deseo de salir temporal-mente de Cuba y le pedía que preguntara a Claude Couffon por las gestiones

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que estaba haciendo para que la Sorbona me invitara a dar unas conferencias.Me comentaron asimismo otra carta que yo le había entregado en mano a Ju-lio Cortázar, durante un desayuno con él y con el escritor cubano GustavoEguren en el Hotel Nacional, para que se la diera a Severo en París. No meextrañaba que violaran mis cartas, pero sí, y se lo hice saber a mis anfitriones,que me reprocharan mi correspondencia con Sarduy. Me extrañaba porque elConsejo Nacional de Cultura había invitado a exponer en el Salón de Mayo(una muestra internacional de pintura moderna que se instaló en el PabellónCuba, en La Habana), con pasaje de ida y vuelta pagado por el Gobierno re-volucionario, al pintor Jorge Camacho, que había ido a Francia con una becade la revolución y, al igual que Sarduy, no había regresado a Cuba.

Lo que me dijeron respecto a mi sanción fue muy divertido. Resulta ser queo yo había entendido mal o el funcionario que me la comunicó no había hechobien su trabajo, porque cuando éste me dijo que yo “pasaba a la producción”debí entender, o él debió especificarlo, que yo pasaba a la producción literaria.

De esta curiosa manera derogaron la segunda parte de la sanción, pero laprimera quedó vigente: me cesaron como jefe de redacción de La Gaceta deCuba (mi sustituto fue el poeta Luis Marré, militante del partido) y me deja-ron de simple redactor. Sin embargo, y contradiciendo a la metafísica funcio-naria del departamento de Hart, me pidieron que me reincorporase al jura-do. Lo hice y voté por el libro de Padilla.

Por aquellos días, Armando Hart citó a los jurados extranjeros a su despa-cho. Les dijo que mi sanción obedecía a motivos ajenos al concurso, que notenía nada que ver una cosa con la otra. No convenció. Uno de los presentes,Roque Dalton, se encargó de hacérselo saber allí mismo.

Después de la firma del acta y del Voto Razonado que añadimos –redacta-do por Lezama y por mí–, la ejecutiva de la UNEAC convocó a los integrantesde los jurados a una asamblea para explicarles los problemas que habían sur-gido en el Premio de Poesía con Fuera del juego y en el de Teatro con la obrade Antón Arrufat Los siete contra Tebas, que también fue tachada de contrarre-volucionaria. La asamblea no fue presidida por Nicolás Guillén –siguiendo elconsejo que me había dado a mí, el poeta se enfermó–, sino por el suplentede oficio José Antonio Portuondo. A Félix Pita Rodríguez, de gustos afrance-sados, en el casting le tocó el papel de fiscal como Fouquet-Tinville. En una al-ferecía jacobina, Pita “aclaró” lo que, según el libreto que le dieron, estabaocurriendo: “el problema, compañeras y compañeros, es que existe ‘una cons-piración de intelectuales contra la revolución’”.

EL CASTIGO

Lo que existía era una conspiración del gobierno contra la libertad de crite-rio. Por aquellas fechas llegaban noticias a Cuba acerca de brotes de disiden-cia entre los intelectuales de países del Este, sobre todo de la Unión Soviética,Polonia y Checoslovaquia, y los dueños del poder en Cuba decidieron ponersus barbas en remojo –nunca mejor dicho lo de barbas– y curarse en salud. Es-to explica la desmesurada importancia que le dieron al premio de Padilla y la

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política que desde aquel momento empezaron a diseñar para nosotros. Elprólogo que la UNEAC impuso a Fuera del juego –para la mayoría, redactado porPortuondo; para algunos, por Lisandro Otero; para otros, por ambos al ali-món; para todos, dictado o sancionado por los guardianes de la palabra deCastro– revela por dónde iban los tiros y por dónde irían los cañonazos.“Nuestra convicción revolucionaria”, se dice en dicho prólogo, “nos permiteseñalar que esa poesía y ese teatro sirven a nuestros enemigos, y sus autoresson los artistas que ellos necesitan para alimentar su caballo de Troya a la ho-ra en que el imperialismo se decida a poner en práctica su política de agre-sión bélica frontal contra Cuba”. Lo de siempre: el enemigo externo utilizado,a la sombra de una “convicción revolucionaria” esgrimida como ley natural ociencia infusa, para atar en la picota a los que en algo no piensan exactamen-te igual que el amo de la casa. Si esto no se llama terrorismo ideológico, ya medirá alguien qué nombre ponerle.

La UNEAC honró su compromiso, expresado en la asamblea con los jurados,de publicar Fuera del juego y Los siete contra Tebas, pero no dio ni a Padilla ni aArrufat el viaje a Moscú ni los mil pesos que completaban el premio estipuladoen las bases del certamen. El poeta y el dramaturgo se quedaron in albis y en tie-rra y vieron cómo sus respectivos libros tuvieron una circulación casi clandestina.

Los meses que siguieron al concurso de la UNEAC presagiaban tormenta.Después de haber sido destituido como redactor jefe de La Gaceta de Cuba y

poco antes de que Luis Marré me sustituyera en el cargo, fui una tarde a laque aún era mi oficina en la UNEAC y me extrañó encontrar entreabierta lapuerta. La empujé y el espectáculo que vi era indignante: el contenido de losarchivos y de los cajones de mi escritorio estaba disperso por el suelo y pisotea-do, los libros habían sido aventados en todas direcciones y la cola líquida queusábamos en la maquetación había sido vertida concienzudamente sobre losmuebles y la máquina de escribir. Tardé un segundo en denunciar la tropelíaal administrador de la UNEAC, que ensayó la expresión de asombro más decep-cionante que he visto. Nunca supe quién hizo aquello. Una sospecha tuve en-tonces y la tengo aún: ¿no habrán querido endilgarme un sabotaje y luego dedar el primer paso retrocedieron por sabe Dios qué?

En noviembre de aquel año, 1968, un fantasma apareció en las páginas deVerde Olivo. ¿Quién era Leopoldo Ávila? Nadie lo sabía. Aún hay conjeturas so-bre la identidad del amanuense que se ocultaba tras ese seudónimo (la másinsistente señala a Luis Pavón, entonces pendolista de Raúl Castro), aunque lavoz que le dictaba, que es lo importante, fue reconocida en el acto como ladel máximo poder. El ectoplasma en cuestión pronto hizo célebres sus ata-ques personales y sus monsergas doctrinarias sembradas de anatemas y confuerte olor a proletkult y Santo Oficio. Leopoldo Ávila firmó artículos rabiososcontra Padilla, Virgilio Piñera, Antón Arrufat, Rogelio Llopis, Cabrera Infan-te... En algunas de sus diatribas no falta el anatema de homosexual. Pocas ve-ces fue objetivo, como cuando me calificó de autor irrelevante dentro de lanarrativa cubana. Su bilis fundamentalista lo desborda cuando viene a decirlo mismo de Piñera y Cabrera Infante.

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El artículo de Leopoldo Ávila “Sobre algunas corrientes de la crítica y la li-teratura en Cuba” se publicó en Verde Olivo el 24 de noviembre de aquel año.Era la sinopsis del dogma gubernamental sobre la literatura y, en consecuen-cia, la horma para los escritores cubanos. En él se concretaba circunstanciada-mente el impreciso apotegma cesáreo “Dentro de la revolución: todo; contrala Revolución ningún derecho”. Gracias a este artículo los escritores de la islasupimos, por fin, qué era lo que desde la ventana de Castro se veía dentro dela revolución y qué afuera. Debimos agradecer que se nos facilitara este planode áreas minadas. A pesar del carácter programático del texto, el más preten-cioso de los que nos asestó, la gaseiforme entidad predicadora hizo espacio enél para meter capirotazos nominales: “Cabrera [Infante] es un tallador de laCIA. Con Severo Sarduy y Adrián García [Hernández] trazan desde el extranje-ro el camino de la traición...”

Así hablaba Zaratustra cuando llegó a La Habana la poetisa soviética Mar-garita Alliguer, la viuda de Alexander Fadéiev, aquel talentoso novelista que sesuicidó bajo el peso de sus remordimientos por haber colaborado, desde lapresidencia de la Unión de Escritores Soviéticos, con el KGB en la destrucciónde colegas suyos. En conversación que unos pocos escritores mantuvimos conella en la UNEAC confesó sin rodeos que estaba asustada con los artículos deLeopoldo Ávila, los que, según nos aseguró, ya se comentaban en Moscú.“Con artículos iguales a ésos comenzaron las purgas de Stalin”, dijo.

La tensa calma que siguió al zipizape del premio, caldeada semanalmentepor el fogonero de Verde Olivo –“el rayo que no cesa” le llamaba yo–, estalló en1971 con dos incidentes que tuvieron lugar a comienzos de ese año y en loscuales se vio involucrado Heberto Padilla por su estrecha relación con los pro-tagonistas. Uno fue el conflicto –odio a primera vista– entre las autoridades cu-banas y el representante diplomático en Cuba del gobierno de Salvador Allen-de, el novelista Jorge Edwards, a quien esas autoridades acusaron de conspirarcon Padilla contra la revolución. En marzo de aquel año Edwards se marchóde Cuba prácticamente expulsado: fue un ido de marzo. El otro incidente fueel arresto en La Habana, bajo la imputación de trabajar para la CIA, del perio-dista y fotógrafo francés Pierre Golendorf, quien pasaría algunos años a lasombra de los carceleros en flor antes de que lo devolvieran a las Galias.

Un día de aquel borrascoso marzo me telefoneó un reportero de la revistaCuba Internacional que se hacía pasar por amigo mío y era un soplón (trompetaen germanía habanera) que me había adosado la Seguridad. Me llamó enplan profesional –dijo que estaba haciendo una encuesta por encargo de surevista– para conocer mi opinión sobre el arresto de Heberto Padilla. Así meenteré de que a Padilla lo habían detenido aquel día junto con su mujer, lapoetisa Belkis Cuza Malé. Supe luego que unos agentes les abrieron la puertaa empujones, registraron el apartamento y se los llevaron a un cuartel de laSeguridad, donde los incomunicaron. Belkis estuvo presa un par de días, y tanpronto como la soltaron fue a mi casa, que estaba a dos cuadras de la suya, y aOfelia y a mí nos contó en detalles lo sucedido.

Abundaron los provocadores que tuvieron la esperanza de arrancarme

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una declaración virulenta sobre el arresto de Padilla. Para decepcionarlosacuñé una respuesta: “Opinaré cuando sepa por qué lo han detenido”. Perono lo decían y mientras tanto la versión que circulaba era la de que Hebertoestaba implicado en el asunto Golendorf. Lo cierto es, como se vio finalmen-te, que lo arrestaron porque se había convertido en lo que entonces estaba demoda llamar “un escritor contestatario”.

El revuelo que el arresto de Padilla provocó en el ámbito internacional fuede mayores proporciones que el que había producido el conato de censura aFuera del juego, y para entonces ya eran muchas las voces –entre éstas, las de in-telectuales de nombre que habían apoyado el proceso revolucionario– que enla prensa extranjera advertían sobre la estalinización de la cultura en Cuba.Algunas de esas voces entonaron cantos de arrepentimiento después. El arre-pentido más plañidero fue Julio Cortázar; sin embargo, al final de su vida des-vió sus devociones hacia la Nicaragua sandinista. Viejos valedores de la revolu-ción cubana, irremisiblemente decepcionados, rompieron para siempre conel castrismo: Mario Vargas Llosa, Juan Goytisolo, Carlos Fuentes y Jean-PaulSartre, entre otros.

A principios de abril, la Seguridad del Estado comenzó a divulgar, impresaen cuartillas de papel de estraza, una supuesta Carta de Heberto Padilla al Go-bierno Revolucionario. Su deprimente redacción y su grotesco contenido indu-cen a suponer que nuestro poeta es tan autor de esa carta como de La DivinaComedia. Pero si realmente la redactó –bajo amenaza, se entiende–, hay quefelicitarlo por haberla convertido, a fuerza de hacerla nauseabunda, en unacondena a sus carceleros. Sólo la más demencial prepotencia, cómodamenteapoyada en la enorme popularidad de que aún gozaba la revolución, pudohacer creer a la policía política de Castro que un documento autoinculpato-rio como ése, atribuido a un hombre incomunicado en un calabozo, podíaprobar otra cosa que no fuera la perversidad del régimen.

Días después de la aparición de la célebre carta, Padilla fue puesto en liber-tad y me pidió que fuera enseguida a su casa. Me dijo que esa noche iba a cele-brarse un acto en la UNEAC en el que él se haría una autocrítica –que resultóuna ampliación de la carta– y en el que la Seguridad me daría, como a otros es-critores que él debía mencionar (Belkis Cuza Malé, Pablo Armando Fernán-dez, César López, José Yánez, Norberto Fuentes, Virgilio Piñera y Lezama), laoportunidad de “reafirmarme” como revolucionario reconociendo en públicomis “errores”. Entendí que se nos pedía un sacrificio político para exonerar ala revolución de las acusaciones que le estaban lloviendo desde el exterior pre-cisamente por el caso Padilla. Aunque con dudas cada vez más inquietantes, yocontinuaba aferrado a la quimera revolucionaria y me resultaba doloroso quese cuestionara mi lealtad, por eso, en contra de la opinión de Ofelia, que no secansó de decirme que estábamos cayendo en una trampa, acepté participar enaquel acto. Para mí el problema era que yo no sabía de qué acusarme.

Si la memoria no me falla, el acto de autocrítica se celebró en la nochedel 17 de abril de 1971. La UNEAC fue tomada por la Seguridad del Estado.En la puerta principal, la única que estaba abierta, un oficial y varios agentes

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franqueaban el paso, previa identificación, sólo a las personas que habían si-do citadas, cuyos nombres figuraban en una lista. Adentro, la atmósfera eradensísima. La gente apenas hablaba y los saludos se reducían a un leve apre-tón de manos o un movimiento de cabeza y una sonrisa de circunstancia, co-mo en los velorios.

Alrededor de las 9 nos llamaron al salón de actos. Allí todo estaba a punto:las hileras de sillas, la mesa presidencial, los micrófonos, las luces y las cáma-ras del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos que filmaríanel espectáculo bajo la dirección de Santiago Álvarez. Nicolás Guillén, que pa-decía una oportuna enfermedad, fue reemplazado en la presidencia –¡oh, sor-presa!– por Pepé Portuondo. Cuando todo el mundo estuvo en su sitio, se pu-sieron en marcha las cámaras de cine y se cerraron las puertas del salón, quequedaron custodiadas por agentes vestidos de civil.

La autocrítica de Padilla ha sido publicada, pero una cosa es leerla y otrabien distinta es haberla oído allí aquella noche. Ese momento lo he registradocomo uno de los peores de mi vida. No olvido los gestos de estupor –mientrasPadilla hablaba– de quienes estaban sentados cerca de mí, y mucho menos lasombra de terror que apareció en los rostros de aquellos intelectuales cuba-nos, jóvenes y viejos, cuando Padilla empezó a citar nombres de amigos suyos–varios estábamos de corpore insepulto– que él presentaba como virtuales ene-migos de la revolución. Yo me había sentado justamente detrás de RobertoBranly. Cuando Heberto me nombró, Branly, mi buen amigo Branly, se viróconvulsivamente hacia mí y me echó una mirada despavorida como si ya mellevaran a la horca.

Los presentes que, en cumplimiento de lo ordenado por la Seguridad, fui-mos nombrados por Padilla –hubo nombrados ausentes, como Lezama y Vir-gilio Piñera– pasamos por los micrófonos tan pronto como él terminó. Cuan-do me llegó el turno, yo seguía sin saber qué decir. Pero hablé. Lo que dijeestá publicado. En medio de mi difícil improvisación, de pronto me vi culpan-do de todo aquello a la dirigencia política por no haber mantenido un diálo-go constante con los intelectuales, diálogo en el que, según pensaba yo, se hu-bieran resuelto sin traumas todos los conflictos. ¿Ingenuidad? Mucha. Laexperiencia casi siempre llega tarde, y la mía aún estaba en camino. Lo queimporta es vivir para darle tiempo a llegar.

La nota discordante de aquella noche de falsa reconciliación la dio Nor-berto Fuentes, quien, citado por Padilla, primero entró en el juego de la auto-crítica y luego pidió otra vez la palabra para desdecirse y proclamar que erauno de los escritores más perseguidos de Cuba y que no tenía nada que repro-charse. Para muchos, Padilla incluido –yo también lo he pensado–, esta esce-na de Norberto Fuentes fue preparada por la policía con el fin de darle presti-gio de espontaneidad a la pantomima. Sea lo que haya sido, dramaturgia overdad, fue la única escena estimulante de aquella noche de Walpurgis.

(Las Palmas de Gran Canaria, 6.V.97)

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L A GARZA SE VUELVE A ARROJAR DESDE LA RAMA DE LA YAGRUMA COMO UN DARDO

blanco. Al llegar a la superficie del agua, extiende las alas, apresa con elpico uno de los cangrejos arracimados en las expuestas raíces de los mangles,y levanta el vuelo hasta posarse en la misma rama. Entonces echa la cabeza ha-cia atrás, la mueve rápidamente de un lado a otro, y se traga el cangrejo.

Desde su hamaca ha visto a la garza repetir la maniobra diez o doce veces,siempre con la indiferente regularidad de un pájaro de relojería. No obstante,a pesar de su metódico exterminio, los cangrejos permanecen inmóviles, comosi fueran caparazones vacíos o excrecencias de las raíces. Trata de explicarse laestupidez de esos pequeños cangrejos. Tal vez sean muy jóvenes. De momentono encuentra ninguna razón mejor. Al rato concluye que no es tal estupidez.Los cangrejos siguen el dictado de su instinto: el menor movimiento de una pa-ta o una pinza atraería de inmediato la atención de la garza. En los mangleshay millares de pequeños cangrejos; el ave cazadora es sólo una. La estadísticaestá a favor del individuo que permanece quieto.

La garza deja la rama y vuela sobre la ciénaga. Desaparece en dirección a lacosta. Los cangrejos comienzan a moverse, a devorar los minúsculos parásitosde las raíces. Tiene un acceso de náusea. Finalmente se queda dormido.

La hamaca está tendida entre los troncos de dos yagrumas, los dos únicos árbo-les que crecen en su minúsculo islote. De una de las ramas que se extiendenpor sobre su cabeza, cuelga su fusil, un Mauser. El viejo lo ató por la culata y elcañón, y ahora cuelga cerca de su mejilla derecha. El capitán sólo quería dejar-le un machete, la escasez de armas de fuego, además, ¿qué va a hacer con unbuen Mauser un hombre moribundo de fiebre amarilla? Pero alguien dijo quepara matar a un caimán hacía falta un fusil, y el general, ya montado en su ca-ballo: ¡Déjenle el cabrón Mauser a ese hombre y vámonos! ¡Déjenle tambiénuna botella de mi ginebra!

Alrededor del islote hay muchos caimanes pequeños, pero de los grandessólo ha visto dos. Llegaron juntos. Salieron del agua negra y empezaron aarrastrarse hacia la hamaca. Él agarró el Mauser y le apuntó al primero de

Desde el manglarAntonio Benítez Rojo

A Pachín Marín y a Nicolás Rojo

cuentos de encuentro

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ellos. No tuvo necesidad de disparar. Al verlo moverse, ambos dejaron de avan-zar. Entonces el que estaba más rezagado mordió la cola del otro y se la empe-zó a comer, masticándola con devastadora lentitud, como si fuera una vaca. Elcaimán atacado no se movió en largo rato. Cuando había perdido gran partede su cola, retrocedió despacio hacia el agua. El otro lo siguió sin apresurarse.

Hay un momento del día en que el escenario de la ciénaga muestra algunacoloración. Al mediodía, cuando el cielo no está nublado, la luz del sol lava lacapa carbonosa que cubre todo lo que hay a su alrededor. Entonces las retor-cidas ramas de los mangles adquieren un matiz de herrumbre, y en sus hojaspuede verse el verde oscuro, el marrón, y el amarillo. Más allá, a unos doscien-tos pies del islote, hay un pequeño monte de árboles de caoba. Oculto entresus ramas debe haber un nido de cotorras; las ha visto volar varias veces lle-vando lombrices en el pico. Al mediodía la pareja siempre sale a tomar el sol;se sacan los piojos mutuamente y después acercan sus coloreadas cabezas co-mo si se besaran. Abajo, el agua continúa siendo negra, pero dentro de lasgordas y aceitosas burbujas que suben del fondo de turba se forman los colo-res del arcoiris. Es un momento hermoso. Entonces descorcha la botella deginebra, bebe un pequeño sorbo, y se pone a leer el libro del botánico inglésbajo la vibrante claridad de la brisa que viene del mar. Por suerte el viejo locoque cuida de él nunca escoge para venir esa hora mágica.

Mira, viejo, te presento a mi novia. ¿Qué te parece?Me gustan sus ojos verdes.¿Cómo sabes que son verdes, en la fotografía parecen grises?¿Te vas a casar con ella?Claro que sí. En cuanto se acabe la guerra. Se llama Julia. Trabaja para la

junta revolucionaria de Nueva York. ¿Cuánto crees que dure la guerra?Las guerras nunca se acaban.El general piensa que se acabará en el año 1900. La guerra no es lo que

pensaba. Es una mierda. Las cosas que uno hace no se olvidan. Pero no quedamás remedio que seguir peleando. Disparado el último tiro, tomo un barco yme voy a Nueva York. Me casaré allá y vendremos a vivir a La Habana. La ex-traño. No te enseño sus cartas porque se las dejé al general. Uno nunca sabe.

Te veo mañana. Está bajando la marea y el bote se embarranca. Ya me pasóel otro día.

El viejo vive tierra adentro, al borde de la ciénaga. Allí hace carbón demangle. No es fácil hacer carbón. Si uno no sabe hacer los hornos en la tie-rra, el mangle se convierte en cenizas y se pierde todo el trabajo, dice el viejo.

Poco antes del amanecer, cuando los animales de la ciénaga descansan y elaire de la tierra sopla fuerte, puede oler el humo de los hornos del viejo. Enton-ces se siente menos solo y piensa en las cosas buenas que le quedan por hacer.

¿Qué haces con todo ese carbón?Lo meto en sacos de yute. Después coso los sacos y se los vendo a un hom-

bre que viene a buscarlos en una carreta de bueyes. Ese hombre se los vende aotro que tiene un carretón con cuatro mulas. Mi carbón llega a La Habana, yde ahí lo llevan en barco hasta la isla de Cuba.

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Estás loco.Es que he mirado mucho a los mangles.Para llegar al islote el viejo debe salir dos horas antes en su pequeño bote y

abrirse paso por entre los estrechos canales que hay en el manglar. Hace díashizo ese viaje con él, pero entonces tenía la fiebre amarilla y apenas recuerdanada: sólo un atroz dolor de cabeza y la certeza de que iba a morir.

El general me dio dinero para que te cuidara. Aquí estarás bien. El enemi-go no te encontrará. Colgaré la hamaca de esas dos yagrumas. Te curaré conhierbas. Vas a ver, dice el viejo.

Aquí traigo Ricinus communis para el dolor de cabeza.Hibiscus abelmoschus para sudar la fiebre.Pimpinela anisum para expulsar los gases.Ammona squamosa para aplacar los nervios.¿Estás seguro que me curarás?Seguro no hay nada. Tienes que vencer la recaída. Una mañana amanece-

rás mejor y creerás que estás curado. Pero no lo estarás. Al otro día vendrá larecaída. Siempre ocurre así con la fiebre amarilla, dice el viejo.

Esta mañana me siento mejor. Sólo he vomitado una vez.Buena señal. Cuando estés más fuerte voy a arreglar las cosas para que re-

greses a tu pueblo, dice el viejo.No puedo regresar. Está ocupado por un regimiento español. Además, allí

no tengo a nadie.¿Adónde quisieras ir?Quisiera ir a Nueva York. Me gustaría ver a mi novia. Aunque sólo fuera un

par de semanas. A veces me acaricio la cara y pienso que mis manos son las deella. Después, regresaría a Cuba con cualquier expedición.

Creo que puedo arreglar tu viaje, dice el viejo con suficiencia. Inexplica-blemente, ni su cara ni sus manos están tiznadas de carbón.

Alza su mano del borde de la hamaca y la examina, volteándola de un ladoa otro. Su piel está todavía amarilla.

Fue la fiebre. Ataca al hígado. Pero ya estás bien de la fiebre. De la fiebresólo queda el recuerdo. Ahora estás débil, dice el viejo mientras le da de co-mer arroz frío con sardinas. Mañana tendrás la recaída. Cuando la pases, esta-rás fuera de peligro y te llevaré conmigo en el bote.

¿Cómo te sientes?No dormí bien, dice él. Extiende su mano amarilla hacia el árbol. Una le-

chuza blanca estuvo posada ahí mucho rato. También los cangrejos.De noche ya apenas lo pican los mosquitos. Pero los cangrejos grandes aún

suben por los troncos de los árboles y se meten en su hamaca. No lo muer-den. Les gusta vagar por arriba de su cuerpo. Eso siempre lo despierta. Enton-ces se saca el sombrero de la cara y se los sacude de arriba.

Vamos. Es hora de irse. Te ayudaré a caminar hasta el bote. Apóyate en elfusil.

El viejo rema a una velocidad increíble. Los mangles pasan ante su vista como

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si su caballo fuera al galope. ¿Quién se habría quedado con su caballo? Demasia-da velocidad. Muntingia calabura para los vértigos.

Al llegar vomita un coágulo espeso y negro.La casa tiene un modesto portal con dos sillones de caoba. El viejo camina

con indecisión hacia la puerta, mira fijamente la argolla de hierro que sirvede aldabón, y se vuelve muy despacio hacia él: Mejor nos quedamos en el por-tal. La casa está llena de sacos de carbón. Si los dejo afuera, se mojan con lalluvia y entonces no hay quién los compre. Aquí esperaremos al hombre de lacarreta.

Se deja caer en uno de los sillones. La llaga de la espalda le arde y se mue-ve hacia el borde del asiento. Estoy muerto de cansancio. ¿Vives solo?

Vivo conmigo, responde el viejo. El otro está adentro.Si no es por tus cuidados, habría muerto. ¿Dónde estará el general? Es un

hombre de mal genio pero me tiene aprecio. Me dejó el Mauser y una botellade su ginebra. Soy parte de su estado mayor, dice mirando los inquietos ojosdel viejo.

Nadie sabe dónde está. Tuvo que retirarse. La columna española traía mu-cha artillería. Tú mismo pediste que te dejaran escondido en el manglar. Yano podías sostenerte arriba del caballo.

Le oí decir que regresaría por mí.No te preocupes. Pero ahora hay que seguir. La ciénaga está llena de sol-

dados españoles y mi casa no es segura.Pensaba que dentro del saco de yute no iba a poder respirar. Pero sí podía.

El viejo lo ha metido allí, hecho una bola como un feto. Le ha echado carbónarriba del sombrero y ha cosido el saco.

¿Y si los españoles meten la bayoneta en los sacos?Nunca lo hacen, dice el amigo del viejo. Y siente que lo cargan y lo ponen

en la carreta. Todo está arreglado.Te acompañaré en este viaje. No vayas a creer que lo hago por dinero.Gracias, viejo, dice él desde dentro del saco de yute. ¿Pero y tu trabajo?No importa. Hace años que estoy loco.No se está mal dentro del saco. Se siente mucho más abrigado que en la

hamaca. Ya no tiembla. No es que la ciénaga fuera fría; el frío estaba dentrode él. Costos picatus para dar calor al estómago. El carbón también lo abriga.¿Por qué? Debe guardar en su interior el calor del horno. Saca la lengua y la-me el carbón. Está tibio y sabe a pan tostado, la corteza crujiente.

Los bueyes que tiran de la carreta marchan con gran rapidez. Le pareceque viaja en un tren. Todo va bien, mucho mejor que en la ciénaga.

El viejo pega la boca al saco y le dice en voz baja que ya han llegado.¿Dónde estamos?En ninguna parte.El viejo está loco, piensa.Ahora pasarás al carretón. Cuando llegues a La Habana, dile al cocinero

del Hotel Inglaterra que vas de parte mía. Te indicará cómo viajar a NuevaYork.

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¿Cómo te llamas, viejo?Creo que me llamo Eufrosio.

¿Y tú que haces ahí? ¡Sal de ese saco! Te vamos a colgar por los cojones, di-ce el sargento español.

El sargento es un hombre enérgico de rostro grueso y colorado. Ha destri-pado el saco con su cuchillo, y él sale sacudiéndose con el sombrero el tiznedel carbón. Hay demasiada claridad en la calle. Mira a su alrededor con losojos entrecerrados: un gran paseo lleno de árboles, edificios, carruajes, y alfondo las murallas de La Habana. Las gentes que pasan se detienen a mirarlo.Lo examinan de arriba a abajo sin hacer comentarios, como si él fuera unaatracción de circo, el hombre-caimán. Una de las mulas orina un sonoro cho-rro de cerveza; buena calidad, espumosa y espesa. Dos soldados lo ayudan abajar del carretón. Son rubios y muy jóvenes. Deben ser reclutas de Cataluñao de Galicia. Morimos como moscas, fiebre amarilla, malaria, disentería, tifoi-dea, dice uno de ellos mientras le amarra las manos a la espalda, justo dondetiene la llaga. Tú también vas a morir. Te llevarán al Castillo de la Cabaña y tefusilarán esta misma noche. Siempre fusilan a los espías.

No soy un espía. Soy un soldado.Si eres un soldado, ¿dónde está tu fusil?, se burla el otro recluta.Lo encierran en la despensa del Hotel Inglaterra. El coronel está durmien-

do la siesta y no se le puede molestar. El cuarto está lleno de sacos de carbón yde pollos. Los pollos están amontonados dentro de unas jaulas de alambre yno paran de aletear y de cacarear; son grises y negros, los colores de la ciénagaantes y después de la hora mágica. No le gustan los pollos, particularmente suspatas descarnadas y amarillas, hay algo horriblemente humano en ellas, lo últi-mo que comería sería una pata de pollo, piensa. El olor a excremento de pollole da náuseas. Va a un rincón a vomitar, pero sólo tiene arqueadas vacías. Sesienta sobre un saco de carbón. Como está bajo el nivel de la calle, se entretie-ne viendo pasar, por entre los barrotes del ventanuco, los zapatos vertiginososde los transeúntes. Al rato se siente mareado y deja de mirar los zapatos anó-nimos. Más abajo del ventanuco, junto a la pared, hay una caja con tres galli-nas de guinea. No hacen ningún ruido. Tampoco se mueven. Se diría que es-tuvieran disecadas. Los pollos serán comidos primero, concluye.

Al amanecer el agua de la ciénaga siempre está cubierta de vapores blan-quecinos, pero no son gran cosa, es como si debajo de ella la turba se quema-ra apaciblemente. A las nueve de la mañana el agua negra deja de humear, yentonces es posible ver a los pequeños caimanes, del tamaño de un brazo, co-miendo cangrejos y conchas entre las raíces de los mangles. Ese día, sin em-bargo, la ciénaga estaba oculta bajo un renuente banco de niebla. Cuando lle-gó el mediodía, su hamaca pareció flotar en los vapores resplandecientescomo si fuera una barca fantástica; por un momento se sintió un navegantede nebulosas, un ser astral que atravesaba espacios que no pertenecían almundo; por un momento la raíz del universo fue suya y se sintió cerca deDios. Entonces, más allá del islote, la niebla encantada empezó a deshacerse

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en jirones, y de repente aparecieron las copas soleadas de las caobas. Las coto-rras estaban allí, como todos los días, despiojándose con sus curvos picos y ex-hibiendo sus colores. Había algo indecente en su desdén por la grandiosidaddel espectáculo. Sin pensarlo, tomó el Mauser, se lo echó a la cara, y disparó.Una de las cotorras cayó en el banco de niebla. Por entre el eco del disparo,oyó el chapaleo de los caimanes. La otra cotorra no se movió. Permanecióallí, tiesa, posada en la rama como un intolerable pajarraco disecado. Cuandoel viejo llegó, ya apenas había niebla.

¿Qué te pasa que estás tan pensativo?Hice algo que no debí hacer. No sé por qué lo hice. Tú eres viejo y debes

saber.Aquí traigo Picramnia pentandra. Es buena para las enfermedades del alma.Vamos, viejo. No te hagas el sordo. Tú debes saber.Pregúntame otro día. Hoy sólo vine a decirte que no mires mucho a los

mangles. Puedes perder la cordura. Mírame a mí como estoy.

Al atardecer la puerta de la despensa se abre, y piensa que ya lo van a fusilar.Es el cocinero, un viejo delgado y de baja estatura. Su bigote se parece al delgeneral. El hombre pretende no verlo. Abre una jaula, mete el brazo, y sacauno de los pollos más ruidosos. Lo tiene agarrado por el pescuezo. Despuésde examinarlo a la luz del ventanuco, empieza a darle vueltas a su brazo comosi fuera un aspa de molino. El pollo suelta muchas plumas negras y deja de ca-carear. El hombre lo toma por las patas con la otra mano y camina hacia lapuerta. ¿Es usted el cocinero?, le pregunta. El hombre se vuelve hacia él y fin-ge una gran sorpresa.

¿Quién eres tú? ¿Qué haces en mi despensa?Vengo de parte de Eufrosio, el carbonero.Ven conmigo. Le debo mucho a Eufrosio. ¿Cómo está él?Está loco.El hombre sonríe. Le gusta hacerse el loco. Pero tú te ves muy desmejora-

do. Te voy a hacer un buen caldo con las patas y la cabeza de este pollo. Te es-conderé en un cuarto vacío. Ahora hay muchos porque estamos en verano yhay epidemia de fiebre amarilla.

No puedo comer patas de pollo.No importa, no las verás en el plato. Sígueme con confianza y no cierres la

puerta. El coronel pensará que te has fugado a la calle.El cocinero le indica una escalera de caracol hecha de hierro. Hay mucha

oscuridad y no ve los peldaños. Sube a tientas, sujetándose de la baranda. Espara servir a los huéspedes que no quieren bajar al comedor, dice el cocinero,levantando mucho la voz, como si él estuviera lejos. Estás muy sucio y huelesmal, grita el cocinero. Le diré a uno de los mozos que te suba agua caliente.¿A qué país quieres ir?

Tengo algo que hacer en Nueva York.No hay problema. Te conseguiré los papeles para que te dejen salir de

aquí y entrar allá. Tengo buenos contactos.

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¿Falta mucho para llegar al cuarto? Apenas puedo respirar. El corazón melate muy rápido.

Rivea corymbosa para las palpitaciones.Sube despacio. Un piso más y llegamos. Mientras más alto estés, más segu-

ro estarás. Te voy a poner con otro que también va a Nueva York. Así estarásacompañado. Es un soldado español. Un desertor como tú.

No soy un desertor. Tuve fiebre amarilla y regresaré a pelear en otra expe-dición. Las expediciones se organizan en Nueva York. ¿No has oído hablar dela junta revolucionaria de Nueva York?

Me da igual. Todos dicen lo mismo.Estoy dispuesto a morir por la causa.¡Qué tonto eres! ¿No te lo dijo Eufrosio?

Claro que te conozco, dice el soldado que acaba de salir de debajo de la cama.Es casi un adolescente. Tiene un tierno bigote rubio y la nariz llena de granos.

Estás equivocado. Nunca te he visto.Esta mañana parecías muy enfermo. Además, no me viste bien la cara. Yo

fui quien te até las manos a la espalda. Me llamo Pere, ¿y tú?

Marta María Pérez Bravo. Ella me dio el 4.

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Eres mi enemigo.Nada de eso. Soy anarquista como mi padre. Estamos por la independen-

cia de Cuba. Esta guerra es una mierda. Los reclutas morimos como moscas,malaria, tifoidea, disentería...

Estoy muy cansado, dice interrumpiendo al soldado. Se sienta en la cama.Lo que estás es muy sucio. No debes acostarte en esa cama.No me importa ensuciar las sábanas.No lo digo por eso. El colchón está lleno de chinches y ladillas. A mí ya me

agarraron las ladillas. Tengo mucha picazón. En mi mochila tengo Ungüentode Soldado. Es muy bueno para las ladillas, pero todo lo dejé en el cuartel.Aquí no tengo ni siquiera un peine.

Pídele al cocinero.Ya no me queda ni un céntimo. Todo se lo he dado a ese hombre para ir a

Nueva York. Allí tengo un tío que tiene una panadería. Hace buena plata.Déjame dormir un poco. Despiértame cuando llegue el agua caliente. Se

acuesta de lado para no lastimar la llaga.En la ciénaga llueve todos los días entre las dos y las tres de la tarde. Cuan-

do las primeras gotas caen sobre las hojas, se las arregla para salir del pegajo-so abrazo de la hamaca y se acuesta en la hierba con los ojos cerrados. El aguaes tibia y muy dulce. Le sirve para muchas cosas. Le sirve, sobre todo, para re-cordar. Sólo que ahora no puede recordar. Es como si sus recuerdos ya no lepertenecieran. Están ahí, lo sabe, pero están fuera de él. Se los imagina comoun mazo de naipes que alguien baraja en la lluvia. Lepidium virginicum paraconservar la memoria.

Llueve sobre su cara, sobre su hamaca y las blancas hojas de los yagrumas,sobre los mangles, sobre el agua negra y grasienta de la ciénaga, sobre las leja-nas caobas, al fin un recuerdo, Nueva York, el Barrio Chino, olor a jengibre ya sésamo, y el hombre caminando hacia él. Lo vio de lejos. Su rostro pálidoemergió de entre los paraguas abiertos de los transeúntes. Hablaba solo. Lagente se apartaba a su alrededor. Pero él los acosaba. Metía su mano abiertabajo los paraguas y reclamaba una moneda. Su ira era muy profunda. A unoslos empujaba contra las puertas de los pequeños comercios, y a otros los echa-ba de la acera. Jamás había visto a nadie pedir limosna así, con tanta desespe-ración. De repente el hombre lo miró a la cara. Enseguida se dio cuenta deque era una mirada especial, privada, sólo para él. Se sintió levantado de lagente y la lluvia, y supo que en la calle sólo quedaban ellos dos. Metió la manoen el bolsillo y sintió el borde duro de las monedas. Se detuvo y lo esperó. Lovio acercarse arrastrando sus chancletas de palo, los pies descarnados y amari-llos. Ya no podía caminar derecho. Se bamboleaba de un lado a otro de la ace-ra como si llevara sobre sus espaldas un gran peso. Sus brazos ya no golpeabanlos paraguas. Sólo su mano permanecía extendida, su rostro un apretado nu-do de súplica. De momento no pudo explicarse lo que sintió. Bajó la vista. Lamano abierta del hombre le rozó un botón de su gabán. Cuando volvió la ca-beza, ya él había desaparecido tras la ondulante marea negra de los paraguas.Pensó abrirse paso por entre la muchedumbre y alcanzarlo. Pero algo lo retuvo

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allí, bajo su paraguas, a las puertas del humilde restaurante chino. Dejó de llo-ver y la calle cambió de apariencia. Plegó su paraguas y entró en el local. Seacercó al mostrador. Pidió una ginebra y un tazón de sopa. La vieja del mos-trador le gritó algo que no entendió. Metió la mano en el bolsillo y sacó unpuñado de monedas. Estaban mojadas de sudor. Se bebió la ginebra de untrago y las dejó todas sobre el mostrador.

¿Qué te pasa esta noche?, le preguntó Julia al salir del teatro. Llovía denuevo y buscó al hombre por entre los paraguas y los coches.

No sé. Debe ser la lluvia. Estaba pensando en Cuba.No hablemos de la guerra esta noche. ¿Qué te parece si cenamos en Del-

monico?

Después de la lluvia, a media tarde, viene la marea baja. El agua se retira haciala costa dejando tras de sí un hedor insoportable. El barro negro que rodea suislote se extiende entonces hasta donde alcanza su vista, revelando el secretode su génesis. De su encharcada superficie sobresalen huesos y carroñas decaimanes, batracios, ratas, espinazos de peces. En este cementerio todo es ne-gro, alquitranado, a medio paso de convertirse en turba. Siempre consiguedormirse a esa hora. Se despierta con el chillido de los murciélagos.

Ya llegó tu agua caliente, oye decir al soldado. Se saca el sombrero de la ca-ra, se vuelve hacia él y lo ve sentado en el suelo, rascándose entre las piernas.Se ha quitado las botas y las medias. Sus pies son amarillos y descarnados. Jun-to a la puerta hay un cubo de peltre que humea ligeramente. Déjame un po-quito de agua si puedes, me apestan mucho los pies. Mi regimiento vino a piedesde Sancti Spiritus.

La puedes usar toda. No me jodas más con tus pies y tus ladillas. Se tapa lacara con el sombrero. Dormirá hasta que lleguen los murciélagos.

Amelia patens para los eczemas e inflamación de los pies. ¿Estás seguro de que estás loco, viejo?Seguro no hay nada.¿Por qué crees que no pude darle una moneda al hombre del Barrio Chino?Hoy no vengo para eso.No te hagas el loco, dice incorporándose con trabajo en la hamaca. Tú sa-

bes la respuesta. ¿Por qué me quedé con la mano en el bolsillo? ¿Por qué nocorrí tras él? Mi moneda no lo hubiera salvado, pero le habría dado algo. Note rías, viejo. No comprendes. Mi moneda pudo haber sido la llamita de unfósforo, una estrella fugaz, una luciérnaga, algo de qué agarrarse en medio dela oscuridad. ¿Qué me ocurrió, viejo? No creas que soy una mala persona. Séque tú tienes la respuesta. Sé que tú sabes.

No sé nada de nada. Échate boca abajo para curarte la llaga de la espalda.Va muy bien, ya tiene gusanos.

Ya te lo dije. No me jodas más con tus pies y tus ladillas. Han traído la cena. ¿No tienes hambre? Voy a subir la luz, dice el soldado

con timidez, como si él tuviera que aprobar sus movimientos. Lo observa acer-

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carse a la pared y abrir la llave de la lámpara de gas. La habitación se llena deuna luz mortecina.

¡Vaya mierda de luz!No se puede abrir más la llave, dice el soldado. No me imaginé que en este

hotel fueran tan mezquinos. Después de todo se llama Hotel Inglaterra.¿Qué hay de comer?No sé. No he abierto la puerta. Alguien tocó y dijo que era la cena. Voy a

buscarla.Sopa de pollo, anuncia el soldado desde la puerta. Aquí no hay sillas ni

mesas. Pondré la bandeja en el suelo.¿Qué hay en esa botella, agua?A mí me huele a ginebra.Puedes quedarte con toda la sopa. Pásame la botella. Se sienta en la cama y

bebe un largo trago. No han traído cucharas y el soldado bebe la sopa directa-mente de la sopera. La sujeta con ambas manos y se la lleva a la boca lentamente,con un gesto de respeto. Antes de tragarla la guarda un momento en la boca, co-mo si se tratara de un alimento sagrado. ¿Qué has dicho?, pregunta el soldado.

Nada.Me pareció que rezabas.Te pregunté si la sopa estaba buena.Un poco fría pero sustanciosa, dice el soldado, poniendo la sopera en el

suelo y rascándose las ladillas.¿No había en la sopa unas patas de pollo?¿Cómo lo sabes?, pregunta el soldado, sus ojos grandes de sorpresa. Las de-

jé para el final. Ahora las voy a roer.Vete al carajo, dice él. Bebe otro largo trago de la botella y se tiende de

nuevo en la cama.Salva officinalis para el insomnio.¿Sabes, Eufrosio? Es una lástima que en las ciénagas tropicales no crezca el

enebro. En vez de hacer carbón, entonces te ganarías la vida destilando gine-bra. Imagínate que todos esos mangles fueran enebros cargados de frutillas.Serías un hombre rico.

Estoy bien así, dice el viejo mientras le coloca un emplasto de hierbas en laespalda.

¿Quieres un poco de ginebra? Ya no queda mucha en la botella.Guárdala para ti. Yo sólo bebo agua de Aloe vera. Es buena para el asma y

los padecimientos del hígado. También es buena para los riñones.¿Cómo sabes tanto de plantas tropicales?Yo escribí el libro que estás leyendo.Estás loco, Eufrosio. El libro está publicado en Londres.¿Quieres ir a Londres?No. Ya te dije. Tengo que ir a Nueva York. Quiero ver a mi novia. Después,

regresaré en otra expedición.Me alegro por ti. Nueva York queda muy cerca. Está ahí mismo, al pie de

las caobas, donde cayó la cotorra que mataste.

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El ruido de la puerta le hace volver la cabeza. El soldado ya no está en elcuarto. Seguramente fue a lavarse los pies. El cubo de agua ha desaparecido.En el suelo sólo quedan la sopera y las amarillentas patas de pollo a medio roer.Piensa en el soldado, en su tierno bigote rubio, un pobre muchacho forzadoa pelear en Cuba. Mueren como moscas, le había dicho el general. Nuestrosmejores aliados son el clima y las enfermedades, fiebre amarilla, malaria, tifoi-dea, parásitos, disentería...

Chrysobalanus icaco para la disentería.Uno de los peores momentos de la ciénaga ocurre alrededor de la media-

noche, la hora de las lechuzas y las ratas, de la cacería nocturna. Las lechuzasse posan justo sobre su hamaca. Buscan esconder sus plumas entre las hojasblancas de las yagrumas. Desde allí, con sus ojos especializados, escrutan losmangles en busca de ratas. Cazan silenciosamente, parsimoniosamente, comoángeles exterminadores; cazan muy distinto a como lo hacen las garzas, quese tiran de cabeza sin ninguna elegancia; cazan con paciencia, escogiendo suspresas, levantándolas al vuelo con sus amplias alas, dibujando un arco en lanoche para regresar blandamente al árbol. Allí comen como puercas. Lo sal-pican de sangre y de pedazos de rata.

¿Por qué las ratas no se quedan quietas, Eufrosio? A lo mejor no llamaríanla atención de las lechuzas.

No pueden evitarlo. Las ratas tienen mucha energía. Comen demasiado.Son como los pollos.

¿Y si comieran menos?Entonces no serían ratas.¿Qué soy yo, Eufrosio, una garza o una lechuza? Respóndeme. Sé que tú

tienes la respuesta.Eres un caimán. Y no me llames más Eufrosio, mi nombre es Ezequiel.

Aquí te traje algo. Rondoletia stellata, muy buena para las mordidas de perro.No me ha mordido ningún perro.Claro que sí. ¿No recuerdas? Te mordieron en mi casa.

Poco antes del amanecer, cuando las criaturas de la ciénaga descansan y el ai-re de la tierra sopla fuerte, puede oler el humo de los hornos del viejo. Enton-ces se siente menos solo y piensa en las cosas buenas que le quedan por hacer.

¿Cómo te sientes?No dormí bien, dice él. Extiende su mano amarilla hacia el árbol. Una le-

chuza estuvo posada ahí mucho rato. También los cangrejos. Tengo que es-pantarlos a sombrerazos. ¿Crees que ya pasé la recaída?

Claro que la pasaste. Luces de lo mejor. Ahora te toca pasar la muerte.Estás loco, viejo. Déjame en paz.Dicen que uno ve fantasmas, y ya tú los viste.No he visto nada.Hace un momento dijiste que sí.No recuerdo haberte hablado de fantasmas. No recuerdo nada. Sólo re-

cuerdo cuando llueve. Vete al carajo, viejo.

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Ahora está lloviendo. ¿No sientes el ruido de la lluvia sobre el manglar?No puede ser. Aquí no hay mangles. Estoy en La Habana, en un cuarto del

Hotel Inglaterra. Mañana salgo de viaje. Quiero ir a Nueva York. Sacar la cabezade esta hamaca y respirar aire puro, aunque sólo sea unos días, un baño calien-te, un jardín, la música de un piano, algo de qué agarrarse. Después, regresaría.

Debes haber estado soñando.No. Mi sueño eres tú. Cuando me despierte, no estarás ahí. Te equivocas, es ahora cuando no estoy. Aquí lo único que hay son los

mangles y la lluvia.

En la ciénaga llueve todos los días entre las dos y las tres de la tarde. El aguaes tibia y muy dulce. Le sirve para muchas cosas. Le sirve, sobre todo, para re-cordar, para recordar las casas del pueblo, alineadas junto al camino de tierraroja. Ese día su caballo va al paso. Sigue a los otros caballos de la escolta delgeneral. La gente reconoce al general y siempre da algo para la tropa, queso,tasajo, frijoles, arroz, ropa, a veces algún dinero. La gente está con la revolu-ción, con Cuba libre, y el general es popular. La niña corre junto a los caba-llos, corre descalza y alcanza al caballo negro del general, extiende su brazo yagarra el estribo: ¡Un español, un soldado español en mi casa! El general sevuelve en la montura, mira a la niña y lo mira a él. Podía haber mirado a otro,pero lo mira a él y él saca su caballo del camino y sigue a la niña. La casa tieneun modesto portal con dos sillones de caoba. Está rodeada de árboles, aguaca-tes, mangos, limoneros y al fondo hay un platanal. Se desmonta, saca el Mau-ser de la montura y sigue a la niña hasta la puerta. Levanta y deja caer dos ve-ces la argolla de hierro, y el hombre pelado al rape lo hace pasar. La familiahabla a la vez y a gritos, apenas entiende lo que le dicen, un soldado español,en el platanal, los perros. Lo empujan por el corredor y salen con él por lapuerta del fondo. Los perros negros empiezan a ladrar, muestran sus largoscolmillos, si no fuera por las cadenas lo despedazarían. Conoce su raza, noquedan muchos de ellos, perros de ranchador, años atrás cazaban esclavos fu-gitivos. Más allá de la letrina, con la espalda apoyada en una mata de plátanos,está el soldado español. Piensa que debe estar seriamente herido. Está senta-do en un charco de sangre. Es casi un adolescente, un desertor. Ha visto mu-chos como él, descalzos, harapientos, escondidos en los cañaverales y en lascuevas de las lomas. De noche merodean por los sembrados y los patios de lascasas en busca de algo de comer, plátanos, mangos, melones. Casi todos sonreclutas de Cataluña, los últimos en llegar, muchachos de las aldeas que ape-nas saben manejar el fusil. En los cuarteles mueren como moscas, disentería,tifoidea, fiebre amarilla. Huyen al campo para salvarse de las epidemias. El ge-neral no los toma prisioneros. A veces se compadece de ellos y les da un pocode comida. Ahora el muchacho levanta la mirada hacia el pesado racimo deplátanos que cuelga sobre su cabeza. Se sabe observado y no se atreve a mirara su alrededor. Su cara está amarilla de fiebre y de miedo. Se agarra sus geni-tales con las dos manos. Por entre sus dedos corren hilos de sangre coagula-da. Los perros se soltaron y lo atacaron, miente el hombre pelado al rape,

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justificándose. Está ahí desde el amanecer. Sabíamos que el general iba a ve-nir, dice una anciana retorciéndose las manos. Aquí mismo se lo entregamos.Hágase cargo de él, agrega imperativamente. Los pantalones del muchachoestán desgarrados y empapados de sangre; los pies, horriblemente destruidos.Jamás volverá a caminar. De pronto siente que el Mauser empieza a levantarsu brazo. Observa cómo el cañón se acerca a la cabeza del muchacho. ¡No memates, cubanito! Un tierno bigote rubio, granos en la nariz. Buscando sucompasión, el muchacho separa sus manos ensangrentadas, un coágulo espe-so y negro. Disparó sin saber por qué.

Ocinum sanctum para las almas en pena.Creo que me estoy muriendo, viejo.Uno siempre se está muriendo. Basta haber nacido.Todavía no ha venido la marea alta. ¿Cómo has llegado hasta aquí? Mira la

ciénaga. Sólo huesos alquitranados. Mira las raíces de los mangles qué largas son.Los mangles siempre son los mangles. Ya te dije que no los miraras dema-

siado. Prepárate para viajar. Voy a llevarte a Nueva York para que beses a lamuchacha de los ojos verdes.

Espera un poco, viejo. No puedo moverme de la hamaca. Además, te he es-tado mintiendo. La muchacha de los ojos verdes ya no existe para mí. La perdí.

Ya sé. Ya me lo contaste. Me has contado todo.Es la única mujer que me ha importado. No soy una mala persona. ¿Crees

que la vuelva a encontrar? A veces me ha parecido que tus manos son las de ella.Te traje sopa de pollo. Te dará energía.¿Por qué la botas? Era una buena sopa de patas y cabeza. Pensaba hacer

fuego y calentarla. Te habría dado fuerzas para el viaje.Hazme un favor, viejo. Alcánzame el Mauser y pónmelo arriba. Necesito

agarrar algo duro.Comprendo.Ahora respóndeme. ¿Por qué hice las cosas que te he contado? Te juro que

no te preguntaré mas. Pero respóndeme. Respóndeme aunque sólo sea esta vez.

El ayudante del general entró en la tienda y se cuadró haciendo sonar las es-puelas.

El general levantó la cabeza del catre, se restregó los ojos, y le dijo a su ayu-dante que se pusiera cómodo.

Ya lo encontramos, mi general.¡No me digas que todavía está vivo!No, mi general. Los pájaros del manglar ya se lo habían comido. En la ha-

maca sólo quedaban sus huesos mondos con este Mauser encima.El general se sentó en el catre y tomó el fusil que le extendía su ayudante.

Lo examinó detenidamente. Comprobó que estaba cargado y lo devolvió muydespacio, sosteniéndolo en la palma de sus manos como si fuera una espadahonorable. ¡Así mueren los míos, carajo, con el fusil en las manos y listo paradisparar! ¡Dale este Mauser a un hombre valiente!

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e n c u e n t roMarta María Pérez Bravo. Si El me quiere, ya me dará un número.

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“¡Qué revuelo!Aire, que al toro torillo

le pica el pájaro pilloque no pone el pie en el suelo.

¡Qué revuelo!”

RAFAEL ALBERTI

L O PRIMERO FUE HALLAR, TIRADO POR AHÍ, UN LIBRO QUE ALGUIEN PERDIÓ EN LA

retirada o quién sabe si lo abandonó ex profeso. La poesía es tan tremo-lona que huelgan los comentarios cuando a la imaginación le da por calave-radas.

Olvido o desecho, pérdida irreparable para el propietario o consecuenciade limpieza general, de esas enloquecidas en que se botan cosas que despuésse lamentan, lo cierto es que –¿casualmente?– cayó en mis manos el tomitoprecioso y aquello fue la burla y el jolgorio y a emular a ver quién decía el tra-balengua más incomprensible. Tanto era el asombro. ¡Qué revuelo!

El diablo hocicudo,ojipelambrudo,cornicapricudoy rabudo,zorrea,pajarea,mosquiconejea...

“Mosquicojonea” dije yo, primero por equivocación, luego adrede. Mi ma-dre, la mano en la espumadera, la espumadera en el sartén, el sartén repletode boniatos en manteca hirviente, se volvió hacia mí con unos ojazooos...

Para Alfonso Pérez,soñador de estrellas,que me legó un don.

M.R.

A corazón abiertoMayda Royero

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humea,ventea,peditrompeteapor un embudo.

Recitaba yo muerta de risa revoloteando alrededor de ella, que a duras pe-nas lograba concentrarse en su trabajo.

— ¿Y eso qué es? –me preguntó.— Yo qué sé.Y a descoyuntarnos con aquel rosario de palabras que más gracia nos cau-

saban cuanto más obscenas nos parecían.— ¿De dónde sacaste esa disparatería? –poseía ciertas dificultades para crear

neologismos.— Me lo encontré mientras ordenaba los tarecos.Acabábamos de mudarnos para una casa de listoncillos verdes, rodeada de

mangos y zapotes que, en plena fructificación, encantaban de aromas el en-torno.

— ¡Válgame Dios! –murmuró meneando la cabeza.Se quedó pensativa y al rato dijo con una sonrisilla no exenta de malicia:— Me recuerda los cuentos de Quevedo y las adivinanzas que hacen los

guajiros en el campo. Leí la portada y le rectifiqué:— Nada de Quevedo. Es Rafael Alberti.— Alberti..., Alberti... –frunció el ceño haciendo memoria–. ¿Ése no es un

cantante de ópera?Me encogí de hombros en señal de ignorancia.— Aquí dice A la pintura, poesías de Rafael Alberti.— ¡Bah!, si eso es poesía, también lo es:

En Cacarajícarahabía una jícaramuy bien encascarajicaraday el que la desencascarajíquerebuen desencascarajicaradorde jícaras será.

Y de nuevo las dos a las carcajadas hasta las lágrimas. Recuperada del ata-que de risa, mi madre, mirándome seria, dijo misteriosa:

— ¿No será ese libro de algún perverso, de esos tipos que les gusta leerpoemitas de relajo?

En franca disposición de aturdirla, le contesté con una seguidilla capaz dehacer saltar en pedazos el más exacto velocímetro:

Amar y danzar,beber y saltar,cantar y reír,112

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oler y tocar,comer, fornicar...

Oh no, ya esto era demasiado. Aquí sí no aguantó más y trató de arrebatar-me el libro de las manos.

— Déjame, déjame terminar, mami –le supliqué–, tú verás, ahora viene lo bueno.— ¡No digo yo! Después de fornicar todo lo que venga es poco.

... Comer, fornicar,dormir y dormir,llorar y llorar...

— ¡¿Llorar?! Seguro que va a llorar si lo agarro, a él y a todos los que escri-ben tamañas suciedades.

Ya no se entendía nada. Ella en su perorata doctrinaria y yo sin cesar convoz de pito, bufonesca, el libro en alto para que no lo alcanzara y correteandopor la cocina, persistía en mi juego.

Mandroque, mandroque,diablo palitroque.

¡Pío, pío, pío!Cabalgo y me río,me monto en un galloy en un puercoespín,en burro, en caballo,en camello, en oso,en rana, en raposoy en un cornetín.

— ¿Y ese poeta de dónde salió?El sarcasmo con que pronunció poeta habría sido capaz de matar al más

maldito de los poetas que se haya ufanado de sarcastear la poesía (a la sulsausanza, se entiende).

— De España –leí en la solapa.— ¿De España?Le reafirmé con la cabeza. Al no quedarle otra alternativa, soltó, como

acostumbraba, lo primero que se le ocurrió:— ¡Olé su madre!Y era Troya ardiendo cuando la dejaba exhausta, a punto de que se le car-

bonizaran los boniatos, que de vez en cuando yo cogía y rápido, sin darletiempo a la réplica, le introducía en la boca. Ella, sin poder hablar ni masticarni tragar, me amenazaba hecha un furor con hipo. Yo, jocosa, la desconcerta-ba con el delirio de El Bosco, cómplice mío en la mortificación gracias a las re-sonantes metáforas de Alberti. “El Bosco”, título del poema. Rafael Alberti, elautor. ¿Qué me importaban esos desconocidos? Lo único que me interesaba 113

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era armar bullaranga, y más propicia la ocasión no podía presentarse. Bulla-ranga las sucesiones de imágenes enloquecedoras mezcladas con emanacio-nes mantecosas y fragancia de mangos y zapotes en su apogeo. Bullaranga mialgazara y el empecinamiento de mi madre en negar que también disfrutaba.Mientras mayor su demostración de enojo, mayor mi embestida.

Verijo, verijo,diablo garavijo.

¡Amor hortelano,desnudo, oh verano!Jardín del Amor.En un pie el manzanoy en cuatro la flor.

— ¡¿En cuatro qué?!Sin hacerle caso, seguí en la lectura.

Y sus amadores,céfiros y floresy aves por el ano.

— ¿Qué dijiste?— Lo que oíste –le respondí en el mismo tono.— Calla, calla esa boca, cierra ese libro o si no...— ¿Qué...?— Jum... Aves por el ano... –masculló–. Vaya fantasía desvergonzada. Ojalá

lo pique una por ahí mismo.Ya estábamos al todo o nada.

Virojo, virojo,diablo trampantojo.

El diablo liebretiebrenotiebresipilipitiebrey su comitivachivaestivasipilipitriva.

— Jeringa la jerigonza con su jerigoncería –dijo harta, no verdaderamenteporque le molestara la jerigoncería, sino por su imposibilidad de igualarme.

El beleño,el sueño,114

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el impurooscurosegurobotín,el llanto,el espantoy el dientecrujientesinfin.

— ¡El ajo! ¡El ajo! –gritó entusiasmada.Negué con la cabeza sonriendo de mi triunfo.— Pero si está clarísimo: “diente crujiente”, el ajo.— No es una adivinanza, es un poema.Algo tan estrambótico, nunca visto ni oído (me confesó tiempo después)

era como para descalabrar a cualquiera.No era la primera vez que jugábamos a las adivinanzas y los trabalenguas, y

ella siempre había salido victoriosa con sus dicharachos campesinos. Ahora yoestaba rebasando su agudeza y tal hazaña –para mí lo era– la sacaba de quicio.Defendiéndose como gato bocarriba me ripostó:

— Chi-e-chi-se-chi-hi-chi-jo-chi-de-chi-la-chi-gran-chi-pros-chi-ti-chi-tu-chi-ta-chi-quie-chi-re-chi-te-chi-ner-chi-con-chi-mi-chi-go-chi-u-chi-na-chi-gran-chi-dis-chi-pu-chi-ta.

Estimulada por el campeonato de la sin hueso, continué bombardéandolacada vez más rápido. Quien primero se enredase o se quedase callada, perdía.Y no me había criado ella para perdedora. Tampoco se hallaba, por su parte,en disposición de darse por vencida, así que como dos urracas parlanchinasestaríamos en contienda hasta que el manco echara dedos.

De la cocina saltó el libro al Instituto, donde, por considerarlo de relajo (in-fluencia de quien puede suponerse), nos lo pasábamos de mano en mano, a es-condidas, regodeándonos con lo prohibido. A cual más atrevida, intercambiába-mos a tontas y a locas en nuestras conversaciones cotidianas cualquier estrofa yafamiliar sin objetivo preciso, quizás sólo por hacernos las desmesuradas. Y pobrede la que titubeara: como castigo, busqué una frase más enrevesada. La apoteo-sis era en la clase de Anatomía. La profesora hablaba de los parásitos intestina-les, y tras mirarnos en silencio, alguna del clan movía los labios sin emitir sonido:

Barrigas, nariceslagartos, lombrices,delfines volantes,orejas rodantes, ojos boquiabiertos,escobas perdidas,barcas aturdidas, 115

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vómitos, heridas,muertos.

Si escuchábamos una conferencia sobre la debida higiene al manipular losalimentos o del funcionamiento de los órganos internos, de inmediato baila-ban en el aire los mudos estertores:

Predica, predica,diablo pilindrica.Saltan escaleras,corren tapaderas,revientan calderas.En los orinalesletales, mortales,los más infernalespingajos, zancajosfinales.

Y a ver quién lo decía más veloz y sin equivocarse y, sobre todo, sin que se en-terasen los catedráticos de nuestras ordinarieces, que en ocasiones nos ruboriza-ban. Llevadas y traídas por caminos de inusitados deslenguamientos, nos refoci-lábamos musitando lo que creíamos descaradas indecencias. ¡Qué deliciadesparramar infiernos sin que nada ni nadie pudiera impedírnoslo! Diablillos alcombate, no existía placer mayor que disparar pecados lenguaraces a la discipli-na y la cordura. Cruel decepción si alguien nos hubiese dicho que aquel libro(supuestamente de versos depravados) era una obra maestra de la literatura uni-versal. Por fortuna, bien resguardado manteníamos el chanchullo clandestino.

Sólo en la cocina de listoncillos verdes la magia era un estado perpetuo; losretozos con la agilidad mental, un trueno accesible. Fuera de aquel espacio dehechizo todo era vedado y estrecho, rígidas normas que debían respetarse porencima de cualquier espontaneísmo, síntoma esto último de violación a lasbuenas costumbres. Contra esa veda y estrechez reaccionábamos las adolescen-tes con el agazapado irrespeto que nos hacía sentirnos las rebeldes por exce-lencia de nuestra generación. El Bosco, Alberti, el surrealismo nos alentaban aestrujar lo almidonado con sinrazones de múltiples sentidos que para nuestrasmocedades eran exclusivamente uno: lo morboso por ininteligible.

Picada por la curiosidad, indago en el barrio sobre los antiguos residentesde mi casa.

