Pechos pequeños Miguel-A.. El marido ya estaba en la cama, y ella seguía con la luz encendida,...

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Pechos pequeños

Miguel-A.

El marido ya estaba en la cama, y ella seguía con la luz encendida, ante el espejo del comodín, mirándose y palpándose los pechos.

¡Tengo los pechos muy pequeños!.

¡No te preocupes, cariño!.

¡Ya, "no te preocupes", pero tú los prefieres

grandes!.

¡Yo los prefiero como son, y punto!.

¡Sí, pero tú querrías otra mujer con los pechos

más grandes!.

¡Pero si no puedo comparar!.

¿Ves?, implícitamente ya has reconocido que te gustaría comparar.

¡No empieces a revolver! ¿Acaso me has visto alguna

vez con otra mujer?.

No, eso no. ¡Pero sé bien que te gustan con los

pechos grandes!.

¿Y qué son los pechos en una mujer si luego le

faltan virtudes?.

¿Y por qué habría de ser perfecta?.

¿Y quién ha dicho que tengas que ser perfecta? ¡Anda

tápate, que vas a coger frío!.

No te vayas por los Cerros de Úbeda. Me gusta estar así. ¡No seas machista!.

¿¡Pero que tiene eso que ver con ser

machista!?.

¿Te digo yo algo cuando llevas la camisa desabotonada hasta

el ombligo?.

Vale. Haz lo que quieras. Decía que en una mujer

habrá cosas más importantes que los pechos.

Mira, ¡calla, que te conozco! ¡Siempre vas mirando a las mujeres a la altura de los

pechos!.

¡Oye, oye, aquí la obsesión es tuya, no

mía!.

¿Estás insinuando que yo miro a los hombres en

alguna parte de sus atributos sexuales?.

No. No. Digo que eres tú la que se ha liado

obsesionándose con el asunto de los pechos. ¡Y deja

de decir tonterías!.

¿Ves?, ya te das por vencido y te retiras de la pelea y, encima, finalizas dando

órdenes.

¿Vencido yo?.

¡Sólo estoy diciendo que me gustaría tener los pechos más grandes!.

Bien, vale. ¡Acabado el asunto!. Sobre este caso de tus pechos, puedes tener la preferencia que

se te antoje.

¡Pues eres un grosero! Ahora, sin más, pretendes

pasar y dar punto final a esta conversación.

¡Si es que me estás mareando!.

Mareada estoy yo... que llevo cinco minutos intentando

sugerirte algo... y aún no te das por enterado.

¿Qué? ¿Qué quieres sugerir? ¡Pues habla

claro!.

¿Qué tal una cirugía estética y un poco de

silicona en los pechos?.

¡¡¿¿Quéeeeeeee??!!.

¡Pues eso: la cirugía estética y la silicona!.

¡Estás loca! ¿Y cómo pagamos la hipoteca del piso

y el colegio de los niños?.

Podemos quedarnos en casa durante las vacaciones

en vez ir a la playa.

¡Ah, no! ¡Eso no! ¡Eso no me lo toques! Después de estar un año entero trabajando en la

fábrica, necesito unas vacaciones.

¡Total para llevar a tu madre!.

¡Lo que me faltaba por oír... que envuelvas a mi madre con la

silicona de los pechos!.

¡Eh, eh! Yo no he afirmado que tu madre lleve silicona en los pechos.

Que en la actualidad, no sería ninguna deshonra. ¡Que vives en el

siglo pasado!.

¿Pues qué dices, entonces, de mi

madre?.

La he relacionado con las vacaciones. ¡Claro tú te vas de

juerga con los amigos, y yo tengo que aguantarla en el

apartamento!.

¿O ella te aguanta a ti?.

¡Si no hace otra cosa que ver la televisión! ¡Como si para ver la

televisión hiciera falta ir de vacaciones a un apartamento de

la playa de Santander!.

Pues a ti bien te gusta que se quede cuidando a los niños mientras nosotros

salimos de noche.

¿Cuidando? ¡Pero si se duerme como una piedra en cuanto enciende el televisor, y no la

despertaría ni un tren pasando a dos metros de su cabeza!

¡¡¡Grrrrrrrrrrrrr!!!.

Cariño, si quieres que tus pechos crezcan, lo único que tienes que

hacer es todas las mañanas coger un poco de papel higiénico, y frotarlo

entre ellos durante unos segundos.

Viendo adónde iba llegando la conversación por la distorsión del tema, el marido, con ironía, propone:

¿Y cuánto tiempo tarda esto en hacer

efecto?.

La mujer, desesperada y con ganas de probar lo que sea, toma inmediatamente un pequeño trozo de papel y lo empieza a restregar entre los pechos, mientras se mira, incrédula.

¡No te preocupes. No es un remedio inmediato. Irán creciendo

a lo largo de los años!.¡¡¡...!!!

¿Y qué te hace pensar que frotarme todos los días con un trozo de papel higiénico entre los pechos, va a hacer

que crezcan?.

La mujer deja de restregarse el papel entre los pechos, mira con desconfianza al marido, y pregunta:

Bueno, ese remedio ya te ha funcionado con el

culo desde que nos casamos, ¿no?.

¡¡¡Grrrrr!!!