— Un viejo que estaba medio loco –me dice un niño montado en carriola.— Uno de esos de amor al arte –me dice el bodeguero.— Un pintor que adoraba el mar –me dice una viejita linda, y añade muy

amable–: Tengo una “Marina” de él, entra a verla.Me lleva al comedor. Aquí me muestra el cuadro. Un barquito perdido en

la inmensidad del océano –un océano azul, transparente, que en la lejanía se116

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confunde con el cielo– navega tranquilo hacia lo desconocido. La viejita lindame ofrece una lupa para que me fije bien en cada detalle. Tanta minuciosidadme parece inútil, pero su insistencia me obliga a detenerme en la más mínimagota de agua dibujada en el lienzo.

— ¿Ves? –me pregunta.— ¿Qué?— Lo que cae al mar.Con los cinco sentidos erizados, me desvelo buscando. Descubro una figu-

ra pequeñísima lanzándose entre las olas, como una flecha. Todavía no ha caí-do, pero en cualquier momento...

— Ah, sí... –dudo un poco–. ¿Un diablillo cayendo del cielo?— Si eso es lo que te sugiere.— Un diablillo, sí –hablo ahora con firmeza y seguridad–. Un diablillo ho-

cicudo, ojipelambrudo...Silencio abrupto. Cierro mi boca imprudente, horrorizada de que la viejita

linda tome como insulto la obsesión del libro grabado en mí como un tatuaje.— El diablo hocicudo, ojipelambrudo, cornicapricudo y rabudo, zorrea,

pajarea, mosquiconejea, humea, ventea, peditrompetea por un embudo –ter-mina con absoluta naturalidad, sin pena ni ocultismos, mi frase interrupta.

Me paralizo helada. Pero, ¿cómo será esta viejita tan fina una orejipeludasipilipitriva? (Así nos nombrábamos las integrantes del clan.)

— Sabía muchas cosas –habla del pintor–. Conocía los nombres de las es-trellas, de los astros, de las constelaciones... Y predecía, antes de escuchar elparte meteorológico, si al día siguiente llovería o si habría un cielo despejado.

Del azogue de los versos cómicos y desvergonzados a esta paz nostálgicatranscurren mil años-luz. Me voy enamorando. ¿Del cuadro? ¿Del diablillo?¿De la vieja linda? Ya recordaría esta sensación hipnótica en otros instantes deenamoramientos fugaces, de enamoramientos eternos.

— “Tormenta céfira”, me decía sonriendo a veces –sigue hablando del pin-tor– y con sólo eso yo adivinaba que saldría el arcoiris después del aguacero. Yasí mismo era. Ay, niña, para qué contarte: un sabio, un loco imaginario o unpoeta. Más o menos lo mismo, ¿verdad?

Me deslizo en otra galaxia. Soy el barquito navegando hacia lo desconocido. — Se pasaba la vida pintando sus “Marinas” –sigue hablando del pintor–,

en las que siempre introducía un pequeño toque surrealista.Surrealista..., surrealista..., ¿dónde he visto esa palabra? ¡Ah, sí, ya sé!, Dalí,

el loco ese que sale casi todos los días en el periódico cada vez con una muecadistinta. ¿Surrealista querrá decir hacer muecas, tener bigotes largos? ¿Le pre-gunto a la viejita linda? Mejor me callo no vaya a meter la pata.

— ¿Surrealista..., y eso qué es?Bah, lengua mía, me vas a matar.— Todo lo que creas que pueda ser –me dice en tono un poquito picaresco.Debe de haber notado mi expresión de cara en la luna, porque al momen-

to agrega:— Aunque los demás no lo crean o no lo entiendan. 117

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Escasa la información, no entiendo ni pienso, me embriago. Me invade unimpulso irracional de conocer al pintor para preguntarle qué significan aque-llas anotaciones al margen que llenan el tomito trastornador: “Goya el maes-tro”, “aliteración”, “influencia de Góngora” y otras más complejas que ni porasomo alcanzo a discernir. ¿Quién es Goya, y maestro de qué? De Góngora loúnico que conozco es Poderoso caballero. ¿Qué relación guardan estas acotacio-nes con lo que nos desternillaba de risa?

— ¿Cómo se llega a los poetas? –se me escapa el pensamiento.— Vienen a ti, no te preocupes, basta con un corazón receptivo.¿Tendría yo...? ¿Cómo saberlo? ¿Qué hay que hacer? Si pudiera ver al que

me legó, bienvenida inolvidable, aquel libro extraño, si viniera a mí... Iré yo a él.— ¿Dónde vivirá ahora? –pregunto señalando al cuadro.Ella, por supuesto, sabe a quién me refiero. ¿Quién otro si no?— Aquí –me dice con su mano en el pecho.

Estudiante universitaria, voy trastabillando de la ignorancia a la sabihon-dez como una yegua bárbara que no encuentra su doma. En vorágine de gayaciencia descubro que Rafael Alberti vive todavía, escribe todavía, sorpresa in-conmensurable para quien considera difuntos a todos los escritores analiza-dos en las aulas.

Solemne y circunspecta, cual corresponde a una futura licenciada en artesy letras, me sumerjo de cabeza en el pozo de la sabiduría con la esperanza deque sus aguas laven mis errores, orienten mi senda, ahuyenten mis desfachate-ces. ¿Por dónde andaría ahora mi pecado de adolescencia?, me preguntabahierática en la biblioteca –búsqueda infinita de saciar avideces perennementeinsatisfechas–. A menudo había desaparecido el tomito trastornador para lue-go, en el momento más inesperado, asomar su cornicapricuda solapa y sus ho-jas al punto del vuelo, debajo de la cama, dentro de la nevera o en un nido degorriones. Pero ya era hora de tomar en serio la literatura. No más niñadas.Pretendiendo librarme de las bellaquerías (de este modo llamaba mi madre alcomportamiento mío a propósito de lo ya sabido) que me abochornaban sólode pensarlo, hago lo posible por colocarme al nivel de mis eruditos compañe-ros; disimulo mi ayuno en las doctas cuestiones que todos menos yo manejana la perfección; me esfuerzo en despojarme de las necedades que a nadiecuento por temor al abucheo. (Por otra parte, ¿a quién le interesarían los re-franes villorreros de una cocinera y las bromas de una jovenzuela bromista?)Me dirijo, en fin, al sacerdocio victimario que sacrifica la franqueza en aras delo estricto. En penitencia por haberlo hecho blanco de mis burlas, me castigoasumiendo empaque de madurez y profundidad. Lo momifico (creo que esoes rigor); lo encasillo en la generación del 27 (creo que eso es orden); inclu-so, bandera roja en alto, no dudo en convertirlo en líder proletario (creo queeso es ideología –¡y de la buena!–). He dejado de ser la chiquilla traviesa parametamorfosearme en una codificadora de temas y personajes célebres.

Hecha el buen sentido en dos pies, obtengo el certificado de estudios queanuncia a los cuatro vientos mi sapiencia y exacerba mi orgullo. Pobre veleta118

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de la rosa perdida, no porque hayan sido inútiles las enseñanzas académicas,sino por el esqueletismo en que yo había enclaustrado sus lecciones.

Transcurridos muchos años desde aquellas aventuras en la cocina de lis-toncillos verdes, me apresuro hacia el cantor que desafió las prudencias ma-ternales. Cajones a medio abrir, bultos de ropa y cacharros ni se sabe por dón-de –a causa de una reciente mudanza (¡otra más!)– son, junto con el nuevohogar, abandonados para ir al encuentro del que una vez supuse muerto yhoy se presenta en cuerpo y alma lejos de donde resido. Transporte difícil, ca-lor sofocante, gentío y resolana, barahúnda tropical en que a duras penas medesenvuelvo, se confabulan en mi contra. Y cuando lo imposible se hace reali-dad, ni pensar en las primeras filas. Pero tengo que verlo, sentirlo... ¿Tal vezpara hacer receptivo al corazón? Poeta, ven a mí, te he buscado durante tantotiempo. Palpitan estrepitosas mis venas asida de la farola donde me he encara-mado para contemplarlo en todo su esplendor.

Aire, que al toro torillole pica el pájaro pilloque no pone el pie en el suelo.

Estupefacta, no salgo de mi asombro. Él lee que lee sus poemas y –¡mila-gro de locas ilusiones!– más se asemeja a una orejipeluda sipilipitriva que a laidea que de los escritores dan las enciclopedias.

Por las calles, ¿quién aquél?¡El tonto de Rafael!Tonto llovido del cielo,del limbo, sin un ochavo,mal pollito, colipavo,sin plumas, digo, sin pelo.¡Pío-pic!, pica al vuelotodos le pican a él.

Y yo a estas alturas todavía figurándome que iba a toparme con una de lasmomias creadas en mi etapa de leída y escribida. (Señal de mi demorada ce-rrazón.) Héme aquí ante el buen humor y el entusiasmo desatados a la brisade la bahía habanera, con sus poemas repartidos aquí y allá, siempre conquis-tadores y desbordando juventud. Madre mía, si vieras al que te recordaba lascoplas de los guajiros en el campo, al que sobrepasó tu jactancia de dichara-chera y exaltó mi curiosidad... Ah, si yo tuviese un corazón lúcido para inter-pretar los mensajes de esos locos imaginarios que, con más frecuencia de lamerecida por mi torpeza, me han soplado palabras que no he sabido escuchar.Igual que los mangos y zapotes en plena fructificación, su voz encanta el entor-no. Su decir despejado me conduce a la cocina de listoncillos verdes, dondetan cerca lo tuve. Sus maneras ufanas me llevan al comedor de la viejita linda, 119

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donde por vez primera presentí lo que es enamorarse. Derribando valladares,salto al pasado. No las nostalgias plañideras, no, nublan mis sentidos, al contra-rio, la mirada atrás enriquece mi presente, aclara el futuro, obra el prodigio deintimarme con el legado de los antecesores. Las alucinaciones bosquianas, loscaprichos goyescos, los refranes villorreros de mi madre, las “Marinas” con supequeño toque surrealista, los tropos albertianos se funden en un estampidoque deshiela mis incomprensiones. Paso por la misma hipnosis que frente alcuadro. Me enamoro, me enamoro. Soy el barquito navegando hacia lo desco-nocido, soy el diablillo lanzándose al mar. Arrímate a mis ansias, glorioso ful-gor, restablece el desequilibrio que levanta el ánimo y destupe las entendede-ras. Viene hacia mí el que seguro se contentaría de oír sus versos esparcidos sintapujos, a sabiendas de que es mucha la inocencia necesaria para comunicarsecon los profetas; mucho el valor (lo otorga la gracia virginal) para ubicarse enel universo de los iluminados. No es sólo el “tonto llovido del cielo” –azar di-choso– lo que me abre el corazón, son además las miles de vivencias sufridas ogozadas las que a mandarriazos me destrozan el pecho y conmocionan mi espí-ritu, dueño por fin de un camino hasta entonces sembrado de trampas invisi-bles. Desbrozo la hojarasca y me quedo con la independencia reclamada por lapoesía para aprehenderla sana y salva. Ningún pozo de ciencia bañará con sufluido a quien no es capaz de darle vuelta a la noria.

Sofocada, regreso a la casa, casa aún sin estrenar, aún con los muebles casipatas arriba y las ropas y los cacharros no se sabe ni dónde. Trajinada por elviaje (odisea inenarrable) y la batalla de conseguir su libro y su autógrafo –te-soros invaluables logrados a empellones, codazos, cabezazos y una obstinaciónmás grande que las fuerzas de seguridad que lo custodiaban (tanto era el tu-multo)–, me paro en la puerta abierta sin secarme el sudor. Encuentro a mimadre –la nieta en su regazo– leyendo en voz alta un libro estropeado por eluso, de cornicapricuda solapa y las hojas al punto del vuelo. Embelesadas, so-mos todo oídos la pequeña y yo atentas a mi madre, que no se cansa de repetir:

¡Pío, pío, pío!Cabalgo y me río,me monto en un galloy en un puercoespín...

¿Lo creo o no? ¿Será el eco de las ensoñaciones? Me pica el pájaro pillo.¿De nuevo en mis lares? (“¿Cómo se llega a los poetas?” “Vienen a ti, no tepreocupes, basta con un corazón receptivo”, susurra una vocecita recóndita.)

— ¿Y eso qué es? –boba de mí, lo que se sabe no se pregunta.— Yo qué sé –contesta mi anciana madre.— ¿Dónde lo encontraste?— Tirado por ahí. Parece que a los que vivieron antes aquí se les olvidó o

quién sabe si nos lo dejaron como regalo. La niña y yo llevamos horas divir-tiéndonos con estas disparaterías.120

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La casa se colma de atolondramientos. Los muebles se acomodan a suvuelta y manera sin tener en cuenta modas ni estilos. Los cacharros surcan losrincones. El traperío vuela por el techo. Los otrora pecados, hoy privilegios,convierten en revoltosos ángeles a los agazapados diablillos, no, mejor dicho,no hay conversión, hay simbiosis: ángeles diabólicos, diablillos angelicales;mestizaje de vicio y virtud; olla podrida de insumisión y humildad. Juntos án-geles lenguaraces con diablillos cantarines resucitan la locura juvenil, renue-van lo indócil, hacen circular desahogadas y recíprocas las energías creadoras.

— ¿Quién aquél? –pregunté en el barrio un día.Guasones, responden –más clamorosos que las trompetas del Juicio Final–

todos los orejipeludos sipilipitrivos del mundo, desternillados de risa, dandosin cesar vuelta a la noria. Zorrean –mandroque, mandroque, diablo palitro-que–; mosquicojonean –verijo, verijo, diablo garavijo–; pajarean –virojo, viro-jo, diablo trampantojo–; peditrompetean –predica, predica, diablo pilindri-ca–. Me invitan a su frenesí. Me incorporo a la fiesta. Otra vuelta a la noria.Alzo la espada de acero, bebo en taza de oro, me embriago de ángeles, meenamoro de diablillos. Cantamos y bailamos, olemos y tocamos, reímos y llora-mos, amamos y odiamos, comemos y fornicamos a corazón abierto, aprove-chando la vida rebosante de errores, trampas, hambres, saciedades, subversio-nes, plenitudes, totalmente libres e invictos.

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e n c u e n t roMarta María Pérez Bravo. (1995). En ninguna cabeza cabe el mar.

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LAS REVOLUCIONES MUEREN

Si algo enseña el siglo XX es que ninguna revolución eseterna. Las revoluciones son movimientos colectivos quedeben su vitalidad a eso que Emmanuel Kant, en su Filoso-fía de la historia, llamaba el entusiasmo o participación mo-ral de las masas en el cambio político.1 Una vez que el en-tusiasmo se apaga, dando paso a una relajación muy similaral alivio de la fiebre, las revoluciones apenas sobreviven,como fantasmas o símbolos de un pasado todavía visible,en la retórica de las élites del poder.

Un territorio donde percibir esa finitud de las revolucio-nes es, como recomendaba Pierre Klossowski, el lenguaje.Los usos de la palabra revolución varían entre una experien-cia revolucionaria y otra. El tiempo que dura el significadocolectivo de esa palabra corresponde al propio tiempo devida de la revolución. Cuando la palabra se desvanece en ellenguaje político y queda, como colgada en el aire, sin gra-vitar directamente hacia la mentalidad del pueblo y las éli-tes, entonces el evento revolucionario ha llegado a su fin.

En Francia, por ejemplo, a partir del 9 termidor de 1794la palabra revolución perderá una buena dosis de la peli-grosidad y el sentido destructivo que poseía desde 1789.Sieyés, Barras, Reubell y otros liberales del Directorio yahablan de La Révolution como si fuese un exabrupto delpasado y defienden sus valores, pero no sus prácticas. Lue-go Napoleón I, entre 1799 y 1815, traducirá esos valoresen símbolos o emblemas de la hegemonía francesa y disol-verá el frenesí legislativo de la República en la legalidadcentralista del Imperio.2

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Entre la revolucióny la reforma

1 EMMANUEL KANT, Filosofía de la historia. México: FCE, 1985, p. 107. A par-tir de esta noción, Jean-Francois Lyotard ha escrito un ensayo formida-ble: El entusiasmo. Crítica kantiana de la historia. Barcelona: Gedisa, 1994.2 JACQUES SOLÉ, Historia y mito de la Revolución francesa. México: Siglo XXI,1989, pp. 227-285.

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Este período de casi veinte años, que se inicia con la reacción termidoria-na, es considerado, tradicionalmente, dentro del tiempo de la revolución. Pe-ro en la práctica, el nuevo orden ya ha sido creado en el Consulado y, sobretodo, durante el Imperio. Bonaparte logra la institucionalización jurídica ypolítica de las ideas revolucionarias, introduce una nueva racionalidad admi-nistrativa, suplanta el entusiasmo con el código, las Asambleas con el Consejo de Es-tado. De ahí que Louis Bergeron hable de la “dictadura napoleónica como unEstado post-revolucionario”.3

Todo depende, claro está, de las nociones de revolución que se manejen. Enla historiografía francesa, por ejemplo, se distinguen claramente dos tradicio-nes. Una que va de Jules Michelet a Georges Lefebvre, para la cual la revolu-ción no es más que el lapso en que se destruye el antiguo régimen.4 Mientrasla otra, que se extiende entre Alexis de Tocqueville y Francois Furet, concibela experiencia revolucionaria como un concepto de larga duración que abar-ca no sólo la caída, sino el montaje del nuevo régimen.5

Según los primeros, los cinco o seis años que median entre la convocatoriaa los Estados Generales y la caída de Robespierre enmarcarían el significadoprofundo de la palabra revolución. Éstos son los años de la fiesta y el terror,cuando se liberan el resentimiento y la utopía: los años de la guerra social. Encambio, para los segundos, la révolution encarna ese nuevo tiempo que se le-vanta sobre el ancien régime. Francois Furet llega incluso a sugerir que “toda lahistoria del siglo XIX francés puede ser considerada como la historia de unalucha entre la Revolución y la Restauración, a través de episodios como 1815,1830, 1848, 1851, 1870, la Comuna y el 16 de mayo de 1877”.6

En esta última perspectiva, la idea de revolución se confunde con la de mo-dernidad. Tan largo como el antiguo régimen puede ser, entonces, la época dela revolución. De ahí que, aunque parezca tradicional, nos aferremos a unconcepto de revolución más económico, más perecedero, más tangible en eltiempo; quizás, como una estrategia para eludir algo que el propio Furet ad-vertía: el hecho de que “por las mismas razones que se da al Antiguo Régimenun final y no un nacimiento, se le da a la Revolución un nacimiento pero noun final”.7

En Rusia, los bolcheviques tenían una idea de revolución muy cercana a lade rebelión o insurrección. La palabra revolutsia, en ruso, es sinónimo de vossta-nie (insurrección) y miatezh (rebelión o levantamiento). De hecho, Lenin, Ka-menev, Trotsky, Bujarin, Stalin y otros políticos soviéticos hablaban de dos re-voluciones: la de febrero, en la que la dinastía zarista de los Románov fue

3 LOUIS BERGERON, “Napoleón ou l’état post-révolutionnaire” en The French Revolution and the Crea-tion of Modern Political Culture. Oxford, England: Pergamon Press, 1988, Vol. 2, pp. 437-441.4 GEORGES LEFEBVRE, 1789: Revolución francesa. Barcelona: Laia, 1982, pp. 33-36.5 FRANCOIS FURET, Pensar la Revolución francesa. Barcelona: Ediciones Petrel, 1980, pp. 26-29.6 Ibid, p. 14.7 Ibid, pp. 13-14. 123

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destituida por un Gobierno Provisional que encabezó el socialdemócrata Ale-xander Kerensky, y la de octubre, cuando la Guardia Roja y los soviets deobreros y campesinos tomaron el Palacio de Invierno. Los dos largos tomosde la Historia de la Revolución rusa de Trotsky, por ejemplo, sólo abarcaban esosdos meses de 1917.8 El primer tomo se titulaba Historia de febrero y el segundoHistoria de octubre. Varias décadas después, Marc Ferro, en su libro La Revolu-ción rusa de 1917, narró la caída del zarismo, a través de una precisa cronolo-gía que mediaba entre el 23 de febrero de 1917 y el 5 de enero de 1918.9

En marzo de 1917, Lenin había iniciado sus Cartas desde lejos con esta frase:“la primera revolución, engendrada por la guerra imperialista mundial, ha es-tallado. Seguramente, esta primera revolución no será la última”.10 La estrate-gia del Partido Bolchevique era aprovechar la movilización política de los so-viets de obreros, campesinos y soldados, que conformaban su base social, para“radicalizar” la revolución y hacerla transitar de una fase “democrático-bur-guesa” a otra “socialista-proletaria”. Una vez realizado ese tránsito tendría lu-gar una segunda revolución, que según los bolcheviques sí sería la última. Es-te esquema binario, que provocó una animada polémica con Kamenev, fue eleje de la teoría leninista de la “revolución permanente”.11

Trotsky fue el primero en usar esa expresión, cuando, en 1905, habló so-bre la posibilidad de un tránsito rápido al socialismo en Rusia, en caso de queel levantamiento obrero se propagara a Alemania y el resto de Europa occi-dental. Lenin, que se había opuesto a Trotsky en aquel momento, parecía re-formular la misma idea en sus Tesis de abril de 1917. Luego, en 1924, despuésde la muerte de Lenin, Trotsky publicó el ensayo Lecciones de Octubre, donderetomaba la idea de la “revolución permanente” para criticar la política pocoagresiva del Partido hacia Europa. Kámenev y Bujarin le respondieron aTrotsky y, por último, Stalin cerró la polémica con lo que fue la primera for-mulación de la teoría del “socialismo en un solo país”.12

De manera que ya en los últimos meses de 1924 la semántica bolcheviquede la palabra revolución desaparece dentro de la nueva clase política soviética.Stalin centraliza el poder, le otorga una racionalidad administrativa al Estado,reprime a los kulaks, elimina las insinuaciones liberales de la NEP, clausura losespacios de la crítica dentro del Partido y congela los valores de la revoluciónen el dogma marxista-leninista. La burocracia stalinista reemplazó el nombrede la época revolucionaria con otros términos: dictadura del proletariado, pe-ríodo de construcción del socialismo, era soviética, etc... Y con ese proceso deférrea institucionalización se apagó el entusiasmo. Ya en 1930, recluido en

8 LEÓN TROTSKY, Historia de la Revolución rusa. Buenos Aires: Editorial Tilcara, 1962, p. 13.9 MARC FERRO, La Revolución rusa de 1917. Madrid: Editorial Villalar, 1977, pp. 11-13.10 LENIN, Entre dos revoluciones. Moscú: Editorial Progreso, 1974, p. 5.11 Ibid, pp. 57-70.12 E. H. CARR, La Revolución rusa. De Lenin a Stalin, 1917-1929. Madrid: Alianza Editorial, 1983, pp.99-102.124

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Prinkipo y sufriendo en carne propia la lógica saturnina de las revoluciones,Trotsky comprendería aquella idea kantiana del entusiasmo:

El rasgo característico más indiscutible de las revoluciones es la intervención di-recta de las masas en los acontecimientos históricos. En tiempos normales, el Es-tado, sea monárquico o democrático, está por encima de la nación; la historiacorre a cargo de los especialistas en este oficio: monarcas, ministros, burócratas,parlamentarios, periodistas. Pero en los momentos decisivos, cuando el ordenestablecido se hace insoportable para las masas, éstas rompen las barreras quelas separan de la palestra política, derriban a sus representantes tradicionales y,con su intervención, crean un punto de partida para el nuevo régimen.13

De modo que, según Trostky, la revolución es un tiempo anormal, unasuerte de colapso histérico de las naciones en la historia. Algo semejante pro-ponen los estudios de Bronislaw Baczco sobre la Revolución francesa. Lamuerte de Robespierre y el ascenso de Napoleón en Francia, así como lamuerte de Lenin y el ascenso de Stalin en Rusia, señalan la “puesta en eviden-cia del envejecimiento prematuro y la fatiga de la revolución”, el “instante enque ella debe reconocer que no cumplirá todas sus promesas” y, sobre todo, el“momento en que sus actores deben proclamar que no quieren recomenzarsu historia, ni rehacer su experiencia”.14

Las revoluciones, dice Baczco, son “bruscos acelerones de la historia”, “in-crementos de la velocidad del tiempo”. Por medio de un poderoso simbolis-mo, ellas crean la ilusión de una nueva era, la ficción de una justicia universaly eterna. De ahí que, como en toda catarsis, el cuerpo social de la revoluciónenvejezca pronto. Al entusiasmo y la utopía sobrevienen, inevitablemente, laerosión y la decadencia. Una decadencia que, según Baczco, se propaga a tra-vés de la usura, es decir, del aprovechamiento cínico de la reserva simbólicade la revolución por parte de las élites del poder.15

La fuerza de eso que Lenin llamaba el “esquema bicolor” de Febrero y Oc-tubre, más la brusca ruptura de Stalin con el bolchevismo, hacen que en todala historia de la Unión Soviética el principio trotskista de la “revolución trai-cionada” reaparezca una y otra vez. De ahí que siempre que el poder soviéticotrató de reformarse, sus líderes apelaron al tópico del desvío o la traición delos ideales de Octubre, exaltando la figura de Lenin en contra de la de Stalin.

Jruchov lo intentó en 1956; Gorbachov lo intentaría treinta años después.Jruchov pensó en una rectificación o corrección del rumbo; Gorbachov fue másallá: vislumbró una reforma. En tiempos del primero, el entusiasmo del pue-blo se había apagado, pero la usura de las élites era cada día más eficaz. En

13 LEÓN TROTSKY, op. cit., p 13.14 BRONISLAW BACZCO, “L’expérience thermidorienne”, en Colin Lucas (comp.), The Political Cul-ture of the French Revolution. Oxford: Balliol College, 1988, pp. 341-370.15 Ibid, pp. 89-96. 125

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tiempos del segundo, tanto el entusiasmo como la usura se habían desgastadohasta el fondo. Por eso el deshielo (otepel) funcionó en los 60; mientras la pe-restroika y la glasnost, en los 80, concebidas puerilmente como los dos pilaresde una reforma que introduciría el socialismo democrático en Rusia, dieronlugar a otra revolución, tan profunda y sorpresiva como la de Octubre: la re-volución contra el comunismo.

En México, la Revolución no fue “bicolor”; aquí no sólo hubo dos revolu-ciones, sino varias. México, como ha dicho Leslie Byrd Simpson, es siempre“muchos méxicos”. En este sentido, la experiencia mexicana se asemeja más ala francesa que a la rusa. Así como en Francia convivió la revolución de losaristócratas y los notables con la de los burgueses, la de los campesinos y la delos sans-cullotes, en México coexistieron la revolución de Madero y la de Zapa-ta, la de Villa y la de Carranza, la de Huerta y la de Obregón, la de BernardoReyes y la de los Flores Magón. Y esta coexistencia no sólo es ideológica, sinotambién espacial y temporal, es decir, la revolución mexicana es un conjuntode pequeñas revoluciones que se dan a lo largo y ancho del territorio de Mé-xico y que se suceden y reemplazan en el transcurso de varios años.

En el libro de Santiago Portilla, Una sociedad en armas, se observa cómo yaen la primavera de 1911 la insurrección contra el Porfiriato, que en sus oríge-nes se había concentrado en el Norte de México, abarcaba unos 26 estados yel Distrito Federal.16 Esta propagación también se desata, como un alud, en eltiempo. De ahí que ese efecto snowball, del que hablaba Emilio Rabasa, susci-te, en algunos autores, la sensación de que el evento revolucionario se extien-de desde 1910 hasta la época de Lázaro Cárdenas e, incluso, hasta la revueltaestudiantil de 1968.17 Es significativo que el último tomo de la Historia de la Re-volución Mexicana, coordinada por don Luis González en El Colegio de Méxi-co, termina en 1960.18

Pero una vez más la duración que el historiador le atribuye al suceso revo-lucionario se desprende de sus simpatías ideológicas. Adolfo Gilly, por ejem-plo, un intelectual cardenista formado en el trotskysmo, ve la “esencia” de laRevolución mexicana repartida entre el programa agrario de Emiliano Zapatay un programa nacionalista, insinuado ya en la Constitución de 1917, y luegorealizado por Cárdenas con las expropiaciones de los ferrocarriles y las em-presas petroleras inglesas y norteamericanas en 1938.19 De modo que Gillyaplica a México el esquema trotskysta, recogido por Isaac Deutscher en su li-bro La Revolución inconclusa, 50 años de historia soviética, y afirma que “la Revo-lución mexicana..., en ausencia de dirección proletaria y programa obrero,

16 SANTIAGO PORTILLA, Una sociedad en armas. México: El Colegio de México, 1995, pp. 106-110.17 Ver la excelente antología de Stanley Ross, ¿Ha muerto la Revolución mexicana? México: La Redde Jonás, 1978, pp. 125-165.18 OLGA PELLICER BRODY y ESTEBAN L. MANCILLA, El entendimiento con los Estados Unidos y la gestacióndel desarrollo estabilizador. México: El Colegio de México, 1978, pp. 3-4.19 ADOLFO GILLY, La Revolución interrumpida. México: Ediciones El Caballito, 1971, pp. 347-393.126

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debió interrumpirse dos veces, en 1919-20 primero, y en 1940 después, sin po-der avanzar hacia sus conclusiones socialistas”.20 En cambio, un historiador libe-ral y demócrata, como Enrique Krauze, ha visto en el interregno maderista de1911-13 una clara, aunque fugaz, evidencia de las posibilidades democráticas dela Revolución mexicana. Para Krauze, la sobrevida de los valores revolucionariossólo es concebible como un rescate del proyecto democrático de Madero.

Los primeros decretos de defunción del orden revolucionario mexicano sedeben a Daniel Cosío Villegas, Jesús Silva Herzog, José E. Iturriaga y José R.Colín. Estos autores señalaban, a fines de los años 40, que la Revolución se ha-bía agotado, que sus demandas agrarias, nacionalistas y democráticas, cumpli-das o no, ya no constituían una finalidad política e ideológica para las nuevasélites”.21 En ese momento ocupaba la presidencia de la República Miguel Ale-mán, un político de la nueva generación: la de los hijos civiles de los caudillos,la de los llamados “cachorros de la Revolución”. Esta nueva clase política pro-movió la industrialización proteccionista y el mercado interno, consumó elensamblaje del Partido (PRI) y el Estado e inició una política exterior concilia-toria con los Estados Unidos. De ahí que, como señala Lorenzo Meyer, en esosaños del “milagro mexicano” se verificará la “primera muerte de la Revolu-ción”. Porque la “segunda” tendría lugar en la década de los 80, cuando, des-pués del giro neopopulista de Adolfo López Mateos, Luis Echeverría y JoséLópez Portillo, el orden revolucionario acabó de derrumbarse con la estrate-gia neoliberal de De la Madrid y Salinas.22

Hasta 1946 México fue gobernado por protagonistas militares de la Revolu-ción. No es de extrañar, entonces, que en ese momento se suscitara el debatesobre la muerte de la Revolución. Pero si entendemos esa muerte a la manerade Baczko, es indudable que la Revolución mexicana dejó de existir mucho an-tes; tal vez, como señala Gilly, hacia 1919. Carranza, Obregón, Calles y Cárdenasfueron los constructores del nuevo régimen, los artífices de la institucionaliza-ción revolucionaria. Con ellos el entusiasmo popular dio paso a la usura simbóli-ca de las élites. Es con ellos que, como decía Cosío Villegas, la palabra revolucióncomienza a perder su sentido.23 Por eso el estudio más completo sobre el Méxi-co revolucionario, que es el de Alan Knight, se centra en los siete años que me-dian entre el levantamiento de Madero y la Constitución de 1917.24

De manera que también la Revolución mexicana sufre un envejecimientoprematuro. Su entusiasmo se apaga en pocos años. Pero, tal vez, a diferenciade la francesa y la rusa, sus élites han sabido aprovechar la usura simbólica queproporciona el orden revolucionario con mayor eficacia. En México no se inte-rrumpe tanto la Revolución, como su Reforma. Primero, se dan dos saltos en

20 Ibid, p. 398.21 STANLEY ROSS, op. cit., pp. 95-125.22 LORENZO MEYER, La segunda muerte de la Revolución mexicana. México: Cal y Arena, 1992, pp. 7-12.23 STANLEY ROSS, op. cit., p. 95.24 ALAN KNIGHT, The Mexican Revolution. Cambridge University Press, 1986, pp. IX-XI. 127

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el itinerario reformista: de Calles a Alemán y de Ruiz Cortines a De la Madrid.Luego, a partir de 1982, se inicia un ciclo reformista de mayor continuidad. Yesa Reforma interrumpida, aún en sus momentos de mayor definición con Sa-linas y Zedillo, todavía logra recurrir exitosamente a la reserva simbólica de1917. Se da entonces la paradoja de que ciertas reivindicaciones revoluciona-rias, como el reparto de tierras y la fundación de nuevos pueblos, se conviertenen rituales de una política neoliberal.

El caso de la Revolución cubana presenta, a primera vista, una singulari-dad: el líder máximo del levantamiento armado contra el antiguo régimen es,al cabo de cuarenta años, el Jefe de Estado del país. Sus colaboradores cerca-nos, que constituyen la cópula del poder, han sido renovados parcialmente.Pero las instituciones que sostienen la autoridad del gobierno, esto es, los apa-ratos ideológicos (el Partido Comunista, el Ministerio de Cultura, el Ministe-rio de Educación Superior) y los órganos represivos (las Fuerzas Armadas y elMinisterio del Interior) están en manos de hombres que intervinieron en lainsurrección y que deben su rango a la lealtad incondicional que le profesana Fidel Castro (su hermano Raúl, Armando Hart, Abelardo Colomé Ibarra, Jo-sé Ramón Machado Ventura, Fernando Vecino Alegret...).

Esta persistencia biológica produce la impresión de que el orden revolu-cionario es todavía joven. Pero cuatro décadas es un tiempo más que suficien-te para que se apague el entusiasmo, se desgaste la usura y la Revolución entreen una decadencia irreversible. Piénsese, tan sólo, que de la muerte de Lenina la de Stalin –el lapso físico del stalinismo– no median más que 30 años y queel estancamiento (zastoi), o período de Brezhnev, duró menos de dos décadas.De modo que a pesar de que Fidel Castro, el emblema más visible de la simbo-logía revolucionaria, aún vive, hay razones para pensar que la Revolución cu-bana dejó de existir hace algún tiempo. Francois Furet ha dicho, con lucidez,que la pasión revolucionaria, como todas las pasiones, es una “conjura pasaje-ra contra las desdichas de la historia”.25

UNA REFORMA NO DESEADA

Si tuviera que señalar el año en que se apaga el entusiasmo de la Revolucióncubana, elegiría 1968. No sólo porque ese año marca, como ha dicho JeanBaudrillard, una “catarsis final que parece haber agotado toda la energía revo-lucionaria de Occidente”, sino porque, para Cuba, es el momento de defini-ción entre un socialismo alternativo, nacional y autónomo, y un socialismo de-pendiente y ortodoxo, adscrito al bloque soviético.26

El 23 de agosto de ese año, en plena Ofensiva Revolucionaria, Fidel Castrojustificó la intervención soviética en Checoslovaquia con un argumento dignode Maquiavelo. Él aceptaba que la ocupación de Praga era lamentable e ilegal,

25 FRANCOIS FURET, El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XIX. México:FCE, 1995, p. 44.26 JEAN BAUDRILLARD, La izquierda divina. Barcelona: Anagrama, pp. 72-73.128

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puesto que violaba la soberanía de la República checa y sentaba un preceden-te peligroso para los países comunistas pequeños. Pero aún así, entendía quela intervención era necesaria para “proteger al socialismo de sus enemigos,los imperialistas”, que se habían “infiltrado” en el Partido Comunista de Che-coslovaquia a través de Alexander Dubcek y sus seguidores. Después de dejarclaro su apoyo, Fidel le hacía la siguiente pregunta al Pacto de Varsovia: “¿re-cibirán esa misma protección militar los países socialistas del Tercer Mundo,como Corea, Vietnam y Cuba, si son amenazados por el imperialismo?” 27

En aquella pregunta estaba implícito el deseo de que la Guerra Fría se ex-tendiera, con la misma intensidad que demostraba en Europa, al Tercer Mun-do, América Latina y Cuba. Y más que en una Guerra Fría, Fidel Castro pensa-ba en una verdadera conflagración mundial, en la que los soviéticos y losnorteamericanos se enfrentaran cara a cara o por medio de sus satélites. Ya enuna carta de 1962, durante la crisis de los misiles, Castro le había sugerido aNikita Jruchov que, llegado el momento, disparara primero. De modo quemuy pronto los soviéticos se percataron de que su aliado del Caribe estaba dis-puesto a todo y que debían tratarlo con sumo cuidado. Fue así como, a cam-bio del apoyo a la invasión de Checoslovaquia, Fidel Castro recibió la confir-mación de una garantía de auxilio militar, ya contemplada en el pactoKennedy-Jruchov, y el ofrecimiento de un tratado de comercio preferencial ypermanente con la URSS y el CAME, que fue firmado en La Habana por el vice-presidente soviético Vladimir Novikov, a principios de 1969.28

Pero todavía en 1968, el poder cubano no estaba preparado para una in-serción total en el bloque soviético. Había divisiones políticas en el interior dela élite, como la que se evidenció en el proceso contra Aníbal Escalante yotros 35 dirigentes históricos del Partido Socialista Popular: el llamado “pro-ceso a la microfracción”. Este grupo de marxistas-leninistas ortodoxos intentabareemplazar el manejo carismático de los asuntos del Estado, que ejercía FidelCastro, con una dirección racional y planificada, cuyo centro fuera el PartidoComunista. La represión de esta corriente, a fines de 1967, y el envío de unadelegación de bajo nivel a las fiestas por el aniversario de la Revolución rusa,en octubre de ese año, fueron mal recibidas por Moscú.29

La alianza definitiva entre Cuba y la URSS también se veía amenazada por lapolítica económica de la Ofensiva Revolucionaria (1967-1970), que aunque deinspiración guevarista, tenía muchos rasgos en común con la estrategia delGran Salto Adelante y la Revolución Cultural maoístas. En estos años se realizóuna estatalización casi absoluta de la economía, se estableció un total financia-

27 CARLOS ALBERTO MONTANER, Fidel Castro y la Revolución cubana. Barcelona: Plaza & Janés, 1984,pp. 220-225.28 VLADISLAV ZUBOK & CONSTANTINE PLESHAKOV, Inside the Kremlin’s Cold War. Harvard UniversityPress, Cambridge, Massachussets, 1996, pp. 206-207.29 EDWARD GONZÁLEZ, “Relationship with the Soviet Union”, en Carmelo Mesa-Lago (ed.), Revolu-tionary Change in Cuba. University of Pittsburgh Press, 1971, pp. 93-94. 129

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miento presupuestario y la toma de decisiones se concentró, más que nunca,en la persona de Fidel Castro. A este esquema se agregó el mecanismo de lasmovilizaciones masivas, que destinaban decenas de miles de trabajadores auna actividad productiva que el gobierno consideraba prioritaria. Ése fue elcaso del llamado Cordón de La Habana, en el que las zonas de cultivo, cercanasa la ciudad, se poblaron de café y miles de trabajadores, ajenos a la agricultu-ra, fueron acarreados para la siembra y recogida del grano. O el caso, tam-bién, de la Zafra de los Diez Millones, en 1970, cuando el país quedó práctica-mente paralizado, con tal de alcanzar el superobjetivo de los 10 millones detoneladas de azúcar.30

A pesar de que ese acarreo aún era correspondido voluntariamente poruna gran mayoría de la población, el origen mismo de la Ofensiva Revoluciona-ria está relacionado con la certeza, por parte de las élites del poder, de que elentusiasmo se estaba apagando. Ernesto Che Guevara, lector de Trotsky y ad-mirador de Mao, lo había insinuado en 1965, unos meses antes de abandonarla isla para siempre:

... El Estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce,se nota disminución del entusiasmo colectivo por efecto de una disminucióncuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paralizahasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar.31

Al parecer se refería a la llamada “crisis del sectarismo”, en 1962, cuando Fi-del Castro le asestó el primer golpe frontal a Aníbal Escalante y otros líderes delPartido Socialista Popular. Pero es probable que hubiera también una alusióncrítica al predominio que, todavía en 1965, ejercía la tendencia pro-soviética ala planificación central –encabezada por Carlos Rafael Rodríguez– en la políticaeconómica de la isla.32 Fue esta crítica del Che Guevara al modelo soviético laque, unida al efecto simbólico que generó su muerte en 1967, le sirvió de argu-mento básico a Fidel Castro para instrumentar la Ofensiva Revolucionaria. Lacompulsión moral, el desentendimiento de las leyes del mercado, la utopía deque el hombre nuevo podría alcanzarse –gracias a la genética comunista– en me-nos de tres generaciones, el acarreo, la satanización del dinero, la vigilanciacontra el “diversionismo ideológico” fueron, entonces, instrumentos destinadosa provocar una reanimación del entusiasmo, por la vía de un énfasis retórico enel carácter nacional, independiente y alternativo del socialismo cubano.

En aquel momento, Fidel Castro ya comprendía que el ingreso de la isla albloque soviético implicaba la institucionalización del país, y que esto no eramás que el principio del fin del espíritu revolucionario. Pero si bien no es hasta

30 CARMELO MESA-LAGO, Breve historia económica de la Cuba socialista. Madrid: Alianza Editorial, 1994,pp. 60-81.31 ERNESTO CHE GUEVARA, El socialismo y el hombre en Cuba. México: Grijalbo, 1971, p. 106.32 CARMELO MESA-LAGO, op. cit., pp. 26-42.130

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1971 que comienza la plena introducción del sistema soviético en Cuba, yadesde 1967 se va dando una alineación, en materia política, con los virtualesaliados del campo socialista. En ese año se cierra el animado debate públicosobre las estrategias económicas a seguir, que desde 1964 sostenían Carlos Ra-fael Rodríguez, Ernesto Che Guevara y algunos teóricos marxistas extranjeros,como Charles Bettelheim y René Dumont.33 También a finales de 1967, seacrecienta la polémica intelectual en torno a la obra de Guillermo CabreraInfante que provoca la remoción del primer grupo de redactores de El Cai-mán Barbudo, en enero de 1968. Luego vendrían los ataques a Heberto Padi-lla, Antón Arrufat, César López, José Lorenzo Fuentes, Virgilio Piñera, JoséRodríguez Feo y otros intelectuales desde el periódico Juventud Rebelde y desdela UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), creándose, así, un fuerteclima de intolerancia estética e ideológica.34

De manera que cuando en 1971 la Seguridad del Estado encarcela a Padi-lla, el Partido Comunista clausura Pensamiento Crítico –una creativa publica-ción de teoría marxista– y el Congreso Nacional de Educación y Cultura de-creta un asfixiante dogmatismo filosófico e impone un código de moralcomunista-conservadora, el poder no hacía más que consumar una tendenciaque ya estaba esbozada desde 1968.35 Este período de dos o tres años (1968-71), en que se pierde la posibilidad de un pluralismo dentro de las élites polí-ticas e intelectuales del nuevo régimen, corresponde a la génesis del bonapar-tismo en Francia y del stalinismo en Rusia. Son los años en que el entusiasmoes sustituido por una gigantesca red de instituciones que está dominada, cen-tralmente, por la figura del caudillo, y cuya misión primordial no es otra quehacer funcionar la maquinaria simbólica de la usura.

Una “revolución total”, dice Samuel P. Huntington, “no sólo es el estallidode la participación política”, sino también “la creación e institucionalizaciónde un nuevo orden político”.36 Al menos, en Occidente, todas las revolucioneshan contemplado esas dos fases: la destrucción del antiguo régimen y la cons-trucción del nuevo. Pero, como advierte Huntington, no todos los revolucio-narios han incluido esos dos momentos en el significado de la palabra revolu-ción. Los bolcheviques rusos, por ejemplo, hablaban de la revolución parareferirse al asalto del Palacio de Invierno o a la toma del poder, es decir, a lainsurrección. En cambio, en Cuba, al igual que en México, ha predominadouna idea revolucionaria de longue durée.37 Ya a finales del siglo XIX, José Martí

33 CARMELO MESA-LAGO, op. cit., pp. 43-59.34 LOURDES CASAL, “Literature and Society”, en Carmelo Mesa-Lago, Revolutionary Change in Cuba.University of Pittsburgh Press, 1971, pp. 458-464.35 LOURDES CASAL, El caso Padilla: literatura y Revolución en Cuba. Miami: Ediciones Universal, 1971,pp. 5-10.36 SAMUEL O. HUNTINGTON, El orden político en las sociedades en cambio. Buenos Aires: Paidós, 1970,pp. 237-239.37 SAVERIO TUTTINO, Breve historia de la revolución cubana. México: Era, 1966, pp. 191-192. 131

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distinguía claramente la “guerra de independencia”, que acabaría con el or-den colonial español, del cambio social y político que vendría después: “revo-lución es la que vamos a hacer en la república” –decía. Es este sentido de “re-volución plena”, al decir de Huntington, el que heredan los revolucionarioscubanos de 1959.

De modo que la usura simbólica se propone, en primer término, presentarla institucionalización del país como si el espíritu revolucionario no murieracon ella, como si el entusiasmo fuera eterno. Entre 1971 y 1976 en Cuba se for-maliza un sistema radial de aparatos políticos que parten del centro de poderdel Estado y se extienden, como tentáculos, atravesando toda la esfera civil. Es-te sistema de corporaciones estatales, cuya irradiación ha descrito admirable-mente Jorge I. Domínguez, consuma el cambio social y la movilidad políticadesatadas por la Revolución y crea una nueva jerarquía o pirámide, que esta-blece sus niveles a partir de los rangos burocráticos del poder.38 De maneraque si la primera generación de la clase política cubana provenía de la épicainsurreccional (Fidel y Raúl Castro, Carlos Rafael Rodríguez, Haydée Santama-ría, Ernesto Che Guevara, Armando Hart...), ya la segunda y tercera generacio-nes provendrán de la nueva racionalidad burocrática (Carlos Aldana, Humber-to Pérez, Carlos Lage, Roberto Robaina, José Luis Rodríguez, Abel Prieto...).Los primeros son hijos del entusiasmo; los segundos, hijos de la usura.

Sin embargo, las polémicas económicas y culturales de la década del 60 lefueron muy útiles a Fidel Castro y sus colaboradores después de la institucio-nalización. En aquellos debates se perfilaron dos líneas más o menos clarasdentro del poder revolucionario. De un lado estaban los partidarios de unaalianza total con la URSS, asociados a los comunistas profesionales del PSP (Car-los Rafael Rodríguez, Blas Roca, Edith García Buchaca, José Antonio Portuon-do...), que promovían el modelo del cálculo económico, la creación de un sis-tema institucional que subordinara todas las organizaciones políticas alPartido, el adoctrinamiento marxista-leninista y el cierre de la opinión pormedio de un absoluto control ideológico desde el Estado. Del otro estaban,en una alianza más bien táctica, los nacional-fidelistas del Movimiento 26 deJulio y los marxistas heterodoxos (Ernesto Che Guevara, Armando Hart, Hay-dée Santamaría, Alfredo Guevara...), quienes abogaban por una economíamoral, un esquema político participativo, una dirección carismática, un pactorelativo y distante con la URSS, una mayor presencia en América Latina y elTercer Mundo, cierto clima de crítica dentro del poder y una educación don-de pudieran confluir los legados de Marx y Martí, de Lenin y Fidel.

En los años 70 y 80, cada una de estas escuelas había creado sus propios dis-cípulos. Los “dogmáticos” crecieron con una nueva generación de cuadrosprofesionales del Partido y las Fuerzas Armadas, muchos de los cuales habíansido instruidos políticamente en los centros superiores del PCUS (Luis Pavón,Antonio Pérez Herrero, José Luis Llanuza, Humberto Pérez, Carlos Aldana...).

38 JORGE I. DOMÍNGUEZ, op. cit., pp. 233-243.132

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Por su lado, los “liberales”, al margen de las instituciones duras del poder, tu-vieron menos suerte y, más que promover un relevo político, se atribuyeron elrol de “mecenas” o protectores de una nueva generación de intelectuales in-quietos (Antonio Benítez Rojo, Jesús Díaz, Luis Rogelio Nogueras, NorbertoFuentes, Fernando Martínez, Aurelio Alonso...) Esta genealogía binaria, den-tro de la élite del poder, favoreció el énfasis simbólico que pone la usura en laconservación de la herencia revolucionaria.

En la primera mitad de los años 70, cuando las redes políticas del Partido yel Gobierno aún estaban fundidas, los “dogmáticos” acapararon el poder. Pe-ro a partir de 1976, con la creación de la Asamblea Nacional, el Consejo deEstado y el Consejo de Ministros se produjo una mínima descentralizaciónque permitió un acomodo más equilibrado de las élites. Como describe JorgeI. Domínguez, esta separación del Partido y el Gobierno permitió una mayorrepresentatividad de las lealtades creadas dentro de la clase política cubana.39

Es sumamente perceptible cómo Fidel Castro colocó a políticos fieles, del ala“liberal”, en la cúpula de los nuevos Ministerios, mientras que la direcciónprofesional del Partido quedaba en manos de dirigentes más bien doctrina-rios, cuya lealtad, en algunos casos, era a la organización partidista antes queal Comandante en Jefe. Sólo que Fidel, más político que todos sus subordina-dos, no dejó descuidada esa zona de posibles disidencias y, a través de RaúlCastro y el sector político de las Fuerzas Armadas, mantuvo siempre un con-trol indirecto sobre la vida doméstica del Partido.

Esta polarización entre “ortodoxos” y “guevaristas”, “dogmáticos” y “libera-les”, “duros” y “reformistas”, a veces más ficticia que real, le ha servido a lasélites del poder para ejercer la usura simbólica de la Revolución. Por mediode una política pendular, que describe con precisión Carmelo Mesa-Lago, elgobierno cubano se ha desplazado del modelo guevarista al modelo soviético,entre 1967 y 1971, y luego, nuevamente, del modelo soviético al modelo gue-varista, entre 1985 y 1992.40 El llamado proceso de Rectificación de errores y ten-dencias negativas, iniciado en 1986 no fue más que otra versión de la OfensivaRevolucionaria de 1968: un intento por reanimar el entusiasmo, luego de queel peso de la racionalidad instrumental del modelo soviético volvió tediosa, alos ojos de la clase política, el mecanismo de la usura. Gracias a esta lógicapendular y suplantando una rectificación con otra, las élites revolucionariashan logrado sobrevivir al agotamiento del entusiasmo de las masas.

Como Jruchov y Gorbachov, en tiempos del deshielo y en los primerosaños de la perestroika, Fidel Castro, hasta 1992, nunca se propuso una reformadel orden revolucionario, sino que orquestó sucesivas rectificaciones o correc-ciones del rumbo. El principio de la rectificación, al igual que en la Unión So-viética, estaba asegurado por las reservas míticas del pasado. Jruchov y Gorba-

39 JORGE I. DOMÍNGUEZ, Cuba. Order and Revolution. The Belknap Press of Harvard University Press,1978, pp. 233-243.40 CARMELO MESA-LAGO, op. cit., pp. 16-17. 133

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chov podían esgrimir la figura de Lenin contra la de Stalin. En cambio, Fidelno sólo podía esgrimir también la figura de Lenin contra la del propio Gorba-chov, sino que podía capitalizar, además, la figura del Che Guevara como sím-bolo de la resistencia al modelo soviético. El doble registro de la cultura polí-tica revolucionaria, es decir, su lado pro y su lado antisoviético le permitían esoy mucho más: le permitían, como hizo en 1992, presentar a la ex-Unión Sovié-tica como aliada de los Estados Unidos en un plan macabro para destruir laRevolución cubana. Al calor de esa exaltación paranoide, salió de sus labios elnefasto grito de ¡Socialismo o Muerte!

Sin embargo, por debajo de aquella retórica tan triunfalista como apoca-líptica, las élites de la isla se percataban de que la estrategia pendular llegabaa su fin, de que después de 1992 sería muy difícil jugar a las escondidas con elPCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética). Fue entonces cuando eltiempo de la reforma se les vino encima. Todos los cambios que han tenidoque conceder desde ese momento (el del texto constitucional, el de los mer-cados agropecuarios, el de las inversiones extranjeras, el del fomento del tu-rismo, el de la política fiscal, el de los trabajos por cuenta propia y otros quevendrán) han sido “impuestos por las circunstancias”, como puerilmente afir-ma el propio discurso oficial. La desaparición de la URSS y del campo socialistaha sido para esas élites, ya recompuestas y renovadas, una mala jugada de lahistoria, un accidente, una desgracia imprevista que las obliga a tomar medi-das emergentes, con la esperanza de que la maldición sea pasajera y que todovuelva a su sitio más temprano que tarde.

El hecho de que la reforma no sea públicamente deseada, aunque, quizás,en secreto, la nueva burocracia empresarial rece por ella todos los días, es elpecado original de los reformistas cubanos. Más allá de las medidas que tomael gobierno, no se percibe una verdadera voluntad de cambio, una filosofía dela transición. Ni siquiera la nomenklatura actual de la isla ha dejado clara su po-sición frente al stalinismo, el estancamiento y la herencia autoritaria del siste-ma soviético. Su inconformidad parece dirigirse, más bien, contra la perestroikay los procesos democratizadores de Europa del Este. Esta ausencia de un verda-dero discurso de la reforma, coloca al poder cubano bajo sospecha de compli-cidad o condescendencia nostálgica para con el antiguo régimen comunista.Lo que equivale a una alineación en el ala conservadora de la geografía políti-ca actual, es decir, en las antípodas de la izquierda democrática de hoy.

Huntington ha dicho, con lucidez, que el camino de la reforma es más di-fícil que el de la revolución:

Los problemas del reformista son más complicados que los del revolucionario,en tres aspectos. En primer lugar, entabla por fuerza una guerra en dos frentes:contra los conservadores y contra los revolucionarios. Para triunfar es posibleque tenga que luchar en muchos frentes con muchos participantes, y que susenemigos en uno de tales frentes sean sus aliados en otro. El revolucionario tie-ne por objetivo polarizar la política, por lo cual intenta simplificar, dramatizar yamalgamar los problemas políticos en una sola dicotomía definida entre las134

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fuerzas del “progreso” y las de la “reacción”. Trata de acumular divisiones, entanto que el reformador tiene que diversificarlas y disociarlas. El revolucionarioestimula la rigidez en política; el reformador, la fluidez y adaptabilidad. Aquéltiene que poder dicotomizar las fuerzas sociales, éste debe estar en condicionesde manipularlas. Necesita, pues, un tipo mucho más elevado de habilidad políti-ca que el revolucionario... No sólo debe ser más diestro que el revolucionarioen la manipulación de las fuerzas sociales, sino, además, poseer más refina-miento en lo referente al dominio del cambio social. Apunta hacia algún cam-bio, pero no un cambio total, sino gradual y no convulsivo... Por consiguienteel reformador tiene que equilibrar los cambios de la estructura socioeconómicacon los que realice en el sistema político, y hacerlos coincidir de tal manera,que ninguno de ellos resulte perjudicado.41

Una vez que ha sido racionalmente elegida la opción de la reforma, al pa-recer, se abren dos estrategias posibles: la primera es la de una transformaciónprofunda del sistema, que anuncia desde un principio su alcance, siguiendoun enfoque “raigal” o de blitzkrieg; la segunda es una estrategia que oculta su fi-nalidad, opera por pasos, separando la reforma económica de la política y res-petando un esquema acumulativo, de cambio “ramificado” o “fabiano”.42 Laspolíticas de Walesa, Havel y Yeltsin serían representativas de la primera estrate-gia; las de Dubcek, Deng Xiaoping y Gorbachov ejemplificarían la segunda.Éstos buscan reformar el sistema manteniendo intacta la cúpula del poder;aquéllos ponen en peligro su propia autoridad desde el instante en que pro-mueven un reordenamiento total de la pirámide política.

Se ha vuelto común escuchar que el gobierno cubano está interesado en se-guir esa segunda estrategia, que Huntington llama “del pie metido en la puer-ta”. Los propios dirigentes de la isla declaran esta intención a través de la simpa-tía que le profesan al modelo chino. Sin embargo –más allá de las grandesdiferencias morales y culturales entre un país y otro–, es demostrable, como ad-vierte Mesa-Lago, que ni siquiera una reforma a la china se está aplicando enCuba. Los dos motores de la reforma china son las pequeñas empresas privadas,familiares o contractuales, en la agricultura y los servicios, y Hong Kong, un en-clave donde se trasciende el esquema mixto de la llamada “economía socialistade mercado” –que no es otra cosa que el viejo modelo socialdemócrata del “ca-pitalismo de Estado”– por medio de la inversión extranjera directa. Cuba carecede ambos motores: del primero, porque las élites saben que si autorizan la con-tratación libre, el mercado de trabajo y la propiedad privada nacional muypronto aparecerán los actores políticos que le disputen el poder; y del segundo,porque, para los cubanos, lo más parecido a Hong Kong es Miami y el gobiernode Fidel Castro está muy lejos de pretender un pacto con el exilio.43

41 SAMUEL P. HUNTINGTON, op. cit., pp. 303-304.42 Ibid, p. 305.43 CARMELO MESA-LAGO, op. cit., pp. 194-198. 135

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Así, lo que se pone en duda no es qué estrategia de reforma parece adop-tar el poder de la isla, sino su verdadera voluntad de cambio. El secreto, y nola transparencia, sigue siendo el principio básico de la política cubana actual.Y no es que sea así porque Fidel Castro y sus colaboradores se propongan, entérminos de Huntington, “ocultar una finalidad reformista”. Es así porque elobjetivo de las medidas que tímidamente ha tomado el gobierno de La Haba-na, desde 1993, es la conservación del régimen hasta lo que dé, la superviven-cia del orden totalitario en el mayor tiempo posible. De modo que la épocade la Reforma llegó para Cuba hace cinco, diez o quince años, pero el poderde la isla se resiste a entrar en ella, tratando de alargar la vida de la Revolución.Sólo que el poder ignora, o simula ignorar, que esa Revolución ya no existe,que su propia resistencia al cambio la colapsó antes de que pudiera reformar-se. Por eso Cuba parece vivir en una tierra de nadie, en un tiempo muerto,entre la Revolución que fue y la Reforma que todavía no es. Y ese limbo puedeser extremadamente peligroso, porque la historia reciente indica que comoúnicamente se sale de ahí es por medio de otra Revolución.

México D. F., invierno de 1997.

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¡Y ahora, viento, sopla, hasta que revientes,visto que tenemos sitio para maniobrar!

La tempestad, Acto PrimeroWILLIAM SHAKESPEARE

I

En 1960, y en La Habana revolucionaria, Jean Paul Sartrevaloraba como una ventaja el hecho de que los intelectua-les cubanos fueran “afrancesados”, pues eso les alejaba delmodelo norteamericano. Desde la informalidad de su diá-logo, el escritor francés acertó en la clave que ha pautadolas controversias de la cultura latinoamericana de este si-glo1. La batalla intelectual que se ha dado a partir de estadualidad: entre Próspero y Ariel, entre el pragmatismo y laespiritualidad, entre la cultura de masas y la “alta cultura”,entre el surrealismo y el pop, entre el kitsch europeo delgusto oligárquico de los 30 y el kitsch americano de la cul-tura de clase media en los 50.

Como el resto de la cultura latinoamericana, la culturacubana también ha mirado alternativamente hacia Europao Estados Unidos a la hora de construir su modernidad. Es-ta opción, basada en los arquetipos shakespereanos de Latempestad, ha sido reafirmada con la Revolución. Desde ésta,el sujeto histórico cubano ha aparecido, identificado conCalibán, paradigma de la barbarie y rebelde ejemplar, siem-pre necesitado de optar y renegar entre el pragmatismonorteamericano (Próspero), o Ariel, el espiritual maestroque representa a la alta cultura europea. Odiando a ambos

El destierro de CalibánDiáspora de la cultura cubana

de los 90 en EuropaI

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1 Cfr. JEAN PAUL SARTRE: Huracán sobre el azúcar, Ediciones R, La Habana,1960.

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y necesitando a ambos. Por el influjo de la revolución cubana, Calibán llegó aconvertirse en un prototipo caribeño, compuesto en tres lenguas por escritorestan diversos como Roberto Fernández Retamar, Edward Brathwhite o Aimé Ce-saire2. Todo esto identificó a la izquierda cultural desde los años sesenta, y aúnrecorre todo el subcontinente y buena parte de los presupuestos multicultura-listas en Estados Unidos, tan propensos a “barbarizar” la cultura latinoamerica-na –y cubana– en sus discursos reivindicativos.

El propio arte cubano ha persistido en acentuar la barbarie implícita de sucultura y en identificarse con Calibán, el isleño a quien Próspero arrebatarasu isla e impusiera su lengua. Desde que Roberto Fernández Retamar lo echa-ra a andar en 1969, y lo reciclara sucesivamente hasta 1991 –curiosamente, elaño en que comienza la llamada diáspora–, median 32 años de una culturaque ha mirado con avidez a Europa o Estados Unidos para reconstituir sus ar-quetipos, emprender sus proyectos y componer las armaduras para su viajepor la modernidad3.

La fuerza de este paradigma es tan poderosa, que incluso muchos intelec-tuales cubanos que salen al exilio lo renuevan continuamente. No importaque algunos de éstos hayan sido, en La Habana, francófilos, posmodernos, ur-banos, “descontextualizados”. No importa, siquiera, que desbarren política-mente del régimen de La Habana. A la hora de establecer la compra-venta deidentidades “exóticamente correctas” que impone la Europa posmoderna,nuestros artistas y escritores asumen el token y regresan al arquetipo del cualreniegan ideológicamente, pero cuya rentabilidad cultural no deja lugar a du-das. Es así que algún que otro éxito europeo nos ha entregado una fórmulaen la que la cultura cubana resulta disminuida, resumida en recetas de coci-nas, iconografías afrocubanas –oportunamente traducidas al gusto de estospaisajes– y poco más. Estos artistas cubanos de la era posmoderna, han descu-bierto que Calibán es un arquetipo efectivo para implicarse en la Europa occi-dental pero no a las viejas maneras. Es precisa su gestualización, su estetiza-ción, para entrar en la Europa de lo que Lyotard ha llamado una moralidadposmoderna: aquella en la que podemos acudir a contemplar nuestras peorescatástrofes en un museo.

Este ensayo se propone un camino diferente. Intenta eludir lo que nos es-tá dado en La tempestad; en el círculo vicioso de una isla que se consume, sinsalida, en las querellas entre la rebeldía, el poder y la alta cultura. Es decir, re-ducidos a la idea de un Calibán al que sólo le queda “maldecir en lengua aje-na”, enfrentado a Próspero que, además de su enemigo, comienza a ser la ra-zón de su existencia. La idea, aquí, es utilizar otro recurso shakespereano –el

2 Véase ANTONIO BENÍTEZ ROJO: “Carnaval, Caos e insularidad”, en Cuba: La isla posible, Destino-CCCB, Barcelona, 1995.3 El ensayo de Roberto Fernández Retamar, aunque se publicó como libro en 1971 (Calibán yotros ensayos) data de 1969. En 1991, fue reeditado por Frederick Jameson en Estados Unidos, co-mo una celebración por el 20 aniversario de su aparición.

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envés de la trama– y perseguir ese momento en el que Calibán, percatado de lainutilidad de su lucha, opta por abandonar la ínsula y atraviesa el océano paraexplorar, sobrevivir, dejando algún rastro en el mar. Ese rastro –que, como to-da huella acuática, es casi inexistente– es el que me interesa pensar, porquereniega del arquetipo, a la larga fatalista y colonizado, de un bárbaro que ha-ce de su rebeldía una condición más que una estrategia. Desde luego, no sehabla aquí de cualquier huella, sino de una pequeña huella en la inmensidaddel Atlántico. Y no se trata de cualquier viaje, sino de un viaje (con regreso osin él) a Europa, un continente que le ha sido tan familiar a la cultura cubanacomo difícil la inserción allí de esa propia cultura en toda su complejidad.

II

Cuba es hoy uno de los países con mayor proporción de exiliados –entre el 15y el 20% de la población– y, también, con mayor proporción de artistas e inte-lectuales en el destierro. Esto ha inducido a algunos a afrontar la cultura cuba-na como una gran zona de palimpsestos, al decir de Genet, cuyos territoriosabarcan Manhattan y París, Miami y Caracas, entreverándolos y sobreponiendounos con otros. De modo que, digan lo que digan los defensores paleocultura-les que subordinan la cultura cubana a aquella que está producida exclusiva-mente en la isla, los cubanos en los últimos 40 años han cancelado el contratoentre cultura nacional –sea esto lo que sea– y territorio. Se ha perdido el cen-tro. Y no sólo el centro de la cultura producida en la isla, sino también el cen-tro por excelencia dentro del exilio. Las cosas ya no se reducen a La Habana oMiami (que comienzan a operar como espacios centrífugos desde los cuales seescapa la “cubanidad”), sino que se abre una extensión de espacios producto-res de cultura con raíces o aristas cubanas, desplazadas desde los antiguos nú-cleos y opuestas, muchas veces, a la determinación territorial de éstos. Este des-lizamiento implica además –algo que veremos más adelante– una expresiónimportante de las paradojas culturales de las políticas cubanas.

La transterritorialidad de la cultura cubana no es nueva, pero desde la Re-volución ha crecido extraordinariamente. En el caso de lo que se ha llamado“la diáspora” –o el éxodo, o el trasiego, o el viaje– de los artistas cubanos enlos años 90, se da la singularidad de que los puntos de la geografía son multi-plicados casi hasta el infinito. La cultura cubana –y en particular su arte– co-mienza a experimentar una reconstrucción de su conciencia geográfica. Rein-ventados una y otra vez, los cubanos se asoman a la aldea global y consiguenlo que no hicieron las guerrillas de los 60, años en los cuales la revolución pa-recía universal. La mayor experiencia de globalización de los cubanos está,acaso, en estas formas de éxodo. Y son estos modos los que, paradójicamente,consuman (y consumen) el espíritu inicial de la Revolución. De esta manera,la idea de nación, de ciudad, de cualquier modelo de pertenencia, comienzaa quebrarse y los cubanos intervienen con mayor o menor protagonismo en elderribo repetido de la frontera entre las dos Américas, las dos Europas, losdos sistemas sociales, las dos orillas del Pacífico o la transgresión continua delMediterráneo. En su obra Mundo soñado, Antonio Eligio (Tonel) nos entrega

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un gran mapamundi construido con islas de Cuba. El hecho de que este artistacomponga esta pieza desde La Habana –ciudad en la que vive– hace más sinto-mática la condición de disolución de la cultura cubana. Cuba, en este mapa, es-tá en todas partes sin jerarquía y, por esa misma razón, no está en ninguna.

Dominados por La Revolución, La República, La Patria, El Exilio o LaCausa, los cubanos hemos vivido hasta la saturación, demandados por losgrandes problemas (los problemas con mayúscula). Es decir, se ha vivido defrente a la historia. Desde su transterritorialidad, los cubanos tienen ahora laposibilidad de vivir de frente a la geografía. Comienza un punto en que el ar-te aparece como una geografía para circunnavegar, para entender ese asuntodelicado que es el de saber estar en el planeta. Y al revés, se torna al puntofundador del espacio cubano, en el que la geografía –una ciencia bastantedespreciada por la modernidad insular– operaba como un arte para morar enel mundo. Así lo entendió nuestro primer cartógrafo, Martín Fernández deEnciso, quien en su Summa Geografica, escrita en el lejano siglo XVI, nos ade-lantó que la suya era una obra que trataba “largamente del arte de marcar”.

Se clausura, en fin, el milenio con otra noción del espacio y de las fronte-ras cubanas. Sospechando, acaso, que al quebrar el férreo contorno de lafrontera insular se desestabiliza la dictadura de la historia sobre la geografía. Yse desestabiliza cualquier otra dictadura, desde el Estado autoritario de la islahasta el poder oligárquico del exilio.

Es entonces cuando aparece el concepto de diáspora –aunque el propioFernando Ortiz ya había clasificado a los cubanos como “aves de paso”– tal ycomo lo entendemos ahora. El término diáspora es sin duda apropiado, tantodesde el punto de vista cartográfico, como por el hecho de que logra englo-bar a los artistas cubanos que salen al mundo, sea o no definitivo su destierro.Hay que admitir, sin embargo, que en el sentido ideológico este término sur-ge precisamente como un maquillaje a otra palabra que al Estado cubano ledisgusta en extremo: exilio. Aún así, este concepto, de raíz insular, nos va aconducir a una serie de preguntas que están en el límite de la nación, la mo-dernidad y la territorialidad cubanas. Una crítica judía, Doreet Levitt, ha reco-mendado un acercamiento entre los artistas de Cuba e Israel; dos países, aun-que supuestamente lejanos, con más de una analogía. Veamos el catálogo deproposiciones que ofrece Levitt: los dos países “poseen una ideología de pio-neros”; “pueden considerarse como guettos desde el punto de vista geográficoy político”; están rodeados de territorios diferentes u hostiles que les permi-ten abrazar el sentimiento de “nosotros frente al mundo”; y, como remate es-tético a estas analogías, está el hecho de que muchos de estos artistas utilizanel cuerpo no como metáfora o símbolo sino como un paralelo con sus respec-tivas naciones. “Ellos se convertían en la tierra del mismo modo que el mapade Borges se convertía en el territorio”. Por todo ello podrían ser definidos,insiste Levitt, como “artistas somático-políticos”. Si varios artistas cubanos noexiliados –Tonel, Marta María Pérez– convierten su cuerpo en isla, otros artis-tas del destierro europeo –Juan Pablo Ballester, por ejemplo– convierten sucuerpo en el exilio. O, mejor, en las huellas que el exilio impone sobre su

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cuerpo. Aquí el cuerpo –ese lugar donde se inscriben de manera definitiva lasexperiencias culturales– logra “somatizar” el éxodo.

Con todos estos referentes –diáspora, paralelos con el drama judío, exilio– esinevitable repensar la pregunta de Teodor W. Adorno ante la posibilidad siem-pre latente de estetizar un drama. ¿Es posible la poesía después de Auschwitz oTreblinka sin que ocurra una estetización de aquel horror? Ya lo hemos dicho,incluso los cubanos habitamos en el ámbito de esa moralidad posmoderna, don-de todo es objeto de estetización. La conexión del arte cubano con Peter Lud-wig, por ejemplo, ha puesto de manifiesto esta variante, y equiparado al arte cu-bano (junto al pop chino, el fridismo mexicano, el arte del fascismo, o la estéticadel realismo socialista) a lo que he formulado como el arte de las políticas exóticas.

III

Todos los exiliados –al menos en el punto inicial de su destierro, en la parti-da– se convierten en viajeros. Pero no todos los viajeros se convierten en exi-liados. Una diferencia fundamental se levanta, como un muro, entre ambos:la posibilidad o imposibilidad del regreso. Además, el exiliado es muchas ve-ces un sujeto que se convierte en viajero contra su voluntad. La historia de unviaje no implica la historia de un exilio, sino la de un tránsito entre la isla y laisla. Es lo que pueden narrar artistas tan diferentes como Flavio Garciandía,Marta María Pérez, o Antonio Eligo (Tonel). El exilio, por su parte, nos abreal campo casi infinito de un viaje de muy diverso grado: habla del tránsito quehay entre la isla y el mundo. Los viajeros, aquí, navegan de la casa a la casa. Losexiliados se desplazan de la casa a la intemperie. En el primer caso se nos hablade un estatuto distendido y temporal. En el segundo, la temporalidad pasa deser un eufemismo –regresar “en cuanto se arreglen las cosas en Cuba”– a unaimposibilidad. El exilio no es cosa de tiempo sino de espacios –por fundar,por huir, por conquistar– que cancelan la cronología lineal de nuestras vidas.

La relación de los viajeros y los exiliados de la diáspora artística cubana noha estado exenta de agrias polémicas, que han puesto sobre el tapete la diferen-cia entre los dos estatutos. En 1994, en Memoria de la Postguerra, la revista alter-nativa aparecida en La Habana (que sólo duró un par de números), algunos cri-ticaron con acritud a sus colegas exiliados y a los modos en que éstos –segúnellos– habían insertado su trabajo “outside Cuba”, con sus “concesiones impor-tantes”, “tendencias a satisfacer una comercialización de bajo mercado artísti-co”, así como “el paso de los candidatos a mártires que pospusieron el sacrificiourgidos por la llamada de pasajeros al avión”.4 También pudiera decirse que, engeneral, los viajeros comparten las ventajas del patrocinio estatal de la isla y delmercado de arte internacional, y que, en diversa medida, los exiliados puedenllegar a compartir las desventajas de estar fuera de estas dos posibilidades. En su

4 Cfr. los artículos de Lázaro García y Abelardo Mena en Memoria de la Postguerra, La Habana, nº 1,1994. Estos artículos fueron respondidos por Iván de la Nuez y Juan P. Ballester en el número 2 deesta revista; y en Iván de la Nuez: “Arte cubano en los 90: Nuevos mapas y viejas trampas”, Lápiz,103, Madrid, 1994.

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resumen de artistas y galerías de 1996, la revista Art in America daba cuenta delos artistas y galerías en Estados Unidos. Un dato curioso: la mayoría de cubanosrepresentados en Estados Unidos no son exiliados sino viajeros. Una demostra-ción más de que el exterior es ya abarcado por los residentes en la isla.

Esto es como una cierta revancha con respecto al exilio tradicional, quesiempre se ha atribuido la posibilidad (y el derecho) de hablar por el interiorde la isla a cuya cultura se siente pertenecer. Ahora, a contracorriente, los cuba-nos residentes en la isla hablan en nombre del afuera, del viaje, incluso de laemigración. En parte porque sus múltiples viajes les han contactado con algo deesto. Y en parte por el sentido de representación que, cada vez más, gobierna elarte cubano, y con ello el peligro de exponer lo que Foucault había entendido,precisamente, como representación: la indignidad de hablar por otros.

Junto a estas diferencias, viajeros y exiliados acaparan un buen número decoincidencias en estos años que bien se podrían denominar como la era de lafuga generalizada en la cultura y el arte cubanos. Ambos se encuentran en lasferias de arte (Miami, Guadalajara, Madrid), o en las exposiciones conjuntasque levantan las ronchas de la cultura oficial (de la isla y el exilio). Ambos na-cen con y dentro de la Revolución, ambos están después de los argumentosfundadores de la Nación; ambos consiguen fracturar la idea de una naciónapegada al territorio; ambos intentan un distanciamiento de los centros deconfiguración de la sociabilidad cubana –Cuba o Miami–. Pero, sobre todo,ambos se encuentran en un punto de fuga, en un perímetro instantáneo, enel que demuestran que a la cultura cubana –sea esto lo que sea– hay que con-figurarla y reproducirla de otra manera.

Sean viajeros o exiliados, los componentes de la diáspora artística cubanaexpresan un fuerte síntoma de disolución del discurso nación y de la propiaidea de la nación cubana. Aún más, la fuga –o éxodo, o destierro o viaje– con-tinuo de estos artistas, sea temporal o definitiva, sea o no posible el regreso,no oculta el síntoma del malestar generalizado de la cultura cubana. Porqueno se trata solamente de una fuga desde una realidad económica precaria(como suele decir el régimen cubano), ni de una disidencia exclusivamentepolítica (como acostumbra a decir la jerarquía oficial del exilio). Se trata, an-te todo, de un fenómeno de orden cultural bastante elocuente. Es la fuga delo que Adorno localizó como “la vida dañada”, el continuo escape de un tiem-po saturado, confiscado por la política (tanto en la isla como en las plazas delexilio) que demanda continuamente a los sujetos cubanos una definición an-te el proyecto como una definición, también, ante la muerte. (Pensemos en el“Morir por la Patria es vivir”, del himno nacional cubano, o los slogans quehan acompañado a su modernidad: desde Independencia o Muerte hasta Pa-tria o Muerte, o Socialismo o Muerte.)5

5 Esta argumentación aparece desarrollada en el proyecto de investigación Absolut Island, realiza-do durante 1996 por Iván de la Nuez y Antonio Vera-León como becarios de la Rockefeller Foun-dation, y cuyo texto está en proceso de realización.

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Reconozcámoslo, la Revolución universaliza la cultura cubana hasta unpunto en que esta cultura se cree la universalización. Esa vanidad es el núcleoperverso del nacionalismo: comienza a merodear tanto en su problema queéste, muy pronto, se convierte en el problema. Se intoxica tanto de su mundo,que éste se le convierte en el mundo (pensemos de nuevo en el mapamundide Mundo soñado). Cuando esto sucede en países pequeños, la actitud es paté-ticamente provinciana. (Hay cubanos que han llegado a decir que en su paísse produce el mejor arte del mundo.) Pero cuando esto sucede en países máspoderosos –cuando se le ocurre a Hitler, por ejemplo– entonces la universali-zación del problema nacional (nuestro problema es el problema, nuestromundo es el mundo) transforma lo patético en trágico y ocurre el fascismo.

Siempre he asumido –y no tengo ningún indicio para abandonar esta for-mulación– que el nacionalismo, en la medida que se convierte en el problemacubano (como se ha reinventado en la última década) disuelve las diferenciasculturales entre los gobernantes de Cuba y los del exilio. Ambos tienen –dis-curso ideológico aparte– una misma manera de entender la “cubanidad” y dearmar su epistemología. Ambos continúan en la raíz católica de identidad na-cional que se nos obliga a asumir hoy día. Ambos tienen la llave maestra paraexcluir, censurar, expulsar de La Nación.

Hay quien reniega de Fidel Castro en el plano político e ideológico peroes incapaz de concebir una posición crítica ante la cultura cubana, la cual ad-mite, produce y reproduce arquetipos autoritarios. Ese tipo de disidencia noes interesante para mí y, probablemente, tampoco para gran parte de los inte-grantes de la llamada diáspora de los 90. Ahora bien, relocalizar la fuga –lapropia diáspora– como una condición cubana, que es también una situaciónglobal, implica huir de esta trama, salir del hogar a la intemperie, de la isla almundo, de la aldea al ancho mar. Después de Fernando Ortiz, hablar de Na-ción es como un paso atrás, significa volver a las guaridas del paradigma blan-co-criollo-católico-ético. Refugiarse sin más, en el último suspiro de la burguesíanacional por conseguir la síntesis de la Nación (desde el “con todos y por elbien de todos”, de José Martí hasta la metáfora del ajiaco, el gran potaje contodos los ingredientes, de Ortiz). La Revolución –que excluyó a sus contra-rios– abrió la posibilidad de un mundo sin síntesis. Y ésta es la gran trampadel regreso al discurso Nación por parte del Estado cubano y de sus intelec-tuales orgánicos en la actualidad. Implica una síntesis no-revolucionaria, delmismo modo que la revolución implica una exclusión no-nacional. Creo queahí está la paradoja del malestar de la cultura cubana.

Ya en su vejez, cuando a Fernando Ortiz se le preguntaba sobre su salud(“¿cómo está profesor?”), respondía, sencillamente: “aquí; durando”. En los fi-nales de los 80, cuando a alguien se le hacía, en Cuba, la misma pregunta, res-pondía sin pensarlo dos veces: “aquí, escapando”. Estas dos respuestas definen,quizá, la filosofía del nacionalismo y la fuga de ese nacionalismo. La Nacióncubana, que se hizo justamente arcaica, ha alcanzado su clímax en la episte-mología de Ortiz, para quien lo importante era, sin duda, “durar”. La Naciónde la diáspora es una nación en fuga –física, cultural– donde la supervivencia

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nos remite, directamente, a un escape. No se trata de la consigna duradera einmutable de la identidad mayúscula sino de lo transitorio del viaje, del esta-tuto móvil de ese “escapar”. Es la quiebra de la opción entre los extremos cu-banos (Patria o Muerte) para entrar sin lo uno, ni lo otro, a jugarse el destinode las nuevas formas culturales en este fin de milenio. Ese escapar constituye,en los últimos años, la mayor experiencia de globalización cultural de los cu-banos, quienes se incorporan a las tropas de “últimos hombres”, como les hallamado Sloterdijk, enfrentados a la devaluación más contundente de las ideashistóricas de Patria y de Exilio, para reinventarse el país y el destierro, la polí-tica, el arte, o el orden del mundo. Una globalización en la cual se integran aluniverso desde las mayores dificultades, pero con la libertad de tener –comoadvertía Shakespeare en La tempestad– “sitio para maniobrar”.

En su libro Deseo de ser piel roja, Miguel Morey explica que el, así llamado,Nuevo Orden Mundial, está regido por dos modelos de confinamiento y re-clusión: las reservas de indios pieles rojas y los campos de concentración. Demodo que no debemos solazarnos en la ingenua percepción de que vivimosun “después de Auschwitz”, porque Auschwitz no se ha ido. Está aquí y “pue-bla hoy la tierra entera”. Ante semejante paisaje, Morey adelanta que en unmundo como éste hay una patria posible: se llama Fuga.6 Otro libro reciente,En el mismo barco, de Peter Sloterdijk, considera que en los territorios elegidosdespués de Patria y otras pertenencias, se signa una posibilidad fundadora denuestra época, pues “estas islas sociales o balsas” volverán a ser “lugares de na-cimiento de características psicoculturales que un día producirán efectosmundiales”.7

Si todo lo anterior fuera mínimamente posible, estos cubanos que habitanen el territorio del éxodo y del viaje, en el envés de la trama del Calibán insu-lar, navegarán como argonautas de otro sistema cultural, cubano y posnacio-nal, insular y transterritorial, cuyo arte consistiría en activar la fuga como unmodo diferente de vivir y reproducir la cultura, la sociedad y los propios hom-bres. Tripulantes a la caza de la próxima orilla, listos para engrosar la culturamaltrecha, pero distinta, de esos sujetos que Hugo de Saint-Victor previó querozaban la perfección: aquellos para los que “el mundo entero es como unatierra extranjera”.

6 Cfr. MIGUEL MOREY: Deseo de ser piel roja, Anagrama, Barcelona, 1994.7 Cfr. PETER SLOTERDIJK: En el mismo barco, Siruela, Madrid, 1994.

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“Lo efectivo ideológicamente es al mismo tiempo necesariamente utópico”.

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L O QUE HE LLAMADO UTOPÍA DE LA RESISTENCIA EN LA POESÍA

de la escritora cubana María Elena Cruz Varela (n.1953) es un proyecto de carácter ético-estético e ideológi-co que se cumple fragmentada y parcialmente en variasáreas de su poesía y de sus escritos de carácter político:Utopía del amor filial, zona que abarca la afectividad en-tre la madre y los hijos; utopía de la libido femenina, queatañe a las transformaciones que comunica al texto laconstitución psicosexual de la mujer; utopía de la belleza,que corresponde a la exaltación del valor estético comosublimación del espíritu humano; y utopía del rescate dela moral individual como soporte de la dignidad nacional,en la que se cifra el programa político de la autora. Estosaspectos fueron analizados como parte de mi tesis de doc-torado Vocación de Casandra: poesía femenina cubana contem-poránea como discurso subversivo. Estudio de la poética de MaríaElena Cruz Varela. Ahora, por razones de espacio, sólo citoparte de las conclusiones.

“Lo que no resulta posible pensar es algo sobre lo quetampoco cabe hablar”, concluía Wittgenstein en su Diario fi-losófico (1914-1916), escrito en Austria, en los convulsos añosde la Primera Guerra Mundial (Wittgenstein, 142). AnnaAkhmatova, en Rusia, 1957, en el prefacio a su poema “Re-quiem”, dejaba escrita una respuesta diferente. Interrogadapor una mujer desconocida: “¿Puede Ud. describir esto?”,Akhmatova contestó: “Sí, yo puedo.” (Akhmatova, 384). Unfilósofo y una poeta: dos formas de pensar y un mismo pro-blema, acosándonos a todos hasta hoy: ¿Cómo hablar de loinhumano? Ésta es la situación límite en la que ubica Cruz

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Varela su experiencia vital e intelectual bajo el régimen de Fidel Castro, en Cu-ba, a finales de los 90. Decidida a contarlo todo, su reto es encontrar el lenguajey el interlocutor. Su logro es lo que considero aquí como la parte política de su“utopía de la resistencia”. Examinémosla.

Releídos sus versos desde esta perspectiva, lo primero que noto es su for-mulación del Poder desde una mirada que lo desnaturaliza e interroga crítica-mente su condición. ¿Qué tipo de cuerpo es el cuerpo político? Obviamente,no es uno femenino, ya que el Poder no podría hablar multivocalmente. Poreso se le representa en el poema “La última cena” de El ángel agotado median-te la imagen de la “Sagrada Familia”. Cito:

El aire huele nítido a desastre. Estoy jugando cartas que no me pertenecen. Ami diestra. Hierática. La Sagrada Familia. Como dogal al cuello. Bordeándome.Asfixiándome. Y cómo pesan. Dios. Cómo me duelen. Cómo me paralizan suspatéticos gestos. Sus ademanes nobles. Debajo del liviano antifaz y del mutismoadivino negruras. El aire huele a estiércol (...) El aire huele a infamia. A niño so-lo. A gris. A cálida ceniza. El aire huele a cena. Interminable. Triste. Enmoheci-do pan de última cena (...) Disfrutan impasibles las gotas de tu sangre mezclán-dose en el vino. El aire huele a nombres. A intemporales. Augures eternizan lapaz en las ventanas. A mi diestra. Perpetua la Sagrada Familia... (CV, 1991: 28).

Esta cena, mediante un admirable uso de la sinestesia y el símbolo, remitea las raíces del masculinismo y el totalitarismo. El sacrificio del cuerpo inocen-te revela un origen común basado en la generalización de la racionalidad y lainstrumentación del control del Otro, el silenciamiento de su palabra porcualquier medio, descubre los fundamentos nominalistas de estrategias paraganar una autoridad que se hereda pero no se renueva, y la eliminación devínculos de cuidado y respeto entre sujetos de diferente jerarquía.

Como reverso, Cruz Varela formula otras nociones de política cuyo basa-mento ético se corresponde con influyentes interpretaciones feministas sobreconceptos como autoridad, poder y democracia. Dado que resulta imposibleen estas páginas desplegar el extenso abanico de reflexiones que estos tópicoshan suscitado en los últimos años de investigación, sólo citaré a Carol Gilligan,cuyos conceptos sobre las diferencias éticas entre hombre y mujer (junto a lasteorías de Nancy Chodorow discutidas previamente) son parte importante delfundamento de estas relecturas de la condición política desde las mujeres.

Pero así como las convenciones que se aplican sobre el juicio moral sobre lasmujeres difieren de las que se aplican a los hombres, también así la definiciónfemenina del dominio moral diverge de la que se derivó de los estudios dehombres. La interpretación que la mujer da al problema moral como problemade cuidado y responsabilidad en las relaciones, y no de derechos y reglas, vincu-la el desarrollo de su pensamiento moral con cambios en su entendimiento dela responsabilidad y las relaciones, así como el concepto moral como justiciavincula el desarrollo de la lógica de la igualdad y reciprocidad. De este modo,

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subyacente en una ética de cuidados y atención hay una lógica psicológica derelaciones, que contrasta con la lógica formal de imparcialidad que imbuye elenfoque de la justicia (Gilligan, 126).

Aunque es de mi interés en este trabajo restringir el análisis a la perspecti-va teórica feminista, advierto que para una comprensión total del carácter éti-co de la utopía política de Cruz Varela es imprescindible estudiarla en refe-rencia a la tradición de pensamiento político cubano que comienza con FélixVarela y José Martí en el siglo XIX, caracterizada por Rafael Rojas como “ra-cionalidad moral cubana” (Rojas, 4). Lamentablemente en su recorrido poresta tradición Rojas no incluye el aporte de ninguna mujer dejando el retoabierto a futuras investigaciones.

Volviendo al asunto de nuestro interés quisiera ilustrar los aspectos de larelación ética-política en la obra de Cruz Varela mediante tres puntos: la em-patía y el cuidado por el otro como bases de una solidaridad de nuevo tipo; eldesarrollo de la dignidad personal como proyecto de emancipación colectiva;y la redefinición de los fundamentos del liderazgo.

El primero es una constante que atraviesa los poemas de ambos libros estu-diados.1 Cuando la poeta, como hablante lírica, habla por el Otro lo hace des-de una posición de completa empatía con su posición como sujeto, ya sea unindividuo, como la madre, o el caso colectivo de los grupos sociales a quienesdirige su texto “Alocución por la dignidad nacional”, publicado a modo deepílogo en la primera edición de su libro de poemas El ángel agotado. El respe-to por lo que la hace diferente es el mismo tratándose de una persona o unacomunidad. Esta manera de concebir al Otro y de acercarse a él es el funda-mento de su manera de plantearse la práctica de la solidaridad humana a ni-vel personal o comunitario, radicalmente distinta de la concepción impuestapor el dogma socialista que pretendía convertir una actitud motivada moral-mente en una conducta social automatizada. Cruz Varela va hacia las raíceséticas de la solidaridad, religándola al concepto religioso del sacrificio de Cris-to por la humanidad. No es gratuita esta labor de rescate. La poeta intuye queuna solidaridad eficaz bajo las condiciones de depauperación moral y mate-rial de la sociedad cubana será aquélla que apele a los instintos más básicos dela generosidad humana. Sus lazos deben crearse por encima de ideologías ode beneficios coyunturales, y como el acto altruista del amor cristiano, su con-firmación no necesita del reconocimiento colectivo. Su llamado a ser solida-rios es además una vía de perfeccionamiento.2

1 Afuera está lloviendo, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1987; El ángel agotado, Miami, Edicio-nes Palenque, 1991; El ángel agotado / The exhausted angel, 2ª ed., Madrid, Playor, 1992.2 La influencia del pensamiento cristiano en la disidencia cubana es especialmente relevante enOswaldo Payá, uno de sus más importantes dirigentes, quien permanece en Cuba. Es autor deldocumento “Proyecto de Foro Cubano” donde plantea una serie de ideas para la reconciliaciónnacional: “Las relaciones entre los hombres, por ser éstos hijos de Dios, no pueden ser otras que las de hermanos... todos debemos conscientemente y con el corazón abierto proclamar en esta

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El desarrollo de la dignidad individual como proyecto de emancipación co-lectiva, nuestro segundo punto, es también una estrategia que el feminismo vali-daría. Cuando la poeta, dirigiéndose a su audiencia en la referida “Alocución”,asegura: “Tú eres la dignidad personal, la conciencia cívica de tu patria. Recu-pérate”, está poniendo en práctica una estrategia de convocación política. Perocualquier acción que resulte de ello aspira a ser cualitativamente distinta que lasmovilizaciones masivas o los asentimientos tácitos que durante años se han to-mado como signos de consenso del pueblo cubano con el proceso revoluciona-rio. Toda acción política colectiva deberá ser también una respuesta individual-mente motivada. Analicemos esto a la luz de unas reflexiones de S. Todorov.

En su análisis sobre el comportamiento del individuo y el Estado bajo so-ciedades totalitarias, Todorov formula una definición de dignidad que puedeaplicarse en este caso: “...no basta con tomar una decisión para adquirir digni-dad, es necesario que de esa decisión se desprenda un acto y que éste sea per-ceptible para los otros...” (Todorov, 70). En consecuencia, al decir NO se pro-duce una respuesta articulada sicológica y socialmente. En ambos planos esteNO es altamente productivo de una energía terapéutica que podrá salvar al in-dividuo de “la despersonalización, apresado en la cadena del pensamientoinstrumental” o “la ruptura entre comportamiento y consciencia” (Todorov,151), procesos, según este estudioso, generados por el control del Estado so-bre el individuo bajo el Totalitarismo.

Detengámonos ahora en la reformulación del liderazgo, sin duda una delas preocupaciones centrales de la agenda política feminista, presente en lasestrategias políticas de la poeta cubana. Dentro del mundo occidental, unapremisa básica ha de ser la de retar la idea que heredamos de Platón de quela legitimidad de una regla viene dada por la posición del creador de la regladentro de la sociedad y su superior conocimiento de ella. En este sentido, espertinente la advertencia que nos deja la investigadora K. Jones contra la fas-cinación ante la autoridad: “El poder emana siempre que las personas se reú-nan y actúen juntas, pero deriva su legitimidad de ese acto inicial de acceder aunirse más que de ninguna otra acción que se derive de ello” (Jones, 101).

Para valorar la crítica de Cruz Varela al liderazgo convencional, aconsejoreleer el texto “Declaración de principios”, incluído como prólogo a El ángelagotado, en el que desautoriza la calificación de “revolucionarios” para el po-der que permanece afincado a sus rituales; pero para apreciar cuáles son en-tonces las alternativas que ella ofrece, volvamos a las páginas ya citadas de“Alocución”. Allí, la imagen del líder que encarna la poeta está totalmentearraigada al terreno de los intereses, sentimientos y expectativas que compartecon aquéllos a los que intenta movilizar. Lo importante para el sujeto políticoconcebido por Cruz Varela no es llegar a ser “Padre de las Acciones”, sino al-

hora difícil, esta alianza entre cubanos, entre todos los cubanos. Alianza en el amor, la fraterni-dad, la verdad y la libertad.” (Citado con permiso de los archivos de Information Bureau of HumanRights Movement in Cuba)

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guien capaz de forjar una autoridad abierta al diálogo con quienes la han legi-timado. Sin dudas, esta dimensión del ejercicio del liderazgo como lugar pri-vilegiado de la comunicación con el Otro, es uno de los elementos más radi-calmente afines al feminismo en el pensamiento político de la escritora.

La importancia de las relaciones intersubjetivas está presente en casi todaslas utopías feministas de todos los tiempos, pero para ubicar la de Cruz Varelaen su contexto ideológico resulta inevitable la comparación con la obra deChrista Wolf. Punto de contacto entre ambas es la preocupación por la deshu-manización del hombre y el militarismo de la sociedad bajo los efectos de ladogmatización del Socialismo. La diferencia radica en que mientras que Wolfpiensa en la posibilidad de rescatar una presumible esencia humanista del socia-lismo y abraza la causa feminista, Cruz Varela no cree en ninguna alternativa decarácter colectivo y sólo enfoca su proyecto en el mejoramiento del individuo.

La primera explicación que viene a la mente es la diferencia en los mo-mentos históricos en que se escriben sus respectivas obras. Mientras que en lasdécadas del 60 al 80, en las que publica Wolf, existía la esperanza de que elSocialismo real fuera un sistema perfectible, para 1989, se ha experimentadosu completo fracaso. Otro elemento no menos determinante es el hecho deque mientras Wolf critica al Socialismo respaldada por otras voces afines den-tro de la disidencia de Europa del Este, que eran escuchadas en todo el mun-do, Cruz Varela, en cambio, está ubicada dentro de la exigua, fragmentada yaislada disidencia cubana.3 Estas razones deben ser atendidas para explicar-nos por qué el proyecto utópico de Cruz Varela se mantiene dentro del espa-cio de la ética individual.

Entre las limitaciones políticas de orden práctico que esto comporta haydos que me parecen insoslayables. Pienso que el llamamiento a la reflexiónante sí mismo y a la responsabilidad por el destino del país, aunque tenga in-terlocutores y simpatizantes, puede resultar una propuesta de difícil ejecuciónpara el individuo común en la sociedad cubana. El estatuto moral de cual-quier reflexión privada sobre un elemento exterior al sí mismo, no es sólo, otanto, una cuestión del contenido de dicha reflexión sino de la posición enque se la enuncia con respecto a un Otro que debe ser estimado como tal. Lafuerza moral de un pensamiento reside en la posibilidad y disponibilidad degenerar en la persona un comportamiento acorde.

3 El actual movimiento disidente cubano comenzó a florecer en 1986 con la fundación del Parti-do Cubano de los Derechos Humanos. Además de la constante represión a la que ha sido someti-do por las Fuerzas de Seguridad del Estado su escaso desarrollo debe explicarse dentro de un con-texto internacional sobre el que anoto dos reflexiones. La carismática figura de Fidel Castro, porsu intransigente enfrentamiento a los Estados Unidos, sigue teniendo simpatizantes entre la iz-quierda, e incluso la neoizquierda, latinoamericana y estadounidense, lo que conspira contra la le-gitimidad que estos grupos le conceden a los opositores cubanos; por otra parte, los que podríanser su homólogos, los disidentes de Europa del Este, que comparten un enemigo común: el tota-litarismo comunista, por razones de la incomunicación que comporta la diferencia de idioma ode idiosincracia, o por el eurocentrismo que aún sigue vigente en estos países, no han sido hastahoy interlocutores apropiados.

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Durante años la posibilidad de ese discurso en Cuba ha sido minada porlas condiciones de vida material y espiritual a la que se ha visto sometida unasociedad privada del derecho a la réplica frente a sus autoridades, habituada ala doble-moral, y temerosa de la comunicación abierta entre sus semejantespor la difundida práctica de la delación de criterios no consensuales. Cual-quier estrategia llamada a rescatar el valor de la opinión propia y la responsa-bilidad individual por el otro, ha de partir no sólo del compromiso de cadaparticular con su mejoramiento ético, sino también del fomento de esta acti-tud a nivel de las instituciones que estimulan, organizan y vehiculan las mane-ras de relacionarse con el otro a nivel social. Y aquí pienso, por supuesto, enprogramas de enseñanza, medios de difusión, organizaciones de masa, y otrasde tipo comunitario o privado que ni siquiera existen en Cuba. Crearlas y re-fundar las que existen parece imposible bajo el actual régimen político, y bajoun futuro de cambios, será tarea que implicará a generaciones. La inviabili-dad presente que observo en el proyecto utópico de Cruz Varela no lo deslegi-tima y ni siquiera lo invalida. Sólo anoto con preocupación, desde mi perspec-tiva, lo que lo obstaculiza.

Creo que otra limitación a tener en cuenta viene dada por el cambio en lascircunstancias de circulación y recepción de la voz de Cruz Varela quien vive yescribe fuera de Cuba. Aunque sus viejos poemas sigan releyéndose allá, o pormedio de la escasa información internacional que circula, sus lectores puedanseguir su trayectoria reciente, el público real al que se enfrenta hoy Cruz Vare-la como escritora y como figura política no es única ni mayoritariamente elcubano de la Isla.

¿Para quién escribes hoy?, le pregunté recientemente en conversación tele-fónica. “Para mí misma”, me dijo con tristeza, consciente, creo, de que sus ob-jetivos como creadora y como disidente atraviesan una crisis.

Cuando uso la palabra crisis para referirme a esta etapa lo hago recupe-rando su raíz griega que significa ‘decisión’. Cruz Varela vive y publica en Es-paña una columna semanal de comentario político en el diario ABC, de ampliatirada en Madrid. Se han transformado así los escenarios de producción, cir-culación y recepción de sus textos. La experiencia vital e intelectual que la nu-tre proviene de Cuba, pero resulta afectada por su inserción en un país euro-peo, dependiente en lo económico, y en perenne debate sobre su identidadnacional; sus circuitos de publicación y lectura son los de un diario que ha re-presentado durante años la facción de pensamiento español que defiende losvalores conservadores del casticismo: la familia patriarcal, la religión católica yel gobierno monárquico.

Estas coordenadas, cuando se trazan sobre el candente debate político entorno a Cuba, ubican a Cruz Varela en el margen definido como “afuera”, res-pecto al centro que significa estar “dentro” de Cuba, participar de la nación co-mo territorialidad. Son varios los pensadores contemporáneos que han elabora-do la oposición dentro/fuera. J. Derrida la considera “fundacional respecto atodas las oposiciones binarias”, en términos de S. Freud: “lo interior... aparececomo lo superior, como el término central. Lo exterior es considerado secunda-

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rio, extraño...” (Kilgour, 4-5). Ambos coinciden en caracterizar esta relación co-mo una de exclusión y jerarquización. Éste es el punto en el que quiero ubicarteóricamente mis reflexiones sobre la escritura de Cruz Varela en el extranjero.

Cierto es que muchos de los que definen la absoluta legitimidad del “aden-tro” lo hacen con una agenda política ultranacionalista que persigue el man-tenimiento del actual modelo de socialismo en Cuba;4 pero cierto es, además,que la mayoría de quienes optaron por la “salida”, también han convertido laexterioridad en una barricada para defender otra versión (capitalista y demo-cratizada) del nacionalismo.5 Las propuestas de un pensamiento nuevo sobrela nación cubana, que aproveche la perspectiva deconstructiva de la margina-lidad, aún son pobres e insuficientemente articuladas.6

Cruz Varela ha logrado, en términos políticos y migratorios, evadir la típi-ca clasificación de exiliada, al no solicitar asilo político ni aliarse con las fuer-zas más retrógradas del exilio cubano.7 Pero su perseverante crítica al gobier-no de Fidel Castro, desde un medio de prensa extranjero como el descrito,ubican su discurso en el terreno del “afuera” donde aún no se ha establecidouna legitimidad para el ejercicio de la oposición del intelectual cubano en ladiáspora. Este inconveniente, de índole ideológica y estratégica, puede afectarla autonomía de su voz.

El segundo que observo es de carácter sicológico y estético, y lo baso en lareflexión de la crítica feminista Amy Kaminsky sobre la repercusión de lascondiciones de exilio para la escritura de las mujeres:

4 Para una visión de esta postura léase el artículo “Mirar a Cuba” de Rafael Hernández en La Ga-ceta de Cuba, sept.-oct., (1993) 2-7.5 En los extremos del espectro de las variadas organizaciones políticas que representan al exilio cu-bano se encuentran la Fundación Cubano Americana y el Comité Cubano de la Democracia. De manerageneral, la primera representa los intereses de la primera generación de exiliados, muchos de ellosantiguos propietarios y hombres de negocios cubanos, deseosos de reconquistar un espacio en laeconomía y la política cubana; la segunda representa los ideales de la segunda generación del exi-lio, representada por quienes fueron sacados de niños de Cuba y se han formado como profesio-nales, en su mayoría académicos, en Estados Unidos. Su propuesta es ayudar a reconstituir la de-mocracia en Cuba mediante la creación de instituciones apropiadas. Para más información sobrela fundación Cubano Americana puede consultarse: The Cuban Monitor: News from the Cuban Ameri-can Foundation. Miami: The Foundation, 1988. El Comité Cubano por la Democracia publica unboletín titulado Cuban Affairs / Asuntos Cubanos (P. O. Box 1333, Princeton, NJ 08542-1333).6 Esta última posición está representada por la tercera generación del exilio, jóvenes que fueronformados en Cuba y salieron del país recientemente ante la inexistencia de oportunidades de de-sarrollo personal y profesional. Se consideran intelectuales “desterritorializados”. Muchos deellos son escritores y artistas plásticos. Una recopilación de sus trabajos aparece en el número250 de julio de 1992 de la revista Plural y en la antología Cuba: la isla posible. Un estudio de estageneración puede encontrarse en Martínez, Liliana. “Intelectuales y poder político en Cuba”.Diss. FLACSO, México, D.F., 1992.7 La actual situación migratoria de la escritora, según comunicación personal telefónica, es la es-pera de una tarjeta de residencia del gobierno de los Estados Unidos a la cual tiene derecho bajola “Ley del Ajuste Cubano” de 1960. No ha recibido respuesta de la Oficina de Intereses Cubanosen Washington a su petición de extensión de su permiso de estancia en el extranjero otorgadopor el gobierno de Cuba.

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Anhelos, nostalgia, deseo de regreso y miedo de regresar son todas marcas delexilio. Aún más el exilio político, que es a la vez quedarse fuera y sobrevivir, im-plica una compleja relación con los que quedaron en la Patria. Sentimientos deculpa por haber sobrevivido abandonando a los demás, y un sentido de respon-sabilidad por mantener la cultura natal viva y seguir luchando contra la opre-sión, a menudo coexisten con deseos de olvidarse de todo y descansar. Exilio esa la vez dislocación física y síquica. (Kaminsky, 32)

En particular, creo que el sentido de responsabilidad y el de dislocación es-pacial (que afecta especialmente a la mujer por su afincamiento en lo cotidia-no) son elementos que pueden provocar transformaciones notables en la es-critura femenina bajo la experiencia del exilio, si bien inciden de mododistinto según el género. Ellos pueden operar fructíferamente sobre los géne-ros de ficción vehiculando aspectos catársicos de la creación, que se manifies-tan en el peso de lo anecdótico, o en una mayor autenticidad en su funcióncomo testimonio. Pero no necesariamente benefician a la crónica o al comen-tario político periodístico donde hay muy poco espacio para desarrollar lasubjetividad autoral y el principal objetivo es atrapar de inmediato el interésde la audiencia. Incluso, en este caso específico, pueden perjudicar por exce-so de información no codificable para un lector extranjero, como puede suce-der al que lee en el ABC a Cruz Varela.

Un último y tercer reto es el que atañe a la fundamentación noseológicadel hablar por el otro y a su función ética frente a una audiencia extranjera.Aquí baso mis comentarios en las reflexiones que Gayatri C. Spivak ha dedica-do al tema, y en especial en las que intercambia con Sneja Gunew en una dis-cusión que por su interés cito extensamente:

Ellos escogen qué partes quieren oír y escogen también lo que quieren hacercon ese material. Lo que sucede dentro del contexto del multiculturalismo, demanera muy cruda, es que cierta gente es elevada muy rápidamente al rangode aquéllos que hablan por el resto de los emigrantes... La total autenticidad, laauténtica experiencia del emigrante, llega a nosotros construida por las voceshegemónicas; entonces lo que una tiene que rastrear es aquello que no estáallí. Una forma de hacerlo (siempre que se tenga conocimiento de una culturaen particular) es decir: esto es lo que ha sido dejado afuera, esto lo que se tratade encubrir, este tipo de encubrimiento es el que está teniendo lugar, determi-nado modo de leer está siendo privilegiado.GAYATRI C. SPIVAK: De hecho, la toquenización va acompañada de la gettoización.En estos tiempos, estoy constantemente invitada a eventos en los cuales repre-sento el punto de vista del “Tercer Mundo”; cuando tú eres percibida como untoken de alguna manera estás siendo silenciada, como tú has dicho, si has sidollevada allí entonces ellos están cubiertos, no necesitan preocuparse más, tú hassalvado sus consciencias... Por otra parte, no podemos poner a un lado juntocon todo esto la demanda de auténticas voces... Debe haber una crítica persis-tente sobre aquello que perseguimos, de manera que no quede borrado por to-

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da esta homogeneización: construir al Otro simplemente como un objeto deconocimiento, dejando al Otro real afuera, debido a aquéllos que tienen másacceso a los lugares públicos y debido a estas oleadas de benevolencia. Creoque mientras seamos conscientes de que éste es un campo muy problemáticopuede haber alguna esperanza. (Broe & Ingram, 413-417).

Al releer a Cruz Varela con esta conversación como trasfondo compartocon las dialogantes su preocupación y su esperanza. Asumir la voz del Otro,como sujeto de la periferia, en condiciones de exilio en uno de los centros dePoder internacional, requiere de no sólo valor personal y argumentos que de-fender. Se precisa, pienso, de una estrategia que desbloquee esos intentos decodificación con que el Centro tratará de reabsorber cualquier denuncia de-sestabilizadora dentro de su propio sistema. En el caso que nos ocupa, esta re-absorción puede ocurrir a diferentes niveles: ideológico: mediante la anula-ción de la legitimidad política de la disidencia cubana; noseológico: por lareducción de la denuncia de la precariedad material del pueblo a la caricatu-ra colonialista del nativo mísero; o ético: mediante una percepción conmise-rativa, quizá de filiación religiosa, que globalizaría la situación del país comoel Otro sufriente. Cualquiera de estas vías anularía la meditación sobre lascausas reales del problema cubano y no contribuiría a fomentar una solidari-dad responsable con el pueblo.

En los escritos de Cruz Varela en el ABC que conozco parece ratificarse latendencia ya analizada en su poesía a hablar por el Otro y hacia el Otro. Perolo que el poema articulaba mediante símbolos, intertextualidades y recursosexpresivos tomados de la tradición mística y profética, el artículo periodísticotiende a simplificarlo como documento de denuncia. Quizá más que a razo-nes literarias esto se deba a la manera en que la autora siente que debe cum-plir, en este momento y en esta área de la expresión escrita, con ese acuciantesentido de responsabilidad por “sus hermanos”, “sus bienamados muertos”que han quedado en la Isla. Pero el tono de urgencia, los énfasis y los recla-mos, aunque orientados a agilizar la recepción, pueden originar el peligro dehomogeneizarla como traté de explicar párrafos antes. Edward Said ha for-mulado, con dolorosa lucidez, una pregunta que me surge al revisar estos tex-tos: “¿Cómo sobreponernos al sentimiento de soledad que crea el exilio sincaer en el lenguaje cerrado y golpeante del orgullo nacionalista, los senti-mientos colectivos, las pasiones de grupo?” (Said, 359).

La lectura de estos artículos es preocupante pero quiero añadir tambiénpor qué es esperanzadora. Observo en ellos momentos de auténtica hetero-glosia en el uso de la narrativa basada en la experiencia autobiográfica, la fie-reza de ciertos detalles empíricos, la presencia de la voz del Otro como inter-texto, la deconstrucción de “grandes relatos” y de “mitos fuertes”, el humor,el juego de palabras, así como estrategias de apelación al lector específico alque se dirigen. Estos recursos me parecen síntomas saludables de la lucidezcrítica de la autora sobre sus actuales contextos de creación. Profundizar enestas estrategias y renovarlas es el reto para evitar que su voz quede entram-

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pada en el control de la Prensa. Operar sobre sus nuevos lectores tratandode crear lo que Judith Fetterley llamó “un lector resistente”, aquél que ejerci-ta una lectura adversarial (Schweickart, 42). Quizá ésta pudiera ser una nue-va utopía.

Obras citadas y mencionadas

1. AKMATOVA, ANNA. The Complete Poems of Anna Akmatova. Ed. Roberta Reeder. Trans. JudithHemschemeyer. Boston, Zephyr Press; Edinburgh: Canongate Press, 1992.2. BROE, MARY LYNN AND ANGELA INGRAM, eds. Womens’s writing in exile. Chapell Hill: North Caroli-na UP, 1989.3. CHODOROW, NANCY. The Reproduction on Mothering. Berkeley: California UP, 1978.4. GILLIGAN, CAROL. La moral y la teoría. Psicología del desarrollo femenino. Trans. Juan José Utrilla.México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1985.5. JONES, B. KATHLEEN. Compassionate Authority. Democracy and the Representation of Women. New York:Routledge, 1993.6. KAMINSKY, AMY K. “The presence in Absence of Exile”. Reading the Body Politic: Feminist Criticismand Latin American Women Writers. Minneapolis: Minnesota UP, 1993: 27-47.7. KILGOUR, MAGGIE. From Communion to Cannibalism: An Anatomy of Metaphors of Incorporation. In-troduction. Princeton and New Jersey: Princeton UP, 1990. 4-19.8. KRISTEVA, JULIA. Nations without Nationalism. New York: Columbia UP, 1993.9. KUHN, ANNA K. Christa Wolf’s Utopian Vision. From Marxism to Feminism. Cambridge: CambridgeUP, 1988.10. PHILLIPS, ANNE. Democracy and Difference. Pennsylvania: Pennsylvania State UP, 1993. Engende-ring Democracy. Pennsylvania: The Pennsylvania State UP, 1991.11. ROJAS, RAFAEL. “Viaje a la semilla: instituciones de la Antimodernidad cubana”. Apuntes postmo-dernos / Postmodern notes. 4:1 (1993): 3-20.12. SCHWEICKART, PATROCINIO P. “Reading Ourselves: Toward a Feminist Theory of Reading”.Gender and Reading. Essays on Readers, Texts and Contexts. Ed. Elizabeth A. Flynn and Patrocinio P.Schweickart. Baltimore and London: The Johns Hopkins UP, 1986. 31-63.13. SHKALR, JUDITH. “What Is the Use of Utopia?” Heterotopia: Postmodern Utopia and the Body Politic.Ed. Tobin Siebers. Ann Arbor: Michigan UP, 1994. 40-57.14. SPIVAK, GAYATRI. The Spivak Reader. Cary Nelson and Lawrence Grossberg. New York: Routled-ge, 1996.15. SAID, EDWARD. “Reflections on Exile”. Out There: Marginalization and Contemporary Cultures. Ed.Rusell Ferguson [et al.] New York, N.Y.: New Museum of Contemporary Art; Cambridge, Mass.MIT Press, 1990. 357-366.16. TODOROV, TZVETAN. Face a l’extreme. Paris, Editions du Seuil, 1991.17. WITTGENSTEIN, LUDWIG. Diario filosófico (1914-1916). México, D. F.: Ediciones Planeta: 1986.

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C OMENZAMOS ESTE LIBRO PRETENDIENDO QUE CUBA Y SU

historia están siendo continuamente imaginadas, tan-to dentro como fuera de la isla, por sus propios ciudada-nos y por extranjeros. Hillman habla de la relación exis-tente entre el eidola, es decir, el mundo de la imagen y delespíritu, y el submundo de skia, es decir, las sombras. Lospolíticos cubanos la han imaginado como una fábrica deinicua explotación o bien como una utopía, ambas abs-tractas por igual, vagas. Los artistas cubanos han evocadoun mundo histórico mágico y antiguo: ideas, sueños, ima-ginaciones, representaciones y recuerdos. Esta visión órfi-ca está también formada por espectros. Pensamos en éstoscomo entidades inexistentes, inmateriales y quiméricas pe-ro, al igual que las figuras, los paisajes y los tótems de Wi-fredo Lam, tienen una presencia que es corpórea, viva,emergente de la tierra: apariciones de sustancia, “encarna-da” si se desea. A diferencia de la imaginación política, ob-sesionada con el control, el orden y la explotación, lasapariciones históricas de los artistas preparan su entradade formas inesperadas, tal como si fueran apoyos introdu-cidos en el momento inadecuado. No obstante ser expul-sados de la escena siempre retornan. Para Lezama podríaser la Imago que echa raíces en la historia dando así origena eras imaginarias. En Morejón es la piedra con su aché.Las apariciones de Sarduy son los demonios de la historiadesatados por la transculturación. En el caso de VirgilioPiñera son todos los siervos que retornan para rondar al-rededor del agradable confort de los poderosos. En el ca-so de Carpentier, el fantasma de la utopía y de la reden-ción social retorna como una lámpara reluciente. ParaDulce María Loynaz es la casa del tiempo con sus relatos 155

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íntimos. Mientras que los espectros recurrentes de estos seis autores en nin-gún modo son exhaustivos, flota cercano, como siempre, José Martí, esa figu-ra apoteósica de las letras y de la historia cubanas. Y sin duda alguna, el espec-tro/fantasma de Fernando Ortiz: la transculturación con su amplia gama decolores, pensamientos, ritmos, imágenes y modos de producción, es una apa-rición recurrente (¿o un ensueño quizá?). También omnipresente, dandovueltas en círculos alrededor de un abrazo envolvente, está Yemayá, fuentetanto de vida como de fertilidad, e indomable espíritu que reparte justicia deforma austera pero imparcialmente.

¿Cómo se ha enfrentado la revolución cubana con estas visiones, sueños yespectros, con ese ingobernable submundo de la imaginación histórica del ar-tista? A pesar de su estado centralizado, de su sistema político monopartidistay de ese sentido definido de lo que constituyen sus fronteras nacionales, Cubaes una cultura diaspórica. Ha conseguido ofrecer a su pueblo una narrativa desu nacionalidad basada en la conquista de la dignidad y de la justicia social,partiendo de los mambises del siglo XIX, pasando por las fuerzas antimachadis-tas en los años treinta hasta llegar al Movimiento 26 de Julio, que expulsó aBatista del poder. Sin embargo, en un amplio esfuerzo realizado para volver aescribir la historia, la revolución cubana ha instituido una “sintaxis del olvido”que no sólo es costosa sino peligrosa, sintaxis que ha tratado bien sea deprohibir o al menos, de domesticar los fantasmas que hemos mencionado.Cuba no está sola para forjarse una narrativa nacional totalizadora, tal comoha intentado gobernar el curso de la nave entre la utopía y la tiranía. El exilio,la dispersión y el desplazamiento de más de un millón de sus ciudadanos hacreado un verdadero “otro”, aquéllos que desharían esa sintaxis, contrarres-tando el olvido con una tenaz memoria que es indispensable para la curaciónfutura de una sociedad profundamente dividida. La imaginación social y cul-tural de Cuba se ha visto formada en los últimos treinta y seis años por fuerzastanto centrípetas como centrífugas. Las fuerzas centrípetas son bien conoci-das: el establecimiento de una sociedad revolucionaria donde nación, puebloy estado deberían constituir una sola entidad; un antiimperialismo que exigeuna unidad y una obediencia completas; una solidaridad de clases que consi-dera la diversidad y el disentimiento como una traición. Dicho de una formabreve, un camino hacia la libertad pavimentado de paranoia. Las fuerzas centrí-fugas tampoco nos son desconocidas: el exilio, la diferencia (sexual, de clase),el pluralismo y la desconfianza.

Sin embargo, aparte de estas fuerzas que rompen a Cuba en dos o la su-mergen en lo desconocido, se encuentra la influencia mediadora de la cultu-ra cubana. La imaginación artística cubana está basada en la solidaridad hu-mana y no en la exhortación o en la coacción gubernamentales. Su fuente decontinuidad por una parte no es ni lineal ni integral. Por la otra tampoco estácongelada en el tiempo. Su propia imaginación contradictoria y heterogéneaes la que mantiene la esperanza de aquéllos que ven las cosas completas y po-larizadas entre la paranoia y la libertad, el terror y los sueños, la ideología y lautopía, pues como veremos, la ideología y la utopía se necesitan mutuamente.156

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Cuba continúa siendo un desleído, descolorido y marchito pero aún per-sistente espejismo de algunas de nuestras visiones más queridas aunque des-lustradas: la fe en el progreso, el objetivo de una sociedad sin clases, la espe-ranza de ofrecer un mayor confort material para todos, la capacidad de unasociedad para regularse a sí misma sobre la base de la transparencia, la igual-dad y la racionalidad. Sin embargo, cada una de estas ideas está tomando unritmo inusitado –y no sólo debido a la caida del comunismo– en particulardesde 1989. Educados bajo el sueño de “la hermosa totalidad”, los jóvenes ar-tistas cubanos, los escritores de ficción, los poetas y los realizadores de cine yde vídeo están arriesgando su seguridad política para crear nuevos tropos crí-ticos de la imagen de la revolución en sí y de la que se proyecta al mundo. An-te los conceptos de una trayectoria teleológica de la historia hablan de plurali-dad o de diferencia; ante la esperanza de una mayor riqueza material y unmayor progreso técnico advierten que esto se deberá llevar a cabo con sumocuidado. No dudan en señalar que el modelo de desarrollo cubano está enbancarrota. En lugar de la utopía está la heterotopía y cuando oyen hablar detérminos como transparencia, racionalidad e igualdad reaccionan un tanto 157

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Marta María Pérez Bravo. (1990). Protección.

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como Kundera, el cual nos advirtió que la única sociedad verdaderamentetransparente es el estado policíaco.

Si adoptásemos la terminología de Lezama quizá podríamos decir que lamodernidad fue (o es) una era imaginaria. El comunismo constituiría enton-ces el intento de llevar la modernidad hasta sus consecuencias finales; algunosdirían que hasta el punto de llegar a la parodia. Zygmunt Bauman ha señala-do esto con gran elocuencia y penetración al decir:

“La caida del comunismo fue una derrota resonante del proyecto de un orden to-tal , un arreglo artificial prefijado de los actos humanos y de su escenario que to-do lo abarca, arreglo que sigue las reglas de la razón en lugar de surgir de activi-dades difusas y descoordinadas de los agentes humanos. También fue la caidadel grandioso sueño de remodelar la naturaleza, obligándola a dar cada vez más decualquier cosa que la satisfacción humana pueda requerir, al tiempo que desa-tendía o neutralizaba sus tendencias no planificadas ya que no se les podía asig-nar ningún beneficio humano apreciable. Asimismo, también demostraba lafrustración final por los deseos de llevar a cabo una administración global, de re-emplazar la espontaneidad por la planificación de un orden transparente, dirigi-do, supervisado, y deliberadamente formado en la cual nada queda al arbitriode lo fortuito y todo hace derivar su significado y raison d’être de la visión de unaarmoniosa totalidad. Dicho de una forma breve, la caida del comunismo señala-ba la retirada definitiva de los sueños y ambiciones de modernidad. ...Con la caidadel comunismo, el fantasma de la modernidad ha sido exorcisado”

Estas palabras señalan con claridad que el sueño de la Ilustración ha enlo-quecido completamente. En muchas formas el capitalismo también incorporaestos mismos rasgos, pero el capitalismo occidental quizá haya evitado los ex-tremos de esta visión en virtud de contar con cierta clase de democracia polí-tica. Sin embargo, en sus variantes “tercermundistas”, la historia nos ha ofreci-do un horroroso conjunto de ejemplos que combinan la necesidad de controly planificación con la degradación medioambiental, desigualdades extremasde riqueza, falta de libertades políticas, pobreza, sexismo y violencia social. Elfinal de la llamada Guerra Fría ha hecho muy poco por mejorar estas deplora-bles realidades.

¿Cuáles son algunas de las imágenes que caracterizan a esa “hermosa tota-lidad”, tal como se expresara en tiempos anteriores y más inocentes? Baumanofrece tres metáforas para la naturaleza del estado moderno que persigue esteobjetivo:

1) el estado jardinero; 2) el estado terapéutico/quirúrgico o; 3) el estadoadministrador del espacio. Yo añadiría dos más: 4) el estado de total visibili-dad y, 5) el estado intemporal. El estado jardinero selecciona “plantas útiles” y“extermina las inútiles”. Esta metáfora jardinera (quizá con una ligera inclina-ción por el Cándido de Voltaire) tiene una dimensión agrícola así como tam-bién social. A pesar del objetivo de rehacer la naturaleza, el proceso social seiguala a los procesos naturales. Aún hoy en día, en nuestras sociedades alta-158

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mente tecnificadas, un cumplido importante es decir que alguien es natural.Pero al igual que en la naturaleza, en la sociedad también existen “hierbasmalas”. Los experimentos comunistas con la naturaleza como unidad produc-tiva han sido fallidos y algunas veces hasta llenos de hilaridad. Cuba no ha si-do la excepción si bien pudo evitar la colectivización forzosa y la hambrunaque acabó con la vida de millones de seres en la URSS de los años treinta. LaZafra de los Diez Millones de Toneladas de azúcar, planeada para 1970, fraca-só y produjo un enorme desequilibrio en la economía. Los planes para cir-cundar La Habana con un cinturón de cafetos fueron igualmente inútiles yun plan concebido para sembrar árboles junto a las costas que sirvieran de ba-rreras rompevientos contra los huracanes condujo a una profunda erosión dela línea costera. Las crueles ironías del monocultivo azucarero todavía se sien-ten, tan admirablemente resumidas por un economista y terrateniente de losaños cuarenta que en primer lugar dijo: “Sin azúcar no hay país” y despuésañadió: “Debido al azúcar, no hay nación”. Estas aseveraciones transmiten unadoble advertencia, además del aspecto obvio que conllevan los peligros de unmonocultivo: que la naturaleza no se puede rehacer para que se adapte a lassociedades y que ésta tampoco deberá constituir una norma para la sociedad.Quizá deberíamos agregar una tercera: que si una nación es como un ser, en-tonces no será estable, sólida y permanente sino que dependerá del diálogo,de los actos, del consenso y de la interpretación.

En el “modelo terapéutico/quirúrgico” queda establecido un sentido muydefinido de lo que es aceptable. Cualquier desviación de la norma será consi-derada como patológica e interpretada como una enfermedad o un mal. A losciudadanos de una sociedad en el mejor de los casos se les considera como pa-cientes que deben ser instruidos por sus doctores (el Estado, el Partido, etc.)para que adquieran una buena salud. Dado que la sociedad burguesa y el capi-talismo están considerados como una enfermedad, la población que vive bajoel socialismo y eventualmente, bajo el comunismo, deberá superar este mal.Quizá esto explique la obsesión socialista por las proezas atléticas, el entrena-miento deportivo, la salud y la limpieza. Bajo (¿o sobre?) este determinismobiológico se encuentra, por supuesto, un mensaje ideológico. El comunismoes capaz de producir especímenes más rápidos, que saltan más y que son físi-camente mejores que sus contrapartidas capitalistas. Curiosamente, esto pare-ce reflejar la ética de la productividad existente en el capitalismo y su prolife-ración cada vez mayor de bienes materiales. No obstante, tal como nos haenseñado la historia, aunque el comunismo ha tenido mucho éxito en produ-cir atletas de gran calidad, se ha visto claramente superado en el campo de losproductos de consumo. Tanto en la remodelación de la naturaleza como en laconstrucción de una sociedad “sana”, los cubanos se han reunido al son dellamados centenarios en pos del deber, del heroismo y del sacrificio sobre elcual discutiremos más en profundidad cuando examinemos los cuatro códi-gos cubanos que rigen el discurso político.

Por el contrario, el estado administrador de espacios se refiere mucho másal paisaje y a la arquitectura, un modelo para crear y distribuir espacios que 159

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contempla los territorios como tierra baldía que ha de ser esculpida o labora-da por un “principio unificador y homogeneizador de la armonía” (Bauman).Un libro soviético de los años sesenta describe las Nuevas Unidades de Asenta-miento (NUA) como si fuera un entramado que muestra tres complejos: el re-sidencial, el investigador y el industrial (Baburov, 1970). Evidentemente, setrata de una mejora que supera la arquitectura neoclásica stalinista de anterio-res décadas pero que todavía refleja el impulso totalizador por ordenarlo to-do: la producción, la naturaleza, la educación y la cultura. Cuba llevó a caboexperimentos similares para tratar de cerrar la brecha existente entre el cam-po y la ciudad, concepto tan importante para la filosofía del comunismo. Enalgunos casos los esfuerzos tuvieron éxito, en otros no, pero éstos se produje-ron a expensas de dejar deteriorar los edificios, la infraestructura y hasta losmonumentos históricos de las principales ciudades del país (La Habana, San-tiago, Matanzas, Cienfuegos).

Más importante aún es cómo el comunismo cubano trató de erigir un Esta-do de Visibilidad Total, una sociedad completamente transparente. Esta trans-parencia cuenta con varias dimensiones. La primera de ellas es la visibilidad dela fuente de poder en una sociedad revolucionaria: el líder máximo. Es bastan-te fácil considerar este hecho como un ejemplo de simple y llana tiranía y pro-seguir. Pero la omnipresencia (y omnipotencia) del líder sirve para encarnar opara personificar la unidad del pueblo, la representación de la voluntad gene-ral. Para Fidel, como líder máximo, una función de máxima importancia es lade asegurar que la visibilidad funcione en ambas direcciones. No son sólo loscubanos quienes ven a un líder sino que el líder (el partido, el estado, etc.)también los ve a ellos. Recordemos que cuando Fidel propuso la constituciónde los CDR (Comités de Defensa de la Revolución), creados como respuesta aun sabotaje (y de un embargo económico de los EE.UU.), éste le dijo a millonesde personas reunidas que necesitaba al pueblo cubano para que se convirtieraen el protector de la revolución, sus ojos y sus oidos. Esta visibilidad por parte decada ciudadano, esta transparencia de llevar las motivaciones de una persona ala luz pública crea un cierto tipo de universalidad de la modalidad confesional.Las malas hierbas y la enfermedad deben ser arrancadas; los contrarrevolucio-narios e hipócritas deberán quedar al descubierto. Construida bajo la tradicióncatólica de la confesión y bajo las formas afrocaribeñas de sociabilidad, la revo-lución cubana creó su propio instrumento para mantener la visibilidad omni-presente: los CDR. Se encuentran en cada manzana del país y tienen como res-ponsabilidad detectar “el comportamiento antisocial”, la actividad criminal y ladisidencia política. También se aseguran de que la gente haga “trabajo volunta-rio”, asista a las reuniones y manifestaciones políticas, haga las guardias noctur-nas y así sucesivamente. Entre sus méritos los CDR cuentan en su haber con untrabajo valioso relacionado con el cuidado de la salud, la construcción y otrosproyectos de carácter cívico. Sin embargo, su eficiencia ha provocado justo locontrario que aquéllo que se proponía. Su intento de imponer la total transpa-rencia ha producido una división total entre la vida pública y la conducta priva-da, desencadenando justamente la hipocresía que pretendía erradicar.160

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La quinta imagen, el estado intemporal, suena a algo contradictorio. Lasrevoluciones constantemente se proclaman a sí mismas como fenómenos his-tóricos, lo que da por resultado un nuevo orden secular. La lógica lineal de lasrevoluciones parece ser la de vincularlas totalmente con el tiempo, mante-niéndolas siempre en movimiento. Pero el tiempo tiene una relación peculiarcon la política. Regis Debray decía que: “el tiempo es para la política lo que elespacio es para la geometría”, especialmente si consideramos que ésta últimaes una geometría moderna y no euclidiana. En épocas de crisis política eltiempo se mueve con rapidez. Así por ejemplo, en un mes de revolución po-dríamos aprender más acerca de una sociedad que tras años de mantener elstatu quo. En Cuba el tiempo político se desplazó con rapidez en los sesentapero ahora transcurre claramente con mucha mayor lentitud. Esto no sólo sedebe a una institucionalización de la revolución, sino más bien a la orienta-ción general de las sociedades socialistas ya que están engranadas, concebidaspara ir hacia un futuro utópico. Como resultado de esto, son impacientes conel presente y subestiman el pasado. Por ello se resarcen en una furia volunta-rista forzando cada vez más el futuro. Sin embargo, su resultado es que conge-lan el tiempo. Esta tendencia se ve reforzada por una ideología científica, unafe ciega en el progreso, una sed de destino y un estado monopartido. Ciorannos recuerda una frase de Séneca: “La vida del demente es triste y agitadaporque siempre está orientada hacia el futuro”. La historia comunista conlle-va algo de esa misma locura, tal como decía la consigna del Partido Comunis-ta de Cuba en su primer congreso (1975) que rezaba: “Los seres humanosmueren, el Partido es inmortal”.

Por muy contradictorio que pueda parecer, nada ilustra esto mejor que losmausoleos comunistas de sus grandes líderes: Lenin, Stalin, Mao, Ho Chi Min,Kim Il Sung. A pesar de la prueba visual de la mortalidad, es como si el cuerpofallecido del líder fuese la encarnación del poder eterno del partido. Nunca sedebe permitir que el cuerpo social, el cuerpo doctrinario, el cuerpo colectivodel partido se pudra o se desmorone, se “corrompa”. El propio mausoleo pare-ce indicar su triunfo sobre la naturaleza: su inmovilidad. Su dimensión “sagra-da” nos habla de perfección. En estas imágenes todos los modelos que hemosexpuesto anteriormente se juntan: naturaleza, arquitectura/espacio, la médi-co-terapéutica, visibilidad y tiempo. La “hermosa enfermedad” de la revolu-ción se ha convertido en la “hermosa totalidad” de la utopía en la forma de uncuerpo muerto, en el cadáver de los paradigmas perdidos.

En su intenso cuestionamiento de las verdades establecidas los cubanos es-tán redefiniendo críticamente muchos términos: el de nación, el de historia,el de clase, la cubanía, y la relación entre el arte y la política. La cuestión de lacubanía, uno de los principios de la revolución cubana, está siendo o biendescartada o sustancialmente revisada. Uno debe estar en la isla para preser-var tal cubanía. Por extensión, esta política aplicada al caso del arte cubano (yde sus artistas), es una de las consecuencias más desafortunadas y miopes dela revolución cubana, además de que también carece de base histórica. Algu-nos de los mayores ejemplos del arte cubano surgieron en el exilio: José María 161

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Heredia (1803-1839), José Martí (1853-1895) e Ignacio Cervantes (1847-1905), el compositor, son algunos de los ejemplos principales en el siglo XIX.En el siglo XX Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Lydia Cabrera, ReinaldoArenas y Severo Sarduy se encuentran entre los ejemplos más conocidos, porno mencionar a una serie de artistas cubano-americanos que han florecido enel exilio como Cristina García, Elías Miguel Muñoz, José Kozer y Dolores Pri-da. Así por ejemplo, llevándolo a sus últimas consecuencias, esto querría decirque si se editase una antología de la literatura cubana y un escritor hubieseabandonado la isla y se encontrase en un estado mental comprendido entre laindiferencia y la hostilidad a la revolución, no estaría incluido en el libro. Des-pués de 1960 escritores como Guillermo Cabrera Infante, Lino Novás Calvo,Lydia Cabrera, Enrique Labrador Ruiz y Gastón Baquero no habrían sido se-leccionados. Después de 1980 la lista se acrecentó: Heberto Padilla, ReinaldoArenas, Antonio Benítez Rojo, José Triana, Jesús Díaz y muchos más. En los úl-timos años, a partir de 1989 y de 1990, se han llevado a cabo algunos intentospor discutir e incluso publicar a autores que habían abandonado la isla comopor ejemplo, Lydia Cabrera, Jorge Mañach y Lino Novás Calvo. Pero esta cir-cunstancia está aún muy lejos de ser suficiente: Cabrera Infante y Arenas toda-vía están considerados como tabú en el país. A Sarduy se le mira con mayor be-nevolencia aunque es dudoso que su trabajo se vea publicado en Cuba en elfuturo próximo. Aún más problemático es el estado de la economía cubana yel coste de los libros importados, lo cual hace extremadamente difícil para loscubanos adquirir libros a menos que se editen localmente.

Asimismo, los cubanos que abandonaron la isla adoptaron una actitudigualmente defensiva contra la visión utópica del comunismo, a la que definíancomo simplemente tiránica. Algunos se replegaron hacia la nostalgia, ciñén-dose a una sociedad y una cultura cubana anteriores a 1959, que considera-ban como la auténtica y que ahora se encontraba destruida por una revolu-ción atea y comunista. Otros simplemente trataron de ubicarse dondequieraque fueron y dejaron su cubanía, si no detrás, al menos en suspenso. Sin em-bargo, muchos cubanos que llegaron a la mayoría de edad en el exilio enotros países veían las cosas de una forma diferente. Así por ejemplo, los cuba-nos residentes en los EE.UU. comenzaron a cuestionarse su propia identidad ysu cultura frente a un cultura anglo-sajona con la cual estaban familiarizadospero que de alguna manera no satisfacía la persistente percepción de nostal-gia para establecer un conocimiento de la isla. Esta generación, que ha creci-do lejos de la isla, aunque saturada de la nostalgia mítica de sus padres y de suinfatigable cólera política, comenzó también a averiguar porqué Cuba experi-mentó una revolución, cuestionamientos que se vieron ayudados por el con-texto de los años sesenta y de la guerra de Vietnam. Éstos se sintieron separa-dos de su herencia cultural y experimentaron esa separación como unaterrible pérdida, tanto personal como políticamente. Indudablemente, esto sevio reforzado por el hecho de que, desde 1959 hasta 1977, ningún cubanoque abandonó la isla regresó. Algunos escritores y artistas cubanos sí volvierona Cuba tratando de establecer puentes. Gente como Lourdes Casal y Ana162

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Mendieta, o miembros de la Brigada Antonio Maceo (BAM). No obstante lo va-lientes y bien recibidos que fueron estos esfuerzos, sólo eran iniciativas de ca-rácter individual, salvo en el caso de la Brigada (BAM). Sin embargo, la BAM síexigía un alto grado de identificación con la revolución, si bien criticaba algu-nos aspectos políticos específicos del gobierno cubano. Todos estos esfuerzos,tanto los individuales como los colectivos, estuvieron sujetos a los caprichosde los gobiernos cubano y norteamericano. Si las relaciones eran tirantes en-tre ambos, era casi imposible viajar a la isla.

Un esfuerzo más reciente por tender puentes entre los artistas, intelectua-les, escritores, historiadores y pensadores cubanos rindió algunos frutos al pu-blicarse un ejemplar doble de la Michigan Quarterly Review (Verano y otoño de1994), vuelto a imprimir en forma de libro en 1995. Por primera vez desde elsurgimiento de la revolución, una publicación de escritores cubanos incluíauna ruptura más o menos equilibrada: la mitad de sus contribuyentes se encon-traba en el exilio mientras que la otra mitad se encontraba dentro de la isla. Es-to no está dirigido a empequeñecer esfuerzos previos, como es el caso de laobra de Edmundo Desnoes, Los dispositivos de la flor (1981). Pero el volumen do-ble de la Michigan Quarterly Review, acertamente titulada Bridges to Cuba/Puentesa Cuba fue mucho más lejos que el esfuerzo de Desnoes, porque incluía un es-pectro mucho mayor de la opinión política, histórica y cultural. Editado porRuth Behar, antropóloga, poeta y escritora, se trata de un interesante compen-dio de ensayos, poemas, ficción, narrativa personal, memorias, crítica y trabajoartístico. La señora Behar en su introducción afirma lo siguiente: “En este se-gundo número extendemos la noción del puente que abarca más allá de la re-lación existente entre Cuba y su diáspora posrevolucionaria. En mi introduc-ción al primer número sólo fui capaz de aludir a la forma en la que elsincretismo, la transculturación y la diáspora están profundamente insertas enel sentido de la identidad cubana. En este punto la compleja “hibridez” de lacultura cubana se explora en mayor profundidad y en una variedad de intere-santes y originales nexos. Más que comenzar desde la suposición de cubanidadcomo algo concreto, el objetivo es el de quitar las capas del significado que es-tán metidas de cualquier manera en ese abultado baúl”. ¿Cómo se comienza adesempaquetar ese baúl sobrecargado? Al continuar explorando la cubaníacontemporánea coincidimos con la suposición de Behar de que no es un pro-ducto, algo dado. En su lugar será una construcción histórica que deberá in-cluir a ambas islas imaginadas.

La transculturación y el sincretismo todavía son la respuesta creativa a ladiáspora del pueblo cubano, abarcando ahora una identidad cubana cada vezmás dispersa y diseminada. La cubanía está íntimamente relacionada con el na-cionalismo cubano y su historia es larga y compleja, más allá del alcance de es-ta disertación. Este nacionalismo ha sido expresado de formas muy diferentes ycon diversos grados de virulencia. Como asunto colonial de España en el sigloXIX éste fue colocado en la palestra por muchos que querían que la isla seconvirtiera en una república independiente: Céspedes, Agramonte, Gómez,Maceo, Martí, para nombrar sólo a los más conocidos. Como protectorado 163

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norteamericano bajo la Enmienda Platt (1902-1934), Cuba era nominalmenteun país independiente, pero aún sometido a los vaivenes de la política nortea-mericana. Su nacionalismo fue nuevamente definido después de 1959 y casadocon un proyecto de modernización y liberalización. También se hizo radical-mente internacionalista, reconociendo tácitamente las limitaciones aportadaspor la visión stalinista de que el socialismo revolucionario en un país (particu-larmente en la América Latina, tan cerca de los EE.UU.) no funcionaría. Estavisión implicó a Cuba en luchas guerrilleras en la América Latina, en África yen Asia (fundamentalmente en Vietnam). Sin embargo, este nacionalismo in-ternacionalista radical tuvo un precio: la dependencia de la Unión Soviética.De este modo, en los noventa Cuba ha tenido que volver a definir su carácternacionalista dentro de un clima posterior a la guerra fría.Con toda probabili-dad le espera otra nueva definición cuando se tenga que adaptar a la realidaddiaspórica que contribuyó a crear: cerca de dos millones de cubanos vivenahora en el extranjero.

Está muy de moda en la actualidad vapulear el nacionalismo y proclamaren nuestros tiempos posmodernos que es parte de nuestro pasado modernis-ta, una de las Grandes Narrativas de la que podemos disponer, como la Ver-dad, la Metafísica y la Religión. Pero no es tan simple. ¿Es que han de ser lospaíses pequeños, pobres y subdesarrollados y sus impulsos nacionalistas siem-pre criticados debido a lo que está sucediendo en Bosnia o en la reciente gue-rra entre Irán e Irak? El nacionalismo cubano, aún a pesar de sus excesos,nunca se ha mostrado chovinista o con pretensiones imperiales o expansionis-tas. Mucho más importante es contemplar cómo ese nacionalismo se ha fundi-do con una lógica política que ha mostrado tener una notable consistencia.

Nelson Valdés ha comentado de forma incisiva los temas recurrentes deldiscurso político cubano que ha dominado el pensamiento social en la isla du-rante al menos dos siglos. Él nos habla de cuatro códigos: 1) el generacional;2) la moralidad y el idealismo como una palanca de conducta; 3) la traicióncomo peligro omnipresente; 4) el imperativo del deber hasta la muerte (el sa-crificio y el martirio). El código generacional le habla a la juventud como unelemento renovador/innovador de la sociedad, sustituyendo la de la vieja ge-neración, cuyas ideas se han estancado, son corruptas o decadentes, palabraesta última dotada de un notable peso ideológico. No obstante, hablar de lajuventud como de una sociedad “regenerada” es comprometerse en metáforasbiológicas, una referencia muy corriente. Este código mencionado tambiénhace uso de metáforas familiares, y esta convergencia de la sociedad con la fa-milia conjura igualmente la analogía del liderazgo de una generación (igualaal jefe de la familia) con las connotaciones paternalistas habituales. La suposi-ción subyacente de las metáforas generacionales, a pesar de las diferencias ydel conflicto a que aluden, es que constituimos una gran familia feliz, preferi-blemente encabezada por un padre severo. Las costumbres patriarcales cuba-nas han continuado a lo largo del período revolucionario (algunos dirían quese han exacerbado). El propio Raúl Castro, jefe de las Fuerzas Armadas, al re-ferirse a su hermano, se ha hecho eco de esto con el siguiente comentario:164

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“Fidel es nuestro padre, y padre de la revolución”. En este contexto la palabraafiliación adquiere una enorme (si no ominosa) resonancia. Estar afiliado a larevolución (al partido, al marxismo) es una relación filial con la historia y conel gobernante. Afiliarse es convertirse en miembro de un grupo, buscar unorigen. Esta identidad corpórea (biológica si lo desean) evoca la política delcuerpo, encabezada por una persona que es la encarnación literal del poder.Esta literalidad se encuentra estrechamente ligada con la visibilidad, la trans-parencia y el poder del que hablábamos antes. No hay nada nuevo en ello, yaque ésta se remonta a la teología cristiana así como a la teoría política medie-val de los reyes y su poder (Los dos cuerpos del rey: el individual y el colecti-vo, el mortal y el inmortal, el mundano y el divino, según Kantorowicz). Loque quizá sea nuevo en la modernidad es cómo este concepto ha sido recicla-do por los regímenes autocráticos y totalitarios del siglo XX, utilizando paraello los medios masivos de comunicación y otros sistemas manipuladores, aun-que no coactivos, de persuasión para proyectar y exponer la visibilidad de esecuerpo que no sólo es omnipresente, sino también todopoderosa (por su-puesto, cuando falla la persuasión existen formas más coactivas para imponeresa visibilidad). Esto no sólo ocupa literalmente un espacio social real, sinotambién uno imaginario que sólo se puede describir como mítico cuando Le-vi-Strauss habló acerca del mito (y más recientemente, de la música) no sólocomo una eliminación del tiempo, sino como poseedor de un poder queabarca la totalidad del ser.

Es precisamente este doble cuerpo de poder el que Virgilio Piñera exponetan mordazmente en su cuento “El muñeco o el maniquí”. Claro que uno po-dría decir que los cuatro códigos bosquejados por Valdés han recibido la críti-ca más implacable de su trabajo. En un cuento de Piñera que se lee como unaparodia salvaje del código del “martirio-sacrificio”, éste bordea lo impensable:el narrador defiende la ingestión de bebés como un acto patriótico, ya que deesta manera no serán víctimas de una carnicería en la guerra.

Valdés habla del código generacional como de aquel que conduce a unaespecie de subjetivismo haciendo que los pensadores cubanos ignoren las con-secuencias materiales y sociales que vienen a gravar sobre las circunstanciaspolíticas. Este “emocionalismo”, lo que el escritor Rolando Sánchez Mejías re-fiere como “el gremio épico-sentimental”, tiene un matiz rousseauniano. Sibien es cierto que la mayoría de los cubanos no ha leido a Rousseau, partede la imaginería de este pensador les ha llegado a través de Martí. SegúnRousseau, el corazón era la fuente de la virtud. Esto puede llegar a ser extra-ordinariamente problemático si se entronca con el concepto de la voluntadgeneral o de la voluntad del pueblo. Rousseau empleó la imagen de la multi-tud unida en un solo cuerpo para expresar esa voluntad general. Robespierrela llevó a sus consecuencias más sangrientas. Esta definición de la voluntadpopular significa que la voluntad colectiva de la sociedad siempre estará enconflicto con las pasiones individuales, porque estas últimas son una expre-sión del egotismo, no de la virtud. Rousseau hablaba de l’âme déchirée (del al-ma dividida o destrozada) para hablar de la tensión existente entre la pasión 165

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privada y la virtud pública. Robespierre introdujo este alma dividida en la es-fera política con el objetivo de conseguir una total visibilidad. Arendt lo resu-me así: “...Robespierre y sus seguidores, una vez que hubieron igualado lavirtud con las cualidades del corazón, veían la intriga y la calumnia, la trai-ción y la hipocresía por todas partes”. Pero como dijo el propio Robespierre:“La caza de los hipócritas es ilimitada y sólo puede producir la desmoraliza-ción”. Llevándolo al ámbito cubano podríamos decir que la búsqueda decontrarrevolucionarios es infinita ya que todo el mundo es capaz de traicio-nar a la revolución.

El trágico dilema moral de Robespierre encaja perfectamente con el ter-cer tema de Valdés sobre la traición. Esta lógica de puro compromiso políti-co, la construcción del Hombre Nuevo puro de mente y de cuerpo, imponeenormes tensiones en el discurso político cubano: “el derecho de las diferen-tes perspectivas políticas a estar claramente en competencia unas con otras noha ganado aceptación en la política cubana. Al igual que otras relaciones so-ciales, la política parece estar basada en una total, completa y absoluta lealtadhacia un individuo o un grupo de normas “morales”. La política entonces re-quiere lealtad , confianza y fe incondicionales”. (Valdés en Rodríguez Beroff).Nuevamente, este motivo traicionero está estrechamente ligado con metáfo-ras generacionales/familiares y alimenta constantemente la pasión por crearregímenes de total visibilidad en los que el sol revolucionario no proyectesombra alguna tras la cual se pueda esconder la traición. Sin embargo, vocesmás recientes sugieren que esta clase de familia es cuando menos defectuosa,si no perniciosa, para la salud política de la nación.

Los otros dos temas de Valdés pueden resumirse bajo el concepto del he-roismo (moralidad-voluntarismo y deber-muerte). Con frecuencia he sugeri-do que en la historia de Cuba el tiempo de los héroes ya ha pasado y para ellohe evocado al mismísimo astuto y viejo comunista Bertolt Brecht y su obra Ga-lileo. Este personaje, cuando oye el lamento de qué triste es el país que no tie-ne héroes replica diciendo: “Triste es el país que necesita héroes”. No estoysolo para afirmar esta opinión. Coco Fusco, Nena Torres, Ruth Behar y otrosde nuestra generación en el exilio se han expresado de forma similar (no di-go que los cubanos no puedan llevar a cabo hazañas “heroicas”, pero de ahí a“ser un héroe” hay un gran trecho, uno que va desde la historia hasta el mi-to). Sin embargo, ninguno ha expresado mejor el peligro del héroe con la de-vastadora elocuencia de Elías Miguel Muñoz en su poema “Los vaticinios”(del libro No fue posible el sol):

These are the days of miracle and wonder(Paul Simon, “The Boy in the Bubble”, en Graceland)

Detesto a los seres que vaticinanel futuro, los que anuncian milagros ycatástrofes. Brujos sabios, indolentes,que se sientan a inventar el mañana.166

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No me refiero a los que no les queda másremedio que escribir. Me refiero a losotros, los que predicen sin pensar, sintomar en cuenta nada más que suclarividencia.

Uno de esos brujos me habló de un éxodoque se volvería mi único sustento;me ofreció detalles de mi vida diaria,de mis rutinas; muy informante y muycalmado me contó de una caída, de un pozo sinfondo y de un cuarto-teatro sin puerta deescape. Me convenció de los coitos amablessin mostrarme el silencio, la traición.

El más amoroso me tomó de la mano, mellevó a su regazo, me sobó como se sobaa un gato, y vaticinó este momento en queintento, lúcido, agotado, escéptico,recordar todos los vaticinios.

Y sigo preguntándome, frente a los hechostodavía no escritos, si ha valido la pena posponerme. Demasiado temprano para hacerese tipo de pregunta, me advierte elvaticinador. Casi todos los que escribense creen muy poderosos, agrega, autoritario.Se jactan de hacer el sacrificio, deentregarse a su dios como se entregan lossoldados a las balas. Cursilerías y sueñosde grandeza. Si verdaderamente fueras hombrete enfrentarías a la vida. No correríasal papel después de cada golpe.

Y sin aires de sabio ni discursos épicos(porque los detesto) le confieso que encuestiones de hazaña me creo muy poca cosa,que las palabras son, ahora estoy convencido,mi casa (otra cursilería),mi cama (porque la poesía no traiciona)mi pan (demasiado comido el motivo),mi justificación.

Mientras tanto,¿qué verdades vaticinan los clarividentes? 167

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Que llegará un diluvio, que una peste mortalinvadirá la tierra, que perderemospoco a poco la piel, la garganta, los ojos,el sexo, para nacer otra vez con piel de aluminio,con voz de máquina, con mirada de números,con imponente verga atómica (el sexo de losdébiles no sobrevive al exterminio). No una pielde coral (porque no seremos mar), ni una vozlibre (mito que nada tiene que ver conla Defensa). Una mirada nueva, de soldado,de televidente, de robot, de yuppie, de dink,de actor, de ladrón, de mentiroso.

Conste que no creo en los vaticinios.

El poema de Muñoz, con su salvaje humor, llega al corazón de lo que pre-viamente mencionamos acerca de la locura del socialismo por vivir siempre enel futuro. El autor del poema desacredita la utópica visión que promete todala emoción aunque no dice nada de “los silencios/las traiciones”. Sin embar-go, el poema hace mucho más que eso al cabalgar creativamente sobre la líneaentre ideología y utopía, mostrando cómo éstas se alimentan mutuamente. Sila ideología es la brecha que se debe rellenar entre las reclamaciones que ha-ce una sociedad y las creencias de sus ciudadanos entonces la ideología, apartede cumplir una función deformante, tiene un importante objetivo de preser-vación e identidad (de una nación, de una clase, etc.). Sin embargo, hay mo-mentos en que ese orden (que la ideología ha hecho brotar o ha narrado) pa-rece inadecuado e incluso efímero. Es ahí donde el pensamiento utópicopuede hacer progresar a las sociedades, ofreciendo alternativas, planteandopor lo menos un ideal, no importa lo inalcanzable que éste sea. Así, como diceRicoeur: “Una sociedad sin utopía estaría muerta, porque ya no tendría pro-yecto alguno, ninguna perspectiva de alcanzar un fin”. El poema de Muñozevoca la escueta realidad de nuestra condición: una inquebrantable contin-gencia o eventualidad, que asume con una especie de paciencia inquieta. Si lautopía parece prever el futuro con una claridad exenta de ambigüedades en-tonces “la historia que se puede prever deja de ser historia” (Heller). En su lu-gar, se ha convertido en una profecía. Al rechazar la utopía como profecía elpoeta esta cercano a la definición que da Kearney de lo utópico: “Los hori-zontes utópicos de la imaginación social son objetivos de extremos abiertosque motivan una variación libre de mundos posibles. No son objetivos prees-tablecidos o predeterminados. Son tentativos, provisionales o frágiles. La uni-versalidad del u-topos se deriva del hecho de que no es la posesión de nadie yes, a su vez, la posibilidad de todo el mundo”.

Muñoz es capaz de hablar de traiciones y de silencios de forma tan convin-cente porque él compartía esa visión de la “hermosa totalidad”. Igualmenteconmovedora es su comprensión de la poesía y su relación con la política pero168

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sin minimizarla (ubicándola detrás de preocupaciones sociales) o inflarla através de una suerte de narcisismo consistente en que el arte lo es todo. Kantcomparaba la poesía con la imaginación productiva (entonces hasta ciertopunto utópica) frente a una imaginación meramente reproductiva (ideolo-gía). El poema, o la obra de arte, es utópico no sólo porque ofrece una repro-ducción detallada de una sociedad perfecta sino porque nos permite teneruna perspectiva para ver la pobreza de lo que nos viene dado: es la realidadque, destructiva, se abre paso. Esta percepción es una recreación de la reali-dad y nos ayuda a pensar desde otro espacio, creando un lugar sagrado (¿unavisión?) para lograr un nuevo entendimiento.

Sin embargo, en su poema Muñoz es igualmente optimista sobre la prome-sa hecha por el capitalismo de un futuro más amplio, mejor y más eficaz, engran medida a través de la promesa de una mejor tecnología y ciencia. Su lu-cidez y prudencia nos deja aún una puerta abierta para futuras visiones y al-ternativas, pero éstas ya no serán adquiridas al precio de una coacción colecti-va o de un individualismo rampante que refuerce la conformidad. Existe unavisión efímera de esperanza por sustracción para no rendirse ante la seduc-ción que produce una falsa redención. El apocalipsis significa revelación engriego. Muñoz sugiere que la revelación se puede producir sin que uno tengaque verse “quemado por el sol”.

Uno de los silencios de los que Muñoz habla ha sido la voz y el poder delas mujeres y su papel en la historia de Cuba. Esto constituirá uno de los as-pectos completamente nuevos del futuro de Cuba, con sus propios tropos y supropia confrontación con el pensamiento ideológico y utópico. ¿Podemos ha-blar de “un tiempo de las mujeres” (Kristeva) para Cuba? ¿Cómo podría sereso? Kristeva en su ensayo “La hora de las mujeres” habla acerca de un con-cepto de nación que ahora parece estar anticuado, uno caracterizado por lahomogeneidad económica, la tradición histórica y la unidad lingüística. To-dos estos conceptos se han abierto por la interdependencia económica así co-mo por una complejidad simbólica en lo que se refiere a tradición y lenguaje.En el caso de Cuba la interdependencia económica siempre ha tenido un ele-mento de dependencia de los poderes coloniales o exteriores (España, losEE.UU., la URSS). La unidad lingüística de Cuba está cambiando con una cultu-ra de la diáspora que está también escribiendo, pensando y expresándose eninglés. Ya no se puede aceptar, si alguna vez lo fue, la suposición de que laobra de Cristina García, Oscar Hijuelos, Robert G. Fernández, Elías MiguelMuñoz o Carmelita Tropicana es menos cubana por estar escrita en inglés. Latradición histórica está también pluralizándose, haciéndose más completa poraquéllos que previamente no han hablado o se han visto completamente mar-ginados (mujeres, homosexuales, veteranos de guerra, afrocubanos).

Kristeva también nos habla de temporalidad en lo referente al género, conun tiempo lineal y progresivo definido por la productividad y la obsesión porconquistar: el poder orientado por el macho. Ella evoca la distinción que ha-ce Nietzsche entre el tiempo cursivo (lineal) y el monumental, el cual tras-ciende más allá de las fronteras, enlazándose con una dimensión temporal 169

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más amplia análoga a las eras imaginarias de Lezama. El tiempo monumentales o bien cíclico o biológico y algunas feministas han tratado de trazar unafuente positiva de fuerza partiendo de esta clase de tiempo sin convertir a lasmujeres en una suerte de arquetipo privado de historicidad. La historia deCuba y con demasiada frecuencia, sus símbolos nacionales, sus objetivos, hansido definidos en tiempo cursivo, como una tradición hermética o como unaprofecía. Algunos de los capítulos de este libro han estado dedicados a explo-rar una versión historizada de ese tiempo monumental, particularmente losdedicados a Nancy Morejón y Dulce María Loynaz (y en menor medida a Le-zama y a Sarduy). ¿Hablará este “nuevo tiempo” (el de las mujeres y más allá)de jouissance; creará y describirá nuevas formas de poder; propondrá una nue-va forma de valorar la intersubjetividad; se separará de los modelos de domi-nación y superioridad; verá el desarrollo humano como una dialéctica de au-tonomía y de mutualidad? Posiblemente sí y algunos de los escritores de estelibro sugieran bien directa o indirectamente estas posibilidades de imaginarun futuro cubano.

En el capítulo I dedicado a Morejón hablaba de la manigua, la palabra taí-na que refiere a un lugar con vegetación densa, consistente en arbustos, mon-tes y lianas. La manigua es un paisaje donde había “una natural profusión deconfusión”, un punto de escape de la opresión y un nuevo lugar para comen-zar una vida libre. Si la comparamos con el modelo colonial de una plaza cua-drada y sus edificios importantes (simbólica y políticamente), quizá la mani-gua parecerá caótica. Pero no lo es. Por el contrario, es un lugar más flexibleque la plaza, un sitio que debe ser respetado tal cual es, pero que también seve formado para sus nuevos objetivos de libertad. Es también un espacio im-portante, que si bien es indicativo del tiempo monumental, no necesita demonumentos perpetuos. En última instancia es una manigua de significadosdonde los objetivos, la identidad y las imágenes de la historia de Cuba seráninterpretadas e impugnadas, así como pobladas con las figuras que el futuroha de proporcionar tal como se menciona en la discusión de Lezama. Estamanigua con su ecología delicada e intrincada, no está siendo opuesta a la ciu-dad o a los entornos edificados. Los tradicionalistas quizá contemplen la ma-nigua como una Arcadia o refugio; los modernistas revolucionarios como elespacio de un foco guerrillero y los posmodernistas la harían equivalente a unrizoma. Sin embargo, en realidad, la visión que se propone es más modesta.Está más cerca de cómo Kolakowski considera el papel cultural de la filosofía,no como algo que posee la verdad, sino como una búsqueda de la verdad, unabúsqueda que nos permite “construir el espíritu de la verdad. Esto quiere de-cir que nunca se debe permitir que la energía inquisitiva de la mente se vaya adormir, que nunca deje de cuestionarse lo que parece ser obvio y definitivo...Los filósofos ni siembran ni cosechan, sólo mueven el terreno”. Este arar elsuelo no es labor agrícola para que el terreno respire. En él encontramos vie-jas raíces que necesitaban ser desenterradas y otras nuevas por descubrir.

No estamos oponiendo lo “natural” a lo “artificial”; naturaleza y sociedad.Lezama, Morejón y Loynaz nos han mostrado que esa clase de pensamiento es170

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limitado y superficial para comprender la historia y la cultura cubanas. En sulugar le habla a los caminos que ya se han tomado en el curso de la historia deCuba, así como a los muchos que todavía nos harán señales en el futuro. Enesa gama de posibilidades podemos visualizar ese retorno a través de lo“otro”, magníficamente alimentado por los vigilantes ojos de Elegguá (Eshú),tal como nos recuerda Nancy Morejón. Orisha de los caminos situado en la in-tersección de diferentes tiempos, la pluralidad de su aché es también un para-digma de diferentes perspectivas y visiones y detenta las llaves de nuestras po-tencialidades. Pero es también un embaucador, un estafador con unainclinación por el embuste, aunque en definitiva, al final, entrega su vida aldecir la verdad. Tal como Robert Farris Thomson nos recuerda: “Eshú, elpríncipe, devoraba la verdad mintiendo, nunca sacrificándose, haciendo casoomiso del daño realizado, y pagaba por su arrogancia con el acto de la muerteal decir finalmente la verdad. Así, en el mito afrocubano Eshú se devora a símismo pero una vez más retorna cuando se hace un sacrificio adecuado en elcentro de un trozo de piedra. La historia de Eshú es un intrincado recuentode la creencia yoruba de que la forma más alta de la moral es el compartir lascosas y la generosidad –el talismán más poderoso que se ha de tener contralos celos”. La manigua entonces es un lugar de cuestionamiento donde el co-nocimiento echa raíces (algunas veces literariamente); es la roturación de unnuevo terreno para diferentes clases de producción: la económica, la social, lasimbólica, la numinosa, es decir, aquella relacionada con los dioses. La mani-gua presenta un matorral donde la significación penetra en profundidad ydonde la historia se puede tragar completa para traerla nuevamente al propi-ciar la contingencia, el mito, la generosidad, la memoria y la metáfora.

Recordemos algunas imágenes finales de esa manigua. Primero en el espí-ritu del conocimiento a través del “otro” nos volvemos hacia alguien que estágeográficamente lejos. El inicio de El Crepúsculo de los Dioses de Wagner, lacuarta y última ópera del Anillo nos muestra a tres Nornas1 manipulando lascuerdas del destino con las cuales tejen el tiempo. Son las hijas de Erda, diosade la sabiduría y de la tierra y representan el pasado, el presente y el futuro.Ellas rodean el Yggsdrasil, el Fresno del Mundo, bastante marchito. Desde elárbol manaba una fuente hacia adelante: la de la sabiduría. Sólo ansían en-contrar una armonía perdida, traida por las acciones de Wotan. Así, para ob-tener la sabiduría prescindió del uso de un ojo. Además, Wotan tomó una ra-ma del árbol para fabricar con ella una lanza en la cual inscribió las leyes y dela cual derivó el poder para gobernar. Pero eso hizo que el árbol perdiera supoder y desecara la fuente de la sabiduría. Mientras las nornas tratan de atarla cuerda o soga alrededor de las rocas, ésta se parte o se rompe. Finalmente,llenas de desesperación, vuelven a Erda y se hunden en la tierra. Una inter-pretación jungiana señalará por supuesto que la ignorancia de Wotan sobre la

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1 Nornas: tres diosas del destino en la mitología nórdica. En la mitología griega equivale a lasMoiras y en la romana a las Parcas. En la afrocubana a Yemayá, Ochún y Oyá.

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sabiduría de la tierra es también la represión de lo femenino, de su ánima y,en última instancia, se convierte en un acto destructivo. Esto queda confirma-do por el final de la ópera donde Wotan y el Valhalla perecen pasto de las lla-mas como un acto de sacrificio para dar lugar a un nuevo comienzo.

Sería tentador y quizá demasiado fácil la lectura de un significado literalde este final de la Tetralogía y aplicarlo a la actual historia de Cuba. En su lu-gar, en el espíritu de Fernando Ortiz, buscando en el árbol moribundo delViejo Mundo la inventiva del Nuevo, en su lugar repito, ofrecería el siguientecontrapunto: hay un conocimiento, una subjetividad y una historia encajadasen la historia oficial de Cuba que está siendo explorada y que todavía no haflorecido plenamente: la de las mujeres, la de los homosexuales y lesbianas, lade los veteranos de guerra y la de los afrocubanos. Ese conocimiento está muycerca de la poética descrita por Bachelard en el epígrafe escrito al principiode este libro: “Nunca somos verdaderos historiadores, pero siempre llegamosa ser casi poetas y nuestra emoción quizá no sea nada más que una expresiónpoética que se perdió”. También se deriva de nuestra comprensión del aire,de la tierra, del agua y de la tierra nuevamente como una fuente constante yrenovable del conocimiento (una manigua). Analicemos entonces las palabrasde Bachelard sobre las raíces y los árboles: “...como una imagen dinámica, lasraíces asumen los poderes más diversos. Son al mismo tiempo una fuerza desostén y una fuerza tenebrosa. En la frontera de dos mundos, la del aire y latierra, la imagen de la raíz está paradójicamente animada en dos direcciones,dependiendo de si soñamos con una raíz que conduce hasta el cielo los jugosde la tierra o con una raíz que va a trabajar con los muertos, para los muer-tos...Una raíz es siempre un descubrimiento...El árbol está en todas partes almismo tiempo. La vieja raíz –en la imaginación no hay raíces jóvenes– produ-cirá una nueva flor. La imaginación es un árbol. Tiene las virtudes integrado-ras del árbol. Está compuesto de raíces y ramas. Vive entre la tierra y el cielo.Vive en la tierra y en el viento. El árbol imaginado se convierte imperceptible-mente en el árbol cosmológico, el árbol que compendia un universo, queconstituye un universo...”

Esta descripción del árbol y su analogía con la imaginación tiene una co-rrespondencia con la ceiba en Cuba, otro símbolo del Nuevo Mundo con anti-guas connotaciones. Este árbol es considerado sagrado por los blancos, porlos negros, por los santeros (o no), incluso por los chinos. Se supone que loshumanos no los han de cortar sin hacer las ofrendas adecuadas. Según LydiaCabrera, la ceiba es tan robusta y firme que ni el rayo ni los huracanes son ca-paces de destruirla. Es sagrada en la tradición afrocubana de la santería, y es almismo tiempo una fuerza vital que también contiene las almas de los muer-tos. Se la conoce como la Madre Ceiba y se la menciona como el árbol de laVirgen María. Lezama se refiere a ella en La expresión americana junto con elombú como árbol histórico.

Al reescribir la escena wagneriana destinada a las tres Nornas antillanas na-cidas en Cuba podemos invocar a Yemayá, Ochún y Oyá, las tres grandes oris-has femeninas de la santería que gobiernan la psiquis cubana. Así Yemayá, que172

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dió origen a los ríos, a los orishas y a todo lo que vive. Ochún, la hermana deYemayá, orisha del amor, de la fiesta y de la sensualidad. Y Oyá, impetuosa y al-gunas veces violenta, que gobierna sobre el rayo, los vientos y las tormentas, asícomo en los cementerios. Fue ella la que ayudó a Changó a escapar de la cár-cel y con frecuencia le acompaña en la batalla. Estos tres orishas guardan a laceiba y no sólo hacen hablar a los muertos, sino también a los vivos. Como lastres Nornas que cardan el tiempo y sus caminos, ellas invocan a Elegguá.

Quizá las tres Nornas, pero mucho más Yemayá, Ochún y Oyá, parecen ve-nir juntas en la obra de teatro de Carmelita Tropicana titulada “Leche de Am-nesia”, que constituye una suerte de conversación ideal con los espíritus vivos ymuertos de la historia de Cuba a medida que penosamente va reconstruyendola memoria hecha añicos por el exilio. La autora cruza los géneros y las fronte-ras en una suerte de exorcismo que siempre está mezclado con un choteo cuba-no “par excellence”, como si fuera para ejemplificar la idea de libertad queplantea Vattimo cuando dice: “como una oscilación continua entre la pertene-cencia y la desorientación”. Esto lo evoca graciosamente en dos episodios dife-rentes: en uno de éstos ella se convierte en un caballo durante la época colo-nial; en otro, cuando se convierte en un cerdo durante el actual “períodoespecial”. Como volviese de adentro hacia afuera el “contrapunto animísticode Lezama”, los trances memorísticos de Carmelita evocan el dolor de la “sin-taxis del olvido” pero con enorme humor y compasión. El caballo se queja deque utilicen los pelos de su cola para hacer camisas, pero estas humillacionesson pequeñas comparadas con el genocidio testimoniado de la población in-dígena. El cerdo recuerda tener una fotografía familiar que le tomaron conuna gorra de béisbol puesta, una inocente muestra o anticipo de su definitivodestino como lechón asado o sandwich de cerdo frito. En un momento deter-minado Carmelita boxea con la sombra de un cerdo pegada, rica metáfora pa-ra los demonios y pasiones de nuestra historia que siempre parecen evitar quelos atrapemos.

La oscilación que experimenta Carmelita entre la pertenencia y la deso-rientación es traslación en sobremarcha. Algo como si dijéramos que “no exis-ten hechos sino sólo interpretaciones”. Ella parece constantemente cuestio-narse desde dónde habla: ¿de aquí, de allí, de ninguna parte, desde el tiempode las mujeres, desde el tiempo de los maricas? Quizá ella sea una figura bajola sombra de una ceiba, atravesando la manigua de la intención, sabiendo quemás que un viaje, o un trayecto, es un puente hacia el pasado que constante-mente se debe reinventar, de modo que la historia no sea el producto más pe-ligroso surgido de la química del intelecto”. Si el camino o el puente ha dehablar al futuro (o en el futuro), entonces deberá abarcar tropos que forjenel acto de tolerancia “que cree la provincia imaginada donde nadie posea laverdad y todo el mundo tenga el derecho a ser comprendido”.

Traducción de Leopoldo Fornés

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T REINTA AÑOS DESPUÉS DE SU APARICIÓN, PODEMOS APRE-ciar un cambio –una mutación– en el tipo de escán-

dalo que aún suscita Paradiso. En 1966 la publicación de lanovela hirió susceptibilidades estéticas y políticas con sufranco y polimorfo erotismo, con su desenfado con lasconvenciones del género novelístico, con su manejo “pri-mitivo” del archivo cultural occidental, con su aristocráticadificultad en plena revolución popular cubana. Lo escan-daloso de Paradiso estuvo asociado entonces con las mani-festaciones ideosincránticas de la errancia en la novela; elerror de discurrir sobre la homosexualidad y mitificar laburguesía criolla venida a menos; el errar inestable y barro-co del discurso novelístico; las erratas delirantes y acaso de-liberadas de la primera edición. El rol preeminente de laerrancia en Paradiso le valió a Lezama la reputación de serun escritor o adámicamente ingenuo o voluntariosamenteparricida. Los que se escandalizaron ante tales errores es-grimieron condescendencias académicas –que fueron de-nunciadas magistralmente por Julio Cortázar– o desataronrepresalias políticas. Al principio, aplicaron la censura;luego, en los setenta, el ostracismo; y, siempre, la polariza-ción: el imperativo de determinar si la obra de Lezama es-taba con la Revolución o contra ella.

Hoy tales sobresaltos resultan triviales. Hoy ya no nosconvence el argumento sobre la ingenuidad –la “naiveté”–de Paradiso; su tremenda y meticulosa factura como novelase nos ha ido revelando irreversiblemente. Su errante proli-feración, su errada fragmentación, son ya moneda corrien-te de lo posmoderno. Y el tema homosexual ha llegado has-ta tal punto de aceptación que el mismo oficialismo cubanolo ha postulado como factor nacional con la producción yel estreno de Fresa y chocolate. Esta película es el mejor signode la cabal iconización de Lezama y su Paradiso en Cubahoy –su foto aparece en la pared de la guarida paralelizadacon las de Martí, el Che y Camilo Cienfuegos– iconizaciónque es resultado de la necesidad de reconfigurar el panteón

Las mutaciones delescándalo: Paradiso hoy

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literario revolucionario en los desajustes del período especial. Más que home-naje a Lezama, este film es un gran acto de contricción donde la homosexuali-dad tal vez no sea más que un pretexto para reivindicar una fórmula culturalrepresentada por Lezama y sintetizada en Paradiso que los años duros de la Re-volución habían desautorizado –la de la cubanidad universal, abierta a influen-cias primermundistas (léase aquí también: a “inversiones” primermundistas) detodo tipo (“Nos equivocamos”, parece decir una vocecita desde el fondo de lapantalla, “lean, lean Paradiso.”). En la década de los noventa, los sendos colo-quios en La Habana dedicados a los cincuenta años de Orígenes y a los treintade Paradiso, han resuelto para el oficialismo cubano la pregunta de si Lezamaestaba o no con la Revolución: se interpreta el legado de Lezama como uno deresistencia a la pseudo-república y como anuncio de la “era imaginaria” de laRevolución; el catolicismo de su obra se enarbola como preludio a la reconci-liación del régimen con la Iglesia (el recibimiento del Papa en el Palacio de laRevolución será escena digna de una crónica lezamiana); se usa a Lezama paradesradicalizar la ideología y reencaminarla a un nacionalismo inclusivista; y es-tratégicamente (tras años de abismales descuidos) se restaura la casa de Leza-ma en un museo para consumo del deslumbrado extranjero. En este proceso,se ha hecho al mito de Paradiso eje de una industria de promoción nacional.No nos extrañe que Paradiso sea hoy también el nombre de la agencia cubanade viajes culturales y de uno de los nuevos hoteles de lujo de Varadero.

Aquí reside el nuevo escándalo: hacer el Paradiso rentable, promocionable,es hacerlo fácil, legible, fijo, no-errante, no-problemático; es quizás reducirloa slogan publicitario de un mítico esplendor cubano, de un exótico tropicalis-mo, casi a letrero de paladar (“el almuerzo lezamiano”, “la fiesta innombra-ble”, “el reino de la imagen”); slogans que resultan desconcertantes ante losvejámenes de la situación cubana de hoy. Es decir, esta iconización implica,como contrapartida, una destextualización, una deslectura, una negación dela dificultad; negación sintetizada en la sorprendente frase de Diego cuandole entrega el ejemplar de Paradiso a David tras el célebre almuerzo: “Ahoraque has sido iniciado en las enseñanzas del Maestro [es decir: ya hecho ícono,ya empacado, ya simplificado] sólo te falta el conocimiento de su obra [es de-cir: ya pre-procesada, pre-fijada, casi descartada, hecha “fácil” por el film].” Elmito de la cornucopia insular, de los posibles lujos del vacío, el lezamismo co-mo almuercismo del “langostino remolón”, Paradiso como plenitud tropicaldel mojito y la champola, el reciclaje de la noción origenista de la “pobrezairradiante” en la crisis material de la Revolución: todo esto no sólo apunta alturismo cultural y académico como propósito oficialista del nuevo auge de Pa-radiso, sino también, reconozcámoslo, a cierto escapismo. La celebración nos-tálgica de La Habana de Paradiso sea en giras de bus o en la cinematografía deGutiérrez Alea es una forma de no mirar el deterioro actual de la ciudad: devertir, en la imaginación escudada, una pintura metafórica sobre las paredesroídas, de convocar al esplendor para disimular la lepra.

Exagero, claro. La conversión de un autor y su obra en industria no tiene porqué acarrear diseños siniestros, y menos en la Cuba necesitada de hoy. Dublín le

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ha sacado sonante provecho a la celebridad de Joyce y esto no ha limitado deninguna forma la interpretación múltiple y abierta de su obra (en la que, porcierto, Dublín figura desfavorablemente). ¿Por qué no habría de hacerlo La Ha-bana “consagrada” en Paradiso? Aún más, la oficialización no hace más que reco-nocer un hecho: que la relectura de Paradiso ocurrida en los ochenta por los jó-venes intelectuales ya ha estimulado el deseo pluralista por un diálogo abiertocon académicos del extranjero, por la lectura de la crítica hecha por los intelec-tuales censurados de la diáspora, por iniciativas culturales que, siguiendo elejemplo de Orígenes, operen fuera del dirigismo estatal. Esta relectura de Leza-ma ya ha agenciado una nueva voz en la poesía y la prosa joven de Cuba que hadesplazado el tono conversacional y la consigna reductiva, alcanzando a vecesuna complejidad y sutileza de una fulgencia insospechada. Pero aun con estosavances, la iconización de lo lezamiano en el contexto de la crisis actual acarreaserios deslices. Para los que estimamos (tanto aquí como allá) que la lectura deParadiso apenas empieza –que apenas comenzamos a descifrar sus laberintos, avislumbrar sus ciudades tibetanas– la precariedad del legado material de Lezama,de su biblioteca y su papelería, es motivo de alarma. Tal vez más que cualquierotra obra latinoamericana, la erudición y el hermetismo de la ficción lezamianarequiere, entre otras cosas, un estudio genético, casi paleográfico –la consultadel manuscrito lezamiano y su biblioteca es menester para cualquier edición crí-tica digna (de la que tenemos dos excelentes –y polémicos– ejemplos con lostrabajos de Cintio Vitier e Irlemar Chiampi). Como en el caso de Joyce, la erran-te escritura lezamiana guarda muchas de sus claves, revelaciones, y anti-revela-ciones en su proceso de redacción. Lezama lo supo así y fue más o menos conse-cuente en la disposición de sus archivos y sus libros para su conservación. Si losrecursos para este tipo de labor son escasos ya en nuestro mundo académico, enel caso de Cuba son ínfimos y deben administrarse con infinito cuidado. Sin em-bargo, la iconización de Lezama ha motivado el desbalance, repito, de su destex-tualización. Un ejemplo basta. El Ministerio de Cultura ha invertido muchísimodinero en la renovación de la Casa de Trocadero 18 en Museo; le han añadidooficinas; han restaurado con esmero las artesanías descritas en Paradiso; se hanrecolocado cuadros y muebles según fotografías del archivo; han instalado unsistema sofisticado de sensores electrónicos para evitar robos. Mientras tanto, apesar de los esfuerzos heroicos del personal de la Biblioteca Nacional, el fondoLezama sigue sin fichero decente; las carpetas se hallan en estado azaroso de de-terioro y son, frecuentemente, inencontrables; el catálogo de su biblioteca (queallí se conserva) ha tenido que ser reconstruido por estudiosos extranjeros trasarduas piruetas e insistencias; y, dentro de la corrupción inevitable de un estadocentralista en crisis, el fondo ha sufrido pérdidas irreemplazables. Parece comosi el régimen hubiera optado por proteger a Lezama más como artefacto museo-gráfico –como ícono fijo– que como legado textual, como escritura dinámica yerrante. Y aun así el texto mismo se somete a una desenfrenada cosificación co-mo mercancía. Los ejemplares de la primera edición de Unión son famosamentesusceptibles a robos y terminan en el mercado de libros viejos en la Plaza de Ar-mas, vendiéndose allí en dólares y multiplicando su precio exponencialmente

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en el extranjero. (Tal fue el ya legendario destino del ejemplar que le dedicó Le-zama a Cintio Vitier.) El escándalo de Paradiso hoy no es el del sometimiento desu polisemia a una comisaría ortodoxa y univocálica, sino el de las paradojas delbrutal desface entre una economía global que cosifica inmisericordemente eltexto en mercancía, y un socialismo paternalista que, caído en la indigencia,quiere integrársele. Aquí, en esta coyuntura, en este imperio absoluto de la divi-sa, el legado textual de Lezama está en peligro de extinción.

Para contrarrestar la iconización de Paradiso, para recalcar la supremacíadel texto errante, hemos convocado esta mesa, donde tres de sus integranteshan tenido la ocasión de trabajar en La Habana y conocer la situación del le-zamismo allá. Todos han publicado sendos estudios sobre la obra de Lezama.Arnaldo Cruz-Malavé es autor del provocativo libro-ensayo “El primitivo im-plorante” en donde plantea, entre otras cosas, una relación paradójica entrela nación, lo americano y la homosexualidad en Lezama. Gustavo Pellón esautor del importante estudio de Paradiso “José Lezama Lima’s Joyful Vision”,donde interroga lúcidamente la contradicción entre la lectura pos-estructura-lista y la lectura trascendentalista de la novela. Irlemar Chiampi es autora dela magnífica (yo diría, milagrosa) edición crítica de La expresión americana y deartículos imprescindibles sobre la fascinante “ilegibilidad” de Paradiso. BenHeller acaba de publicar un estudio sobre la poesía de Lezama y ha traducidocon esmero “Fragmentos a su imán” al inglés. Anticipando nuestra discusión,a ellos (y a ustedes) les adelanto cuatro breves propuestas para hacer la lectu-ra de Paradiso aun más errante y multiplicadora, tanto aquí como en Cuba:1. Cambiémosle el título: No Paradiso, sino Inferno o Purgatorio. Dejemos al la-

do lo católico y lo arcádico para escudriñar su demonología; escribamos so-bre Urbano Vicario; evitemos el deslumbramiento y confrontemos la oscu-ridad de su reverso gnóstico; juzguemos su paganismo como fundamento yno como andamiaje; examinemos la atmósfera de limbo que comunica lanovela para una más acertada adecuación con la situación cubana actual;

2. Descubanicemos la novela: quiero decir, evitemos reducir la indiscutible cu-banidad de Paradiso a la cubanería, a los encontronazos ideológicos y los fa-natismos ególatras que tanto daño le han hecho; saquémosla de la órbitaautoctonista, insularista, polarizante, que en ciertos coloquios y homenajescasi la reduce a folklore; rehagámosla isla indistinta en el cosmos;

3. Pansexualicémosla: veamos lo que nos dice sobre la cohabitación y simbio-sis de lo hetero con lo homo en vez de su oposición y mutua exclusión;

4. Olvidémosla, por un momento, para releer Oppiano Licario como su antifo-nía y reverso, no como mera continuación pasiva. Recordar que si Paradisose ideó en el período pre-revolucionario, Lezama redactó Oppiano en lospeores años de la Revolución –después los UMAPS, tras el fracaso de la granzafra, durante el caso Padilla– y, por esto mismo, debe ser su testamentomás radical. (Tal vez, por eso, sea el texto menos rescatado.)

En resumen, respondamos al escándalo con nuevos escándalos. Estilo sis-táltico: podemos empezar.

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P AUL VALERY, EN SUS ENSAYOS CASI POLÍTICOS, ANTEPONÍA LA

intuición a la teoría al afirmar: “No me agrada la pala-bra influencia que sólo designa una ignorancia o una hipó-tesis, y que desempeña un papel tan grande y tan cómodoen la crítica. Pero os diré lo que veo”.

Si de algún modo admito una disposición semejantefrente a Muerte de Narciso es porque continúa estando pre-sente aquella idea de Cintio Vitier en Lo cubano en la poesía:“Basta por otra parte contrastar el gongorismo gitano deLorca o los ejercicios retóricos de Alberti en homenaje aGóngora, con el verso de Muerte de Narciso, para compren-der que estamos muy lejos de los fenómenos literarios deinfluencia, derivaciones o revalorizaciones”. Se trata, pues,de una irrupción para el otro tiempo, el tiempo paralelode la progresión de la imagen objetivada en el decursar delaño 37.

Muevo la escobilla de laurel como aspersorio órfico pormedio del agua sagrada de la purificación y ante el “otoñode aguas tan hirvientes” del Narciso en la isla atemperada,me parece al igual que a Valery, que vuelvo a encontrarmey conocerme cuando retorno al agua universal.

El propósito del orfismo entre los pitagóricos era, aldecir de León Robin, menos enseñar algo que poner a losiniciados en un estado afectivo determinado. Ello no nie-ga, sino complementa lo que afirmaba Jaeger sobre el sen-timiento profundo de la armonía entre la existencia moraldel hombre y el orden natural del universo como concien-cia entre los pensadores griegos de todos los tiempos, an-teriores y posteriores a Sócrates.

Cuando Lezama, a través de una intuición meditada quepodría servir de buen argumento a los ocasionalistas tardíosque veían la razón humana, esa técnica interna del pensa-miento, como la ocasión para el continuo determinarse delmilagro, propone en La expresión americana, en 1957: “Sobreese hilado que le presta la imagen a la historia depende laverdadera realidad de sus hechos o su indiferencia”, y des-

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pués demuestra que “las hagiografías de las tribus francogermanas, la gran bata-lla de Carlos el Martillo, el misterio de las catedrales con sus símbolos esotéricospitagóricos son manifestaciones de una era que podemos llamar de la imagina-ción carolingia, donde la fuerte liaison teocrática, favorecía los prodigios y las is-las de maravillas. El pueblo de Dios tenía la verdad imaginativa de que el Elegi-do, el llamado, no tenía que dar cuenta a la realidad con un causalismoobliterado y simplón (...)” nos parece escuchar, en este módulo verbal lezamia-no, aquel lenguaje metafórico típico de los órficos cuando llamaban “tontos” alos no iniciados y para referirse a algo como el alma, buscaban la precisión irre-futable en la palabra criba, tan polisémica, y, a la vez, tan extrañamente exacta.

Antonin Artaud elabora una idea tranquilizadora: “el espíritu cree lo queve y hace lo que cree: ése es el secreto de la fascinación”.

Quizás, a partir de este aserto, Muerte de Narciso no es un poema para lasbúsquedas transgenéricas, para las definiciones ontológicas, para el congela-miento de los datos referenciales, para la captura de la causa cuya multiplici-dad de significaciones hace invisible la reducción a un concepto único. Alcontener el poema una intricada red de accesos, en palabras de Claudia Fer-man, se desafía a la percepción.

Al igual que Borromini, en los cielorrasos del Palacio Falconeri, inaugurauna concepción totalmente nueva, de cobertura de un interior arquitectónicocon la que, por primera vez, esta cubierta no es más una superficie o una bó-veda imitando la curvatura del horizonte o del cielo vagamente sobre el espa-cio perspéctico del vano, sino que el cielorraso se transforma en un elementode difusión luminosa, Muerte de Narciso atrae, metafóricamente hablando, anuestra contemporaneidad en 1937, aquella tendencia señalada por FedericoNietzsche como rasgo griego hacia lo luminoso, desde una especie de inclina-ción a lo crepuscular, y que se encontraba en Eurípides y en Platón. Para elautor de Ecce Homo, “esta lucha es la medida para juzgar de su fecundidad”.

En los vasos órficos, Lezama indica: “La canción de Orfeo, la flauta pániday los gallos eleusinos, destruyen el sombrío manto de la enemiga de Psique. ElCoro responde: saber su no saber es el nuevo saber, que repetido como un estribi-llo tiene la luz de la canción de Orfeo, entonada por los pastores, dominado-res del sueño cerca del río (...). Esa respuesta del coro es una nueva punzadaenigmática”.

Continúa Lezama su discurso: “en realidad el período órfico trae una solu-ción que no es ya la del período apolíneo. Trae un nuevo saber, un nuevo des-censo al infierno”.

El hilo de esa especulación reflexiva de Lezama deduce una posibilidadtrágica cuando afirma: “Nosostros nos atrevemos a pensar que en la raíz de laoscilación de Orfeo, como figura mitológica o real, debe existir el lanzazo deuna maldición”.

Esa punzada enigmática evidente para Lezama está contenida desde mu-cho antes como un fragmento anticipador a un retablo de asociaciones de Fri-da Kahlo, allá, en la cultura egipcia, anterior a los Eleusinos, en aquellos ver-sos de la duodécima dinastía que rezuman:

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La muerte está hoy ante mis ojoscomo el despejarse del cielo,como cuando un hombre llegaallí donde no sabía.

El lanzazo de la maldición se repite en Narciso quien, mitología o Lezamaencarnado, quiere recuperar aquel sentido vivencial perdido para el hombreen relación a la hoguera, la copa de agua, el espejo o la espada, o el alfabeto“para que las caravanas no se pierdan en el desierto”. Él insiste en Confluencias,en 1968, “Es la ofrenda de la poesía, cinco letras desconocidas errante análogode lo estelar con lo telúrico, de la nube entrando en el espejo”.

Eran las letras que están en el fondo y saltan como peces cuando bebemosagua en el cuenco de la mano”.

La nube entrando en el espejo. Esta idea de Lezama, ya está elaborada en1937 dentro del sistema poético de Narciso: “como se derrama la ausencia en laflecha que se aísla y como la fresa respira hilando su cristal, así el Otoño en quesu labio muere, así el granizo en blanco espejo destroza la mirada que le ciñe”.

O en otro momento del poema aclara aún más: “Polvos de luna y húmedatierra, el perfil desgajado en la nube que es espejo”.

Y ya casi al final del poema: “Si atreven el espejo de la muerte, concha delsonido”.

Cuando en uno de los primeros versos de Muerte de Narciso, José LezamaLima dice “la mano o el labio o el pájaro nevaban”, lo identificador en el ver-bo será, precisamente, su enorme recurrencia a lo largo de todo el poema. Aligual que para los estoicos la vida no era más que una sucesión de muertes, enel Narciso una continua carrera hacia los mundos helados, los fríos, pareceorientar el tránsito del mito lezamiano. Hay ocho versos en los que la palabranieve, o la acción de nevar, aparecen funcionando como eje sobre el que seconstruye la imagen: “el abismo de nieve alquitarada”, “los corceles si nie-ve...”, “la nieve que en los sistros no penetra...”, y un sinnúmero de ocasionesen las que el reflejo de la intuición poética no se apoya, sino parte del concep-to de la frialdad, más como fibra constitutiva que como atmósfera pictórica:“no se apresura tal vez su fría mirada/sobre la garza real y el frío tan débil...”,“llama fría y lengua alfilereada”, “granizados toronjiles y ríos de velamen con-gelados...”, “el frío del hirviente cisne...”, “pez del frío verde el aire en el espe-jo sin estrías...”

Narciso fluye en el tiempo hacia la mutación trágica, hacia la fijeza del au-toencantamiento. Pero el poeta no se conforma sólo con el torrente verbal,con la rueca perfecta del idioma, sino que a partir de esencias, va estambran-do imágenes, aquí mito renovado, allá captación planetaria de las mismas in-terrogantes que siguen agrediendo al hombre contemporáneo, reafirmandoque aunque podamos estarnos montando en un tren computarizado en unacalle de Tokio, o en un ciclo chino Forever por la calzada más bien destrozadade Jesús del Monte, nadie puede negar la posibilidad de sentir al mismo tiem-po la desesperación de distanciarnos de nosotros mismos por ser fieles al ím-

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petu de nuestra naturaleza, conmocionada aún por los crímenes de las gue-rras médicas o del descubrimiento de América. Esa preparación para el acon-tecimiento poético en el que Lezama ejerce una intensa fuerza mántica, elcuece emancipador contra el deteriorante decursar del tiempo, sirve de em-bocadura a Narciso, y ya la penetración laberíntica es la tesis y no la hipótesisde un viaje a los ríos, al hálito de la tierra o a la belleza que cada vez se hacemás entrevista y alcanzable.

Todo va quedando dispuesto para el regreso en el que segundas lecturasirán dando la condición poliédrica para fijar los significados multirradiales, demoderna acústica como esos “chillidos frutados en la nieve” que él mismo preci-sa. Verso tras verso hay un juego de resignificaciones. Así el concepto de cuerpocomo sepulcro del alma o la variación de esta idea que tomaron los órficos delas fuentes orientales shamanísticas, tiene conexiones con versos conductoresde Narciso como el paradigmático: “Ya solo cae el pájaro, la mano que la cárcelmueve”. O más adelante, “en su cárcel sin sed se destacan los brazos”.

Charles Chaplin obtiene la futuridad de su momento en la complicaciónde situaciones en las que los “gags” permiten una revelación del índice enaje-nado del individuo inserto en la civilización que se le opone. Pier Paolo Passo-lini señalaba en aserto irrefutable que lo más universal, dentro del sistema co-municativo de Chaplin en relación con las grandes masas era que ponía encrisis todas las formas de hábitos incorporados por el hombre en el procesode socialización. Así Chaplin siempre era “inadecuado” al comer, al compor-tarse en actividades sociales, al actual como hombre “civilizado”.

Y es que el saldo de una imaginación proyectada, fundamentalmente, enel plano visual, como era la imaginación chaplinesca, requería del enrevesa-miento situacional, de una suma de hechos complicados e interrelacionadosque, a la manera de los domis de los animados clásicos, expandieran la cargaalienante de una sensibilidad humana obligada a recibir las altas tensiones delas guerras mundiales, de las masacres raciales, del crimen, aparentemente,gratuito, del debate olímpico entre utópicos y los Fukuyama con el fin de lahistoria, de las soledades poco gongorinas de los yo supremos cuyos interesesy prepotencias históricas acaban cocinándolos en su propio aceite.

Lezama no canaliza la pujanza de su ánimo poético en el barroquismo porsimple formación intelectual y “afinidad electiva”.

En Muerte de Narciso, los círculos son en vueltas de espiral concéntrica por-que la necesidad del tiempo lezamiano, acogiendo el mito del Narciso del río,imita la caída al agua del hombre contra su espejo, configurando el discursopoético dentro de la propia imagen que dibuja y proyecta la penetración delobjeto en el agua, fuerza, por demás, eminentemente transmutadora. Es asíque uno de los versos más clarividentes: “pluma morada, no mojada, pez mi-rándome, sepulcro”, actúa como terrible afirmación de lo que finalizará otrosversos más adelante, “así el espejo averiguó callado, así Narciso en pleamar fu-gó sin alas”.

Si el mito en sí, plantea la angustia introspectiva de todo acto solitario queconduce a la pérdida de la propia identidad sobre la base de querer afirmarla,

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sentimos vibrar una especie de conmiseración en el poeta ante las breves ilu-siones de los hombres, aligerados en sí mismos por tanto ruido exterior que,funcionando en ellos como el terror conque la morsa se siente derribar por laaplanadora de Woody Woodpecker, en el clásico infantil, se encantan con lassirenas que crean las lucecillas encandiladas de sus ojos cuando los párpadosse cierran fuertemente y siguen mirando una realidad insospechada desdeellos mismos.

¿Cuál era el entorno mundial de Muerte de Narciso? Ascenso del fascismo yzaguán de la segunda guerra mundial. Los crímenes obreros cometidos porBatista, las incorporaciones cotidianas de una información amplia y contradic-toria hacía reducir el mundo a una sencilla ecuación: la bota fascista entraríaen las tierras polacas para “solucionar” el problema judío con la extermina-ción, y en España, el proyecto de la República Española sería asfixiado a costade las raposas famosas de León Felipe, del cinturón urdido, del sabotaje perti-naz a toda solidaridad con una lucha cuyas resonancias iluminaban la Améri-ca y el Caribe. Cuando Lezama escribe en Muerte de Narciso: “Cuerpo del soni-do el enjambre que muchos pinos claman/despertando el oleaje en lisasllamaradas y vuelos sosegados/guiados por la paloma que sin ojos chilla/quesin clavel la fuente espejo es de ondas, no recuerdos”, parece aludir esa otrapaloma ciega, chilladora, analogía del Mefisto de Brandauer, que conducía ala humanidad del 37 al desemboque de una conflagración mundial.

Las intuiciones lezamianas forman un arco voltaico que no se apaga en símismo como ridículo santuario de papel crepé tirado a las llamas, para serpasto del ruido aislado y hermético solamente. Sacralizarlo, como dice la can-ción del Benny, hoy como ayer, sería una inconsecuencia, más que un nuevocrimen, otra estupidez. El hombre cubano, feliz o infeliz del treinta y siete, es-tá en toda aquella muerte del Narciso mítico, como experiencia individual deLezama, como “tierra húmeda ascendiendo hasta el rostro, flecha cerrada”.Porque al igual que la cima es el punto más alto de la tierra en el horizonte, lasima es su sostén. Todo es paisaje.

Muerte de Narciso tiene accesos para el hombre contemporáneo, y su recién-nacimiento diario es fecundante por la proyección poética de una obra ali-mentada en los saberes reproductores confucianos, pero con hálito de pro-gresión, no círculo cerrado de tradición repetido, en la alquimia de susabiduría propia, fuera de los mampuestos de la estrechez intelectual, y con lavoluntad de abrir caminos sin propósitos epigonales, teniendo, entre otros ob-jetivos, el de atribuirse el instante perfecto, ketseano, captado a totalidad, ypor tanto permanencia en el futuro, eterna compañía en un viaje siempredeslumbrante. Así como el Gilgamesh o la Cuatlicue azteca impusieron su es-pacio y tiempo hasta nuestro espacio y tiempo, Lezama, bosqueja, con el Nar-ciso una presencia piramidal, el antipapirismo drástico para ser códice dúctilque nos permite retomar la puerta poética, fluyente, cada vez que las crisis delas culturas aparezcan con sus endemias perniciosas.

El ser hombre de islas, como aspecto fibrógeno en el que participamos losque estamos viendo la perennidad del mar que nos rodea, aunque los edifi-

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cios de la ciudad, cada vez más árabes, interrumpan la imagen segundo a se-gundo desvastadoramente, parece represada en ese verso descriptivo, y vueltocánula sanguínea: “Ya el otoño recorre las islas no cuidadas, guarnecidas islas,y aislada paloma muda entre dos hojas enterradas”.

La inasible combinación de palabras cuyas eles parecen emancipar con lar y la rr la continua dureza del vocablo para hacerlo cercano a aquel verso deMariano Brull, un poco anterior, de 1928, de Poemas en menguante: “No: cantotornaluna / Alegría de ahora / melodía escarpada / encrespada crin de ar-monía / crótalo erizado de delicia”.

También Lezama dirá en Narciso: “No es la curva corintia traición de con-fitados mirabeles / que el espejo reúne o navega ciego desterrado / Ya sesiente temblar el pájaro en mano terrenal?”.

Si como buscaba Lezama: “se atraviesa el espejo”, en el acto de Narciso,hay una rumia constante entre la masacrada forma de la idea y la perfecciónde la palabra. Lograr la conjunción es poder decir, como hace Lezama Lima,en la parte última del poema donde se desata la mínima clasificación, la codi-ficación, lo textual y lo intertextual, los metatextos y las metapoesías, las no-menclaturas fragmentantes de la lengua, el encasillamiento, lo mimético, loúnicamente ismo: “Narciso, Narciso. Las astas del ciervo asesinado, / son pe-ces, son llamas, son flautas, son dedos mordisqueados./ Narciso, Narciso. Loscabellos guiando florentinos reptan perfiles / labios sus rutas, llamas tristeslas olas mordiendo sus caderas”.

Nosotros, en contagio paródico, le decimos: “Lezama, Lezama. Suerte dela transformación de la materia en levadura luminosa para el cántico corpo-ral, para la alegría del juicio poético.

“Lezama, Lezama, la Muerte de Narciso, más que prístina reminiscencia es,desde ti, cuestión novedosa para las estructuras del porvenir poético, torrentesemántico que rompe la urna clásica para contaminarnos mánticamente enmedio del estanco, tú como el corazón de Dionisos, nos resucitas más allá dela condenación de la ceniza, y es tu alarido sospechoso desde la ruta de Troca-dero y de los recitativos de tus poemas en aquellas frenéticas madrugadas anteel río Canímar, sobre el puente de Matanzas, desentrañamiento de la parado-ja humana, para nutrir, al fin, la cabeza cansada”.

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Por Félix Lizárraga (Poema 1)

Conocía la costumbre del té antes de emprender viaje.Costumbre antigua demorarse en la taza sin beberla,luego irse.Costumbre tibetana.La casa queda a oscuras.

En el centro se emposa la infusióny uno siente, no importa lo lejano,que algo ha quedado a mediasy regresa.

Pero él no tuvo casa que cerrarni tetera donde calentar el agua.

Cómo le irá en aquel exilio a donde no se va,de donde no se vuelve.

Echo las últimas barreduras de té,he puesto bajo el cielo una taza en su honor.Dondequiera que esté será lo que fue siempre:espíritu y espíritu.

Poemas de Antonio José Ponte

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Entre los colegiales de los Karamázov (Poema 2)

Te gritaron también como le gritanal que toma unas piedras en la calle,y te echaron en cara delgadez,poca fuerzaen unos ejercicios que los demás salvaban.Tu inteligencia que la reconocieran los maestros,el buen carácter en tu casa.Los de tu edad sólo veían cuánto te demorabasen responder a los insultos con insultos.

No eras como los otros.Lo quisisteo lo quisieron ellos para ti.Eras ese muchacho cargado de piedrasentre los colegiales de los Karamázov.Buscaste como él volverte algo sin vida(un cristal, una estrella, un adulto lejano),vivir en otro día...La pelea, sin embargo, no estaba terminada.Tantos años después, todavía tú gritas“Hazte piedra,golpea”.

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Cuatro libras de nieve1

(Poema 3)

Antes de que comiencen a florecer las varasy el deseo de preñar se transparente,concedan cuatro libras de nieve a Maribárbola.

Que cada boca suya rumie del invierno.Antes de que se junten el caballo y la yegua,naufrague Maribárbola en un cajón de nieve.

Porque ella es la primera en sentir la estacióny se vuelve difícil ensillarla.

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1 Maribárbola, enana de la Reina, retratada en Las Meninas, aparece también en el inventario delocos, enanos, negros y gente de placer de las cortes españolas de los Austrias que compilara JoséMoreno Villa. Según éste, su verdadero nombre era María Bárbara Ausquen o Ausquin y tuvo elprivilegio, a partir de 1658, de recibir a diario cuatro libras de nieve durante los veranos. De laconjunción de ese par de monstruos –enana y nieve en el verano– sale este poemita dedicado aGastón Baquero en Madrid.

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PESE A SUS REITERADAS E INSISTENTES AFIRMA-ciones respecto al apoyo que la inmensamayoría supuestamente le confiere, el Go-bierno cubano padece de una profundísi-ma –si bien latente– crisis política. El haberdesafiado los presagios que le auguraban lamisma suerte que sufrieron sus antiguosaliados en la Unión Soviética y Europa delEste, le ha permitido al régimen aparentaruna cierta normalidad. Bajo la superficie,sin embargo, sus fundamentos políticos hansido debilitados por 38 años de consignasrevolucionarias cada vez más vacías y erosio-nados por el escepticismo creciente de lapoblación. Aunque la crisis latente no tieneotra salida que la transición a la democra-cia, la cúpula dirigente de Cuba se resiste aella con vehemencia. En sus inicios, la Revo-lución Cubana suscitó un apoyo popular ex-traordinario. Su triunfo conmovió a la po-blación de tal forma que el hecho de que elnuevo orden no les dejara a sus opositoresotra alternativa que la cárcel, la muerte, elexilio o el silencio fue opacado por lo queentonces parecía más apremiante: su llama-miento en defensa de la soberanía nacionaly la justicia social. Al rechazar la democra-cia representativa, el Gobierno revoluciona-rio se fundamentó en el modelo de partidoúnico, combinado con la autoridad impo-nente de Fidel Castro y el entonces masivoapoyo de la población. El reto estribaba enla reconducción de la efervescencia revolu-cionaria hacia un entramado de institucio-

nes capaces de afrontar las múltiples exi-gencias de la vida cotidiana.

Hoy resulta totalmente imposible cum-plir con ese reto, pues la revolución ya noestá viva. El exitoso desafío a los presagiosdel derrumbe a principios de los 90 se ha lo-grado mediante la reafirmación del modelosurgido al calor revolucionario, lo cual a suvez, paradójicamente, subraya la crisis políti-ca por tres razones. La primera es la intrín-seca dependencia del sistema político en lafigura de Fidel Castro. Al igual que sus ho-mólogos en la URSS de Stalin y la China deMao, el Partido Comunista de Cuba no hatenido la fuerza institucional de “rutinizar”el liderazgo unipersonal. Sin embargo, a di-ferencia de la URSS y China, Cuba se va a en-frentar a la ausencia del máximo líder encondiciones excepcionalmente adversas pa-ra la continuación del status quo. La segundarazón se refiere al apoyo ciudadano al Go-bierno. Los portavoces oficiales afirmancontar con una popularidad permanente,mientras que los opositores, así como, cre-cientemente, la mayoría de la comunidadinternacional, ponen en duda esa afirma-ción. No obstante, el gobierno no se atrevea someterse a la única prueba que saldaríala diferencia de opinión: unas elecciones li-bres y honestas. Por último, la crisis tambiénse debe al desfase entre el sistema político yla sociedad cubana actual, especialmentecon respecto a aquellos sectores que des-puntan como una clase media en gestación.

La Cuba posibleMarifeli Pérez-Stable

(Publicado en El País, Madrid, 23 de enero de 1997)

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Los sectores medios bien podrían ser losportadores de la difícil y delicada transfor-mación que el país necesita urgentemente.Esta amplia intelligentsia –profesionales, ad-ministradores, maestros, intelectuales, artis-tas, periodistas, dirigentes sindicales, religio-sos, empresarios en cierne, políticos– estáintegrada por todos los que, en su quehacercotidiano, podrían pensar y articular unaCuba capaz de afrontar los mandatos delnuevo siglo. Su perfil sociológico es real-mente notable: un 40% de la fuerza laboralposee niveles técnicos y profesionales y másdel 65% de esta fuerza calificada reside fue-ra de La Habana. Es decir, en contraste conla ingeniosa clase media cubana de los añoscincuenta que, mayoritariamente, se con-centraba en la capital, la que se ha ido ges-tando desde entonces, podría desempeñarlabores de dirección e influencia a lo largo yancho de la Isla.

Pero, claro está, en las condiciones vi-gentes, el país no puede verdaderamentebeneficiarse de este caudal humano. Tal pa-rece ser que las tímidas reformas económi-cas decretadas a partir de 1993 han sido di-rigidas, precisamente, a impedir que estossectores alcancen su justo relieve. Por ejem-plo, la ley que autoriza el autoempleo se loveta a los graduados universitarios, lo cualha traído como resultado que sea frecuenteencontrarse a médicos, ingenieros y maes-tros trabajando como taxistas, mozos de ho-tel o en cualquier otra actividad que les sig-nifique ingresos en divisas. Asimismo, lanegativa del Gobierno a permitir la crea-ción de la pequeña empresa privada nacio-nal es aún más reveladora de la voluntad dela dirigencia de mantener el poder a expen-sas del mejoramiento económico del país.Sin una legislación que autorice la creaciónde este sector empresarial, la economía nova a salir del atolladero: sólo garantizándolea la población plenos derechos empresaria-les podrá el Estado desplazar al no menos

del millón de trabajadores actualmentesubempleado en el sector público. Se calcu-la que alrededor de un 60% de estas empre-sas no son rentables. La retórica oficial searropa con el manto de la equidad, sin du-da un ideal justo y necesario en cualquiersociedad. Los gobernantes cubanos, sin em-bargo, se escudan detrás de esta retórica pa-ra evitar las verdaderas reformas. Aunqueson grandes admiradores de China y Viet-nam por su habilidad para efectuar cambioseconómicos sin perder el control político,no se arriesgan a una reestructuración simi-lar pues saben que, en Cuba, tendría queacompañarla una apertura política que,eventualmente, quebrantaría el modelo po-lítico de liderazgo unipersonal y partidoúnico. No es lo mismo implementar refor-mas económicas en sociedades fundamen-talmente campesinas que en una, como lacubana, básicamente urbana y con una ma-sa crítica de población altamente calificada.

La Cuba posible, por tanto, está clara-mente al alcance del actual Gobierno. Sinduda, su nacimiento podría facilitarlo elque los Estados Unidos adoptaran una polí-tica más a tono con la de la Unión Europea,o si las voces de reconciliación predomina-ran en el exilio. Pero, ostentar la tesis deque sólo con el levantamiento del embargoo la moderación del exilio es hacedero uncambio más sustantivo en Cuba resulta ver-gonzoso para un Gobierno que tanto se jac-ta de su nacionalismo. La tesis contraria –esdecir, que es inaplazable implementar unaverdadera reforma de la economía y esta-blecer un Estado de derecho– responde noa exigencias extranjeras sino, me atrevería aafirmar, a las aspiraciones de la abrumadoramayoría de los cubanos en la Isla. En díasrecientes, voceros gubernamentales se hanmanifestado preocupados por la recesióneconómica que el año nuevo seguramenteles depara. La irrentabilidad de las empre-sas estatales ha traído como consecuencia

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una acumulación tal de la deuda internaque, conjuntamente con el déficit de la ba-lanza comercial y la deuda externa, amena-za la modestísima recuperación de los últi-mos tres años. La alta dirigencia, por tanto,parece haber perdido la apuesta que a par-tir de 1993 la llevó a implementar reformasa medias: éstas, evidentemente, no han bas-tado para sanear la economía. Es probable,no obstante, que la reacción sea decretarotra rueda de tímidas medidas. Si es así, lacúpula cubana acentuaría la latente crisispolítica al recurrir a los manidos métodosque si bien, hasta ahora, le han servido parareafirmarse en el poder, no dejan de poner

en evidencia la fragilidad, de fondo y a lar-go plazo, del sistema. Tarde o temprano,una transición a una economía de mercadoy a la democracia tendrá lugar en Cuba. ¿Seiniciará ésta mediante un pacto con los quehoy gobiernan o en radical oposición aellos? Ésa es la pregunta clave. Un pactoque desatascara los talentos y liberara las vo-ces de los sectores medios le traería, sin du-da, enormes beneficios al país. Y, claro está,también respaldaría a aquéllos en el sectoroficial que fueran capaces de imaginarse loinevitable –una Cuba sin Fidel Castro– yque, desde ahora, lograran actuar con estaperspectiva.

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Marta María Pérez Bravo. (1995). Más fuertes nos protegen mejor.

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LAS CORRIENTES DE PENSAMIENTO –ARISTOTELIS-mo, hegelianismo, marxismo– o las políti-cas –leninismo, maoísmo, castrismo– que sedenominan a partir de un nombre propio,además de confirmar la expansión, influen-cia o popularidad que han alcanzado, ofre-cen una primera dificultad, al hacer refe-rencia, tanto al conjunto de lo pensado orealizado por una persona, como a las co-rrientes o movimientos que de ellas provie-nen; a menudo, incluso, se entremezclanestas dos significaciones. Por castrismo hade entenderse tanto la línea de acción y depensamiento que distingue a Fidel Castrocomo una determinada corriente marxistarevolucionaria que ha actuado en AméricaLatina, siguiendo las pautas de la revolu-ción cubana.

Colocados en un enfoque latinoameri-cano, se imponen dos observaciones. Laprimera, que el castrismo es el primer movi-miento político-social latinoamericano cuyoprestigio e influencia ha saltado fuera delcontinente alcanzando una cierta universa-lidad. El castrismo es un concepto conocidoen Estados Unidos, Europa y que ha influi-do, aparte de Latinoamérica, sobre todo enÁfrica. Una segunda observación: llama laatención que el concepto se derive del ape-llido, cuando lo propio de la tradición his-pánica es que lo haga del nombre de pila:así el “porfiriato” viene de Porfirio Díaz o el“felipismo” de Felipe González. Aunque lasmasas gritasen “Fidel”, “Fidel”, “Fidel”, y al

principio se les llamase “fidelistas” a los se-guidores de Castro, el concepto que ha ter-minado por prevalecer ha sido el de castris-mo, lo que indica que no es una creaciónpopular, sino que ha surgido en los mediosintelectuales y círculos políticos del afán dediferenciar un concepto específico de socia-lismo revolucionario para América Latina.

El concepto de castrismo viene así di-rectamente ligado 1º. a una experiencia his-tórica, la revolución cubana; 2º. a los carac-teres particulares de su líder máximo, FidelCastro; 3º. a las condiciones de una Améri-ca Latina en ebullición, después de la se-gunda posguerra en una época marcadapor la guerra fría y 4º. al resurgir del mun-do subdesarrollado en los sesenta. La con-fluencia de estos cuatro factores tipifica lalínea de acción y de pensamiento políticosque denominamos castrismo.

LA REVOLUCIÓN CUBANA

En este siglo XX han triunfado en AméricaLatina cuatro revoluciones: la mexicana, laboliviana, la cubana y, como una secuela deésta última, la nicaragüense. Como la boli-viana también podría interpretarse, en cier-to modo, como una réplica de la mexicana,en rigor, en América Latina habría que ha-blar de dos revoluciones modélicas; la mexi-cana que comienza en 1910 y la cubana, en1959. Las dos tienen elementos comunes:por ejemplo, en ambas cabe señalar con ni-tidez su comienzo, pero no es nada fácil po-

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Para una definición del castrismo

Ignacio Sotelo(Publicado en Razón y Fe, Revista Hispanoamericana de Cultura,

nº 1180, Madrid, Febrero 1997)

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nerse de acuerdo sobre su final, incluso enun momento en que los dos regímenes quealumbraron se encuentran enormementedebilitados. Tanto en la revolución mexica-na como en la cubana desempeña un papelimportante un nacionalismo enfrentado aEstados Unidos. Además, las dos revolucio-nes tienen en origen una intención exclusi-vamente política –acabar con los regímenesde Porfirio Díaz y de Fulgencio Batista–,empeño que desencadena en ambos casosuna revolución social.

Pero, tanto o más que las similitudes,son importantes las diferencias: la revolu-ción mexicana, apoyada en sus comienzospor los Estados Unidos, supo mantenersiempre una relación pragmática con su ve-cino del Norte, hasta culminar el procesoen la participación en una zona común delibre cambio (Tratado de Libre Comercio).En cambio, el antiamericanismo visceral dela revolución cubana se ha mantenido a lolargo de tres largas décadas, sin que hastaahora haya sido capaz de normalizar sus re-laciones con la potencia hegemónica. Untratamiento tan diferente de las relacionescon los Estados Unidos se explica a partirde la inserción de la Cuba revolucionariaen la guerra fría y depender su pervivenciadel apoyo económico y político de la UniónSoviética, lo que obligó a Cuba, en últimotérmino, a adoptar en buena parte el mode-lo soviético. En cambio, la revolución mexi-cana consolida su modelo socioeconómicoy político en los años veinte y treinta en unámbito en el que la influencia soviética estodavía prácticamente nula en América La-tina. En fin, una diferencia fundamentalhay que consignar entre ambas revolucio-nes: mientras la mexicana, en cada una desus etapas, tuvo siempre distintos líderes, amenudo enfrentados entre sí –por lo me-nos hasta 1929, año de la fundación del par-tido revolucionario–, Fidel Castro ha sidodesde sus comienzos hasta la fecha el único

líder de la revolución cubana. La personali-dad de Castro ha marcado de manera deci-siva origen, proceso y modelo resultante dela revolución cubana, impronta personalque precisamente subraya el mismo concep-to de castrismo.

LA PERSONALIDAD DE FIDEL CASTRO

El carácter más peculiar de la revolucióncubana es su personificación, hasta el puntoque podría considerarse casi producto ex-clusivo de la voluntad de una sola persona.Sin la personalidad de Fidel no se explicasu origen –asalto al cuartel Moncada; el de-sembarco del Granma y la aventura de Sie-rra Maestra– ni su evolución en cada unade las etapas vividas. El poder omnímodode Fidel Castro ha sido, y sigue siendo, unade las constantes definitorias de la revolu-ción cubana. Tamaña personificación de to-do un pueblo y de todo un proceso revolu-cionario en un solo individuo rompe todoslos esquemas, incluso en una América Lati-na que ha conocido a fondo lo que significala personificación del poder y de la política:fenómeno que conocemos como caudillis-mo. No ha habido caudillo en la historia deAmérica Latina que haya alcanzado, ni delejos, un poder tan absoluto y arbitrario co-mo el que ejerce Fidel Castro. Como mani-festase el conocido experto agrícola, RenéDumond, en los comienzos de los sesenta,“el problema cubano es fácil de diagnosti-car. En esta isla hay un hombre que tomatodas las decisiones y desgraciadamente seequivoca muchas veces, sobre todo en el te-rreno económico”. No se entiende el cas-trismo sin esta dimensión personal, produc-to de un consumado arbitrista; más aún,constituye su rasgo más sobresaliente.

LA SITUACIÓN DE AMÉRICA LATINADURANTE LA GUERRA FRÍA

La crisis mundial de comienzos de los trein-ta pone en entredicho el modelo latinoa-

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mericano de integración en el mercadomundial: exportación de materias primas acambio de productos manufacturados. Sus-tituir el modelo supone modificar las rela-ciones de clase, a lo que con todas sus fuer-zas se oponen las oligarquías establecidas.Las circunstancias especiales de la SegundaGuerra Mundial y la larga posguerra disi-mulan la crisis del modelo tradicional, a lavez que sientan las bases para poner enmarcha un proceso de industrialización quereduzca la importación de los productos in-dustriales de consumo. En los años cincuen-ta y sesenta la CEPAL sostiene que la fórmulaadecuada para salir del subdesarrollo enAmérica Latina es industrializarse (indus-trialización, por sustitución de importacio-nes). Ahora bien, el proceso de industriali-zación tropieza con dificultades internasque se centran en la falta de un mercadosuficiente para los productos manufactura-dos, debido en primer lugar a la existenciade un campesinado que, al borde de la mi-seria, se encuentra en relaciones semifeuda-les de dependencia. El populismo industria-lista se revela incapaz de llevar a cabo lasreformas agrarias en el campo y las refor-mas sociales en la ciudad, que consideraineludibles para avanzar en el proceso deindustrialización. A estas dificultades inter-nas hay que añadir las externas, que se ha-cen visibles al comprobar que la industriali-zación emprendida crea nuevas formas dedependencia, tecnológica y financiera, conel mundo desarrollado.

Ante tantas y tan graves dificultades, lallegada al poder a finales de 1959 de los“barbudos” de Sierra Maestra levanta enor-mes expectativas. En América Latina mu-chos no perciben ya otra salida que la revo-lucionaria. Como exigía el populismoindustrialista, en Cuba se comienza con unareforma agraria radical, que se lleva a susúltimas consecuencias, pese a provocar laruptura de relaciones con los Estados Uni-

dos. Tras una revolución social y educativade tal envergadura, a mediados de los 60nadie en América Latina duda de que enCuba se han sentado las bases para poneren marcha un rápido proceso de industriali-zación, máxime con figura tan carismáticacomo Che Guevara, como ministro de In-dustria. La realidad va a mostrar que la am-biciosa industrialización de la isla nunca pa-só de ser un proyecto más de los muchos norealizados, o fracasados, en los últimos 30años. En las condiciones de la guerra fría,para amplios sectores populares latinoame-ricanos, capitaneados por intelectuales y es-tudiantes, resultaba convincente la simplifi-cación de atribuir todos los males a lasrelaciones capitalistas de producción, en lascondiciones de dependencia que impon-dría el “imperialismo norteamericano”, a lavez que todavía no había perdido verosimi-litud el modo cubano de acceso al poder–teoría del foco guerrillero–, así como el ul-terior desarrollo socialista de las relacionesde producción según las pautas soviéticas.Obsérvese que el castrismo había nacido deun nacionalismo acérrimo, interesado enrecalcar la originalidad del proceso revolu-cionario cubano, para culminar en un inter-nacionalismo no menos consecuente, queno pretende más que reproducir el modelosoviético. El 3 de enero de 1966 se celebróen La Habana la Primera Conferencia deSolidaridad entre los Pueblos de África,América y Asia, conocida como la Triconti-nental. La intervención militar cubana enÁfrica –Angola, Mozambique, Etiopía– es laexpresión más irracional de este internacio-nalismo al servicio de la Unión Soviética,con altos costos para la población y la eco-nomía cubanas.

AUGE Y DECADENCIA DEL CASTRISMO

Con estos elementos cabe ya definir el cas-trismo como la adaptación del marxismosoviético a las condiciones especiales de

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Para una de f in i c i ón d e l ca s t r i smo

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América Latina durante las décadas de lossesenta y setenta, según la interpretaciónque entonces se hacía de la revolución cu-bana como si hubiera sido el resultado in-defectible de un movimiento armado; inter-pretación que constituye ya de por sí otroelemento básico del castrismo. La contribu-ción más original y, si se quiere, menos mar-xista, del castrismo consistía en promoveruna estrategia de acceso al poder por me-dio de la acción guerrillera, partiendo delas zonas geográficas más inaccesibles y con-tando de antemano con la movilización delcampesinado. El voluntarismo revoluciona-rio sustituía al análisis marxista sobre las re-laciones de clase. Con el castrismo se identi-ficó el mito de que un pequeño grupoarmado podría acabar con la estructura depoder establecida. Con todo, un movimien-to guerrillero merecía el título de castristasi su implantación convenía a los interesessuperiores cubanos: en un momento enque el embargo y el aislamiento impuestospor Estados Unidos hacían imprescindiblemantener buenas relaciones con México,los movimientos guerrilleros que actuabanen este país no merecían esta denomina-ción, silenciados tanto por el Gobierno me-xicano como por el cubano.

El último éxito del castrismo fue la revo-lución sandinista, así como el final del cas-trismo, como modelo latinoamericano, lomarca el que el sandinismo se desmoronasepor la voluntad expresada en las urnas delpueblo nicaragüense, doble fracaso que tie-ne su origen en el debilitamiento y ulteriordesplome de la Unión Soviética, que deja a

Cuba y a su socialismo castrista enfrentadosa problemas económicos y sociales insolu-bles. Al precio internacional del azúcar, yasin subvenciones soviéticas, la zafra cubanano financia ni la mitad de la cuenta petrole-ra, que hay que pagar ahora en divisas.

El que Castro permanezca en el poder,pese a que el modelo socialista cubano notenga la menor viabilidad, ha dado un vuel-co al concepto de castrismo y, de señalaruna vía latinoamericana hacia el socialismo,lo más probable, si logra mantenerse algu-nos años, es que acabe por significar el ca-mino inverso del socialismo al capitalismo,que se caracterice por mantener, por lo me-nos en las primeras etapas de la transición,el viejo aparato de partido, el sostén princi-pal del régimen, y con él, partes del viejodiscurso revolucionario. Castro puede muybien redondear el viaje completo de ida alsocialismo y de vuelta al capitalismo, po-niendo así de relieve que el sistema estable-cido en Cuba no ha sido más que la dicta-dura personal de un obseso del poder, queha sabido manejarse con las más diversasideologías –nacionalismo, socialismo, leni-nismo– con el único fin de perpetuarse enel poder, con un prestigio en Cuba y enAmérica Latina siempre descendente, peroen relación con los resultados, sorprenden-temente alto. El castrismo se revela comoun fenómeno harto peculiar de poder per-sonal, que ha sabido recubrirse de una au-reola de prestigio, pese al precio altísimoen libertad y bienestar que el pueblo cuba-no ha pagado en estos casi 40 años de fé-rrea dictadura.

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INVITACIÓN AL DEBATE A PARTIRDE UNA REVELADORA ANTOLOGÍA

“El único modo de exorcizar espectros es sa-carlos a la luz. Si se habla de un quinqueniogris en la literatura, en el teatro se trata deun decenio oscuro que se abrió en 1965”

Tengo entre las manos un libro necesariopara mí. Editado este año por el Centro dedocumentación teatral del Ministerio deCultura de España, la Sociedad estatal quin-to centenario, y el Fondo de cultura econó-mica, este Teatro cubano contemporáneo, Antolo-gía recoge en un grueso (1504 páginas) ybello volumen dieciséis obras de nuestro tea-tro escritas entre 1941 y 1990. Lo necesarioes que por primera vez aparecen juntos dra-maturgos que residen en Cuba (11) y auto-res que viven fuera del país (5), de los cua-les tres obras fueron escritas después deabandonar Cuba, dos de ellas originalmen-te en inglés. Esta publicación forma partede una serie de antologías iberoamericanas(13 volúmenes) bajo la dirección de MoisésPérez Coterillo, y en el caso de la seleccióncubana con un prólogo y cronología deCarlos Espinosa Domínguez. Por encima devaloraciones críticas, de la justeza o no de laselección, de los hechos que se anotan en lacronología, de aspectos sociopolíticos quese apuntan, está el hecho medular de con-cebir nuestro teatro como una totalidadque se expresa dentro y fuera de Cuba, noimporta el idioma u otras circunstancias.

Y la lectura de este libro, necesario paramí, me ha sumido en unas reflexiones quedeseo compartir como apertura a un posi-ble debate sobre nuestro quehacer teatral.

LA SELECCIÓN ANTOLÓGICA

Las dieciséis obras escogidas, así como suspresentadores, son Aire frío, de Piñera (pro-curada por Raquel Carrió), Réquiem por Yari-ni, de Felipe (Armando Correa), Lila, la ma-riposa, de Ferrer (Eberto García Abreu), Ladolorosa historia del amor secreto de don José Ja-cinto Milanés, de Estorino (Vivian MartínezTabares), Santa Camila de La Habana Vieja, deBrene (Roberto Gacio Suárez), Recuerdos deTulipa, de Reguera Saumell (Carlos EspinosaDomínguez), Su cara mitad, de Montes Hui-dobro (José A. Escarpanter), La noche de losasesinos, de Triana (Julio Gómez), Sanguivinen Union City, de Manuel Martín Jr. (JuanCarlos Martínez), Los siete contra Tebas, deArrufat (hermosa y valiente presentación deAbilio Estévez), María Antonia, de Hernán-dez Espinosa (Inés María Martiatu), El premioflaco, de Quintero (Amado del Pino), Andobao Mientras llegan los camiones, de Abraham Ro-dríguez (Liliam Vázquez), Alguna cosita quealivie el sufrir, de René R. Alomá (Alberto Sa-rraín), La verdadera culpa de Juan Clemente Ze-nea, de Estévez (Laura Fernández) y Time-ball o El juego de perder el tiempo, de Joel Cano(Esther María Hernández Arocha).

Como en toda selección es lícito discu-tir y creo que faltan autores y obras como

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Asumir la totalidad del teatro cubano

Rine Leal(Publicado en La Gaceta de Cuba, La Habana, Septiembre-Octubre 1992)

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Paz con La vitrina, Milián con Vade retro, Pe-dro con Weekend en Bahía y Eduardo Manetcon Las Monjas, que por cierto nunca semenciona aunque la obra se mantuvo, se-gún informes, un año en cartelera en París,es decir, es la obra cubana de mayor éxitoescénico aunque no en difusión internacio-nal, lo que corresponde muy justamente aLa noche... de Triana.

Creo, entonces, que el saldo antológicoes correcto, poco modificable, representati-vo, y demuestra la existencia de una drama-turgia sólida y diversa. Como dije hace yamuchos años en mi primera antología (Tea-tro cubano en un acto, 1963) “seleccionar essiempre un proceso molesto. Y si vamos acreer en los antiguos (Paris escoge la másbella entre las tres Diosas), en ocasionesenojoso”. Esta vez, sin embargo, el enojo noconduce a Troya.

EL DECENIO OSCURO

La antología se abre con un amplio prólogo(65 páginas) donde Espinosa demuestra suafán informativo y acucioso trabajo de losque siempre hizo gala desde sus días –ya le-janos– de estudiante de Teatrología en elInstituto Superior de Arte, donde se graduóen 1981 con una tesis sobre el teatro Escam-bray. La valoración que hace del teatro cu-bano actual me parece correcta, honesta,prudente en ocasiones, ponderada en líneasgenerales, nada ingenua y dirigida a un pú-blico que precisa ciertas afirmaciones paragarantizar la “objetividad” del ensayista. Loque sí produce sorpresa es el conocimientode primera mano que Carlos posee sobrenuestra dramaturgia de los últimos añosque no conoció debido a su residencia enEspaña, lo que ratifica lo alerta que está so-bre nuestro teatro y su desarrollo actual.

El prólogo se cierra con una cronologíade la vida político-social y cultural-teatralentre 1945 y 1990. Hubiera preferido co-menzarla en 1941 con Electra Garrigó y de

esa forma marchar al unísono con la selec-ción, así como llenar ciertos olvidos o lagu-nas, corregir errores y completar ciertos da-tos. Echo de menos en 1959 la creación delTeatro Nacional, el error de situar un añoantes (1960) la censura del documental PMy la desaparición de Lunes de Revolución, elolvido de las Palabras a los intelectuales de Fi-del Castro en 1961, y la afirmación de queEl monte de Lydia Cabrera, editado en 1989,sea el primer libro “publicado en la isla deun autor cubano en el exilio”, pues tal deta-lle pertenece a Poemas escogidos de AgustínAcosta, editado en diciembre de 1988. O noconsignar en 1965 el cierre, por resoluciónadministrativa del Consejo Nacional de Cul-tura, de Teatro Estudio que permanecióclausurado durante siete meses, arbitrarie-dad de la que ya nadie habla. Ese mismoaño Espinosa sitúa correctamente la crea-ción de la UMAP (Unidades Militares de Ayu-da a la Producción) “en realidad, camposde trabajo forzado” (pág. 94) pero no acla-ra que las mismas comenzaron a desapare-cer a finales de 1966. La primera recogidahabía sido en noviembre de 1965, y en fe-brero del año siguiente se realizó a travésdel Servicio Militar Obligatorio.

En cuanto al proceso denominado “pa-rametración” (no cumplir los parámetrosestablecidos por las resoluciones del Pri-mer Congreso de Educación y Cultura,1971) tuvo hasta su plasmación jurídica alaprobarse la ley 1267 publicada en la Gace-ta Oficial el 12 de mayo de 1974, que adi-cionaba al artículo 2 de la ley 1166 de 23de septiembre de 1964 el inciso j) sobre“homosexualismo ostensible y otras con-ductas socialmente reprobables que pro-yectándose públicamente incidan nociva-mente en la educación, conciencia ysentimientos públicos y en especial de la ni-ñez y la juventud por parte de quienes de-sarrollen actividades culturales o artístico-recreativas desde centros de exhibición o

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difusión”, al tiempo que establecía la sepa-ración o traslado definitivo a otro puesto ocargo dentro o fuera del Organismo (Con-sejo Nacional de Cultura), al que se le ha-bía restituido su condición de Organismocentral, no adscripto al Ministerio de Edu-cación, por la ley 1266 que derogaba la1202 del 27 de abril de 1967. La batalla seestableció en el terreno legal y fue final-mente ganada cuando el Tribunal Supre-mo determinó la reposición de los teatris-tas y el pago retroactivo de los salariosdejados de percibir. Como se observa, laUMAP y la “parametración” son errores cul-turales y procesos históricos ya cerrados.

¿Cerrados? Sí, pero no superados u olvi-dados, porque los mismos integran una es-pecie de trauma que he denominado “elsíndrome de los setenta”. Si insisto en estosdetalles que la cronología de Espinosa reco-ge es porque señalan aspectos político-so-ciales y culturales que en Cuba necesitamosdiscutir abiertamente ya que surgen inespe-radamente como espectros que se paseanpor nuestra escena, no como el padre deHamlet clamando venganza, sino para ad-vertir y así evitar que esas cosas sucedan denuevo. Y el único modo de exorcizar espec-tros es sacarlos a la luz: alguien dijo quedesde la invención de la luz eléctrica losfantasmas habían desaparecido. Si se hablade un “quinquenio gris” en la literatura (fe-liz definición de A. Fornet) en el teatro setrata de un “decenio oscuro” que se abrióen 1965.

Algo de eso adelanté en la entrevistaque me realizó Revolución y Cultura (julio1989) cuando expresé que “la lista de injus-ticias, ilegalidades laborales, irregularidadeslegales, y abuso del poder administrativo,crearon una cicatriz que aún marca nuestraescena y castraron valores que nunca se re-cuperaron, sin contar los creadores queperdimos por abandono del país”, aunqueno se trata de pasar la cuenta a los respon-

sables “que pertenecen a la historia univer-sal de la infamia”.

EL CASO PIÑERA

Quiero referirme a un detalle en el que seinsiste frecuentemente en las publicacionesextranjeras con un énfasis inadecuado y enel que incurre esta antología (pág. 56): laobra de Virgilio Piñera. Tal como se insinúaparece que actualmente Piñera continúa en“su etapa de ostracismo”, o en el “exilio in-terior”, o que es un autor marginado o quesu caso es “irreductible” (pág. 10), a pesarde que en la bibliografía de Piñera (pág.138) se anote la publicación en 1990 de suTeatro inconcluso.

Afortunadamente y hasta el momento,Virgilio goza de excelente salud teatral, susobras se difunden y estudian, en 1992 se es-trenó mundialmente Un arropamiento sarto-rial en la caverna platónica (del que ningunapublicación extranjera se enteró, sí por su-puesto del estreno mundial de Una caja dezapatos vacía en 1987 en Miami), Carlos Díazprepara La niñita querida, Vicente Revueltaacaricia El no, María Elena Ortega Jesús, unaobra siempre actual, se reponen El flaco y elgordo o Falsa alarma, y existen varios espectá-culos basados en sus narraciones.

Si su Teatro completo no ha sido publica-do aún (se entregó en 1989) se debe única-mente a carencia de papel, pues la ediciónse proyecta en dos gruesos volúmenes, y es-toy seguro que si alguna editorial extranjerase interesase en este libro capital, con gustolo entregaríamos, tal como entregamos, sinreparos de ninguna clase, Las escapatorias deLaura y Oscar a Primer Acto y Aire frío a la Aso-ciación de Directores de escena (ADE) parainaugurar la serie Literatura dramática ibe-roamericana. Y para finales de año, coinci-diendo con la apertura del curso escolar, laFacultad de teatro del Instituto Superior deArte creará la Cátedra Virgilio Piñera paraun estudio detallado de su obra y persona.

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“El centro de la cuestión es que tenemos queasumir ese otro teatro como parte del nues-tro, como expresión de nuestra cultura, y loque es más importante, estudiar su desarro-llo inserto en el nuestro”.

Pero no estamos aún conformes y en elprólogo a su Teatro inconcluso me quejo delo realmente poco que Piñera se monta ennuestros escenarios, así como de la manipu-lación de que es objeto dentro y fuera deCuba. Creo que un autor como Piñera me-rece un abordaje de su obra sin ojerizas deninguna clase, sin reticencias, y sobre todo,sin colocarle etiquetas de las que el autorescapó toda su vida. Por lo menos dejémos-le descansar en paz ya que le hicimos la vidabastante difícil.

CULTURA DEL SILENCIO OSILENCIO DE LA CULTURA

Desde hace tiempo trato de acercarme a ladramaturgia cubana que se escribe fueradel país, y publicar un libro sobre la misma.La ausencia de información, de textos, deestudios monográficos, de nexos comunes,dificulta enormemente esta tarea, a pesarde los ensayos de José A. Escarpanter en La-tin american theatre review (spring 1986, 19/2,pp. 57-66) y en el tomo II de Escenarios dedos mundos (Madrid, 1988, pp. 333-341) enla que coloca esta dramaturgia dentro de lasección de Estados Unidos. Bien poco parael volumen creciente de esta creación comolo demuestra el prólogo de esta antologíacubana que sitúa “su existencia dentro deuna cultura ajena que las soporta de modomarginal y que sólo establece con ellas, enel mejor de los casos, un diálogo paternalis-ta (...) Aún hoy, al cabo de más de tres dé-cadas, son contados los artistas que puedenvivir del teatro” (págs. 64 y 65).

Creo que ha llegado la hora de conocer,estudiar y valorizar esta dramaturgia y sobretodo incluirla en el teatro que se hace en la

Isla, pues se trata de una creación netamen-te cubana que no carece de valores. Ni latontería politiquera que afirma que la cul-tura cubana (y por ende el teatro) está enel exilio, ni el chovinismo patriotero quetransforma a un creador que abandona de-finitivamente el país en un mediocre o lodeposita en esa “zona de silencio” que aúnrodea buena parte de nuestros estudios. Lacultura del silencio no conduce más que alsilencio de la cultura. Algo hemos hecho enliteratura en los últimos años con la publi-cación de Acosta, Cabrera, Lino Novás Cal-vo y Jorge Mañach, pero es bien poco y setrata de autores fallecidos, como si la muer-te blanquease los sepulcros. También tuvi-mos que esperar la desaparición de Lezamay Piñera para que nos permitiesen glorifi-carlos. Pero una cultura viva no se erige so-bre cadáveres ilustres.

Por eso me pregunto si no ha llegado elmomento también de publicar y represen-tar a los dramaturgos cubanos que trabajanfuera del país y que pertenecen por enteroa nuestra escena, comenzando por razonesobvias con La noche de los asesinos, una obracapital, si no la mayor, de nuestro teatro.

Es más, leyendo las obras de MontesHuidobro, Alomá, y Martín Jr. que apare-cen en esta antología (las de Reguera Sau-mell y Triana fueron escritas, estrenadas ypremiadas cuando sus autores vivían en laisla) tengo la impresión de que no se dife-rencian mucho de nuestro teatro y que al-gunas de sus páginas podrían ser firmadaspor un Brene, un Quintero o un Estorino,y que sus temas de añoranza, desarraigo,nostalgia, lucha por la identidad, sátira,frustración individual, desilusión y amargu-ra, y deseo de afirmar su pertenencia anuestra cultura (aunque algunos escribanen inglés), pueden ser perfectamente asi-milados por nuestros espectadores, pues al-gunos de estos temas afloran en la más re-ciente producción nuestra. Y en ellos, aún

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más que en nosotros aparece el microcos-mos de la familia y su desintegración, eseleit motiv de la dramaturgia cubana. El pro-pio Espinosa Domínguez afirma muy críti-camente que el tema político explícito “esposiblemente la vertiente temática más las-trada por el resentimiento y el tono apasio-nado, lo que ha malogrado más de un pro-yecto prometedor” (pág. 68). Pero para serhonesto, lo mismo sucede con nuestra dra-maturgia.

¿Y por qué no participar conjuntamenteen los Festivales? Tengo “vagos rumores” deestrenos de Estorino en los Estados Unidos,y en el VI Festival Internacional de teatrohispano de Miami, celebrado entre el 31 demayo y el 16 de junio de 1991 se estreno Laverdadera culpa de Juan Clemente Zenea, dirigi-da por Sarraín, quien parece ser uno de losdirectores más capaces, el mismo que estre-nó Una caja... de Piñera. ¿Qué esperamospara representar a estos dramaturgos que vi-ven fuera de Cuba pero que forman partede nuestro teatro, y más aún, a un intercam-bio de grupos y colectivos entre los Festiva-les de aquí y de allá?

El centro de la cuestión es que tenemosque asumir ese “otro” teatro como parte delnuestro, como expresión de nuestra cultura,y lo que es más importante, estudiar su desa-rrollo inserto en el nuestro, no como parteajena. Si el diálogo es fundamental en el tea-tro, hora es de dialogar teatralmente con esa“otra” dramaturgia que es también nuestra.

“Una dramaturgia escindida” es el hiloconductor de esta antología. Francamente,no me satisface el término. Se trata de unamisma dramaturgia que se realiza en cir-cunstancias diferentes.

Invito al debate y a la respuesta a mispropias interrogantes.

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Marta María Pérez Bravo. (1995). Para tu salud.

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Isla en la que todo se aclara.

Ahí se puede arribar a pruebas firmes.

No hay más caminos que aquellos de llegada.

Las zarzas se doblan por el peso de las respuestas.

Crece ahí el árbol de la Suposición Correctacon sus ramas eternamente desenredadas.

Y deslumbrantemente recto el árbol de la Comprensiónjunto a una fuente llamada Ah, De Eso Se Trata.

Cuanto más denso se hace el bosque, más amplio apareceel Valle de la Evidencia.

Si hay alguna duda, el viento la disipa.

El eco de ninguna voz toma la palabray aclara con entusiasmo los secretos de los mundos.

A la derecha, la caverna en la que se encuentra el sentido.

A la izquierda, el lago de la Convicción Profunda.Del fondo se desprende la verdad y sale sin más a la superficie.

Domina el valle la Seguridad inquebrantable.Desde su cima se extiende la Esencia de las Cosas.

A pesar de sus encantos, la isla está desierta,y las pequeñas huellas de pasos que se ven en sus orillasse dirigen hacia el mar sin excepción.

Como si de ahí solamente se salierapara hundirse irremediablemente en el abismo.

En una vida inconcebible.

(De El gran número, 1976)

Traducción de Abel A. Murcia SorianoTE

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UtopíaWislawa Szymborska

(Tomado del libro El gran número. Fin y principio y otros poemas.Ed. Hiperión, Madrid, 1997)

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TRES AUTORES Y UNA PUBLICACIÓN QUE GOZAN

de nuestro respeto nos ahorran tener quedetenernos a repudiar ciertas maniobras diri-gidas contra la cultura: de hecho, contra lamédula de la soberanía cultural –y de todaíndole– de la Isla. Son maniobras a las cualesno podrá acusarse ni de novedosas ni de ex-cesivamente sutiles, y han tenido su más visi-ble instrumento en la revista denominadaEncuentro de la cultura cubana, cuya primera

entrega, aparecida en Madrid como corres-pondiente al verano de 1996, habrá reveladosuficientemente su naturaleza a quienes leshayan ofrecido de antemano su colaboraciónde buena fe y esperando otra cosa. Remiti-mos a sendos textos de Víctor Casaus, RafaelHernández y Pedro de la Hoz en el número5 (septiembre-octubre de 1996) del año 34de La Gaceta de Cuba, auspiciada por la fra-terna Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

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Con nuestra Gaceta(Publicado en la Revista Casa de las Américas, nº 205. La Habana. Cuba.)

Marta María Pérez Bravo. (1996). Ay, Santa Clara, por tu madre!

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E N LAS TRES COLECCIONES DE CUENTOS DE TEMÁTICA AFRICANA

tituladas Cuentos negros de Cuba (La Habana: La Veróni-ca, 1940), ¿Por qué...? (La Habana: Ediciones C. R., 1948) yAyapá: Cuentos de Jicotea (Miami: Ediciones Universal, 1971)de la gran etnógrafa cubana Lydia Cabrera, nos topamosde golpe con la concepción cósmica africana –principal-mente la yoruba, con su poco de bantú1, tan diferente a lacosmovisión cristiana que predomina en el occidente. Laarmonía universal africana, y por ende la afrocubana, noemana de la creencia en un Dios perfecto y creador, sinodel contacto establecido entre el ser humano mismo con eluniverso en su totalidad, cielos y tierra en unísono.

El africano que llega como esclavo a la Cuba colonialtrae consigo la creencia de la unión mística del hombrecon la naturaleza que lo rodea, creencia que ha perduradohasta nuestros días, la cual establece como dogma el quetodo agente perturbador de la armonía universal deba sereliminado por las fuerzas de la naturaleza misma para quela unidad cósmica vuelva a ser restablecida. Este manda-miento le servirá de mucho al hombre negro2 en las adver-sidades de la esclavitud.

Según el ilustre filósofo positivista Auguste Comte3, eldogma de la armonía universal tiene su origen en unaépoca mágico-mítica de la evolución del hombre, etapa

La armonía cósmicaafricana en los cuentosde Lydia Cabrera

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1 Las culturas yoruba y bantú han tenido una gran influencia socio-reli-giosa en Cuba desde los inicios de la trata, ya que la mayoría de los escla-vos provenían de Nigeria y, en menor cantidad, también del Congo.2 En este artículo, cuando utilizo el término “negro”, lo hago con el mis-mo respeto étnico y con la misma intención erudita que emplea LydiaCabrera a través de su narrativa.3 Véase AUGUSTE COMTE, Système de Politique Positive, Siège de la SocietéPositiviste, 5ème edition, París, 1929.

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antiquísima de la historia. La concepción cósmica de la mitología africana en-caja en ese marco temporo-espacial y, por ende, los cuentos negros de LydiaCabrera son calificativos de ese cosmos; sus raíces son muy antiguas, como esaetapa mágica llena de la inocencia del primer hombre.

Desde el primer cuento de su volumen Cuentos negros de Cuba, titulado“Bregantino Bregantín”, aparece la concepción africana de la armonía cósmi-ca. Es obvio que la autora, ya que va a darnos a conocer la cosmovisión yorubay bantú, desea comenzar en ese primer relato por las bases de la dicha doctri-na, o sea, por su armonía.

En “Bregantino Bregantín” (C.N.) la armonía universal es violada en un prin-cipio para ser restituida al final, de acuerdo con el dogma, tanto yoruba comobantú. El cuento dice que en la tierra existía un toro que ejercía una tiranía.Queriendo ser el único macho, hacía desaparecer, o simplemente transformabatodo lo masculino en femenino, trastocando completamente la armonía natural:

“Nacían mujeres en Cocozumba; por la voluntad de aquel toro nada más quemujeres. Unas que espigaban o ya eran mozas; otras ya eran viejas –y todas lasviejas se habían muerto–. Nada cambiaba en Cocozumba; si acaso la única in-novación, a partir de cierta época, consistió en eliminar también del lenguajecorriente, el género masculino, cuando no se aludía al Toro. Por ejemplo: allíse hubiera dicho, que se clavaba con ‘la martilla’, se guisaba en la ‘fogona’ y sechapeaba con la ‘macheta’. Un pie era ‘una pie’; así, la pela, la ojo, la pecha, lacuella –o pescueza– las diez dedas de la mana, etc.” (25)

Pero la sabia naturaleza, buscando su eterno equilibrio, hizo nacer otro to-ro lleno de juventud que destruyó al primer toro y su dictadura; y así, con lamuerte del toro dictador, volvió el equilibrio a la tierra y la “naturaleza reco-bró sus derechos y nacieron varones en Cocozumba” (28). Con estas palabras,que algunos consideran proféticas, se termina el cuento; la armonía se ha res-tablecido en Cocozumba.

En cualquier cultura arcaica la música es parte integral de la visión armó-nica de su universo; de esta manera, no es difícil comprender por qué la músi-ca tiene un lugar prominente en la cosmovisión yoruba y bantú. Dice LeoSpitzer en su libro Classical and Christian Ideas of World Harmony 4 que: “Es a lamente armoniosa de los griegos a la que debemos la primera pintura delmundo en relación con la armonía que brota de la música. Ello se encuentraen la comparación que hicieron entre el orbe y la flauta de Apolo”. Y así, nonos puede sorprender el que en muchos de los cuentos de Lydia Cabrera estéla música presente, de una forma o de otra, como parte de la armonía cósmi-ca. No obstante, lo escrito no es música propiamente dicha, sino un diálogomusical, tan propio del lenguaje africano y del afrocubano.

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4 Véase LEO SPITZER, Classical and Christian Ideas of World Harmony, The John Hopkings Press, Bal-timore, 1963, p. 7. La traducción es mía. 203

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En el relato “Bregantino Bregantín” (C.N.) la música nos comunica unaalegría cascabelera:

Sendengue kirito, sendengue zóra,Sendengue, zóra!Kerekete ketínke! (15)

En otro relato titulado “Walo Wila” (C.N.) hay ritmo y cadencia:

Ayeré Kende.Aquí hay otra visita, Kende Ayere!– Walo Wila, Walo Kende,Ayere Kende...– Walo Wila Walo Kende. (36)

La musicalidad y la rítmica africanas se llevan inclusive al español. En elpropio “Walo Wila” también leemos:

– Ay que yo soy feaQue no soy tuertaQue yo soy gambadaQue tengo sarna...! (37)

Encontramos otro buen ejemplo en el cuento “Cuando truena se quemael guano bendito”, en ¿Por qué...?:

Cifra, cifré mi tormentacifra, cifréYa son las horas, mi tormenta... (222)

Antes de enunciar otros elementos importantes de la armonía cósmicaafricana, no exageramos al alegar que tal como en el cristianismo el pan y elvino eucarísticos son en substancia Jesucristo, la armonía cósmica africana esconsubstancial con el universo al que pertenece. Por tanto, todo lo que obs-truya o agreda el balance de esta armonía debe eliminarse de inmediato.

Testimonio de la importancia del dogma “armonía/transgresión/armoníarecobrada” 5 es Ayapá: Cuentos de Jicotea, el cual se nos presenta como el libromás significativo entre las tres colecciones de cuentos negros de la autora. Ji-cotea es el personaje para quien este libro está dedicado por completo. Noobstante, no podemos seguir adelante sin explicar un poco sobre el personajede Jicotea. Empecemos por decir que Jicotea es el nombre que se le da en Cu-

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5 Para una mejor comprensión de este proceso véase MARIELA GUTIÉRREZ, Los cuentos negros de Ly-dia Cabrera: un estudio morfológico, Miami: Ediciones Universal, 1986.204

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ba a una tortuguita de agua dulce, y Ayapá es su nombre africano, que a su vezsignifica tortuga en yoruba.

Si tomamos en cuenta también que en el pensamiento africano la astuciaes una virtud, entonces, no nos podrá sorprender que el lucumí 6 que se en-cuentra oprimido y esclavizado, lejos de su lugar de origen, se sirva de la mis-ma para una y otra vez salvar obstáculos y salirse de apuros, a veces de vida omuerte. En los cuentos de Lydia Cabrera podemos apreciar el valor que esta“cualidad” tiene para el africano a través de la dramatis persona de más popula-ridad en los mismos, Jicotea, la tortuguita de agua dulce que en sí encarna laastucia misma; ella representa para el esclavo africano el símbolo de llegar alo que él más desea, la libertad, tome el tiempo que tome el lograrlo; la jico-tea con su ejemplo le indica una y otra vez que lo importante es ser astuto pa-ra vencer contra los que supuestamente son más poderosos.

Por su parte, Jicotea, el personaje, en sus diferentes roles en los cuentos deLydia Cabrera, se encuentra dotada de un sin fin de atributos, buenos y malos.En los relatos donde su lado maligno no sale a relucir, las características principa-les de Jicotea son la astucia, la magia, y el ser amiga de burlas y tretas sin llegar acaer en la maldad; a veces nos hace reír, otras nos impacienta, pero siempre se lecelebra su astucia sin par, la que la salva de situaciones increíbles una y otra vez.

Por desgracia, Jicotea tiene un lado maligno, demoníaco, que destruye pormomentos todos los recuerdos buenos que se tiene de ella, o de él (a veces supersonaje es masculino, otras femenino7); los estudiosos de la mitología afro-cubana la llaman él o ella indiscriminadamente. Cuando tiene el rol de anta-gonista, sus atributos malos son estremecedores; en algunos de los relatos suconducta es amoral, es perverso, mentiroso, y sobre todo su astucia es malvada.

Pero, volviendo a nuestro tema, en los relatos del libro Ayapá: Cuentos de Ji-cotea innumerables veces aparecen elementos primordiales de la estructura dela ansiada armonía cósmica como lo son la musicalidad, la poesía y aún lamuerte –la que, contrario a la impresión preliminar que se tiene de ella, noestá en desarmonía con la naturaleza, como veremos más adelante–; ligada aestos atributos armónicos siempre ocurre “la transgresión”, o sea, el atentadocontra el equilibrio natural siempre se lleva a cabo para luego ser erradicadoy que con ello se restablezca la armonía original.

Por ejemplo, en el cuento “Vida y muerte” (Ayapá), todo comienza conuna narración puramente musical:

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6 Lucumí es otro de los nombres dados a los yoruba en Cuba. Esta voz lingüística yoruba provienedel saludo “akumí”, que se traduce como “soy de Akú”, región del África occidental; pero en Cu-ba el vocablo se degenera, transformándose en “lucumí”. Véase Lydia Cabrera, El Monte, Miami:Ediciones Universal, 1992, p. 230.7 En las creencias afrocubanas se tiene a la jicotea como andrógina; se la toma también por un se-midiós ya que sirve de alimento al dios del trueno, Changó, y por ello es su protegida. Lydia Ca-brera enfatiza en sus cuentos las singularidades de este reptil quelonio a través de la personali-dad bi-sexual del personaje de Jicotea. Véase Mariela Gutiérrez, El cosmos de Lydia Cabrera: Dioses,animales y hombres, Miami: Ediciones Universal, 1991, pp. 59-71. 205

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Tururú yagüero tururú tururúmcamina mayauré, camina mayauréAngai la setiña de lombo ya, (21)

la cual hace las veces de entrada poética que nos abre las puertas del ancestralParaíso africano:

“Aún no se sabía de la muerte. La vida empezaba, todo era presente. Estabanuevo, recién hecho el mundo. Nada ni nadie era viejo. Comenzaba el tiempo yel Hacedor de todo moraba entre sus criaturas tiernas. ¡Ay! ¿Quién habló pri-mero de la muerte sin haberla visto nunca? Jicotea le dijo al Perro que todocuanto empieza acaba; y el Perro aulló oliscando algo horrible.” (21)

En las variadas culturas africanas la naturaleza no considera la muerte comoun atentado contra su estabilidad ya que la muerte forma parte de la armoníauniversal. Notemos que en el relato anterior el que Jicotea introduzca la muerteen el mundo no es desarmónico; la desarmonía se produce cuando Jicote tratade violentar la naturaleza contra sí misma al decirle al perro la verdad de la vida:“todo cuanto empieza acaba” (21); indudablemente, como en este caso, Jicoteaviolenta la armonía establecida un sin fin de veces en los cuentos de Cabrera, só-lo por el placer de hacerlo. Otro excelente ejemplo de las peores trastadas de Ji-cotea es el relato “Jicotea le pregunta al sol” (Ayapá) en el que leemos:

“Jicotea le preguntó al Sol que entonces vivía en la tierra: ¿Cómo es que el aguano va a visitarte? ¡Extraño comportamiento el suyo!” (27)

Y con estas palabras Jicotea provoca el diluvio universal, ya que el agua,por cortesía, va a visitar al astro rey a instancias de la mal intencionada Jicoteay sin darse cuenta del desastre que esta visita pudiese acarrear, sin poder con-tenerse a sí misma, se precipita en creciente diluvio sobre el mundo. En aquelmomento el sol decide mudarse a donde está ahora, en el cielo:

“Cercado de agua por todas partes, las tierras sumergidas hasta perderse de vis-ta, sintió el Sol que se apagaba cuando comenzaron aquellas a removerse, ahincharse de espumas, a rugir, a galopar, a bazucar su bohío que navegaba a laderiva, a golpearlo, a escupirle sal en los ojos y en la boca.” (28)

Jicotea ha atentado aquí contra la naturaleza; por lo tanto, por su malsanointento debe ser condenada a desaparecer, ya que ha roto la armonía natural.Pero el que desaparezca Jicotea no implica que muera; él siempre reaparece,como lo hacen los duendes, o el mismo Drácula (el más consagrado enigmade occidente). Jicotea parece tener cien vidas, o mejor sería decir que pareceser inmortal. Jicotea es, en suma, un absoluto en el universo afrocubano, unsemidiós, a veces ligado al bien, otras ligado al mal, como lo hacen los diosesdel Olimpo griego, según su estado de ánimo.

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Sin embargo, en el último cuento de Ayapá, Jicotea finalmente muere. Él,que parecía inmortal, muere de viejo (en este cuento su rol es masculino), yen ese momento la naturaleza se encarnece contra sus despojos:

“...Las ratas, inquilinas de las letrinas y tragantes, las cucarachas que, al ocultar-se el sol empezaban a resbalar como negros goterones por las paredes encala-das discurrían por todas partes, se habían llevado pedazos de Jicotea, dispután-doselos con pericia a los gusanos.” (260)

Gracias a la muerte de Jicotea, en este último relato, titulado “La herenciade Jicotea”, la cosmovisión africana nos colma de la esperanza de un estadoparadisíaco al final de los tiempos, sin lugar para la maldad, como en el co-mienzo del mundo. Con esta visión optimista de la deseada armonía cósmicael relato también nos enseña que el mal, aunque es difícil de desarraigar, tam-bién tiene su final.

Por otra parte, Jicotea, en los cuentos que simboliza la maldad, se compla-ce en destruir la envoltura corporal de otros personajes; en ellos, Jicotea co-mete crímenes sin titubear, como cuando se apodera del cachorro de unamamá tigre, dormido lo mata, bebe toda su sangre, lo desolla, y con su pielhace un tambor; en otra ocasión le arranca los ojos al elefante y lo deja cie-go; también, en cuanto se le da la oportunidad, mata y desolla los tres críosde la Ña Gata.

Debemos tener en cuenta, sin embargo, que Jicotea no es como el Lucifercristiano, ya que la dimensión del diablo en el universo africano es diferentede la dimensión que se le da en el cristianismo. En las creencias africanas, ypor tanto en la afrocubana, el diablo, y por consiguiente el mal, debe ser eli-minado, destruido, aunque reaparezca más tarde, por el mero hecho de serdesarmónico, o sea, porque va contra la armonía natural del cosmos. Por elcontrario, en la cosmología judeo-cristiana al diablo se le permite subsistir co-mo elemento estabilizador del universo.

Sin lugar a dudas, es interesante ver cómo a veces Cabrera utiliza la músicapara vencer a un diablo cualquiera, porque ella es elemento activo de la ar-monía cósmica africana, como hemos comentado anteriormente.

En el cuento “Se cerraron y volvieron a abrirse los caminos de la isla”, en¿Por qué...?, el diablo mata uno tras otro a todos los que toman los caminos delpaís para ir a algún lado. Pero un buen día todo esto cambia y con la muertedel diablo todo vuelve a la normalidad, y “los caminos de la isla” (15) se abrende nuevo. En este cuento se destruye al enemigo con música; como parte delplan, los protagonistas, dos hermanos gemelos8, tocando una guitarra y can-tando, incitan a bailar al diablo Okurri-Borokú:

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8 En cualquier relato de Lydia Cabrera los personajes gemelos siempre tienen una conexión espi-ritual con Taewo y Kainde, los benditos ibeye de la mitología yoruba. A los mellizos divinos se lescree hijos de Oyá con Changó, a quien acompañan siempre. Los ibeye son orishas (santos) pode-rosos y tienen muchos adeptos en Cuba. 207

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“Dínguirin-Dínguirin-Dínguirin-DínguirinDínguirin-Dínguirin-Dínguirin-DínguirindrínDea Mamandea dea mamandellínDea Mamandea dea mamandellínDinguirín, DinguirínDea Mamandea dea mamandellín.” (21)

Después de bailar por horas al compás de la música, el diablo cae de espal-das, muerto de cansancio; entonces, los gemelos aprovechan el momento pa-ra matarlo. Esta vez la música ha contribuido a vencer el mal porque, tal y co-mo los cubanos sabemos, hasta el mismo diablo no puede resistirse a lacadencia de un buen ritmo.

Por último, debemos enfatizar que la principal diferencia entre la cosmo-logía cristiana y la africana se encuentra en la manera en como la última “mi-ra al monte”; o sea, el bosque es para el africano, y por supuesto para el afro-cubano, la madre de todo lo creado. En la mitología yoruba, el monte es cieloe infierno a la vez, lo que nos confirma el papel que juega la concepción pri-mitiva de la armonía universal en la vida de este pueblo. Podemos aún consta-tar hoy día que el afrocubano adora el monte como deidad. El cuento “Jicotealleva su casa a cuestas, el majá se arrastra, la lagartija se pega a la pared”, tam-bién en ¿Por qué...? nos lo dice:

“El monte, sagrado, avaro de sus tesoros, es el dominio peligroso, de fuerzasmaléficas, de diablos, de duendes aviesos, de almas malhechoras; pero Fékueconocía su hora propicia y adivinaba sus fueros. Iba a él lleno de respeto y nun-ca se adentraba sin antes saludar e invocar el permiso de su Dueño. Porque sucorazón le enseñaba que todo tiene dueño, aún lo más despreciable, y hacía re-verencia a las yerbas más humildes. A pesar de su mucha pobreza, cada vez queobtenía o ahorraba unas monedas, las depositaba con fervor en los matojos co-mo derecho que había de pagársele, escrupulosamente, a aquella poderosa di-vinidad del Monte donde moraban las sombras de sus padres.” (38)

Como bien se infiere del párrafo anterior, en la tradición africana es pri-mordial para el ser humano vivir en feliz armonía con la naturaleza. El relato“Suadende”, en Cuentos negros de Cuba, nos proporciona otro ejemplo más:

“El celoso. El hombre que pensaba dormido y despierto porque tenía un pulpoen el corazón, huyó del pueblo con su mujer. Joven ella. Fue al monte: plantósu casa en lo más escondido. (Ya está seguro). Ahora, él solo con su mujer, co-mo la yedra, hermanado a los árboles vivía en paz.” (132)

Así, el hombre celoso, en fusión con la naturaleza, por fin logra sentirse fe-liz en el monte, alejado de la maldad de los hombres.

Resumiendo estas páginas, en ellas he querido presentar la importancia dela armonía universal en la cosmovisión africana y en la afrocubana, que en la

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primera tiene sus raíces, a través de los cuentos de temática africana de lagran etnóloga cubana Lydia Cabrera. Hemos presenciado cómo el hombre yla naturaleza se aúnan en un universo en el cual viven en conjunto el bien y elmal; todo lo creado está sujeto a los movimientos del universo, al continuoequilibrio del mismo, y por consiguiente, la creación siempre se siente ace-chada por una posible destrucción de su armonía. En los cuentos de Cabrerael estado desarmónico es a veces de inmediata reparación, como cuando setrata sólo de un diablo de camino; en otras ocasiones restablecer el orden uni-versal muestra ser de gran magnitud, como en el caso de las múltiples casi-muertes de Jicotea, quien por ser un elemento cósmico absoluto, toma sutiempo en perecer.

Todo lo dicho también muestra que la narrativa de Lydia Cabrera conllevala autenticidad de la fuerza telúrica, lo religioso ancestral, y la extraordinariasubsistencia de lo primitivo mismo en el universo contemporáneo. Su ficcióncontiene la elaboración mística y mágica de una realidad maravillosa escondi-da –la africana– la cual convive en medio del universo espiritual blanquinegroque caracteriza en gran parte a la sociedad cubana, dentro y fuera de la isla.

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e n c u e n t roMarta María Pérez Bravo. (1995). Quiere por techo, el cielo.

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E L NÚMERO 2 (OTOÑO 1996) DE LA REVISTA ENCUENTRO DE

la Cultura Cubana, contiene un artículo de Pedro Pé-rez Sarduy que, con el título “¿Y qué tienen los negros enCuba?” (con sólo verlo en el índice recordé aquello de“Mami, ¿qué será lo que tiene el negro?”), reflexiona so-bre la discriminación racial en Cuba. Es éste un asuntoque, como negro que soy, me toca, y del que además megusta hablar; y voy a opinar sobre el tema en general, y elescrito en particular.

Siempre que se habla de los negros en Cuba, las socie-dades de negros y mulatos meten baza en la conversación.Son recordadas con cariño y nostalgia por los que tienenedad suficiente para haber pertenecido a alguna, y con sa-na envidia por los más jóvenes. A su desaparición se culpade la pérdida de identidad acusada por mulatos y negrosen el período revolucionario, sin detenerse a pensar quejunto a ellas desaparecieron todas las sociedades, clubes,agrupaciones, y sinónimos de la isla y de los cayos adya-centes, para dar paso a una nueva agrupación: el carro dela revolución.

Pero, ¿ayudaban esas sociedades a potenciar al no-blan-co en la sociedad? ¿O simplemente a saber que existía unlugar donde era aceptado y de donde no lo podían echar?Pienso que si en un momento de la historia su surgimien-to fue un paso de avance, a la larga, como arma de doblefilo que eran, se volverían contra sus miembros, enclaus-trándolos en sus muros, donde el eco de sus voces moriríasin salir al exterior. Sin hablar de que en ellas se discrimi-naba, como se infiere de lo dicho por una de las entrevis-tadas, que al parecer las añora, “al negro que no sabía,(...) que no supiera mantener una conversación”.

Pongo punto y aparte para hablar de un aspecto queen mi opinión se presta al engaño: la discriminación nega-

Cuba: ¿se puede ser negro sin moriren el intento?

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tiva. Su mismo nombre indica que es una discriminación. Cuando el Gran her-mano anunció que el buró político del partido, en uno de sus crecimientos, senutriría de negros y mujeres, estaba, para mí, reconociendo que en el país haydiscriminación racial y sexual (otro tema a debatir). Considero que la igual-dad exacta de currículums, y de capacidad, no existe. Si para un cargo equis,hay que decidir en un supuesto empate –guiándonos por el color negro de lapiel, o por el sexo suave, que no débil– no podemos criticar a quien tambiéndecida por el color o los genitales, aunque lo haga circulando en sentido con-trario a nosotros.

Debemos profundizar en el análisis de los candidatos, hasta encontrar elgramo que incline la balanza hacia uno de ellos, y no caer en el facilismo (ypopulismo) de hacerle un favor al negrito (o al generoso par de senos). Noobstante, mi parecer en esto es que la mayoría de las veces, los currículums delos negros no llegan al tribunal de selección. Hay muchas trabas y prejuiciosmentales, presentes en todos los sectores del país. Ni siquiera en la alta jerar-quía de las fuerzas armadas, los negros alcanzan un número en proporcióncon su presencia en la base y en los niveles intermedios de la vida militar.

Siempre he rechazado, por otra parte, la teoría de que con la revoluciónflorecieron los negros intelectuales cual verdolaga. No basta la simple oportu-nidad que el nuevo gobierno ofreció a los pobres –que no sólo a los negros–para que inmediatamente las aulas universitarias se tiñeran. Discrepo, por tan-to, con otro de los entrevistados, ejecutivo de CUBAEXPORT, quien afirma quelos negros “hemos obtenido títulos en profesiones que antes de 1960 nos esta-ban proscritas de hecho”. Quisiera saber en qué profesiones no había negrosantes del 60. En el mismo artículo se habla de médicos y periodistas. Mi padreme contaba de abogados, incluso en el claustro de la Escuela de Derecho dela Universidad de La Habana. Narraba una anécdota que puesta aquí no de-sentona con el asunto que tratamos. Había dos profesores, ébano y marfil,con el mismo apellido (por desgracia no lo recuerdo), que era además muypoco frecuente. Un día los alumnos preguntaron al blanco si su tocayo deapellido y él eran familia, a lo que respondió: Es probable que su abuelo hayasido esclavo del mío.

Volviendo al ejecutivo, considero que su error es no darse cuenta que lasprofesiones de élite, a quienes estaban vedadas era a los pobres. Además deque en la oración siguiente, se contradice al reconocer que “cuando matricu-lé (...) en la Universidad Central de Las Villas, (...), resulté ser el único estu-diante negro de mi curso”. ¿Y en qué año fue eso? No lo aclara en la entrevis-ta, pero lo que sí dice es que nació en 1962.

Entre 1981 y 1995, fui profesor de Matemáticas en Secundaria, Preuniver-sitario, y por último en el Instituto Superior Politécnico “José Antonio Echeve-rría”. Cuando trabajaba los niveles medio y medio-superior, la composiciónétnica de mis aulas era reflejo de la del país. Pero al llegar a las facultades deIngeniería Civil, y sobre todo, de Arquitectura, en las que enseñé durante diezcursos, alguien me pintó de blancos los alumnos. Tuve muchos grupos com-pletamente blancos (respetando la autorizada opinión de la entrevistada Mar-

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ta Rojas, llamo blanco a las personas que por simple inspección lo parecen),de los cuales recuerdo uno en el curso 87-88, y otro en el 88-89. Sin hablar deque cuando no eran todos blancos, era por uno, dos, o cuando más tres alum-nos entre veinte o veinticinco.

Mis compañeros de trabajo, además, eran mayoritariamente blancos en to-das las escuelas que estuve. Donde más compañeros negros tuve fue precisa-mente en la Politécnica: éramos seis entre veinticuatro miembros del departa-mento, que poco a poco disminuyeron a catorce; pero los seis negros nosmantuvimos firmes mucho tiempo (algunos por amor a la enseñanza, y otros,porque no encontraban cobertura para emigrar al área del dólar). Pienso,por tanto, que todavía está por ver el esperado asalto de negros o mulatos alas aulas universitarias.

También me opongo, por principio, a tener en cuenta el color de la pielde los que inviertan en Cuba, lo que podría llevarnos al racismo negro, muy atono con la postura de Malcom X en la época de su encuentro con el Gran lí-der. Sí negaría el derecho a continuar invirtiendo, declarándolo persona nograta, a quien discrimine empleados por motivos raciales. Y quiero llamar laatención de Pérez Sarduy, los entrevistados y los lectores, sobre lo siguiente.He escuchado numerosas veces el comentario de que tal o mas cual inversorextranjero discrimina a los negros. ¿No es el gobierno revolucionario el quedetermina quién trabaja en empresas extranjeras, al no existir la libre contra-tación de empleados?

Para terminar con el artículo, haré tres comentarios. Primero: Felicitarlopor hablar de la Guerrita del Doce, espectro fantasmal del que nunca se habla,quizás con la esperanza de que desaparezca por sí solo de la historia del país.Segundo: ¿qué quiere decir eso de que los CDR son “hoy día una especie de Or-ganización no Gubernamental”? Pido un poco más de respeto para las ONGs. Ytercero: los acontecimientos del 5 de agosto de 1994, no ocurrieron en una“zona marginal densamente poblada por familias de todas las razas, pero pre-dominantemente negras”, sino en la zona de la bahía, pues la chispa que con-gregó allí a decenas de miles de personas de todas las razas, fue el deseo demontar las lanchas de Regla y Casablanca para secuestrarlas con destino a Esta-dos Unidos, aunque por los alrededores vivieran negros, blancos o chinos. Y alcaldearse los ánimos, desembocó en los disturbios callejeros. Pero afirmar que“aquella frustrada multitud la emprendió a pedradas contra varias tiendas quevenden sus productos solamente en dólares”, es repetir la versión del gobier-no, con la cual, como participante en la revuelta, no estoy de acuerdo.

Y ahora una arista del problema racial cubano que lamenté no ver refleja-da en el escrito: el racismo sexual. Si Shakespeare hubiera ubicado su Romeoy Julieta en Cuba, la guerra de los Capuletos y Montescos sería porque la blan-ca se casó con un negro. Todos conocemos (aunque muchos no recuerden)casos de mujeres repudiadas por su familia, por haber escogido un compañe-ro demasiado soleado para el gusto de los suyos. Y también ocurre a la contra-ria, cuando un blanco mantiene relaciones con una mujer coloreada, la fami-lia de él no lo acepta con resignación.

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Es curioso lo que pasa en estos casos en la familia de la parte oscura de lapareja. Si el caso es blanca-negro, la familia de él se siente orgullosa de cómoel niño ha “adelantado”. Pero si es blanco-negra, los parientes de ella muchasveces se oponen, por considerar que el blanco no quiere a la negrita para na-da serio, porque ¿cómo un blanco se va a fijar en ella con buenas intenciones?

En Cuba, una pareja interracial atrae la atención por dondequiera que pa-sa. Todos se sienten obligados a comentar, y si es alguien reincidente en esode tener parejas de otra raza, es calificado como “piolo(a)”, palabra que sepronuncia siempre con algo de desdén.

En una oportunidad, conversaba con un grupo de personas blancas, quie-nes me acusaban de mantener una actitud alerta contra cualquier indicio dediscriminación racial, considerando ellos inútil mi postura al no existir racis-mo en el país. Les dije que ellos quizás no lo notaran, pero que sí lo había, yque a todo aquel que afirmaba no ser racista, yo quisiera verlo sin que se su-piera observado, en el momento en que una hija le presentaba un novio ne-gro y le anunciaba que se casaría con él. El silencio que siguió a mis palabrasfue roto por una mujer que me dijo: “Tienes razón. Yo tengo dos hijos varo-nes, y si me presentan una novia negra, pienso que es algo pasajero. Pero situviera una hija, no me gustaría que le pariera a un negro. Así que en el fon-do, tengo algo de racista”.

¿Cómo concluir este escrito? Me gustaría poder presentar un paquete demedidas que acabaran con el racismo, como si de una plaga cafetalera se tra-tara. Desgraciadamente, incidir sobre las conciencias no es tan sencillo comoliquidar el bórer de la caña de azúcar, o el moho azul del tabaco. Si de legislarse trata, considero suficiente que las oportunidades sean las mismas para to-dos. Mucho tendremos entonces que trabajar los negros para, a golpe de pres-tigio, abrirnos puertas que muchas veces han estado cerradas para nosotros; yque en otros casos, ni siquiera sabíamos que ya no tenían el cerrojo puesto.

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e n c u e n t roMarta María Pérez Bravo. (1994). Viven del Cariño.

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“Los cuentos de Carlos Victoriason disparos que dan en el blanco”.

REINALDO ARENAS

L AS SOMBRAS EN LA PLAYA 1 ES UNO DE LOS DIEZ LIBROS EN

español más vendidos en Estados Unidos al año de suaparición. En el mismo año 1993, dos novelas de CarlosVictoria son galardonadas, Puente en la oscuridad 2 con elpremio Letras de Oro, y La travesía secreta 3 con la beca Cin-tas. Empieza a reconocerse el talento de un escritor víctimadel ostracismo, que había abandonado Cuba en 1980, a laedad de 30 años, sin una línea publicada4. Y que luego lu-chará por seguir escribiendo y ser publicado en un país ex-tranjero. Yo “descubrí” sus primeros cuentos en los años 80en la revista Mariel fundada por Reinaldo Arenas.

Al vagar por estos relatos muy disímiles, nos percata-mos de su unidad. Con ellos, deambulamos por distintoslugares de Cuba, Camagüey –la ciudad natal– y La Haba-na, por Miami, con alguna que otra incursión a Sidney y aParís. También deambulamos en el tiempo desde un pasa-

Los cuentos de CarlosVictoria: de Cuba a

Miami, idas y vueltasL

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1 CARLOS VICTORIA, Las Sombras en la Playa, ed. Universal, Miami, 1992. Al-gunos cuentos se publicaron en francés.

2 CARLOS VICTORIA, Puente en la oscuridad, Letras de Oro, University ofMiami, 1994.

3 CARLOS VICTORIA, La travesía secreta, ed. Universal, Miami, 1994, de pró-xima aparición en francés.

4 Salvo un cuento premiado en 1965 cuando tenía 15 años en un concur-so para escritores noveles, y que se publicó en el primer número de ElCaimán Barbudo.

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do anterior al nacimiento del autor, hasta su juventud en la Cuba postrevolu-cionaria, el tiempo del exilio, llegando al presente inmediato, con vistazos aun remotísimo viaje histórico, o al futuro. En un constante vaivén, los sueñosy los recuerdos interfieren en “lo real” volviéndose así más reales que la mis-ma vida. Unas nimiedades, cualquier objeto, una canción, bastan para desen-redar y sacar a luz, obrando a modo de la magdalena de Proust, lo oculto enlos vericuetos de la memoria. Los diecinueve cuentos de Las Sombras en la Pla-ya, a los cuales se añaden dos cuentos sueltos5, son una deslumbrante varia-ción sobre la memoria. Una canción escuchada casualmente en Miami remitea la época en que era un delito escucharla. Un concepto abstracto desempeñael mismo papel. En “El abrigo”, el cuento que encabeza el libro, la prenda che-ca resulta inalcanzable. Más adelante, en “El baile de San Vito”, el novio checode la heroína se esfuma.

El televisor de “Liberación” pasa a protagonizar “La franja azul” como ob-jeto externo que se inmiscuye en la vida de los personajes.

Unos personajes reaparecen y unas situaciones se reiteran con distintos dis-fraces. Se comete un robo en “El abrigo” y en “El aserradero”; se roba para con-seguir un objeto de (relativo) lujo, o algo esencial. Pero los autores de los deli-tos no son ladrones, o no lo hubieran sido en otras circunstancias. Hay padrescomunistas aferrados a sus privilegios, hijos desamparados entre inquietudesmetafísicas y tristes fiestas delirantes. Aquellos jóvenes melenudos e inconfor-mes reniegan de adoctrinamientos políticos. La frustración sexual es otra obse-sión evocada. En “La franja azul” y en “Pornografía”, el protagonista, que anhelaun gran amor, se entrega a una desaforada actividad sexual ya con una prostitu-ta, ya entre peep show y masturbaciones, y desde luego sale perdiendo siempre.

“Delante de él se extendían la llanura de su provincia, el hambre de leal-tad, los deseos insatisfechos”, reza un personaje de “Dos actores” (p. 77). Loque vincula a los protagonistas es su intensa soledad: marginados por jóvenes,por homosexuales, por creyentes, por borrachos, por locos, por enfermos dela “plaga”, por ser unos pobres campesinos cuya vida se malgastó, todos y entodas partes son acosados, humillados.

En “La calandria” la madre, con sus trastornos mentales, reaparece disfra-zada en otros relatos, tejiendo. Otro personaje femenino, la australiana, hu-milde campesina víctima de la reforma agraria, igual que “La Vieja Rosa” deArenas6, es patética por lo inútil de una vida de sacrificios; sus anhelos frustra-dos la asemejan a Madame Bovary. Todos los personajes, llenos de dudas, lu-chan en un mar de confusiones.

En “Dos actores” los protagonistas, artistas en ciernes, procuran montar lapieza Aire frío de Virgilio Piñera. La obra está prohibida y las ilusiones, perdi-das. Es un episodio evocado en la novela La travesía secreta, y con los mismospersonajes.

5 “Pornografía” (1992) y “La herencia” (1993).6 Noveleta de Reinaldo Arenas en Termina el desfile, ed. Seix Barral, Barcelona, 1981.

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Lo autobiográfico es el elemento más unificador del conjunto, sea encu-bierto con nombres inventados, sea sencillamente con el mismo nombre delautor, o el recurso a la primera persona. Lo cual no implica, ni mucho menos,la autenticidad de los datos. Lo autobiográfico, patente en la mayoría de loscuentos, es más bien de orden intelectual y psicológico. Los episodios más re-levantes de su vida, el despido de la Universidad, el trabajo en una empresaforestal, la detención “por escribir poemas”, la falta del padre, se encuentrandesparramados entre varios cuentos y aplicados a distintos personajes. Obvia-mente, le importa poco a Victoria que el lector ignore que se trata de datospersonales. El autorretrato no es su meta, sino hacernos partícipes de sus vi-vencias. Y no escatima los rasgos autoirrisorios, respecto a la cursilería de susprimeros poemas, a su atribulada sexualidad, a sus anhelos, a una “cobardía”que se resuelve en valentía casi a pesar suyo, por un ego descomedido que leobliga a ser valiente, porque teme repugnarse a sí mismo (“El Armagedón”).Su humildad raya en soberbia, recordando al Rousseau de las Confesiones Vic-toria se autoanaliza con cierto humor de un modo despiadado. Lo único quele infunde orgullo es su vocación de escritor. Hasta el punto de comparar laescritura con la prostitución y... el sacerdocio (“La franja azul”).

El cuento de inspiración más personal es el último, homónimo del libro.Se trata de la vana búsqueda del padre y más allá, de las propias raíces, de laidentidad. “Sombras en la playa” prolonga “La Calandria” y anuncia la novelaPuente en la oscuridad.

Con estos pocos ejemplos, se echa de ver que Victoria se dirige a todos no-sotros al hablarnos no de sus vivencias, sino a partir de ellas. La oposición en-tre padres e hijos, los unos adeptos del danzón, los otros del rock, resulta fáciltrasponerla a otras culturas donde también existe el conflicto generacional.

La división de las familias culmina en uno de los cuentos más logrados,“Ana vuelve a Concordia”, sobre el breve regreso a su pueblo de una exiliada;el reencuentro con los familiares no puede ser más doloroso. La que fuerahermana ya no es tal, sino “visita”. El relato que le hacen de la agonía de lamadre, que no pudo presenciar, acaba por destrozarla. Y al retornar a Miami,se agudiza la incomunicación con los propios hijos, ya convertidos en auténti-cos “americanos”. En otros términos, el drama de la soledad se da en todaspartes con distintos disfraces. Siempre se niega el autor a enseñarnos una vi-sión unilateral del mundo, es al contrario su complejidad la que asoma en to-dos los cuentos. No hay héroes, ni siquiera las víctimas lo son. No le interesala literatura de compromiso y rechaza la polémica. No es la ideología la quemueve a los hombres, sino la codicia, el amor (por amor al marido, reniegauna mujer de la guerra de Angola). El que era disidente en Cuba viene a serlotambién en Estados Unidos.

Ya no hay fe, ni en uno mismo, ni en la madre, ni en la patria, ni en Dios.Es de un irremediable pesimismo.

“Nadie tiene nada ni nadie tiene a nadie. Sólo tenemos nuestros propios cuer-pos, y a veces hasta queremos salir de él. Qué quedaría entonces. Porque aquí

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nadie cree en nada tampoco. Las creencias son para los locos, los flojos o los in-genuos.” (“Pólvora”, p. 145)

¿Realistas los relatos de Victoria? De ningún modo. Alucinaciones, creen-cias y supersticiones, pesadillas, obsesiones, delirios y locuras recorren el li-bro, cuya primera palabra es Loquillo, apodo de un individuo con el que debeapañarse el yo/narrador de “El abrigo”.

Lo imaginario permea la obra, aunque tampoco se trata de cuentos fantás-ticos. Se nos sugiere una explicación racional, verosímil, a la intrusión de lomágico. ¿No será el terror el que engaña nuestra percepción y nos hace veraparecidos? No hay respuesta y el lector queda confundido porque lo prosai-co se cuela en pleno delirio alucinatorio como en “Halloween”: el protagonis-ta, aterrado ante el espectro de su difunto amigo, le pregunta dónde está elbaño... Luego, en “Enrique”, que prolonga el cuento anterior y finge aclarar-lo, el mismo muerto gasta bromas pesadas al espantar a su infeliz amigo. El re-lato nos deja en suspenso concluyendo con un coup de théâtre en que se insi-núa la homosexualidad del difunto con los motazos de polvo en la cara paratapar un defecto.

No se trata del consabido y ya trasnochado “realismo mágico” de marras.Aquí lo fantástico es funcional en la medida en que procede del terror y seapagará con él. Aunque en varios cuentos aparece fugazmente una misteriosamujer anunciadora de futuros desgastes. ¿Alucinaciones? Se oscila entre reali-dad y fantasía. En “Dos actores”, se nos advierte de paso que dicha mujer es lamisma Casandra.

Otra temática del libro es el papel importante de los sueños, narrados e in-terpretados por quien los soñó y que a su vez influyen en el hombre despierto.

Son frecuentes las insinuaciones de la alegoría. La vida se asemeja a unapantalla de televisor, con una franja azul que palpita y tiembla; pero la panta-lla fascina aun con su irreparable defecto (p. 120).

El escritor se empeña en hacernos compartir sus vivencias; si bien es ciertoque Las sombras en la playa tiene un innegable valor testimonial, va mucho másallá. Rescata la memoria del gran escultor Fonticiella7, en un breve y conmo-vedor homenaje (“Dos actores”, p. 75). Además, el exilio le otorga una distan-cia con la cual comprueba que lo indecible del dolor humano existe en otrastierras; en “Un pequeño hotel en Miami Beach”, surge una complicidad entrela anciana judía y el joven marielito. Se dilucida la versión caribeña y contem-poránea de nuestras ansias fundamentales, la muerte y el sexo, la soledad, elterror, las frustraciones, la pregunta sin respuesta sobre nuestro destino. Porejemplo en “Ana vuelve a Concordia”, el miedo tiene efectos demoledores,genera el odio y envilece: resulta fácil trasponer a otras situaciones. Victoriasabe distanciarse con un fuerte sentido de la relatividad y sin abstracciones; alcomentar que “el miedo se disfraza con varios atuendos” (p. 92), pasa a des-

7 Enloquecido por la miseria y el desprecio por su arte, quemó toda su obra y, al parecer, se suicidó.

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cribirlos, del silencio al insulto grosero. El enfoque no es panfletario sino filo-sófico. La denuncia implícita del presente revolucionario de su país no le im-pide poner en tela de juicio un pasado de miseria, con “la arrogancia de unaburguesía más tarde sofocada por ambiciones, negligencias y revolución.” Na-da pues es más ajeno a la literatura política. Al contrario, aquello se puedetrasponer a muchas sociedades (¿a todas?) muy alejadas del Caribe.

Las sombras en la playa está cuajado de referencias culturales, cubanas o no;Virgilio Piñera y Lezama Lima, pero también Rousseau, Baudelaire, Artaud, lamúsica anglosajona, y sobre todo la Biblia que, evidenciando la falta de fe delautor, influye poéticamente. Aquellos libros, aquella música permearon su sertanto como los dramas personales. O más.

Buen ejemplo del paso de lo peculiar a lo general lo da el cuento “El re-partidor”:

“Pensar que un solo individuo ha cambiado la vida de tantos hombres, pensóAbel. La única vida de la que disponen. En Europa hubo varios semejantes. EnAsia también. En cada continente. En cada época se renueva el sacrificio en elaltar de los pequeños dioses de la Historia, pensó luego; falsos diosecillos, consu doctrina de sangre, sudor y lágrimas, mientras la muchedumbre suspira enla sombra.” (p. 132)

Lo que provoca tanto el interés, como la emoción y el enriquecimiento dellector, estriba en el perfecto dominio de los recursos narrativos. El estilo des-punta por la extrema concisión, por un arte consumado de las transiciones, omejor dicho por su asombrosa ausencia, que nos mantiene en vilo e impone alos relatos un ritmo jadeante. Las introducciones no son tales sino que nosechan de lleno al fuego de la acción, y el desenlace es un fogonazo (para pla-giar a Piñera) que nos libera de pronto del suspenso. A este respecto es rele-vante el cuento “Liberación”. Lo indecible –la “plaga” que afecta al protago-nista– queda casi en entredicho, lo cual aumenta la tensión. Aquí, la dolenciainnombrable acarrea unas obsesiones que dan con un mundo demasiado realy por lo tanto indiferente.

Victoria no anda por vericuetos sino por atajos y logra la brevedad a pe-sar de los múltiples enfoques y personajes. Su técnica, a veces impresionista,procede de la del cine; un solo fragmento bien iluminado sugiere la totali-dad de un personaje, con su misterio, los arcanos del subconsciente. La en-sayista Lourdes Tomás subraya acertadamente que el escritor, “antes quepensar, prefiere hacer pensar. Y esa preferencia cristaliza en su mejor arte,el de sugerir.” 8

El frecuente recurso al flash-back no es mera técnica narrativa sino una ne-cesidad que brota del mismo relato, siendo la memoria el motor del libro. Los

8 LOURDES TOMÁS, “Una mesa de trucos en la plaza de nuestra narrativa”, Linden Lane Magazine,vol. XII, Nº 2, 3, 4, Princeton, USA, abril/diciembre 1993.

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protagonistas se sienten presa de su propio pasado, o de un pasado sólo idea-do. Procede por asociaciones. La memoria se aferra de una percepción y a suvez resucita otras. Cualquier objeto o fragmento, una actitud, una sonrisa,pueden deshilvanar a tropezones el hilo de los recuerdos.

El lenguaje refleja la dualidad ya mencionada entre lo peculiar y lo gene-ral: alternan las voces abstractas con las vulgares. Pero Victoria sortea la tram-pa de un vocabulario donde lo vernáculo llegara a obstaculizar la compren-sión de la obra. No sabe de provincianismos y elude el léxico un tantoorwelliano de la Cuba de hoy, creando su propio lenguaje entre cubano y cas-tizo. Se refiere por ejemplo a la “tarjeta de racionamiento”, no a la “libreta”que es la palabra más común en Cuba, al “albergue” estudiantil, no a la “be-ca”. ¡Y el “diversionismo ideológico” no aparece en ninguna parte! Además, acontrapelo de las modas literarias, prefiere la palabra “decente” a la familiar oargótica. Ningún pudor sin embargo, no anda con remilgos, pero le disgustala provocación. De manera que, “sin retórica innecesaria, [...] pone el dedoen la llaga”, como lo señaló Reinaldo Arenas.9

Más allá de una lectura realista –la degradación de un individuo, de unafamilia, de una casa– Las sombras en la playa evoca de modo simbólico el dete-rioro del país y también, en términos metafísicos, el ineludible deterioro delser humano. Imágenes como la de la carcoma, de las paredes derrumbadas,recuerdan a Arenas, a Piñera, sin que se pueda hablar de influencias. Sencilla-mente, compartieron las mismas vicisitudes.

Los personajes que inspiraron a Victoria en sus cuentos aparecen transfi-gurados por las reminiscencias de su imaginación. Al evocar a la generaciónperdida, la de los hippies de veinte años atrás, nos evoca a todos nosotros: nohay salvación de Dios, ni de los hombres. La felicidad sólo puede ser breve ycon la conciencia de su brevedad.

Lo que le confiere a este libro de cuentos una dimensión universal, es el dis-tanciamiento. No hay nada fuera de lo común y lo que sucede ya había sucedido(p. 27-28). El mensaje político, si lo hay, aparece diluido en un proyecto muchomás ambicioso de inscribir el derrumbe propio de todas las épocas y países. Lahistoria reitera las mismas jugadas, subraya con ironía Victoria, al comparar a al-gunos delincuentes marielitos de hoy con otros que desembarcaron antaño:

“Pero se sabe que los que vinieron a Cuba con Cristóbal Colón eran en su ma-yoría ladrones, criminales. Aquello fue el Mariel de Andalucía.” (p. 56)

El pesimismo es absoluto y nos resulta patética la confesión que concluye“La franja azul”: “Yo soy un escritor, es decir, un hombre desesperado.”

9 Contraportada de Las sombras en la playa.

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L E ENVIÉ CARTAS CON CUANTO ESCRITOR CUBANO PASÓ POR

México o por Estados Unidos, durante los cinco añosque ya dura este ¿exilio?, ¿alejamiento?, vivir fuera de Cuba.No esperaba que me respondiera sólo que supiera que yolo recordaba con el mismo cariño, que lo imaginaba escri-biendo apuntes para una futura novela, rodeado de sus nie-tos, conversando con su esposa Chila, o desandando Santia-go de Cuba. Nunca supe si estas cartas llegaron a susmanos. Todo en Cuba es tan imprevisible y frágil, hasta labuena voluntad de la gente. Preferí pensar que él había leí-do mis cartas y las había guardado con alguna foto mía y demi hija, de las que nos tomamos juntos, en alguna de misrepetidas visitas a su casa. Y es que este hombre era para míno sólo el más importante de los novelistas cubanos vivosen la década de los noventa. José Soler Puig se parecía mu-chísimo a mi abuelo. Tenía el mismo respirar jadeante, elcuerpo largo y enteco, los ojos inquisitivos y burlones, eldon de contar historias y una ingenuidad a prueba deaños. Como había perdido a mi abuelo cuando era niña ynunca me resigné del todo, al encontrar a Soler hicimosun pacto: yo sería su nieta mayor.

Viajé a Santiago para conocerlo hace veinte años. Estu-diaba un curso de teoría literaria en la Universidad de LaHabana con Salvador Redonet y éste me estimuló a anali-zar la novela de Soler El Caserón. La obra me deslumbró deinmediato y me pagué el boleto del tren para conocer alautor. Luego de un día de camino llegué a su casa. Era laúnica referencia literaria y real que tenía en la ciudad, porlo que Soler me dio alojamiento y consejo. La noche enque lo conocí conversamos mucho: él, balanceándose enun sillón, como para evadir las continuas visiones que loacosaban. Todos los personajes tremendos de su noveladesfilaron por la sala. Fue generoso y profundo en sus co-mentarios sobre el texto que yo le llevaba. Desde entoncessiempre le envié de antemano todo cuanto escribí sobre

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su obra. Su cercanía intelectual y moral fue un estímulo decisivo en mi carre-ra profesional como ensayista y crítica. Siempre me dijo: “Tú puedes” y yo heseguido intentándolo. Nuestro trabajo conjunto abarcó la reedición crítica deEl Caserón por Ediciones Unión, obra que nunca supe si vio la luz, la ediciónde Ánima Sola por Letras Cubanas, la revisión del manuscrito de Una mujer,publicada luego en esta misma editorial, entrevistas para revistas nacionales ylatinoamericanas como El Caimán Barbudo y La palabra y el hombre, y estudiossobre sus novelas que aparecieron en Casa de las Américas, Unión y Del Caribe.

Me apasiona analizar su obra. Su secreto como escritor reside en el arte delcómo narrar la historia, en el acto de creación del narrador como voz, tono ypersonaje. Quienes recuerden El pan dormido saben que este recurso alcanzó allísu cima como depurada técnica literaria. Fue ésta la obra que más se divulgó enel extranjero y a la que más atención dedicó la crítica literaria nacional, peroaún está por evaluarse la labor de conjunto de su novelística donde sobresalenpor su original concepción obras como El derrumbe y El nudo, por no volver sobremi preferida El Caserón. Una fina entretela separa en estas obras la realidad de laimaginación, la minuciosa descripción objetiva de la subjetividad en las atmósfe-ras. Soler era un maestro para empastar voces y contextos. Sus novelas transpi-ran la historia más que la narran. El dialogismo, diríase con Bajtin, tuvo en el es-critor cubano un magnífico cultor. Otros lo celebraron por su afinidad estilísticacon el “nouveau roman”. Soler Puig, encerrado en su provinciana ciudad, de-sentendido de los rituales de la fama, alejado de los centros del poder político,leía vorazmente a los clásicos castellanos, a los novelistas latinoamericanos con-temporáneos y a los alemanes, entre quienes prefería a Gunter Grass. Aprendíade todos: “El escritor es un ladrón”, decía. Pero sobre todo se mantuvo atento aldictado de la historia de su gente. Reconstruyó como nadie las luchas clandesti-nas revolucionarias en Santiago, el pasado de la industria ronera de los Bacardíen el siglo XIX; todo desde el tono menor de lo cotidiano que era su ángulo devisión preferido. Como Dostoyesvky, en cuya admiración coincidimos, Soler pen-saba que: “El mayor milagro ocurre en la realidad misma”, pero de igual modoque: “La sencillez es enemiga del análisis”. Así fue como persona y como escri-tor: simple y múltiple. Con otras palabras: un creador auténtico.

Cuando supe de su muerte me encontraba de paso en Miami. Alguien mellamó por teléfono y luego leí una nota en el periódico local. Llamé a La Ha-bana para pedirle a un amigo común que le transmitiera mi pésame directa-mente a Chila. Les había prometido que estaría junto a la familia, en Santia-go, cuando sucediera lo que ya preveíamos desde hacía tiempo dada laprecaria salud de Soler. No cumplí con la cita. No he podido entrar a mi paísen los últimos cinco años. La puerta ha estado cerrada para mí, no importacuál sea la vía por la que he solicitado la mínima apertura de una visita.

Sé que el cadáver de Soler fue enterrado en Santiago de Cuba. Cuando re-grese algún día con mi hija, tendré una tumba más que mostrarle en Santa Ifi-genia. Entre tanto, desde lejos, escribo estas breves líneas para rescatar su son-risa de abuelo y su estatura de novelista. Para que la distancia no clausure laúnica y quizá la mejor forma que tengo de recordarlo.

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Gastón Baquero:Poesía y EnsayoEFRAÍN RODRÍGUEZ SANTANA

Gastón BaqueroPoesía y EnsayoFundación Central HispanoColección Obras FundamentalSalamanca, 1995, 2 vols. de 294 y 332 pp.

L A APARICIÓN EN 1995 DE LOS VOLÚMENESPoesía y Ensayo, auspiciados por la Fun-

dación Central Hispano, cuya edición estuvoa cargo de Alfonso Ortega Carmona y Alfre-do Pérez Alencart, tiene, en primer término,la voluntad de aclarar y regular con ponde-rada justicia la memoria de los desmemoria-dos. Digo esto, porque se trata de ubicar enun plano mensurable la obra poética y ensa-yística de ese cubano llamado Gastón Baque-ro, con más de tres décadas y media de vidaespañola.

Dos tomos recogen, el uno casi la totali-dad de la producción poética, y el otro unaselección de la copiosa ensayística literaria,con lo cual volvemos a topar, o a descubrir,una de las voces más completas y rotundasde la poesía de la lengua y con un esmeradoestudioso de ese arte.

Tales ediciones tienen la virtud de reac-tualización, de un llamado de atención a lasimprescindibles jerarquizaciones y constitu-yen por sí mismas un camino que busca tras-cender las fronteras españolas para insertarseen las tierras americanas dadoras y deudorasde una voz que las ha imaginado.

Gastón Baquero nació en Banes, en la re-gión oriental de Cuba, en 1918. Desde allí yal amparo materno fijó las cifras de lo que se-ría su quehacer. La avidez de su madre y desu tía Mina por la lectura; de ésta última, elafán de ir guardando en libretas el rimadoarsenal de la poesía de aquella época, fue en-tregándole, sin él saberlo, una capacidad ex-cepcional para el registro de las sonoridadesque más tarde constituirían médula de su ac-

ción creativa. Esa familia de mujeres sustenta-doras y de hombres que habían guerreadopor la independencia cubana, abrigaba comoespecial tesoro la herencia ética de José Martíy de Antonio Maceo, ambos ligados por unmestizaje patriótico –ideas y armas entrecru-zadas–, en la búsqueda de la mayor cima delibertades para Cuba. Todo ello fraguándoseen la porción de tierra oriental que lo vio na-cer, tierra rebeldísima y candorosa a la vez,que con donaire y naturalidad ofrecía colo-res, olores, gestos y fogocidades que contri-buirían a atemperar una recia personalidad ysu sentido de equidad y relatividad.

Cito este breve fragmento de los co-mienzos de una vida porque creo que es ahídonde se concibieron aquellas notas ocultasque han hecho de Baquero el hombre y elpoeta que es.

Sólo quisiera llamar la atención sobreotro rasgo biográfico que me parece de sin-gular importancia para todo español de va-lía, esto es, amante de la verdad y de la sen-sibilidad que hermana. Gastón Baquerollegó a España en 1959, parte imprescindi-ble de su obra ha nacido al amparo de esahermosa tierra y pertenece a ella. Es por esoque cubanos y españoles, como beneficia-rios directos de tal herencia, debemos de-fenderla y cuidarla como patrimonio de lalengua que nos hace la unidad.

No paso por alto el triste y reprobablehecho de que aquí en Cuba todavía aguarda-mos porque se le otorgue al poeta y su poe-sía los laudos y el cariño que merecen. Perolos poetas cubanos sabemos, junto a Baque-ro, que la poesía está por encima de cual-quier sectarismo político. Aprender a desde-ñar tales sectarismos –los de aquí y los deallá– pareciera faena destinada a los poetas.

El volumen de poesía incluye casi la to-talidad de la obra publicada por Baquero. Apartir del antes y el después de 1959, o sea,lo escrito y editado en Cuba y fuera de ella,se ofrece al lector un cuerpo textual básica-mente cronológico, tal y como si fuese laedición de la obra completa. Sin embargo,ese esquema se quiebra en la segunda parte,la cual bajo el título “El álamo rojo en la ven-tana (1935-1942)” nos muestra un conjunto

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de poemas inéditos de juventud, guardadosa través de los años por sus viejos compañe-ros de generación Cintio Vitier, Fina GarcíaMarruz, Eliseo Diego y Bella García Marruz.Al respecto, el propio Baquero ha señalado:“Al margen de toda literatura, estos poemasde El álamo rojo en la ventana tienen para míun valor sentimental de tan vigorosa evoca-ción de una época embellecida por la amis-tad y la poesía...”

La hechura principal del libro está sus-tentada por los textos recogidos en Diez poetascubanos (1948), Poemas escritos en España(1960), Memorial de un testigo (1966), Poemasafricanos (1974), Magias e invenciones (1984),Poemas invisibles (1991) y Otros poemas invisibles(1992-1994). De paso, es conveniente aclararque el poema “Canta la alondra en las puer-tas del cielo” no pertenece a Diez poetas cuba-nos, éste fue publicado en Orígenes, número 1,primavera de 1944, y constituye la única cola-boración del poeta en dicha revista.

Memoria de la invención, artesanía pa-ciente dentro del caudal de la cultura uni-versal, especial tensión producida entre lamirada y el objeto, como bien recuerda Ba-quero al referirse a la poética de Lezama Li-ma, pero que es también parte de su hacer,cuando entre su ojo y ese objeto se crea elespacio de y para la imaginación, producién-dose, al decir de T. S. Eliot “La fuga de laemoción y de la personalidad”, como supre-mo acto de entrega, como punto final y lími-te del hallazgo creativo. Éstas y muchas otrasdefiniciones valen, en substancia, para com-prender la poesía de Gastón Baquero. Eliotsugiere al oído del poeta cubano aquellasclaves inminentes, inexcusables: “La emo-ción del arte es impersonal. Y el poeta nopuede lograr esta impersonalidad sin rendir-se por entero a la obra que debe hacerse.”(The Sacred Wood, 1920). Es precisamente,desde esa nutricia impersonalidad, que Gas-tón Baquero insiste en la calidad de lejaníade la poesía para poner allí lo que falta, parainventar e imaginar con todo el derroche dela “arbitraria especulación”. Para él, lo tex-tual y descriptivo es pobre e insignificante.

Flaubertiano, por la forma y la belleza, va-léryano, por la solidez y la duración, toda lapoesía de Baquero –la de antes y después de

1959– es un camino no para la insistenciaen la realidad, sino para la fundación de loinventivo dentro de la multiplicidad de es-pejos –y espejismos– que contiene esa reali-dad. Hallarle nuevas cualidades, rompercon la secuencia ordinaria de la “verdad”,descubrir lo inesperado detrás del telón delgran circo que es el mundo, es parte de esatarea reconstructiva. Se trata como de unefecto modificador de la vida a través de laficción de lo bello.

Fiel a una suerte de fundición de ismos,pero con una brújula de selectividad implaca-ble, Baquero es un acucioso observador desus antecesores; de la labor de un grupo deellos extraerá muchas conclusiones y dibuja-rá, en cierta medida, su propio mapa lírico,el cual hará parte de la Tradición imprescin-dible, aquélla que se asienta en nombres co-mo los de Eliot, Poe, Baudelaire, Mallarmé,Rimbaud, Laforgue, Saint-John Perse, Valéry,Rilke, César Vallejo, Juan Ramón Jiménez, Jo-sé Lezama Lima.

Su poesía está dotada para la música, pa-ra los grandes ritmos sostenidos por inconta-bles variaciones de tonos y cadencias. Y de es-ta sobreabundancia sonora se definen losprocesos compositivos más diáfanos y convin-centes: Ir de lo aparencial para llegar a lo noaparencial, informar de la latencia de “loirreal realizado”, atomizar el tiempo regularpara instalar en su lugar el “tiempo unísono”,acopiar la mayor cantidad de informaciónculta para darle cabal cumplimiento a lo queél ha denominado “juego de permutas”,práctica lúdicra ésta que insinúa que todomemorable pasado puede estar cargado de lamagia de la futuridad, y que éste, transforma-do y perfeccionado, puede llegar a convertir-se en símbolo o en mito.

Cuando revisamos la poesía cubana, lamás próxima y la más lejana de este siglo, laque pertenece a Orígenes, y la que ahora mis-mo descubren los recién llegados, conclui-mos que ahí está Gastón Baquero en su másentera libertad de acción, con independen-cia de voz, como un islote resonante de unarchipiélago soñado.

La ensayística queda reservada para lostemas literarios y muchos de sus gestores con-temporáneos. Ensayos como “La poesía como

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reconstrucción de los dioses y del mundo”,“La poesía como problema” y “La poesía decada tiempo”, nos adentran en las substanciasy circunstancias en que se ha desenvuelto elarte poético de este siglo. Más allá de la crea-ción, o junto a ella, Gastón Baquero quiereentender y dominar los resortes últimos, lospuntos de giros, las continuidades y rupturasque han hecho posible una poesía dominadapor su enfrentamiento ante el caos, dentrode él mismo. Las disoluciones, vaivenes y ter-quedades a que ha sido sometido el mundode este siglo. Dar continuidad interpretativa yparticipativa a la poesía en su perentoria co-municación con Dios, a partir de sus específi-cas e intransferibles claves de actualidad, con-ducen al estudioso cubano a contextualizarcategorías como “el camino de reconstruc-ción de Dios” o “la adanización de la pala-bra”, las cuales serán las vías más certeras deentendimiento en medio de la diversidad ydislocación de los sentidos.

Él mismo efectúa sus propias elecciones,mayores y menores, pero todas en el vórticede las principales aportaciones que a nivelde la lengua, o fuera de ella, se han consu-mado con ideleble marca. Así pues, los anto-logadores han sabido escoger entre nombresuniversales como Eliot o César Vallejo, JuanRamón Jiménez o Saint-John Perse, LuisCernuda o Rubén Darío; y, por otra parte, aquienes han sido determinantes para el flo-recimiento de la fabulación americana másallá de sus límites geográficos, a saber: Ga-briela Mistral, Vicente Huidobro, AlfonsoReyes, Porfirio Barba Jacob, Pablo Neruda,Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, MarianoBrull, Eugenio Florit y Gabriel García Már-quez, éste último augurado por Baquero mu-cho antes de que los grandes circuitos edito-riales y publicitarios lo pusieran en boga.

Leer muchos de los ensayos recogidosen este tomo es como asistir a las biografíasde sus autores a través de sus poéticas.

Las tres secciones finales contienen análi-sis que como en el caso de los textos seleccio-nados de Indios, blancos y negros en el caldero deAmérica, van a la intermediación de lo ameri-cano y lo español. El fundacional Bolívar, elintenso y sabio Unamuno, el extravagante yafanoso “noventiochista” Ciro Bayo, o el “clá-

sico al alcance de la mano: Borges”, son obje-to de dinámicos y personales registros.

Singular importancia posee el “Paginariocubano”, de donde sobresale, por su vuelta ala génesis cubana, el trabajo “Tres siglos deprosa en Cuba”, el cual se emparienta con elextraordinario “Prólogo a la antología de lapoesía cubana” de José Lezama Lima.

Se reservó para el final “Volver a la uni-versidad”, respuesta conclusiva que da Gas-tón Baquero dentro del homenaje interna-cional que en 1993 se le ofreció, y que fueseorganizado por la Cátedra de Poética “FrayLuis de León” en la Universidad Pontificiade Salamanca. Los gestores de aquel memo-rable encuentro son los mismos que han rea-lizado estas magníficas compilaciones dePoesía y Ensayo.

“Volver a la universidad” es como la revi-sión de las constantes poéticas que hanacompañado al poeta. Quién mejor que élpara saberse con probada imparcialidad:

“... no hace la poesía otra cosa que estaren el camino, errante, yendo hacia todaspartes y hacia ninguna.”

“... Por mi parte he intentado traducirese estupor, esa extrañeza de estar, escribiendopoemas que no son sino parapetos detrás delos cuales hablo con cierto inseguro disfraz:un pez, una rosa, un baile, un entierro.”

“... La ilusión de poetizar, de explicarmefragmentos y retazos del universo, moriráconmigo.” ■

La neblina del ayerRAFAEL ROJAS

Eliseo AlbertoInforme contra mí mismoMéxico, Alfaguara, 1997, 294 pp.

L A CULTURA CUBANA DE FIN DE SIGLO VIVEobsesionada con el recuerdo de la ciu-

dad. Sus voces quisieran congelar un tiempoya perdido para siempre, apresar el devenir

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de la isla en el cauce de un río, como si enese encierro se detuviera fugazmente lafragmentación nacional que provoca el exi-lio. Sus textos quisieran imprimirse en lasparedes de la calle, en los bancos de los par-ques, en las columnas de los monumentos,como si fueran graffittis que apuntalaran laciudad el día del juicio final.

Este instinto de retrospección es visibledesde cualquier ángulo: en la poesía y la pro-sa de Antonio José Ponte, una escritura en laque no pocas veces se deja ver el fantasmacriollo; en el piano de Gonzalo Rubalcaba,tan abigarrado de resonancias y armonías in-sulares; en la pintura de Pedro Álvarez, conesos collages del tiempo cubano donde un ca-lesero colonial le tiende la mano a una seño-ra republicana y un chevrolet del 54 puedeatropellar lo mismo a un mulo de recua quea una bicicleta china; o en el cine de ArturoSoto, siempre lleno de citas y homenajes aotras películas y otros cineastas de la isla.

Pero algo nos dice que esas señales delpasado en la cultura cubana de fin de siglono responden al deseo de inventar una tra-dición fuerte, donde pueda inscribirse y au-torizarse el nuevo texto. Esa mentalidad delheredero, que ha marcado la historia inte-lectual moderna de Cuba, de José Martí aJosé Lezama Lima y de Julián del Casal a Vir-gilio Piñera, empieza a desvanecerse. Hoy, latradición, más que una certeza, encarna unaambigüedad, una presencia borrosa como la“neblina del ayer” que cantaba Bola de Nie-ve. Las nociones aristocráticas de linaje, he-rencia o legado, que sostuvieron por más deun siglo el imaginario criollo, han perdidosu hechizo. De ahí que la memoria se ejerzaen ritos débiles y funerarios, donde se vulga-riza la estructura musical del requiem (“¡quésentimiento me da! / cada vez que yo meacuerdo / de los rumberos famosos / ¡quésentimiento me da!”) y donde no faltaquien, gimoteando como el Bola, le diga asu cultura y a su nación: “tengo las manostan deshechas de apretar / que ni te puedosujetar / ¡Vete de mí! / Seré en tu vida lomejor / de la neblina del ayer / cuando mellegues a olvidar / como es mejor el versoaquel que no podemos recordar”. Es posibleleer en esta canción de Expósito –siempre y

cuando sea cantada por el Bola– toda unaestética del olvido: el mejor texto es aquélque no se deja recordar.

La puesta en escena de una memoriaque se sabe débil es claramente perceptibleen la nueva narrativa cubana. Algunos delos narradores cubanos más leídos hoy con-vierten sus autobiografías en ficciones. Es elcaso de Jesús Díaz en Las palabras perdidas,de Senel Paz en El lobo, el bosque y el hombrenuevo y de Zoe Valdés en La nada cotidiana.Pero también se da el caso contrario, es de-cir, el de los narradores que convierten susficciones en autobiografías. Y aquí habríaque destacar las tres Memorias emblemáticasde los 90: Antes que anochezca de ReinaldoArenas, Next Year in Cuba de Gustavo Pérez-Firmat e Informe contra mí mismo de Eliseo Al-berto Diego.

¿A qué se debe esta nueva centralidadde la escritura autobiográfica en Cuba? Ensu libro Acto de presencia, el mejor estudioque conozco sobre el género de las Memo-rias en Hispanoamérica, Sylvia Molloy hablade una “vacilante figuración” de la autobio-grafía en América Latina. Desde los tiemposcoloniales, el yo latinoamericano, según Mo-lloy, ha debido subordinar la escritura de síal texto de un Otro institucional (el Rey, laIglesia, el Estado, la Nación, el Caudillo, laPatria).1 Supongo que en la experienciapost-colonial cubana esa “vacilación” entrela voz de la persona privada y el discurso delsujeto público ha sido más intensa, ya que elestablecimiento de un orden totalitario im-plica un mayor grado de instrumentaliza-ción política de la literatura. Desde las Pala-bras a los intelectuales (1961) de Fidel Castroestaba claramente delineado el interdicto delpoder: nada podía escribirse contra o fuerade la Revolución, es decir, contra o fueradel Estado, la Nación, la Patria, el Socialis-mo, la Independencia, el Antimperialismo yel propio Fidel. De modo que esta nueva di-fusión de la narrativa autobiográfica en Cu-ba se construye sobre el debilitamiento de

1 SYLVIA MOLLOY, Acto de presencia. La escritura autobio-gráfica en Hispanoamérica. México: COLMEX/FCE,1996, pp. 14-15.

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esa Voz del Otro institucional y escenifica laviolenta salida del yo de un closet colectivo ypromiscuo que intenta controlar las poéti-cas personales.

Informe contra mí mismo de Eliseo Albertoes, precisamente, la historia personal de unapregunta: ¿para quién se escribe? El libroempieza con el relato de una situación lími-te: la Seguridad del Estado le ha pedido aun joven escritor que redacte un informesobre su familia; una familia que, a su vez,está integrada por otros escritores y artistas.Así se describe una doble intervención polí-tica: el Estado no sólo vigila el espacio priva-do y doméstico de la familia, sino que con-trola el espacio civil, público, donde debeactuar la comunidad intelectual.2 Se abre,entonces, una encrucijada ante el joven es-critor: ¿a quién le debe la primera lealtad, asu familia o al gobierno, a su cultura o al po-der? Finalmente, la moral totalitaria se im-pone: el joven escritor redacta el informecontra su familia, usando el pseudónimo dePablo. Veinte años después lo confiesa pú-blicamente y esa confesión desata su memo-ria con tal fuerza que la escritura produce,ya no una autobiografía, sino la biografía deuna ciudad, de un grupo de amigos, de unageneración.

De modo que la confesión de aquel in-forme contra su familia genera un segundoinforme: el informe contra su autor, Pablo,cuyo contenido no es otro que el de la pro-pia memoria de Eliseo Alberto. Se presenta,entonces, el dilema de toda literatura confe-sional: la confesión como una experienciapurificadora y liberadora del alma o comoel relato de una culpa que será siempre otrapesadilla más en la memoria del pecador.Para San Agustín, por ejemplo, la narracióndel pecado era la premisa de una vida vir-tuosa. En cambio, para Rousseau, la confe-sión no era más que un ritual donde la cul-

pa, es decir, la certeza de una degeneraciónmoral inevitable en el “estado de sociedad”,se confirmaba. Éstas son las dos variantesprimordiales de la literatura confesional: elmodelo redentor de la Patrística y el mode-lo cínico de la Ilustración. Paradójicamente,a pesar de ser Eliseo Alberto un escritor mo-derno, siento que sus Memorias están máscerca de las Confesiones de San Agustín quede las de Rousseau.

Informe contra mí mismo rearticula no po-cos temas de la moral judeo-cristiana: laconfesión, la piedad, la reconciliación, elperdón, la clemencia, la salvación. Es porello que este libro no encaja fácilmente enel tipo de disidencia literaria que generanlos países comunistas. La escritura disidenteen la Unión Soviética y Europa del Este(Mandelshtam, Brodsky, Gombrowicz, Mi-losz, Kundera...) recurre a lo que StanislawBaranczak llama el “pesimismo extático”. Enun régimen totalitario la obra del escritorindependiente es como una “respiración ba-jo el agua”, sus textos son testimonios de laasfixia, del envilecimiento moral que provo-can la obediencia y el miedo.3 En el caso dela narrativa disidente rusa este efecto es cla-ramente legible: mientras Chalamov, Solzhe-nitzin y Guinzbourg narran la vida en el co-munismo como si se tratara de unatemporada en el infierno, Zamiatin, Plato-nov y Bulgakov lo hacen presentando la so-ciedad comunista como una antiutopía. Am-bos modelos narrativos recurren a unapoética de la maldición, muy cercana al esti-lo confesional de Rousseau, en la que elcuerpo del escritor aparece contagiado porla degradación moral de la comunidad.

Frente a las grandes tradiciones de la di-sidencia checa, polaca o rusa, la cubana re-sulta sumamente precaria. De hecho se hacedifícil hablar, en Cuba, de una notable lite-ratura de ficción que parta de una poéticadisidente. Lo más próximo, en poesía, esFuera del juego de Heberto Padilla o el re-ciente cuaderno de Raúl Rivero Firmado en

2 Esta idea de la cultura como empresa familiar, queproviene de la tradición criolla republicana, está muyarraigada en la literatura de Eliseo Alberto Diego. Pién-sese, por ejemplo, en la alegoría del circo –otra empresafamiliar– que en La eternidad por fin comienza un lunes sepresenta como un universo simbólicamente autónomo.

3 STANISLAW BARANCZAK, Breathing under Water and OtherEast European Essays. Harvard University Press, 1990,126-134.

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La Habana, y en narrativa, Otra vez el mar, Elcolor del verano y El palacio de las blanquísimasmofetas de Reinaldo Arenas y, tal vez, La piely la máscara de Jesús Díaz y La nada cotidianade Zoe Valdés. Un escritor como CabreraInfante, por ejemplo, que con razón es con-siderado dentro de la disidencia, ha sabidomantener sus ficciones fuera del alcance dela crítica política, la cual ejerce ingeniosa-mente a través del artículo y el ensayo, comose demuestra en Mea Cuba. Pero este deslin-de entre crítica política y poética disidenteno puede aplicarse a la escritura autobiográ-fica. En una autobiografía o en unas Memo-rias la ficción está tan ligada al juicio que di-fícilmente podría silenciarse una opiniónpolítica o camuflarse una valoración estética.

Esta transparencia, esta total desinhibi-ción poética y política es la que encontramosen Antes que anochezca de Reinaldo Arenas.Visto desde la perspectiva de la maldición,que según Baranczak caracteriza a la rebeldíaliteraria en el comunismo, esta obra puedeser considerada como un texto canónico dela escritura disidente en Cuba. Bastaría leerlas Memorias de Arenas en contrapunto conlas de Eliseo Alberto para persuadirnos deque Informe contra mí mismo trasciende el ca-non maldito de la disidencia literaria. Con es-te libro parece abrirse un nuevo camino parala literatura crítica cubana que, por lo visto,será muy transitado en los próximos años: elcamino de la memoria como una estetizacióndel desencanto ideológico.

La Cuba de Castro es, en la narrativa deArenas, una alegoría del infierno, o, másbien, al revés: el infierno una alegoría de laCuba de Castro. El único refugio, la únicaredención posible se ofrece en el encuentroventuroso del paisaje, la literatura y el sexo:vivir emboscado en el Parque Lenin con unejemplar de La Ilíada o ser poseído por unjoven recluta en alguna playa de La Habana.La memoria de Arenas se construye, pues,alrededor de la nostalgia de la nación comouna comunidad natural y erótica. Para él, aligual que para Cabrera Infante, la geografíay la cultura han logrado vencer a la historiay la política. En cambio, Eliseo Alberto ins-cribe su protesta contra la historia (“la histo-ria –dice– es una gata que siempre cae de

pie”) buscando un punto de partida parallegar a la reconciliación con el pasado. In-forme contra mí mismo narra, entonces, la Cu-ba de Fidel Castro como una comunidadmoral que no está exenta de virtudes. Elbuen recuerdo de la ciudad y sus habitantes,desglosado en un minucioso inventario delugares y personas, no es en modo algunouna pesadilla o un relato de la asfixia, sinoel testimonio de esa extraña felicidad que sepuede llegar a sentir bajo el comunismo.

De modo que este libro encarna la para-doja de una literatura disidente cuya ima-gen del orden totalitario es, si se quiere,tierna, benévola y, por momentos, idílica.Aquí la disidencia se organiza alrededor dela crítica al poder y no de la representacióndel país como un espacio donde es imposi-ble vivir. El relato de esa vivencia bajo el co-munismo se propone despejar la sospechade una culpabilidad o degradación colectivaen la moral de quienes –la inmensa mayoríadel país– han vivido en Cuba después de1959. Vivir en el comunismo cubano, segúnEliseo Alberto, no es vivir en el Infierno,tampoco es vivir en el Paraíso; pero lo ciertoes que algunas víctimas de ese sistema hansufrido sus propios infiernillos, como la cár-cel, el exilio, la marginación o el acoso de lapolicía política. Así como tampoco faltan losque han disfrutado un instante de gloria pa-seando por el Malecón, comiéndose un he-lado en Coppelia o bailando con Los VanVan en algún parque de La Habana.

Se trata, pues, de un libro que permitela articulación de muchas voces, algunas deellas contrapuestas entre sí, que hablan depersonas que no por vivir o haber vivido enla isla son cómplices de los excesos del po-der. Esta pluralidad de voces hace de Informecontra mí mismo una autobiografía singular,donde se entrelazan la ficción y el recuerdo,el inventario preciso y la noticia vaga, dondelas vidas paralelas –“para leerlas” hubiera di-cho Cabrera Infante– de otros escritores (Ni-colás Guillén y José Lezama Lima, ReinaldoArenas y Raúl Hernández Novás, RolandoEscardó y Luis Rogelio Nogueras...) vuelvena suceder en la memoria de su autor; un li-bro, en fin, donde una poética de la reconci-liación se atreve a enfrentar la tragedia cuba-

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na con un dictamen que, por cierto, recuer-da otro de Bernardino Rivadavia citado porJosé Martí al final de Nuestra América: “loscubanos quizás no tenemos escapatoria, pe-ro sí salvación”. ■

Rapsodie CubaineELIZABETH BURGOS

Eduardo ManetRapsodie CubaineEdiciones GrassetParís, 1996, 330 pp.

A LA YA EXTENSA OBRA NOVELÍSTICA DELtambién autor teatral Eduardo Manet,

viene a sumarse como hecho excepcional suquinta novela, Rapsodie Cubaine, por haberlevalido el premio Interallié, uno de los másimportantes premios literarios que se con-fieren en Francia a autores de lengua fran-cesa. Al igual que Héctor Bianciotti y JorgeSemprún, Eduardo Manet es uno de los es-casos escritores de lengua hispana, afinca-dos en Francia, que ha adoptado el francéscomo lengua de expresión escrita.

Valiéndose de una narrativa muy depura-da, en un francés clásico, Rapsodie Cubaine sesitúa en la continuidad de las precedentesnovelas del autor, cuya temática gira en tornoa la búsqueda del país perdido. Pero si bienen sus libros anteriores la única posibilidadde asirlo era el recuerdo, esta vez la accióntiene lugar en la Cuba de afuera, la que seha radicado en Miami, suerte de prótesis delpaís perdido tras la conmoción acaecida en1959, que lo escindió en un país a dos ver-tientes: la de adentro y la de afuera, y ambasson cada día más complementarias.

La acción de la novela se sitúa en el fe-nómeno real y concreto del exilio, y entiempo presente. Aquí, el tamiz atenuantedel recuerdo, de lo nostálgico como resigna-ción ante la pérdida, no tiene cabida, por-que de hecho es la vivencia concreta, en la

más desnuda espontaneidad del desarraigo,la que aquí aparece disimulada por el acti-vismo que llevan a cabo los protagonistas,movidos por la ilusión de un regreso triun-fal que liberará un día la isla. El exilio es elpersonaje central de la trama. Exilio queaparece poseído por la presencia tenaz de laotra historia, aquélla que sucede en paraleloen la isla que han abandonado. El desgarrode la transplantación, y el trauma del desa-rraigo los lleva a vivir el presente bajo el mo-do de una relación especular, sin vida pro-pia, sujeto a las fluctuaciones de cuantosucede en la isla.

La acción comienza en La Habana, enenero de 1960, cuando el rico empresariohispano cubano, Edelmiro Sargats, ante lasospecha, cada vez más evidente, de la ins-tauración de un régimen comunista en Cu-ba, decide abandonar el país con su familia:su mujer, Magdalena, y su hijo de 13 años,Julián; su hija mayor, Gisela, había tenido laprecaución de fugarse antes con un argenti-no a ese país del sur, para radicarse en Mia-mi. La acción culmina en Key West, en el ve-rano de 1995; treinta y cinco años de la vidade Cuba, vividos fuera de Cuba.

Si bien el eje central de la trama es elexilio, es el joven Julián Sargats quien lopersonifica. El mal del exilio, ese sentimien-to de pérdida, de nostalgia incurable, inva-den al joven de 13 años Julián, desde el mo-mento en que realiza el recorrido en elrutilante Cadillac continental que los con-duce al aeropuerto para tomar el aviónrumbo a Miami. La sucesión de calles y decasas de La Habana Vieja tantas veces reco-rridas en compañía de su abuela materna,la bailarina y cantante andaluza Rita Alfaro,como un ritual mediante el cual ella busca-ba exorcizar, gracias al aire de familia queposeían ambas ciudades, la nostalgia de suSevilla natal. Para Julián, abandonar La Ha-bana actualizaba el dolor de la pérdida desu abuela muerta unos meses antes -“suabuela fue el único punto de salvación, suúnico apoyo en este mundo”- que le habíaenseñado a amar a la Cuba profunda, a larevolución y a Fidel.

Al cabo de algunos años, en la primaverade 1972, encontramos de nuevo a Julián,

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transformado ya en adulto, en Boston, cur-sando su último año de estudios en la univer-sidad de Harvard, prueba de su voluntad deintegración, en donde, mediante la invita-ción de un compañero de estudios, entra enel seno de la sociedad muy selecta de la clasealta bostoniana. Pero es precisamente en estecontexto que Eduardo Manet, valiéndose dela voz de su protagonista, reflexiona sobre elexilio y la condición de exiliado. Ese hechoinexplicable que conduce a la escisión, a sen-tirse siempre doble, a vivir en un entre-dospermanente, a escuchar una voz en off quesurge de uno mismo, suerte de diálogo entredos lenguas que se hacen eco, entre dos ma-neras de pensar, entre dos maneras de razo-nar, entre dos visiones del mundo “alga flo-tante a la deriva sobre las aguas del CharlesRiver”. Espejo deformante, “se imaginan queme he integrado porque imito sus costum-bres, porque conozco sus poemas y sus can-ciones, porque imito sus gestos y respeto susclaves”, escribe Julián en su diario íntimo.

Sin embargo cuando va de vacaciones aMiami, esa especie de Cuba transplantada,la garganta se le seca, el malestar se apoderade él; pero no es la ciudad la causa de sumalestar, sino los cubanos de Little Havanay su familia. Si permanece en Miami y re-nuncia a la situación que le propone su ami-go de Boston, es por la atracción, y luegopor el amor desmedido que le profesa, queejerce sobre él la joven Emma, pasionariadel exilio, obsesionada por la liberación desu padre, condenado a 20 años de cárcel enCuba, cuya liberación que se acerca todosesperan, para que, gracias a su prestigio decombatiente antibatistiano, y más tarde anti-castrista, tome las riendas del exilio.

Emma, a su vez, sueña en convertirse al-gún día en la Celia Sánchez o en la HaydéeSantamaría de la nueva Cuba liberada porella y sus amigos. Su afán de lucha, su rebel-día, su inconformismo, la hacen aparecercomo el elemento masculino de la familia;“como una actriz que se identifica en cuer-po y alma con su papel, deviene lo que losotros esperan de ella”.

Con Emma, lo único en común que po-see Julián, la única cosa que comparten ver-daderamente es haber abandonado Cuba

contra su voluntad a una edad muy tempra-na, obligados por la decisión de sus padres.Emma, convertida en anticastrista fanática,supedita su vida al regreso de su padre, el co-mandante Álvarez. Pero, cuando el hechoocurre, contrariamente a las esperanzas deEmma y del exilio que espera a su héroe, éstese opone a intervenir en las intrigas del exi-lio, rechaza el puesto de líder que se le ofrecey se retira con su mujer, a ocuparse del culti-vo de flores y de la cría de animales. Su deseosería el de “construir una casa para todos, yterminar con las cadenas invisibles que nosatan”. Emma se desmorona, la fortaleza invisi-ble se derrumba; huérfana espiritual, rompecon su padre y confiesa que lo odia. Más tar-de, al enterarse de que su hermano, miem-bro muy activo del exilio, en realidad actuabacomo agente doble del régimen de La Haba-na, y tras su muerte en un accidente de trán-sito, Emma decide separarse de Julián, queno cree en la lucha del exilio contra el régi-men. Él añora una isla desierta, en donde seproscribirían las palabras calle Ocho, La Ha-bana, Castro y comunismo; “Emma es su úni-ca patria”. Emma no lo ve así, antes por elcontrario, no se permite ni un asomo de feli-cidad. Emma, vivirá en adelante una vida demonja laica, dedicada por entero a la lucha.

Manet no idealiza el exilio; antes por elcontrario, al describir el campo de entrena-miento militar financiado por un millonario,Mister Millions –suerte de Club privado alque acuden los fines de semana a entrenarse,bajo el control de veteranos norteamericanosde la guerra de Vietnam, los jóvenes de bue-na familia, las más ricas de Palm Beach, de Sa-rasota y de Miami– demuestra el carácter irri-sorio de la empresa, la parodia, el sarcasmode esos guerrilleros de lujo que juegan a laguerra, al igual que participan en desfiles demoda, y asisten a espectáculos de travestidos.

Mientras que el grupo del padre de Ju-lián, Edelmiro Sargats, se entrena con mirasa enviar comandos armados a Cuba, Edelmi-ro está mal visto por los norteamericanospor no disimular su opinión sobre la res-ponsabilidad de éstos en la pérdida de Cubapor España. Las manifestaciones de luchade Edelmiro Sargats son patéticas; son másuna demostración de impotencia que un

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proyecto político. Pero no todo es parodia,también está la tragedia de aquéllos que pe-recen en las balsas de fortuna en las que in-tentan huir y ganar las costas de Florida.

Rapsodie Cubaine es también un libro dela separación: hombres y mujeres se separanatendiendo a la voluntad de ellas. Emma sesepara de Julián por no estar a la altura dela pasión que la gobierna; su sed de totali-dad no se conforma con la resignación sere-na de Julián. Magdalena, la madre de Julián,abandona el alcoholismo y la droga, perotermina dedicándose en cuerpo y alma auna secta, a la que atrae también a gran par-te de sus amigos y a su hija. Casilda LinaresFlores, la boliviana, agente de Cuba, amantede Ricardo, el hermano de Emma, tras re-clutarlo y convertirlo en agente doble, deci-de separarse de él, porque no soportará eldía en que, por ser diez años mayor, él se in-terese fatalmente por una mujer más joven.

Eduardo Manet ha logrado con granmaestría transmitir el mundo del exilio sindejarse enceguecer por el resentimiento. In-tenta, y lo consigue, ir más allá de toda sim-plificación ideológica. Valiéndose de un pro-cedimiento narrativo, el diario íntimo deJulián Sargats, que aparece en cursiva en eltexto, logra abolir la frontera entre la refle-xión y la trama novelística. El diario de Juliánes el otro, el yo escindido del exiliado –loque en última instancia es todo creador, todopensador–, se intercepta constantemente enla narrativa sin obstaculizar la trama, antespor el contrario, proporciona un vínculo na-rrativo dentro de ella. Procedimiento que lepermite expresar las reflexiones de Julián,que en muchas facetas es el propio Manet;“Julián Sargats soy yo” podría perfectamenteafirmar el autor. El diario de Julián Sargatsconstituye un subtexto dentro del texto, queexpresa, me atrevería a afirmar, la posicióndel propio autor sin ninguna intención beli-gerante ni moralizadora; simplemente da aconocer que también esa actitud de sereni-dad puede existir dentro del exilio, la que se-ría la posición que de hecho Manet ha adop-tado durante su largo exilio. Otro parecidocon Julián es que Manet, al igual que su hé-roe, es un lector y estudioso asiduo de Teresade Ávila y de Juan de la Cruz, hecho que

comparte con otros dos grandes escritorescubanos: Severo Sarduy y Nivaria Tejera.

Al final, Julián alcanza una suerte de di-solución del sentimiento de exilio. Su rela-ción con su pasado se vuelve indolora, neu-tra, por haber aprendido a mirar la Historiamás allá de lo político, a admitir que lo quecaracteriza a este siglo es la sucesión de rup-turas y separaciones, y la larga sucesión dehorrores y tragedias que se han sucedidodesde la guerra de 1914, el triunfo del nazis-mo y del fascismo, la revolución bolchevi-que, el holocausto, la segunda guerra mun-dial, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, larevolución cubana, los gulags stalinianos, lasolución final, el éxodo de Mariel, todosesos horrores perpetrados en nombre de la“razón política”. Disgregación de los lazos,resignación ante la pérdida.

Sin embargo, Julián sufre el exilio delamor ausente; se refugia en la soledad, por so-la compañía fotografías, cintas de vídeos y car-tas de Emma. Escrutando el mar desde ConchKey, tratando de ver en la distancia la siluetade la isla de Cuba reflejarse en el mar, “el díaque vea Cuba será la señal. Mis cadenas seromperán, Emma, y al fin me liberaré de ti.Ese día regresaré a Cuba. Liberado de ti”. ■

Las visiones del augurCÉSAR A. SALGADO

Alan West DuránDar nombres a la lluvia / Finding Voices in the RainVerbum, Madrid, 1995, 134 pp.

C UBANO DE NACIMIENTO, PUERTORRIQUEÑOpor crianza, y ahora académico radica-

do en Nueva Inglaterra, Alan West se destacacomo uno de los escritores más versátiles dela diáspora caribeña. Labora como periodis-ta cultural, también es autor de libros paraniños y ha sido crítico de arte, música y cine.Actualmente funge como investigador y re-

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dactor sobre cultura latina y tiene en prensaun esmerado estudio sobre la relación entreel imaginario y la historiografía en Cuba ti-tulado Tropics of History: Cuba Imagined.

Sin embargo, con este poemario el Westmultifacético se nos revela tal vez en su carác-ter más elemental: como poeta de una ima-gen alucinada, de raíz potentemente oníricay transmutativa. Digo elemental ya que en elverso West se desviste del corte analítico/fi-losófico de su ensayística –West discute a Pi-ñera a través de Levinas, a Lezama a travésde Merleau-Ponty, a Benítez Rojo a través deHayden White– para hacerse testigo del “fe-roz tránsito / donde cada movimiento / esestrella”; es decir, del cambio proteico de lascosas en su paso por los elementos. En supoesía la luz se torna árbol, el árbol es fuego,el fuego se hace aire, y el aire, por supuesto,es lluvia. Impera en esta poesía la sensaciónsobre la idea, lo incondicionado sobre la cau-salidad, el sueño sobre la vigilia, y se enlaza yse desata lo imaginado con lo vivido congran fluidez. El raciocinio que tan bien ca-racteriza al West ensayista abre paso en supoesía a otras normas, a un “otro [que] se fi-sura / y que entrega sus pedazos ingenua-mente”. A pesar de mostrar una enorme pre-ocupación por el lugar del ser en el tiempohistórico, en la poesía de West predominanlos órdenes de lo maravilloso: la alquimia co-mo búsqueda de una materia base, purifica-ble y cambiante, que encarna en el lenguajepoético; el vaticinio como tarea fundamentaldel poeta anclado en la historia; la metamor-fosis como condición última de la existencia;la imagen como fundación de lo real. Y ellenguaje, que en la prosa de West tiene unafunción de esclarecimiento y explicación, ad-quiere aquí otro tipo de transparencia: se ha-ce táctil, líquido, material, vehículo de unaluz más sensual que conceptual. PlanteaWest: “Levantar una voz como un líquido en-tre las manos. / Verla rodar por los brazos /es quizás una exquisitez / que escapa la com-prensión”. Más que actuar como referente, lapalabra parece corporizarse en la poesía deWest para exudar aromas, sabores, y fulgores.

En su exploración de la poesía como me-diadora entre imagen e historia, tanto testi-monio de una visión interior como explora-

ción de los sentidos, tanto símbolo como te-rateia, West busca ubicarse bajo el influjo delJosé Lezama Lima de Enemigo rumor y La fije-za y el Octavio Paz de Piedra de sol y Pasado enclaro. A pesar de hacer el poemario menciónexplícita de Eliseo Diego y Ernesto Cardenal,se palpa mejor la presencia de estos otrosdos grandes maestros hispanoamericanos, yparte del logro de West es ponerlos a dialo-gar en su poesía. De Lezama, West adopta laíndole protagónica del símil, la forma cómo elcomo articula nuevos y, aunque inusitados,siempre seductivos relatos. Siguiendo a Leza-ma, West le da ánimo y autonomía a la metá-fora para que ésta asuma un rol primario -yno ornamental ni subordinado- en el devenirdel poema. Así la metáfora en West adquiereuna corporeidad que genera su propia histo-ria, remedando así lo que podríamos llamarla narratividad de la imagen en Lezama. Elpaisaje bucólico pero borroso –incierto jar-dín, bosque, o playa– cuyos signos están enperpetuo estado de rotación, la calidad al-química de un lenguaje en constante movi-miento transmutativo, y el vértigo de un pre-sente perpetuo en gozosa fuga abismática hacialo pasado y lo futuro, son elementos de lapoesía de Paz que aparecen replanteados enel libro de West. Paisaje e instante se fundenen una incandescencia visionaria donde seatisba brevemente el más allá de las cosas; laotra orilla es entrevista en la intensidad delpresente, en la pausa vibrátil.

Vale recalcar, por otra parte, divergen-cias, discrepancias. Si Lezama se propone ensu sistema poético alcanzar la imagen quefunda eras y civilizaciones, que se erige comomito regidor de una colectividad a través deépocas milenarias, West es muchísimo másmodesto. Sólo le interesa articular una ima-gen más discreta que responda a la visiónpersonalísima de un individuo marcado poruna experiencia exílica/caribeña muy parti-cular. (Interesantemente, no hay huella aquíde la poesía de Virgilio Piñera, portadora deun individualismo insular análogo, mientrasque su cuentística y ensayística impactan so-bremanera al West prosista.) Y el movimien-to transmutativo, que cruza la poesía de Pazcomo ráfaga huracanada, encuentra sus mo-mentos de detenimiento y congelación –de

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fijeza, según el decir lezamiano– que permi-ten la cristalización de ciertos gestos –podría-mos decir: de emblemas– que logran erguirsepor encima del ciclo de transformaciones.

Diría que el punto de fijeza, el vérticedonde convergen todos los procesos de muta-ción que ocurren en la poesía de West, es elcuerpo si lo definimos como frontera entremundos hermanados y equivalentes, órga-no/membrana que media entre lo interior ylo exterior, lo imaginado y lo actual, lo artifi-cial y lo natural, la historia y el ser. El cuerpoen West aparece tanto como membrana depercepción y órgano de traducción entre ór-denes que, a pesar de un dualismo aparen-cial, son reflejos el uno del otro. En este senti-do me atrevería a asegurar que en los poemasde West se busca expresar una emblemática dela piel en su forma más primordial, más atávi-ca: es la visión que tiene el augur de lo corpó-reo. Desde este punto de vista el mundo esun sistema de correspondencias y espejeos: elmacrocosmos se reproduce en el micro, el or-ganismo es cifra del universo, el cuerpo esimagen de la historia. Si con la metáfora elpoeta redescubre estos enlaces secretos, el au-gur lleva a cabo un acto paralelo de re/cono-cimiento, no sólo a través de la lectura de lossignos que germinan en la piel del mundo(el pájaro que cruza el poniente, las inscrip-ciones geománticas en el suelo), sino tam-bién a través del desmembramiento, de la vio-lentación de la piel, de la partición de laenvoltura corporal, de la penetración de la“membrana devorando la musculatura deltiempo” que separa estos órdenes. El augurvierte las entrañas de lo corpóreo para poderreconocer el diseño del universo y presagiarla historia leyendo las señales somáticas, ellenguaje del cuerpo abierto como emblema.

El tajo sacrificial como gesto que exponelo interior a lo exterior como un espejo insó-lito, que permite la visión de lo trascenden-tal en lo nimio o lo excrementicio, traspasamuchos de los poemas de la primera parte,“Historias de la imagen”. En “El salitre es elespejo de las duras anticipaciones”, quizás elpoema más logrado de la colección, tene-mos la mejor formulación de la poesía comogesto de auto-extispición para encontrar lossignos de lo venidero. El poeta se desdobla

en augur (el “otro que fisura / y entrega suspedazos”) y en víctima sacrificial -cuerpo quese abre al tajo de la lectura- pero esta apertu-ra no es violenta sino integrativa. Se viertetanto lo interior (“ese rosario que había sidotu vida”) hacia afuera como lo exterior (“tro-zos, pelusillas, fragmentos”) hacia adentro,generando una nueva “constelación” –confi-guración axial tanto del adentro como elafuera– que permite una auscultación másprofunda de objetos personales y cotidianos(“sellos, monedas, fotos” que no por ser do-mésticos son menos históricos) para poderdescifrar el presagio (el “tatuaje del futuro”)que estos objetos siempre han portado:

“El otro te visita, te abre con movimien-tos leves / partiendo los poros sin jamás mo-lestar / los pelos de tu brazo y por esos po-ros / entran los trozos, las pelusillas, losfragmentos / que van barajeándose y se aco-modan / intranquilamente poniendo en loabsurdo / ese rosario que había sido tu vidao tu país / con su impulso de ordenar / loque es constelación”.

El erotismo asume una importanciaenorme en esta exploración poética ya que lacaricia y el roce del abrazo amoroso produ-cen “deshilamientos” que anulan la separa-ción entre cosmos e individuo, desatandouna cadena de sensaciones y transformacio-nes en las que se descubre que el cuerpo esresumen y espejo de los ciclos naturales. Lointerior se (con)funde con lo exterior.

Esta veta augúrica y ritual en la poesía deWest lo distancia de quien seguramente esuno de sus maestros más inmediatos, EliseoDiego. De hecho, “Historias de la imagen”tiene por epígrafe una estrofa de Diego:

“Pues no mira la luz en mi país / las mo-destas victorias del sentido / ni los finos de-sastres de la suerte / sino que se entretienecon hojas, pajarillos, / caracoles, relumbres,hondos verdes”que destaca una peculiar plasticidad de laluz del trópico que West también quierecaptar. Pero si en la poesía del Diego católi-co ortodoxo se celebra el escombro y lo ínfi-mo como fines propios de una poética de lahumildad cristiana, como los objetos defini-tivos de la redención, en la de West, quientiene un temperamento más pagano y me-

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nos redentista, el escombro no es un fin si-no un vehículo para una visión aún más des-tellante. Si En la Calzada de Jesús del Monte “lademasiada luz forma nuevas paredes con elpolvo”, haciendo lo luminoso co-sustancialcon la ruina, West, más gnóstico, más ocul-tista, arguye por otra luz detrás de la paredque sólo aparece después de que se rasga susuperficie. El augur vuelve a oficiar su tajo:

“Rasgar la pared hasta llegar a la prime-ra capa / cuya superficie es una lámina enblanco. / No hay nada a menos que uno mi-re: / en cada capa toda está escrito / desdeadentro en una encrucijada, / un tejido mo-vible luminoso y resbaloso / que canta susextinciones, prólogos y mentiras”

El salitre como costra omnipresente ymúltiple (mar, aire, polvo, resquemor), co-mo piel que hay que rajar para descubrir laimagen, también resume la especificidaddel paisaje que West explora por todo el li-bro. Por irreal y fluído que éste sea, las es-tampas en que se muestra -“el arado pobla-do de caracoles,” “las paredes empapadas desal,” “escrituras de majá sobre hojas de plá-tano húmedas,” “almendra superficie... consu afán de clavo”- hablan de una proximi-dad entre espacios dispares -campo y mar,monte y playa, arena y maleza, bosque yarrecife- figurable sólo en la isla caribeña.Estos espacios se confunden más aún por-que, más que presenciados vivencialmente,son evocados, rescatados de la memoria ar-cádica de la infancia. (West emigró de Cubaa los Estados Unidos a los siete años.) La re-creación imaginaria de este paisaje se con-cretiza más aún en la segunda parte del poe-mario (titulada “Imágenes de la historia”) yva adquiriendo una solidez arquitectónicahasta convocar la ciudad donde ocurrió laniñez del poeta: la Habana del Vedado.Aunque el poeta logra delinear la siluetahistórica de esta ciudad en el ciclo de seispoemas que concluye el libro, ésta está siem-pre en peligro de desdibujarse ante el em-bate de las imágenes ambientales que arro-pan la ciudad como una hojarasca. En estospoemas citadinos finales también opera elaugurio como paradigma. Primero, en “Ca-lle 17 entre H y I”, especie de preámbulo deeste ciclo, el poeta nos describe un estado

de trance que lo prepara para la visión de laciudad recobrada: “Cada sonido / brotandodel aire / una raíz anclada / en esa vena /que es memoria o fuego.” Luego los dos si-guientes poemas son evocaciones de rostros,sonidos y objetos de la infancia -“la mesa dehierro pintada de blanco y con cristal,” “lavoz de la tía Gloria”- que han persistido ob-secadamente, como ascuas inextinguibles,en la memoria y en los sueños. El segundode estos poemas, “Viaje imaginario a La Ha-bana”, narra una secuencia onírica a travésde una ciudad mental reconstruída por “unFunes tropical,” tenazmente empecinado enrecordar. Luego en “La llegada” se describeel regreso actual a La Habana, que ocurreen la “historia” y no en el ensueño, poematestimonial/documental sobre la vuelta delexiliado a su ciudad natal tras décadas deausencia, sólo que en este retorno se confir-man las imágenes de la visión onírica delpoema anterior: West encuentra en la ciu-dad “real” la niña que lo acompañaba en susviajes imaginarios y termina sobrecogidopor la permanencia de elementos que pen-só perdidos pero que prevalecen en gestosminúsculos, en estampas y encuadres instan-táneos, y que reconoce como idénticos a losde su imaginación/evocación. Este regresoa la ciudad natal –viaje de ecos, prefigura-ciones y confirmaciones– se ve a su vez refle-jado en el viaje que da el padre de Westcuando joven a Miami descrito en el si-guiente poema, “Zarpar era como buscaruna definición de la luz”, como si este retor-no del padre a su “nación” fuese una predic-ción de la vuelta del hijo a la suya. De talforma, las “imágenes de la historia” queWest halla en esta visita/evocación de LaHabana en la segunda parte de su libro noson las de un acontecer lineal sino augurios,señales del pasado/presente que se confir-man/confirmarán en el futuro. La fulgenciade estas imágenes no puede contenerse enlos archivos ya que éstas pertenecen al ordende lo eterno y no de lo “documentable”. Elpoema que cierra la serie y el libro, “¡O tem-pora! ¡o Mores!”, es una reflexión sobre lamisteriosa persistencia de estas imágenes, decómo sirven para confrontar y sobrevivir loque West llama la “historia/horror”: “La úni-

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ca eternidad es la de las imágenes... Cadaimagen nos hace sobrevivir, prolongar la cin-ta para crear la próxima.” El poema es reve-lador ya que nos muestra a West lejos decualquier concepción materialista de lo his-tórico, más interesado en el secreto de lo quelogra permanecer a través de aconteceres cruza-dos por la catástrofe y el destierro. Tal el ver-so final del libro, que intenta definir la ima-gen imperecedera como “ese primer paso ala pasión y al derrumbe,” concluyendo asícon el motivo de la ruina florecida en un cicloperpetuo de degeneración y regeneración.

La visión de la poesía como augurio, co-mo lectura de la historia para descubrir lasimágenes que trascenderán su horror, setransparenta también en el slippage entre eltítulo castellano del poemario y su traduc-ción. El augur primero finds voices in the rain-escucha las voces, interpreta las señales dela lluvia- para luego darle nombre –fijarla enimagen, en perpetuidad, en augurio. Seabre así el ciclo de intimaciones y prediccio-nes. Hallar las voces de la lluvia –testimo-niar, anotar la historia. Nombrar la lluvia:pronosticar los aguaceros del porvenir. ■

Historias desenmascaradasRAFAEL ZEQUEIRA

Leonaldo Padura FuentesMáscarasEd. TusquestBarcelona, 1997, 234 pp.

Pero, como ya lo dice su nombre, la persona no es más que una máscara que aparenta una

individualidad, que hace creer en una individualidad a los demás y a uno mismo,

cuando en realidad sólo se trata de un papeldesempeñado, en el que habla la psique colectiva.

El yo y el inconscienteC. G. JUNG

N O CABE DUDA: LA NOVELA POLICÍACA ESTÁllamada a convertirse en la novela de

caballería de los tiempos presentes. Y esto noes una simple coincidencia de géneros (su-poniendo que existan coincidencias sim-ples). Lo que ocurre es más bien un fenóme-no de coherencia con la realidad (lo digo asídeliberadamente, para eludir los equívocosposibles del tan llevado y traido término rea-lismo), de predilección de los lectores en sen-tido general por esta coherencia, sobre todocuando están presentes el valor personal, lagenerosidad, el amor, la inteligencia, las ha-zañas más o menos heroicas, y de exaltaciónliteraria de algunos de estos componentesque integran esa realidad. Si en siglos remo-tos se vivía en un mundo de caballeros ena-morados que se vestían de hierros relucien-tes ellos y sus caballos y se despedazaban agolpes de lanza y de mandoble por el amorde una dama, resultaba absolutamente nor-mal que se relataran las hazañas de Amadísde Gaula, de Tirante el Blanco y de todo elresto de personajes cuyas proezas termina-ron por perturbar la razón del hidalgo Alon-so Quijano; y si actualmente se vive en unmundo de policías, justo es que los relatospolicíacos tiendan a convertirse en el blasónnarrativo de nuestros días. Y es de esperarque en algún momento aparezca por ahí unseñor alto y flaco, de olla algo más vaca queternera (o de arroz con frijoles o de dos pes-caditos escuálidos en el congelador, comoen el caso de Mario Conde), que a fuerza deleer tantas historias de Phila Vance, Marlo-we, Maigret, Poirot y tantos otros, tenga laocurrencia de salir por el mundo a confun-dir ventas con castillos.

Leonardo Padura Fuentes (Cuba, 1955),que además de varias novelas ha publicadoartículos y ensayos sobre este género que al-gunos han dado en llamar novela negra, halogrado con Máscaras, su último libro, unacosa muy difícil y otra casi milagrosa por laparadoja que encierra. La muy difícil fueobtener el premio Café Gijón de Novela1995; la casi milagrosa ha sido narrar de for-ma amena la historia de un tedio inenarra-ble. Y para lograr estos dos propósitos se havalido de un solo truco que en definitiva nolo es tanto: escribir una novela policíaca que

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parece una novela policíaca, que se aprove-cha de la mayor parte de los recursos clási-cos del género (los que dejaron bien esta-blecidos en su momento Dashiell Hammeto Raymond Chandler) y que al mismo tiem-po va mucho más lejos para convertirse enuna especie de catastro pormenorizado ydesolador de la vida cubana en los últimostreinta y tantos años.

Sin embargo, no debe suponerse que latrama policial es un mero pretexto para intro-ducirse en las arideces y pesadillas de la vidaeconómica y civil de un país. Es más bien locontrario: Máscaras logra introducirse lúcida-mente en esa vida precisamente por ser unanovela policial. Es muy probable que si Padu-ra hubiera suprimido la invención de una se-rie de temas demasiado novelescos y superfluosdentro de un argumento en el que hay unmuerto, una pesquisa llevada a cabo por unteniente de la policía y un subalterno (¿el ca-ballero y el escudero?) y la consecuente solu-ción final del caso en todos sus detalles, de to-das maneras hubiera sido una novelanegrísima, por la sencilla razón de que se desa-rrolla en una época en que las actividades de-lictivas, vigilantes y represivas han adquiridorelieve y profesionalidad en el mundo entero,y en un país en el que este fenómeno alcanza,en nombre de vaya uno a saber a estas alturasqué principios, dimensiones superlativas.

También está presente, para terminarde “transmitir una imagen sórdida del hom-bre en una sociedad como la nuestra”, el cli-ma cubano, el calor insoportable de los me-ses de verano. La primera oración de estanovela es “El calor es una plaga maligna quelo invade todo”, y mucho más adelante sehabla de un sol que, como todo lo demásque se refiere en el texto, parece habersevuelto irracional, “un sol dispuesto a matartoda célula viviente que cayera bajo su féru-la incendiaria”. En una circunstancia así, enla que además se reafirma a cada momentoel “hachazo brutal de la intolerancia y la in-comprensión”, no puede ser casual que elpolicía viejo, llamado precisamente El Viejocomo en toda novela policíaca que se respe-te, y que es a su vez puesto bajo sospecha yvigilado por otros policías, se pregunte: “Pe-ro, ¿este país se ha vuelto loco?”

Máscaras es una novela que hay que leerdespacio porque, como su título indica, hayen ella revelaciones ocultas. Hay que prestarmucha atención a cada línea de este libro,porque en él nada está dicho por gusto niúnicamente para darle pistas, falsas o no, aun lector al que siempre le gusta jugar a en-contrar anticipadamente al asesino. Ya des-de las primeras páginas, al hablar de algotan sencillo como la imposibilidad de jugara la pelota en una esquina de un barrio ha-banero, se dice que “la vida había devastadoaquella posibilidad, como tantas otras”. Unaaseveración así conduce a una pregunta in-soslayable: ¿a qué vida se refiere?; ¿a la vidapersonal del policía Mario Conde, persona-je protagónico demasiado sensitivo, dema-siado buena persona, demasiado neurótico,demasiado tolerante para ser verdad?; ¿a lavida de un grupo de personas que ya hacemucho que dejaron atrás la adolescencia?;¿a la vida entera de un país? Más de cientocincuenta páginas después el mismo tenien-te Mario Conde se pregunta si la vida es sue-ño. Y a uno le parece entonces que echarmano a los archiconocidos versos de Calde-rón (¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué esla vida? Una ilusión, / una sombra, una fic-ción, / y el mayor bien es pequeño; / quetoda la vida es sueño, / y los sueños, sueñosson.) es un ardid del autor para responder auna pregunta que en esta novela parece máscrucial que encontrar al asesino del homo-sexual Alexis Arayán, muerto en el Bosquede La Habana la noche del 6 de agosto de1989, día de la Transfiguración, cuando ibavestido de Electra Garrigó.

Precisamente de Electra Garrigó. El dra-maturgo Virgilio Piñera merece menciónaparte al hablar de Máscaras. Llama la aten-ción que ésta sea la segunda novela cubanaescrita recientemente en la que la desigualbiografía de Piñera aliente el sentido de mu-chas de sus páginas, y en la que el montajefrustrado de una de sus obras teatrales sirvade recurso para estructurar la trama. Mien-tras que en el libro de Padura la puesta enescena abortada de Electra Garrigó sirve dehilo conductor de los sucesos que culminancon la muerte de Alexis Arayán, hijo de unalto funcionario diplomático del régimen

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de La Habana, y con la solución policial delcaso (en una innecesaria concesión al folle-tín), en La travesía secreta, de Carlos Victoria,es el montaje, también malogrado, de Airefrío, una de las claves para seguirle la pista alprotagonista y a su travesía realmente másabsurda que secreta; como absurda es tam-bién, en definitiva, la mascarada de AlexisArayán. Y esta coincidencia tan singular endos novelas que no coinciden en nada más,obliga a preguntarse qué ha pasado cierta-mente con Virgilio Piñera, qué significa,qué extraña huella han dejado en Cuba susobras apenas representadas y su historia per-sonal sometida a los más ridículos y dramáti-cos atropellos de la estulticia, para que,transcurridos ya tantos años de su muerte,se infiltren llenas de sugerencias y de signosfundamentales en la obra de dos novelistasde poco más de cuarenta años.

Y es que Máscaras no nos propone resol-ver un crucigrama ingenioso, ni pretendeponer de relieve la sagacidad sin límites deun policía. Esta novela es una indagaciónprecisa y circunstanciada en toda la vida cu-bana, pero muy especialmente en la vidacultural (sobre todo la literaria y teatral) deestas décadas en que Fidel Castro ha perma-necido al frente del gobierno en la isla. Sonmuchas las máscaras que se vienen abajo eneste libro. En sus páginas se habla de unmutilado de la guerra de Angola, condena-do a una vida de vegetal que se mueve enlos medios marginales para poder tomarsedos cervezas, de la escasez de periódicos, dela ruina sistemática de una ciudad en la queresulta milagroso encontrar un vidrio queno esté roto, de las UMAP, de los manualesmoscovitas, de la moda tercermundista enlos medios oficiales de la cultura, de los au-tores prohibidos por ciertos códigos, de larevista Orígenes, de los parametrados por elantiguo Consejo Nacional de Cultura, de laposición cuando menos irregular de EliseoDiego (Eligio Riego en la novela), de la im-plantación de escritores espúreos y oportu-nistas, y de todo el saldo de devastación yano-nadamiento (expresión utilizada por Vir-gilio Piñera, según Padura) que produjo laimplantación de una determinada políticacultural fundamentada en patrones impor-

tados y que se remontaban, con toda seguri-dad, a los días espléndidos del antiguo Im-perio Bizantino.

En cierta ocasión le escuché decir a Leo-nardo Padura que él escribía para indagarla realidad. Y es precisamente esto lo queha hecho con Máscaras. Indagación en laque el autor no ha dejado títere con cabe-za. O casi, porque desgraciadamente ya sesabe que hay cabezas intocables (¿cuántas?,¿tres?, ¿dos?, ¿una sola?), al menos si sequiere conservar la propia en ese sitio tanencantador que queda justamente encimade los hombros, pues nadie en Cuba desco-noce que no todos los policías tienen, comoel teniente Mario Conde, la humildad o eltalento necesarios para dejar vagar libre-mente la mirada por los espacios infinitosde la piedad y la tolerancia. ■

El exilio, conflicto de identidadEUGENIO SUÁREZ-GALBÁN GUERRA

Gustavo Pérez [sic.] FirmatNext Year in CubaNueva York: Anchor Books Doubleday, 1995, 274 pp.

E N EL TERCER CAPÍTULO DE ESTAS MEMORIAS,que tienen mucho de confesión, mani-

fiesta el narrador su resistencia a convertirseen lo que en Estados Unidos se ha dado enllamar “latino”. Con usual lucidez, arguyeahí (pp. 88-89 y sigs.) sus razones, olvidándo-se, no obstante, de extender la discusión a lapoderosa razón editorial cuyo peso socio-económico termina por aplastar la validezpráctica (ya que no teórica e intelectual) detoda lucidez. Pero no se trata tan simple-mente de una decisión tomada en una ofici-na de un determinado editor, sino que dichadecisión ha sido a su vez tomada por una se-rie de razones de la actual sociedad nortea-mericana tan ineludibles, que ningún editor

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puede obviarlas. Y no es sólo que “latino”, alenglobar más, venda más, para ocuparnosdel argumento económico, ciertamente im-portante, pero no único; porque más allá delo monetario, está la realidad socio-literariaahora de Pérez Firmat (¿¡quién le quitó elguión al autor de Life-on-the-Hyphen!?).

De la misma manera que ya figura esteautor (con guión ahora) en una antología ti-tulada Iguana Dreams, y –más importanteaún– subtitulada New Latino Fiction, tambiénNext Year in Cuba se verá inevitablemente ab-sorbido por ese mercado. Tampoco se trata,una vez más, de una simple operación finan-ciera, ya que no ha sido ésta, por supuesto,la que ha posibilitado la inclusión de este li-bro dentro de sus fronteras económicas, ha-biendo sido, naturalmente, el propio textolo que ha ocasionado dicha posibilidad y ca-talogación latinas. La misma publicación dellibro parece bastante improbable (aunqueno imposible, caso de la traducción y edi-ción española de la obra de García a puntode citarse) fuera de la actualidad norteame-ricana, ya que responde claramente a unamoda reciente en ese país, o si se prefiere, aun reciclaje de la moda de las llamadas “mi-norías” que los sesenta puso en boga (conlas consabidas diferencias: antes el gueto y lapobreza solían privar). Pisando los talonesde tales títulos como When I Was Puerto Ricande Esmeralda Santiago, o Dreaming in Cubande Cristina García, o How the García Girls LostTheir Accent de la dominicana Julia Álvarez, oadelantándose ahora a Overseas American (defutura aparición) de Gene Bell-Villada (lati-no por su infancia en Cuba, Puerto Rico yVenezuela, tras nacimiento en Haití, de ma-dre hawaiana y padre norteamericano, po-purrí étnico que no podría encajar mejordentro de la moda multicultural), ¿qué dudacabe que este contexto literario-social, y enprincipio extratextual, terminará siendo elintertextual de Next Year in Cuba?

No por obvio (aunque también discuti-do por algunos) dejemos pasar por alto esacondición general entre autor y sociedad,de la que el libro de Pérez-Firmat viene a serjustamente cabal ejemplo. Tampoco hay na-da de inusitado en que un texto contradigalos deseos de su autor. Trascendiendo estas

observaciones de carácter más o menos pe-rogrullesco, centrémonos mejor en la másinmediata repercusión textual de esa impo-sición social sobre el fenómeno literario, asaber, la reacción y respuesta a la lecturapor parte de quien lee, enfoque crítico rela-tivamente reciente éste de la reader-response,y del que ha sido promotor, entre otros, pre-cisamente un conocido profesor (StanleyFish) de la misma universidad (Duke) don-de enseña Pérez-Firmat. Sin entrar en talescuestiones como la de la inevitable subjetivi-dad del lector, la del lector “ideal”, etc., estáclaro, no ya tras, sino sin aún haber termina-do, la lectura de Next Year que, más allá delo que sucede con todo texto, éste jerarqui-za sus destinatarios de forma bastante níti-da. Así, si no cabe dudar que, por un lado, ycomo en todo texto, el lector que compartecon el narrador una o más condiciones per-sonales verá facilitada, en principio al me-nos, su lectura desde el punto de vista tantode su comprensión de, como identificacióncon, la materia y los personajes, por el otro–cosa ahora no tan usual– el texto hace con-cesiones simultáneamente a un tipo de lec-tor opuesto, o que no participa esencial-mente de ese mundo miamense, exilado,cubano, hispano-latino.

Ventajas y desventajas estructurales de laobra que no hacen otra cosa que respondera la inevitable dualidad que se registra des-de la primera a la última página. Dada esalucha entre dos culturas, al autor no le que-da más remedio que repicar y rezar, lavar yguardar la ropa a la vez. Y si el lector hispa-no, más si es cubano exilado miamense, veconfirmada y reafirmada con intensidad ytensión –nunca mejor aplicado el término–ese conflicto cultural, la explicación de éste,sin dejar de resultar deslumbrante en deter-minados casos, a ratos también puede resul-tar deja vu lo que para ese otro tipo de lec-tor –principalmente el norteamericano nohispano– supone una información necesariapara acabar de entender cualquier caso oepisodio. Valga la (para el hispano) molestanecesidad de traducir giros, refranes o sim-ples frases en español como ejemplo repre-sentativo de ello, pero a un nivel menos ob-vio, determinadas costumbres y tradiciones

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del mundo cubano-hispano pueden tam-bién entorpecer la lectura para ese lector fa-miliarizado con ellas, perdiendo en estosmomentos la misma la intriga y el interés(acaso no exento de la nota exótica, tan an-siada por ese otro tipo de lector) que –sobradecir– pueden seducir al público norteame-ricano. Dicho de otro modo (que sin dudarechazaría el propio Pérez-Firmat, firme-mente en contra de la crítica académica), laconfesión y la memoria, los dos ingredientesprincipales que integran básicamente esteescrito autobiográfico, van a ratos disparejosen lo que a la recepción del texto respectade parte del lector cubano-hispano, justa-mente al que teóricamente está dedicada lapresente reseña en una revista a su vez desti-nada a la cultura cubana. La cual, dicho seade paso (pero no sin peso), entra con el exi-lio –y más en tierras norteamericanas– enuna complejidad semejante a la que se en-frentan otros grupos, puertorriqueños y chi-canos siendo naturalmente los más patentesaquí. Y con lo cual volvemos a caer inevita-blemente en la tentación –necesidad nos pa-rece más exacto– de abordar la intertextua-lidad latina del libro de Pérez-Firmat.

Crónica y alabanza de Miami, visión so-ciológica del actual Estados Unidos, traumadel exilio, entre tantas cosas, es este libroque, volviendo a esa vida académica no delgusto de Gustavo, complementa para los es-pecialistas tales estudios como Literature inExile, publicado en la propia universidadtambién donde él enseña, o Literature andExile (si bien dedicado principalmente al exi-lio español), de la mano de nadie menosque del mismo director de tesis de Pérez-Fir-mat, Paul Ilie (según se nos recuerda en p.195). Luego, como toda auténtica autobio-grafía que no se limite a lo exterior, o la me-moria (término éste que rechaza el autor–pp. 12-13– para su libro, sin lograr conven-cernos a la luz de este género autobiográfi-co), también esta obra nos brinda el retratode una personalidad humana cuya compleji-dad crea en el lector el sentido de perpleji-dad al que ya nos tiene acostumbrado el gé-nero. He aquí, a nuestro parecer, su máximovalor literario, del cual se desprenden aque-llos otros valores sociológicos y sicológicos,

sin necesidad de fragmentarlos y escindirlosdel estilo juguetón, la actitud narrativa cho-cante épatant, y, en fin, la individualidad lite-raria, que es precisamente la que legitimacon alguna precisión cualquier otro valor.En este sentido, y para el lector –cubano-his-pano o no– la confesión, naturalmente, re-sulta más pertinente, incluso aquélla que,mezclándose a ratos con la memoria, y ca-rente de todo pudor y prudencia (no es unreproche, sino otra realidad de la personali-dad central), revela intimidades de otrosmiembros de la familia.

Limitada irremediablemente la forma-ción de esa personalidad central a un deter-minado exilio –el cubano de Miami, y el deun individuo que entra en esta existencia afines de la infancia– el texto advierte a lasclaras el peligro de universalizar experien-cias a través de escritos autobiográficos. A losumo, y como toda buena literatura, nos in-vita más bien a reflexionar sobre esas posibi-lidades universales a través de la visión per-sonal. Así, cuando Pérez-Firmat nos aseguraque nunca sintió rechazo por su condicióncubana (p. 70), llegando incluso a ser resca-tado de una paliza a manos de norteameri-canos por amigos igualmente norteamerica-nos (pp. 72-73, si bien, fuera ya de Miami, sífue objeto de una nota insultante –p. 248),surge de inmediato la cuestión del exilio cu-bano-miamense como uno singularmentediferente a la norma, y, dentro de ese con-texto norteamericano-miamense-cubano,surge simultáneamente el marco latino refe-rencial, dado el caso opuesto registrado entanta literatura chicana y puertorriqueña. Ycuando nos asegura de su aceptación deciertas costumbres norteamericanas (queuna segunda lectura –de ésas que no gustanal autor– podía revelar como de “middleAmerica” más bien), antes de ver en ello laintegración social (incompleta como sea)del latino o cubano, cabría preguntarse siese afán de épater de otro de esos enfants te-rribles que engendra todo exilio no es lo quele ha llevado a afirmar que pasa tanto tiem-po en el mall, o centro comercial, como enla biblioteca (p. 206), en el mismo lugar,pues, en que muestra un profundo despre-cio por los colegas de su profesión, sin duda

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escandalizados ante semejante confesión decomplaciente consumismo.Y, fiel a esa es-tructura dual cubano-norteamericana deltexto, este escándalo podría tener tambiéncomo blanco al lector hispano, como cuan-do se nos relata el romance en plena madu-rez con su actual esposa norteamericana entérminos típicos teen-age, o de adolescentenorteamericano (pp. 212-213), lo que a al-gún lector hispano podría parecerle cho-cante y, si se nos permite el cubanismo, unatípica “comemierdería” americana, comple-ta con el happy ending del cubanito y su ame-ricanita votando juntos (p. 274, y frase finaldel libro), como prueba culminante de esecompromiso entre las dos culturas. Puedeser pura rebeldía, pero puede también res-ponder a una realidad. En la medida en quelogremos descifrar –y no importa que nuncalo haremos del todo– la personalidad cen-tral, lograremos perfilar preguntas respectoa la colectividad cubana de Miami que nosencaminen hacia otras preguntas, acaso máscercanas a respuestas. Desde este punto devista (que amonesta en contra de aquellauniversalización simplista) del ya reconoci-do valor de una autobiografía para consta-tar, mejor comprender y acaso precisar fe-nómenos histórico-sociales, la dePérez-Firmat, cumpliendo ese ya otro reco-nocido valor del dinamismo expresivo, nomenos autorrevelador que el contenido dela personalidad individual y colectiva (éstaúltima más relativa y solapadamente queaquélla, naturalmente), no cabe dudar queNext Year in Cuba permanecerá como docu-mento valioso y autobiografía sincera por suparadójica presentación de una personali-dad humana en toda su intriga y fuga delser, más pronunciada ésta en el exilado.

Camaleón en constante y conscientecambio, no deja de ser curioso que este con-flicto de identidad, central al libro, se mani-fieste en un determinado momento suma-mente revelador mediante un lapsus dequien enseña el Quijote y no olvida de apun-tar en la obra de Cervantes la condición deexilado de su héroe (p. 82). Sí olvida, sin em-bargo, que no fue a Sancho a quien don Qui-jote afirma que sabe quién es (p. 178), sinoal vecino de Quintanar (capítulo V de la pri-

mera parte) que, para mayor relevancia aquí,contribuye a la duda del apellido del caballe-ro, llamándole Quijana, y no Quijano, y lla-mándose a su vez dicho vecino Pedro Alon-so, apellido que –típico guiño cervantino–resultará ser el mismo que el verdadero nom-bre del hidalgo Alonso Quijano.

What’s in a name?: un guión que se quitay se pone, según, aunque siempre duela,tanto como al toro el rejón. Tanto hasta olvi-darte a veces de lo que la vida no dejará derecordarte poco después. ■

Ni la sombra ni el espejo,sino el trayectoMAYA ISLAS

José TrianaVueltas al espejo / Miroir aller-retourEd. M.E.E.T. Edición bilingüeSaint-Nazaire, 1996, 94 pp.

L LEGAN ESTOS POEMAS POR UN CAMINO QUEnos recuerda la línea directa hacia el es-

píritu. Se oye la voz de aquél que avanza pordentro de su conciencia, no como elementocastigador, sino como elemento de SER. JoséTriana ha tenido la oportunidad de habitarsu cuerpo siendo conciente de este procesodel viaje interior, que en su murmullo conti-nuo, le ha opacado el ruido exterior. Y de eseinterior provienen los poemas donde nos en-trega, no sólo sus vivencias sensoriales, sinoademás sus angustias existenciales al cuestio-narse cómo definir el mundo de las formas.

De ahí, el uso de la palabra “espejo” co-mo elemento metafórico de una visión quenos devuelve un instante captado en el tiem-po: ser nosotros o no serlo.

La función literaria de este libro, llenode secretos personales, es el juego de definirnuestra esencia, y digo nuestra, porque aldefinirse él mismo, nos define como una ex-tensión de lo desconocido. Si sólo tenemos

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el espejo para que nos devuelva la imagen,¿qué garantía tenemos de una realidad pro-yectada que vuelve siempre a ser un regresocircular a una inferencia de existencia?

Todas mis palabras, hasta este instante,son revuelcos personales de mi reacciónemocional a los poemas de Triana, por eso,me obligo a regresar a los textos con la in-tención de recorrerlos en el orden presenta-do al lector.

Como todo nacimiento, existe un “ins-tante primero”, que puede ser, no sólo un in-gresar a la materia, sino también un desper-tar hacia la búsqueda. Así se inicia el libro:una comunión con un paisaje que le diceque el encuentro con uno mismo es “un ca-mino por el estrecho sendero”; las visionesdel niño conversan con los gnomos, figurasrecurrentes en la temática de José Triana,como elementos mágicos que pululan lospaisajes personales y las noches de creativi-dad. El que conoce de qué tratan esos ins-tantes, no tendrá trabajo en penetrar la ex-periencia como si fuera una noche de amorinesperada. Para el poeta, un gnomo existe:“en la memoria ardiendo sin figura”. En estesegundo poema definimos ya la filosofía dellibro que es: EL SER SIN SER; materia/anti-ma-teria; espíritu/anti-espíritu, que se cancelanen la dicotomía de dos posibilidades. Esteelemento se encontrará una y otra vez en elpoemario como testimonio de preocupaciónante la imposibilidad de una verdad absolu-ta, elusiva como pueden ser la vida/no-vida.

En su poema “Inquietud” (nótese queevado definir los poemas como sonetos,aunque en estructura lo son) hay dos líneasclaves: “qué parte de mí entra en la ceremo-nia?”; “Todo testifica sombra y es sagrado”.Triana comprende que el verdadero hom-bre habita en la oscuridad de sí mismo; es ladiosa en su alma la que habla y emana delfondo de la tierra para unirse al ritual de es-te descubrimiento. El lector puede leer en-tre líneas, una y otra vez, este canto de pre-guntas y respuestas.

En “Adivinanza” el poeta juega con laempatía de los objetos y sensaciones cabalís-ticas que reflejan una necesidad en la conti-nuidad de conciencia, porque en el fondocree, que la imagen que se repite puede lle-

gar a inmortalizarse: “Es el hueco de un airetal vez quieto, / el estremecimiento de unaloza / el nueve sobre nueve siempre nueve.”

Y en ese continuar de los opuestos, lo es-table choca con lo fugaz. En “Fugacidad”,José Triana nos reitera que lo importante esel fluir, pero el fluir implica un poco dejarde ser antes de ser completamente; las dosexperiencias simultáneas con la misma in-tensidad no son posibles: “Fluido extenso /ebrio en el lienzo de tan breve instante.” Elpoema realmente nos habla del “principiode incertidumbre” que se estudia en la físicacuántica y que dice que “no podemos en-contrar la velocidad y la posición de unapartícula al mismo tiempo”; literatura yciencia hunden su dedo en la llaga porqueno podemos negar que en tal realizaciónnos perdemos como el espejo, y así dice elpoeta: “el espejo parece definido / por lamelancolía y el aullido”

En el poema “Obstinación”, último de laserie de “vueltas al espejo”, tropezamos conotro elemento clave en el proceso de las for-mas, y que es el de la metamorfosis. Hay caosen las fronteras del espíritu cuando los pen-samientos, como entidades independientesdel ser que los forma, tratan de imponer suesencia; la busca de la integración hacia launidad interior se dificulta por esta desinte-gración y formación simultánea donde Tria-na agoniza: “Por mucho que concentre algu-na fuerza / las variaciones crecen ycontrastan / pues un inopinado pensamien-to / se da vuelta y me anula y soy el otro”...como lectora, percibo el poema como un sis-tema de holograma donde la partícula con-tiene la entidad completa...; la metamorfosisde un estado a otro, le prohíbe a la concien-cia definirse... y así sucesivamente. Por eso,el poeta es “muchos”, definiéndose al finaldel verso como: “el que todos los días meaconseja / y en una coliflor desaparece.”

En la siguiente sección del poemario“Hölderlin en su celda”, dedicado a GastónBaquero, Triana explora lo hermético de lashistorias con el poder interior que causa elritmo del poema, y varias veces lo repite paraque no se nos olvide este habitat como “elúnico modo de invisible”. El poema 5 nos in-vade como esas cosas que se entienden a dis-

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tancia, sin tocarlas... explicarlas es como ma-tarlas antes de que nazcan, por eso aquí sólocabe citarlas: “las ventanas creciendo por elcielo / y la impalpable música impalpable.”...

El poema “Vueltas al espejo” recoge entotalidad la temática obsesiva de lo que elpoeta explora filosóficamente: el ser y no ser.Aquí se enfrenta a su propia respuesta comoun acto valiente al definirse en lo que se dilu-ye en una posibilidad: “y no soy ni la sombrani el espejo / sino el trayecto, el viaje sucesi-vo, / el claro hallazgo de ser y no ser.”

En “Recuento de un ritual” enfrentamosal poeta con una preocupación más inme-diata y concreta: su cuerpo. Ya vimos cómoen poemas anteriores Triana explora susfragmentos mentales esparcidos y unidos entiempo alterno como definiciones de su yo;pero quedaba cojo al expresar ese aspectodel yo que está precipitado en la materia yse hace visible a través de la forma. El cuer-po le recuerda la finalidad de las cosas; an-tes era la capacidad de fluir entre un estadoy otro; ahora es, después que acaba el fluir,cómo termina lo que se ve, o sea, lo que elespejo nos devuelve y que es finito. Es el fu-turo que llevará al no-cuerpo lo que lleva alpoema a las preguntas: “Qué quedará demí? La oreja izquierda o la derecha?”

El conjunto de poemas al final del libro,y que forman parte del subtítulo “evapora-ciones” nos envuelve en esa difusa melanco-lía que inunda al libro en su totalidad. Lasimágenes, los adjetivos que definen losnombres que habitan los poemas, son prue-bas irrefutables de las sensaciones que pro-ducen en el poeta la realización de lo transi-torio en la vida.

Oímos por aquí y por allá: “la breve pa-labra”... “calendario fugitivo”... “y mi cuerposerá un jardín de cicatrices, / desnudo idén-tico a alguien que ha dejado / sus dientesolvidados sobre un mapa,”...

Sentimos cómo José Triana no quiereoir las metáforas de la muerte: “Si alguien sevuelve espuma, yo lo ignoro. / Desconozcoesa piel, esos mensajes.”

Y de nuevo el juego existencial que secancela como formas algebraicas: “No soy yoy lo soy”. En el último poema del libro “Jue-gos imprevistos en Saint-Nazaire” se siente la

inquietud de la existencia, el peso de las imá-genes rodantes, que agonizan como nosotros,por quedarse siempre ahí y definirse. El poetase empeña en probar, que al ser sujeto, practi-ca los verbos de la creación, y como dios seperpetúa de esta manera: “Reconstruyo cen-tauros, lanzas, peces”; el enumerar es una for-ma de auto-definirse en la inmortalidad.

Las máscaras, como elementos metafóri-cos de la personalidad, sustituyen el miedoal no-ser: “Poniéndome y quitándome dis-fraces”... “quién es el que aparece ante lashojas?”...

Estos poemas van corriendo en una pá-gina, creando una tensión de encuentros ydesencuentros. Triana está listo para abor-dar lo desconocido: después de enfrentartanta lucha en las palabras: “Debo irme, medigo y abandono / el manojo de llaves enun vaso.” Su alter-ego lo incita a la entrega:“No sigas en el juego, capitula.”

Y de momento, no sabemos si José Tria-na ha trascendido las barreras de sus pre-guntas, porque da la impresión que en suproceso interior ha encontrado una res-puesta que es como un secreto y que se per-cibe solamente por esa sensación de alivioque se hace transparente al final del últimopoema del libro: “Camino ahora en la espal-da de un gran pez”; algo ha sido levantadode sus hombros poéticos, que es como decirdel hombre poético que ha vivido su vidadentro de un poema gigante “que me lanzahacia imágenes veloces” y que le enseña acomprender que él no era “ni la sombra niel espejo / sino el trayecto,”

Al final de esta lectura, percibimos mu-chos espejos: los propios, los de José Triana,los de otros, que aunque desconocidos, po-seen los mismos silencios, las mismas pregun-tas, el mismo miedo a perderse en los umbra-les de la anti-materia, pero la poesía es delpoeta, y José Triana nos guía a comprendernuestras pérdidas a través de sus pérdidas.

Miroir aller-retour es un recordatorio anuestra humanidad, es un enseñarnos a mi-rar dentro de nosotros mismos como si fué-ramos niños curiosos ante un juguete queesconde territorios desconocidos. Es ahí, enel centro del juguete, donde nos sorprende-remos ante el descubrimiento. ■

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Imagen de la Cuba de ayerORLANDO ALOMÁ

The Journal of Decorative andPropaganda Arts (nº 22)en inglés, 377 ilustraciones, 292 pp.en español, sin ilustraciones, 170 pp.

M ICKY WOLFSON ES UN NORTEAMERICANOmillonario, filántropo y coleccionista

de arte cuyo heterogéneo tesoro de objetosmayormente utilitarios requirió un museo,el Wolfsonian, abierto desde 1995 en MiamiBeach. Pero mucho antes de la existenciadel museo, la Fundación Wolfson comenzóa editar una revista, The Journal of Decorativeand Propaganda Arts, de publicación anual.

El número de 1996 está dedicado a la ar-quitectura y las artes plásticas en Cuba entre1875 y 1945, el período que estudia habi-tualmente la revista y en el que se centra lacolección de Wolfson.

Los nexos de Wolfson con Cuba no sonde ahora. De niño, sus padres lo llevaban devacaciones con frecuencia. Después de la re-volución de 1959, el contacto ha sido másespaciado, al amparo de algunos programasde intercambio cultural.

De un viaje en 1992 con la directora de larevista, Cathy Leff, surgió la idea del númerosobre Cuba. Se buscó un editor invitado, Nar-ciso G. Menocal, profesor de arquitectura ehistoria del arte en la Universidad de Wiscon-sin, y la aportación de especialistas residentesen Estados Unidos y en Cuba. (Menocal insis-tió en escoger a los colaboradores de la isla yel gobierno cubano no cooperó con el proyec-to: el Museo Nacional de Bellas Artes, porejemplo, no dio permiso para utilizar fotogra-fías de cuadros de su colección y Menocal tuvoque re-escribir su ensayo sobre la pintura y laidentidad nacional para ilustrarlo con repro-ducciones de obras existentes fuera del país.)

El resultado es una fascinante monogra-fía de 291 páginas, con 13 artículos y 377 ilus-traciones, la mayoría en color (hay una edi-ción paralela en español, sin ilustraciones).

De los trabajos sobre arquitectura y urba-

nismo –más de la mitad– se saca interesanteinformación sobre obras en las que no sole-mos detener la mirada inquisitiva cuando vi-vimos en medio de ellas, desde la construc-ción de la Universidad de La Habana y sufamosa escalinata, pasando por los tramos dedesarrollo del Malecón capitalino, hasta elpatio de la casa de Eloísa Lezama Lima (her-mana del poeta) en el Nuevo Vedado. De es-tos artículos vale la pena destacar el de Loha-nia Aruca sobre el cementerio de Colón enLa Habana, con 27 ilustraciones sobre su im-ponente despliegue de arte funerario.

Entre los estudios de artes plásticas –talvez más accesibles al lector lego– sobresale elde María Luisa Lobo Montalvo y Zoila Lapi-que Becali sobre “La época de Social”, con 40ilustraciones de la elegante revista fundada en1916 por el dibujante Conrado W. Massaguer.Esta sección incluye también textos sobre lacasa de la pintora Amelia Peláez en La Víbora(por Juan Antonio Molina, con introducciónde Helen L. Kohen) y una entrevista de GiulioV. Blanc con el pintor Enrique Riverón, unode los pioneros de la vanguardia en Cuba.

Finalmente, Paula Harper enfoca losvínculos artísticos entre Cuba y el sur de laFlorida en los campos de la arquitectura, laindustria del tabaco y el turismo.

Todo ello hace del número 22 de TheJournal of Decorative and Propaganda Arts unapreciosa pieza de coleccionista. ■

Últimas versionesde Severo SarduyNONI BENEGAS

Marina TsvietáievaAntología poéticaEdición y prólogo de Elizabeth BurgosTrad. de Lola Díaz. Versión de Severo SarduyPoesía Hiperión. Madrid, 1996, 200 pp.

C OMPLACE SABER QUE SEVERO SARDUY EN-tretuvo sus últimos días en compañía 243

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de Marina Tsvietáieva. Nacida en Moscú en1892 y muerta por mano propia en 1941,más de una afinidad une a la poeta rusa consu especialísimo intérprete en nuestra len-gua, desaparecido hace dos años.

La cosa empezó así: Elizabeth Burgosdescubrió, con asombro, un pequeño tomi-to de Tsvietáieva en un rincón de una libre-ría de París. Destinada luego a España porrazones diplomáticas consiguió, al fin, con-tagiar su entusiasmo a un editor-poeta, Je-sús Munárriz, de Hiperión. Faltaban, ahora,el oído seguro, el tacto sedoso, y la alta ima-ginación de otro poeta para verter conacierto semejante caudal: ése era Severo.No costó mucho atraerlo y así se puso enmarcha esta singular y necesaria empresa lí-rica. Singular, por la íntima compenetra-ción que se formó entre las personas quetrabajaron en el proyecto y que cristalizó entres títulos: Carta a la amazona y otros escritosfranceses (Hiperión, 1991); Tres poemas mayo-res (Hiperión, 1991) y el que ahora nos ocu-pa. Y necesaria porque tarde o temprano te-níamos que disponer en castellano de unaobra de tal envergadura: Marina Tsvietáievase cuenta ya entre el puñado de poetas ma-yores de este siglo que acaba. Más de unaafinidad, dijimos más arriba, entre la auto-ra y su intérprete. Y es que no me cuestamucho imaginar cómo habrá calado hondoen Severo el sentimiento radical del exilioque Tsvietáieva canta con su peculiar voz:ese do agudo, ascendente y sostenido conque suele comenzar sus poemas. Es el tim-bre exacto de una conciencia lúcida de latrágica época que le tocó en suerte y cuyamelodía –milagro del arte– es, sin embar-go, grata de oír.

Y ésta es la segunda afinidad de Severo,gran oidor y vertedor de sonidos paladea-dos, con la musical Marina. RecordemosCobra o De dónde son los cantantes, y hojee-mos estas versiones de una poeta que logramás (y es una imagen de Brodsky que mefascina).

Bien, ya tenemos dos afinidades: el exi-lio y las palabras... ¿el Infierno musical deAlejandra Pizarnik? Sí, pero hay algo más.Tanto Severo como Tsvietáieva, como la poe-ta argentina de ancestros rusos –suicida

también– viven y mueren de amor. Nuncade viejos con gota en su cama. Más bien an-helantes, asfixiados, exangües de amor. To-da la inspiración, todo el lamento vienen deallí y también el silencio: audición del amorinasible.

Quiero un inciso aquí. Sólo he visto unapuntuación semejante a la de Tsvietáieva, yes en Emily Dickinson. Sí, el famoso ren-glón largo. Es respiración que aspira unpensamiento demasiado largo para sertransmitido en palabras con la velocidad delsonido. Se ha pensado y basta el renglónque reemplaza al verbo (por ejemplo), paraque el lector “se haga una idea”. Ese hacersetoca nuestros nervios: la seguimos, lo hemosvisto como ella, pasamos y ya estamos en elverso magnífico que el pensamiento com-pleto preparaba. Se ha producido la con-densación, la síntesis. Este tipo de salto mor-tal que deja en vilo el sentido en pos demantener el sonido, es cualidad de los gran-des. Es decir, nos hace grandes, nos espabilaal leerlo porque nos obliga a tener la máqui-na a punto, si no, no hay Tsvietáieva; y comomuestra ese poema “Carta de fin de año” in-cluido en Tres poemas Mayores, donde la rusacharla mano a mano con un Rilke ido–¿adónde?– y magistralmente vertido pornuestro cubano.

Afinidad, también, del silencio delamor inasible; o sea, el ritmo sigue la respi-ración que es como el suspiro de amor.Elipsis magnífica: suspiro porque anhelo ysigo pero no concluyo. Así, los poemas seenganchan a un tren futurible y nos empu-jan con la premonición de algo que no lle-ga pero debemos alcanzar. Nunca hay espa-cio suficiente para Tsvietáieva. Desborda lapágina. Más allá del cuerpo, el libro, la pa-tria, el universo. Lo bueno de esta Antolo-gía es que nos permite ver cómo crece unpoeta. De qué modo, la que a sus 17 añosquiere cabalgar –amazona– hasta el combate(pág. 33). De esta época es su libro Oficio,suerte de diario poético escrito en horas te-rribles: muere su hijita Irina de hambre, serumorea que Ana Ajmatova se ha suicidadoy ella misma es perseguida y denunciada.Los naipes están boca arriba. Tsvietáievamarcha a un exilio que se prolongará du-244

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rante 17 años y que la lleva a Berlín, Pra-ga, París... donde escribirá la casi totalidadde su obra, en condiciones adversas. Exi-liada dentro del exilio, pues nunca fuebien vista.

Y es que esta exiliada se mantuvo fiel alos amigos que aún permanecían en Rusia,cosa incomprensible para los que habían sa-lido. Así, su artículo “Un poeta a propósitode la crítica” 1 donde defendía a Maia-kovsky, Esenin, Block y Pasternak desató uncontraataque tanto en París como en Mos-cú. La admiración de Pasternak le valió co-nocer a Rilke en su último año de vida. Gra-cias a este azar se anudó entre los tres unafecunda correspondencia2 y, a la muertedel poeta alemán, halló la inspiración paraescribir esa cumbre lírica que es la ya men-cionada “Carta de año nuevo”. Oigamosahora a Severo describir su difícil empresa:“Le di a los poemas una estructura métricamuy coherente con el imaginario de Mari-na, con lo que la vanguardia hacía en suépoca entre nosotros. La consonancia es al-go martiana –hay algo en común entre elúltimo modernismo y el futurismo ruso o elsuprematismo verbal de Marina– también laclaridad de Machado o el sabor melódicode Lorca. Es un decir...”

Pues sí, no iba mal encaminada la intui-ción de Severo. Marina sobrevivió los añosfinales embebida en poesía a través de lastraducciones: Pushkin al francés, Baudelaireal ruso y del español, Lorca. Ya no escribía.Evacuada como muchos otros a una remotaciudad tártara en vísperas de la segundaguerra mundial, allí redactó lo último quese conoce de su pluma. Es una solicitud detrabajo.

Pero hay una justicia poética; gracias en-tonces a Severo Sarduy, Elizabeth Burgos,Jesús Munárriz, Helene Cixous, Lola Díaz yAna Nuño por la feliz complicidad que la hahecho posible. ■

Un verano incesanteARMANDO DE ARMAS

Luis de la PazUn verano incesanteEd. UniversalMiami, 1996, 124 pp.

C UARENTA AÑOS DE VERANO. EN EL DESIERTO.Verano que no cesa. El perro contra el

espejo, la roja lengua en el espejo, no depaciencia, sino de aguas albañales, burbuje-ante agua en la caldera, vapores de muerte.Vaporosa, ¡y pavorosa!, muerte en el asfal-to. Reverberante sol en el asfalto. Rechi-nantes cañaverales al mediodía, caña-vera,a la vera de la caña, caña de veraz, pimpom fuera, abajo la gusanera, era pare uncorazón, son de la loma mamá ellos son dela loma y se van pal carajo, ajo en la soba-quera. Conga de Monikongos. Verde vera-no de Monikongos al acecho. Pim qui tipim, pim, desfilan las milicianas, menean eltrasero las compañeras, trasero trasegador,tragaespadas, comecandela, come compa-ñeros, y de paso, imperialistas. Raja el solen la tarde. Ahoga el polvo, se suicidan lasranas, ranas de lo peor, blandengues, esco-rias, no aptas para construir el futuro lumi-noso. Héroes, todos héroes. Sangre, muchasangre. Hombres Nuevos, y mujeres, nuevospara exportar, para luchar el fula. ¡Fulanoen Jefe, ordene! ¡Los Diez Millones Van,¡van viendo a los Van Van! Se le van, Jefe, sele van.

Luis de la Paz escapó del Verano vía Ma-riel, y junto a escorias como Reinaldo Are-nas, los hermanos Abreu, Carlos Victoria yotros de parecida índole, conformó el lla-mado grupo del Mariel que, al menos, tieneen común furibundo odio al Verano (esco-rias arribados recientemente a estas costasmanifiestan idéntico odio).

El libro de Luis, primero que publica,no podía titularse sino Un verano incesante.Juegos, trampas en el Tiempo y el espacio.Un grito, un desgarramiento. Descomposi- 245

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1 TSVIETÁIEVA, MARINA, El poeta y el tiempo, Barcelona, Ed.Anagrama, 1990, Ed. y traducción Selma Ancira, pág. 17.2 TSVIETÁIEVA, RILKE, PASTERNAK, Correspondencia del veranode 1926, Ed. Siglo XXI, trad. Selma Ancira, México, 1984.

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ción del entorno y la familia. Un Horror, to-do el horror. Un tono, un ritmo, algo quesubvierte a la chata realidad. Eros que ace-cha y arremete contra Thanatos. “Estoy vivoy desnudo contra su cuerpo, los dos gimien-do... Pero qué otra cosa deseo ahora másque saberme vivo...” (pág. 73). Prosa llana,nada de espectacularidad. Gana por puntos.No obstante, ojo con el iceberg de Heming-way, sólo ves la punta, bajo el agua hay in-sondables niveles, ¡cuidado!, estos chicos es-corias no suelen ser ingenuos.

El libro está compuesto de 14 relatos,sin contar prólogo y epílogo que funcionancomo tales, y en algunos de ellos la anécdo-ta podría estar velada bajo indescifrables có-digos. Pero, es lo de menos, déjese llevarpor la atmósfera, por el ritmo en el hilvana-je de la palabra pues, probablemente se tra-te de eso, de un mundo perdido y recons-truido en la palabra.

Hay en este libro, a mi entender, un nú-cleo de cuatro relatos en torno al cual gi-ran los demás textos. Ellos son: Todo un ve-rano (acontecimientos de la Embajada delPerú. “Se presentía el final, días intermina-bles de incertidumbre, de inquietud y ti-ros.” Ruptura familiar, el verano...), Contra-tiempos (de nuevo el verano, realidadopresiva y totalitaria. “El silencio vuelve aser total. El maestro califica los exámenesfinales y Rafael enciende el radio para con-tinuar escuchando el partido de pelota, pe-ro lo apaga de inmediato, pues todas las es-taciones han comenzado a transmitir, unavez más, el último discurso.” Ubicuidad,subversión del Tiempo, el exiliado comoser escindido, en realidad nunca se va deltodo...), El regreso (el exiliado nunca regre-sa, el pasado es irrecuperable), El ritual(desarraigo, nostalgia, horror que acechatras aparente cotidianeidad).

Un verano incesante es libro que mereceser leido, en nombre de que cese el largo,horripilante verano; en nombre de una solaCultura Cubana, de una Literatura, no la delos cantos ditirámbicos bajo restallante láti-go, sino de la que transgrede y subvierte y eslibre a ambos lados del Estrecho de la Flori-da, de cualquier estrecho; a pesar del látigo,del verano, a pesar de todo. ■

El placerORESTES HURTADO

AnónimoEl cocinero de los enfermos,convalecientes y desganados.Manual de cocina cubanaEd. BetaniaMadrid, 1996, 184 pp.

C ALDO DE ENFERMO GRAVE, ATOL DE SAGÚ,sopa de ajiaco de tierra dentro, ropa

vieja habanera, tasajo ahumado a lo ataja pri-mo, lechuga rellena al uso de Holguín, pepi-toria de guanajo y gallina, pargo asado conmojo de costa, frijoles negros a lo criollo, fu-fú de malanga o plátano, ñame en tortilla,crema de coco seco, leche quemada al estilode Villa Clara, matahambre a lo quiero repe-tir, dulce de hicaco y huevos a la nieve.

Esto podría ser un poema de la nostalgiaseleccionado en una conversación de cuba-nos alejados de la Isla, en cualquier ciudadajena. Entre algarabías, broncas efímeras,alardes trompetillescos y sorbos, los cubanosrepasarían lo suyo. Formarían en su chácha-ra una sucesión de nombres, de resonanciasmás bien, que le permitiese recordar (que esser), acordarse de sí mismos.

Esto podría ser otra conversación, másdolorosa y desértica ésta, entre cubanos enuna casona del Vedado. Ahí, los cubanos re-pasarían sus existencias. Cada plato indicaríauna clave, un secreto. Seguramente una huída,una tarde en la playa. Algo de calma y lástima.

Pero no es una conversación. Tan sóloelegí al azar en el índice unas denominacio-nes gastronómicas, unas sabrosuras. Hablode un libro: El cocinero de los enfermos, convale-cientes y desganados. Manual de cocina cubana.

La Editorial Betania ha publicado re-cientemente en edición facsímil este anóni-mo de 1862. En su edición primera nos llevaa la Calle de O’Reilly, número 52, donde laImprenta y Librería La Cubana lo puso acircular (como nos indica su primera pági-na) “dedicado a las madres de familias”.246

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La deliciosa edición que ofrece Betanialleva en su portada el cuadro de FranciscoGattorno “¿Quiere más café, Don Nicolás?”.Ahí se inicia todo. En esa estampa de campocubano, tan inclinado a la miseria como alplacer.

De eso hablamos, del placer. De los pla-ceres mínimos o deslumbrantes con los queenfermos, convalecientes o desganados sealiviarían. Recomiendo el jugoso prólogo.En él, el desconocido autor, después de ala-bar las virtudes del buen médico, dice: “Sinuna buena asistencia no es posible la salva-ción del enfermo, ni del convaleciente. –¿Ypodrá ser un buen asistente el que no sepapreparar un caldo angelical, una sopa sa-brosa, que escite el apetito, ó un condimen-to que despierte el hambre dormida deldesganado?”

O más adelante, en esa misma taciturnaortografía de nuestro XIX: “Los enfermosencontrarán, ó sus asistentes, distintas sus-tancias, los convalecientes diversos atolesrestaurantes, los desganados multitud deapetitos que despertarán el hambre a unamómia; pues esta obrita enseña á condimen-tar alimentos gratos á la vista, (que comodecia cierta persona amiga de lo sabroso,por la vista le habia de entrar el apetito:) en-seña tambien á hacer odorifica, balsámica ygrata cada una de las composiciones: de ma-nera que el inapetente es escitado por el ol-fato á deborar como un Eleogábalo.”

Finaliza su preámbulo insistiendo enque dedica el libro a las madres de familiaspara que éstas reciban la obrita “con aquellafina benevolencia que las distingue”. Breve yexacto halago, sabio piropo a la madre cu-bana, tan arrasada siempre, tan proporcio-nadora de placeres.

Tras esa página empieza el festín. Orga-nizado como una gran comida (de los cal-dos a los postres), el libro avanza, nos ense-ña, limpia. Vemos los pucheros, lascacerolas, el mortero, la manteca, esa formade decir “cucharadita”. Todos esos misteriosmostrados en una prosa sucinta, súbita,mezcla de sabor y razón.

Remarco la importancia de esta edición.Es libro necesario. Se hace sentir, se lee res-pirándolo.

¿Qué somos los cubanos de hoy, sino(de alguna manera) enfermos, convalecien-tes y desganados, pidiendo que algún placeracuda? ■

Cuba para neófitosLUIS MANUEL GARCÍA

Eduardo Durán-CousinCuba, la hora de la verdadEcuador, 1996, 64 pp.

L OS JUICIOS SOBRE CUBA CUMPLEN CON ASI-duidad el axioma de que “no llegan, o

se pasan”. Si una izquierda nostálgica persis-te en culpar de que la Ínsula no sea una su-cursal del paraíso, exclusivamente al blo-queo norteamericano; la derecha más tuertaincurre en la intrínseca maldad de Fidel Cas-tro. Una de las virtudes de este libro, Cuba,la hora de la verdad, del ecuatoriano EduardoDurán-Cousin, es eludir ambos extremos.

No podría decirse que aporte algo a laya vasta bibliografía de tema cubano. Peroel prólogo de Simón Espinosa bien podríailuminar con más eficacia un par de ideassobre las que pivotea el texto, si no ocuparatanto espacio en comparar las realidades cu-bana y ecuatoriana con más persistencia quesuerte.

La dictadura del carisma, título de la pri-mera parte, constituye la médula del libro.En ella se repasa de modo ágil la historia dela revolución cubana, enfatizando los aspec-tos económicos que, como de costumbre,condicionan los otros. Uno de los elementosque puntualiza Durán-Cousin es la diferenciaentre el castrismo y la profunda reformula-ción del marxismo original que se puso enpráctica en la Europa Oriental bajo la etique-ta de marxismo-leninismo. De ello extraeuna conclusión que merece la pena citar: “elcastrismo se estructuró en torno a una personali-dad dominante cuya autoridad se deriva de un ac-to de rebeldía y cuyo poder se ha mantenido por la 247

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permanente movilización de la población en tornoa sus ideas (...) el elemento fundamental del cas-trismo es Castro mismo”. Con lo que diferenciala autocracia cubana de la inmensa mayoríade las dictaduras al uso padecidas por Lati-noamérica; y obliga al lector a un análisisparticular y no genérico. Subraya una reali-dad ya sancionada por los más perspicacesobservadores –ningún descubrimiento sor-prende en este libro a los conocedores de larealidad cubana–, pero que con frecuenciase soslaya, bien sea por puro maniqueísmo opor la beligerancia explícita de los autores.

No obstante sus aciertos en la clara ex-posición del tema, cierto afán pedagógico, olas limitaciones de un material de campo re-cogido en sólo dos visitas a la Isla, le condu-cen a simplificaciones rayanas en el error –aveces recuerda aquella Cuba para principian-tes, de Rius, pero sin su sentido del humor–,amén de errores en la apreciación de lasfunciones de los CDR, o en la relación entreProceso de Rectificación y Perestroika, cuyoandamiaje de vasos comunicantes es muchomás sutil y complejo. No obstante, exponede una manera coherente el verdadero pesodel embargo norteamericano en la crisis cu-bana y, por otro lado, el desastroso resulta-do de la nueva era de voluntarismo econó-mico que se inicia a mediados de losochenta; sin valorar, en cambio, el nivel deineficiencia que se produjo durante la “eradorada”, entre el 75 y el 85, quizás porqueel manto de subvenciones y ayudas, así co-mo el secretismo de las informaciones ofi-ciales, permitieron enmascarar la realidad,esta vez con una notable eficiencia.

En la segunda parte, Y llegó la hora de laverdad..., Durán-Cousin intenta una visiónde la circunstancia actual, empezando poruna correcta valoración del carácter de laayuda prestada durante 30 años por la URSS,que unos llaman subvención y otros “mode-lo de relación comercial entre países desa-rrollados (?) y subdesarrollados”. Pero al ex-plicar el desplome del nivel y lasexpectativas de vida de los cubanos con eladvenimiento del Período Especial, en com-paración con los ochenta, llega a exagera-ciones inadmisibles: “sus 11 millones de habi-tantes, acostumbrados a un standard de vida

envidiable en el mundo entero...” Refiriéndose aíndices alimentarios, de electrodomésticos yautos, más aparentes que reales. Si la reali-dad se hubiera comportado como afirmaDurán-Cousin, las visitas familiares desde Es-tados Unidos, que se produjeron a fines delos setenta, no habrían reportado un devas-tador efecto ideológico sobre la doctrinaoficial, que estalló al abrirse en Mariel la vál-vula de escape en 1980. Por el contrario, sehablaría hoy de los cayohuesitos, que huye-ron en masa de Estados Unidos hacia la Isla,paraíso de la abundancia.

La valoración de la crisis actual es unazona del texto que el lector deberá leer conatención si desea adquirir aunque sea unanoción aproximada de su magnitud. La des-cripción de lo cotidiano es pálida, aunquepodría decirse (en descargo del autor) quepara transmitir una imagen verídica de sudramatismo, necesitaría algo más que dos vi-sitas a Cuba y mucho más espacio que las 63páginas de este libro. No obstante, las cifrasson suficientemente explícitas como paraque el lector atento supla lo anterior: el des-plome de las calorías percápita a niveles dedesnutrición, la reducción del producto so-cial global en un 65% entre 1989 y 1993, laescasa rentabilidad efectiva del turismo, o los50 años de crecimiento continuo a un 6%que serían necesarios para que la economíaregresara a 1989 (ni H. G. Wells habría ima-ginado una máquina del tiempo semejante).

A pesar de la adecuada valoración quehace el autor del derribo de las avionetas ysu corolario, la aprobación de la Ley Helms-Burton, como reafirmación de ambas “líneasduras”, en Miami y La Habana, y contra losintereses de supervivencia del pueblo cuba-no; aún cree posible que:

“... en una apertura pronta –y quizás todavíano resulte demasiado tarde– la sociedad cuba-na podría elevarse rápidamente a una vigoro-sa posición de desarrollo, la que si se conser-van algunos rasgos del colectivismo delrégimen, como el sentido de solidaridad socialde la población y se transforma la propiedad es-tatal en cooperativa, bien podría aportar unnuevo modelo de organización social para lospaíses de América Latina.248

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“... una democracia socialista, que conjugue enCuba el régimen de libertades de las sociedadesde occidente con una economía cooperativa.”

Envidio su optimismo y quisiera compar-tirlo. Lamentablemente, el propio Fidel Cas-tro, citado en el libro, se encarga de contra-decirlo:

“¿Cuándo llegará el día en que desaparecerá elracionamiento?A mí me parece que ese día está tan lejano, quequizás sólo los nietos o bisnietos de algunos deustedes lo verán”.

Consecuencia evidente de su noción deinmovilidad en las reglas del juego. Peronietos y bisnietos no deben aterrarse desdeahora en sus espermatozoides y óvulos porvenir. La política es el arte de lo inmediato ylos decretos se firman en los palacios presi-denciales, no en los mausoleos. ■

De Prado a BelascoaínGUILLERMO AVELLO CALVIÑO

Juan Manuel Díaz BurgosMalecón de La Habana el gran sofáMestizo A.C.Murcia, 1997, 108 pp.

L O HA CONSEGUIDO, JUAN MANUEL DÍAZBurgos ha logrado inyectar de senti-

miento sus fotografías en riguroso blanco ynegro de uno de los lugares más emblemáti-cos de la ciudad de La Habana. Imágenessin título que nos acercan a un universo pla-gado de pequeños matices que ayudan al es-pectador a comprender un poco mejor loque es hoy el pueblo cubano. En un espaciofísico tan reducido en comparación con laciudad de La Habana o con la propia isla, elautor ha sabido elegir con paciencia y dedi-cación, encuadres, composiciones, luces,movimientos... que consiguen que el espec-

tador casi se sienta parte viva de la fotogra-fía. Podríamos estar en alguna de ellas char-lando, nadando, tomando un traguito deron con alguno de los personajes de ese te-rritorio casi metafórico que es el Malecón,lugar fronterizo en el que convergen agua ypiedra, movimiento y quietud, lugar de en-cuentro, de mestizaje, de fusión, escenariopara la representación, microcosmos plenode vida propia.

La primera serie de fotografías con laque el autor nos invita a realizar un recorri-do panorámico por la arquitectura del lugar,consigue situarnos en el espacio físico, perono así en el tiempo que queda suspendidoen una cierta ambigüedad, ¿nos hallamos enlos años cincuenta, sesenta, setenta, ochentao noventa? No encontramos los referentessuficientes para poder ubicarnos en unatemporalidad factual. El tiempo, de esta ma-nera se convierte en un elemento secunda-rio. Esta multiplicidad temporal es quizá laprimera reflexión a la que llegamos como es-pectadores privilegiados de este paisaje don-de la soledad, el vacío, ese mundo que sedesmorona lenta pero implacablemente seve reflejado. La calle como solución de con-tinuidad de todas las tomas, realza aún másesa sensación de desolación, al hallarse casivacía, solamente podemos apreciar algún ci-clista y algún que otro transeúnte. Esta mira-da del fotógrafo hacia el interior de la islamarca quizá el territorio entre el tiempo pa-sado enfocado hacia la ciudad de La Habanay el tiempo futuro proyectado hacia el mar,hacia el infinito, hacia lo desconocido am-bientado explícitamente en la primera foto-grafía individual del libro; la familia sentadaen el Malecón se proyecta sobre el Caribe, elpunto de vista se sitúa justamente en la líneadel horizonte, ¿cuáles son sus anhelos?, ¿susesperanzas?, ¿sus inquietudes? La familia seenfrenta a un futuro incierto (nubes amena-zantes), el pasado aquí representado por lapiedra plagada de cicatrices les sirve literal-mente de apoyo. El espacio que los rodea,que los envuelve, que los atrapa, parece de-jarlos a merced de la misma naturaleza, deese paisaje único que forman el cielo, el mary la tierra en el trópico.

Juan Manuel ha conseguido que sus fo- 249

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tografías tengan esa textura tan especial quenos hace desear acariciarlas para poder pal-par esas rugosidades de las piedras que hanido tallando las gotas de agua, esos metalesde las bicicletas desgastados por su uso, esostejidos empapados por la lluvia y cómo no,esos cuerpos bañados por la luz y el agua deltrópico, esa sensación que antes mencionabade sentirnos inmersos, pertenecer a ese es-pacio intemporal, a ese tiempo que ha que-dado detenido en no sabemos qué instante.Ese instante en que el muchacho que se lan-za al mar desde una roca en una toma casinocturna queda suspendido en el vacío, ob-servado por la ciudad que queda recortada acontraluz en el horizonte o a ese otro mági-co momento en el que una ola rompe sobreel Malecón sorprendiendo a los dos peque-ños. Esos fragmentos de tiempo que sola-mente pueden ser captados por un ojo quesabe buscar y esperar, que sabe observar.

Son pocos los primeros planos que po-demos contemplar en todo el trabajo, yaque Juan Manuel opta por un distancia-miento que le confiere una mayor carga ob-jetiva. Ese alejarse de... para poder mirarcon mayor precisión y permitir que el obser-vador pueda hacer su propio recorrido vi-sual por el cuadro y no obligarlo a centrarseen uno u otro aspecto, confiere a toda laobra una gran riqueza de contenido formal.

El mantener en sus imágenes esa granprofundidad de campo, ese foco rabioso enel primer y último plano de casi cada una delas fotografías las dota de esa imposible tri-dimensionalidad tan anhelada por tantospintores y fotógrafos logrando con ello quenos sintamos más como actores dentro de laescena que como meros espectadores. La to-ma en la que las dos manos de un mucha-cho asoman por una superficie rocosa delMalecón nos sugiere que en el siguiente ins-tante una de ellas se estirará y nos pediráayuda para poder subir con mayor facilidadese tramo que le resta. Nosotros como per-sonajes de ese espacio “fuera de campo” es-tamos deseando poder echarle una manoque le sirva de apoyo.

Merece la pena destacar el ingenio delautor para plasmar todas las fases del día, yasea desde el amanecer que se supone en

esas primeras tomas panorámicas de un Ma-lecón desierto, hasta esa magnífica fotogra-fía de un solitario muchacho lanzándose alagua con el sol ya casi puesto. Quizá eche-mos un tanto en falta los ambientes noctur-nos profundamente enraizados en la culturacubana. La luz de la noche habanera tienesu personalidad, su fisonomía. Las pocas fo-tografías con las farolas encendidas nos ha-cen intuir, solamente intuir, que otro mun-do, quizá no muy distinto al reflejado en susfotografías con luz diurna va a cobrar vida.Ese ocultamiento de la noche en el Malecónnos hace desear, aún más si cabe, su descu-brimiento; es como acercar el oído a unapuerta, escuchar un rumor interior, y no po-der abrirla.

Algunas de las fotos que aparecen en ellibro nos transmiten claramente esa alegríacontagiosa del pueblo cubano, esas ganas dedisfrutar de la vida intensamente. Esos besosllenos de pasión, al natural, sin tapujos, de-latan la sinceridad y el orgullo que transpi-ran los adolescentes que pueblan el Male-cón habanero. Destacaría la excepcionalinstantánea del beso de los dos jóvenes sen-tados sobre el muro que son observados conuna cierta envidia por otros dos muchachosde aproximadamente la misma edad. El jue-go de miradas nos permite participar de to-do el esplendor de la escena, la niña que be-sa al muchacho nos ofrece un cuenco con¿caramelos? pareciendo que siente nuestrapresencia y nos invita a compartir ese mo-mento, como lo hacen los dos adolescentesque miran embelesadamente a la pareja.

Juan Manuel ha conseguido deleitarnosal mostar esa riqueza lumínica que tiene to-do país tropical, esos dos modelos de lucesque consiguen que las personas, los objetos,los espacios, se transformen misteriosamen-te dependiendo del tipo de luz que les da vi-da. Por un lado esa luz límpida, pura, sinmancha, con sombras durísimas, secas; esaluz que brota después de la tormenta; esaluz que nos permite tener una sensación ca-si táctil de los objetos, que convierte el espa-cio en vacío casi absoluto al conseguir quenuestra vista no tenga que esforzarse por en-focar un horizonte ya que las líneas que loforman son puros trazos de tiralíneas, y ¡có-250

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mo no!, esa otra luz amortiguada por las nu-bes donde apenas queda sitio para las som-bras, donde la humedad embadurna porcompleto el ambiente, lo tiñe, donde los to-nos grises cobran una vida inusitada, dondelos cielos tienen su personalidad propia...

Al igual que el autor ha conseguido evi-denciar esta ambivalencia de las luces enCuba, también ha logrado hacer lo propiocon los paisajes marcados por la lluvia y porel sol. Este continuo cambio en las condicio-nes atmosféricas ha moldeado el alma de unpueblo que disfruta tanto de un hecho co-mo del otro, es feliz bajo la lluvia montandoen bicicleta, se divierte jugando entre loscharcos formados por el agua, incluso dis-fruta patinando mientras arrecia la tormen-ta, pero cuando realmente se encuentra ensu salsa es en ese momento en que el solque le cae a plomo, ese sol que consigueque la ropa se derrita sobre sus pieles, le re-cuerde la presencia del mar, ese compañeroinseparable del cubano sin el cual Cuba, LaHabana, el Malecón, no serían lo que son,ese mar sin límites que permite al cubanosaber deleitarse en el placer de los sentidos,ese mar que nos embruja al contemplarlo,que se saborea al refrescarnos en él, ese mardel Caribe que riega las venas de todo cuba-no, que le da al fin y al cabo la vida.

El acierto al no titular las fotografías nosayuda a encontrar por nosotros mismos, sinmás apoyaturas que nuestra visión personal,esos significados profundos que tiene todaimagen gráfica. Titular la fotografía de laportada, que se encuentra también en el in-terior del libro, quizá la hubiese desposeídode su principal valor, que es precisamenteése, la gran riqueza de referentes que for-man, como una especie de rompecabezas,

una composición unitaria, en la que el senti-do final viene dado por la suma de las partes.

El cielo, La Habana, la piedra, los jóve-nes, el mar, el baile, la piel, la diversión, elcalor, el agua, la ropa, las miradas, el ron, ladistancia, el sexo, el pasado, el movimiento,la amistad, la voz, el orgullo, la luz, el espa-cio, la humedad, la calma, el ambiente, eltacto, el presente, la nostalgia, la música, loscolores, el Malecón... qué escasas quedan laspalabras al observar estas fotografías, quéimpotencia se siente al intentar describircon palabras estas imágenes, cuánta es lafrustración que padecemos cuando lo quese nos muestra son esas ansias de vivir, pordisfrutar plenamente con lo que se tiene.

El grupo de retratos que cierra el libro,a modo de apéndice, aislados entre la pie-dra del Malecón y el fondo casi teatral querepresentan el mar y el cielo del Caribe, sussonrisas, sus maneras de presentarse antenosotros, mirándonos como si nos conocie-sen de toda la vida, nos hacen desear traspa-sar la frontera del papel y poder disfrutarcon ellos de ese júbilo que exhalan. La pe-queña en el cochecito nos cierra los ojos co-mo queriendo sumergirnos en su sueño, esesueño enmarcado por el signo de interroga-ción que parece dibujar la empuñadura delcarrito que consigue no ya trasladarnos allugar físico del Malecón habanero, sino alespacio interior, al pensamiento, al senti-miento de todo un pueblo. Ya lo escribióCabrera Infante en sus Tres tristes tigres:

“... porque es mejor, mucho mejor ver aCuba que oírla y es mejor porque quien lave la ama, pero quien la oye y la escucha yano puede amarla, nunca.”

Gracias Juan Manuel por haber consegui-do hacernos “ver”, hacernos amar Cuba. ■

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� Encuentro vuela en Cuba como pan caliente. Pueden sentirse orgullosos de suempresa (...) El motivo de esta carta (piropos aparte) es el artículo de Eliseo Alberto,que tanta polémica ha causado por acá. Una amiga me comentaba hace poco lo bue-no, interesante y bien escrito de ese trabajo “porque tú sabes”, me dijo ella, “que yosiempre he dicho que esto (la Revolución) es una mierda”. “Pero yo no”, le contesté,“y él tampoco, al menos públicamente”. Yo, como miles de cubanos, cuando contabaveinte años rompí zapatos marchando con fusiles de palo, cantando himnos y gritan-do “¡Viva Fidel!”, me atraganté de manuales y estuve dispuesta a aplastar al que seopusiera a las leyes revolucionarias. El que no estaba lúcido debía ser barrido. (La lu-cidez depende del lado en que lo alumbra a uno el sol). Yo, como miles de cubanos,creí ciegamente en lo que hacía y eso me proporcionaba felicidad. Así fue la etapa ju-venil nuestra.

Me viene el recuerdo de la Sanseverina, aquel personaje stendhaliano que se decíaa sí misma que si en algún momento había hecho algo de un modo y no de otro, eraporque pensaba que ése era el mejor modo de hacerlo en aquellos instantes. De ma-nera que los arrepentimientos no tenían cabida en su mente ni en su corazón. Si en elpresente –reflexionaba la Sanseverina– sostenía diferente actitud era porque así loexigían las nuevas circunstancias.

Todos, si conociéramos el futuro, actuaríamos... ¿cómo? La suerte quizás radiqueen el desconocimiento del porvenir (al margen de los planes, que unos se realizan yotros no), en la fe que nos hace ver perfecto el empeño actual.

¿Volver del revés todo lo vivido, todo lo aprendido? Camino empedrado de inuti-lidades. (El pasado) está ahí, sempiterno, querámoslo o no. Más saludable sería quenos sirviera la experiencia de estímulo que de remordimiento. “Aplica la dialéctica,mulato”, ese dicho, tan usado en los sesenta, merecería ser recordado, pues con tantotejemaneje de donde-dije-Diego-digo-digo-se llega a un punto muerto más cercanoal estancamiento que al avance.

¿Que hay que hacer otras cosas? Pues a hacerlas. ¿Que se ha cambiado de pensa-miento y de modo de interpretar el mundo y la vida? Cada cual tiene su derecho. Ytambién a vivir donde le plazca, a criticar lo que le disguste, a alabar lo que conside-re digno de alabanza y a ser rojo, amarillo o magenta. ¿Pero caer en el suicidio del yoque fuimos? ¿Renegar de lo que hicimos? ¿En todo ese pasado que Eliseo Albertomanda a la mierda no hubo nada bello? No lo creo.

De todos modos, felicito a Eliseo Alberto por las polémicas que ha causado suprovocador artículo, que ha puesto a pensar a más de uno. Ya por eso solamente valeel haberlo leído, aunque no se esté de acuerdo con él (como es mi caso).

MAYDA ROYERO (La Habana)

� Ya leí y releí el número 3. Me parece formidable; me gustaron mucho los poemasde Eliseo, y las cartas cruzadas entre él y Gastón nos conmovieron hasta las lágrimas amí y a mi familia. También me gustó “Martí, una ansiedad”, de José Kozer; es impre-sionante, tan sencillo (por lo fácil de comprender incluso para alguien sin mucha pre-paración) y tan profundo a la vez que no puede leerse sin que deje huellas.

El artículo de Jesús Díaz trata una cuestión muy importante, pues de verdad hayque contar con los negros en el futuro de Cuba por la cantidad que representan dentro

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de la población de la isla (...) Todos aquí, blancos y negros, tenemos mucho miedo delo que venga de afuera (...) Fidel durmió un pueblo con el cuento de que quería elbien para todos y fue mentira, sólo quería poder ilimitado. Ahora es difícil volver acreer en nadie. Esto se ha convertido en una verdadera selva donde cada cual defiendesu espacio a costa de lo que sea y todos los demás son enemigos (...) Disculpen el tonopesimista (yo preferiría decir realista) de esta carta, pero en verdad me siento así.

NIEVES ARAMBURU (La Habana)

� ¡Aleluya! ¡Llegó el número 3 de Encuentro, que para mí es el número 1! ¡Quéalegría! ¡Qué emoción! ¡Los felicito sinceramente!

Tengo los ojos aguados y me cuesta trabajo poder ver. Me ha dado un verdaderoataque de sentimentalismo. “Los papeles de Eliseo Diego” desencadenaron este estadode ánimo; me trasladaron a La Habana, a casa de Eliseo, allá por el año 1969, tiempoen que estaba comenzando a escribir mi trabajo de diploma de la Universidad.

Paco, un amigo querido (...) me había llevado a donde Eliseo, Cintio, Bella, Fina,Fefé, Lichi, Rapi y... ¡ay, memoria traicionera que borró de mi mente tantos nombresde gente encantadora!

Veo –tal como si hubiese sido ayer– a Eliseo, frágil, cariñoso, sencillo, capaz dereirse como un niño chiquito de su propia fantasía, sentado en un viejo sillón, esemueble cubano por antonomasia. Bella, a mis ojos un ángel de la guarda, una mujermuy ecuánime, dulce, amable, estaba trajinando en la cocina; salía a cada rato paradar su aporte certero a nuestra obra común. Los muchachos, en aquel tiempo adoles-centes, tomaron parte –sobre todo Fefé– en el trabajo para el cual Eliseo había ofreci-do su ayuda.

Yo estaba elaborando una colección de proverbios, dichos y refranes españoles ysu versión en alemán. Ya tenía más de mil en alemán, pero fue harto difícil encontraren todos los casos el dicho, proverbio o refrán español correspondiente, pues no setrataba de traducir simplemente de un idioma a otro.

La familia completa se puso para la cosa. Incluso algunos visitantes. Llegamos adesarrollar como un juego de adivinanzas. Yo traducía, por ejemplo, “La manzana nocae lejos del manzano”, y como un disparo de ametralladora Fefé y Lichi gritaron“De tal palo tal astilla”.

Llegué a sentirme como en mi casa cuando estaba en la de Eliseo.Algún tiempo después de haber finalizado mi trabajo, Paco me llevó a un acto de

homenaje a Eliseo. Creo que fue un aniversario redondo, pero no estoy segura. Eliseoestaba triste, tenía una de sus frecuentes crisis de depresión, que él llamaba melanco-lía. Se le había metido en la cabeza que iba a morir antes de que finalizara el año. To-dos a su alrededor trataban de distraerlo. Esa noche, después de haber leído varios poe-mas y de haber sentido cómo llegaba a los oyentes, se puso eufórico, contento, feliz...

Volví a ver a Eliseo y a su hijo Rapi a finales de los ochenta, en una actividad or-ganizada por la editorial Gente Nueva. A ambos se les estaba otorgando un diplomapor su trabajo destacado en la editorial; yo también estaba entre quienes lo recibían.

¡Qué alegría! ¡Cuántos abrazos! Fue la última vez que vi a Eliseo.

MÓNICA KRAUSE (Hamburgo)

� Encuentro es un proyecto del todo compartible. Hace tiempo que algo que tieneque ver con Cuba no me daba esa alegría, que viene de la calidad del interlocutor,fundación del diálogo. Los felicito mucho por esta nueva aventura. Cuenten, claro,

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conmigo. Intentaré esa mirada del otro, me provoca hacerlo; sobre todo porque nohabiendo estado nunca en Cuba, le he seguido la huella literaria, rigurosamente, ycon periódico entusiasmo.

JULIO ORTEGA (Providence, USA)

� Deseo felicitarlos por la excelente revista que han concebido. Desde que leí elprimer número me quedé fascinada por la calidad de los artículos seleccionados, pre-sentados en una revista con un diseño sobrio, pero a la vez atractivo. Los artículosconcernientes al ámbito cultural abordan en su gran mayoría temas poco difundidos ypor tanto polémicos. Los de tipo económico o político sobre la situación cubana actualse caracterizan por la objetividad e imparcialidad de sus análisis, lo cual no se encuen-tra muy frecuentemente en un medio en que las diversas tendencias políticas y faccio-nes, exacerbadas por los resentimientos y odios acumulados luego de tantos años, im-piden muchas veces el diálogo sosegado y constructivo. Todo ello demuestra el altonivel intelectual, la generosidad y falta de rencores tan necesarios para la realizaciónde un proyecto tan hermoso como éste, en el que se han empeñado.

ALICIA MORALES MENOCAL GRAF (Basilea, Suiza)

� Les envío un catálogo y con él una diapositiva para que la reproduzcan en En-cuentro. La revista me parece más que buena; conseguí los dos primeros números enLa Habana gracias a un amigo. Sólo me gustaría que me retribuyeran enviándomeaquí los próximos números, que espero sean muchos.

FLAVIO GARCIANDÍA (Monterrey, México)

� Mi amigo Umberto Peña me acaba de enviar desde Miami un ejemplar de En-cuentro que he leído con interés (me da gracia el periplo que la publicación ha realiza-do para llegar a mis manos: Madrid-Miami-Viena). De las muchas cosas que me hanllegado en los últimos tiempos debo reconocer que ésta ha sido la más interesante yprofesional de todas. La posibilidad de un forum desprovisto de pasiones en donde só-lo las evidencias sean las que hablen, me parece un gran acierto por el que debo felici-tarles. (...) Soy un diseñador gráfico con la deformación profesional de criticar todo loque no hago, aunque también soy muy crítico con mi propio trabajo (...A Encuentro)le falta un poco la pimienta y la sal de una publicación diseñada en nuestros días.

MANUEL BU DOMÍNGUEZ (Viena)

� Felicitaciones por Encuentro. Les mando un abrazo por ese puente de letras, porese abrazo de tinta y papel, por ese desgrane de ideas germinales.

RAMÓN CERNUDA (Miami)

� “Al volver de distante ribera / con la bolsa estrujada y vacía”, me encuentro conEncuentro. Aunque venía saturado de cubaneo calleochesco –17 días en Miami dondeno se habla de otra cosa–, la he leído con placer. Los felicito por el trabajo realizado.

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Si persiste –y esperemos que sí– puede convertirse en un foro estupendo para cuan-tos intentamos pensar la isla.

MIGUEL SALES (París)

� Me gusta Encuentro, es un espacio que no existía en ningún lado. Cuba necesitadesesperadamente esos espacios. Hablo de la Cuba que anda regada por el mundo, nosólo de la Isla, que valga la redundancia, está muy aislada. Me gusta ver participar enla revista escritores de diversos países. Uno de los sentimientos sofocantes tanto deLa Habana como de Miami es el constante separatismo que hay entre cubanos y ex-tranjeros, entre non Cuban miamians, etc... Era necesario un espacio donde se inter-cambiaran muchas cosas, que den aire y nuevas brisas a la cultura cubana, que a ve-ces la siento tan centrípeta.

CRISTINA PIZA (Londres)

� No es precisamente un día feliz para las letras cubanas, Gastón Baquero nos hadejado. Precisamente leía en estos días el Nº 2 de su revista, donde Efraín RodríguezSantana lo entrevistaba, y él, el gran poeta decía: “la muerte me atrae a veces comouna gran promesa de otro mundo...” Estoy seguro que ya se encuentra en él, siguien-do en su ejercicio poético, en su composición musical, que como él mismo reconocíason sus poemas. Las letras cubanas han perdido en los últimos días a dos grandes desu literatura y poesía, Dulce María Loynaz y Gastón Baquero, pero la vida sigue, y yaaparecen los jóvenes cubanos que recogen su testigo, en esta gran carrera que es la vi-da. Gracias a Encuentro por acercarnos con objetividad y rigor a ese mundo tan com-plejo que es Cuba... reciban mi más sincera felicitación.

SERGIO AGUIAR CASTELLANO (Guía de Gran Canaria)

� Encuentro es muchas cosas que parece imposible estén en una sola revista: puen-te, ventana, espejo, diálogo civilizado, pies en la tierra pero mirada muy lejos, pa-sión, compasión (Rine Leal in memoriam, de Mario Parajón) valentía (Discursos so-bre la identidad de Patterson, lo más lúcido que se ha escrito sobre el problema nodel negro, sino de los cubanos con su negritud.

No sé cómo tanta actitud entera, tanto pensamiento original, tanto amor por Cu-ba cabe en tan poco espacio. No los felicito a ustedes, me felicito y felicito a Cubapor tenerlos.

Una sola cosa: Por razones publicitarias, comprendo que en la portada haya quemencionar algunas de las selecciones que contiene la revista, pero es al mismo tiem-po pasar juicio y jerarquizar. Sería bueno que no fuera necesario hacerlo.

CRISTÓBAL DÍAZ (San Juan de Puerto Rico)

� Aprovecho la ocasión para saludarlos y continuar deseando salud y larga vida parala excelente revista que están haciendo (...) La gente la remite, conversa sobre los artí-culos aparecidos en ella y es tema de conversación entre los amigos de Miami y La Ha-bana en sus cartas cruzadas.

WILFREDO CANCIO (Miami)

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Cuba a la luz de otras transiciones

28 de julio - 1 de agosto

Universidad Complutense en El Escorial, con la colaboración del Instituto deEstudios Cubanos y la Revista ENCUENTRO

Directora: MARIFELI PÉREZ-STABLEPresidenta del Instituto de Estudios Cubanos. Profesora de Sociología. Universidad del Estado de Nueva York

El seminario Cuba a la luz de otras transiciones, organizado conjun-tamente por el Instituto de Estudios Cubanos (IEC) y la revista EN-CUENTRO de la Cultura Cubana, reunirá a un prestigioso grupo deintelectuales, activistas y especialistas en transiciones (tanto cubanoscomo de otros países) para debatir la situación actual de Cuba y susperspectivas ante una transición democrática, a la luz de las experien-cias de procesos similares ocurridos en América Latina, España, Portu-gal y Europa del Este a partir de los años 70.

Los propósitos del seminario son dos. El primero es centrar la aten-ción en la evolución interna de Cuba; el análisis de la Cuba contem-poránea a menudo se filtra a través de la política de Estados Unidoshacia el gobierno cubano, desviando la atención de los obstáculos in-ternos para la democratización. El segundo es colocar el presente yfuturo de Cuba dentro de una perspectiva comparada que resulta im-prescindible. Aunque el desarrollo de los acontecimientos que debe-rán convertir a Cuba en una democracia no es predecible, y segura-mente tendrá un perfil propio y diferente al de otros procesos, lastransiciones ocurridas en América Latina, España, Portugal y Europadel Este desde los años setenta hasta el presente nos ofrecen un con-junto de referencias sin duda enriquecedor. Los conferenciantes y par-ticipantes en las mesas redondas son de Cuba, Estados Unidos, Méxi-co, República Dominicana, Francia, España, Portugal, Alemania yEuropa Central.

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Lunes 28

10:30 horas JORGE I. DOMÍNGUEZProfesor de Relaciones Internacionales. Universidad de Harvard

¿Adquiere Cuba, por fin, un régimen político meramente autoritario?

12:00 horas RAFAEL ROJASProfesor e Investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), México

La sociedad civil: cambios y perspectivas en los 90

16:30 horas MESA REDONDACuba en la década de los 90

PARTICIPANTES

JAVIER FIGUEROAUniversidad de Puerto Rico

CARLOS ALBERTO MONTANEREscritor. Presidente de la Unión Liberal Cubana

CARMELO MESA LAGOProfesor de Economía.Universidad de Pittsburg

GUILLERMO GORTÁZARDiputado del Partido Popular

LUIS YÁÑEZDiputado del PSOE

RENÉ VÁZQUEZ DÍAZCentro Internacional Olof Palme, Suecia

Martes 29

10:00 horas WOLF GRABENDORFFDirector del Instituto de Relaciones Europeo-Latinoamericanas (IRELA)

Algunas transiciones hacia la democracia en América Latina.Un enfoque comparativo

12:00 horas JORGE CASTAÑEDA GUTMANProfesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)y de la Universidad de New York

La transición mexicana y su pertinencia para Cuba

16:30 horas MESA REDONDALa democratización en América Latina

PARTICIPANTES

ROSARIO ESPINALProfesora de Sociología. Universidad de Temple

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... continuación Martes 29

MAURICIO FONTUniversidad Central de New York

FRANCISCO LEÓNComisión Económica para América Latina (CEPAL),Chile

Miércoles 30

10:00 horas CHARLES POWELLFundación Ortega y Gasset

La vía española hacia la democracia

12:00 horas JOSÉ MANUEL DURAO BARROSOProfesor del Centro de Estudios Europeos y para Alemania.Universidad de Georgetown

La democratización: algunas lecciones de la experiencia portuguesa

16:30 horas MESA REDONDALa democratización en España y Portugal

PARTICIPANTES

INOCENCIO ARIASOficina de Información Diplomática, Ministerio de Asuntos Exteriores

ENRIQUE BALOYRAUniversidad de Miami

EUSEBIO MUJAL-LEÓNUniversidad de Georgetown

FERNANDO RODRIGOProfesor de Relaciones Internacionales. Universidad Autónoma de Madrid

JOSÉ MARÍA ROBLESSecretario de Relaciones Exteriores y Diputado del Partido Popular

Jueves 31

10:00 horas GRZEGORZ EKIERTProfesor del Centro de Estudios Europeos.Universidad de Harvard

Paradigmas de la transición post-comunista en Europa del Este

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12:00 horas JEAN-FRANÇOIS FOGELEscritor y periodista

La transición económica en Cuba: eludiendo los caminos europeos y asiáticos

16:30 horas MESA REDONDALa democratización en Europa del Este

PARTICIPANTES:

ALEJANDRO PORTESProfesor de Sociología. Universidad de Princeton

VESNA PUSICProfesora del Centro de Estudios Europeos. Universidad de Georgetown

TIBOR PAPPUniversidad de Columbia

Viernes 1

10:00 horas MARIFELI PÉREZ-STABLEDemocracia y soberanía: la nueva Cuba a la luz de su pasado

12:00 horas JESÚS DÍAZDirector. Revista ENCUENTRO

Otra pelea cubana contra los demonios

16:30 horas MESA REDONDACuba hacia el siglo XXI

PARTICIPANTES:

PÍO E. SERRANOEditor. Editorial Verbum

ALFREDO DURÁNComité Cubano por la Democracia

MADELIN CÁMARAUniversidad Central de la Florida

ENRIQUE PATTERSONSunset Senior High School

OTTO REICHPresidente de RMA International y Ex-Embajador de EEUU en Venezuela

JUAN DEL ÁGUILAProfesor de Ciencias Políticas. Universidad de Emory.USA

CLAUSURA Y ENTREGA DE DIPLOMAS

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Premio Internacional de Poesía

“Gastón Baquero” 1998

Editorial Verbum convoca el Premio Internacional de Poesía“Gastón Baquero” 1998 en memoria del que fuera figura cimerade la poesía cubana y una de las figuras cumbre de la poesía de lalengua en lo que va de siglo.

BASES

1. Se aceptarán obras originales e inéditas, escritas en español,con una extensión mínima de 800 versos y máxima de 1.200versos, en formato DIN A-4, a doble espacio, por una sola cara.

2. Habrá de enviarse un original y cuatro copias bajo un lemaque deberá identificar un sobre cerrado o plica donde se in-cluirá el nombre y las señas del autor y que se añadirá al envío.

3. Los originales deberán remitirse a Editorial Verbum antes del6 de febrero de 1998.

4. El fallo del jurado se hará público el 4 de mayo de 1998, fechadel natalicio de Gastón Baquero.

5. El jurado quedará integrado por críticos y poetas de la mayorsolvencia: dos españoles, dos hispanoamericanos y el Secreta-rio del Jurado.

6. La obra premiada será publicada por Editorial Verbum y difun-dida en el ámbito de la lengua española.

7. Los originales no premiados podrán ser recogidos en la EditorialVerbum hasta el 30 de junio, fecha en la que serán destruidos.

8. Los originales deberán ser remitidos a:

Premio “Gastón Baquero”Eguilaz 6, 2º Drcha.

28010 MADRID

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La estrategia del compás

Un curso de Estudios Culturales en AméricaLatina se celebró, desde el pasado 25 abrilhasta el 25 de junio, en el Instituto Superiorde Arte (ISA) de La Habana. En el mismo sedebatió acerca del postestructuralismo, teo-ría crítica, discurso postcolonial, identidad ydesidentidad, y los medios de expresión ar-tística. Organizado por la cátedra de Estéticadel ISA, en el curso intervienen, entre otros,Emilio Ichikawa, Marial Iglesias, Rolando Vi-lasuso, José Toirac, Luis Gómez, Lázaro Saa-vedra, Carlos Garaicoa, José A. Vincench, Jo-sé Bedia y Orlando Hernández. •

Los doce pinceles cubanos en El Ducado

La galería El Ducado, de Santander (norte deEspaña), exhibió una exposición de pintorescubanos bajo el título de “Mirando a Cuba”,que reunió a doce artistas: Lorenzo Mena, Jor-ge Domínguez, María Consuelo, Andrés Puig,Chocolate, Uribazo, Fuster, Joaquín González,Daniel Ramos, Orozco, Sordo, y Zúñiga. Lasreferencias mágico-religiosas y filosóficas here-dadas de España, el mestizaje afroamericano yla emigración fueron los rasgos comunes queapreció la crítica cántabra en la obra de estadocena de pinceles cubanos. •

Provocar aún es posible

El cubano Andrés Serrano provocó a los ma-drileños desde la galería Juana de Aizpurucon sus obsesiones, rostros y close-up de ca-dáveres, desnudos femeninos plácidos e his-téricos, como el de una japonesa atada auna silla y con medio pezón asomando en-tre la madera y la cuerda, consiguiendo ungran impacto entre la crítica especializada yel público que acudió en masa a la calle Bar-quillo. Serrano, que vive en Estados Unidos,anunció que sus fotos viajarán próximamen-te por varias salas europeas. •

Piden cien dólares a arquitectos pararestaurar una manzana del malecón

La Sociedad y Territorio para Iberoamérica

(SyT) pidió a 3.500 arquitectos de Iberoa-mérica y Portugal que donen cien dólarescada uno para restaurar la manzana 12 delmalecón de La Habana, en la que viven 142vecinos. SyT recordó que La Habana, decla-rada Patrimonio de la Humanidad por laUNESCO, tiene “una trama urbana degrada-da”. Varias comunidades autónomas españo-las han firmado acuerdo con las autoridadescubanas para financiar la restauración de al-gunas calles y edificios emblemáticos. •

Yo soy. (Del son a la salsa)presentado en Madrid

El documental Yo soy. (Del son a la salsa)–Premio Coral del último Festival Interna-cional de Cine de La Habana—fue presenta-do en Madrid por su director Rigoberto Ló-pez Pego, quien conversó con los asistentesal estreno de su película en la capital espa-ñola. El documental es un recorrido por unsiglo de música cubana con entrevistas yapariciones de músicos cubanos que vivenen la isla y Estados Unidos. Estos últimos, si-lenciados hasta hace muy poco por la cultu-ra oficial cubana, como los casos de CeliaCruz y Machito. El filme fue recibido congran entusiasmo por el público, como ya ha-bía acontecido en la isla. •

Censura en Miami

Los cubanos Juan Formell e Isaac Delgado yel puertorriqueño Andy Montañez fueroncensurados por programadores y empresa-rios ante las críticas y amenazas que recibie-ron por parte de un sector del exilio cuba-no. La emisora de radio “Tropical 98.3”recibió amenazas por emitir en sus ondasmúsica de artistas cubanos que viven en laisla, mientras que Montañez sufrió la cance-lación repentina de dos contratos en Esta-dos Unidos, tras elogiar al cantautor cubanoSilvio Rodríguez. •

Concierto por los enfermos de SIDA

Pablo Milanés, Joaquín Sabina y Fito Páezprotagonizaron un concierto popular cele-

la isla en peso

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brado en el Parque Lenin de La Habana abeneficio de los cubanos enfermos de SIDA.Mientras transcurría el concierto, decenas devoluntarios repartían condones y recogíandinero entre el numeroso público asistente.El actor Jorge Perugorría también se sumóal concierto, presentando a Sabina. El es-pectáculo benéfico concluyó con la canciónYolanda, entonada por los cantantes y segui-da por el público. •

La tienda negra

La Cinemateca de Cuba publicó una enci-clopedia de cine cubano, con el título de Latienda negra. (El cine en Cuba: 1897-1990), dela especialista María Eulalia Douglas, que hatrabajado durante 30 años en la investiga-ción sobre el cine cubano. •

Guantanamera triunfó en Chicago

La película Guantanamera obtuvo el Premiodel Público en el Festival de Cine Latino deChicago, que dedicó un homenaje a la obradel fallecido Tomás Gutiérrez Alea y deJuan Carlos Tabío, codirectores de la pelícu-la y que ya habían trabajado juntos en Fresay Chocolate. •

Arte y Turismo

El cineasta italiano Luca Gregoli filmó la se-rie documental “La ciudad y su música” endoce urbes, entre ellas La Habana, dondeestuvo presente en el estreno del capítulodedicado a Cuba, con la asistencia de losmúsicos que intervinieron en el rodaje, lacrítica especializada y la prensa cubana. •

Enredando sombras

Un grupo de cineastas y actores iberoameri-canos, a las órdenes del director cubano JulioGarcía Espinosa, están filmando la historiadel cine en América Latina, que irrumpió enaquellas tierras hace 101 años. “Enredandosombras”, un verso de Pablo Neruda, da títu-lo a la película en la que intervendrán, entreotros, María Novaro, Fernando Birri, Federi-co García, Juan Carlos Tabío, Román Chal-baud, Jacobo Morales y Andrés Marroqui. •

La telenovela que necesita el televidente

El primer Encuentro Teórico “Hacia una nue-va imagen de la televisión cubana” se celebródel 23 al 25 de abril pasados en el Centro dePrensa Internacional de La Habana con el de-bate de varias ponencias, como Televisión eIdentidad, El espectáculo informativo y La te-lenovela que necesita el televidente y que latelevisión puede producir. El segundo en-cuentro será celebrado en septiembre. •

Antenas resucitada

Un grupo de jóvenes intelectuales camagüe-yanos ha relanzado la revista Antenas, quefue publicada por vez primera a fines de1928 en esa ciudad cubana. El número derelanzamiento ha sido consagrado a home-najear a Luis Suardiaz, poeta y periodista ca-magüeyano. En la primera etapa –que sóloalcanzó los cinco meses de vida– en Antenaspublicaron textos Emilio Ballagas, María yAurora Villar Buceta, Manuel Navarro Lu-na, Luis Felipe Rodríguez, Enrique de laOsa, Félix Pita Rodríguez, José Antonio Fon-cueva y Mariblanca Sabas Alomá. Los nue-vos gestores de la publicación pretendenpublicar dos números al año. •

Cómo conseguir dinero para el teatro

El teatro cubano analizó la manera de auto-financiarse en la Conferencia de Creadoresde las Artes Escénicas y Directores de Teatro,debido a la crisis económica que padece Cu-ba. En la reunión, se analizaron diversas fór-mulas para conseguir dinero, pues hastaahora, el único grupo que consigue autofi-nanciarse con los ingresos por venta de loca-lidades es el Centro Promotor del Humor. •

Saco de Fantasmas

José A. Rodríguez reapareció en los escena-rios cubanos con la obra Saco de Fantasmas,que resume, en dos horas, los mejores mo-mentos del actor cubano en sus cuarentaaños de vida artística. “He prestado el cora-zón a los clásicos”, declaró José Antonio enla presentación de su nueva obra, en la quetambién canta. •

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Siete millones de libros

El Instituto Cubano del Libro (ICL) publica-rá en 1997 siete millones de volúmenes, dijosu presidente, Omar González, quien piensaeditar el 85% de los libros cubanos median-te la autofinanciación, pues considera la en-trada en el mercado editorial internacionalcomo una opción ineludible. •

Yanes en La Habana Vieja

El pintor cubano Orlando Yanes inaugurósu nuevo Estudio-galería en La Habana Vie-ja con una exposición de sus primeras retra-tos pintados a creyón en 1948. “Te lo cuen-tan las estrellas” es el título de la muestraque su autor considera como una tercera di-mensión, pues el retrato consigue que losdemás nos vean como nunca nos verán enpersona o en fotografía, dijo. •

Julio Girona estrena corbata roja

El artista cubano Julio Girona acaba de pu-blicar en La Habana su último poemario Lacorbata roja, impreso en Barcelona y editadopor la UNEAC. El poemario está dividido encuatro secciones: Mujeres (un tema recu-rrente en toda su obra pictórica y escrita),La muerte, La hora de la verdad, y Estándando cebollas en mi barrio. •

Flora Fong en busca de sus chinos

La pintora cubana Flora Fong rendirá ho-menaje a la presencia china en su país conuna exposición en la galería La Acacia deLa Habana y posteriormente viajará a Chi-na, el país de sus abuelos, con una muestrapersonal. Fong acaba de regresar de Barce-lona y Lisboa, donde expuso su obra más re-ciente, obsesionada con los girasoles. La ga-lería Guell compró un cuadro suyo y la hainvitado a volver a exponer en Barcelona. •

La danza en la memoria de Alicia

Alicia Alonso ha comenzado a publicar par-

te de sus memorias, a través de la agenciacubana Prensa Latina y que recoge el sema-nario Trabajadores. Alicia cuenta que no pue-de precisar cuándo la danza se convirtió enel sentido de su vida, pero que tiene la sen-sación de haber bailado siempre, pues ensus juegos infantiles tenía cierta postura tea-tral, y que la acción de bailar era preponde-rante por encima de juegos y otras distrac-ciones. En ocasión de un viaje a España, suabuelo santanderino le pidió que aprendie-ra algunas danzas regionales como regalopara él. Y así lo hizo en Jerez de la Fronteray en Sevilla, donde aprendió a bailar Jotas,Sevillanas, y Malagueñas, convirtiendo lascastañuelas en un vicio. •

Centenario de Julio Cuevas

El músico cubano Julio Cuevas fue homena-jeado en su ciudad natal, Sancti Spíritus, enocasión del centenario de su nacimiento,nombrando a una calle de la localidad conel suyo propio y dedicando un espacio per-manente en la sede de la alcaldía de la ciu-dad. Cuevas, autor de piezas muy popularescomo Tingo-talango, El marañón, y El golpe debibijagua, fue quien llevó el son al formatode jazz band en los años 40, que luego imi-tarían varios músicos cubanos asentados enesa época en Nueva York. Cuevas, además,combatió en la Guerra Civil española en elbando republicano y dirigió la Banda deMúsica de la 46 División, con la que intervi-no en el entierro del escritor Pablo de la To-rriente Brau. •

Sindo Garay

La Biblioteca Provincial de La Habana orga-nizó un homenaje al trovador cubano SindoGaray con motivo de su 130 cumpleaños. El“Gran Faraón de Cuba”, como lo bautizó Fe-derico García Lorca, fue uno de los pionerosde la trova tradicional y autor de cancionestan conocidas como La Bayamesa, fue unmúsico autodidacta que se valió de textos po-éticos para iniciar lo que posteriormente seconoció como musicalización de versos. •

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Libros recibidos

■ ALVARADO, ANA MARÍA; Anécdotas cubanas.Leyenda y folclore, Ed. Universal, Miami, pp. 84.Si una característica empieza a parecer pre-dominante en la literatura escrita por muje-res es el tono íntimo y de retorno personal aun pasado colectivo. Y desde luego que unode los mejores caminos para avanzar en esadirección es el rastreo de las tradiciones yde las leyendas que integran ese pasado yque lo enlazan con el presente. Ana MaríaAlvarado conoce el significado de ese sinfínde pequeños episodios, de una simpleza ybanalidad aparentes, sin los cuales no es po-sible entender la actualidad ni mucho me-nos entenderse uno mismo. Este breve volu-men es una recopilación de anécdotasvividas por la autora o simplemente escu-chadas de sus mayores cuando todavía erauna niña. Están presentes en ellas el humory la simpatía de esa vida cubana que empezóa quebrarse precisamente cuando por de-cretos absurdos comenzaron a quebrarsemuchas de nuestras tradiciones.■ ÁLZAGA, FLORINDA; La Avellaneda: intensi-dad y vanguardia, Ed. Universal, Miami, pp.414. Un libro imprescindible para conocerla vida y la obra de la Avellaneda. En este es-tudio la autora se adentra a fondo tanto enlos aspectos más puramente personales dela poetisa, hasta llegar a descubrir muchodel entramado de su mundo interior, comoen los aspectos más arduos y académicos desu obra literaria, para lo cual aporta, ade-más de un cuerpo de ideas, un valioso apa-rato bibliográfico que pone a disposicióndel lector simple o del estudioso. Por estadoble condición, se trata de un texto bastan-te singular sobre esta poetisa tan controver-tida, pues al mismo tiempo que proporcio-na un retrato real y ameno de la escritoracubana, señala puntos de partida para inves-tigaciones futuras.■ CALDERÓN, AMELIO; L’étranger, ÁnimasEdiciones, Casa de Poesía, Cuba, pp. 5. Estecuaderno mínimo resulta un esfuerzo extra-ordinario por parte de los poetas cubanosresidentes en la isla para que su labor en-cuentre a toda costa un espacio en el quepoder desarrollarse, a pesar de las penurias

materiales y las restricciones oficiales. Ochopoemas muy bien seleccionados para estabrevísima edición casera, allí donde no sepuede aspirar a más. Ocho poemas en losque, una vez más, el poeta explora su desti-no y el de su país y se pregunta: “¿Habrá re-dención para esta isla?”■ DE ARMAS, ARMANDO; Mala jugada, D’Fa-na Editions, Miami, pp. 130. “Éste es libropolémico, sus personajes no son héroes, sonmarginales, odian profundamente la TribuTotalitaria (...) y se reafirman en la sagradaindividualidad con las únicas armas posi-bles: sus mentes y sus cuerpos”. Estas pala-bras, dichas por el propio Armando de Ar-mas acerca de su libro de cuentos Malajugada, acaso sean las que mejor lo definen.Libro escrito en Cuba, en la ciudad de Cien-fuegos, poco antes de que de Armas se vieraprecisado a escapar de la isla a causa de lapersecución a que era sometido, está com-puesto por siete relatos extensos, llenos deese humor que ha devenido en el único re-curso posible de los cubanos para enfrentary soportar los fastidios sin nombre y la este-rilidad social en que se vive. En Mala jugadaaparecen relatos, como el titulado “La trini-dad y el triángulo” que hacen esperar a cor-to plazo textos incisivos y cercanos a la maes-tría en el género.■ ESCOBAR, ÁNGEL; Cuéntame lo que me pasa,Navarro & Navarro Impresores, Zaragoza,pp. 91. Este cuaderno está integrado por do-ce relatos breves que intentan una doble in-cursión temática: la exploración interior delos personajes, sus angustias personales, susincertidumbres, y la narración, que a vecesroza con referencias costumbristas, de la vidacubana antes y después del triunfo de la revo-lución. El “después” está conseguido porquelos personajes viven en el presente, en la Cu-ba de hoy en día; y el “antes”, porque en rela-tos como “Candor”, los personajes llegan a vi-vir también en el pasado gracias a laevocación continua de episodios pretéritos,lo que otorga una atmósfera de bruma cine-matográfica a la narración. Ángel Escobarnació en Guantánamo, Cuba, en 1957, Licen-ciado en Artes Escénicas por el Instituto Su-perior de Arte de La Habana, ha sido poeta,narrador, crítico y dramaturgo. Se desempe-ñó temporalmente como especialista literario

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de la UNEAC, institución que en 1977 le confi-rió el Premio David de Poesía por su libroViejas palabras de uso, y en 1985 el Premio Ro-berto Branly por Epílogo famoso. Reciente-mente se ha suicidado en La Habana.■ FRAXEDAS, J. JOAQUÍN; La travesía solitariade Juan Cabrera, St. Martin’s Press, New York,pp. 178. Es la primera novela de su autor yaborda el asunto tan dramático del éxodo decubanos en balsas y embarcaciones de todotipo para escapar de la isla, asunto que Fra-xedas conoce mejor que nadie, porque en sucondición de piloto aviador ha volado enmuchas ocasiones en misiones de búsqueday rescate sobre el Estrecho de La Florida. Enla novela se cuenta cómo un padre solitario,un antiguo militar héroe de Angola, cuyossueños se han derrumbado, y un profesor defísica víctima del terror, deciden (mejor seríadecir son obligados a decidirse) emprenderuna travesía en la que lo único cierto es elriesgo de perder la vida. Juan, Raúl y Andrésson tres hombres de edades diferentes, desensibilidad diferente y de proyectos diferen-tes, pero los tres convergen en una circuns-tancia única: la necesidad de escapar de unpaís en el que la vida se ha convertido enuna pesadilla. La estructura simple de estanovela, que se apoya en un desarrollo crono-lógico lineal, en el uso de un narrador siem-pre presente en su eterna tercera persona yla sencillez del lenguaje, hacen de este textouna lectura fácil y amena.■ HERNÁNDEZ-MIYARES, JULIO E.; Narrativay libertad, cuentos cubanos de la diáspora, Ed.Universal, Miami, 2 Vol., pp. I-542, II-577.Labor que podría calificarse de excesiva laque ha llevado a cabo Julio E. Hernández-Miyares al recopilar en dos volúmenes a másde doscientos escritores cubanos. Si se tieneen cuenta que Cuba es un país de poco másde diez millones de habitantes, esta cifrapuede resultar demasiado abundante; y si setiene en cuenta que se trata solamente dequienes se han marchado a residir a otrospaíses, la demasía parece exorbitante. Quizáhubiera sido más razonable pensar en unacifra mucho